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La política explicada a los hijos. (Votar o no votar)

ESCUELA PARA PADRES

La política explicada a los hijos. (Votar o no votar)

  • 15 Disculpas para no ir a votar
  • 14 Características positivas que tiene que tener la actividad política
  • 13 Derechos y principios universales, fundamentales e innegociables, que tienen que asumir los políticos
  • 4 Virtudes y valores humanos que deben tener los políticos reflejados en sus decisiones
    • El gran poder de los ignorantes
    • Los analfabetos en política
    • Los tontos útiles 
    • La dictadura de las minorías

3,307 Palabras. Tiempo de lectura 12:00 minutos

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Los padres tienen que estar muy  bien informados, sobre los temas políticos. Si no tienen una información lo más completa posible, proveniente de fuentes veraces e inteligentes, como van a poder educar a sus hijos en temas políticos. Y si no hablan de política a sus hijos, otros les hablarán y al encontrarles analfabetos en política, les convencerán de posiciones equivocadas.

En algunas sociedades dicen, que entre amigos o en las reuniones sociales, es de muy mal gusto hablar de política, religión o familia. Para esas personas, estas son asignaturas pendientes de aprobar. Para tener un amigo con el que, siempre con respeto, incluso con ideas opuestas o divergentes, no se pueda hablar de política, ni de religión, ni de familia, que son los tres temas más importantes del ser humano y solamente, se pudiera hablar del tiempo, deportes y artistas, es preferible cambiar de amigo.

Padres, no eduquen a sus hijos para que sean analfabetos políticos, ni analfabetos religiosos. Son los dos principales campos, donde las personas tienen que ser especialistas. Además, ambas cuestiones están, tan íntimamente relacionadas, que es imposible ignorarlas o separarlas.  En esas materias no vale ser ignorantes, inocentes o culpables, pues se paga un precio muy alto, en el curso de la vida. Pero tengan mucho tiento, para saber lo que tienen que decirles, según sean sus edades físicas y mentales.

Los analfabetos funcionales, política y religiosamente, son los que la mayoría de los políticos, quieren tener a su alrededor, porque así los pueden manejar mejor y engañarles fácilmente. Esos ignorantes, no se enteran de las decisiones que toman por ellos los políticos, hasta que es, demasiado tarde. Cuándo podrían haber cambiado el curso de las leyes, si hubieran puesto un poco de interés en la política, en las asociaciones que las respaldan, y en las posibilidades de ejercer su voto, cuando los políticos, lo piden sin condiciones.

Los ignorantes políticos tienen el gran poder de, que sin querer o queriendo, se convierten en la mano cruel, que ejecuta las sentencia de los políticos y amordazan a los hombres con sus gritos. Muchas veces son “los tontos útiles”, utilizados para que propaguen una serie de cosas sin sentido, que si no cayeran en las mentes de éstos, no habría manera de convencer a nadie. para que las propagaran. Llegan a convertirse en la “dictadura de las minorías”, al convertir a las mayorías, en los esclavos de sus decisiones, encerrándoles en el laberinto de sus acciones y opiniones, carentes de sentido colectivo. “Los tontos útiles” son los que han sido tratados como esclavos, en el mecanismo que convierte a la voluntad mayoritaria, en instancia suprema, encerrando a la humanidad en el laberinto de sus propios errores.

15 Disculpas para no ir a votar:

1.      No voy a perder mi tiempo haciendo largas filas para votar, aunque digan que se puede votar anticipadamente, en los 10 días previos sin hacer esperas, incluso votar por correo.

2.      No voy a votar aunque el tren de la oportunidad del cambio, pase solamente una vez y pierda la ocasión de cogerlo.

3.      No voy a votar porque el voto no sirve para nada. Vote lo que vote, siempre salen los mismos.

4.      No voy a votar porque esto actual, no es votar en democracia, pues los votos se consiguen con dinero y publicidad induciendo a los votantes.

5.      No voy a votar porque las cosas no van a cambiar, aunque vote. Es el fatalismo de que “La suerte ya está echada”

6.      No voy a votar porque los políticos, ya han dicho las cosas que para ellos no son negociables, y las que son negociables, no son importantes.

7.      No voy a votar porque nadie me va a dar nada por votar, ni nadie me va reclamar, ni nadie se va a enterar si no voto.

8.      No voy a votar porque ninguno de los candidatos, ni sus partidos políticos, tiene un programa o ideario que se ajuste a mis intereses.

9.      No voy a votar porque no me he informado bien, de las características de cada candidato y no se cual es el mejor, ni el peor, ni cual me va a dar y cual me va a quitar, de lo que tengo.

10.   No voy a votar porque no se a quien votar, pues no conozco sus historiales, ni sus propuestas.

11.   No voy a votar porque no votar, no me impide el que pueda criticar lo votado y obrar en su contra, con los medios legales.

12.   No voy a votar porque nunca han votado, ni mis padres, ni mi cónyuge, ni mis hijos, ni mis familiares.

13.   No voy a votar porque pierdo mi tiempo y mi dinero, en el desplazamiento.

14.   No voy a votar porque prometen muchas cosas, pero luego no cumplen ninguna y no se puede reclamar.

15.   No voy a votar porque todos los políticos son iguales, enseguida se olvidan de los que les han votado, y de las promesas hechas.

Ninguna de estas disculpas aguanta una discusión de 10 minutos. El que no emite su voto, está dejando su voluntad política en manos de sus competidores. El voto tiene que emitirse, bien sea como “voto afirmativo”, “voto de castigo” o “voto de protesta”, incluso aunque no haya un candidato ideal.

Los padres deben enseñar a sus hijos, los principios básicos de la política, llevándoles a que vean como sus padres votan y explicándoles, en un lenguaje entendible, las principales características de cada uno de los candidatos y las razones, por las que los padres ejercen sus votos.

Los padres deben enseñar a sus hijos que las decisiones que tome cada uno con  su voto, van a tener consecuencias personales y colectivas, por la que tienen que votar bajo el concepto de la moral. La decisión no puede ser pasional o generalizada, ni de forma positiva ni negativa. Tienen que estar convenientemente pensada y razonada en conciencia, además de sujeta a los intereses del bien común y no a los beneficios o conveniencias personales, familiares o de grupos exclusivos. 

Es cierto que la mayoría de las democracias actuales, no son perfectas, pero hoy por hoy, es lo mejor que los ciudadanos pueden conseguir y los padres, tienen que luchar para que por el bien de las presentes y futuras generaciones, no se pierda nada de lo conseguido. Las democracias nada más se pueden mantener, si los ciudadanos participan en la política. Esa participación tienen que ir enseñando los padres a los hijos, desde que son pequeños. Democracia significa libertad y posibilidades de vivir y seguir viviendo, en armonía y respeto.

Los padres deben animar a sus hijos, según sus edades físicas y mentales, para que se inicien en la actividad política y que se mantengan el mayor tiempo posible, ya que es una tarea comprometedora, importante y fascinante para la sociedad.

14 Características positivas que tiene que tener la actividad política. Tiene que ser:

1.      Confiable y beneficiosa para la sociedad, si se hace honrada y responsablemente.

2.      Conglomerante de las personas que quieren luchar para mejorar la sociedad.

3.      Educar a no dejarse manchar, por las posibles corrupciones o dineros ilegales o fáciles de obtener.

4.      Enseña a no abusar del poder, que los ciudadanos han depositado en los políticos.

5.      Facilita la posibilidad de servir a muchas más personas, a través de la ayuda a muchas organizaciones humanitarias, que haciéndolo una a una.

6.      Legitima la lucha honrada, para conseguir el poder político, cuando es con el objetivo de servir mejor, a las necesidades de la sociedad.

7.      Permite demostrar que los vicios son evitables: La corrupción, el egoísmo, la inmunidad, la impunidad, etc.

8.      Pone a prueba de los participantes, sus conocimientos y prácticas de las virtudes y valores humanos, además de las convicciones.

9.      Pone la magnanimidad y la prudencia, al servicio de la construcción de la sociedad.

10.   Servir a los demás y no para servirse de ella uno mismo, como si fuera un negocio.

11.   Supone desprenderse de uno mismo, para darse a los demás, trabajar más para dar, que para recibir.

12.   Tener en cuenta el respeto a las personas, especialmente a las más débiles y necesitadas.

13.   Trabajar para que lo que une a las personas, sea más fuerte que lo que les separe, teniendo en cuenta los intereses, las opiniones y las convicciones de todos, sin excepción y empleando el bien común.

14.   Una escuela de aprendizaje para ejercer la tolerancia y los conocimientos, al tener que enfrentarse con ideas opuestas y divergentes.

Después de la religión, la política es lo más importante, pues es un  cauce privilegiado para el ejercicio de la caridad y para la santificación personal, en el servicio al bien de los otros. Existe un modo cristiano de comprometerse en la política y de apegarse, apasionarse y sufrir por ella, en función de las convicciones y valores.

Vale la pena ejercer la política, aunque eso esté reñido, con las personas que no tengan una conciencia bien formada, en las virtudes y valores humanos. Con las que sean irresponsables, superficiales, tibias, indiferentes o que estén preocupadas excesivamente, por el éxito y la popularidad y que no trabajen, de modo comprometido y competente, en favor de los intereses y necesidades de sus prójimos, aunque les suponga riesgos y sacrificios.

El gran poder de los ignorantes políticos, suele producir unas consecuencias irreparables, porque permite que se ejecuten las sentencias emanadas de las perversas o crueles legislaciones, que algunos políticos promueven. Además escapan a toda posibilidad de rectificación, al estar respaldadas por las mayorías numéricas, que ejercieron sus votos. Al final, los ciudadanos se encuentran obligados a cumplir esas leyes injustas, quedando prácticamente amordazados, mediante el rodillo del poder político, económico y mediático. Solamente unos ciudadanos bien formados, política y socialmente, pueden evitar que el triunfo de las decisiones, quede en manos de una gran mayoría denominada “ignorantes políticos”.

Los padres deben enseñar a sus hijos, a que nunca se dejen engañar políticamente y mucho menos en tiempo de elecciones, ya que  algunos políticos, intentarán sofisticadamente, manipularles la voluntad, para controlarles psicológicamente, alagándoles las pasiones hasta obnubilarles el criterio. Así les hacen legitimar las leyes inmorales, con el resultado de sus propios y desprevenidos votos, convirtiéndoles por su ingenuidad, en “responsables ignorantes”.

La cultura de lo políticamente correcto, suele tener una gran disonancia, entre la ética religiosa y la cultura de la política dominante, que pocas veces está basada en la ética, la razón y el estudio. No se puede apoyar una idea política, por muy dominante que sea, ni porque el rechazarla, vaya en contra de la moda, de lo políticamente correcto. La formación política, cada vez es mas importante inculcarla a los hijos, desde que son pequeños, para que posteriormente, no haya errores de discernimiento y apreciación.

La Revolución Francesa, con todos sus graves errores y algunos aciertos, fue la que afirmo los claros conceptos políticos de igualdad, libertad y fraternidad, la división y separación de los tres poderes: Legislativo, judicial y ejecutivo. También la preponderancia de la asamblea popular o el congreso, sobre los otros poderes, lo que es en realidad, un manual sobre la naturaleza humana y de como se organiza la sociedad.

Los políticos tienen que luchar con sus programas, para defender los derechos sociales inalienables de las personas, que son una parte muy importante, de los derechos humanos, vinculados a la dignidad de las personas, como:

12 Derechos y principios universales, fundamentales, irrenunciables e innegociables, que tienen que asumir los políticos, en sus decisiones para con los ciudadanos y como filosofía de su vida personal.

1.      El derecho al respeto y a la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural.

2.      El derecho a la familia, fundada en el matrimonio entre hombre y mujer.

3.      El derecho a la promoción del bien común, en todas sus formas.

4.      El derecho de los padres a la educación de sus hijos.

5.      El derecho a cuidar la salud, de todos los ciudadanos.

6.      El derecho a tener una digna pensión económica, para poder sobrellevar la vejez.

7.      El derecho a tener prestaciones sociales, adecuadas a cada situación personal y familiar.

8.      El derecho a tener ayudas suficientes, en caso de desempleo.

9.      El derecho a tener unas condiciones dignas del trabajo, encuadradas en las leyes laborales. 

10.   El derecho a tener una vivienda digna.

11.   El derecho a tener una buena alimentación y a no pasar hambre.

12.   El derecho a tener plena libertad religiosa, no solamente libertad de culto.

13.   El derecho a tener bien administrados y con honradez los bienes públicos.

A todo derecho corresponde una obligación. Establecer y mantener estos derechos y principios innegociables, cuesta dinero, este debe proveerlo el Estado, a través de una política fiscal adecuada, a las características de la población. Si no puede ser a través de impuestos equitativos, deberá ser con préstamos fiscales o trabajos sociales, pero todos los ciudadanos, deben contribuir a que estos derechos, sean una realidad. No es una verdadera nación, la que tiene ciudadanos de segunda categoría, que no puedan disfrutar de estos derechos, otros que se inhiban de sus correspondientes obligaciones, ni otros que abusen con trampas legales, de los beneficios sociales, que el Estado les da gratuitamente.

Estos principios no son negociables, a la hora de ir a votar. Los políticos y los legisladores, conscientes de su grave responsabilidad religiosa, política y social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar, leyes inspiradas en los valores fundados, en la naturaleza humana. Tiene una importancia particular para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre estos principios.

Los padres deben inculcar a sus hijos, el compromiso de luchar, con todos los medios legales permitidos, para elegir a los políticos, que se comprometan a combatir las injusticias sociales, que son las causas principal del odio y violencia, que padecen todas las sociedades. La “obediencia política” es la que los regímenes políticos totalitarios obligan a cumplir a sus súbditos, bajo graves penas de prisión o castigos. El primer objetivo político, es salvaguardar y valorar al hombre, la persona en su integridad, pues el hombre es el autor, el centro y el fin, de toda la vida política, económica y social.

4 Virtudes y valores humanos que deben tener los políticos reflejados en sus decisiones:

1.      Fortaleza, para evitar o frenar el efecto desmoralizador de la incomprensión, de la ingratitud, de la traición, de la inmunidad, de la impunidad, de la extorsión, etc.

2.      Justicia, para evitar o frenar la tentación de inclinarse por lo útil, beneficioso o conveniente, sacrificando la obligación de darse a uno mismo y a cada uno. lo suyo.

3.      Prudencia, para evitar o frenar el desbocamiento intemperante, que lo mismo precipita a la acción, que la anquilosa, por abulia o cobardía. Es la virtud que regula el uso de las demás virtudes.

4.      Templanza, para evitar o frenar el orgullo y el engreimiento, que puede deparar el éxito, y la desesperación, que puede producir el fracaso.

Los padres, a determinados políticos, deberían hacerles una evaluación continua y acumulativa, de lo que hacen y dicen, manteniéndola expuesta públicamente, con el fin de que sus barbaridades y defectos valorables, no se vayan olvidando poco a poco y los hijos, sepan lo que tienen que hacer, para no dejarse convencer, solamente por las campañas mediáticas. Evaluarles según estos principios básicos, más otros motivos, que puedan aplicar a cada caso. Evaluar las repercusiones de los votos emitidos, durante sus legislaciones, sus prácticas religiosas, sus comentarios, su vida personal, sus capacidades de todo tipo, etc.

Los padres deben involucrarse, en los procesos políticos de su sociedad, para que los hijos sigan el ejemplo. Algunas veces, tendrán que pagar el precio del seguimiento político, porque serán catalogados públicamente, según los principios que preconicen.

La religión y la política, son los principales cimientos y columnas que sostienen a la sociedad. A mayor fortaleza, unión y entendimiento entre esos dos pilares, esta mucho mejor se desarrollará. No se pueden separar estas actividades, por mucho que algunos gobernantes pretendan disuadirles a los ciudadanos, de que deben estar separadas. Separadas todo lo que quieran, pero siempre serán complementarias.

Tiene que haber más sociedad en la política y más política en la sociedad. El gobierno debe ser del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, para que las cosas vayan bien y para que mejoren. No es lo que los políticos puedan hacer por el pueblo, es el pueblo el que tiene que ayudar a los políticos, para que gobiernen bien, en beneficio de todos.

Los padres deben enseñar a sus hijos, a que analicen con toda meticulosidad, los antecedentes religiosos, sociales y políticos de los candidatos políticos, pidiendo consejo a los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que procesen. La conducta de los políticos, privada y pública, marcará sus futuras decisiones políticas, que influirán enormemente, en la vida de los ciudadanos. Por lo tanto, si los políticos llevan o han llevado una vida llena de errores morales y sociales, es seguro que el mandato que reciban democráticamente con los votos, servirá para que sigan haciendo el modelo de vida, que siempre han llevado y sus errores impregnarán todas las medidas políticas que tomen.

Ya no es la época de las grandes o pequeñas marchas, con pancartas o manifestaciones públicas, huelgas, plantones, etc. Ahora es la época del activismo político inteligente, formando grupos de presión política, principalmente utilizando el gran poder de las redes sociales y las páginas en Internet para animar a votar, crear opinión política, la transmisión masiva de noticias, rompiendo mitos, contestando falacias, etc.

La religión rellena los huecos que la política no puede, no sabe o no quiere llenar. La religión, es la que mejor juzga el comportamiento de los políticos, ante la insatisfacción de los principios más elementales en los ciudadanos, pues vive los problemas de los más desfavorecidos. Algunos políticos dan soluciones a las apetencias de los ciudadanos más favorecidos, para que les mantengan en el poder con sus votos.

Los políticos no se olvidan  del poder de la religión, pues saben y así la adulan, que en un solo Domingo o «fin de semana» la religión reúne mas personas, que todos los políticos en un año, y hacen llegar mejor sus mensajes. Por eso tienen mucho interés de comunicar continuamente, la separación de la religión y el estado, pero en épocas de votaciones, andan siempre corriendo de Iglesia en Iglesia, para conseguir los votos de los feligreses, sean de la religión que sean.

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La discreción e indiscreción en la familia

ESCUELA PARA PADRES

La discreción e indiscreción en la familia.

  • 10 Cuestiones que los padres tienen que enseñar a sus hijos sobre la discreción
  • 17 Cuestiones para enfrentarse a la indiscreción y evitarla
  • 10 Acciones que demuestran la virtud de la discreción en el mundo de la medida, de la mesura y de la oportunidad
  • 20 Sentencias sobre la virtud de la discreción

3,328 Palabras. Tiempo de lectura 12:00 minutos

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La discreción es la virtud de tener y demostrar la sensatez, para formarse un buen juicio y tener el  tacto para hablar u obrar. Actualmente es el escaso don social, de expresarse con agudeza, ingenio y oportunidad, utilizando la razón, el arbitrio,  la voluntad y el buen juicio, que debe alumbrar a los adultos, sin tasa, ni limitaciones. Se relaciona casi exclusivamente con el modo de comunicación, que se puede establecer entre dos partes.

La discreción es la práctica mediante la cual, determinado tipo de información, es mantenida en secreto o transmitida de manera prudente y cautelosa, de acuerdo solamente a la información que se solicite o lo que se deba comentar. Siempre según el criterio y formación particular, que supone la no transmisión de ciertos datos, debido a razones éticas y morales. Sirve para establecer vínculos de confianza entre las personas, evitando que se generen confusiones, entredichos y discusiones.

La indiscreción vende muy bien en los medios de comunicación, aunque la quieran disfrazar para quitarle hierro, con el nombre de “chisme”. La realidad es que ese “chisme”, puede hacer mucho daño, a pesar que divierta a algunos y aumente el número de lectores, oyentes o telespectadores. El “chisme” suele ser también propiciado y fomentado por los mismos artistas o personajes, aunque luego se vean envueltos en problemas de mala imagen, imposible de modificar. Así como se juzga y se mide a otros, se es medido y juzgado, por eso lo de los “chismes” de terceros, terminan casi siempre rebotando contras los que los lanzan o pregonan.

10 Cuestiones que los padres tienen que enseñar a sus hijos, sobre la discreción:

1.      En el vestir. No solamente en la forma y calidad de las ropas, mucho más importante es la discreción, en lo que deshonestamente se deja sentir a los demás, provocándoles malos pensamientos o acciones impúdicas, obscenas, indecentes, etc. Y esto se debe empezar desde los primeros años, para que se convierta en hábito.

2.      En hacer lo que se debe hacer. En no decir lo que no conviene decir, en no hablar de lo que no hay que hablar, en no querer oír lo que no tiene que oír, en no mirar lo que no tiene que mirar, en no preguntar lo que no debe preguntar, etc.

3.      En la cantidad, calidad y tiempos de comer y beber. Para la propia salud e incluso cuando se es invitado, pues si no se hacen las cosas discretamente, se puede correr el riesgo de enfermarse, perder el control mental por excederse, o quedar como un mal educado por abusar.

4.      En la forma de expresarse, pues la discreción puede evitar que los defectos de los demás, se conviertan en dominio público. “El que es indiscreto con los secretos ajenos es un traidor, pero el que revela los suyos, es un necio”.

5.      En la forma y fondo de hacer caridades o favores, de forma que no haya ostentaciones y que nadie pueda sentirse humillado. Lo que haga la mano derecha, que no se entere la mano izquierda.

6.      En las miradas, principalmente al otro sexo, pues dependiendo la indiscreción de un miramiento descarado y sin ningún recato, puede continuar con malos pensamientos y posteriormente, con actos deshonestos, sin que quepa la disculpa de la provocación.

7.      En los comentarios sobre otras personas o casos, que involucren determinadas situación privadas o graves. Todos el mundo tienen derecho, a que se le respete la fama y que esta no quede disminuida, alterada o manchada, simplemente por la falta de discreción de otras personas.

8.      En los signos externos de vida. Las grandes acciones, soportadas con la práctica de las virtudes y valores humanos, siempre se han hecho discretamente, sin alborotos ni campanadas. El bien hay que intentar hacerlo con mucha discreción, y a poder ser, que salga directamente de nuestra conciencia.

9.      En mantener secretos o confidencias familiares, profesionales o sociales privados e incluso cuando ya son públicos y notorios, principalmente porque si se propagaran, pudieran causar daños irreversibles a ellos mismo o a otros. A nadie hay que contarle las intimidades o problemas familiares. “La ropa sucia se lava dentro de la casa”.

10.   En su conducta personal o como grupo social ante familiares, amigos, colaboradores u otros segmentos de la sociedad, que sean menos favorecidos o diferentes. Sin presumir de signos externos de riqueza, prepotencia, pedanterías o presunciones. Es difícil, pero no imposible mantenerse con discreción, en la familia y sociedad. 

La virtud de la discreción en los padres, tiene que ser definida en función de la práctica y enseñanza de las virtudes y valores humanos, para asegurar lo más posible, la educación de sus hijos y la familia. Lo que conserven y dejen a los hijos, es lo que ellos dejarán a los suyos, que son también de los abuelos. 

Los padres bien informados y formados, son buenos padres, los otros dejan mucho que desear. No pueden enseñar contradictoriamente a sus hijos, a ser discretos en unas cosas e indiscretos en otras. Esta situación antagónica, sería incompatible con las relaciones familiares y sociales. Nadie debe tener esa dualidad de comportamiento. No van a poder ni saber elegir, en qué cosas debe tener una actitud u otra.

17 Cuestiones para enfrentarse a la indiscreción y evitarla:

1.      Piense con discreción y sinceridad, para que haya un adecuado clima de confianza con los hijos y así, puedan explicar sus intenciones, ideales, preocupaciones, problemas y alegrías.

2.      Piense cuando esté indignado, aunque sea justa la indignación, que en esas ocasiones, siempre se dice mucho más de lo que se debería decir y se puede caer, muy fácilmente, en la indiscreción.

3.      Piense cuando se sienta abrumado por los problemas y humillaciones, en los que le han metido, ser más discreto en lo sucesivo, debe tomarlo como un escarmiento.

4.      Piense discretamente, en no imponerse y en no coaccionar, para ayudar a que surja la comprensión y la sinceridad, que ayudarán a observar, reconocer y solucionar mejor los problemas, que se le presenten en la familia y en la sociedad.

5.      Piense en cómo enfrentarse al vicio de la indiscreción, cuando le sugieran que cuente algo, que no deba hacer o cuando crea, que con esa indiscreción va a tener “su minuto de fama”, en contra de las horas de daño, que le supondrán a otras personas.

6.      Piense en dar consejos discretamente y en el momento oportuno, sin ironías, bromas, ni burlas, evitando los momentos de ofuscación y pérdida de nervios, buscando siempre el tiempo apropiado para dialogar con sinceridad, confianza, calma, serenidad, respeto y cariño.

7.      Piense en no tener miedo a ser discreto. Si se esfuerza en intentarlo, siempre encontrará la forma eficaz de conseguirlo.

8.      Piense en que algunas veces, tendrá que ceder y discretamente, retirar lo dicho o hecho, pues no es conveniente ganar todas las batallas de la educación, cuando el objetivo final, es ganar esa difícil guerra, que es la educación familiar, en la práctica de las virtudes y valores humanos.

9.      Piense en ser congruente y con convicciones sólidas, razonando y actuando, con todo lo que ha aprendido, sobre la discreción y la indiscreción.

10.   Piense en ser muy discreto, con sus obras buenas pero sin ocultarlas, a no ser que sean para dar ejemplo o que puedan servir como ejemplo para otros. Traten de ahogar el mal, con la abundancia del bien.

11.   Piense lo que Vd. opinaría de las indiscreciones, si alguien contara algunas cosas de su estilo de vida, actual o pasada, de su negocio, de su vida laboral o familiar, que Vd. no quiere que se conozcan. Ver la paja en ojo ajeno y no ver una viga en el propio.

12.   Piense previamente las cosas dos veces y después no las haga, cuando crea que lo que va a decir, es una indiscreción.

13.   Piense que indiscreción, es sinónimo de debilidad, torpeza, desacierto, impertinencia, irreflexión, etc.

14.   Piense que la discreción es sinónimo de prudencia, sencillez, moderación, ponderación, recato, secreto, reserva, etc.

15.   Piense que opinaría, si esa indiscreción alguien la tiene con temas de sus padres, cónyuge, hijos, organizaciones religiosas, partido político, etc.

16.   Piense que una cosa es ser discreto y otra no querer callar ni debajo del agua, aunque se ahogue.

17.   Piense si su indiscreción, pudiera hacer daño al alguien, que le pudiera llevar a los tribunales y estos le castigaran con cárcel o dinero.

Los padres deben tener en cuenta, que sus hijos y la sociedad les están mirando continuamente y con ojos muy críticos, pues esperan de ellos, lo mejor de lo mejor. Por lo tanto tienen que ser conscientes, de la responsabilidad que tienen de hacer bien las cosas, para poder ser modelo de educación, ante propios y extraños.

La discreción debe ser un punto de referencia de los padres, para la educación de las futuras generaciones, hijos y nietos. Con su testimonio coherente y generoso, al practicar y enseñar esta virtud y valor humano, comunicarán a los hijos el gusto de lo arduo, el sentido de la disciplina, el valor de la honradez y la alegría del altruismo, impulsándoles a afrontar los problemas de la vida con mucho empeño y entusiasmo. Los hijos tienen necesidad, de que sus padres sean los lideres que les guíen, para que no se dejen llevar por lo que hagan y digan, los ídolos humanos que continuamente les presentan la sociedad, a través de los medios de comunicación.

Los padres deben enseñar muy claramente, el daño que se puede hacer si no se tiene discreción, a la hora de enviar o renviar fotografías, información o noticias, a través de los medios virtuales, pues hecho con indiscreción puede hacer mucho daño, la mayoría de las veces con resultados irreparables.

Lo padres deben enseñar que no es lógico, ser un día discreto y al día siguiente ser el parlanchín representante de los indiscretos. No se puede vivir con reacciones pendulares, entre la discreción y la indiscreción, tiene que haber una fuerte y consolidada coherencia, entre lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer, lo que está bien, dónde está el bien y lo que debe hacerse bien, lo que se piensa y lo que se hace. Cuando la conciencia moral de las personas, está anestesiada por el ruido externo de la sociedad, que preconiza la inhibición frente a las situaciones familiares y sociales, se pierde el concepto de la discreción y comienza el irreparable campo de la indiscreción, que imposibilita el mejorar las relaciones entre familiares, amigos y sociedad.

Debería haber una especie de detector de mentiras, que pudiera medir, previamente a nuestras decisiones, el grado de discreción e indiscreción de los comentarios, que se fueran a hacer. Así se evitarían, situaciones irreversibles como son las indiscreciones sacadas a la luz o pública, que después es imposible volverlas a tapar.

Los padres tienen que enseñar a los hijos, a ser arquitectos de sus propias decisiones. Pero solamente podrán enseñar a construirlas bien, cuando ellos sean ejemplos vivos de la discreción. No vaya a ser que los hijos les estén sorprendiendo, continuamente, en indiscreciones imprudentes.

            Los padres deben profundizar en la educación de los hijos y enseñarles, entre otras virtudes, la de la discreción, que hoy en el ambiente actual, no es muy usual practicarla. Una de las pruebas de la discreción de los padres, es que jamás deberán contar a nadie, a no ser por motivos muy graves, las confidencias serias, que les hagan los hijos.

            La discreción en los padres se demuestra también, en el saber escuchar a los hijos con paciencia, cariño, atención y empatía. Para que los hijos puedan tener ideas inteligentes, los indecisos sepan inmediatamente decir lo que quieren, los tímidos se sientan libres, sin ataduras y valerosos, los agobiados por sus cuestiones, se sientan confiados y alegres y los infelices o tristes, descubran que son importantes para los padres.

            Ser discreto, no es ser hipócrita, farsante, ni mentiroso, al contrario, es una virtud que proviene de haber estado acostumbrado a hacerlo, hasta convertirlo en un hábito. Posteriormente se practica sin ningún esfuerzo y se hace de manera natural, como todas las virtudes, una vez que están bien consolidadas en el comportamiento, preocupándose por los demás, intentando ser agradable.

Los padres deben saber, que sus hijos tienen gérmenes y presiones familiares y sociales de buenas y malas tendencias, y que cuando sean mayores, cada cual, será responsable en la medida en que permitan a estas tendencias, adueñarse de su persona. Ser discreto no es sólo cuestión de dominio de carácter. Requiere sobre todo, deseo de aprender a serlo, deseo de enriquecerse con las aportaciones de los demás.

Los padres deben inculcar a sus hijos, que un complemento de la virtud de la discreción, está en que sean de cualidades corrientes y apariencias modestas y siempre perseverantes y leales en la amistad, que contagian a su alrededor alegría y serenidad, para que su vida parezca a los demás, como una luz, como una claridad, como un estímulo. Pero ese brillo y esa luz, solamente se consiguen después de muchos años de esfuerzo, para ser discreto. No se trata de una virtud, que viene de nacimiento, depende de la educación que se ha recibido y del esfuerzo de cada uno, pues todos somos responsables. Ahí está el modelar la tendencia de los niños a la discreción, a no llevar “cuentos” sobre cosas que otros hacen, pues eso les crea la enemistad de sus amiguitos, incluso el bullying.

Algunos hijos mientras escuchan, están pensando en las respuestas que van a dar, por lo tanto, no escuchan plenamente lo que les dicen sus padres. Pero hay otros que escuchan de verdad, con atención y con verdadero deseo de comprender y aprender, sin dejarse arrastrar por el inmoderado afán de hablar o de rebatir lo que oyen. Estos son los que saben escuchar de verdad y se hacen cada vez más valiosos, haciendo que la persona que les habla, se sienta también más valorada y querida.

10 Acciones que demuestran la virtud de la discreción en el mundo de la medida, de la mesura y de la oportunidad:

1.      Discreción es actuar noble y educadamente en el juzgar, en el obrar, en el hablar, en el mirar, en la practica de la humildad, en el saber escuchar, en mantener un carácter  simpático y agradable, etc.

2.      Discreción es hacer o no hacer lo que sea más conveniente, para el buen comportamiento familiar y social, no lo que más guste, incluyendo el decir o no decir, el callar de lo que no se debe hablar, en no enjuiciar lo que no incumbe, en escribir sobre lo que no se debe escribir, etc.

3.      Discreción es llevar un estilo de vida sobrio y moderado, evitando los excesos en todos los órdenes, incluyendo el lenguaje y los gestos peyorativos. Lo que hoy se define como “perfil bajo”.

4.      Discreción es no divulgar las intimidades, mezquindades, defectos, miserias, debilidades, vulgaridades y ordinarieces de las personas, aunque algunas se empeñen en mostrarlos, a través de los medios de comunicación.

5.      Discreción es no hacer comentarios que irriten, incomoden o violenten a otros.

6.      Discreción es no hacer preguntas inoportunas o que pudieran llevar a respuestas indiscretas, ya que las consecuencias de las indiscreciones, pueden tener resultados irreparables, tanto en personas adultas, como en niños.

7.      Discreción es no llamar la atención, en la manera de comportarse, cuidando los gestos, posturas, palabras inapropiadas, vestimentas, maquillajes, etc.

8.      Discreción es practicarla continuamente, en la forma de hablar y actuar a tiempo, y con medida del tiempo.

9.      Discreción es procurar entonar con el ambiente familiar y social, más que sobresalir en él, con afán de un protagonismo ridículo, que es la indiscreción que ridiculiza, expone y desfigura tanto a las personas.

10.   Discreción es realizar las acciones con delicadeza, fineza y prudencia.

11.   Discreción es saber proteger y no violentar, las intimidades de la vida propia o de la ajena, que pueden ser desde secretos, frustraciones, miedos, insatisfacciones, hasta deseos y ambiciones.

Padres, eviten que sus hijos se sientan traicionados, si Vds. revelan indiscretamente las confidencias secretas, que les han hecho, en base a la sinceridad y confianza filial. Algunas veces los padres por vanagloria, hipocresía, deslealtad o por no ser menos que otros, cuentan cosas familiares, que tendrían que haber quedado, dentro de las paredes del hogar.

20 Sentencias sobre la virtud de la discreción:

1.      ¿De que sirve ser indiscreto, si se llena uno de pesar y luego hay que ir a disculparse, discretamente, para quitar el remordimiento?

2.      Callando es como se aprende a oír, oyendo es como se aprende a hablar y hablando se aprende a callar.

3.      Como pretendes que otro guarde tu secreto, si tú mismo, al confiárselo, no lo has sabido guardar.

4.      Corregir con discreción, para que nadie más se entere.

5.      La discreción es no decir más, de lo que haga falta, a quien haga falta y cuando haga falta.

6.      La discreción es tener más, que lo se muestra y hablar menos, de los que se sabe.

7.      La discreción es una virtud, que en determinados grupos sociales, no tiene cabida, pues están llenos de patrañas, embustes, calumnias y chismes.

8.      La discreción es una virtud, sin la cual es imposible practicar las otras.

9.      La discreción está íntimamente relacionada, con el silencio de las personas, parcas en palabras y largas en hechos.

10.   La discreción, aunque no la comprendan, es naturalidad y delicadeza. La indiscreción esta llena de egoísmo e incomprensiones.

11.   La indiscreción consume muchas energías: En cómo hacerla, en cómo arreglar lo hecho mal y en cómo quitar. el mal sabor de boca de lo hecho.

12.   La mejor fuente de información, son las personas que han prometido no contárselo a otros.

13.   La verdadera discreción no es triste, antipática y aburrida, sino extremadamente alegre.

14.   Lo que no quieras que se sepa, no lo digas a nadie.

15.   Los charlatanes son los hombres más discretos: hablan y hablan y no dicen nada.

16.   Parecer discreto, vale tanto como entender una cosa, y es mucho más fácil.

17.   Quien no puede guardar sus pensamientos dentro de sí, no será capaz de guardar los de los demás.

18.   Se discreto contando las cosas a tu amigo, para que este, no las pueda contar a sus amigos.

19.   Si no quieres que se sepa, no lo hagas.

20.   Te arrepentirás menos veces por haber sido discreto, que por haber sido indiscreto.

La discreción debe afinarse muchísimo, cuando se trata de corregir a los hijos. Hay que poner por delante, los criterios imprescindibles de la educación familiar, como son el amor, la comprensión y la inteligencia. La corrección indiscreta, dura, implacable o drástica, pierde toda eficacia. Puede ser una falta que descalifica a los padres y pierde efectividad ante los hijos.

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El vicio del juego (ludopatía) y su influencia en la familia

ESCUELA PARA PADRES

El vicio del juego (ludopatía) y su influencia en la familia.

  • 13 Frases comunes de los jugadores, aspirantes a ludópatas
  • 22 Situaciones indicadoras, de que ya se ha consolidado el vicio del juego o la ludopatía
  • ¿Qué es la ludopatía?
  • Los casinos, lotería del Estado y juegos de azar

3,373 Palabras. Tiempo de lectura 12:00 minutos

Algunos artículos relacionados:

            Cuando el juego, sea de azar, de suerte, de habilidades o una mezcla de ambas, se convierte en vicio y conlleva dinero, se denomina ludopatía, que es una enfermedad de naturaleza progresiva y contaminante, incluso si los resultados del juego de ganar o perder, no dependen de la habilidad o destreza del jugador. Pasa de ser un ejercicio o juego recreativo sometido a reglas, a convertirse en una adicción patológica, muy difícil de suprimir.

            Es muy diferente el tipo de juegos de mesa o similares, que se realizan en familia, para entretener y enseñar a los hijos las reglas de los juegos y las destrezas e imaginación necesarias, practicando las virtudes de aceptación, conformidad y humildad, cuando pierden o ganan.

            En época de crisis económica y social, es cuando más abundan los jugadores desesperados o ludópatas, que son convencidos que jugando, incluso solamente un poco de dinero, se van a hacer ricos inmediatamente y sin ningún esfuerzo, y que los beneficios obtenidos son para mejorar las escuelas, la asistencia social, etc. Esas propagandas engañosas, son para que los jugadores sean vean mentalmente liberados, de un posible remordimientos de conciencia.

Desde el mismo Estado se fomenta el vicio del juego, pues es una manera de que los ciudadanos poco formados, paguen impuestos voluntariamente. Para eso están las loterías en sus múltiples variantes. Las apuestas en los casinos con sus ruletas, juegos de naipes, dados, etc. Mas las apuestas en quinielas de futbol, las carreras de caballos, de perros, de deportes y un largo etc.

            En la familia que entra el vicio del juego, comienza una carrera sin fin, hasta que le llega la ruina económica y la degeneración moral y social. El juego con dinero no tiene final, el que juega siempre pierde, a la larga o a la corta. Es un vicio que atrapa, como si fuera el vicio de las drogas. Hace falta tener una enorme fuerza de voluntad, para salirse de la ludopatía. Todos los ludópatas creen que ellos van a dominar a la ruleta, a los naipes, a los dados, etc.

13 Frases comunes de los jugadores aspirantes a ludópatas:

1.      Además si pierdo hoy, puedo pagar mañana o en pequeños plazos.

2.      Casi todos mis amigos van al casino y a mi me da vergüenza, que me digan que soy un tacaño o que no voy, porque mi cónyuge no me deja ir.

3.      He hecho mis cuentas y nunca salgo perdiendo. Algunas veces, solamente pierdo un poquito.

4.      Me dicen que los beneficios son para obras de caridad.

5.      Me lo paso muy bien, por muy poco dinero o gratis, almuerzo, veo un espectáculo y me divierto.

6.      Nadie se va a enterar, pues ese dinero es mio y me lo puedo gastar cuando quiera, como quiera y donde quiera. A mi cónyuge ya le doy lo suficiente para que mantenga la familia.

7.      No me importa que me digan, que con mi presencia en los casinos y mi dinero, estoy contribuyendo al posible lavado de dinero, de los narcotraficantes o del crimen organizado.

8.      No tengo porque dar cuentas a mis hijos y a mi cónyuge, dónde gasto el dinero, al fin y al cabo, lo gano yo.

9.      Quiero demostrar a esos ignorantes del casino y a mis amigos, que yo se jugar mejor que ellos y que les voy a ganar.

10.   Tengo el control y la fuerza de voluntad suficiente, para dejarlo cuando quiera.

11.   Todos no pueden permitirse el lujo, de jugar continuamente y yo si puedo.

12.   Total si solamente es jugar un poco, cuando yo quiero o veo que pierdo, me retiro.

13.   Y si me hago rico ¿Qué?

            La ludopatía no tiene, como otros vicios, un límite fisiológico en su práctica, donde llega un momento que, físicamente, los viciosos ya no pueden consumir más drogas o más alcohol, puesto que se marean, enferman o les faltan fuerza para continuar. Pero el ludópata nunca se cansa, pues mientras tenga dinero o capacidad de crédito, puede seguir jugando hasta que pierda todo el patrimonio presente y futuro de la familia, y dejarla en la más grave de las miserias.

            Padres, tengan mucha precaución cuando alguien les sugiera o invite, a visitar un casino y les propongan jugar un poco. Ese poco, podría llegar a ser el inicio de un camino sin retorno, hacia la ludopatía. La industria del juego, ya se encarga de ofrecer gratis, incluso dinero para jugar y que así pruebe y se quede enredado y seducido en el juego, además de cupones para comidas, apuestas, bebidas, espectáculos, etc. que le guste a sus futuras victimas y se enganchen, a poder ser irreversiblemente, en jugar todo lo que puedan o tengan. La industria del juego, sea privada o del Estado, se instala para el beneficio de unos pocos, en el detrimento de muchos, generando graves consecuencias personales.

            Padres, sus hijos les están mirando, con una lupa de aumento todo lo que Vds. hagan. Si les ven asistir a los casinos, a sitios de juegos, jugar loterías, etc. tendrán grandes dudas, en discernir si tienen que hacer lo que Vds. les dicen, o lo que Vds. hacen. El mejor ejemplo que pueden dar a sus hijos, es no asistir jamás a esos sitios, por mucho que les apetezca visitarlos. Además de explicarles que uno de los principales motivos es, el “no caer en la tentación” alejándose del peligro de ella.

            Hay algunas personas enfermas de ese vicio, que estando en el proceso voluntario de querer curarse, tiene el coraje de pedir a los casinos y centros de apuestas, que no les dejen ni entrar, ni mucho menos jugar. Es muy difícil mantener esa postura, pues la publicidad que desarrolla la industria del juego es legal y está a todas horas, fomentando que las personas jueguen continuamente, bajo la promesa de que posible, alguien se haga rico. Cuando la realidad es que en los juegos, los únicos que se hacen ricos son los propietarios, los operadores, los que los autorizan y los que los patrocinan.

            Los padres tienen que dar muy buen ejemplo a los hijos, enseñándoles a que nunca, deben jugar intermediando dinero. No vale decirles que pueden hacerlo, aunque nada más sea en cantidades pequeñas y que tengan control de lo que hacen. Ese control el muy difícil tenerlo, por no decir imposible, ya que la tentación humana, de hacerse rico o de ganar dinero sin esfuerzo, es muy grande. Uno de los problemas frecuentes es, cuando en la primera ocasión del juego se gana, poco o mucho. Esa es la puerta por la que pueda entrar el vicio del juego, pensando que todo va a ser tan fácil, como en esa ocasión. Es preferible que la primera vez se pierda lo jugado, para que se quiten las ganas de seguir jugando.

Algunos padres incluso inducen o permiten que para divertirse, los hijos jueguen pequeñas cantidades en los casinos o lugares de juegos, para que “prueben suerte”, pensando que eso no les va a hacer daño, sin darse cuenta, que lo que los padres consideran pequeñas cantidades, para los hijos sean grandes cantidades y en ocasiones, se juegan todo lo que tienen. Esto les crea frustraciones, que les pueden servir de enseñanza o les crea un hábito, que les aficiona al juego y a las apuestas colectivas.

            El extremo del peligro del juego, supone jugar a “la ruleta rusa” donde el juego puede terminar en muerte. Ahí si se pierde, no valen los arrepentimientos, ni las revanchas, ni las nuevas oportunidades, para resarcirse de lo perdido. En ese juego cuando se pierde, no hay marcha atrás.

            La ludopatía de los jóvenes, con las maquinas de video juegos y las otras pantallas electrónicas. Ese vicio del juego o de la presencia ante las pantallas, les trae consecuencias graves, pues aunque no les quita el dinero, les quieta su precioso tiempo, que es mucho mas importante y necesario para su educación, que el poco o mucho dinero que un joven podría tener.

La ludopatía es un vicio, aunque algunos la denominan enfermedad, para quitarles la responsabilidad a los jugadores compulsivos. Intentan que los programas de curación de la ludopatía, sean pagados por las empresas aseguradoras, lo que supondría que esos costos serian repercutidos entre todos los asegurados. Quitar otro vicio voluntario de la sociedad, con el dinero de todos. Otra muestra de la continua tiranía de las minorías.

Hay algunas banderas rojas, que indican el principio del problema real del vicio del juego. La ludopatía, aunque todavía no haya sido clasificada como enfermedad, siempre comporta consecuencias familiares, matrimoniales, laborales, de salud y sociales.

Los ludópatas confunden el deseo, de ganar mucho y rápidamente, para hacer se ricos, con la realidad de perder siempre, para hacerse pobres indefectiblemente. Tienen que hacer una valoración honesta de su propia conducta y de lo que sienten, cuando juegan compulsivamente, analizando como cambian sus hábitos en su vida personal, familiar y social. El vicio del juego produce unos efectos muy graves, contra las personas y las familias, especialmente las pobres o menos afortunados.

Entre los síntomas que suelen tener los ludópatas, como en casi todas las adicciones, sobresalen los de alejarse de la familia y de los amigos honrados, no dominar las frecuentes acciones violentas, irascibles o furiosas, asumir riesgos físicos, hacer apuestas o negocios financieros, de dudosa o nula procedencia, rodearse de personajes siniestros, que tienen los mismos o similares vicios, consumir sustancias prohibidas.

Es muy diferente el entretenimiento, que puede suponer el juego moderado, con las pantallas electrónicas, que incluso en algunos casos, son simplemente juegos de destreza que aumentan, fomentan y consolidan la inteligencia, desarrollan los reflejos y conllevan satisfacciones, únicamente como diversión. Si estos juegos electrónicos se convierten en adicciones, que consumen el tiempo y las energías, que los hijos deberían emplear en otras cosas mas productivas, o tienen por medio apuestas económicas o de otros conceptos, la cosa cambia y puede convertirse muy fácilmente en ludopatía.

La ludopatía es la adicción enfermiza, al impulso irreprimible de jugar, siendo o no consciente de sus consecuencias y del deseo de evitarlo. Se considera un trastorno del control de los impulsos, que también incluyen la cleptomanía, piromanía y tricotilomanía. Es similar a las adicciones de vigorexia, anorexia, bulimia, alcohol y drogas, ninfomanía. Estas enfermedades o vicios, Requieren en primer lugar, darse cuenta de que existe un problema importante y en segundo lugar, hacer un esfuerzo para ponerse en manos de los profesionales, con el fin de que les ayuden a curarse.

22 Situaciones indicadoras de que ya se ha consolidado el vicio del juego o la ludopatía:

Cuando los ludópatas:

1.      Arriesgan sus oportunidades de crecimiento, mejora y consolidación profesional, familiar o social, por seguir jugando.

2.      Aumentan considerablemente el número de sus divorcios.

3.      Contraen enfermedades como la depresión, el estrés, la ansiedad, los ataques cardiacos, el TDAH o síndrome de atención, incluso llegando a pensar en el suicidio, etc.

4.      Dejan de pensar y actuar de manera eficaz, hasta que incluso por desesperación o casualidad, descubre su insolvencia o acumulación de deudas.

5.      Intentan recuperar las pérdidas del juego con más juego, iniciando una cadena de deudas, que siempre terminan en tragedia.

6.      Llegan a negar incluso con violencia, su participación en los juegos.

7.      Mienten, negando o disminuyendo las veces y cantidades que ha jugado, para intentar ocultar o engañar a su familia, consejeros, médicos y amigos.

8.      Necesitan aumentar cada vez más, la cantidad a jugar y la frecuencia, para cubrir las emociones que le producen su vicio, por lo que va alejándose de la posibilidad de su curación.

9.      No quieren asistir a los grupos de autoayuda, como son los que dan consejos a jugadores y familiares, afectados por ludopatía:  ASOCIACIÓN DE JUGADORES ANÓNIMOS DE ESPAÑA – JA o LUDOPATIA.ORG o LUDOPATIA.CAT

10.   Ocultan a la familia los ingresos que obtienen en su trabajo, para que no les puedan controlar lo que gastan en el juego.

11.   Pierden el control de su conciencia, sobre las propias intenciones de controlar su vicio.

12.   Pierden el control sobre si mismo, al intentar sin éxito, reducir o salirse del vicio del juego.

13.   Presentan signos o síndromes de abstinencia, inquietud o irritabilidad, asociada con el haber dejado o reducido el vicio del juego.

14.   Recurren a soluciones desesperadas y peligrosas para pagar sus deudas, jugando mayores cantidades, apuestas más altas cada vez, juegos de mayores riesgos, de más rapidez, robando o pidiendo nuevos créditos a usureros sin escrúpulos, lo que aumenta los riesgos físicos, mentales y familiares.

15.   Se dejan arrastrar con más facilidad y sin poner resistencia, ante las presiones de los amigos, profesionales del juego o de la publicidad, que les incitan a participar en cualquier tipo de juego, con tal de satisfacer su vicio.

16.   Se incapacitan para responder a los impulsos, de intentar recuperarse de su vicio.

17.   Sienten grandes preocupaciones sobre el juego, manifestadas en pensamientos frecuentes, fantasías o sueños, sobre sus experiencias pasadas, que incluso extrapola al futuro.

18.   Siguen jugando para evadirse de sus problemas, creyendo que así van a mejorar su estado de ánimo.

19.   Tienen que recurrir a familiares o amigos a los que posiblemente también les arruinarán, pues es imposible que les devuelvan los continuos préstamos.

20.   Tratan de estar en ambientes ludópatas e intentan inculcar el vicio del juego a otras personas, para sentirse acompañados y para auto justificarse, pensando que a otros también les gusta.

21.   Utilizan el vicio del juego, para refugiarse y huir de los problemas cotidianos o eventos vitales, y así no tenerse que enfrentar, a la realidad de su vicio.

22.   Violan la ley, cometiendo actos ilegales o inmorales, para continuar con el vicio del juego o para recuperar o pagar las pérdidas.

Los padres son la sal de la tierra para los hijos, pero cuando la sal, voluntariamente, la vuelven sosa, nadie les va a dar la que necesitan, para vivir ellos y para enseñar a vivir a sus hijos. La educación que dan los padres a los hijos, es como cuando se enciende una luz para alumbrarles sus vidas. Ningún padre quiere encender la luz de la educación y meterla debajo de la cama o predicar en el desierto, de la indiferencia e incomprensión. Los padres tienen que poner muy alta esa luz, para que alumbre el camino, que sus hijos tienen que seguir en sus vidas. La luz de la educación, es el símbolo de la fuerza y estabilidad que les ilumina y les da brillo y esplendor, produciéndoles la autentica felicidad, que llevan los bien educados en las virtudes y valores humanos.

Los padres no tienen que tener miedo quedarse solos por decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad a sus hijos, aunque ésta a veces sea molesta y desenmascare cosas ocultas, pues el jugador sueña con un golpe de suerte, esa fantasía irreal de ganar dinero sin esfuerzo, cae en la vorágine del no saber parar. Y eso al final, termina dañando a los más vulnerables.

El séptimo Mandamiento de la Ley de Dios, dice claramente «No perjudicar al prójimo en sus bienes». Ahí entra de lleno el vicio del y la ludopatía en los juegos de azar, naipes, apuestas, loterías, etc. aunque no sean en sí mismos, contrarios a la justicia. No obstante, resultan moralmente inaceptables, cuando privan a la persona de lo que le es necesario, para atender a sus necesidades o las de los demás. La pasión del juego corre peligro, de convertirse en una grave servidumbre. Apostar injustamente o hacer trampas en los juegos, constituye una materia grave, a no ser que el daño infligido sea tan leve, que quien lo padece, no pueda razonablemente considerarlo significativo.

Periódicamente aparecen grupos de presión política y económica, en determinadas ciudades, que intentan convencer a la población y a sus representantes, sobre las ventajas de instalar en ellas, actividades relacionadas con los juegos, como son los casinos, barcos casinos, amarrados en la orilla u operativos en las cercanas aguas internacionales, actividades satélites más o menos ilegales o permitidas. Pero el fin no justifica los medios para conseguirlo, ya que estos casinos o sistemas de juegos, conllevan en su entrono, una gran podredumbre social, con actividades que rompen y arruinan a las familias, aumenta la pobreza, el crimen y la adicción a otros vicios, a pesar de su señuelo como atractivo disfraz de la creación de empleos, recaudación de impuestos, atracción del turismo, etc.

Algunas organizaciones religiosas, no se dan cuenta o no se la quieren dar, del daño que hacen a sus feligreses, cuando organizan juegos de azar y viajes gratuitos o casi gratuitos, a los casinos u organizan juegos de azar, con la sutileza de decir que son con fines caritativos. Para algunos, esa recomendación a jugar o visitar los casinos, es el principio de una iniciación al vicio del juego, y hubieran pasado muy bien sin tenerla, y mucho mejor si ésta no hubiera sido patrocinada por su iglesia o con el beneplácito de ella. Una institución religiosa no debe cooperar, ni por activa ni por pasiva, con la industria del juego, que explota a los más débiles y vulnerables, ni siquiera si obtiene unos beneficios económicos, porque el fin no justifica los medios.

Los padres no se deben olvidar de su responsabilidad moral y material, cuando incluso con su sola presencia, en esos lugares relacionados con el juego o con sus actividades inmorales y contaminantes, o incluso con pequeñas cantidades apostadas, están contribuyendo a que exista esa industria inmoral, permitiendo que su mal ejemplo, se transmita a los hijos en proceso de formación de las virtudes y valores humanos, como la austeridad, la generosidad, el sacrificio, la honradez, la dedicación, etc. ¿Cómo se le puede hablar a los hijos de la práctica de esos valores, si los padres tienen el vicio del juego?

La adicción al juego, es mucho más sutil que la adicción a las drogas, que muy pronto dejan señales bastante evidentes. Cuando se descubre la adicción al juego, suele ser muy tarde, pues ya ha hecho desaparecer grandes cantidades del dinero familiar y se han producido deudas importantes. Una modalidad muy peligrosa, es el juego a través del Internet, que aparentemente deja pocos rastros de lo gastado, a no ser que los cónyuges tengan un buen control del gasto con las tarjetas de crédito, de ellos mismos y de los hijos.

El dinero del juego contamina a los niños y los jóvenes, cuando estos crecen en su entorno físico. También contamina a la sociedad, a los servidores públicos y a las instituciones, cuando iglesias, colegios y asociaciones, con una total falta de ética, se implican en los beneficios y en la publicidad de los casinos y estos vía impuestos o donaciones, financian servicios públicos o municipales, que de otra forma no existirían, tales como pistas deportivas, bibliotecas, ordenadores, etc.. Todo financiado con el vicio del juego de los más pobres, que son los que tienen más riesgo de convertirse, en jugadores compulsivos y ludópatas.

En la adicción al juego, (ludopatía) como en todas las adicciones de vigorexia, anorexia, bulimia, alcohol, drogas, ninfomanía, cleptomanía, piromanía, etc. se entra muy fácilmente, casi “jugando”, pero es muy difícil salir, a no ser que sea arruinado económicamente o bajo un plan muy serio de rehabilitación, lleno de buena voluntad y compromiso de cambio.

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La virtud de la Fortaleza enseñada a los hijos

ESCUELA PARA PADRES

La virtud de la Fortaleza enseñada a los hijos.

  • 20 Características de la virtud de la Fortaleza
  • 7 Opiniones para practicar en familia la virtud de la Fortaleza
  • 11 Ideas para fomentar la virtud de la Fortaleza en la familia
  • 13 Sentencias sobre la virtud de la Fortaleza

2,674 Palabras. Tiempo de lectura 10:00 minutos

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La virtud cardinal de la Fortaleza, consiste en vencer la cobardía y la  vergüenza y huir con fuerza y vigor de la temeridad. Da valor al alma, para poder afrontar con coraje y vigor los riesgos, moderando el ímpetu de la audacia, siempre manteniéndose en la recta razón en el obrar. Reafirma la resolución, de resistir a las malas tentaciones y de superar los obstáculos morales familiares, sociales y profesionales. Hace capaz de vencer el temor, incluso la muerte, y hacer frente a las pruebas y a las persecuciones. Capacita para ir hasta la renuncia y el sacrificio de la propia vida, por defender una causa justa. Lo contrario de Fortaleza es, debilidad o flaqueza.

La virtud de la Fortaleza va mucho más allá, que el decir “sí” o “no”. Está relacionada con el hacer o no hacer, con el decir o no decir, con el enfrentarse o seguir la corriente. Las personas fuertes, se enfrentan a las situaciones, ejerciendo la virtud de la Fortaleza. Si tienen la razón y el convencimiento, no temen enfrentarse a los problemas.  Una frase centenaria dice “Llora como mujer, lo que no has sabido defender con la Fortaleza de un hombre”. Aunque llorar es gratis y no tiene impuestos, no supone que disminuya la virtud de la Fortaleza, pero si se llora en la noche, porque no hay sol ni luna, las lágrimas no permiten ver las maravillosas estrellas.

Las virtudes cardinales son: La Fortaleza, la prudencia, la justicia y la templanza. Todas las demás se agrupan a ellas. Los siete dones del Espíritu Santo son: Fortaleza, sabiduría, inteligencia, consejo, ciencia, piedad y temor de Dios.

Virtudes derivadas de la Fortaleza

  • La Magnanimidad, que ejecuta acciones generosas e intrépidas.
  • La Paciencia, que sufre con alegría religiosa las contradicciones, los padecimientos y las desgracias.
  • La Constancia, que persevera en la tarea comenzada y en la firmeza de vencer las dificultades, sin caer en la terquedad.

Vicios opuestos a la Fortaleza:

Por defecto:

  • La timidez, y la cobardía, que no osa emprender nada.
    La desgana, que se cansa de todo.
    El respeto humano, que hace que se dejen de cumplir las obligaciones religiosas, por miedo del qué dirán.

Por exceso:

  • La temeridad, que sin ninguna necesidad se expone al peligro y a la muerte. Es más bien una prueba de soberbia que de coraje.

            Para practicar la virtud de la Fortaleza en la familia, y después enseñarla a ejercer a los hijos, hace falta saber elegir bien, entre lo fácil y lo difícil. Practicar lo dificultoso, no tiene que producir miedo entre los hijos, si estos han sido bien educados dentro de la familia.

Fomentar la virtud de la Fortaleza en los hijos, supone ayudarles a que sean fuertes en su forma de vida, actividades y decisiones cotidianas, relacionadas con la formación de su carácter. Les asegura en las dificultades, la firmeza y la constancia en la práctica del bien, llegando incluso a la capacidad de aceptar, el eventual sacrificio de la propia vida por una causa justa.

20 Características de la virtud de la Fortaleza:

1.      La Fortaleza acrecienta la paciencia, aumenta el sosiego y neutraliza la ansiedad y la desesperación.

2.      La Fortaleza ayuda a complementar la generosidad, sin dejarse llevar por actitudes manipuladoras de otros, por muy cómodas de cumplir que parezcan, o incluso sin sopesarlas mucho.

3.      La Fortaleza ayuda a hacer el esfuerzo, para no dejarse llevar por los cánticos egoístas de la sociedad, que invitan continuamente a consumir, mucho más que lo necesario. También permite conocer lo que cuestan las cosas, para evitar caer en la trampa del gasto compulsivo, hacia la inmediata satisfacción.

4.      La Fortaleza ayuda a mejorar el carácter de los hijos, a que sobrevivan en el ambiente que les rodea, a superar las adversidades y a perfeccionar, sus futuras actuaciones en la vida y así poder obtener éxitos, personales y colectivos.

5.      La Fortaleza ayuda a no perder las batallas de la vida diaria, demostrándola cuando tiene que tomar decisiones con la certeza de que está haciendo las cosas soportadas en un carácter bien formado.

6.      La Fortaleza ayuda a sobreponerse de las adversidades y ataque sociales o políticos, que influyen negativamente en el conjunto familiar, ayudando a resolver o mitigar los problemas emocionales y de autoestima, incluyendo los relacionados con la situación económica y la salud física.

7.      La Fortaleza bien afianzada, permite a los padres y a los hijos, examinar y dialogar sobre las acciones u omisiones educativas, que voluntaria o involuntariamente estén realizando, y llegar a acuerdos, para mejorar la convivencia en los puntos de fricción.

8.      La Fortaleza de los padres, la transmiten con valentía a los hijos, al comprometerse seria y profundamente, en la educación y formación de la familia.

9.      La Fortaleza de los padres, produce una enorme seguridad y armonía familiar, donde los hijos ven y sienten, que no hay ni violencia, gritos, ni peleas y sí mucho amor, respeto, educación y ayudas mutuas.

10. La Fortaleza debe ser practicada con la humildad suficiente, para comprender la situación de los demás y no, desde la propia  visión personal.

11. La Fortaleza en los voluntariados, cuando está acompañada del ejercicio de la virtud de la Caridad, produce la alegría del deber cumplido, incluso aunque no tengan premios visibles y sean muchas las frustraciones originadas.

12. La Fortaleza es clave, para tener éxito en los estudios, en el trabajo y en la familia, incluyendo la forma de poder enfrentarse, a los avatares de la vida.

13. La Fortaleza es el perfecto complemento para reforzar la perseverancia, en la búsqueda sin desfallecimiento, de lo que verdaderamente es bueno, y desechar lo que es malo.

14. La Fortaleza es indispensable, para afrontar los cambios que la sociedad continuamente somete a los ciudadanos, con situaciones obligatorias, principalmente en las épocas de crisis. Los que la practican voluntariamente, tienen más oportunidades de salir fortalecidos y aumentar su progreso personal, familiar y social.

15. La Fortaleza forma un carácter recto, maduro y fuerte, que permite analizar y en su caso sustentar, las decisiones o principios sólidamente adquiridos, sin temor a que pudieran ser disentidos, criticados o ridiculizados.

16. La Fortaleza permite elegir, entre lo débil y lo fuerte, de cada uno de la familia, para la toma de las decisiones y actividades colectivas. Así no se producen falsas aceptaciones, desprecios, ni malos humores.

17. La Fortaleza permite estar en pleno acuerdo y satisfacción, con el cuerpo, la mente y el espíritu, desterrando o superando, las malas tentaciones e inclinaciones, que la sociedad ofrece de forma dañina.

18. La Fortaleza permite practicar la resiliencia, que es la capacidad de asumir con fuerza y flexibilidad, situaciones límites y adversidades personales, familiares y sociales y sobreponerse a ellas.

19. La Fortaleza sirve para enfrentarse y sobreponerse, ante una posible descomposición familiar e impermeabilizarse, ante las graves consecuencias, que puedan contaminar a las siguientes generaciones, rechazando las malas situaciones familiares y haciendo el esfuerzo, para que no se repita en el futuro.

20. La Fortaleza soporta la entereza y la honradez, para tomar decisiones importantes en el seno de la familia, sin dejarse llevar por las tentaciones, que los medios de comunicación intentan desorientar a los padres y a los hijos. 

La actual “inflación de palabrerías”, consistente en hablar o escribir demasiado, para decir muy poco. Se necesita tener la Fortaleza de “Cantar las cuarenta” cuando es necesario, que los demás lo entiendan. Las palabras escritas o habladas, tienen que tener mucha más Fortaleza que el silencio. “El que calla, otorga” es muy inconsistente, con la verdadera necesidad de educar, en la práctica y ejemplo de las virtudes y valores humanos, sobre todo, en los casos en que sea necesario aplicar la Fortaleza y el conocimiento, para pregonar la verdad.

La virtud de la Fortaleza, se puede enfocar en dos principales avenidas: Resistir y acometer. Hay que ser muy fuerte y estar muy bien preparados, para no dejarse llevar por los ataques que la sociedad, quiere imponer a todos, hasta conseguir el dominio total de la sociedad.  La sociedad tiene muchos más medios, para influir en las familias, pero estas tienen que tener más y mejores armas, para defenderse. Las familias tienen la obligación de prepararse, para acometer la educación de los hijos, según el compromiso que adquirieron con ellos al nacer. Incluso extender ese compromiso, al resto de la sociedad.

La virtud de la Fortaleza, para poderla enseñar a practicarla a los hijos, tiene que estar muy bien afirmada en la conciencia de los padres. Ellos tienen que ser muy fuertes de mente, conciencia y hechos, para saber distinguir claramente, lo que es bueno y lo que es malo, y así poder actuar, según lo que les dicte la conciencia y no lo que les dicte la sociedad. En la educación familiar no caben los tibios, ni los que no se enteran o no quieren enterarse, de lo que hacen ellos o sus hijos, ni de lo que sucede a su alrededor. Si los padres no son fuertes, no podrán prevenir o solucionar, los problemas de los hijos.

7 Opiniones para practicar en familia la virtud de la Fortaleza. No se puede enseñar a practicarla, si continuamente se intenta evitar, que los hijos realicen esfuerzos que les supongan sacrificios. Los hijos deben a prender:

1.      A luchar con fuerza, por las cosas nobles que les interesen.

2.      A saber decir “si” o “no”, de acuerdo con sus convicciones y no bajo las presiones o influencias, perjudiciales o seductoras, de sus amigos o de la sociedad.

3.      A que sepan ejercer con firmeza, su irrenunciable derecho a practicar la “objeción de conciencia”.

4.      A aceptar las contrariedades y molestias que se les presenten en sus vidas.

5.      A no quejarse continuamente, por todo lo que les sucede, aceptándolo no pasivamente, sino con las reservas necesarias, intentando sacar algo provechoso de las adversidades.

6.      A que realicen esfuerzos, de acuerdo con sus edades y situaciones, sin que influyan sus caprichos y malos humores, en las cosas intrascendentes.

7.      A irla formando día a día, ya que la Fortaleza, no se recibe gratuitamente. Se consigue practicando las virtudes de la Puntualidad, el Orden, la Constancia, la Tenacidad, la Paciencia, la Templanza, la Diligencia, la Laboriosidad, el Vigor, la Reciedumbre, etc.

11 Ideas para fomentar la virtud de la Fortaleza en la familia.

1.      Enseñar a los hijos, desde pequeños, a que sean fuertes y que ofrezcan sacrificios, aprovechando las oportunidades que se presentan normalmente, o incluso proponiéndoles que hagan algunos favores a terceros.

2.      Enseñar a los hijos a evitar que la moda les esclavice y a que sepan decir “No” a ciertas cosas, por muy de moda que esté.

3.      Enseñar a los hijos a pensar en los demás y a no elegir siempre para ellos lo mejor, de lo que les ofrecen.

4.      Enseñar a los hijos a practicar la Fortaleza y a no quejarse más de la cuenta, para que cuando aparezca un dolor o pequeñas enfermedades, nadie se obsesione con que desaparezcan inmediatamente.

5.      Enseñar a los hijos a que sepan luchar, para vencer los defectos de su carácter y a aguantarse el mal genio, aunque tengan razón.

6.      Enseñar a los hijos a que tengan la Fortaleza de tomar un poco más, de lo que menos les gusta y un poco menos, de lo que más les apetece.

7.      Enseñar a los hijos a tener la Fortaleza, de aceptar las contrariedades que se les presenten.

8.      Enseñar a los hijos a tener la Fortaleza, para que sean constantes en la calidad del trabajo y del estudio, y a que no practiquen “ley del menor esfuerzo”.

9.      No quejarse ante sus hijos, ni ante sus amigos más íntimos, de los trabajos, molestias y demás inconvenientes, que acarrean los hijos.

10.   Ensenar a los hijos a realizar actividades deportivas o sociales, que les supongan sacrificios, constancia y entrega.

11.   Enseñar a los hijos a tener la Fortaleza y la reciedumbre, para aprender a ceder y a aceptar, las limitaciones de edad, de escasez, de incomodidad, económicas, sociales, etc.

Los padres tienen que ensenar la virtud de la Fortaleza, para que los hijos aprendan a tener criterio, para no dejarse llevar por la tormenta de las palabrerías y puedan distinguir, entre hechos y opiniones, entre lo importante y lo secundario, entre lo que es más valioso, menos valioso, lo que no tiene valor y lo que es un contravalor. La intimidad referida al alma, a los sentimientos, a los pensamientos y no solo a aspectos del cuerpo.

La virtud de la Fortaleza les hará valorar más, estos conceptos y aspectos inherentes a esta virtud:

  • El rendimiento de las acciones llevadas a cabo.
  • La satisfacción personal de lo realizado.
  • El desarrollo personal.
  • El esfuerzo planificado y desarrollado para conseguir los objetivos.
  • Evitar el desenfreno de las palabrerías, en función de la virtud de la prudencia.

La virtud de la Fortaleza practicada por los hijos, es una conducta significativa para predecir su  éxito académico y social, así como sus futuros ingresos económicos y el correspondiente nivel de calidad de vida. Tendrán muchas mas posibilidades, de no caer en los graves problemas y responsabilidades, relacionadas con el absentismo escolar, el consumo de drogas, alcohol y tabaco, así como de las consecuencias, de su desordenada actividad sexual fuera del matrimonio, tales como: Los embarazos prematuros, las enfermedades de transmisión sexual, los abortos, etc. 

Los padres tienen que enseñar a los hijos, a practicar la virtud de la Fortaleza para defender y propagar con serenidad y pasión, pero sin dañar, insultar ni perjudicar objetivamente, a nadie, los valores fundamentales como: 

  • El respeto a la vida humana, desde la concepción hasta la muerte, luchando contra el aborto y la eutanasia.
  • La familia fundada en el matrimonio, exclusivamente entre un hombre y una mujer.
  • La libertad y responsabilidad irrenunciable de los padres, en la educación de los hijos
  • La promoción del bien común, en todas sus formas, para convivir, aprender de los demás y ayudar a cada uno de los demás a mejorar.
  • El amar al prójimo, como a uno mismo. 

13 Sentencias sobre la virtud de la Fortaleza: 

1.      Con Fortaleza se puede conseguir casi todo, incluso lo muy difícil.

2.      Con Fortaleza se soporta mejor la desdicha propia y la ajena.

3.      De qué vale tener más Fortaleza, si no se es mejor, con el prójimo.

4.      El hombre que nada teme, tiene tanta Fortaleza, como el que es temido por todo el mundo.

5.      La Fortaleza crea acontecimientos, la debilidad crea sufrimientos.

6.      La Fortaleza crece en proporción, a la carga que aceptamos o nos imponen.

7.      La Fortaleza del hombre, se prueba en la desgracia.

8.      La Fortaleza es tomar por amor, lo que otros consiguen por la fuerza.

9.      La Fortaleza se forja no deprimiéndose por las derrotas, ni jactándose por las victorias.

10.   La verdadera Fortaleza es, poder al sufrimiento.

11.   Me dan Fortaleza. los sufrimientos que no me matan.

12.   Ninguna persona con Fortaleza. se siente humillado por los demás.

13.   Con Fortaleza se soportan mejor los males, propios y ajenos.

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Familias con padrastros, madrastras, hijastros, hermanastros y adoptados

ESCUELA PARA PADRES

Familias con padrastros, madrastras, hijastros, hermanastros y adoptados.

  • 21 Conceptos a tener en cuenta previos a la toma de la decisión de reconstituir una nueva familia
  • 10 Conceptos a tener en cuenta cuando ya esté reconstituida la nueva familia
  • 13 Frases muy comunes que los nuevos cónyuges deben intentar que los hijos o los hijastros no las digan
  • 10 Situaciones que pueden perturbar la mente de los hijos en las familias reconstituidas
  • 10 Acciones que deben tomar cada uno de los miembros de las familias reconstituidas

3,737 Palabras. Tiempo de lectura 14:00 minutos

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Actualmente más del 50% de los matrimonios realizados, terminan en separaciones, abandonos o divorcios. Las cifras varían en función de los países y sus segmentos de población. Son situaciones que originan deconstrucciones y reconstrucciones familiares, que salpican a todos los componentes involucrados.

Motivado por lo anterior, se producen muchos tipos de familia, además de la tradicional. Los divorcios, las uniones civiles, registradas o no, las familias monoparentales, las uniones entre los LGBT, los “homomonios”, etc. originan una serie de circunstancias especiales de convivencia y educación entre los cónyuges, padrastros, madrastras, hijastros, hermanastros y adoptados. Incluso relacionadas con parentescos biológicos, civiles, asimilados, etc. Además de esas figuras, aparecen también los “esposastros”, las “esposastras”, los “abuelastros” y las “abuelastras”, que todos unidos en los sucesivos y cambiantes inventarios, de nuevos parentescos reales o de convivencia, hacen difícil, pero no imposible la convivencia, si previamente hay una adecuada enseñanza y un buen aprendizaje para comprenderse y comunicarse.

En estas deconstrucciones y reconstituciones, donde al final casi siempre suele faltar el soporte físico y afectivo de los padres, biológicos o no, debido a que casi nunca están interesados en los conceptos de convivencia, nacen los principales problemas que hoy afectan a la sociedad: Ausencia de formación religiosa y de la práctica de las virtudes y valores humanos, la violencia, las drogas, el sexo fuera del matrimonio, las adicciones, etc.

En estas familias se pueden tener varios padrastros y madrastras, “esposastros” y “esposastras”, que algunas veces, representan el fariseísmo de la oficialidad de la poligamia, revestida de alternancia temporal, por periodos más o menos largos. Estas situaciones, producen un espectáculo vodevilesco en los actos sociales o en las reuniones de las familias extendidas.

Estas situaciones conllevan un gran reto para racionalizar y convivir, con  una mezcla de apellidos, autoridades familiares, aceptación o rechazo de obligaciones y derechos transferidos, instrucciones dadas y aceptadas, disciplinas diferentes, desiguales educaciones, alimentaciones heterogéneas, variadas relaciones con la enseñanza y práctica escolar, religiosa y social, cumplimiento de contratos prematrimoniales, herencias recibidas y por recibir, enseñanza y práctica de las virtudes y valores humanos, administraciones económicas y de patrimonios, gastos extraordinarios, etc. No deje de consultar con un abogado o experto en temas familiares sobre los temas jurídicos que se le puedan presentar relacionados con los conceptos anteriores.

Antes de pensar en formar una familia reconstituida, deben enterarse y analizar muy bien, la necesidad de regularizar su presente y futura situación religiosa, civil y social, sin dejarse llevar únicamente, por las apetencias personales, ya que ambas partes asumen una gran responsabilidad y compromiso colectivo. La obligación de la educación y formación de sus componentes familiares, dependerá en gran parte del ejemplo que vea en sus padres o padrastros, lo que les servirá como guía para el día de mañana, de todos los integrantes de esa nueva familia. El ejemplo educa o destruye. Sugiero que lean con mucho detenimiento el siguiente artículo: 190 Preguntas prematrimoniales para formar una familia fuerte.

Las familias reconstituidas, ensambladas o combinadas, natural o artificialmente, afrontan mayores retos y dificultades, que las familias tradicionales. Tienen unas relaciones internas y externas más complicadas, intrincadas, antinaturales y difíciles, que las familias tradicionales. A los problemas que puedan tener todas las familias, se les añaden los que originan las costumbres, educaciones especiales, sentimientos contradictorios y adicciones, muchas veces incontroladas o inesperadas, que aportan los nuevos cónyuges o parejas.

Estos conjuntos familiares, tienen mucho mas desgaste emocional y de energías, pues tienen que enfrentarse y solucionar problemas, que no ocurren en las familias tradicionales. Al incorporarse y tener que convivir personas adultas, jóvenes y niños, con parentescos o no entre si, y antecedentes, costumbres, educaciones iguales, diferentes u opuestas.

Solamente podrán supervivir este tipo de familias, si hacen un gran esfuerzo de prestar mucha atención a las cosas, estar muy bien informado de la forma de llevar la familia, dejarse aconsejar por amistades o grupos de ayuda, personas con mucha experiencia, pero sobre todo, dedicar mucho amor a sus seres querido, practicando y enseñando las virtudes y valores humanos.

Todos los componentes nuevos o asimilados, del conjunto familiar, tienen que dominar mucho su carácter, para superar las frustraciones al tener que convivir hijos biológicos, con hijos de otros padres, más los hijos biológicos de ambos. Incluso pueden ser hijos, ninguno biológico de la pareja, pues los aportan de otras relaciones. Pueden ser infinitas las combinaciones entre hijos biológicos o no, hijastros y hermanastros de los padrastros y madrastas, que viven en la nueva familias. Pero en todo caso, son nuevas familias que requieren un cuidado muy especial, para que puedan salir adelante. Mucha más demostración de educación por parte de todos, más tolerancia, más comprensión, más caridad, más dialogo, etc.

            Los padrastros y madrastras, tienen una doble tarea: Por una parte, intentar con un esfuerzo extraordinario, evitar o enmendar los errores cometidos en sus familias anteriores, para poder encontrar el amor y la seguridad que tanto anhelan. Por otra parte, aprender preguntando a los expertos, como se puede conducir esa familia especial que ha formado y dar a cada uno de los componentes el sitio que les corresponde, donde esté incluida una buena educación religiosa, familiar y social.

Especialmente las familias reconstituidas, tienen que tratar de comunicarse mucho y bien, además de intentar estar juntos el máximo tiempo posible, para conocerse mejor, ir limando las posibles asperezas que pudiera haber y solucionar los retos que se vayan presentando. Deben participar colectivamente en salidas al campo, a la iglesia, a la biblioteca, a los museos, espectáculos, etc.  Manteniendo también reuniones periódicas, programadas o no, con toda la familia, para conocer, principalmente, las opiniones de todos sobre las cosas que pasan en la nueva familia, sus preocupaciones y la forma de mejorarlas y así, poder vivir todos más felices y contentos.

21 Conceptos a tener en cuenta previos a la toma de la decisión de reconstituir una nueva familia:

1.      Analicen profundamente, si tienen la capacidad Vd. y su futuro cónyuge, de sobrellevar y solucionar los problemas de convivencia, educación y formación, que con seguridad, se le van a presentar, entre Vds. Y con sus respectivos hijos.

2.      Anote muy claramente, todos los retos a los que se van a enfrentar y coméntelos con su futuro cónyuge. No oculte ni minusvalore, ninguno de los problemas, por cumplir unos objetivos personales, muchas veces egoístas, para los padres o sus hijos.

3.      Comenten como manejarán el dinero y el patrimonio que aportarán a la nueva familia, así cómo administrarán los ingresos y gastos posteriores.

4.      Cuando haya que disciplinar a los hijos, pónganse de acuerdo los cónyuges, sin distinguir si los hijos son biológicos o no.

5.      Dialoguen con el futuro cónyuge y en su caso con los hijos propios y ajenos, dependiendo de su edad física y mental, todo lo relacionado con el posible cambio o continuidad, de los apellidos de origen, de cada uno de los componentes de la nueva familia.

6.      Dialoguen y negocien con las ideas y sentimientos de cada uno de los componentes de la nueva familia, cercanos y lejanos, como quieren llamar y ser llamados, principalmente en el caso de los nuevos padres y de los biológicos. Por los nombres propios o con los nombres coloquiales de papá o mamá, para evitar los nombres tan intensos y distanciadores de padrastro, madrastra, hijastro, hermanastro, adoptado, etc.

7.      Distribuyan entre todos los hijos, las tareas del hogar, proporcionalmente a sus edades y capacidades, y asignen a cada uno, su espacio dentro de la casa, sin excluir ninguna edad ni condición.

8.      Escriban todo lo relacionado con las posibles herencias, pendientes de recibir, los testamentos civiles y vitales, las obligaciones de pago pendientes, etc. Así como el otorgamiento de nuevos testamentos civiles y la participación de cada uno en ellos, incluyendo la adopción o reconocimiento de los hijos ajenos, pero que vivan en la nueva familia.

9.      Impidan que la disciplina y el orden disminuya, en función del parentesco, porque va en contra de los principios de la educación, evitando pensar, si el cónyuge es demasiado blando o duro, con los hijos biológicos o los otros. A todos tienen que enseñarles a pensar, la forma en que deben controlar su conducta.

10.   Intente conocer los sentimientos, de todos los que van a reconstituir esa posible nueva familia, tratando de ponerse en su lugar, sin erigirse en juez.

11.   Intente localizar una nueva vivienda, para evitar problemas con los conceptos de antigüedad y pertenencia.

12.   Negocien y establezcan, nuevas normas familiares y hagan cumplir las que ya existen. Estas nuevas normas, no pueden introducirse bruscamente. Deben ir implantándose poco a poco, siempre respetando el derecho a la privacidad de los demás, siguiendo un código común de comportamiento, vestimenta, horarios, obligaciones y derechos, etc.

13.   No se dejen llevar por su egoísmo, ni por el primer impulso de querer convivir con su posible cónyuge. Previamente a dar los pasos definitivos, consulte e infórmese bien, sobre lo que va a hacer, hágalo con algún experto sacerdote, pastor, rabino o imán, según la religión que profesen. Búsquese aliados familiares, amigos o consejeros, que les ayuden a tener éxito. Vds. solos tienen muchas probabilidades de equivocarse nuevamente. No lo dejen al azar. Un asunto tan importante, necesita analizarse desde muchos ángulos y puntos de vista. Hágalo por interés propio o por el compromiso de la familia que va a formar.

14.   Permitan que los hijos se incorporen a la nueva familia, sin tener que renunciar a la anterior, la cual sigue siendo su familia y seguramente, tendrán muchos nexos de unión que nunca deben romperse.

15.   Ponga mucho énfasis en mejorar la forma de comunicarse, tanto con su futuro cónyuge, como con los hijos que ambos aporten a la nueva familia, tratando de ver las situaciones presentes y futuras, desde distintos ángulos de vista, de forma que todos puedan entenderse.

16.   Previamente a formar esas familias, los futuros cónyuges deben dar la oportunidad a los hijos, dependiendo sus edades físicas y mentales, de conocer y sopesar las ventajas e inconvenientes, a plazo corto y largo, del nuevo estilo de vida que les proponen, con la nueva familia. Háganlo por el bien físico y mental de sus hijos, no lo base sobre el egoísmo, comodidad o apetencia de los padres.

17.   Respeten en lo más posible, las anteriores relaciones familiares suyas y de sus hijos. El hecho de reconstituir una nueva familia, no significa que tienen que abandonar las relaciones con los abuelos, hermanos, que no se incorporan a esa nueva familia, primos, cuñados, etc. No tienen que echar por la borda, los años de buenas relaciones que hayan podido tener, ni castigar a esos parientes, con la ausencia o ruptura de los lazos o sentimientos familiares cultivados.

18.   Tengan en cuenta a todos los componentes familiares, presentes y futuros, que normalmente estos tipos de familias reconstituidas, tardan varios años en estabilizarse, entre otras cosas, debido a que los temas financieros, ligados a los matrimonios anteriores, son muy complicados. Pero son muy fáciles de deconstruirse, es decir deshacer analíticamente, los pocos y sencillos elementos, que constituyen su estructura conceptual.

19.   Transmita sus sentimientos e ilusiones realistas, a todos los que vayan a participar en ese nuevo proyecto familiar, haciéndoles ver, que el éxito o fracaso de la misma, va a depender del esfuerzo, la voluntad y la inteligencia que demuestren solidaria y mancomunadamente.

20.   Traten de minimizar y perdonar, en el caso de que haya habido algún problema, con las antiguas familias, es muy posible que sean cosas de los adultos y no de los hijos. Ellos no son responsables y no tienen que sufrir esas separaciones, que algunas veces los adultos realizan exclusivamente por odio, venganza o represalia.

21.   Traten en privado los desacuerdos de Vds. y los relacionados sobre el comportamiento de los hijos, centrándose en el comportamiento específico actual, y no en supuestas faltas, de su educación anterior.

10 Conceptos a tener en cuenta, cuando ya esté reconstituida la nueva familia:

1.      Analice bien si los hijos que antes se llevaban bien con sus padres, cambian de comportamiento o de carácter en su nueva familia. Vigilando muy de cerca, los resultados de sus estudios, prácticas religiosas, amistades, vestimentas, altercados, discusiones, comportamientos en el hogar y fuera de él, etc.

2.      Esté o no esté de acuerdo, demuestre con gran respeto, atención y paciencia a las opiniones sentimientos y preocupaciones de todos y cada uno de la nueva familia, Es el principio de una nueva forma de vida y todos tienen que tener los sentidos muy dispuestos a escuchar y tratar de entender a los demás, para intentar encontrar las mejores soluciones.

3.      Incremente el amor hacia su nuevo cónyuge. Eso le ayudará a solucionar, múltiples situaciones, que sin un profundo amor, será muy difícil de afrontar. Si consiguen tener una familia fuerte, tiene andado la mitad del camino hacia el éxito.

4.      Los cónyuges deben preguntar, indagar y tratar de entender, como ve cada uno de sus componentes, la situación de la nueva familia, sus alegrías y sus tristezas, lo que les suma y lo que les resta. Así cuando surjan diferencias o problemas, les permitirá actuar con rapidez, eficacia y serenidad para solucionarlas.

5.      No tomen ninguna acción que pudiera originar envidias, celos, rivalidades o rencores, en los componentes de la nueva familia, ya que suelen estar mucho más susceptibles, ante cualquier diferencia. El dinero dado a cada hijo o hijastro, para sus gastos particulares, debe ser conocido por todos y hecho con justicia y proporcionalidad.

6.      Pasen el mayor tiempo posible con su nuevo cónyuge, estudiando bien todas las posibles situaciones que pudieran ocurrir y las soluciones correspondientes. Después será muy tarde y ya no valdrá decir: ¡Si lo hubiéramos sabido!

7.      Pidan ayuda a los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que cada uno profese, para compatibilizar la formación y prácticas religiosas de cada miembro de la familia, evitando que haya abandonos, enfriamientos, incompatibilidades o choques.

8.      Primero cada cónyuge por separado y después juntos, expliquen a cada hijo, cual va a ser la posición que cada uno va a ocupar, en la nueva familia y sus derecho y obligaciones.

9.      Procuren tener momentos privados, para estar a solas con cada uno de sus hijos e hijastros, cimentando la nueva relación y haciéndoles saber, lo importante que son para ustedes y el cariño que han depositado en ellos.

10.   Trabaje mucho sobre la integración familiar, intentando que no se formen bandos en la familia y que no haya o desaparezca los conceptos de intrusos, extraños,  antiguos y nuevos. Todos para uno y uno para todos.

13 Frases muy comunes, que los nuevos cónyuges deben intentar que los hijos o los hijastros no las digan. Y si las llegaran a decir, tener bien estudiadas las respuestas:

1.      ¿Por qué a tu hijo, mi hermanastro, le envías a un colegio privado y a mí a una escuela pública, le compras cosas especiales y a mi no, además que tiene privilegios especiales que yo no tengo?

2.      ¿Por qué me haces que viva con estos hermanastros, si es imposible que nos llevemos bien? Tenemos culturas, educaciones y actuaciones totalmente distintas y en muchos casos opuestas.

3.      A mis hermanastros, nunca les mandáis hacer eso, les consentís todo.

4.      Antes de unirnos a esta familia mi papá o mi mamá, me hacían mucho caso y estaban continuamente conmigo, pero ahora, están ellos todo el tiempo juntos o con mis hermanastros y a mi, me hacen muy poco caso.

5.      Extraño a mi papá o a mi mamá, pues me daban muchas cosas y me querían mucho, demostrándomelo continuamente. Ahora nadie me quiere ni me dan nada.

6.      La unión de sentimientos y amistad que tenía con mi papá y con mi mamá ha desaparecido, ahora les parezco un extraño.

7.      Mi madrastra o mi padrastro me tratan muy mal y me discriminan con sus verdaderos hijos.

8.      Mi padrastro o madrastra siempre les dan la razón a los mismos, cuando hacen de árbitros entre nosotros.

9.      Mi papá o mi mamá, nunca me obligarían a hacer esto.

10.   Mis hermanastros y mi papá o mi mamá, me tratan como si fuera un advenedizo, un intruso, un extraño o un raro en esta familia. Me siento excluido de todo.

11.   No me riñas, no eres mi papá o mi mamá.

12.   Por un capricho tuyo, has arruinado mi vida.

13.   Quiero que nos marchemos tu y yo muy pronto de aquí, antes los dos solos, vivíamos mucho mejor.

10 Situaciones que pueden perturbar la mente de los hijos en las familias reconstituidas:

1.      Empezar a tener nuevas amistades y compañeros de estudios en un ambiente que no le gusta y que es muy diferente al que se había acostumbrado.

2.      Encontrarse de repente fuera de lugar al tener que convivir en una familia donde hay niños de muy diversas edades, desde recién nacidos hasta jóvenes adultos, todos extraños.

3.      No tener con quien compartir con plena confianza los sentimientos, miedos y frustraciones de la nueva situación familiar.

4.      Por disciplina, obediencia u obligación, tener que obedecer y dar explicaciones íntimas a madrastras o padrastros con los que no se tiene ninguna confianza ni interés en llevarse bien.

5.      Sentir la angustia de la inseguridad presente y futura de la nueva familia. 

6.      Sentirse separado también de los hermanos biológicos, según el reparto que otros decidieron.

7.      Tener que aceptar y sufrir, aunque choque frontalmente con la educación hasta ahora recibida, los fuertes cambios en su situación y educación familiar, religiosa, escolar, económica, social, geográfica, de salud, etc.

8.      Tener que comprobar con horror como han sido sustituidos el padre o la madre por otras personas, según la decisión que ellos o el juez hayan determinado, pasando de tener padres a tener padrastros, de ser de hijos a ser hijastros, de tener hermanos a tener hermanastros, etc. 

9.      Tener que dar explicaciones a otros familiares, amigos, profesores, etc. de una desagradable situación en la que no han tenido “arte ni parte”.

10.   Tener que renunciar involuntariamente a todas las expectativas y promesas recibidas sobre su futuro escolar y social. Ahora son otros los que decidirán sobre lo que le habían prometido.

10 Acciones que deben tomar cada uno de los miembros de las familias reconstituidas:

1.      Aprender a explicar los sentimientos y puntos de vista con calma, respeto y racionalmente, utilizando todas las posibilidades sociales de comunicación.

2.      Aprender a negociar las cosas que se quieran cambiar, que vayan ocurriendo o que se espera que ocurran, proponiendo opciones que sean del agrado o llevaderas para todos los de la nueva familia y no de algunos solamente.

3.      Aprovechar la nueva situación para estar abierto a todo tipo de posibilidades de aprender los unos de los otros, ya que cada uno de los nuevos componentes aporta muchas cosas o habilidades que pueden ser buenas para los demás. Todos los cambios importantes, voluntarios o impuestos suelen ser difíciles pero también se puede aprender muchas cosas de ellos.

4.      Intentar conocerse profundamente lo más posible, analizando los puntos fuertes y los débiles para procurar mejorar las relaciones individuales y colectivas, sin olvidar que todos pueden estar muy nerviosos y confundidos en el periodo de adaptación, pues ignoran muchas de las soluciones que tienen que dar a las situaciones que se presentan.

5.      Intentar no perder el contacto físico o telefónico con los hijos o hermanos biológicos y otros familiares y amigos, aunque las distancias que los separen sean grandes o las situaciones sean difíciles.

6.      Leer e informarse bien de las posibles situaciones, soluciones y alternativas relacionadas con casos similares ocurridos en nuevas familias reconstituidas.

7.      Llevar un diario con las cosas que pasan para poderlas contar a algún experto consejero o grupo de apoyo, en la búsqueda de soluciones o consuelo ante las situaciones reales o los propios sentimientos de tristeza o angustia.

8.      No escatimar el tiempo, ni la buena disposición dedicada a los otros componentes de la nueva familia, pues todos se necesitan mutuamente para adaptarse y sobrevivir familiarmente en paz y con armonía.

9.      Tratar de convencer con hechos y palabras a los demás nuevos familiares, de la buena disposición a ser un componente más de la nueva familia, intentándoles aceptar y ser aceptado en una plena integración.   

10.   Tratar de encontrar una persona de plena confianza, externa al núcleo familiar, para contarle y pedirle orientación en las situaciones difíciles que se vayan presentado. Esta persona puede ser algún experto sacerdote, pastor, rabino o imán, según la religión que profese.

El hecho de querer deconstruir una familia y reconstituir otra, fuera de los conceptos de la ley natural y de las prácticas religiosas y civiles, con los antiguos y nuevos componentes, puede suponer un pésimo ejemplo familiar, que les lleve a todos al abandono de las creencias y prácticas religiosas. Estas situaciones, suelen crear una relación causa-efecto, entre los diversos modelos que las nuevas y antiguas familias hayan asimilado, con las decisiones tomadas. Los cónyuges y especialmente los hijos, necesitan enormemente los soportes emocionales, que toda familia debe tener, para crecer en edad, dignidad y gobierno.

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Los efectos de la discriminación explicados a los hijos

ESCUELA PARA PADRES


Los efectos de la discriminación explicados a los hijos
 

2,643 Palabras. Tiempo de lectura 10:00 minutos

Algunos conceptos desarrollados:  

  • La discriminación negativa
  • La indiscriminación positiva y negativa
  • Cómo prepararse con educación y formación para prevenir, defenderse y luchar contra la discriminación
  • Cómo enseñar a no discriminar 

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La discriminación negativa es la que selecciona, segrega o aísla, excluyendo y dando un trato de inferioridad, a una persona o colectividad, por motivos raciales, religiosos, políticos, económicos, idiomáticos, etc. Se convierte en un pecado grave en función de la importancia y cantidad de daño que produce, pues hiere la dignidad de las personas y los derechos fundamentales dimanados de ellos, social o culturalmente. También puede ser en tono jocoso, irónico, bromista, etc., siendo amenudo un disfraz, de las más profundas y malsanas intenciones. 

La discriminación es enemiga de la caridad y de la generosidad, maravillosas virtudes y valores humanos, pues impide a las personas utilizar la voluntad de razonar las necesidades, derechos y capacidades de los demás. En las fuentes insondables del ser, incluso en el hondo calado de nuestra conciencia, está la ilicitud de la discriminación. 

La discriminación se convierte en enemiga de las personas o categorías sociales, que debido a su origen, raza, religión color, idioma,  conocimientos, obesidad, sexo, orientación sexual, género, estatus matrimonial, situación económica, etc. se ven marginadas y afectadas por leyes o costumbres discriminatorias.

La discriminación no cabría en las sociedades, si hubiera una buena formación de las virtudes y valores humanos, o si se siguieran los principios que preconizó, acertada o equivocadamente la Revolución Francesa, que declaraba como base, para las relaciones entre todos los ciudadanos: Igualdad, libertad, hermandad. Hoy desgraciadamente existe una fuerte y fomentada discriminación en las comunidades que tienen grupos multiculturales, nativos e inmigrantes. Tampoco existiría, si las personas hicieran el esfuerzo y tuvieran los conocimientos, para no sentirse discriminados. Produciendo un sentimiento de inferioridad, es con lo que juegan los discriminadores, sabiendo de antemano, que con sus actos, van a dejar medio paralizados a los discriminados.

Hay personas que continuamente están haciendo apología del crimen de la discriminación, porque creen que los otros son diferentes, no les caen bien o quieren sacar provecho, pretendiendo que los discriminados tengan y actúen con complejo de inferioridad, para así poderlos dominar porque se sienten humillados, doblegados, sometidos, vejados, avasallados, abusados, intimidados, etc.

Los padres tienen que enseñar a sus hijos o no sentirse discriminados, por mucho que otros, casi siempre son los mismos, lo intenten una y otra vez. Los que discriminan, muchas veces lo hacen para dar rienda suelta a los odios contenidos y a sus propias frustraciones y para quitarse sus miedos, sus angustias y sus complejos de inferioridad.

Hay condiciones o signos externos personales, que no pueden ser ignorados ni escondidos, porque algunas veces son imposibles o muy difíciles de cambiar u ocultar e influyen en los inaceptables actos de discriminación. Están a la vista de todos como es el color de la piel, la raza, el sexo, etc. Ante estas situaciones, es muy difícil tener control, pero no por eso se debe sentir humillación por la discriminación, por lo que hay que superar las maldades, de los enemigos que discriminan. Cuando esta ocurre, se debe estar muy bien preparado y entrenado para dominar a la discriminación, de forma que aunque quieran, no puedan herir u ofender.  

Es muy difícil pero no imposible evitar la discriminación, pero es fácil  y posible estar bien preparados, para no sufrirla. La educación familiar, escolar y social, iguala a todas las personas. La tiranía de las minorías, no justifica bajo ningún concepto la discriminación con ellas. Pero no se puede decir que se es discriminado, si no se cumplen las características lógicas exigidas para todos. Por ejemplo, si a una persona de poca estatura no le seleccionan para jugar al baloncesto en las Grandes Ligas.

Sufrir cualquier tipo de discriminación social, racial, religiosa o económica, produce unas graves cicatrices imborrables. Es muy difícil olvidar o dejar de lado, los actos de discriminación, normalmente se tardan varias generaciones, principalmente cuando han sido en temas relacionados con la educación, el trabajo, la salud y el desarrollo económico o social. 

Los padres para educar bien a los hijos para que no teman a la discriminación y la sepan manejar inteligentemente. Tienen que enseñarles a practicar: 

  • Una fuerte dosis de paciencia.
  • A que adquieran una gran madurez.
  • A que aprendan a dominarse a través de la disciplina intelectual y del conocimiento.
  • A saber dedicar y repetir aunque sea con un gran esfuerzo en tiempo, talento y energías a dar ejemplo y repartir consejos. 

Padres no tengan miedo, al decir a sus hijos, que es posible que quieran discriminarles, pues siempre habrá unos que discriminen a otros. Lo importante es no sentirse discriminado, aunque los otros lo hagan o lo intenten. No discrimina el que quiere, sino el que tiene enfrente a una persona débil y blanda de mente. Les podrán discriminar, pero no por todo, algunas veces, pero no siempre. Lo importante es hacer llegar a los hijos el mensaje, que la discriminación no puede arrancarles sus conocimientos, educación y las virtudes y valores humanos, aprendidos y llevados a la práctica.

Padres, enseñen a sus hijos con el ejemplo, a que no se sientan discriminados. Que no permitan que el discriminador disfrute o se sienta grande, por haberles discriminado. Cuanto más fuerte se sientan sus hijos, más alejarán a los que pretendan discriminarles. Para eso, y para muchas otras cosas, los padres tienen que darles el verdadero modelo de vida, no comentando jamás, que han sido discriminados y que se han sentido mal. En todo caso, comentar lo que les ha pasado, solamente como una anécdota, sin importancia e incluyendo la salida emocional que hayan realizado. En primer lugar, para que no les haya impregnado la discriminación y en segundo lugar, con la respuesta adecuada que hayan hecho.

Los padres deben educar a sus hijos, a saber salir de las situaciones de discriminación. Enseñarles a que no caigan en la trampa de la discriminación Prepararles mentalmente, para que la discriminación no les haga daño, ni les deje mella. Siguiendo el refrán: “Si tus males no tienen remedio, por qué te quejas, y si tienen remedio, para qué te quejas”. Imbuirles el respeto y la aceptación de como es cada uno, eso sin hacer comparaciones odiosas, con los discriminadores. Hacerles ver, que la mejor arma para luchar contra la discriminación, es la educación y el dominio de si mismos.

El discriminado, para hacer desaparecer las malas intenciones del discriminador, se le debe enfrentar, empleando las virtudes y valores humanos del conocimiento, la educación, la firmeza, la fortaleza y la caridad.

Los padres tienen que tener mucho cuidado con los comentarios, gestos y acciones que puedan producir, consentir, promover, ocultar o aplaudir la discriminación, y muchos menos, que esta se vaya acumulando, pues los daños pueden ser incurables o irreversibles, al quedar marcado a  fuego en las mentes de los que la sufren, sus familiares, amigos y segmentos completos de la sociedad. También tienen que evitar la discriminación presente en las ironías, burlas, intransigencias y comentarios despectivos o jocosos, producidos al basar a las personas, en estereotipos manidos. 

No hay conquistadores, si no hay quienes se sienten conquistados. Como no hay discriminadores, si las personas no se sintieran discriminadas.  En los países más educados y más prósperos, los maestros y los Gobiernos, no enseñan que las invasiones realizadas, incluso a sangre y fuego, por otras civilizaciones, fueron conquistas, por lo que esos ciudadanos no se sienten conquistados. Les enseñan la cultura y ventajas que supuso su invasión, aunque reconociendo que los métodos empleados en aquellas épocas, no serían los adecuados en la actualidad.

Hay que enseñar a los hijos a que aprendan a discernir, comprender y percibir, cuando verdaderamente alguien les quiere discriminar. No vaya a ser que ellos, sean los que se auto excluyan voluntaria o involuntariamente. Cuantas veces las personas, sobre todo los jóvenes, se auto discriminan, diciendo: “No puedo”, “Eso no es para mí”. “Ahí no puedo ir yo, porque “creo” que no cumplo los requisitos”. Luego piensan que han sido discriminados, porque no les han dado la misma oportunidad que a otros, cuando fueron ellos, los que se discriminaron. Suelen ser los hijos que si hubieran nacido antes que sus padres, ahora estarían ambos arruinados. No saben luchar y sacrificarse para salir adelante, para ellos, todos  son problemas. Padre trabajador y ahorrador, hijo despilfarrador y nieto pordiosero. 

Los padres tienen que enseñar a sus hijos a que no discriminen a nadie en las relaciones familiares, amistades o conjuntos sociales, por lo que tienen que educarles y aleccionarles, a ejercitar y a utilizar la voluntad y a razonar lo que vayan a hacer, siempre en función de las necesidades de los demás y la práctica de las virtudes y valores humanos, que les hayan enseñado. 

Moralmente nadie debe discriminar a nadie, por mucho que su aspecto exterior, sea diferente a los cánones acostumbrados, en la sociedad en la que se vive. Ni por llevar tatuajes, perforaciones “piercing”, vestimentas especiales, imágenes físicas provocativas. Gustará o no gustará, será erróneo o acertado, pero nunca debe ser motivo de discriminación. Aunque todos seamos diferentes, todos tenemos el derecho inherente a la persona, de nunca ser discriminados. 

Nunca se puede discriminar a otra persona, por su forma de comportamiento. Habría que estar muy dentro de cada persona, para conocer los motivos de sus actuaciones, necesidades, costumbres, etc. Antes de pensar en la discriminación, hay que pensar en las virtudes y valores humanos de la tolerancia, la prudencia, la generosidad, la caridad, la congruencia entre lo que se piensa y lo que se practica, etc. 

A todo el mundo le gustaría ser sobresaliente física, intelectual y económicamente, pero incluso en el caso de que sucediera, nadie tiene el derecho a discriminar arrogantemente a los demás, y menos a encasillarles despectivamente en un colectivo. El hecho de tener un tipo de educación elevada o una buena situación económica, no debe ser causa de discriminación, hacia otras personas, mas bien la tolerancia y la humildad, son las virtudes y valores humanos que se deben practicar. 

La familia y la sociedad, tienen el pleno derecho a defenderse, discriminando y rechazando de sus relaciones, a las personas, sociedades u organizaciones, que les den mal ejemplo con sus actuaciones o prácticas amorales, deshonestas o escandalosas.

Algunos jóvenes que pasan de todo porque están entregados a la droga o a otros vicios, van vestidos, caracterizados y actuando de forma rara, creen que son excluidos de la sociedad. Si ellos mismos se excluyen de su entorno, cómo no los van a discriminar la sociedad.

Las personas discriminadas, suelen ser proclives a volverse violentas contra la sociedad que lo infligió, permitió, potenció y no castigó, principalmente si fue una discriminación sistemática, colectiva o privada que influyó en el despido de su trabajo, en no haber tenido acceso merecido a los estudios, en haber perdido injustamente la vivienda, por no poder pagarla, en no poder pagar los gastos médicos, etc. es muy posible que el rencor producido, deje marcas para toda la vida, convirtiéndoles en personas amargadas, violentas, resentidas, criminales, etc., transformándose en un posible caldo de cultivo, para que las utilicen los terroristas, los narcotraficantes, las pandillas, etc.

Discriminación supuestamente positiva, llaman a la que discrimina a las mayorías, que a través de leyes injustas, intentan lograr la plena integración social de grupos minoritarios, protegiéndoles con carácter extraordinario, alegando que han estado históricamente excluidos. Especialmente por razón de sexo, raza, color de la piel, bajas calificaciones, mala situación económica, lengua o religión. Unos claros ejemplo son: La Ley de Acción Afirmativa, la Ley Sobre Minorías, la Ley Sobre Igualdad, Ideología o Identidad de Género, los espantosos efectos de la Ideología de Control Demográfico de la ONU, etc. En cada país se llaman de forma diferente, pero tienen los mismos objetivos, que las personas tengan derechos, que no los han ganado, y ninguna obligación, creando el contrasentido de las cuotas para que entren las personas en las universidades, empresas o trabajos relacionados con el Gobierno, privilegiándolas en función de lo que otras leyes impiden discriminar.   

Son leyes que ponen cupos especiales, para cada segmento social, sin importarles los méritos, características o conocimientos, relacionados en los trabajos que se ofrecen, lo que crea una discriminación entre los estudiantes o trabajadores, que los beneficiados llaman discriminación positiva, alternativa, selectiva, privilegiada, impuesta, etc. Eso es discriminación inversa, contradictoria, opuesta, etc. 

La igualdad de oportunidades, tiene que ser preconizada en las relaciones familiares, para que no haya ningún tipo de discriminación, y explicada muy bien a los hijos, para que la tengan presente en sus relaciones con otras personas y la vayan poniendo en práctica, a medida que van creciendo e integrándose en la sociedad. La igualdad de oportunidades, para los estudios y para el acceso al trabajo, de hombres y mujeres, sanos y disminuidos, autóctonos e inmigrantes, debería ser uno de los principios básicos de la sociedad, no negociables, pues así se evitaría la discriminación social. 

Es injusto y discriminatorio, que una persona que se ha esforzado estudiando o trabajando duramente, para ingresar en una universidad o para conseguir un trabajo, sea eliminada y sustituida, porque llega otra persona, alegando el color de la piel o que pertenece a determinadas colectividades sociales. Estas injusticias discriminatorias, producen odios y rencores, que trascienden a las familias y a parte de la sociedad. 

La indiscriminación es la igualdad real de oportunidades o posibilidades, positivas o negativas. Todos deben y pueden gozar de los derechos humanos que les corresponden, sin que nadie se los elimine. Es el derecho, al trato igualitario. Pero se indiscrimina negativamente en función de leyes soportadas por la xenofobia y el racismo, para identificar a extranjeros indocumentados, utilizando controles de identificación basados en perfiles étnicos y raciales, lo que en la práctica se traducen, en «detenciones indiscriminadas» y «restricción de derechos» de las personas, por ejemplo en algunas redadas policiales.

 Se indiscrimina también en los casos de acciones bélicas y guerras justas o injustas, preventivas o no, donde pagan en la población civil, justos por pecadores, al destruir ciudades enteras o amplias regiones, con sus habitantes. Un pecado gravísimo, consiste en facilitar a los que poseen armas científicas, especialmente atómicas, biológicas o químicas, la ocasión de cometer semejantes crímenes. Es uno de los riesgos de la guerra moderna. 

Hay violencia indiscriminada, con determinados segmentos sociales por su zona de residencia, orígenes, cultura, capacidad económica, escolarización, etc.  La indiscriminación se produce cuando hay un fanatismo obstinado, desmedido, incluso violentamente entusiasta, que refleja en una manía persistente, hacia determinados temas, donde no se excluye a nadie, ni a nada. 

Se indiscrimina al azar cuando hay terrorismo, secuestros, amenazas colectivas, torturas, violencia física o moral, toma de rehenes, implantación de terror o intolerables presiones, sobre las víctimas. La indiscriminación de la violencia, es gravemente contraria a la justicia y a la caridad, al respeto de la persona y a la dignidad humana. 

No hay que discriminar a nadie, incluso hay que amar con toda intensidad a los que nos ofenden, acogiéndoles con respeto, compasión y delicadeza. Pero hay que aborrecer las ofensas que se hacen a ellos mismos, a nosotros y a la sociedad.  

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La avaricia en los niños y adultos

ESCUELA PARA PADRES

La avaricia en los niños y adultos.

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La avaricia es el deseo inmoderado y desordenado de adquirir, acaparar, poseer y atesorar, riquezas o bienes materiales temporales. El pecado de la avaricia está relacionado con la codicia, el robo, el fraude, la injusticia y las prácticas abusivas en los negocios. Termina, donde empieza la cartera del prójimo.

El pecado de la avaricia junto al de la usura y al de la codicia, entran plenamente en el Décimo Mandamiento de Ley de Dios que dice: No codiciar los bienes ajenos. Y está encadenada a muchos vicios, por ejemplo: La codicia, la usura, la ambición desmedida, la lujuria, la gula, la deslealtad, el soborno, la traición, la estafa, el robo, la violencia, el engaño, la simonía, la corrupción, la tacañería, el egoísmo, la mezquindad, la avidez, etc. Por lo que los padres tiene que enseñar a sus hijos, primero con el ejemplo y después con instrucciones claras y concretas, sobre la relación que tiene la avaricia con el resto de los pecados capitales.

La frontera del conocimiento, tiene que ser traspasada para entender bien y separar lo que es el pecado de la avaricia, con las virtudes y valores humanos de: la humildad, la prudencia, la previsión, la frugalidad, la moderación, el ahorro, la previsión, la frugalidad, la buena administración, las limitaciones, la generosidad, el altruismo y la filantropía, que son el hábito de dar o atender a los demás con tiempo, dinero o talento sin esperar a recibir nada a cambio. Virtudes y valores humanos, que algunos tildan despectivamente, debido a que el mundo consumista de hoy, va contra lo políticamente correcto, que es gastar, consumir, derrochar y despilfarrar hasta que duela.

La avaricia de algunos padres, con su ansia desmedida de conseguir y atesorar dinero, convierte en huérfanos a los hijos, debido a que sus padres dedican todo su tiempo, a conseguir más dinero y a acaparar bienes, pero se olvidan de dedicar el tiempo de calidad a sus hijos. Han convertido el dinero en un “Becerro de oro” al que adoran, para conseguir más dinero. En la vida diaria se ven muchas familias divididas por el exceso de bienes materiales, donde cada miembro vive en la más cruda soledad, pero rodeado de todos los tesoros fríos e inertes, que su sociedad consumista ha proporcionado. Estas desdichadas familias, prósperas en dinero y paupérrimas en amor, han cambiado la riqueza presente y futura, que sólo se obtiene en la diaria convivencia familiar, por objetos perecederos.

Algunos niños no se conforman con lo que tienen, pues los padres y la sociedad, les han enseñado a querer más y mucho más, a querer acumular, a poseer, por el simple hecho de poseer, aunque no las utilicen, ni las puedan utilizar. Son los niños mezquinos, porque no quieren regalar nada, incluso las cosas que no utilizan, prefieren tenerlas en el armario, sentir su propiedad. Por eso, hay que tener mucho cuidado en sus primeros signos o avisos, principalmente en la educación de los niños con la codicia (deseo desordenado de riquezas), y la avaricia (deseo desordenado de conservar las poseídas).

Hay hijos que están tan mal enseñados por sus padres y ya dominados por la avaricia, que si no tienen todo lo que quieren y en grandes cantidades y mejores calidades, se consideran frustrados, insatisfechos y desdichados, no queriendo ni salir a las fiestas, porque se avergüenzan de no llevar la última moda, o no quieren jugar con sus amigos, porque se sienten mal, al no tener muchos juguetes o el novísimo que esté de actualidad. Aunque muchos de estos juguetes, solamente sirvan para atrofiarle la mente y la imaginación y le impidan, disfrutar de las cosas propias de su edad, que le pueden ayudar a formarse.

Los padres tienen que enseñar a sus hijos a renunciar a tener, o a tener menos. Los bienes de la tierra no son malos, se pervierten cuando se erige en ídolos y ante esos ídolos, las personas se postran. Pero se ennoblecen cuando se convierten en instrumentos para el bien, en una tarea cristiana de justicia y caridad. La avaricia como afán de poseer, también está en el consumismo descontrolado, en el gasto inmoderado, en la  falta de sobriedad a la hora de comer, beber, vestir, etc., en la ausencia de generosidad, en la satisfacción de los caprichos caros, pretenciosos, extravagantes o excéntricos, que únicamente buscan el bienestar material.

Los padres con el ejemplo, deben enseñar a sus hijos, a no dejarse llevar por los medios de comunicación, que en sus publicidades explotan todas y cada una de la debilidades, principalmente las relacionadas con  la avaricia de los jóvenes, ya que siempre les incitan a consumir más, y a poder ser de lo más caro, pues saben que no todos tienen la fortaleza, para hacer el esfuerzo de tratar de conseguir el conocimiento práctico, de lo que cuestan las cosas y se dejan, llevar por el impulso de la inmediata satisfacción.

Los padres no pueden ignorar las enseñanzas de la religión, respecto a la avaricia, aunque se sientan desbordados y derrotados, por la cultura hostil del consumismo. Si predican con el ejemplo de la largueza y lo enseñan a los hijos, inmediatamente serán tratados de retrógrados, pero habrán educado bien a sus hijos.

La avaricia es el soporte del egoísmo, pues hay hijos que practican la avaricia externándola en un fuerte egoísmo, al querer que todo lo bueno que haya en la familia sea para si mismos y nada para sus padres, hermanos y familiares. Principalmente en los casos de herencias, repartos de beneficios. No así con la contribución a los gastos, aportaciones necesarias, etc. Esta avaricia disfrazada de egoísmo, suele llevar a discusiones, enfados y riñas entre los familiares.

La avaricia no es querer ahorrar, ni querer consumir menos, por austeridad para estar a cubierto de posibles necesidades o para cumplir con objetivos sanos. La austeridad es una gran virtud, sobre todo en estos tiempos de crisis, que aunque cada vez sea menos utilizada, es más necesaria para vivir honestamente y no salirse de los presupuestos u objetivos previstos. La austeridad puede ser incluso, lo contrario de la avaricia. A los hijos hay que enseñarse a ser austeros, desde la cuna, donde no se les llene de abundancia de peluches o juguetes innecesarios y seguir así siempre, con el exceso de pertenencias. Tampoco es avaricia el querer estudiar más y acumular conocimientos, dedicar horas de trabajo para ayudar a la familia o a otros, reunir dinero para entregarlo a los necesitados y trabajar o ayudar más, a las personas de dentro o fuera de la familia.

La avaricia lleva a un proceso de mutilación sensorial, hace desaparecer hasta eliminar, cualquier vestigio que haya habido de generosidad, desprendimiento, desinterés, altruismo, etc. Embota de tal manera los sentidos, que consigue que la vida se torne en un “todo para mí y nada para los demás” y se convierta, en un deseo patológico de tener más, y más, y más. Tiene un carácter ilusorio y peligroso, pues crea un sentido de falsa seguridad.

A través de la avaricia, los bienes materiales, que sirven para muchas cosas, pueden convertirse en una obsesión y corromper las voluntades, si se olvida que son medios y se convierten en fines. Querer tener más, lo último, lo mejor, lo más caro, lo que nadie tiene, son deseos que crecen en los pensamientos, que están dominados por la avaricia, pudiendo convertirse en obsesiones dañinas y destructoras, convirtiendo al avaro en un esclavo que trabaja, lucha y sufre, exclusivamente por el ansia de aumentar continuamente sus posesiones.

La avaricia está íntimamente relacionada con el consumismo excesivo. Querer comprar todo lo que se pueda, aunque haya que endeudarse por tener más cosas. Comprar y acumular ropa, aparatos electrónicos, juguetes, etc. incluso aunque no se tenga la capacidad de usar o consumir, todo lo que se compra. Esto no es exclusivo de los adultos, también se da entre los niños y los jóvenes, que siempre quieren poseer más y mucho más.

“La avaricia del conocimiento” es la parte positiva, que los padres tienen que inculcar a los hijos. Nunca es suficiente lo aprendido, siempre tienen que intentar conocer más y mejores cosas, ya que la sociedad cada vez exige a las personas más y mejor preparación académica y social, para que puedan desenvolverse satisfactoriamente. Es detestable esa avaricia moral que tienen, los que sabiendo algo, no procuran la transmisión de esos conocimientos.

“La voluntad del no saber” choca frontalmente con “la avaricia del conocimiento”, que es la tendencia que tienen algunos, que pregonan que cuanto menos sepan ciertos segmentos de la población, más fácil será para otros gobernarlos, como se pastorea a los rebaños de ovejas, que les llevan donde quieren, cuando y como quieren. Intentan convertirlos en “ignorantes funcionales”.

La avaricia, que está muy relacionada con la gula, es la atracción desordenada, hacia la comida o bebida. También está presente en los bufets de comida, cuando se llenan los platos hasta desbordarse, aun sabiendo que todo, no lo van a poder o querer comer y van a tener que dejar y tirar la mitad no comida. O al pedir en los restaurantes muchos platos, incluso sabiendo que no los podrán terminar y los restos los echaran a la basura.

La avaricia, representada en la gula, la glotonería y el abuso, causa daños a la propia salud, desequilibra los presupuestos familiares y crea  injusticias sociales. Los avariciosos y glotones se hacen esclavos de la riqueza y del dinero, del comer y del beber, hasta el extremo de convertirse en una maldición para sí mismos, una náusea para la naturaleza y una infección y mal ejemplo, para el género humano.

En la vida como en las ensaladas, hay que ser avaro con el vinagre, porque irrita el paladar, pero generosos con el aceite, que lo suaviza.

La avaricia y la usura llegan a todas partes, pues hay algunas personas avariciosas, que retorciendo las leyes mercantiles o contraviniéndolas, ponen negocios usureros e inmorales, para hacer mucho dinero aunque sea ilegalmente, dejando a un lado la moral y la ética de los negocios, sin darse cuenta que a la larga “la ética paga en dividendos”

12 Formas actuales de avaricia: 

1.      Acumulando objetos innecesarios, por el simple hecho de poseer muchos, aunque no puedan usarlos, para demostrar poder ante terceros.

2.      Apoderándose de las riquezas naturales de otros países, para no consumir las suyas propias, a través de “gánsteres económicos” o de supuestos programas de cooperación, la mayoría de las veces innecesarios, que algunas naciones practican, dejando un mundo en el que debido a la avaricia de unas naciones, consiguen la penuria de otras, para poderlas dominar.

3.      Aprovechándose de las personas más humildes, incultas e ignorantes, para ofrecerles y darles préstamos, con intereses y condiciones abusivas, sobre propiedades muebles o inmuebles, futuro cobro de nóminas, hipotecas, algunas  tarjetas de crédito, etc. La avaricia de unos pocos, está dejando a la mayoría al margen de la historia. Para evitar estos robos, hace muchos años la Iglesia Católica instituyó los altruistas Montes de Piedad, para combatir a los prestamistas avaros y usureros.

4.      Engañando al vender servicios de espiritismo, astrologías,  adivinanzas, amarres, limpias, etc.

5.      Los ludópatas que por su avaricia, se llegan incluso a arruinar, creyendo que sin esfuerzo, se van a hacer ricos con los juegos de la lotería, casinos, bingo, apuestas, etc. No quieren darse cuenta, que aprovechando su avaricia otros, inventan juegos para sacarles el dinero, incluso con esos juegos, que en principio parecen inofensivos.

6.      Los que a través de mentiras divulgadas por los medios de adoctrinamiento de masas, y con una clarividencia impávida y apabullante, intentan hacerse con las mentes y el patrimonio de los más débiles. Esto suele ocurrir cuando enmascaran con argumentos técnicos, aparentemente irrebatibles, los esquemas de fraude financiero, también llamados pirámides tóxicas, ofreciendo beneficios astronómicos, que solamente pueden aceptar los ignorantes o las imaginaciones enfermas por la avaricia.

7.      Los que por avaricia juegan alevosamente, con la esperanza de los enfermos, mintiéndoles descaradamente, sobre los beneficios de determinadas medicinas, cirugías o tratamientos.

8.      Los que quieren hacerse ricos inmediatamente y sin tener en cuenta otra cuestión, que no sea la de atesorar, con la denominada “cultura del pelotazo” que no mira el daño que hace a terceros, con tal de enriquecerse cuantiosa y rápidamente. Entre los negocios más llenos de avaricia están el narcotráfico, la pornografía y todos los relacionados.

9.      Maniobrado a través de monopolios de compra o de venta, para que haya escasez y alza de precios de productos o servicios, imprescindibles o de primera necesidad.

10.   Produciendo, transportando o traficando productos, que son nocivos para la salud como son drogas, alcohol, tabaco, etc. sabiendo que matan o enferman a los consumidores.

11.   Traficando con la prostitución, los emigrantes y el dolor de las personas.

12.   Vendiendo los llamados “productos milagros”, que no sirven para nada, e incluso algunas veces son nocivos y engañan con sus promesas, a muchos ignorantes confiados.

La angustia educativa en las virtudes y valores humanos, es un padecimiento que tiene algunos padres y no saben como curarlo. Esa angustia solamente se cura con una buena educación de los padres, para que puedan transmitirla a sus hijos y estos a las siguientes generaciones. No es avaricia querer suprimir el “analfabetismo religioso”, por una copiosa formación religiosa y humana, que enseñe el camino para librarse, entre otros, del pecado de la avaricia.

La avaricia del conocimiento, tanto de la forma de educar, primero con el ejemplo y después con las sabias enseñanzas, y la avaricia de ser educado, no tienen limites reales, solamente tienen los límites, que tanto los padres como los hijos, quieran imponerse. En este sentido cuanto más avaros sean, más y mejor educados estarán ambos y se sentirán mejor al actuar, con esa noble avaricia de querer ampliar la capacidad de afrontar las dificultades, de educar y ser educado.

Nuestra inteligencia directiva, si está bien educada en las virtudes y valores humanos, es la que debe encargarse de regir y encauzar, todas las capacidades humanas y eliminar, las que conduzcan a la práctica de los otros pecados capitales. También tiene que tener como propósito y objetivos a corto y lago plazo, hacer proyectos, utilizar los conocimientos, gestionar las emociones, mantener el esfuerzo, tomar decisiones que lleven al progreso de las personas y no al regreso, activar cambios que estén soportados con un rumbo y unos objetivos morales y sociales. etc.

Hay una mentalidad en varias escuelas de negocios importantes, de que la avaricia y el egoísmo son buenos, y que por ellos se deben regir las leyes del todopoderoso mercado, que todo lo gobierna. Este pensamiento mercantil, ha penetrado en algunas personas, que prefieren concentrarse en obtener el máximo beneficio posible, aunque la avaricia prevalezca a sus anchas, sin tener en cuenta la parte humana. No debemos olvidar, que los negocios se hacen para que legal y moralmente, se puedan obtener beneficios.

Avaricia no es la sana intención, de desear los bienes materiales, como un medio para poder alimentar, vestir y cuidar a la propia familia y para ayudar a los más necesitados. Pero si puede ser avaricia la forma moralmente desordenada de conseguir esos bienes, como por ejemplo hacerlo con ansiedad, por medios ilícitos y malos, dañando a la propia salud o a la de los demás. También puede ser avaricia la manera de usar esos bienes exclusivamente para uno mismo, en vez de usarlos también para los más necesitados, en obras de caridad, de sanidad, de enseñanza, etc.

O se es avaro o no se es, no existe el medio avaro o un poco avaro. A la avaricia no puede haber una adhesión incompleta, pues absorbe y contamina la mente, pidiendo cada día más y mucho más, nunca dice basta. Algunas veces, incluso disfrazada de una falsa virtud de la caridad con uno mismo, o de un ficticio ahorro, al decir: “Si doy a los demás me quedo sin nada para mí y mi familia”. Incluso se habitúan a convertir su dinero y propiedades en ídolos.

            Cuando los avaros se dan cuenta, que la avaricia preside o incide en sus vidas tan fuertemente, se encuentran con una gran desazón interior, una enorme intranquilidad y unas enormes ataduras difíciles de romper, a no ser con un gran esfuerzo colectivo familiar, religioso y social.

La avaricia, junto al deseo de una apropiación injusta e inmoderada, de los bienes terrenos y la ambición desordenada, nacida de la pasión exagerada de las riquezas y de su poder, está prohibida por el Décimo Mandamiento de la Ley de Dios. Que también condena el deseo de cometer injusticias, que dañen los bienes temporales del prójimo. Esa inmensa, infinita y jamás saciada codiciosa sed de tener cosas, que pertenecen al prójimo, al final convierten a los avaros, en esclavos de los bienes materiales y económicos, siempre perecederos y efímeros, por no ponerlos en su lugar y en su propia dimensión, como medios y no como fines de forma de vida.

El Decimo Mandamiento de la Ley de Dios también prohíbe desear, codiciar y envidiar los bienes materiales, con un deseo consentido y desordenado, pues estos están para que servir a la propia felicidad y no para la destrucción de la persona, la familia o la sociedad. En la ética social debería estar prohibida la codicia, la usura y la avaricia.

La avaricia destruye la estabilidad y felicidad de la familia, que es el cimiento de la sociedad. Hay que respetar a la familia y blindarla moral y legalmente, ante cualquier tipo de avaricia, defendiendo sus bienes necesarios para que sobreviva, e incluso para que pueda compartir su riqueza, con los más necesitados.

Al avaro no le importa agotar lo que haya disponible, con tal de atesorar y satisfacer su vicio, aunque tenga suficiente y otros lo necesiten. No acapara por necesidad, acumula para satisfacer su vicio de la avaricia, nada le hace feliz, siempre quiere más. Quieren vivir una “libertad sin ley” y caen en una “ley sin libertad”, la del ansia incontenible, de tener siempre más. La avaricia, que es el deseo y apego  inmoderado a las riquezas, y que de hecho estas se convierten en ídolos, produce una adhesión de idolatría, que genera la envidia, la cual puede conducir al hombre, a cometer los mayores crímenes.

No es necesario ni aconsejable, despreciar los bienes materiales, ni renunciar a las riquezas mundanas, pero teniendo en cuenta la no esclavitud de los bienes y el desprendimiento de lo superfluo. Siempre practicando la virtud y valor humano de la generosidad ante tanta necesidad actual. Hay derecho a disfrutar de lo bonito y bueno del mundo, pero sin tener que estar angustiado por acumular riquezas. Todavía no han inventado “ataúdes con bolsillos” para meter las riquezas y utilizarlas después de la muerte, pero si se pueden llevar las obras buenas realizadas, que nos servirán como pasaporte de entrada en el Cielo.

La avaricia es desear las riquezas por ellas mismas, como un fin y no como un medio, para poder vestir, alimentar y educar a la propia familia y para atender las necesidades de la sociedad. Pueden ser pasajeras o efímeras, pues hoy se tienen y mañana se pueden perder. Se suele decir “Torres más altas han caído” y la “Codicia es la idolatría del dinero”. Donde hay avaricia, desaparece la amistad, el amor, la paz, la tranquilidad, la sabiduría, la integridad moral, etc.

Los avaros sufren de ansiedad, lo que les daña su propia salud, la del prójimo y la de la sociedad e incluso, por su deseo inmoderado de conseguir riquezas con fines egoístas y medios injustos, recurren si es necesario a la violencia, al engaño doloso, al perjurio, al fraude en los negocios y hasta la traición a las personas.

La avaricia, tomada con “ardor guerrero” termina en adicción y sobrepone el interés propio, sobre el bien común, convirtiendo la acumulación de dinero y objetos en fetiches, en vez de medios para servir a la familia y a la sociedad. Llega a convertirse en una forma de vida, que incapacita para dar, aunque se pretenda justificar esa actitud, con un inmoderado afán de seguridad, de temor a exponerse, de riesgo. Esto se traduce en llevar la vida sin compromiso ni ilusión.

La avaricia jamás hace una sociedad mejor, pues impide tomar riesgos, aunque sean bien estudiados. Algo siempre hay que arriesgar, porque “el riesgo más grande en la vida, es no arriesgarse”. No arriesgarse es perder la vida por completo. Los que no arriesgan nada, no hacen nada, están encadenados por sus miedos, la codicia o la avaricia, son esclavos de ellos, han perdido su libertad. No importa perder una batalla, si se puede ganar la guerra.

26 Sentencias sobre el pecado de la avaricia:

1.      Al pobre le faltan muchas cosas, al avaro todas.

2.      El avaro carece tanto de lo que tiene, como de lo que no posee.

3.      El avaro es su propio enemigo y ese es el justo pago de su maldad.

4.      El avaro experimenta a un tiempo, todas las preocupaciones del rico y todos los tormentos del pobre, por lo que nunca está satisfecho.

5.      El avaro hará todo por dinero y si pudiera vendería su alma al diablo.

6.      El avaro se roba a sí mismo. El pródigo insensato, a sus herederos.

7.      El avaro visita su tesoro, por traerle a la memoria que es su dueño y carcelero de sus bienes.

8.      El fin, nunca justifica los medios empleados para conseguirlo.

9.      El ojo del avaro no se satisface con su suerte, la avaricia seca el alma.

10.   En arca de avariento, el diablo yace dentro.

11.   En la avaricia no hay piedad.

12.   Era tan avaro que tenía cama y dormía en el suelo. para no gastar las sábanas.

13.   Es locura manifiesta, vivir precariamente para poder morir rico.

14.   Es más fácil hacer un agujero en el agua, que obtener una moneda de un avaro.

15.   La avaricia de poseer, es opuesta al deseo de dar y compartir.

16.   La avaricia es vivir siempre en la pobreza, por temor a la pobreza.

17.   La avaricia hace perder la sensibilidad, hacia la desgracia del prójimo.

18.   La avaricia produce ansiedad, decepción y desesperanza por poseer más.

19.   La avaricia rompe el saco.

20.   La avaricia se ha adueñado de tal manera de los hombres, que en vez de ser ellos los que poseen las riquezas, parecen ser éstas, las que los poseen a ellos.

21.   La bebida apaga la sed, la comida satisface el hambre, pero el oro y la plata no sacian nunca la avaricia.

22.   Los demás hombres son dueños de su fortuna; el avaro es esclavo de la suya.

23.   Para la avaricia, lo mucho es poco; para la necesidad, lo poco es mucho.

24.   La avaricia es la raíz de todo mal, por ella se miente, se roba, se mata, se engaña, se abusa, se embauca, se corrompe, se contamina, se destruye el medio ambiente, se depredan los recursos, se vende la democracia, etc.

25.   Rico no es quien mucho tiene, sino el que poco necesita.

26.   Un avaro llega a ser rico, aparentando ser pobre; un derrochador se hace pobre, a fuerza de parecer rico.

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Cómo manejar los secretos con hijos pequeños y con adultos

ESCUELA PARA PADRES

Cómo manejar los secretos con hijos pequeños y con adultos.

3,698 Palabras Tiempo de lectura 14:00 minutos

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4 Objetivos de este artículo:

1.      Educar a los hijos para que, por el bien de ellos, no tengan secretos con sus padres, que son los que tienen que guiarles en la vida.

2.      Educar a jóvenes y adultos, para que no revelen sus secretos personales, a no ser para pedir consejos a los profesionales o personas formadas y de mucha confianza.

3.      Educar a jóvenes y adultos, sobre la obligatoriedad de mantener y no divulgar los secretos graves que les han confiando, visto, oído o leído, pues pueden producir daños irreparables a sus propietarios, tanto en su vida familiar, como social.

4.      Educar a revelar o no revelar los secretos, según las circunstancias de cada caso.

El secreto es el conocimiento, noticia, propiedad o procedimiento, que cuidadosamente se conserva de manera reservada y oculta y se mantiene en sigilo y sin divulgar, no debiendo revelarse, para no incurrir en delito o para no molestar o herir a otras personas, aunque suponga una gran curiosidad y admiración.

Los padres tienen que educar a sus hijos y en su caso persuadirles, de que no tengan secretos con ellos. Tener secretos los separa de la confianza que tienen que tener, para poder recibir una buena educación. Si los hijos saben o tienen cosas, que no se atreven o no quieren comentar con sus padres, de muy difícil manera los padres podrán educarles y ayudar a solucionarles, algunos de los problemas, que muchas veces empiezan porque han querido mantener un secreto. Después cuando ya es tarde y no les queda mas remedio de decirlo a los padres, es posible que la solución sea más difícil.

Algunas personas adultas con buena o mala intención, dicen cosas a los niños y les aconsejan que no se las comenten a sus padres. Eso es un grave error, pues es todo lo contrario a lo que tienen que aconsejarles. A los niños hay que fomentar, que digan a sus padres todo lo que les pasa o sienten, para que así los padres puedan aconsejarles y educarles bien. Decirles que tengan secretos con sus padres, es irles inculcando el rompimiento con esas relaciones fraternales, cariñosas y emocionales. Primero puede ser una cosa aparentemente inocente e intrascendente, después pueden ser secretos, que a los padres les interesa mucho conocer de sus hijos.  Esas personas deberían conocer que, para tener la conciencia en paz y no tener necesidad de despreciarse, tienen que reflejarse en el espejo y mirar a sus propios hijos, familiares o amigos, a los que les hayan aconsejado mal.

Esos adultos pretenden con esa manipulación, tratar de atraerse a los niños, para crear una dependencia soportada con algún secreto. Eso es malsano y si en alguna ocasión se enteran los padres, de que ha sucedido esa petición de secreto, tienen la obligación de llamar la atención seriamente a ese adulto. Si el adulto persiste, deben separar a su hijo de esa persona, por mucha relación familiar o de amistad que tenga, pues no le conviene mantener relaciones con nadie, que pudiera separar a los hijos de los padres.

Los padres tienen que educar a sus hijos, a que les cuenten sus secretos, si es que los tienen. Además tienen que enseñarles a rechazar e inmediatamente contarlo a los padres, cuando otras personas, adultos o jóvenes, familiares, amigos, compañeros, etc. se empeñan en decirles, que deben mantener secretos, alegando que es su derecho a tenerlos, dentro de su espacio íntimo y su libertad personal. Normalmente estos comentarios, están faltos de conocimiento y muchas veces son de consecuencias perniciosas.

Los padres tienen que persuadir o en su caso investigar, si sus hijos tienen secretos que les puedan perjudicar o hacer difícil la vida, a corto o largo plazo. Normalmente esos secretos suelen ser inducidos por personas mayores sin escrúpulos, incluso familiares con buena intención, o por amigos que buscan enganchar a los niños en actividades, no permitidas por los padres. Si no, no tendrían ningún interés en manipularles, para que no lo digan a sus padres. Hay excepciones como cuando están organizando una fiesta “secreta” para agasajar a alguno de los padres, hermanos o amigos. Esta es la parte blanca de la situación, de fomentar el que los niños no cuenten las cosas a sus padres.

A medida que los hijos van creciendo, les suele entrar la tentación de no querer contar determinadas cosas a sus padres. Normalmente estas cosas no suelen ser de las muy buenas y por eso no las quieren contar. Incluso no cuentan cuando son manipulados por otros jóvenes o por personas mayores, que se quieren aprovechar de ellos. Por eso siempre hay alguien que les insiste, en que no lo cuenten a sus padres, pues esas cosas tienen que quedar entre ellos.

Es muy difícil guardar los secretos, sean familiares, de amigos o profesionales. Guardar secretos, es una virtud que se tiene que adquirir y fomentar desde niños, para no traicionar o defraudar a los que los han depositado en nosotros, o les hemos comentado nuestras cosas secretas.

Todo el mundo tiene derecho a que se le mantenga su fama y a que por ningún motivo se le destruya, contando sus secretos o intimidades. La fama se puede tardar muchos años en conseguirla, y pocos segundos en perderla, dependiendo de si alguien intenta destruir la fama de otros y airea cosas o hechos, que deberían permanecer en secreto, mucho más si son mentira o si no se tienen evidencias claras de su veracidad.

Cuando verdaderamente se presenta un problema grave de conciencia, es cuando se conoce algún secreto, que su divulgación pudiera cambiar las cosas gravemente. Por ejemplo si uno conoce, porque se lo han dicho o porque lo ha visto y porque tiene evidencias, de que alguien esta haciendo una cosa en perjuicio de otra persona, familia o sociedad. Silenciar ese secreto puede suponer que los daños continúen y otras personas, se vean gravemente perjudicadas. Entonces es deber de conciencia, divulgar ese secreto, pero intentando hacer el menos daño posible, empleando la virtud de la caridad, la confidencialidad y a poder ser hacerlo en privado.

No tiene la misma magnitud ni consecuencias, propalar los secretos graves, que hacerlo con lo que se llaman chismes, cotilleos, comidillas, cuentos, habladurías, etc. y que hoy en día, es el alimento de muchas personas incultas o de determinados grupos sociales, que están todo el día pendientes de la televisión, radio y revistas, especializadas en sacar los trapos sucios, de lo que han dicho, hecho o dejado de decir o hacer, los artistas, deportistas, políticos y demás personajes públicos. Las buenas noticias no trasciende, solamente trascienden los secretos bien aireados, comadreos, patrañas, alcahueterías, habladurías, delaciones, falsedades, enredos, etc.

La discreción es una virtud, que en determinados grupos sociales, no tiene cabida. Las patrañas, embustes, calumnias, etc. dichas como secretos, siempre tienen malas intenciones: La mentira, la intención de perjudicar y la forma de decirlo en secreto, para que trascienda más.

El matrimonio no es el lugar idóneo para mantener secretos, aunque los cónyuges tengan el pleno derecho, a no auto incriminarse o inculparse, contando algunos secretos personales pasados, que pudieran perjudicar las relaciones matrimoniales y familiares, cuando esto suponga un grave perjuicio para las relaciones conyugales. Pero en los matrimonios que haya secretos, sobre los ingresos y gastos de cada uno de los cónyuges, tiene la tendencia a que se fomenten otros secretos relacionados, como son las amistades individuales peligrosas, una vida paralela y secreta, etc.

Todos los colaboradores de un negocio, tienen la grave obligación de mantener cualquiera de los secretos, que como tales les hayan confiado, hayan oído o visto. Revelar esos secretos, dependiendo el daño que pudieran hacer, es tan grave como robar.

Los niños son muy dados a contar sus secretos a los abuelos, si estos se han ganado la confianza de sus nietos. Contar esos secretos puede servirles para desahogar sus penas y pedir consejos, sobre situaciones difíciles que no saben como solucionarlas. Pueden ser los únicos depositarios de sus confidencias, pues a lo mejor sus padres son muy estrictos o no tienen mucho tiempo para escucharles. Es otro de los servicios que hacen los abuelos, en beneficio de los nietos.

Guardar un secreto propio y respetar los de los otros, es una virtud relacionada con la sensibilidad y la autodisciplina o autodominio. Los que carecen de la práctica de esas virtudes y valores humanos, demuestran que no están preparados, ni moral, ni mentalmente para guardarlos, incluso les suele importar muy poco las malas consecuencias, que pudieran ocasionar si los revelan. Revelar un secreto, que pudiera tener consecuencias graves, siempre conlleva secuelas también graves, para el que lo ha hecho, pues como dice la historia: “Roma no paga traidores”. Solamente es cuestión de pensarlo profundamente, pues es una simpleza tan propia de los genios, como de los idiotas.

No se deben confiar los secretos personales a nadie, que previamente no haya demostrado una conducta intachable en este tema. Hay que tener una buena estrategia de clara percepción y buen juicio, a la hora de escoger un confidente. Previamente a elegirlo, discretamente se le puede someter a un hábil interrogatorio, para que demuestre fehacientemente si tiene la lengua larga o corta, pues tiene que ser tan meticulosa, en mantener los secretos como Vd. lo haría con el suyo.

Nunca confíe los secretos suyos, a quien previamente le ha contado los de otras personas, pues por pura lógica de reciprocidad, los que difunden secretos, dañan su honor y su reputación y quedan descalificados automáticamente, para la guarda del sigilo que se les pide. No se quieren dar cuenta, que contar secretos de otras personas puede humillar y hacer daño a seres queridos y deleitar a los enemigos propios o ajenos.

Un secreto puede significar poder, si no traspasa los límites de su dueño, pero es un puñal, si pasa a manos de otros. El que revela un secreto personal o profesional, está mancillando o dañando el honor de su propietario y se está perjudicando a si mismo, pues también se está desprestigiando y descalificando ante terceros, para el resto de su vida. Quedarán marcados para siempre, como alcahuetes, correveidiles, soplones o chivatos. Es mucho más inteligente, no contarle a otros los asuntos privados, especialmente los que sean pecaminosos u ofensivos. Máxime si las otras personas, no pueden aportar nada en relación con el secreto personal o profesional. Desgraciadamente, algunas veces se cuentan los secretos personales o de otros, para satisfacer la vanidad o el ego.

Los secretos nunca se deben regalar a nadie, pues forman parte del patrimonio de cada persona. Si se hacen públicos, aunque sea vistiéndolos de secretos, automáticamente dejan de ser secretos y normalmente “Se vuelven las cañas lanzas”. Cuando se tenga necesidad de comentar un secreto, por ejemplo, para pedir un consejo sobre una situación importante o grave, hay que buscar la persona adecuada, que pueda aportar alguna solución o consejo, que suponga una guía para el futuro o un descanso de la mente o del espíritu. Los padres son los mejores consejeros, para confiarles los secretos que les atribulen sus vidas, y para los adultos son los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que practiquen. El verdadero premio de guardar un secreto, es la satisfacción del deber cumplido.

Si es un secreto personal y quieres que nadie lo sepa, no se lo digas a ninguno, pues hay muchas posibilidades de que ese secreto, trascienda a otros. Es muy difícil guardar un secreto, incluso cuando es propio, pues se requiere una gran fuerza de voluntad, determinación y autodisciplina. Por eso se debe sopesar, qué es lo que se gana, y qué es lo que se pierde, si se cae en la tentación de tener ese minuto de gloria humana y se revela. En estos casos, sugiero aplicar el contenido el contenido del artículo titulado 10 Ocasiones para inculcar, fomentar y practicar el “minuto heroico”. Sus valores y virtudes No vale la pena, que por una debilidad momentánea, meterse en un problema, que puede uno salir perjudicado. Esto aplica también en la decisión de no divulgar los secretos ajenos.

Si los involucrados en mantener un secreto grave, no lo hacen, casi siempre se implican en alguna clase de riesgo, que suele estar proporcionalmente relacionado, con la gravedad del secreto, principalmente si está conectado con la fama, el honor, el dinero, el trabajo, el negocio, el castigo o el premio de otras personas. Si el secreto es decir algo peyorativo de otra persona, solamente podrá revelarlo, si es por una situación muy grave y que pueda prevenir un daño importante a un tercero, inocente o a la misma persona, que tiene el secreto, a la familia, a los amigos o la sociedad. Por ejemplo ante un posible matrimonio, la concesión de un préstamo, amistades toxicas, enfermedades contagiosas, posibles crímenes, etc.

Revelar los graves secretos confiados, peca de lleno contra el Octavo Mandamiento de la Ley de Dios que dice “No robar”, ya que con la revelación o divulgación de un secreto o de una promesa, se ofende, hiere o roba su fama o propiedades, al dueño de ese secreto. La gravedad del pecado, estará en proporción al daño u ofensa causados, y no se perdonarán si la ofensa no es restituida y reparada, de la mejor manera y rapidez posible, aunque el responsable, tenga que humillarse o salir perjudicado.

Mantener los secretos ha causado muchos problemas, incluso hasta las torturas y la muerte. Ejemplo de ello es como han defendido o salvaguardado, a lo largo de la historia los Sacerdotes Católicos, el secreto oído en el Sacramente de la Confesión. Han preferido ser torturados o hasta incluso morir, antes que desvelar algo, de lo que han oído en la Confesión.

Las personas admiran y confían, en los que saben guardar secretos, pues se dan cuenta de la lucha que han tenido que hacer, contra las motivaciones para revelarlo. Revelar los secretos resulta un acto vergonzoso, propio o ajeno, incluyendo la falta de la promesa hecha de guardarlo, y el haber traicionado a la conciencia personal.

Mantener un secreto tiene los conceptos de importancia, espacio, tiempo y situaciones y circunstancias. No es lo mismo el secreto del formato de un almuerzo u homenaje familiar, al secreto dicho a personas que desconocen totalmente, el motivo de un secreto importante, que ni conocen a las personas implicadas, ni en los sitios donde no haya ninguna relación geográfica, con el lugar donde haya sido visto, oído o hablado. En la custodia de secretos graves, tiene que tenerse muy en cuenta, a quien perjudica y a quien beneficia revelarlo.

Si alguien quiere contar a otro un secreto, este tiene el derecho a preguntar: Durante cuanto tiempo debe guardarlo, dónde, cuándo, a quién sí y a quién no, puede o no puede revelarlo, bajo qué condiciones, etc.

Para mantener un secreto, lo mejor es no decir a nadie que se tiene. Así se evita que haya curiosidad por parte de terceros, que podrían llegar a sonsacarlo con una operación de “acoso y derribo”, hasta conseguir arrancarlo, por las buenas o por las malas. Empleando técnicas de persuasión, a través de preguntas cruzadas, o con el procedimiento de preguntas, que requieran respuestas de si o no.

Mantener un secreto, es un ejercicio del intelecto que funciona plenamente, como lo atestiguan los sacerdotes católicos, con el secreto de lo escuchado en el Sacramento de la Confesión, los abogados, médicos, periodistas, contables, etc. con el secreto y la ética profesional. Para que el secreto no trascienda, lo único que funciona es no decir nada a nadie, ni que se posee un secreto, ni nada. Si es posible intentar olvidarse mentalmente, de que se conoce ese secreto.

El que tiene un secreto propio y lo cuenta voluntariamente a otra persona, está dando a entender, que si como dueño del secreto, no ha sabido mantenerlo, tampoco el que lo ha escuchado, tiene la obligación de guardarlo.

Guardar un secreto, la mayoría de las veces, es un sacrificio tan grande, que es preferible no haberlo conocido, para no pasar esos malos ratos de luchar contra uno mismo, para no revelarlo. Pero lo que vale la pena, siempre cuesta.

Si alguna persona u organización, presiona mucho para que revele un secreto, sobre un tema grave y personal, porque creen que Vd. lo conoce, Vd. tiene pleno derecho a calmadamente, ponerse a la defensiva y negarse a contarlo, acogiéndose a las leyes que le permiten no incriminarse, inculparse o acusarse, incluso tiene el derecho a mentir, como ultimo recurso, aunque las mentiras suelen funcionar como los “bumerangs”, que vuelven donde el que los lanzó.

No es recomendable empezar una conversación, en la que directa o indirectamente, pudiera estar involucrado el tema del secreto. Si no se puede evitar y para no aparentar ser esquivo, huidizo o desabrido y evitar sospechas, pase por encima del tema como si fuera de puntillas y en cuanto pueda, discretamente cambie de tema.

Una medida muy acertada, relacionada con la obligación de mantener los secretos, es intentar no conocer ningún secreto, cuando sea solamente por curiosidad, fisgoneo o entremetimiento, pues “El que evita la ocasión, quita la tentación”. Cuando alguien se acerque a querer contarle un secreto, debe decirle que si se lo cuenta a Vd. ya no es un secreto, y que si él no ha sabido guardar ese secreto, como pretende que Vd. lo guarde. También puede decirle que a Vd. le es muy difícil guardar secreto, y que por lo tanto es mejor que no se lo cuente.

La discreción es una virtud y valor humano, muy especial y difícil de guardar. Ser íntegro, discreto, honorable y de confianza con el prójimo y con uno mismo, son cualidades muy valiosas. La imagen proyectada sobre familiares, amigos y sociedad, de persona discreta y digna de confianza, se puede estropear en cuanto se sepa, que ha divulgado algún secreto importante que le habían confiado.

Hay que estar muy bien entrenado, con la utilización de algún mecanismo mental, para saber que se está a punto de revelar un secreto, debido a la presión externa o a las ganas de aparecer como importante. En este caso, tiene que tomar alguna de las decisiones acordadas, por ejemplo, cambiar bruscamente la conversación, o tocar un anillo, pulsera u objeto, que le recuerde para no caer en esa tentación, incluso aunque otras personas, se puedan dar cuenta de su gesto de precaución. Cualquier cosa antes de revelarlo.

Se tiene la obligación de revelar un secreto, aunque sea grave, cuando alguien dice algo, incluso bajo condición secreta, que va a hacerse un daño grave a si mismo, como es la mutilación, el suicidio, o va a hacer un daño grave a otras personas. Siempre, antes de divulgarlo, hay que ponerse en la situación de los que saldrán perjudicados, analizando profundamente las posibles consecuencias, positivas o negativas de la indiscreción, y cómo se sentiría cada uno, si estuviese en su lugar. Todos tienen derecho a guardar sus secretos, con una única e irrenunciable excepción, aquellos de los que dependa su vida, su futuro, su felicidad, ésos tienen derechos y obligación de contarlos, para evitar las consecuencias irreversibles.

Algunos, inconscientemente o como autodefensa de sus propios defectos, cuentan secretos, chismes o habladurías de otras personas, sin percatarse del ridículo que están haciendo, pues “Ven una paja en el ojo ajeno, y no ven la viga, que tienen en el suyo”.

20 Sentencias sobre los secretos:

  1. Aunque para otros sea un secreto a voces, no debemos revelarlo.
  2. Cuando el alcohol entra, el secreto sale.
  3. El inteligente es secreto en sus planes y en sus acciones. 
  4. El que revela el secreto ajeno es un traidor, el que revela el secreto propio es un imbécil.
  5. El secreto de la libertad, radica en educar a las personas, mientras que el secreto de la tiranía, está en mantenerlos ignorantes.
  6. El secreto de los padres cuando educan, es hacerlo de tal manera, que los hijos no se den cuenta de que están siendo educados, hasta que ya es demasiado tarde.
  7. El secreto de una buena vejez no es otra cosa, que un pacto honrado con la soledad.
  8. El secreto es tu esclavo, pero te conviertes en su esclavo si lo divulgas.
  9. El secreto para vivir en paz con todos, consiste en el arte de comprender a cada uno, según su individualidad.
  10. El verdadero secreto de la felicidad, consiste en exigirse mucho y muy poco de los otros.
  11. Es un necio el que le cuenta a otro un secreto y le pide encarecidamente que lo calle.
  12. La humildad es el secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento.
  13. La mejor manera de guardar un secreto, es no contarlo a nadie, o ignorarlo.
  14. Las tres cosas más difíciles de esta vida son: guardar un secreto, perdonar un agravio y aprovechar el tiempo.
  15. Reprende al amigo en secreto y alábalo en público.
  16. Si lo saben más de dos, ya no es secreto.
  17. Si quieres que tu secreto sea guardado, guárdalo tú mismo.
  18. Si revelas tus secretos al viento, no lo culpes por revelarlos a los árboles.
  19. Tres pueden guardar un secreto, si dos de ellos se mueren.
  20. Una de las razones más poderosas para divulgar un secreto, es la vanidad de decir que nos lo han confiado.

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La envidia explicada a los hijos. (II)

ESCUELA PARA PADRES

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La envidia es un sentimiento o estado mental, en el cual existe dolor o desdicha, por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes o cualidades superiores. Es la tristeza o pesar del bien ajeno. Es el deseo desordenado, de tener algo que no se posee. Los celos, producto de la envidia, están vinculados con el tener. 

La envidia está muy relacionada con el egoísmo de poseer y acumular, mucho más que otros. Se envidia por algo, y se termina envidiando por todo. Se envidia a otro y después se encierra en querer poseer, más que nadie o poseer lo que otro tiene, hasta llegar a robárselo, para satisfacer la envidia. 

“Envidia sana o positiva” es la emulación, superación o lucha, por copiar o imitar las virtudes y valores humanos o las ejemplares actitudes y acciones de otros. Eso no es el pecado de la envidia malsana, pues es una virtud, al tratar positivamente de imitar a los demás, trabajando, esforzándose y superándose, para mejorar como persona y lograr lo que se anhela. En la medida en que se acepta, que no se tiene envidia de otro o de otras cosas, o que la envidia es sana o positiva, se puede tolerar mejor al prójimo, tal cual es. No es lo mismo ser envidioso, que algo envidiable

La envidia también es una expresión de hostilidad hacia alguien, a quien se percibe como superior y un deseo que apunta, no sólo a la posesión de esa ventaja, sino a la destrucción de ese superior. Conlleva un sentimiento de enfado, porque otra persona posee y disfruta algo deseable, incluyendo un impulso, que apunta a despojarla de ese algo o echarlo a perder. Suele provenir de la incapacidad de regular las emociones, de tener que esperar para satisfacer las necesidades o caprichos y de los problemas de autoestima. 

La envidia es la base del resentimiento, porque no busca que a uno le vaya mejor, sino que al otro le vaya peor. Es la disposición, insensibilidad, pesar o desagrado por no tener algo y además querer conseguir ese algo, lo tenga quien lo tenga. Intentando si es necesario, arrancarlo por todos los medios, incluso con graves mentiras. Es un sentimiento u obsesión, que nunca produce nada positivo en el que la padece, sino que produce una insalvable infelicidad y amargura, además que alimenta el deseo de producir el mal a otros. 

La Envidia es uno de los siete pecados capitales: Envidia, soberbia, avaricia, ira, lujuria, gula y pereza. Se llaman pecados capitales, porque generan o dan origen a muchos otros pecados. También queda expresada en los 10 Mandamientos de la Ley de Dios, que dice en el séptimo: No desearás la mujer de  tu prójimo, y en el décimo “No codiciarás los bienes ajenos”. 

Algunas personas, por envidia, avaricia o egoísmo crean su propio «YO, S.A.» o » «YO, INC». Para hacer su propia voluntad y fastidiar al envidiado. La envidia no se oye, aunque corroa internamente. Tampoco nos oímos a nosotros mismos, porque no nos prestamos atención. Oímos mucho, pero no escuchamos.

Desde muy pequeños, la envidia empieza a manifestarse en los niños. La expresan, aunque sea de forma inocente, en la forma de quitar los juguetes a sus hermanos, menores o mayores y con las rabietas consiguientes. Esa envidia, que no nace de un día para otro, va creciendo poco a poco, en un proceso, que si los padres no ponen remedio, se irá agrandando hasta límites insospechados, a medida que los niños se van haciendo mayores. Después no vale decir: “Tengo un hijo que es muy envidioso y no sé que hacer con él”. Más tarde se convertirán en adultos con sentimientos de envidia y celos constantes, debido al rencor a los éxitos o posesiones ajenas. 

En los niños, la envidia se da en la mayoría de los casos, en relación con los objetos que quieren y no tienen. Esas actuaciones infantiles de rabietas, celos, rencores, etc. no corregidas, son las que les producirán en el futuro, envidias, sentimientos de inferioridad, baja autoestima, resentimientos, etc.

La envidia suele comenzar en los primeros años de vida del niño, cuando éste depende de sus padres para recibir las cosas, las necesite o no. Cuando tiene una limitada capacidad de expresar sus necesidades y emociones, a través del lenguaje verbal, hace que el niño aprenda a utilizar el lloro, berrinche o rabieta, para conseguir lo que desea. También cuando aprende a competir e imitar a sus hermanos menores o mayores. Estas situaciones están muy relacionadas, con la forma de tratar o no tratar la enseñanza al niño, sobre la forma de manejar la satisfacción de sus más mínimas necesidades y deseos. 

Si el niño obtiene siempre lo que desea, porque los padres ceden ante sus rabietas, nunca aprenderá a controlar, ni a regular sus emociones, ni a esperar para satisfacer sus mínimas necesidades, ni a respetar las necesidades y pertenencias de los otros. Desgraciadamente le están enseñando a satisfacer sus emociones y necesidades, aquí y ahora. Los padres tienen que enseñarle a respetar las pertenencias de los otros y a entender, que no siempre podrá tener lo que desea. Los niños pasan por una etapa, en la que se comportan de forma egoísta y desean todas las cosas para sí, incluyendo las que tienen los demás. 

Los padres son los responsables de enseñar a los niños a compartir todo lo que tienen y a no querer lo de los demás, pues así disminuirá su tendencia de envidia, celos y frustración para el presente y el futuro. Por mucho que les cueste a los padres, si no ceden ante los berrinches y rabietas de los niños, conseguirán que estas bajen de frecuencia y potencia, de cantidad. Sobre todo si las ignoran o consiguen desviarles la atención, hacia otras cosas. Para los padres, no satisfacer el objeto o situación de la envidia, suele ser difícil y vergonzoso, si las rabietas ocurren en presencia de otros familiares, pero no se deben olvidar, que será mucho más beneficioso para sus hijos. Las conductas desafiantes de algunos niños, producidas por la envidia y los celos, incluso generadas cuando son muy pequeños, están estrechamente asociadas al fracaso escolar, a la violencia con sus amigos, al retraso escolar, etc. 

Hay padres que han perdido el control de los hijos, aunque sean pequeños y pasan por situaciones complicadas, para convivir y educar a los niños difíciles y problemáticos, que por haber consolidado ya la envidia, son impulsivos, agresivos, impacientes, transgresores, manipuladores y no responden a los premios, ni a los castigos. En todo actúan negativamente. Para esos padres, es mejor darse cuenta, que aunque tarde, siempre están a tiempo educarse ellos mismos, para poder educar a sus hijos y negociar con ellos su comportamiento, antes de que se consolide más, y después a medida que vayan haciéndose mayores, las consecuencias de no saber controlar el pecado de la envidia, les traiga consecuencias funestas. Hay muchos y muy eficaces programas religiosos y sociales, que mejoran el conocimiento de los padres,  aumentan la interacción con los hijos y mejoran su educación, lo que les permite reducir los problemas de conducta de los niños.

No es más rico quien más tiene, sino el que menos desea. Los padres tienen que poner énfasis en enseñar a sus hijos, en función de sus edades físicas y mentales, sobre el valor de lo que tienen y no sobre las cosas que no tienen, pero que desean. Explicándoles lo que han costado a ellos o a sus padres lo que tienen, y las ventajas sobre otros muchos, que no tienen nada o no tienen tanto como ellos.

La adolescencia suele ser el comienzo de una nueva etapa de la envidia, se pasa de la envidia caprichosa y de las rabietas, a tenerla por la mal entendida competitividad sobre los logros o éxitos de otros. Envidia que muchas veces esta relacionada, con el dinero que gastan otros, sus formas de vestir, las pantallas electrónicas y los automóviles que poseen, etc. 

11 Principales situaciones donde se practica la envidia:

1.      La envidia en el trabajo. Principalmente en tiempos de crisis, donde los empleados se pelean por conseguir un ascenso o un aumento de sueldo. A ése se lo han dado y a mi no, que tengo más méritos.

2.      La envidia entre familias o componentes familiares que han triunfado o tienen otras formas de hacer las cosas, han tenido más suerte o han sabido hacerlo mejor.

3.      La envidia entre los adultos, relacionada con los signos externos: Moda, gastos, estudios, situación económica, situación social.

4.      La envidia entre las mujeres, sobre las más agraciadas, que ven a otras como competidoras a la hora de las relaciones amorosas con los hombres.

5.      La envidia entre los que se creen amigos, pero les separan culturas y formas de vidas diferentes u opuestas.

6.      La envidia incrustada por costumbres ancestrales, contra determinadas familias u otros grupos sociales, traducida en intolerancia y odio racial, que puede terminar como en las vendettas de la mafia.

7.      La envidia y el consumismo fomentada por los medios de comunicación, con las publicidades agresivas y engañosas. ¡Si no tienes tal cosa, no eres nadie! ¡Fíjate lo felices que son los que consumen tal producto!

8.      La envidia de los que no están dispuestos a sacrificarse, sobre los que se han sacrificado para sostener el amor, el matrimonio o una amistad, lo que es mucho más difícil y costoso que encontrarlo.

9.      La envidia que anula las defensas mentales y la fuerza de voluntad necesaria, para modificar las situaciones reales, que hacen daño a las personas, al  bloquearles los sentimientos y situaciones ante los demás.

10.   La envidia psicológica, cuando va acompañada de un complejo de inferioridad, inseguridad e insatisfacción con uno mismo, frente a los demás, motivada por la diferencia de las características o rasgos físicos propios, (belleza, altura, cuerpo, color, peso, etc.), celos infundados, inteligencia, relaciones amorosas o sociales.

11.   La envidia contra los que han triunfado en algún orden de la vida que produce tanto resentimiento, que a algunos no les importa sacarse un ojo, si el otro se queda ciego. 

40 Sentencias sobre el pecado capital de la envidia:

  1. ¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes!
  2. ¿Qué es un envidioso? Un ingrato que detesta la luz que le alumbra y le calienta.
  3. Así como la polilla arruina la ropa, de la misma manera la envidia consume al hombre.
  4. Castiga a los que te envidian, haciéndoles el bien.
  5. Cuando se abandona la envidia, empieza la dicha.
  6. Cuanto mejor es el bueno, tanto más molesto es para el malo.
  7. Dejemos a los envidiosos, la tarea de proferir injurias y a los necios, la de contestarlas.
  8. Después de aquellos que ocupan los primeros puestos, no conozco a nadie tan desgraciado, como quien los envidia.
  9. El amor mira a través de un telescopio, mientras que la envidia lo hace a través de un microscopio.
  10. El camino para medrar, está siempre sembrado de amistades rotas por la envidia.
  11. El envidioso siempre piensa que lo están envidiando.
  12. El silencio del envidioso está lleno de ruidos.
  13. El veneno de la envidia, se puede engendrar incluso, en nuestros mejores amigos.
  14. En cuanto nace la virtud, aparece contra ella la envidia.
  15. Es mejor ser envidiado, que compadecido.
  16. Es tan fea la envidia, que siempre anda por el mundo disfrazada, y nunca más odiosa, que cuando pretende disfrazarse de justicia.
  17. Evitad todo aquello que pueda atraer a la envidia.
  18. La envidia dura siempre más, que la dicha de aquellos que envidiamos.
  19. La envidia en los hombres, muestra cuán desdichados se sienten, por su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás.
  20. La envidia es causada por ver a otro gozar de lo que deseamos; los celos, por ver a otro poseer lo que quisiéramos poseer nosotros.
  21. La envidia es el gusano roedor del mérito y de la gloria.
  22. La envidia es la fiera que arruina la confianza, disipa la concordia, destruye la justicia y engorda toda especie de males.
  23. La envidia es la madre de los celos, en los niños y en las personas mayores.
  24. La envidia es la polilla del talento.
  25. La envidia es lo más horrible que se puede sentir y, además, hace desgraciado.
  26. La envidia es más irreconocible que el odio.
  27. La envidia es una declaración de inferioridad.
  28. La envidia que calla, es peor que la que grita.
  29. La envidia va tan flaca y amarilla, porque muerde y no come.
  30. La envidia, cuando se apodera de un hombre, abre en su alma el camino a todos los sentimientos despreciables y torpes.
  31. La envidia, el más mezquino de los vicios, se arrastra por el suelo como una serpiente.
  32. Nadie ha inventado un tormento mayor que la envidia.
  33. No envidiemos a los que están situados por encima de nosotros; las cosas que parecían más excelsas, se derrumbaron.
  34. No envidies la riqueza del prójimo.
  35. No es lo mismo envidioso, que envidiable.
  36. No es un problema de envidia, enseñar a obsequiar con la ausencia, a quien no aprecia tu presencia.
  37. Si hubiera un solo hombre inmortal, sería asesinado por los envidiosos.
  38. Si todo el mundo llevara escritas en la frente sus angustias, muchos que nos causan envidia, nos darían lástima.
  39. Tan grande como la turba de los admiradores, es la turba de los envidiosos.
  40. Una demostración de envidia, es un insulto a uno mismo. 

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Las decisiones y sus lógicas consecuencias

ESCUELA PARA PADRES

Las decisiones y sus lógicas consecuencias

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Las decisiones se desvanecen, las consecuencias se quedan.

Los padres deben enseñar a sus hijos a tomar decisiones soportadas en las siguientes características: Conocimiento de causa, previendo las futuras consecuencias o secuelas, seriedad, formalidad, discreción, tacto, cautela, precaución, ecuanimidad, tranquilidad, ponderación, serenidad, etc. Evitando el abuso, la osadía, la indiscreción, la insensatez, el descaro, la temeridad, etc.

La palabra decisión deriva del latín de-cidere, que quiere decir «separar cortando». Seleccionar una parte, implica siempre dejar el resto, ya que debido a nuestra capacidad limitada, cada decisión supone una renuncia a otras alternativas. Los cinco puntos que definen una decisión: 1) libertad de elección, 2) múltiples posibilidades, 3) deliberación, 4) renuncia, y 5) acto de elegir. Cada ingrediente es necesario y, cuando falta alguno, no hay elección. Las decisiones bien tomadas, teniendo en cuenta sus consecuencias, son las manifestaciones concretas, que reflejan la práctica de las virtudes y valores humanos que tenemos, que son compañeros inseparables.

A toda acción corresponde una reacción, y a toda decisión una consecuencia. Por ejemplo: Cuando alguien enojado toma la decisión de ofender gravemente a otra persona, sus palabras pueden dejarle una cicatriz indeleble. Esa cicatriz permanecerá en su mente, durante mucho tiempo, por muchas veces que posteriormente le hayas dicho, que lamentas lo sucedido. Una herida verbal, puede afecta tanto como una física. Si se sacude en el campo una almohada llena de plumas, es imposible recogerlas todas.

Somos esclavos de nuestras decisiones equivocadas y dueños de las acertadas. Si se han pensado bien las decisiones que se van a tomar, tendremos muchas posibilidades de no ser esclavos de ellas.

Los padres deben enseñar a sus hijos, a que cuando tomen una decisión, sepan que tienen que asumir las consecuencias que ella produzca. A medida que se van haciendo mayores, en menos oportunidades, sus padres podrán ayudarles a solucionar las malas consecuencias, producidas por sus decisiones. Cuando se independizan totalmente, si no han sido bien educados a asumirlas, tendrán que sufrir ellos solos las consecuencias, de lo que han hecho por impulso o sin haberla examinado. Simplemente, es el riego que van asumiendo con la edad y los derechos, obligaciones y responsabilidades, que les vayan correspondiendo.

Las consecuencias de las acciones, suelen estar lógicamente relacionadas con la decisión tomada. Algunas decisiones desencadenan consecuencias que en principio, parecían imprevisibles, pero hay muy pocas cosas imprevisibles, según la educación que los padres hayan dado a sus hijos. Los años de experiencia, la lectura de libros y las consultas a profesionales, dan a los padres, un gran conocimiento para saber las consecuencias que van a ocurrir, en relación con lo que hagan o quieran hacer sus hijos. Una buena educación, consiste en enseñar a que los hijos sepan tomar sus propias decisiones y asumir las consecuencias, lo que supone una fuerte e incondicional ayuda, para que reconozcan y estudien la situación responsable y globalmente, dentro de su ámbito de conocimientos.

En cada caso, la experiencia de los padres suele ir muy por delante, con el tipo de acciones que los hijos hacen. No suele haber un gran salto generacional, si padres e hijos desde el principio, han ido circulando aproximadamente por las mismas avenidas, a las mismas velocidades y con el mismo tipo de equipo personal, familiar, educacional y moral. Las sorpresas, casi siempre desagradables, empiezan cuando los padres han ignorado a los hijos y han permitido, que desde pequeños, hayan estado haciendo su propia vida.

 Cuando las decisiones se toman con el corazón, a las máximas revoluciones, no suelen salir bien. Tienen que ser tomadas con la cabeza fría, el corazón al ralentí y los sentimientos controlados. Nadie se puede librar de las consecuencias de sus decisiones, tomadas voluntaria o involuntariamente, pensadas o impensadas, obligadas o permitidas, pero si se hacen serenamente, tienen muchas más probabilidades de que las consecuencias sean buenas.

Las decisiones deben tomarse, teniendo muy claro si van a producir el bien o el mal. Para ello hay que tener la mente muy bien entrenada, para conocer perfectamente que es lo que está bien y lo que está mal. Algunas personas, por propia conveniencia, tienen mezclado estos dos grandes conceptos. No ven la raya que los separa y se inclinan por el lado que más les conviene. Las malas decisiones, son algunas veces tan incongruentes y carentes de sentido, como la del estudiante, que quería llegar a ser presidente de la asociación de estudiantes, para eliminarla.

Los padres por la experiencia y el conocimiento que les ha dado la vida, es como si estuvieran  situados, en la cima de una montaña, viendo subir por ella a sus hijos. Esa subida a la montaña, significa el comportamiento y las decisiones, con sus correspondientes consecuencias, que diariamente van realizando sus hijos.

Las clásicas frases “ya te lo dije” y “te lo advertí, pero no me hiciste caso”, son las que los padres dicen a los hijos, cuando estos toman las decisiones, sin querer percatarse de las consecuencias que originarán. “El fin no justifica los medios”.

Los padres enseñan a tomar decisiones con la palabra y el ejemplo y educan con su modelo de vida.  El derecho para enseñar y educar, está implícito en la condición de los padres. Para enseñar hay que saber algo, para educar hay que saber vivir de forma que trascienda a los hijos, esa finura de espíritu tan necesaria para conocer, sopesar y decidir, sobre las consecuencias de las decisiones.

Es imprescindible que los padres enseñen a sus hijos, a practicar la virtud de la prudencia en la toma de decisiones. Así su comportamiento diario y las decisiones que tomen, no les producirán consecuencias irreversibles, que les salpiquen a la cara, o que las cañas se les vuelvan lanzas, por no haberlas sabido o querido hacer de buena forma.

Las decisiones tomadas con sensatez, cordura y reflexión, tienen muchas posibilidades de tener éxito y no tener malas consecuencias. Pero las hechas de forma opuesta o con insolencia, ligereza, frivolidad o descuido, siempre tienen unos malos resultados o repercusiones para todos.

El error de las decisiones mal tomadas, no disminuye, por saber que “todos lo hacen” o que alguien se ha equivocado, más que yo. En la práctica no funciona ese truco, que algunos enseñan para dejar tranquilos a los equivocados. Cada persona es responsable de lo que ha hecho o no ha hecho.

Las decisiones tomadas, muestran también la diferencia entre la “primera versión” de los hechos y una información más completa, cuando hay que dar explicaciones, de lo que se ha hecho. La primera decisión, tiene un valor doble que las explicaciones. “Explicación no pedida, acusación manifiesta”.

Algunos toman decisiones equivocadas, sin importarles las consecuencias, pues quieren manifestar su superioridad ante las masas de pardillos, incluso ante “la dictadura de las minorías”. Las correcciones de las decisiones tomadas, suelen tener poco efecto, pues casi siempre se hacen a destiempo o muy tarde.

Los padres algunas veces, tienen que escuchar a sus hijos las malas decisiones tomadas, en relación con sus noviazgos, convivencias prematrimoniales, calidad de los amigos, abandonos o flojedad en los estudios, trabajos o relaciones religiosas. Suelen ser decisiones tomadas, en base a que ellos consideran que son libres para tomarlas, aunque no sepan con certeza, lo que están haciendo.

En las decisiones amorosas, cabe la alternativa de enfrentarlas con sus parejas, presentes o futuras, preparando previamente una serie de preguntas, bien documentadas, que los hijos posiblemente no se deciden o arriesgan a hacer directamente. Si las preguntas están bien preparadas, es muy posible que sus parejas o futuras parejas, con sus respuestas, se queden al descubierto de sus inconsistencias. La base del éxito de esas preguntas, está en la calidad, cantidad y veracidad de la información conseguida. Suelen ser preguntas basadas en esa información, que los hijos no se atreven o no saben como preguntarlas. Con las respuestas obtenidas, sobre las preguntas hechas por los padres a las parejas, podrán los hijos tomar las decisiones adecuadas, eso si, siempre soportadas con buena información. Ante esas confrontaciones los padres corren el riesgo de las reacciones violentas de los hijos, que no quieren oír lo que tienen que oír. Pero es preferible tener un hijo enfadado, que un hijo equivocado gravemente.

Tormentas de ideas. Cuantas veces para tomar una decisión importante, tenemos que recurrir al mismo procedimiento de tormentas de ideas, que emplean los profesionales en los negocios. Después de ir anotando en un papel, todas las ideas relacionadas con el tema en cuestión, tendremos la posibilidad de elegir la mejor o las mejores. En esta tormenta de ideas, van saliendo algunas, concatenadas con otras que se acaban de poner en la lista. Si esta lista se hace entre varias personas, bien entrenadas a estrujarse el cerebro en pos de una idea, el resultado es magnifico, pues al final se presenta un abanico de ideas, con todas las variante para poder escoger la o las más adecuada.

¿Se imaginan actualmente a una persona sola, pasando varias horas en una habitación a oscuras y en total silencio, pensando en cómo poder resolver un problema, o una especifica situación personal o familiar, actual o futura y que sea algo trascendente e importante? Esa persona tendría que tener una formidable educación y un gran dominio de si misma. Con plena seguridad, las decisiones que tomará posteriormente, serán un acierto. Cualquier toma de decisión importante, puede ser de resultados irreversibles, por eso hay que tener muy en cuenta, la responsabilidad de estudiar bien el asunto a decidir.

Los padres tienen la obligación de enseñar a sus hijos, a que cuando vayan a tomar decisiones importantes, deben pensar con lógica y estar preparados para los resultados lógicos, consecuentes, previsibles, naturales, justificados y legítimos. La gula, la avaricia, la lujuria, la envidia, la soberbia, la pereza y la ira descontroladas, influyen o dominan en muchas ocasiones las decisiones, siempre en perjuicio propio y de los demás.

Algunas decisiones importantes y que puedan trascender a otros, deben ser tomadas evitando que exista el “choque de ignorancias” tan normal, en algunas discusiones o planteamientos. Bastantes problemas están  produciendo las decisiones tomadas en función del “choque de civilizaciones”, que la mayoría de las veces se produce por el “analfabetismo religioso, político, familiar o social”. Estas decisiones, tan mal tomadas, suelen ser producto de la ignorancia y de la falta de educación, pues muchas personas, se permiten el lujo de opinar vehemente, de cosas que jamás han oído hablar o tienen un conocimiento superficial.

Es la decisión de cada familia, a qué dedicar las “horas estrella” que son las mejores de la convivencia familiar, cuando hay un buen ambiente de relax, a la vuelta del trabajo o del colegio, los fines de semana, cuando salen de paseo, al restaurante, etc. Algunas familias, sustituyen ese formidable tiempo, propicio el dialogo familiar, donde los padres tienen que compartir sus ideas, transmitir sus vivencias y educar a los hijos, por lo que pueda decir o hacer las pantallas electrónicas, que cada uno de los componentes tiene delante, bien sea distrayéndose, jugando, estudiando o trabajando.  Aparece aquí la conocida dialéctica, del tiempo dedicado a la educación familiar, entre cantidad y calidad. La variable que mejor predice el éxito escolar y profesional, es el número de libros leídos, no almacenados, en el hogar familiar. No el número, tamaño y características técnicas de las pantallas electrónicas familiares.

Aparece aquí la conocida dialéctica entre cantidad y calidad del tiempo disponible, en las “horas estrella” familiares. Es cuando las relaciones interpersonales familiares empobrecen, y aparecen unas enormes relaciones ficticias impersonales, la conexión superficial con millares de amigos virtuales, muchos de ellos con personalidades falsas.

Es cierto que la conexión permanente y la interactividad que ofrecen las pantallas electrónicas, tienen notables ventajas para el trabajo, el ocio y la vida social en general, pero siempre realizadas con buen criterio. Muchas personas no se cansan de bailar, aunque sea sin música, porque los músicos han dejado de tocar. Estas son las consecuencias de algunas decisiones, que continúan los resultados a lo largo del tiempo, incluso cuando ya parece que se han calmado las cosas.

Después llegan las consecuencias de la falta de educación, dialogo y conocimiento entre las personas. La mayoría de las veces, cuando surgen los problemas, se dan cuenta que la decisión de elegir ese modelo de convivencia familiar, no fue la adecuada. Ahora es muy normal ver en los restaurantes, a una familia que ha salido a almorzar o cenar, cada uno delante de su computadora, incluso con los auriculares puestos, mientras esperan que el camarero les traiga la comida e incluso mientras comen. Luego los padres, pretenden que sus hijos se comporten como bien educados, cuando en realidad, se han educado a través de las pantallas electrónicas.

Es cuestión de pura lógica, pensar en las consecuencias que pueden tener las decisiones que se vayan a tomar o las ya tomadas. El sentido común, que es el menos común de todos los sentidos, nos indicará previsiblemente, cuáles serán las consecuencias de nuestros actos.  Las decisiones, no pueden estar supeditadas a las propuestas, con las que nos bombardea la sociedad actual, por ejemplo la invitación a vivir siempre placenteramente, donde la concepción de vivir, sea sinónimo de disfrutar. Es necesario superar el “síndrome lúdico” de algunas propuestas de vida, que no contemplan las consecuencias de las decisiones, con conocimiento y capacidad para enfrentarlas y decidir con libertad y seguridad. El espíritu de sacrificio y la disciplina, están desapareciendo del lenguaje familiar, sustituyéndolo por la falta de exigencia y esfuerzo.

Algunos padres, consciente o inconscientemente, toman la decisión de tratar a sus hijos pequeños con violencia verbal. Creen que gritándoles, los van a educar mejor, con más disciplina y con temor, a lo que los padres les digan que hagan o no hagan. Estas decisiones suelen ser tomadas, por contagio de uno de los cónyuges o por una tradición familiar, de violencia verbal o física. Pero no suelen tener en cuenta, las nefastas consecuencias que suele conllevar esta actitud, pues los hijos se acostumbran a los continuos gritos, y a pocos o ningún razonamiento de lo ordenado o llamado la atención. Ponen en una balanza las consecuencias de no hacer lo que les mandan, contra una serie de gritos o malas palabras. Saben que después de las descargas, ya no hay espacio para más adrenalina paternal y llegará la calma. Las órdenes y las ideas deben ser: Cortas, concretas, claras y siempre hechas con suavidad y firmeza.

También hay padres que son todo azúcar en las relaciones con sus hijos, hagan lo que hagan, besándoles, acariciándoles y mimándoles continuamente, principalmente cuando hay público que les está mirando. Esta actitud blandengue, suele reflejar una carencia de cariño recibido en la niñez o juventud, también supone  un desequilibrio mental, bipolaridad o autocomplacencia. Los hijos perciben el mensaje de que hagan lo que hagan, sus padres les cubrirán de besos y no les llamarán la atención para que no se frustren, lo que originará unos hijos inseguros, consentidos y mal educados.

La virtud de educar bien, está en el centro de las actitudes, para eso los padres tienen que estar, muy bien equilibrados, sabiendo que las decisiones que tomen, siempre tendrán consecuencias, que los hijos podrán controlar si educan bien.

Está muy bien tener una Estatua de la Libertad, pero deberíamos tener otra, tan grande o más y llamarla Estatua de la Responsabilidad. Porque tenemos la libertad, a la hora de tomar decisiones, y también tenemos la responsabilidad de sus consecuencias.

La vida es como un viaje, en el que cada uno es capitán de su propio barco y las maniobras, tienen un efecto real en la vida propia y en la de la familia. Las decisiones son opciones, que influyen en el presente y en el futuro, formando parte de un todo continuo, ininterrumpido y lleno de significado, que puede transcender hacia lo cómodo o hacia lo exigente.

Los egoístas basan sus decisiones, sin importarles las consecuencias, solamente se fijan en ellos mismos: Qué me gusta, qué me funciona, qué me descansa, qué me rinde más, qué satisface mi gusto personal, qué beneficio inmediato me proporciona, qué me crea problemas, etc. No quieren reflexionar en las consecuencias que tendrá para el prójimo, las decisiones tomadas o por tomar.

Las decisiones con la familia política o de sangre, relacionadas con la petición de favores, tienen que tener la lógica de la reciprocidad. No se pueden manipular, solamente cuando se quiere obtener una ventaja. No es lógico y es muy egoísta, ser tratado con todo cariño por la familia propia o política y después ignorarla y no corresponder a ese buen trato. Usar la familia como si fuera un “Kleenes” para utilizarla cuando se quiere, saber que está allí, a la orden, para lo que se quiera y después, sin ninguna lógica, ignorarla o despreciarla hasta la próxima vez que se necesite.

Las decisiones tienen que ser siempre bien pensadas, nadie puede acostumbrarse a decir siempre si, o siempre no, pues esto suele conllevar, una falta de conocimiento, inmadurez e irresponsabilidad sobre lo que se está decidiendo. Tampoco es solución tomar las decisiones echando a “cara o cruz”.

Hay quienes tienen unas personalidades muy débiles, tímidas, inseguras y vacilantes, y no quieren decidir ni arriesgar nada, pues se les hace insoportable, la posible responsabilidad de la decisión y de las consecuencias. Prefieren vivir con la esperanza de que sus padres, un consejero o una fórmula externa, socialmente aceptada como buena, les liberen o retrasen de cualquier decisión personal que tengan que tomar. No se puede ser excesivamente razonador y ahogarse en las reflexiones. Por su inseguridad y temor al riesgo, nunca “agarran al toro por los cuernos”, ya que acusan un sorprendente miedo a la realidad.

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