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Archivos para 31 octubre 2012

La virtud de la prudencia explicada a los hijos

ESCUELA PARA PADRES

La virtud de la prudencia explicada a los hijos.

  • 10 Ocasiones para practicar la virtud de la prudencia
  • 10 Actitudes que saben hacer las personas prudentes
  • 24 Sentencias sobre la práctica de la prudencia

1,626 Palabras. Tiempo de lectura 6:00

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La prudencia, una de las cuatro virtudes cardinales, (Las otras son: Justicia, Fortaleza y Templanza) consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o es malo, para así poder actuar con sensatez y eficacia, siguiendo o huyendo de ello. Es la virtud que dispone a la razón para que comprenda y practique en toda circunstancia el verdadero bien y así sepa elegir los medios rectos para realizarlo.

La prudencia es: Sensatez, cautela, moderación, buen juicio, cordura, reflexión, sabiduría, madurez, discernimiento, seriedad, formalidad, discreción, mesura, ponderación, compostura, templanza, parquedad, contención, freno, tacto, cautela, precaución, cuidado, equilibrio, aplomo, ecuanimidad, entereza, serenidad, tranquilidad, etc.

La prudencia fomentando la paciencia y la tolerancia, facilita la precaución y evita los actos inconscientes, irreflexivos, impetuosos, irreversibles e innecesarios de una valentía mal interpretada.

La imprudencia es: Grosería, descaro, insolencia, indiscreción, insensatez, ligereza, frivolidad, descuido, irreflexión, temeridad, osadía, etc.

10 Ocasiones para practicar la virtud de la prudencia:

1.      Cuando a los hijos desde muy pequeños se les enseña con el ejemplo y naturalidad la virtud de la prudencia, y a distinguir a medida que van madurando, lo que es prudente e imprudente y las consecuencias que conlleva el no tenerlo en cuenta.

2.      Cuando actuamos prudentemente en temas materiales o espirituales con la familia, los amigos o la sociedad.

3.      Cuando damos un buen ejemplo a los hijos de nuestra prudencia en la forma de vida familiar, profesional y social.

4.      Cuando es necesario dar consejo y calificar a las personas que han actuado, actúan o van a actuar mal, consigo mismo, con la familia, los amigos o la sociedad.

5.      Cuando pensamos bien, con conocimiento y tranquilidad, ente situaciones difíciles, para evitar problemas en circunstancias previstas o imprevistas.

6.      Cuando por prudencia evitamos rompimientos, riñas, peleas, guerras o rencores entre la familia, amigos o sociedad.

7.      Cuando sabemos callar para evitar a otros causarles un mal o un dolor profundo por no haber guardado o suprimido el rencor.

8.      Cuando se demuestra la capacidad de elegir el mejor camino y emprenderlo, haciendo a un lado aquellas trayectorias que implican un mal o un daño.

9.      Cuando se intenta aprender y practicar la virtud de la prudencia en todas las oportunidades posibles, dentro de la familia, de la escuela y en la sociedad.

10.   Cuando se piensa bien antes de emprender una acción, cuales son los medios que se tienen para realizarla del mejor modo para que tenga éxito.

La prudencia guía el juicio y las actuaciones de la conciencia, para poder aplicar sin errores, la conducta de las personas y sus principios morales. Es muy importante superar las dudas sobre el bien que se debe hacer y el mal que se debe evitar, eligiendo prudentemente y con gran discernimiento los medios justos para actuar. Lo bueno, lo malo, lo verdadero y lo falso, no son productos de opiniones democráticamente acordadas por muchas decisiones políticas que los amparen.

La prudencia es como una luz para nuestro entendimiento, puesto que nos ayuda a fijar nuestros objetivos y a elegir los medios adecuados para conseguirlos. Nos permite pensar a la hora de fijar nuestros objetivos, al elegir los medios adecuados para lograrlos, al valorar los acontecimientos, al evaluar o calificar a las personas, al examinar los triunfos, los fracasos y los problemas, al calificar y no despreciar los consejos, al intentar distinguir serenamente lo mejor y la parte positiva de las personas, cosas y situaciones que nos rodeen.

La prudencia no es exclusivamente yo, mi, me, conmigo y la ley del mínimo esfuerzo, junto a la libertad sin responsabilidad. Es el tú y los demás, aunque conlleve en algunos casos una ética dolorosa, a la hora de pensar, razonar y discernir los asuntos cotidianos.

La prudencia no es cobardía, la mayoría de las veces es un signo de inteligencia que a algunos les puede parecer demasiada exigencia de análisis ante las situaciones. La persona prudente y bien formada no tiene que aparentar ante otros el ser vergonzoso, apocado, desidioso, dejado, tímido, temeroso, indeciso o pusilánime, tiene que ser él mismo y obrar en consecuencia.

Los padres deben inculcar a sus hijos, desde el principio de sus vidas, la virtud de la prudencia. En primer lugar deben hacerlo con el ejemplo en su forma de hablar y actuar, explicándoles lo que es la prudencia con hechos concretos y que estén al alcance de su entendimiento, según vayan creciendo para que se les vaya marcando su personalidad. El equilibrio en la práctica de la virtud de la prudencia debe estar entre el mejor deseo de educar a los hijos y el no privarles de las oportunidades de crecimiento. Intentando siempre el estar muy bien formado e informado en cada caso sobre lo que es prudente y lo que es imprudente.

Los padres pueden utilizar situaciones familiares, los hechos que les rodean y las que propagan los medios de comunicación, para hacerles entender los que se han realizado con prudencia o imprudencia, así como las consecuencias, buenas o malas obtenidas, principalmente cuando se quieren dejar arrastrar imprudentemente por las malas enseñanzas con las que las sociedades permisivas les intentan convencer.

Los padres tienen que ser muy prudentes en el cumplimiento de sus obligaciones irrenunciables, indiscutibles, innegociables e intransferibles de educar bien a sus hijos en la práctica de las virtudes y valores humanos, entre ellos el de la prudencia. La práctica continua de esta virtud les ayudará a reflexionar y a medir con firmeza y valentía los riesgos de las decisiones que tienen que tomar, los hijos y los padres.

10 Actitudes que saben hacer las personas prudentes:

1.      Comer con buenas formas y sin glotonería.

2.      Desconfiar de las “maravillosas oportunidades” que ofrecen fáciles ganancias. No hay atajo sin trabajo.

3.      Evitar los lugares peligrosos y a los amigos tóxicos.

4.      Gastar en lo necesario sin hacer ostentaciones.

5.      Informarse lo mejor posible y pensar mucho, antes de tomar una decisión trascendental.

6.      No hacer ostentación de los bienes, sean propio o ajenos.

7.      Obedecer las leyes para evitar los castigos y hacer más agradable la convivencia con los demás.

8.      Pedir consejo a los que tienen conocimientos y experiencia.

9.      Ser comedidos en el hablar y al escuchar.

10.   Vestirse con moderación.

La prudencia con sensatez disminuye las posibilidades de tener miedo a lo oculto o imprevisto, pero no elimina las actitudes razonables de reto y riesgo. Aumenta los motivos para tener precaución, al recomendar tomar acciones basadas en nuestras propias capacidades y posibilidades.

La prudencia sirve para calificar y en su caso corregir fraternalmente con moderación, sensatez y discreción los errores del prójimo, para dar consejos a los familiares y amigos y para facilitar solamente la información que sea menester, sin indiscreciones o abusos.

24 Sentencias sobre la práctica de la prudencia:

1.      El hombre prudente pasa por alto la ofensa, el necio muestra en seguida su enojo.

2.      El hombre que alcanza la prudencia vale su peso en oro.

3.      El número de locos es tan grande, que la prudencia obliga a tener que aceptarlos.

4.      Es preferible una silenciosa prudencia a una tonta locuacidad.

5.      Gran parte de la prudencia consiste en preguntar. El que pregunta no suele equivocarse.

6.      La persona prudente mira bien lo que promete.

7.      La prudencia acompaña a la vejez, la temeridad a la juventud

8.      La prudencia acompaña al hombre sabio y lo hace sentirse satisfecho de los frutos de sus decisiones y de sus actos.

9.      La prudencia como los bienes están sujetos a la voluntad propia y a la suerte.

10.   La prudencia es la fuerza de los débiles.

11.   La prudencia es uno de los pilares en el que se asientan muchas virtudes.

12.   La prudencia evita poner todos los huevos en el mismo cesto.

13.   La prudencia guarda en seguridad la vida y puede hacerla dichosa.

14.   La prudencia hace aprender de los fracasos para no tropezar dos veces en la misma piedra.

15.   La prudencia no produce canas, las evita.

16.   La prudencia no se produce ni se comunica por la blancura de los cabellos, aunque sí madura con la experiencia.

17.   La prudencia si no se practica frecuentemente, suele faltar cuando más se la necesita.

18.   La prudencia y la moderación pueden y hacen corregir muchas cosas.

19.   Los prudentes disimulan los insultos, los imprudentes se enfurecen.

20.   Mezcla a tu prudencia un gramo de locura y tendrás la actitud correcta.

21.   Prudencia es saber distinguir las cosas deseables de las que conviene evitar.

22.   Prudente padre es quien conoce a su hijo.

23.   Ser prudente y paciente, lleva mucho tiempo para acostumbrarse.

24.   Una mente imprudente y desocupada es tierra abonada para meterse en problemas.

La prudencia es indispensable a la hora de analizar con tranquilidad y serenidad todas las esquinas y entresijos de los negocios actuales y los que nos propongan. La imprudencia en los negocios suele ser una temeridad u osadía, y el camino irreversible hacia la quiebra o al fracaso.

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La solidaridad de los padres, educa a los hijos.

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La solidaridad de los padres, educa a los hijos.  

  • 25 Consejos para ser solidario 

2,263 Palabras. Tiempo de lectura 8:00  

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La solidaridad es la adhesión a la causa, opinión, situación u objetivos de otros, e incumbe tanto al que da, como al que recibe, aunque sin perder de vista, lo que los receptores puedan y deban aportar para compensar.

La solidaridad también es apoyo, respaldo, unión, ayuda, protección, participación, favor, aval, defensa, adhesión, apego, fidelidad, caridad, generosidad, filantropía, lealtad, camaradería, fraternidad, etc.  Lo contrario de solidaridad, es el individualismo, la indiferencia y el egoísmo. 

La solidaridad trabaja en paralelo con el amor, la caridad, la generosidad, el altruismo, el voluntariado, la sensibilidad, el respeto, la justicia, la autoexigencia, la empatía. etc. La solidaridad no es solamente caridad, es principalmente sentir empatía y demostrarla por las causas justas. Tanto bien puede hacer una caridad en dinero, como una conferencia sobre la solidaridad por alguna causa, que arrastre a otros a ayudar. Esa conferencia, artículo, libro, mensaje, conversación o postura civil, puede mover a muchas más personas, en la dirección adecuada, que un simple donativo para la causa, aunque menos es nada. Una cosa es la caridad y otra cosa son los actos solidarios hechos de forma inteligente, proactiva, comprometida y coherente.

Una limosna puede no ser solidaria, puede ser un “acallar la conciencia” o “para quitarse un problema de encima”. La solidaridad va mucho mas lejos, pues está íntimamente relacionada con la identificación del problema o de la idea que se persigue. 

La solidaridad no es solamente, cuando se aplica en casos de crisis puntuales, continuas o en determinados momentos, difíciles y extraordinarios. Es una actitud que debe mantenerse con hechos reales, para ayudar a que determinadas causas buenas, se consoliden y crezcan. La solidaridad es un proceso, que se va aprendiendo poco a poco, desde la infancia, para ejercerla con todos los que la necesitan, incluso aunque no la pidan.

Si la solidaridad esta bien asentada, como una de las principales virtudes y valores humanos, será mucho más fácil realizarla, siempre o en los momentos necesarios. Ese deseo y obligación de ayudar a los demás, no desaparecerá en el momento que se terminen o se nos olvide, voluntaria o involuntariamente, la crisis o la situación por la que en esa ocasión, nos hemos hecho solidarios. Es el apoyo inteligente, que se tiene que dar en cualquier ámbito de la vida, a los que lo necesitan, pero no solamente con el sentido de ayuda y limosna caritativa, ya que debe hacerse sin esperar recompensas, reconocimientos o pagos por lo realizado. 

La solidaridad empieza con el prójimo más cercano, que es el necesitado “más próximo”. Hay muchas personas, organizaciones y buenas causas a nuestro alrededor, que tienen graves necesidades, al encontrase en situaciones difíciles económicas, laborales, familiares, muchas veces ajenas a su buen  hacer.

La solidaridad no es solamente, un sentimiento circunstancial y voluble. Es una actitud frente a la vida, realizada de forma constante, razonable y desprendida, en beneficio del prójimo, la cual siempre repercute favorablemente en quien la ejerce.

Hay muchas formas de expresar la solidaridad con la familia, los amigos y la sociedad en general. Sobre todo en los momentos que la sociedad, las personas en particular, grupos excluidos, marginados o indefensos, tienen más dificultades económicas, sanitarias, religiosas, etc.

25 Consejos para ser solidario:

1.      Acostumbrarse a trabajar desinteresada, voluntaria, gratuita y perseverantemente, a favor del prójimo, sintiéndose parte activa de las buenas causas.

2.      Actuar con mucha generosidad, incluso con las cosas propias más apetecibles, no dudando en ofrecer, de lo que tenemos, no de lo que nos sobre, las 3 T’s (Tiempo, Talento y Tesoro). Procurando hacerlo en grupo, para aumentar la eficacia.

3.      Aprender a anteponer al propio bienestar, los sacrificios solidarios que haya que hacer, por el bien común.

4.      Comprender que si nuestro entorno está bien, nosotros también lo estaremos.

5.      Conservar el espíritu abierto a todas las personas que tengan necesidades, sin importar su raza, política o religión.

6.      Convertirse en los denominados “solidarios sin fronteras” compatibilizando la solidaridad, con el tiempo libre y el ocio, en beneficio de las personas o causas, que necesitan su tiempo, su tesoro o su talento. A muchas personas, principalmente a los jóvenes, pueden disfrutar de una nueva experiencia, viviendo en otro entorno o solidarizándose con otras causas, pueden reorientar su futura vida familiar, profesional y social.

7.      Dar ejemplo de solidaridad durante todo el año, no solamente en ocasiones determinadas.

8.      Demostrar mucha sensibilidad humana, ante la presencia de los problemas de los demás.

9.      Disponer de mucha valentía y coraje, para comenzar y continuar conscientemente, con la solidaridad a pesar de los problemas, dificultades e incomprensiones, que salgan en el camino.

10.   Educarse en saber comunicar a los demás, las ventajas de la virtud y valor humano de la solidaridad, para que los necesitados de ella, no se encuentren solos.

11.   Empezar la solidaridad con la familia, la cual es mucho más que una unidad legal, social o económica. Es una comunidad de amor, solidaridad y convivencia, para trasmitir e instalar en las mentes, las virtudes y valores humanos, culturales, éticos, sociales, espirituales y religiosos. Es la primera red de solidaridad, e incluso egoístamente, es la mejor y más segura cuenta de ahorro, donde guardar el dinero y las buenas acciones, por si tienen que servir, para prevenir y sobrepasar las futuras dificultades y crisis económicas.

12.   Enseñar a los hijos, para que sepan que no están solos en la sociedad, y que hay otras personas en la sociedad menos afortunadas. Hoy por ti y mañana por mí.

13.   Escuchar con atención, dedicación, afecto y simpatía, las propuestas de interés general y bien común para la familia, los amigos o la sociedad.

14.   Evitar el individualismo, la indiferencia y el egoísmo, ante los problemas o inquietudes justificadas de los demás.

15.   Incrustar en la familia la educación del concepto de “Todos para uno, y uno para todos”, sin excepciones en los temas del dinero, del mutuo esfuerzo y del amor, solidarizándose con generosidad, principalmente ante las situaciones familiares.

16.   Luchar por conseguir instaurar en la cultura, la ética de la solidaridad, principalmente en los jóvenes, para que vaya fortaleciéndose en ellos, a medida que vayan creciendo.

17.   Mantener pase lo que pase, la perseverancia solidaria sin decaimiento, sabiendo que los demás, necesitan que hagamos el máximo esfuerzo posible, para ayudarles.

18.   No desanimarse por el sacrificio que supongan la incomprensión, rechazo, apatía, ingratitud o desprecio, por causa de los que no aprueban esta virtud o por las abstenciones, en la participación.

19.   No sentirse indiferentes a las buenas causas familiares o sociales.

20.   Practicar el trabajo en equipo, cuando sea necesario, para aumentar los resultados de la solidaridad, a poder ser en unión y cooperación con las ONG’s.

21.   Respetar, reconocer, comprender, apoyar y acoger, a los que necesitan nuestra solidaridad con discernimiento y empatía, poniéndose en lugar de los otros.

22.   Ser solidario sin egoísmo ni arrogancia, para que las personas u organizaciones, alcancen a obtener un mejor nivel de vida familiar, social, económica y religiosa.

23.   Tener muy claras las prioridades y primeramente, tener una gran solidaridad con las personas. Después tener la cabeza muy fría, aunque se tenga el corazón caliente, para analizar y actuar sin pasión, según los resultados del estudio de las prioridades. Está muy bien tener solidaridad con la vida de los animales, ballenas, focas, gallinas y con la madre tierra, pero primero son las personas.

24.   Trabajar en grupo y cumplir lo mejor posible, los compromisos adquiridos con uno mismo o con el prójimo.

25.   Usar la inteligencia y desarrollar los cinco sentidos, para comprender lo que necesitan los demás, incluso antes de que nos lo pidan.

La solidaridad se promueve en los hijos, con el ejemplo de los padres y con su enseñanza cotidiana, para que aprendan a ponerla en práctica. Educar hijos solidarios, es educar hijos inteligentes. Los padres preocupados por enseñar la virtud de la solidaridad, que inculcan a sus hijos el valor de tolerancia, esforzándose a que aprendan a discutir y negociar, de forma positiva sus conflictos, por muy pequeños que sean, están enseñando a sus hijos, a contemplar el mundo desde una perspectiva de justicia, igualdad y respeto. También los hijos tienen que aprender, por si solo, a practicar la solidaridad a través de sus experiencias personales o colectivas, incluso con los formidables libros que hay sobre el tema. 

La solidaridad no es un sentimiento privado, sino que implica justicia, verdad, coherencia y testimonio. Conlleva la valentía de demostrarla ante los demás, poniendo nuestra inteligencia y medios, a disposición de los necesitados de ella. No podemos desentendernos de los problemas, ni inquietudes de los demás, mirando para otro sitio o mirándonos egoístamente a nosotros mismos. Uno solo, puede hacer algo por los demás, pero si a ese esfuerzo solidario, se le añade con el ejemplo otros, poco a poco se va incrementando y multiplicando el poder solidario, ante una causa. “Las manos poderosas, deben ser manos generosas”

La solidaridad no puede confundirse, con la ayuda a la pobreza extrema, pues va mucho más allá de los bienes físicos. También hay que ser solidario con las ideas, situaciones y objetivos. También se desarrolla al intentar solucionar las carencias espirituales de los demás, expresada en la sociabilidad al cooperar y sentirse unido a los demás.

La solidaridad es un acto de la inteligencia, de la voluntad y del conocimiento. Cuando ésta se produce, es debido a que previamente se ha utilizado unas operaciones mentales y sentimentales muy específicas: La observación, la identificación, las posibilidades, las alternativas,  la comparación, la diferenciación, las prioridades, las estrategias, etc. Lo que produce el fomento del criterio, la reflexión y el aprendizaje de la toma de decisiones. La persona solidaria es una persona que tiene sentimientos positivos.

La solidaridad hay que aprender a practicarla, primero en cosas sencillas, hasta que se llega a disfrutar de la sensación de plenitud y satisfacción, que resulta de ayudar a otros, aun asumiendo los problemas y dificultades, que conlleve hacerlo. Los hijos, en función de su edad física y mental, tienen que aprender a disfrutar pensando en los demás y en la forma de ejercer la solidaridad.

Una persona solidaria, es una persona básicamente generosa en actitudes, pensamientos, ideas, etc. El egoísmo personal, es incompatible con la solidaridad. Es incongruente realizar actos solidarios puntuales, pero sin ser solidario.

La solidaridad empieza con la familia, sintiendo y demostrándose ayuda, compromiso y respeto entre todos los miembros. Ofreciendo el tiempo, circunstancias, talentos y lo que cada uno pueda compartir.  Empezando por los padres entre si y continuando con los hermanos y demás familiares. Si se consigue introducir la solidaridad en la familia, será mucho más fácil, practicarla en el exterior. 

Para cambiar la vida, ordenarla, sentirse útiles y valorados por los demás, no haya nada que de mejores y mayores frutos, que ejercer  la solidaridad en trabajos voluntarios, a favor de alguna buena causa. Incluso cuando se ejercita la empatía, acompañando a otros para ayudarles, o simplemente, aliviándoles el dolor al darles consuelo.

La solidaridad con el prójimo, es la primera y más valiosa acción, que hay que desarrollar diariamente en la familia y en la sociedad, sabiendo que al final, la persona solidaria, es la más beneficiada, incluso al sentirse ha gusto consigo mismo, principalmente si no se cierra en círculos elitistas, o burbujas que le aíslen de su entorno, y sobre todo si aprecia la recompensa satisfactoria, de la estabilidad emocional propia, al hacer el bien, sin esperar nada a cambio. 

La empatía con el prójimo, es la mejor herramienta para sensibilizarnos y actuar solidariamente con ayudas materiales, consejos o apoyo emocional, aunque no nos lo hayan solicitado o no hayamos buscado las necesidades.

La solidaridad es una actitud personal o colectiva y una forma de conducta, cuando se materializa en acciones hacia los demás, principalmente cuando más lo necesitan y tomándolas, como si fueran propias, incluso sacrificando nuestras propias apetencias.

Los padres tienen la obligación, de ser solidarios con los maestros,  educando dentro de la familia, para que cuando los hijos lleguen a la escuela, tengan muy asentadas las virtudes y valores humanos, que les ayudarán a estudiar más y mejor. Las asociaciones de padres, con la aportación de sus tiempos, talentos y dinero, son las que pueden ayudar a lograr los objetivos escolares propuestos y a suplir, las carencias materiales y humanas, dentro del ámbito escolar completo.

La solidaridad es la determinación, de una obligación moral de todos para todos, para procurar el bienestar de los demás, ayudándoles fraternal y desinteresadamente, por el simple hecho de ser personas, como si fueran otro yo. Todos somos responsables de todos. De la misma forma, que también tenemos todos el derecho a recibirla, en casos de necesidades importantes. La persona solidaria, reconoce la importancia de formar parte de una comunidad. Las cosas que nos interesa que cambien, no lo hacen por si solas.

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Nomofobia y Mobilfilia nuevas adicciones al teléfono y su influencias en la familia y en la sociedad.

ESCUELA PARA PADRES

Nomofobia y Mobilfilia nuevas adicciones al teléfono y su influencias en la familia y en la sociedad.

  • 2 Grandes grupos de profesionales, los que pueden y quieren desconectarse y los que obligatoriamente tiene que estar conectados
  • 9 Situaciones en las que la enfermedad de la Nomofobia se acrecienta
  • Regla 3–6–9–12, sobre las edades adecuadas para el uso de cada una de las nuevas tecnologías
  • 6 Normas sobre la participación de los padres en el control de la Nomofobia y Mobilfilia de sus hijos

3,523 Palabras. Tiempo de lectura 13:00 

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La Nomofobia es el miedo acervado, angustia irracional, pánico o sufrimiento desmedido a no estar conectado al teléfono o al Internet para poder interactuar. Proviene del inglés al unir: No, bile, Fhobia. Con la Nomofobia no se nace, sino que se hace. No se adquiere en la primera infancia, sino que se va adquiriendo a través de los años, adueñándose después, principalmente de los adolescentes y jóvenes.

La Mobilfilia es la excesiva afición o simpatía al teléfono convertida en una adicción obsesiva compulsiva a estar mirando continuamente al teléfono o al Internet por si se tiene alguna llamada o mensaje.

La Nomofobia y la Mobilfilia están íntimamente ligadas entre si. Son palabras nuevas aceptadas en la educación y en los tratamientos médicos. Es la ciber-depencia, una de las varias enfermedades que han acompañado al desarrollo del Internet y la telefonía.

Si por su trabajo tiene la obligación de estar siempre conectado al teléfono para responder inmediatamente los mensajes, no siga leyendo el artículo. No es para Vd., aunque le podría servir para explicárselo a sus hijos.

El miedo a no estar conectado con el teléfono, se hace extensivo a no poderse conectarse con la computadora y las otras pantallas digitales, a no poderse imaginar salir a la calle sin teléfono, lo que produce la obsesión de estar pendiente constantemente, mirando el teléfono muy frecuentemente por si ha entrado alguna llamada o mensaje.

El gesto de mirar continuamente el teléfono, se convierte en una voluntaria o involuntaria, acción compulsiva obsesiva o tic nervioso, que altera a las otras personas presentes. Además supone una inversión media de cuatro horas diarias por motivos ajenos al trabajo, más las que tenga que hacer obligatoriamente por el trabajo. Ese tic interrumpe cualquier conversación y no respeta ni el sitio ni las circunstancias del momento. El Nomofóbico no puede estar quieto sin mirar su teléfono continuamente. Pierde el respeto por la atención que se merecen las otras personas.

¿Se imaginan que si en una conversación importante, uno de los interlocutores está con síntomas de ansiedad debido a que es Nomofóbico y no puede esperar a ver en su teléfono o computadora las llamadas o mensajes recibidos? Es frustrante para las otras personas, si se dan cuenta del nerviosismo producido por esa dependencia nomofóbica, que le impide centrarse en lo que está haciendo, diciendo o escuchando. Ese miedo puede crear una angustia que lo aleje del mundo real y tenga que seguir enganchado a sus maniáticos tics.

Esta fobia o filia están fuertemente vinculada a la adicción o ansiedad permanente a estar siempre conectados a la tecnología, lo que genera la necesidad de revisar constantemente cada mensaje, alerta o sonido que genera el teléfono o la computadora. Estas adicciones generalmente son más fuertes cuando se trata de asuntos personales que cuando son de trabajo. Algunos creen que es para no quedarse atrás en la modernidad y lo único que consiguen es deshumanizar la humanidad.      

Antes era la obsesión de estar horas y horas delante de la computadora o de otras pantallas electrónicas. Pero esto ocurría a los jóvenes principalmente en la computadora de la casa para ver la entrada de sus correos o mensajes. A ese tic nervioso de mirar en la computadora continuamente, ahora hay que añadirle otro tic nervioso de mirar continuamente al teléfono, esté donde esté, ya que las computadoras suelen estar enlazadas con los teléfonos modernos.

Este artículo está escrito bajo la premisa de que los teléfonos, el Internet, las redes sociales, los correos electrónicos, los mensajes de texto, las pantallas electrónicas, etc., son grandes herramientas imprescindibles para el desarrollo del ser humano. Pero cuando se abusa de su consumo, como es el caso actual de gran número de personas, puede llegar a ser un veneno para la persona, la familia y la sociedad, y casi siempre una gran falta de educación. En muchas empresas y en determinados grupos sociales, existe lo que se llama la etiqueta de la comunicación que regula, en beneficio de todos, lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer con el manejo de los teléfonos y las pantallas electrónicas.

Tenemos que aprovechar las maravillosas ventajas de la tecnología actual, evitando que la tecnología nos maneje hasta obsesionarnos. Esto suele ocurrir con el uso desordenado de la mayoría de las pantallas electrónicas, unas dedicadas al ocio y entretenimiento y otras utilizadas para el trabajo.

El excesivo tiempo dedicado a estar pendiente del teléfono, muchas veces exclusivamente por diversión, impide que las personas, principalmente los jóvenes y los niños se acostumbren a pensar, ya que la tecnología piensa por ellos. Después llegan los problemas cuando se integran en la vida laboral y todavía no han desarrollado las capacidades de comunicación presencial, las del trabajo en equipo, el análisis de las actitudes corporales, saber buscar en la vida real, además de saber hacerlo en la tecnología virtual. Han aprendido a interactuar con las máquinas, pero no han aprendido a relacionarse con las personas de la vida real.

Los padres tienen que entender que es muy importante enseñar a los hijos a que sepan pensar por si solos y a que hagan el esfuerzo de pensar sin que todo se lo den hecho. Las computadoras están diseñadas para “pensar” por nosotros y facilitarnos los resultados inmediatamente y con muy poco esfuerzo.

            A la vista del grave problema familiar, escolar, profesional y social de la Nomofobia, algunos han tomado diferentes soluciones de autocontrol y desintoxicación. En unos casos son los propios nomobofóbicos, en otros los padres, maestros, o empleadores. Esta reacción positiva ha originado el volver a recuperar el placer de la desconexión periódica a las redes sociales y la información continua y agresiva que ofrece el Internet a los que no tienen control para administrarse. Es intentar volver a ser uno mismo.

            Para no padecer de Nomofobia, evitar las distracciones y de alguna manera “comprar tiempo”, se puede y debe bloquear durante determinados horarios o situaciones el acceso a Internet o a determinadas redes sociales como Facebook o Twitter. Es una solución que pasa por el dominio de la personalidad y de la fortaleza mental con la que se haya educado. Da mucha pena ver la excesiva utilización del teléfono para algunos incluso las 24 horas al día. Se acuestan y se levantan pensando lo primero en los mensajes que han recibido a en los que tienen que enviar.

            “Solos juntos” Frase acuñada para expresar la situación de muchos Nomofóbicos que se pasan el día solos frente a su teléfono, creyendo que están junto a los que les mandan los mensajes. 

2 Grandes grupos de profesionales, los que pueden y quieren desconectarse y los que obligatoriamente tiene que estar conectados:

A)     Los que tienen la potestad, el privilegio o se pueden dar el lujo, si es que quieren, de poderse desconectar. Suelen estar representados por las clases acomodadas y los que perciben el problema a corto y largo plazo. También los que aun no siendo acomodados, quieren aprender a desconectarse y a dominar a esas tecnologías, antes que las tecnologías les dominen a ellos. Son los que saben guardar las distancias con el excesivo consumismo. Estar continuamente pendiente de las llamadas telefónicas o del internet, ya no es un signo de riqueza, en muchas ocasiones es un signo de falta de dominio personal y de sometimiento.

B)    Los que tienen la obligación de permanecer conectados y la responsabilidad ineludible de responder inmediatamente los correos electrónicos y los mensajes de texto o telefónicos. Estos son los “esclavos de la tecnología” que como sucede con el consumo excesivo de la TV y las pantallas electrónicas, ocurre principalmente en las clases populares que no pueden eludir la responsabilidad, real o ficticia, de responder inmediatamente. Poder desconectarse de las pantallas electrónicas, es un gran lujo para un gran sector de la población, principalmente el de los asalariados.

9 Situaciones en las que la enfermedad de la Nomofobia se acrecienta:

1.      Cuando el teléfono o la computadora suena, vibra o manda señales de que ha llegado un mensaje y no se puede mirar para ver quien llama.

2.      Cuando la ansiedad domina a la persona debido a que tarda en llegar un mensaje prometido o entra muy despacio, debido a su tamaño informático.

3.      Cuando le roban el teléfono o la computadora con toda la información guardada.

4.      Cuando lo han desconectado debido al crédito agotado, falta de pago por error o por una realidad.

5.      Cuando pierden el teléfono y en él estaban guardados todos los números telefónicos imprescindibles para la vida profesional o social, las direcciones de correo electrónico, el calendario de entrevistas acordadas, los datos económicos particulares, y un sinfín de datos archivados que ofrece la extraordinaria tecnología. Aunque con mucha paciencia y tiempo, algunos datos se pueden recuperar puesto que hay en día suelen quedar archivados en “la nube”.

6.      Cuando se dan cuenta que se les quedo olvidado en algún sitio y no lo pueden usar hasta que lo encuentren, si es que lo encuentran.

7.      Cuando se descarga la batería y no encuentra la manera de recargarla o sustituirla.

8.      Cuando se está fuera de cobertura de la red y no hay señal de conexión.

9.      Cuando un virus o ataque informático borra los datos archivados o impide el funcionamiento del teléfono o de la computadora.

La Nomofobia, enfermedad del siglo XXI es otra de las muchas razones para el sobrepeso de algunos segmentos de la población. Esa enfermedad del sobrepeso se ceba en quienes están todo el día pendientes de si suena o no el teléfono, no hacen ningún ejercicio para estar muy cerca del teléfono y poder contestar rápidamente, ya que si hacen ejercicio o tienen actividades que les ocupan las manos, no pueden contestarlo inmediatamente. Si oyen que suena y no pueden cogerlo la Nomofobia se les acrecienta más. Esto supone suprimir el ejercicio saludable y aumentar las horas de estar sentado.

Es cierto que profesionalmente todos quieren las respuestas inmediatamente después de hacer las preguntas. Nadie puede esperar a pensar en lo que va a responder, hay que responder “a bote pronto” por eso muchos tienen que estar pendientes de su teléfono portátil para responder, inmediatamente o en un plazo máximo de unos pocos minutos. En excepcionales situaciones pudiera estar justificada la Nomofobia por un corto periodo o ante una determinada situación.

Los que obligatoriamente tienen que estar pendientes de contestar a las llamadas con la máxima urgencia no les queda más remedio que aceptar esta situación de Nomofobia. Todos quieren las cosas, aquí y ahora. De la misma manera que los bomberos, policías, médicos de guardia, agentes bursátiles, etc. tienen que estar alertas a las llamadas y ser muy rápidos y profesionales en las respuestas.

Hay muchos jóvenes, que dentro y fuera del trabajo o de los estudios, se enganchan en lo que tienen más a la mano y en lo que les es más fácil. Lo moderno es tener miles de “amigos” en las redes sociales y estar esperando todo el día, con ese tic nervioso de mirar al teléfono, a que a alguno se le ocurra mandar un mensaje. Usan las redes sociales como plataforma técnica para socializar, midiendo su popularidad contestando a todo lo que les llega por la red. 

Las frases que más circulan son: “¿Cuántos miles de seguidores tiene?” “Sea Vd. el primero en responder”. “Conteste inmediatamente” “haga historia”,. Para muchas personas que están aislados en la vida real, esa es su única “ventana al exterior”. Solamente les queda la oportunidad de encontrar mucha gente con la que comunicarse a través de las redes sociales. Eso es empezar una carrera sin fin que no lleva a ningún sitio, es como una “trampa de rata de las que dan vueltas sin fin”. Pero para aislarse de sus problemas o para crearse nuevas emociones, siempre están deseando contestar a todo lo que circula por la red.

Las relaciones personales entre los jóvenes son cada vez más difíciles, debido a que hay demasiados Nomofóbicos. Tienen miles de “amigos virtuales” y muy pocos de carne y hueso.  Normalmente esas amistades virtuales suelen estar carentes de contenido con el que mutuamente se puedan enriquecer. Socialmente también se aíslan pues no se han acostumbrado a hablar con los otros compañeros reales, analizar sus lenguajes corporales, medir sus emociones, etc.

            Los Nomofóbicos, cuando trabajan en una empresa y tienen que hacerlo con equipos humanos, no con máquinas, tienen verdaderos problemas de adaptación, pues no saben trabajar en equipo, ni interactuar con personas. Si tiene que hablar con clientes, proveedores o compañeros de trabajo, no sacan lo mejor de si mismos, pues no están acostumbrados ni entrenados a hacerlo. Saben perfectamente interactuar con la comunicación virtual a través de los teléfonos y las diversas clases de pantallas electrónicas, pero no saben nada sobre las reacciones y sentimientos de la humanidad real.

            Nadie se debe quedar atrás, todos tienes que mirara continuamente hacia adelante, aprovechando las maravillas que la técnica pone al alcance de la mano. Hoy no se concibe a las personas que no saben o no quieren utilizar esos adelantos tecnológicos. Pero el exceso de uso de las pantallas electrónicas impide o disminuye la comunicación e interacción con otras personas. Además de que se acostumbran a buscar fácilmente y en pocos segundos, toda la información, necesaria e innecesaria en cuestión de unos cuantos “clics”. Ahora bien, cuando las personas tienen que buscar la información fuera de las pantallas electrónicas no saben ni donde está, ni si está, pues se han acostumbrado a que la máquina les ayude a encontrarlo todo.

            Hay muchos cursos y libros especializados para aprender a hablar por teléfono y la etiqueta que conlleva, incluso saber hacerlo en las comunicaciones electrónicas como e-mails, mensajes de texto, twittes, etc., aunque todavía son asignaturas pendientes en la mayoría de los jóvenes. Los padres tienen la obligación de enseñarlas, pero primero tienen que aprenderlas y ponerlas en práctica, antes de dar a sus hijos los teléfonos particulares.

En muchos países ya ha bajado hasta los 11 años la edad en la que los hijos empiezan a disponer de su propio teléfono. La mayoría de las veces nadie les enseña a utilizarlos con educación y cortesía. Mucho menos les alertan de los peligros que tiene su uso inadecuado. De esa falta de educación viene el sexting, el grooming, el bullying telefónico, etc. 

            El que sólo tiene un martillo piensa que todos los problemas son clavos. Los teléfonos y las computadoras sólo son unas herramientas imprescindibles en la vida actual, pero son sólo herramientas. Las pantallas electrónicas usadas con exceso, trastornan el aprendizaje y disminuye las experiencias físicas y emocionales de los grandes gestos, la visualización de los espacios, etc.

Para que los hijos no sean Nomofóbicos, los padres tienen que enseñarles desde pequeños, dependiendo sus edades físicas y mentales, a que sean usuarios  formados, selectivos y críticos del uso de los teléfonos y demás pantallas electrónicas y sepan utilizarlas con buen criterio. Es muy importante que les hagan cuestionarse siempre con estas simples preguntas: Quién, qué, cómo, dónde, cuándo y porqué.

El interés porque los hijos no sean Nomofóbicos empieza en la casa y está en función de la educación que les den sus padres, los cuales tienen un lugar insustituible en la formación de los hijos, al inculcarles la enseñanza y práctica de las virtudes y valores humanos, que son opuestos a la Nomofobia.

Regla 3–6–9–12, sobre las edades adecuadas para el uso de cada una de las nuevas tecnologías.

1.      Antes de los 3 años: Evitar las pantallas electrónicas, pues los clásicos juegos infantiles son mucho más enriquecedores para el niño, que estar sentado viendo la televisión.

2.      Antes de los 6 años: Evitar los videojuegos, pues tan pronto estos se introducen en su vida, acaparan toda su atención en detrimento de otras actividades y empieza la creación de la Nomofobia y la Mobilfilia.

3.      Antes de los 9 años: Evitar el uso del internet a no ser acompañado de los padres o maestros, quienes previamente tienen que explicarle las tres reglas más importantes de su uso:

a.      Todo lo que se escribe o exhibe allí puede caer en el dominio público.

b.     Todo lo que se sube a Internet quedará allí para siempre, pues es casi imposible le borrarlo.

c.      No todo lo que se encuentra allí es verdad, por lo que deben consultarse otras fuentes.

4.      Antes de los 12 años: Ya pueden entrar solos en el Internet y usar el teléfono celular, pero su utilización debe ser realizada bajo unas firmes y bien definidas reglas de uso y los correspondientes controles de los padres.

5.      A partir de los 12 años y hasta los 18: Los padres deben ir aflojando las reglas y controles, en función del comportamiento que vayan observando sobre la educación recibida, para que los hijos se vayan acostumbrando a ejercer su libertad para cuando sean adultos.

Existen los denominados “colegios desconectados” para los hijos de los expertos de la industria de las tecnologías e internet, allí esas tecnologías están prácticamente ausentes o su uso es muy limitado. La enseñanza se apoya en instrumentos tradicionales: la pizarra, los lapiceros, los cuadernos y los libros de papel, poniendo mucho énfasis en que los alumnos escriban a mano y lean en libros vegetales, no en los electrónicos. Esto les hace disminuir la pereza, la dispersión mental y la incapacidad para desarrollar las habilidades escolares. Estos colegios, junto a los diferenciados por sexos, se han convertido en una tendencia del sector económicamente más privilegiado.

Los padres tienen que enseñar con el ejemplo y crear costumbres y hábitos de buen uso, para poder orientar positivamente a los hijos frente al consumo telefónico y al de las pantallas electrónicas, que si bien tienen muchos aspectos positivos, también los tiene negativos y muy peligrosos como los problemas de acoso cibernético, el sedentarismo e incluso a la apatía social por la dependencia que generan. No se debe olvidar que permiten la comunicación, el desarrollo, la integración, la interactividad, la creación de redes sociales basadas en la amistad y los intereses comunes, etc. Deben evitar que la Nomofobia o la Mobilfilia les produzcan la formación de mentes vacías y poco reflexivas.

Los padres deben estar muy alertas sobre los hijos en esta generación multipantallas, ya que las emplean para “comunicar” (hablar, e-mail, sms, chat…), “conocer” (webs, descargas…), “compartir” (redes sociales, fotos, vídeos…), “divertirse” (juegos en red, radio y TV digital) “consumir” (comprar on–line). Además todas estas actividades las pueden realizar paralelamente, de forma interactiva, local y global, incluso anónimamente bajo seudónimos, que ocultan la verdadera persona que lo hace y acrecientan el peligro hacia malintencionados, depredadores sexuales y estafadores.

6 Normas sobre la participación de los padres en el control de la Nomofobia y Mobilfilia de sus hijos: 

1.      Ayudar a los hijos a que puedan cumplir las normas, objetivos y límites que se hayan puesto o negociado, relacionados con los teléfonos y las pantallas electrónicas. 

2.      Dedicarles el máximo tiempo posible, escuchándoles y tratando de entender sus inquietudes para que no tengan que encontrar malos “amigos” en las redes sociales.

3.      Estar muy pendientes de lo que hacen los hijos en cada momento, en relación con sus teléfonos y pantallas electrónicas: En sus reuniones con amigos, familia, etc. En la privacidad de sus dormitorios o incluso en los baños y tocadores. En las horas dedicadas al sueño o a los estudios para que al día siguiente no arrastren los efectos de esas enfermedades.

4.      Incrementar la capacidad de ponerse en la situación de cada uno de los hijos para entender los motivos de sus actitudes.

5.      Intentar que la tecnología no ocupe el rol que tiene la familia, pero que ayude a mejorarlo.  

6.      Saber manejar las propias reacciones y emociones ante las situaciones, equivocadas o no de los hijos.

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