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Archivo para 22 marzo 2011

La indiscutible autoridad de los padres para educar a los hijos

ESCUELA PARA PADRES 

La indiscutible autoridad de los padres para educar a los hijos

 2,873 Palabras. Tiempo de lectura 11:00 minutos 

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¿Tienen los padres el derecho y la obligación de mantener su autoridad, sobre la educación de sus hijos? 

La autoridad de los padres, de hecho y de derecho, les viene dada, por la ley natural y avalada por las leyes civiles de cada país, también contemplada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. No es una potestad de dominación, para esclavizar a los hijos, que conlleve una obediencia y subordinación ciega. Es un derecho y un deber, unidos a una serie de obligaciones. Los padres tienen una indiscutible e irrenunciable autoridad moral, legal y social sobre sus hijos, que comienza desde que están en la cuna y continua mientras estén bajo su patria potestad, sigan viviendo en el hogar familiar o no se hayan emancipado legalmente. 

La autoridad de los padres no termina, hasta que los hijos salen del hogar familiar o pierdan la patria potestad sobre ellos. Los padres no son amigos de sus hijos, son sus padres y por eso pueden y deben ejercer plenamente, su autoridad. 

¿Tienen los hijos la obligación de obedecer la autoridad de sus padres? 

Los hijos reconocen la autoridad moral de inmediato, incluso antes de saber razonarla. La autoridad no es un fin en sí mismo, sino que exigir su cumplimiento tiene como meta, el que los hijos alcancen la madurez precisa, para ejercitar su libertad de modo responsable. La autoridad se tiene que apoyar en el cariño y la coherencia. La razón por la que los padres ejercen la autoridad, es la de lograr el máximo desarrollo que su hijo pueda alcanzar. 

Los padres primero deben ejercer la autoridad educacional, en lo que sus hijos son, en lo que hacen y en lo que dicen. A los hijos hay que enseñarles a discernir lo que está bien y lo que está mal. La autoridad debe enseñarse a los hijos desde la cuna, al no darles todos los caprichos que piden, sino únicamente, lo que es mejor para ellos. Los hijos saben hacer chantaje emocional, en cuanto ven la menor debilidad, en la autoridad de los padres. 

9 Situaciones donde algunos hijos no aceptan la autoridad de los padres: 

  1. Cuando existen fuerzas o situaciones externas, ajenas o no a los padres, que los hijos aprovechan para eludir la autoridad de los padres, como es en los casos de separaciones, divorcios, noviazgos prematuros, presiones sociales, etc.
  2. Cuando la autoridad de los padres, es impuesta violentamente por la fuerza y no ganada con el buen ejemplo, la persuasión o la negociación, a no ser que sea, en situaciones límites, donde esté en juego el futuro físico, religioso, económico o legal de los hijos. La autoridad impuesta por la fuerza, produce rebeldía.
  3. Cuando la autoridad de los padres, es tan intolerante con los hijos, que considera que toda desobediencia o indisciplina, debe resolverse con castigos, incluso incongruentes o desproporcionados, a la falta cometida o a la persona que lo hizo. Sin tener en cuenta, algunos aspectos de la tolerancia  Ese tipo de autoridad produce temor, y casi nunca sirve a los hijos como aprendizaje.
  4. Cuando la autoridad de los padres, no está perfectamente clara y bien definida. A los hijos les entran las inseguridades, sobre lo que es correcto o incorrecto, lo que está permitido y lo que no. Por lo tanto, algunos suelen preferir desoír las llamadas de autoridad de los padres, en función de posteriormente discutir las instrucciones recibidas, o en su caso manipular a los padres con mentiras, medias mentiras, verdades o medias verdades.
  5. Cuando los hijos perciben, que los padres han perdido la capacidad intelectual, el prestigio, la legitimidad y las cualidades de líderes familiares, al cejar en sus obligaciones de guiar y educar a la familia, debido a que dedican su tiempo y energías en otras cuestiones, como las dedicadas al excesivo deporte o juegos, al inmoderado trabajo innecesario (Workaholism), a organizaciones voluntarias para presumir, etc.
  6. Cuando los padres han ido permitiendo, que los hijos vayan tomando poco a poco, pequeñas cuotas de poder, sin llamarles la atención. Los padres no han considerado que, han ido estirando del sutil hilo, que supone aceptar la filiación, hasta que los hijos han terminado de romper la cuerda existente, entre la autoridad y la obediencia. Las pequeñas desobediencias, realizadas sin ninguna consecuencia educativa, han ido minando la autoridad de los padres.
  7. Cuando los padres han roto las condiciones que soportan la verdadera autoridad, como son el buen ejemplo, la honestidad, la ecuanimidad, la justicia, etc. Su mal comportamiento familiar o social, les ha descalificado para poder ejercerla. Más bien, parece que los hijos tienen que poner autoridad, ante los desmanes de sus padres.
  8. Cuando padres e hijos, han entrado en una dinámica de rivalidad y testarudez y han provocado enfrentamientos, irritabilidad, agresividad, crítica destructiva, rebeldía y oposición, lo que dificulta la convivencia familiar y no se consiguen buenos resultados, para la autoridad de los padres.
  9. Cuando los hijos son educados en instituciones laicas, donde se les adoctrina en contra de la educación familiar, que reciben en sus hogares, alegando motivos políticos, sectarios o de ideologías anti familiares. 

¿La autoridad de los padres es beneficiosa para los hijos? 

Siempre, cuando es bien ejercida, pues permite que los hijos queden preparados para los innumerables peligros que les acecharán en la vida. Los padres no pueden renunciar a ejercer su autoridad, porque privarían a sus hijos de la capacidad de educarse, para enfrentar a su futuro. La vida muestra a muchos hijos, que se han rebelado contra la autoridad de los padres y se les nota inmediatamente, su falta de preparación ante los problemas que tiene la vida. Los padres con una autoridad bien ganada y ejercida, pueden educar mejor a sus hijos, que los padres que dejan a criterio de los hijos, el obedecer o desobedecer, según sean sus apetencias. 

¿Pueden los padres desanimarse o rendirse, ante las permisivas modas y ambientes que los hijos esgrimen, para justificar sus actitudes o peticiones? 

Los padres tienen que saber separar las cosas razonables, de las exigencias y las manipulaciones de los hijos, para no caer en la trampa, de que toda la comprensión esté en los padres y todas las exigencias en los hijos. También tienen que saber resistir, ante los signos externos de la baja tolerancia a la frustración y dificultades de los hijos, y a su innata impaciencia. Con el paso del tiempo, los hijos sabrán agradecer la lucha titánica de los padres, que asumiendo su verdadera autoridad y responsabilidad, cuando evitaron comprar la paz familiar, en lugar de ceder dónde y cuándo no debían hacerlo, en beneficio de los hijos. 

8 Características de la autoridad de los padres:  

  1. Tener un lenguaje apto para cada situación.
  2. Tener unos limites muy claros, de los que no se puedan sobrepasar: No puede ser ni dictatorial, ni injustificada, ni permisiva, ni aleatoria.
  3. Tener la habilidad, para no producir temor, pánico, terror, miedo, intimidación, etc.
  4. Tener un buen contenido y unas formas de llevarlo a cabo, llenas de seguridad y firmeza, que sean fáciles de comprender y posibles de realizar.
  5. Tener la claridad para dar certeza en su presentación, cumplimiento y consecuencias.
  6. Tener la nitidez, para que no sea o parezca confusa y fácil de esquivar.
  7. Tener justicia, equidad y coherencia, entre lo que se exige y lo que se puede cumplir.
  8. Tener la tranquilidad de que sus hijos, van a crecer en libertad y no se van a frustrar, traumar o perder su autoestima, porque no les dan lo que esté de moda. 

¿Para que sirve la autoridad de los padres? 

Los padres se equivocan si siguen la tendencia general, de ser permisivos con su autoridad. Es cierto que tienen que tener mucha paciencia y cariño, pero también mucha firmeza, para explicar las razones que soportan su autoridad. No es menos ciertos, que algunas veces tendrán que dejar ganar a los hijos, para que cuando sean más mayores lo entiendan. Los padres deben saber distinguir bien, entre los hijos que les necesitan y los que les utilizan o manipulan, cuando tienen que ejercer su autoridad. Hay una propensión en algunas sociedades excesivamente permisivas, a evitar cualquier conflicto de autoridad, entre padres e hijos. Algunos padres prefieren ceder, incluso en cuestiones graves, con tal de no ver las caras largas de los hijos, dejándoles hacer lo que quieran, para evitar que les clasifiquen de anticuados o de diferentes, a los padres de sus amigos. 

¿La autoridad de los padres conlleva premios y castigos? 

Estos deben ser proporcionados y justos, pero no deben ser utilizados como los principales  métodos de educación. Deben utilizarse como herramientas, para persuadirles de las conductas y acciones, que los hijos deben y no deben realizar. La autoridad es una actividad de los padres, que siempre tienen que estar en alerta, aunque sea muy difícil aprender a practicarla, sobre todo en los momentos de cansancio, preocupaciones y de enfados. La autoridad de los padres, no es enemiga de la libertad y de la independencia de los hijos, que con su madurez deben merecerlas y alcanzarlas. 

¿Es renunciable o negociable la autoridad de los padres? 

La autoridad de los padres no es renunciable, ni negociable, en las cosas importantes de la educación de los hijos. Tienen que ganarla día a día, con su ejemplo y grandes dosis de conocimiento, y nunca la pueden perder. No es una cosa que viene en los manuales de criar a los hijos, pues cada día aparecen nuevas situaciones y tienen que estar al día. El norte deben tenerlo muy claro, pues no pueden educarles sin un proyecto educativo, unos objetivos bien claros y una buena brújula, que indique las desviaciones, para hacer las correcciones. Para algunos padres, será más fácil decirles que si, a decirles que no. Pero decirles que no, algunas veces da una gran paz interior, por las consecuencias que se han podido evitar, con ese no. Padres, sean valientes, no tengan miedo a educar bien a sus hijos, aunque que tengan que emplear su autoridad para hacerlo, las recompensas son grandísimas. 

8 Casos de autoridad ajena a la de los padres: 

  1. La de las personas mayores.
  2. La de los agentes del orden, policías, militares, jueces, empleados públicos, etc.
  3. La de los maestros, educadores y otros profesionales de la educación.
  4. La de los profesionales: médicos, abogados, ingenieros, etc.
  5. La de los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión profesada.
  6. La de exigir el pago de impuestos.
  7. La de hacer cumplir las leyes justas o injustas, sean civiles, religiosas o militares.
  8. La que tienen todas las personas a ejercer el derecho de declararse objetores de conciencia o insumisos, para no cumplir las leyes injustas. 

¿Los maestros y otros profesionales, deben complementar o sustituir la autoridad ejercida por los padres? 

La autoridad de los padres conlleva responsabilidad y poder. La autoridad y el poder la pueden delegar, pero en ningún caso la responsabilidad asumida. Todo lo que sea complementar o reforzar la autoridad, será positivo. Esta autoridad tiene que ser firme y que cuando digan si, que sea si, y cuando digan no, que sea no. Son los hijos los que se sorprenderán y desconcertarán, por la falta de coherencia de los padres, cuando oigan un si, sabiendo que lo correcto es el no, pues no podrán entender que esa decisión, fruto de la autoridad, dependa del estado de ánimo y no de la verdad. Para una buena educación y un desarrollo sano, los hijos necesitan amor, ternura, autoridad, límites, disciplina y conductas fijadas por los padres. 

La autoridad de los padres comporta órdenes, normas y límites que deben ser claros, directos, puntuales y coherentes, con lo que dicen y hacen, para que la obediencia de los hijos, sea proporcional a la autoridad ejercida por los padres y no se sientan desconcertados, ni inseguros. No son convenientes ni los gritos, ni las amenazas, deberían ser suficientes unas palabras firmes y con cariño, para dar una orden y que los hijos, comprendan que la deben cumplir. La autoridad de los padres, no puede ser el autoritarismo que busca el poder, por el poder. No debe crear en los hijos una incondicional humillación, esclavitud o sumisión. Los hijos, aunque aceptando esa autoridad, no tienen porque ser serviles, ni tener un fanatismo ilimitado, como si fuera una adicción a la docilidad. Tienen que saber pensar también, en lo que les ordenan, el por qué se lo ordenan y cuándo se lo ordenan. La autoridad de los padres se refleja, en su implicación en la educación de los hijos, en dedicarles el mayor y mejor tiempo posible. Esto produce que los hijos tengan mejor salud, más equilibrio emocional, mayor rendimiento escolar y mejor futuro profesional y social. 

7 Clases de autoridad que tienen que ejercer los padres: 

  1. Autoridad intelectual, que adquiere a través del conocimiento de las materias, que posteriormente hay que tratar con los hijos. No se puede hoy en día, desconocer los temas que son necesarias para educarles, por lo que la educación intelectual, tiene que estar continuamente actualizada.
  2. Autoridad moral, que se adquiere por el ejemplo que se da a los hijos. No se puede predicar una cosa y hacer otra diferente, o llevar un tipo de vida contrario a los que se obliga a cumplir.
  3. Autoridad religiosa, que se adquiere a través de las prácticas religiosas, que los padres realizan. No se puede pretender educar a los hijos en la práctica de las virtudes y valores humanos, para que se desarrollen humana, social y religiosamente, y a la vez hacer lo opuesto en la vida religiosa, familiar o social.
  4. Autoridad legal, que se adquiere por el cumplimiento de las leyes justas, sobre la familia. No se puede renunciar a la autoridad, por comodidad, al ceder los derechos innegociables sobre la educación de los hijos, permitiendo que otros, ocupen el puesto de los padres en las escuelas, hospitales, familia o sociedad. Teniendo en cuenta que el Estado, en el ámbito de la educación, tiene una misión meramente subsidiaria de los padres y de tutela de los hijos.
  5. Autoridad familiar que se adquiere al formar el hogar. Los padres no pueden renunciar a la unidad familiar, constituida exclusivamente por la unión de un hombre y una mujer, ni a la autoridad para educar personalmente a sus hijos en la sexualidad, ni en la formación religiosa acordada en la familia, incluso cuando lo pretenda el Estado, al obligarles a ceder a los maestros públicos, esas parcelas de la educación. Ceder esa autoridad, significaría aceptar el peor de los totalitarismos.
  6. Autoridad con libertad, para ejercer el derecho a la independencia de pensamiento, de conciencia y de religión, tanto en público, como en privado, individual o colectivamente.
  7. Autoridad pública, que se adquiere asociándose con otros padres, para exigir su derecho sobre cómo, dónde y cuándo, deben ejercer la autoridad en la educación de sus hijos. Realizando el esfuerzo que sea necesario y huyendo de la pasividad educativa, al no presentarse colectivamente, cuando sea conveniente, en los lugares efectivos y comprometidos. 

¿Se puede ejercer la autoridad de los padres, sin tener en cuenta el ejercicio de las virtudes y valores humanos? 

 Es imposible ejercerla, si no se tienen en cuenta la virtud de la justicia equitativa. No se puede ejercer la justicia, sin aplicar la caridad. Igualmente fallaría la aplicación de la autoridad, si no está bien soportada con el conocimiento y el ejemplo. Hay otras virtudes y valores humanos, que también son imprescindibles, para complementar la autoridad de los padres: Bien común. Caridad. Coherencia. Conciencia. Confianza. Conocimiento. Constancia. Control. Dialogo. Disciplina. Educación. Ejemplo. Ética. Generosidad. Justicia. Liderazgo. Moderación. Orden. Paciencia. Prudencia. Respeto. Responsabilidad. Responsabilidad. Sabiduría. Solidaridad. Tolerancia, etc.

Si tiene algún comentario, por favor escriba a francisco@micumbre.com

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¿Deben los padres inmiscuirse o inhibirse en la vida de sus hijos, jóvenes o adultos?

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¿Deben los padres inmiscuirse o inhibirse en la vida de sus hijos, jóvenes o adultos? 

  • 5 Principales conceptos de lo que se piensa, se dice o se hace al inmiscuirse en la vida de los hijos
  • 8 Situaciones donde también es obligatorio a los padres inmiscuirse
  • 15 Situaciones en las que los hijos se inmiscuyen en la vida de los padres
  • ¿Se inmiscuye WikiLeaks en la vida de la sociedad? 

3,425 Palabras. Tiempo de lectura 13:00 minutos 

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Inmiscuirse en la vida de los hijos, sean jóvenes o adultos, para educarlos mejor o para corregir sus errores, no es entrometerse, interferir, injerir, interponerse, mangonear o fisgonear en su vida privada. Esos verbos son sinónimos peyorativos de una actividad que los padres, tienen la obligación irrenunciable de realizar, empleando todos los medios morales y legales que estén a su alcance. Antes de decidir si se deben inmiscuir o inhibir en algo, (acción u omisión) se debe analizar profundamente, el modo de hacerlo o no hacerlo, así como las consecuencias que podría originar esa decisión. Tanto si la decisión es mantener o fomentar un pensamiento, decir unas palabras o realizar unos hechos. 

Si, a las críticas constructivas, no a las destructivas. Las críticas realizadas a los hijos, no deben considerarlas como una intromisión en su vida privada, tengan la edad que tengan, pues los padres tienen razón, obligación y autoridad para hacerlo y así, mantener en lo posible la llama sagrada de la educación. 

No se puede considerar peyorativo inmiscuirse, sobre todo en cosas graves en las vidas de los hijos jóvenes o adultos, ya que los padres tienen la obligación de velar por ellas y por su mejor futuro. El hacerlo es una obligación realizada, en el mejor beneficio de ellos. El no inmiscuirse en sus vidas por dejadez, miedo, negligencia, por el qué dirán o por no querer enfrentarse, ante los problemas que pudieran acarrearles, supone una dejación de las obligaciones adquiridas, con la paternidad responsable. Dejadez que en muchos casos, puede ser castigada por las leyes civiles y morales. 

Es una irresponsabilidad inhibirse de la vida de los hijos, sean jóvenes o adultos, y abandonarlos a su suerte, cuando las obligaciones parentales están bien claras y hay obligación grave de cumplirlas. Estos casos de inhibición se dan con mucha frecuencia, en el caso de divorcios, donde la persona que no tiene la custodia de ellos, los abandona a su suerte o a lo que les pudiera ocurrir, con la nueva pareja de su ex-esposa o ex-esposo. Inhibirse de proporcionarles la manutención obligatoria, legal o extralegal, es un crimen, por muchas peleas que haya habido en el matrimonio. Inhibirse de los graves problemas que pudieran tener los hijos, aunque estén viviendo independientemente, también es faltar al compromiso familiar, que en su día adquirieron. Los hijos, como los padres, son para toda la vida, no como los amigos, que se puede prescindir de ellos, cuando conviene a las partes. 

Los padres muchas veces pueden y deben mediar, honradamente, en las disputas que pudieran surgir entre sus hijos adultos y sus familias. No pueden inhibirse y decir, que sus problemas los arreglen ellos, pues para eso se han independizado del hogar familiar. Un buen consejo o acción de los padres, realizada a tiempo, puede solucionar muchos problemas, antes de que lleguen a mayores. 

Los padres no pueden inhibirse de la educación de sus hijos, si esa inhibición les podría producir graves daños, tanto en temas escolares, religiosos, familiares o sociales. Los padres no pueden ignorar, cuando es importante, urgente o necesaria su presencia, consejo o apoyo, tanto en su vida privada, como en su vida ante otros colectivos. Ya que incluso cualquier grave inhibición, cuando hubiera sido necesario, podría generar en perjuicio de los propios hijos, otros componentes de la familia, los amigos o la sociedad en general. Los padres siempre tienen que estar pendientes de lo que sus hijos hacen, para intervenir incluso preventivamente, antes de que sea tarde. Los padres no pueden alegar, cuando el tema es importante o grave, que por su comodidad han dejado de inmiscuirse en los problemas de sus hijos, inhibiéndose de determinadas situaciones. 

No existe el concepto de inmiscuirse, en las vidas de los hijos menores de edad, que viven en el hogar familiar y bajo su patria potestad o de hijos adultos, que también viven en el mismo hogar. Los padres tienen la irrenunciable obligación, de educar a sus hijos y velar por su bienestar. Para ello, cuando se trata de educar a los hijos, pueden recurrir a todas las herramientas posibles, que sean moral y legalmente aceptables. La obligación decrece, pero no desaparece, cuando los hijos adultos abandonan el hogar familiar, para hacer su propia vida. Inmiscuirse en sus asuntos y no inhibirse, es obligación de los padres, para evitar que haya malos comportamientos o desviacionismos, que posteriormente, si no se corrigen a tiempo, podrían traer graves consecuencias para los hijos, para los padres y para el resto de la familia. 

No es inmiscuirse en la vida privada de los hijos, cuando los padres revisan sus mochilas, carteras, teléfonos, computadoras, libros, objetos, ropas, habitaciones, automóviles, etc. para conocer los detalles, del tipo de vida privada que llevan. Tampoco es inmiscuirse, cuando los padres tratan de enterarse de las amistades, noviazgos o sitios que frecuentan. Los objetos o señales que encuentren, les darán la posibilidad de ahondar más en la educación de los hijos, haciendo las correcciones oportunas. Inhibirse de hacerlo es una falta grave, muchas veces con resultados irreversibles. 

Si desde que los hijos son pequeños, los padres empiezan a inmiscuirse en las cosas de ellos, más fácil será corregir las posibles desviaciones que tengan, y que suelen quedar reflejadas, en las cosas anormales que los padres encuentran en sus pesquisas. Si esperan a hacerlo, cuando los hijos ya sean púberes o adolescentes, es muy posible que lleguen tarde, a enterarse de lo que ocurre en la vida privada de sus hijos. Especial atención deben darle a los problemas, cuando los hijos ya no son niños, pero todavía no son adultos, por lo que no se sienten parte de los unos, ni aceptado por los otros. 

Algunos padres de determinadas sociedades, apoyados por determinados profesionales de la salud mental o de la educación, prefieren que sus hijos se críen en total libertad, de hacer lo que les de la gana, considerando que cualquier comentario o actuación que les lleve la contraria, es inmiscuirse en la vida privada de los hijos y se pueden frustrar. Esta postura de no inmiscuirse en la educación de los hijos y de inhibirse de sus incipientes problemas, suele ser producto de la comodidad, porque “si no hago nada, nada sucede” No suelen tener en cuenta, que si la educación de los hijos no está bien dirigida, estos caerán en manos de los muchos depredadores, que siempre andan a su alrededor. Bastante difícil está la vida, como para no intentar conocer todos los detalles de los hijos, para así poder obrar anticipadamente, en función de los que vean u oigan. Nunca deben ceder ante la obligación irrenunciable de los padres, de educar a sus hijos, en el amplio sentido de la palabra. 

Los hijos ya independientes, no deben sentirse inmiscuidos, entremetidos o interferidos en sus vidas privadas, si reciben de sus padres opiniones o puntos de vista diferentes a los suyos. Deben entender que, son únicamente consejos, para continuar ejerciendo su obligación de educar y guiar la forma de sus vidas, aunque tengan una vida independiente. Nunca deben tener la inseguridad o el miedo, a perder su independencia familia, por no saber resolver sus propios problemas, conocidos o desconocidos. Siempre les queda el recurso de que, la última palabra y el poder de decisión, es de ellos. Tontos serian estos hijos adultos, si no aprovecharan el caudal de experiencias, que normalmente tienen los padres y hacen caso omiso o desprecian lo que les dicen, que se supone es siempre en su propio beneficio. 

No es inmiscuirse en sus vidas de adultos, cuando los padres opinan con buen criterio, lo que deberían hacer o no hacer, en determinadas cosas, máxime si son graves o ponen en peligro su futuro y el de su familia, debido a que van por un camino equivocado. Los padres tienen el derecho y la obligación irrenunciable, de hablar muy claro a sus hijos y darles los consejos convenientes. El mismo derecho irrenunciable e indiscutible, tienen los hijos independientes, a hacer su propia vida, sin seguir los consejos u observaciones que sus padres les hagan. 

Los padres pueden arruinar las relaciones matrimoniales de sus hijos, por lo que tienen que tener mucho cuidado en lo que atañe con sus hijos que viven independientes, si al inmiscuirse en sus cosas, lo hacen de forma inconsciente, improcedente y de mala forma. No es lo mismo inmiscuirse en cuestiones graves o importantes, donde algunas veces es necesario intentar abrir los ojos de los hijos casados o solteros, por muy mayores que sean, en beneficio de ellos mismos, de sus hijos y del bienestar de su familia. 

Hay situaciones límites, donde los padres tienen la obligación de inmiscuirse. En esas ocasiones, no pueden inhibirse de tomar el riesgo que sea necesario, con tal de salvarles de algún grave problema, auque corran el riesgo de que sea mal entendida su buena voluntad, para solucionar un mal mayor. Pudiera ser heroico tener que tomar el riego de inmiscuirse, ya que los padres con su sincera, valiente y decidida actitud, pueden perder situaciones ventajosas, económicas, familiares o sociales. Los hijos bien educados casi siempre les van a escuchar y en muchos casos, a creer las opiniones de sus padres, aunque sientan que se están inmiscuyendo en su vida privada. Tolerarán que les hablen de determinados temas, sobre todo de los que sean más difíciles de escuchar, y que en ningún caso, permitieran que se las dijeran sus amigos u otras personas, aunque fueran verdades irrefutables. Es un equilibrio entre inmiscuirse e inhibirse, que en el caso de los hijos independientes, la elección tiene que ser la de “mejor pasarse, que quedarse corto”. 

5 Principales conceptos de lo que se piensa, se dice o se hace, al inmiscuirse en la vida de los hijos:

 ¿Es la verdad según mi mejor buena fe, desprovista de todo prejuicio y connotación egoísta y según los principios de la religión y cultura que practico?

  1. ¿Es equitativo y equilibrado para todos los interesados? ¿Creo firmemente que nadie saldrá dañado, incluso ni con el lastre del “daño menor”? ¿Sabré éticamente renunciar a la fuerza para imponer condiciones y no contentarme con concesiones timoratas?
  2. ¿Creará buena voluntad y mejores amistades? ¿Conseguiré un sano y  recíproco enriquecimiento afectivo? ¿Manejaré bien el inmiscuirme con un diálogo prudente, juicioso y sabio o inhibirme razonablemente, para obtener la mejor comprensión, tolerancia, saber escuchar, ganar voluntades y amistades, aunque haya intereses, ideologías y creencias diferentes? ¿Sabré poner en duda mis propios pensamientos, en beneficio de lo que piensen los demás? ¿Reconoceré prudente y humildemente, pero con seguridad, mis dudas sobre mi infalibilidad a la hora de dar opiniones, cuidando los sofismas, es decir las verdades a medias?
  3. ¿Será beneficioso para todos los interesados? ¿Será una solución ética, que pase por una justicia equilibrada, comprensiva, tolerante y no represiva ni castigadora?
  4. ¿Es el momento, lugar y con las circunstancias adecuadas? ¿Podría esperar a mejor ocasión, cuando haya más madurez mental o las heridas no estén tan abiertas? ¿Debería esperar a tener más y mejor información, para poder inmiscuirme con más justicia y mejores resultados? 

Los hijos en general, necesitan y muchas veces desean, que sus padres les eduquen, incluso inmiscuyéndose en los puntos más privados de sus vidas. Si tienen una buena educación, se dan cuenta que ellos solos, nunca podrían resolver algunas de sus grandes dudas o problemas, producidos por su crecimiento físico, intelectual, amoroso y social. Algunos piden a gritos o por señas, que no se inhiban de ellos, que les hagan caso y que les den soluciones a sus incomprendidas situaciones. Saben que necesitan, de forma imperiosa, unos puntos de referencia estables y sólidos, para no sufrir inútilmente al convertirse en inseguros, vacilantes e indecisos. Saben que esto solamente será posible, si sus padres se ocupan de ellos y se inmiscuyen en sus vidas, interiores y exteriores. Nada mejorarán los hijos, si los padres se inhiben de su obligatoria educación. 

Los padres son los responsable de aportar hijos útiles a la sociedad.  Pero también es necesario que los hijos aprendan a tomar sus propias decisiones, siempre bajo la dirección paterna, paso a paso y en función de su edad física y mental. Quien conduzca a su hijo cuidadosamente, hacia este objetivo, podrá acabar dejando en sus manos, con plena y segura confianza, toda la libertad de decisión respecto a sus propios intereses presentes y futuros. 

8 Situaciones donde también es obligatorio a los padres inmiscuirse, debido a que les asiste la razón y tiene la obligación y autoridad para hacerlo. En algunos casos, pudiera ser la participación en determinadas actividades. 

  1. Los abuelos en la educación o no educación de los nietos, sobre todo cuando los abuelos hacen de primeros padres. Bajo ningún concepto pueden permitir y en su caso dejar de luchar, para que sus nietos reciban la mejor educación y formación posible, en el aspecto familiar, religioso y social. Los abuelos suelen aportar una segunda referencia de educación, aportando virtudes y valores humanos, normas de convivencia, formas de ver la vida de modo diferente a los padres, etc. Así enriquecen el desarrollo de los hijos o de los nietos. Máxime si en esa casa, impera la desobediencia, el alcohol, el sexo y las drogas.
  2. En las relaciones entre verdaderos amigos, cuando existan problemas o discrepancias, para procurar salvar las diferencias y que se reconcilien los interesados.
  3. Los padres en las decisiones y actitudes que tienen los maestros en las escuelas, si estas van en contra de las virtudes y valores humanos, enseñados en la familia o cuando se percaten, de la mala calidad o cantidad, de las enseñanzas que imparten o tendrían que impartir, para que no perjudiquen la educación de sus hijos.
  4. Inscribiéndose y votando en las elecciones democráticas, estudiando con mucha profundidad las ventajas e inconvenientes, de los programas de cada uno de los candidatos, y si fuera posible presentándose, como candidato o ayudando a los mejor calificados.
  5. En las actividades políticas. Participando en profundidad, con todos los medios posibles, en los debates políticos, cuya finalidad sea la de escuchar las ideas, necesidades, inquietudes y propuestas presentes y futuras de los ciudadanos. Ya no es época de por comodidad, no inmiscuirse.
  6. En la vida de los padres mayores, para que mejoren su calidad de vida y no tengan los problemas de soledad y falta de medios. Dejándoles saber que inmiscuirse en su vida, es con el único fin de que no se encuentren solos y sepan que los hijos, aunque ya no estén conviviendo con ellos, siguen intentando cuidarles.
  7. En los debates públicos de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, para impedir que los hijos sean educados, según el sentir de los gobiernos de turno y no de los principios religiosos y sociales, que los padres quieren, principalmente en los temas del aborto, eutanasia, matrimonios entre homosexuales o lesbianas, etc.
  8. En la salud y alimentación de sus hijos, jóvenes o adultos, sobre todo cuando se vean claros signos de negligencia, o inicio de problemas irreversibles, provenientes de descuidos o forma de atención familiar. 

15 Situaciones en las que los hijos se inmiscuyen en la vida de los padres. Los hijos se inmiscuyen en la vida de los padres, ocupando todo su tiempo, aun antes de nacer, desde el momento de la concepción, hasta que abandonan el hogar familiar. Los padres no protestan por que su hijo se haya inmiscuido en sus vidas, al contrario, dan gracias a Dios por el don de la vida que les ha concedido: 

  1. Cuando la madre estaba esperando al hijo, se sentía mal, no podía comer, todo lo comido lo devolvía y tenía que guardar reposo. No podía dormir y tampoco dejaba dormir al padre. Los padres tuvieron que añadir a las tareas de sus trabajos y las de su casa, las de la nueva situación.
  2. Los gastos aumentaron increíblemente. Todo lo que tenían los padres, se gastaba en el futuro hijo. En un buen médico que atendiera a la madre, medicamentos, equipo de ropa, utensilios especiales, cuna, coche de niño, etc. para que no te faltara de nada. Incluso tuvieron que adaptar y amueblar una habitación para el solo y cambiar el automóvil por uno más grande, aunque mas viejo.
  3. Desde la primera noche en que nació el hijo, los padres no durmieron seguido. Cada tres horas se despertaban para darle de comer o porque lloraba, sin saber los padres, por qué lloraba.
  4. Cuando el hijo empezó a caminar y cuando creía que ya sabía, los padres siempre tenían que estar detrás de él.
  5. Cuando el hijo fue un poco mayor, consideraba a sus amigos unos conocidos y a los padres unos desconocidos.
  6. Cuando el hijo se burlaba de los padres, porque siempre le estaban llamando la atención, sobre las cosas que no hacia bien o que suponían tomar riesgos innecesarios.
  7. Cuando los hijos salían por las noches y no llegaban a la hora acordada, lo que obligaba a los padres a pasar la noche, pensando en los peligros que estaban afrontando.
  8. Cuando son adolescentes y toman altos riesgos, como el conducir automóviles o motocicletas, bajo los efectos de las drogas, del alcohol o a altas velocidades.
  9. Cuando son adolescentes y consumen alcohol, trafican en drogas o tienen una vida activa sexualmente, sin haber llegado su momento.
  10. Cuando son adolescentes y de sus relaciones sexuales, se producen embarazos irresponsables, con mayores o menores de edad.
  11. Cuando estando en edad escolar no quieren estudiar, repitiendo el curso y los padres tienen que pagarlo o añadirles, costosos profesores particulares.
  12. Cuando aun siendo independientes civilmente, llevan una vida de escándalo social o dan malos tratos a sus propios hijos o a sus cónyuges.
  13. Cuando sus malas acciones producen dolor, pena, vergüenza para los padres y familiares y repercuten en su vida profesional y social.
  14. Cuando solamente buscan a los padres, para pagar sus facturas de roturas, estudios o gastos extraordinarios.
  15. Cuando hacen a los padres responsables subsidiarios de los costos económicos, legales, sociales o de mala fama, incluso cuando ya no tienen la patria potestad sobre los hijos. 

Los padres nunca se arrepienten de que los hijos se hayan inmiscuido en sus vidas y se las hayan cambiado para siempre. No importa que haga solamente unos minutos, que hayan tenido que escuchar de los hijos: No te inmiscuyas en mi vida, déjame en paz, no quiero saber nada de lo que me dices. Los padres mientras estén vivos se inmiscuirán en la vida de los hijos, así como los hijos se inmiscuyeron en la de los padres, desde el mismo momento de la concepción. Se inmiscuyen en la vida de los hijos para corregirles, educarles, formarles en las virtudes y valores humanos y enseñarles a que sean capaces de salir adelante en la vida y triunfar como personas de bien. 

¿Se inmiscuye WikiLeaks en la vida de la sociedad, al sacar al aire lo que algunos, con tanto interés quieren mantener oculto, para que no se enteren, los que tienen el derecho de estar bien informados? ¿Los padres deben comentar esas noticias con sus hijos, según sus edades? ¿Debería haber más WikiLeaks especializadas en escuelas, hospitales, empresas, organizaciones, etc. para tener bien informados a la sociedad? 

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La obligación de saber de los hijos y los padres

ESCUELA PARA PADRES

La obligación de saber de los hijos y los padres.  

  • 12 Grupos sociales y su relación con la obligación de saber
  • 22 Sentencias relacionadas con la obligación de saber 

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Algunos artículos relacionados: 

La ingenuidad de algunos padres, que dejan en manos de los hijos lo que estos deben saber, sin querer aceptar la responsabilidad que tienen, de guiarles en lo que obligatoriamente tienen que saber, para poder navegar en las procelosas aguas de la vida. No se puede ser ingenuo, creyendo que ellos solos, van a acertar en lo que tienen que saber. Se olvidan que hay muchas fuerzas encontradas en la sociedad y que hay una tendencia a atraerlos hacia conocimientos, que no tendrían que aprender. Por ejemplo las drogas, el sexo, la pornografía, etc. La obligación de saber estos conceptos, debe estar muy dirigida por los padres, en función de las edades físicas y mentales de sus hijos. Lo que no les enseñen los padres, seguramente lo aprenderán de quien menos debería enseñarles. La obligación de saber, no justifica los medios empleados para alcanzarlo. Todo tiene un orden, una ética, unas posibilidades y unas responsabilidades. 

Los padres tienen la grave obligación, de saber lo que tienen que saber, aunque algunas veces no sepan, qué es lo que tienen que saber. Para eso están las consultas que se deben realizar, a las personas que saben y que son de nuestra confianza, empezando por los padres, maestros, tutores, directores espirituales, lideres, etc. No se puede estar sin saber las verdaderas cosas de la vida, gastando el tiempo en aprender equivocadamente cosas inadecuadas, que nos ocupan nuestro cerebro y nuestro tiempo, o que manifiestamente no nos servirán para nada. 

Los padres insistentes no son padres abusadores, si persisten en la obligación hacia los hijos, para que sepan las cosas necesarias, las que tienen la obligación de saber. Son padres que cumplen con sus obligaciones irrenunciables de educar. Algunas veces, suelen ser criticados por otros padres permisivos, que dejan en manos de los hijos la obligación de saber, la cumplan o no.

 La curiosidad por saber debe ser inculcada, fomentada y guiada por los padres, para crear esa tradición o costumbre, que se vaya convirtiendo en hábito y posteriormente en virtud. Los padres deben también enseñar a sus hijos a analizar, y prescindir de lo que no tienen que saber, de forma que su formación y fuerza de voluntad, se pueda medir por lo que se quiere y puede prescindir de saber. Por eso los padres deben pedir a Dios, que les ayude a identificar lo que los hijos tienen obligación de saber y a poner unas buenas reglas, rígidas, pero también flexibles, fuerza para vivirlas, prudencia para mejorarlas, cariño profundo, para que las reglas no se conviertan en un fin, sino en un medio, que sirva para unir a la familia y para fomentar las virtudes y valores humanos. Eso lo conseguirán pidiendo ayuda a los sacerdotes y expertos en la buena educación para la convivencia, de forma que la experiencia de quienes han logrado armonía familiar y educación verdadera, con reglas bien escogidas, pueda servir como pauta para el propio hogar. 

Saber es poder. Saber lo que se tiene que saber y lo que se tienen que ser. Estamos en la era del conocimiento y en la sociedad de la información, que al fin y al cabo, es la que deja grabada en las piedras, los conocimientos de los que saben. Hoy en día, la economía es la industria del conocimiento. Pero nadie se debe olvidar, que muy cercana a la ciencia, está la inconsciencia. Los hombres en todos los tiempos y civilizaciones, han sentido la obligación de saber cada vez más. Solamente algunas comunidades perdedoras, no entienden lo que es la obligación de saber. 

El saber ocupa lugar, aunque antes se decía lo contrario, que el saber no ocupa lugar. Pero el tiempo dedicado a saber es finito, y mientras se está aprendiendo una cosa innecesaria, se deja sin aprender otra necesaria. En términos generales, no se puede aprender dos o tres cosas a la vez.  Por eso, es muy importante fomentar la capacidad del criterio, para distinguir lo que conviene saber, ya que no tenemos la obligación, ni la posibilidad, de saber todo. Hay que aprender a cumplir la obligación de saber, apoyándose en los padres, maestros, tutores, sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que se profese. El día que los hijos tengan que competir por un empleo o por una plaza en la universidad, no pueden decir que cuando tenían la obligación de saber, lo que verdaderamente tenían que saber, se dedicaron a idolatrar a artistas, deportistas y a falsos amigos, dedicando el tiempo en saber los nombres, anécdotas, marcas y características de ellos. Tampoco podrán alegar, que se pasaron el tiempo frente a las pantallas digitales y que ahora, solamente saben de esas cosas. 

¿Qué hijos vamos a dejar para el futuro? Es lo opuesto, a qué futuro vamos a dejar a nuestros hijos. Todo dependerá de la formación en virtudes y valores humanos que les dejemos, del ejemplo que les demos y de cómo, hayan manejado su obligación de saber. En todas las épocas, el futuro ha sido incierto y lleno de graves amenazas. Pero siempre han triunfado, los que mejor estaban preparados para afrontarlo. Esa fuerza la da el conocimiento. Los padres tienen que preparar a los hijos, desde el día que nacen, para su futuro, inculcándoles y poniendo en práctica con ellos, las virtudes y valores humanos. 

La obligación de saber, no está reñida con la obligación moral de amar y portarse bien con el prójimo. Los que triunfarán serán los que tengan la humildad suficiente, para saber que todavía, no sabe nada. Los que crean que ya lo saben todo, fracasarán estrepitosamente. También los que no saben nada o no hacen el más mínimo esfuerzo por no cumplir con la obligación de saber, deben tener en cuenta que: Lo que natura no da, Salamanca no presta. 

Las sociedades casi siempre se pudren de arriba hacia abajo, debido al mal ejemplo. En la historia así ha sucedido, puesto que algunas sociedad, no practican la obligación que tienen de enseñar los que más saben y de ayudar a los que menos saben, aunque estos hayan tenido las mismas oportunidades, de cumplir la obligación de saber. Una sociedad puede desintegrase, cuando conscientemente consiente en no defender, abandonar, aprovechar o dañar a sus miembros más débiles. 

El saber de las masas y el saber individual. Las masas saben unas cosas, que poco a poco les han ido inculcando, los que tienen intereses en controlar sus conocimientos, pero no tienen interés, en que aprendan lo que les podría ayudar a prosperar. El saber individual empieza conociendo lo que los padres, maestros y educadores ponen a su disposición, para que se vayan formando. 

Paso de saber, no me interesa saber lo que me dicen mis padres, maestros y educadores. Sólo quiero saber lo que yo quiera. Lo otro no me interesa. Esta es una postura muy repetida en jóvenes, de todas las edades. La repiten como papagayos, sin saber que todavía no saben nada. Solamente creen que saben, lo que otros ignorantes como ellos, les han contado. Emplean “lo que yo quiera y lo otro no me interesa”. Sin darse cuenta de que todavía, no saben discernir ninguna de las dos cosas. 

Algunos hijos, según las edades, se cierran automáticamente ante quien les hable de religión, moral, virtudes y valores humanos, todo esto lo consideran aburrido. Ya saben todo y lo que no saben, lo consultan a su manera en Internet o con otros amigotes tan ignorantes como ellos. Algunos, ante cualquier sugerencia o presión, para que cumplan con su obligación de saber, en vez de ser agradecidos y aprovechar la oportunidad, contestan con desfachatez “yo no pedí nacer, es vuestra obligación mantenerme”. En muchas ocasiones, viven encontrando defectos a los padres, a quienes acusan a diario, de que sus ideas y métodos están pasados de moda, porque eso mismos oyen decir a sus padres de los abuelos, de los sacerdotes o de las personas que les dicen, que lo que hacen es un mal ejemplo para la educación de sus hijos.  Es muy cómodo decir “paso de saber” cuando lo que le dicen no quieren ni oírlo, ya que contradice el nefasto tipo de vida que lleva. 

La cultura de “dejar hacer” a los hijos, aunque lo hagan sin guía y sin objetivos. La mayoría de las veces, los hijos no tienen culpa, puesto que les han ido consintiendo y educando en esa cultura de “dejarles hacer”, aunque se vayan a caer por un precipicio o cortar con un cuchillo. Es más cómodo para muchos padres, que han dejado a un lado la obligación irrenunciables de la educación de sus hijos, permitirles que digan y hagan lo que les de la gana, sin llamarles la atención. Muchas veces es debido, entre otras cosas, a la vida desordenada y de mal ejemplo de los padres, que creen que es la forma de compensarles, por su falta de dedicación. Si los hijos no estuvieran consentidos, nunca se les ocurriría pensar en contestar de esa manera. Solamente lo hacen, cuando saben que no les va a pasar nada y que incluso, a los padres hace gracia esas contestaciones de los hijos, aunque no sepan lo que dicen.

Tampoco es disculpa, el permitirles hacer determinadas cosas o justificar ante ellos, situaciones gravemente escandalosas, poniéndoles como ejemplo, el número de personas que actúan en su entorno, en las mismas malas condiciones. Nadie les va a juzgar por lo que hagan otros, ni por la educación que otros den a sus hijos. 

Los padres ya no pueden decir “de eso yo no se”, refiriéndose a actividades que realizan sus hijos, como son el Internet, las pantallas digitales, las redes sociales, etc. Tienen obligación de saber todo sobre esas actividades, para estar al tanto de lo que ocurre con sus hijos y en su caso, poner los remedios necesarios. También tienen la obligación de saber lo más posible sobre salud, alimentación, y economía familiar, para trasmitirlo a los hijos. 

El intentar saber es una aventura que entraña riesgos, pues el genuino deseo de saber más, implica el no darse por satisfecho con lo que uno sabe de determinadas cuestiones, incluyendo la responsabilidad de cambiar sus formas de comportamiento. Nadie se debe conformar con lo que ya sabe, pues siempre se pueden edificar más conocimientos encima de los que se tienen. Hay gente muy inteligente, que no es sabia. La sabiduría es la energía de los que acumulan el buen conocimiento. Por eso, hay sabios que no son inteligentes, porque acumulan y no saben qué hacer con lo acumulado. La verdadera vida está en el deseo de saber, pues quien desea saber, está dispuesto a cambiar, aunque el cambio a veces pueda resultarle muy costoso. 

12 Grupos de personas en la sociedad y su relación con la obligación de saber: 

  1. Los que sufren por no saber, siempre son aprovechados y explotados por los que saben, hasta que empiezan a saber.
  2. Los que no saben y nunca sabrán, debido a que no han puesto interés en saber, lo que tienen que saber, o lo que otros se han encargado de que nunca sepan. Su futuro será muy negro, si no aprenden a saber.
  3. Los que prefieren no saber, porque así viven sin preocuparse, de lo que tendrían que saber, ya que eso les podría alterar su cómodo estilo de vida.
  4. Los que saben que no saben nada, de lo que tienen que saber, por lo menos estos están claros, si prefieren no cambiar de actitud.
  5. Los que odian el saber, ya que les supone un esfuerzo intelectual, que no están dispuestos a hacer, ni aunque sea en su beneficios.
  6. Los que impiden que los demás sepan, porque prefieren tener a su alrededor personas ignorantes para dominarlas, manejarlas y explotarlas más fácilmente.
  7. Los que se aprovechan de lo que otros saben, robándoles sus conocimientos, mediante engaños o a la fuerza.
  8. Los que se creen y aparentan que saben, hasta que descubren su ignorancia. Entonces volver a retomar la confianza perdida, es muy difícil.
  9. Los que triunfan sin saber el por qué han triunfado, seguramente debido al resultado de situaciones, donde sin esfuerzo ni conocimiento, se valieron de lo que otros sabían.
  10. Los que se aprovechan de que los demás no saben, sabiendo que siempre hay listos donde hay tontos.
  11. Los que tienen obligación de saber y no saben, engañando al prójimo, consciente o inconscientemente con palabrerías o actitudes presuntuosas. Estos pueden hacer mucho daño, por la confianza depositada en ellos a pesar de que tienen esa carencia de conocimientos.
  12. Los que siempre saben, porque se han esforzado en aprender y están dispuestos a un aprendizaje continuo, para aprovechar y administrar bien, los talentos recibidos. Estos son los triunfadores en esta vida. 

Poner la educación de los hijos, como prioridad y epicentro de todas las decisiones, relacionadas con la familia o la sociedad. Ese tiene que ser el objetivo principal de los padres, los políticos, los empresarios, los religiosos y las organizaciones sociales. Si no se cumple ese objetivo, seguiremos obteniendo lo que hasta ahora obtenemos, medianías o fracasos. Las personas bien educadas, personal, escolar y socialmente, son las que prosperarán. Las naciones que lo consigan hacer colectivamente, también prosperarán y dejarán atrás a las naciones o colectivos mal educados. La buena educación es muy rentable, en todas las sociedades. 

Los padres deben enseñar a los hijos, que todos tenemos la ineludible obligación de saber todo lo más posible, de la mayoría de las cosas. Sin entrar en la discusión, si es mejor ser generalista o especialista. Es cierto que esa obligación, hay que controlarla y acoplarla a las disponibilidades de tiempo y capacidades mentales y económicas. El tiempo para aprender, es un concepto finito, pues el que pasa, ya no vuelve. Por eso hay que invertir el tiempo y el esfuerzo de la mejor manera posible, para poder cumplir con la obligación de adquirir, todos los conocimientos posibles. 

El privilegio de saber, no se le da a todas las personas, por eso las que pueden recibirlo, no tienen derecho a rechazar ese privilegio, máxime, cuando es totalmente gratis, como en muchas ocasiones. No hay excusas para incumplir la obligación de saber, máxime hoy en día, que hay tantas posibilidades, para la mayoría de las personas de adquirir conocimiento, incluso a mayor nivel, del que cada uno se puede imaginar. Luego no se puede alegar desconocimiento, por no haberlo sabido, ya que la ignorancia de las leyes, no justifica la obligación de cumplirlas. No se puede alegar, que no se quieren aprender determinados temas. Hay personas que en lugar de están aprendiendo, prefieren estar viendo las novelas de la televisión, los deportes o cualquier otro tipo de entretenimiento, que es bueno un tiempo limitado y en determinadas circunstancias, y si no es así, muchas veces para lo único que sirve, es para embotar o atrofiar los sentidos. Ese tiempo que se malgasta, algún día se acordarán de el y de cómo lo desperdiciaron. 

La obligación de saber, está íntimamente relacionada con el derecho a saber y la obligación de informar o enseñar. Derechos que muchas veces es negado, en aras de un mal entendido concepto, de que no es bueno para las personas conocer determinadas cosas. Pero casi siempre, este concepto de no querer enseñar, basado en que las personas no deben saber, está relacionado con actuaciones que perjudican a los que verdaderamente deberían saberlo, para que pudieran tomar las medidas convenientes, aunque estas duelan a alguna de las partes. 

Vivimos en la era de la información, dentro de la sociedad del conocimiento. Hay toda una red, cada vez más grande, tupida y poderosa, denominada “la industria del conocimiento”. Son las sociedades de servicios, las que triunfan sobre las sociedades industriales. Los padres tienen que inculcar a sus hijos la grave obligación que tienen de saber, el derecho personal e inalienable de saber y el deber de estar bien informado.  

22 Sentencias relacionadas con la obligación de saber: 

  1. Cuando se es rico en sabiduría, hay que tener miramientos con la ignorancia de los demás.
  2. Cuando se tiene la obligación de saber, lo mejor es estudiar o preguntar.
  3. Ejercitar la obligación de saber, conlleva muchos sacrificios y satisfacciones.
  4. El que no sabe nada, no duda de nada.
  5. Es mucho más lo que se ignora, que lo que se sabe.
  6. Es obligatorio saber lo que se quiere, tener el valor de decirlo y el coraje de realizarlo. 
  7. Pocas personas quieren saber la crítica que les haría mejores, prefieren el elogio que les engaña.
  8. Saber es acordarse de lo aprendido.
  9. Saber es saber, que no sabes nada, ese es el significado de la verdadera sabiduría.
  10. Saber que no se sabe nada, es el más difícil y delicado saber.
  11. Tenemos la obligación de intentar saber, por lo menos, lo que debemos saber.
  12. Tenemos la obligación de saber aprovechar las oportunidades sin renunciar a las ventajas.
  13. Tenemos la obligación de saber donde estamos y hacia donde vamos.
  14. Tenemos la obligación de saber hablar, saber callar y saber cuando hacerlo.
  15. Tenemos la obligación de saber hablar, saber pensar, saber escuchar y saber callar.
  16. Tenemos la obligación de saber hasta donde sabemos lo que sabemos y lo que no sabemos.
  17. Tenemos la obligación de saber ser mejores, no más fuertes o engreídos, por saber más que otros.
  18. Tenemos la obligación de saber y seguir aprendiendo sin parar.
  19. Tenemos la obligación de saber, que no debemos hablar en términos cultos e incomprensibles, a quienes no pueden entenderlos.
  20. Tenemos la obligación de vivir para saber y saber para vivir bien.
  21. Tenemos más obligación de saber las cosas importantes, que saber muchas cosas.
  22. Tenemos obligación de saber con qué espíritu llegamos, no dónde llegamos. 

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