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Archivo para 29 mayo 2012

Padres, enseñen a sus hijos a decir “NO”

ESCUELA PARA PADRES

Padres, enseñen a sus hijos a decir “NO”.

2,278 Palabras. Tiempo de lectura 8:00 minutos

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            Que su “no”, sea “no” y que su “sí”, sea “sí”. Para conseguirlo, hay que tener mucha entereza, firmeza, conocimiento, disciplina y decisión en las cosas importantes, relacionadas con la religión, la familia, la sociedad y las buenas costumbres. Es muy difícil decir “no”, pero no imposible, además de beneficioso a corto y largo plazo.

Hay cien mil situaciones y muchísimos medios de comunicación, que compiten directamente contra los padres, que quieren educar a sus hijos, a que sean valientes y sepan decir “no”, ante las cosas malas que la sociedad les ofrece.

Padres, enseñen a sus hijos a decir “no” a las drogas y a otras muchas cosas, que les perjudican, y que se pueden convertir, fácilmente, en adicciones. Si son valientes y dicen rotundamente “no quiero probar”, de forma, que no quede ninguna duda de sus intenciones, habrán ganado la primera batalla y muy posiblemente, la guerra de las drogas. El consumo de las drogas, suele empezar cuando a los hijos les da vergüenza decir “no”, ante los ofrecimientos o insinuaciones, para que las consuman. Es más duro decir “no” a todas esas tentaciones, ya que después, tendrán que enfrentarse a defender su postura.

Hijos, siéntanse orgullosos de decir “no”, cuando tengan que decirlo. Cuenten a sus padres lo que han hecho, y todas las veces que lo hayan hecho. Al decirlo se sentirán bien, además que darán a sus padres una gran satisfacción, sobre el buen resultado de las enseñanzas que les han impartido.

Hijos, sepan que todos los días y a todas las horas, van a tener que enfrentarse contra los que quieren convencerles, que se pasen a su bando. La mala sociedad, no descansa de sus intenciones y está esperando, a sus momentos de flaqueza, cansancio o curiosidad. Si Vds. no tienen la fortaleza de decir “no”, perderán la batalla, que continuamente les presenta la sociedad y posiblemente, entren en avenidas de retorno imposible.

Saber decir “no”, primero hay que convertirlo en costumbre, después en hábito y posteriormente en virtud. En las afirmaciones o negaciones importantes, no se puede hablar con ambigüedades: Sí, pero…. No, pero…. Algunos dicen “Es de sabios cambiar de parecer”, pero ese parecer, hay que administrarlo con prudencia y cautela, para no dar mal ejemplo a los hijos, atosigándoles con ideas, órdenes o instrucciones volátiles o incongruentes.

Decir “no”, suele presentar muchas dificultades. ante las continuas presiones de la sociedad. para que hagamos lo que la sociedad quiere. Es un enfrentamiento. que la mayoría de las veces. supone tener que soportar calificativos despectivos personales. como: Raro, ignorante, anticuado, sabelotodo, desaprovechado, anormal, extravagante, etc. Pero la valentía, soportada con el convencimiento, se demuestra en esas situaciones, que atentan contra los principios adoptados.

La terquedad o intransigencia de los padres o de los hijos, tampoco es buena compañera, para andar los caminos de la educación. Suele traer malas consecuencias, a no ser que sea en conceptos no negociables religiosa, familiar o socialmente.

            Enseñar a los hijos a ser flexibles, cuando sea necesario, es sinónimo de inteligentes, no de obtusos, de tolerantes, de querer ser complacientes, adaptables y transigentes. Esa flexibilidad, tiene que estar muy bien soportada, con la práctica y la enseñanza de las virtudes y valores humanos. Aunque un cónyuge nunca debe decir “no” y el otro cónyuge decir que “si”, para tapar lo que hacen los hijos.

Los padres tienen que ser los primeros en aprender a decir “no”, incluso ante las situaciones difíciles, para conseguir que los hijos, se den cuenta de la entereza que eso les ha supuesto. Educar con el ejemplo, es la mejor herramienta para la educación de los hijos.  Nadie puede educar de lo que no sabe o no practica.

Los padres demasiado rígidos en sus decisiones, que incluso no quieren escuchar o atender las alegaciones de los hijos, casi siempre terminan en enfrentamientos innecesarios. Mantener el “no” o el “sí”, no quiere decir, que no haya que crear espacios para el convencimiento, la negociación y en algunos casos desistir.

Para conseguir tener la virtud de saber decir sí o no, es imprescindible practicar las siguientes virtudes y valores humanos, que aunque parezcan muchos, no son tantos, si los padres quieren ofrecer a sus hijos, la mejor formación humana posible: (En orden alfabético, no de importancia)

Ahorro. Arrepentimiento. Austeridad. Autodisciplina. Disciplina. Callar. Caridad. Castidad. Civismo. Coherencia. Compasión. Compromiso. Conciencia. Confianza. Conocimiento. Constancia. Control. Coraje. Criterio. Decencia. Decisión. Dialogo. Dignidad. Disciplina, Educación. Escuchar. Espíritu crítico. Ética. Fe. Fidelidad. Formación. Fortaleza. Generosidad. Gratitud. Heroísmo. Honestidad. Honor. Honradez. Humildad. Igualdad. Integridad. Justicia. Lealtad. Libertad. Liderazgo. Madurez. Magnanimidad. Misericordia. Moderación. Obediencia. Objeción de conciencia. Objetividad. Oración. Orden. Paciencia. Paz. Perseverancia. Plan de vida. Prójimo. Prudencia. Pudor. Puntualidad. Razón. Rectitud. Reflexión. Religiosidad. Respeto. Responsabilidad. Sabiduría. Sacrificio. Sencillez. Sensatez. Serenidad. Seriedad. Sinceridad. Solidaridad. Sufrimiento. Templanza. Tolerancia. Valor. Verdad. Vergüenza. Visión. Voluntad, etc.

Del conocimiento y de la práctica, de cada una de estas virtudes y valores humanos, dependerán los criterios elegidos para decir sí o no. Ahí se demostrará la fortaleza, a la hora de tomar la decisión y la certeza para mantenerla. (Certeza es la firme adhesión, al conocimiento seguro y claro, de algo conocible y sin temor a errar. Es la columna que debe soportar las decisiones, afirmativas o negativas, que se vayan a tomar). Después hace falta practicar otras virtudes y valores humanos, para corroborar las decisiones pensadas y para mantenerse en la decisión tomada, si es que ha lugar.

La práctica de estas y otras virtudes y valores humanos, crean un sexto sentido o intuición, para determinar cuando hay que decir “sí” o “no”. La calidad de la educación que enseñan los padres, es muy difícil que sea superada, por la que los hijos, puedan aprender fuera de la familia.

No es aconsejable pasarse toda la vida diciendo “no”, a todas las cosas, criticando todo lo que se hace o se deja de hacer, y diciendo “no” a todo, sistemática e invariablemente. Hay que tener el criterio suficientemente formado, para saber elegir la razón y las circunstancias para hacerlo. Es cierto que hay muchos más “criticólogos” que “solucionlogos”, en el medio, está la virtud. Pero cuando decir “no”, es innegociable, porque el “sí”, va en contra de nuestros principios, hay que ser fuertes y tenaces criticólogos.

Aprender a decir “no”, es totalmente imprescindible y necesario. Algunas veces nos hacen propuestas o tenemos algunas intenciones u objetivos, que dado la confrontación o incompatibilidad con nuestras creencias religiosas, obligaciones familiares, alejamiento de los estudios, proyecto de vida, relaciones con los amigos, falta de tiempo, de dinero, de posibilidades reales, prioridades, cuidado de la salud, etc., nos obligan a plantear la obligatoriedad, de decir seriamente que “no”, y mantenerlo, aunque sean muchas  las presiones externas e internas, que nos intenten convencer de que digamos “si”.

Los padres tienen que entrenar y convencer a los hijos, que es más valiente e inteligente decir “no” una vez y con energía, después de haber pensado bien las ventajas e inconvenientes, que posteriormente pagar las consecuencias, de no haberlo dicho por cobardía o por ignorancia. Es preferible ponerse una vez rojo, que cien veces colorado.  El tiempo, el dinero y las energías, son limitadas y no se pueden desperdiciar por decir “sí”, cuando se debería haber dicho “no”, pues las consecuencias pueden ser ilimitadas.

Los padres tienen que enseñar a que los hijos no tengan miedo a decir “no”, cuando sea necesario. Decirlo con valentía, sin miedos personales o de aceptación. Muchos miedos, resultan que fueron en vano, pues no sucedió lo que se temía. Mucho menos miedo, si se tienen preparadas respuestas alternativas, a los hechos desagradables, que pudieran producirse por haber dicho “no”.

La experiencia está compuesta por los problemas presentados, los fracasos y los éxitos. Si esto los asociamos, con las veces que nos equivocamos al decir “sí” o “no”, aprenderemos a no tropezar nuevamente, con la misma piedra.

Decir “no”, supone un compromiso u obligación, de mantener la palabra empeñada en causas privadas, familiares o sociales.  Hay que tener la confianza y la  seguridad, de saber decir “no” y mantenerlo. Así se gana la autoestima propia y la aceptación de los demás.

Los contrariologos e inconformistas sistemáticos y casi profesionales, son los que continuamente están llevando la contraria, y diciendo “no” a todo. Pero llevar la contraria por sistema, no evita la firmeza de plantarse y decir “no”, a lo que verdaderamente consideramos, que nos puede hacer daño, a nosotros o a la sociedad.

Los padres tienen que enseñar a sus hijos, a que no les de miedo a decir “no”, que sean valientes, aunque eso suponga un enfrentamiento contra la sociedad. Incluso cuando casi todos, a su alrededor, vivan más tranquilamente al creerse determinadas cosas a pie juntillas y casi nadie se las cuestione.

La objeción de conciencia, soportada con un “no”, entra en juego y dice “hasta aquí hemos llegado”, precisamente cuando la conciencia, está muy bien formada, ha estudiado bien las repercusiones religiosas, morales y sociales, y no tiene miedo a enfrentarse a las consecuencias de enfrentarse o sentirse rechazados por la sociedad, los amigos u otros familiares, aunque eso les origine muchas veces, graves problemas.

Algunos para no tener que enfrentarse con el “no”, dicen “sí” a todo, lo que empeora la vida familiar y social, pues no les permite utilizar su libre albedrio, para la buena toma de decisiones. Máxime cuando ese “sí” lo dicen por compromiso o vergüenza y sin ánimo de cumplirlo.

También están los que son, como veletas al viento, que ponen las excusas más extrañas que se hayan podido escuchar, para decir “sí” o ”no”, en las mismas situaciones o cuestiones, según el ramalazo que les de en ese momento.

Los padres deben enseñar a sus hijos a que no deben tener en cuenta, el complacer a sus amigos, con algo que no deben hacer. Tienen que oponerse con valentía y rotundamente, si lo que les proponen, va en contra de la moral y buenas costumbres enseñadas por sus padres.

Para los padres, es muy importante conocer si sus hijos son adictos al “si”, incluso ante situaciones peligrosas para ellos mismos, debido a que tienen miedo de decir “no”. Esa falta de valentía, les hará ponerse en peligro, de hacer todo lo que sus amigos le pidan, aunque nada más sea por complacerlos y no enfrentarse a ellos, con un “no”, ante las posibles malas actividades.

Los padres tienen que enseñar a sus hijos, a que sepan trazar una raya en las relaciones con sus amigos, que con sus planteamientos peligrosos, siempre les estén obligando a decir “no”, para evitar que por pesadez o que, por quitárselos de encima, caigan en la tentación de aceptar sus ideas.

Saber decir con firmeza y claridad “no”, es un acto de valentía, inteligencia y cortesía y debe hacerse, cuando sea necesario, para que los demás lo comprendan, sin sentir ninguna culpabilidad, ni remordimiento posterior. No hay que evitar el choque, que pueda producirse por decir “no” y mantenerlo. Es preferible la honesta confrontación, a que por no discutir las razones del “no”, dejarse llevar por las malas intenciones de otros.

Padres, verán que orgullosos se sienten sus hijos, cuando vean y puedan decir, que han sabido mantener su “no”, por encima de las presiones, vejaciones y discriminaciones que han sufrido, por no seguir los dictados de sus amigos, de las modas o de lo políticamente correcto. Muchas veces, necesitan demostrarse a si mismo, que saben decir “no”, sobre todo cuando se dan cuenta de los problemas, en los que se han metido, por no haber sido inteligentes, fuertes y responsables consigo mismo. La primera cualidad de la personalidad, es la fuerza en demostrarla.

            Es mucho más difícil decir “no”, que decir “si”, todo depende del grado de dominio de la virtud de la voluntad. La falta de carácter, conlleva la debilidad o falta de voluntad, nunca faltan pretextos, para no cumplir con las obligaciones. Todo dependerá del entrenamiento que han dado al espíritu, para tener fuerza de voluntad y no rendirse, ni retroceder ante los retos que la vida nos presenta diariamente. 

Los padres tienen que fomentar, primeramente con el ejemplo, la práctica de la virtud de la voluntad, para acostumbrar a los hijos a decir que “no”, cuando lo tengan que decir, y a decir que “si” cuando sea necesario o conveniente. Las medias tintas en la definición de las necesarias respuestas contundentes, demuestran el conformismo y una gran falta de entrenamiento, en el ejercicio de la voluntad. 

            Saber decir “no”, es una señal de inteligencia y agudeza, que los padres tienen que enseñar a practicar a sus hijos, desde que son muy pequeños. No pueden dejar la enseñanza de decir “no”, para cuando sean mayores, pues después puede ser muy tarde y tendrán que pagar las consecuencias. El “no” y el “sí”, son breves de decir, pero piden pensar mucho.

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Familias con padrastros, madrastras, hijastros, hermanastros y adoptados

ESCUELA PARA PADRES

Familias con padrastros, madrastras, hijastros, hermanastros y adoptados.

  • 21 Conceptos a tener en cuenta previos a la toma de la decisión de reconstituir una nueva familia
  • 10 Conceptos a tener en cuenta cuando ya esté reconstituida la nueva familia
  • 13 Frases muy comunes que los nuevos cónyuges deben intentar que los hijos o los hijastros no las digan
  • 10 Situaciones que pueden perturbar la mente de los hijos en las familias reconstituidas
  • 10 Acciones que deben tomar cada uno de los miembros de las familias reconstituidas

3,737 Palabras. Tiempo de lectura 14:00 minutos

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Actualmente más del 50% de los matrimonios realizados, terminan en separaciones, abandonos o divorcios. Las cifras varían en función de los países y sus segmentos de población. Son situaciones que originan deconstrucciones y reconstrucciones familiares, que salpican a todos los componentes involucrados.

Motivado por lo anterior, se producen muchos tipos de familia, además de la tradicional. Los divorcios, las uniones civiles, registradas o no, las familias monoparentales, las uniones entre los LGBT, los “homomonios”, etc. originan una serie de circunstancias especiales de convivencia y educación entre los cónyuges, padrastros, madrastras, hijastros, hermanastros y adoptados. Incluso relacionadas con parentescos biológicos, civiles, asimilados, etc. Además de esas figuras, aparecen también los “esposastros”, las “esposastras”, los “abuelastros” y las “abuelastras”, que todos unidos en los sucesivos y cambiantes inventarios, de nuevos parentescos reales o de convivencia, hacen difícil, pero no imposible la convivencia, si previamente hay una adecuada enseñanza y un buen aprendizaje para comprenderse y comunicarse.

En estas deconstrucciones y reconstituciones, donde al final casi siempre suele faltar el soporte físico y afectivo de los padres, biológicos o no, debido a que casi nunca están interesados en los conceptos de convivencia, nacen los principales problemas que hoy afectan a la sociedad: Ausencia de formación religiosa y de la práctica de las virtudes y valores humanos, la violencia, las drogas, el sexo fuera del matrimonio, las adicciones, etc.

En estas familias se pueden tener varios padrastros y madrastras, “esposastros” y “esposastras”, que algunas veces, representan el fariseísmo de la oficialidad de la poligamia, revestida de alternancia temporal, por periodos más o menos largos. Estas situaciones, producen un espectáculo vodevilesco en los actos sociales o en las reuniones de las familias extendidas.

Estas situaciones conllevan un gran reto para racionalizar y convivir, con  una mezcla de apellidos, autoridades familiares, aceptación o rechazo de obligaciones y derechos transferidos, instrucciones dadas y aceptadas, disciplinas diferentes, desiguales educaciones, alimentaciones heterogéneas, variadas relaciones con la enseñanza y práctica escolar, religiosa y social, cumplimiento de contratos prematrimoniales, herencias recibidas y por recibir, enseñanza y práctica de las virtudes y valores humanos, administraciones económicas y de patrimonios, gastos extraordinarios, etc. No deje de consultar con un abogado o experto en temas familiares sobre los temas jurídicos que se le puedan presentar relacionados con los conceptos anteriores.

Antes de pensar en formar una familia reconstituida, deben enterarse y analizar muy bien, la necesidad de regularizar su presente y futura situación religiosa, civil y social, sin dejarse llevar únicamente, por las apetencias personales, ya que ambas partes asumen una gran responsabilidad y compromiso colectivo. La obligación de la educación y formación de sus componentes familiares, dependerá en gran parte del ejemplo que vea en sus padres o padrastros, lo que les servirá como guía para el día de mañana, de todos los integrantes de esa nueva familia. El ejemplo educa o destruye. Sugiero que lean con mucho detenimiento el siguiente artículo: 190 Preguntas prematrimoniales para formar una familia fuerte.

Las familias reconstituidas, ensambladas o combinadas, natural o artificialmente, afrontan mayores retos y dificultades, que las familias tradicionales. Tienen unas relaciones internas y externas más complicadas, intrincadas, antinaturales y difíciles, que las familias tradicionales. A los problemas que puedan tener todas las familias, se les añaden los que originan las costumbres, educaciones especiales, sentimientos contradictorios y adicciones, muchas veces incontroladas o inesperadas, que aportan los nuevos cónyuges o parejas.

Estos conjuntos familiares, tienen mucho mas desgaste emocional y de energías, pues tienen que enfrentarse y solucionar problemas, que no ocurren en las familias tradicionales. Al incorporarse y tener que convivir personas adultas, jóvenes y niños, con parentescos o no entre si, y antecedentes, costumbres, educaciones iguales, diferentes u opuestas.

Solamente podrán supervivir este tipo de familias, si hacen un gran esfuerzo de prestar mucha atención a las cosas, estar muy bien informado de la forma de llevar la familia, dejarse aconsejar por amistades o grupos de ayuda, personas con mucha experiencia, pero sobre todo, dedicar mucho amor a sus seres querido, practicando y enseñando las virtudes y valores humanos.

Todos los componentes nuevos o asimilados, del conjunto familiar, tienen que dominar mucho su carácter, para superar las frustraciones al tener que convivir hijos biológicos, con hijos de otros padres, más los hijos biológicos de ambos. Incluso pueden ser hijos, ninguno biológico de la pareja, pues los aportan de otras relaciones. Pueden ser infinitas las combinaciones entre hijos biológicos o no, hijastros y hermanastros de los padrastros y madrastas, que viven en la nueva familias. Pero en todo caso, son nuevas familias que requieren un cuidado muy especial, para que puedan salir adelante. Mucha más demostración de educación por parte de todos, más tolerancia, más comprensión, más caridad, más dialogo, etc.

            Los padrastros y madrastras, tienen una doble tarea: Por una parte, intentar con un esfuerzo extraordinario, evitar o enmendar los errores cometidos en sus familias anteriores, para poder encontrar el amor y la seguridad que tanto anhelan. Por otra parte, aprender preguntando a los expertos, como se puede conducir esa familia especial que ha formado y dar a cada uno de los componentes el sitio que les corresponde, donde esté incluida una buena educación religiosa, familiar y social.

Especialmente las familias reconstituidas, tienen que tratar de comunicarse mucho y bien, además de intentar estar juntos el máximo tiempo posible, para conocerse mejor, ir limando las posibles asperezas que pudiera haber y solucionar los retos que se vayan presentando. Deben participar colectivamente en salidas al campo, a la iglesia, a la biblioteca, a los museos, espectáculos, etc.  Manteniendo también reuniones periódicas, programadas o no, con toda la familia, para conocer, principalmente, las opiniones de todos sobre las cosas que pasan en la nueva familia, sus preocupaciones y la forma de mejorarlas y así, poder vivir todos más felices y contentos.

21 Conceptos a tener en cuenta previos a la toma de la decisión de reconstituir una nueva familia:

1.      Analicen profundamente, si tienen la capacidad Vd. y su futuro cónyuge, de sobrellevar y solucionar los problemas de convivencia, educación y formación, que con seguridad, se le van a presentar, entre Vds. Y con sus respectivos hijos.

2.      Anote muy claramente, todos los retos a los que se van a enfrentar y coméntelos con su futuro cónyuge. No oculte ni minusvalore, ninguno de los problemas, por cumplir unos objetivos personales, muchas veces egoístas, para los padres o sus hijos.

3.      Comenten como manejarán el dinero y el patrimonio que aportarán a la nueva familia, así cómo administrarán los ingresos y gastos posteriores.

4.      Cuando haya que disciplinar a los hijos, pónganse de acuerdo los cónyuges, sin distinguir si los hijos son biológicos o no.

5.      Dialoguen con el futuro cónyuge y en su caso con los hijos propios y ajenos, dependiendo de su edad física y mental, todo lo relacionado con el posible cambio o continuidad, de los apellidos de origen, de cada uno de los componentes de la nueva familia.

6.      Dialoguen y negocien con las ideas y sentimientos de cada uno de los componentes de la nueva familia, cercanos y lejanos, como quieren llamar y ser llamados, principalmente en el caso de los nuevos padres y de los biológicos. Por los nombres propios o con los nombres coloquiales de papá o mamá, para evitar los nombres tan intensos y distanciadores de padrastro, madrastra, hijastro, hermanastro, adoptado, etc.

7.      Distribuyan entre todos los hijos, las tareas del hogar, proporcionalmente a sus edades y capacidades, y asignen a cada uno, su espacio dentro de la casa, sin excluir ninguna edad ni condición.

8.      Escriban todo lo relacionado con las posibles herencias, pendientes de recibir, los testamentos civiles y vitales, las obligaciones de pago pendientes, etc. Así como el otorgamiento de nuevos testamentos civiles y la participación de cada uno en ellos, incluyendo la adopción o reconocimiento de los hijos ajenos, pero que vivan en la nueva familia.

9.      Impidan que la disciplina y el orden disminuya, en función del parentesco, porque va en contra de los principios de la educación, evitando pensar, si el cónyuge es demasiado blando o duro, con los hijos biológicos o los otros. A todos tienen que enseñarles a pensar, la forma en que deben controlar su conducta.

10.   Intente conocer los sentimientos, de todos los que van a reconstituir esa posible nueva familia, tratando de ponerse en su lugar, sin erigirse en juez.

11.   Intente localizar una nueva vivienda, para evitar problemas con los conceptos de antigüedad y pertenencia.

12.   Negocien y establezcan, nuevas normas familiares y hagan cumplir las que ya existen. Estas nuevas normas, no pueden introducirse bruscamente. Deben ir implantándose poco a poco, siempre respetando el derecho a la privacidad de los demás, siguiendo un código común de comportamiento, vestimenta, horarios, obligaciones y derechos, etc.

13.   No se dejen llevar por su egoísmo, ni por el primer impulso de querer convivir con su posible cónyuge. Previamente a dar los pasos definitivos, consulte e infórmese bien, sobre lo que va a hacer, hágalo con algún experto sacerdote, pastor, rabino o imán, según la religión que profesen. Búsquese aliados familiares, amigos o consejeros, que les ayuden a tener éxito. Vds. solos tienen muchas probabilidades de equivocarse nuevamente. No lo dejen al azar. Un asunto tan importante, necesita analizarse desde muchos ángulos y puntos de vista. Hágalo por interés propio o por el compromiso de la familia que va a formar.

14.   Permitan que los hijos se incorporen a la nueva familia, sin tener que renunciar a la anterior, la cual sigue siendo su familia y seguramente, tendrán muchos nexos de unión que nunca deben romperse.

15.   Ponga mucho énfasis en mejorar la forma de comunicarse, tanto con su futuro cónyuge, como con los hijos que ambos aporten a la nueva familia, tratando de ver las situaciones presentes y futuras, desde distintos ángulos de vista, de forma que todos puedan entenderse.

16.   Previamente a formar esas familias, los futuros cónyuges deben dar la oportunidad a los hijos, dependiendo sus edades físicas y mentales, de conocer y sopesar las ventajas e inconvenientes, a plazo corto y largo, del nuevo estilo de vida que les proponen, con la nueva familia. Háganlo por el bien físico y mental de sus hijos, no lo base sobre el egoísmo, comodidad o apetencia de los padres.

17.   Respeten en lo más posible, las anteriores relaciones familiares suyas y de sus hijos. El hecho de reconstituir una nueva familia, no significa que tienen que abandonar las relaciones con los abuelos, hermanos, que no se incorporan a esa nueva familia, primos, cuñados, etc. No tienen que echar por la borda, los años de buenas relaciones que hayan podido tener, ni castigar a esos parientes, con la ausencia o ruptura de los lazos o sentimientos familiares cultivados.

18.   Tengan en cuenta a todos los componentes familiares, presentes y futuros, que normalmente estos tipos de familias reconstituidas, tardan varios años en estabilizarse, entre otras cosas, debido a que los temas financieros, ligados a los matrimonios anteriores, son muy complicados. Pero son muy fáciles de deconstruirse, es decir deshacer analíticamente, los pocos y sencillos elementos, que constituyen su estructura conceptual.

19.   Transmita sus sentimientos e ilusiones realistas, a todos los que vayan a participar en ese nuevo proyecto familiar, haciéndoles ver, que el éxito o fracaso de la misma, va a depender del esfuerzo, la voluntad y la inteligencia que demuestren solidaria y mancomunadamente.

20.   Traten de minimizar y perdonar, en el caso de que haya habido algún problema, con las antiguas familias, es muy posible que sean cosas de los adultos y no de los hijos. Ellos no son responsables y no tienen que sufrir esas separaciones, que algunas veces los adultos realizan exclusivamente por odio, venganza o represalia.

21.   Traten en privado los desacuerdos de Vds. y los relacionados sobre el comportamiento de los hijos, centrándose en el comportamiento específico actual, y no en supuestas faltas, de su educación anterior.

10 Conceptos a tener en cuenta, cuando ya esté reconstituida la nueva familia:

1.      Analice bien si los hijos que antes se llevaban bien con sus padres, cambian de comportamiento o de carácter en su nueva familia. Vigilando muy de cerca, los resultados de sus estudios, prácticas religiosas, amistades, vestimentas, altercados, discusiones, comportamientos en el hogar y fuera de él, etc.

2.      Esté o no esté de acuerdo, demuestre con gran respeto, atención y paciencia a las opiniones sentimientos y preocupaciones de todos y cada uno de la nueva familia, Es el principio de una nueva forma de vida y todos tienen que tener los sentidos muy dispuestos a escuchar y tratar de entender a los demás, para intentar encontrar las mejores soluciones.

3.      Incremente el amor hacia su nuevo cónyuge. Eso le ayudará a solucionar, múltiples situaciones, que sin un profundo amor, será muy difícil de afrontar. Si consiguen tener una familia fuerte, tiene andado la mitad del camino hacia el éxito.

4.      Los cónyuges deben preguntar, indagar y tratar de entender, como ve cada uno de sus componentes, la situación de la nueva familia, sus alegrías y sus tristezas, lo que les suma y lo que les resta. Así cuando surjan diferencias o problemas, les permitirá actuar con rapidez, eficacia y serenidad para solucionarlas.

5.      No tomen ninguna acción que pudiera originar envidias, celos, rivalidades o rencores, en los componentes de la nueva familia, ya que suelen estar mucho más susceptibles, ante cualquier diferencia. El dinero dado a cada hijo o hijastro, para sus gastos particulares, debe ser conocido por todos y hecho con justicia y proporcionalidad.

6.      Pasen el mayor tiempo posible con su nuevo cónyuge, estudiando bien todas las posibles situaciones que pudieran ocurrir y las soluciones correspondientes. Después será muy tarde y ya no valdrá decir: ¡Si lo hubiéramos sabido!

7.      Pidan ayuda a los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que cada uno profese, para compatibilizar la formación y prácticas religiosas de cada miembro de la familia, evitando que haya abandonos, enfriamientos, incompatibilidades o choques.

8.      Primero cada cónyuge por separado y después juntos, expliquen a cada hijo, cual va a ser la posición que cada uno va a ocupar, en la nueva familia y sus derecho y obligaciones.

9.      Procuren tener momentos privados, para estar a solas con cada uno de sus hijos e hijastros, cimentando la nueva relación y haciéndoles saber, lo importante que son para ustedes y el cariño que han depositado en ellos.

10.   Trabaje mucho sobre la integración familiar, intentando que no se formen bandos en la familia y que no haya o desaparezca los conceptos de intrusos, extraños,  antiguos y nuevos. Todos para uno y uno para todos.

13 Frases muy comunes, que los nuevos cónyuges deben intentar que los hijos o los hijastros no las digan. Y si las llegaran a decir, tener bien estudiadas las respuestas:

1.      ¿Por qué a tu hijo, mi hermanastro, le envías a un colegio privado y a mí a una escuela pública, le compras cosas especiales y a mi no, además que tiene privilegios especiales que yo no tengo?

2.      ¿Por qué me haces que viva con estos hermanastros, si es imposible que nos llevemos bien? Tenemos culturas, educaciones y actuaciones totalmente distintas y en muchos casos opuestas.

3.      A mis hermanastros, nunca les mandáis hacer eso, les consentís todo.

4.      Antes de unirnos a esta familia mi papá o mi mamá, me hacían mucho caso y estaban continuamente conmigo, pero ahora, están ellos todo el tiempo juntos o con mis hermanastros y a mi, me hacen muy poco caso.

5.      Extraño a mi papá o a mi mamá, pues me daban muchas cosas y me querían mucho, demostrándomelo continuamente. Ahora nadie me quiere ni me dan nada.

6.      La unión de sentimientos y amistad que tenía con mi papá y con mi mamá ha desaparecido, ahora les parezco un extraño.

7.      Mi madrastra o mi padrastro me tratan muy mal y me discriminan con sus verdaderos hijos.

8.      Mi padrastro o madrastra siempre les dan la razón a los mismos, cuando hacen de árbitros entre nosotros.

9.      Mi papá o mi mamá, nunca me obligarían a hacer esto.

10.   Mis hermanastros y mi papá o mi mamá, me tratan como si fuera un advenedizo, un intruso, un extraño o un raro en esta familia. Me siento excluido de todo.

11.   No me riñas, no eres mi papá o mi mamá.

12.   Por un capricho tuyo, has arruinado mi vida.

13.   Quiero que nos marchemos tu y yo muy pronto de aquí, antes los dos solos, vivíamos mucho mejor.

10 Situaciones que pueden perturbar la mente de los hijos en las familias reconstituidas:

1.      Empezar a tener nuevas amistades y compañeros de estudios en un ambiente que no le gusta y que es muy diferente al que se había acostumbrado.

2.      Encontrarse de repente fuera de lugar al tener que convivir en una familia donde hay niños de muy diversas edades, desde recién nacidos hasta jóvenes adultos, todos extraños.

3.      No tener con quien compartir con plena confianza los sentimientos, miedos y frustraciones de la nueva situación familiar.

4.      Por disciplina, obediencia u obligación, tener que obedecer y dar explicaciones íntimas a madrastras o padrastros con los que no se tiene ninguna confianza ni interés en llevarse bien.

5.      Sentir la angustia de la inseguridad presente y futura de la nueva familia. 

6.      Sentirse separado también de los hermanos biológicos, según el reparto que otros decidieron.

7.      Tener que aceptar y sufrir, aunque choque frontalmente con la educación hasta ahora recibida, los fuertes cambios en su situación y educación familiar, religiosa, escolar, económica, social, geográfica, de salud, etc.

8.      Tener que comprobar con horror como han sido sustituidos el padre o la madre por otras personas, según la decisión que ellos o el juez hayan determinado, pasando de tener padres a tener padrastros, de ser de hijos a ser hijastros, de tener hermanos a tener hermanastros, etc. 

9.      Tener que dar explicaciones a otros familiares, amigos, profesores, etc. de una desagradable situación en la que no han tenido “arte ni parte”.

10.   Tener que renunciar involuntariamente a todas las expectativas y promesas recibidas sobre su futuro escolar y social. Ahora son otros los que decidirán sobre lo que le habían prometido.

10 Acciones que deben tomar cada uno de los miembros de las familias reconstituidas:

1.      Aprender a explicar los sentimientos y puntos de vista con calma, respeto y racionalmente, utilizando todas las posibilidades sociales de comunicación.

2.      Aprender a negociar las cosas que se quieran cambiar, que vayan ocurriendo o que se espera que ocurran, proponiendo opciones que sean del agrado o llevaderas para todos los de la nueva familia y no de algunos solamente.

3.      Aprovechar la nueva situación para estar abierto a todo tipo de posibilidades de aprender los unos de los otros, ya que cada uno de los nuevos componentes aporta muchas cosas o habilidades que pueden ser buenas para los demás. Todos los cambios importantes, voluntarios o impuestos suelen ser difíciles pero también se puede aprender muchas cosas de ellos.

4.      Intentar conocerse profundamente lo más posible, analizando los puntos fuertes y los débiles para procurar mejorar las relaciones individuales y colectivas, sin olvidar que todos pueden estar muy nerviosos y confundidos en el periodo de adaptación, pues ignoran muchas de las soluciones que tienen que dar a las situaciones que se presentan.

5.      Intentar no perder el contacto físico o telefónico con los hijos o hermanos biológicos y otros familiares y amigos, aunque las distancias que los separen sean grandes o las situaciones sean difíciles.

6.      Leer e informarse bien de las posibles situaciones, soluciones y alternativas relacionadas con casos similares ocurridos en nuevas familias reconstituidas.

7.      Llevar un diario con las cosas que pasan para poderlas contar a algún experto consejero o grupo de apoyo, en la búsqueda de soluciones o consuelo ante las situaciones reales o los propios sentimientos de tristeza o angustia.

8.      No escatimar el tiempo, ni la buena disposición dedicada a los otros componentes de la nueva familia, pues todos se necesitan mutuamente para adaptarse y sobrevivir familiarmente en paz y con armonía.

9.      Tratar de convencer con hechos y palabras a los demás nuevos familiares, de la buena disposición a ser un componente más de la nueva familia, intentándoles aceptar y ser aceptado en una plena integración.   

10.   Tratar de encontrar una persona de plena confianza, externa al núcleo familiar, para contarle y pedirle orientación en las situaciones difíciles que se vayan presentado. Esta persona puede ser algún experto sacerdote, pastor, rabino o imán, según la religión que profese.

El hecho de querer deconstruir una familia y reconstituir otra, fuera de los conceptos de la ley natural y de las prácticas religiosas y civiles, con los antiguos y nuevos componentes, puede suponer un pésimo ejemplo familiar, que les lleve a todos al abandono de las creencias y prácticas religiosas. Estas situaciones, suelen crear una relación causa-efecto, entre los diversos modelos que las nuevas y antiguas familias hayan asimilado, con las decisiones tomadas. Los cónyuges y especialmente los hijos, necesitan enormemente los soportes emocionales, que toda familia debe tener, para crecer en edad, dignidad y gobierno.

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Los efectos de la discriminación explicados a los hijos

ESCUELA PARA PADRES


Los efectos de la discriminación explicados a los hijos
 

2,643 Palabras. Tiempo de lectura 10:00 minutos

Algunos conceptos desarrollados:  

  • La discriminación negativa
  • La indiscriminación positiva y negativa
  • Cómo prepararse con educación y formación para prevenir, defenderse y luchar contra la discriminación
  • Cómo enseñar a no discriminar 

Algunos artículos relacionados:

La discriminación negativa es la que selecciona, segrega o aísla, excluyendo y dando un trato de inferioridad, a una persona o colectividad, por motivos raciales, religiosos, políticos, económicos, idiomáticos, etc. Se convierte en un pecado grave en función de la importancia y cantidad de daño que produce, pues hiere la dignidad de las personas y los derechos fundamentales dimanados de ellos, social o culturalmente. También puede ser en tono jocoso, irónico, bromista, etc., siendo amenudo un disfraz, de las más profundas y malsanas intenciones. 

La discriminación es enemiga de la caridad y de la generosidad, maravillosas virtudes y valores humanos, pues impide a las personas utilizar la voluntad de razonar las necesidades, derechos y capacidades de los demás. En las fuentes insondables del ser, incluso en el hondo calado de nuestra conciencia, está la ilicitud de la discriminación. 

La discriminación se convierte en enemiga de las personas o categorías sociales, que debido a su origen, raza, religión color, idioma,  conocimientos, obesidad, sexo, orientación sexual, género, estatus matrimonial, situación económica, etc. se ven marginadas y afectadas por leyes o costumbres discriminatorias.

La discriminación no cabría en las sociedades, si hubiera una buena formación de las virtudes y valores humanos, o si se siguieran los principios que preconizó, acertada o equivocadamente la Revolución Francesa, que declaraba como base, para las relaciones entre todos los ciudadanos: Igualdad, libertad, hermandad. Hoy desgraciadamente existe una fuerte y fomentada discriminación en las comunidades que tienen grupos multiculturales, nativos e inmigrantes. Tampoco existiría, si las personas hicieran el esfuerzo y tuvieran los conocimientos, para no sentirse discriminados. Produciendo un sentimiento de inferioridad, es con lo que juegan los discriminadores, sabiendo de antemano, que con sus actos, van a dejar medio paralizados a los discriminados.

Hay personas que continuamente están haciendo apología del crimen de la discriminación, porque creen que los otros son diferentes, no les caen bien o quieren sacar provecho, pretendiendo que los discriminados tengan y actúen con complejo de inferioridad, para así poderlos dominar porque se sienten humillados, doblegados, sometidos, vejados, avasallados, abusados, intimidados, etc.

Los padres tienen que enseñar a sus hijos o no sentirse discriminados, por mucho que otros, casi siempre son los mismos, lo intenten una y otra vez. Los que discriminan, muchas veces lo hacen para dar rienda suelta a los odios contenidos y a sus propias frustraciones y para quitarse sus miedos, sus angustias y sus complejos de inferioridad.

Hay condiciones o signos externos personales, que no pueden ser ignorados ni escondidos, porque algunas veces son imposibles o muy difíciles de cambiar u ocultar e influyen en los inaceptables actos de discriminación. Están a la vista de todos como es el color de la piel, la raza, el sexo, etc. Ante estas situaciones, es muy difícil tener control, pero no por eso se debe sentir humillación por la discriminación, por lo que hay que superar las maldades, de los enemigos que discriminan. Cuando esta ocurre, se debe estar muy bien preparado y entrenado para dominar a la discriminación, de forma que aunque quieran, no puedan herir u ofender.  

Es muy difícil pero no imposible evitar la discriminación, pero es fácil  y posible estar bien preparados, para no sufrirla. La educación familiar, escolar y social, iguala a todas las personas. La tiranía de las minorías, no justifica bajo ningún concepto la discriminación con ellas. Pero no se puede decir que se es discriminado, si no se cumplen las características lógicas exigidas para todos. Por ejemplo, si a una persona de poca estatura no le seleccionan para jugar al baloncesto en las Grandes Ligas.

Sufrir cualquier tipo de discriminación social, racial, religiosa o económica, produce unas graves cicatrices imborrables. Es muy difícil olvidar o dejar de lado, los actos de discriminación, normalmente se tardan varias generaciones, principalmente cuando han sido en temas relacionados con la educación, el trabajo, la salud y el desarrollo económico o social. 

Los padres para educar bien a los hijos para que no teman a la discriminación y la sepan manejar inteligentemente. Tienen que enseñarles a practicar: 

  • Una fuerte dosis de paciencia.
  • A que adquieran una gran madurez.
  • A que aprendan a dominarse a través de la disciplina intelectual y del conocimiento.
  • A saber dedicar y repetir aunque sea con un gran esfuerzo en tiempo, talento y energías a dar ejemplo y repartir consejos. 

Padres no tengan miedo, al decir a sus hijos, que es posible que quieran discriminarles, pues siempre habrá unos que discriminen a otros. Lo importante es no sentirse discriminado, aunque los otros lo hagan o lo intenten. No discrimina el que quiere, sino el que tiene enfrente a una persona débil y blanda de mente. Les podrán discriminar, pero no por todo, algunas veces, pero no siempre. Lo importante es hacer llegar a los hijos el mensaje, que la discriminación no puede arrancarles sus conocimientos, educación y las virtudes y valores humanos, aprendidos y llevados a la práctica.

Padres, enseñen a sus hijos con el ejemplo, a que no se sientan discriminados. Que no permitan que el discriminador disfrute o se sienta grande, por haberles discriminado. Cuanto más fuerte se sientan sus hijos, más alejarán a los que pretendan discriminarles. Para eso, y para muchas otras cosas, los padres tienen que darles el verdadero modelo de vida, no comentando jamás, que han sido discriminados y que se han sentido mal. En todo caso, comentar lo que les ha pasado, solamente como una anécdota, sin importancia e incluyendo la salida emocional que hayan realizado. En primer lugar, para que no les haya impregnado la discriminación y en segundo lugar, con la respuesta adecuada que hayan hecho.

Los padres deben educar a sus hijos, a saber salir de las situaciones de discriminación. Enseñarles a que no caigan en la trampa de la discriminación Prepararles mentalmente, para que la discriminación no les haga daño, ni les deje mella. Siguiendo el refrán: “Si tus males no tienen remedio, por qué te quejas, y si tienen remedio, para qué te quejas”. Imbuirles el respeto y la aceptación de como es cada uno, eso sin hacer comparaciones odiosas, con los discriminadores. Hacerles ver, que la mejor arma para luchar contra la discriminación, es la educación y el dominio de si mismos.

El discriminado, para hacer desaparecer las malas intenciones del discriminador, se le debe enfrentar, empleando las virtudes y valores humanos del conocimiento, la educación, la firmeza, la fortaleza y la caridad.

Los padres tienen que tener mucho cuidado con los comentarios, gestos y acciones que puedan producir, consentir, promover, ocultar o aplaudir la discriminación, y muchos menos, que esta se vaya acumulando, pues los daños pueden ser incurables o irreversibles, al quedar marcado a  fuego en las mentes de los que la sufren, sus familiares, amigos y segmentos completos de la sociedad. También tienen que evitar la discriminación presente en las ironías, burlas, intransigencias y comentarios despectivos o jocosos, producidos al basar a las personas, en estereotipos manidos. 

No hay conquistadores, si no hay quienes se sienten conquistados. Como no hay discriminadores, si las personas no se sintieran discriminadas.  En los países más educados y más prósperos, los maestros y los Gobiernos, no enseñan que las invasiones realizadas, incluso a sangre y fuego, por otras civilizaciones, fueron conquistas, por lo que esos ciudadanos no se sienten conquistados. Les enseñan la cultura y ventajas que supuso su invasión, aunque reconociendo que los métodos empleados en aquellas épocas, no serían los adecuados en la actualidad.

Hay que enseñar a los hijos a que aprendan a discernir, comprender y percibir, cuando verdaderamente alguien les quiere discriminar. No vaya a ser que ellos, sean los que se auto excluyan voluntaria o involuntariamente. Cuantas veces las personas, sobre todo los jóvenes, se auto discriminan, diciendo: “No puedo”, “Eso no es para mí”. “Ahí no puedo ir yo, porque “creo” que no cumplo los requisitos”. Luego piensan que han sido discriminados, porque no les han dado la misma oportunidad que a otros, cuando fueron ellos, los que se discriminaron. Suelen ser los hijos que si hubieran nacido antes que sus padres, ahora estarían ambos arruinados. No saben luchar y sacrificarse para salir adelante, para ellos, todos  son problemas. Padre trabajador y ahorrador, hijo despilfarrador y nieto pordiosero. 

Los padres tienen que enseñar a sus hijos a que no discriminen a nadie en las relaciones familiares, amistades o conjuntos sociales, por lo que tienen que educarles y aleccionarles, a ejercitar y a utilizar la voluntad y a razonar lo que vayan a hacer, siempre en función de las necesidades de los demás y la práctica de las virtudes y valores humanos, que les hayan enseñado. 

Moralmente nadie debe discriminar a nadie, por mucho que su aspecto exterior, sea diferente a los cánones acostumbrados, en la sociedad en la que se vive. Ni por llevar tatuajes, perforaciones “piercing”, vestimentas especiales, imágenes físicas provocativas. Gustará o no gustará, será erróneo o acertado, pero nunca debe ser motivo de discriminación. Aunque todos seamos diferentes, todos tenemos el derecho inherente a la persona, de nunca ser discriminados. 

Nunca se puede discriminar a otra persona, por su forma de comportamiento. Habría que estar muy dentro de cada persona, para conocer los motivos de sus actuaciones, necesidades, costumbres, etc. Antes de pensar en la discriminación, hay que pensar en las virtudes y valores humanos de la tolerancia, la prudencia, la generosidad, la caridad, la congruencia entre lo que se piensa y lo que se practica, etc. 

A todo el mundo le gustaría ser sobresaliente física, intelectual y económicamente, pero incluso en el caso de que sucediera, nadie tiene el derecho a discriminar arrogantemente a los demás, y menos a encasillarles despectivamente en un colectivo. El hecho de tener un tipo de educación elevada o una buena situación económica, no debe ser causa de discriminación, hacia otras personas, mas bien la tolerancia y la humildad, son las virtudes y valores humanos que se deben practicar. 

La familia y la sociedad, tienen el pleno derecho a defenderse, discriminando y rechazando de sus relaciones, a las personas, sociedades u organizaciones, que les den mal ejemplo con sus actuaciones o prácticas amorales, deshonestas o escandalosas.

Algunos jóvenes que pasan de todo porque están entregados a la droga o a otros vicios, van vestidos, caracterizados y actuando de forma rara, creen que son excluidos de la sociedad. Si ellos mismos se excluyen de su entorno, cómo no los van a discriminar la sociedad.

Las personas discriminadas, suelen ser proclives a volverse violentas contra la sociedad que lo infligió, permitió, potenció y no castigó, principalmente si fue una discriminación sistemática, colectiva o privada que influyó en el despido de su trabajo, en no haber tenido acceso merecido a los estudios, en haber perdido injustamente la vivienda, por no poder pagarla, en no poder pagar los gastos médicos, etc. es muy posible que el rencor producido, deje marcas para toda la vida, convirtiéndoles en personas amargadas, violentas, resentidas, criminales, etc., transformándose en un posible caldo de cultivo, para que las utilicen los terroristas, los narcotraficantes, las pandillas, etc.

Discriminación supuestamente positiva, llaman a la que discrimina a las mayorías, que a través de leyes injustas, intentan lograr la plena integración social de grupos minoritarios, protegiéndoles con carácter extraordinario, alegando que han estado históricamente excluidos. Especialmente por razón de sexo, raza, color de la piel, bajas calificaciones, mala situación económica, lengua o religión. Unos claros ejemplo son: La Ley de Acción Afirmativa, la Ley Sobre Minorías, la Ley Sobre Igualdad, Ideología o Identidad de Género, los espantosos efectos de la Ideología de Control Demográfico de la ONU, etc. En cada país se llaman de forma diferente, pero tienen los mismos objetivos, que las personas tengan derechos, que no los han ganado, y ninguna obligación, creando el contrasentido de las cuotas para que entren las personas en las universidades, empresas o trabajos relacionados con el Gobierno, privilegiándolas en función de lo que otras leyes impiden discriminar.   

Son leyes que ponen cupos especiales, para cada segmento social, sin importarles los méritos, características o conocimientos, relacionados en los trabajos que se ofrecen, lo que crea una discriminación entre los estudiantes o trabajadores, que los beneficiados llaman discriminación positiva, alternativa, selectiva, privilegiada, impuesta, etc. Eso es discriminación inversa, contradictoria, opuesta, etc. 

La igualdad de oportunidades, tiene que ser preconizada en las relaciones familiares, para que no haya ningún tipo de discriminación, y explicada muy bien a los hijos, para que la tengan presente en sus relaciones con otras personas y la vayan poniendo en práctica, a medida que van creciendo e integrándose en la sociedad. La igualdad de oportunidades, para los estudios y para el acceso al trabajo, de hombres y mujeres, sanos y disminuidos, autóctonos e inmigrantes, debería ser uno de los principios básicos de la sociedad, no negociables, pues así se evitaría la discriminación social. 

Es injusto y discriminatorio, que una persona que se ha esforzado estudiando o trabajando duramente, para ingresar en una universidad o para conseguir un trabajo, sea eliminada y sustituida, porque llega otra persona, alegando el color de la piel o que pertenece a determinadas colectividades sociales. Estas injusticias discriminatorias, producen odios y rencores, que trascienden a las familias y a parte de la sociedad. 

La indiscriminación es la igualdad real de oportunidades o posibilidades, positivas o negativas. Todos deben y pueden gozar de los derechos humanos que les corresponden, sin que nadie se los elimine. Es el derecho, al trato igualitario. Pero se indiscrimina negativamente en función de leyes soportadas por la xenofobia y el racismo, para identificar a extranjeros indocumentados, utilizando controles de identificación basados en perfiles étnicos y raciales, lo que en la práctica se traducen, en “detenciones indiscriminadas” y “restricción de derechos” de las personas, por ejemplo en algunas redadas policiales.

 Se indiscrimina también en los casos de acciones bélicas y guerras justas o injustas, preventivas o no, donde pagan en la población civil, justos por pecadores, al destruir ciudades enteras o amplias regiones, con sus habitantes. Un pecado gravísimo, consiste en facilitar a los que poseen armas científicas, especialmente atómicas, biológicas o químicas, la ocasión de cometer semejantes crímenes. Es uno de los riesgos de la guerra moderna. 

Hay violencia indiscriminada, con determinados segmentos sociales por su zona de residencia, orígenes, cultura, capacidad económica, escolarización, etc.  La indiscriminación se produce cuando hay un fanatismo obstinado, desmedido, incluso violentamente entusiasta, que refleja en una manía persistente, hacia determinados temas, donde no se excluye a nadie, ni a nada. 

Se indiscrimina al azar cuando hay terrorismo, secuestros, amenazas colectivas, torturas, violencia física o moral, toma de rehenes, implantación de terror o intolerables presiones, sobre las víctimas. La indiscriminación de la violencia, es gravemente contraria a la justicia y a la caridad, al respeto de la persona y a la dignidad humana. 

No hay que discriminar a nadie, incluso hay que amar con toda intensidad a los que nos ofenden, acogiéndoles con respeto, compasión y delicadeza. Pero hay que aborrecer las ofensas que se hacen a ellos mismos, a nosotros y a la sociedad.  

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Los objetivos de esta escuela virtual son: Educar a los padres para que con su ejemplo y conocimientos de las virtudes y valores humanos puedan educar a sus hijos. Enseñar como educar a los hijos. Que los padres aprendan a vivir un armonioso, fecundo y largo matrimonio. Tender un puente entre la educación familiar y la Fe.

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