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Archivo para 27 febrero 2012

La soberbia en la familia

ESCUELA PARA PADRES

La soberbia en la familia.

  • 31 Graves consecuencias de la soberbia en la familia
  • 10 Principales manifestaciones de la soberbia
  • 11 Sentencias sobre la soberbia

3,234 Palabras Tiempo de lectura 12:00 minutos

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Este artículo está enfocado en los maridos soberbios, pero lo pueden adaptar a las esposas e incluso a los hijos soberbios.

¿Qué se puede hacer para cambiar a un marido soberbio? Cuando la soberbia se ha consolidado como una adicción en el marido, para eliminarla tiene que: Primero querer reconocerla, segundo poner los medios necesarios para eliminarla y tercero pedir ayuda a su esposa e hijos para que le ayuden a expulsarla de su vida cotidiana. Es todo un proceso como el de eliminar cualquier otra adicción, que hay que empezar a trabajar desde el noviazgo, después será mucho más difícil, por no decir imposible.

Para intentar eliminar la soberbia, el marido y toda la familia, tienen que trabajar mucho con potenciar las virtudes y valores humanos, que son contrarios a la soberbia, principalmente: La humildad, la paciencia, el sosiego, la calma, la disciplina, la reflexión, el respeto, la serenidad, la tolerancia, la autodisciplina, la honestidad, etc.

La esposa de un soberbio no puede ceder ante las conductas impropias. Tiene que poner por delante el beneficio de su familia, pues ceder, podría ser la causa de muchos problemas futuros. Debe aprender a no tener miedo a pararle los pies. Es preferible que se enfrente verbalmente al cónyuge o hijo soberbio.

Es muy difícil, por no decir imposible, convivir con un cónyuge o un hijo que ejerza de soberbio. No se puede dialogar con ellos, pues explotan violentamente, ante cualquier situación contradictoria o llamada de atención en su comportamiento. Suelen expresarse de forma colérica e iracunda, con acciones impropias o palabras altivas e injuriosas. Siempre quieren tener toda la razón y salir a flote de cualquier situación o tema.

Los maridos soberbios son desmesuradamente altivos y tienen un apetito desordenado de ser preferidos a otros. Con malsana satisfacción y envanecimiento, contemplan sus propios actos personales y desprecian los de los demás. Nunca se rebajan a pedir dispensa, colaboración o ayuda.

La soberbia es el principio de la violencia física y emocional en la familia, cuando el cónyuge no acepta que los dos tienen que convivir, dentro de unas normas familiares, donde nadie es más que el otro.

Los maridos soberbios tienen detrás su chulería y altanería, que incluso les lleva a meterse en problemas de convivencia y mucho más, cuando se encuentran con otra persona más soberbia. También es cierto que el vicio de la soberbia se cura rápidamente, en un minuto, cuando están en inferioridad de condiciones, frente a un policía, un juez, un jefe u otra persona de categoría, aspecto físico o actitud superior.

Los maridos soberbios, jamás se humillan a pedir perdón a su cónyuge o hijos. Siempre creen que ellos son los ofendidos y que por eso, pueden decir las cosas como las piensan, sin darse cuenta del daño que hacen.

Los hijos soberbios, autoritarios, violentos o irresponsables, que no son capaces de respetar a los demás, deben ser corregidos adecuadamente, para canalizar y orientar esa actitud, a través de una educación que les ayude a conocer los límites, entre lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, es decir que aprendan a formar un juicio moral. Un ambiente demasiado tolerante y permisivo con los hijos soberbios, tiene efectos muy negativos en su educación posterior y en sus relaciones familiares y sociales, presentes y futuras. Estos hijos son los que tienen muchas probabilidades de ser los organizadores de la violencia del bullying.

Los hijos de padres soberbios se acostumbran a imitar las actitudes de sus padres y al no tener quien les corrija se meten en un laberinto de malas, irresponsables y peligrosas actuaciones frente a sus otros hermanos, familiares, compañeros de estudios y amigos. Ese pernicioso vicio de la soberbia es muy difícil que lo supriman hasta que algunas veces es lo hagan quitar radicalmente otros mas soberbios que él. 

Los padres soberbios confunden su autoridad con el autoritarismo, siendo ésta muy mala estrategia de educación. Ejercen su autoridad y atribuciones, de forma prepotente, arbitraria, incongruente y caprichosa, asumiendo una falsa interpretación de sus privilegios y obligaciones de padre. También suele ir acompañada de violencia física o emocional, con castigos físicos y palabras humillantes, despertando profundos sentimientos de agresividad, frustración, impotencia, odio e ira. Cuanto más ganarían con una llamada de atención inteligente, breve, clara, a tiempo y con soluciones.

Los padres soberbios no son persuasivos, solamente producen en los hijos sustos y posterior indiferencia, acostumbrándose a los estallidos de soberbia de los padres. Los soberbios nunca se dan plena cuenta de los gestos y gritos ridículos que realizan.

Los soberbios se jactan, vanaglorian y alardean de si mismo, al tener una propia obsesión exagerada, que le lleva a una excesiva valoración de su comportamiento.

Los soberbios creen, que todo lo que poseen es lo mejor y que son capaces, de superar todo lo que digan o hagan los demás.

Los soberbios se concentran en el continuo hablar de ellos mismos, en las actitudes prepotentes y engreídas, en su vanidad,  en su afectación en los gestos y el modo de hablar y en el decaimiento profundo al percibir la propia debilidad.

 Los soberbios se consideran superiores a los demás, pues piensan que valen más o que tienen mayor dignidad, poder, fama, dinero, prestigio, títulos, estudios, etc. Incluso reaccionan airadamente, desafiándoles, si sienten que alguien que ellos creen que es inferior, lo pone en duda.

Los soberbios se manifiestan con el constante deseo de ser preferidos a otros, basándose en la satisfacción de la propia vanidad, del Yo o ego y en que nunca se rebajan a pedir perdón o ayuda. Es el puro egocentrismo y susceptibilidad malsana.

Los soberbios tienen una desmedida opinión de ellos mismos, presentándose con una superioridad y un aire de grandeza extraordinario, que solamente en algunas ocasiones de merito propio, puede ser positivo y hasta justo, pues proviene de causas nobles y puede servir como ejemplo a la sociedad.

Los soberbios se caracterizan, por una actitud prepotente y despreciativa hacia los demás. No suelen aceptar sus errores y siempre, tienen argumentos para justificarse. Suelen culpar a los demás de sus propios fallos, no aceptan ser corregidos y cuando se encuentran acorralados, optan por una salida fácil pero infantil, se enfadan, se ponen agresivos, dejan de hablar, gritan, lloran, patalean y se marchan.

Los soberbios suelen ser inmaduros y su comportamiento es igual al de los niños pequeños, que han recibido una mala educación y han sido muy consentidos y demasiado valorados por los padres. Suelen tener una gran intolerancia a cometer errores y sobre todo, con un nivel muy bajo de tolerancia a la frustración.

31 Graves consecuencias de la soberbia en la familia:

1.      La soberbia conlleva un aire de suficiencia, que hace aparecer a las personas como sabiondas, ridículas, molestas, antipáticas e intratables.

2.      La soberbia, cuando está anidada en el interior de los hombres, impide aceptar una corrección fraterna, recibir un buen consejo, o simplemente una opinión de otros.

3.      La soberbia empuja a hablar con protagonismo, a opinar siempre y de todo, aunque nadie lo haya pedido.

4.      La soberbia es concéntrica y la vanidad es excéntrica.

5.      La soberbia es contraria a la humildad y a la obediencia, siendo una de las principales puertas de la violencia.

6.      La soberbia es el apetito desordenado de la propia persona, que descansa sobre la hipertrofia del propio individuo.

7.      La soberbia es el valor antidemocrático por excelencia, en la familia, en la política y en la sociedad.

8.      La soberbia es incompatible con el amor al prójimo.

9.      La soberbia es la fuente y origen de muchos males de la conducta y es ante todo, una actitud que consiste en adorarse a uno mismo y humillar a los demás.

10.   La soberbia es la pasión desenfrenada sobre uno mismo.

11.   La soberbia es la que infla el “ego” que algunos llevan dentro.

12.   La soberbia es la trampa del amor propio, de la falta de humildad, de la lucidez y de la propia estimación sincera.

13.   La soberbia es mala compañera, para prosperar en los campos de la vida. Si se creen que “Son la mamá de Tarzán” o “La última Coca-Cola del desierto”, es que están totalmente equivocados.  La misma vida les pasará la factura por su soberbia.

14.   La soberbia es uno de los siete pecados capitales más graves (lujuria, pereza, gula, ira, envidia, avaricia y soberbia) y que más males trae al alma del hombre.  En cada religión, se llama de distinta forma al concepto “pecado”, pero en todas es el mismo concepto.

15.   La soberbia está muy relacionada con la ignorancia.

16.   La soberbia genera los vicios de vanidad, vanagloria, falsa autoestima, ostentación, hipocresía, jactancia, celos, violencia, rencores, prepotencia, etc.

17.   La soberbia hace concederse más méritos de los que se tienen y sentirse, muy por encima de lo que cada uno vale. (Una cosa es lo que cada uno vale y otra cosa es lo que cada uno, dice que vale)

18.   La soberbia hace esperar la aceptación total de los demás, sin que haya opiniones contrarias.

19.   La soberbia hace perder la paciencia a los demás.

20.   La soberbia hace que algunas personas, se apunten éxitos que no son suyos.

21.   La soberbia lleva al apasionamiento y a la violencia, incluso en las discusiones más triviales.

22.   La soberbia reflejada incluso en un desafortunado instante, puede echar a perder la vida familiar, profesional o social, por lo que hay que cuidarse mucho de los impulsos que la produce.

23.   La soberbia suele producir entre los interlocutores, más risas que aplausos.

24.   La soberbia tiene otros brazos: orgullo y vanidad.

25.   La soberbia, cuando la emplean para epatar o deslumbrar a los demás, suele suponer el dar opiniones, algunas veces no pedidas, aunque no sean adecuadas ni relacionadas con lo que se está hablando.

26.   La soberbia, cuna de la ignorancia, hace a algunos creerse mejores y mejor preparados que los demás, en todas las tareas y capacidades.

27.   Los soberbios dejan de ver sus propios defectos, quedando éstos diluidos en su imagen de personas superiores, lo que les impide ver, nada a su altura, todo les queda pequeño.

28.   Los soberbios llegan a forzar a su inteligencia, hasta crearse un juicio deformado de sí mismos, lo que les arrastra a sentirse el centro de todo, como una idolatría personal.

29.   Los soberbios no se dan cuenta o se les olvida, que para otros no son nada. Solamente son soberbios, con ellos mismos.

30.   Los soberbios nunca llegan a aceptar una opinión diferente a la suya, no admite que alguien sepa más que ellos, les lleven la contraria o les digan lo que tienen que hacer, por muy bueno que sea el consejo.

31.   Los soberbios para situarse por encima de todos lo que les rodean, están llenos de prepotencia, presunción, jactancia y vanagloria.

La soberbia conlleva los vicios de la vanidad, la altivez, la arrogancia, la altanería, el tono despectivo, el desprecio, la desconsideración, la frialdad en el trato, la distancia gélida, la impertinencia, la humillación, la insolencia cínica o mordaz, el engreimiento, la magnificencia, etc.

La soberbia conlleva orgullo, lo que incita a la persona a valorarse demasiado, creyéndose capaz de hacer cualquier cosa, por encima de los demás e incluso de sus propias capacidades, de las circunstancias y de los contratiempos que se presenten.

La soberbia entorpece y debilita las relaciones entre los cónyuges, pues si uno de ellos tiene un amor desordenado sobre si mismo, es muy difícil amar incondicionalmente al otro cónyuge, con todos los sentimientos, lo que hace casi imposible o insufrible la convivencia, con alguien que obliga a practicar, la sumisión, la pleitesía, el acatamiento y hasta el servilismo.

La soberbia es compañera del orgullo mal entendido, de la vanidad y del interés desmedido por la propia imagen, lo que fomenta el narcisismo y el que le reconozcan su complejo de superioridad. Pero el orgullo sano, tiene una connotación positiva que es muy apreciada, cuando surge de causas nobles o virtudes. También la calificación de algo como soberbio u orgulloso, puede significar muy provechosa en los casos que se refiera a la práctica de virtudes o valores humanos.

La soberbia es el apetito desordenado de la propia valía y superioridad. Es una tendencia a demostrar la superioridad, la categoría y la preminencia que creen  tener, frente a los de su entorno.

La soberbia también sale a flote, cuando ha sido inculcada o imbuida a través de falsos mensajes de aprecio, desprecio, menosprecio o falsas diferencias o supremacías radicales dirigidas a otros, porque son de diferente sexo, aplicando el feminismo o machismo, color de la piel, superioridad o inferioridad de raza, posición social, económica, profesional, estudios, edad, o nacimiento en otros países, regiones, ciudades, etc.

La soberbia tiene como comportamiento opuesto, entre otras las virtudes de la humildad, la modestia, la sencillez y el orgullo sano, que no están reñidas con reconocer los defectos propios e intentar combatirlos, con seguridad y confianza en las propias posibilidades personales.

La soberbia está unida a la vanidad y al orgullo, representando una lacra para la sociedad. Para ejercer esos vicios, necesitan que haya gente a su alrededor, no los pueden ejercer en soledad, necesitan auditorio, a poder ser de gente sumisa, que no pueda rechistar y solamente pueda alabarles. Ahí es donde se sienten importantes, aunque sean el blanco preferido, para que otros les desmonten esa escenografía que montan, para impresionar a los humildes o tímidos.

El orgullo sano es una virtud elevada, propia de hombres mental y moralmente superiores, que sin ocultarlo ante nadie, tienen una ambición moral de vivir en plena consistencia con las virtudes y valores humanos. Lo que les conduce a una honestidad absoluta consigo mismo, sin trampas y con una valentía y superación constante.

10 Principales manifestaciones de la soberbia:

1.      Cuando existe una malsana selectividad en el entorno, con tendencia a tener pocos amigos y a someterlos a la voluntad propia.

2.      Cuando hay autoritarismo al mandar.

3.      Cuando hay rebeldía ante la obediencia.

4.      Cuando por soberbia y mal orgullo, se menosprecia todo lo que es el prójimo, creyendo estar por encima de todo y de todos, incluso no reconociéndolo como semejante.

5.      Cuando se crítica de los envidiados.

6.      Cuando se demuestra mucha agresividad en las relaciones y actividades sociales.

7.      Cuando se envidia y critica los valores de otros.

8.      Cuando se razona al revés, creyendo que todo está, al servicio temporal y material del soberbio.

9.      En la mayoría de los enfados, incluyendo los contrarios a uno mismo.

10.   En la mayoría de los momentos del malhumor, durante la convivencia familiar.

Los soberbios no pueden tener armonía y convivencia con otras personas, pues se creen superiores a los demás y desprecian las frustraciones, ilusiones y alegrías de los otros.

La soberbia religiosa nace cuando la criatura desafía a Dios, no admitiendo su condición de criatura y tratando de imponer sus deseos frente a la divinidad y como todos los pecados, tiene distintos grados.

La soberbia racial se da en los colectivos de personas, que miran por encima del hombro a otras comunidades o grupos, considerándoles inferiores, descartables o incivilizados, sin haberse molestado nunca, en intentar entenderlas, ni comprender en qué difieren de ellos, en darse cuenta de que también hay otras costumbres y diferentes sociedades.

La soberbia social se da cuando el soberbio, creyendo falsamente en su superioridad o estrato superior, siempre tiene el deseo de ponerse por encima de los demás, no admitiendo que nadie, en ningún campo o grupo, se le encarame.  No es malo que un individuo tenga una buena opinión de sí mismo, lo malo es cuando no le deja paso a nadie, ni tolera que alguien pueda estar delante de él.

La soberbia emocional se produce, cuando el soberbio se siente incomprendido y sufre mucho, pues no le consideran el mejor, imaginándose que todos los demás, le hacen agravios y nadie le da la representación de grandeza que requiere.

La soberbia absurda, grotesca y risible se da, cuando el soberbio pierde los papeles delante de todos y queda en ridículo, saliendo a relucir su inmadurez y las debilidades de sus actuaciones violentas.

La soberbia y el servilismo se suelen juntar, cuando el soberbio con prepotencia, sabe dominar a otros que se dejan avasallar o maltratar, porque no les queda más remedio que aguantar “carros y carretas”.  Es la antonomasia de la desconsideración. Es decir: “Primero yo, luego yo y después también yo.”

La soberbia y la soledad suelen coincidir, pues a los soberbios nadie los quiere tener al lado y suelen estar completamente solos, la mayoría del tiempo, aunque algunas veces, no quede más remedio que soportarlos por obligaciones familiares, profesionales o sociales.

El soberbio no es realista, pues los que son un poco inteligentes, se creen que son sabios. Los que son ingenuos, se creen que son astutos. Los que son soberbios y viles, les hace mostrarse insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes, en la adversidad. Incluso no sabe valorar los bienes que tiene, pues está cegado por su soberbia.

La soberbia es debilidad y la humildad es fuerza. Porque al humilde le apoya todo el mundo, mientras que al soberbio nadie, pues la sociedad lo considera como un necio.

11 Sentencias sobre la soberbia:

1.      Donde hay soberbia hay ignorancia y donde hay humildad hay sabiduría

2.      El soberbio consigue que la gente lo vaya dejando de hablar, si no corrige su actitud, hasta que el mismo se autoexpulsa de los grupos familiares, profesionales y sociales.

3.      El soberbio después de las ridiculeces y las derrotas, se vuelven más humilde.

4.      El soberbio produce compasión y angustia en su familia.

5.      La soberbia es el vicio más frecuentemente castigado, y sin embargo, el más difícil de curar.

6.      La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande, pero no está sano.

7.      La soberbia nunca baja de donde sube, porque siempre cae de donde subió.

8.      Más fácil es escribir contra la soberbia, que vencerla.

9.      Ruin arquitecto es la soberbia; los cimientos pone en lo alto y las tejas en los cimientos.

10.   Ser soberbio con los superiores es muy difícil y peligroso. Serlo con los indefensos o humildes, es una vergüenza y una mezquindad.

11.   Ser soberbio descalifica para dirigir.

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Adoptar un niño. ¿Por qué, para qué, cómo y cuándo?

ESCUELA PARA PADRES 

Adoptar un niño. ¿Por qué, para qué, cómo y cuándo? 

  • 11 Grupos de personas que quieren adoptar niños
  • 62 Preguntas imprescindibles, previas a la adopción de un niño
  • 5 Pasos para contar a un hijo adoptivo su realidad 

3,183 Palabras Tiempo de lectura 12:00 minutos 

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La maravillosa experiencia de adoptar niños 

La adopción de niños es un acto sublime, lleno de amor, valentía, nobleza, grandeza,  esplendidez, etc. Es recibir como hijo propio, de acuerdo con las leyes, al que no lo es, biológicamente. No hay palabras suficientes para calificar esta acción, máxime si con esa adopción, se impide que el niño sea asesinado en un aborto.

Adoptar un niño marca positivamente y para siempre, la vida de los padres y del niño. Supone un nuevo modelo de familia inimaginable, que produce muchas más satisfacciones que problemas.

Estas preguntas son las que deben hacerse los cónyuges, que estén en la fase de pensar en la posibilidad de adoptar un niño o una niña. Las preguntas deben adaptarse en cada caso si son: Parejas de hecho o en convivencia, hombre, mujer, soltera, casada, viuda, divorciada, separada, edad, situación económica, familias monoparentales con otros hijos, parejas del mismo sexo, personas homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales, etc. 

Se han hecho muchas investigaciones médicas sobre las posibles influencias genéticas, hormonales, sociales, culturales y del desarrollo en la orientación sexual, no se ha encontrado datos que permitan a los científicos afirmar, que la orientación sexual esté determinada por un factor o varios factores en particular. Pero está demostrado ampliamente, que la orientación sexual se produce, a través del mal ejemplo y de la mala educación. 

Hay adopciones denominadas como “niños a la carta”. Es decir los que solamente quieren adoptar a los niños, si reúnen las condiciones que han determinado con anterioridad. Esto tiene una gran connotación de egoísmo, soberbia, etc. Excepción hecha de las personas que condicionan la adopción a los niños que nadie quiere, por sus graves enfermedades, deformaciones u otras circunstancias negativas para los futuros padres. 

11 Grupos de personas que quieren adoptar niños: 

  1. Los que aceptan al niño que les entreguen, ya que lo hacen por amor desinteresado, entendiendo que una adopción puede ser, similar o equivalente, a aceptar las características que traiga un hijo biológico.
  2. Las familias que aun teniendo hijos biológicos, quieren adoptar otros, como un ejemplo de sacrifico y caridad hacia los más necesitados.
  3. Los que ponen condiciones mínimas o muy determinadas, en las características del niño a adoptar.
  4. Los que quieren adoptar por encargo, a través de empresas especializadas en bancos de semen, de óvulos y de vientres de alquiler.
  5. Los que biológicamente no pueden tener hijos, por su relación de pareja del mismo sexo, debido a que son homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales, etc.
  6. Los que quieren adoptar, exclusivamente como compañía para el futuro, principalmente los solteros, separados o viudos, pues se sienten muy solos y quieren tener asegurados los cuidados en su vejez.
  7. Los que quieren adoptar un niño para sustituir la pérdida de un hijo biológico.
  8. Los que biológicamente no pueden tener hijos y su formación religiosa, les impide utilizar métodos abortivos, como la fundación in vitro, la inseminación artificial, u otros tratamientos inmorales contra la infertilidad.
  9. Los que adoptan como signos externos de riqueza, de forma que se noten bien las diferencias, entre los hijos adoptados y los biológicos.
  10. Los que al casarse o vivir en pareja con otra persona, que ya tiene hijos propios y no pueden aportar un hijo biológico, deciden adoptar un niño para equilibrar las futuras relaciones familiares.
  11. Los que pagan por adoptar un hijo, a sabiendas de las irregularidades administrativas, legales o torceduras de las leyes, sobre todo en épocas de dictaduras, de represiones políticas o en países con gobiernos y leyes corruptas. 

Cada posible adoptante, debe conjugar sus características familiares con el grupo al que pertenece, de los indicados anteriormente y adaptar las preguntas a su real situación. 

Es una obligación de todas las personas de bien, intentar convencer a las madres, que no quieren tener a su hijo que lleva en su vientre, que lo ofrezcan en adopción, a alguna de las extraordinarias organizaciones religiosas y seglares que hay en todos los países. Cualquier adopción es mil veces mejor, que asesinarlo a través de un aborto. Ese crimen si que destroza a la mujer, a la familia y a la sociedad. 

Adoptar niños no es un derecho que tienen las personas, es un privilegio que concede la sociedad, a través de las leyes. Hay grupos determinados que pretenden, bajo fuertes presiones a la sociedad, que se promulguen leyes, que les concedan el derecho a adoptar, aunque sepan que a la larga, es un perjuicio para los adoptados, pues los adoptantes les van a educar en forma contraria a las leyes naturales. 

En algunos países las leyes injustas, ponen demasiados impedimentos económicos y legales, para que el proceso de adopción circule por cauces normales, dentro de unos plazos y costos razonables y tenga seguridad jurídica. Hoy en día es muy difícil adoptar a un niño, a no ser que se disponga de mucho dinero o se pertenezca a un grupo determinado de presión social, al que le dan muchas facilidades para que adopte niños. Es mucho más fácil adoptar niños, de países extranjeros donde las leyes son más fáciles para agilizar los procesos, que adoptar de los propios orfelinatos que están en la ciudad y llenos de niños, a la espera de que los adopten. 

Existen duras e injustas leyes, que impiden agilizar las adopciones de buena fe, no importando que mientras tanto, los niños sean asesinados en los abortos o se enfermen en algunos orfelinatos. En muchos casos, los posibles adoptantes se cansan de esperar, de hacer los trámites o se les termina el dinero y tienen que abandonar sus intenciones de adoptar. Precisamente por esta tiranía de las minorías, pagan muchos justos, por unos pocos pecadores. 

62 Preguntas imprescindibles, previas a la adopción de un niño: 

Estas preguntas deben hacerse los cónyuges por separado, para después analizar las respuestas y tratar de compaginarlas, y así puedan tomar la decisión, con el mejor conocimiento posible, poniendo como objetivo, el bien del futuro niño adoptado. 

  1. ¿Por qué queremos adoptar?
  2. ¿Queremos adoptar por amor al prójimo?
  3. ¿Queremos adoptar porque es un signo externo de riqueza social y además sentirnos mejor?
  4. ¿Para qué queremos adoptar?
  5. ¿Queremos adoptar para que cuando seamos mayores tengamos la seguridad de que alguien nos va a cuidar?
  6. ¿Estamos dispuesto a aceptar al niño que nos entreguen, sin poner condiciones, preferencias o exclusiones de sexo (niño o niña), edad (mínima o máxima), religión, color, raza, nacionalidad, origen, estatus social, tamaño, salud, condiciones físicas o mentales mínimas,  deformaciones, situación, características o enfermedades de su madre o padre biológico, o solamente lo aceptaremos, si cumple con nuestras condiciones?
  7. ¿Estamos dispuestos a adoptar al niño, incluso si la adopción es abierta y no es “sellada”?
  8. ¿Han decidido cuál es la mejor edad del niño para ser adoptado, para evitar que les reclame por la frustración que le haya podido producir su adopción?
  9. ¿Estamos dispuestos a aceptar la adopción de un hijo, que tenga ya la edad del discernimiento y por lo tanto, que tenga sus propias ideas y costumbres, por lo que tengamos que empezar desde cero, a volver a educarlo en la forma que queremos y que sea lo mejor para él, sin que esto le haga daño?
  10. ¿Cuál creen que es la mejor edad para la adopción, para el niño o para los padres adoptivos, o lo van a hacer, pensando en el beneficio de adoptarlo cuanto antes, para que pase el menor tiempo posible en el orfelinato o con sus padres biológicos?
  11. ¿Se han planteado la posibilidad de adoptar un niño, porque se les está pasando la edad para calificar para la adopción y la de ser padres biológicos y por lo tanto, aumenta el riesgo en el embarazo y los posibles problemas físicos del hijo biológico?
  12. ¿Sienten desánimo cuando ven, que pasa el tiempo y no consiguen adoptar un niño, mientras que otras personas lo logran, debido a sus características familiares, sociales o grupales?
  13. ¿Prefieren adoptar un niño recién nacido, aunque eso suponga el riesgo de que cuando vaya siendo mayor, piense que fue robado en lugar de adoptado?
  14. ¿Prefieren adoptar un niño, aproximadamente mayor de cuatro años, que es cuando ya empiezan a entender que han sido adoptados, para así disminuir el riego de las acciones impredecibles, que suelen tener los niños adoptados en edades más avanzadas?
  15. ¿Separaríamos a dos hermanos gemelos o de diferentes edades, que estén disponibles para la adopción?
  16. ¿Estamos dispuestos a esperar el tiempo que sea necesario, hasta que nos entreguen al niño que nos hayan adjudicado?
  17. ¿Estamos dispuestos a esperar el tiempo que sea necesario, hasta que llegue el niño que cumpla las características que queremos para adoptarlo?
  18. ¿Actualmente estamos preparados para adoptar?
  19. ¿Cómo nos hemos preparado para adoptar?
  20. ¿Estamos los dos cónyuges en total acuerdo, sin fisuras, en todas las condiciones de adoptar al niño?
  21. ¿Estamos dispuestos a hacer los sacrificios económicos, familiares, profesionales y sociales que sean necearlos, para pagar los altos costos relacionados con la adopción y crianza del futuro niño?
  22. ¿Estamos dispuestos a pasar todos los exámenes psicológicos, físicos, económicos y sociales que nos obliguen las leyes?
  23. ¿Tenemos la intención de devolver el niño, en caso de que no nos guste o conlleve problemas, que no queremos asumir ni resolver?
  24. ¿Queremos que desde el principio la adopción sea definitiva, provisional o solamente un periodo de guarda sin compromiso?
  25. ¿Queremos adoptarlo, desde que la madre está embarazada, asumiendo los riesgos impredecibles del niño o queremos esperar, hasta que el niño nazca?
  26. ¿Queremos, si fuera posible, conocer a la madre y al padre biológico y sus orígenes familiares y sociales?
  27. ¿Estamos dispuestos a ayudar económicamente, a los gastos médicos y familiares del proceso del embarazo y nacimiento, como parte de los gastos de la adopción?
  28. ¿Queremos, si fuera posible, que el niño adoptado, conozca los motivos de la adopción y frecuente a sus padres, hermanos y familiares biológicos?
  29. ¿Queremos que nuestros hijos biológicos, sepan que niño es adoptado?
  30. ¿Queremos que el niño adoptado, sea similar físicamente a sus nuevos hermanos o expresamente que sea diferente, para que se note su origen distinto?
  31. ¿Queremos que el niño a adoptar, sea de la misma ciudad o país donde vivimos o lo más lejano posible, para dificultar el conocimiento de sus ancestros biológicos?
  32. ¿Queremos conocer para decidir la adopción o para educar mejor al niño, las características de su madre y padre biológico, en relación con su raza, características físicas, historial intelectual, académico, social, religioso, político, económico, etc.?
  33. ¿Queremos contratar con empresas mercantiles y abogados, para que busquen donantes de esperma y óvulos, cuyos propietarios tengan las mejores condiciones físicas e intelectuales disponibles en el mercado internacional, para que el futuro niño a adoptar, cuando nazca, esté de acuerdo con nuestras exigencias, incluso seleccionando el alquiler de un vientre materno especial, sabiendo los problemas religiosos, legales, sociales y familiares que ocurrirán?
  34. ¿Hemos estudiado y consultado con expertos, cuándo y cómo vamos a decir, o no vamos a decir al hijo, la realidad de su situación, en función de su edad física y mental?
  35. ¿Aconsejarán o impedirán que el hijo adoptivo, después de los 18 años, busque a su familia biológica y quiera reunirse con ellos?
  36. ¿Son conscientes de que no tienen “la propiedad” del hijo adoptado y que por lo tanto, no pueden impedir, que el adoptado, antes de los 18 años o después de cumplirlos, intente buscar a sus padres biológicos?
  37. ¿Piensan decirle al niño adoptado, que sus padres o su madre le querían muchísimo, pero no podían criarlo por cuestiones económicas, físicas o emocionales, por lo que seguramente, sería desgraciado en su familia biológica, y decidieron darlo en adopción a una persona o familia, en la que tenían la plena seguridad, de que le iban a criar mucho mejor?
  38. ¿Están dispuestos a respetar la religión que traiga el hijo adoptado, si es que la conoce, aunque fuera distinta a la suya?
  39. ¿No les importaría adoptar a dos hermanos a la vez, para que no se separen y su adaptación a la nueva familia, sea más fácil?
  40. ¿Son conscientes que si adoptan un niño, no solamente le hace un favor a él, sino que el hijo adoptado, también beneficia moral y emocionalmente a los padres adoptivos, además que la sociedad siempre les premiará a ambos, con una mejora de imagen?
  41. ¿Tienen miedo a lo que dirá la sociedad de su futuro hijo adoptado y de Vds.?
  42. ¿Han evaluado la parte emocional, humana, familiar y social, y lo que les va a suponer todos los interminables, pesados y costosos trámites burocráticos legales?
  43. ¿Han consultado todos los aspectos de la adopción con algún experto sacerdote, pastor, rabino o imán, según la religión que Vd. practique?
  44. ¿Se ha asesorado con algún experto abogado, sobre las implicaciones jurídicas que conlleva la adopción, relacionadas con su autoridad parental, herencias, apellidos, adopciones abiertas o cerradas, derechos del hijo, etc.?
  45. ¿Han tomado en frio y sin consultar a nadie, la decisión de adoptar un niño?
  46. ¿Aceptan con agrado, todos los requisitos exigidos de buena conducta, psicológicos, salud mental y física, situación social, económica, etc.?
  47. ¿Han decido trabajar como tutores voluntarios en algún orfelinato, hospicio, refugio infantil, etc. para ir acostumbrándose a convivir con los posibles hijos adoptivos?
  48. ¿Estamos dispuestos a organizar nuestras profesiones, futuros profesionales, incluso renunciando a conseguir ascensos laborables, tiempos libres, formas de vida, etc., para dedicarse totalmente a cubrir las necesidades inherentes a la nueva situación de la adopción?
  49. ¿Estamos dispuestos a organizar nuestras finanzas, presentes y futuras, asumiendo los sacrificios económicos, sociales y profesionales que sean necesarios, para cubrir todos los gastos relacionados con la nueva persona que se incorpora a nuestras vidas?
  50. ¿Nos gustaría hacer todo lo posible para poder dar al hijo adoptivo, una familia compuesta de padre, madre y hermanos?
  51. ¿Vamos a cambiar el apellido del hijo adoptivo, para seguir nuestra propia dinastía o vamos a respetar el apellido biológico que tenga?
  52. ¿Estamos de acuerdo que adoptar es mucho más dar que recibir, aunque el amor que se produce, sea reciproco?
  53. ¿Nos importa pasar por todos los sacrificios y gastos que supone el periodo de solicitud y la adopción?
  54. ¿Nos hemos preparado para manejar los comentarios malévolos o irónicos  de la familia y de la sociedad sobre nosotros y el hijo adoptivo?
  55. ¿Estamos dispuestos a compartir nuestras experiencias para alentar, impulsar y exhortar a los indecisos, a que se definan por la adopción, incluso animando a los que están en el proceso, para que no desfallezcan?
  56. ¿Conocemos que siendo una familia tradicional, tenemos más posibilidades de obtener la adopción, que si fuéramos una pareja de hecho, pareja del mismo sexo o familia monoparental?
  57. ¿Vamos a tener y poder contratar los servicios de una niñera, para que cuide y eduque el niño adoptado y así podamos seguir nuestra vida profesional y social?
  58. ¿Creemos que vamos a tener la necesidad de pedir ayuda a la familia cercana o a amistades, para que nos ayuden física y emocionalmente, a criar y educar al niño?
  59. ¿Creemos que el niño necesitará un padre o madre adoptiva, para que le hable, a medida que va creciendo, en el lenguaje y sentimientos propios de su mismo sexo?
  60. ¿Hemos pensado y consultado sobre el tipo de educación académica, religiosa y social que le vamos a dar al hijo adoptivo, si será igual o similar a la nuestra y a la de nuestros hijos biológicos, o respetaremos la que se supone sea de sus padres biológicos, de su raza u orígenes?
  61. ¿Estamos completamente de acuerdo en ayudarnos mutuamente y compartir todo el proceso de adopción, educación y crianza, o tenemos desacuerdos importantes sin arreglar?
  62. ¿Estamos dispuestos a comunicar a nuestros familiares y amigos, el deseo de adoptar y el proceso que seguimos, o preferimos mantenerlo en secreto, para que incluso cuando ya sea una realidad, no decir toda la verdad, para ocultar el origen del niño? 

Desgraciadamente existen leyes injustas, que impiden la adopción de niños para que estos no salgan del país, aun cuando estén viviendo en la calle abandonados por su familia biológica, en campos de concentración, pasando hambre y estén condenados a morir, por enfermedades, guerras o pandillas. 

Muchas veces me han preguntado, cuál es el mejor momento para contar la realidad a un hijo adoptivo. Todo dependerá de la edad física y mental del niño. Pero desde pequeño, se le puede ir inculcando el valor humano, social, familiar y religioso de la adopción. Para ello puede empezar una campaña de concienciación en varios pasos. 

6 Pasos para contar a un hijo adoptivo su realidad: 

  1. No posponer la tarea de decírselo de formas natural y siempre hacerlo con la verdad por delante.
  2. Hablarle mucho de lo que es el concepto de la adopción, dándole el máximo valor humano posible y poniéndole los ejemplos de los que adoptan animales, calles, juguetes, equipos de deportes, etc.
  3. Hablarle de la adopción de los niños, cuando los padres tienen problemas para la crianza, alimentación, cuidados, etc. Y se los dejan a los parientes más cercanos, para que los cuiden cuando los padres no lo pueden hacer.
  4. Cuando haya asimilado bien lo que es el magnifico concepto de la adopción, hablarle con mucho cariño de la suya. Los padres adoptivos tienen que estar muy bien preparados, para incluso irle induciendo a que vaya descubriendo su propia realidad. Eso le permitirá al niño ir abriendo su mente, para expresar sus dudas, mucho antes que empiecen a llegarle noticias extrañas, del exterior del núcleo familiar.
  5. Preparar muy bien las respuestas adecuadas, que deberá contestar o silenciar, cuando sus amigos o incluso parientes, le digan cosas que el no conocía sobre su adopción.
  6. Cuando tenga plena madurez en este tema, será el momento de hablare de sus raíces y de su familia biológica, caso de que exista y él quiera conocerla. 

Para adoptar un niño solamente se necesitan unos padres adoptivos que estén dispuestos a darle amor, cuidado y educación. Abrirle un hueco en el corazón de la familia. Que no les importe los sacrificios que tengan que hacer durante todo el proceso de adopción. Dios y la sociedad les premiarán mil veces más, todos los sacrificios que tengan que hacer. 

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