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Padres, sepan escuchar a sus hijos


ESCUELA PARA PADRES 

Padres, sepan escuchar a sus hijos 

  • 18 Conceptos para escuchar bien a los hijos
  • 15 Reglas para mejorar el saber escuchar a los hijos
  • 10 Aspectos que facilitan la oportunidad de escuchar
  • 10 Ejercicios para aumentar la capacidad de escuchar a los hijos
  • 22 Sentencias sobre escuchar bien a los hijos  

4,214 Palabras Tiempo de lectura 15:00 minutos 

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Padres, escuchen a sus hijos. Los hijos continuamente están mandando mensajes de que quieren y necesitan ser escuchados, no sólo ser oídos. Mensajes que suelen ser enviados con el lenguaje corporal, con su comportamiento bueno o malo, utilizando a otros integrantes de la familia, etc. Piden continuamente un tiempo íntimo para poder preguntar, pues tienen demasiadas cosas para decir. Cuando los padres no les conceden ese tiempo, aunque desgraciadamente sea algunas veces muy corto, se encierran en si mismos y ya no quieren saber nada de abrir su boca, para explicar sus inquietudes. Posteriormente vienen los lamentos de los padres, aduciendo que sus hijos no son comunicativos, pero no se habían dado cuenta, de que llevaban mucho tiempo pidiendo unas migajas de convivencia con sus padres, para que les escuchen. 

Padres, estén muy atentos a cualquier señal, por muy pequeña que sea, que sus hijos quieren ser escuchados. Ofrézcanles todo el tiempo de calidad que puedan darles, para poder escucharles bien, con atención, sin prisas, ni agobios. El tiempo de calidad no es completo, si no está acompañado de unos buenos espacios para escuchar. Llevarles al cine o, al campo de fútbol, etc. lleno de ruido y con la atención puesta en lo que sucede externamente, está muy bien, pero no es lo mismo, que estar en un sitio privado de la casa, llevarles a un restaurante o a pasear al campo, para poder escucharles con detenimiento, pues escucharles es mucho mas, que simplemente oírles teniendo la cabeza puesta en otra cosa. Solamente después de escucharles con atención de mente y cuerpo, es decir con los cinco sentidos muy alertas, se puede empezar un buen dialogo.

Está muy bien que los padres salgan con sus hijos a pasear, al cine, al restaurante, al campo de fútbol, a pescar, etc. pero si no aprovechan los tiempos de soledad e intimidad con los hijos, para escucharles, están cumpliendo solamente una pequeña parte de lo que debe ser la educación integral de los hijos. Esta educación pasa por tiempos de confianza y apertura para escucharles y poder saber que es lo que quieren, lo que no quieren, sus angustias, sus alegrías, sus amores, sus problemas, sus esperanzas, sus inquietudes, sus dudas y un largo etc.

Los padres tienen que emplear las técnicas adecuadas, para fomentar la escucha, para que se dispare el gatillo de los hijos y que empiecen a hablar. A cualquier edad, los hijos tienen muchas cosas para decir y muy pocas personas adecuadas, a quienes decírselas y que quieran escucharlas. Los padres tienen que intentar que los hijos, no busquen sustitutos inadecuados, para que les escuchen. Tienen que estar en primera fila, para cuando les necesiten, pero mucho mejor sería, que fuera antes de que los necesiten.

Para los padres, muchas veces, ponerse a escuchar, es un verdadero acto de valentía, pues saben de antemano, que lo que seguramente escucharán, les va disgustar, a arañar sus entrañas, pues vendrá de quienes más quieren. Pero escuchar a los hijos, es un acto de valentía irrenunciable. Enfrentarse a la realidad, por muy cruda que sea. No escuchar es un acto de traición a sus hijos, pues si escuchan a los hijos, tienen la posibilidad de solucionarles los problemas, o al menos ayudarles a clarificar sus ideas.

Las redes sociales, suelen sustituir a los padres que no escuchan, algunos hijos, que no tienen quien les escuche, prefieren contar sus solitarias penas en las redes sociales, donde están convencidos que alguien les escucha, aun a sabiendas que pueden caer en manos de los depredadores para pervertirles. Esto pasa muchas veces, incluso estando cerca de los padres, que no les quieren escuchar, cuando les gritan su soledad o angustia. También optan por decírselas a sus amigos, sean estos buenos o malos, pues tienen que encontrar a alguien que les escuche.

Escuchar a los hijos, no es lo mismo que hablar a los hijos, cada cosa tiene su momento adecuado, para que no termine el hablar, sin escuchar, en un monólogo de los padres, echándoles una pesada bronca.

18 Conceptos para escuchar bien a los hijos:

  1. Comunicar a los hijos que los padres, a todas horas y bajo cualquier circunstancia, siempre quieren y están dispuestos a escucharles y de forma muy positiva, para que se produzca un verdadero intercambio de sentimientos y no de interrogatorios o monosílabos, que la mayoría de las veces quieren decir, “déjame en paz y cállate”.
  2. Hacerles participes en los temas familiares, de las alegrías, penas, discusiones, objetivos, planes, presupuestos, situación económica, etc. Esto les acostumbrará a ir dando sus opiniones, a ser cada vez más abiertos a darlas, y a los padres a tener que escucharles por haberles preguntado.
  3. Demostrarles confianza al pedirles su opinión, y si es conveniente delegarles responsabilidades y decisiones, procedentes de sus opiniones.
  4. Contarles cómo nos sentimos ante determinadas situaciones, en las que ellos estén implicados o no, para que vean que no es difícil expresar los sentimientos, opiniones, alegrías, cansancios y dificultades y que se adquiere una gran paz interior, cuando se comparten las cosas a su debido tiempo, circunstancias y personas.
  5. Hablarles de que todos queremos ser escuchados, pero sin tener que ser juzgados y sentenciados continuamente, por nuestros actos u opiniones. Si los hijos tienen bien claro, que les vamos a escuchar sin juzgar, seguramente estarán más dispuestos a hablar, que a quedarse callados. Los padres deben fomentar estas situaciones, para escucharles con mucha atención. Es muy bueno empezar desde pequeños, con temas a su alcance mental, para crear costumbre.
  6. Ponerles más atención cuando hay algún problema grave, que pueda ser por un mal comportamiento de los hijos, por un problema de los padres o de la familia en conjunto. Hay que escucharles muy atentamente, lo que quieren decir y cómo lo quieren decir.
  7. No retrasarse en preguntar lo que haya que preguntar, aunque no quiera escuchar lo que supuestamente va a escuchar. Es preferible ser un padre que escucha, aunque duela, a ser un padre que ignora.
  8. Exija escuchar las explicaciones que los hijos deban darle, quieran o no quieran, les guste o no les guste hacerlo. La autoridad paternal en materia familiar, moral y social, no debe ser disminuida, excluida, anulada ni abolida bajo ningún concepto y mucho menos, en función de lo que los padres tienen y deben escuchar.
  9. Escuchen los cónyuges a los hijos, por separado o unidos, con la misma línea de amor y de exigencia hacia ellos, principalmente en las normas transcendentales de obligado cumplimiento personal, familiar, moral y social.
  10. Escuchen bien a los hijos, pero tengan mucho cuidado, si los hijos les tienden la trampa de “divide y vencerás” o si ya conocen los puntos flacos de cada uno de los cónyuges, y siempre se dirigen hacia el más débil, para conseguir lo que con el otro cónyuge, no conseguirían. Si fuera necesario, escuchen como hacen los policías, haciendo uno de bueno y otro de malo, pero siempre unidos, por el bien de los hijos.
  11. No tengan miedo de escuchar a sus hijos lo que tengan que decirles, pues como padres, tienen que estar a las duras y a las maduras. No hay nada entre padres e hijos, que con buena voluntad no pueda solucionarse. Las causas de los miedos y sus efectos devastadores, suelen ser productos de las dudas, justificadas o no. Pero los miedos la mayoría de las veces desaparecen, cuando se saben los verdaderos motivos que los han causado.
  12. Dialogar con el lenguaje del silencio, suele ser muy efectivo. Muchas veces es necesario escuchar, sin hablar, ni una sola palabra, dejando paso a que los hijos se expliquen o desahoguen, sin interrumpirles en lo más mínimo. No se preocupen si los hijos empiezan con un monólogo, poco a poco irán abriéndose cada vez más, al pedir ellos mismos respuestas a sus preguntas.
  13. Tengan en cuenta que las palabras dichas de más, enredan las que se han dicho justas, y las dichas de menos, confunden con lo que falta por decir.
  14. Olvídense del orgullo equivocado, que no sirve nada más, que para crear o mantener enconos, pues los oídos de los padres, se han hecho para entender con amor y son la puerta de los grandes abrazos.
  15. Tienen que aprender a perder un poco para ganar un mucho, aunque nada más oiga medias respuestas.
  16. El secreto de saber escuchar bien, sirve para saber hablar bien.
  17. Por muy amargo que sea el tener que escuchar, la clase de veneno que han elegido para suicidarse, poco a poco o muy deprisa, siempre se les podrá dar soluciones u opciones, para salir de los infiernos, que producen determinadas adicciones.
  18. Si el tema que escuchan requiere una respuesta inmediata, y si esta es muy grave o difícil, no duden en pedir un aplazamiento para estudiarla, consultarla y armarla antes de decirla. Si la dicen con precipitación, a lo peor ya no tiene remedio y se convierten en “esclavos de sus palabras y no, en dueños de sus silencios”

El lenguaje corporal de los hijos puede ser contradictorio, afirmativo o complementario de lo hablado, por lo cual los padres, para interpretar muy bien lo que les quieren decir, deben estar muy atentos cuando escuchan a sus hijos y entonces, para poder escucharles bien, aplicar las mejores técnicas que hayan entrenado. Una buena forma de demostrar los padres, que están escuchando a sus hijos, es hacerles preguntas cruzadas o de final abierto, que eviten los monosílabos de sí y de no en las respuestas, y esto solamente se consigue con mucha práctica.

Para poder escuchar bien y que haya un dialogo profundo y bien dirigido, tiene que construirse una buena disposición por ambas partes. Los padres tienen que demostrar con hechos, que están dispuestos a escuchar y los hijos tienen que estar motivados para hablar. Es todo un arte, que hay que dominarlo con inteligencia y mucho amor por ambas partes.

Escuchar es tan o más importante que hablar, pues algunas veces solamente escuchamos lo que queremos oír, sobre todo si tenemos prejuicios o ideas prejuzgadas o premeditadas.

Escuchar es muy diferente que oír, pues escuchar es cuando se ponen los cinco sentidos en hacerlo, poniendo el corazón en ello y empleando la atención, los sentimientos, la comprensión, etc. Escuchando se aprende mucho, pero también fatiga y consume muchas energías. Si no, que se lo pregunten a los profesionales que se pasan una gran parte del día escuchando, como los sacerdotes, pastores, rabinos, imanes, tutores, médicos, maestros, sicólogos, policías, abogados, etc. Oír es solamente percibir sonidos. Hay muchos profesionales, que cobran enormes cantidades de dinero, por escuchar a los pacientes o clientes, pero también hay otras personas, que siempre están depuestas, gratuitamente, a escuchar los problemas de otros y a dar buenos consejos, espirituales y sociales.

Hay muchos hijos, que no tienen quien les escuche, ni con quien hablar, ni a quién contarles sus penas, alegrías y sentimientos. Darían algo de su vida, por unos padres que les escucharan y seguramente, se evitarían muchos problemas si alguien les escuchara.

Hay que aprender bien y entrenarse mucho, para a escuchar adecuadamente a los hijos. Hay muy pocas técnicas que enseñan a escucharles correctamente, aunque existen muchas técnicas, para hablar bien en público y en privado. Por eso Dios nos ha dado dos orejas y una boca, para que escuchemos, el doble de lo que hablamos. Es muy bueno hablar a Dios de los hijos, pero también es necesario escuchar muy bien, lo que El nos dice de nuestros hijos y de nosotros.

15 Reglas para escuchar mejor a los hijos:  

  1. Aprendan a controlar los tiempos para escuchar a los hijos, según sus edades y capacidades. Las horas, las situaciones personales o familiares, la duración, la soledad, la compañía, el ambiente, etc.
  2. Aprender bien de lo escuchado, para meditarlo, examinarlo y estudiarlo y que en la próxima situación, igual o diferente, sirva para poder dar mejores consejos, ser más comprensivos y tener las ideas más claras.
  3. Aunque no sepan como hacer que su hijo hable, díganle directamente que están dispuestos escucharle y que esa ocasión, es buena para hacerlo o que si prefieren otro momento, que lo proponga y que allí estarán dispuestos a escucharles, todo lo que haga falta. Hágales ver lo importante que es para los padres, escuchar a los hijos, para poderse conocer mejor y encontrar soluciones, a los problemas que puedan tener.
  4. Desprenderse mientras se escucha del autoritarismo, enfado o propensión negativa, dejando abiertos los cinco sentidos, para escuchar con tranquilidad y buena disposición.
  5. Elegir bien los momentos, tiempos y situaciones, para fomentar el escuchar ciertos temas claves, que por su dificultad, siempre suelen quedar pendientes.
  6. Evitar las distracciones internas y externas, durante las conversaciones, intentando además con mucha delicadeza, que los hijos no se pierdan o diluyan en disquisiciones ajenas a la conversación, enseñándoles a que sepan llevar bien el barco a la orilla.
  7. Fijarse bien en el tono hablado, en su lenguaje corporal y en la expresión de sus emociones.
  8. Ir haciendo un resumen mental de lo esencial escuchado, para ponerlo como énfasis en las respuestas, en el caso de que las pidan o creamos conveniente darlas.
  9. No interrumpir para evitar que se les vaya el hilo de lo que dicen o de lo quieren decir.
  10. No juzgar lo que se escucha, hasta que hayan terminado, para que el entendimiento de lo escuchado, no esté sesgado por decisiones precipitadas o incompletas, ni por ideas preconcebidas.
  11. Nunca corten la escucha. Callarse significa dominio, pues los padres que se ponen a hablar fuera de su tiempo, pueden romper ese maravilloso momento de comunicación, que el hijo estaba realizando. Solamente deben hablar, cuando sea imprescindible, para ayudar a que sigan explayándose y explicándose.
  12. Preguntar tantas veces como sea necesario, lo que no se ha entendido o comprendido muy bien, o cuáles de las posibles variantes de sus expresiones, son las correctas.
  13. Procurar sacar tiempos para escuchar individualmente a los hijos, las cosas privadas o intimas de cada uno de ellos, sin olvidar los tiempos de convivencia colectiva familiar, donde escuchar todas las opiniones, es totalmente necesario.
  14. Procuren que sus hijos no se disgreguen y que se centren en temas específicos, los que ellos tengan ganas y necesiten de hablar. Si les escuchan bien, abrirán sus bocas para que Vds. les escuchen todo lo que tengan para decirles. Los elefantes se pueden ir comiendo en pequeños trozos y veces, pero no todo, de una vez. Ya irán teniendo ocasión de ir ampliando los temas.
  15. Resumir en pocas palabras lo que nos han querido decir, haciendo hincapié en los puntos más delicados, difíciles o conflictivos.
  16. El ejemplo de saber escuchar se transmite también a los hijos, para que posteriormente ellos puedan aplicarlo en sus estudios, amigos, trabajo, sociedad y en su futura familia.

Los padres tienen que escuchar con mucha atención, aunque haya lágrimas, amenazas, amor, odio, perdón y justicia, además de otras emociones y sentimientos posibles, pero al final, los padres han escuchado y los hijos se han sentido escuchados. Puede ser que los padres tengan que llorar y derramar el indecible dolor, producido por lo que escuchan, pero muchas veces por el bien de los hijos, tendrán que mostrase estoicos, rígidos, fuertes o indiferentes, pero siempre deberán seguir escuchándoles.

No es fácil escuchar a los hijos, máxime cuando ellos no quieren o no están acostumbrados a ser escuchados, pues algunas veces cuando han empezado a hablar, los padres les han echado unas descargas emocionales o físicas, imposibles de olvidar, por ejemplo: “No tengo tiempo para escucharte”. “Siempre te escucho las mismas tonterías” “Para que te voy a escuchar, si luego tu no me escuchas a mí y haces lo que te da la gana”. Una de las primeras reglas, es hacerles entender que les está escuchando, lo que ellos quieren decir, con el cien por cien de atención, con total cortesía, sin ánimo de juzgarles y que por escucharles, no supone ya un rechazo automático a lo que dicen, a no ser que sea peligroso para ellos o su entorno.

Para los padres es muy necesario conocer, en qué situaciones específicas y temas concretos es necesario, urgente e importante escuchar a los hijos, para que en caso necesario, tener una conversación con ellos, pero que no hiera su sensibilidad y sin que se sientan acorralados e invadidos en su independencia, sobre todo cuando puedan ser importantes para su futuro.

10 Aspectos que facilitan la oportunidad de escuchar:

  1. Desdramatizar la escena de ponerse a escuchar y para hacérselo más fácil, intenten colocarse en la situación de los hijos.
  2. Escuchar con los cinco sentidos bien dispuestos, para que cualquier explicación que reciban, por muy extraña que les parezca, les ayude a buscar y encontrar soluciones.
  3. Fomentar un tono tranquilo y ameno, eligiendo bien el sitio y las circunstancias ambientales y emocionales.
  4. Mantener la prioridad en los temas que los hijos quieran hablar y los padres escuchar. Pudiera haber una línea muy fina entre ambas actitudes, y los padres deben respetarla.
  5. No olvidarse de dar a los hijos tiempo, para procesar sus ideas, para que siempre puedan mantener su independencia, integridad y respeto, evitando así que contraproducentemente, se pongan a la defensiva.
  6. No retrasar el momento, si han decidido que tienen que escuchar determinadas situaciones. Es mejor que suceda a esperar, a que sea demasiado tarde.
  7. Poner un límite a las expectativas iniciales, sobre lo que quieren escuchar, pues todo requiere un tiempo de maduración y la práctica continua, es la mejor herramienta para conocerlas.
  8. Procurar que haya intimidad en la conversación, solamente las personas imprescindibles, no los curiosos.
  9. Tener la mente abierta para escucharles y las ideas muy claras para responderles, si es necesario con ejemplos, que les sirvan de guía, para poner sus ideas en orden y que puedan expresarlas.
  10. Tomar la iniciativa de escucharles, para hacerles ver a los hijos que escuchándoles, se habrán solucionado mejor los asuntos. Si los hijos la toman, denles la completa oportunidad, para que digan todo lo que tienen que decir y que lo digan como quieran, pero sin perder las formas, ni el fondo. 

Cuando los hijos van cumpliendo años, se ven envueltos en situaciones personales y familiares relacionadas con los estudios, la salud, los amigos, los gastos personales y familiares, los horarios, la independencia, la imagen personal, de la forma de vestir, el comportase dentro y fuera del hogar, el conducir vehículos, las redes sociales, los noviazgos, el consumo de tabaco, alcohol, etc. Cada día va saliendo un tema nuevo y hay que escuchar las opiniones y sentimientos de los hijos, para poder corregirlas o negociarlas, pues todas tienen implicaciones para su futuro, y para las relaciones familiares.

Si los hijos no inician la conversación, en la intimidad o en el entorno familiar, los padres deben comenzarla, pero centrándola exclusivamente en uno o dos temas principales, de los que los padres crean más importantes, en lugar de empezar varios temas a la vez, sin olvidarse de tratar de encontrar las circunstancias, por las que no quieren hablar.

10 Ejercicios para aumentar la capacidad de escuchar a los hijos:

  1. Alejar de la mente los malos pensamientos personales, mientras escucha a sus hijos, principalmente los asuntos desagradables pendientes, conflictos, inculpaciones, rencores, venganzas, deudas, etc. Poniéndose en positivo, por muy malas noticias que reciba. Tener control de si mismo. No le importe si sus hijos son políticamente incorrectos, pues eso puede ser, cuando todavía no han cogido confianza, en saber expresarse o no saben hacerlo.
  2. Antes de empezar la verdadera sesión de escucha, hagan unos ejercicios de relajación y respiración.
  3. Consultar con expertos, leer, ensayar y rezar, son las mejores armas para escuchar bien a los hijos y así poderse enterar claramente, de lo que ellos piensan, para al fin poderles proponer soluciones racionales a sus inquietudes.
  4. Cultivar una voz agradable, matizando los tonos, el volumen, la claridad, etc., con constancia y persistencia, para ir progresando en la voz, gestos, etc.
  5. Elegir las ropas que refuercen la imagen, que quieren proyectar al escuchar.
  6. Ensayar varios gestos, posturas y expresiones alegres, serias y de enfado, si los gestos son alegres, es muy posible que sus hijos las imiten y todo salga mucho más fácil.
  7. Iniciar la situación con un beso y un abrazo muy fuerte, lleno de cariño y de aceptación. Si no tienen esa costumbre, aprenda a saludar dándoles la mano, para que sus hijos se den cuenta de los aspectos de su amor, personalidad, seguridad, firmeza, educación, etc. La mano se da completa, haciendo contacto las palmas, apretándola moderadamente,  pero sin exagerar y moviéndola un poco de arriba hacia abajo. Esta forma ofrece seguridad y vencimiento de la timidez, para reforzar las palabras. Descartar esas formas de saludo, que emplean las comunidades marginales. Esos saludos no caben entre padres e hijos.
  8. Pensar en los beneficios que esperan recibir de esta escucha, si no son para los padres, por lo menos deben ser para sus hijos.
  9. Pensar que el no escuchar voluntariamente, para ignorar lo que está sucediendo, es hacer como los avestruces, que esconden la cabeza debajo de la arena, cuando sienten el peligro.
  10. Ponerse delante de un espejo y simulen, que están escuchando a los hijos cuando les hablan, de un asunto importante para ellos y la familia. Sean críticos con los propios comentarios que produzca este ensayo, pues eso será lo que sus hijos verán.

Qué buen vasallo sería si tuviera un buen señor. Este antiguo dicho, puede traducirse hoy por: Qué buen hijo sería si tuviera un buen padre. Normalmente a padres buenos, siempre corresponden hijos buenos. Los hijos nacen buenos, se hacen malos, cuando los padres o en su defecto la sociedad, no los educa. No les escuchan lo que continuamente quieren decir, aunque lo estén gritando. Padres, estén atentos, pues algunas veces, llegan tarde a escuchar a sus hijos. Otros amigos, bandas, gangas o malévolas organizaciones, se encargan de escucharlos y hablarles, para llevarlos hacia el mal.

22 Sentencias sobre escuchar bien a los hijos:

  1. Algunos padres escuchan con las orejas, otros por el bolsillo y otros no escuchan nada.
  2. Del escuchar procede la sabiduría, y del hablar el arrepentimiento.
  3. El que realmente escucha a Dios, ya no vive para si mismo, porque el fuego de este amor, lo consumió todo.
  4. Entre las explicaciones que escuches, elige la más clara, la más elemental, la más breve y la más sincera, pero tienen que aprender a distinguirlas.
  5. Es tan importante escuchar, como averiguar el fondo de lo que se escucha.
  6. Escuchando a los hijos se les agrada mucho más, que hablándoles.
  7. Escuchar con paciencia a los hijos, siempre es una prueba de amor hacia ellos y algunas veces, más difícil que hablarles.
  8. Escuchar es una virtud relacionada con la prudencia y la paciencia.
  9. Escuchar mucho, no es fácil, pero es muy útil, para las relaciones con los hijos.
  10. Escuchen antes de hablar o fracasarán.
  11. Escuchen bien las respuestas, suelen ser más importantes que las preguntas.
  12. Escuchen con respeto e interés, dando crédito a lo que le dicen los hijos, pero sin dejarse impresionar.
  13. Los padres que gritan antes de escuchar, son unos insensatos además de equivocados.
  14. Los padres que primero no escuchan a Dios, no tendrán nada que decir a sus hijos.
  15. No hay peor sordo, que el que no quiere escuchar.
  16. Padres, escuchen lo que les dicen los hijos, por qué lo dicen y lo que sienten al decirlo.
  17. Para saber hablar, es preciso saber escuchar.
  18. Procure que las palabras que escuchen sus hijos, estén llenas de amor y sabiduría.
  19. Que predomine la escucha, en el dialogo con los hijos.
  20. Saber escuchar a los hijos, atenta y silenciosamente, les produce alivio, felicidad, sosiego, liberación, apoyo y pertenencia familiar.
  21. Si los padres ejercitan la virtud de escuchar en silencio, sabrán entender, incluso lo que no se ha dicho.
  22. Si no quieren escuchar a los hijos, no esperen que después ellos les escuchen, cuando ya sea tarde.

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