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Los efectos de la discriminación explicados a los hijos


ESCUELA PARA PADRES


Los efectos de la discriminación explicados a los hijos
 

2,643 Palabras. Tiempo de lectura 10:00 minutos

Algunos conceptos desarrollados:  

  • La discriminación negativa
  • La indiscriminación positiva y negativa
  • Cómo prepararse con educación y formación para prevenir, defenderse y luchar contra la discriminación
  • Cómo enseñar a no discriminar 

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La discriminación negativa es la que selecciona, segrega o aísla, excluyendo y dando un trato de inferioridad, a una persona o colectividad, por motivos raciales, religiosos, políticos, económicos, idiomáticos, etc. Se convierte en un pecado grave en función de la importancia y cantidad de daño que produce, pues hiere la dignidad de las personas y los derechos fundamentales dimanados de ellos, social o culturalmente. También puede ser en tono jocoso, irónico, bromista, etc., siendo amenudo un disfraz, de las más profundas y malsanas intenciones. 

La discriminación es enemiga de la caridad y de la generosidad, maravillosas virtudes y valores humanos, pues impide a las personas utilizar la voluntad de razonar las necesidades, derechos y capacidades de los demás. En las fuentes insondables del ser, incluso en el hondo calado de nuestra conciencia, está la ilicitud de la discriminación. 

La discriminación se convierte en enemiga de las personas o categorías sociales, que debido a su origen, raza, religión color, idioma,  conocimientos, obesidad, sexo, orientación sexual, género, estatus matrimonial, situación económica, etc. se ven marginadas y afectadas por leyes o costumbres discriminatorias.

La discriminación no cabría en las sociedades, si hubiera una buena formación de las virtudes y valores humanos, o si se siguieran los principios que preconizó, acertada o equivocadamente la Revolución Francesa, que declaraba como base, para las relaciones entre todos los ciudadanos: Igualdad, libertad, hermandad. Hoy desgraciadamente existe una fuerte y fomentada discriminación en las comunidades que tienen grupos multiculturales, nativos e inmigrantes. Tampoco existiría, si las personas hicieran el esfuerzo y tuvieran los conocimientos, para no sentirse discriminados. Produciendo un sentimiento de inferioridad, es con lo que juegan los discriminadores, sabiendo de antemano, que con sus actos, van a dejar medio paralizados a los discriminados.

Hay personas que continuamente están haciendo apología del crimen de la discriminación, porque creen que los otros son diferentes, no les caen bien o quieren sacar provecho, pretendiendo que los discriminados tengan y actúen con complejo de inferioridad, para así poderlos dominar porque se sienten humillados, doblegados, sometidos, vejados, avasallados, abusados, intimidados, etc.

Los padres tienen que enseñar a sus hijos o no sentirse discriminados, por mucho que otros, casi siempre son los mismos, lo intenten una y otra vez. Los que discriminan, muchas veces lo hacen para dar rienda suelta a los odios contenidos y a sus propias frustraciones y para quitarse sus miedos, sus angustias y sus complejos de inferioridad.

Hay condiciones o signos externos personales, que no pueden ser ignorados ni escondidos, porque algunas veces son imposibles o muy difíciles de cambiar u ocultar e influyen en los inaceptables actos de discriminación. Están a la vista de todos como es el color de la piel, la raza, el sexo, etc. Ante estas situaciones, es muy difícil tener control, pero no por eso se debe sentir humillación por la discriminación, por lo que hay que superar las maldades, de los enemigos que discriminan. Cuando esta ocurre, se debe estar muy bien preparado y entrenado para dominar a la discriminación, de forma que aunque quieran, no puedan herir u ofender.  

Es muy difícil pero no imposible evitar la discriminación, pero es fácil  y posible estar bien preparados, para no sufrirla. La educación familiar, escolar y social, iguala a todas las personas. La tiranía de las minorías, no justifica bajo ningún concepto la discriminación con ellas. Pero no se puede decir que se es discriminado, si no se cumplen las características lógicas exigidas para todos. Por ejemplo, si a una persona de poca estatura no le seleccionan para jugar al baloncesto en las Grandes Ligas.

Sufrir cualquier tipo de discriminación social, racial, religiosa o económica, produce unas graves cicatrices imborrables. Es muy difícil olvidar o dejar de lado, los actos de discriminación, normalmente se tardan varias generaciones, principalmente cuando han sido en temas relacionados con la educación, el trabajo, la salud y el desarrollo económico o social. 

Los padres para educar bien a los hijos para que no teman a la discriminación y la sepan manejar inteligentemente. Tienen que enseñarles a practicar: 

  • Una fuerte dosis de paciencia.
  • A que adquieran una gran madurez.
  • A que aprendan a dominarse a través de la disciplina intelectual y del conocimiento.
  • A saber dedicar y repetir aunque sea con un gran esfuerzo en tiempo, talento y energías a dar ejemplo y repartir consejos. 

Padres no tengan miedo, al decir a sus hijos, que es posible que quieran discriminarles, pues siempre habrá unos que discriminen a otros. Lo importante es no sentirse discriminado, aunque los otros lo hagan o lo intenten. No discrimina el que quiere, sino el que tiene enfrente a una persona débil y blanda de mente. Les podrán discriminar, pero no por todo, algunas veces, pero no siempre. Lo importante es hacer llegar a los hijos el mensaje, que la discriminación no puede arrancarles sus conocimientos, educación y las virtudes y valores humanos, aprendidos y llevados a la práctica.

Padres, enseñen a sus hijos con el ejemplo, a que no se sientan discriminados. Que no permitan que el discriminador disfrute o se sienta grande, por haberles discriminado. Cuanto más fuerte se sientan sus hijos, más alejarán a los que pretendan discriminarles. Para eso, y para muchas otras cosas, los padres tienen que darles el verdadero modelo de vida, no comentando jamás, que han sido discriminados y que se han sentido mal. En todo caso, comentar lo que les ha pasado, solamente como una anécdota, sin importancia e incluyendo la salida emocional que hayan realizado. En primer lugar, para que no les haya impregnado la discriminación y en segundo lugar, con la respuesta adecuada que hayan hecho.

Los padres deben educar a sus hijos, a saber salir de las situaciones de discriminación. Enseñarles a que no caigan en la trampa de la discriminación Prepararles mentalmente, para que la discriminación no les haga daño, ni les deje mella. Siguiendo el refrán: “Si tus males no tienen remedio, por qué te quejas, y si tienen remedio, para qué te quejas”. Imbuirles el respeto y la aceptación de como es cada uno, eso sin hacer comparaciones odiosas, con los discriminadores. Hacerles ver, que la mejor arma para luchar contra la discriminación, es la educación y el dominio de si mismos.

El discriminado, para hacer desaparecer las malas intenciones del discriminador, se le debe enfrentar, empleando las virtudes y valores humanos del conocimiento, la educación, la firmeza, la fortaleza y la caridad.

Los padres tienen que tener mucho cuidado con los comentarios, gestos y acciones que puedan producir, consentir, promover, ocultar o aplaudir la discriminación, y muchos menos, que esta se vaya acumulando, pues los daños pueden ser incurables o irreversibles, al quedar marcado a  fuego en las mentes de los que la sufren, sus familiares, amigos y segmentos completos de la sociedad. También tienen que evitar la discriminación presente en las ironías, burlas, intransigencias y comentarios despectivos o jocosos, producidos al basar a las personas, en estereotipos manidos. 

No hay conquistadores, si no hay quienes se sienten conquistados. Como no hay discriminadores, si las personas no se sintieran discriminadas.  En los países más educados y más prósperos, los maestros y los Gobiernos, no enseñan que las invasiones realizadas, incluso a sangre y fuego, por otras civilizaciones, fueron conquistas, por lo que esos ciudadanos no se sienten conquistados. Les enseñan la cultura y ventajas que supuso su invasión, aunque reconociendo que los métodos empleados en aquellas épocas, no serían los adecuados en la actualidad.

Hay que enseñar a los hijos a que aprendan a discernir, comprender y percibir, cuando verdaderamente alguien les quiere discriminar. No vaya a ser que ellos, sean los que se auto excluyan voluntaria o involuntariamente. Cuantas veces las personas, sobre todo los jóvenes, se auto discriminan, diciendo: “No puedo”, “Eso no es para mí”. “Ahí no puedo ir yo, porque “creo” que no cumplo los requisitos”. Luego piensan que han sido discriminados, porque no les han dado la misma oportunidad que a otros, cuando fueron ellos, los que se discriminaron. Suelen ser los hijos que si hubieran nacido antes que sus padres, ahora estarían ambos arruinados. No saben luchar y sacrificarse para salir adelante, para ellos, todos  son problemas. Padre trabajador y ahorrador, hijo despilfarrador y nieto pordiosero. 

Los padres tienen que enseñar a sus hijos a que no discriminen a nadie en las relaciones familiares, amistades o conjuntos sociales, por lo que tienen que educarles y aleccionarles, a ejercitar y a utilizar la voluntad y a razonar lo que vayan a hacer, siempre en función de las necesidades de los demás y la práctica de las virtudes y valores humanos, que les hayan enseñado. 

Moralmente nadie debe discriminar a nadie, por mucho que su aspecto exterior, sea diferente a los cánones acostumbrados, en la sociedad en la que se vive. Ni por llevar tatuajes, perforaciones “piercing”, vestimentas especiales, imágenes físicas provocativas. Gustará o no gustará, será erróneo o acertado, pero nunca debe ser motivo de discriminación. Aunque todos seamos diferentes, todos tenemos el derecho inherente a la persona, de nunca ser discriminados. 

Nunca se puede discriminar a otra persona, por su forma de comportamiento. Habría que estar muy dentro de cada persona, para conocer los motivos de sus actuaciones, necesidades, costumbres, etc. Antes de pensar en la discriminación, hay que pensar en las virtudes y valores humanos de la tolerancia, la prudencia, la generosidad, la caridad, la congruencia entre lo que se piensa y lo que se practica, etc. 

A todo el mundo le gustaría ser sobresaliente física, intelectual y económicamente, pero incluso en el caso de que sucediera, nadie tiene el derecho a discriminar arrogantemente a los demás, y menos a encasillarles despectivamente en un colectivo. El hecho de tener un tipo de educación elevada o una buena situación económica, no debe ser causa de discriminación, hacia otras personas, mas bien la tolerancia y la humildad, son las virtudes y valores humanos que se deben practicar. 

La familia y la sociedad, tienen el pleno derecho a defenderse, discriminando y rechazando de sus relaciones, a las personas, sociedades u organizaciones, que les den mal ejemplo con sus actuaciones o prácticas amorales, deshonestas o escandalosas.

Algunos jóvenes que pasan de todo porque están entregados a la droga o a otros vicios, van vestidos, caracterizados y actuando de forma rara, creen que son excluidos de la sociedad. Si ellos mismos se excluyen de su entorno, cómo no los van a discriminar la sociedad.

Las personas discriminadas, suelen ser proclives a volverse violentas contra la sociedad que lo infligió, permitió, potenció y no castigó, principalmente si fue una discriminación sistemática, colectiva o privada que influyó en el despido de su trabajo, en no haber tenido acceso merecido a los estudios, en haber perdido injustamente la vivienda, por no poder pagarla, en no poder pagar los gastos médicos, etc. es muy posible que el rencor producido, deje marcas para toda la vida, convirtiéndoles en personas amargadas, violentas, resentidas, criminales, etc., transformándose en un posible caldo de cultivo, para que las utilicen los terroristas, los narcotraficantes, las pandillas, etc.

Discriminación supuestamente positiva, llaman a la que discrimina a las mayorías, que a través de leyes injustas, intentan lograr la plena integración social de grupos minoritarios, protegiéndoles con carácter extraordinario, alegando que han estado históricamente excluidos. Especialmente por razón de sexo, raza, color de la piel, bajas calificaciones, mala situación económica, lengua o religión. Unos claros ejemplo son: La Ley de Acción Afirmativa, la Ley Sobre Minorías, la Ley Sobre Igualdad, Ideología o Identidad de Género, los espantosos efectos de la Ideología de Control Demográfico de la ONU, etc. En cada país se llaman de forma diferente, pero tienen los mismos objetivos, que las personas tengan derechos, que no los han ganado, y ninguna obligación, creando el contrasentido de las cuotas para que entren las personas en las universidades, empresas o trabajos relacionados con el Gobierno, privilegiándolas en función de lo que otras leyes impiden discriminar.   

Son leyes que ponen cupos especiales, para cada segmento social, sin importarles los méritos, características o conocimientos, relacionados en los trabajos que se ofrecen, lo que crea una discriminación entre los estudiantes o trabajadores, que los beneficiados llaman discriminación positiva, alternativa, selectiva, privilegiada, impuesta, etc. Eso es discriminación inversa, contradictoria, opuesta, etc. 

La igualdad de oportunidades, tiene que ser preconizada en las relaciones familiares, para que no haya ningún tipo de discriminación, y explicada muy bien a los hijos, para que la tengan presente en sus relaciones con otras personas y la vayan poniendo en práctica, a medida que van creciendo e integrándose en la sociedad. La igualdad de oportunidades, para los estudios y para el acceso al trabajo, de hombres y mujeres, sanos y disminuidos, autóctonos e inmigrantes, debería ser uno de los principios básicos de la sociedad, no negociables, pues así se evitaría la discriminación social. 

Es injusto y discriminatorio, que una persona que se ha esforzado estudiando o trabajando duramente, para ingresar en una universidad o para conseguir un trabajo, sea eliminada y sustituida, porque llega otra persona, alegando el color de la piel o que pertenece a determinadas colectividades sociales. Estas injusticias discriminatorias, producen odios y rencores, que trascienden a las familias y a parte de la sociedad. 

La indiscriminación es la igualdad real de oportunidades o posibilidades, positivas o negativas. Todos deben y pueden gozar de los derechos humanos que les corresponden, sin que nadie se los elimine. Es el derecho, al trato igualitario. Pero se indiscrimina negativamente en función de leyes soportadas por la xenofobia y el racismo, para identificar a extranjeros indocumentados, utilizando controles de identificación basados en perfiles étnicos y raciales, lo que en la práctica se traducen, en “detenciones indiscriminadas” y “restricción de derechos” de las personas, por ejemplo en algunas redadas policiales.

 Se indiscrimina también en los casos de acciones bélicas y guerras justas o injustas, preventivas o no, donde pagan en la población civil, justos por pecadores, al destruir ciudades enteras o amplias regiones, con sus habitantes. Un pecado gravísimo, consiste en facilitar a los que poseen armas científicas, especialmente atómicas, biológicas o químicas, la ocasión de cometer semejantes crímenes. Es uno de los riesgos de la guerra moderna. 

Hay violencia indiscriminada, con determinados segmentos sociales por su zona de residencia, orígenes, cultura, capacidad económica, escolarización, etc.  La indiscriminación se produce cuando hay un fanatismo obstinado, desmedido, incluso violentamente entusiasta, que refleja en una manía persistente, hacia determinados temas, donde no se excluye a nadie, ni a nada. 

Se indiscrimina al azar cuando hay terrorismo, secuestros, amenazas colectivas, torturas, violencia física o moral, toma de rehenes, implantación de terror o intolerables presiones, sobre las víctimas. La indiscriminación de la violencia, es gravemente contraria a la justicia y a la caridad, al respeto de la persona y a la dignidad humana. 

No hay que discriminar a nadie, incluso hay que amar con toda intensidad a los que nos ofenden, acogiéndoles con respeto, compasión y delicadeza. Pero hay que aborrecer las ofensas que se hacen a ellos mismos, a nosotros y a la sociedad.  

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