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Archivo para 20 diciembre 2012

Convivencia con suegros, suegras, yernos y nueras

ESCUELA PARA PADRES

Convivencia con suegros, suegras, yernos y nueras.

  • 8 Motivos por los que algunos hijos políticos se alejan, esconden o ignoran a sus suegros
  • 7 Motivos por los que algunos hijos políticos tienen sentido de culpa al visitar a sus suegros
  • 8 Cosas más importantes que debo realizar para tener buenas relaciones con los suegros
  • 14 Preguntas indispensables entre suegros e hijos políticos

3,092 Palabras. Tiempo de lectura 11:00

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Es un deporte nacional, incluso para los humoristas, hablar mal de los suegros y de las relaciones con sus hijos políticos (nueras y yernos). Salvo excepciones, principalmente suele haber un enfrentamiento ancestral entre las suegras y las nueras. Los suegros con los yernos y con las nueras, se suelen llevar mejor, o simplemente, no se llevan, coexisten.  Por cuestiones de edad y experiencia, casi siempre, los suegros tienen razón en lo que dicen, aunque algunas veces no tengan razón, en cómo lo dicen.

Los suegros suelen ser criticados, porque los hijos políticos dicen que se meten en sus vidas, sin darse cuenta, que la mayoría de las veces, lo hacen pensando en beneficiar a los hijos políticos o a los nietos.

Los suegros no son solamente para apagar fuegos, también son humanos y tienen derecho y obligación de opinar, cuando ven una injustica o un camino mejor, para el conjunto de la familia.

Si los suegros llaman la atención a los hijos políticos, suele ser porque éstos, aunque no lo vean, están maltratando o discapacitando a sus propios cónyuges o a sus hijos. Lo que hace falta, es tener la suficiente madurez por ambas parte, para entender las cosas que se hacen, en beneficios de ambos. Unos suegros que se callaran, ante las injusticias que se cometen delante de sus propios ojos, serian unos egoístas, que no quieren mojarse para vivir cómodamente y no meterse en problemas.

Cuando los hijos se casan, añaden su cónyuge y sus hijos a cada una de las familias biológicas, son los llamados “agregados familiares”. Esto convierte en suegros y suegras, a los respectivos padres, los cuales tienen que aprender a convivir, con su nueva familia agregada. Las nuevas relaciones familiares suelen ser buenas, regulares o malas, dependiendo de muchos factores, principalmente el amor que se manifiesten entre todos ellos. Una mala relación entre los nuevos cónyuges, es medio imposible que no influya negativamente, en la relaciones con los suegros, que siempre quieren lo mejor para sus hijos, pero ven que sus deseos de felicidad propia y ajena, se ven truncados por algún mal comportamiento.

Los suegros suelen molestarse o enfadarse, cuando ven que los hijos, a los que criaron dentro de unas características de educación y principios morales, se ven empujados a llevar un tipo de vida, que les hace olvidar los principios que aprendieron durante su crianza. Es muy fácil echar la culpa a un cónyuge, y olvidarse de que ambos lo consienten, Es muy difícil, ver situaciones donde los hijos van hacia atrás en su vida familiar, privada y social. Tanto esfuerzo para educarlos y llega el cónyuge, y los conduce por el camino que les lleva a la derrota.

Es cierto que cada familia, tiene que arreglar primero las cosas en su casa, pero no es menos cierto, que todos tienen la obligación de llamar la atención, a los más cercanos, cuando lo que hacen, es en perjuicio de ellos mismos, de sus cónyuges o hijos.

Algunos suegros, en la relación con los hijos políticos, sobre la educación de los nietos, son como los buenos y aguerridos boxeadores, que nunca deciden cuando retirarse de combatir. Esto supone que, de vez en cuando, reciben un golpe moral y sicológico, que les deja noqueados, fuera de combate durante un tiempo.  Después tienen que recuperarse ellos, para seguir intentando mantenerse en su lugar y recobrar la posición familiar, que tenían antes del golpe.

Dicen que las suegras, deben tener la boca cerrada y el bolsillo abierto. Pero eso muchas veces, significa eludir las obligaciones de cada uno, con el otro. No hay que olvidar que, casi siempre detrás de cada yerno y cada nuera, hay un o unos nietos, que tienen necesidad de la protección, seguridad y mimo de sus padres y de los suegros y que son también sus abuelos.

Cuando los suegros y los hijos políticos, tienen culturas y educaciones diferentes, es muy difícil que haya química de atracción entre ellos. Pero deben coexistir como personas civilizadas. Al fin y al cabo son los hijos políticos, los que han decidido casarse para toda la vida y vivir juntos. Los demás son testigos, algunas veces participantes, de lo que los hijos políticos realizan.

Algunos hijos políticos, no se atreven a frecuentar y ni tan siquiera visitar a sus suegros, debido a que siempre, hay motivos importantes de fricción, ya que los comportamiento en las cercanías provocan, sin querer o queriendo, reacciones donde salen a relucir las diferencias educativas, sociales y culturales, tanto de ellos como de los nietos. Ante estas situaciones suelen proceder a hacer las visitas individualmente y solamente las hacen juntos, en ocasiones sociales muy importantes.

8 Motivos por los que algunos hijos políticos se alejan, esconden o ignoran a sus suegros:

1.      Cuando en casa de los suegros, existe un consumo desmesurado de alcohol, drogas, juego, pornografía, abusos físicos, violencia, etc. y no quieren contaminar a la familia, ni que esta lo conozca.

2.      Cuando los suegros dan malos tratos a otros familiares, servicio doméstico, animales, etc.

3.      Cuando los suegros hacen negocios sucios o ilegales, o trasgreden las leyes civiles o morales.

4.      Cuando los suegros no respetan los ciclos naturales de la vida, y se visten y actúan como sus hijos jóvenes, incluso yendo a lugares de diversión de jóvenes y coincidan allí los padres, con los hijos y sus amigos. Haciendo el ridículo, sin darse cuenta, de que ya no tienen edad, imagen, ni fuerzas, para disfrazarse de jóvenes o actuar como ellos.

5.      Cuando los suegros son matrimonios irregulares, mantienen relaciones amorosas fuera de su matrimonio o llevan una vida pública desordenada, por lo que prefieren que su nueva familia no lo vea.

6.      Cuando los suegros tienen novias, novios o relaciones amorosas, con personas de la misma edad que los hijos o sus amigos.

7.      Cuando los suegros tienen un mal comportamiento con los hijos políticos ,  como familia ya formada e independiente, pues siempre se meten donde nadie les llama y están continuamente zahiriéndoles, con comentarios despectivos de sus situaciones o de estilo de vida. Prefieren huir.

8.      Cuando los suegros tienen un mal comportamiento personal y social, y no es el mejor ejemplo que quieren dar a sus hijos, pues demuestran con evidencias, que llevan un  estilo de vida inmoral, mal educada o grosera, reflejado en sus amistades, actividades y en ellos mismos.

7 Motivos por los que algunos hijos políticos tienen sentido de culpa al visitar a sus suegros:

1.      Cuando las discusiones y agresiones entre los hijos políticos, son muy violentas y no quieren que sean vistas ni oídas por los suegros, pues les da vergüenza, que las conozcan o intuyan esas graves diferencias, entre ellos o con sus hijos.

2.      Cuando no quieren reñir ni discutir con los suegros por nada del mundo. Prefieren evitar discusiones, que lo único que consiguen es separar su matrimonio, puesto que algún cónyuge, considera que tienen que ponerse de parte de sus padres, en lugar de estar unido con su cónyuge.

3.      Cuando los suegros les llaman la atención, porque educan de forma muy permisiva o violenta a sus hijos, reflejado en los malos y peligrosos resultados que obtienen, y los suegros no quieren que eso ocurra con sus nietos.

4.      Cuando no los pueden presentar a la familia política o amistades, debido que existen grandes diferencias culturales, sociales, culturales, económicas, físicas, políticas, religiosas o idiomáticas. Esas diferencias pueden ser por ambos lados.

5.      Cuando por experiencias pasadas, suponen que les van a pedir algo. Opinan que estando alejados, disminuyen las posibilidades de que les pidan.

6.      Cuando sienten vergüenza de estar con sus suegros, debido a que su propio comportamiento violento, el que hace con su cónyuge, con sus propios hijos, o que el concepto familiar, no es el adecuado y saben que sus suegros le van a recriminar. Incluso aunque se callen, sabe que “la procesión va por dentro”.

7.      Cuando los hijos políticos llevan un modelo de vida como si permanecieran solteros, sin contar con el otro cónyuge para nada, ni para las visitas familiares.

8 Cosas más importantes que debo realizar para tener buenas relaciones con los suegros:

1.      Escribir las 10 cosas que ambos podemos hacer juntos, para que nuestros respectivos suegros, sean más felices con nosotros.

2.      Escribir las 10 cosas que ambos podemos hacer juntos, para ser más felices y tener un mejor matrimonio.

3.      Escribir las 10 cosas que creemos que entorpecen las relaciones con nuestros suegros por interferirnos con ellos.

4.      Escribir las 10 cosas que debo hacer para tener y mejorar las relaciones con los suegros.

5.      Escribir las 10 cosas que me gustaría que mi cónyuge NO haga, para que no haya problemas de interferencia con mis padres.

6.      Escribir las 10 cosas que NO debo hacer para tener mejores relaciones con los suegros.

7.      Escribir las cosas que me gustaría que mi cónyuge haga, para que no haya problemas de interferencia con mis padres.

8.      Escribir los 10 motivos  que entorpecen las relaciones en nuestro matrimonio por la interferencia de nuestros respectivos suegros.

Es una gran tarea el responder todas estas cuestiones, pero solamente si se sientan tranquilamente a analizarlas y a contestarlas, podrán empezar un camino que les lleve a encontrar la solución al problema. Los grandes problemas, requieren grandes y costosas soluciones.

Los suegros y los hijos políticos, tienen que trabajar muy bien la situación en la que cada uno está, para tenerla muy clara. Por lo que sugiero que se sienten a escribir y a comentar, muy detalladamente, las preguntas y respuestas que cada uno vaya poniendo sobre la mesa. Esto ha dado muy buenos resultados. Pero sin olvidar, que solamente es un planteamiento de posiciones, para después poder marcar unos objetivos, soluciones, plazos y controles de cumplimiento. Estas preguntas y respuestas, son solamente un peldaño de la gran y empinada escalera, que tiene que ir subiendo.

Ser un buen hijo o un buen esposo, no debe ser una disyuntiva para ninguno de los dos, tienen que ser ambas cosas. Ponerlo en duda, es un problema de inmadurez. Cuando los hijos políticos, critican a sus respetivos suegros, se terminan peleando entre ellos.

Algunos suegros creen, que nadie es lo bastante bueno, para convivir con sus hijos, hacerles felices y apoyarles a prosperar interna, familiar y socialmente y que todos, son muy jóvenes e inexpertos para hacerlo y que siempre hay algo, para reprochar a los hijos políticos. Ser consciente de que no se pierde un hijo, sino que se gana a su cónyuge.

Algunos hijos políticos, creen que sus padres se meten en su vida matrimonial, al actuar como si ellos no fueran capaces de sacar su matrimonio adelante o porque, no quieren aceptar que deben dejarles volar solos, en las cosas propias de su matrimonio.

Siempre cuatro ojos, ven mucho más que dos. El cónyuge no tiene que tener celos, ni sentirse ignorado, porque haya habido una consulta a los padres, siempre que esa consulta, haya sido consensuada en la forma y fondo de hacerla. Las decisiones les corresponden tomarlas a los cónyuges en estrecha unión, pero las consultas pueden y deben hacerlas, en las fuentes que consideran que tengan más y mejor capacidad de responder.

Ninguno de los cónyuges debe pensar que el otro, está demasiado pegado a sus padres, debido a que les consulta muchas cosas, para aprovechar la experiencia de ellos. Qué satisfactorio es ver, cuando los hijos políticos, también consultan las cosas importantes con sus padres y con sus suegros, para poder decidir con mejor criterio. Nunca debería haber tensión en el matrimonio, por esta causa.

Entre los cónyuges no debería haber una batalla continua, ni celos por la cantidad de tiempo, comunicación o confidencias, que dedican a sus respectivos padres. Cada cónyuge tienen arraigadas unas costumbres, buenas o malas, de la forma de relacionarse familiarmente. Eso no quiere decir, que le eximan de atender perfectamente sus nuevas obligaciones de amor, atención y cuidados con su cónyuge, el cual es la prioridad, sobre todas las relaciones familiares.

Muchas veces las discusiones originadas, porque uno de los cónyuges atiende mucho a los suegros, implican que entre los cónyuges, hay problemas ocultos de comunicación, madurez, cultura, costumbres familiares, celos, etc. Pero que esas diferencias, habladas serenamente entre ellos, podrían ser eliminadas rápidamente, al intentar ver las cosas desde la perspectiva del otro.

El hecho de que uno de los cónyuges, haya tenido problemas anteriores con sus suegros o con sus padres, no debe ser un obstáculo para que puedan tener buenas las relaciones actuales, ya que las vidas de los padres y suegros e hijos biológicos o políticos, han podido cambiar sustancialmente. Los hijos políticos, no tienen por qué tener resentimientos por viejas situaciones, que la mayoría de las veces no las conocen a fondo, y solamente saben de ellas por oídas. Mucho menos, si eso supone la dolorosa suspensión de las relaciones familiares, para uno de los cónyuges. La reconciliación familiar, es uno de los primeros pasos, para que haya buena armonía entre todos.

Una de las mejores formas, para alcanzar una correcta reconciliación entre suegros e hijos políticos, es que cada uno de los cónyuges escriba con mucho tacto, lo que más le preocupa de sus relaciones con el resto de cada uno de los familiares. Que expresen sus sentimientos, pero que no parezca un listado de recriminaciones y agravios, pues el objetivo de estas listas, es que se puedan intercambiar y comentar, para llegar a acuerdos que sean en beneficio y ayuda de todos.

14 Preguntas indispensables entre suegros e hijos políticos:

1.      ¿Cómo atender, escuchar y hacer caso a mis padres, sin descuidar a mi cónyuge?

2.      ¿Cómo podremos poner con mucho respeto, ciertos límites a nuestros suegros, en sus intromisiones dentro de nuestra familia, haciéndoles que comprendan nuestras prioridades como cónyuges?

3.      ¿Cuándo se les va a quitar la costumbre a nuestros suegros, de pensar que todavía son indispensables en nuestras vidas, cuando nosotros ya hemos tomado la responsabilidad de formar una familia?

4.      ¿En que conceptos, sentimientos y actuaciones influyen sus suegros en su matrimonio o en la dependencia, física y emocional de su cónyuge con ellos?

5.      ¿Ha hablado en profundidad con su cónyuge de las diferencias que siente hacia sus suegros, los motivos que las producen y las soluciones que Vd. propone?

6.      ¿Por qué algunas conversaciones polémicas, terminan en discusiones violentas, principalmente las relacionadas con religión, política o forma de educar a los hijos?

7.      ¿Por qué mis suegros critican las acciones que hacemos como familia o individualmente?

8.      ¿Por qué mis suegros se inmiscuyen en nuestras vidas, incluso dando consejos, que no les hemos pedido?

9.      ¿Por qué no intentamos ponernos cada uno en el lugar del otro, para comparar nuestros puntos de vista diferentes?

10.   ¿Por qué tenemos que defender las opiniones de nuestros respectivos padres, aunque no estemos de acuerdo con ellas, y lo hagamos solamente por un espíritu de cuerpo familiar, muy mal entendido, que nos causa tantos problemas entre nosotros?

11.   ¿Por qué tratan de imponernos sus opiniones y nosotros, tratamos de imponerles las nuestras?

12.   ¿Qué virtudes tienen mis hijos políticos?

13.   ¿Qué virtudes tienen mis suegros?

14.   ¿Se dan cuenta que sus suegros y padres son de una generación diferente y por lo tanto, ven las cosas de otra forma, aunque crean que lo hacen en beneficio de todos?

Los padres deben enseñar con el ejemplo, a sus hijos políticos, como deben relacionarse con ellos y entre ellos, dentro del compromiso de un proyecto de vida sustancioso y valioso, lleno de una buena comunicación, sabiendo lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer, teniendo en cuenta que antes de actuar, debemos pensar en la repercusión de nuestras acciones, para evitar que interfiera en las relaciones entre suegro, suegras, yernos y nueras, siempre ayudándose mutuamente a resolver los problemas, con generosidad, cariño y comprensión, respetando la independencia y decisiones de cada uno.

Los padres tienen que aceptar, sin reticencias a los hijos políticos, con sus virtudes y defectos, a pesar de que existan notorias diferencias, culturales, sociales, de costumbres y formación. Es muy grave entrometerse en sus decisiones importantes, aunque haya notoriedad de errores eminentes y palpables, provenientes por la falta de experiencia o conocimientos, lo mejor es practicar el “oír, ver y callar” que tan buenos resultados da, la mayoría de las veces. 

En el matrimonio ya no existe “Tu familia o mi familia”, es “Nuestra familia” sea biológica o política. Por lo tanto el suegro, suegra, yerno y nuera, es un tema a dejar atrás, en unas buenas relaciones matrimoniales. Se debe afrontar el dialogo y la convivencia, con serenidad y claridad, haciendo el esfuerzo que sea necesario, para superar las diferencias sustanciales, las cuales, siempre se pueden y deben dialogar, aunque haya que ceder algo, en beneficio de reafirmar el amor familiar. 

Los suegros que tengan mucho tacto, siempre pueden mediar, pero enfocándose, en que los hijos políticos dialoguen serenamente, para superar sus diferencias, y si es necesario enseñándoles a perdonar y a saber ser perdonados, pero sin darles la razón a ninguno de los cónyuges. No es entrometerse en su vida, es enseñarles lo que no sepan, aunque crean que lo saben todo, como se puede y debe convivir en franca armonía, compartir ilusiones, comunicarse los sentimientos, intereses, esfuerzos, esperanzas, organizando bien la convivencia familiar. 

Los padres deben percibir, hasta donde pueden permitir o aceptar, las cosas en las relaciones con los hijos políticos. No deben participar en las cosas de su día a día, pues ellos han formado una familia y tienen que aprender a manejarla. El hecho de que se pueda estar siempre pendientes para ayudarles, no debe ser una disculpa, para menospreciar lo realizado por los hijos políticos.

Si tiene algún comentario, por favor escriba a francisco@micumbre.com

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Proteger y sentirse protegido en la familia

ESCUELA PARA PADRES

Proteger y sentirse protegido en la familia.

  • 17 Derechos que deben ser protegidos en la familia
  • 13 Conceptos para ser padres protectores de hijos que se sientan protegidos
  • Proteger y sentirse protegido en las personas mayores
  • Proteger y sentirse protegido en los padres
  • Proteger y sentirse protegido en los hijos

3,154 Palabras. Tiempo de lectura 11:00

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Los padres tienen la obligación, no negociable, de proteger a todos los miembros de la familia, especialmente a la esposa y a los hijos. Ser protegido es un derecho, ni discutible, ni renunciable, de cada uno de los que forman la familia.

Es muy satisfactorio y gratificante tener la seguridad de que en los posibles momentos difíciles que se presenten, siempre se va a estar bien protegido por los hijos, y los hijos por los padres. Tener la certeza fehaciente que toda la familia está dispuesta a proteger a los demás miembros, bajo el lema “Uno para todos y todos para uno”, máxime en situaciones de indefensión externa.

La protección la deben realizar y en su caso imponer, los padres a los hijos y en muchos casos los hijos a los padres, aunque ambos no quieran ser protegidos o no sean conscientes de que deben ser protegidos. La protección en la familia es algo que no se puede abandonar ni regatear, pues algunos no tienen la capacidad de saber, incluso si la necesitan, al desconocer los peligros que están a su alrededor. Algunos hijos ignorantes no sienten tanto la necesidad de estar protegidos, pues creen que no necesitan nada de nadie y que ellos pueden con todo y contra todo.

La protección familiar debe ser perenne y hacerse como un amor sólido, no liquido pues se podría evaporar. Se hace en función de atender, entender, aceptar y respetar las diferencias de las personas que se aman. En la familia todos somos diferentes pero complementarios.

La protección en las personas mayores es uno de los principales conceptos en los que piensan las personas mayores, cuando miran hacia su presente y a su futuro. Piensan continuamente cómo podrán estar protegidos, de las cosas importantes para poder sobrevivir. Analizan su situación económica, sus enfermedades, el cariño de los hijos, nietos y familiares, la seguridad física contra los ladrones, los violentos, etc. Esta experiencia de la necesidad de estar protegidos, toca, incluso golpea brutalmente, la vida de los ancianos. Es el sentimiento profundo, de lo mucho que se necesita estar protegido en cada edad, principalmente, cuando empiezan las limitaciones físicas, mentales, emocionales, económicas y sociales.

Los padres se sienten protegidos, cuando saben y comprueban, que sus hijos están “al quite” de cualquier cosa que les pase o les pueda pasar. Esa sensación de protección, se refleja en los continuos hechos de vigilancia de las necesidades de los padres y las medidas de prevención, que toman los hijos, sobre todo, cuando saben que determinadas situaciones presentes o futuras, pueden alterar el buen funcionamiento de sus vidas. Tanto en temas de salud, como de economía, de relaciones sociales, de practicas religiosas, de entretenimiento, de calidad de vida, etc. Esta misma sensación de estar protegidos, salvando las distancias y características, es la que los hijos esperan que les ofrezcan sus padres, para que puedan desarrollarse.

Los padres, según van acumulando edad, van sintiendo más la imperiosa necesidad de estar protegidos, en todas las áreas, principalmente cuando prevén que van a llegar o ya han llegado, los momentos difíciles. Es cuando están esperando, esos gestos permanentes o acciones esporádicas, que les indican que están o van a estar protegidos por sus hijos. La protección no tiene que sentirse solamente proveniente de la familia, debe y tiene que ser sentida también, procedente de las estructuras políticas, económicas, sociales y religiosas.

La protección de los hijos: Los hijos, mientras viven en la casa de los padres, tiene la sensación de que están protegidos de los problemas exteriores, tanto de los que les pueden originar otros niños, como de los que les pueden originar personas mayores desaprensivas. En el fondo, tienen que saber que sus padres y el resto de la unidad familiar, se encargará de darles la protección necesaria, cuando la necesiten. Que no están solos, que están verdaderamente protegidos, frente a los extraños.

La protección de los que trabajan: La inestabilidad del puesto de trabajo, origina una angustia, al verse desprotegidos cara al futuro. Cuando no saben si el trabajo continuará o desaparecerá al día siguiente, hace imposible la estabilidad familiar, pues la mayoría de las veces, su salario es la única fuente económica que les protege, para poder enfrentarse a la vida en la sociedad.

La protección de las leyes y la policía a los ciudadanos: Todos los ciudadanos, quieren estar protegidos de los malhechores, por las leyes y por la policía. Si no existe esa protección, se convierte en una jungla, donde sólo puede vivir, el más fuerte y el más inmoral.

La protección de las naciones: Las naciones tienen que contar con los medios justos, legítimos y suficientes, para garantizar a sus ciudadanos la protección necesaria, contra las malas acciones de otras naciones. Sin protección nacional, unas naciones invadirían impunemente a las naciones más débiles o más indefensas. Las naciones se unen en bloque, para protegerse unas de las otras.

Proteger y ser protegido, es la realidad entre la esperanza y la desesperación. Las personas no somos productos químicos, no hay nadie que no necesite a otro, en la amistad y en la relación, pues dejaría de ser persona. Todos tenemos ganas de vivir bien protegidos contra las adversidades. En los momentos difíciles, es cuando mas necesitamos estar y sentirnos protegidos, acordándonos también de ver esos mismos momentos en el prójimo, para darles nuestra protección y solidaridad con palabras, gestos y hechos concretos.

17 Derechos innegociables que deben ser protegidos por la familia:

1.     El derecho a la alimentación.

2.     El derecho a la educación gratuita y obligatoria, en las primeras etapas.

3.     El derecho a la libertad de expresión y a compartir sus puntos de vista con otros.

4.     El derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y actuación.

5.     El derecho a la libertad religiosa, política y social.

6.     El derecho a la protección contra la violencia, el descuido y el trato negligente.

7.     El derecho a la protección física.

8.     El derecho a la salud.

9.     El derecho a la vida, desde la concepción, hasta la muerte.

10. El derecho a la vivienda.

11. El derecho a no ser explotado económicamente.

12. El derecho a recibir justicia.

13. El derecho a tener trabajo  y a no ser explotado en él.

14. El derecho a tener un nombre y una nacionalidad.

15. El derecho a tener una familia digna.

16. El derecho a una vida digna.

17. El derecho al descanso, el esparcimiento, al juego, a la creatividad y a las actividades recreativas.

Cuando hay que tomar decisiones, relacionadas con la presente o futura protección familiar, se deben analizar en profundidad, todos los rincones y aristas de las decisiones importantes que pudieran ser irreversibles. Hay que percatarse mejor para poder valorar en su justa dimensión y con mayor profundidad, los beneficios que se tienen en la situación actual, en contra de unas posibles ganancias que se pudieran tener en función de las decisiones a tomar. Pues aunque aparenten mayores libertades personales, la mayoría de las veces, disminuyen el concepto tan necesario de la protección de la familia, o de cada uno de los componentes.

Cuánto más se analicen las situaciones presentes y futuras, en todas sus variantes y posibilidades, más se reafirmarán las decisiones. Las cosas en la realidad, no suelen ser tan maravillosas como se pintan desde fuera o con una anticipación, no bien calculada. Para sentirse bien protegido y para dar la correspondiente protección, a los que la necesitan, es muy práctico clasificar las decisiones por etapas, según lo que se quiera obtener o lo que se puede necesitar.

Los padres deben considerar que, a determinadas edades es muy difícil, incluso sopesando sus pros y sus contras, romper el cordón umbilical con la familia, los agregados y el entorno de protección y seguridad que ya tienen, si es que se tiene. La protección y la seguridad, son los ejes por donde se deben analizar, todas las decisiones. Salirse de la jaula de oro que supone la familia y los agregados, cada vez es más difícil y peligroso.

Los padres tiene que estar siempre, en periodo de reflexión y si es necesario, en un cambio constante hacia el análisis y mejoramiento de todos los conceptos, que componen la necesaria protección y seguridad, dada y recibida. No deben dejarse cautivar por los cantos de sirena, que algunas veces ellos mismos se hacen, para justificarse la toma de determinadas decisiones, poco analizadas.

Los padres sobreprotectores y superindulgentes, no crean las condiciones necesarias para el día de mañana que puedan proteger a los hijos y ser protegidos por ellos. Algunas veces, confunden la protección  de los hijos, con el darles todo lo que quieran y consentirles, cualquiera cosa que hagan, para que no les falte de nada y evitarles todos los disgustos, preocupaciones y molestias, creyendo que así les harán felices. Creen que protegerles, es evitar que realicen, hasta la más mínima colaboración en las tareas o quehaceres personales, o de la familia, incluso el permitirles no estudiar o no colaborar con sus hermanos y familiares, si no quieren hacerlo.

Proteger a los hijos también es impedirles hacer las cosas, que bajo todos los aspectos son innegociables o importantes para su desarrollo, buena educación, formación intelectual, religiosa y social y para su integridad física. Esta protección puede ser acordada, en función de la edad física y mental de los hijos y su nivel de desarrollo y responsabilidad. Dejando bien claro, lo que es y no es negociable, y cuándo y dónde situar los límites de la negociación. Los padres deben decidir lo que consideran importante y esencial para su desarrollo, y lo que no lo es. Tienen que definir y negociar sólo, lo que sea negociable y explicarlo muy claramente a los hijos.

Los padres tienen una responsabilidad y una autoridad, que no pueden perder ni delegar, lo que conlleva, proyectar la obligación de dar la sensación y  realidad de protección. No tienen que tener miedo a ejercer su autoridad, en beneficio de la protección familiar, para evitar las consecuencias de comportamientos sobreprotectores, superindulgentes o inconsecuentes. Al final, los mismos hijos, son los que echan de menos la protección de los padres, aunque algunas veces les parezca dura.

Los padres además de parecer protectores, tienen que serlo, pero sin perder la autoridad. Tiene que mantener la mejor comunicación posible, unida a una afectiva relación interpersonal. Hoy no se cuestionan los derechos y deberes de los padres y los de los hijos, pero esto no quiere decir, que las decisiones deban tomarse democrática, ni corporativamente. Lo que no es negociable, no se negocia. Hay padres a los que les da miedo, o no saben dónde y cómo, poner límites a los hijos, lo que supone que renuncia a su obligación de protegerlos. Se intenta por todos los medios, que los hijos no sufran, que no les falte nada, creyendo que así serán felices. Esto es una equivocación. Los hijos deben aprender a ganarse las cosas, trabajando legítimamente. Eso es protegerles en el presente, para que se puedan sentir, incluso autoprotegidos en el futuro.

Los padres no deben confundir a sus hijos, con un mal entendido exceso de protección, pues eso les puede confundir y hacer creer, que todo es fácil y sencillo. Darles todo hecho y solucionarles, cualquiera de sus problemas, les priva de aprender a defenderse en la vida, por lo que cada vez, estarán más desprotegidos. Es cierto que algunas veces, los padres con sus gritos, riñas y golpes, pierden la autoridad moral, que conlleva el hecho de proteger en la familia.

La protección familiar, no está reñida con la libertad. Es más, la libertad otorgada, con una red de seguridad, es lo que los hijos necesitan para aprender a volar, sintiéndose protegidos, mientras aprenden a tomar decisiones y a asumir las consecuencias de ellas.

Algunos padres tienen miedo o no saben como proteger a sus hijos, cuando éstos creen que tienen el derecho a hacer todo lo que quieren, incluso a tener la libertad, mal entendida, de no dejarse proteger. Sin tener en cuenta, que los padres tienen sobre ellos, unas responsabilidades religiosas, económicas, legales y sociales, que muchas veces al tener que responder personalmente, ante los hechos cometidos por los hijos, ponen de manifiesto, la poca o ninguna protección que les dieron, para que no cayeran en los problemas. Se educaron asilvestrados, enteros, maleducados, consentidos, intolerantes, etc. Suelen ser los hijos conflictivos, déspotas, violentos, exigentes y tiranos, incluso contra los otros componentes de la familia. El no dejarse proteger, suele costar a los padres mucho dinero y disgustos.

Los padres tienen que conocer muy bien las posibilidades, limitaciones y actitudes de los hijos, para saber si son capaces de responsabilizarse y aceptar el grado de protección que se les otorga, para que se sientan protegidos.

Proteger con garantía a los hijos, algunas veces hay que hacerlo, huyendo del peligro que tienen a su alrededor, por la dificultad de enfrentarse, ante fuerzas mucho más agresivas, que las limitaciones educativas que tienen los padres. Cambiar de escuela, barrio, o ciudad, es muchas veces la única forma de garantizar, la protección a los hijos. Con esos cambios, los hijos se sentirán protegidos de los embates y agresiones, que las pandillas y los narcotraficantes, les puedan hacer. Esa huida hacia adelante, no siempre soluciona todos los problemas de la protección, pero supone establecer una zanja insalvable, para los peligros que les llegan.

Los niños son los que más necesitan sentirse protegidos, para poder desarrollarse física y emocionalmente. La mejor protección que puede darse a los hijos, es educarles a practicar las virtudes y valores humanos, pues eso les servirá desde la juventud, hasta la vejez. Incluso se verán protegidos contra las acechanzas, con las que la sociedad quiera atacarles.

Los hijos a su manera, también tienen los mismos pensamientos sobre su preoteccion y hacen análisis de sus situaciones, pues junto a los ancianos, a los niños no nacidos todavía, a las mujeres, y a algunos enfermos graves, son los más vulnerables de la sociedad, pues tienen muy baja protección o ninguna.

Los hijos en cada etapa de su vida, sobre todo en la adolescencia, necesitan comprender, que a pesar de las posibles diferencias con sus padres, sobre la práctica en las virtudes y valores humanos, son y están protegidos, hasta el máximo, de lo que pueden sus padres.

Los hijos tienen que sentirse protegidos en todo momento, incluso en las comunicaciones y negociaciones para resolver los posibles conflictos con sus padres, aunque no les convenga o sea muy difícil aceptarlo. Principalmente cuando hablan sobre comportamientos y sus responsabilidades éticas, sobre el bien y el mal, la justicia, la honestidad, la verdad, el daño, las preferencias, los gustos, la convivencia, las actividades lúdicas, el dinero, el tiempo, el trabajo, las cualidades personales. etc.

Los hijos deben saber que los padres tienen muy claro, en su beneficio y por su seguridad, lo que consideran esencial, importante, relativo, negociable, innegociable y los limites para que las cosas, no se salgan de control y afecten a la salud física o mental de sus hijos, en función de su edad y responsabilidad.

13 Conceptos para ser padres protectores de hijos que se sientan protegidos:

1.     Aceptar a los hijos como son y no como les gustaría que fueran, no confundiendo los deseos, con las realidades. Considerando y respetando, que cada una de las diferentes personalidades, requieren diversas formas de protección. Nunca deben ser rechazadas, las buenas aptitudes de los hijos, aun que  sean frustrantes, con los planes soñados para ellos.

2.     Confirmarles que siempre, y en cualquier momento, pueden y deben contar con sus padres para comunicarse, interactuar, compartir, para establecer unas relaciones filiales de entendimiento y máxima confianza.

3.     Demostrar continuamente con hechos, lo mucho e incondicionalmente que se les quiere, incluso al hacerles respetar, las normas de convivencia familia.

4.     Educarles con el ejemplo, en la práctica de las virtudes y valores humanos, dentro y fuera de la familia.

5.     Enseñarles a proteger, valorar y respetar, con constancia y naturalidad, a todos los componentes de la familia y amigos, así como a todas sus posesiones y las de la familia: Ropas, juguetes, libros, comida, dinero, etc. Incluyendo las propiedades de la sociedad donde habita: Jardines, edificios, tiendas, etc.

6.     Enseñar con ejemplo, para que los hijos puedan comprender, asimilar e imitar, lo que tienen que hacer, y lo que no tienen que hacer.

7.     Fomentar y conservar siempre un buen y seguro clima familiar, libre en su presencia de discusiones violentas, tensiones, amenazas y disputas matrimoniales.

8.     Hacer ver a los hijos, que los padres siempre estarán incondicionalmente, dispuestos a protegerles, incluso cuando estén metidos en problemas, pero siempre que esa protección, conlleve un firme propósito y hechos suficientemente probados, para evitar la reincidencia.

9.     No perder la paciencia y reaccionar con agresividad, golpes, insultos o descalificaciones, pues los hijos se sentirán desprotegidos, indefensos y desamparados, la antítesis de la protección que necesitan. En los momentos difíciles, es cuando sienten si lo de protegerles y sentirse protegidos, es solamente de la boca para fuera o es una virtud y valor humano, que está por encima del posible carácter violento de los padres.

10. Ofrecer a los hijos alternativas de comportamiento, ante determinados actos negativos, que hayan realizados o que tengan tendencias a realizarlos, para que no los oculten en el futuro y vean, que la protección y educación de los padres, va más allá de los castigos y la represión.

11. Poner mucha atención y medir a las palabras que se dicen, cuándo, cómo y por qué se dicen, tanto las positivas como las negativas.

12. Promover la confianza y el dialogo, siempre con actitud abierta, conciliadora y educativa.

13. Reconocer y alabar las cosas bien hechas por los hijos, aumenta el derecho de los padres a llamarles la atención, cuando hacen las cosas mal y para su protección, tienen que prohibírselas.

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Los objetivos de esta escuela virtual son: Educar a los padres para que con su ejemplo y conocimientos de las virtudes y valores humanos puedan educar a sus hijos. Enseñar como educar a los hijos. Que los padres aprendan a vivir un armonioso, fecundo y largo matrimonio. Tender un puente entre la educación familiar y la Fe.

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