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La avaricia en los niños y adultos


ESCUELA PARA PADRES

La avaricia en los niños y adultos.

  • 12 Formas actuales de avaricia 
  • 26 Sentencias sobre el pecado de la avaricia 

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La avaricia es el deseo inmoderado y desordenado de adquirir, acaparar, poseer y atesorar, riquezas o bienes materiales temporales. El pecado de la avaricia está relacionado con la codicia, el robo, el fraude, la injusticia y las prácticas abusivas en los negocios. Termina, donde empieza la cartera del prójimo.

El pecado de la avaricia junto al de la usura y al de la codicia, entran plenamente en el Décimo Mandamiento de Ley de Dios que dice: No codiciar los bienes ajenos. Y está encadenada a muchos vicios, por ejemplo: La codicia, la usura, la ambición desmedida, la lujuria, la gula, la deslealtad, el soborno, la traición, la estafa, el robo, la violencia, el engaño, la simonía, la corrupción, la tacañería, el egoísmo, la mezquindad, la avidez, etc. Por lo que los padres tiene que enseñar a sus hijos, primero con el ejemplo y después con instrucciones claras y concretas, sobre la relación que tiene la avaricia con el resto de los pecados capitales.

La frontera del conocimiento, tiene que ser traspasada para entender bien y separar lo que es el pecado de la avaricia, con las virtudes y valores humanos de: la humildad, la prudencia, la previsión, la frugalidad, la moderación, el ahorro, la previsión, la frugalidad, la buena administración, las limitaciones, la generosidad, el altruismo y la filantropía, que son el hábito de dar o atender a los demás con tiempo, dinero o talento sin esperar a recibir nada a cambio. Virtudes y valores humanos, que algunos tildan despectivamente, debido a que el mundo consumista de hoy, va contra lo políticamente correcto, que es gastar, consumir, derrochar y despilfarrar hasta que duela.

La avaricia de algunos padres, con su ansia desmedida de conseguir y atesorar dinero, convierte en huérfanos a los hijos, debido a que sus padres dedican todo su tiempo, a conseguir más dinero y a acaparar bienes, pero se olvidan de dedicar el tiempo de calidad a sus hijos. Han convertido el dinero en un “Becerro de oro” al que adoran, para conseguir más dinero. En la vida diaria se ven muchas familias divididas por el exceso de bienes materiales, donde cada miembro vive en la más cruda soledad, pero rodeado de todos los tesoros fríos e inertes, que su sociedad consumista ha proporcionado. Estas desdichadas familias, prósperas en dinero y paupérrimas en amor, han cambiado la riqueza presente y futura, que sólo se obtiene en la diaria convivencia familiar, por objetos perecederos.

Algunos niños no se conforman con lo que tienen, pues los padres y la sociedad, les han enseñado a querer más y mucho más, a querer acumular, a poseer, por el simple hecho de poseer, aunque no las utilicen, ni las puedan utilizar. Son los niños mezquinos, porque no quieren regalar nada, incluso las cosas que no utilizan, prefieren tenerlas en el armario, sentir su propiedad. Por eso, hay que tener mucho cuidado en sus primeros signos o avisos, principalmente en la educación de los niños con la codicia (deseo desordenado de riquezas), y la avaricia (deseo desordenado de conservar las poseídas).

Hay hijos que están tan mal enseñados por sus padres y ya dominados por la avaricia, que si no tienen todo lo que quieren y en grandes cantidades y mejores calidades, se consideran frustrados, insatisfechos y desdichados, no queriendo ni salir a las fiestas, porque se avergüenzan de no llevar la última moda, o no quieren jugar con sus amigos, porque se sienten mal, al no tener muchos juguetes o el novísimo que esté de actualidad. Aunque muchos de estos juguetes, solamente sirvan para atrofiarle la mente y la imaginación y le impidan, disfrutar de las cosas propias de su edad, que le pueden ayudar a formarse.

Los padres tienen que enseñar a sus hijos a renunciar a tener, o a tener menos. Los bienes de la tierra no son malos, se pervierten cuando se erige en ídolos y ante esos ídolos, las personas se postran. Pero se ennoblecen cuando se convierten en instrumentos para el bien, en una tarea cristiana de justicia y caridad. La avaricia como afán de poseer, también está en el consumismo descontrolado, en el gasto inmoderado, en la  falta de sobriedad a la hora de comer, beber, vestir, etc., en la ausencia de generosidad, en la satisfacción de los caprichos caros, pretenciosos, extravagantes o excéntricos, que únicamente buscan el bienestar material.

Los padres con el ejemplo, deben enseñar a sus hijos, a no dejarse llevar por los medios de comunicación, que en sus publicidades explotan todas y cada una de la debilidades, principalmente las relacionadas con  la avaricia de los jóvenes, ya que siempre les incitan a consumir más, y a poder ser de lo más caro, pues saben que no todos tienen la fortaleza, para hacer el esfuerzo de tratar de conseguir el conocimiento práctico, de lo que cuestan las cosas y se dejan, llevar por el impulso de la inmediata satisfacción.

Los padres no pueden ignorar las enseñanzas de la religión, respecto a la avaricia, aunque se sientan desbordados y derrotados, por la cultura hostil del consumismo. Si predican con el ejemplo de la largueza y lo enseñan a los hijos, inmediatamente serán tratados de retrógrados, pero habrán educado bien a sus hijos.

La avaricia es el soporte del egoísmo, pues hay hijos que practican la avaricia externándola en un fuerte egoísmo, al querer que todo lo bueno que haya en la familia sea para si mismos y nada para sus padres, hermanos y familiares. Principalmente en los casos de herencias, repartos de beneficios. No así con la contribución a los gastos, aportaciones necesarias, etc. Esta avaricia disfrazada de egoísmo, suele llevar a discusiones, enfados y riñas entre los familiares.

La avaricia no es querer ahorrar, ni querer consumir menos, por austeridad para estar a cubierto de posibles necesidades o para cumplir con objetivos sanos. La austeridad es una gran virtud, sobre todo en estos tiempos de crisis, que aunque cada vez sea menos utilizada, es más necesaria para vivir honestamente y no salirse de los presupuestos u objetivos previstos. La austeridad puede ser incluso, lo contrario de la avaricia. A los hijos hay que enseñarse a ser austeros, desde la cuna, donde no se les llene de abundancia de peluches o juguetes innecesarios y seguir así siempre, con el exceso de pertenencias. Tampoco es avaricia el querer estudiar más y acumular conocimientos, dedicar horas de trabajo para ayudar a la familia o a otros, reunir dinero para entregarlo a los necesitados y trabajar o ayudar más, a las personas de dentro o fuera de la familia.

La avaricia lleva a un proceso de mutilación sensorial, hace desaparecer hasta eliminar, cualquier vestigio que haya habido de generosidad, desprendimiento, desinterés, altruismo, etc. Embota de tal manera los sentidos, que consigue que la vida se torne en un “todo para mí y nada para los demás” y se convierta, en un deseo patológico de tener más, y más, y más. Tiene un carácter ilusorio y peligroso, pues crea un sentido de falsa seguridad.

A través de la avaricia, los bienes materiales, que sirven para muchas cosas, pueden convertirse en una obsesión y corromper las voluntades, si se olvida que son medios y se convierten en fines. Querer tener más, lo último, lo mejor, lo más caro, lo que nadie tiene, son deseos que crecen en los pensamientos, que están dominados por la avaricia, pudiendo convertirse en obsesiones dañinas y destructoras, convirtiendo al avaro en un esclavo que trabaja, lucha y sufre, exclusivamente por el ansia de aumentar continuamente sus posesiones.

La avaricia está íntimamente relacionada con el consumismo excesivo. Querer comprar todo lo que se pueda, aunque haya que endeudarse por tener más cosas. Comprar y acumular ropa, aparatos electrónicos, juguetes, etc. incluso aunque no se tenga la capacidad de usar o consumir, todo lo que se compra. Esto no es exclusivo de los adultos, también se da entre los niños y los jóvenes, que siempre quieren poseer más y mucho más.

“La avaricia del conocimiento” es la parte positiva, que los padres tienen que inculcar a los hijos. Nunca es suficiente lo aprendido, siempre tienen que intentar conocer más y mejores cosas, ya que la sociedad cada vez exige a las personas más y mejor preparación académica y social, para que puedan desenvolverse satisfactoriamente. Es detestable esa avaricia moral que tienen, los que sabiendo algo, no procuran la transmisión de esos conocimientos.

“La voluntad del no saber” choca frontalmente con “la avaricia del conocimiento”, que es la tendencia que tienen algunos, que pregonan que cuanto menos sepan ciertos segmentos de la población, más fácil será para otros gobernarlos, como se pastorea a los rebaños de ovejas, que les llevan donde quieren, cuando y como quieren. Intentan convertirlos en “ignorantes funcionales”.

La avaricia, que está muy relacionada con la gula, es la atracción desordenada, hacia la comida o bebida. También está presente en los bufets de comida, cuando se llenan los platos hasta desbordarse, aun sabiendo que todo, no lo van a poder o querer comer y van a tener que dejar y tirar la mitad no comida. O al pedir en los restaurantes muchos platos, incluso sabiendo que no los podrán terminar y los restos los echaran a la basura.

La avaricia, representada en la gula, la glotonería y el abuso, causa daños a la propia salud, desequilibra los presupuestos familiares y crea  injusticias sociales. Los avariciosos y glotones se hacen esclavos de la riqueza y del dinero, del comer y del beber, hasta el extremo de convertirse en una maldición para sí mismos, una náusea para la naturaleza y una infección y mal ejemplo, para el género humano.

En la vida como en las ensaladas, hay que ser avaro con el vinagre, porque irrita el paladar, pero generosos con el aceite, que lo suaviza.

La avaricia y la usura llegan a todas partes, pues hay algunas personas avariciosas, que retorciendo las leyes mercantiles o contraviniéndolas, ponen negocios usureros e inmorales, para hacer mucho dinero aunque sea ilegalmente, dejando a un lado la moral y la ética de los negocios, sin darse cuenta que a la larga “la ética paga en dividendos”

12 Formas actuales de avaricia: 

1.      Acumulando objetos innecesarios, por el simple hecho de poseer muchos, aunque no puedan usarlos, para demostrar poder ante terceros.

2.      Apoderándose de las riquezas naturales de otros países, para no consumir las suyas propias, a través de “gánsteres económicos” o de supuestos programas de cooperación, la mayoría de las veces innecesarios, que algunas naciones practican, dejando un mundo en el que debido a la avaricia de unas naciones, consiguen la penuria de otras, para poderlas dominar.

3.      Aprovechándose de las personas más humildes, incultas e ignorantes, para ofrecerles y darles préstamos, con intereses y condiciones abusivas, sobre propiedades muebles o inmuebles, futuro cobro de nóminas, hipotecas, algunas  tarjetas de crédito, etc. La avaricia de unos pocos, está dejando a la mayoría al margen de la historia. Para evitar estos robos, hace muchos años la Iglesia Católica instituyó los altruistas Montes de Piedad, para combatir a los prestamistas avaros y usureros.

4.      Engañando al vender servicios de espiritismo, astrologías,  adivinanzas, amarres, limpias, etc.

5.      Los ludópatas que por su avaricia, se llegan incluso a arruinar, creyendo que sin esfuerzo, se van a hacer ricos con los juegos de la lotería, casinos, bingo, apuestas, etc. No quieren darse cuenta, que aprovechando su avaricia otros, inventan juegos para sacarles el dinero, incluso con esos juegos, que en principio parecen inofensivos.

6.      Los que a través de mentiras divulgadas por los medios de adoctrinamiento de masas, y con una clarividencia impávida y apabullante, intentan hacerse con las mentes y el patrimonio de los más débiles. Esto suele ocurrir cuando enmascaran con argumentos técnicos, aparentemente irrebatibles, los esquemas de fraude financiero, también llamados pirámides tóxicas, ofreciendo beneficios astronómicos, que solamente pueden aceptar los ignorantes o las imaginaciones enfermas por la avaricia.

7.      Los que por avaricia juegan alevosamente, con la esperanza de los enfermos, mintiéndoles descaradamente, sobre los beneficios de determinadas medicinas, cirugías o tratamientos.

8.      Los que quieren hacerse ricos inmediatamente y sin tener en cuenta otra cuestión, que no sea la de atesorar, con la denominada “cultura del pelotazo” que no mira el daño que hace a terceros, con tal de enriquecerse cuantiosa y rápidamente. Entre los negocios más llenos de avaricia están el narcotráfico, la pornografía y todos los relacionados.

9.      Maniobrado a través de monopolios de compra o de venta, para que haya escasez y alza de precios de productos o servicios, imprescindibles o de primera necesidad.

10.   Produciendo, transportando o traficando productos, que son nocivos para la salud como son drogas, alcohol, tabaco, etc. sabiendo que matan o enferman a los consumidores.

11.   Traficando con la prostitución, los emigrantes y el dolor de las personas.

12.   Vendiendo los llamados “productos milagros”, que no sirven para nada, e incluso algunas veces son nocivos y engañan con sus promesas, a muchos ignorantes confiados.

La angustia educativa en las virtudes y valores humanos, es un padecimiento que tiene algunos padres y no saben como curarlo. Esa angustia solamente se cura con una buena educación de los padres, para que puedan transmitirla a sus hijos y estos a las siguientes generaciones. No es avaricia querer suprimir el “analfabetismo religioso”, por una copiosa formación religiosa y humana, que enseñe el camino para librarse, entre otros, del pecado de la avaricia.

La avaricia del conocimiento, tanto de la forma de educar, primero con el ejemplo y después con las sabias enseñanzas, y la avaricia de ser educado, no tienen limites reales, solamente tienen los límites, que tanto los padres como los hijos, quieran imponerse. En este sentido cuanto más avaros sean, más y mejor educados estarán ambos y se sentirán mejor al actuar, con esa noble avaricia de querer ampliar la capacidad de afrontar las dificultades, de educar y ser educado.

Nuestra inteligencia directiva, si está bien educada en las virtudes y valores humanos, es la que debe encargarse de regir y encauzar, todas las capacidades humanas y eliminar, las que conduzcan a la práctica de los otros pecados capitales. También tiene que tener como propósito y objetivos a corto y lago plazo, hacer proyectos, utilizar los conocimientos, gestionar las emociones, mantener el esfuerzo, tomar decisiones que lleven al progreso de las personas y no al regreso, activar cambios que estén soportados con un rumbo y unos objetivos morales y sociales. etc.

Hay una mentalidad en varias escuelas de negocios importantes, de que la avaricia y el egoísmo son buenos, y que por ellos se deben regir las leyes del todopoderoso mercado, que todo lo gobierna. Este pensamiento mercantil, ha penetrado en algunas personas, que prefieren concentrarse en obtener el máximo beneficio posible, aunque la avaricia prevalezca a sus anchas, sin tener en cuenta la parte humana. No debemos olvidar, que los negocios se hacen para que legal y moralmente, se puedan obtener beneficios.

Avaricia no es la sana intención, de desear los bienes materiales, como un medio para poder alimentar, vestir y cuidar a la propia familia y para ayudar a los más necesitados. Pero si puede ser avaricia la forma moralmente desordenada de conseguir esos bienes, como por ejemplo hacerlo con ansiedad, por medios ilícitos y malos, dañando a la propia salud o a la de los demás. También puede ser avaricia la manera de usar esos bienes exclusivamente para uno mismo, en vez de usarlos también para los más necesitados, en obras de caridad, de sanidad, de enseñanza, etc.

O se es avaro o no se es, no existe el medio avaro o un poco avaro. A la avaricia no puede haber una adhesión incompleta, pues absorbe y contamina la mente, pidiendo cada día más y mucho más, nunca dice basta. Algunas veces, incluso disfrazada de una falsa virtud de la caridad con uno mismo, o de un ficticio ahorro, al decir: “Si doy a los demás me quedo sin nada para mí y mi familia”. Incluso se habitúan a convertir su dinero y propiedades en ídolos.

            Cuando los avaros se dan cuenta, que la avaricia preside o incide en sus vidas tan fuertemente, se encuentran con una gran desazón interior, una enorme intranquilidad y unas enormes ataduras difíciles de romper, a no ser con un gran esfuerzo colectivo familiar, religioso y social.

La avaricia, junto al deseo de una apropiación injusta e inmoderada, de los bienes terrenos y la ambición desordenada, nacida de la pasión exagerada de las riquezas y de su poder, está prohibida por el Décimo Mandamiento de la Ley de Dios. Que también condena el deseo de cometer injusticias, que dañen los bienes temporales del prójimo. Esa inmensa, infinita y jamás saciada codiciosa sed de tener cosas, que pertenecen al prójimo, al final convierten a los avaros, en esclavos de los bienes materiales y económicos, siempre perecederos y efímeros, por no ponerlos en su lugar y en su propia dimensión, como medios y no como fines de forma de vida.

El Decimo Mandamiento de la Ley de Dios también prohíbe desear, codiciar y envidiar los bienes materiales, con un deseo consentido y desordenado, pues estos están para que servir a la propia felicidad y no para la destrucción de la persona, la familia o la sociedad. En la ética social debería estar prohibida la codicia, la usura y la avaricia.

La avaricia destruye la estabilidad y felicidad de la familia, que es el cimiento de la sociedad. Hay que respetar a la familia y blindarla moral y legalmente, ante cualquier tipo de avaricia, defendiendo sus bienes necesarios para que sobreviva, e incluso para que pueda compartir su riqueza, con los más necesitados.

Al avaro no le importa agotar lo que haya disponible, con tal de atesorar y satisfacer su vicio, aunque tenga suficiente y otros lo necesiten. No acapara por necesidad, acumula para satisfacer su vicio de la avaricia, nada le hace feliz, siempre quiere más. Quieren vivir una “libertad sin ley” y caen en una “ley sin libertad”, la del ansia incontenible, de tener siempre más. La avaricia, que es el deseo y apego  inmoderado a las riquezas, y que de hecho estas se convierten en ídolos, produce una adhesión de idolatría, que genera la envidia, la cual puede conducir al hombre, a cometer los mayores crímenes.

No es necesario ni aconsejable, despreciar los bienes materiales, ni renunciar a las riquezas mundanas, pero teniendo en cuenta la no esclavitud de los bienes y el desprendimiento de lo superfluo. Siempre practicando la virtud y valor humano de la generosidad ante tanta necesidad actual. Hay derecho a disfrutar de lo bonito y bueno del mundo, pero sin tener que estar angustiado por acumular riquezas. Todavía no han inventado “ataúdes con bolsillos” para meter las riquezas y utilizarlas después de la muerte, pero si se pueden llevar las obras buenas realizadas, que nos servirán como pasaporte de entrada en el Cielo.

La avaricia es desear las riquezas por ellas mismas, como un fin y no como un medio, para poder vestir, alimentar y educar a la propia familia y para atender las necesidades de la sociedad. Pueden ser pasajeras o efímeras, pues hoy se tienen y mañana se pueden perder. Se suele decir “Torres más altas han caído” y la “Codicia es la idolatría del dinero”. Donde hay avaricia, desaparece la amistad, el amor, la paz, la tranquilidad, la sabiduría, la integridad moral, etc.

Los avaros sufren de ansiedad, lo que les daña su propia salud, la del prójimo y la de la sociedad e incluso, por su deseo inmoderado de conseguir riquezas con fines egoístas y medios injustos, recurren si es necesario a la violencia, al engaño doloso, al perjurio, al fraude en los negocios y hasta la traición a las personas.

La avaricia, tomada con “ardor guerrero” termina en adicción y sobrepone el interés propio, sobre el bien común, convirtiendo la acumulación de dinero y objetos en fetiches, en vez de medios para servir a la familia y a la sociedad. Llega a convertirse en una forma de vida, que incapacita para dar, aunque se pretenda justificar esa actitud, con un inmoderado afán de seguridad, de temor a exponerse, de riesgo. Esto se traduce en llevar la vida sin compromiso ni ilusión.

La avaricia jamás hace una sociedad mejor, pues impide tomar riesgos, aunque sean bien estudiados. Algo siempre hay que arriesgar, porque “el riesgo más grande en la vida, es no arriesgarse”. No arriesgarse es perder la vida por completo. Los que no arriesgan nada, no hacen nada, están encadenados por sus miedos, la codicia o la avaricia, son esclavos de ellos, han perdido su libertad. No importa perder una batalla, si se puede ganar la guerra.

26 Sentencias sobre el pecado de la avaricia:

1.      Al pobre le faltan muchas cosas, al avaro todas.

2.      El avaro carece tanto de lo que tiene, como de lo que no posee.

3.      El avaro es su propio enemigo y ese es el justo pago de su maldad.

4.      El avaro experimenta a un tiempo, todas las preocupaciones del rico y todos los tormentos del pobre, por lo que nunca está satisfecho.

5.      El avaro hará todo por dinero y si pudiera vendería su alma al diablo.

6.      El avaro se roba a sí mismo. El pródigo insensato, a sus herederos.

7.      El avaro visita su tesoro, por traerle a la memoria que es su dueño y carcelero de sus bienes.

8.      El fin, nunca justifica los medios empleados para conseguirlo.

9.      El ojo del avaro no se satisface con su suerte, la avaricia seca el alma.

10.   En arca de avariento, el diablo yace dentro.

11.   En la avaricia no hay piedad.

12.   Era tan avaro que tenía cama y dormía en el suelo. para no gastar las sábanas.

13.   Es locura manifiesta, vivir precariamente para poder morir rico.

14.   Es más fácil hacer un agujero en el agua, que obtener una moneda de un avaro.

15.   La avaricia de poseer, es opuesta al deseo de dar y compartir.

16.   La avaricia es vivir siempre en la pobreza, por temor a la pobreza.

17.   La avaricia hace perder la sensibilidad, hacia la desgracia del prójimo.

18.   La avaricia produce ansiedad, decepción y desesperanza por poseer más.

19.   La avaricia rompe el saco.

20.   La avaricia se ha adueñado de tal manera de los hombres, que en vez de ser ellos los que poseen las riquezas, parecen ser éstas, las que los poseen a ellos.

21.   La bebida apaga la sed, la comida satisface el hambre, pero el oro y la plata no sacian nunca la avaricia.

22.   Los demás hombres son dueños de su fortuna; el avaro es esclavo de la suya.

23.   Para la avaricia, lo mucho es poco; para la necesidad, lo poco es mucho.

24.   La avaricia es la raíz de todo mal, por ella se miente, se roba, se mata, se engaña, se abusa, se embauca, se corrompe, se contamina, se destruye el medio ambiente, se depredan los recursos, se vende la democracia, etc.

25.   Rico no es quien mucho tiene, sino el que poco necesita.

26.   Un avaro llega a ser rico, aparentando ser pobre; un derrochador se hace pobre, a fuerza de parecer rico.

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