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Archivo para 28 octubre 2009

La rebeldía de los adolescentes, explicada a los padres.

ESCUELA PARA PADRES

 

La rebeldía de los adolescentes, explicada a los padres.

 

2,123 Palabras. Tiempo de lectura 7:45 minutos

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La educación de los hijos empieza con los abuelos, una generación antes que la de los padres. Filosofía Besram

 

No hay hijos rebeldes, hay padres que no han hecho la tarea de educación que tenían encomendada. Los hijos se van tornando rebeldes a medida que van ganando a los padres las pequeñas batallas que plantean cada día. Pero siempre hay tiempo de darse cuenta que los padres tienen la obligación ineludible e irrenunciable de seguir educando a sus hijos, aunque estos no lo quieran. Por lo menos mientras vivan bajo su techo familiar.

 

La rebeldía de los hijos no llega de la noche a la mañana y sin avisar, pues es un proceso de tira y afloja, donde siempre gana el que más interés tiene en ganar, y pierde el que se deja ganar sin luchar lo suficiente. Los padres tienen la grave obligación moral de no dejarse ganar en la educación de los hijos.

 

La educación de los hijos empieza por la educación de los padres. No se puede pedir hijos bien educados si ellos ven que los padres no lo están o si ven que no se comportan como deben. Los hijos ven muchos detalles en los padres que los padres creen que permanecen ocultos. Tienen una lupa especial para ver los defectos de los padres, procesan todo lo que ven,  aunque después se callen. Enseguida descubren los puntos flacos de los padres y por donde conseguir hacer lo que quieren hacer. También ven los puntos fuertes, pero tratan de evitarlos para que no les produzcan contradicciones a sus intenciones y formas de comportamiento.

 

Es imprescindible educar a los hijos para que la sociedad no les castigue cuando sean hombres. Si los padres no han dado a sus hijos la educación adecuada, o estos no la han asimilado, cada vez será más difícil convencerles de que tienen que cambiar y dejar a un lado esa rebeldía que empiezan a practicar. No es imposible impedir a los hijos que hayan empezado a descarrilarse, se paren y no lo sigan haciendo, todo es cuestión que los padres estén bien formados, dediquen mucho tiempo y sobre todo mucho cariño hacia sus hijos, principalmente a los que han empezado con problemas. En manos de los padres está salvarlos o condenarlos cara al futuro.

 

Cuando los adolescentes son rebeldes y además presumen de serlo, los padres no pueden limitarse solamente a darles buenos consejos y advertencias. Para obtener resultados satisfactorios para el presente y futuro de los hijos rebeldes, los padres tienen que empezar también una etapa de fuertes normas disciplinarias y sus correspondientes castigos, pero teniendo mucho cuidado en no infringir las leyes de cada país. Normalmente los consejos o advertencias que no han sido dados desde pequeños, dentro de una estrategia de buena educación en las virtudes y valores humanos, no suelen tener mucho efecto. Los hijos no harán demasiado caso, pues saben que no les va a suceder nada si siguen actuando como rebeldes. Por un oído les entrará y por el otro les saldrá todo lo que digan sus padres.

 

Los padres tienen que hablar y actuar de forma muy clara con los hijos que ejerzan de rebeldes. Tiene que explicarles las nuevas normas de la familia. Horarios de entrada y salida de la casa, trabajos domésticos, tareas escolares, asistencia a la escuela, calificaciones escolares, relaciones con determinados amigos, manejo del dinero familiar y un largo etc.  Indicarles también que si no las cumplen les van a poner unos fuertes castigos y que los van a hacer cumplir.

 

Si los padres no pueden o no saben hacer cumplir los castigos impuesto, las alternativas que les quedan son muy pocas: Llevarles a la fuerza a algún consejero social especializado en casos difíciles, llamar a la policía si la cosa se agrava, o mantenerlos en la casa todos los fines de semana, estando bajo su vigilancia. Tienen que empezar a hacer lo que en su día no hicieron, que es el darles disciplina en la educación. La sociedad actual no acepta las rebeldías de los adolescentes, ni aunque sean contra sus padres.

 

Los padres no pueden consentir que en la familia haya un mal ejemplo para los otros hermanos, abuelos, primos, familiares, etc., pues con el tiempo los otros hijos no rebeldes, que absorben como esponjas todo lo que captan a su alrededor, también querrán seguir los pasos de sus hermanos o primos rebeldes, pues esa rebeldía que han visto y sufrido se les ha quedado impregnada, máxime si ha quedado impune.

 

Los padres deben aprender a negociar con sus hijos lo que estos tienen que hacer y lo que no tienen que hacer, pero sin olvidarse que algunas cosas de la educación y formación de los hijos no son negociables. Explicándoles bien claramente que en esa edad de la adolescencia les quedan muy pocos años o quizás meses para que se puedan seguir permitiendo el lujo de tener opiniones propias (hijos) con manutención y cuidados ajenos (padres). En cuanto cumplan los 18 años se les terminarán los privilegios de vivir en la casa familiar exigiendo de todo pero no dando nada. Entonces los hijos tendrán que elegir entre vivir en casa de los padres, con las comodidades que ello conlleva, seguir ejerciendo o no la rebeldía, independizarse voluntaria u obligatoriamente, yéndose de la casa familiar a vivir su propia vida. Pero háganles saber que la calle es muy dura, principalmente a esas edades de la adolescencia y sin la protección de la familia, produce muchas posibilidades de terminar en la cárcel, en el hospital, en el cementerio o con una paternidad irresponsable y la vida destrozada para el futuro. Es muy alto el precio que van a pagar por su rebeldía.

 

Los padres tienen que hablar de la rebeldía de sus hijos con los profesores y si no obtienen resultados positivos y no les queda más remedio, tendrán que comunicarse con la policía, aunque sea peor el remedio que la enfermedad. La rebeldía lleva a los adolescentes por un camino de pandillas, alcohol, drogas y sexo que siempre termina mal. Tienen que poner mucha energía en buscar asesoría para localizar a los mejores consejeros especializados en padres atribulados por hijos rebeldes. La mejor la encontrarán entre los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes. Estos les pueden indicar donde están en su ciudad las mejores organizaciones especializadas en la prevención y solución de los problemas y circunstancias específicas de sus hijos rebeldes, para que les pongan en tratamiento y les expliquen con todo detalle los líos en los que están metidos y los probables resultados futuros.

 

Los padres no se pueden olvidar que tienen la responsabilidad civil y económica de todo lo que hagan sus hijos mientras estén bajo su patria potestad, es decir hasta que cumplan los 18 años. Es muy posible que en los tribunales de justicia exijan a los padres que cumplan las responsabilidades cuando los hijos cometen actos delictivos, incluso si no asisten regularmente a la escuela. Si problema de la rebeldía de los hijos proviene de la convivencia con determinados amigos o pandillas, tienen que hablar con los padres de esos amigos e incluso prohibir a sus hijos que se relacionen con ellos.

 

Una de las mejores soluciones con los hijos rebeldes es acompañarles personalmente a la escuela y pasar a recogerlos, para que posteriormente se queden en casa, hagan las tareas y no salgan con sus amigos. Para cumplir este objetivo es muy posible que el padre o la madre tengan que modificar sus horarios de trabajo u otras ocupaciones, pero vale la vena hacerlo por el bien presente y futuro de los hijos. Si cuando son adolescentes con menos de 18 años ya se enfrentan a sus padres, y estos no pueden con ellos, imagínense lo que sucederá a medida que vayan creciendo o cuando dejen su casa familiar.

 

Los padres al empezar el proceso de modificación de la rebeldía de sus hijos, tienen que examinar cómo pueden cambiar ellos mismos sus actitudes para dar mejor ejemplo con su vida familiar y social. Si cambian los padres será mucho más fácil que sus hijos les escuchen y les entiendan. Los padres son los únicos responsables de llevar las riendas de la educación de sus hijos y de que la familia marche bien. Es preferible que los hijos estén enfadados pero bien educados a que un día no muy lejano tengan que ir a buscarlos a la policía, al hospital o a la funeraria. Esa rebeldía que suele terminar fuera de control, siempre tiene un mal final.

 

Rebeldía con causa justa. Es comprensible y muy digno que un adolescente se rebele contra las grandes y graves injusticias que hay actualmente a su alrededor o en otras partes del mundo y que tome actitudes serias para ayudar a solucionarlas, aunque sea con sus limitados medios, que no suelen ser tan limitados. Por ejemplo rebelarse contra la injusticia que supone que alguno de sus amigos destroce o haga mal uso de los bienes públicos, que no aprovechen las oportunidades gratuitas de crecimiento que la sociedad les regala a través de las escuelas públicas, que abuse de otras personas, que de mal ejemplo, etc.

 

Rebeldía sin causa es la que manifiestan algunos adolescentes contra sus propios padres, los cuales les están dando continuamente todo lo que quieren, puedan o no, aunque ellos nunca se sientan satisfechos y además sigan pidiendo más. Esa rebeldía sin causa no debe ser tolerable ni por los padres ni por la sociedad, la cual les pasará la cuenta, tarde o temprano, hasta que ingresen en el rebaño de los perdedores irredentos. La sociedad no perdona a los rebeldes sin causa justa.

 

10 Aspectos que deben cuestionarse los padres, para intentar solucionar la rebeldía de los hijos.

 

  1. Principales situaciones en las que los hijos muestran su rebeldía.
  2. Principales causas por las que creen que sus hijos son rebeldes.
  3. Principales motivos por las que creen que no han educado bien a los hijos.
  4. Principales medidas que los padres quieren tomar para que los hijos dejen de ser rebeldes y se comporten bien.
  5. Principales características de los padres que deban ser modificadas, relacionadas con su formación y prácticas religiosas, situación profesional, horarios, ambiente familiar, situación económica, gastos, ingresos, ahorros, amistades tóxicas, etc.
  6. Calidad del comportamiento entre los padres y sus relaciones con otros familiares.
  7. Tiempo para compartir y tipo de diálogo que tienen con los hijos.
  8. Calificaciones escolares de los hijos.
  9. Características de los principales amigos de sus hijos y ambiente en el que se desarrollan.
  10. Comportamiento de los hijos con los abuelos, hermanos, otros familiares, maestros, etc.

 

Esta información tiene que estar escrita para periódicamente examinar y analizar con detenimiento las cosas que han acertado y las que han fallado, comparando los progresos y retrocesos en los objetivos propuestos. Además les servirá enormemente como herramienta de trabajo para presentársela a los consejeros profesionales. Cuanta más información puedan recopilar sobre los padres y los hijos, será mucho mejor para que los padres y los consejeros conozcan más acertadamente la situación real y verdadera.

 

No hay soluciones mágicas en la educación de los hijos, solamente hay mucha dedicación, estar bien formados e informados leyendo libros sobre educación, dedicarles mucho tiempo a los hijos hablando con ellos y saliendo a pasear, tener muchísima paciencia, ser muy rectos en el comportamiento y ejemplo personal, ser coherentes en lo que se dice y en lo que se hace, consultar con los mejores expertos, saber con quienes andan, hablar con los padres de los amigos, vigilar a sus amigos, suprimir mucho del tiempo dedicado a la televisión, a las multipantallas y a las músicas que les aíslan del mundo familiar, comer y cenar todos juntos y sentados a la mesa, asistir a la Iglesia todos en familia, etc. Los padres tienen que analizar con total sinceridad cuales de estas acciones son las que practican, las que no practican y las que creen que podrían y deberían practicar.

 

Si tiene algún comentario, por favor escriba a francisco@micumbre.com

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El peligro del primer cigarro de marihuana, explicado a los hijos

ESCUELA PARA PADRES

 

El peligro del primer cigarro de marihuana, explicado a los hijos

 

2,800 Palabras. Tiempo de lectura 10:15 minutos

 

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El objetivo principal de los narcotraficantes es que los adolescentes fumen el primer cigarrillo de marihuana, pues saben que regalar los primeros cigarros de marihuana es la acción de marketing más barata y eficaz, es una buena estrategia de promoción, publicidad, aumento de consumo y consolidación de mercados. Según demuestran las estadísticas, los adolescentes que prueban la marihuana, un tanto por ciento muy elevado de ellos, se quedarán enganchados a la marihuana para siempre. Después irán pasando a las drogas más perniciosas y de precio más alto, como la cocaína, heroína, crack, anfetaminas. También saben que la marihuana es el puente hacia la drogadicción total, y que una vez pasado ese sencillo puente es casi imposible retornar a la normalidad. Por eso no escatiman medios en ofrecerlo gratuitamente al segmento social, económico y etnográfico escogido como posibles clientes. Esos primeros cigarrillos son las muestras que los narcotraficantes entregan a los camellos o revendedores para que empiecen a conseguir nuevos clientes. Si lo hacen bien, les ascienden a distribuidores.

En un estudio realizado entre los adolescentes que consumieron su primer cigarro de marihuana, las principales respuestas obtenidas, puestas en orden alfabético, son las que se indican a continuación, aunque difieran ligeramente en cantidad y prioridad según el área geográfica, grupo social, económico, educativo, edad, etc.

 

  • Porque a mi no me va a pasar nada, se controlarme.
  • Porque creía que nunca seria descubierto por mis padres y maestros y que sabría disimular el haberla fumado
  • Porque dicen que produce otras sensaciones diferentes al tabaco que ya fumo cuando tomo alcohol.
  • Porque dicen que te convierte en el más poderoso de los amigos, en el invencible, en el que lo que no puedes hacer por meritos o esfuerzos propios, lo haces fácilmente con la ayuda de la marihuana.
  • Porque es gratis, me la han regalado.
  • Porque es moderno hacerlo.
  • Porque es muy barato y me puedo gastar ese dinero en algo diferente a lo que hasta ahora he hecho.
  • Porque es un ritual de iniciación para pertenecer a un determinado grupo de amigos en la escuela o la universidad.
  • Porque lo hago ante los amigos como una broma sin importancia.
  • Porque me aleja de la realidad que no quiero ver ni admitir y quiero olvidarla.
  • Porque me disminuye el control mental y me atrevo a hacer cosas que sin el cigarro de marihuana no las haría.
  • Porque me hace sentirme fuerte.
  • Porque me hace sentirme mayor.
  • Porque me hace sentirme rebelde e independiente de las opiniones de mis padres.
  • Porque mi padre fuma mucho y estoy acostumbrado a verle echar humo. Porque lo hacen mis hermanos mayores y otros amigos.
  • Porque no es para tanto lo que dicen sobre los males que acarrea.
  • Porque no supe decir que no.
  • Porque no tuve argumentos para enfrentarme ni contradecir a quienes me lo ofrecían. 
  • Porque otros del grupo se quedan mas inhibidos y no se atreven. Yo si me atrevo.
  • Porque se reparte muy bien entre varios amigos y no me importa la posibilidad de contagio bucal de otras enfermedades.
  • Porque te hace más hombre delante de las amigas y de los amigos.
  • Porque todos mis amigos lo hacen y no quiero ser menos que ellos.

 

Los padres tienen que preparar muy bien a sus hijos para que sepan enfrentarse a estas situaciones cuando les ofrecen el primer cigarro de marihuana o cuando deciden y a comprarlo o a pedirlo. Si no están bien entrenados en las respuestas convenientes es muy probable que ya con el primer cigarro de marihuana empiecen una cuesta debajo de muy difícil solución.

 

El primer cigarro de marihuana supone entrar voluntariamente en el rebaño de los jóvenes perdedores y a ese rebaño lo saben dirigir bien y explotar al máximo sus pastores llamados narcotraficantes. El que entra ahí tiene muy pocas posibilidades reales de salir, como sucede a los que entran en las maras o pandillas callejeras. Es la puerta de entrada al infierno del consumo de drogas, casi siempre sin retorno a la normalidad y en su caso con gravísimas  consecuencias, heridas y cicatrices difícilmente recuperables.

 

No hay una buena o menos mala edad para fumar marihuana, pero la peor de todas es durante el periodo de la adolescencia, cuando ni el cerebro ni la mente están formadas lo suficiente como saber lo que se hace, como se hace y las consecuencias que eso conlleva.

 

Desgraciadamente la marihuana es una de las drogas más consumidas por los adolescentes por su gran disponibilidad, fácil adquisición, bajo precio y porque su consumo y comercialización está muy poco perseguida por la policía y por la sociedad. Aunque científicamente se ha comprobado, principalmente en el cerebro de los adolescentes que está todavía en formación, que los graves y nocivos efectos, inmediatos y futuros del consumo de la marihuana, influyen negativamente sobre las habilidades cerebrales y sobre la salud. Altera y retrasa negativamente el proceso normal de maduración de la conducta, trastorna para siempre los patrones emocionales, la memoria y capacidad de aprendizaje, aumenta los síntomas depresivos, conlleva una muy alta posibilidad de desarrollar la esquizofrenia y provoca taquicardia y riesgo de infarto. Lo mas grave de todo es que los residuos de la marihuana se fijan en los órganos internos del cuerpo humano, llegando incluso a atrofiarlos. 

 

Socialmente es una lacra que azota con mayor fuerza a determinados segmentos de la población. Muchos adolescentes entran en la espiral del más consumo, más necesito. Mas necesito, mayor precio tengo que pagar por la marihuana o por las otras drogas a las que ha sido arrastrado.

 

Los padres tienen que hacer un análisis en profundidad de en qué han fallado como padres o como entorno familiar, escolar o de amistades, cuando descubren que uno de sus hijos ha fumado marihuana. Esa actividad no llega de repente. Seguro que ha tenido un proceso que los padres no se han dado cuenta, porque no han estado vigilantes y muy alertas sobre lo que sucedía con sus hijos. Quizás porque no se han preocupado mucho de sus hijos o no han puesto en marcha todos los mecanismos de información y canales de comunicación que continuamente tienen estar completamente activados, según comento en otros artículos relacionados.

 

Los padres tienen que saber que cuando un hijo empieza a fumar marihuana es señal que anteriormente han sucedido una serie de situaciones graves que le han permitido descender un peldaño de la escalera hacia esa situación grave y prácticamente irreversible. Ningún adolescente empieza fumando marihuana, comienzan con otras cosas mucho más sencillas aparentemente, pero que siempre emiten señales inequívocas de alarma. Alarma que muchas veces los padres no han querido, no han sabido o no podido captar. Seguramente empezó con malas compañías, continuó con el tabaco y el alcohol y toda la cohorte de tatuajes, piercings, sexo, ropas llamativas negativamente, desobediencias, salidas intempestivas, bajos resultados académicos, amigos especiales, etc.

Los padres cuando se dan cuenta que el hijo ha fumado o fuma marihuana, tienen que obtener la máxima información posible, procesarla y sacar conclusiones concretas sobre sus idas y venidas, horarios, amigos que frecuenta, tipo de familia de estos amigos, manejo de dinero obtenido fuera del hogar, calidad y cantidad de efectos personales que tiene, situación física y de salud, resultados escolares, etc.

 

Con la información obtenida y perfectamente procesada, deberán dialogar con su hijo de forma serena y privada, sobre los motivos y situaciones que le han llevado a esa grave decisión de fumar marihuana. Tratando de darle los mejores consejos posibles, sin ocultar la firmeza de las decisiones que pudieran ocurrir en caso de que hubiera una continuidad en su actitud. Al mismo tiempo deberá pedir consejo a los especialistas en esta materia. Los mejores, más realistas y con más éxitos probados son los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que cada uno profese. También tienen que pedir consejo a esos mismos especialistas para que le enseñen a analizarse y a examinar los propios errores cometidos, para proponerse cambiar de actitud y así poder manejar la situación de los motivos por los que los hijos empiezan a fumar marihuana.

 

Los padres tienen que actuar pensando que la solución al problema de su hijo no pasa por ser poco o muy autoritarios. Tienen que ser rectos en sus ideas y actitudes teniendo muy presente que hay cosas de los hijos que no son negociables. Si dicen que si, tiene que ser que si, y si dice que no, tiene que ser que no. Esta actitud de los padres es fundamental para influir en la decisión de su hijo y así poder sacarlo de esa adicción o vicio de la marihuana.

 

No es el momento de que los padres se empiecen a echar culpas uno a otro, sobre si el hijo está mal educado, consentido o confundido con lo que tiene que hacer, debe hacer y lo que quiere hacer.  Es el momento de tomar decisiones por muy graves y dolorosas que sean. Si los padres no toman las decisiones adecuadas en el momento preciso, otros lo harán por ellos con las graves consecuencias que eso conlleva. Después ya será tarde para vanas lamentaciones.

 

Los padres tienen que aprovechar el tiempo en el que su hijo todavía esté bajo su patria potestad, que si bien conlleva autoridad, también conlleva responsabilidad civil económica. Si el hijo comete un delito con repercusiones económicas, los padres son los primeros responsables civilmente. Ahí no valen las excusas del “yo no sabia”.

 

Para los padres cada vez es más difícil enseñarles a los hijos que son los padres los que tienen que ejercer su autoridad en beneficio exclusivo de los hijos. Cuando un hijo adolescente hace lo que quiere en contra de la voluntad de los padres, es muy peligroso que trascienda fuera de las personas que no sean muy profesionales en modificar conductas juveniles. Si los padres lo cuentan a sus familiares o amigos bien formados, se les van a echar encima criticándoles por no saber, no querer o no poder educar a un hijo adolescente y estar creándole un problema grave a plazo corto o medio.

 

En un hijo de adolescente no puede haber comportamientos incontrolables como el de fumar marihuana. Lo que hay son padres que no saben educar ni controlar a los hijos. Los hijos suelen saber o creer, que no les va a pasar nada con esa actitud, pues hasta ese momento les han salido bien las cosas sencillas que no tienen graves repercusiones y por esa razón seguirán queriendo hacer lo que consideren que les apetece, hasta que un día tengan un disgusto y después vendrán los lloros de los padres por no haberles educado con la firmeza y el amor que se merece.

 

No puedo recomendar a los padres que a los hijos adolescentes les den unos “cachetes, nalgadas o zarandeos” porque en este país me llevarían a la cárcel, aunque sin abusos, sea la mejor medicina juvenil recetada y probada durante siglos. Pero si tengo que recomendar que los padres tienen que ser muy firmes a la hora del cumplimiento de los castigos justificados. Los padres tienen que hacerle comprender al hijo adolescente “por la razón o por la fuerza” que en la casa familiar hay una autoridad representada por los padres y unas normas de obediencia que los hijos tienen que cumplir para que, entre otras cosas muy importantes, los hijos se eduquen dentro de un orden.

 

Da lo mismo que los castigos los imponga el padre o la madre, lo importante es que haya una total conexión entre los padres y que tengan unidad de criterio en la cantidad, calidad y tiempo de la falta, para que el castigo esté de acuerdo. Los padres no deben hacer como el policía bueno y el policía malo, pues el hijo se enterará enseguida y les manipulará. Tienen que tener en cuenta que lo que hagan o no hagan con sus hijos adolescentes va a repercutir en el ejemplo hacia sus otros hermanos, primos, amigos y futura descendencia.

 

Los padres que no han tomado las medidas adecuadas para prevenir o frenar la situación del consumo de drogas y reconducir las actuaciones por los caminos de la buena educación, todavía están a tiempo de hacer las correcciones, pues el fumar marihuana es un segundo o tercer peldaño de la escalera que ya han bajado y que conduce al abismo del fracaso familiar, económico, moral y social. Cuanto más abajo caiga, más difícil será retornar y más grave las consecuencias.

 

Lo más importante es profundizar el dialogo con los hijos y hacerles ver el grave problema donde se han metido y el poco tiempo que les queda para que ellos sean los únicos responsable de su perdición. Mientras tengan menos de 18 años las responsabilidades civiles serán de sus padres, pero los daños físicos, morales, mentales y sociales serán exclusivamente de ellos. En cuanto cumplan 18 años todo lo que hagan será de su completa responsabilidad, aunque el disgusto sea compartido con sus padres, hermanos y familiares. La sociedad no acepta a los perdedores y el fumador de marihuana es uno de esos perdedores. Mientras los hijos sean menores de edad los padres tienen que sacarles del vicio de fumar marihuana, empleando todos los medios posibles, después será mucho más difícil o casi imposible.

 

La tolerancia cero se aplica en casi todas las ciudades e instituciones cuando el adolescente es descubierto por la policía, maestros o administradores escolares con marihuana o consumiéndola. Ese u otro mal comportamiento similar le mete en un grave problema, pues automáticamente entra en una cadena de castigos y situaciones peligrosas que en otro artículo comentaré. En la escuela ni en la posible futura universidad, ni en los trabajos admiten a los fumadores de marihuana. Muy pocos maestros les escriben cartas de recomendación imprescindibles para poder solicitar el ingreso en la universidad. Los maestros no toman a la ligera los malos actos pequeños o grandes de los alumnos, máxime si están relacionados con las drogas, si lo ocultan se meten en un problema legal. Enseguida toman acciones disciplinarias, que se convierten en irreversibles para el futuro de los alumnos.

 

El primer cigarro de marihuana conlleva el peligro de aficionarse a utilizarla en sus múltiples usos y a tener que aumentar continuamente la dosis de consumo. Para conseguir gratuitamente o a un menor precio la marihuana, los narcotraficantes ofrecen a los adictos numerosas alternativas ilegales que en principio parecen muy fáciles pero siempre tienen consecuencias graves, que los principiantes y adictos no quieren ver. Les proponen transportarla, distribuirla o venderla pagándoles en especie a un precio muy inferior al del mercado para que obtengan grandes beneficios y puedan consumirla sin preocuparse por el costo. Cada vez es mayor el número de jóvenes enganchados en las drogas que se ven obligados, para poder satisfacer su propio consumo, a hacer de “camellos” de marihuana u otras drogas, transportándolas o vendiéndolas.

 

A los adictos a las drogas o a personas honradas les ofrecen trabajos en otras actividades excesivamente bien pagados y aparentemente legales. Al final son utilizados para trasportar drogas. Si les descubre la policía, no les vale declarar que no conocían que detrás de esa bicoca de trabajo, sencillo y muy bien pagado, había una actividad delictiva. Es muy difícil demostrar ignorancia cuando las evidencias en su contra son muy grandes.

 

También hay personas honradas que son secuestradas, amenazadas y chantajeadas, ellas o sus familiares, y obligadas a transportar drogas nacional o internacionalmente, bajo la amenaza de asesinar a sus familiares si no hacen de “camellos”.

 

Al liberalizarse o despenalizarse el consumo, transporte y venta de la marihuana en la mayoría de los casos, especialmente en los que se utiliza para fines medicinales, existen más posibilidades que los narcotraficantes aumenten la presión sobre los grupos sociales que quieran atraer hacia su mercado. Por eso los adolescentes tienen que estar más alertas que nunca pues los narcotraficantes están ideando continuamente nuevas estrategias para conseguir clientes adictos y la más eficaz para ellos es la del cigarro de marihuana entregado gratuitamente

 

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Hijos manipulados por el divorcio

ESCUELA PARA PADRES

 

Hijos manipulados por el divorcio

 

2,455 Palabras Tiempo de lectura 8:55 minutos

 

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¿Sabe que el Síndrome de Alienación Parental (SAP) es un auténtico lavado de cerebro por medio del cual, uno de los progenitores manipula a los hijos, para que odien al otro progenitor?

 

Manipular es influir, manejar, maniobrar o intervenir con medios hábiles, maliciosos, deshonestos y arteros en la voluntad, acciones y opiniones de los hijos, distorsionando la verdad para beneficio propio y perjuicio del otro progenitor. Que triste y grave es ver a los padres cuando hacen esto antes, durante o después del divorcio. No quieren darse cuenta del grave daño que están causando para siempre en sus hijos.

 

Además del trauma que les supone el divorcio de sus padres, les llegan las graves consecuencias de ser manipulados. Lo normal es que los hijos quieran ser neutrales en las diferencias que tienen sus padres, pues quieren a los dos por igual, salvo cuando haya violencia, infidelidad o abandono. No es solamente la incertidumbre de su futuro, sino que tienen que añadir el tener que realizar determinadas acciones para satisfacer a uno de los dos progenitores, normalmente en perjuicio del otro.

 

Los hijos desde que nacen quieren intensamente y con todo su corazón a sus padres, pero por una decisión de uno de sus progenitores o de los dos, les empieza a llegar una manipulación sibilina para que ignoren, dejen de querer, empiecen a odiar o se vuelvan contra uno de sus progenitores, que casi siempre soporta esa manipulación con una serie de mentiras, medias verdades o falsedades. Esto les produce un choque emocional y unas heridas imposibles de curar o por lo menos les deja unas cicatrices imborrables para toda la vida.

 

Los padres nunca deben poner a los hijos en la situación de tener que elegir entre un progenitor u otro, pues los hijos aman a los dos cónyuges por igual. La elección les supone una situación de desconcierto y contradicción que le causa confusión y daños emocionales.

 

Cómo pueden los hijos asumir la realidad de ver como sus progenitores mienten y manipulan las situaciones en su propio beneficio, cuando ellos han sido su referente de educación en todos los aspectos. El día de mañana los hijos pensarán que el fin justifica los medios, aún a costa de pasar por encima de los derechos de los demás.

 

No es manipulación cuando uno de los progenitores hace ver bien claro a los hijos, pruebas fehacientes y contundentes y no con suposiciones infundadas, de que existen actos reales que afectan o puedan afectar el futuro la vida o el bienestar de los hijos, como en abuso físico, emocional, sexual, demencia, adicción a las drogas, grave malversación económica, etc.

 

La manipulación empieza cuando uno de los progenitores cuenta a sus hijos cosas malas del otro progenitor, sean verdades, mentiras, o medias verdades, que casi siempre equivalen a mentiras, y les manipula para que se decidan por que se queden a vivir con el padre o a que se queden con la madre, incluso con promesas falsas de regalos y prebendas. Esta situación suele comenzar incluso antes de iniciar el proceso de divorcio para que cuando el juez les de una audiencia a los hijos, estos le digan al juez que prefieren ir a vivir con el padre o con la madre. Los jueces suelen decidir en función de los deseos de los hijos si estos están en la edad de discernir clara y justificadamente sus preferencias.

 

Los regalos y prebendas suelen ser mecanismos de persuasión aplicables en los hijos para atraerlos hacia posiciones sentimentales beneficiosas, ostensiblemente para uno de los progenitores, con el objetivo de impedir que vean con claridad las verdaderas situaciones familiares, principalmente cuando los padres tienen algo que ocultar o de qué arrepentirse.

 

La manipulación es una forma artera y subliminal de mal trato, aunque los hijos sean pequeños o adolescentes y aparentemente no se enteren ni vayan viendo como les están cambiando su mente y la percepción de lo que ven o sienten. En algunos casos de divorcio esa manipulación se convierte en violencia física o mental dentro de la familia, de los hijos contra uno de los progenitores o contra sus propios hermanos y familiares. Muchas veces los hijos son utilizados como un arma ofensiva o defensiva contra el otro progenitor, según convenga a los padres para poder ganar la batalla de la custodia, el derecho de visita o la obligación de la manutención.  

 

También los padres se aprovechan de utilizar en beneficio propio cualquier inclinación natural y de los hijos hacia uno de los progenitores, explotando esa sincera tendencia de cariño e intentando conseguir que el hijo manipulado se convierta en manipulador. 

 

La manipulación es un proceso que algunas veces lleva mucho tiempo preparándose por uno de los progenitores, pues conlleva un conjunto de síntomas, estrategias, acciones y objetivos por el cual un progenitor va transformando poco a poco la conciencia de su o de sus hijos con objeto de impedir, obstaculizar o destruir sus vínculos con el otro progenitor e incluso hasta hacerlos contradictorios con lo que hasta ese momento estaban teniendo.

 

La manipulación ocurre con más intensidad y virulencia en los procesos violentos de separaciones, divorcios o incluso en los que habiendo llegado a un acuerdo, después han derivado en situaciones conflictivas. En estas situaciones alguno de los progenitores educa a sus hijos en el odio hacia el otro progenitor, hasta lograr que los propios hijos le rechacen.

 

Principales procedimientos de manipulación a los hijos, en beneficio propio o para perjudicar al otro progenitor:

 

  • Aprovechar las situaciones judiciales que conllevan la administración de herencias o fideicomisos que los hijos menores de edad tengan como derechos adquiridos de sus antepasados. La tutela de esos hijos en algunos casos puede suponer mucho dinero para sus progenitores.
  • Crear mala fama al otro progenitor en el entorno familiar, principalmente entre los que tengan ascendencia sobre los hijos. 
  • Dar opiniones injuriosas o que descalifiquen al otro progenitor, relacionadas con su estado mental, comportamiento moral, opinión peyorativa de su familia o de la sociedad, presencia física, grado de inteligencia, procedencia familiar, estudios realizados, raza, etc.
  • Entrenarles con mentiras para que manipulen al otro progenitor con el fin de obtener mejores prestaciones económicas para la pensión alimenticia y gastos de los hijos.
  • Formar alianzas inconscientes o implícitas, pero tácitamente cumplidas con los hijos, para ir en contra del otro progenitor, produciendo así una traición a los sentimientos más profundos de cariño de los hijos.
  • Hablar de lo malo que es el otro progenitor, de lo que hace sufrir, de las traiciones, mal tratos, etc., con el objetivo de que no le sigan amando, respetando y admirando.
  • Hacer promesas a los hijos sobre las ventajas económicas y sociales que tendrán si aceptan vivir con uno de los progenitores o en su caso con su nueva familia, insistiendo en la caída económica que tendrán si se quedan a vivir con el otro progenitor. Pero ocultando los problemas que les llegarán con el nuevo tipo de vida propuesto.
  • Inducir a hacer daño a las personas o cosas que estén relacionadas con el otro progenitor.
  • Intentar cambiar los apellidos de los hijos para que pierdan el del progenitor alienado, incluso cambiando la ciudad o el domicilio para destruir la relación del progenitor ausente de sus hijos, o presentar al nuevo cónyuge a los hijos como el nuevo padre o madre.
  • Involucrar a los hijos en injurias, mentiras, falsas denuncias de abusos sexuales, malos tratos, robos, etc. Buscando la desacreditación para interrumpir por la vía judicial los contactos con el otro progenitor. 
  • Manipular a los hijos con regalos, promesas o amenazas para que declaren mentiras ante los jueces, abogados o sicólogos que los evalúan, con el fin de que les dejen la custodia a uno de los progenitores.
  • Obligar o persuadir para que testifiquen contra el otro progenitor, buscando a un profesional, para que diga que los hijos están dañados emocionalmente, sea cierto o no, para lograr una patria potestad, una pensión económica o prohibición del juez,  para conseguir que la otra parte no tenga contacto con los hijos.
  • Presentar falsas alegaciones de abuso físico y/o sexual en los tribunales para separar a los niños del otro progenitor.
  • Producir interferencias, obstaculizaciones o impedimentos en las visitas o comunicaciones acordadas.
  • Prometer o realizar regalos o beneficios si aceptan las nuevas relaciones sentimentales y familiares de uno de los progenitores.
  • Realizar un proceso perverso e interesado de manipulación al progenitor que tiene la custodia de los hijos, para excluirle del campo afectivo y relacional de los hijos.
  • Torcer malintencionadamente la conciencia o la profesionalidad de los especialistas, tales como psicólogos, abogados y maestros que tienen que determinar con hechos y fundamentos ante los jueces el estado psicológico de los hijos sugiriéndoles que preparen a los hijos para que testifiquen en contra del otro progenitor para lograr los objetivos propuestos.
  • Usar a los hijos como mensajeros para pedir más dinero, recriminar, espiar, convencer, acusar o instigar en beneficio particular.
  • Utilizar a los hijos como chivatos para que les cuenten todas las actividades que hace el otro progenitor.

 

La manipulación es algo cotidiano en las familias monoparentales, dado que los hijos son criados en un estado de semi-orfandad por el progenitor al que le han concedido su custodia. El contacto de los hijos con el otro progenitor, normalmente se reduce a unas horas durante algunos fines de semana, lo que origina la falta de apoyo en los malos momentos y la ausencia de referencia paternal o maternal. Además de las innumerables interrupciones, cambios e incertidumbres en el régimen de visitas, denuncias a los jueces sin justificación y un sentirse manipulados en ambas direcciones, convirtiéndose algunas veces los padres legales en tiranos autoritarios y verdugos de sus propios hijos. Esto se soluciona en gran parte si los que deciden divorciarse accedieran a salirse del hogar por turnos. Son los padres y no los hijos los que tienen que salir del hogar, como lo explico en el artículo  Divorcio. Los hijos siempre lo primero

 

Los progenitores tienen que evitar que por despecho o intereses personales, económicos, sociales o familiares predisponer a los hijos en los divorcios contra el otro progenitor aunque tenga o no la custodia. La verdadera justicia es la que se pone de parte de los más débiles, y los hijos son los más débiles.

 

Los hijos se ven muy desorientados cuando empiezan a poner en sus vocabularios y situaciones reales de convivencia, cariño y lealtad, los estereotipos negativos de unas nuevas palabras que nunca han usado: Padrastro, madrastra, hijastros, hermanastros, medios hermanos, etc., como dicen en Latinoamérica, además de esos nombre relacionándolos con el resto de los parientes.

 

En las negociaciones previas al divorcio debe tenerse muy en cuenta que entre los progenitores debe haber la máxima transparencia posible, incluso cuando se produzcan en presencia de los hijos, si ya tienen edad suficiente para enterarse y entender la situación que esta sucediendo. Esto evitará la posterior manipulación hacia los hijos, pues estos conocerán perfectamente las condiciones y los motivos del divorcio. Deberán hablar muy claro a los hijos sobre su futuro, aclarando todos los puntos relacionados con su incertidumbre, miedos a lo desconocido, las perdidas, los cambios, dónde, cuándo, cómo y con quién van a vivir, cambios de escuela, de familia, de amigos, etc. Los padres deben evitar por todos los medios posibles los berrinches, venganzas, caprichos y juegos sucios que hacen con el otro progenitor para evitar que esto afecte todavía más a los hijos, en la vida presente y en la futura.

 

Síndrome de Alienación Parental (SAP)

 

Este síndrome consiste en un proceso de auténtico lavado de cerebro por medio del cual, uno de los progenitores manipula la conciencia de los hijos, para destruir el vínculo con el otro progenitor y lograr que le odien, hasta conseguir alejarlos completamente de él.

 

Es un problema muy extendido actualmente que afecta a más del 80% de las parejas que se separan sin mutuo acuerdo, lo que repercute en un gran desequilibrio emocional, familiar y social en la mayoría de los hijos que antes, durante y después del divorcio tienen que sobrevivir dentro de familias monoparentales o ajenas a sus lazos biológicos.

 

Los padres con el Síndrome de Alienación Parental (SAP) son los que pasan por un proceso de trastorno intelectual que transforma su conciencia temporal o permanentemente, haciéndoles perder el sentimiento de su propia identidad, hasta que llegan a hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de su condición de progenitor. Abusan de su posición de influencia sobre los hijos para hacerles torcer sus sentimientos hacia el otro progenitor, destruyendo, saboteando y dificultando las normales, necesarias e imprescindibles, muchas veces ya difíciles relaciones de los hijos con el otro progenitor, en la disputa por la custodia o visitas de los hijos.

 

Signos que indican la existencia del Síndrome de Alienación Parental (SAP).

 

  • Cuando constantemente se habla mal del progenitor ausente delante de los hijos, incluso con mentiras. Haciendo hincapié en situaciones ajenas a su vida, responsabilidades o situaciones como progenitor. 
  • Cuando hablan sobre situaciones que no les han sucedido y creen recordarlas debido a que se las han contado muchas veces hasta hacérselas creer como reales.
  • Cuando los hijos no saben dar explicaciones concretas sobre el porqué rechazan u odian a su o sus progenitores.
  • Cuando los hijos o los padres en situaciones de divorcio son diagnosticados con trastornos mentales, depresiones crónicas, incapacidad para funcionar en un ambiente normal, trastornos de identidad e imagen, desesperación, sentimientos incontrolables de culpabilidad, sentimientos de aislamiento, hostilidad, personalidad esquizofrénica, intentos de suicidio, ansiedad, enfermedades psicosomáticas, disminución de la autoestima y un largo etcétera.
  • Cuando los hijos sienten que sus progenitores han fallecido, que han sido abandonados o que nunca les han querido.
  • Cuando los hijos utilizan palabras o frases propias de un adulto al hablar mal de su o sus progenitores.
  • Cuando se impide que los niños convivan, visiten o se comuniquen con el otro progenitor.
  • Cuando se ridiculiza los sentimientos y el afecto que sienten los niños por el progenitor ausente.

 

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La virtud de la bondad explicada a los hijos

ESCUELA PARA PADRES

 

La virtud de la bondad explicada a los hijos

 

1,529 Palabras. Tiempo de lectura 5:35 minutos

 

Bondad es la calidad de bueno, la inclinación a hacer el bien, la esencia de la vida, el modo de tratar a los demás, la médula de la grandeza, la puerta que da forma a la amistad, fortalece y da forma al hogar, a la amistad y a la sociedad. La bonhomía que es la práctica de la bondad, se demuestra diariamente en la convivencia con los hijos, en el matrimonio, con los familiares, amigos y sociedad. 

Uno de los principales pilares de la virtud de la bondad, es el amar al prójimo como quisiéramos ser amados, poniendo en todos los actos de la vida mucho amor. 

La bondad no tiene sustitutos en la convivencia dentro del hogar, en la educación de los hijos y en el aprendizaje de la vida, para conseguir ser cada vez mejores personas, más sabias y más bondadosas. Levanta el ánimo al prójimo y su ejemplo permanece con él para siempre, además que hace sentirse bien a las personas que la practican.

 

La bondad es la antítesis de los gritos, de la ira y de la violencia en el hogar y en las relaciones con las personas. Los hijos observan y aprenden a imitar, todos los signos externos que digan o hagan los padres, tanto las cosas buenas como las malas, principalmente, los que refleja el propio yo de los padres y el trato que tienen con los demás componentes de la familia.

 

La bondad no es la virtud, que solamente la tienen las personas perfectas, que dicen y hacen cosas buenas y tienen pensamientos intachables. Hay muchas personas que continuamente, intentan ser bondadosas aun no siendo perfectas y hacen todo lo posible para darse ánimo, apoyo y servirse mutuamente, en aras a conseguir un camino recto en la vida, a través del estudio, la lectura y los sabios consejos que les ofrecen sus sacerdotes, pastores, rabinos e imanes. Algunos quieren dejar para el futuro, el ser bondadosos y practicar esa virtud cuando sean mayores, tengan mucho éxito, buena situación económica, fama y posean muchas cosas.

 

Los padres con su ejemplo, tienen que enseñar a sus hijos desde los primeros años de su vida, a practicar la virtud de la bondad. La educación a los hijos en la práctica del bien, les hará contraer la costumbre de realizar buenas obras y la obtención de perseverar en esta virtud. Aunque parezca difícil ser bondadoso en este mundo tan competitivo, es una tarea que hay que intentarla aunque estemos cometiendo errores. De los errores hay que aprender a salir de ellos. Siempre se ha dicho que se deben contar las veces que cada uno se ha levantado y no las veces que se caído.

 

El respeto humano impide a las personas que no están bien formadas en las virtudes y valores humanos, practicar la virtud de la bondad, por lo que no hacen el bien que es necesario, para la familia o la sociedad. No tienen ni las palabras buenas, ni los pensamientos correctos, ni las actitudes adecuadas hacia sus prójimos, precisamente, por esa falta de preparación para realizar buenas obras.

 

Practicar la virtud de la bondad es más fácil y cómodo, con las personas que se portan bien con cada uno de nosotros. Lo difícil es ser bondadoso, con las personas que nos ofenden, las que nos deben, las que nos juzgan nuestras actuaciones sin justicia ni razón, las que nos condenan sin causa, las que nos insultan, las que nos odian, etc. Por eso la virtud de la bondad, radica en el corazón y en la mente y no está relacionada con la candidez ni con la tontería, aunque algunos la quieran unir.

 

Tener bondad es tener un corazón con buenos sentimientos y ponerlos en práctica en acciones humanitarias, sin pedir nada a cambio y sin importarnos “el que dirán”, sea positivo o negativo. No se trata de conseguir admiradores, premios, afecto, fama o popularidad. Se trata de seguir los sentimientos adquiridos, a través del conocimiento y la practica de las virtudes y valores humanos.

 

No se practica la virtud de la bondad, algunas veces, porque el egoísmo personal hace que no nos importe nada ni nadie, más que nosotros mismos. Esto puede ser consecuencia de haber tenido malos modelos familiares a nuestro alrededor, que no nos hayan enseñado a practicar las virtudes y valores humanos, o bien que por circunstancias externas, nos hayamos endurecido debido a las heridas recibidas de personas inadecuadas. Para solucionarlo hay que hacer un profundo examen, acerca de esta situación para considerar lo que somos, por qué somos y cómo somos, en relación con la virtud de la bondad, para poder buscar la solución adecuada, que nos lleve a corregir esta situación de inhibición.

 

La virtud de la bondad se consigue practicándola, consciente y continuamente, empezando con uno mismo y continuando en la familia, en el trabajo y en la sociedad. Hay que practicarla hasta conseguir ser un experto en irradiar bondad. Ser bondadoso con los demás, hacer sentirse bien a las personas, y además con el ejemplo se contagia al prójimo. La bondad se manifiesta también en cosas pequeñas, incluso en las que casi nadie se fija, pero que su realización nos permiten llenarnos de grandeza.

 

La bondad está relacionada con el agradecimiento, el altruismo, el desprendimiento, el respeto, el sacrificio, la abnegación, la amabilidad, la benevolencia, la benignidad, la caridad física, emocional o religiosa al necesitado, la clemencia, la cortesía, la generosidad, la humanidad, la indulgencia, la magnanimidad, la misericordia, la sensibilidad humana, la solidaridad, la tolerancia, las buenas acciones, etc.

17 Ideas de cómo, cuándo y dónde practicar la virtud de la bondad.

  1. Aceptando, queriendo y ayudando a las personas inseguras, tímidas o con baja autoestima, para que en su propio beneficio, puedan cambiar de actitud y ser más felices en la vida.
  2. Alegrándose de los éxitos y logros de los demás, como si fueran propios y felicitándoles con calor y sinceridad. Esto les animará a seguir esforzándose, en obtener cada vez mejores resultados y a transmitirlo con el ejemplo a los demás.
  3. Amando, queriendo y respetando al prójimo como a uno mismo, aunque sea diferente en color, raza, religión, educación, ideas políticas o situación económica, nativo o extranjero.
  4. Apreciando, honrando y no ofendiendo, a los que opinan de diferente forma, permitiendo con mucha caridad que mantengan su propio criterio, aunque consideremos que están equivocados.
  5. Compartiendo las penas del prójimo, ayudándole y aliviándole con buenas obras y consejos, cuando más los necesite.
  6. Dando ejemplo de bondad, amor y benevolencia, en todas las actividades de la vida cotidiana con las palabras y con las obras, en la familia, escuela y sociedad.
  7. Estando cerca del prójimo cuando sufre, está enfermo, preocupado, encarcelado, triste, o pasa por un mal momento familiar o económico.
  8. Manteniendo la paz interior propia, para que con el ejemplo trascienda a los demás, principalmente en los momentos que tenemos dificultades y los demás piensan, que nos vamos a derrumbar interna y externamente.
  9. Mostrándose espontáneo, sencillo y pacificador en la familia, trabajo y sociedad, sin dar importancia a la posición económica, social o económica que se tenga.
  10. Perdonando y pidiendo perdón de corazón, sin condiciones, dobleces, egoísmos ni oportunismos. Haciendo ver que no cuesta hacerlo.
  11. Permitiendo que los demás se sientan valiosos, útiles e importantes, en las tareas que desempeñan por muy humildes que estas sean. Dando las gracias por el trabajo que han hecho.
  12. Poniéndose en el lugar y circunstancias de los demás, viendo las cosas desde su propia óptica y así no juzgarles unilateralmente.
  13. Repartiendo la bondad con los demás, contagiándoles con el ejemplo, pero sin esperar alabanzas ni premios.
  14. Siendo bondadoso con los enemigos, con los que nos ofenden y con los que nos caen mal. Es muy fácil ser bondadoso con los amigos y con los que nos caen bien.
  15. Siendo útil al prójimo desinteresadamente, en la familia, trabajo, amistades o sociedad, sembrando continuamente bondad y amor.
  16. Teniendo siempre una puerta abierta al optimismo, a la esperanza, a la confianza, a la alegría, al entusiasmo y al ánimo.
  17. Viendo las cosas positivas del prójimo, soslayando las negativas y en su caso, disculpándolas y nunca divulgándolas.

 

10 Sentencias sobre la virtud de la bondad

 

  1. Bondad y dulzura, mas que donaire, hermosura.
  2. Con bondad se adquiere autoridad.
  3. Cuanto mejor es el bueno, tanto más molesto es para el malo.
  4. De dinero y de bondad quita siempre la mitad.
  5. Dejemos de discutir lo que debe ser un hombre bueno… y procuremos serlo.
  6. Dondequiera que haya un ser humano, siempre habrá un hombre bueno.
  7. El bueno será siempre libre, aunque sea esclavo, el malo será esclavo, aunque sea rey.
  8. El galardón de las buenas obras, es haberlas hecho. No hay otro premio más digno.
  9. La bonanza siempre llega después de la tormenta.
  10. Las obras de caridad dicen, quien es hombre de bondad.

 

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La disciplina como virtud y valor humano explicada a los hijos.

ESCUELA PARA PADRES

La disciplina como virtud y valor humano explicada a los hijos.

 

2,600 Palabras. Tiempo de lectura 9:30 minutos

 

Algunos artículos relacionados:

La disciplina de la voluntad es un medio y no un fin en si misma. Es auto impuesta personalmente como dominio del carácter, para conseguir los objetivos propuestos de llevar una vida mejor y conseguir una excelente formación moral, intelectual, física, económica y de salud en los aspectos personales, materiales, sociales, religiosos, de convivencia. 

No me refiero a la disciplina impuesta obligatoriamente, la que hay que cumplir so pena de un castigo físico o moral. Tampoco me refiero a la disciplina física que los padres imponen a sus hijos. En algunos países está totalmente prohibida esta disciplina, por muy leve y educativa que sea. Así les va a la niñez y a la sociedad.

 

Los padres son los mejores maestros y algunas veces los únicos disponibles para enseñar a los hijos la disciplina de la voluntad, junto a las otras virtudes y valores humanos. Enseñarles con el ejemplo a mantener la disciplina de la voluntad supone alejarles de la posibilidad de que la sociedad les discipline. 

 

Obligaciones de los padres.

 

Enseñar a los hijos desde muy pequeños la forma de ejercitar la disciplina de la voluntad en todos los actos y decisiones que vayan teniendo que participar, empezando en el interior de la familia: Disciplina en la alimentación, en el cómo comer, en las ropas que deben llevar y como vestirse, en la forma y cantidad de los estudios, en hacer las tareas escolares y familiares, en administrar el tiempo libre, el dedicado a sus obligaciones y el que deben dedicar voluntariamente a los demás, en administrar el dinero de sus gastos y de sus ahorros, en el consumo responsable, etc.  

 

Enseñar a los hijos poco a poco a que enriquezcan su voluntad, para que a lo largo de los años se les vaya  consolidando y puedan enfrentarse con éxito a los retos en los que desarrollarán sus actividades evitando que con el ejercicio continuo de la disciplina caigan en ser miembros de la llamada “manada humana en estampida”, definida así a la de los indisciplinados.

Enseñar a los hijos la disciplina de saber escuchar a las personas que por su edad, parentesco, experiencia demostrada, posición profesional o estudios realizados tienen la oportunidad u obligación de escuchar. Si no tienen la disciplina de saber escuchar, entender y asimilar lo escuchado, no aprenderán nada nuevo y cometerán los mismos errores de siempre. Es imposible hacer siempre lo mismo y obtener resultados diferentes. Desgraciadamente está desapareciendo la disciplina de escuchar con atención a las personas que saben más. Todo el mundo cree que lo sabe todo.

 

Enseñar a los hijos el valor de la disciplina y las ventajas que tiene para el crecimiento personal. La sociedad y los medios de comunicación siempre les están insistiendo a los hijos que hagan lo que quieran cuando quieran y como quieran. Que den prioridad a la irrefrenable arbitrariedad del deseo, sin cuestionarse las dificultades y problemas que se les presentarán si hacen caso a las tendencias que esos medios sociales les insisten que hagan. En algunas sociedades es muy difícil explicar las ventajas de la disciplina de la voluntad, debido a las presiones externas que reciben los hijos. El hecho de inculcarla a los hijos, aunque sea con continuas admoniciones, puede crear una buena disposición a adquirirla como costumbre que después se convertirá en hábito y posteriormente se acostumbrarán a ejercitarla como virtud.   

 

Enseñar a los hijos estos conceptos implica unos grandes esfuerzos tanto de los hijos por aprender como de los padres por enseñar. Sin ese mutuo esfuerzo nunca se verán los resultados positivos que conlleva la disciplina. Pero esos esfuerzos compensan con creces la satisfacción personal de los padres y de los hijos cuando comprueban los buenos resultados obtenidos en el conocimiento y en el comportamiento.

 

Enseñar a los hijos a través de la disciplina a robustecer su voluntad, yendo poco a poco preparándoles para llevar a efecto los 10 conceptos indicados al final del artículo. Y transmitiéndoles con su ejemplo la energía necesaria para resistir el mal y combatir las inclinaciones malsanas, viciosas o caprichosas y enseñándoles a mantener la continuidad de sus actos buenos.

 

Enseñar a los hijos a aprovechar el tiempo lo más sabiamente posible, pues el tiempo no es un recurso renovable y todos tenemos 24 horas disponibles. El tiempo que pasa ya no vuelve. La falta de tiempo o el estar ocupados, no es una disculpa para no hacer las cosas. Si el tiempo no alcanza, es muy importante planificarlo y aprovecharlo creativamente para  simplificar la vida. Tienen que enseñarles a definir y concentrarse en las prioridades de la vida.

 

Enseñar a los hijos las cosas que son o no negociables con su educación y con el ejemplo que tienen que proyectar, ya que la disciplina de la voluntad en el seno de la familia es de total responsabilidad de los padres y tiene que estar encaminada a la adquisición de las virtudes y valores humanos, pues son un conjunto de costumbres y hábitos activos que ayudan a la voluntad en el esfuerzo de aprender y promover la búsqueda de la verdad para conseguir el conocimiento  y perfecto equilibrio entre la disciplina, la indisciplina, la flexibilidad y el sentido del deber.

 

Enseñar a los hijos a tener orden, control y rigor de su propia vida y su desarrollo. Practicándola se consigue la formación de costumbres, hábitos y virtudes para plantear los desafíos de la persona y de la sociedad que permiten obtener los objetivos propuestos en la familia, escuela y sociedad. Sirve para ponerse retos voluntarios y hacer programas con tiempos, objetivos y controles parciales para poder ir comprobando los resultados y apreciar los avances o retrocesos. También sirve para cumplir las tareas sin dilaciones ni excusas, efectuar los horarios encomendados relacionados con la distribución del tiempo dedicado a los estudios, deportes, asueto, televisión, juegos, lecturas, etc. Los hijos que tienen diseñado un programa de horarios para sus actividades, tienen muchísimas más posibilidades de obtener mejores resultados en su vida familiar, estudios y vida social que los que no practican la disciplina de la voluntad.

 

Enseñar a los hijos, sin usar amenazas, gritos, ni castigos la virtud y valor humano de la disciplina de la voluntad, que va mucho más lejos que el buen comportamiento. Enseñarles a que tengan control de sus emociones, que sepan  trabajar en equipo, que establezcan metas y objetivos positivos, que cumplan las tareas, que tengan dignidad y confianza en sí mismos para cuidarse y tomar buenas decisiones, ya que en el futuro éstas decisiones siempre tendrán efectos positivos o negativos según se hayan realizado.

 

Definición de la disciplina de la voluntad:

 

La palabra disciplina proviene de “discipulus” y de “discere” que significa aprender y educar (discípulo y docente). Son las normas que conservan el orden y la subordinación entre el docente y el discípulo para facilitar el aprendizaje, llámense padres, maestros, sacerdotes, pastores, rabinos o imanes.

 

Está relacionada con: Adiestramiento. Afinamiento. Asignatura. Atención. Austeridad. Autoridad. Ciencia. Civilización. Conducta. Constancia. Cultura. Diligencia. Disciplina. Dominio. Dureza. Educación. Ejercicio. Enseñanza. Estudio. Facultad. Ignorancia. Imposición. Instrucción. Logros. Metas. Método. Motivación. Normas. Obediencia. Objetivos. Orden. Pauta. Planificación. Previsión. Razón. Reflexión. Previsión. Reglas. Resistir. Rigor. Severidad. Templanza. Vigilancia. Voluntad.

 

Es la propia decisión personal, interna, repetida y controlada de seguir un ordenamiento para llegar a unos objetivos. No es un fin, es un medio para obtener los planes propuestos.

 

Es la gran virtud humana de los pequeños y continuos esfuerzos que se hacen para llegar a los planes propuestos. Con ella se va haciendo metódicamente y poco a poco, camino al andar. Pero andar por los caminos propuestos como correctos exige apartarse de otros caminos más placenteros que siempre conducen al fracaso. Tiene la capacidad de enfocar los propios esfuerzos para llegar a un objetivo, moldeando el propio carácter y comportamiento para conseguir cumplir lo estipulado. Es la observancia de las leyes y ordenamiento de la vida. Es una forma de comportamiento no impuesto que se realiza a través de la auto-disciplina. Es un arte, una facultad y una ciencia.

 

Tiene que estar soportada por una estrategia, una táctica y unos planes bien diseñados en función de los objetivos, prioridades y medios disponibles. Disciplinar el propio temperamento conlleva un esfuerzo sistemático, continuo y medido para ser eficaz. El auto dominio, el auto control y la auto disciplina son partes muy importantes y casi imprescindibles para tener éxito.  Es el señorío de la propia personalidad y la negación del “yo primero” y del “yo quiero”. Es la antítesis de la inconsistencia, de la pereza, de la holganza, de la intemperancia y de la excesiva relajación. Se logra realizando constantemente pequeños actos de coraje, dedicación y control. Es lo que se llama también fuerza de voluntad, disciplina personal y voluntad de hierro.

 

Para todos los órdenes de la vida implica organización, respeto por el orden establecido, adaptación personal a las normas, modos y costumbres del entorno en el que nos movemos y dentro de los estándares de vida en los que nos desarrollamos. Es totalmente compatible con la flexibilidad de las personas. Se puede y debe ser flexible en algunas cosas que no vayan en contra de los objetivos propuestos. Ser inflexible no quiere decir que al darse cuenta de algún error producido por la disciplina mal entendida, no tengan que cambiar, admitiendo la mal entendía inflexibilidad. “Es de sabios cambiar de parecer” No se interpone con la inflexibilidad, pues ambas pueden llegar a ser compatibles. Ceder en lo que se deba ceder y ser muy disciplinado en lo que no es negociable, es una buena receta para no caer en la volatibilidad continua de las acciones o de las opiniones.

 

Permite llevar una vida perfectamente equilibrada llena de espontaneidad y creatividad, lo que facilita el ser prudente en determinar y diligente en ejecutar. No está peleada con la alegría. Está peleada con la dejadez, el abandono personal y el dominio sobre uno mismo. Está íntimamente relacionada con el sentido del deber y supeditada a su cumplimiento, si este es voluntariamente aceptado.

 

No tiene que estar supeditada a la docilidad, mucho menos cuando otros quieran aprovecharse intimidando a las personas dóciles para que en honor a una disciplina mal entendida cometan malos ejemplos, faltas o delitos. Cultivar la independencia individual es una tarea muy importante que hay que practicarla continuamente.

 

Tiene que tener una correlación con las virtudes de la prudencia y de la fortaleza para no caer en el fanatismo del exceso de disciplina que impida ver lo que se está haciendo y sus posibles consecuencias peligrosas, ni en el vicio de la indisciplina. Es mucho más que tener un buen comportamiento, pues a pesar de los obstáculos ayuda a mantenerse en los objetivos propuestos o acordados y hacen el perfil ideal interior de padres, hijos, amigos, familiares y maestros.

 

Los beneficios de la disciplina de la voluntad, espiritual y humana no van a llegar milagrosamente sin ningún esfuerzo. Nada llega sin el esfuerzo de preparar los objetivos, los medios para actuar y el sistema de control de lo realizado. Es imprescindible mantener una buena gimnasia mental, practicar repetitivamente, perseverar y tener un claro sentido de la obediencia hacia los tutores y hacia lo acordado. El mundo pertenece a los disciplinados. Los triunfadores en las ciencias, en las artes y en los deportes son personas altamente disciplinadas pues siempre desarrollan su máximo potencial para triunfar. Algunas personas tienen el don innato para hacer determinadas actividades, pero no tienen la disciplina para sacarlo adelante.

 

La indisciplina es el declive de los éxitos personales y profesionales, acarreando siempre malas consecuencias, ya que las personas se dejan llevar por lo primero que les llega a su mente, sin tener en cuenta hacia donde quisieran ir. Origina confusión y decisiones erráticas al no tener objetivos determinados ni la disciplina para cumplirlos. Es la ruina de la educación y anula las enseñanzas y los principios dados a los hijos en la educación. También evita o anula cualquier costumbre, hábito, virtud y valor humano adquirido o por adquirir.

 

El indisciplinado camina a la deriva de las opiniones y malos consejos que otros le dan. Nunca tiene relación con la continuidad de lo que se haya propuesto. Suele estar a merced de lo que otros decidan, por lo que tiene muchas probabilidades de caminar por los caminos errados al dejarse llevar por los impulsos desenfrenados que le hacen doblegarse ante cualquier facilidad o dificultad externa. Siempre le es más cómodo inclinarse a lo que es fácil que a lo que tiene dificultades para cumplir. Queriendo o sin querer, comenten errores que muchas veces perjudican también a terceros, como los que son indisciplinados en seguir las normas de conducir, manejar las herramientas o maquinaria, enfermarse por no cuidar su salud, comida o estilo de vida.

 

10 Conceptos para conseguir la disciplina de la voluntad:

 

  1. Examinar los puntos débiles de nuestra voluntad en los campos de: La pereza al levantarse. Las disculpas para empezar y terminar los trabajos encomendados de estudio, tareas u obligaciones familiares o laborales. La gula y ansias de comer o beber en: productos, cantidades, calidades, precios y tiempos. El derroche en las compras y el descuido en el ahorro. La falta de caridad en las conversaciones o discusiones. Etc.
  2. Preparar un programa con las acciones especificas que se deben tomar para hacer que la disciplina de la voluntad sea una realidad. Por ejemplo: Poner el despertador fuera del alcance de la mano para tener que levantarse al apagarlo. Planificar los horarios de empezar y terminar cada una de las tareas encomendadas de estudio, trabajo, diversiones, etc. Disponer de un tiempo de reflexión antes de empezar a comer o beber. Ponerse raciones más pequeñas. Destinar una cantidad determinada de dinero para los gastos, soportada en una tarjeta de débito o con dinero exacto en efectivo. Determinar claramente la cantidad mensual dedicada al ahorro. Pensar mucho lo que se va a decir, para no ser esclavo de las palabras y dueño de los silencios.
  3. Realizar un sistema de control que compruebe continuamente si los objetivos propuestos corresponden con los hechos reales, de forma que se puedan ver los porqués de las desviaciones y así hacer los ajustes necesarios. 
  4. Fijar plazos muy concretos para cada uno de los objetivos, acciones a tomar y obtención de resultados.
  5. Hacer participe de los objetivos a los familiares y amigos íntimos para sentirse vigilado positivamente en el proceso y en los resultados.
  6. Conseguir un tutor que aconseje como preparar los objetivos y los sistemas de control para que vaya guiando y midiendo los resultados. Puede ser un familiar, amigo, sacerdote, pastor, rabino, imán o profesional dedicado a ello. Su control y ánimos serán muy beneficiosos para no decaer.
  7. Disfrutar de los resultados positivos obtenidos dándose una satisfacción personal proporcional al objetivo cumplido, cada vez que se completan los objetivos propuestos.
  8. Acostumbrarse a practicar “El minuto heroico” según se explica en el artículo relacionado. 10 Ocasiones para inculcar, fomentar y practicar el “minuto heroico”. Sus valores y virtudes
  9. Perseverar en los métodos internos y externos realizados para conseguirlo.
  10. Difundir con el ejemplo la forma, fondo y resultados de lo que se está haciendo.

 

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