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Archivos para 30 enero 2016

Los hijos que exigen a los padres. 16 motivos.

ESCUELA PARA PADRES

Los hijos que exigen a los padres. 16 motivos.

1,233 Palabras. Tiempo de lectura 5:00 aproximadamente.

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Hay hijos que exigen demasiado a sus padres, sobre todo algunos adolescentes que suelen ser insaciables, les piden imperiosamente cosas, o que tengan actitudes a las que se creen que tienen derecho. No se conforman con nada de lo que reciben, siempre quieren más y muchos más. Exigen mucho más que lo que sus padres pueden darles.

No es lo mismo pedir a los padres, que exigirles. Los hijos desde que nacen, están pidiendo continuamente para que les satisfagan sus necesidades. Cuando son muy pequeños para expresar sus necesidades básicas de atención. A medida que van creciendo y dependiendo de la educación recibida, empiezan a exigir lo que ellos creen que tienen derecho, aunque no lo tengan.

Los hijos pueden exigir a los padres, por la razón o por la fuerza, que cambien su mal comportamiento, en caso de que estuvieran poniendo en peligro su propia vida, debido a los vicios peligrosos, que estén destruyendo la unidad familiar, creando una mala imagen de la familia o haciéndoles sufrir con sus actitudes o inmoralidades, impropias de los padres.

16 Porqués sobre las exigencias inagotables y avariciosas, suelen ser para:

  1. Porque creen que deben estar en algún grupo al que quieren pertenecer y no pueden.
  2. Porque creen que el dinero, igual a confort y ambos, igual a vida y felicidad.
  3. Porque creen que las cosas a sus padres les llueven del cielo.
  4. Porque creen que lo que exigen lo necesitan, cuando la realidad es que sólo lo desean.
  5. Porque creen que tiene derecho a todo lo que se les antoje.
  6. Porque creen que tienen derecho a hacer lo que se les antoje, incluso con ellos mismos, aunque vaya en su propio perjuicio, en el de la familia o de la sociedad.
  7. Porque creen que tienen derecho a que sus padres les traten como si fueran reyes y los padres sus súbditos.
  8. Porque creen que tienen el derecho a vivir su propia vida y a tomar sus propias decisiones, sin que sus padres ni nadie se interfiera, aunque todavía estén bajo su patria potestad.
  9. Porque creen que ya tienen la vida bien resuelta en el presente, aunque no tengan ningún horizonte.
  10. Porque es una escalada de exigir cada vez cosas, mejores y más caras.
  11. Porque han desarrollado los vicios del egoísmo y de la avaricia.
  12. Porque han pasado de la fiesta a la abulia y quieren nuevos tipos de diversiones.
  13. Porque quieren obtener cuotas de libertad o poder, aunque no les correspondan por su edad, situación económica, estudios, etc.
  14. Porque quieren presumir ante sus amigos de que manejan a sus padres y obtienen de ellos lo que quieren.
  15. Porque saben que siempre que exigen algo se lo conceden, sea lo que sea.
  16. Porque se creen superiores a sus padres, dado que tienen más conocimiento escolar, ya que ellos, sacrificaron sus estudios para que él se beneficiara.

Los padres tienen el derecho y la obligación de exigir de los hijos, un buen comportamiento, obediencia y respeto. Los hijos tienen el derecho a ser criados y respetados, con las máximas posibilidades que tengan sus padres y la obligación de portarse, de acuerdo a la educación recibida, obedecerles, respetarles.

La responsabilidad de ser padre no es tener una puerta giratoria o que como las veletas de las torres, cambie continuamente de dirección. No pueden estar diciendo un día una cosa y lo contrario al siguiente, presionados por las exigencias injustificadas de los hijos, para así, librarse de la responsabilidad de la conciencia de saber educar con firmeza y buen criterio, pero siempre con amor.

Es preferible estar en la lista de los malos, que en la de los bobos. Los padres que no se dejan chantajear por las excesivas exigencias de algunos hijos, pasan a ser políticamente incorrectos, pero deben preferir que la sociedad se le eche encima por intolerantes en los principios educativos, no negociables, que por haberse dejado manejar. Lo más fácil es conceder todas las exigencias de los hijos, aunque vayan en contra de su propio desarrollo moral, social o religioso.

Para algunos padres, es muy cómodo, pero altamente irresponsable, el no querer pasar por sufrir el dolor de tener que corregir las exigencias de los hijos. La autoridad paterna tiene que aceptar los disgustos que conlleva, el negarse a las exigencias de sus hijos. Primero es educarlos y procurarles la verdadera felicidad, que tienen obligación de transmitirles.

La responsabilidad y firmeza de los padres, les resulta incómoda e insoportable a algunos hijos. Pero eso no quiere decir que los padres, deban ceder ante las exigencias, acciones u omisiones irregulares de los hijos.

Cuando los padres tienen que realizar un gran esfuerzo y sacrificio, para decir que no a las exigencias de los hijos, nunca deben exteriorizarlo de forma violenta, hiriente o arrogante, ni castigar por haber exigido. Siempre debe ir acompañado de la explicación y del consejo correspondiente.

Los padres acaudalados o menos acaudalados, que conceden todo lo que los hijos les exigen, pueden llegar a producirles un trastorno mental, que en inglés se llama “affluenza”. En español “Pobre niño rico”, que es el equivalente al síndrome de los hijos consentidos, de papás ricos. En cada cultura a estos enfermos se les llama de diferentes formas: Fresitas, NiNi, bitongos, “señoritos”, etc.

Affluenza se puede traducir por sobreproteger. Es una condición social, no siquiátrica, dolorosa, contagiosa, transmitida socialmente y consistente en la obsesión por buscar desmedidamente, la certeza de hacer las cosas, sin adquirir ninguna responsabilidad y sin poder distinguir entre lo que está bien o mal hecho. Es la epidemia del súper consumismo.

Los padres no pierden su innegociable autoridad, si no conceden lo que injustamente les piden sus hijos, sobre todo, si es perjudicial para ellos, en cuanto a las verdades que deben saber, y el comportamiento que ellos deben tener.

La unidad entre el padre y la madre y su autoridad, frente a las exigencias de los hijos, no debe tener ninguna fisura por donde puedan penetrar las exigencias de estos. Su autoridad queda reforzada, por el poder de la solidez del matrimonio y al mismo tiempo, se mantiene suavizada por la unión de las dos diferentes sensibilidades.

La autoridad de los padres y su obligación de mantenerse firmes, por muy difícil y laboriosa que sea ante las exigencias de los hijos, será mejor aceptada si sus actos, además de sus palabras, sirven como ejemplo de comportamiento.

Los padres también sufren, cuando son víctimas de las continuas e injustificadas exigencias de los hijos. La inquietud y preocupación por el dolor, sufrimiento, incertidumbre y desamparo que muestran los padres, solamente puede ser parcialmente llevadero, cuando sienten la plena satisfacción del deber cumplido, al haber inculcado con la enseñanza y el ejemplo de las virtudes y valores humanos.

El sufrimiento de los padres, por no satisfacer las exigencias de los hijos, está relacionado con los cambios, vertiginosos, imprevistos e impensables, que se producen en algunos aspectos de la familia, amigos o sociedad, que pretenden desestabilizar las convicciones, creencias y certezas de los padres.

francisco@micumbre.com

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La familia, lugar para aprender a proteger a los más indefensos. Refugiados, inmigrantes, etc. 1 de las 14 Obras de Misericordia.

ESCUELA PARA PADRES

La familia, lugar para aprender a proteger a los más indefensos. Refugiados, inmigrantes, etc. 1 de las 14 Obras de Misericordia.

  • Misericordia, protección y comprensión: Ni xenofobia, ni racismo, ni aporofobia, ni discriminación, ni intransigencia.

 

2,795 Palabras. Tiempo de lectura 10:00 aproximadamente.

Una de las 14 Obras de Misericordia es “Dar posada al peregrino”. Sustituyo las palabras posada y peregrino por proteger a los indefensos. Refugiados va a ser la palabra que en adelante, defina a todos estos grupos de personas indefensas, que necesitan protección:

Refugiados, inmigrantes desplazados, exiliados, evacuados, expatriados, deportados, desterrados, perseguidos, etc. Son todos los que sufren prácticamente los mismos motivos de indefensión, desprotección, desamparo, olvido, desprecio, violencia, etc., están desgraciadamente unidos por sus graves situaciones, características y dificultades.

Los refugiados son los desprotegidos e indefensos, a los que les han robado el derecho a poder vivir libremente en su tierra, y buscan acomodo fuera de su país. Por acción u omisión, todos tenemos algo de culpa, en mayor o menor intensidad. Somos parte del problema y podemos ser parte de la solución.

Cuando los refugiados cuentan con buenos recursos económicos, grandes conocimientos, especializaciones profesionales, fama u otros beneficios, nadie se acuerda de la xenofobia, del racismo o de la aporofobia. Incluso los gobiernos y las empresas compiten para atraerlos.

Los padres tienen que trazar una fuerte “línea roja” que indique “cero tolerancia”, sobre el hablar mal en familia, de los refugiados. Deben dejar establecido muy claramente, que si alguien de la familia, no tiene nada bueno que decir de los refugiados, que guarde silencio. Pues la familia no es el lugar adecuado para propalar generalidades injustas, malas noticias, insultos, medias verdades, infamias, etc. Ese trabajo ya lo hacen algunos medios de comunicación e innumerables redes sociales.

Los padres tiene que enseñar a los hijos, a preparar una “hoja de ruta” de ayuda a los refugiados, específica para sus compañeros de clase o amigos de la vecindad. Paso a paso, como irlos introduciendo entre sus propios amigos o compañeros de estudios, explicarles las costumbres, las cosas de su edad, invitarles a actos especiales como cumpleaños, eventos deportivos, salida de compras, etc. Es decir, demostrarles que desde el primer día, pueden sentirse parte del nuevo grupo que les ha tocado vivir. Hacérselo lo más fácil posible, no lo más difícil. Enseñarles también a abrazarles, aunque abrazar no sea suficiente, ya que el abrazo debe ir complementado con extenderle la mano en sus dificultades.

Los padres tienen que educar a los hijos de forma que eviten la xenofobia, el racismo, la aporofobia, la discriminación, la intransigencia y tantas otras maldades similares, que algunas personas, incluso grupos sociales o familias enteras, se vanaglorian de expresar.

Los padres tienen que enseñar a defender a los refugiados, de los tres delitos más comunes ejercidos contra ellos.

  • La xenofobia:

 

Es la fobia a los extranjeros. Produce miedo, hostilidad, rechazo, desprecio, amenazas, odio, agresiones y asesinatos al refugiado. En la mayoría de los países es un delito, aunque desgraciadamente, tolerado y fomentado desde algunas posiciones extremistas, de los medios de comunicación y de las redes sociales.

Los xenófobos sobrevaloran su grupo étnico, su cultura, su educación y sus tradiciones sobre todas las demás. Desprecian todo lo que sea diferente en estos conceptos y desarrollan unas defensas grupales de rechazo, contra lo desconocido y distinto. Los xenófobos no han cambiado, ha cambiado su capacidad de expansión, comunicación, demostraciones y movilizaciones. Para intentar justificarse, sacan a relucir insignias, banderas y sucesos de otras épocas, que tienen claros signos de racismo.

La xenofobia contra los refugiados, es la malsana discriminación, exclusión, restricción o preferencia, basada en motivos económicos, raza, color u origen nacional o étnico, que tenga por objeto anular o menoscabar el reconocimiento, convivencia, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales, en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública.

  • El racismo:

Es una de las formas más comunes de xenofobia, principalmente ejercida en función de la raza. Es la exacerbación del sentido racial de un grupo étnico, que suele motivar la discriminación o persecución política, económica o social de otros, con los que convive.

  • La aporofobia:

Es el miedo a la pobreza. El exacerbado sentimiento de miedo, odio, repugnancia, aversión, agresión, hostilidad y rechazo ante el pobre y la pobreza, como suele ser en el caso de los refugiados o desamparados. La aporofobia también es considerada como delito de odio, ya que hace ver a todos los refugiados, como un problema de seguridad, asociándolos siempre con actos criminales y otros estigmas.

Hay muchos intereses creados, en ocultar los beneficios que a plazo corto, medio y largo producen los refugiados, sobre todo en naciones, donde debido a su baja natalidad, no tienen la forma de garantizar el futuro de los puestos de trabajo, ni del cobro de las pensiones, si no llegan los refugiados para reponer las jubilaciones y defunciones.

La llegada, aceptación e integración de los refugiados, suele producir muchas protestas de algunos ciudadanos, alegando que crean o aumentan, una serie problemas económicos, sociales, políticos, religiosos, etc. Pero cuando se integra socialmente, se convierten en aliados del progreso, pues son una fuente de beneficios, muy superiores a los costos que pudieron suponer a la llegada.

Hoy en día es imprescindible educar a los hijos de forma que eviten la xenofobia, el racismo, la discriminación, la intransigencia, la intolerancia, la burla por su físico o imagen, el abuso de fuerza física y ciudadana y tantas otras maldades similares, que algunas personas se vanaglorian de expresar, a pesar de que son formas de acoso y maltrato a determinadas personas, que tendrían que tener los mismos derechos que los xenófobos.

Algunas personas discriminan negativamente, amparando sus acciones en leyes injustas, que están soportadas por la xenofobia, el racismo y la aporofobia. Existen redadas policiales para identificar a extranjeros indocumentados, utilizando controles de identificación basados en perfiles étnicos y raciales, lo que en la práctica se traducen, en detenciones indiscriminadas y restricción de derechos humanos.

Los 14 principales motivos que obligan al éxodo de los ciudadanos:

  1. Ablación obligatoria de las hijas.
  2. Amenazas de muerte, secuestros, extorsiones, asesinatos o chantajes, indiscriminados o selectivos, realizados por terroristas, bandas criminales o políticos.
  3. Devaluaciones económicas exageradas que producen miseria ciudadana.
  4. Epidemias de enfermedades graves, como el abola, la peste, etc.
  • Falta de agua.

 

  1. Graves inundaciones, terremotos, tsunamis, etc.
  2. Guerras civiles internas o externas.
  • Hambrunas persistentes.

 

  1. Inseguridad ciudadana, promovida por los carteles de las drogas, las bandas, maras o gangas.
  2. La tormenta perfecta de la guerra, el hambre, las epidemias, los crímenes, la persecución religiosa, étnica o política.
  3. Ocupación por ejércitos extranjeros, de una ciudad o territorio nacional, siendo obligados a refugiarse en otro sitio.
  4. Persecución política por ser opositores a los regímenes autoritarios.
  • Persecución religiosa.
  • Prolongada falta de trabajo.

 

Algunos países están en la espiral de la muerte, debido al creciente envejecimiento de la población, la despoblación y a la separación cada vez mayor, entre los altos niveles de riqueza y los grandes niveles de pobreza. Pero por otra parte no se les permite a los refugiados, ni que coman de las sobras que tiramos. Es la tempestad perfecta para que desaparezcan como naciones, empujados por la posibilidad de emigrar sus habitantes, para que después puedan enviar parte del dinero ganado y que los familiares que han dejado atrás, puedan subsistir.

Claman al Cielo las injusticias contra los indefensos refugiados, por esa falta de caridad, solidaridad y visión de futuro. Muchas naciones reparten a los refugiados que llegan, como si fueran reses que hay que clasificar. Se les ha olvidado, entre otras cosas, la obligación moral que tienen, de reparar las injusticias que han cometido en los países de origen de los refugiados. Aunque sean esas mismas naciones, las que hayan motivado sus irrefutables necesidades de huir de su patria.

Hay personas que enarbolan la bandera de la Patria, las fronteras, el nacionalismo a ultranza, el desempleo, la inseguridad y con eso cierran los ojos, ante las desgracias que traen esos refugiados. No sé cómo se va a arreglar el problema de los muchos millones de refugiados, que hay y que seguirá habiendo, pero es a cada uno de nosotros, a los que nos toca arreglarlo, no es solamente a los gobiernos. Si no podemos arreglarlo particularmente, por lo menos debemos divulgarlo, utilizando el poder de la palabra, escrita y hablada, que tiene una fuerza enorme, en beneficio de ayudar a paliar los horrores de los refugiados.

Las 10 principales dificultades que sufren los refugiados:

  1. Angustia por la incertidumbre de su presente y su futuro familiar, laboral y económico.
  2. Ausencia de noticias e inseguridad de la situación, de los que se han quedado en los lugares de origen.
  3. Desescolarización de los hijos, porque en los campos de refugiados no hay ni escuelas ni maestros, mucho menos estudios superiores.
  4. Desprecio de las personas, en el país de tránsito y destino.
  5. Explotación laboral o sexual, para intentar conseguir a cualquier precio, lo mínimo que necesitan, pues quedan en manos de sus guardianes, mafias o estafadores.
  6. Exposición a las enfermedades, sin casi ninguna posibilidad de recibir la asistencia médica imprescindible.
  7. Hambre y desnutrición familiar permanente. Los niños no se alimentan lo suficiente, ni en cantidad, ni en calidad, lo que origina graves daños físicos y mentales, irreparables en el futuro.
  8. Obligación a permanecer encerrados, largas temporadas o indefinidamente, en campos de concentración (refugiados), sin ninguna posibilidad de libertad de movimientos.
  9. Perdida de la esperanza en el futuro, al estar a merced de lo que decidan otros, la mayoría de las veces, ajenos a los sufrimientos de los refugiados.
  10. Saber que el dinero que lleven, no servirá en los países de tránsito ni de destino. Algunas veces son los ahorros de toda una vida, de la familia completa.

Tiene muy poco sentido humano, hacer esas grandes diferencias administrativas, que algunos organismos políticos o funcionarios públicos, que están a miles de kilómetros, hacen sobre los seres humanos, que huyen de sus países y los califican en grupos de refugiados, inmigrantes, exiliados, etc. lo que para estos puede suponer la vida o la muerte.

Esa ley injusta dice: Este entra en este país y éste otro no entra. Unos entran con alfombra roja y otros entran ilegalmente, incluso pagando a los contrabandistas de seres humanos y arriesgando la vida en el mar, cruzando ríos, montañas, etc.

Se nos olvidan los sacrificios que hacen algunas familias completas, al trasladarse de una nación a otra, después a otra y a otra. De campo de refugiados, en campo de refugiados, atrapados en el barro o sufriendo las calamidades climatológicas, los peligros de las bandas de traficantes humanos, el hambre, etc.

Además de dejar en su país todas su pertenencias, tienen que gastar todo su propio dinero, más el que tienen que pedir prestado, para sufragar los gastos del viaje. Con el riesgo de que cuando llegan a su deseado destino, incluso donde están familiares o amigos, que quieren recibirlos y atenderlos, se puedan ver rechazados por autoridades, que carecen del más mínimo sentido de la Misericordia y se acogen a unas leyes injustas, que ellos mismos han promulgado.

Para que los refugiados puedan sobrevivir en sus lugares de origen, deberían recibir una programada y sostenida ayuda económica o de servicios, por parte de las naciones pudientes, evitando así que los ciudadanos tengan que huir de sus países. Aunque la mayor parte de las veces, esa ayuda nunca llega a manos de los necesitados y se queda en poder de los gobiernos u organizaciones corruptas y los ciudadanos se suelen quedar, desgraciadamente, rehenes de una suerte muy discutible.

Para sentirse parte de la solución, hay que poner nuestra fotografía o la de nuestra familia, sustituyendo las que se ven en las fotografías cotidianas de los medios de comunicación. Esa niña descalza y con los ojos llenos de lágrimas, puede ser nuestra hija. Esa madre, nuestra esposa, y así sucesivamente. Si no nos ponemos en sus zapatos, nunca entenderemos por qué tenemos la grave obligación de ayudarles y de crear opinión, para que otros también les ayuden.

El mundo se enfrenta hoy, ante una de las mayores crisis de refugiados de la historia. Las guerras, el terrorismo, la pobreza, la miseria, la desigualdad y los factores climáticos y los desastres ecológicos, se han multiplicado. Esta crisis está anulando la dignidad humana, ante la indiferencia de quienes viven en la comodidad. Salir de esta indiferencia para encontrar al necesitado, es también una decisión propia, 1 de las 14 Obras de Misericordia.

12 cosas que hay que hacer para proteger a los más indefensos, los refugiados:

  1. Aceptar que los refugiados pueden ser una fuente de riqueza, sobre todo en los países donde tiene un crecimiento poblacional, por debajo del cero.
  2. Ayudar económicamente a las organizaciones que les socorren y hacen el trabajo que nosotros no queremos, o no sabemos, o no podemos hacer. Teniendo en cuenta que esas organizaciones, normalmente, hacen que se multiplique por diez, cualquiera de nuestras ayudas económicas.
  3. Crear opinión pública favorable a ellos, mediante los medios que cada uno tenga a su alcance: El voto directo e indirecto, las cartas a los periódicos, los artículos de presión, las campañas en las redes sociales, las llamadas a los representantes políticos, religiosos, sociales, etc.
  4. Hablar continuamente bien de ellos. De sus sufrimientos por haber tenido que dejar su país, sus familiares, sus amigos, sus casas, sus negocios, sus empleos, sus costumbres, sus iglesias, sus paisajes, sus sabores, sus olores, etc.
  5. Hacer voluntariado en los centros de acogida de refugiados. Cada uno tenemos unos conocimientos generales o especiales, que podemos poner a disposición de los organizadores.
  6. No juzgar a todos, por lo que hayan hecho unos pocos.
  7. No ponerles motes, ni adjetivos peyorativos.
  8. Nunca hablar mal de ellos, pues desconocemos sus historias, lo que han sufrido y lo que les ha obligado a abandonar su país.
  9. Regalarles algunas cosas que sepamos que van a necesitarlas, para paliar los primeros problemas, además de hacerles algunos obsequios, que transmita nuestra buena acogida: Comida, ropa, muebles, útiles escolares, etc.
  10. Salir a dar la bienvenida a los nuevos vecinos, que hayan llegado cerca de nuestra vivienda, para ponernos a su disposición y ayudarles a situarse en la sociedad civil y religiosa, en las gestiones que tengan que hacer, relacionadas con su regulación ciudadana, ofreciéndoles nuestra amistad y compañía.
  11. Saludar, aunque solo sea con una sonrisa y con mucha educación, a las personas que supongamos son refugiados. Ellos inmediatamente se dan cuenta, si se pueden sentir bien recibidos o si nuestra mirada es osca o despreciativa.
  12. Tratar a los nuevos compañeros de escuela refugiados, como nos hubiera gustado que nos trataran a nosotros, desde el primer día de la llegada.

Todos los refugiados son seres humanos, que necesitan ayuda de los que podemos darla, aunque sea un sacrificio compartir lo poco o mucho que se tenga, aunque haya leyes injustas que hagan muy difícil, ayudar a los necesitados. Como ciudadanos, tenemos que cumplir las leyes de inmigración, pero también tenemos la libertad de “ser mansos como las palomas y astutos como las serpientes”. Si buscamos, siempre encontraremos alguna forma sutil de no romper la ley, aunque sea injusta, para ayudar a nuestros hermanos.

Las Obras de Misericordia está por encima de la Justicia, pero eso no quiere decir que haya “barra libre” para hacer lo que se quiera. Las personas y organizaciones responsables, tienen que actuar, pues el silencio de los buenos, es la condición suficiente, para la victoria de los malos.

Eliminar las diferencias entre las personas y las razas, hace fuertes a las naciones y facilita la integración de sus habitantes, principalmente a los refugiados más necesitados. Al de poco tiempo de llegar cada refugiado, consigue producir lo suficiente, para pagar lo que consume. Además que por los impuestos que pagan y por sus demandas de consumo, hacen aumentar el fondo para las pensiones, consiguen bajar el desempleo y subir el índice de calidad de vida de todos.

Una mentira repetida muchas veces, intenta convertirse en verdad. Las mentiras se convierten en nuestras verdades, si uno se las cree y las repite. Con los refugiados suele pasar que, primero se les cataloga como enemigos imaginarios y luego, se les intenta destruir. Pero la vida es un círculo, todo vuelve y te golpea donde más duele.

El concepto de refugiado es ancestral y mundial, muy difícil de englobar en una sóla definición y más difícil aún, encontrar una posible solución. Por eso no debemos conformarnos solamente, con señalar las barbaridades que se comenten, tenemos que unirnos como grupos de presión.

francisco@micumbre.com

Las notas de tus hijos mejoran con el método Kumon

ESCUELA PARA PADRES

Las notas de tus hijos mejoran con el método Kumon.

501 Palabras. Tiempo de lectura 2:00 aproximadamente.

Todos los padres sabemos que la educación es una de nuestras mayores preocupaciones, por su impacto en el futuro de nuestros hijos. ¿Será suficiente con lo que aprenden en el colegio? ¿Estoy estimulando lo bastante sus aptitudes? ¿Qué más puedo hacer por ayudarlos a mejorar? Las notas y el rendimiento de los hijos lógicamente inquietan a todos los padres, pero existe una forma de olvidar las malas notas y los suspensos para siempre, a la vez que los niños se preparan para la vida en general. Hoy os quiero hablar de un método educativo, el método Kumon, que puede ser una respuesta para los padres que buscan marcar la diferencia en la educación de sus hijos.

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Kumon es un método de enseñanza conocido en todo el mundo que se caracteriza por ofrecer a los niños un sistema de aprendizaje integral. Cuenta con más de 50 años de experiencia en el sector educativo y, a diferencia del resto de los métodos, no se conforma solo con el dominio de los contenidos de las materias escolares, sino que dota a los alumnos de una serie de capacidades y herramientas que los hacen más autónomos, responsables y seguros durante toda su vida.

Te explico más sobre el método: consta de dos programas, uno de Matemáticas y otro de Lectura. Con ellos, los niños aprenden a resolver ejercicios de estas materias por sí mismos y perciben rápidamente resultados a nivel académico. Pero no solo verás que las notas de tus hijos mejoran, sino que comprobarás que comienzan a asimilar y a aprender contenidos por encima de lo que corresponde a su curso escolar, y sin que nadie se los explique. En Kumon, si se siguen las pautas del método marcadas por cada profesor en su centro educativo, los niños se interesan por los estudios y querrán aprender por su cuenta.

Con Kumon ya no volverás a ver bajas calificaciones ni suspensos, puesto que tus hijos aprenderán a aprender de manera autónoma y autodidacta. Kumon confía en una educación que va más allá de los libros: intenta enseñar a los niños el valor del esfuerzo y les demuestra que son capaces de aprender lo que deseen por sí mismos. Esto los ayudará a resolver todo tipo de problemas a lo largo de sus vidas, a través de la confianza en sí mismos, la responsabilidad, la perseverancia y la autoestima.

Todo ello es posible gracias a la individualización que ofrece el método, ya que se adapta al ritmo y las necesidades de cada alumno, para que aprendan poco a poco a aprender por sí mismos cualquier cosa que se propongan. Olvídate de que tus hijos se atasquen en los estudios y comienza a disfrutar viendo cómo sus notas mejoran exponencialmente a la vez que ellos crecen a nivel personal. ¿Por qué no te acercas a Kumon y lo compruebas tú mismo?

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Artículo patrocinado por Kumon. Para más información por favor visite www.kumon.es

 


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Aquí encontrará respuestas a sus preguntas. Lea este articulo titulado: ESCUELA PARA PADRES. Qué es, para qué sirve y cómo funciona de forma virtual.

Los objetivos de esta escuela virtual son: Educar a los padres para que con su ejemplo y conocimientos de las virtudes y valores humanos puedan educar a sus hijos. Enseñar como educar a los hijos. Que los padres aprendan a vivir un armonioso, fecundo y largo matrimonio. Tender un puente entre la educación familiar y la Fe.

No dudeis en comunicaros conmigo para cualquier comentario. Un saludo, Francisco francisco@micumbre.com

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