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Tengo un hijo muy difícil ¿Qué hago con él?


ESCUELA PARA PADRES 

Tengo un hijo muy difícil ¿Qué hago con él? 

  • 20 Características principales de los hijos difíciles
  • 17 Consejos sobre cómo tratar a los hijos difíciles 

3,537 Palabras Tiempo de lectura 13:00 minutos 

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 Los hijos difíciles, con excepción de los que están enfermos, son muy complicados para poderlos tratar. Algunos son siempre difíciles y otros son difíciles a tiempo parcial, debido a sus enfermedades, como la bipolaridad o cuando voluntariamente quieren  manifestarlo. Otras veces ejercen de difíciles solamente ante determinadas circunstancias, personas o situaciones que ellos dicen que les sacan de quicio, irritan o exasperan. Algunos para demostrar que son difíciles, circulan por la vida presumiendo de ser difíciles para que las otras personas se fijen en ellos. En su caso, cuanto más cercanas suelen mostrase más difíciles.

 Hace falta muy buena voluntad para que las personas difíciles maduren y se hagan adultos, acepten, quieran y si es necesario perdonen a sus familiares y amigos como si fueran sus hermanos. Es un grave error y muy común, el de tratar a las personas difíciles como si no lo fueran. Así ellos se van creciendo y se autojustifican de su mal comportamiento. Lo más recomendable, si se puede, es ignorar su actitud.

Los hijos no son difíciles por herencia genética. Pueden ser difíciles si tienen alguna enfermedad que les impide llevar una vida normal. La mayoría de los hijos difíciles, lo son debido a que tienen algunos problemas internos o externos sin resolver y lo demuestran, sin querer o queriendo. 

Ser o no ser difícil, genera que la gente se aleje o se acerque de ellos y les abra o cierre las puertas. Las puertas abiertas son la oportunidad de vivir una vida más plena, al poder desarrollar las posibilidades internas. Cuando los padres se encuentran con hijos difíciles, se producen un gran malestar que trasciende incluso al exterior de la familia. 

Algunos padres alegan que su hijo o sus hijos son difíciles e incorregibles, dejándoles por imposible, teniendo que aguantar sus impertinencias, agresividades, intolerancias, manías, irascibilidades, etc. Hay hijos difíciles que viven en una sempiterna guerra con sus padres. Están tan consentidos y mal educados que la convivencia se hace muy difícil para todos, máxime si los hijos y los padres alardean de que sus hijos son de difícil trato. No es fácil educar bien a los hijos, pero unos padres lo hacen y otros no. Es difícil realizar o crear una estatua, sea de madera, piedra o metal, pero si se tienen las herramientas convenientes y el conocimiento adecuado, es seguro que la estatua quedará bien hecha. 

Como prevención para evitar los futuros conflictos internos con la familia y externos con la sociedad, los padres tienen que detectar a tiempo los síntomas que preceden a que los hijos sean difíciles, La adolescencia empieza en el nacimiento, no a los 15 años, a esa edad ya son adultos emergentes.  Los que hoy son hijos difíciles, un día nacieron  y se criaron como normales, la mayoría de las veces son producto de una aciaga infancia, relacionada con una nefasta educación y convivencia familiar. Así como hay familias donde todos mejoran diariamente, hay otras donde todos, poco a poco, se van convirtiendo en difíciles y perdedores. 

Siempre ha habido y hay una brecha generacional entre padres e hijos. Pero educar bien es un arte que hay que aprender, incluso antes de que los hijos nazcan, sin esperar a que los hijos tengan su merecida, necesaria y obligatoria autonomía de decisiones. Siempre hay que tratar que los hijos no pierdan el respeto a sus padres y se conviertan en difíciles. Aunque los padres tengan una vida muy diferente a la de ellos, no deben de tratar sentirse violentos, iracundos o irascibles delante de los que sean más débiles, física o mentalmente. 

Los hijos no nacen difíciles, se van haciendo difíciles, en tanto y cuanto sus padres lo consienten y no les educan bien. Normalmente suelen ser difíciles por consentimiento de los padres o de uno de ellos, que utiliza al hijo como arma para enfrentarlo al otro consigue. El hijo suele empezar, poco a poco, a hacerse difícil, amparándose en el consentimiento de uno de los padres que encuentra una manera de manipular al hijo. Nunca un cónyuge debe decir que si y el otro cónyuge decir que no y tapar lo que hace el hijo difícil. 

Tener un hijo difícil no es un problema insoluble ni irreversible, puede ser un hijo problemático, debido a que se siente mal consigo mismo, desvalorizado, incomprendido y que incluso no ve el cariño, las acciones y los consejos que recibe de sus padres, pues todo lo ve negativo y nada ve de lo positivo hacia él. Esta situación suele ser fruto de que los padres no han sido capaces de educar correctamente a sus hijos, atajando desde el principio el problema. 

El hijo ve que siendo difícil de trato no tiene consecuencias malas para él, al contrario le dejan en paz para evitar su enfrentamiento. Así se va engriendo hasta que se convierte en insoportable, para los padres y para el resto de la familia. Cuantos familiares, abuelos, tíos, primos, etc. y amigos dejan de visitar a su familia porque no quieren sufrir las impertinencias consentidas de ese hijo. Incluso no vuelven a invitarles a reuniones familiares por no aguantarles. 

A medida que esos niños difíciles van haciéndose mayores, su grado de ser difíciles va creciendo y lo empiezan a poner en práctica en la escuela o colegio.  Si los maestros no quieren enfrentarse para corregirlo, porque ven que en su casa no lo hacen, al final el niño se convierte en un joven y en un adulto difícil porque nadie le ha querido, podido o sabido corregir. Esos son los personajes que algunas veces nos encontramos en la sociedad y no llegamos a comprender como es posible que hayan llegado a ese grado de ser tan difíciles, ya casi incorregibles. 

Los que hijos que son difíciles, normalmente también son difíciles en los estudios. Muchos maestros que no quieren enfrentarse a ellos, ni perder su tiempo y el de los demás con ellos, prefieren ningunearlos y olvidarse de que existen, Sobre todo si previamente se lo han advertido claramente a sus padres o a ellos mismos, según las edades y no han recibido una respuesta positiva. Incluso los maestros y entrenadores deportivos, reconociendo que son brillantes en algunas actividades escolares o deportivas, no los pueden poner a funcionar en equipos, puesto que son tan difíciles de tratar que hacen que los equipos fracasen. 

20 Características principales de los hijos difíciles: 

  1. Algunos son producto de la mala educación recibida de sus padres que les han llenado sus vidas de miedos injustificados, oscuros, enrevesados y sucios complejos de inferioridad, etc. Son productos de la transmisión de las inseguridades, fobias, manías, mal carácter y problemas sicológicos con los que sus padres se han criado y que cuando se han hecho mayores no han sabido eliminarlos. Hablan a sus hijos en un lenguaje impropio de sus edades físicas o mentales y eso les confunde y les vuelve raros y difíciles. Los hijos difíciles corrigen, suprimen, o curan su mala actitud cuando desaparecen los motivos que la originaron. Casi siempre los padres tienen una gran responsabilidad en la educación de los hijos difíciles.
  2. Con excepción de los que están enfermos, los otros tienen y ejercen una o varias de las siguientes características: Son huraños, maleducados, agresivos, intolerantes, quisquillosos, exagerados, maniáticos, envidiosos,  fanáticos, radicales, frenéticos, sabelotodos, irascibles, irritables, desabridos, avinagrados,  tienen complejos de inferioridad o superioridad, se ponen furiosos enseguida, son descontentadizos o poco tratables y prácticamente no se puede relacionarse o entenderse con ellos, sin hacer un gran esfuerzo. Con sus padres suelen tener el síndrome del “Pequeño Emperador”
  3. Suelen estar llenos de ira, envidia, celos, tristeza, pesar, avaricia, arrogancia, auto-compasión, culpa, resentimiento, soberbia, inferioridad, mentiras, falso orgullo, superioridad y ego.
  4. Contagian al resto de la familia y a todos con los que se relacionan. Nunca están conformes con nada. Son difíciles de tratar en la familia y en la sociedad, incluso cuando en la familia hay un buen deseo traducido en la mejor forma de ayudar o colaborar para que dejen de ser difíciles.
  5. Nunca tienen ni demuestran bondad, alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, bondad, benevolencia, amistad, empatía, generosidad, verdad, compasión y fe. La antítesis de las personas difíciles es que sean: Sencillas, francas, llanas, simples, fáciles, accesibles asequibles, claras, cómodas, llevaderas, comprensibles, factibles, dóciles, manejables, disciplinadas, etc.
  6. Llevan un comportamiento errático según estén en la casa, en la escuela o con los amigos. Pretender demostrar que dominan su situación de difícil y que pueden cambiar de actitud cuando ellos quieren, según sea su interlocutor. Así mandan los mensajes a las personas ostentando su poder de autoridad y despotismo sobre los demás.   
  7. No miden las consecuencias de lo que hacen ni de lo que no hacen, teniendo obligación de hacerlo. Lo mismo les da estar horas seguidas encerrados en si mismos y sin hablar ni jugar a nada, tener una conducta impulsiva y atropellada, o hacer muchas cosas sin pensar en lo que tienen que hacer ni decir, incluso aunque estén en sitios o con personas donde deben medir su comportamiento.
  8. No se adaptan al medio donde se tiene que desenvolver, ni en la familia, ni en la escuela, ni con los amigos. Por lo tanto el medio tampoco se adapta a ellos y rápidamente se cansan o hastían de estar en los sitios y con las personas. 
  9. No se dan cuenta o no se la quieren dar, de su mala conducta. En su fuero interno creen que los demás son los que les provocan y desencadenan su desagradable situación de hostilidad y agresión, aunque la mayoría de las veces sean ellos los provocadores.
  10. Por su carácter insaciablemente caprichoso y difícil, se sienten aislados de su entorno, familiar, escolar y social, debido a que casi nadie los acepta como son. Por sus rarezas nadie quiere estar ni compartir con ellos.
  11. Pretenden resaltar su forma de ser difíciles y sobresalir de los demás, teniendo una actitud e imagen personal muy especial, tanto en sus vestimentas, peinados, maquillajes, pinturas, colgantes, incrustaciones, tatuajes, etc. como en su comportamiento interior y exterior.
  12. Son de muy difícil satisfacción. Su conducta siempre es negativa y no tiene límites en ningún aspecto. Lloran muy fácilmente sin motivos aparentes. Siempre y con todo están insatisfechos. Enseguida pasan del juego a la violencia y al revés sin ninguna razón. Son de comportamiento descontrolado y voluble. Sin tener permiso ni amistad suficiente, se inmiscuye en temas privados que no le corresponden.
  13. Suelen ser transparentes precisamente por que son difíciles. Ya se sabe de antemano que si pueden, nos van a hacer la vida imposible. Lo único que queda es detectarlos a tiempo y tomar las medidas necesarias para sufrirlos, ignorarlos o intentar corregirlos.
  14. Están desorientados, si sus padres también lo están y estos no saben o no pueden encontrar la forma para relacionarse con un hijo difícil, lo que produce severos desencuentros y aislamientos cada vez mayores entre ambos.
  15. No son felices aunque tengan todos los bienes materiales a su alcance, no paran de exigir más. Incluso con grandes medios a su disposición suspenden los estudios, maltratan o faltan el respeto a los profesores, son expulsados de los colegios, abusan con agresividad física y verbal de todos los que pueden por ser más débiles, incluso de los padres, hermanos u otros familiares.
  16. No miden las consecuencias de lo que hacen, ni los riesgos que toman cuando quieren hacer algo, solamente quieren obtener satisfacciones y premios. Dan mucha más importancia al placer que a sus probables implicaciones negativas. Creen que viven en una sociedad donde solamente se premia al que tiene éxito, conseguido al precio que sea. Sus héroes suelen ser los marginados de la sociedad.
  17. No demuestran ningún interés por el esfuerzo para conseguir algo o por el trabajo bien hecho, sea obligatorio o voluntario en la familia, escuela o sociedad. Aplican la ley del mínimo esfuerzo y la exigencia de derechos, pero sin asumir obligaciones. Consideran que las virtudes y valores humanos que conforman la vida positivas, como el hablar, convencer, dialogar y respetar a los familiares, amigos y profesores no son más que ideas ya caducas.
  18. Los hijos difíciles suelen juntarse con otros hijos difíciles que también se oponen a cualquier tipo de normas que les imponga la familia, la escuela o la sociedad. Se juntan con otros que sean caprichosos, que no tengan respeto por nadie, que no tengan límites en sus actuaciones, que sean malos estudiantes, que tengan muchos derechos y pocas responsabilidades. etc.
  19. Los hijos difíciles están siempre a la defensiva, e insisten en que saben más que nadie. No están acostumbrados a que les lleven la contraria. Presumen de tener una manera muy directa de decir las cosas y hablan sentenciando y enfadándose, no pueden o no quieren evitarlo. No se puede dialogar, comentar y mucho menos discutir con ellos, pretenden continuamente dominar a los padres hasta aburrirlos o destruirlos. Amargan la existencia de todos los que tienen alrededor, haciéndoles sentir mal, culpables, tristes. Solamente dejan de hacerlo cuando sienten que no pueden dominar, entonces a lo mejor cambian un poco. Nunca hacen una lista de sus puntos positivos y de sus puntos negativos, ni de sus fortalezas y debilidades.
  20. Los hijos difíciles, casi siempre están indignados consigo mismo, no se dan cuenta que el estado de bienestar familiar que tienen, es muy costoso para sus padres. No les importa el esfuerzo, el trabajo y la calidad de vida de sus padres. Sólo quieren: Que me den y que me den, sin dar ellos nada a cambio. No soportan cualquier intento de reprimir la sobreprotección de la “mamitis” o “papitis” si los padres no les satisfacen todos sus caprichos. Esto les genera instantáneamente un berrinche conocido como “síndrome de abstinencia parental”. Entonces se vuelven más difíciles todavía, porque no quieren, no pueden o no les permiten cortar el “cordón umbilical” 

17 Consejos sobre cómo tratar a los hijos difíciles:  

  1. Apoyarles con mucho amor y entendimiento, teniendo una mente abierta y un corazón sano. Cuanto más difíciles sean, más énfasis tienen que poner en esos puntos para intentar reconducirlos a una situación normal de convivencia en la familia y en la sociedad. Que sepan que sus padres están a su lado en todo momento, por muy difíciles que sean sus caracteres.
  2. Convencerles que deben aceptar la política familiar de “cero tolerancia” a las drogas, alcohol, sexo fuera del matrimonio, horarios, respeto, educación, etc. También deben aceptar la revisión frecuente de sus pertenencias, mochila, bolsillos, habitación, teléfono, pantallas electrónicas, redes sociales, etc. y que si aparece algo anormal, se comente frente a la evidencia.
  3. Darles el espacio familiar que les vaya correspondiendo en relación con su edad física y mental, no tratarles por debajo de esa edad. Antes de hablarles escuchen bien y con mucha atención y cariño lo que ellos les quieren decir.  Hay que escucharles lo que quieren decir, más que lo que dicen, principalmente sobre ellos mismo y sobre la forma en la que los padres les tratan. Los hijos difíciles algunas veces quieren decir una cosa pero dicen otra, pues no son lo suficientemente maduros como para expresar lo que quieren decir. Los padres no tienen porque estar de acuerdo con lo que les digan sus hijos, algunas veces preguntan solamente por tantear opiniones sobre lo que están haciendo, van a hacer o están pidiendo consejos para ese montón de ideas que como jóvenes emergentes les bulle en la mente.
  4. Enseñarles y fomentar que sepan dar su opinión, pero siempre con respeto, tanto por parte de los padres a los hijos, como de los hijos a los padres y a los otros familiares.
  5. Escucharles con mucha atención. Los hijos difíciles, suelen ser el resultado de padres difíciles, que tampoco han escuchado, ni escuchan a quien deben hacerlo. Los hijos difíciles siempre creen que están preparados para enfrentarse sistemáticamente a los padres, maestros y a la sociedad.
  6. Evitar poner etiquetas negativas, peyorativas o despectivas a sus hijos difíciles, pues no arreglan nada y lo único que se consigue es que el hijo se rebele más y los encontronazos sean peores y más frecuentes.
  7. Hablarles de los privilegios que tienen por pertenecer a la familia, haciéndoles ver que algunos de estos privilegios no son derechos y que por lo tanto los privilegios se pueden perder por el mal comportamiento o por la irresponsabilidad de sus actos.
  8. Hacerles comprender que no pueden romper las reglas de la familia ni de la sociedad, por muy contrarios que sean a esas normas, pues tendrá consecuencias graves y en algunos casos irreversibles. Algunas reglas sobre horarios, comportamientos, educación, orden, disciplina, etc., según las edades físicas y mentales, pueden ser negociadas y en su caso modificadas.
  9. Inculcarles el sentimiento de pertenencia a la familia, por muy difíciles que sean, fomentándoles su identidad personal y grupal, para que se sientan valiosos, necesarios y responsables.
  10. Manteniéndose firmes en las decisiones. Que el sí de los padres sea sí y que su no sea no. Pero siempre dejando la puerta abierta para las posibles negociaciones razonables. Los hijos difíciles tienen que saber que en la familia hay unas jerarquías, que no somos todos iguales, pues tampoco las responsabilidades son las mismas. Siempre tenga una buena confianza en sus hijos para demostrarles que esperan que las cosas las hagan bien.
  11. Persuadirles que pertenecer a la familia conlleva derechos y obligaciones y una de ellas es aprovechar los estudios, lo cual es una de las muchas formas de medir el esfuerzo realizado. Si los padres no se mantienen firmes en hacer obedecer las normas de obligado cumplimiento y no negociables, los hijos difíciles pueden hacer un infierno de la casa, para ellos y para el resto de la familia. Además la sociedad no perdona nunca como podría hacerlo un padre.
  12. Ponerse en la situación de su hijo difícil y pensar como le gustaría ser tratado por sus propios padres. Aceptando la dificultad de igualar las situaciones pues las experiencias personales, debido a los años y cambios en la sociedad lo han podido hacer que sea difícil.
  13. Prevenir la actitud de los hijos difíciles y no dejar pasar sus primeros síntomas sin las correcciones oportunas, para que no vayan creciendo en cantidad ni en intensidad, evitando que los problemas se vuelvan crónicos. 
  14. Educar a los hijos con el propio ejemplo en la práctica de las virtudes y valores humanos, aun a sabiendas de que la sociedad va en la dirección opuesta y que existe una doble moralidad: La de exigir los valores, pero no practicarlos y la de castigar el consumismo con el insostenible endeudamiento, pero fomentar el consumo a ultranza. Ahí es donde también se hacen los hijos difíciles, en ese dualismo contrapuesto.
  15. Es muy práctico para los padres aprender a manejar las habilidades, técnicas y herramientas necearías para aumentar el conocimiento de cómo educar a los hijos difíciles, pues si mejoran el estilo de educarles, los hijos aprenden mucho antes lo que tienen que hacer y no hacer. No olvidándose que las posibles llamadas de atención y correcciones deben ser inmediatamente hechas y siempre dentro del hogar.
  16. Educarles desde muy pequeños con costumbres para que posteriormente se conviertan en hábitos y estos en virtudes y valores humanos. Enseñarles que la vida comprende derechos, obligaciones, responsabilidades, consecuencias buenas y malas, sufrimientos, alegrías, premios y castigos, triunfos y fracasos, etc.
  17. Nunca deberán tratar a los hijos difíciles gritando, amenazando, con violencia física o de manera desesperada, pues esto suele ser derivado de que los padres se sienten a priori derrotados, ineficaces y manipulados. Los padres tienen que aprender, aunque nada más sea las mínimas reglas de comunicación positiva, si es que quieren sacar resultados provechosos para ambas partes. Tienen que aprender lo que deben hacer, lo que no den hacer y cómo lo deben aplicar a cada uno de sus hijos. 

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