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Archivo para 16 julio 2010

Tengo un hijo que vive en mi casa y gana dinero, pero no quiere aportarlo a la familia

ESCUELA PARA PADRES 

Tengo un hijo que vive en mi casa y gana dinero, pero no quiere aportarlo a la familia.  

  • 10 Razones de los hijos para no aportar a la familia el dinero que han ganado con su trabajo
  • 11 Preguntas a un hijo que gana dinero y no lo quiere aporta a la familia
  • 32 Principales virtudes y valores humanos, relacionados con el dinero ganado por los hijos
  • 10 conceptos sobre el dinero, que los padres deben enseñar a sus hijos 

1,904 Palabras. Tiempo de lectura 6:15 minutos 

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En la familia tienen que haber un único fondo común con el dinero, con independencia de que lo ganen los padres o los hijos que vivan en ella. Es un grave error y causa de muchos males, que el marido entregue a la esposa una cantidad para los gastos de la casa y él, se quede con la diferencia de lo que gana. O que la esposa gane y tenga una cuenta aparte, para sus gastos especiales. Otro grave error, es el que un hijo gane dinero y que no lo entregue en la casa, o que solamente entregue algo por los gastos que ocasiona. 

10 Razones de los hijos, para no aportar a la familia el dinero que han ganado con su trabajo, con una herencia, con los donativos recibidos, con la lotería, quinielas, premios, etc. 

  1. Los padres tienen la obligación de mantenerme, pues no pedí nacer, ellos lo hicieron por su propia voluntad.
  2. No es mi problema, el que los padres pasen apuros económicos para llegar a final de mes o que se maten a trabajar para conseguir mantener a la familia, esas son sus obligaciones.
  3. No voy a sacrificarme trabajando, para luego entregarlo en la casa y que todos se beneficien.
  4. Si consigo tener dinero propio, no tengo que andar pidiéndolo a los padres, y así lo podré gastar en lo que me apetezca, como discos, conciertos, juegos electrónicos, ropa, discotecas, cigarros, etc.
  5. “Lo mío es mío, y lo de los demás a repartir conmigo”. “A cuanto tocamos sin poner nada”. “Que me den, que me den, pero yo no doy nada”.
  6. Quiero empezar a ahorrar para el día de mañana, ser independiente económicamente de mis padres.
  7. Voy a ahorrar para estudiar en la universidad, ya que mis padres no la van a pagar y no quiero empeñarme con créditos universitarios.
  8. Prefiero ir a trabajar y ganar dinero, que pasar el día en la escuela y estudiando.
  9. No me fío de mis padres, porque seguramente lo que yo entregue, lo dilapidarán en sus caprichos particulares, para darse gustos que ahora no hacen, como: Jugar al bingo, comprarse ropas caras, hacer viajes, etc.
  10. Prefiero dárselo directamente a mis hermanos o a las organizaciones caritativas, que a mi me gustan, pues mis padres no lo van a hacer. 

La familia es una institución de unidad de destino moral y material. Todos los que pertenecen a ella, están unidos por lazos muy fuertes de sangre, apellidos, ancestros, compromisos religiosos o civiles, cariño, etc. Allí debe presidir el concepto de “Todos para uno, y uno para todos”, por lo que no debe haber excepciones en los temas del dinero, del mutuo esfuerzo, ni del cariño solidario. 

Los hijos no deben eludir la responsabilidad, de entregar el dinero obtenido al fondo común familiar. Es posible que a la larga tengan, que pedir la solidaridad familiar cuando tengan problemas individuales. La familia es la primera red de solidaridad social y el mejor y más seguro colchón hipotético, donde guardar el dinero que sirva para prevenir y pasar las dificultades y crisis económicas. Muchas familias se crecen en la adversidad y cierran filas, al hacerse responsablemente solidarios, con los problemas financieros de sus componentes. 

La vida da muchas vueltas, por lo que nunca se puede saber, si los problemas individuales llegan desde los hijos, desde los padres o desde los abuelos. Por eso, si todos han sido generosos y solidarios con su propio dinero, tendrán muchas más posibilidades de encontrar soluciones a sus futuros problemas. Si la familia les respalda en los malos momentos, las adversidades económicas serán menos costosas de sobrellevar, aunque sean repetitivas. 

Cuando un hijo menor de 18 años, empieza a ganar dinero, si no ha estado bien educado en el concepto de lo que es la unidad familiar, suele preguntar cuánto tienen que aportar para los gastos de la casa. Es decir, cuánto cuesta estar de hotel, con pensión completa en esa familia. Si le conviene, sigue en la familia y si no le conviene, se va a otro sitio, si la edad se lo permite. Cuando cumple los 18 años, se suelen plantear inmediatamente el marcharse de la casa, o son los mismos padres los que le instan a que lo haga. 

11 Preguntas a un hijo que gana dinero y no lo quiere aporta a la familia. Entendiendo que sus ingresos son por su trabajo, herencia, premios o donativos, vive en una familia sin aparentes necesidades económicas urgentes, es menor de edad y está estudiando. 

  1. ¿Crees que debes entregar tus ingresos al fondo familiar y que la familia, periódicamente, le de la misma cantidad de dinero que a tus hermanos, para los gastos particulares?
  2. ¿Crees que debes quedarte con todo o gran parte de lo percibido y gastarlo o ahorrarlo en lo que quieras?
  3. ¿Con qué parte de los ingresos consideras que debes quedarte?
  4. ¿En caso de que aportes tu dinero a la familia, deben darte mayor cantidad que a tus hermanos y tener privilegios especiales?
  5. ¿Si te quedas con todo o con parte de tus ingresos, debes liberar a tus padres de la obligación de mantenerte en la vivienda familiar, pagarte los estudios presentes o futuros e independizarte económicamente?
  6. ¿Crees que tienes la obligación de entregar el dinero en la casa, para que tu madre o tu padre, dejen de hacer trabajos pesados en la casa o fuera y mejorar su calidad de vida?
  7. ¿Crees que los padres deben sacrificar económicamente su vida presente y retiro laboral, por seguirte manteniendo, aunque ganes dinero y no lo aportes a la familia?
  8. ¿Crees que la decisión de no aportar el dinero a la familia, influirá positiva o negativamente en la educación de los otros hermanos?
  9. ¿Crees que debes negociar con tus padres el destino, supervisión y orientación del dinero que no aportes a la familia, para que se convierta en el importante y adecuado instrumento para tu educación económica?
  10. ¿Crees que, porque tengas más dinero, puedes llevar un nivel de gasto superior a las posibilidades del poder adquisitivo de la familia?
  11. ¿Crees que necesitas tener mucho dinero, para alcanzar tu integración social, incluso a riesgo de caer en la tentación, de volverte materialista o codicioso? 

Cuando los hijos empiezan a ganar dinero y siguen viviendo en la casa familiar, el que quieran o no entregarlo en el fondo común, suele ser una prueba de fuego, que permite a los padres conocer el grado de educación y práctica dada a los hijos en las virtudes y valores humanos, principalmente en el concepto de unidad familiar. Un viejo refrán dice: “Si quieres conocer a fulanillo dale un mandillo”. Es posible que los padres, creyeran que la familia estaba completamente unida y que habían educado bien a los hijos, pero la familia estaba unida en todo, menos en el dinero, que dominaba a cada persona y les separaba de los objetivos comunes. 

32 Principales virtudes y valores humanos relacionados con el dinero ganado por los hijos: Adversidad. Agradecimiento. Ahorro. Austeridad. Autodisciplina. Caridad. Coherencia. Colaboración. Conciencia. Dar. Desprendimiento. Ética. Familia. Fe. Fidelidad. Fraternidad. Generosidad. Gratitud. Humildad. Justicia. Lealtad. Moderación. Obediencia. Orden. Paciencia. Prójimo. Rectitud. Respeto. Responsabilidad. Sobriedad. Solidaridad. Tolerancia. Trabajo. Etc. 

10 conceptos sobre el dinero, que los padres deben enseñar a sus hijos. 

  1. Enseñar a que practiquen con su dinero, las virtudes y valores humanos, indicados anteriormente.
  2. Enseñar a que reconozcan la importancia de la educación financiera y suprimir, lo que algunos consideran al dinero, como un tabú del que nos hay que hablar.
  3. Enseñar que el dinero no es malo en sí, pero un mal entendido amor al dinero, puede ser la raíz de muchos males.
  4. Enseñar que tienen que ser generosos con el dinero, ayudando al prójimo necesitado. Entendiendo bien, que prójimo quiere decir “el más próximo”, que en este caso es la familia.
  5. Enseñar a que los hijos no se dejen seducir por la tentación que ofrece el poder del dinero, sino que lo vean como una herramienta, para llevar una calidad de vida razonable, pero sobre todo, para hacer el bien.
  6. Enseñar que pueden y deben utilizar su conocimiento y emplear sus habilidades y medios, para tener éxito en la vida y para ponerlo al servicio de los demás.
  7. Enseñar que con el dinero, también se cometen errores irreversibles, para los que hay que estar preparados y tener previstas soluciones a los infortunios.
  8. Enseñar con el ejemplo a saber ganarlo, administrarlo, invertirlo, ahorrarlo, mantenerlo, gastarlo, compartirlo y a no derrocharlo o perderlo.
  9. Enseñar a aprender juntos en la vida real, de los errores y de los logros económicos y financieros familiares y de la sociedad.
  10. Ensenar todo el proceso de aprendizaje para establecer, un presupuesto de ingresos, gastos y ahorros para que así, puedan tener una mejor estabilidad financiera. 

Hay matrimonios que hacen capitulaciones pre-matrimoniales y no juntan los bienes muebles o inmuebles, cuentas de bancos, seguros de vida, etc. que cada uno tiene antes del matrimonio. Se unen en matrimonio pero no en sus bienes materiales. Unen sus cuerpos y sus vidas, pero queda intocable el tema de sus bienes materiales o dinero que tenían anteriormente. Cada uno quiere mantener lo suyo, sobre todo si tienen alguna duda, sobre la duración de su matrimonio. 

Algunos padres prefieren que sus hijos les dejen en paz y que se queden con el dinero que han ganado, así se evitan discusiones y enfrentamientos. Que los hijos con su dinero hagan lo que quieran, que se compren lo que quieran y que vayan donde quieran, allá ellos, con su pan se lo coman. 

Qué mayor alegría y sentido de unidad familiar, que cuando un hijo entrega sus ingresos íntegros a los padres y les dice “Para colaborar en los gastos comunes de la casa y para que no paséis tantos esfuerzos, en sacar adelante a la familia y así tengamos todos mejor calidad de vida” 

Si los hijos creen en el poder de la familia unida y en su futuro, deberán entregar al fondo común el dinero que ganen, sabiendo que cuando de verdad lo necesiten, tendrá a todos los miembros familiares, en la mejor disposición para ayudarles. 

Si tiene algún comentario, por favor escriba a francisco@micumbre.com 

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Cómo hablar del sexo a los hijos adolescentes

ESCUELA PARA PADRES 

Cómo hablar del sexo a los hijos adolescentes. 

  • 30 Virtudes y valores humanos como base para la educación sexual de los hijos.  

2,389 Palabras. Tiempo de lectura 8:40 minutos 

15 artículos relacionados:

No existe la educación sexual de los hijos, sin relacionarla con las virtudes y valores humanos. Los padres tienen obligación de saber, cómo encarar la educación sexual de los hijos, en función de lo que son ellos y de lo que quieren ser en su vida, teniendo en cuenta como prioridad su religiosidad, madurez de personalidad y no los aspectos técnicos y científicos. Esta educación, solamente puede ser presentada de manera integral y coherente, con la formación moral y religiosa, por lo que nadie tiene el derecho a sustituir a los padres para enseñársela. 

El sexo es una parte muy importante de la vida. Está ahí y no puede ignorarse, pero tampoco debe pensarse que es el epicentro del mundo, por mucho que la misma vida, soportada por lo medios de comunicación, intenten mezclarlo con todas las actividades y ponerlo como eje de nuestra existencia. Es muy importante reconocer la importancia y dimensión moral y religiosa que tiene y explicarlas bien a los hijos. 

Ni el Estado, ni las escuelas, ni nadie, puede obligar a los padres a que sus hijos reciban en las escuelas, unas enseñanzas que vayan en contra de sus convenciones morales y religiosas, pues la educación sexual de los hijos, es un derecho básico, innegociable,  irrenunciable e intransferible de los padres y debe ser impartida por ellos mimos, bajo su guía o por quien ellos, con plena libertad y conociendo, deleguen el alcance de esa obligación. 

Únicamente son los padres los que tienen que decidir la enseñanza y la conducta sexual de los hijos y oponerse. Tienen que defender su libertad y su derecho, a cualquier injerencia ideológica de los Estados que quieran realizar a través de los profesores o sexólogos, en la enseñanza de esta materia, pues es un grave error dejarla en manos de estos. La raíz de la solución al problema de la educación sexual y para evitar las conductas de riesgo, es educar a los hijos en una sexualidad responsable, dentro de los criterios de la moral y la religión. 

La mayoría de las veces que tratan los Estados sobre educación sexual, suelen producirse resultados irreversibles. Cuando surja un problema motivado por esa mala educación, ellos no van a estar con el hijo. Los únicos que van a estar con los hijos son sus padres. Las consecuencias de una explicación distorsionada, que deje aparte la educación moral y religiosa en el tema sexual, pueden conducir a graves situaciones, donde los únicos perjudicados son los hijos y los padres, no los maestros ni los sexólogos. Así que padres, ya lo saben: Mucho ánimo, nunca es tarde, nunca es inútil y nunca es en vano. 

La sexología no estudia la parte moral y religiosa de la sexualidad humana. Se centra únicamente, bajo el punto de vista científico, en su funcionamiento genital, fisiológico, social y psicológico. Por lo tanto la parte más importante para las personas y especialmente en la formación de los hijos, es la parte moral y religiosa, la materia que no estudian los sexólogos. Por esta premisa, de muy mala forma podrán darles consejos morales y religiosos a los hijos. 

Los padres tienen que estar muy bien informados, sobre todos los aspectos relacionados con la sexualidad de sus hijos. Para ello disponen de muchísimos libros, conferencias, páginas de Internet, etc. Pero sobre todo, deben informarse bien de los sacerdotes, pastores, rabinos, imanes y personas bien formadas, que sean expertos en enseñar este tema. Todos los padres han sido cocineros antes que frailes y saben cuales fueron sus puntos fuertes y sus puntos débiles, sus éxitos y sus fracasos, en el tema sexual. Para la época actual, tienen que añadirle un coeficiente multiplicador del mil por uno, puesto que los hijos están sometidos a una constante presión sexual, por sus amigos y por la sociedad en general, que se refleja en los medios de comunicación, Internet y las pantallas electrónicas. 

El amor dentro de la sexualidad es la plenitud. La relación sexual es la manifestación física del amor, por lo que no se puede reducir a un simple tema de genitales y de reproducción, ya que la genitalidad es algo muy personal e intimo de cada persona y está complementada con los sentimientos, los afectos y la educación y práctica de las virtudes y valores humanos. La realidad científica de la sexualidad, es labor de otros profesionales, pero la educación sexual en sus aspectos morales y religiosos, es obligación insustituible e irrenunciable de los padres. 

30 Virtudes y valores humanos, como base para la educación sexual de los hijos. Para tener buenos resultados con los hijos, en la enseñanza de la sexualidad, es imprescindible que los padres, previamente, les hayan puesto los cimientos de una buena formación moral y religiosa. No se puede empezar la casa por el tejado, ni enseñar sexualidad a los hijos, si no tienen el soporte, entre otras muchas cosas, en el ejemplo dado por las padres y en tener un gran conocimiento y una buena práctica, de las siguientes virtudes y valores humanos: 

Abstinencia, amor, autodisciplina, castidad, decoro, decencia, educación, familia, fe, fortaleza, generosidad, honestidad, modestia, obediencia, oración, orden, paciencia, perdón, prudencia, pudor, pureza, recato, religiosidad, respeto, responsabilidad, sencillez, templanza, tolerancia, virginidad masculina y femenina, voluntad, etc. 

La forma y profundidad de enseñar las virtudes y valores humanos, relacionados con la sexualidad, dependerá de la edad fisiológica y mental, de cada uno de los hijos o hijas. Aunque en la escuela todos tienen la misma edad aproximadamente, los condicionantes educacionales, físicos y mentales, pueden ser totalmente diferentes. No puede ser “café para todos”. Es un tema tan importante, donde cualquier error en la educación moral de la sexualidad de los hijos, puede tener resultados catastróficos e irreversibles. 

No se puede dejar la educación sexual de los hijos, en manos de los maestros de la escuela ni de los sexólogos, pues aunque tuvieran muy buenas intenciones, jamás podrían sustituir a los padres, ni a los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes. Cómo se va a poder hablar de sexo a los niños en una escuela, si en el aula hay niños y niñas en diferentes edades y circunstancias personales y mentales, totalmente heterogéneas, y donde el conocimiento de la interioridad de los niños, por parte de los maestros, es nulo o prácticamente nulo, en comparación con el conocimiento que tienen sus padres. 

Algunas veces los padres no saben, no se sienten seguros, o creen que no están muy bien preparados, para cumplir su misión educativa, que es hablar con sus hijos, para guiarles hacia la plenitud de su desarrollo físico, mental y religioso. Si no se atreven a hablarles sobre la moralidad y religiosidad de la sexualidad, deberán formarse profundamente en este tema, para buscar el conocimiento y las herramientas necesaria, que les permita hacerlo. Así educaran unos hijos, para que sean felices y no se metan en problemas sexuales. Si no se forman adecuadamente, sus hijos muy posiblemente, recibirán la información inadecuada a través de sus amigos o en lugares, donde no siempre tienen buenas intenciones. Si los padres creen profundamente en la verdad de lo que dicen, los ataques que reciban por mantener con firmeza su derecho a educar, no pueden tener otro efecto que el de reforzar su verdad. Y estas conversaciones, tan íntimas e importantes, donde se habla, uno a uno, con los hijos, les unen mucho más con los padres y quedan siempre en el recuerdo. 

Hay muchas cosas a tratar con los hijos relacionadas con el sexo, pero cada una a su debido tiempo. Desde muy pequeños, los padres tienen que enseñar a sus hijos las características del cuerpo humanos, así como las grandes diferencias fisiológicas entre los sexos. A tener un cuidado exquisito con su propio cuerpo, haciendo hincapié en la práctica de las virtudes y valores humanos, así como los peligros que representa para ellos y los demás, las acciones y las miradas que conlleven desvergüenza, descaro, inmodestia, indecencia, consentimiento, indiscreciones, etc. 

No se les puede enseñar las mismas cosas a los hijos pequeños, que a los adolescentes. Estos tienen que tener las bases bien aprendidas desde pequeños, para que puedan entender y llevar a efecto las enseñanzas que sus padres les vayan dando. Los padres deben enseñarles que el sexo humano, no se puede reducir únicamente a conceptos de placer. Que delante del sexo hay todo un por qué de su existencia y utilización, ya que es la máxima expresión del amor, reflejado entre dos personas diferentes. La sociedad actual lo presenta como una visión muy superficial, de una parte de la vida. 

La mayoría de los hijos suelen pedir que sean sus padres quienes les eduquen sexualmente. Las preguntas difíciles y las dudas, prefieren hacérselas a los padres, antes que a los maestros e incluso mucho menos hacerlas públicamente, delante de sus compañeros en la escuela. Muy pocos prefieren ser educados por personas ajenas a sus padres. Cada hijo es distinto y por lo tanto con necesidades y capacidades diferentes, que le llevan a que esa necesidad de conocer su sexualidad, que tienen en potencia, la quiera vivir en plenitud de forma íntima. Si en algún momento, los hijos no quieren o no se atreven a hablar con sus padres de este tema, es que no ha habido una educación sexual desde la niñez y por lo tanto, faltan de incorporar a su vida la práctica de las virtudes y valores humanos, relacionados con la educación sexual. 

Algunos adolescentes se creen que saben todo sobre la sexualidad, porque se lo ha explicado un compañero de la escuela, los maestros, los sexólogos, se han leído un libro sobre la materia o han navegado en las páginas de Internet, pero al final, no saben nada. Muchas veces tienen demasiada información recibida de gente con poca formación. Pero también tienen la ignorancia de que saben ya todo, lo que conlleva muchos más problemas, porque tienen que enfrentarse a situaciones que antes no tenían y no están preparados. Hay otros jóvenes que no quieren saber todo, porque reconocen que aun no es su tiempo. El sabio cree que no sabe mucho y el ignorante que sabe todo. 

Normalmente están desinformados de la cruda realidad y se encuentran solos frente a los peligros, que lleva una mala o peligrosa educación sexual. Hoy los medios de comunicación, los maestros y los sexólogos dicen a los jóvenes que estén tranquilos y que no les va a pasar nada: Que hagan lo que quieran, con quien quieran o puedan, cuando y como quieran. Solamente les dejan una premisa, que se pongan el preservativo. Es como decir al hijo coge la motocicleta, vete a la velocidad que quieras, por la calle prohibida que quieras y como quieras, pero, es si, ponte el casco. Seguro que se matarán o que se quedarán parapléjicos. 

Los hijos a determinadas edades, deben conocer los riesgos de las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Hay que decirles la verdad y contarles los riesgos que conllevan para toda la vida, como empiezan en bromas y terminan muy en serio.  En el aspecto sexual, el final de la promiscuidad, es morirse enfermos de sida, de venéreas, de papiloma, etc. Las enfermedad de transmisión sexual, en 40 años, han pasado de 5 enfermedades, que padecía el ser humano, a 33 enfermedades distintas y esto se debe al cambio de actitud y conducta en la sexualidad, al no haber habido una educación sexual, dentro de la moral y de la religión. Las enfermedades de transmisión venérea las curan los médicos, no maestros ni los sexólogos. Estas enfermedades se contagian por el simple contacto, aunque se usen preservativos. 

Los padres tienen que hacer hincapié en cuidar la sensibilidad y la privacidad de sus hijos, pues entre los maestros y los sexólogos, suele abundar la información, pero escasear la formación, lo que produce daños irreparables entre los hijos. No se puede reducir la enseñanza de la sexualidad, exclusivamente a la prevención de riesgos por saber usar bien el preservativo. 

La sexualidad humana es preciosa, la llave de la felicidad, el amor de dar y recibir, que se debe vivir en plenitud con la persona que se ama, aunque haya que esperar. Un padre que quiere a sus hijos, les dirá que es preferible que esperen a su madurez, porque nadie se ha muerto por mantener la abstinencia. 

Las relaciones sexuales promiscuas, producen en los jóvenes mucho pesar, pues creen que van a ser muy felices, por el hecho de entregarse mutuamente y de sentirse queridos, pero inmediatamente comprueban que no es cierto. Que lo que suele ocurrir, pasado un tiempo es, “que si te he visto, no me acuerdo”, máxime, si como es normal, se presentan los embarazos inesperados y tienen que enfrentarse a maternidades muy jóvenes, a los abortos y los síndromes post aborto. 

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