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Cómo manejar los secretos con hijos pequeños y con adultos

ESCUELA PARA PADRES

Cómo manejar los secretos con hijos pequeños y con adultos.

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4 Objetivos de este artículo:

1.      Educar a los hijos para que, por el bien de ellos, no tengan secretos con sus padres, que son los que tienen que guiarles en la vida.

2.      Educar a jóvenes y adultos, para que no revelen sus secretos personales, a no ser para pedir consejos a los profesionales o personas formadas y de mucha confianza.

3.      Educar a jóvenes y adultos, sobre la obligatoriedad de mantener y no divulgar los secretos graves que les han confiando, visto, oído o leído, pues pueden producir daños irreparables a sus propietarios, tanto en su vida familiar, como social.

4.      Educar a revelar o no revelar los secretos, según las circunstancias de cada caso.

El secreto es el conocimiento, noticia, propiedad o procedimiento, que cuidadosamente se conserva de manera reservada y oculta y se mantiene en sigilo y sin divulgar, no debiendo revelarse, para no incurrir en delito o para no molestar o herir a otras personas, aunque suponga una gran curiosidad y admiración.

Los padres tienen que educar a sus hijos y en su caso persuadirles, de que no tengan secretos con ellos. Tener secretos los separa de la confianza que tienen que tener, para poder recibir una buena educación. Si los hijos saben o tienen cosas, que no se atreven o no quieren comentar con sus padres, de muy difícil manera los padres podrán educarles y ayudar a solucionarles, algunos de los problemas, que muchas veces empiezan porque han querido mantener un secreto. Después cuando ya es tarde y no les queda mas remedio de decirlo a los padres, es posible que la solución sea más difícil.

Algunas personas adultas con buena o mala intención, dicen cosas a los niños y les aconsejan que no se las comenten a sus padres. Eso es un grave error, pues es todo lo contrario a lo que tienen que aconsejarles. A los niños hay que fomentar, que digan a sus padres todo lo que les pasa o sienten, para que así los padres puedan aconsejarles y educarles bien. Decirles que tengan secretos con sus padres, es irles inculcando el rompimiento con esas relaciones fraternales, cariñosas y emocionales. Primero puede ser una cosa aparentemente inocente e intrascendente, después pueden ser secretos, que a los padres les interesa mucho conocer de sus hijos.  Esas personas deberían conocer que, para tener la conciencia en paz y no tener necesidad de despreciarse, tienen que reflejarse en el espejo y mirar a sus propios hijos, familiares o amigos, a los que les hayan aconsejado mal.

Esos adultos pretenden con esa manipulación, tratar de atraerse a los niños, para crear una dependencia soportada con algún secreto. Eso es malsano y si en alguna ocasión se enteran los padres, de que ha sucedido esa petición de secreto, tienen la obligación de llamar la atención seriamente a ese adulto. Si el adulto persiste, deben separar a su hijo de esa persona, por mucha relación familiar o de amistad que tenga, pues no le conviene mantener relaciones con nadie, que pudiera separar a los hijos de los padres.

Los padres tienen que educar a sus hijos, a que les cuenten sus secretos, si es que los tienen. Además tienen que enseñarles a rechazar e inmediatamente contarlo a los padres, cuando otras personas, adultos o jóvenes, familiares, amigos, compañeros, etc. se empeñan en decirles, que deben mantener secretos, alegando que es su derecho a tenerlos, dentro de su espacio íntimo y su libertad personal. Normalmente estos comentarios, están faltos de conocimiento y muchas veces son de consecuencias perniciosas.

Los padres tienen que persuadir o en su caso investigar, si sus hijos tienen secretos que les puedan perjudicar o hacer difícil la vida, a corto o largo plazo. Normalmente esos secretos suelen ser inducidos por personas mayores sin escrúpulos, incluso familiares con buena intención, o por amigos que buscan enganchar a los niños en actividades, no permitidas por los padres. Si no, no tendrían ningún interés en manipularles, para que no lo digan a sus padres. Hay excepciones como cuando están organizando una fiesta “secreta” para agasajar a alguno de los padres, hermanos o amigos. Esta es la parte blanca de la situación, de fomentar el que los niños no cuenten las cosas a sus padres.

A medida que los hijos van creciendo, les suele entrar la tentación de no querer contar determinadas cosas a sus padres. Normalmente estas cosas no suelen ser de las muy buenas y por eso no las quieren contar. Incluso no cuentan cuando son manipulados por otros jóvenes o por personas mayores, que se quieren aprovechar de ellos. Por eso siempre hay alguien que les insiste, en que no lo cuenten a sus padres, pues esas cosas tienen que quedar entre ellos.

Es muy difícil guardar los secretos, sean familiares, de amigos o profesionales. Guardar secretos, es una virtud que se tiene que adquirir y fomentar desde niños, para no traicionar o defraudar a los que los han depositado en nosotros, o les hemos comentado nuestras cosas secretas.

Todo el mundo tiene derecho a que se le mantenga su fama y a que por ningún motivo se le destruya, contando sus secretos o intimidades. La fama se puede tardar muchos años en conseguirla, y pocos segundos en perderla, dependiendo de si alguien intenta destruir la fama de otros y airea cosas o hechos, que deberían permanecer en secreto, mucho más si son mentira o si no se tienen evidencias claras de su veracidad.

Cuando verdaderamente se presenta un problema grave de conciencia, es cuando se conoce algún secreto, que su divulgación pudiera cambiar las cosas gravemente. Por ejemplo si uno conoce, porque se lo han dicho o porque lo ha visto y porque tiene evidencias, de que alguien esta haciendo una cosa en perjuicio de otra persona, familia o sociedad. Silenciar ese secreto puede suponer que los daños continúen y otras personas, se vean gravemente perjudicadas. Entonces es deber de conciencia, divulgar ese secreto, pero intentando hacer el menos daño posible, empleando la virtud de la caridad, la confidencialidad y a poder ser hacerlo en privado.

No tiene la misma magnitud ni consecuencias, propalar los secretos graves, que hacerlo con lo que se llaman chismes, cotilleos, comidillas, cuentos, habladurías, etc. y que hoy en día, es el alimento de muchas personas incultas o de determinados grupos sociales, que están todo el día pendientes de la televisión, radio y revistas, especializadas en sacar los trapos sucios, de lo que han dicho, hecho o dejado de decir o hacer, los artistas, deportistas, políticos y demás personajes públicos. Las buenas noticias no trasciende, solamente trascienden los secretos bien aireados, comadreos, patrañas, alcahueterías, habladurías, delaciones, falsedades, enredos, etc.

La discreción es una virtud, que en determinados grupos sociales, no tiene cabida. Las patrañas, embustes, calumnias, etc. dichas como secretos, siempre tienen malas intenciones: La mentira, la intención de perjudicar y la forma de decirlo en secreto, para que trascienda más.

El matrimonio no es el lugar idóneo para mantener secretos, aunque los cónyuges tengan el pleno derecho, a no auto incriminarse o inculparse, contando algunos secretos personales pasados, que pudieran perjudicar las relaciones matrimoniales y familiares, cuando esto suponga un grave perjuicio para las relaciones conyugales. Pero en los matrimonios que haya secretos, sobre los ingresos y gastos de cada uno de los cónyuges, tiene la tendencia a que se fomenten otros secretos relacionados, como son las amistades individuales peligrosas, una vida paralela y secreta, etc.

Todos los colaboradores de un negocio, tienen la grave obligación de mantener cualquiera de los secretos, que como tales les hayan confiado, hayan oído o visto. Revelar esos secretos, dependiendo el daño que pudieran hacer, es tan grave como robar.

Los niños son muy dados a contar sus secretos a los abuelos, si estos se han ganado la confianza de sus nietos. Contar esos secretos puede servirles para desahogar sus penas y pedir consejos, sobre situaciones difíciles que no saben como solucionarlas. Pueden ser los únicos depositarios de sus confidencias, pues a lo mejor sus padres son muy estrictos o no tienen mucho tiempo para escucharles. Es otro de los servicios que hacen los abuelos, en beneficio de los nietos.

Guardar un secreto propio y respetar los de los otros, es una virtud relacionada con la sensibilidad y la autodisciplina o autodominio. Los que carecen de la práctica de esas virtudes y valores humanos, demuestran que no están preparados, ni moral, ni mentalmente para guardarlos, incluso les suele importar muy poco las malas consecuencias, que pudieran ocasionar si los revelan. Revelar un secreto, que pudiera tener consecuencias graves, siempre conlleva secuelas también graves, para el que lo ha hecho, pues como dice la historia: “Roma no paga traidores”. Solamente es cuestión de pensarlo profundamente, pues es una simpleza tan propia de los genios, como de los idiotas.

No se deben confiar los secretos personales a nadie, que previamente no haya demostrado una conducta intachable en este tema. Hay que tener una buena estrategia de clara percepción y buen juicio, a la hora de escoger un confidente. Previamente a elegirlo, discretamente se le puede someter a un hábil interrogatorio, para que demuestre fehacientemente si tiene la lengua larga o corta, pues tiene que ser tan meticulosa, en mantener los secretos como Vd. lo haría con el suyo.

Nunca confíe los secretos suyos, a quien previamente le ha contado los de otras personas, pues por pura lógica de reciprocidad, los que difunden secretos, dañan su honor y su reputación y quedan descalificados automáticamente, para la guarda del sigilo que se les pide. No se quieren dar cuenta, que contar secretos de otras personas puede humillar y hacer daño a seres queridos y deleitar a los enemigos propios o ajenos.

Un secreto puede significar poder, si no traspasa los límites de su dueño, pero es un puñal, si pasa a manos de otros. El que revela un secreto personal o profesional, está mancillando o dañando el honor de su propietario y se está perjudicando a si mismo, pues también se está desprestigiando y descalificando ante terceros, para el resto de su vida. Quedarán marcados para siempre, como alcahuetes, correveidiles, soplones o chivatos. Es mucho más inteligente, no contarle a otros los asuntos privados, especialmente los que sean pecaminosos u ofensivos. Máxime si las otras personas, no pueden aportar nada en relación con el secreto personal o profesional. Desgraciadamente, algunas veces se cuentan los secretos personales o de otros, para satisfacer la vanidad o el ego.

Los secretos nunca se deben regalar a nadie, pues forman parte del patrimonio de cada persona. Si se hacen públicos, aunque sea vistiéndolos de secretos, automáticamente dejan de ser secretos y normalmente “Se vuelven las cañas lanzas”. Cuando se tenga necesidad de comentar un secreto, por ejemplo, para pedir un consejo sobre una situación importante o grave, hay que buscar la persona adecuada, que pueda aportar alguna solución o consejo, que suponga una guía para el futuro o un descanso de la mente o del espíritu. Los padres son los mejores consejeros, para confiarles los secretos que les atribulen sus vidas, y para los adultos son los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que practiquen. El verdadero premio de guardar un secreto, es la satisfacción del deber cumplido.

Si es un secreto personal y quieres que nadie lo sepa, no se lo digas a ninguno, pues hay muchas posibilidades de que ese secreto, trascienda a otros. Es muy difícil guardar un secreto, incluso cuando es propio, pues se requiere una gran fuerza de voluntad, determinación y autodisciplina. Por eso se debe sopesar, qué es lo que se gana, y qué es lo que se pierde, si se cae en la tentación de tener ese minuto de gloria humana y se revela. En estos casos, sugiero aplicar el contenido el contenido del artículo titulado 10 Ocasiones para inculcar, fomentar y practicar el “minuto heroico”. Sus valores y virtudes No vale la pena, que por una debilidad momentánea, meterse en un problema, que puede uno salir perjudicado. Esto aplica también en la decisión de no divulgar los secretos ajenos.

Si los involucrados en mantener un secreto grave, no lo hacen, casi siempre se implican en alguna clase de riesgo, que suele estar proporcionalmente relacionado, con la gravedad del secreto, principalmente si está conectado con la fama, el honor, el dinero, el trabajo, el negocio, el castigo o el premio de otras personas. Si el secreto es decir algo peyorativo de otra persona, solamente podrá revelarlo, si es por una situación muy grave y que pueda prevenir un daño importante a un tercero, inocente o a la misma persona, que tiene el secreto, a la familia, a los amigos o la sociedad. Por ejemplo ante un posible matrimonio, la concesión de un préstamo, amistades toxicas, enfermedades contagiosas, posibles crímenes, etc.

Revelar los graves secretos confiados, peca de lleno contra el Octavo Mandamiento de la Ley de Dios que dice “No robar”, ya que con la revelación o divulgación de un secreto o de una promesa, se ofende, hiere o roba su fama o propiedades, al dueño de ese secreto. La gravedad del pecado, estará en proporción al daño u ofensa causados, y no se perdonarán si la ofensa no es restituida y reparada, de la mejor manera y rapidez posible, aunque el responsable, tenga que humillarse o salir perjudicado.

Mantener los secretos ha causado muchos problemas, incluso hasta las torturas y la muerte. Ejemplo de ello es como han defendido o salvaguardado, a lo largo de la historia los Sacerdotes Católicos, el secreto oído en el Sacramente de la Confesión. Han preferido ser torturados o hasta incluso morir, antes que desvelar algo, de lo que han oído en la Confesión.

Las personas admiran y confían, en los que saben guardar secretos, pues se dan cuenta de la lucha que han tenido que hacer, contra las motivaciones para revelarlo. Revelar los secretos resulta un acto vergonzoso, propio o ajeno, incluyendo la falta de la promesa hecha de guardarlo, y el haber traicionado a la conciencia personal.

Mantener un secreto tiene los conceptos de importancia, espacio, tiempo y situaciones y circunstancias. No es lo mismo el secreto del formato de un almuerzo u homenaje familiar, al secreto dicho a personas que desconocen totalmente, el motivo de un secreto importante, que ni conocen a las personas implicadas, ni en los sitios donde no haya ninguna relación geográfica, con el lugar donde haya sido visto, oído o hablado. En la custodia de secretos graves, tiene que tenerse muy en cuenta, a quien perjudica y a quien beneficia revelarlo.

Si alguien quiere contar a otro un secreto, este tiene el derecho a preguntar: Durante cuanto tiempo debe guardarlo, dónde, cuándo, a quién sí y a quién no, puede o no puede revelarlo, bajo qué condiciones, etc.

Para mantener un secreto, lo mejor es no decir a nadie que se tiene. Así se evita que haya curiosidad por parte de terceros, que podrían llegar a sonsacarlo con una operación de “acoso y derribo”, hasta conseguir arrancarlo, por las buenas o por las malas. Empleando técnicas de persuasión, a través de preguntas cruzadas, o con el procedimiento de preguntas, que requieran respuestas de si o no.

Mantener un secreto, es un ejercicio del intelecto que funciona plenamente, como lo atestiguan los sacerdotes católicos, con el secreto de lo escuchado en el Sacramento de la Confesión, los abogados, médicos, periodistas, contables, etc. con el secreto y la ética profesional. Para que el secreto no trascienda, lo único que funciona es no decir nada a nadie, ni que se posee un secreto, ni nada. Si es posible intentar olvidarse mentalmente, de que se conoce ese secreto.

El que tiene un secreto propio y lo cuenta voluntariamente a otra persona, está dando a entender, que si como dueño del secreto, no ha sabido mantenerlo, tampoco el que lo ha escuchado, tiene la obligación de guardarlo.

Guardar un secreto, la mayoría de las veces, es un sacrificio tan grande, que es preferible no haberlo conocido, para no pasar esos malos ratos de luchar contra uno mismo, para no revelarlo. Pero lo que vale la pena, siempre cuesta.

Si alguna persona u organización, presiona mucho para que revele un secreto, sobre un tema grave y personal, porque creen que Vd. lo conoce, Vd. tiene pleno derecho a calmadamente, ponerse a la defensiva y negarse a contarlo, acogiéndose a las leyes que le permiten no incriminarse, inculparse o acusarse, incluso tiene el derecho a mentir, como ultimo recurso, aunque las mentiras suelen funcionar como los “bumerangs”, que vuelven donde el que los lanzó.

No es recomendable empezar una conversación, en la que directa o indirectamente, pudiera estar involucrado el tema del secreto. Si no se puede evitar y para no aparentar ser esquivo, huidizo o desabrido y evitar sospechas, pase por encima del tema como si fuera de puntillas y en cuanto pueda, discretamente cambie de tema.

Una medida muy acertada, relacionada con la obligación de mantener los secretos, es intentar no conocer ningún secreto, cuando sea solamente por curiosidad, fisgoneo o entremetimiento, pues “El que evita la ocasión, quita la tentación”. Cuando alguien se acerque a querer contarle un secreto, debe decirle que si se lo cuenta a Vd. ya no es un secreto, y que si él no ha sabido guardar ese secreto, como pretende que Vd. lo guarde. También puede decirle que a Vd. le es muy difícil guardar secreto, y que por lo tanto es mejor que no se lo cuente.

La discreción es una virtud y valor humano, muy especial y difícil de guardar. Ser íntegro, discreto, honorable y de confianza con el prójimo y con uno mismo, son cualidades muy valiosas. La imagen proyectada sobre familiares, amigos y sociedad, de persona discreta y digna de confianza, se puede estropear en cuanto se sepa, que ha divulgado algún secreto importante que le habían confiado.

Hay que estar muy bien entrenado, con la utilización de algún mecanismo mental, para saber que se está a punto de revelar un secreto, debido a la presión externa o a las ganas de aparecer como importante. En este caso, tiene que tomar alguna de las decisiones acordadas, por ejemplo, cambiar bruscamente la conversación, o tocar un anillo, pulsera u objeto, que le recuerde para no caer en esa tentación, incluso aunque otras personas, se puedan dar cuenta de su gesto de precaución. Cualquier cosa antes de revelarlo.

Se tiene la obligación de revelar un secreto, aunque sea grave, cuando alguien dice algo, incluso bajo condición secreta, que va a hacerse un daño grave a si mismo, como es la mutilación, el suicidio, o va a hacer un daño grave a otras personas. Siempre, antes de divulgarlo, hay que ponerse en la situación de los que saldrán perjudicados, analizando profundamente las posibles consecuencias, positivas o negativas de la indiscreción, y cómo se sentiría cada uno, si estuviese en su lugar. Todos tienen derecho a guardar sus secretos, con una única e irrenunciable excepción, aquellos de los que dependa su vida, su futuro, su felicidad, ésos tienen derechos y obligación de contarlos, para evitar las consecuencias irreversibles.

Algunos, inconscientemente o como autodefensa de sus propios defectos, cuentan secretos, chismes o habladurías de otras personas, sin percatarse del ridículo que están haciendo, pues “Ven una paja en el ojo ajeno, y no ven la viga, que tienen en el suyo”.

20 Sentencias sobre los secretos:

  1. Aunque para otros sea un secreto a voces, no debemos revelarlo.
  2. Cuando el alcohol entra, el secreto sale.
  3. El inteligente es secreto en sus planes y en sus acciones. 
  4. El que revela el secreto ajeno es un traidor, el que revela el secreto propio es un imbécil.
  5. El secreto de la libertad, radica en educar a las personas, mientras que el secreto de la tiranía, está en mantenerlos ignorantes.
  6. El secreto de los padres cuando educan, es hacerlo de tal manera, que los hijos no se den cuenta de que están siendo educados, hasta que ya es demasiado tarde.
  7. El secreto de una buena vejez no es otra cosa, que un pacto honrado con la soledad.
  8. El secreto es tu esclavo, pero te conviertes en su esclavo si lo divulgas.
  9. El secreto para vivir en paz con todos, consiste en el arte de comprender a cada uno, según su individualidad.
  10. El verdadero secreto de la felicidad, consiste en exigirse mucho y muy poco de los otros.
  11. Es un necio el que le cuenta a otro un secreto y le pide encarecidamente que lo calle.
  12. La humildad es el secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento.
  13. La mejor manera de guardar un secreto, es no contarlo a nadie, o ignorarlo.
  14. Las tres cosas más difíciles de esta vida son: guardar un secreto, perdonar un agravio y aprovechar el tiempo.
  15. Reprende al amigo en secreto y alábalo en público.
  16. Si lo saben más de dos, ya no es secreto.
  17. Si quieres que tu secreto sea guardado, guárdalo tú mismo.
  18. Si revelas tus secretos al viento, no lo culpes por revelarlos a los árboles.
  19. Tres pueden guardar un secreto, si dos de ellos se mueren.
  20. Una de las razones más poderosas para divulgar un secreto, es la vanidad de decir que nos lo han confiado.

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La envidia explicada a los hijos. (II)

ESCUELA PARA PADRES

La envidia explicada a los hijos. (II)

  • 11 Principales situaciones donde se practica la envidia
  • 40 Sentencias sobre el pecado capital de la envidia

2,449 Palabras Tiempo de lectura 9:00 minutos

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La envidia es un sentimiento o estado mental, en el cual existe dolor o desdicha, por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes o cualidades superiores. Es la tristeza o pesar del bien ajeno. Es el deseo desordenado, de tener algo que no se posee. Los celos, producto de la envidia, están vinculados con el tener. 

La envidia está muy relacionada con el egoísmo de poseer y acumular, mucho más que otros. Se envidia por algo, y se termina envidiando por todo. Se envidia a otro y después se encierra en querer poseer, más que nadie o poseer lo que otro tiene, hasta llegar a robárselo, para satisfacer la envidia. 

“Envidia sana o positiva” es la emulación, superación o lucha, por copiar o imitar las virtudes y valores humanos o las ejemplares actitudes y acciones de otros. Eso no es el pecado de la envidia malsana, pues es una virtud, al tratar positivamente de imitar a los demás, trabajando, esforzándose y superándose, para mejorar como persona y lograr lo que se anhela. En la medida en que se acepta, que no se tiene envidia de otro o de otras cosas, o que la envidia es sana o positiva, se puede tolerar mejor al prójimo, tal cual es. No es lo mismo ser envidioso, que algo envidiable

La envidia también es una expresión de hostilidad hacia alguien, a quien se percibe como superior y un deseo que apunta, no sólo a la posesión de esa ventaja, sino a la destrucción de ese superior. Conlleva un sentimiento de enfado, porque otra persona posee y disfruta algo deseable, incluyendo un impulso, que apunta a despojarla de ese algo o echarlo a perder. Suele provenir de la incapacidad de regular las emociones, de tener que esperar para satisfacer las necesidades o caprichos y de los problemas de autoestima. 

La envidia es la base del resentimiento, porque no busca que a uno le vaya mejor, sino que al otro le vaya peor. Es la disposición, insensibilidad, pesar o desagrado por no tener algo y además querer conseguir ese algo, lo tenga quien lo tenga. Intentando si es necesario, arrancarlo por todos los medios, incluso con graves mentiras. Es un sentimiento u obsesión, que nunca produce nada positivo en el que la padece, sino que produce una insalvable infelicidad y amargura, además que alimenta el deseo de producir el mal a otros. 

La Envidia es uno de los siete pecados capitales: Envidia, soberbia, avaricia, ira, lujuria, gula y pereza. Se llaman pecados capitales, porque generan o dan origen a muchos otros pecados. También queda expresada en los 10 Mandamientos de la Ley de Dios, que dice en el séptimo: No desearás la mujer de  tu prójimo, y en el décimo “No codiciarás los bienes ajenos”. 

Algunas personas, por envidia, avaricia o egoísmo crean su propio «YO, S.A.» o » «YO, INC». Para hacer su propia voluntad y fastidiar al envidiado. La envidia no se oye, aunque corroa internamente. Tampoco nos oímos a nosotros mismos, porque no nos prestamos atención. Oímos mucho, pero no escuchamos.

Desde muy pequeños, la envidia empieza a manifestarse en los niños. La expresan, aunque sea de forma inocente, en la forma de quitar los juguetes a sus hermanos, menores o mayores y con las rabietas consiguientes. Esa envidia, que no nace de un día para otro, va creciendo poco a poco, en un proceso, que si los padres no ponen remedio, se irá agrandando hasta límites insospechados, a medida que los niños se van haciendo mayores. Después no vale decir: “Tengo un hijo que es muy envidioso y no sé que hacer con él”. Más tarde se convertirán en adultos con sentimientos de envidia y celos constantes, debido al rencor a los éxitos o posesiones ajenas. 

En los niños, la envidia se da en la mayoría de los casos, en relación con los objetos que quieren y no tienen. Esas actuaciones infantiles de rabietas, celos, rencores, etc. no corregidas, son las que les producirán en el futuro, envidias, sentimientos de inferioridad, baja autoestima, resentimientos, etc.

La envidia suele comenzar en los primeros años de vida del niño, cuando éste depende de sus padres para recibir las cosas, las necesite o no. Cuando tiene una limitada capacidad de expresar sus necesidades y emociones, a través del lenguaje verbal, hace que el niño aprenda a utilizar el lloro, berrinche o rabieta, para conseguir lo que desea. También cuando aprende a competir e imitar a sus hermanos menores o mayores. Estas situaciones están muy relacionadas, con la forma de tratar o no tratar la enseñanza al niño, sobre la forma de manejar la satisfacción de sus más mínimas necesidades y deseos. 

Si el niño obtiene siempre lo que desea, porque los padres ceden ante sus rabietas, nunca aprenderá a controlar, ni a regular sus emociones, ni a esperar para satisfacer sus mínimas necesidades, ni a respetar las necesidades y pertenencias de los otros. Desgraciadamente le están enseñando a satisfacer sus emociones y necesidades, aquí y ahora. Los padres tienen que enseñarle a respetar las pertenencias de los otros y a entender, que no siempre podrá tener lo que desea. Los niños pasan por una etapa, en la que se comportan de forma egoísta y desean todas las cosas para sí, incluyendo las que tienen los demás. 

Los padres son los responsables de enseñar a los niños a compartir todo lo que tienen y a no querer lo de los demás, pues así disminuirá su tendencia de envidia, celos y frustración para el presente y el futuro. Por mucho que les cueste a los padres, si no ceden ante los berrinches y rabietas de los niños, conseguirán que estas bajen de frecuencia y potencia, de cantidad. Sobre todo si las ignoran o consiguen desviarles la atención, hacia otras cosas. Para los padres, no satisfacer el objeto o situación de la envidia, suele ser difícil y vergonzoso, si las rabietas ocurren en presencia de otros familiares, pero no se deben olvidar, que será mucho más beneficioso para sus hijos. Las conductas desafiantes de algunos niños, producidas por la envidia y los celos, incluso generadas cuando son muy pequeños, están estrechamente asociadas al fracaso escolar, a la violencia con sus amigos, al retraso escolar, etc. 

Hay padres que han perdido el control de los hijos, aunque sean pequeños y pasan por situaciones complicadas, para convivir y educar a los niños difíciles y problemáticos, que por haber consolidado ya la envidia, son impulsivos, agresivos, impacientes, transgresores, manipuladores y no responden a los premios, ni a los castigos. En todo actúan negativamente. Para esos padres, es mejor darse cuenta, que aunque tarde, siempre están a tiempo educarse ellos mismos, para poder educar a sus hijos y negociar con ellos su comportamiento, antes de que se consolide más, y después a medida que vayan haciéndose mayores, las consecuencias de no saber controlar el pecado de la envidia, les traiga consecuencias funestas. Hay muchos y muy eficaces programas religiosos y sociales, que mejoran el conocimiento de los padres,  aumentan la interacción con los hijos y mejoran su educación, lo que les permite reducir los problemas de conducta de los niños.

No es más rico quien más tiene, sino el que menos desea. Los padres tienen que poner énfasis en enseñar a sus hijos, en función de sus edades físicas y mentales, sobre el valor de lo que tienen y no sobre las cosas que no tienen, pero que desean. Explicándoles lo que han costado a ellos o a sus padres lo que tienen, y las ventajas sobre otros muchos, que no tienen nada o no tienen tanto como ellos.

La adolescencia suele ser el comienzo de una nueva etapa de la envidia, se pasa de la envidia caprichosa y de las rabietas, a tenerla por la mal entendida competitividad sobre los logros o éxitos de otros. Envidia que muchas veces esta relacionada, con el dinero que gastan otros, sus formas de vestir, las pantallas electrónicas y los automóviles que poseen, etc. 

11 Principales situaciones donde se practica la envidia:

1.      La envidia en el trabajo. Principalmente en tiempos de crisis, donde los empleados se pelean por conseguir un ascenso o un aumento de sueldo. A ése se lo han dado y a mi no, que tengo más méritos.

2.      La envidia entre familias o componentes familiares que han triunfado o tienen otras formas de hacer las cosas, han tenido más suerte o han sabido hacerlo mejor.

3.      La envidia entre los adultos, relacionada con los signos externos: Moda, gastos, estudios, situación económica, situación social.

4.      La envidia entre las mujeres, sobre las más agraciadas, que ven a otras como competidoras a la hora de las relaciones amorosas con los hombres.

5.      La envidia entre los que se creen amigos, pero les separan culturas y formas de vidas diferentes u opuestas.

6.      La envidia incrustada por costumbres ancestrales, contra determinadas familias u otros grupos sociales, traducida en intolerancia y odio racial, que puede terminar como en las vendettas de la mafia.

7.      La envidia y el consumismo fomentada por los medios de comunicación, con las publicidades agresivas y engañosas. ¡Si no tienes tal cosa, no eres nadie! ¡Fíjate lo felices que son los que consumen tal producto!

8.      La envidia de los que no están dispuestos a sacrificarse, sobre los que se han sacrificado para sostener el amor, el matrimonio o una amistad, lo que es mucho más difícil y costoso que encontrarlo.

9.      La envidia que anula las defensas mentales y la fuerza de voluntad necesaria, para modificar las situaciones reales, que hacen daño a las personas, al  bloquearles los sentimientos y situaciones ante los demás.

10.   La envidia psicológica, cuando va acompañada de un complejo de inferioridad, inseguridad e insatisfacción con uno mismo, frente a los demás, motivada por la diferencia de las características o rasgos físicos propios, (belleza, altura, cuerpo, color, peso, etc.), celos infundados, inteligencia, relaciones amorosas o sociales.

11.   La envidia contra los que han triunfado en algún orden de la vida que produce tanto resentimiento, que a algunos no les importa sacarse un ojo, si el otro se queda ciego. 

40 Sentencias sobre el pecado capital de la envidia:

  1. ¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes!
  2. ¿Qué es un envidioso? Un ingrato que detesta la luz que le alumbra y le calienta.
  3. Así como la polilla arruina la ropa, de la misma manera la envidia consume al hombre.
  4. Castiga a los que te envidian, haciéndoles el bien.
  5. Cuando se abandona la envidia, empieza la dicha.
  6. Cuanto mejor es el bueno, tanto más molesto es para el malo.
  7. Dejemos a los envidiosos, la tarea de proferir injurias y a los necios, la de contestarlas.
  8. Después de aquellos que ocupan los primeros puestos, no conozco a nadie tan desgraciado, como quien los envidia.
  9. El amor mira a través de un telescopio, mientras que la envidia lo hace a través de un microscopio.
  10. El camino para medrar, está siempre sembrado de amistades rotas por la envidia.
  11. El envidioso siempre piensa que lo están envidiando.
  12. El silencio del envidioso está lleno de ruidos.
  13. El veneno de la envidia, se puede engendrar incluso, en nuestros mejores amigos.
  14. En cuanto nace la virtud, aparece contra ella la envidia.
  15. Es mejor ser envidiado, que compadecido.
  16. Es tan fea la envidia, que siempre anda por el mundo disfrazada, y nunca más odiosa, que cuando pretende disfrazarse de justicia.
  17. Evitad todo aquello que pueda atraer a la envidia.
  18. La envidia dura siempre más, que la dicha de aquellos que envidiamos.
  19. La envidia en los hombres, muestra cuán desdichados se sienten, por su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás.
  20. La envidia es causada por ver a otro gozar de lo que deseamos; los celos, por ver a otro poseer lo que quisiéramos poseer nosotros.
  21. La envidia es el gusano roedor del mérito y de la gloria.
  22. La envidia es la fiera que arruina la confianza, disipa la concordia, destruye la justicia y engorda toda especie de males.
  23. La envidia es la madre de los celos, en los niños y en las personas mayores.
  24. La envidia es la polilla del talento.
  25. La envidia es lo más horrible que se puede sentir y, además, hace desgraciado.
  26. La envidia es más irreconocible que el odio.
  27. La envidia es una declaración de inferioridad.
  28. La envidia que calla, es peor que la que grita.
  29. La envidia va tan flaca y amarilla, porque muerde y no come.
  30. La envidia, cuando se apodera de un hombre, abre en su alma el camino a todos los sentimientos despreciables y torpes.
  31. La envidia, el más mezquino de los vicios, se arrastra por el suelo como una serpiente.
  32. Nadie ha inventado un tormento mayor que la envidia.
  33. No envidiemos a los que están situados por encima de nosotros; las cosas que parecían más excelsas, se derrumbaron.
  34. No envidies la riqueza del prójimo.
  35. No es lo mismo envidioso, que envidiable.
  36. No es un problema de envidia, enseñar a obsequiar con la ausencia, a quien no aprecia tu presencia.
  37. Si hubiera un solo hombre inmortal, sería asesinado por los envidiosos.
  38. Si todo el mundo llevara escritas en la frente sus angustias, muchos que nos causan envidia, nos darían lástima.
  39. Tan grande como la turba de los admiradores, es la turba de los envidiosos.
  40. Una demostración de envidia, es un insulto a uno mismo. 

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Las decisiones y sus lógicas consecuencias

ESCUELA PARA PADRES

Las decisiones y sus lógicas consecuencias

3,170 Palabras Tiempo de lectura 12:00 minutos

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Las decisiones se desvanecen, las consecuencias se quedan.

Los padres deben enseñar a sus hijos a tomar decisiones soportadas en las siguientes características: Conocimiento de causa, previendo las futuras consecuencias o secuelas, seriedad, formalidad, discreción, tacto, cautela, precaución, ecuanimidad, tranquilidad, ponderación, serenidad, etc. Evitando el abuso, la osadía, la indiscreción, la insensatez, el descaro, la temeridad, etc.

La palabra decisión deriva del latín de-cidere, que quiere decir «separar cortando». Seleccionar una parte, implica siempre dejar el resto, ya que debido a nuestra capacidad limitada, cada decisión supone una renuncia a otras alternativas. Los cinco puntos que definen una decisión: 1) libertad de elección, 2) múltiples posibilidades, 3) deliberación, 4) renuncia, y 5) acto de elegir. Cada ingrediente es necesario y, cuando falta alguno, no hay elección. Las decisiones bien tomadas, teniendo en cuenta sus consecuencias, son las manifestaciones concretas, que reflejan la práctica de las virtudes y valores humanos que tenemos, que son compañeros inseparables.

A toda acción corresponde una reacción, y a toda decisión una consecuencia. Por ejemplo: Cuando alguien enojado toma la decisión de ofender gravemente a otra persona, sus palabras pueden dejarle una cicatriz indeleble. Esa cicatriz permanecerá en su mente, durante mucho tiempo, por muchas veces que posteriormente le hayas dicho, que lamentas lo sucedido. Una herida verbal, puede afecta tanto como una física. Si se sacude en el campo una almohada llena de plumas, es imposible recogerlas todas.

Somos esclavos de nuestras decisiones equivocadas y dueños de las acertadas. Si se han pensado bien las decisiones que se van a tomar, tendremos muchas posibilidades de no ser esclavos de ellas.

Los padres deben enseñar a sus hijos, a que cuando tomen una decisión, sepan que tienen que asumir las consecuencias que ella produzca. A medida que se van haciendo mayores, en menos oportunidades, sus padres podrán ayudarles a solucionar las malas consecuencias, producidas por sus decisiones. Cuando se independizan totalmente, si no han sido bien educados a asumirlas, tendrán que sufrir ellos solos las consecuencias, de lo que han hecho por impulso o sin haberla examinado. Simplemente, es el riego que van asumiendo con la edad y los derechos, obligaciones y responsabilidades, que les vayan correspondiendo.

Las consecuencias de las acciones, suelen estar lógicamente relacionadas con la decisión tomada. Algunas decisiones desencadenan consecuencias que en principio, parecían imprevisibles, pero hay muy pocas cosas imprevisibles, según la educación que los padres hayan dado a sus hijos. Los años de experiencia, la lectura de libros y las consultas a profesionales, dan a los padres, un gran conocimiento para saber las consecuencias que van a ocurrir, en relación con lo que hagan o quieran hacer sus hijos. Una buena educación, consiste en enseñar a que los hijos sepan tomar sus propias decisiones y asumir las consecuencias, lo que supone una fuerte e incondicional ayuda, para que reconozcan y estudien la situación responsable y globalmente, dentro de su ámbito de conocimientos.

En cada caso, la experiencia de los padres suele ir muy por delante, con el tipo de acciones que los hijos hacen. No suele haber un gran salto generacional, si padres e hijos desde el principio, han ido circulando aproximadamente por las mismas avenidas, a las mismas velocidades y con el mismo tipo de equipo personal, familiar, educacional y moral. Las sorpresas, casi siempre desagradables, empiezan cuando los padres han ignorado a los hijos y han permitido, que desde pequeños, hayan estado haciendo su propia vida.

 Cuando las decisiones se toman con el corazón, a las máximas revoluciones, no suelen salir bien. Tienen que ser tomadas con la cabeza fría, el corazón al ralentí y los sentimientos controlados. Nadie se puede librar de las consecuencias de sus decisiones, tomadas voluntaria o involuntariamente, pensadas o impensadas, obligadas o permitidas, pero si se hacen serenamente, tienen muchas más probabilidades de que las consecuencias sean buenas.

Las decisiones deben tomarse, teniendo muy claro si van a producir el bien o el mal. Para ello hay que tener la mente muy bien entrenada, para conocer perfectamente que es lo que está bien y lo que está mal. Algunas personas, por propia conveniencia, tienen mezclado estos dos grandes conceptos. No ven la raya que los separa y se inclinan por el lado que más les conviene. Las malas decisiones, son algunas veces tan incongruentes y carentes de sentido, como la del estudiante, que quería llegar a ser presidente de la asociación de estudiantes, para eliminarla.

Los padres por la experiencia y el conocimiento que les ha dado la vida, es como si estuvieran  situados, en la cima de una montaña, viendo subir por ella a sus hijos. Esa subida a la montaña, significa el comportamiento y las decisiones, con sus correspondientes consecuencias, que diariamente van realizando sus hijos.

Las clásicas frases “ya te lo dije” y “te lo advertí, pero no me hiciste caso”, son las que los padres dicen a los hijos, cuando estos toman las decisiones, sin querer percatarse de las consecuencias que originarán. “El fin no justifica los medios”.

Los padres enseñan a tomar decisiones con la palabra y el ejemplo y educan con su modelo de vida.  El derecho para enseñar y educar, está implícito en la condición de los padres. Para enseñar hay que saber algo, para educar hay que saber vivir de forma que trascienda a los hijos, esa finura de espíritu tan necesaria para conocer, sopesar y decidir, sobre las consecuencias de las decisiones.

Es imprescindible que los padres enseñen a sus hijos, a practicar la virtud de la prudencia en la toma de decisiones. Así su comportamiento diario y las decisiones que tomen, no les producirán consecuencias irreversibles, que les salpiquen a la cara, o que las cañas se les vuelvan lanzas, por no haberlas sabido o querido hacer de buena forma.

Las decisiones tomadas con sensatez, cordura y reflexión, tienen muchas posibilidades de tener éxito y no tener malas consecuencias. Pero las hechas de forma opuesta o con insolencia, ligereza, frivolidad o descuido, siempre tienen unos malos resultados o repercusiones para todos.

El error de las decisiones mal tomadas, no disminuye, por saber que “todos lo hacen” o que alguien se ha equivocado, más que yo. En la práctica no funciona ese truco, que algunos enseñan para dejar tranquilos a los equivocados. Cada persona es responsable de lo que ha hecho o no ha hecho.

Las decisiones tomadas, muestran también la diferencia entre la “primera versión” de los hechos y una información más completa, cuando hay que dar explicaciones, de lo que se ha hecho. La primera decisión, tiene un valor doble que las explicaciones. “Explicación no pedida, acusación manifiesta”.

Algunos toman decisiones equivocadas, sin importarles las consecuencias, pues quieren manifestar su superioridad ante las masas de pardillos, incluso ante “la dictadura de las minorías”. Las correcciones de las decisiones tomadas, suelen tener poco efecto, pues casi siempre se hacen a destiempo o muy tarde.

Los padres algunas veces, tienen que escuchar a sus hijos las malas decisiones tomadas, en relación con sus noviazgos, convivencias prematrimoniales, calidad de los amigos, abandonos o flojedad en los estudios, trabajos o relaciones religiosas. Suelen ser decisiones tomadas, en base a que ellos consideran que son libres para tomarlas, aunque no sepan con certeza, lo que están haciendo.

En las decisiones amorosas, cabe la alternativa de enfrentarlas con sus parejas, presentes o futuras, preparando previamente una serie de preguntas, bien documentadas, que los hijos posiblemente no se deciden o arriesgan a hacer directamente. Si las preguntas están bien preparadas, es muy posible que sus parejas o futuras parejas, con sus respuestas, se queden al descubierto de sus inconsistencias. La base del éxito de esas preguntas, está en la calidad, cantidad y veracidad de la información conseguida. Suelen ser preguntas basadas en esa información, que los hijos no se atreven o no saben como preguntarlas. Con las respuestas obtenidas, sobre las preguntas hechas por los padres a las parejas, podrán los hijos tomar las decisiones adecuadas, eso si, siempre soportadas con buena información. Ante esas confrontaciones los padres corren el riesgo de las reacciones violentas de los hijos, que no quieren oír lo que tienen que oír. Pero es preferible tener un hijo enfadado, que un hijo equivocado gravemente.

Tormentas de ideas. Cuantas veces para tomar una decisión importante, tenemos que recurrir al mismo procedimiento de tormentas de ideas, que emplean los profesionales en los negocios. Después de ir anotando en un papel, todas las ideas relacionadas con el tema en cuestión, tendremos la posibilidad de elegir la mejor o las mejores. En esta tormenta de ideas, van saliendo algunas, concatenadas con otras que se acaban de poner en la lista. Si esta lista se hace entre varias personas, bien entrenadas a estrujarse el cerebro en pos de una idea, el resultado es magnifico, pues al final se presenta un abanico de ideas, con todas las variante para poder escoger la o las más adecuada.

¿Se imaginan actualmente a una persona sola, pasando varias horas en una habitación a oscuras y en total silencio, pensando en cómo poder resolver un problema, o una especifica situación personal o familiar, actual o futura y que sea algo trascendente e importante? Esa persona tendría que tener una formidable educación y un gran dominio de si misma. Con plena seguridad, las decisiones que tomará posteriormente, serán un acierto. Cualquier toma de decisión importante, puede ser de resultados irreversibles, por eso hay que tener muy en cuenta, la responsabilidad de estudiar bien el asunto a decidir.

Los padres tienen la obligación de enseñar a sus hijos, a que cuando vayan a tomar decisiones importantes, deben pensar con lógica y estar preparados para los resultados lógicos, consecuentes, previsibles, naturales, justificados y legítimos. La gula, la avaricia, la lujuria, la envidia, la soberbia, la pereza y la ira descontroladas, influyen o dominan en muchas ocasiones las decisiones, siempre en perjuicio propio y de los demás.

Algunas decisiones importantes y que puedan trascender a otros, deben ser tomadas evitando que exista el “choque de ignorancias” tan normal, en algunas discusiones o planteamientos. Bastantes problemas están  produciendo las decisiones tomadas en función del “choque de civilizaciones”, que la mayoría de las veces se produce por el “analfabetismo religioso, político, familiar o social”. Estas decisiones, tan mal tomadas, suelen ser producto de la ignorancia y de la falta de educación, pues muchas personas, se permiten el lujo de opinar vehemente, de cosas que jamás han oído hablar o tienen un conocimiento superficial.

Es la decisión de cada familia, a qué dedicar las “horas estrella” que son las mejores de la convivencia familiar, cuando hay un buen ambiente de relax, a la vuelta del trabajo o del colegio, los fines de semana, cuando salen de paseo, al restaurante, etc. Algunas familias, sustituyen ese formidable tiempo, propicio el dialogo familiar, donde los padres tienen que compartir sus ideas, transmitir sus vivencias y educar a los hijos, por lo que pueda decir o hacer las pantallas electrónicas, que cada uno de los componentes tiene delante, bien sea distrayéndose, jugando, estudiando o trabajando.  Aparece aquí la conocida dialéctica, del tiempo dedicado a la educación familiar, entre cantidad y calidad. La variable que mejor predice el éxito escolar y profesional, es el número de libros leídos, no almacenados, en el hogar familiar. No el número, tamaño y características técnicas de las pantallas electrónicas familiares.

Aparece aquí la conocida dialéctica entre cantidad y calidad del tiempo disponible, en las “horas estrella” familiares. Es cuando las relaciones interpersonales familiares empobrecen, y aparecen unas enormes relaciones ficticias impersonales, la conexión superficial con millares de amigos virtuales, muchos de ellos con personalidades falsas.

Es cierto que la conexión permanente y la interactividad que ofrecen las pantallas electrónicas, tienen notables ventajas para el trabajo, el ocio y la vida social en general, pero siempre realizadas con buen criterio. Muchas personas no se cansan de bailar, aunque sea sin música, porque los músicos han dejado de tocar. Estas son las consecuencias de algunas decisiones, que continúan los resultados a lo largo del tiempo, incluso cuando ya parece que se han calmado las cosas.

Después llegan las consecuencias de la falta de educación, dialogo y conocimiento entre las personas. La mayoría de las veces, cuando surgen los problemas, se dan cuenta que la decisión de elegir ese modelo de convivencia familiar, no fue la adecuada. Ahora es muy normal ver en los restaurantes, a una familia que ha salido a almorzar o cenar, cada uno delante de su computadora, incluso con los auriculares puestos, mientras esperan que el camarero les traiga la comida e incluso mientras comen. Luego los padres, pretenden que sus hijos se comporten como bien educados, cuando en realidad, se han educado a través de las pantallas electrónicas.

Es cuestión de pura lógica, pensar en las consecuencias que pueden tener las decisiones que se vayan a tomar o las ya tomadas. El sentido común, que es el menos común de todos los sentidos, nos indicará previsiblemente, cuáles serán las consecuencias de nuestros actos.  Las decisiones, no pueden estar supeditadas a las propuestas, con las que nos bombardea la sociedad actual, por ejemplo la invitación a vivir siempre placenteramente, donde la concepción de vivir, sea sinónimo de disfrutar. Es necesario superar el “síndrome lúdico” de algunas propuestas de vida, que no contemplan las consecuencias de las decisiones, con conocimiento y capacidad para enfrentarlas y decidir con libertad y seguridad. El espíritu de sacrificio y la disciplina, están desapareciendo del lenguaje familiar, sustituyéndolo por la falta de exigencia y esfuerzo.

Algunos padres, consciente o inconscientemente, toman la decisión de tratar a sus hijos pequeños con violencia verbal. Creen que gritándoles, los van a educar mejor, con más disciplina y con temor, a lo que los padres les digan que hagan o no hagan. Estas decisiones suelen ser tomadas, por contagio de uno de los cónyuges o por una tradición familiar, de violencia verbal o física. Pero no suelen tener en cuenta, las nefastas consecuencias que suele conllevar esta actitud, pues los hijos se acostumbran a los continuos gritos, y a pocos o ningún razonamiento de lo ordenado o llamado la atención. Ponen en una balanza las consecuencias de no hacer lo que les mandan, contra una serie de gritos o malas palabras. Saben que después de las descargas, ya no hay espacio para más adrenalina paternal y llegará la calma. Las órdenes y las ideas deben ser: Cortas, concretas, claras y siempre hechas con suavidad y firmeza.

También hay padres que son todo azúcar en las relaciones con sus hijos, hagan lo que hagan, besándoles, acariciándoles y mimándoles continuamente, principalmente cuando hay público que les está mirando. Esta actitud blandengue, suele reflejar una carencia de cariño recibido en la niñez o juventud, también supone  un desequilibrio mental, bipolaridad o autocomplacencia. Los hijos perciben el mensaje de que hagan lo que hagan, sus padres les cubrirán de besos y no les llamarán la atención para que no se frustren, lo que originará unos hijos inseguros, consentidos y mal educados.

La virtud de educar bien, está en el centro de las actitudes, para eso los padres tienen que estar, muy bien equilibrados, sabiendo que las decisiones que tomen, siempre tendrán consecuencias, que los hijos podrán controlar si educan bien.

Está muy bien tener una Estatua de la Libertad, pero deberíamos tener otra, tan grande o más y llamarla Estatua de la Responsabilidad. Porque tenemos la libertad, a la hora de tomar decisiones, y también tenemos la responsabilidad de sus consecuencias.

La vida es como un viaje, en el que cada uno es capitán de su propio barco y las maniobras, tienen un efecto real en la vida propia y en la de la familia. Las decisiones son opciones, que influyen en el presente y en el futuro, formando parte de un todo continuo, ininterrumpido y lleno de significado, que puede transcender hacia lo cómodo o hacia lo exigente.

Los egoístas basan sus decisiones, sin importarles las consecuencias, solamente se fijan en ellos mismos: Qué me gusta, qué me funciona, qué me descansa, qué me rinde más, qué satisface mi gusto personal, qué beneficio inmediato me proporciona, qué me crea problemas, etc. No quieren reflexionar en las consecuencias que tendrá para el prójimo, las decisiones tomadas o por tomar.

Las decisiones con la familia política o de sangre, relacionadas con la petición de favores, tienen que tener la lógica de la reciprocidad. No se pueden manipular, solamente cuando se quiere obtener una ventaja. No es lógico y es muy egoísta, ser tratado con todo cariño por la familia propia o política y después ignorarla y no corresponder a ese buen trato. Usar la familia como si fuera un “Kleenes” para utilizarla cuando se quiere, saber que está allí, a la orden, para lo que se quiera y después, sin ninguna lógica, ignorarla o despreciarla hasta la próxima vez que se necesite.

Las decisiones tienen que ser siempre bien pensadas, nadie puede acostumbrarse a decir siempre si, o siempre no, pues esto suele conllevar, una falta de conocimiento, inmadurez e irresponsabilidad sobre lo que se está decidiendo. Tampoco es solución tomar las decisiones echando a “cara o cruz”.

Hay quienes tienen unas personalidades muy débiles, tímidas, inseguras y vacilantes, y no quieren decidir ni arriesgar nada, pues se les hace insoportable, la posible responsabilidad de la decisión y de las consecuencias. Prefieren vivir con la esperanza de que sus padres, un consejero o una fórmula externa, socialmente aceptada como buena, les liberen o retrasen de cualquier decisión personal que tengan que tomar. No se puede ser excesivamente razonador y ahogarse en las reflexiones. Por su inseguridad y temor al riesgo, nunca “agarran al toro por los cuernos”, ya que acusan un sorprendente miedo a la realidad.

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Los amigos tóxicos y las consecuencias en la familia

ESCUELA PARA PADRES

Los amigos tóxicos y las consecuencias en la familia 

1,808 Palabras Tiempo de lectura 7:00 minutos

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Qué es lo que se debe hacer, al enterarse que un amigo está realizando actividades delictivas, o que van en contra de la moral, de las buenas costumbres o de sus relaciones en su familia, trabajo o sociedad. En primer lugar, tratar de obtener una buena e imparcial información y analizarla en profundidad, desde todos los ángulos de vista posibles. En segundo lugar, elegir entre confrontarle para conocer su verdad y en su caso, comprobar su propósito de enmienda. En tercer lugar, suprimir cualquier relación amistosa que haya entre los dos, alejándose lo más posible de él y de su entorno.

Si se intenta confrontarle para pedirle explicaciones, es casi seguro que se entrará en una discusión violenta o en una serie de negaciones, que en ambos casos, la amistad existente hasta ese momento, quedará totalmente rota e irreparable. Además es muy probable, que en le curso de la discusión, el amigo pretenda llevarla al terreno, donde pueda ganarla por tener mas experiencia en ese campo. (Nunca discutas con un idiota o malvado, pues intentará llevarte a su terreno para ganarte, pues ahí es donde tiene más experiencia).

Algunas personas no quieren entender, que su mal comportamiento familiar, social o profesional, contamina a las personas que están a su alrededor. Incluso puede hacer, que dada su buena fama anterior, sus amigos acepten como normal su comportamiento. No quieren darse cuenta, que sus acciones perjudican a todos los que están a su alrededor, pues la sociedad va a creer que todos están en el mismo rebaño y no va a separar “las churras de las merinas”.

Los amigos tóxicos, pretenden estar muy cerca de otros amigos no tóxicos, que no estén involucrados en sus fechorías y que tengan buena reputación, para que con su presencia, se difumine cualquier duda sobre sus actividades delictivas, y así, aparentar un estatus de honorabilidad, ganado con la presencia de otras personas honradas.

Es muy difícil poder aislar a estas personas, para evitar que persuadan a otros amigos comunes, de lo que andan maquinando con sus malos comportamientos. Si se alerta a los amigos comunes, los hechos probados, que se han descubierto de los amigos tóxicos, para que frente a ellos estén en guardia, se corre el riesgo de pasar esa fina raya que existe, entre mantener el secreto, la indiscreción, la lealtad y la ayuda al prójimo.

Hay que estar muy pendientes de los signos externos, de algunos amigos cercanos, sobre todo, cuando empiezan a mostrar las banderas rojas de su mal comportamiento. Si vemos incongruencias entre el trabajo, negocio o actividades que tienen y su forma de vida, debemos sacar las señales de alerta e intentar analizar lo que les está pasando, no vaya a ser, que por no hacerlo, luego sea tarde.

A partir del momento en que se conoce, la vida irregular de uno de los amigos tóxicos y él se da cuenta, cada vez es mas difícil la comunicación entre ambos, pues al verse descubierto, las visitas y conversaciones, empiezan a producir a ambos molestias e inclusive estrés. Seguramente, si ve que no puede conseguir sus objetivos económicos o que ya no le queda nada por ocultar, preferirá cambiar de amigos, otros que no conozcan su doble vida.

A la menor sospecha de que un familiar o amigo nuestro, tiene una doble vida, es muy conveniente conocer su historial, buscando en Internet, principalmente a través de  www.geogle.com o en las páginas especializadas.

Allí se pueden comprobar legalmente, muchísimos datos de cada persona. No es entrar en la privacidad de las personas, es hacerlo en defensa propia, de nuestra familia y de otros posibles amigos. Siempre hay que estar muy bien informado, de los que nos rodean, después no vale decir: “Si lo hubiera sabido, no me hubiera engañado”. Es muy conveniente hacer esto mismo, cuando se reciben propuestas de negocios, en los noviazgos, nuevas amistades, posibles participantes en la vivienda, etc.

Algunas personas se meten en malos negocios, por ignorancia, avaricia, necesidad o porque les utilizan, como señuelos de caza de inversionistas. Incluso en negocios que huelen a estafa desde lejos, que no se sostienen o carecen de sentido, para cualquier persona sensata. Es cierto que suelen ser cadenas o quimeras que son utilizadas, para que los que son adictos a las quimeras, puedan creérselo fácilmente y transmitirlo a terceras personas, cuantas más, mejor. Siempre suelen tener las mismas características mentales, los que ofrecen esos negocios y los que los aceptan.

Es muy triste que los “quimerofílicos” utilicen en primer lugar a sus familiares y amigos. Después van ampliando esos contactos, siempre concatenándolos en función de que son familiares o amigos de los más alegados, para así crear confianza en las posibles victimas, de sus sucios negocios.

La verdadera amistad es sagrada y hay que ganarla y mantenerla día a día. Se pueden tener muchos conocidos, cuya relación no pueda contaminarnos, pero los verdaderos amigos, los que con su comportamiento puedan influir en nosotros, tienen que ser muy bien seleccionados, ya que algunas amistades, se apoyan mutuamente, manteniéndose en el tiempo y nutriendo, creciendo y dando apoyo constantemente a ambas partes. Por mucha amistad que hayamos tenido, no valen excusas, ante el comportamiento tóxico de un amigo, al sentirnos defraudados, que pueda herir nuestros sentimientos, nuestra reputación y la de nuestra familia.

La toxicidad de las acciones o comportamientos de los amigos, pueden contaminar tanto a los adultos, como a los jóvenes y a los niños. Todos están expuestos a sus consecuencias. Por ello es muy recomendable, estar alerta ante los menores síntomas, e inmediatamente tomar las correspondientes medidas, para evitar la contaminación o en su caso, para corregir los efectos que hayan podido causar.

Contaminación de los malos comportamientos de los amigos:

  • Dime con quién andas y te diré quién eres. Cuando te ven junto a los amigos tóxicos, creen que compartes o estás de acuerdo con sus malas actuaciones, por lo que seguramente te desclasificaran. La reputación propia ya es bastante difícil de mantener. Si se está cercano a personas, que tienen un mal comportamiento familiar, profesional o social, la propia reputación se verá rota o disminuida.
  • Evitar que sus malas actuaciones salpiquen gravemente, de forma activa o pasiva, a personas ajenas, hasta llegar a ensuciar su merecida fama.
  • Intentar superar los efectos nocivos de estas amistades tóxicas, que producen al realizar acciones comprometidas, investigándolos, manteniendo el equilibrio emocional frente a ellos y si es necesario alejándose, intentando no dar explicaciones, ni hacer daño a nadie.
  • Evitar que ellos, al intentar justificar sus malas actuaciones, lleguen a convencerte y puedan terminar, formando parte de tus actuaciones.
  • Evitar que aprovechando la amistad con uno, contaminen a otros que les creerán, debido al cerrado círculo de amistades o familia.

Los amigos pueden convertiré en tóxicos por: Su mal comportamiento económico, interno o externo, comportarse mal en su vida privada, comportarse mal con su propia familia y comportarse mal religiosa, profesional y socialmente. Esa toxicidad siempre repercute en las familias de los amigos.

Amigos tóxicos emocionales son los que, sin que nadie les pregunte, nos atosigan insistentemente con sus explicaciones, para justificar sus malas  actuaciones, ante personas que ellos creen, que les están inquiriendo sobre su comportamiento. Dentro de su manipulación, para conseguir auto justificarse, intenta demostrar que tu eres el equivocado y que él tiene la razón. Si consigue hacértelo creer, obtiene un aliado o por lo menos se quieta un crítico. Explicación no pedida, acusación manifiesta. Después de todas las explicaciones recibidas, nos damos cuenta que nos han dejado sin energía, con el ánimo apagado y drenado emocionalmente, para que aceptemos su forma de vida.

Los amigos tóxicos utilizan muy bien, en su propio beneficio, un  lenguaje corporal muy bien estudiado. Lo suelen utilizar como una estrategia de adhesión, soportada con una gran sonrisa cínica, fuertes y sonoros abrazos, más una efusiva sarta de palabras, que en principio, suenan como votos de amistad, pero detrás de ellos, solamente está, el deseo en enredarte en su tela de araña económica. Suelen decir una cosa, pero actúan de otra forma, simplemente es su inequívoca forma de ser. Esta discordancia crea una confusión interior momentánea, pero a la larga “se les ve el plumero”.

Los amigos tóxicos son un peligro real para la familia y para la sociedad en general. Si creemos que no han venido a por nosotros, es debido a que todavía no estamos maduros para sus intenciones. Están siempre al acecho de cualquier debilidad nuestra, para atacar en ese momento. En cuanto bajemos la guardia, se abalanzaran con todas sus armas.

Las buenas relaciones son un alimento para el alma y para el cuerpo. Las malas, como un veneno que no suele tener antídotos. La mayoría de las acciones antitóxicas pasan por huir de los amigos tóxicos, poner tierra por medio, y si es necesario perder algo, antes de que ese algo se convierta en mucho.

No se trata de enfrentar, herir, ni atacar a los amigos tóxicos. Hay que descubrirlos, analizarlos, reforzar nuestras propias defensas interiores, desatar los lazos de unión que haya, guardar distancias, no caer en sus distracciones, alejarse o huir y seguir el camino emprendido. Hay muchos amigos tóxicos que son belicosos, muy difíciles de tratar. Cualquier incidente, por mínimo que sea, provoca en ellos una reacción agresiva. Hay que vigilar muy bien lo que se les dice o lo que se hace, para no encender la pólvora de su bomba, porque cuando estallan, no tienen control, pues quieren defender a ultranza sus equivocadas posturas.

Los padres deben ser muy claros, con la información que dan a sus hijos. Lo mismo que ocurre con los amigos tóxicos de los padres, sucede con los amigos tóxicos de los hijos. Por ejemplo, si los padres se enteran los amigos de sus hijos, trafican o consumen con drogas, deben advertírselo inmediatamente y si es posible impedírselo. De no hacerlo, es posible que los hijos, se contaminen con el tráfico o consumo de drogas. Además si llega la policía detendrán a todos, empezando por los traficantes o consumidores e incluso a los padres, por haber tapado la fechoría.

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Los padres tienen la obligación de enseñar a pensar a los hijos

ESCUELA PARA PADRES

Los padres tienen la obligación de enseñar a pensar a los hijos.

  • 23 Consejos para enseñar a pensar a los hijos
  • 3 Clases de pensamientos
  • Lo que piensan de los padres los hijos, según las edades (Imprima esta nota, recórtela y péguela en el frigorífico para que sus hijos la puedan leer. Verá que buenos efectos produce)
  • 27Sentencias sobre pensar

4,577 Palabras Tiempo de lectura 17:00 minutos

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La educación para aprender a pensar, primero fue un privilegio de la realeza y nobleza, después se convirtió en un derecho y hoy es una obligación. Mañana, que ya es hoy, será imprescindible dominarlo. Pensar, enseñar a pensar y aprender a pensar, son las tres obligaciones inteligentes de la educación familiar. Es una una inversión a largo plazo, que empieza en la cuna y nunca termina.

Hoy en día no ha llegado la democratización a la educación, para que aprendan a pensar, pues solamente a unos pocos hijos les enseñan sus padres a pensar, aunque esté muy democratizada el resto de la educación escolar. Algunas sociedades pecan por omisión del pensamiento, que lo sustituye por la ideología del sentimiento.

En la mayoría de los países, los padres ya no pueden decir que no se pueden educar, porque no hay medios, serán buenos o regulares, pero adaptados casi siempre a la demanda de las sociedades. Estamos en la época de la democratización de la enseñanza para todos.

            Pensar está íntimamente relacionado con el silencio, la soledad, el orden y la disciplina. Con ruido es casi imposible ponerse a pensar. Los que no encuentran unos momentos para retirarse del mundanal ruido, para poner en orden sus ideas, con procedimientos ya probados, difícilmente podrán encontrar la forma de reflexionar, sobre los temas o situaciones que quieren examinar. Pero hace falta un método y unos lineamientos.

23 Consejos para enseñar a pensar a los hijos:

1.      Enseñarles a conocer mejor, a través de la voluntad, la realidad que les rodea, a evaluarla inteligentemente y ser más creativos y oportunos, para ser capaces de hacer las cosas.

2.      Enseñarles a estar muy bien entrenados, en el fomento del diálogo y en el enriquecimiento del lenguaje, pues esto es exclusivo de la inteligencia humana.

3.      Enseñarles a no engañarse, ni a engañar, a ser sinceros, a actuar con coherencia y de acuerdo con la verdad, sin depreciarla ni rebajarla.

4.      Enseñarles a no sacrificar su libertad de pensar, por “el qué dirán” de la sociedad, pues la sociedad siempre intenta ridiculizar o aislar, a los pensadores inteligentes, bien entrenados y cultivados.

5.      Enseñarles a pensar cómo encontrar oportunidades, espacios, circunstancias y períodos para reflexionar, sobre el sentido de la vida y sus relaciones con la familia, la religión y la sociedad y así, poder dar rienda suelta a su imaginación y poder descubrir, nuevos horizontes.

6.      Enseñarles a pensar con estímulos, motivaciones y comentarios lógicos, para promover un clima adecuado, que favorezca sus hábitos intelectuales.

7.      Ensenarles a que piensen con lógica y que estén preparados, para los resultados consecuentes, previsibles, naturales, justificados y legítimos.

8.      Enseñarles a pensar en la importancia y consecuencias de sus acciones, pues mucho más que el bien-estar importa el bien-ser, aunque tengan que enfrentarse con valentía, a la dictadura de lo culturalmente correcto o políticamente incorrecto.

9.      Enseñarles a que con el aprendizaje a pensar, descubrirán las artimañas que tiene la sociedad, para impedirle o dificultarle que sepa pensar, para así poder dominarle.

10.   Enseñarles a que disfruten en el acto de pensar, cuando sea de forma reflexiva, para poder aprender bien, incluso planteándose problemas y buscando las soluciones.

11.   Enseñarles a que pasen del impulso irracional, no pensado, a la conducta inteligente.

12.   Enseñarles a que piensen, en intentar descubrir el mundo del error humano y que aprendan, de sus propias equivocaciones. Es imposible que piensen, que no se van a equivocar nunca.

13.    Enseñarles a que piensen que el decir siempre la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, aunque duela, está regida por los principios de dignidad y moral.

14.   Enseñarles a que piensen que el error humano, es el precio que las personas tienen que pagar, por poder razonar y disfrutar del libre albedrio para elegir, privilegio, que solamente tiene la especie humana.

15.   Enseñarles a que se sientan motivados, para que quieran pensar por cuenta propia y siempre, con actitudes positivas. Con actitudes negativas, el pensar parece cansino y mediocre.

16.   Enseñarles a que sean más inteligentes que la Televisión y las pantallas electrónicas, alimentando su inteligencia, con el fomento de la lectura, las conversaciones y los silencios.

17.   Enseñarles a que sólo las personas, mejor preparadas para pensar, podrán sobrevivir ante la caída de las estructuras morales, que tiene la sociedad.

18.   Enseñarles a realizar el ejercicio mental, de razonar los conceptos y las situaciones, a defender las causas con argumentos para las propias decisiones, sin dejarse llevar por las de los demás.

19.   Enseñarles a tener desarrollada la capacidad, para poder tomar decisiones y resolver problemas importantes, cada uno según su edad física y mental. Eso se consigue, educándolos en libertad, responsabilidad y conocimiento.

20.   Enseñarles como asentar en la mente y en el corazón, las cosas buenas, antes de que les lleguen las dañinas. Si llegan antes, es que se están educando cara al futuro y asi evitarán  claudicar en la formación y desarrollo de la inteligencia.

21.   Enseñarles la sana estrategia de que pregunten: ¿Qué es? ¿Por qué es así? y ¿Por qué y cómo lo sabe? Así tendrán el conocimiento cierto, por las causas.

22.   Enseñarles que aprender a pensar, es aprender a manejar las dos principales herramientas del pensamiento, la pluma y la palabra, las cuales son las armas que el pensador tiene, para expresarse.

23.   Enseñarles a pensar cómo se pueden y deben hacer mejor las cosas. Tienen que conjugarse todos los conceptos, para cultivar el uso activo del conocimiento y conseguir que los hijos, se conviertan en auto aprendices del pensar. 

Las herramientas básicas imprescindibles para, aprender a aprender, aprender a pensar, despacio, sin prisas, pero sin pausas, son: El hábito al estudio, el saber buscar, organizar y ordenar la información, aprender a reflexionar, aprender a expresarse correctamente por escrito y hablado, comprender lo que se lee y adquirir un manejo básico del cálculo, el razonamiento lógico, saber trabajar en equipo, aprender a hablar en público y a discutir en un debate, dialogar respetando el turno de palabra y concluyendo los argumentos. El que aprenda a pensar, sabrá desenmascarar los slogans perniciosos, los falsos valores, los espejismos y los caminos sin salida, que tantas veces ofrece falazmente la sociedad.

Hay muchos y muy buenos libros, que ensenan las técnicas para aprender a pensar, cada uno, especializado en los diferentes campos del pensamiento. No es lo mismo aprender a pensar para un niño o joven, que para un adulto profesional, que quiere aprender a pensar para su vida familiar, para el desarrollo de sus proyectos técnicos o para profundizar en el sentido religioso de su vida.

3 Clases de pensamientos: (Los pensamientos son las raíces de los actos)

1.      Los que sirven para meditar y orar. Suelen hacer en soledad y silencio, lejos del mundanal ruido.

2.      Los que sirven para trabajar o investigar o cómo hacer las cosas profesionalmente. Suelen hacerse en los lugares de estudio o trabajo.

3.      Los que sirven para analizar el pasado y encontrar soluciones, presentes y futuras de las cosas personales.

Los padres deben transmitir a sus hijos, todos los buenos conocimientos, ideas, tradiciones, costumbres, prácticas, etc. que tienen en los ámbitos familiares, religiosos, políticos, sociales, profesionales, deportivos, etc.

Los padres no tienen por qué exigir, que los hijos tengan las mismas ideas que ellos, pues, además de pertenecer a épocas diferentes, es muy posible que se hayan criado en ambientes muy distintos y con medios diferentes.

Los hijos deben explorar otras alternativas diferentes o complementarias, de las que sus padres les han transmitido. Siempre soportado con la educación familiar y formación académica, que van recibiendo. Para poder analizar con buen criterio otras alternativas, tiene que estar muy bien entrenados a pensar y a discernir cuál es la mejor de todas las alternativas entre las que puedan llegar a alcanzar.

Los hijos deben darse cuenta, que en sus momentos de incertidumbres, turbulencias o dificultades, hay muchos agentes externos, que quieren aprovecharse de que no piensen, ni se centren en ellos mismos, para así poder manipularles a su antojo. Esos agentes intentan que los hijos se centren o enfoquen, en factores donde puedan dominarlos y controlarlos.

En las habitaciones de los hijos bien educados a pensar con método, debería haber un cartel en la puerta que dijera: “Estoy pensando, si no es urgente, llamarme más tarde”. Padres e hijos deberían tener sus momentos de soledad, para poder dedicarse a pensar, a hacer introspecciones, para encontrar los caminos que debe seguir, para alcanzar los objetivos propuestos.

Los niños pequeños llegan a los colegios, sin que los padres les hayan enseñado a pensar por si solos, hacen las cosas como robots, porque están acostumbrados a hacerlas. Desde la más temprana edad les han dado todo hecho, sus padres y la sociedad en general, ya han pensado por ellos. Pero la sociedad moderna exige ya a los niños, que cada vez tengan mas desarrollado el sentido de saber pensar por si solos. Ellos solos no lo van a aprender y si los padres y los maestros no les enseñan, irán acrecentando el problema, para cuando se enfrenten a la cruda realidad de la vida. Después nada les darán hecho, a no ser lo que la sociedad quiera darles para algo para que hagan cosas sin pensar en lo que hacen.

Hoy los niños casi no tienen juegos didácticos, que precisamente están diseñados para que piensen. Los rompecabezas, los juegos de construcción, los mecanos, los juegos de mesa, parchís, damas, ajedrez, etc., prácticamente han desaparecido de las tiendas, porque los padres dicen que sus hijos no tienen tiempo para jugar con ellos. Prefieren comprarles los juegos, en los que juega el juguete y no el niño.

Hoy todo se reduce a muchas horas delante de la televisión, de las pantallas electrónicas u oyendo música y la mente puesta en blanco. Desgraciadamente, tienen muy pocas conversaciones con los otros niños y mucho menos con los padres o personas mayores. Esos sistemas de entretenimiento, son los encargados de pensar por los hijos, así estos no tendrán que pensar en nada, se lo darán todo hecho. Hay demasiados intereses de personas, empresas y organizaciones, empeñadas en que la gente no piense en nada. Que tengan el cerebro atrofiado de no pensar, pues a si, son muchos más fáciles de manejar por donde quieren.

Los niños deben a acostumbrarse a pensar, en lo que puede ocurrir con las cosas que están haciendo. Eso supone empezar a pensar en las consecuencias, buenas o malas, de los actos de cada uno, pues casi siempre, repercuten en los demás o en uno mismo. Pensar con anticipación las posibles consecuencias, es una buena forma de distinguir y seleccionar, entre lo que es bueno y lo que es malo, lo que son actividades y responsabilidades individuales, y las que atañen a todo el equipo que forma la familia.

Lo que piensan de los padres los hijos según las edades: (Imprima esta nota, recórtela y péguela en el frigorífico para que sus hijos la puedan ver, verá que buenos efectos produce)

  • A los 4 años: Mi papá puede hacer de todo.
  • A los 5: Mi papá lo sabe todo.
  • A los 6: Mi papá es más sabio que el tuyo.
  • A los 8: Creo que tal vez mi papá no sabe exactamente de todo.
  • A los 10: En la antigüedad, cuando mi papá estaba creciendo, las cosas sí que eran diferentes.
  • A los 13: Oh! Bueno, naturalmente, Papá no sabe nada de eso. Es demasiado mayor como para que se acuerde de su niñez.
  • A los 15: No le hagas caso a mi papá. Él es tan chapado a la antigua!
  • A los 17: A veces me pregunto, como pudo mi padre salir adelante, con lo poco que entiende las cosas.
  • A los 21: ¿Mi padre? Dios mío, el pobre está totalmente despistado. No es de esta época.
  • A los 25: Creo que mi padre sabe algo de esto. Es lógico pues él ha vivido tanto tiempo.
  • A los 30: Tal vez debiera consultar con mi padre, para ver que piensa de esto. Después de todo él ha tenido mucha experiencia.
  • A los 40: No voy a hacer nada, antes de consultar con mi padre.
  • A los 50: Me pregunto como habría manejado esto mi padre. Era tan sabio y tuvo todo un mundo de experiencia.
  • A los 55: Daría cualquier cosa porque mi padre estuviera con nosotros ahora, para poder hablar de esto con él. Lástima que no comprendí a tiempo lo sabio que era. Hubiera podido aprender tanto de él.

Los padres, además de estar viviendo las épocas actuales, tienen el bagaje adicional que les da la experiencia, de haber vivido otras épocas. En muchos casos las experiencias anteriores, pueden ser muy bien extrapoladas a las situaciones actuales, lo que origina una mejor visión, de lo que esta ocurriendo  y de lo que va a ocurrir.

Los padres deben educar a sus hijos, a saber examinar las alternativas que se les presentes o que quieran explorar. Si no están bien preparados para distinguir lo bueno de lo malo, es muy posible que otras personas, con malas intenciones, se encarguen de conducirles por caminos del conocimiento, que sean nefasto para su presente y su futuro.

Los padres no deben ser sobreprotectores, impidiendo que los hijos tengan que pensar detenidamente, para resolver sus propios problemas. Tienen que darles la libertad de que piensen, pero también que se hagan responsables de los resultados de sus ideas. No pueden estar ajenos a los riesgos que toman y a las soluciones que tienen que realizar, tanto a plazo corto, como a largo. Incluso pensando, como pueden afectar a otras personas, las decisiones que tomen ellos.

Los padres deben saber, que lo que fue bueno en una época y para determinadas circunstancias, a lo mejor ya no es bueno actualmente. Las cosas han podido cambiar y ellos a lo mejor no se han adaptado a ese cambio, aunque las virtudes y valores humanos, nunca cambian, y por eso deben ser inculcadas con el ejemplo a los hijos, desde su más tierna infancia. Por lo tanto no pueden intentar persuadir a los hijos, que no exploren otros caminos u opciones de la vida y seguir insistiendo, que tienen que transitar únicamente por el camino que sus padres lo han hecho.

Hay cosas que son inmutables al paso del tiempo, como la enseñanza y practica de las virtudes y valores humanos, que deben seguir ensenándose a los hijos. Esto les ayudará a saber pensar, como debe ser su comportamiento en la familia, escuela y sociedad.

Pero no porque los padres tengan una ideología política o admiración por un equipo deportivo, tienen que exigir que los hijos lo tengan también. La libertad que se da a los hijos, tiene que estar soportada en la educación, el conocimiento, la edad y las circunstancias de cada momento.

Poco a poco, los hijos van adquiriendo cuotas de libertad, para ejercer su libre albedrio en las cosas que quieren y necesitan ir aprendiendo. Es tarea de los padres estar muy vigilantes, para que esa merecida y lógica libertad, sea encauzada por el buen camino.

Que aprendan como aprendí yo, a golpe de acierto y error. Los padres no pueden decir eso a sus hijos.  Los padres deben cribar bien, los resultados que procedente de sus aciertos y errores, tienen que enseñar a los hijos, pero nunca decir: Ahí te dejo, aunque te caigas a las patas de los caballos. Algunas decisiones que pudieran tomar sus hijos, puede que sean irreversibles y entonces llega el llanto y el rechinar de dientes. Ya no sirve: Si se lo hubiera advertido.

Algunos hijos que no están bien educados, no quieren ni oír hablar de lo que les dicen sus padres. Pues alegan: Ahora vienen mis padres con este discurso, pues podrían empezar por dar ejemplo ellos mismos. “Consejos vendo, pero para mi no los tengo”

No se puede enseñar a los hijos a pensar, solamente según la experiencia de los padres, pues es posible que los padres no hayan determinado previamente, con los datos usados y los razonamientos seguidos, si lo que dicen es verdad o falso. Deben analizar previamente,  la calidad de los datos obtenidos, si las informaciones son parciales o bien comprobadas y las suposiciones falsas o verdaderas, las imaginaciones fundadas o infundadas, los deseos manipuladores o de enseñanza, etc. Si no lo hacen así, puede llevar a errores, engaños o falacias. Aunque hay padres que defienden sus teorías y practicas de comportamiento, soportándolas con su experiencia y con sus largos años de formación e información profesional, muchas veces no han analizado, la conveniencia de enseñar eso mismo a sus hijos.

Los padres tienen que enseñar a sus hijos, a que emplean la perseverancia y la constancia, cuando tiene que ponerse a pensar, para que tengan un método de trabajo, soportado en la practica de las virtudes y valores humanos y aprenda a no aburrirse, desanimarse, ni rendirse, ante las dificultades para conseguir sus logros. Que sepan dedicar el esfuerzo y empeño necesario, cuando verdaderamente merece la pena, pues lo quieren y lo necesitan, para ordenar su forma de pensar.

Primero pensar y después hablar. Pensar es mucho más rápido que hablar, por lo que siempre debe ir por delante. Cuando se habla y después se piensa, en la mayoría de las ocasiones, se cometen errores, que muchas veces son irreversibles. Si hemos aprendido a pensar bien, es casi seguro que hablaremos bien.

Pensar en lo que hay que hacer es recomendable, necesario, pertinente y justo, para conocer las dificultades o satisfacciones que vamos a encontrar, en lo que estamos pensando hacer. Muchas veces es una temeridad, que puede salpicar a terceros, el hacer las cosas importantes sin haberlas pensado previamente.

Pensar es un formidable ejercicio mental, que requiere un gran esfuerzo y aunque cueste y desgaste, hay que dosificar y resistir la tentación de dejarlo. Algunas veces supone un enorme consumo de energía, para poder hacer realidad lo que se piensa hacer.

Es muy recomendable pensar en obtener objetivos o metas, que estén bien planteados y sean realizables y razonablemente alcanzables, en tiempos predeterminados. No se puede pensar en quimeras, por mucho que la moda sea: “piensa en grande y lo obtendrás”. Los objetivos que se piensan realizar, deben ir acompañados de la práctica, la perseverancia, la paciencia y la coherencia. El mejor modo de ver los objetivos, es pensarlos con paciencia, desde diferentes ángulos de vista y a diferentes plazos.

Si después de haber pensado bien las cosas, salieran mal, no debemos considerarlos como fracasos, que nos llenen de frustraciones. Para eso está la virtud de la perseverancia, que nos llevará a pensar, si es que no tenemos las habilidades necesarias, para alcanzar los objetivos deseados o estos están mal planteados.  En estos casos hay que ser honrados y autocríticos con uno mismo, pedir consejos a los que sepan más que nosotros, y volver a empezar con más brío y con una buena dosis de humildad. Sin rendirse ante el primer tropiezo, e intentar sacar felicidad de la adversidad.

Hoy en día es muy difícil, pero no imposible, el enseñar a pensar, se ha perdido el concepto de las «escuelas de pensadores» los filósofos. Pensar, y pensar bien, es una técnica difícil de encontrar, pues muchas personas se pasan el día pensando mal, de todo y de todos. Son los inconformes tradicionales. «Si deseamos pensar bien, hemos de procurar conocer la verdad, es decir, la realidad de las cosas. ¿De qué sirve discurrir con sutileza, o con profundidad aparente, si el pensamiento no está conforme con la realidad?

            Actualmente hay una crisis económica, que se refleja en una crisis de valores, entre ellos el valor de pensar mucho y bien. Por eso determinados segmentos de la sociedad, están poniendo todas sus energías en dedicarse a pensar, como salir de esta situación. Los que salen triunfando, son los que piensan aplicando las virtudes y valores humanos de integridad, honestidad, generosidad y colaboración.

            Aprender a pensar cómo hacer las cosas, es mucho más importante y productivo para el desarrollo de las personas, que estudiar de memoria. Por eso es más conveniente enseñar a pensar cómo pescar, que regalar un pescado y no enseñar nada.

            Para pensar bien se requiere discurrir, reflexionar, razonar, examinar y analizar con gravedad, consistencia, seriedad, solidez, profundidad, etc.

            Hoy es muy difícil encontrar pensadores en la vida cotidiana, solamente hay unos pocos en las empresas privadas, donde la misma supervivencia entre los competidores, les obliga a estar continuamente pensado en cómo ser los mejores. Ellos no “pasan de pensar”. Pensar lo han convertido en su profesión. “El que para de pensar, la competencia se lo come”. Incluso en la vida profesional, hay una escasez de pensadores, pues la mayoría de las cosas que tienen que hacer, están soportadas y resueltas en los manuales de actuación, los libros de protocolo, las instrucciones en circulares, etc. Dejan muy poco margen, para que las personas piensen, no quieren las empresas que sus empleados “piensen o inventen con dinero ajeno” o que “confundan sus deseos o fantasías profesionales, con la realidad”

Los padres no tienen que tener miedo a enseñar a pensar, para que sus hijos puedan encontrar la luz y la libertad, dentro de un entendimiento claro, capaz y exacto, que abarque lo que quieren pensar. Expresándose después con claridad, precisión y exactitud. Así podrán ver o reconocer todo lo que hay, pero no más de lo que hay. Evitando caer en la costumbre de intentar ver mucho en todo, incluyendo lo que no hay, pero que se lo imaginan y lo dicen como si fuera cierto.

La objeción de conciencia, está íntimamente relacionada con la capacidad de pensar que tengan nuestros hijos. Si no están entrenados perfectamente para pensar, es casi imposible que tengan bien claras las cosas, que se rigen por la conciencia de cada uno y la posibilidad, que puedan ejercer su plena libertad de objeción de conciencia. Por las preguntas les conoceréis.

Los jóvenes cuando llegan a su primer trabajo, provenientes de la universidad o de la escuela, se encuentran ellos y sus jefes, que no están acostumbrados a pensar, nadie les ha enseñando a hacerlo, durante los años de estudios, ni en sus padres, casi siempre todo se lo han dado hecho. Es la frustración de los empresarios. Muy pocas veces han tenido que usar su creatividad. Cuando llegan a la empresa, por muchos manuales de funcionamiento que tengan allí, siempre tienen un margen para tener que pensar, por cuenta propia. Entonces empieza el miedo de acertar o equivocarse, en lo que tienen que hacer. Por eso muchos empresarios prefieren invertir en maquinaria, procedimientos o manuales, que en formación de los nuevos empleados, pues les es más rentable.

Los padres tienen que potenciar en los hijos, la capacidad de formar sus inteligencias, para que además de ser buenos depósitos del conocimiento, tengan la capacidad, pensando por si mismas, para preguntar y preguntarse, siendo  capaces de buscar y encontrar la información relevante y fiable que necesitan, y capaces luego de tomar decisiones.

Un buen padre, tutor o consejero externo, es el que también contesta a preguntas, que no se han hecho, debido a que no habían sido pensadas con anterioridad. Desgraciadamente, hay cosas que se dan por sabidas y que no se preguntan, y por lo tanto, no suele haber respuestas. Hay situaciones que los hijos sobrentienden, por la mucha o poca experiencia, que no deben ponerla en el planteamiento de la ecuación, por lo que no encuentran nunca, la solución adecuada, al problema mal planteado. 

27 Sentencias sobre pensar:

1.      A veces pensamos que lo que hacemos es tan sólo una gota en el mar, pero el mar sería menor si le faltara esa gota.

2.      Aprender sin pensar es tiempo perdido; pensar sin aprender es peligroso. Aunque a todos les está permitido pensar, muchos se lo ahorran.

3.      Cualquiera puede tener conocimientos, pero el arte de pensar es el regalo más escaso de la naturaleza.

4.      Cuando no se piensa en lo que se dice, es cuando se dice lo que se piensa.

5.      Cuando todos piensan de la misma manera, es porque nadie piensa gran cosa.

6.      El hombre que nos exige pensar, tiene más votos que el que solamente nos hacer reír.

7.      El no y el sí, son breves de decir, pero piden pensar mucho.

8.      El que ríe el último, es que ha pensado más lento.

9.      En la montaña, el turista viene a buscar un panorama, el pensador encuentra un libro abierto.

10.   Es mil veces más fácil, no decir lo que pensamos en un momento de ira, que disculparnos después.

11.   Estudiar sin pensar es tan inútil, como pensar sin estudiar.

12.   Hacer preguntas, es prueba de que se piensa.

13.   La educación consiste en enseñar a los hombres, no lo que deben pensar, sino a pensar.

14.   Mucha gente piensa que piensa, cuando no hace más que recordar.

15.   Pensar contra la corriente social es heroico, decirlo, una locura.

16.   Pensar es como vivir dos veces.

17.   Pensar es el trabajo más difícil que existe. Quizá sea ésta la razón, por la que haya pocas personas que lo practiquen.

18.   Pensar es fácil, pero actuar como se piensa es muy difícil.

19.   Pensar es la gimnasia de la mente.

20.   Piensen en lo mucho que han recibido de Dios y en lo poco que le dan a su Creador, Redentor y mejor Amigo.

21.   Prefiero más que llegar, pensar que ya voy llegando.

22.   Quien vive sin pensar, no puede decir que vive.

23.   Si haces que la gente piensa, te admiraran, pero si realmente los haces pensar, te detestarán.

24.   Si no vivimos como pensamos, pronto empezaremos a pensar cómo vivimos.

25.   Tómate tiempo para deliberar, pero cuando llegue la hora de la acción, deja de pensar y actúa.

26.   Una parte de los hombres actúa sin pensar, y la otra piensa sin obrar.

27.   Uno de los más serios problemas del mundo actual es que muchas personas creen que, porque han estudiado algo, ya no tienen que pensar.

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La soberbia en la familia

ESCUELA PARA PADRES

La soberbia en la familia.

  • 31 Graves consecuencias de la soberbia en la familia
  • 10 Principales manifestaciones de la soberbia
  • 11 Sentencias sobre la soberbia

3,234 Palabras Tiempo de lectura 12:00 minutos

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Este artículo está enfocado en los maridos soberbios, pero lo pueden adaptar a las esposas e incluso a los hijos soberbios.

¿Qué se puede hacer para cambiar a un marido soberbio? Cuando la soberbia se ha consolidado como una adicción en el marido, para eliminarla tiene que: Primero querer reconocerla, segundo poner los medios necesarios para eliminarla y tercero pedir ayuda a su esposa e hijos para que le ayuden a expulsarla de su vida cotidiana. Es todo un proceso como el de eliminar cualquier otra adicción, que hay que empezar a trabajar desde el noviazgo, después será mucho más difícil, por no decir imposible.

Para intentar eliminar la soberbia, el marido y toda la familia, tienen que trabajar mucho con potenciar las virtudes y valores humanos, que son contrarios a la soberbia, principalmente: La humildad, la paciencia, el sosiego, la calma, la disciplina, la reflexión, el respeto, la serenidad, la tolerancia, la autodisciplina, la honestidad, etc.

La esposa de un soberbio no puede ceder ante las conductas impropias. Tiene que poner por delante el beneficio de su familia, pues ceder, podría ser la causa de muchos problemas futuros. Debe aprender a no tener miedo a pararle los pies. Es preferible que se enfrente verbalmente al cónyuge o hijo soberbio.

Es muy difícil, por no decir imposible, convivir con un cónyuge o un hijo que ejerza de soberbio. No se puede dialogar con ellos, pues explotan violentamente, ante cualquier situación contradictoria o llamada de atención en su comportamiento. Suelen expresarse de forma colérica e iracunda, con acciones impropias o palabras altivas e injuriosas. Siempre quieren tener toda la razón y salir a flote de cualquier situación o tema.

Los maridos soberbios son desmesuradamente altivos y tienen un apetito desordenado de ser preferidos a otros. Con malsana satisfacción y envanecimiento, contemplan sus propios actos personales y desprecian los de los demás. Nunca se rebajan a pedir dispensa, colaboración o ayuda.

La soberbia es el principio de la violencia física y emocional en la familia, cuando el cónyuge no acepta que los dos tienen que convivir, dentro de unas normas familiares, donde nadie es más que el otro.

Los maridos soberbios tienen detrás su chulería y altanería, que incluso les lleva a meterse en problemas de convivencia y mucho más, cuando se encuentran con otra persona más soberbia. También es cierto que el vicio de la soberbia se cura rápidamente, en un minuto, cuando están en inferioridad de condiciones, frente a un policía, un juez, un jefe u otra persona de categoría, aspecto físico o actitud superior.

Los maridos soberbios, jamás se humillan a pedir perdón a su cónyuge o hijos. Siempre creen que ellos son los ofendidos y que por eso, pueden decir las cosas como las piensan, sin darse cuenta del daño que hacen.

Los hijos soberbios, autoritarios, violentos o irresponsables, que no son capaces de respetar a los demás, deben ser corregidos adecuadamente, para canalizar y orientar esa actitud, a través de una educación que les ayude a conocer los límites, entre lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, es decir que aprendan a formar un juicio moral. Un ambiente demasiado tolerante y permisivo con los hijos soberbios, tiene efectos muy negativos en su educación posterior y en sus relaciones familiares y sociales, presentes y futuras. Estos hijos son los que tienen muchas probabilidades de ser los organizadores de la violencia del bullying.

Los hijos de padres soberbios se acostumbran a imitar las actitudes de sus padres y al no tener quien les corrija se meten en un laberinto de malas, irresponsables y peligrosas actuaciones frente a sus otros hermanos, familiares, compañeros de estudios y amigos. Ese pernicioso vicio de la soberbia es muy difícil que lo supriman hasta que algunas veces es lo hagan quitar radicalmente otros mas soberbios que él. 

Los padres soberbios confunden su autoridad con el autoritarismo, siendo ésta muy mala estrategia de educación. Ejercen su autoridad y atribuciones, de forma prepotente, arbitraria, incongruente y caprichosa, asumiendo una falsa interpretación de sus privilegios y obligaciones de padre. También suele ir acompañada de violencia física o emocional, con castigos físicos y palabras humillantes, despertando profundos sentimientos de agresividad, frustración, impotencia, odio e ira. Cuanto más ganarían con una llamada de atención inteligente, breve, clara, a tiempo y con soluciones.

Los padres soberbios no son persuasivos, solamente producen en los hijos sustos y posterior indiferencia, acostumbrándose a los estallidos de soberbia de los padres. Los soberbios nunca se dan plena cuenta de los gestos y gritos ridículos que realizan.

Los soberbios se jactan, vanaglorian y alardean de si mismo, al tener una propia obsesión exagerada, que le lleva a una excesiva valoración de su comportamiento.

Los soberbios creen, que todo lo que poseen es lo mejor y que son capaces, de superar todo lo que digan o hagan los demás.

Los soberbios se concentran en el continuo hablar de ellos mismos, en las actitudes prepotentes y engreídas, en su vanidad,  en su afectación en los gestos y el modo de hablar y en el decaimiento profundo al percibir la propia debilidad.

 Los soberbios se consideran superiores a los demás, pues piensan que valen más o que tienen mayor dignidad, poder, fama, dinero, prestigio, títulos, estudios, etc. Incluso reaccionan airadamente, desafiándoles, si sienten que alguien que ellos creen que es inferior, lo pone en duda.

Los soberbios se manifiestan con el constante deseo de ser preferidos a otros, basándose en la satisfacción de la propia vanidad, del Yo o ego y en que nunca se rebajan a pedir perdón o ayuda. Es el puro egocentrismo y susceptibilidad malsana.

Los soberbios tienen una desmedida opinión de ellos mismos, presentándose con una superioridad y un aire de grandeza extraordinario, que solamente en algunas ocasiones de merito propio, puede ser positivo y hasta justo, pues proviene de causas nobles y puede servir como ejemplo a la sociedad.

Los soberbios se caracterizan, por una actitud prepotente y despreciativa hacia los demás. No suelen aceptar sus errores y siempre, tienen argumentos para justificarse. Suelen culpar a los demás de sus propios fallos, no aceptan ser corregidos y cuando se encuentran acorralados, optan por una salida fácil pero infantil, se enfadan, se ponen agresivos, dejan de hablar, gritan, lloran, patalean y se marchan.

Los soberbios suelen ser inmaduros y su comportamiento es igual al de los niños pequeños, que han recibido una mala educación y han sido muy consentidos y demasiado valorados por los padres. Suelen tener una gran intolerancia a cometer errores y sobre todo, con un nivel muy bajo de tolerancia a la frustración.

31 Graves consecuencias de la soberbia en la familia:

1.      La soberbia conlleva un aire de suficiencia, que hace aparecer a las personas como sabiondas, ridículas, molestas, antipáticas e intratables.

2.      La soberbia, cuando está anidada en el interior de los hombres, impide aceptar una corrección fraterna, recibir un buen consejo, o simplemente una opinión de otros.

3.      La soberbia empuja a hablar con protagonismo, a opinar siempre y de todo, aunque nadie lo haya pedido.

4.      La soberbia es concéntrica y la vanidad es excéntrica.

5.      La soberbia es contraria a la humildad y a la obediencia, siendo una de las principales puertas de la violencia.

6.      La soberbia es el apetito desordenado de la propia persona, que descansa sobre la hipertrofia del propio individuo.

7.      La soberbia es el valor antidemocrático por excelencia, en la familia, en la política y en la sociedad.

8.      La soberbia es incompatible con el amor al prójimo.

9.      La soberbia es la fuente y origen de muchos males de la conducta y es ante todo, una actitud que consiste en adorarse a uno mismo y humillar a los demás.

10.   La soberbia es la pasión desenfrenada sobre uno mismo.

11.   La soberbia es la que infla el “ego” que algunos llevan dentro.

12.   La soberbia es la trampa del amor propio, de la falta de humildad, de la lucidez y de la propia estimación sincera.

13.   La soberbia es mala compañera, para prosperar en los campos de la vida. Si se creen que «Son la mamá de Tarzán» o «La última Coca-Cola del desierto», es que están totalmente equivocados.  La misma vida les pasará la factura por su soberbia.

14.   La soberbia es uno de los siete pecados capitales más graves (lujuria, pereza, gula, ira, envidia, avaricia y soberbia) y que más males trae al alma del hombre.  En cada religión, se llama de distinta forma al concepto “pecado”, pero en todas es el mismo concepto.

15.   La soberbia está muy relacionada con la ignorancia.

16.   La soberbia genera los vicios de vanidad, vanagloria, falsa autoestima, ostentación, hipocresía, jactancia, celos, violencia, rencores, prepotencia, etc.

17.   La soberbia hace concederse más méritos de los que se tienen y sentirse, muy por encima de lo que cada uno vale. (Una cosa es lo que cada uno vale y otra cosa es lo que cada uno, dice que vale)

18.   La soberbia hace esperar la aceptación total de los demás, sin que haya opiniones contrarias.

19.   La soberbia hace perder la paciencia a los demás.

20.   La soberbia hace que algunas personas, se apunten éxitos que no son suyos.

21.   La soberbia lleva al apasionamiento y a la violencia, incluso en las discusiones más triviales.

22.   La soberbia reflejada incluso en un desafortunado instante, puede echar a perder la vida familiar, profesional o social, por lo que hay que cuidarse mucho de los impulsos que la produce.

23.   La soberbia suele producir entre los interlocutores, más risas que aplausos.

24.   La soberbia tiene otros brazos: orgullo y vanidad.

25.   La soberbia, cuando la emplean para epatar o deslumbrar a los demás, suele suponer el dar opiniones, algunas veces no pedidas, aunque no sean adecuadas ni relacionadas con lo que se está hablando.

26.   La soberbia, cuna de la ignorancia, hace a algunos creerse mejores y mejor preparados que los demás, en todas las tareas y capacidades.

27.   Los soberbios dejan de ver sus propios defectos, quedando éstos diluidos en su imagen de personas superiores, lo que les impide ver, nada a su altura, todo les queda pequeño.

28.   Los soberbios llegan a forzar a su inteligencia, hasta crearse un juicio deformado de sí mismos, lo que les arrastra a sentirse el centro de todo, como una idolatría personal.

29.   Los soberbios no se dan cuenta o se les olvida, que para otros no son nada. Solamente son soberbios, con ellos mismos.

30.   Los soberbios nunca llegan a aceptar una opinión diferente a la suya, no admite que alguien sepa más que ellos, les lleven la contraria o les digan lo que tienen que hacer, por muy bueno que sea el consejo.

31.   Los soberbios para situarse por encima de todos lo que les rodean, están llenos de prepotencia, presunción, jactancia y vanagloria.

La soberbia conlleva los vicios de la vanidad, la altivez, la arrogancia, la altanería, el tono despectivo, el desprecio, la desconsideración, la frialdad en el trato, la distancia gélida, la impertinencia, la humillación, la insolencia cínica o mordaz, el engreimiento, la magnificencia, etc.

La soberbia conlleva orgullo, lo que incita a la persona a valorarse demasiado, creyéndose capaz de hacer cualquier cosa, por encima de los demás e incluso de sus propias capacidades, de las circunstancias y de los contratiempos que se presenten.

La soberbia entorpece y debilita las relaciones entre los cónyuges, pues si uno de ellos tiene un amor desordenado sobre si mismo, es muy difícil amar incondicionalmente al otro cónyuge, con todos los sentimientos, lo que hace casi imposible o insufrible la convivencia, con alguien que obliga a practicar, la sumisión, la pleitesía, el acatamiento y hasta el servilismo.

La soberbia es compañera del orgullo mal entendido, de la vanidad y del interés desmedido por la propia imagen, lo que fomenta el narcisismo y el que le reconozcan su complejo de superioridad. Pero el orgullo sano, tiene una connotación positiva que es muy apreciada, cuando surge de causas nobles o virtudes. También la calificación de algo como soberbio u orgulloso, puede significar muy provechosa en los casos que se refiera a la práctica de virtudes o valores humanos.

La soberbia es el apetito desordenado de la propia valía y superioridad. Es una tendencia a demostrar la superioridad, la categoría y la preminencia que creen  tener, frente a los de su entorno.

La soberbia también sale a flote, cuando ha sido inculcada o imbuida a través de falsos mensajes de aprecio, desprecio, menosprecio o falsas diferencias o supremacías radicales dirigidas a otros, porque son de diferente sexo, aplicando el feminismo o machismo, color de la piel, superioridad o inferioridad de raza, posición social, económica, profesional, estudios, edad, o nacimiento en otros países, regiones, ciudades, etc.

La soberbia tiene como comportamiento opuesto, entre otras las virtudes de la humildad, la modestia, la sencillez y el orgullo sano, que no están reñidas con reconocer los defectos propios e intentar combatirlos, con seguridad y confianza en las propias posibilidades personales.

La soberbia está unida a la vanidad y al orgullo, representando una lacra para la sociedad. Para ejercer esos vicios, necesitan que haya gente a su alrededor, no los pueden ejercer en soledad, necesitan auditorio, a poder ser de gente sumisa, que no pueda rechistar y solamente pueda alabarles. Ahí es donde se sienten importantes, aunque sean el blanco preferido, para que otros les desmonten esa escenografía que montan, para impresionar a los humildes o tímidos.

El orgullo sano es una virtud elevada, propia de hombres mental y moralmente superiores, que sin ocultarlo ante nadie, tienen una ambición moral de vivir en plena consistencia con las virtudes y valores humanos. Lo que les conduce a una honestidad absoluta consigo mismo, sin trampas y con una valentía y superación constante.

10 Principales manifestaciones de la soberbia:

1.      Cuando existe una malsana selectividad en el entorno, con tendencia a tener pocos amigos y a someterlos a la voluntad propia.

2.      Cuando hay autoritarismo al mandar.

3.      Cuando hay rebeldía ante la obediencia.

4.      Cuando por soberbia y mal orgullo, se menosprecia todo lo que es el prójimo, creyendo estar por encima de todo y de todos, incluso no reconociéndolo como semejante.

5.      Cuando se crítica de los envidiados.

6.      Cuando se demuestra mucha agresividad en las relaciones y actividades sociales.

7.      Cuando se envidia y critica los valores de otros.

8.      Cuando se razona al revés, creyendo que todo está, al servicio temporal y material del soberbio.

9.      En la mayoría de los enfados, incluyendo los contrarios a uno mismo.

10.   En la mayoría de los momentos del malhumor, durante la convivencia familiar.

Los soberbios no pueden tener armonía y convivencia con otras personas, pues se creen superiores a los demás y desprecian las frustraciones, ilusiones y alegrías de los otros.

La soberbia religiosa nace cuando la criatura desafía a Dios, no admitiendo su condición de criatura y tratando de imponer sus deseos frente a la divinidad y como todos los pecados, tiene distintos grados.

La soberbia racial se da en los colectivos de personas, que miran por encima del hombro a otras comunidades o grupos, considerándoles inferiores, descartables o incivilizados, sin haberse molestado nunca, en intentar entenderlas, ni comprender en qué difieren de ellos, en darse cuenta de que también hay otras costumbres y diferentes sociedades.

La soberbia social se da cuando el soberbio, creyendo falsamente en su superioridad o estrato superior, siempre tiene el deseo de ponerse por encima de los demás, no admitiendo que nadie, en ningún campo o grupo, se le encarame.  No es malo que un individuo tenga una buena opinión de sí mismo, lo malo es cuando no le deja paso a nadie, ni tolera que alguien pueda estar delante de él.

La soberbia emocional se produce, cuando el soberbio se siente incomprendido y sufre mucho, pues no le consideran el mejor, imaginándose que todos los demás, le hacen agravios y nadie le da la representación de grandeza que requiere.

La soberbia absurda, grotesca y risible se da, cuando el soberbio pierde los papeles delante de todos y queda en ridículo, saliendo a relucir su inmadurez y las debilidades de sus actuaciones violentas.

La soberbia y el servilismo se suelen juntar, cuando el soberbio con prepotencia, sabe dominar a otros que se dejan avasallar o maltratar, porque no les queda más remedio que aguantar “carros y carretas”.  Es la antonomasia de la desconsideración. Es decir: «Primero yo, luego yo y después también yo.»

La soberbia y la soledad suelen coincidir, pues a los soberbios nadie los quiere tener al lado y suelen estar completamente solos, la mayoría del tiempo, aunque algunas veces, no quede más remedio que soportarlos por obligaciones familiares, profesionales o sociales.

El soberbio no es realista, pues los que son un poco inteligentes, se creen que son sabios. Los que son ingenuos, se creen que son astutos. Los que son soberbios y viles, les hace mostrarse insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes, en la adversidad. Incluso no sabe valorar los bienes que tiene, pues está cegado por su soberbia.

La soberbia es debilidad y la humildad es fuerza. Porque al humilde le apoya todo el mundo, mientras que al soberbio nadie, pues la sociedad lo considera como un necio.

11 Sentencias sobre la soberbia:

1.      Donde hay soberbia hay ignorancia y donde hay humildad hay sabiduría

2.      El soberbio consigue que la gente lo vaya dejando de hablar, si no corrige su actitud, hasta que el mismo se autoexpulsa de los grupos familiares, profesionales y sociales.

3.      El soberbio después de las ridiculeces y las derrotas, se vuelven más humilde.

4.      El soberbio produce compasión y angustia en su familia.

5.      La soberbia es el vicio más frecuentemente castigado, y sin embargo, el más difícil de curar.

6.      La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande, pero no está sano.

7.      La soberbia nunca baja de donde sube, porque siempre cae de donde subió.

8.      Más fácil es escribir contra la soberbia, que vencerla.

9.      Ruin arquitecto es la soberbia; los cimientos pone en lo alto y las tejas en los cimientos.

10.   Ser soberbio con los superiores es muy difícil y peligroso. Serlo con los indefensos o humildes, es una vergüenza y una mezquindad.

11.   Ser soberbio descalifica para dirigir.

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Adoptar un niño. ¿Por qué, para qué, cómo y cuándo?

ESCUELA PARA PADRES 

Adoptar un niño. ¿Por qué, para qué, cómo y cuándo? 

  • 11 Grupos de personas que quieren adoptar niños
  • 62 Preguntas imprescindibles, previas a la adopción de un niño
  • 5 Pasos para contar a un hijo adoptivo su realidad 

3,183 Palabras Tiempo de lectura 12:00 minutos 

Artículo relacionado: 

La maravillosa experiencia de adoptar niños 

La adopción de niños es un acto sublime, lleno de amor, valentía, nobleza, grandeza,  esplendidez, etc. Es recibir como hijo propio, de acuerdo con las leyes, al que no lo es, biológicamente. No hay palabras suficientes para calificar esta acción, máxime si con esa adopción, se impide que el niño sea asesinado en un aborto.

Adoptar un niño marca positivamente y para siempre, la vida de los padres y del niño. Supone un nuevo modelo de familia inimaginable, que produce muchas más satisfacciones que problemas.

Estas preguntas son las que deben hacerse los cónyuges, que estén en la fase de pensar en la posibilidad de adoptar un niño o una niña. Las preguntas deben adaptarse en cada caso si son: Parejas de hecho o en convivencia, hombre, mujer, soltera, casada, viuda, divorciada, separada, edad, situación económica, familias monoparentales con otros hijos, parejas del mismo sexo, personas homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales, etc. 

Se han hecho muchas investigaciones médicas sobre las posibles influencias genéticas, hormonales, sociales, culturales y del desarrollo en la orientación sexual, no se ha encontrado datos que permitan a los científicos afirmar, que la orientación sexual esté determinada por un factor o varios factores en particular. Pero está demostrado ampliamente, que la orientación sexual se produce, a través del mal ejemplo y de la mala educación. 

Hay adopciones denominadas como “niños a la carta”. Es decir los que solamente quieren adoptar a los niños, si reúnen las condiciones que han determinado con anterioridad. Esto tiene una gran connotación de egoísmo, soberbia, etc. Excepción hecha de las personas que condicionan la adopción a los niños que nadie quiere, por sus graves enfermedades, deformaciones u otras circunstancias negativas para los futuros padres. 

11 Grupos de personas que quieren adoptar niños: 

  1. Los que aceptan al niño que les entreguen, ya que lo hacen por amor desinteresado, entendiendo que una adopción puede ser, similar o equivalente, a aceptar las características que traiga un hijo biológico.
  2. Las familias que aun teniendo hijos biológicos, quieren adoptar otros, como un ejemplo de sacrifico y caridad hacia los más necesitados.
  3. Los que ponen condiciones mínimas o muy determinadas, en las características del niño a adoptar.
  4. Los que quieren adoptar por encargo, a través de empresas especializadas en bancos de semen, de óvulos y de vientres de alquiler.
  5. Los que biológicamente no pueden tener hijos, por su relación de pareja del mismo sexo, debido a que son homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales, etc.
  6. Los que quieren adoptar, exclusivamente como compañía para el futuro, principalmente los solteros, separados o viudos, pues se sienten muy solos y quieren tener asegurados los cuidados en su vejez.
  7. Los que quieren adoptar un niño para sustituir la pérdida de un hijo biológico.
  8. Los que biológicamente no pueden tener hijos y su formación religiosa, les impide utilizar métodos abortivos, como la fundación in vitro, la inseminación artificial, u otros tratamientos inmorales contra la infertilidad.
  9. Los que adoptan como signos externos de riqueza, de forma que se noten bien las diferencias, entre los hijos adoptados y los biológicos.
  10. Los que al casarse o vivir en pareja con otra persona, que ya tiene hijos propios y no pueden aportar un hijo biológico, deciden adoptar un niño para equilibrar las futuras relaciones familiares.
  11. Los que pagan por adoptar un hijo, a sabiendas de las irregularidades administrativas, legales o torceduras de las leyes, sobre todo en épocas de dictaduras, de represiones políticas o en países con gobiernos y leyes corruptas. 

Cada posible adoptante, debe conjugar sus características familiares con el grupo al que pertenece, de los indicados anteriormente y adaptar las preguntas a su real situación. 

Es una obligación de todas las personas de bien, intentar convencer a las madres, que no quieren tener a su hijo que lleva en su vientre, que lo ofrezcan en adopción, a alguna de las extraordinarias organizaciones religiosas y seglares que hay en todos los países. Cualquier adopción es mil veces mejor, que asesinarlo a través de un aborto. Ese crimen si que destroza a la mujer, a la familia y a la sociedad. 

Adoptar niños no es un derecho que tienen las personas, es un privilegio que concede la sociedad, a través de las leyes. Hay grupos determinados que pretenden, bajo fuertes presiones a la sociedad, que se promulguen leyes, que les concedan el derecho a adoptar, aunque sepan que a la larga, es un perjuicio para los adoptados, pues los adoptantes les van a educar en forma contraria a las leyes naturales. 

En algunos países las leyes injustas, ponen demasiados impedimentos económicos y legales, para que el proceso de adopción circule por cauces normales, dentro de unos plazos y costos razonables y tenga seguridad jurídica. Hoy en día es muy difícil adoptar a un niño, a no ser que se disponga de mucho dinero o se pertenezca a un grupo determinado de presión social, al que le dan muchas facilidades para que adopte niños. Es mucho más fácil adoptar niños, de países extranjeros donde las leyes son más fáciles para agilizar los procesos, que adoptar de los propios orfelinatos que están en la ciudad y llenos de niños, a la espera de que los adopten. 

Existen duras e injustas leyes, que impiden agilizar las adopciones de buena fe, no importando que mientras tanto, los niños sean asesinados en los abortos o se enfermen en algunos orfelinatos. En muchos casos, los posibles adoptantes se cansan de esperar, de hacer los trámites o se les termina el dinero y tienen que abandonar sus intenciones de adoptar. Precisamente por esta tiranía de las minorías, pagan muchos justos, por unos pocos pecadores. 

62 Preguntas imprescindibles, previas a la adopción de un niño: 

Estas preguntas deben hacerse los cónyuges por separado, para después analizar las respuestas y tratar de compaginarlas, y así puedan tomar la decisión, con el mejor conocimiento posible, poniendo como objetivo, el bien del futuro niño adoptado. 

  1. ¿Por qué queremos adoptar?
  2. ¿Queremos adoptar por amor al prójimo?
  3. ¿Queremos adoptar porque es un signo externo de riqueza social y además sentirnos mejor?
  4. ¿Para qué queremos adoptar?
  5. ¿Queremos adoptar para que cuando seamos mayores tengamos la seguridad de que alguien nos va a cuidar?
  6. ¿Estamos dispuesto a aceptar al niño que nos entreguen, sin poner condiciones, preferencias o exclusiones de sexo (niño o niña), edad (mínima o máxima), religión, color, raza, nacionalidad, origen, estatus social, tamaño, salud, condiciones físicas o mentales mínimas,  deformaciones, situación, características o enfermedades de su madre o padre biológico, o solamente lo aceptaremos, si cumple con nuestras condiciones?
  7. ¿Estamos dispuestos a adoptar al niño, incluso si la adopción es abierta y no es “sellada”?
  8. ¿Han decidido cuál es la mejor edad del niño para ser adoptado, para evitar que les reclame por la frustración que le haya podido producir su adopción?
  9. ¿Estamos dispuestos a aceptar la adopción de un hijo, que tenga ya la edad del discernimiento y por lo tanto, que tenga sus propias ideas y costumbres, por lo que tengamos que empezar desde cero, a volver a educarlo en la forma que queremos y que sea lo mejor para él, sin que esto le haga daño?
  10. ¿Cuál creen que es la mejor edad para la adopción, para el niño o para los padres adoptivos, o lo van a hacer, pensando en el beneficio de adoptarlo cuanto antes, para que pase el menor tiempo posible en el orfelinato o con sus padres biológicos?
  11. ¿Se han planteado la posibilidad de adoptar un niño, porque se les está pasando la edad para calificar para la adopción y la de ser padres biológicos y por lo tanto, aumenta el riesgo en el embarazo y los posibles problemas físicos del hijo biológico?
  12. ¿Sienten desánimo cuando ven, que pasa el tiempo y no consiguen adoptar un niño, mientras que otras personas lo logran, debido a sus características familiares, sociales o grupales?
  13. ¿Prefieren adoptar un niño recién nacido, aunque eso suponga el riesgo de que cuando vaya siendo mayor, piense que fue robado en lugar de adoptado?
  14. ¿Prefieren adoptar un niño, aproximadamente mayor de cuatro años, que es cuando ya empiezan a entender que han sido adoptados, para así disminuir el riego de las acciones impredecibles, que suelen tener los niños adoptados en edades más avanzadas?
  15. ¿Separaríamos a dos hermanos gemelos o de diferentes edades, que estén disponibles para la adopción?
  16. ¿Estamos dispuestos a esperar el tiempo que sea necesario, hasta que nos entreguen al niño que nos hayan adjudicado?
  17. ¿Estamos dispuestos a esperar el tiempo que sea necesario, hasta que llegue el niño que cumpla las características que queremos para adoptarlo?
  18. ¿Actualmente estamos preparados para adoptar?
  19. ¿Cómo nos hemos preparado para adoptar?
  20. ¿Estamos los dos cónyuges en total acuerdo, sin fisuras, en todas las condiciones de adoptar al niño?
  21. ¿Estamos dispuestos a hacer los sacrificios económicos, familiares, profesionales y sociales que sean necearlos, para pagar los altos costos relacionados con la adopción y crianza del futuro niño?
  22. ¿Estamos dispuestos a pasar todos los exámenes psicológicos, físicos, económicos y sociales que nos obliguen las leyes?
  23. ¿Tenemos la intención de devolver el niño, en caso de que no nos guste o conlleve problemas, que no queremos asumir ni resolver?
  24. ¿Queremos que desde el principio la adopción sea definitiva, provisional o solamente un periodo de guarda sin compromiso?
  25. ¿Queremos adoptarlo, desde que la madre está embarazada, asumiendo los riesgos impredecibles del niño o queremos esperar, hasta que el niño nazca?
  26. ¿Queremos, si fuera posible, conocer a la madre y al padre biológico y sus orígenes familiares y sociales?
  27. ¿Estamos dispuestos a ayudar económicamente, a los gastos médicos y familiares del proceso del embarazo y nacimiento, como parte de los gastos de la adopción?
  28. ¿Queremos, si fuera posible, que el niño adoptado, conozca los motivos de la adopción y frecuente a sus padres, hermanos y familiares biológicos?
  29. ¿Queremos que nuestros hijos biológicos, sepan que niño es adoptado?
  30. ¿Queremos que el niño adoptado, sea similar físicamente a sus nuevos hermanos o expresamente que sea diferente, para que se note su origen distinto?
  31. ¿Queremos que el niño a adoptar, sea de la misma ciudad o país donde vivimos o lo más lejano posible, para dificultar el conocimiento de sus ancestros biológicos?
  32. ¿Queremos conocer para decidir la adopción o para educar mejor al niño, las características de su madre y padre biológico, en relación con su raza, características físicas, historial intelectual, académico, social, religioso, político, económico, etc.?
  33. ¿Queremos contratar con empresas mercantiles y abogados, para que busquen donantes de esperma y óvulos, cuyos propietarios tengan las mejores condiciones físicas e intelectuales disponibles en el mercado internacional, para que el futuro niño a adoptar, cuando nazca, esté de acuerdo con nuestras exigencias, incluso seleccionando el alquiler de un vientre materno especial, sabiendo los problemas religiosos, legales, sociales y familiares que ocurrirán?
  34. ¿Hemos estudiado y consultado con expertos, cuándo y cómo vamos a decir, o no vamos a decir al hijo, la realidad de su situación, en función de su edad física y mental?
  35. ¿Aconsejarán o impedirán que el hijo adoptivo, después de los 18 años, busque a su familia biológica y quiera reunirse con ellos?
  36. ¿Son conscientes de que no tienen “la propiedad” del hijo adoptado y que por lo tanto, no pueden impedir, que el adoptado, antes de los 18 años o después de cumplirlos, intente buscar a sus padres biológicos?
  37. ¿Piensan decirle al niño adoptado, que sus padres o su madre le querían muchísimo, pero no podían criarlo por cuestiones económicas, físicas o emocionales, por lo que seguramente, sería desgraciado en su familia biológica, y decidieron darlo en adopción a una persona o familia, en la que tenían la plena seguridad, de que le iban a criar mucho mejor?
  38. ¿Están dispuestos a respetar la religión que traiga el hijo adoptado, si es que la conoce, aunque fuera distinta a la suya?
  39. ¿No les importaría adoptar a dos hermanos a la vez, para que no se separen y su adaptación a la nueva familia, sea más fácil?
  40. ¿Son conscientes que si adoptan un niño, no solamente le hace un favor a él, sino que el hijo adoptado, también beneficia moral y emocionalmente a los padres adoptivos, además que la sociedad siempre les premiará a ambos, con una mejora de imagen?
  41. ¿Tienen miedo a lo que dirá la sociedad de su futuro hijo adoptado y de Vds.?
  42. ¿Han evaluado la parte emocional, humana, familiar y social, y lo que les va a suponer todos los interminables, pesados y costosos trámites burocráticos legales?
  43. ¿Han consultado todos los aspectos de la adopción con algún experto sacerdote, pastor, rabino o imán, según la religión que Vd. practique?
  44. ¿Se ha asesorado con algún experto abogado, sobre las implicaciones jurídicas que conlleva la adopción, relacionadas con su autoridad parental, herencias, apellidos, adopciones abiertas o cerradas, derechos del hijo, etc.?
  45. ¿Han tomado en frio y sin consultar a nadie, la decisión de adoptar un niño?
  46. ¿Aceptan con agrado, todos los requisitos exigidos de buena conducta, psicológicos, salud mental y física, situación social, económica, etc.?
  47. ¿Han decido trabajar como tutores voluntarios en algún orfelinato, hospicio, refugio infantil, etc. para ir acostumbrándose a convivir con los posibles hijos adoptivos?
  48. ¿Estamos dispuestos a organizar nuestras profesiones, futuros profesionales, incluso renunciando a conseguir ascensos laborables, tiempos libres, formas de vida, etc., para dedicarse totalmente a cubrir las necesidades inherentes a la nueva situación de la adopción?
  49. ¿Estamos dispuestos a organizar nuestras finanzas, presentes y futuras, asumiendo los sacrificios económicos, sociales y profesionales que sean necesarios, para cubrir todos los gastos relacionados con la nueva persona que se incorpora a nuestras vidas?
  50. ¿Nos gustaría hacer todo lo posible para poder dar al hijo adoptivo, una familia compuesta de padre, madre y hermanos?
  51. ¿Vamos a cambiar el apellido del hijo adoptivo, para seguir nuestra propia dinastía o vamos a respetar el apellido biológico que tenga?
  52. ¿Estamos de acuerdo que adoptar es mucho más dar que recibir, aunque el amor que se produce, sea reciproco?
  53. ¿Nos importa pasar por todos los sacrificios y gastos que supone el periodo de solicitud y la adopción?
  54. ¿Nos hemos preparado para manejar los comentarios malévolos o irónicos  de la familia y de la sociedad sobre nosotros y el hijo adoptivo?
  55. ¿Estamos dispuestos a compartir nuestras experiencias para alentar, impulsar y exhortar a los indecisos, a que se definan por la adopción, incluso animando a los que están en el proceso, para que no desfallezcan?
  56. ¿Conocemos que siendo una familia tradicional, tenemos más posibilidades de obtener la adopción, que si fuéramos una pareja de hecho, pareja del mismo sexo o familia monoparental?
  57. ¿Vamos a tener y poder contratar los servicios de una niñera, para que cuide y eduque el niño adoptado y así podamos seguir nuestra vida profesional y social?
  58. ¿Creemos que vamos a tener la necesidad de pedir ayuda a la familia cercana o a amistades, para que nos ayuden física y emocionalmente, a criar y educar al niño?
  59. ¿Creemos que el niño necesitará un padre o madre adoptiva, para que le hable, a medida que va creciendo, en el lenguaje y sentimientos propios de su mismo sexo?
  60. ¿Hemos pensado y consultado sobre el tipo de educación académica, religiosa y social que le vamos a dar al hijo adoptivo, si será igual o similar a la nuestra y a la de nuestros hijos biológicos, o respetaremos la que se supone sea de sus padres biológicos, de su raza u orígenes?
  61. ¿Estamos completamente de acuerdo en ayudarnos mutuamente y compartir todo el proceso de adopción, educación y crianza, o tenemos desacuerdos importantes sin arreglar?
  62. ¿Estamos dispuestos a comunicar a nuestros familiares y amigos, el deseo de adoptar y el proceso que seguimos, o preferimos mantenerlo en secreto, para que incluso cuando ya sea una realidad, no decir toda la verdad, para ocultar el origen del niño? 

Desgraciadamente existen leyes injustas, que impiden la adopción de niños para que estos no salgan del país, aun cuando estén viviendo en la calle abandonados por su familia biológica, en campos de concentración, pasando hambre y estén condenados a morir, por enfermedades, guerras o pandillas. 

Muchas veces me han preguntado, cuál es el mejor momento para contar la realidad a un hijo adoptivo. Todo dependerá de la edad física y mental del niño. Pero desde pequeño, se le puede ir inculcando el valor humano, social, familiar y religioso de la adopción. Para ello puede empezar una campaña de concienciación en varios pasos. 

6 Pasos para contar a un hijo adoptivo su realidad: 

  1. No posponer la tarea de decírselo de formas natural y siempre hacerlo con la verdad por delante.
  2. Hablarle mucho de lo que es el concepto de la adopción, dándole el máximo valor humano posible y poniéndole los ejemplos de los que adoptan animales, calles, juguetes, equipos de deportes, etc.
  3. Hablarle de la adopción de los niños, cuando los padres tienen problemas para la crianza, alimentación, cuidados, etc. Y se los dejan a los parientes más cercanos, para que los cuiden cuando los padres no lo pueden hacer.
  4. Cuando haya asimilado bien lo que es el magnifico concepto de la adopción, hablarle con mucho cariño de la suya. Los padres adoptivos tienen que estar muy bien preparados, para incluso irle induciendo a que vaya descubriendo su propia realidad. Eso le permitirá al niño ir abriendo su mente, para expresar sus dudas, mucho antes que empiecen a llegarle noticias extrañas, del exterior del núcleo familiar.
  5. Preparar muy bien las respuestas adecuadas, que deberá contestar o silenciar, cuando sus amigos o incluso parientes, le digan cosas que el no conocía sobre su adopción.
  6. Cuando tenga plena madurez en este tema, será el momento de hablare de sus raíces y de su familia biológica, caso de que exista y él quiera conocerla. 

Para adoptar un niño solamente se necesitan unos padres adoptivos que estén dispuestos a darle amor, cuidado y educación. Abrirle un hueco en el corazón de la familia. Que no les importe los sacrificios que tengan que hacer durante todo el proceso de adopción. Dios y la sociedad les premiarán mil veces más, todos los sacrificios que tengan que hacer. 

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17 Pasos para conseguir la reconciliación y evitar el divorcio

ESCUELA PARA PADRES 

17 Pasos para conseguir la reconciliación y evitar el divorcio. 

  • 7 Pensamientos previos para decidir si quiere reconciliarse o divorciarse
  • 17 Pasos para conseguir una verdadera y duradera reconciliación que evite el divorcio
  • 15 Preguntas imprescindibles para la reconciliación
  • 60 Sugerencias que cada cónyuge debe plantearse por escrito 

2,511 Palabras Tiempo de lectura 9:00 minutos 

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La reconciliación es el acuerdo o compromiso, al que tratan de llegar los cónyuges, normalmente ayudados por terceras personas, para tratar de evitar el divorcio, que es un mal muy grave, para ellos y para sus hijos.

En el Sacramento del Matrimonio Católico, realizado exclusivamente entre un y una mujer, no existe el divorcio, pues el matrimonio es indisoluble, quedando unidos hasta que la muerte les separe. Existe la posibilidad de la nulidad matrimonial, leer: 100 Preguntas sobre la posible nulidad de un Matrimonio Católico En el matrimonio civil, si existe el divorcio y se puede aplicar cuando ambas partes estén de acuerdo o cuando lo decidan los jueces, según las leyes de cada país.

En algunos países existe lo que se llama “Divorcio Express”, es decir que el trámite judicial, tarda unos pocos días en terminarse. Con lo cual, prácticamente elimina cualquier proceso de reflexión e incluso, la posibilidad de un tiempo prudencial de separación matrimonial, para buscar y tratar de conseguir una buena, regular o mala reconciliación. Más vale que haya una mala reconciliación, porque los cónyuges creen que han cedido o perdido mucho, si al fin, han salvado el matrimonio. Las decisiones de solicitud de divorcio tomadas por impulso, siempre conllevan una gran amargura posterior, debido a que no se dieron la última oportunidad de arreglo, apaciguamiento o entendimiento. 

Las personas que están en la fase de iniciar un divorcio, lo han iniciado o ya lo han obtenido, cuando son preguntadas sobre su principal deseo, suelen contestar, que quisieran que su matrimonio se pudiera arreglar y no romper. Esa suele ser su verdadera intención oculta, pero ya han empezado un camino, que creen que no tiene remedio. Pero sí tiene marcha atrás. 

Algunos cónyuges emplean la solicitud de divorcio, como una amenaza para conseguir sus objetivos. Asustan a cónyuge con que si se produce el divorcio, no va a entregar ningún dinero, para la manutención del cónyuge, ni de los hijos. Otros alegan que el divorcio les permitirá quedarse con los hijos y que el otro cónyuge, no volverá a verlos. Otros para reclamar el 50% de los bienes que tiene el matrimonio y marcharse con otra persona, con la que ya tiene relaciones extramaritales, etc. Es muy importante que el cónyuge amenazado, investigue todas las falacias que le dicen, pues muchas veces son simplemente amenazas para manipularle y que conceda el divorcio. 

Es difícil, pero no imposible, intentar la reconciliación, aunque  durante el proceso previo al divorcio, mutuamente se hayan hecho heridas muy graves y dejado profundas cicatrices. Máxime si continuamente se ha seguido echando sal y vinagre sobre las heridas, para que escuezan. 

7 Pensamientos previos para decidir si quiere reconciliarse o divorciarse

  1. Realice un profundo examen de conciencia, para determinar si verdaderamente y por encima de todo, quiere obtener el divorcio o salvar el matrimonio. Si únicamente quiere conseguir el divorcio civil, no siga leyendo, no pierda el tiempo.
  2. ¿Por qué y para qué quiero divorciarme?
  3. ¿Puedo y debo buscar la reconciliación, como alternativa del divorcio?
  4. ¿Por qué y para qué, quiero intentar reconciliar mi matrimonio?
  5. ¿Tengo intereses con otra persona u otros objetivos privados, que no quiero abandonar?
  6. ¿Soy victima de violencia física o mental por parte de mi cónyuge y no quiere corregirse?
  7. ¿Qué beneficios y perjuicios, religiosos, familiares, económicos y sociales tendré, si continúo con el matrimonio o si me divorcio? 

El matrimonio no es un trozo de papel firmado, que se puede romper y sustituir por otro trozo de papel firmado, que es el divorcio. El matrimonio es un compromiso serio y formal, por el que vale la pena luchar, con todos los medios posibles, para mantenerlo y mejorarlo. El divorcio sí es un trozo de papel, que al firmarlo produce muy graves consecuencias sociales, legales, económicas y emocionales para los cónyuges, los hijos, la familia y la sociedad. 

El matrimonio es el pilar más importante de la sociedad, para mantenerla segura, fuerte y saludable, de manera física, moral y espiritual. Si el matrimonio se rompe con el divorcio, la sociedad entera sufre una degradación económica, física, mental y espiritual. 

17 Pasos para conseguir una verdadera y duradera reconciliación, que evite el divorcio: Estos pasos para realmente alcanzarla y consolidarla, pueden y deben darse a ser posible, antes de la petición oficial del divorcio, después ya suele ser muy tarde. Cada cónyuge debe ordenarlos, según la importancia que le parezca mejor. 

  1. Hacer un amplio análisis de los daños morales, sociales y derrumbe económico que producirá el divorcio, en las vidas presentes y futuras, de los hijos, de la familia y de ambos cónyuges, incluyendo sus vidas familiares, profesionales y sociales. Es muy probable, que tendrán que cambiar su entorno actual, relacionado con la familia, las amistades, la escuela, la vivienda, la ciudad, el trabajo, etc. Sin olvidar que los divorciados, tienen que hacer frente a una sociedad que premia socialmente a los matrimonios estables.
  2. Confeccionar una relación por escrito, de las cosas que está Vd. dispuesto a realizar y de las cosas que tiene que suprimir, de su vida cotidiana. Tenga muy claro hasta dónde está dispuesto a ceder.
  3. Practicar un inventario de las cosas, que está dispuesto a aceptar y a no aceptar de su cónyuge y hasta donde quiere que su cónyuge ceda o consienta.
  4. Preparar un plan de reconciliación con su cónyuge, que contenga unos objetivos claros a corto, medio y largo plazo, y que incluyan un sistema de control, para empezar a negociarlos y de forma que cada uno, pueda presentar las posiciones máximas y mínimas, para poder llegar a un acuerdo satisfactorio.
  5. Hacer un sincero acto de humildad, pidiendo perdón de lo que ha hecho mal y de sus omisiones más importantes. La parte emocional de aceptar el error, le ayudará más fácilmente a perdonarse a si mismo, a perdonar a su cónyuge y a llegar a acuerdos en la reconciliación. Si quieren amar de verdad, tienen que aprender a perdonar.
  6. Designar a un sacerdote, pastor, rabino o imán, según la religión que practiquen, para que les ayuden a hacer el seguimiento de esos objetivos y sus resultados, asesorándoles en los casos que no se hayan agotado todas las posibilidades de reconciliación. No se enfrenten en solitario, para tomar una de las decisiones más importante de sus vidas. También pueden ser ayudados por los expertos de los Centros de Orientación Familiar (COF) de la Iglesia Católica.
  7. Poner a sus hijos por delante de las decisiones egoístas, que vayan a tomar, teniendo muy en cuenta los perjuicios materiales, sociales y religiosos que el divorcio les va a causar, lean: Hijos manipulados por el divorcio
  8. Reflexionar sobre el amor que hubo en su día y el cariño demostrado y recibido, en otros tiempos, que les llevo a comprometerse en presencia de Dios, de la sociedad y bajo su palabra de honor, a vivir juntos para toda la vida, hasta la que la muerte les separara.
  9. No dejarse influenciar por familiares o amigos que le manipulen, aconsejándole que no explore la posibilidad de la reconciliarse y vaya directamente al divorcio. Esos malos consejeros, no sufrirán las consecuencias de las decisiones que Vd. tome, ni conocen los puntos fuertes y débiles de Vd. ni de su cónyuge. Ellos suelen expresar lo que les hubiera gustado hacer, pero sus circunstancias y personalidades, siempre son diferentes. No hay dos problemas iguales, puede haberlos parecidos, pero con personas diferentes.
  10. Estar muy atento por si el otro cónyuge le está chantajeando,  manipulando o utilizando los hijos, en el camino de la reconciliación. Esa es otra bandera roja, que le indicará la veracidad de las intenciones.
  11. Analizar el daño que causan y reciben cada uno de los cónyuges, hijos y familiares, con la decisión de divorciarse. Son daños irreversibles para el presente y futuro. Los hijos con padres divorciados, estadísticamente, son más proclives a divorciarse también y casi siempre, ven la vida bajo una sensación de inestabilidad e inseguridad.
  12. Pensar en lo triste que será para sus hijos, cuando continuamente la sociedad actual, les pregunten ¿Qué edad tenías cuando tus padres se divorciaron? ¿Cuántas veces se han divorciado tus padres?
  13. Pensar lo duro que será para su ex-cónyuge cuando le pregunten ¿Cuántos años de casados y cuantos hijos tenían cuando se divorciaron? ¿En qué situación económica, social, profesional y familiar, se quedó Vd. cuando se divorciaron? ¿Colabora económicamente su ex-cónyuge en el mantenimiento de sus hijos?
  14. Proponer una tregua en los mutuos ataques, un armisticio donde cada cónyuge, guarde sus armas, en la espera de seguir los pasos necesarios, para intentar llegar a una reconciliación.
  15. Recordar que el matrimonio es una entrega incondicional, que conlleva el olvido inmediato de lo que se ha entregado, ya que se ha hecho exclusivamente por la felicidad de los demás. Es una renuncia personal hacia la familia, olvidándose de la propia comodidad y del egoísmo personal.
  16. Asumir que para que la reconciliación funcione a largo plazo, no debe ser un consenso de mínimos, que lleve escondidos los egoísmos personales. Tienen que ser un acuerdo basado en la entrega total, asumiendo las perdidas que cada cónyuge tenga que aceptar.
  17. Un buen ejercicio para aprender a reconciliarse, es nunca ponerse a dormir sin haberse reconciliado con el cónyuge. Un pequeño gesto de contacto puede ser suficiente para indicar al otro cónyuge, el deseo de reconciliación por cualquiera diferencia ocurrida.

El pasado es el cimiento del presente y el presente es el cimiento del futuro, por eso los divorcios, no suelen ocurrir de un día para otro, ya que se suelen ir gestando, poco a poco, y avisan con sus banderas rojas de peligro, leer: Matrimonios de alto riesgo. 17 banderas rojas que deben corregirse para evitar el divorcio

Muy pocos estudian como van a sobrevivir, las funestas consecuencias del divorcio. Lo realizan alegando que se han cansado de la vida matrimonial y que su matrimonio está irremediablemente roto. No hacen ni el menor esfuerzo por salvarlo, creyendo que detrás de el, está una libertad mal entendida. 

El matrimonio significa compromiso y entrega, pero tiene muchas y maravillosas compensaciones. El divorcio es la mayor tragedia que puede ocurrir a una familia. Es una huida, escape, deserción, derrota, etc., normalmente sin retorno y sin saber a donde se va. “Saltan de la sartén, a las brasas” por no querer llegar a una avenencia, para conseguir la reconciliación. 

15 Preguntas imprescindibles para la reconciliación: 

  1. ¿Tienen verdadera intención de hacer algo, para salvar el matrimonio?
  2. ¿Tienen a alguien con ascendencia moral o familiar, al que pudieran escuchar ambos cónyuges, por separado o juntos?
  3. ¿Sus hijos pueden ayudarles, como mediadores a conseguir una reconciliación matrimonial?
  4. ¿Han preguntado, analizado y sopesado todas las opciones y posibilidades que pueden realizar, antes de rechazar la mutua reconciliación?
  5. ¿Tienen la certeza que su cónyuge, cumplirá con las condiciones acordadas?
  6. ¿Están dispuestos a seguir conviviendo durante el resto de su vida, a pesar del sufrimiento para ambos y sus hijos, en el caso de que no quieran ningún cambio?
  7. ¿Han hablado con sus hijos, en función de sus edades físicas y mentales, sobre sus desavenencias matrimoniales y de las consecuencias y secuelas, que les dejará el divorcio?
  8. ¿Puede cada cónyuge vivir con independencia económica, después del divorcio?
  9. ¿Están esperando hasta que uno de los cónyuges se rompa física o emocionalmente y se convierta en su marioneta, para poder manipularle más a su antojo?
  10. ¿Creen que los niños pueden seguir viviendo en una familia, donde haya violencia entre los padres o contra los hijos?
  11. ¿Creen que tienen derecho a que hijos lleguen a perder el poder, la seguridad y la tranquilidad que les da, una familia unida, porque los padres deciden romperla con el divorcio?
  12. ¿Conocen las leyes de su país, relacionadas con el divorcio, la separación y el futuro cuidado de los hijos?
  13. ¿Tienen denuncias de violencia presentadas a la policía y están en trámite?
  14. ¿Ha pensado alguno de los cónyuges marcharse de su casa, aunque le pudieran acusar de “abandono de hogar”, porque dice que su matrimonio está en crisis y que ya no puede más?
  15. ¿Se dan cuenta que las posibles negociaciones de reconciliación, se hacen mucho mejor manteniéndose dentro del hogar? 

60 Sugerencias que cada cónyuge debe plantearse por escrito: 

  • 10 cosas que debo hacer, para tener un mejor matrimonio.
  • 10 cosas que no debo hacer, para tener un mejor matrimonio.
  • 10 cosas que me gustaría que mi cónyuge haga.
  • 10 cosas que me gustaría que mi cónyuge no haga.
  • 10 cosas que ambos debemos hacer juntos, para tener un mejor matrimonio.
  • 10 cosas que debemos hacer para que nosotros y nuestros hijos, seamos más felices. 

Las respuestas a cada una de las sugerencias, deben ser 10 o más, puesto que las primeras respuestas, son muy fáciles de hacer, ya que casi son obvias. Las conocen ambos cónyuges, debido al tiempo que llevan viviendo juntos. A medida que tengan que esforzarse en utilizar la creatividad para buscar más respuestas, es cuando se empieza a forzar más el cerebro, para encontrar las cosas verdaderamente significativas y substanciales. 

Pongan solamente los conceptos serios e importantes, que verdaderamente crean que les unen o les separan, sin entrar en temas baladíes o fútiles. Procuren que sean sobre percepciones y hechos reales, tales como: Los sentimientos, las actitudes, las personalidades, los roles y sitios que a cada uno le corresponden, los hijos, el amor presente y pasado, la soledad, la indefensión, etc. 

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Cómo educar bien a los hijos. Estilos, criterios, características, errores y sentencias.

ESCUELA PARA PADRES 

Cómo educar bien a los hijos. Estilos, criterios, características, errores y sentencias. 

  • 10 Estilos principales de educación
  • 11 Criterios principales para educar
  • 13 Características de los hijos frente a la educación
  • 14 Errores más frecuentes en la educación de los hijos
  • 18 Sentencias prácticas sobre educación
  • Resumen 

3,234 Palabras Tiempo de lectura 12:00 minutos 

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Los padres deben analizar el estilo de educación que están dando a sus hijos, cónyuge y familia. No todos los modelos de educación son iguales, ni todos somos iguales. Es posible que la mezcla de algunos tipos de formas de educar, sea el mejor cóctel para cada hijo, cónyuge y familia. Analice lo que está haciendo y si es necesario rectifique para mejorar, siempre es mejor hacerlo ahora, que cuando ya no haya remedio. ¿Qué estilo de educación reciben sus hijos? ¿Está dispuesto a cambiarla por otro modelo mejor? 

10 Estilos principales de educación: 

  1. Autoritaria. En la familia no se debe emplear la prepotencia, dominación o fuerza, salvo en cuestiones muy graves, urgentes o peligrosas. La autoridad de los padres, que conlleva la responsabilidad, no es ni discutible ni delegable. Puede ser persuasiva, convincente, flexible o sugerente y en algunos casos disuasiva, pero siempre presidida por mucho amor. Los padres tienen que saber cuándo deben ejercer la autoridad y cuándo no. Una familia no puede ser presidida por una autoridad militar.
  2. Democrática. La familia no puede ser llevada como una democracia, aunque todos los componentes deben tener voz y voto, para determinadas cuestiones. Pero los padres tienen que tener el derecho a veto, en beneficio del bien común de la familia entera, ya que tienen un conocimiento más global de las situaciones. Hay muchas cosas que dentro de las libertades asignadas, todos deben poder decidir por si mismo, a tomar decisiones para ir aprendiendo a ser autónomos. Tienen que aprender a equivocarse, a rectificar y a asumir las consecuencias de sus decisiones.
  3. Escrupulosa. No hay que hacer un mundo de cada pequeña mentira o transgresión de las normas familiares, pero tampoco fomentarlas, al ignorarlas. Debe ponerse atención al detalle, orden, método, rigor y la adecuada disciplina.
  4. Estricta. Incluso puede ser por convencimiento o persuasión. No permitiendo por las buenas o por la fuerza, que hagan algo fuera de las normas razonables impuestas por los padres. Pero tampoco se puede pedir que no mientan, cuando los padres mienten continuamente.
  5. Imprecisa y limitada. Si los hijos observan o sienten, que las normas de educación que reciben de sus padres son imprecisas, poco claras y limitadas solamente a determinados temas o situaciones, y que se cambian con facilidad, de acuerdo a la conveniencia y circunstancias, harán todo lo posible para no cumplirlas y adaptarlas a su conveniencia.
  6. Permisiva. Cada uno hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere. Los padres dicen que los hijos se deben educar, con plena libertad de acción. Sin importar si lo que hacen, les lleva por el buen o mal camino. Allá ellos con sus responsabilidades, aunque todavía no tengan la edad del pleno discernimiento.
  7. Irreflexiva Algunos padres llevan a los hijos donde los maestros y sicólogos, como cuando llevan al mecánico el automóvil que no funciona, para que lo devuelvan arreglado correctamente. Sin la colaboración incondicional de los padres, esos profesionales no pueden hacer mucho por los hijos que les traen.
  8. Antagónica. Cada cónyuge educa de una forma diferente y opuesta, lo que descoloca a los hijos de lo que tienen o no tienen que hacer. Y sirve para que los hijos aprovechen la circunstancia que les convenga más, aunque les perjudique debido a su falta de conocimientos.
  9. Incompatible. Entre lo dicen y hacen los padres, entre ellos y externamente. En este caso, los hijos no pueden llegar a entender, el principal mensaje educativo que es el ejemplo.
  10. Severa. Presidida por la intolerancia, el castigo, el miedo y la incomprensión. Los hijos se acostumbran a un lenguaje fuerte, que les influye en sus relaciones con el resto de la familia y con la sociedad. 

Algunos padres sienten, que no están suficientemente preparados para educar a sus hijos en ciertas materias, puesto que ellos mismos tuvieron un pasado muy poco ejemplar. De los padres dependerá saber si dar testimonio de su pasado, suma o resta, en la credibilidad de lo que dicen a sus hijos. En caso de que su testimonio sea público y notorio en la familia o deciden contarlo, podrán decir a sus hijos, que lo que les aconsejan, está basado en las cicatrices y heridas sangrantes que todavía mantienen, por lo que hicieron en otras épocas y otras circunstancias. Podrán explicar bien, que lo importante es el mensaje y no el mensajero. Algunas veces las experiencias contadas desde el dolor de los errores, es una buena forma de enfatizar lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer. Pero hay que valorarlo bien, porque no siempre es necesario, incluso puede ser perjudicial y contraproducente, por el escándalo que conlleva. 

11 Criterios principales para educar: 

  1. ¿Cómo educar? Principalmente con el ejemplo, pues los hijos que se educan así, tienen medio camino recorrido. Además los padres deben utilizar todas las técnicas que estén a su alcance y que su éxito haya sido probado. Para eso están los libros, el Internet, las conferencias, los cursos y las consultas a los experimentados profesionales o a las personas, que tengan un buen criterio educativo.
  2. ¿Con qué educar? Principalmente con el ejemplo de los padres, que los hijos vean que los padres no dicen una cosa y hacen otra. Utilizando buenos libros sobre cada una de las materias de la educación, siempre en función de las circunstancias y la edad física y mental de los hijos.
  3. ¿Contra qué educar? Contra las tentaciones y cantos de sirena de la sociedad permisiva, la cual no está acostumbrada a aceptar la buena educación de las personas, acepta que todo vale y exige la norma del mínimo esfuerzo.
  4. ¿Cuándo educar? Los padres tienen que estar educando siempre, desde que la madre está esperando al hijo, transmitiéndole unas grandes dosis de cariño mental y físico, soportado en buenos pensamientos, tranquilidad emocional, canciones, movimientos y alimentación adecuada para su estado. Así el niño estará tranquilo, sabiendo que los padres le esperan con una sana ansiedad. Después desde que nace, y empezando con los horarios de su atención, darle las instrucciones adecuadas para que vaya aprendiendo lo que tienen que hacer y lo que no tiene que hacer.
  5. ¿Cuanto educar? Cuanto más, mucho mejor. Pues nunca, por mucho trigo fue mal año. Pero nadie puede dar de lo que no tiene, de ahí que la educación continua de los padres, sea esencial para transmitirla a los hijos. Siempre se debe estar educando, pues continuamente surgen nuevos temas, que requieren informar a los hijos, para evitar que se equivoquen.
  6. ¿Dónde educar? Principalmente en la casa y sistemáticamente en todas las ocasiones. El hogar es la mejor universidad de la educación. También llevando a los hijos en los paseos familiares, excursiones, salidas en grupo, visitas a bibliotecas, museos, conciertos, etc.
  7. ¿En que educar? Lo primero, especial e inexcusablemente en la práctica de las virtudes y valores humanos. Esto les servirá de cimentación, para edificar sobre ellos todas las cosas de la vida. Así podrán preguntarse, si alguna acción que vayan a hacer o no hacer, se contradice con lo enseñado por sus padres. Si no están educados en estos conceptos, no tendrán referencia para comparar y saber si van bien o mal por la vida.
  8. ¿Frente a qué educar? Enseñando a los hijos a enfrentarse a las diferentes situaciones reales, que se les van a presentar en su vida, o ya se les han presentado y no supieron como resolverlas o las resolvieron de una manera, que pudiera ser mejorable.
  9. ¿Para qué educar? Para transmitir a los hijos los conocimientos de los padres, además de que aprendan todo lo necesario, para que en futuro sean personas de bien, cultas, educadas y con una buena formación religiosa, familiar, profesional y social.
  10. ¿Porqué educar? Porque si no se educa a los hijos, se comportaran como asilvestrados y tomarán demasiados riesgos en esta vida. Dicen que algunos hijos parecen que están “enteros”, porque no han recibido ningún tipo de educación y se les nota desde lejos. Suelen ser los perdedores sociales.
  11. ¿Quién debe educar? En primer lugar los padres, para cumplir con su compromiso responsable, ineludible e intransferible de hacerlo. Podrán delegar para complementar en algunas partes de la educación, principalmente en materias muy especializadas en los maestros, tutores, etc. Y según la religión que profesen, en los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes. 

13 Características de los hijos frente a la educación: Los padres tienen que ser muy cautelosos, con el tipo de educación que realizan a cada hijo y la forma de tratarlo, pues cada uno tiene una forma de comportarse, ante la misma educación y puede tener diferentes necesidades: 

  1. Unos tienen más necesidad de ser escuchados y que se les preste atención.
  2. Otros al ser miedosos e inseguros, están buscando siempre apoyo en algo o alguien, aunque no sea conveniente para sus intereses.
  3. Otros necesitan actos de confianza y mucha comunicación, más que razonamientos y explicaciones prácticas.
  4. Otros no quieren que se les sobreproteja, pues desean desarrollar ellos mismos sus propias capacidades, para crecer humana y socialmente.
  5. Otros reaccionan con violencia, insultos, amenazas, gritos, mentiras, etc.
  6. Otros reaccionen abruptamente, ante cualquier situación que les presiones o les ponga incómodos.
  7. Otros sistemáticamente rompen las reglas establecidas por sus padres, la escuela o la sociedad.
  8. Otros son lentos en entender lo que se les dice, aunque tengan buena voluntad de querer comprender.
  9. Otros son muy impresionables por cualquier cosa.
  10. Otros son muy sentimentales y por lo más mínimo se sienten heridos.
  11. Otros son rápidos en entender, pues razonan, exigen, corrigen, juzgan y hasta compiten con sus padres, en algunas cosas familiares y sociales.
  12. Otros tienen baja su autoestima, inseguridad, depresión, ansiedad, cambios de personalidad bipolar, cambios constantes de humor, irritabilidad, irresponsabilidad, retraimiento, falta de interés, etc.
  13. Otros tienen una forma de ser, que sus estados de ánimos y emociones, son lo más importante en sus comportamientos. 

Los 14 errores más frecuentes en la educación de los hijos: 

  1. Ausencia de comunicación por falta de tiempo, egoísmo o miedo a tratar los temas que les parecen difíciles, dejando que los hijos hagan lo que quieran y que se eduquen en función de lo que les dicen los amigos de la calle, los medios de comunicación o las pantallas electrónicas.
  2. Confundir la libertad con el libertinaje. No poniendo normas de conducta y permitiendo que los hijos hagan lo que quieran, donde quieran y como quieran, bajo la creencia que con esta política, los hijos van a desarrollar mejor su personalidad y autoestima. Los hijos tienen que ejercer la libertad, de acuerdo con su edad física y mental, sin olvidar los padres que ellos tienen su libre albedrío para equivocarse o acertar y por lo tanto, atenerse o disfrutar las consecuencias.
  3. Cuando hay incoherencia entre hablar y hacer. Lo contrario del buen ejemplo. Si prohíben fumar y ellos fuman, su autoridad quedará cuestionada. La frase que debe encabezar la educación: Que el si sea si, y el no sea no. Si los padres hablan de una cosa y hacen otra, transcenderá a los hijos que la autoridad es débil y la pueden torce fácilmente. Si profieren amenazas o prometen premios que nunca cumplen, poco a poco, irán perdiendo credibilidad.
  4. Dándoles más cosas que las que necesitan, justificándose por el poco cariño que les demuestran y la poca dedicación que les prestan, debido a sus ocupaciones de trabajo. Sin educarlos con austeridad, tan necesaria siempre en la vida.
  5. Dar sobreprotección.  Esto convierte a los hijos en inseguros, mimados  blandengues y consentidos. Los hijos notan que sus padres les intentan liberar de todo posible sufrimiento o dificultad, grande o pequeña.  Sienten que lo hacen, para demostrar su posesión y manipulación total, cortándoles las alas de su libertad. Los hijos no pertenecen a los padres, lo que pertenece a los padres es la responsabilidad de educarlos y prepararlos individualmente para su futuro.
  6. Darles todo lo que quieran, aunque no lo necesiten. Así les hacen desconocer el esfuerzo necesario, para conseguir lo que necesitan y no tienen en cuenta el valor del trabajo. En esta sociedad tan consumista es muy bueno inculcarles la frase ¿Lo quieres o lo necesitas? Inculcarles que lo que reciben, es un privilegio que se lo tienen que ganar con esfuerzo.
  7. Dejarles hacer lo que quieran, es el cimiento de la mala educación. Los padres, en beneficio de los hijos, tienen que educarles por el convencimiento en o por la fuerza. No pueden consentir, ni ellos se lo merecen, el que se críen “asilvestrados”. Tirar, aflojar y negociar, son las habilidades que deben tener los padres.
  8. Desconociendo los pormenores de la vida de los hijos. Sus necesidades, preferencias, inquietudes, ignorancias, sueños, amistades, dedicaciones, miedos, problemas, etc.
  9. Empleando la burla, el sarcasmo, la ironía, la sátira, etc. Humillándoles más que si fueran directamente a decirles, lo que verdaderamente les tienen que decir. Muchos hijos no pueden interpretar esa forma de educación, por lo que no saben a que quedarse, ni si lo que les han dicho es verdad o se están riendo de ellos.
  10. Emplear la autoridad inadecuada y rigurosamente. Lo que da como respuesta unos hijos temerosos, aprensivos, irresolutos, cobardes y solapados. La autoridad paternal tiene que estar soportada en el ejemplo, la comunicación y la persuasión, para convencer a los hijos de lo que tienen que hacer. Así en la familia habrá armonía y los hijos podrán crecer y prosperar. Educar con mano firme, pero con guante de seda. Tan dañino es el despotismo, como la permisividad. Tiene que haber un punto medio.
  11. Manipulando. Poniendo por medio un malsano interés para conseguir objetivos, buenos o malos de los hijos. Utilizando medios hábiles o arteros, distorsionando la verdad, la justicia y los verdaderos intereses de los hijos en temas de dinero, enfermedades, soledades, relaciones con el cónyuge, etc. Los padres manipuladores, siguen haciéndolo, incluso cuando los hijos han formado su propio hogar.
  12. No corregir a tiempo las malas conductas. Educar a los hijos es como plantar y cuidar árboles. Según empiezan a torcerse hay que enderezarlos, pues cuando pasa el tiempo sin corregir sus conductas, suele ser casi imposible encauzarlas hacia el bien. Las buenas costumbres que se aprende de pequeños, después se convierten en hábitos y posteriormente, en virtudes y valores humanos.
  13. Permitiendo divergencias conyugales en la educación. Cuando los cónyuges continuamente se desautorizan, voluntaria o involuntariamente. Sus criterios, órdenes, disciplinas o consejos son antagónicos, lo que produce a los hijos un desequilibrio moral y emocional. ¡A quién obedezco o creo! Todo lo que diga un cónyuge tiene que ser respetado por el otro, y si tuvieran diferencias de conceptos, deben aclararlas previamente y en privado. Los hijos suelen manipular a ese tipo de padres, pues saben que enfrentándolos, se libran de cumplir las dos instrucciones recibidas.
  14. Sobrevalorando sus cualidades e ignorando sus limitaciones y defectos, rehusando aceptar la realidad y pretendiendo que los hijos sean y hagan, lo que ellos no han podido ser ni hacer, ni en la vida escolar, profesional ni social. Esto conlleva en ambas partes, enfados, resentimientos, amarguras, frustraciones, etc. 

Educar es una arte maravilloso y muy delicado, pero nadie nace sabiéndolo hacer. Por lo tanto hay que aprender a realizarlo con técnica y método, intentando corregir a tiempo y sacar provecho de los inevitables errores, equivocaciones y tropiezos, de forma que sean oportunidades para mejorar. Que los errores que cometen los padres, en la educación de sus hijos, siendo un derecho irrenunciable, un placer y una obligación, no se convierta en excusa para no insistir en hacerlo hasta que salga bien. 

18 Sentencias prácticas sobre educación: Si el hijo vive con……… 

  1. Aceptación, aprende a encontrar amor en el mundo.
  2. Alabanza, aprende a apreciarse.
  3. Amigabilidad, aprende que el mundo es un lugar agradable donde vivir.
  4. Aprobación, aprende a gustarse.
  5. Burla, aprende a ser tímido.
  6. Celos, aprende lo que es la envidia.
  7. Compartiendo, aprende a ser generoso.
  8. Compasión, aprende a tener lástima de si mismo.
  9. Estímulo, aprende a tener confianza en si mismo.
  10. Honestidad y equidad, aprende lo que son la verdad y la justicia.
  11. Hostilidad, aprende a pelear.
  12. Reconocimiento, aprende a tener una meta.
  13. Reprobación, aprende a condenar.
  14. Seguridad, aprende a tener fe en si mismo y en quienes lo rodean.
  15. Serenidad, aprende a tener tranquilo el espíritu.
  16. Temor, aprende a ser aprensivo.
  17. Tolerancia, aprende a ser paciente.
  18. Vergüenza, aprende a sentirse culpable. 

Resumen: Los padres tienen obligación de comprobar los resultados del tipo de educación que  están dando a sus hijos. La llamada pasión de padres, no debe cegarles hasta impedirles ver, que lo que están haciendo, tienen que ver con serenidad las cosas, en su justo medio. 

En cuento tengan la menor duda, de que no están obteniendo los resultados que esperaban en el campo de religioso, familiar, escolar o social, deberán consultarlo con los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que practiquen o con otras personas de su entera confianza, para que les ayuden, a medir los resultados de la educación que están dando a sus hijos y en su caso, les propongan modificación a la forma que tienen de educar a sus hijos. ¡Padres! No tengan miedo, no están solos. Hay muchos y muy buenos expertos que pueden ayudarles a educar bien a sus hijos, si es que Vds. quieren. 

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Los padres, la moral, la medicina y la sexualidad, en la vacunación a los hijos contra el Virus del Papiloma Humano VPH o en inglés HPV.

ESCUELA PARA PADRES 

Los padres, la moral, la medicina y la sexualidad, en la vacunación a los hijos contra el Virus del Papiloma Humano VPH o en inglés HPV. 

5,113 Palabras Tiempo de lectura 18:00 minutos 

  • Lo que la industria del sexo ofrece a los jóvenes para su libertinaje
  • 30 Virtudes y valores humanos, como base para la educación sexual de los hijos
  • Tipo de educación sexual que los padres dan a sus hijos
  • Resumen: En 6 puntos. 

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Hay magnificas vacunas como la de la poliomielitis, la viruela, la tuberculosis, la difterias, la tosferina, tétanos, etc. que han salvado y salvan millones de vidas. Pero ninguna de estas vacunas envía mensajes como la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) o en inglés (HPV) de que los jóvenes, ya pueden dedicarse a hacer lo que quieran en sus relaciones sexuales, porque han sido vacunados contra las consecuencias de sus actos. 

Los profesionales de la industria farmacéutica y de la salud, no se ponen de acuerdo si esta vacuna VPH tiene muchos, pocos o cuáles son los efectos secundarios, a plazo corto y largo, sobre los niños que la toman a partir de los 9 años. Parece ser que no ha pasado el tiempo suficiente, para que los análisis que dicen que han hecho, hayan podido investigarse bien. La vacuna está presentada como muy segura, sin apenas efectos secundarios, pero no existen suficientes garantías probadas, que demuestren de forma global, los beneficios para la salud de los niños. 

No voy a comentar las recomendaciones que hacen los médicos y farmacéuticos relacionadas con la calidad, los estudios de eficacia a largo plazo, las garantías, los efectos adversos y secundarios, las contraindicaciones, el excesivo costo, la frecuencia, las dosis de inicio y de recuerdo, las edades mínimas, ni máximas, la edad en la que hay que empezar y terminar de ponerla, a qué segmentos de población, las consecuencias físicas y morales, incompatibilidades, responsabilidades, etc. Pero debo insistir que los padres tienen que tener, un total control sobre su innegable responsabilidad de su poder de decisión, en un tema tan esencial, como el de la salud total de sus hijos, ya que la industria del sexo, hace un gran esfuerzo para obligar a todos los jóvenes, a recibir esta vacuna VPH. 

Es posible que alguien difiera con el planteamiento de este artículo, en general o con algunos de sus aspectos. Pero como el asunto es muy grave, no lo echen en saco roto y procuren complementarlo con otras fuentes confiables en moral, medicina y sexualidad. Sus hijos en particular y la sociedad en general, se lo agradecerán. 

Esta vacuna VPH tiene sus beneficios, pero no se puede ocultar un efecto siniestro, el deseo de corromper a la juventud, desde lo más pronto posible y de que los jóvenes sigan teniendo más relaciones sexuales, cada vez a edades más tempranas y que pierdan el temor a sus consecuencias. La mejor y única vacuna eficaz, como se ha demostrado en todas las partes del mundo y desde la existencia de la humanidad, es la abstinencia sexual hasta el matrimonio. Lo demás son parches malévolos. Las vacunas contra el sarampión, la rabia, la tuberculosis, etc. son muy buenas como prevención. Pero no se les puede decir a los vacunados, que ya pueden revolcarse con todos los que tengan esas enfermedades, porque no les va a pasar nada. Seguramente no se contagiarán de esas enfermedades, pero contraerán cualquiera de las enfermedades que estén por ahí, algunas mucho peores que las que querían eliminar con la vacuna. 

Los padres deberían preguntar a los profesionales que tengan el conocimiento, criterio, honestidad y moralidad para aconsejarles, sobre la vacuna VPH. Eliminando de estos profesionales los que tengan ataduras o intereses comerciales o económicas, con la industria del sexo: Laboratorios farmacéuticos, clínicas de abortos, denominadas de planificación familiar, oficinas gubernamentales y ese largo etcétera, donde están incluidas muchas más organizaciones, con ánimo de lucro con el sexo. 

Es muy difícil para los padres, reconocer el tipo de educación sexual y moral que han dado a sus hijos. Todos creen que la educación que les han dado es perfecta, y nunca van a tener problemas para llevarla a cabo. Claro que si se atrevieran a preguntárselo a otras personas independientes, podrían llevarse el disgusto de que la educación que han dado a sus hijos, tiene mucho que desear y que por lo tanto, han convertido a sus hijos en personas de alto, bajo o medio riesgo, para tener enfermedades que ocasionan las relaciones sexuales, fuera del matrimonio. 

Hay padres, que equivocadamente, quieren educar desde pequeños a sus hijos, en un ambiente de total libertad, sin reglas morales ni sociales, permitiéndoles que hagan lo que quieran, en aras de una mal entendida libertad sexual y moral. Los están abocando a que cuando vayan llegando, a la edad del libre consentimiento y aunque no tengan el libre albedrío, para distinguir lo correcto y lo incorrecto, se dejen llevar por sus propias apetencias incontroladas, o por las malas intenciones de personas mayores que ellos. Ese tipo de mala educación, seguramente conllevará relaciones sexuales prematuras, y por lo tanto se convierten en niños de alto riesgo, ante el virus del papiloma humano HPV. Fomentando ese tipo de educación permisiva, es cuando los padres deben ponerles la mencionada vacuna, pues ellos mismos saben, el riesgo de contagio al que someten a sus hijos. 

Algunos padres consideran políticamente correcto, suministrar a los niños la mencionada vacuna VPH, sin querer entender que es una maniobra de reingeniería social y de la familia, relacionada con la “salud sexual y reproductiva”, un “gran experimento público de salud” patrocinado, fomentado y en muchos casos obligado, en las escuelas y universidades públicas, por la industria que controla y se lucra descaradamente, con la inmoral utilización desmedida del sexo en la sociedad. ¿Es esto fraude, estafa, robo, marketing del miedo o promoción agresiva de los “derechos sexuales” para los menores? Los padres pueden evitar esta obligatoriedad, en función de reivindicar el derecho a su declaración de objeción moral o religiosa. 

Las alarmantes cifras propagadas sobre el cáncer uterino, producido por el Virus del Papiloma Humano VPH, han creado una desproporcionada sensación de miedo y una malévola orientación, hacia la vacunación obligatoria. Algunos padres han tenido que optar de manera precipitada, entre vacunar o no a sus hijos, por el miedo inducido a las consecuencias que pueda acarrear una decisión irreversible. 

Cuando se pregunta a los padres su opinión sobre la vacuna VPH, la mayoría de ellos, por falta de información y por no querer enfrentarse a una realidad, cambian de tema, echan la culpa de la vacuna a las grandes corporaciones farmacéuticas, que manipulan a las escuelas, para imponer sus productos, tergiversan las estadísticas, que dicen ellos que conocen, e intentan crear una niebla tan espesa, que les permita escaparse y evadir la realidad y su responsabilidad. 

            Los padres tienen que elegir entre pensar, que con esa vacuna eliminan el problema del VPH en sus hijos, y el dejar la puerta abierta con la vacuna VPH, que la mayoría de las veces, fomenta una mayor facilidad para que se metan en otros problemas, todavía más graves, como son la repetición de los actos sexuales, al creer que no deben temer a las consecuencias que conllevan. 

Los padres tienen que cambiar esa actitud permisiva, con todo lo que la sociedad les dice, relacionado con la educación sexual de sus hijos. Tienen que seleccionar lo que es trigo de lo que es paja, formando su propio criterio en función de lo que estudien ellos o les digan las personas bien formadas y con experiencia, en cada tema, así podrán adecuar su mente a lo que verdaderamente es moral. Meditar profundamente el tipo de educación, que han dado y van a dar a sus hijos, les definirá la gran respuesta, ante la administración o no de la vacuna VPH. 

Los padres tienen que entender que no pueden, ni deben facilitar o permitir en la pubertad, adolescencia o juventud emergente de sus hijos, los métodos anticonceptivos como pastillas y parches anticonceptivos, píldoras del día después, sistemas intrauterinos, preservativos, vacunas contra el VPH, etc., mandándoles el equivocado mensaje, de la permisividad de las relaciones sexuales, homosexuales y lesbiánicas. Tampoco deben consentir o permitir, que mantengan relaciones sexuales prematrimoniales, sin aconsejarles sobre los graves peligros, físicos, morales y sociales que conllevan.

La mejor vacuna contra el VPH es la enseñanza y práctica de las virtudes y valores humanos. Esta vacuna tan antigua, certera y segura, la sociedad la aprendió desde hace miles de años y está impresa en la Ley Natural.30 Virtudes y valores humanos, como base para la educación sexual de los hijos: Abstinencia, amor, autodisciplina, castidad, disciplina, educación, familia, Fe, fortaleza, generosidad, honestidad, justicia, modestia, obediencia, oración, orden, paciencia, perdón, prudencia, pudor, pureza, religiosidad, respeto, responsabilidad, sencillez, templanza, tolerancia, virginidad masculina y femenina, voluntad, etc. Cada vez hay más jóvenes, que hacen la promesa solemne de mantener la abstinencia sexual hasta el matrimonio. 

Avisar a los hijos sobre los peligros de las enfermedades sexuales contagiosas es imprescindible, para reducir o eliminar ese riesgo. Pero decir que ya no existen las enfermedades o que ha desaparecido el riesgo de contaminación de una de ellas, por lo que ya pueden hacer lo que quieran con su sexo, supone que muchos niños, al quitar el miedo al castigo que les manda la naturaleza por su mal comportamiento, aumentarán los actos inmorales. Cuando se usa algún adelanto técnico, para reducir el riesgo de algunas enfermedades sexuales, como la vacuna VPH, a menudo se pierden los beneficios, pues se asume una mayor exposición, que si no usara ese adelanto. 

Si se eliminaran las leyes que castigan los crímenes, robos, asesinatos, etc. a los criminales les daría por cometer muchos más crímenes, porque les desaparecería el miedo al castigo, por lo tanto aumentaría el número de ellos y también las consecuencias de recibir mayores daños, producidos por los agresores y por los agredidos en defensa propia. Si no hubiera cárceles que atemorizan, es posible que hubiera más robos y asesinatos. Si no nos hubieran dicho mil veces, que el  tabaco causa cáncer, seguramente habría mas fumadores y por lo tanto más cáncer. Quitar los castigos a los crímenes, no quitaría los riesgos de las consecuencias de esos crímenes, al contrario, aumentarían los actos delictivos y las consecuencias, para los que los producen y los que los padecen. 

La vacuna VPH a diferencia de las otras, que los padres normalmente van poniendo a sus hijos desde que nacen, crea confusión en los niños a los que se les pone a los 9 años. Los padres lo justifican, diciendo a sus hijos que las niñas a partir de los 11 años, que es cuando generalmente empiezan con su periodo menstrual, podrían quedarse embarazadas, si tienen relaciones sexuales, aunque la vacuna VPH no lo impida. 

Algunos padres pueden pasar por excéntricos, locos o extraños, por su manera de opinar moralmente sobre esta vacuna. La medicina y la sociedad no les permiten, que vayan en contra de la corriente que ellas marcan. Pero los padres, bien asesorados moral y médicamente, deben ir muy por delante de lo que marca la sociedad. Siempre deben estar alertas y preparados, para evitar determinados cambios inmorales, que la sociedad impone como norma. Tienen que tener la valentía de dar ejemplos gigantescos, con su entrega generosa a favor de la familia y no les tiene que preocupar, el desoír los cantos de sirena que equivocadamente la sociedad emite. No crean los padres que están solos en el mundo y sin obligaciones, siempre tienen unas raíces que regar y unas ramas que cuidar

La responsabilidad de los padres es muy variada y tiene varios grados. Siempre tendrán que dar cuenta por lo que han hecho y por lo que han dejado de hacer, en beneficio de los hijos. Algunos padres están formados por silencios, tienen temas en los que no pueden rechazan entrar, porque no saben o porque no quieren. Prefieren arrastrar el profundo dolor que produce la irresponsabilidad, ante las obligaciones voluntariamente asumidas ante sus hijos. No deben detestar la compasión y los consejos, de los que desinteresadamente les quieren ayudar, ni encerrarse en esa burbuja cómoda, que la sociedad les ofrece con la terrible frase “todos los padres lo hacen”, pues tienen el riesgo de que la burbuja, en la que están metidos, les explote en su propia cara. 

La educación de los hijos es como ir montado en un tren, que lleva a un destino previamente determinado. Se puede elegir el tren o el destino correcto o incorrecto, bajarse en mitad del recorrido y abandonar la misión familiar encomendada. Lo que no resuelve nada es decir “yo no sabía”, cuando llega el descarrilamiento de los hijos. Los padres pueden y deben discutir, comentar y negociar con los hijos, pues son su prioridad y lo que más quieren. La vida tiene unas etapas naturales, que los jóvenes, ni los mayores, las deben de quemar, pues cada etapa tiene su momento y sus características. Las conductas buenas dejan huellas buenas y las malas, las dejan malas y muchas veces irreversibles, inalterables o definitivas. 

La vida es un asombroso baile, mezcla de caos y precisión, pero hay que saber claramente, cuando hay que atacar los problemas, cuando hay que hacer una finta y cuando retirarse a pensar en las soluciones adecuadas, pidiendo consejo a los expertos. A primera vista, no todas las verdades, por muy edulcoradas que estén, suelen ser positivas. Algunas verdades son muy amargas y dolorosas, pero pueden constituir el punto de partida, para llegar a los objetivos propuestos, aunque para cumplirlas, cueste realizar un esfuerzo sobrehumano. 

Los padres deben tomar la decisión mejor para sus hijos, sobre esta vacuna HPV, porque creen que es la prioridad y no porque sea políticamente correcta. Esta es una de las decisiones en las que la verdad, tiene que presidir la vida, aunque esta verdad, suene cacofónica y tenga un timbre desabrido, para el resto de la sociedad. No deben tomar la decisión, solamente, por seguir la danza que la sociedad marca o por no desentonar. Esta verdad, si no suena como lo que quiere la sociedad, puede ser molesta, pero tienen que asumirla y aplicarla en beneficio de los hijos y para dar ejemplo a la sociedad, de forma que quede reflejado en la manera de estar, hablar y vivir. 

            Algunos padres basan la decisión de poner a sus hijos la mencionada vacuna HPV, en que lo mismo van a comenzar a tener relaciones sexuales, desde la más temprana edad y por lo tanto, pudieran ser contagiados fácilmente con enfermedades de transmisión sexual. Si bien la vacuna pudiera protegerles de la infección del HPV, no protege nada, contra las otras enfermedades sexuales ETS que la promiscuidad alentada por esta vacuna, fomenta indirectamente. 

Los padres no deben volverse cómplices de la patraña sobre el sexo seguro, que la industria del sexo les quiere envolver con su verborrea engañosa, para que obren en contra de su propia naturaleza, peor aun, en contra de sus propios hijos. Esta vacuna HPV es uno de los motivos, por los que han aumentado el número de abortos en las adolescentes. Sirve para evitar el HPV pero aumenta enormemente, las posibilidades de embarazos y el contagio de enfermedades sexuales ETS

Los padres tienen que elegir, entre enseñar, recomendar y educar a sus hijos, en la práctica de las virtudes y valores humanos, para que les hagan evitar las ocasiones de tener relaciones sexuales o dejar que ellos hagan lo que quieran. No existe ninguna alternativa que sustituya a la de llevar una vida moralmente responsable, donde prime la abstinencia sexual fuera del matrimonio. Podrán suminístrales a sus hijos alternativas médicas o farmacéuticas, pero al final es una elección, entre evitar el embarazo o evitar las enfermedades de transmisión sexual, pero no las dos cosas. La sociedad ofrece a los jóvenes muchas alternativas médicas y farmacéuticas, que evitan o suspenden los embarazos o para que no se contagien con las enfermedades de transmisión sexual, pero no ofrecen nada que pueda solucionar ambas cosas. Nunca les hablan de la abstinencia sexual, pues eso no es negocio para las empresas, ni para las  organizaciones que viven de la industria del sexo. 

Lo que la industria del sexo ofrece a los jóvenes para su libertinaje:  

  • La vacuna contra el virus del papiloma humano VPH, posiblemente evita esta enfermedad o algunos tipos de la enfermedad, pero tendrán muchas más probabilidades de obtener embarazos no deseados, fuera del matrimonio y el contagio de las enfermedades de transmisión sexual, debido a que al perder el miedo a las consecuencias del VPH, realizarán más cantidad y con más frecuencia las relaciones sexuales. El sida está avanzando enormemente en el segmento de población, que ha tomado la vacuna VPH debido a la mayor desinhibición sexual.
  • Las píldoras anticonceptivas, los dispositivos intrauterinos (DIU’s), los implantes e inyectables, también fomentarán en los hijos una mayor cantidad de relaciones sexuales, sabiendo que no tienen el miedo a embarazarse ni a embarazar. Pero siguen con el gravísimo riesgo de contagio con las enfermedades de transmisión sexual, por aumento de las relaciones sexuales.
  • La píldora anticonceptiva post-coito, RU 486, denominada Plan B o  anticoncepción de emergencia. Como los otros anticonceptivos evitan los embarazos, pero no evitan las graves consecuencias que origina el aumento de relaciones sexuales, al creer que no habrá embarazos.
  • Los preservativos, masculinos o femeninos, podrán evitar los embarazos, pero no la transmisión de las enfermedades de transmisión sexual como el SIDA.
  • Otras formas de realizar actos sexuales, creyendo que así podrán disminuir o evitar los embarazos, pero son igual o más peligrosas, ante el contagio de las enfermedades sexuales, en otras partes del cuerpo. 

La sociedad en general y los medios de comunicación en particular, están educando a los jóvenes, desde que son niños, en que el cuerpo les pertenece y que pueden hacer con él lo que les de la gana, cuándo y cómo les de la gana. Les dicen que como es de ellos, lo pueden, como si fuera un bien inmueble, prostituir, prestar, vender, alquilar, mutilar, decorar, perforar, etc. Nadie les habla de las consecuencias físicas, morales y emocionales que esas actitudes les van a proporcionar. Solamente les dicen, que pueden ejercitar la libertad de hacer con él lo que quieran. 

A los padres hoy les cuesta mucho hablar con sus hijos de las relaciones sexuales y la moralidad. Dan muchos rodeos y emplean palabras nuevas, distintas y poco claras, para expresarse sobre este tema, no van al meollo de la cuestión. Una de las formas más elocuentes de hablar, es con el ejemplo, pero es una de las formas más difíciles de hacerlo, aunque la que mejor comprenderían los hijos. Hoy en día, el sexo está presente en casi todos los órdenes de la vida, en todas sus facetas, pero no, en el coloquio amistoso de la educación. 

Los padres deben educar a sus hijos sobre los aspectos sexuales, en función de su edad física y mental, con una educación positiva y prudente, haciéndoles ver que, en algunas ocasiones, es peor el remedio que la enfermedad, como en el caso de la vacuna VPH. La ignorancia no es buena compañera de la educación, por lo tanto no es negociable. 

El amor y el respeto a la dignidad de la otra persona, son los principales objetivos de la sexualidad, no la promiscuidad y la permisividad absoluta, donde la obtención del placer, sea el principal objetivo de la sexualidad, al querer solamente satisfacer el instinto, con la búsqueda del placer, procurando únicamente evitar los embarazos y las enfermedades de transmisión sexual. Los hijos deben aprender a determinadas edades físicas y mentales, a entender qué es la sexualidad del matrimonio y de la procreación. 

La mejor escuela para la educación de los hijos y su formación, en la práctica de las virtudes y valores humanos, la constituye una vida familiar equilibrada, en la que los padres sean fieles practicantes de ellas y totalmente entregados el uno al otro, y a sus hijos. 

Los padres no deben permitir, que en nombre de una pretendida salud sexual, se corrompa a los niños y adolescentes, contándoles mentiras o verdades a medias. La vacuna VPH no soluciona el problema de las enfermedades de transmisión sexual, producidas por la promiscuidad. Los padres deben enterarse bien, de la cruda realidad de la situación presente y futura de sus hijos, y ejercitar el derecho irrenunciable e intransferible, de educar a los hijos de la forma que crean más conveniente para ellos. Tienen el derecho a negarse a que a sus hijos les pongan la vacuna HPV, si entienden que ya les han dado una buena formación, en la práctica de las virtudes y valores humanos. 

La infección por el VPH representa el contagio de transmisión sexual más frecuente. Existen aproximadamente cuarenta tipos de VPH sexualmente transmisibles, algunos de los cuales, son causa del cáncer de cuello de útero. Los médicos indican que aunque se use el preservativo, en las relaciones sexuales, el riesgo de contagiarse por VPH es muy alto, y que la única forma eficaz para prevenir esa infección, es la abstinencia de las relaciones sexuales antes del matrimonio. Los padres deben insistir a sus hijos, que la prevención más eficaz es evitar el riesgo de contagio, esperando para tener las relaciones sexuales, hasta que puedan compartir un proyecto de vida matrimonial

La vacuna que quieren aplicar, colectiva y obligatoriamente en las escuelas públicas, a todas las niñas y niños desde los 9 años, aunque según los médicos, solamente evita un número muy limitado de todos los cánceres de cuello uterino y de las verrugas genitales. La vacunación colectiva y obligatoria, equivale a asumir que no es posible retrasar el inicio de las relaciones sexuales, ni mantener la abstinencia sexual hasta el matrimonio, incluso entre los jóvenes que elijan esa opción. 

La promoción de esta vacuna se está llevando en las escuelas y en los medios de comunicación, de una manera sutil, engañosa, ladina y poco cautelosa, en relación con las consecuencias morales, médicas y sexuales. Lo que está fomentando en los padres, niños y jóvenes una falsa sensación de seguridad, frente a las infecciones de transmisión sexual, lo que producen un aumento de las conductas de riesgo. Esta sensación se conoce como “comportamientos desinhibidos” o “compensación de riesgo”

Los padres tienen la opción de negarse y oponerse con todas sus fuerzas individuales y colectivas, a la vacunación de sus hijos, para protegerlas de tantas incógnitas y mensajes confusos. Principalmente debido a que esta vacuna abre inequívocamente, una avenida de seguros errores, gravísimos e irremediables, por los que una parte de la sociedad pretende que los jóvenes circulen. 

Es muy difícil que los padres se pregunten y se examinen, sobre el tipo de educación sexual que están dando a sus hijos, y mucho más que lo consulten con sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que practiquen. Eso es indispensable y determinante, para inclinar la balanza a un lado u otro, a la hora de permitir o no, aplicar la vacuna VPH, en función del riesgo que se supone, que esos hijos están preparados para asumir. 

  • Unos creen que a los hijos les deben dar total libertad, para que hagan lo que quieran, cuando quieran y con quien quieran.
  • Otros creen que no pueden hacer nada en ese tipo de educación sexual, pues sus hijos están inmersos en un tipo de sociedad permisiva, donde es muy difícil luchar contra corriente, que todos hacen lo mismo y que la batalla la tienen perdida de antemano.
  • Otros creen que siempre ha habido hijos rectos y torcidos y que los padres, no han podido hacer nada, para que no se tuerzan, ni enderezar a los torcidos.
  • Otros creen que recomendándoles los imprescindibles exámenes periódicos de Papanicolaou, ya han terminado con su obligación educativa, olvidándose que muchas hijas, todavía no tienen la edad de hacérselo o no quieren decir que lo necesitan hacer, para no levantar sospechas, de haber tenido relaciones sexuales prematuras. Algunas veces el examen llega tarde, pues las hijas no saben que han contraído la enfermedad y ya está muy avanzada.
  • Otros creen que lo mejor es ocultar a los hijos, como «mentira piadosa», que les han puesto la vacuna. Más tarde o más temprano se enterarán, y es mucho mejor explicarles la decisión tomada y los motivos que les llevaron a esa decisión. El futuro de los hijos, dependerá de la educación sexual que hayan recibido de sus padres. Los padres deben explicar claramente, los peligros que les podría suceder si creen que con la vacuna, ya pueden hacer lo que quieran sexualmente, creyendo equivocadamente que se les abre una avenida donde la “compensación de riesgo” es alta.
  • Otros implícitamente aceptan como normal el estado de las prácticas sexuales autodestructivas de los jóvenes. Asumiendo que los niños o adolescentes desde los 11 años, están teniendo esas prácticas, y que por precaución, deberían recibir esta vacuna, aunque no sirva para combatir, otras peligrosas ETS que los niños y los jóvenes pueden contraer. Algunos padres prefieren ignorar la actual cultura de la promiscuidad, que la mencionada vacuna puede fomentar por la repetición de los actos sexuales.
  • Otros aceptan poner la vacuna a sus hijos, porque saben que no les han educado suficientemente en la práctica de las virtudes y valores humanos, o debido al medio ambiente en el que se desarrollan, por el segmento social al que pertenecen, por las experiencias familiares, por el mal ejemplo que los padres dan, etc. Algunas veces tienen que reconocer, que los hijos corren un alto riesgo, ya que desde temprana edad tienen o van a tener, una vida sexualmente activa.
  • Hay muchos padres que se preocupan de enseñarles el verdadero camino con el ejemplo y con la práctica de las virtudes y valores humanos, este es el mejor camino para que alcancen su plenitud. En este caso no es necesario y si contraproducente el ponerles la vacuna VPH y todos los peligros que conlleva. 

Las familias y por lo tanto la sociedad, viene lidiando con índices siempre crecientes de enfermedades sexualmente transmitidas ETS, que hoy son aproximadamente 26 diferentes. Existe un gravísimo problema, que es dar por hecho que la promiscuidad sexual de los jóvenes, no se puede modificar, y que sólo es posible reforzar las acciones, para combatir las enfermedades resultantes. Pero se lograría mucho más, si toda esa energía se dirigiera a la educación y prevención.

La vacuna VPH demuestra que el sexo seguro es inseguro, y que los métodos anticonceptivos, no evitan las enfermedades de transmisión sexual, algunas mortales como el VPH, HIV-SIDA, etc. el único sexo seguro, es el sexo abierto a la vida dentro del matrimonio. Pero hay muchos y ocultos intereses políticos, económicos, demográficos, etc. A más vacunas de esta clase, más relaciones sexuales y más embarazos no deseados, por lo tanto mas abortos y mas contagios de las enfermedades de transmisión sexual. Así crecerá el número de clientes enfermos y se aumentarán los gastos, necesarios para combatir esas enfermedades, además de los ingresos por la realización de abortos. 

Esta vacunación obligatoria se ha convertido para los gobiernos, en un instrumento de “pulso político”, una bandera equivocada de “modernidad” y de “progreso” dentro de una carrera por ser el primero en adoptarla, para así decir que se está a la vanguardia en las técnicas de prevención y en el grupo de países punteros, en las políticas públicas de salud. La engañosa publicidad política y comercial, que conlleva un pulso a las familias, donde la industria del sexo ha multiplicado sus esfuerzos de marketing y de corrupción política. Para algunas industrias farmacéuticas, el sexo fuera del matrimonio y las enfermedades y abortos criminales que conlleva, es como su combustible. No pueden vivir sin él. 

Resumen:  

  1. La razón de poner la vacuna VPH a los niños, está motivada por la aseveración inexacta, de que indefectiblemente todos, empezando desde la más tierna juventud, van a tener relaciones sexuales antes del matrimonio y por lo tanto, van a contraer el virus del papiloma humano.
  2. La abstinencia sexual antes del matrimonio, es la única vacuna que verdaderamente evita todas las enfermedades de transmisión sexual. Todavía ningún joven, se ha muerto por practicar la abstinencia.
  3. La abstinencia sexual fuera del matrimonio, tiene que estar enseñada a los hijos con el ejemplo y la práctica de las virtudes y valores humanos, antes indicados.
  4. La vacuna contra el virus del papiloma humano VPH abre los caminos que fomentan las relaciones sexuales y por lo tanto, la transmisión de otras graves enfermedades sexuales. Con ella sí se propicia la posibilidad, de que haya más muertos y enfermos graves e incurables, aunque prevenga el VPH y las verrugas genitales.
  5. Si tienen la menor duda, sobre poner o no poner la vacuna a sus hijos, les sugiero que ante la gravedad del tema, no titubeen en consultarlo con su pediatra y con el sacerdote, pastor, rabino o imán, según la religión que practiquen.
  6. ¡Padres! No tengan miedo, pues no están solos, pongan todas sus energías en educar sexualmente bien y honradamente a sus hijos, al final ellos y la sociedad se lo agradecerán. 

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