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Hijos manipulados por el divorcio


ESCUELA PARA PADRES

 

Hijos manipulados por el divorcio

 

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¿Sabe que el Síndrome de Alienación Parental (SAP) es un auténtico lavado de cerebro por medio del cual, uno de los progenitores manipula a los hijos, para que odien al otro progenitor?

 

Manipular es influir, manejar, maniobrar o intervenir con medios hábiles, maliciosos, deshonestos y arteros en la voluntad, acciones y opiniones de los hijos, distorsionando la verdad para beneficio propio y perjuicio del otro progenitor. Que triste y grave es ver a los padres cuando hacen esto antes, durante o después del divorcio. No quieren darse cuenta del grave daño que están causando para siempre en sus hijos.

 

Además del trauma que les supone el divorcio de sus padres, les llegan las graves consecuencias de ser manipulados. Lo normal es que los hijos quieran ser neutrales en las diferencias que tienen sus padres, pues quieren a los dos por igual, salvo cuando haya violencia, infidelidad o abandono. No es solamente la incertidumbre de su futuro, sino que tienen que añadir el tener que realizar determinadas acciones para satisfacer a uno de los dos progenitores, normalmente en perjuicio del otro.

 

Los hijos desde que nacen quieren intensamente y con todo su corazón a sus padres, pero por una decisión de uno de sus progenitores o de los dos, les empieza a llegar una manipulación sibilina para que ignoren, dejen de querer, empiecen a odiar o se vuelvan contra uno de sus progenitores, que casi siempre soporta esa manipulación con una serie de mentiras, medias verdades o falsedades. Esto les produce un choque emocional y unas heridas imposibles de curar o por lo menos les deja unas cicatrices imborrables para toda la vida.

 

Los padres nunca deben poner a los hijos en la situación de tener que elegir entre un progenitor u otro, pues los hijos aman a los dos cónyuges por igual. La elección les supone una situación de desconcierto y contradicción que le causa confusión y daños emocionales.

 

Cómo pueden los hijos asumir la realidad de ver como sus progenitores mienten y manipulan las situaciones en su propio beneficio, cuando ellos han sido su referente de educación en todos los aspectos. El día de mañana los hijos pensarán que el fin justifica los medios, aún a costa de pasar por encima de los derechos de los demás.

 

No es manipulación cuando uno de los progenitores hace ver bien claro a los hijos, pruebas fehacientes y contundentes y no con suposiciones infundadas, de que existen actos reales que afectan o puedan afectar el futuro la vida o el bienestar de los hijos, como en abuso físico, emocional, sexual, demencia, adicción a las drogas, grave malversación económica, etc.

 

La manipulación empieza cuando uno de los progenitores cuenta a sus hijos cosas malas del otro progenitor, sean verdades, mentiras, o medias verdades, que casi siempre equivalen a mentiras, y les manipula para que se decidan por que se queden a vivir con el padre o a que se queden con la madre, incluso con promesas falsas de regalos y prebendas. Esta situación suele comenzar incluso antes de iniciar el proceso de divorcio para que cuando el juez les de una audiencia a los hijos, estos le digan al juez que prefieren ir a vivir con el padre o con la madre. Los jueces suelen decidir en función de los deseos de los hijos si estos están en la edad de discernir clara y justificadamente sus preferencias.

 

Los regalos y prebendas suelen ser mecanismos de persuasión aplicables en los hijos para atraerlos hacia posiciones sentimentales beneficiosas, ostensiblemente para uno de los progenitores, con el objetivo de impedir que vean con claridad las verdaderas situaciones familiares, principalmente cuando los padres tienen algo que ocultar o de qué arrepentirse.

 

La manipulación es una forma artera y subliminal de mal trato, aunque los hijos sean pequeños o adolescentes y aparentemente no se enteren ni vayan viendo como les están cambiando su mente y la percepción de lo que ven o sienten. En algunos casos de divorcio esa manipulación se convierte en violencia física o mental dentro de la familia, de los hijos contra uno de los progenitores o contra sus propios hermanos y familiares. Muchas veces los hijos son utilizados como un arma ofensiva o defensiva contra el otro progenitor, según convenga a los padres para poder ganar la batalla de la custodia, el derecho de visita o la obligación de la manutención.  

 

También los padres se aprovechan de utilizar en beneficio propio cualquier inclinación natural y de los hijos hacia uno de los progenitores, explotando esa sincera tendencia de cariño e intentando conseguir que el hijo manipulado se convierta en manipulador. 

 

La manipulación es un proceso que algunas veces lleva mucho tiempo preparándose por uno de los progenitores, pues conlleva un conjunto de síntomas, estrategias, acciones y objetivos por el cual un progenitor va transformando poco a poco la conciencia de su o de sus hijos con objeto de impedir, obstaculizar o destruir sus vínculos con el otro progenitor e incluso hasta hacerlos contradictorios con lo que hasta ese momento estaban teniendo.

 

La manipulación ocurre con más intensidad y virulencia en los procesos violentos de separaciones, divorcios o incluso en los que habiendo llegado a un acuerdo, después han derivado en situaciones conflictivas. En estas situaciones alguno de los progenitores educa a sus hijos en el odio hacia el otro progenitor, hasta lograr que los propios hijos le rechacen.

 

Principales procedimientos de manipulación a los hijos, en beneficio propio o para perjudicar al otro progenitor:

 

  • Aprovechar las situaciones judiciales que conllevan la administración de herencias o fideicomisos que los hijos menores de edad tengan como derechos adquiridos de sus antepasados. La tutela de esos hijos en algunos casos puede suponer mucho dinero para sus progenitores.
  • Crear mala fama al otro progenitor en el entorno familiar, principalmente entre los que tengan ascendencia sobre los hijos. 
  • Dar opiniones injuriosas o que descalifiquen al otro progenitor, relacionadas con su estado mental, comportamiento moral, opinión peyorativa de su familia o de la sociedad, presencia física, grado de inteligencia, procedencia familiar, estudios realizados, raza, etc.
  • Entrenarles con mentiras para que manipulen al otro progenitor con el fin de obtener mejores prestaciones económicas para la pensión alimenticia y gastos de los hijos.
  • Formar alianzas inconscientes o implícitas, pero tácitamente cumplidas con los hijos, para ir en contra del otro progenitor, produciendo así una traición a los sentimientos más profundos de cariño de los hijos.
  • Hablar de lo malo que es el otro progenitor, de lo que hace sufrir, de las traiciones, mal tratos, etc., con el objetivo de que no le sigan amando, respetando y admirando.
  • Hacer promesas a los hijos sobre las ventajas económicas y sociales que tendrán si aceptan vivir con uno de los progenitores o en su caso con su nueva familia, insistiendo en la caída económica que tendrán si se quedan a vivir con el otro progenitor. Pero ocultando los problemas que les llegarán con el nuevo tipo de vida propuesto.
  • Inducir a hacer daño a las personas o cosas que estén relacionadas con el otro progenitor.
  • Intentar cambiar los apellidos de los hijos para que pierdan el del progenitor alienado, incluso cambiando la ciudad o el domicilio para destruir la relación del progenitor ausente de sus hijos, o presentar al nuevo cónyuge a los hijos como el nuevo padre o madre.
  • Involucrar a los hijos en injurias, mentiras, falsas denuncias de abusos sexuales, malos tratos, robos, etc. Buscando la desacreditación para interrumpir por la vía judicial los contactos con el otro progenitor. 
  • Manipular a los hijos con regalos, promesas o amenazas para que declaren mentiras ante los jueces, abogados o sicólogos que los evalúan, con el fin de que les dejen la custodia a uno de los progenitores.
  • Obligar o persuadir para que testifiquen contra el otro progenitor, buscando a un profesional, para que diga que los hijos están dañados emocionalmente, sea cierto o no, para lograr una patria potestad, una pensión económica o prohibición del juez,  para conseguir que la otra parte no tenga contacto con los hijos.
  • Presentar falsas alegaciones de abuso físico y/o sexual en los tribunales para separar a los niños del otro progenitor.
  • Producir interferencias, obstaculizaciones o impedimentos en las visitas o comunicaciones acordadas.
  • Prometer o realizar regalos o beneficios si aceptan las nuevas relaciones sentimentales y familiares de uno de los progenitores.
  • Realizar un proceso perverso e interesado de manipulación al progenitor que tiene la custodia de los hijos, para excluirle del campo afectivo y relacional de los hijos.
  • Torcer malintencionadamente la conciencia o la profesionalidad de los especialistas, tales como psicólogos, abogados y maestros que tienen que determinar con hechos y fundamentos ante los jueces el estado psicológico de los hijos sugiriéndoles que preparen a los hijos para que testifiquen en contra del otro progenitor para lograr los objetivos propuestos.
  • Usar a los hijos como mensajeros para pedir más dinero, recriminar, espiar, convencer, acusar o instigar en beneficio particular.
  • Utilizar a los hijos como chivatos para que les cuenten todas las actividades que hace el otro progenitor.

 

La manipulación es algo cotidiano en las familias monoparentales, dado que los hijos son criados en un estado de semi-orfandad por el progenitor al que le han concedido su custodia. El contacto de los hijos con el otro progenitor, normalmente se reduce a unas horas durante algunos fines de semana, lo que origina la falta de apoyo en los malos momentos y la ausencia de referencia paternal o maternal. Además de las innumerables interrupciones, cambios e incertidumbres en el régimen de visitas, denuncias a los jueces sin justificación y un sentirse manipulados en ambas direcciones, convirtiéndose algunas veces los padres legales en tiranos autoritarios y verdugos de sus propios hijos. Esto se soluciona en gran parte si los que deciden divorciarse accedieran a salirse del hogar por turnos. Son los padres y no los hijos los que tienen que salir del hogar, como lo explico en el artículo  Divorcio. Los hijos siempre lo primero

 

Los progenitores tienen que evitar que por despecho o intereses personales, económicos, sociales o familiares predisponer a los hijos en los divorcios contra el otro progenitor aunque tenga o no la custodia. La verdadera justicia es la que se pone de parte de los más débiles, y los hijos son los más débiles.

 

Los hijos se ven muy desorientados cuando empiezan a poner en sus vocabularios y situaciones reales de convivencia, cariño y lealtad, los estereotipos negativos de unas nuevas palabras que nunca han usado: Padrastro, madrastra, hijastros, hermanastros, medios hermanos, etc., como dicen en Latinoamérica, además de esos nombre relacionándolos con el resto de los parientes.

 

En las negociaciones previas al divorcio debe tenerse muy en cuenta que entre los progenitores debe haber la máxima transparencia posible, incluso cuando se produzcan en presencia de los hijos, si ya tienen edad suficiente para enterarse y entender la situación que esta sucediendo. Esto evitará la posterior manipulación hacia los hijos, pues estos conocerán perfectamente las condiciones y los motivos del divorcio. Deberán hablar muy claro a los hijos sobre su futuro, aclarando todos los puntos relacionados con su incertidumbre, miedos a lo desconocido, las perdidas, los cambios, dónde, cuándo, cómo y con quién van a vivir, cambios de escuela, de familia, de amigos, etc. Los padres deben evitar por todos los medios posibles los berrinches, venganzas, caprichos y juegos sucios que hacen con el otro progenitor para evitar que esto afecte todavía más a los hijos, en la vida presente y en la futura.

 

Síndrome de Alienación Parental (SAP)

 

Este síndrome consiste en un proceso de auténtico lavado de cerebro por medio del cual, uno de los progenitores manipula la conciencia de los hijos, para destruir el vínculo con el otro progenitor y lograr que le odien, hasta conseguir alejarlos completamente de él.

 

Es un problema muy extendido actualmente que afecta a más del 80% de las parejas que se separan sin mutuo acuerdo, lo que repercute en un gran desequilibrio emocional, familiar y social en la mayoría de los hijos que antes, durante y después del divorcio tienen que sobrevivir dentro de familias monoparentales o ajenas a sus lazos biológicos.

 

Los padres con el Síndrome de Alienación Parental (SAP) son los que pasan por un proceso de trastorno intelectual que transforma su conciencia temporal o permanentemente, haciéndoles perder el sentimiento de su propia identidad, hasta que llegan a hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de su condición de progenitor. Abusan de su posición de influencia sobre los hijos para hacerles torcer sus sentimientos hacia el otro progenitor, destruyendo, saboteando y dificultando las normales, necesarias e imprescindibles, muchas veces ya difíciles relaciones de los hijos con el otro progenitor, en la disputa por la custodia o visitas de los hijos.

 

Signos que indican la existencia del Síndrome de Alienación Parental (SAP).

 

  • Cuando constantemente se habla mal del progenitor ausente delante de los hijos, incluso con mentiras. Haciendo hincapié en situaciones ajenas a su vida, responsabilidades o situaciones como progenitor. 
  • Cuando hablan sobre situaciones que no les han sucedido y creen recordarlas debido a que se las han contado muchas veces hasta hacérselas creer como reales.
  • Cuando los hijos no saben dar explicaciones concretas sobre el porqué rechazan u odian a su o sus progenitores.
  • Cuando los hijos o los padres en situaciones de divorcio son diagnosticados con trastornos mentales, depresiones crónicas, incapacidad para funcionar en un ambiente normal, trastornos de identidad e imagen, desesperación, sentimientos incontrolables de culpabilidad, sentimientos de aislamiento, hostilidad, personalidad esquizofrénica, intentos de suicidio, ansiedad, enfermedades psicosomáticas, disminución de la autoestima y un largo etcétera.
  • Cuando los hijos sienten que sus progenitores han fallecido, que han sido abandonados o que nunca les han querido.
  • Cuando los hijos utilizan palabras o frases propias de un adulto al hablar mal de su o sus progenitores.
  • Cuando se impide que los niños convivan, visiten o se comuniquen con el otro progenitor.
  • Cuando se ridiculiza los sentimientos y el afecto que sienten los niños por el progenitor ausente.

 

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