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Tengo una hija de 15 años enamorada de uno de 16.


ESCUELA PARA PADRES

Tengo una hija de 15 años enamorada de uno de 16. 

3,149 Palabras. Tiempo de lectura 11:30 minutos 

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 A los 15 años, todavía los hijos no están formados como adultos. Todavía están en la pubertad que es la primera fase de la adolescencia, donde se producen las modificaciones propias del paso de la infancia a la edad adulta. Están inmaduros y llenos de inseguridades, como para poder entender las responsabilidades que desde el principio, conllevan los noviazgos. En esas preciosas etapas de la vida, como son la pubertad, preadolescencia y adolescencia se tienen muchos cambios físicos y emocionales, pues el cuerpo está ajustando la edad fisiológica y la edad mental. Es cuando empiezan a despertar su instinto sexual, originando que tanto los niños, como las niñas, empiecen a prestar atención a los del otro sexo y a ser admirados y a admirar a los del sexo opuesto. Que los padres autoricen, consientan o ignoren voluntariamente, el noviazgo de una hija de 15 años o a un hijo de 16, es condenarles a un casi seguro problema, la mayoría de las veces irreversible. 

A los hijos no se les puede hacer creer que van a madurar a base de los errores que cometan, pues la mayoría de las veces, esos errores son irreversibles y precisamente limitan la maduración. Mucho peor si los hijos empiezan a edades más tempranas, con noviazgos a escondidas y salidas furtivas, como es normal en algunos grupos sociales. 

Para los 15 años ya les han dado mucha y muy mala información, sobre el derecho y la libertad que tienen, de hacer lo que quieran, cuándo quieran y cómo quieran con su cuerpo, principalmente en todo lo relacionado con el sexo. Pero les han hablado muy poco de las obligaciones y graves consecuencias, que conlleva ese derecho y esa libertad si las aplican mal. Incluso saben que sus parejas, no se responsabilizarán en caso de que se produzca un embarazo, pero a sus 15 años quieren seguir adelante con sus noviazgos, porque dicen que todas lo hacen y está muy de moda. 

Una pregunta muy irresponsable y carente de sentido común, es la que suelen hacer algunos padres, familiares o amigos de la familia: ¿Cómo es que todavía no tienes novio si ya tienes 15 años? ¿Es que no te gustan los chicos o no te gustan las chicas? Eso supone minar los sentimientos que tienen de mantenerse alejados de ese problema, hasta que les llegue la edad adecuada. 

Muchos enamoramientos de los hijos, suelen coincidir con el comienzo de los nuevos ciclos escolares, donde las chicas se deslumbran de los chicos, más mayores que ellas y los chicos encuentran otras formas diferentes de pasarlo bien con las chicas. En el ciclo escolar anterior, las chicas no estaban tan preocupadas por las amistades masculinas, pero ahora están metidas en un mundillo, donde casi todas las amigas salen, han salido o quieren salir con algún chico. Las modas han tomado una parte muy importante de sus mentes y hay una carrera loca, entre las amigas, para ver quien está mas sexy, provocativa, atrevida, moderna y desinhibida ante los chicos. Eso conlleva que cada vez se vuelven más audaces, imprudentes y osadas en sus vestimentas, conversaciones, posturas, horarios, peticiones de permisos y de dinero y otras situaciones impropias de la edad. 

Para algunas jovencitas y sus padres, la simpática y tradicional fiesta, en algunos países denominada “quinceañera” suele ser el parte aguas, donde empieza un acuerdo tácito entre hijas y padres, para que éstas puedan comenzar a chicolear. Eso suele querer decir, que ya pueden tener permisos para tener “amigos privados con derecho a roces”. Es una edad demasiado prematura, como para iniciar esas cuestiones tan peligrosas, las cuales muchas veces, terminan mal para ese tipo de parejas, aunque en su entorno sea normal los noviazgos a edades tan tempranas o sean costumbres ancestrales, difíciles de modificar, porque han sido practicadas por sus familias o sociedades. 

Una cosa es la alegría loca de empezar un noviazgo, para divertirse o no aburrirse, sabiendo y asumiendo los riesgos que eso conlleva, pero otra cosa es empezar un noviazgo, con el objetivo de que pueda terminar en matrimonio. Para ello tiene que haber una madurez, un objetivo, un plan determinado y unos controles, que hagan las veces de brújula, para saber si se va en la dirección adecuada y evitar, que les vaya llevando hacia el precipicio de las frustraciones o situaciones irreversibles, esas que dejan heridas y cicatrices para toda la vida. Nadie se muere por ser virgen hasta el matrimonio y muchos se mueren por no serlo. 

Aunque los padres hubieran tenido noviazgos prematuros, e incluso se hubieran casado siendo adolescentes, como era o es habitual en algunas regiones o segmentos de población, las circunstancias ahora han cambiado y ya no vale decir “yo no conocía las malas consecuencias que esto iba a tener”. Los padres ahora tienen que tener muy claras, las enseñanzas y puestas en práctica de las virtudes y valores humanos, que tienen que inculcar a sus hijos, sobre el respeto a las personas del sexo opuesto, la decencia, el pudor, etc. 

Es muy difícil para algunos padres, convencer a sus hijos sobre los peligros de los noviazgos prematuros, cuando ellos mismos lo han hecho y también los padres de sus padres. Antiguamente las circunstancias, costumbres, necesidades y situaciones, eran muy distintas a las que hoy en día suceden. Antes, en algunas familias no le daban mucha importancia al infierno en vida, que muchas veces suponían las consecuencias de los noviazgos prematuros, que casi siempre terminaban en separaciones y violencia domestica, pues algunos lo consideraban como situaciones normales. Hoy en día todos aspiramos al mejor bienestar presente y futuro de los hijos, por lo que se deben eliminar, todas las banderas rojas que avisen de antemano, las probabilidades del fracaso. 

Los padres tienen que explicar muy claramente, en función de sus experiencias, conocimientos e información actualizada, la cantidad de obstáculos que tienen que superar, antes de entrar en la edad física y mental razonable para el noviazgo. 

30 Virtudes y valores humanos, como base para la educación sexual de los hijos: Abstinencia amor, autodisciplina, castidad, disciplina, educación, familia, Fe, fortaleza, generosidad, honestidad, justicia, modestia, obediencia, oración, orden, paciencia, perdón, prudencia, pudor, pureza, religiosidad, respeto, responsabilidad, sencillez, templanza, tolerancia, virginidad masculina y femenina, voluntad, etc. 

Es imprescindible que los padres pongan en sus hijos los cimientos, de una buena formación moral y religiosa. No se puede empezar la casa por el tejado, ni enseñar sexualidad a los hijos, si no tienen el soporte, entre otras muchas cosas, en el ejemplo dado por las padres y en tener un gran conocimiento y una buena práctica, de las virtudes y valores humanos citadas anteriormente. Ahora los padres, más que nunca, tienen que evitar dar malos ejemplos a sus hijos, con sus comportamientos inadecuados, en cuanto a su forma de vestir, conductas, actuaciones, prácticas y hábitos, pues si quieren inculcar en sus hijos las virtudes y valores humanos, deben dar primeramente, un buen ejemplo en cuanto a su imagen y actitud. Las madres no pueden ir sexualmente provocativas y pretender que sus hijas no lo hagan y que por lo tanto, se conviertan en pieza de caza de los otros niños. Ni los padres llevar una doble vida fuera del matrimonio, sabiendo que sus hijos están intentando aprender esas acciones para imitarles. 

El pudor es la tendencia natural a defender lo más íntimo de la persona, nuestro cuerpo, nuestra forma de hablar y actuar, y todas las cosas que consideramos privadas. El pudor está basado en las virtudes y valores humanos, mencionados anteriormente y que son los que permiten, que seamos dueños de nosotros mismos. Por eso los padres tienen que enseñar a los hijos a que sean firmes, fuertes y contundentes en que su si, sea si, y que su no, sea no, aunque les cueste mucho y sea difícil hacerlo. Si fuera necesario tienen que tener el coraje para huir de las ocasiones que les puedan dañar. Al peligro no siempre hay que hacerle frente, hay que huirle para no perecer ante él. No es más inteligente el que se enfrenta al peligro y sucumbe a él, que el que huye. Esta firmeza incluso puede ocasionar, el tener que renunciar a noviazgos, amistades y situaciones que les dañen. Tanto en las decisiones con ellos mismos, como con las relacionadas con otras personas. Los padres deben cuidar el entorno, donde se desarrollan sus hijos, en cada una de sus edades, evitándoles las amistades y familiares tóxicos.

Es muy importante que los padres enseñen a sus hijos, a cultivar la amistad de las personas que les hagan ser mejores, aunque para ello, tengan que renunciar a amistades que puedan dañarles o que pueden ponerles, en ocasión de caer o recaer en los noviazgos prematuros. Instando siempre a que esas relaciones entre jóvenes de distinto sexo, sean sanas y moralmente aceptables.

A los 15 años, ni con mucho, es una edad adecuada ni física, ni emocionalmente para ser novia de muchacho, de esa edad o parecida, ni aunque sea con el consentimiento, beneplácito, ignorancia o disimulo de los padres. Los padres tendrán que asumir las responsabilidades, de lo que seguramente sucederá. Cada cosa tiene su tiempo, y en cada tiempo hay que hacer las cosas que corresponda. 

A los hijos en cuanto cumplen los 15 años, ahora les llaman jóvenes adultos, aunque de adultos, todavía tengan muy poco. No por eso tienen que desperdiciar su juventud, haciendo lo que les corresponderá hacer, cuando tenga la edad oportuna, y no haciendo lo que le corresponde hacer a esta edad. Todavía no tienen el discernimiento para saber los peligros que encierran la confianza, o excesiva confianza, que produce un noviazgo con otro adolescente de edad similar. La consiguiente inmadurez y falta de formación en todos los aspectos, es una de las banderas rojas que avisan de los embarazos prematuros, de las parejas que juegan a novios. El que quita la ocasión, quita el problema y el que juega con fuego, se quema. 

A los 15 años algunas niñas, se aburren con sus amigas o amigos y tratan de entretenerse explorando cosas, que por su edad, no les corresponde. Los padres son los que tienen que ayudarles a buscar y encontrar, las miles de soluciones que existen en todos los sitios, para convencerle que haga otras cosas, que le llenen su tiempo libre. También tienen que irles formando, en ese difícil camino de transición, que es la adolescencia, palabra que indica, que todavía adolecen de las cosas más elementales, para poder desenvolverse en la vida. 

La inconsciencia en esas edades, la ignorancia del peligro y la falta de formación, les hace pensar que ya lo saben todo. Máxime si no han tenido una clara y firme educación, en las virtudes y valores humanos, soportadas con el conocimiento y el ejemplo de sus padres. Son como los niños pequeños, que están aprendiendo a leer y van leyendo todos los letreros en la calle, algunos creen que ya son capaces de leer El Quijote de la Mancha o similar. Pero no pueden, son todavía unos analfabetos, que están alfabetizándose, pero que necesita tiempo y la adquisición de muchos conocimientos, antes de poder leer ése libro. 

Los padres tienen que acordarse de cuando ellos tenían 15 años, hubieran tenido o no noviazgos, para que reconozcan, honradamente, que a esa edad, no se puede ni se debe tener una relación de noviazgo y mucho menos, una aventura que pueda dejar tantas cicatrices irreparables e imposibles de borrar para toda la vida. 

Es una enorme pena que una niña o niño, de aproximadamente 15 años, salga con un muchacho, por muy bueno y responsable que sea, pues perderá los mejores años de su juventud, de su formación, búsqueda y consolidación de la madurez, desperdiciando el tiempo y asumiendo los peligros y riesgo de un noviazgo, fuera de tiempo. Si de verdad se quieren, pueden esperar a vivir un poco, a conocer a más amigos, a formarse física e intelectualmente, ya que si tiene la mente llena de las cosas de los noviazgos, les pueden frenar sus estudios. 

A los 15 años aproximadamente, junto con los cambios físicos naturales, suele despertarse el sentido sexual de la vida, sentido que hay que ayudarles a reconducir con la inestimable ayuda de los padres, sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, los que le facilitarán una auténtica y correcta información, sobre el sexo y la validez de los sentimientos, adecuada a su edad y demás circunstancias personales. Pero el hecho de ese despertar, no conlleva la autorización de los padres para empezar a pasarlo bien con los novietes de 16 años, ya que la sexualidad, tiene la noble misión de contribuir a la propagación de la especie humana, dentro del matrimonio entre un hombre y una mujer, en el orden a formar una familia. Esta es una más de las muchas etapas, por las que las personas tienen que pasar durante la vida. Transitar de la infancia a la adolescencia y posteriormente a la juventud, pero sin saltarse cada una de esas etapas, poniendo la carreta delante de los bueyes. 

El hecho natural de que los hijos a los 15 años, unos antes y otros después, empiecen a cambiar física y emocionalmente, no tiene que producirles vergüenza, pues es el magnifico signo que determina el crecimiento. Algunos hijos tienen una crisis motivada por el hecho de empezar a dejar de ser niños e iniciar, el proceso de ajustamiento a la pubertad, a la adolescencia y a la juventud. Es una etapa, normalmente pasajera, que suele originar una fuerte autoafirmación de la personalidad, una constante rebeldía y una fuerte agresividad. Estas situaciones, no deben conducir a que piensen los padres o los hijos, que un noviazgo les solucionará esos problemas internos de identidad, propios del crecimiento, es más, normalmente suele acrecentarlos, al aumentar sobre los hijos los problemas del noviazgo prematuro. 

Los padres tienen que tener un dialogo muy abierto con sus hijos, con temas específicos en cada unas de sus edades, hablándoles muy claramente, incluso contándoles sus malas experiencias, si las tuvieron, pero insistiendo en que si les dieran permiso para sus noviazgos o se inhibieran consintiéndolos, en vez de beneficiarles, les harían mucho daño y seguramente de forma irreparable. Deben explicarles también, con mucho cariño, que cuando tenga más edad, lo verán muy claro y entenderán el amor de los padres, para decirle que no. Ya que esto es mucho más difícil, que decirle que si, incluso hablándoles de la posible mala fama, que desgraciadamente les pueden adjudicar sus amigos y familiares, les va a perjudicar para el resto de sus vidas. 

Los noviazgos a esas edades tan tempranas, estadísticamente forman parte de un colectivo de altísimo riesgo, para las enfermedades de transmisión sexual, los embarazos no deseados, los abortos, los divorcios de segunda y tercera ocasión y en que se conviertan, en parejas de hecho y no en matrimonios de derecho. Además de propiciar las bajas calificaciones escolares, las deserciones de los estudios y las consiguientes disminuciones en la calidad de vida y formación profesional. 

Las consecuencias, situaciones y costumbres de los noviazgos prematuros, se van heredando de abuelos a padres y nietos, principalmente en determinados segmentos sociales. Es una cadena que social y religiosamente es casi imposible de romper. Estas cadenas son las que aumentan las bolsas de pobreza para las comunidades, que viven inmersas en esas situaciones, con independencia de otras mejores realidades, que estén en su entorno, donde las personas tengan los noviazgos a su debido tiempo. 

Lo más importante de ese tiempo de preadolescencia y adolescencia, es aprovecharlo para intentar crecer integralmente, en todas las áreas de la vida, y sobre todo, para planear el futuro con la ayuda de los padres, tutores y sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, ya que los hijos, todo lo que hagan en esa etapa, serán los cimientos para los éxitos o fracasos posteriores. Es muy importante tener la capacidad de saber, poder y querer dialogar y preguntando previamente, las dudas relacionadas con un posible noviazgo. Los padres deben ayudar a sus hijos a preparar un plan de vida, pues es mucho más fácil llegar a cualquier lado, cuando ya sabes a dónde ir.

El pudor es la tendencia natural, a defender lo más íntimo de la persona, nuestro cuerpo, nuestra forma de hablar y actuar, y todas las cosas que consideramos privadas. El pudor está basado en las virtudes y valores humanos mencionados anteriormente y que son los que permiten, que seamos dueños de nosotros mismos. Tanto las hijas, como los hijos, deben cuidar la intimidad de su cuerpo, reflejada en su ropa, imagen, acciones y lenguaje, guardando las mejores cosas de su vida para ellos mismos y así poder entregarlas a quien con pleno conocimiento de causa, y en la edad adecuada, decida amar incondicionalmente.

Los padres tienen que enseñar a sus hijos lo que es el verdadero amor en el noviazgo. El verdadero amor es el que busca el máximo bien, de la otra persona. Si en un noviazgo prematuro, la persona percibiera que no puede dar el máximo bien a la otra persona y que por lo tanto, le va a crear los mismos problemas que ella va a tener, no obrarían bien consintiendo que ese noviazgo prospere.

Entre la ultima fase de la adolescencia y la primera de la juventud, los padres deben enseñar a sus hijos, los principios de los conocimientos de la fertilidad y la regulación natural de la fertilidad, pero dentro del contexto de la educación al amor, de la fidelidad matrimonial, del plan de Dios para la procreación y el respeto de la vida humana.

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Los objetivos de esta escuela virtual son: Educar a los padres para que con su ejemplo y conocimientos de las virtudes y valores humanos puedan educar a sus hijos. Enseñar como educar a los hijos. Que los padres aprendan a vivir un armonioso, fecundo y largo matrimonio. Tender un puente entre la educación familiar y la Fe.

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