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Los padres tienen la obligación de enseñar a pensar a los hijos


ESCUELA PARA PADRES

Los padres tienen la obligación de enseñar a pensar a los hijos.

  • 23 Consejos para enseñar a pensar a los hijos
  • 3 Clases de pensamientos
  • Lo que piensan de los padres los hijos, según las edades (Imprima esta nota, recórtela y péguela en el frigorífico para que sus hijos la puedan leer. Verá que buenos efectos produce)
  • 27Sentencias sobre pensar

4,577 Palabras Tiempo de lectura 17:00 minutos

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La educación para aprender a pensar, primero fue un privilegio de la realeza y nobleza, después se convirtió en un derecho y hoy es una obligación. Mañana, que ya es hoy, será imprescindible dominarlo. Pensar, enseñar a pensar y aprender a pensar, son las tres obligaciones inteligentes de la educación familiar. Es una una inversión a largo plazo, que empieza en la cuna y nunca termina.

Hoy en día no ha llegado la democratización a la educación, para que aprendan a pensar, pues solamente a unos pocos hijos les enseñan sus padres a pensar, aunque esté muy democratizada el resto de la educación escolar. Algunas sociedades pecan por omisión del pensamiento, que lo sustituye por la ideología del sentimiento.

En la mayoría de los países, los padres ya no pueden decir que no se pueden educar, porque no hay medios, serán buenos o regulares, pero adaptados casi siempre a la demanda de las sociedades. Estamos en la época de la democratización de la enseñanza para todos.

            Pensar está íntimamente relacionado con el silencio, la soledad, el orden y la disciplina. Con ruido es casi imposible ponerse a pensar. Los que no encuentran unos momentos para retirarse del mundanal ruido, para poner en orden sus ideas, con procedimientos ya probados, difícilmente podrán encontrar la forma de reflexionar, sobre los temas o situaciones que quieren examinar. Pero hace falta un método y unos lineamientos.

23 Consejos para enseñar a pensar a los hijos:

1.      Enseñarles a conocer mejor, a través de la voluntad, la realidad que les rodea, a evaluarla inteligentemente y ser más creativos y oportunos, para ser capaces de hacer las cosas.

2.      Enseñarles a estar muy bien entrenados, en el fomento del diálogo y en el enriquecimiento del lenguaje, pues esto es exclusivo de la inteligencia humana.

3.      Enseñarles a no engañarse, ni a engañar, a ser sinceros, a actuar con coherencia y de acuerdo con la verdad, sin depreciarla ni rebajarla.

4.      Enseñarles a no sacrificar su libertad de pensar, por “el qué dirán” de la sociedad, pues la sociedad siempre intenta ridiculizar o aislar, a los pensadores inteligentes, bien entrenados y cultivados.

5.      Enseñarles a pensar cómo encontrar oportunidades, espacios, circunstancias y períodos para reflexionar, sobre el sentido de la vida y sus relaciones con la familia, la religión y la sociedad y así, poder dar rienda suelta a su imaginación y poder descubrir, nuevos horizontes.

6.      Enseñarles a pensar con estímulos, motivaciones y comentarios lógicos, para promover un clima adecuado, que favorezca sus hábitos intelectuales.

7.      Ensenarles a que piensen con lógica y que estén preparados, para los resultados consecuentes, previsibles, naturales, justificados y legítimos.

8.      Enseñarles a pensar en la importancia y consecuencias de sus acciones, pues mucho más que el bien-estar importa el bien-ser, aunque tengan que enfrentarse con valentía, a la dictadura de lo culturalmente correcto o políticamente incorrecto.

9.      Enseñarles a que con el aprendizaje a pensar, descubrirán las artimañas que tiene la sociedad, para impedirle o dificultarle que sepa pensar, para así poder dominarle.

10.   Enseñarles a que disfruten en el acto de pensar, cuando sea de forma reflexiva, para poder aprender bien, incluso planteándose problemas y buscando las soluciones.

11.   Enseñarles a que pasen del impulso irracional, no pensado, a la conducta inteligente.

12.   Enseñarles a que piensen, en intentar descubrir el mundo del error humano y que aprendan, de sus propias equivocaciones. Es imposible que piensen, que no se van a equivocar nunca.

13.    Enseñarles a que piensen que el decir siempre la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, aunque duela, está regida por los principios de dignidad y moral.

14.   Enseñarles a que piensen que el error humano, es el precio que las personas tienen que pagar, por poder razonar y disfrutar del libre albedrio para elegir, privilegio, que solamente tiene la especie humana.

15.   Enseñarles a que se sientan motivados, para que quieran pensar por cuenta propia y siempre, con actitudes positivas. Con actitudes negativas, el pensar parece cansino y mediocre.

16.   Enseñarles a que sean más inteligentes que la Televisión y las pantallas electrónicas, alimentando su inteligencia, con el fomento de la lectura, las conversaciones y los silencios.

17.   Enseñarles a que sólo las personas, mejor preparadas para pensar, podrán sobrevivir ante la caída de las estructuras morales, que tiene la sociedad.

18.   Enseñarles a realizar el ejercicio mental, de razonar los conceptos y las situaciones, a defender las causas con argumentos para las propias decisiones, sin dejarse llevar por las de los demás.

19.   Enseñarles a tener desarrollada la capacidad, para poder tomar decisiones y resolver problemas importantes, cada uno según su edad física y mental. Eso se consigue, educándolos en libertad, responsabilidad y conocimiento.

20.   Enseñarles como asentar en la mente y en el corazón, las cosas buenas, antes de que les lleguen las dañinas. Si llegan antes, es que se están educando cara al futuro y asi evitarán  claudicar en la formación y desarrollo de la inteligencia.

21.   Enseñarles la sana estrategia de que pregunten: ¿Qué es? ¿Por qué es así? y ¿Por qué y cómo lo sabe? Así tendrán el conocimiento cierto, por las causas.

22.   Enseñarles que aprender a pensar, es aprender a manejar las dos principales herramientas del pensamiento, la pluma y la palabra, las cuales son las armas que el pensador tiene, para expresarse.

23.   Enseñarles a pensar cómo se pueden y deben hacer mejor las cosas. Tienen que conjugarse todos los conceptos, para cultivar el uso activo del conocimiento y conseguir que los hijos, se conviertan en auto aprendices del pensar. 

Las herramientas básicas imprescindibles para, aprender a aprender, aprender a pensar, despacio, sin prisas, pero sin pausas, son: El hábito al estudio, el saber buscar, organizar y ordenar la información, aprender a reflexionar, aprender a expresarse correctamente por escrito y hablado, comprender lo que se lee y adquirir un manejo básico del cálculo, el razonamiento lógico, saber trabajar en equipo, aprender a hablar en público y a discutir en un debate, dialogar respetando el turno de palabra y concluyendo los argumentos. El que aprenda a pensar, sabrá desenmascarar los slogans perniciosos, los falsos valores, los espejismos y los caminos sin salida, que tantas veces ofrece falazmente la sociedad.

Hay muchos y muy buenos libros, que ensenan las técnicas para aprender a pensar, cada uno, especializado en los diferentes campos del pensamiento. No es lo mismo aprender a pensar para un niño o joven, que para un adulto profesional, que quiere aprender a pensar para su vida familiar, para el desarrollo de sus proyectos técnicos o para profundizar en el sentido religioso de su vida.

3 Clases de pensamientos: (Los pensamientos son las raíces de los actos)

1.      Los que sirven para meditar y orar. Suelen hacer en soledad y silencio, lejos del mundanal ruido.

2.      Los que sirven para trabajar o investigar o cómo hacer las cosas profesionalmente. Suelen hacerse en los lugares de estudio o trabajo.

3.      Los que sirven para analizar el pasado y encontrar soluciones, presentes y futuras de las cosas personales.

Los padres deben transmitir a sus hijos, todos los buenos conocimientos, ideas, tradiciones, costumbres, prácticas, etc. que tienen en los ámbitos familiares, religiosos, políticos, sociales, profesionales, deportivos, etc.

Los padres no tienen por qué exigir, que los hijos tengan las mismas ideas que ellos, pues, además de pertenecer a épocas diferentes, es muy posible que se hayan criado en ambientes muy distintos y con medios diferentes.

Los hijos deben explorar otras alternativas diferentes o complementarias, de las que sus padres les han transmitido. Siempre soportado con la educación familiar y formación académica, que van recibiendo. Para poder analizar con buen criterio otras alternativas, tiene que estar muy bien entrenados a pensar y a discernir cuál es la mejor de todas las alternativas entre las que puedan llegar a alcanzar.

Los hijos deben darse cuenta, que en sus momentos de incertidumbres, turbulencias o dificultades, hay muchos agentes externos, que quieren aprovecharse de que no piensen, ni se centren en ellos mismos, para así poder manipularles a su antojo. Esos agentes intentan que los hijos se centren o enfoquen, en factores donde puedan dominarlos y controlarlos.

En las habitaciones de los hijos bien educados a pensar con método, debería haber un cartel en la puerta que dijera: “Estoy pensando, si no es urgente, llamarme más tarde”. Padres e hijos deberían tener sus momentos de soledad, para poder dedicarse a pensar, a hacer introspecciones, para encontrar los caminos que debe seguir, para alcanzar los objetivos propuestos.

Los niños pequeños llegan a los colegios, sin que los padres les hayan enseñado a pensar por si solos, hacen las cosas como robots, porque están acostumbrados a hacerlas. Desde la más temprana edad les han dado todo hecho, sus padres y la sociedad en general, ya han pensado por ellos. Pero la sociedad moderna exige ya a los niños, que cada vez tengan mas desarrollado el sentido de saber pensar por si solos. Ellos solos no lo van a aprender y si los padres y los maestros no les enseñan, irán acrecentando el problema, para cuando se enfrenten a la cruda realidad de la vida. Después nada les darán hecho, a no ser lo que la sociedad quiera darles para algo para que hagan cosas sin pensar en lo que hacen.

Hoy los niños casi no tienen juegos didácticos, que precisamente están diseñados para que piensen. Los rompecabezas, los juegos de construcción, los mecanos, los juegos de mesa, parchís, damas, ajedrez, etc., prácticamente han desaparecido de las tiendas, porque los padres dicen que sus hijos no tienen tiempo para jugar con ellos. Prefieren comprarles los juegos, en los que juega el juguete y no el niño.

Hoy todo se reduce a muchas horas delante de la televisión, de las pantallas electrónicas u oyendo música y la mente puesta en blanco. Desgraciadamente, tienen muy pocas conversaciones con los otros niños y mucho menos con los padres o personas mayores. Esos sistemas de entretenimiento, son los encargados de pensar por los hijos, así estos no tendrán que pensar en nada, se lo darán todo hecho. Hay demasiados intereses de personas, empresas y organizaciones, empeñadas en que la gente no piense en nada. Que tengan el cerebro atrofiado de no pensar, pues a si, son muchos más fáciles de manejar por donde quieren.

Los niños deben a acostumbrarse a pensar, en lo que puede ocurrir con las cosas que están haciendo. Eso supone empezar a pensar en las consecuencias, buenas o malas, de los actos de cada uno, pues casi siempre, repercuten en los demás o en uno mismo. Pensar con anticipación las posibles consecuencias, es una buena forma de distinguir y seleccionar, entre lo que es bueno y lo que es malo, lo que son actividades y responsabilidades individuales, y las que atañen a todo el equipo que forma la familia.

Lo que piensan de los padres los hijos según las edades: (Imprima esta nota, recórtela y péguela en el frigorífico para que sus hijos la puedan ver, verá que buenos efectos produce)

  • A los 4 años: Mi papá puede hacer de todo.
  • A los 5: Mi papá lo sabe todo.
  • A los 6: Mi papá es más sabio que el tuyo.
  • A los 8: Creo que tal vez mi papá no sabe exactamente de todo.
  • A los 10: En la antigüedad, cuando mi papá estaba creciendo, las cosas sí que eran diferentes.
  • A los 13: Oh! Bueno, naturalmente, Papá no sabe nada de eso. Es demasiado mayor como para que se acuerde de su niñez.
  • A los 15: No le hagas caso a mi papá. Él es tan chapado a la antigua!
  • A los 17: A veces me pregunto, como pudo mi padre salir adelante, con lo poco que entiende las cosas.
  • A los 21: ¿Mi padre? Dios mío, el pobre está totalmente despistado. No es de esta época.
  • A los 25: Creo que mi padre sabe algo de esto. Es lógico pues él ha vivido tanto tiempo.
  • A los 30: Tal vez debiera consultar con mi padre, para ver que piensa de esto. Después de todo él ha tenido mucha experiencia.
  • A los 40: No voy a hacer nada, antes de consultar con mi padre.
  • A los 50: Me pregunto como habría manejado esto mi padre. Era tan sabio y tuvo todo un mundo de experiencia.
  • A los 55: Daría cualquier cosa porque mi padre estuviera con nosotros ahora, para poder hablar de esto con él. Lástima que no comprendí a tiempo lo sabio que era. Hubiera podido aprender tanto de él.

Los padres, además de estar viviendo las épocas actuales, tienen el bagaje adicional que les da la experiencia, de haber vivido otras épocas. En muchos casos las experiencias anteriores, pueden ser muy bien extrapoladas a las situaciones actuales, lo que origina una mejor visión, de lo que esta ocurriendo  y de lo que va a ocurrir.

Los padres deben educar a sus hijos, a saber examinar las alternativas que se les presentes o que quieran explorar. Si no están bien preparados para distinguir lo bueno de lo malo, es muy posible que otras personas, con malas intenciones, se encarguen de conducirles por caminos del conocimiento, que sean nefasto para su presente y su futuro.

Los padres no deben ser sobreprotectores, impidiendo que los hijos tengan que pensar detenidamente, para resolver sus propios problemas. Tienen que darles la libertad de que piensen, pero también que se hagan responsables de los resultados de sus ideas. No pueden estar ajenos a los riesgos que toman y a las soluciones que tienen que realizar, tanto a plazo corto, como a largo. Incluso pensando, como pueden afectar a otras personas, las decisiones que tomen ellos.

Los padres deben saber, que lo que fue bueno en una época y para determinadas circunstancias, a lo mejor ya no es bueno actualmente. Las cosas han podido cambiar y ellos a lo mejor no se han adaptado a ese cambio, aunque las virtudes y valores humanos, nunca cambian, y por eso deben ser inculcadas con el ejemplo a los hijos, desde su más tierna infancia. Por lo tanto no pueden intentar persuadir a los hijos, que no exploren otros caminos u opciones de la vida y seguir insistiendo, que tienen que transitar únicamente por el camino que sus padres lo han hecho.

Hay cosas que son inmutables al paso del tiempo, como la enseñanza y practica de las virtudes y valores humanos, que deben seguir ensenándose a los hijos. Esto les ayudará a saber pensar, como debe ser su comportamiento en la familia, escuela y sociedad.

Pero no porque los padres tengan una ideología política o admiración por un equipo deportivo, tienen que exigir que los hijos lo tengan también. La libertad que se da a los hijos, tiene que estar soportada en la educación, el conocimiento, la edad y las circunstancias de cada momento.

Poco a poco, los hijos van adquiriendo cuotas de libertad, para ejercer su libre albedrio en las cosas que quieren y necesitan ir aprendiendo. Es tarea de los padres estar muy vigilantes, para que esa merecida y lógica libertad, sea encauzada por el buen camino.

Que aprendan como aprendí yo, a golpe de acierto y error. Los padres no pueden decir eso a sus hijos.  Los padres deben cribar bien, los resultados que procedente de sus aciertos y errores, tienen que enseñar a los hijos, pero nunca decir: Ahí te dejo, aunque te caigas a las patas de los caballos. Algunas decisiones que pudieran tomar sus hijos, puede que sean irreversibles y entonces llega el llanto y el rechinar de dientes. Ya no sirve: Si se lo hubiera advertido.

Algunos hijos que no están bien educados, no quieren ni oír hablar de lo que les dicen sus padres. Pues alegan: Ahora vienen mis padres con este discurso, pues podrían empezar por dar ejemplo ellos mismos. “Consejos vendo, pero para mi no los tengo”

No se puede enseñar a los hijos a pensar, solamente según la experiencia de los padres, pues es posible que los padres no hayan determinado previamente, con los datos usados y los razonamientos seguidos, si lo que dicen es verdad o falso. Deben analizar previamente,  la calidad de los datos obtenidos, si las informaciones son parciales o bien comprobadas y las suposiciones falsas o verdaderas, las imaginaciones fundadas o infundadas, los deseos manipuladores o de enseñanza, etc. Si no lo hacen así, puede llevar a errores, engaños o falacias. Aunque hay padres que defienden sus teorías y practicas de comportamiento, soportándolas con su experiencia y con sus largos años de formación e información profesional, muchas veces no han analizado, la conveniencia de enseñar eso mismo a sus hijos.

Los padres tienen que enseñar a sus hijos, a que emplean la perseverancia y la constancia, cuando tiene que ponerse a pensar, para que tengan un método de trabajo, soportado en la practica de las virtudes y valores humanos y aprenda a no aburrirse, desanimarse, ni rendirse, ante las dificultades para conseguir sus logros. Que sepan dedicar el esfuerzo y empeño necesario, cuando verdaderamente merece la pena, pues lo quieren y lo necesitan, para ordenar su forma de pensar.

Primero pensar y después hablar. Pensar es mucho más rápido que hablar, por lo que siempre debe ir por delante. Cuando se habla y después se piensa, en la mayoría de las ocasiones, se cometen errores, que muchas veces son irreversibles. Si hemos aprendido a pensar bien, es casi seguro que hablaremos bien.

Pensar en lo que hay que hacer es recomendable, necesario, pertinente y justo, para conocer las dificultades o satisfacciones que vamos a encontrar, en lo que estamos pensando hacer. Muchas veces es una temeridad, que puede salpicar a terceros, el hacer las cosas importantes sin haberlas pensado previamente.

Pensar es un formidable ejercicio mental, que requiere un gran esfuerzo y aunque cueste y desgaste, hay que dosificar y resistir la tentación de dejarlo. Algunas veces supone un enorme consumo de energía, para poder hacer realidad lo que se piensa hacer.

Es muy recomendable pensar en obtener objetivos o metas, que estén bien planteados y sean realizables y razonablemente alcanzables, en tiempos predeterminados. No se puede pensar en quimeras, por mucho que la moda sea: “piensa en grande y lo obtendrás”. Los objetivos que se piensan realizar, deben ir acompañados de la práctica, la perseverancia, la paciencia y la coherencia. El mejor modo de ver los objetivos, es pensarlos con paciencia, desde diferentes ángulos de vista y a diferentes plazos.

Si después de haber pensado bien las cosas, salieran mal, no debemos considerarlos como fracasos, que nos llenen de frustraciones. Para eso está la virtud de la perseverancia, que nos llevará a pensar, si es que no tenemos las habilidades necesarias, para alcanzar los objetivos deseados o estos están mal planteados.  En estos casos hay que ser honrados y autocríticos con uno mismo, pedir consejos a los que sepan más que nosotros, y volver a empezar con más brío y con una buena dosis de humildad. Sin rendirse ante el primer tropiezo, e intentar sacar felicidad de la adversidad.

Hoy en día es muy difícil, pero no imposible, el enseñar a pensar, se ha perdido el concepto de las “escuelas de pensadores” los filósofos. Pensar, y pensar bien, es una técnica difícil de encontrar, pues muchas personas se pasan el día pensando mal, de todo y de todos. Son los inconformes tradicionales. “Si deseamos pensar bien, hemos de procurar conocer la verdad, es decir, la realidad de las cosas. ¿De qué sirve discurrir con sutileza, o con profundidad aparente, si el pensamiento no está conforme con la realidad?

            Actualmente hay una crisis económica, que se refleja en una crisis de valores, entre ellos el valor de pensar mucho y bien. Por eso determinados segmentos de la sociedad, están poniendo todas sus energías en dedicarse a pensar, como salir de esta situación. Los que salen triunfando, son los que piensan aplicando las virtudes y valores humanos de integridad, honestidad, generosidad y colaboración.

            Aprender a pensar cómo hacer las cosas, es mucho más importante y productivo para el desarrollo de las personas, que estudiar de memoria. Por eso es más conveniente enseñar a pensar cómo pescar, que regalar un pescado y no enseñar nada.

            Para pensar bien se requiere discurrir, reflexionar, razonar, examinar y analizar con gravedad, consistencia, seriedad, solidez, profundidad, etc.

            Hoy es muy difícil encontrar pensadores en la vida cotidiana, solamente hay unos pocos en las empresas privadas, donde la misma supervivencia entre los competidores, les obliga a estar continuamente pensado en cómo ser los mejores. Ellos no “pasan de pensar”. Pensar lo han convertido en su profesión. “El que para de pensar, la competencia se lo come”. Incluso en la vida profesional, hay una escasez de pensadores, pues la mayoría de las cosas que tienen que hacer, están soportadas y resueltas en los manuales de actuación, los libros de protocolo, las instrucciones en circulares, etc. Dejan muy poco margen, para que las personas piensen, no quieren las empresas que sus empleados “piensen o inventen con dinero ajeno” o que “confundan sus deseos o fantasías profesionales, con la realidad”

Los padres no tienen que tener miedo a enseñar a pensar, para que sus hijos puedan encontrar la luz y la libertad, dentro de un entendimiento claro, capaz y exacto, que abarque lo que quieren pensar. Expresándose después con claridad, precisión y exactitud. Así podrán ver o reconocer todo lo que hay, pero no más de lo que hay. Evitando caer en la costumbre de intentar ver mucho en todo, incluyendo lo que no hay, pero que se lo imaginan y lo dicen como si fuera cierto.

La objeción de conciencia, está íntimamente relacionada con la capacidad de pensar que tengan nuestros hijos. Si no están entrenados perfectamente para pensar, es casi imposible que tengan bien claras las cosas, que se rigen por la conciencia de cada uno y la posibilidad, que puedan ejercer su plena libertad de objeción de conciencia. Por las preguntas les conoceréis.

Los jóvenes cuando llegan a su primer trabajo, provenientes de la universidad o de la escuela, se encuentran ellos y sus jefes, que no están acostumbrados a pensar, nadie les ha enseñando a hacerlo, durante los años de estudios, ni en sus padres, casi siempre todo se lo han dado hecho. Es la frustración de los empresarios. Muy pocas veces han tenido que usar su creatividad. Cuando llegan a la empresa, por muchos manuales de funcionamiento que tengan allí, siempre tienen un margen para tener que pensar, por cuenta propia. Entonces empieza el miedo de acertar o equivocarse, en lo que tienen que hacer. Por eso muchos empresarios prefieren invertir en maquinaria, procedimientos o manuales, que en formación de los nuevos empleados, pues les es más rentable.

Los padres tienen que potenciar en los hijos, la capacidad de formar sus inteligencias, para que además de ser buenos depósitos del conocimiento, tengan la capacidad, pensando por si mismas, para preguntar y preguntarse, siendo  capaces de buscar y encontrar la información relevante y fiable que necesitan, y capaces luego de tomar decisiones.

Un buen padre, tutor o consejero externo, es el que también contesta a preguntas, que no se han hecho, debido a que no habían sido pensadas con anterioridad. Desgraciadamente, hay cosas que se dan por sabidas y que no se preguntan, y por lo tanto, no suele haber respuestas. Hay situaciones que los hijos sobrentienden, por la mucha o poca experiencia, que no deben ponerla en el planteamiento de la ecuación, por lo que no encuentran nunca, la solución adecuada, al problema mal planteado. 

27 Sentencias sobre pensar:

1.      A veces pensamos que lo que hacemos es tan sólo una gota en el mar, pero el mar sería menor si le faltara esa gota.

2.      Aprender sin pensar es tiempo perdido; pensar sin aprender es peligroso. Aunque a todos les está permitido pensar, muchos se lo ahorran.

3.      Cualquiera puede tener conocimientos, pero el arte de pensar es el regalo más escaso de la naturaleza.

4.      Cuando no se piensa en lo que se dice, es cuando se dice lo que se piensa.

5.      Cuando todos piensan de la misma manera, es porque nadie piensa gran cosa.

6.      El hombre que nos exige pensar, tiene más votos que el que solamente nos hacer reír.

7.      El no y el sí, son breves de decir, pero piden pensar mucho.

8.      El que ríe el último, es que ha pensado más lento.

9.      En la montaña, el turista viene a buscar un panorama, el pensador encuentra un libro abierto.

10.   Es mil veces más fácil, no decir lo que pensamos en un momento de ira, que disculparnos después.

11.   Estudiar sin pensar es tan inútil, como pensar sin estudiar.

12.   Hacer preguntas, es prueba de que se piensa.

13.   La educación consiste en enseñar a los hombres, no lo que deben pensar, sino a pensar.

14.   Mucha gente piensa que piensa, cuando no hace más que recordar.

15.   Pensar contra la corriente social es heroico, decirlo, una locura.

16.   Pensar es como vivir dos veces.

17.   Pensar es el trabajo más difícil que existe. Quizá sea ésta la razón, por la que haya pocas personas que lo practiquen.

18.   Pensar es fácil, pero actuar como se piensa es muy difícil.

19.   Pensar es la gimnasia de la mente.

20.   Piensen en lo mucho que han recibido de Dios y en lo poco que le dan a su Creador, Redentor y mejor Amigo.

21.   Prefiero más que llegar, pensar que ya voy llegando.

22.   Quien vive sin pensar, no puede decir que vive.

23.   Si haces que la gente piensa, te admiraran, pero si realmente los haces pensar, te detestarán.

24.   Si no vivimos como pensamos, pronto empezaremos a pensar cómo vivimos.

25.   Tómate tiempo para deliberar, pero cuando llegue la hora de la acción, deja de pensar y actúa.

26.   Una parte de los hombres actúa sin pensar, y la otra piensa sin obrar.

27.   Uno de los más serios problemas del mundo actual es que muchas personas creen que, porque han estudiado algo, ya no tienen que pensar.

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