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¿Por qué algunos matrimonios tienen una tasa de divorcio del 2% y otros del 60%? Fidelidad, oración unida y planificación familiar natural.

 

ESCUELA PARA PADRES

¿Por qué algunos matrimonios tienen una tasa de divorcio del 2% y otros del 60%? Fidelidad, oración unida y planificación familiar natural.

  • Las 10 reglas de oro para fortalecer el matrimonio y evitar el divorcio
  • Los 10 principales grupos de matrimonios o uniones analizadas
  • Los 10 principales aspectos para evitar los divorcios
  • Los 6 elementos esenciales que ayudan a alejarse de las posibilidades del divorcio

2,838 Palabras. Tiempo de lectura 10:00

Algunos artículos relacionados con el matrimonio:

Algunos artículos relacionados con el divorcio:

Los matrimonios religiosos y uniones civiles, tienen un porcentaje de divorcios del 55% aproximadamente. 

Pero hay grupos de matrimonios, que su media de divorcios es del 2% solamente. Estos grupos reúnen unas características de conocimientos y prácticas religiosas, muy concretas. Dios bendice a los matrimonios que rezan juntos, para obtener un objetivo común. Esos son los matrimonios, demostrado por las estadísticas, que tienen muchas menos probabilidades de llegar a divorciarse. Los que rezan unidos, permanecen unidos.

Este artículo se refiere especialmente, a la práctica religiosa de los cónyuges y a su gran influencia para disminuir y casi eliminar, el porcentaje de divorcios, pues lo que se hace con el alma, el cuerpo lo siente. Si tiene dudas, debe consultarlo con los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que cada uno practique.

Los matrimonios, cuyos cónyuges practican juntos sus obligaciones y devociones religiosas, como la Sagrada Comunión, la Confesión frecuente, la asistencia semanal a la Santa Misa, la oración en pareja, la fidelidad y entrega total, la planificación familiar natural, etc. solamente tienen una tasa de divorcios del 2% según estadísticas, muy fiables, y es la tasa de divorcios más baja que existe.

Los matrimonios se realizan para formar una familia y no para convivir como parejas, solamente. De ahí se deducen todas las cuestiones sobre tener hijos y su número. Conocer, entender y practicar la planificación familiar natural, reduce casi a cero, el número de matrimonios que se divorcian. Las continuas demostraciones de amor, realizadas en los días de abstinencia voluntaria y la fortaleza para mantener la promesa de aplazar las relaciones sexuales, durante las fechas fértiles de la esposa, significa un dominio de los cónyuges, que también se manifiesta, cuando tienen diferencias en sus formas de ver y sentir la convivencia.

Al practicar la planificación familiar natural, se elimina el consumo de anti conceptivos y de esta forma, se suprimen las posibilidades de embarazos no deseados y los consiguientes abortos. Los abortos son otro de los grandes motivos, que inducen a los divorcios. Los anticonceptivos que están diseñados, para que las mujeres crean que no van a quedar embarazas, hacen que las relaciones sexuales sean más frecuentes y por lo tanto, lo que por una parte impiden los embarazos, por otra parte, debido a la mayor frecuencia, los aumentan. Sugiero que lean: El peligro de los preservativos, explicado a los hijos | Mi Cumbre. Este articulo es aplicable también ente los cónyuges, que quieran reducir las probabilidades del divorcio.

Si los cónyuges siguen el Mandamiento de la Ley de Dios: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo, se da por hecho que amar al cónyuge, es amar al prójimo más próximo. Y este amor a Dios y al cónyuge, es el que juntándolos en la oración, hacen que el matrimonio persevere en su fidelidad y se aleje, de la plaga de los divorcios. Por eso los matrimonios que practican juntos la oración, son los que tienen la tasa de divorcio más baja.

El factor religioso, es la clave para alejarse de las posibilidades del divorcio. Si cada cónyuge no descubre, juntos o separados, la importancia de la religión, para mantener el vínculo adquirido, será muy difícil que puedan mantener la capacidad, para enfrentarse a los problemas de la vida conyugal, disfrutar de ella y formar una familia duradera y feliz.

Poner a Dios en el centro del matrimonio, es la gran diferencia entre los que se divorcian y los que no lo hacen. Si ponen énfasis en lo físico, temporal y económico, no podrán tener la determinación necesaria, para afianzar la estabilidad de su unión, darle el rumbo adecuado y no darse por vencidos, al intentar solucionar sus posibles conflictos, familiares y sociales.

Conocer la religión y practicarla conjuntamente entre los cónyuges, es todo un proceso que hay que ir recorriendo: Creer y profundizar en el conocimiento del cónyuge, porque el conocimiento lleva al entendimiento, y el entendimiento al diálogo, y el diálogo a la convivencia, y la convivencia al amor, y el amor a la oración conjunta. La ignorancia religiosa nunca es buena, aunque al principio parezca hacer la vida más fácil, sencilla o apetecible.

El divorcio es una de las principales fuente de sufrimiento, para las familias. Todos tienen que hacer un frente común, para poner las defensas necesarias y así poder alejarse de él y evitarlo. La abstinencia por amor, en los casos de seguimiento de la planificación familiar natural, la fidelidad y la vida saludable sexualmente, son la auténtica vía segura, para alejarse del grave problema de los divorcios.

Las 10 reglas de oro para fortalecer el matrimonio y evitar el divorcio:

1.     Apoyarse, animarse y tratar mutuamente, para estar unidos y así descubrir, comprender y satisfacer, hasta los pequeños detalles o las necesidades más profundas del cónyuge.

2.     Auscultar, discernir e interpretar los sentimientos y calidad de vida del cónyuge, para corregir lo que se necesario, en su beneficio y en el de la familia.

3.     Celebrar la felicidad emocional, física y espiritual de la convivencia, para sentirse cada vez más apreciado por el cónyuge.

4.     Considerar que las omisiones, de las obligaciones comprometidas, son tan nefastas, como las malas acciones conyugales.

5.     Entregarse incondicionalmente, como cónyuge, prometiéndose fidelidad en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad y todos los días de la vida.

6.     Huir de los espejismos que engañan, haciendo creer que la felicidad terrenal, está fuera del propio matrimonio y de la familia.

7.     Perdonarse mutuamente, declarando y admitiendo los errores u ofensas cometidas, para volver a ser aceptado por el cónyuge.

8.     Perseverar en el mutuo amor, en las situaciones fáciles o difíciles, sin dejarse llevar por fantasías, que siempre conducen al divorcio.

9.     Protegerse mutuamente de las amenazas visibles e invisibles de la sociedad, contra el matrimonio, construyendo un sentimiento de seguridad y estabilidad dentro de la familia.

10. Renovar periódicamente el amor, para fortalecer el mutuo compromiso de crecimiento y entrega, ilimitada y absoluta.

La comodidad en los matrimonios, es un monstruo que arrastra con todo. El matrimonio es entrega total e incondicional al cónyuge, por lo que, el que hace las cosas a su única manera y se asienta en su comodidad, sabe que el monstruo del divorcio, devorará su matrimonio.

No todo lo que es posible hacer, es moralmente aceptable. Algunos creen que en esta dictadura del relativismo, todo está permitido. Por eso los desvaríos en los matrimonios, que arrastran al divorcio, están representados en el aborto legal, la infidelidad, las enfermedades sexuales y en todo cuanto implique renuncia y contrariedad, a las virtudes y valores humanos.

Se debe pedir a Dios con sinceridad y con hechos reales, no con promesas, (A Dios rogando, pero con el mazo dando) para que ayude a los cónyuges a quererse mucho, a entregarse mutua e incondicionalmente y sin esperar recibir compensación alguna. Si se pide insistentemente por los hijos, es seguro que Dios no los abandonará. Mucho menos si esa petición y esos hechos, los realizan conjuntamente los cónyuges, pidiendo y deseando llegar, a los mismos objetivos de amarse mutuamente, y de soportar todas los problemas que puedan surgir.

Los peligros de llegar a los divorcios, son muchos, y están enumerados en los artículos adjuntos. Pero los principales frentes que hay que luchar, para tener matrimonios felices y duraderos,  son los siguientes: El dinero, cómo ganarlo y administrarlo bien. La planificación o no, de la concepción de los hijos y su relación con la sexualidad de los cónyuges. La crianza de los hijos, de forma que unan y no separen al matrimonio. Las relaciones entre los cónyuges, en sus aspectos de afectividad, educación, respeto, etc. Los aspectos sociales, los culturales, los legales, los políticos, las costumbres familiares y grupales, las situaciones externas, etc.  Estos conceptos bien llevados, se pueden solucionar en gran parte, pidiéndole a Dios su ayuda, juntos.

Hay muchas y muy diversas estadísticas, sobre el porcentaje de divorcios de los matrimonios y uniones civiles. No puedo ni debo entrar a juzgar la calidad, ni las técnicas empleadas, ni sus objetivos buenos o manipuladores.

Algunas estadísticas están hechas técnicamente, pero otras tienen muy poco valor estadístico. Hay tantas variables en esos grupos demográficos y sus circunstancias, que son muy difíciles determinar, los porcentajes de divorcios en cada una de ellos, ya que dependen enormemente de muchos factores, aunque el principal sea el religioso.

Los 10 principales grupos de matrimonios o uniones analizadas: Dependiendo también de ciudades, naciones, personas, circunstancias, etc.

1.     Cónyuges de diferente o igual sexo.

2.     Duración de la unión previa al divorcio.

3.     Duración del procedimiento de divorcio (exprés o tradicional).

4.     Edades de los cónyuges.

5.     Estado civil, al contraer la unión.

6.     Nacionalidad de los cónyuges.

7.     Segundas uniones.

8.     Uniones interreligiosas.

9.     Uniones intersociales (razas, orígenes, culturas, educaciones, estudios, economías, edades, etc.).

10. Uniones sin hijos o con hijos y sus diferentes edades.

Todos tenemos que ayudar y estar junto a los cónyuges y sus familiares, que pasan por los malos momentos, donde se oigan “tambores de guerra”, o cuando aparezcan banderas rojas, avisando de las posibilidades del divorcio.

Los 10 principales aspectos para evitar los divorcios:

1.     Administrar conjuntamente los ingresos, gastos y ahorros familiares.

2.     Asistir juntos a los actos religiosos y rezar unidos en el hogar, mucho mejor, si es delante de los hijos.

3.     Haber preparado muy bien, desde el noviazgo, el futuro matrimonio, o complementado posteriormente, lo que no se había previsto.

4.     La comunicación continua, sincera, generosa, educada e íntima, incluso cuando llegan los problemas, graves o leves.

5.     Mantener en todo momento, una total fidelidad conyugal.

6.     Mantener una planificación familiar natural. Eso requiere mucho amor, para cuando sea necesaria ofrecer la abstinencia sexual, como un acto de amor incondicional, hacia la persona amada. Esta continencia, es fruto de la virtud de la templanza y de la castidad matrimonial.

7.     No tener relaciones sexuales, prematrimoniales.

8.     Practicar las virtudes y valores humanos, evitando la manipulación, el egoísmo y la violencia familiar.

9.     Saber perdonar los errores ajenos y aprender a reconciliarse.

10. Tener la capacidad para saber resolver los problemas que se presenten, antes de que crezcan o se compliquen, marchando los dos cónyuges, en la misma dirección.

El divorcio es una verdadera epidemia, pero hay muchas herramientas, para enfrentarlo y ganarle la guerra. Conocer y practicar las virtudes y valores humanos entre los cónyuges, es otro de los índices que hace disminuir, la posibilidad de divorcio. El buen ejemplo dado y recibido, de religiosidad convivida entre los cónyuges, es otra de las armas que sirve, para luchar contra el divorcio.

Hay que alegrarse de los progresos logrados frente al divorcio, entre los cónyuges que practican conjuntamente sus relaciones religiosas, desde el contexto humano de la educación en el amor. Además de entre otras cosas, tener siempre un férreo control, sobre las conductas ligadas a la infidelidad.

Uno de los conceptos que agravan, el porcentaje de divorcios, son las enfermedades de transmisión sexual, producidas por las infidelidades. Los cónyuges que mutuamente son fieles, tienen ganado mucho terreno, ante el flagelo del divorcio.

Las infidelidades traen las consecuencias de las infecciones, las graves explicaciones obligatorias, el rechazo a continuar en unión, el mantener los secretos, que muchas veces son a voces, las obligaciones que se contraen con las infidelidades, etc. Todas estas situaciones son, las que hacen acercarse cada vez con más intensidad, hacia la decisión voluntaria u obligatoria del divorcio. Si se evitan esos peligros, se aumenta la distancia hacia el divorcio.

Cuando se quieren y se entregan total e incondicionalmente los cónyuges, ninguno de ellos debe permitir que el otro, tome riesgos relacionados con las prácticas sexuales legitimas matrimoniales. El uso de los anticonceptivos, son riesgos para los que los usan, que algunas veces por un amor mal entendido, por comodidad o por imposición, lo hacen sin percatarse de las graves consecuencias. Ese egoísmo, puede alertar a la otra persona, que no hay un verdadero amor incondicional y que por lo tanto, esos cónyuges, entran en el camino de la autodefensa, que puede terminar muy fácilmente en el divorcio.

Cada uno de estos conceptos es un sumatorio, en el índice de los porcentajes de los matrimonios que se divorcian. A mayor exposición ante los anticonceptivos, las infidelidades, los abusos, etc. mayores serán las posibilidades de divorcio, mientras que los que rezan juntos y llevan una buena planificación familiar natural, el índice de divorcios disminuirá, hasta llegar casi al cero por ciento.

La fidelidad al cónyuge es lo que le hace ser más grande y la fidelidad a la práctica de las virtudes y valores humanos, es lo que le hace ser único, para uno mismo y para el otro cónyuge. La fidelidad se consigue, formando la conciencia día a día, con el amor, la reflexión, la educación y el estudio. De ahí la importancia que tiene cada día, el dedicar unos minutos para cultivar buenos y rectos pensamientos, para que ayuden a conservar la fidelidad.

Los 6 elementos esenciales, que ayudan a alejarse de las posibilidades del divorcio:

1.     Amar incondicionalmente a quien se debe amar, por voluntad propia y por el compromiso irrenunciable adquirido, por el bien del cónyuge. Amor racional y amor espiritual, no amor instintivo, ni sensible, ni egoísta, ni acomodado. Amor alejado de los sucedáneos, como la permisividad y los caprichos.

2.     Estar alerta de los signos internos y externos, que pudieran perjudicar al matrimonio, preguntando, observando, dialogando, utilizando la inteligencia y la voluntad, para mutuamente encauzarse, orientarse, motivarse y limitarse.

3.     Fomentar los hábitos de conducta, constructivos y virtuosos, de la constancia, la decisión, la voluntad y el esfuerzo, para que el matrimonio se oriente con la brújula de la religión.

4.     Saber distinguir el bien del mal, lo bueno de lo malo, lo correcto de lo incorrecto, lo que suma al matrimonio y a la familia y lo que le resta, lo que lo hace sólido y lo que lo hace líquido.

5.     Tolerancia total entre los cónyuges, unida a la generosidad, al mutuo sacrificio, a la renuncia del yo y dedicación al tú, a la fortaleza disciplinada y a la bondad, que es la capacidad de hacer el bien.

6.     Unidad absoluta y para siempre, en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad. En la educación de los hijos, en la administración de los bienes, en la solidez y criterio de las decisiones familiares, en la mutua guía y apoyo, como referencia al bien común, para tratar de conseguir una familia sana, fuerte y fructífera.

Para eliminar las posibilidades, de caer en el complejo e irreversible problema del divorcio, se necesitan mentes que sepan realizar síntesis lúcidas, inteligentes y condensadas en lo esencial, ante las claras señales de advertencia, que emiten los actos, que llevan indefectiblemente al divorcio.

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Padres, eduquen a sus hijos en la virtud del pudor.

ESCUELA PARA PADRES

Padres, eduquen a sus hijos en la virtud del pudor.

  • 10 Consejos para practicar la virtud del pudor
  • 10 Pasos a tener en cuenta, si se quiere practicar la virtud del pudor
  • 10 Consejos para mantener el pudor, en todas las circunstancias

3,157 Palabras. Tiempo de lectura 12:00

Algunos artículos relacionados:

Este artículo está dirigido a los padres, que tengan interés en educar a sus hijos en la virtud del pudor. Si esta virtud no interesa a los padres, es muy difícil que la quieran, puedan o sepan explicar a sus hijos.

Pudor es el sentimiento de vergüenza, hacia lo relativo al sexo o la desnudez física o de ideas. Sentirlo y practicarlo para dar ejemplo, sirve para proteger la intimidad de cada individuo. El concepto del pudor, solamente existe en los humanos y está relacionado con la honestidad, la modestia y el recato.

La virtud del pudor, es una envoltura o mecanismo de protección moral, puesta por la naturaleza, ante los sentimientos de recato, reserva y vergüenza en la intimidad de las personas, lo que permite ser dueños de nosotros mismos.

La virtud del pudor es la tendencia natural, a defender lo más íntimo de la persona, nuestro cuerpo, nuestra forma de hablar y actuar y todas las cosas que consideramos privadas.

La virtud del pudor, hay que practicarla con humildad y modestia, pues no puede ser llevada de forma soberbia ni altanera. Hay que apagar rápidamente los primeros chispazos de la pasión deshonesta, para poder ser personas integras y no dejarse llevar por la lujuria.

La virtud del pudor, deben empezar por demostrarla los padres, con el decoro y recato a la hora de sentarse, de hablar, de moverse, de vestirse demostrándolo en sus escotes, faldas, ropas prietas, etc. De ahí toman ejemplo los hijos.

Los padres tienen que explicar continuamente, la olvidada palabra del pudor, virtud que no está ahora de moda hablar y menos practicar, ya que existe una sobredosis de sexo, que no tiene límites y que provoca más dolor que placer. El respeto que tiene que tener cada persona por si misma, se aprende, principalmente, en la familia.

El pudor preserva la intimidad de las personas, al tratar de no mostrar lo que debe permanecer oculto, incluso para evitar las miradas y los gestos de otros, preservando la dignidad de las personas, su privacidad y la discreción. Es una forma de defensa, de la dignidad espiritual de las personas y está relacionado, con la delicadeza de la castidad y la fortaleza de la templanza.

La virtud del pudor propio conlleva a la virtud de la pureza, invitando a la paciencia, a la moderación en las relaciones amorosas. El pudor aumenta la modestia e inspira las elecciones sobra la vestimenta y el comportamiento, fomentando el mantenerse en silencio o la reserva, donde pueda haber el riesgo de una curiosidad malsana.

El pudor está relacionado con el cuerpo propio y el ajeno, con los sentimientos y con las palabras, al rechazar los exhibicionismos, los chismes de las confidencias intimas, los falsos testimonios, las modas deshonestas, las mentiras y algunas ideologías dominantes.

Los padres deben educar a sus hijos, en la virtud del pudor, desde su más tierna infancia, pues ello les llevará a respetar el pudor de las demás personas. Hoy somos lo que somos, porque antes fuimos lo que fuimos, como consecuencia de la falta de pudor en la niñez.

Cuanto más se aleja el pudor, más se extiende la pornografía, y más violenta y degradada se vuelve, explotando a hombres, mujeres y niños, que son parte de la industria y de sus problemas derivados, como adicciones, infidelidades y divorcios.

La virtud del pudor hay que demostrarla, frente a los medios de comunicación, las redes sociales y las pantallas electrónicas, manifestando la fortaleza moral de la educación recibida, frente a la cada vez mayor disponibilidad y consumo de pornografía.

Virtudes y valores humanos relacionados con la virtud del pudor: Abstinencia, amor, autodisciplina, candor, castidad, continencia, decoro, decencia, dignidad, disciplina, discreción, educación, escrúpulo, familia, Fe, fortaleza, generosidad, honestidad, honradez, inocencia, justicia, moderación, modestia, obediencia, oración, orden, paciencia, perdón, prudencia, pureza, recato, religiosidad, respeto, respetabilidad, responsabilidad, rubor, sencillez, templanza, tolerancia, virginidad masculina y femenina, voluntad, etc.

Si los hijos no tienen inculcada la virtud del pudor, soportada con el ejemplo de sus padres, difícilmente podrán practicar otras virtudes, relacionadas con la sexualidad. Tendrán la conciencia tan endurecida, que todas las cosas les parecerán normales y realizables, en beneficio propio, aunque practiquen vicios como: La osadía, el exhibicionismo, la desvergüenza, la insolencia, el descaro, la inmodestia, la inmoralidad, la indecencia, la perversión, la corrupción, el libertinaje, etc.

El ser firmes con la virtud del pudor, no suele ser social, ni políticamente correcto, ya que la comodidad de dejarse llevar por la corriente de la desnudez y del sexo, es una tentación en la que se cae fácilmente, y difícilmente se sale de ella.

La virtud del pudor se enseña en el hogar, respetando la dignidad del cuerpo, y el derecho a la intimidad y privacidad de los hijos. Haciendo hincapié en la importancia ética del pudor, en la propia persona y en los otros, educándoles en que el cuerpo, no es nada malo ni vergonzoso, sino algo muy importante, que hay que cuidar y conservar.

10 Consejos para practicar la virtud del pudor:

1.     Buscar consejo y ayuda en los propios padres, sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que practique, para acrecentar los conocimientos y la práctica de esa virtud.

2.     Cuidar las ropas, miradas, gestos y posturas, para que no induzcan o inciten, a que otros tomen decisiones equivocadas.

3.     Descartar las conversaciones subidas de tono, que suelen ser unidades de medida, puestas, para ver hasta dónde se puede llegar.

4.     Elegir bien las compañías, sobre todo cuando se prevean situaciones, donde se pudiera producir un descontrol por alguna de las partes.

5.     Estar muy alerta, ante cualquier sospechoso, de malas intenciones.

6.     Guardar bien las distancias, para que nadie se intente pasar, no permitiendo las excesivas familiaridades, incluyendo a amigos y parientes.

7.     No usar ropa provocativa, ni los hombres, ni las mujeres, pero principalmente mujeres, por muy de moda que estén, pues provocan malos pensamientos, que suelen conducir a situaciones indeseadas.

8.     Seleccionar muy bien y evitar los amigos, espectáculos, lecturas, medios de comunicación, redes sociales, donde no se respete o se ataque, la práctica de la virtud del pudor.

9.     Cuidar las ropas que se compran a los hijos, para que no sirvan de escándalo ni provocación, aunque estén de moda.

10. Educar bien a los hijos, para que ellos mismos no se compren ni lleven ropas,  que induzcan a la inmoralidad.

Demostrar la práctica de la virtud del pudor, no es solamente cuando se utiliza la fortaleza de rechazar situaciones, que por su contenido pudieran ponerla en peligro. Hay que dar ejemplo ante los demás, y demostrar que es muy importante para cada persona, no participando en situaciones, conversaciones o actitudes, que pudieran conducir a perder el pudor.

10 Pasos a tener en cuenta, si se quiere practicar la virtud del pudor:

1.     No asistir a espectáculos o reuniones, donde se prevé que pueden ir contra la virtud del pudor.

2.     No creer que la virtud de la pureza, es solamente un perjuicio religioso. Es una fortaleza del carácter, que distingue perfectamente el camino hacia el bien o el mal.

3.     No enseñar ni insinuar las partes del cuerpo, que deben ser mantenidas ocultas con modestia, para no crear apetencias en otros.

4.     No hacer ni participar, directa o indirectamente, en negocios que vayan en contra de la moral.

5.     No leer libros, revistas o ver medios de comunicación, que estén rodeados de pornografía.

6.     No ponerse a discutir lo que es o no es, la virtud del pudor. Una conciencia bien formada, sabe distinguirlo desde lejos. Otra cosa diferente es, dar los consejos pertinentes.

7.     No ponerse en postura provocativas, que animen a otros a dar pasos hacia adelante, para conseguir fines deshonestos.

8.     No pretender ser valiente y quedarse frente a los primeros signos, que vayan contra la virtud del pudor. Es preferible huir, pues no se puede practicar la virtud, exponiéndose voluntariamente a la pornografía.

9.     No querer conversar, sin ninguna necesidad sobre temas íntimos, que deben ser guardados para cada una de las personas.

10. No seguir determinadas conversaciones, que van subiendo de tono hasta la ofensa moral.

Es necesario que los padres dialoguen con sus hijos, en cada una de las fases de su crecimiento y con el lenguaje adecuado, sobre la virtud del pudor. No es, ni tiene que ser, un tema tabú. Para explicarlo, tienen que estar muy bien preparados y buscar el momento adecuado y las palabras justas. Les sobrarán los malos y buenos ejemplos, así como las consecuencias que produce la falta de pudor.

Los padres tienen que abrir su mente, ante los ojos y los oídos de los hijos, para que estos no se sientan abandonados. Este papel de los padres, de repetir las cosas, tantas veces como sean necesarias, no debe cansarles, pues es una parte muy importante de la educación que tienen que dar, y así podrán recibir, los maravillosos frutos de unos hijos bien formados. Deben explicar a sus hijos: Es más fuerte, levantarse una vez, que caer cien veces.

Los padres tienen que fomentar en sus hijos, la visión y belleza del verdadero pudor, sin distorsionar su imagen y sin ocultar el sentido de la dignidad del cuerpo humano. La virtud del pudor merece ser vivida en su plenitud, con derecho a toda la verdad y sin falsedades, para que cuando corresponda en su día, comience la aventura del verdadero amor.

La virtud del pudor se va despertando en las personas, a medida que van descubriendo su propia intimidad. Es un inestimable sentimiento positivo de privacidad, que lleva a no querer manifestar a otros, algo privado, hasta elegir cuándo y cómo, revelar el propio ser, a las personas que pueden acogerlo y comprenderlo como se merece.

Todos y a todas las edades, deben cuidar con mucho pudor la intimidad de su cuerpo, reflejándolo en su ropa, imagen, acciones y lenguaje. Guardando las mejores cosas de su vida, para ellos mismos y así poder entregarlas a quien, con pleno conocimiento de causa, en la edad adecuada y en las debidas circunstancias, decida amar incondicionalmente.

En las actividades religiosas y sociales, el pudor y la decencia, deben impedir asistir con provocativos escotes, minifaldas, ropas insinuantes o exageradas, para no distraer, ni provocar, a los asistentes.

El pudor, la decencia y la honestidad, forman la ética en la imagen personal, la cual debe estar siempre fortalecida, de acuerdo con la estética, la moral y las buenas costumbres, soportadas en las virtudes de la pureza, de la castidad, de la abstinencia y la modestia, para ver las cosas en su justa dimensión y no echarlas a perder, por no haber sabido practicar la disciplina del minuto heroico. Les recomiendo que lean este artículo: 10 Ocasiones para inculcar, fomentar y practicar el “minuto heroico”. Sus valores y virtudes

Los padres deben enseñar con el ejemplo, que las personas en todas las ocasiones, deben ir vestidas con pudor, para evitar provocaciones y tentaciones. También deben enseñar a los hijos el pudor, desde la cuna, e irlo haciendo cada vez más intensamente, hasta cuando los hijos llegan a la pubertad y a la adolescencia, para que se respeten a sí mismo, teniendo pudor con su cuerpo, tanto en la intimidad como en la familia y en la sociedad.

Desde que los hijos, empiecen a desarrollar sus inclinaciones sexuales y tengan la madurez necesaria, los padres deben ir aumentando sus enseñanzas, en la práctica de la virtud del pudor, pues es una de las columnas que sostienen las virtudes de la castidad, la continencia y la abstinencia. Tienen que hablarles del pudor, con mucho amor, con mucha delicadeza y con mucha naturalidad. Pero los padres no deben exasperar a los hijos, hasta que se desmoralicen. Deben educarlos y criarlos con disciplina y mucho cariño, enseñándoles a practicar todas las virtudes y valores humanos.

Hay que conocer los límites y los peligros, de no practicar la virtud del pudor, pues la mala curiosidad y la ignorancia, alejan de las virtudes de la sabiduría y de la honradez. La virtud del pudor, no es sólo abstenerse de la impureza, practicando la templanza, es también abrir un camino para el descubrimiento, cada vez más perfecto de la dignidad del cuerpo. No reflejado en un miedo irracional a exponer el cuerpo, sino a tener un gran respeto, a lo más personal del hombre, que es su intimidad.

El adorno más bello en unas mejillas, es el pudor que las enrojece. Es la primera “bandera roja” que indica, que algo no está bien dicho o hecho. Es la imagen de un muro protector, para el que las ve y para quien le sucede. Es una reacción instintiva, que dependerá la mayoría de las veces, de lo que la persona se haya acostumbrado a hacer, ver, oír, hablar o tocar. Esta reacción de las mejillas, empujada por una conciencia bien formada, ayuda a evitar excesos y peligros morales de todo tipo.

La virtud del pudor en los negocios, indica el grado de frialdad o el nivel de conciencia y moral, con el que se está acostumbrado a realizarlos. Hay quien no tiene pudor, ni vergüenza, en hacer negocios sucios, deshonestos o criminales, debido a que la pérdida de moral, le obscurece la forma de distinguir entre el bien y el mal. En otro artículo trataré sobre “La ética, la moral y la responsabilidad en los negocios”

10 Consejos para mantener el pudor, en todas las circunstancias:

1.     Amar, respetar y exigir que se respete la intimidad, que no deba ser compartida con otros. Tratar de conseguir el no ser dominado por la impudicia y proteger también al prójimo, para no incitarle a hacer, lo que no debe hacer.

2.     Despertar la conciencia personal del pudor, dentro de la dignidad espiritual de las personas, sin tener un miedo irracional a exponer el cuerpo, siempre con el mayor respeto a la intimidad y dignidad personal.

3.     Educar en la práctica de la virtud del pudor, a los niños y adolescentes, para despertar en ellos, el respeto de la persona humana, poniendo hincapié en que comprendan el propósito sagrado del cuerpo y de la sexualidad.

4.     Empezar en la propia casa, teniendo mucho cuidado los padres, al practicar la virtud del pudor ante los hijos y estos con sus hermanos, familiares y amigos. Respetando los tiempos, espacios y circunstancias, sin aprovecharse o ignorar la intimidad sagrada del hogar.

5.     Evitar los actos vulgares, chabacanos y desordenados, al expresar públicamente los afectos, debilidades y tentaciones.

6.     Poner límites a las relaciones con los amigos y familiares, reflejando el sentido propio del pudor, de la privacidad, de la vergüenza y de la honestidad.

7.     Proteger del alcance de los demás, a la propia intimidad, pues practicar la virtud del pudor, es propio de la persona humana, ya que los animales no tienen pudor, por eso hacen en público, sus funciones más íntimas.

8.     Protegerse de las miradas lascivas, evitando el exhibicionismo. No consintiendo a los denominados “amigos fuertes, con derecho a roces deshonestos” propios de los novios en la adolescencia.

9.     Soportar algunas pequeñas molestias, que a veces se pretenden eliminar, al dejarse llevar por el instinto o por la comodidad. Por ejemplo: Frotarse o palparse inadecuada y groseramente, mantener posturas indecentes, pero placenteras, arreglarse la ropa interior o exterior en presencia de otros, etc.

10. Controlar el pudor antes del matrimonio, pues quien no lo controla previamente, tampoco lo hará después y seguramente será un cónyuge infiel.

La quiebra moral y humana, que padece nuestra sociedad, es en una gran parte, debida a que muchas personas no saben lo que es moralmente bueno o malo. Creen que todo es indiferente, todo es relativo, (de ahí, la corriente inmoral del relativismo) todo está permitido, todo vale, es lo mismo, etc. Lo que vale, es lo que cada uno decide en cuestiones de pudor y honestidad. Sin practicar las virtudes y valores humanos, creen que las cosas van a suceder, porque ellos quieren que sucedan. “Confunden sus deseos con la realidad”

Los padres tienen la obligación de educar a los hijos, en una formación integral de la persona, para que se desarrollen en todas sus dimensiones. Los hijos, sobre todo los adolescentes, buscan fundamentalmente referencias sanas y que la vida tenga sentido, además de un sentido para la vida, no una vida instrumental, calculadora y funcional, como la que la sociedad les ofrece con su gran vacío moral.

La virtud del pudor no es causa ni consecuencia, de ninguna enfermedad, pero su abandono, negligencia, renuncia o relegación, es ocasión de muchas de ellas. Algunos medios de comunicación y redes sociales, continuamente pregonan clichés y estereotipos contra el pudor, niegan su existencia y lo ridiculizan, ejercitando su tiranía contra esta virtud. Pero practicarla y mantenerla, da muy buenos resultados a plazo corto y largo.

Los padres tienen que enseñar a los hijos, a que sean felices conociendo y viviendo plenamente, la práctica de la virtud del pudor, pues es muy gratificante y vale la pena de vivirla con integridad, con fuerza, con conciencia y con responsabilidad, disfrutando de lo que es la verdadera dignidad del amor humano.

La virtud del pudor aporta un soplo de aire fresco, en la forma de entender las relaciones entre las personas, y la manera de ver el mundo en general. Va más lejos, que la frivolidad que impone la cultura actual, en esta sociedad de usar y tirar.

La virtud del pudor es un ideal, sorprendentemente olvidado para algunos, pero tenido muy presente para muchos. Es un arma en la que numerosas personas, siguen pensando y utilizando, aunque otros no la conozcan. El pudor tiene la capacidad, de liberar de toda la vulgaridad e intrascendencia, con la que nos hemos acostumbrado a convivir. El cuerpo es una obra maravillosa y cada uno es responsable y paga las consecuencias o recibe los premios, según lo que haga con el suyo.

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La ambición, virtud o vicio. Padres, explíquenselo a los hijos.

ESCUELA PARA PADRES

La ambición, virtud o vicio. Padres, explíquenselo a los hijos.

  • Las 10 Propuestas de la virtud de la ambición y de la superación, que los padres deben inculcar en sus hijos
  • Las 24 mejores sentencias, sobre el vicio de la ambición

2,599 Palabras. Tiempo de lectura 9:00

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La ambición como Virtud: Es la disposición estable del entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta según la razón y la Fe. Pueden agruparse en torno a cuatro virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. La virtud de la ambición es el deseo ardiente de tener: Esperanza, afán, pretensión, empeño, sueño, metas, ardor, pasión, aspiración, apetencia y ganas de hacer obras buenas.

La ambición como Valor humano: Es la calidad moral que mueve a hacer las buenas acciones, con convencimiento y firmeza en el arte de vivir.

La ambición como Vicio: Es la falta de rectitud o defecto moral en las acciones. Es el hábito de obrar mal. Es el deseo desordenado de conseguir poder, riquezas, dignidades, fama, codicia, avaricia, apetito desmedido, egoísmo, envidia, intriga, ansia, apetencia, anhelo, aspiración, pretensión, avidez, manipulación, etc.

La virtud de la ambición, con motivación y deseo de superación, también puede ser un fuerte estímulo, para realizar una buena obra que sirva para actuar con tenacidad, para conseguirlo. Sirve para fijarse metas ambiciosas, de superar a las expectativas normales de desarrollo personal, familiar y social. La ambición en los estudios, puede ayudar a eliminar el vicio de la pereza.

La virtud de la ambición por hacer bien las cosas, con determinación, esfuerzo y dedicación, es la que motiva día a día, el deseo de superación, para lograr algunos objetivos y metas, que para otros son impensables de conseguir.

La virtud de la ambición es una de las cualidades más importantes, para realizarse como persona, pues impulsa a mejorarnos en todos los sentidos. Es lo que nos incita a hacer las cosas, que consideramos imposibles o muy difíciles. Nos obliga a arriesgarnos, por lo que queremos y por lo que consideramos inalcanzable. 

La virtud de la ambición, tiene que ver con el deseo, de ser cada vez mejor o de tratar de alcanzar una meta difícil, como puede ser abandonar un vicio, conseguir la práctica de las virtudes y valores humanos, o alcanzar determinadas mejoras, familiares, personales o sociales.

La virtud de la ambición tiene que estar alejada de la impaciencia, del complejo de superioridad, del egoísmo, de la envidia, de la avaricia, del consumismo, del deseo desmedido de la celebridad, de los privilegios sociales y del ser inoportunos ante la familia o la sociedad.

La virtud de la ambición, por una buena causa, es la antítesis del fanatismo, pues los fanáticos tienen una tenaz, desmedida y ciega preocupación y apasionamiento por las cosas, opiniones o creencias. Incluso cierran los ojos y los oídos ante las evidencias.

La ambición como virtud, debe ser llevada de una manera digna, responsable y ejemplar, lo que hace aumentar la propia felicidad y la de los demás. Sabiendo que por más riqueza, fama y poder que se tengan, si no se tiene a alguien para compartirlas y disfrutarlas, nunca se podrá alcanzar ese grado de felicidad, tan anhelado.

La ambición como virtud, tiene que ir de la mano de la responsabilidad y de la dignidad humana, así se podrá hacer uso de los buenos deseos e impulsos, para poder circular por el camino recto de las virtudes y valores humanos. Todo desviacionismo de la ambición como virtud, hay que tratar de corregirlo. 

Los que practican la virtud de la ambición, de intentar conseguir su propia mejora y la ajena, tienen que estar dispuestos a pagar el precio que la vida les cobre, para que su virtud de la ambición, sea una realidad en su familia, amistades y en la sociedad. No hace falta ser muy rico. Quien vive esclavo de sus ambiciones, termina encerrado en sí mismo. Los demás no cuentan, ya que no practican la justicia, ni el amor solidario.

La capacidad de los que se atrevieron, a soñar ambiciosamente y no se desanimaron, fueron los que han ido mejorando la sociedad, pero han tenido y tendrán que emplear, mucho conocimiento, trabajo y constancia para continuar, pues el deseo insaciable de bienestar material, puede echar a perder la vida de una persona.

Cuando nos enfocamos en el buen sentido de la palabra ambición, con una perspectiva humana, nos referimos a las aspiraciones y deseos de mejorar y alcanzar buenos logros, reflejados en los sueños de las personas, combinados con el esfuerzo de llevarlos a cabo y hacerlos realidad. El equilibrio y la sensatez, en el uso de la virtud de la ambición, es la clave para una realización satisfactoria y correcta, de la vida digna.

El vicio de la ambición, se refleja en la corrupción, que es un arma que utilizan determinados grupos, para aprovecharse de los que tiene algún poder,  explotando sus deseos sin escrúpulos, de alcanzar más fama, poder o dinero. Estos pierden la perspectiva, el sentido honrado de la vida, su dignidad, integridad y honestidad. Normalmente se encuentran extraviadas, sin poder encontrar el camino de la felicidad humana.

El vicio de la ambición, se suele mezclar con la avaricia, para tratar de conseguir y poseer de forma desordenada o ilegal, riquezas, fama o poderes. Cuando esta ambición, es usada de manera indebida, podemos arruinar no solo nuestras vidas, sino también la de las demás personas.

El vicio de la ambición produce preocupación, ansiedad o tristeza, o es desproporcionado, absorbente, repetitivo, obsesivo y persistente, hace perder la capacidad para disfrutar de la vida y pone en riesgo, muchas veces irreversible, la salud física y mental. También afecta negativamente a la familia y a la sociedad.

El vicio de la ambición se refleja en: La manipulación, en la avaricia, en la tacañería, en el egoísmo, en la intolerancia, en el ansia, en la apetencia, en los celos, en la codicia, en la ira, en la avaricia, en la lujuria, en la usura, en la gula, el soborno, la traición, la estafa, etc. 

El vicio de la ambición puede afectar la vida muy negativamente, pues hay personas que nunca pueden ser felices, ni estar conformes con lo que tienen, siempre quieren más riqueza, fama y poder.

Para algunos padres, que tienen el vicio de la ambición personal o familiar, el hecho de que sus hijos, no lleguen los primeros a cualquier meta escolar, deportiva o social, les hace suponer, que sus hijos no tienen ambición de triunfar. Para esos padres, los que llegan los segundos, son los primeros entre los perdedores. Eso desanima a cualquiera, pues a lo mejor han hecho su máximo esfuerzo y gracias a ello, han conseguido llegar de los primeros, pero no en el primer puesto. Esos padres no quieren valorar el esfuerzo de sus hijos, quieren únicamente que sean los primeros. Normalmente, eso produce mucha frustración entre los hijos, y les hace disminuir las ganas de esforzarse.

Cuando tenemos la sana ambición, de tratar de conseguir algo bueno, no siempre estamos seguros, de cómo llegaremos a alcanzarlo. Los caminos se tuercen y se ramifican y se vuelven dificultosos. Incluso los obstáculos aumentan, pero la virtud de la ambición, ayuda a resolver los problemas con ardor y pasión. Pero no se puede conseguir nada, sin una buena voluntad férrea y planificación de los objetivos para llegar a la meta, que previamente debe estar bien clara y definida.

No es bueno gastar las energías, en sostener un objetivo, material o inmaterial, aunque sea muy bueno y esté lleno de buenas intenciones y ambiciones. Previamente hay que estudiarlo y planificar, la forma de conseguirlo. La sana ambición, no se debe dejar llevar por la intuición, ya que podemos terminar en otro lugar diferente o en el camino contrario, al que queríamos recorrer, todo por falta de conocimiento, de lo que es la virtud de la ambición, no la ceguera de nuestros sentidos. Teniendo en cuenta las circunstancias de cada momento.

Los padres tienen que educar a los hijos, en la virtud de la ambición emocional, ya que están sometidos a una gran presión social, por el entorno que les rodea, que les insiste y condiciona, para que su competitividad sea superior a la de los demás. Esto origina que sus fracasos y decepciones, son una tentación para que se dejen llevar por la frustración, llegando a pensar que no han sido lo suficientemente ambiciosos. Cuando la realidad es que, no han sabido aceptar, porque no han sido educados, en saber no llegar los primeros.

Los padres, en este mundo tan complejo, tienen que aprender a tener la capacidad de transformar, la responsabilidad de la paternidad, en oportunidades para educar a los hijos y guiarles en la práctica de las virtudes y valore humanos, como es la virtud de la ambición emocional. Tratando siempre el conseguir la aceptación de los hijos, pero sin renunciar al derecho de su educación.

En las sociedades competitivas, pero bien educadas, no se mide únicamente el triunfo, se mide la sana ambición de triunfar y el esfuerzo realizado. Bajo estas condiciones, se reprochan los denigrantes espectáculos de algunos padres, cuando los hijos compiten y no quedan los primeros. Esos padres, suelen tener un gran complejo de inferioridad, sacándolo a relucir gritando y con violencia, en los momentos que deberían ser más comprensibles, con el esfuerzo que han hecho los hijos. Eso se llama ambición parental” al fomentar la insoportable presión académica, deportiva y social, que ejercen sobre sus hijos.

La “ambición parental” está alcanzando unos niveles, que no solamente dificultan el crecimiento y desarrollo de los hijos, en los aspectos educativos más integrales y básicos para la vida, sino que están acabando con otros valores fundamentales y necesarios, para enfrentarse a la vida a plazo corto y plazo largo, que son los que les permiten lograr un desarrollo personal, y saber manejarse en todas las facetas de la vida, además de la excelencia escolar.

Son muy importantes los buenos resultados escolares y los triunfos deportivos, pero el clima de presión, al que algunos hijos son sometidos, les quita las sanas intenciones, incluso de competir, lo que les convierte en personas frágiles, que se derrumbarán fácilmente, ante cualquier contratiempo.

La “ambición parental” es una obsesión o actitud, que cada vez se está extendiendo más en determinadas sociedades, donde en lugar de centrarse solo en los resultados académicos, los padres deberían ayudar a sus hijos a aprender a tener el conocimiento y la sana ambición, de saberse levantar después de los fracasos. Así serán más autosuficientes, ingeniosos, competentes y confiados. Que aprendan a manejar las obsesiones de ellos y las de sus padres, aprendiendo de lo que sus padres llaman “sus propias derrotas”, al no haber alcanzo el primer puesto. Lo que algunos lo denominan el “Elogio del fracaso”, es saber administrar bien el no llegar a ser el primero, cuando la virtud de la humildad y la del esfuerzo, son las que deben premiar las competencias. 

Algunos los padres están educando hijos temerosos, de no poder conseguir el primer puesto, allá donde se presenten, aunque los hijos tengan una sana ambición de superación, en todo lo que hacen. Están tan asustados por el posible fracaso, que muchas veces el miedo, se antepone a la sana ambición de ganar. Son padres que crían a sus hijos en un “estado de indefensión e impotencia”, lo que hace que en el futuro no hayan aprendido, los recursos emocionales necesarios, para hacer frente a alguno de sus posibles fracasos, como el de llegar en segundo puesto. 

Las 10 Propuestas de la virtud de la ambición y de la superación, que los padres deben inculcar en sus hijos:

1.     Que aprendan a aceptar y cumplir las responsabilidades propias de su edad física y mental.

2.     Que aprendan a analizar los hechos y determinar lo realizado, de forma correcta o incorrecta y ver lo que se puede mejorar.

3.     Que aprendan a anticiparse a los posibles errores para evitarlos.

4.     Que aprendan a desenvolverse solos, aunque tarden en hacer las cosas.

5.     Que aprendan a enfrentar y solucionar las situaciones difíciles, en lugar de evitarlas.

6.     Que aprendan a favorecer sus relaciones sociales con los iguales.

7.     Que aprendan a pedir ayuda en lo que verdaderamente necesitan, aunque no coincida con el apoyo que les ofrecen los padres.

8.     Que aprendan a potenciar el desarrollo de su personalidad en otros contextos, que no sean solamente el familiar.

9.     Que aprendan a protegerse de los peligros reales, pero sin llegar al extremo de convertirles, en unas personas miedosas.

10. Que aprendan a recibir todo el apoyo que los padres les dan y a no rechazarlo. 

Las 24 mejores sentencias, sobre el vicio de la ambición:

1.     Cuando se ambiciona el puesto más alto, se desprecia a las honorables segundas o terceras posiciones.

2.     El ambicioso es un esclavo de lo que espera, el hombre libre es el que nada espera.

3.     El ambicioso sube por escaleras altas y peligrosas y nunca se preocupa de cómo va a bajar. El deseo de subir, ha anulado en él, el miedo de la caída.

4.     El esclavo sólo tiene un amo; el ambicioso tiene tantos, que siempre hay gente útil para su fortuna.

5.     El hombre que honradamente nada ambiciona, no prosperará.

6.     El pobre no es el que tiene poco, sino el que no ambiciona más.

7.     El que ambiciona lo ajeno, pierde temprano lo propio.

8.     El vicio de la ambición, es el último refugio de todo fracaso.

9.     El vicio de la ambición jamás se detiene, ni siquiera en la cima de la grandeza.

10. El vicio de la ambición, nunca queda satisfecho.

11. El vicio de la ambición, separa a los hermanos y a los amigos.

12. En el desprecio del vicio de ambición, se encuentra uno de los principios esenciales, de la felicidad sobre la tierra.

13. Es diferente ambicionar honor, a codiciar honores.

14. Hay que aprender a limitar las ambiciones, para no frustrarse al no conseguirlas.

15. La ambición nos puede hacer volar o arrastrarnos.

16. La ambición puede ser la madre de la virtud o un funesto un vicio.

17. La mala ambición, incluso dentro de las causas más nobles, puede causar daños irreparables, al utilizar a los demás para auparse o catapultarse.

18. La virtud de la ambición, es la riqueza de los pobres.

19. Lo difícil no es subir, sino, habiendo subido, seguir siendo el mismo.

20. Para el que nada ambiciona, todo el mundo está a la mano.

21. Pocas o ninguna vez se cumple, con el vicio de la ambición, que no sea con daño a tercero.

22. Todas las ambiciones son detestable, excepto las que ennoblecen y estimulan a la humanidad.

23. Todas las ambiciones son legítimas, excepto las que se construyen, sobre la miseria o la credulidad de la humanidad.

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Lo que los padres deben saber, sobre la consulta de 38 preguntas que el Papa ha hecho a los Obispos.

ESCUELA PARA PADRES

Lo que los padres deben saber, sobre la consulta de 38 preguntas que el Papa ha hecho a los Obispos.

2,371 Palabras. Tiempo de lectura 9:00

Padres, pregunten a sus sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que Vds. profesen, su opinión sobre esta consulta.

  • Los 10  conceptos verdaderos de esta consulta.
  • Los 15 principales problemas que en los últimos años atacan a las familias.
  • Las 10 mentiras que han dicho algunos medios de comunicación anticatólicos.

La consulta hecha a los Obispos, es para entender mejor los principales desafíos pastorales, que deberá afrontar en el próximo Sínodo extraordinario de Obispos y así, ayudar a enfrentarse a los retos de la familia, en el contexto de la evangelización.

El Papa pide a todos los Obispos del mundo, una urgente atención a estos problemas y una definición, sobre cuáles son los puntos más atacados y rechazados, fuera de los ambientes eclesiales. Pide también como buscar líneas operativas, para los desafíos pastorales sobre la familia, que la Iglesia debe afrontar en la formación de la persona humana, dentro y fuera de la familia, para encontrar la manera de eliminar las dificultades, para la difusión y recepción de las enseñanzas de la Iglesia, en la puesta en práctica de los programas pastorales.

Los resultados de la consulta mencionada, son la forma más adecuada, para hacer más eficaz e incluyente el mismo Sínodo de Obispos, al recopilar los testimonios y las propuestas de los obispos. La segunda etapa, será el Sínodo ordinario de 2015, que servirá para buscar líneas operativas, para la pastoral de la persona humana en la familia.

Se pondrá mucho énfasis, en la vasta acogida que está teniendo en nuestros días, la enseñanza sobre la misericordia divina y su ternura, para con las personas heridas. Sin cerrar ninguna puerta, ni reducir todo al simple repertorio de las ya conocidas posiciones doctrinales, haciendo si fuera necesario, nuevos programas pastorales en todos los niveles.

Los Obispos consultados, indicarán de forma amplia e incluyente, cuáles son a su juicio, los desafíos y propuestas sobre todos estos temas, y su urgencia según sean los destinatarios, incluyendo los conceptos que no aparezcan entre las preguntas.

Los 10  conceptos verdaderos de esta consulta:

1.     Cualquier católico que crea tener algo que aportar sobre estos temas, puede hacerlo llegar a su obispo, por las vías habituales.

2.     El eje central del Sínodo de Obispos de octubre del 2014, será la transmisión de la fe, la vida y el amor en la familia.

3.     Es otra prueba del deseo del Papa, para vincularse más con los católicos, sobre los temas contemporáneos, repasando los puntos que exigen mayor atención pastoral de la Iglesia, y servirá para abordar y debatir, todas las cuestiones consultadas.

4.     Es un documento de carácter consultivo, solamente.

5.     Es una consulta para conocer mejor, las cosas que le suceden a la institución familiar, en cada uno de los países y diócesis. ¿Con qué gravedad ocurren, qué ideas y métodos se están probando o se pueden probar, para mitigar o reducir los daños?

6.     Forma parte de la práctica habitual de los Sínodos de los Obispos, por lo que no es nada insólito, ni novedoso.

7.     Las conclusiones finales de las preguntas, se pasarán al Sínodo de Obispos del 2015, que tiene como objetivo “buscar líneas operativas, para la pastoral de la persona humana en la familia”.

8.     Las respuestas deben recibirse antes de Octubre del 2014, para estudiarlas y redactar un documento preparatorio, para el Sínodo de Obispos, que tendrá lugar en esa fecha y tratará sobre la familia.

9.     Los Obispos de todo el mundo, podrán utilizar todos los elementos de análisis que tengan a su alcance, como: Laicos cualificados, Centros de Orientación Familiar, Movimientos familiares laicos, expertos, institutos de familia, miembros del Pontificio Consejo para la Familia, etc.

10. Se consulta exclusivamente a los Obispos, a través de las Conferencias Episcopales, para evaluar las problemáticas planteadas y así, hacer una evaluación de lo que pasa en el mundo. Se envía solamente, a los aproximadamente 5,000 obispos, para conocer su opinión sobre determinados temas, no a los 1,200 millones de católicos.

Los 15 principales problemas, que en los últimos años atacan a las familias:

1.     El abandono de la Fe, en el seno de la familia.

2.     El cisma silencioso de los muchos bautizados, excluidos de los sacramentos por diferentes razones.

3.     El debilitamiento o abandono de la fe, en el sacramento del matrimonio.

4.     La adopción de hijos, por las parejas del mismo sexo.

5.     La difusión del fenómeno del “alquiler de vientres”.

6.     La falta de buen ejemplo, dado a los hijos por los matrimonios irregulares.

7.     La familia monoparental.

8.     La negación del “poder terapéutico” del Sacramento de  la confesión.

9.     La proliferación de las parejas “de hecho”.

10. Las formas de feminismo, hostil a la Iglesia.

11. Las uniones entre personas del mismo sexo.

12. Los católicos divorciados y vueltos a casar y su situación, ante la imposibilidad de recibir algunos sacramentos.

13. Los grandes cambios en la familia y en la sociedad.

14. Los hijos nacidos, en matrimonios irregulares.

15. Los matrimonios mixtos o interreligiosos.

Las 10 mentiras que han dicho algunos medios de comunicación, anticatólicos:

1.     Que es una consulta de la Iglesia a los católicos de todo el mundo, realizada a través de las parroquias.

2.     Que es una consulta exclusiva para las Conferencias Episcopales.

3.     Que es una consulta inédita, motivada por la nueva “democracia eclesiástica».

4.     Que es una consulta sobre la posición doctrinal de la Iglesia.

5.     Que es una consulta que provoca a los ultras de la Iglesia.

6.     Que es una consulta de sondeo mundial, pidiendo consejo a las bases católicas sobre el divorcio, el aborto, el control de la natalidad, los homosexuales y sus uniones y adopciones de niños, etc.

7.     Que es una consulta para conocer de primera mano, sobre los temas más espinosos que tiene la Iglesia o le afectan.

8.     Que es una consulta equivalente a la organización de una asamblea mundial, para conocer la situación real de la Iglesia.

9.     Que es una consulta que también va dirigida a los sacerdotes y religiosos.

10. Que es una consulta del tipo ¿está usted a favor o en contra?, como si en la Iglesia Católica, estas cosas se decidieran según los cambios de opinión de cada obispado.

Cuestionario de 38 preguntas, dirigidas a los obispos del mundo, preparatorio para el Sínodo sobre la Familia (octubre de 2014).  

1 Sobre la difusión de la Sagrada Escritura y del Magisterio de la Iglesia sobre la familia,

a) ¿Cuál es el conocimiento real de las enseñanzas de la Biblia, de la (encíclica) ´Gaudium et Spes´, de la ´Familiaris consortio´ y de otros documentos del magisterio postconciliar (Vaticano II) sobre el valor de la familia según la Iglesia Católica? ¿Cuál es la formación de nuestros fieles para la vida familiar según las enseñanzas de la Iglesia?

b) Allí donde la enseñanza de la Iglesia es conocida, ¿es aceptada integralmente? ¿Hay dificultades en ponerla en práctica? ¿Cuáles?

c) ¿Cómo es difundida la enseñanza de la Iglesia en el contexto de los programas pastorales en el ámbito nacional? ¿Diocesano, parroquial? ¿Qué catequesis se hace sobre la familia?

d) ¿En qué medida -concretamente sobre qué aspectos-tal enseñanza es realmente conocida, aceptada, rechazada y/o criticada en ambientes extra eclesiales? ¿Cuáles son los factores culturales que obstaculizan la plena recepción de la enseñanza de la Iglesia sobre la familia?

2.- Sobre el matrimonio de acuerdo con la ley natural…

a) ¿Qué lugar ocupa el concepto de ley natural en la cultura civil, tanto en ámbito institucional, educativo y académico, como en ámbito popular? ¿Qué ópticas antropológicas se sobreentienden en este debate sobre el fundamento natural de la familia?

b) El concepto de ley natural con relación a la unión entre el hombre y la mujer ¿es comúnmente aceptado como tal de parte de los bautizados en general?

c) ¿Cómo es contestada en la práctica y en la teoría la ley natural sobre la unión entre hombre y mujer en vistas de la formación de una familia? ¿Cómo es propuesta y profundizada en los organismos civiles y eclesiales?

d) En el caso de que pidan el matrimonio los bautizados no practicantes o quienes se declaran no creyentes, ¿cómo afrontar los desafíos pastorales que derivan de ello?

3.- La pastoral de la familia en el contexto de la evangelización.

a) ¿Cuáles son las experiencias surgidas en los últimos decenios en orden a la preparación al matrimonio? ¿De qué manera se ha intentado estimular el deber de evangelización de los esposos y de la familia? ¿De qué manera promocionar la conciencia de la familia como «Iglesia doméstica»?

b) ¿Se ha conseguido proponer estilos de plegaria en familia que consigan resistir a la complejidad de la vida y cultura actuales?

c) En la crisis actual entre generaciones, ¿cómo las familias cristianas han sabido realizar la propia vocación de transmisión de la fe?

d) ¿En qué manera las Iglesias locales y los movimientos de espiritualidad familiar han sabido crear caminos ejemplares?

e) ¿Cuál es la aportación específica que parejas y familias han conseguido dar respecto a la difusión de una visión integral de la pareja y de la familia cristiana que sea actualmente creíble?

f) ¿Qué atención pastoral ha manifestado la Iglesia para apoyar el camino de las parejas en la formación y de las parejas en crisis?

4.- Sobre la pastoral para afrontar algunas situaciones matrimoniales difíciles,

a) La convivencia «ad experimentum» (experimental), ¿es una realidad pastoral de relieve en la Iglesia particular (local)? ¿En qué porcentaje se podría estimar numéricamente?

b) ¿Existen uniones libres de hecho, sin reconocimiento ni religioso ni civil? ¿Hay datos estadísticos fiables?

c) Los separados y divorciados que se vuelven a casar ¿son una realidad pastoral relevante en la Iglesia particular? ¿En qué porcentaje se podría estimar numéricamente? ¿Cómo se afronta esta realidad a través de programas pastoral adecuados?

d) En todos estos casos, ¿cómo viven los bautizados sus irregularidades? ¿Son conscientes de ellas? ¿Manifiestan simplemente indiferencia? ¿Se sienten marginados y viven con sufrimiento la imposibilidad de recibir los sacramentos?

e) ¿Cuáles son las peticiones que las personas divorciadas y vueltas a casar dirigen a la Iglesia, respecto a los sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación? Entre las personas que se encuentran en esta situación, ¿Cuántas piden estos sacramentos?

f) ¿La simplificación de la praxis canónica, respecto al reconocimiento de la declaración de nulidad del vínculo matrimonial podría ofrecer una real contribución positiva para la solución de los problemas de las personas implicadas? En caso afirmativo, ¿de qué manera?

g) ¿Existe una pastoral para acercarse a estos casos? ¿Cómo se desarrolla tal actividad pastoral? ¿Existen programas sobre ello en ámbito nacional y diocesano? ¿Cómo se anuncia a separados y divorciados vueltos a casar la misericordia de Dios y cómo se concreta el sostén de la Iglesia en su camino de fe?

5.- Sobre las uniones de personas del mismo sexo…

a) ¿Existe en vuestro país una ley civil que reconozca las uniones de personas del mismo sexo equiparadas de alguna manera al matrimonio?

b) ¿Cuál es la actitud de las Iglesias particulares y locales tanto frente al Estado Civil promotor de uniones civiles entre personas del mismo sexo, como frente a las personas implicadas en este tipo de unión?

c) ¿Qué atención pastoral es posible tener hacia las personas que han elegido de vivir según este tipo de uniones?

d) En el caso de uniones de personas del mismo sexo que hayan adoptado niños, ¿cómo comportarse en vistas de la transmisión de la fe?

6.- Sobre la educación de los hijos en el sino de situaciones matrimoniales irregulares…

a) ¿Cuál es en estos casos la proporción estimada de niños y adolescentes con relación a los niños nacidos y crecidos en familias regularmente constituidas?

b) ¿Con qué actitud los padres se dirigen a la Iglesia? ¿Qué solicitan? ¿Solo los sacramentos o también la catequesis y la enseñanza en general de la religión?

c) ¿De qué manera las Iglesias particulares se acercan a la necesidad de los padres de estos niños para ofrecer una educación cristiana a los propios hijos?

d) ¿Cómo se desarrolla la práctica sacramental en estos casos: la preparación, administración del sacramento y el acompañamiento?

7.- Sobre la apertura de los esposos a la vida…

a) ¿Cuál es el conocimiento real que los cristianos tienen de la doctrina de la (encíclica) «Humanae Vitae» sobre la paternidad responsable? ¿Qué conciencia hay de la evaluación moral de los distintos métodos de regulación de los nacimientos? ¿Qué profundizaciones se podrían sugerir sobre ello desde el punto de vista pastoral?

b) ¿La doctrina moral es aceptada? ¿Cuáles son los aspectos más problemáticos que hacen difícil su aceptación en la mayoría de las parejas?

c) ¿Qué métodos naturales se promueven de parte de la Iglesias particulares para ayudar a los conyugues a poner en práctica la doctrina de la «Humanae vitae»?

d) ¿Qué experiencia hay sobre esta cuestión en la praxis del sacramento de la penitencia y en la participación en la eucaristía?

e) ¿Qué contrastes se evidencian entre la doctrina de la Iglesia y la educación civil a este respecto?

f) ¿Cómo promover una mentalidad mayormente abierta a la natalidad? ¿Cómo favorecer el aumento de los nacimientos?

8.- Sobre la relación entre la familia y la persona,

Jesucristo revela el misterio y la vocación del hombre: ¿la familia es un lugar privilegiado para que esto suceda?

¿Cuáles situaciones críticas de la familia en el mundo actual pueden constituir un obstáculo para el encuentro de la persona con Cristo?

¿En qué medida la crisis de fe que pueden sufrir las personas inciden en su vida familiar?

9.- Otros desafíos y propuestas.

¿Existen otros desafíos y propuestas respecto a los temas tratados en este cuestionario, que sean consideradas como urgentes o útiles de parte de los destinatarios?

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Padres, enseñen a sus hijos adolescentes a hacer un Plan de Vida.

ESCUELA PARA PADRES

Padres, enseñen a sus hijos adolescentes a hacer un Plan de Vida.

  • Las 4 principales preguntas que suelen hacer en las universidades o trabajos.
  • Los 14 conceptos enunciativos de lo que puede ser un Plan de Vida.
  • Los 10 principales consejos para hacer un Plan de Vida.
  • Las 10 consideraciones a tener en cuenta para hacer un Plan de Vida y seguirlo.

3,545 Palabras. Tiempo de lectura 13:00

Este artículo es la continuación de: La necesidad de tener un Plan de Vida Familiar pero adatado a los hijos adolescentes.

Hacer un Plan de Vida, igual que en el diseño de cualquier otro proyecto, se requiere tener en cuenta unos pasos básicos mínimos: Analizar lo que es necesario hacer, lo que hay que cambiar, lo que no se puede cambiar, lo que no se debe cambiar, los porqués de cada paso y lo que se deben impulsar o fortalecer.

Sin un buen Plan de Vida, los adolescentes no podrán cumplir con sus objetivos en los estudios, en los deporte o en la búsqueda de trabajo. Este Plan de Vida hay que irlo midiendo continuamente y viendo las desviaciones para poderlas corregir. Hay que tener muy claro el concepto del gran esfuerzo que supone llevarlo a buen término.

El Plan de Vida de los adolescentes es lo que va a definir su proyecto de futuro. Si los padres han hecho el Plan de Vida para su familia será mucho más fácil ayudar a sus hijos a hacerlo, pero cuando tengan la edad física o mental para poder discernir lo que están haciendo. No se olviden que todos los hijos son diferentes, aunque tengan muchos rasgos físicos o intelectuales iguales. El Plan de Vida para cada hijo, debe encajar en lo posible, en los principios básicos del Plan de Vida familiar, para evitar contradicciones, choques e incongruencias.

No hay un Plan de Vida estándar para todos los hijos, ni fórmulas mágicas para hacerlo. Cada plan de vida se debe hacer artesanalmente y uno para cada hijo adolescente, pues las características de ellos suelen ser muy diferentes y en muchos casos antagónicas con los otros hermanos. Todos los Planes de Vida tienen que tener unos conceptos principales, comunes a todos. Después hay que irle añadiendo conceptos específicos según las características de cada hijo, la familia, la sociedad y las circunstancias que les rodean.

Padres, no tengan miedo. No están solos a la hora de ayudar a sus hijos adolescentes a que hagan un Plan de Vida. Hay muchas personas que pueden ayudarles. Por ejemplo los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que practiquen. También les pueden ayudar los profesores, consejeros escolares, amigos con experiencia, etc. Todos los consejos que reciban siempre les ayudarán a hacerlo mejor. En las bibliotecas públicas y en el Internet hay mucha información para desarrollarlo, adecuada a las características físicas, mentales y familiares de sus hijos.

El Plan de Vida debe empezar a esbozarse desde la pubertad, concretarlo en la adolescencia y a medida que se va llegando a ser adultos y a vivir como adultos, ir comprobando las desviaciones. No tiene por qué compararlo con el que hicieron sus padres, en el caso de que lo haya hecho. Tienen que seguir las orientaciones que les den los padres para que encaje en el Plan de Vida familiar. Después volaran solos y podrán comprobar las desviaciones. Es imprescindible que los hijos vayan empezando a conocerse ellos mismos, para intentar revertir sus limitaciones, intentado sacarles partido en lugar de sufrirlas.

El Plan de Vida debe hacerse con conocimiento, energía y buen juicio. Sin sentir vergüenza de los duros trabajos que suponga, ni lo que puedan opinar los demás, en el caso que hagan cosas que estén fuera del Plan de Vida propuesto. El Plan de Vida de hacerse comprometiéndose a cumplirlo, con la ayuda de los padres, pero sin más testigos que uno mismo. ¡Qué grandes se hacen los adolescentes que se atreven a hacer cosas tan importantes como es el Plan de Vida!

Todos los Planes de Vida, sean para quien sean, tienen muchas cosas en común. Deben estar bien pensados y estudiados, para que puedan realizarse. Tienen que ser realistas, coherentes, concisos, claros y centrados en la personalidad de cada hijo y en su edad física y mental. Tienen que tener bien definidos los tiempos, los objetivos, los medios a emplear y la forma de analizar los resultados parciales y totales, de forma que se pueda conocer los rumbos que va tomando y la forma de hacer las correcciones necesarias. Es visualizar el futuro y poner los medios necesarios presentes, para alcanzar los objetivos propuestos.

Los padres tienen que ayudar a definir cual es el modelo de Plan de Vida que quieren proponer y en su caso enseñar a sus hijos, pues aunque hay muchos principios básicos, también es cierto que cada hijo es de una forma diferente y sus reacciones varían según sea lo que se le dice, cuándo se le dice o cómo se le dice. El Plan de Vida tiene que sacar a flote las diferencias positivas que cada hijo tiene dentro y unirlas para llegar a una meta u objetivo bien pensada.

Los padres tienen que mediar e influir de tal forma en sus hijos para convertirse en los faros que les guíen en la neblina de la adolescencia, donde suele haber muchas luces, pero también muchas sombras. Tienen que ayudar de tal manera que sus consejos sean como semillas caídas en tierras, que previamente han abonado durante la niñez y la pubertad.

Es necesario y muy conveniente ayudarles a hacer un Plan de Vida para que los hijos sean hombres de provecho el día de mañana. Tiene que contener, además de las virtudes y valores humanos, curiosidad por las cosas buenas del mundo, optimismo ante las adversidades para convertirlas en oportunidades, perseverancia frente a las situaciones difíciles, prudencia y humildad para resolver los casos de convivencia con sus familiares y amigos, creatividad ante la solución de los problemas cotidianos y osadía para enfrentar los retos que la sociedad le imponga.

Una de las primeras preguntas que hacen a las personas cuando solicitan el ingreso en una universidad o en una empresa es sobre el Plan de Vida que tenía hecho y como lo ha ido cumpliendo. Eso demostrará a los que le van a admitir en la universidad o en el trabajo las metas que se puso y lo que ha conseguido hacer. Lógicamente le preguntaran también cual es el su Plan de Vida de Vida para el futuro. Hoy en día los que contratan quieren saber lo más posible de las personas.

Las 4 principales preguntas que suelen hacer en las universidades o trabajos, con independencia de lo que ponga en el currículum vitae:

1.     ¿Qué plan había diseñado para llegar a solicitar estudiar en esta universidad o en ese empleo?

2.     ¿Cuáles son sus planes futuros para seguir estos estudios o para desarrollar este trabajo?

3.     ¿Qué ha hecho en su tiempo libre hasta hoy?

4.     ¿Qué piensa hacer con su tiempo libre en el futuro?

Los 14 conceptos enunciativos de lo que puede ser un Plan de Vida. Hay muchos más y cada uno de ellos debe ser tratado, desarrollado, valorado y tenido en cuenta las circunstancias de cada uno de los hijos adolescentes, dentro del contexto familiar y social.

1.     Amistades: Pasadas, presentes y futuras.

2.     Deportes: Tiempo, costo y energías dedicados a ellos.

3.     Descanso: El que sea necesario y suficiente para el cuerpo, mente y espíritu.

4.     Diversiones: Que sean sanas, sensatas, formativas, etc. y que eviten el aburrimiento.

5.     Estudios: Definir los objetivos y medios a emplear en cada una de sus fases de estudio y trabajo. Hasta dónde he llegado y hasta dónde debería llegar, si quiero mejorar en beneficio propio, de la familia, del trabajo y de la sociedad.

6.     Formación profesional continua: Para estar siempre al día y así, disminuir los riesgos de fracaso profesional y aumentar las posibilidades de éxito.

7.     Formación y práctica religiosa: Apoyada en la instrucción recibida, el propio discernimiento y en los consejos de los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que se practique.

8.     Planificación económica particular y familiar: Planificando todos los gastos, ingresos, ahorros, inversiones, testamentos, etc.

9.     Relaciones familiares: Teniendo en cuenta las relaciones con la actual y los deseos de cómo quisiera formar la futura.

10. Salud: Cuidando la presente y previendo la futura, realizando las dietas y los ejercicios recomendados, junto al dominio de la voluntad, exámenes médicos periódicos, etc.

11. Trabajo: Siendo consciente de los propios conocimientos, aptitudes, preparaciones,  capacidades y posibilidades, presentes y futuras.

12. Viajes: Dándoles un espacio en la vida cotidiana para conocer otras culturas y enriquecerse con los conocimientos y desarrollos de otras naciones.

13. Vida social: La que sea deseable, pero dedicando el máximo de tiempo disponible a la familia y a la formación.

14. Voluntariado en la sociedad. Organizar la cesión al prójimo de las (3T). Tiempo. Talento y Tesoro

Aunque nos propongamos metas y las cumplamos, siempre tendremos que intentan ponernos otras metas más apetitosas, aunque sean difíciles. Siempre nos faltará algo o querremos tener otras mejoras. Ahí está el grado de superación razonable que cada uno quiera imponerse. Cada meta cumplida tiene que ser el peldaño de la siguiente. Nunca pararse porque ya se ha conseguido una meta. Una persona sin metas de superación es una persona arruinada mentalmente.

Las metas no deben ser objetivos que no lleven a ninguna parte. Tienen que ser muy realistas y obedecer a un deseo de superación personal, en lo familiar, religioso y social y estar dentro de un Plan de Vida muy bien pensado y con los controles de cumplimiento adecuados.

Cómo, cuándo, dónde y porqué hacer un  buen Plan de Vida para los adolescentes, es una tarea que los padres tienen que enseñar a sus hijos a desarrollar. Definir los objetivos, sopesar los medios, visualizar las metas, calcular los tiempos, poner los controles para comprobar el desarrollo y tener mucha imaginación para seguir lo acordado y darse cuenta de las desviaciones. Hay que evitar las rigideces en los objetivos, en los procedimientos y en los controles, que además de no ser operativas, desmotivan antes, en y después de la realización del Plan de Vida.

Si de adolescentes no hacen un Plan de Vida, es imposible que de mayores puedan hacerlo para sus estudios, trabajos, amistades, futura familia, ingresos, ahorros, etc. Siempre serán los perpetuos adolescentes que duran así infinidad de años sin madurar, al no tener ningún proyecto de vida.

Los padres tienen que aprender a hacer su propio Plan de Vida familiar, para poderlo enseñar a sus hijos adolescentes. Enseñarles que el Plan de Vida familiar no es solo para educar, ordenar, coaccionar, imponer y formar. Tampoco es para repetir lo que ya fue, sino para ayudar a descubrir lo propio, lo nuevo y lo diferente, en lo personal, cultural y social. Siempre con orden y visión de futuro. Si se hace bien, sirve para acompañar a los hijos en la lucha por descubrir su identidad, su libertad, su autonomía, su originalidad y su exterioridad, con relación a la figura paterna y materna.

Los 10 principales consejos para hacer un Plan de Vida:

1.     Honestidad crítica para autoconocerse.

2.     Honestidad para aclarar cuáles han sido sus principales intereses desde pequeño.

3.     Honestidad para conocer el mundo en el que está inmerso y las posibilidades reales de continuar en él para lograr los propósitos y la realización de los objetivos.

4.     Honestidad para definir cuáles son las condiciones que facilitan, impulsan obstaculizan o inhiben su desarrollo personal.

5.     Honestidad para determinar cuáles han sido las personas y acontecimientos más influyentes en su vida, sus principales características y la forma de cómo le afectó

6.     Honestidad para hacer un diagnóstico generoso, exigente, crítico y valorativo de la realidad personal pasada y presente, junto a las propias fortalezas y debilidades.

7.     Honestidad para meditar cuáles son sus ideas sobre su vida espiritual, emocional e intelectual.

8.     Honestidad para ser sincero sobre cuáles han sido las decisiones más significativas que ha tenido que tomar, voluntaria o involuntariamente.

9.     Honestidad para tener en cuenta cuáles han sido los principales éxitos y fracasos de su vida.

10. Honestidad para tener presente cuáles son los aspectos que más le gustan y los que más le disgustan en relación con sus relaciones familiares, escolares, sociales, etc.

Un Plan de Vida tiene que empezar basándose en tres principales conceptos: Conocerse, aceptarse e intentar superarse. Debe estar soportado en la buena voluntad de hacer un cambio de vida, en el carácter, en el método y en los controles para medir los adelantos y corregir las desviaciones. Nadie se debe conformar honestamente con lo que tiene, si posee capacidades de éxito, en el campo que sea, tiene que explorarlas.

Un Plan de Vida tiene que llevar un examen exhaustivo para descubrir los defectos dominantes y poder corregirlos. Para ello se requieren técnicas, herramientas, constancia, trabajo y controles. Además de los padres, los que mejor pueden ayudar a realizarlo son los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que se profese.

Para hacer un buen Plan de Vida es muy útil y necesario pedir consejos tantas veces como sea necesario y meditar en soledad, mirándose sin miedo al espejo, porque este es un amigo fiel que no engaña. No solamente en el aspecto físico, sino en las preguntas que se hacen desde el interior de la mente para preguntarte y decirte a ti mismo, la realidad de las cosas, lo que estás haciendo bien y lo que estás haciendo mal. Pensando que no importa la personalidad que cada uno tenga, sino la personalidad que hay que tener.

El Plan de Vida individual ayudará a los hijos adolescentes a emprender los caminos, todavía no transitados, por donde para poder crecer, van a tener que caminar fuera de su zona de confort y seguridad familiar, e incluso dentro de ella. Les enseñará a no dejarse llevar por lo que les va sucediendo y les mostrará los ejes de su existencia, en el plano educacional, espiritual, social, profesional y familiar para que puedan atreverse a diseñar, poco a poco lo que quieren, pueden y deben ser, para poder alcanzar el éxito personal, familiar, profesional y social.

El Plan de Vida sirve, entre otras cosas, para poder tomar las decisiones adecuadas en conciencia de los propios valores, creencias y necesidades, dentro de las metas que se quieren lograr, para poderlas ajustarlas o modificarlas cada vez que sea necesario, según las circunstancias y alternativas, teniendo en cuenta su continuo análisis y evaluación, ventajas y desventajas, a corto, mediano y largo plazo.

En el artículo mencionado La necesidad de tener un Plan de Vida Familiar escribo textualmente lo que también debe interpretarse para los hijos adolescentes: “El Plan de Vida Familiar produce muy buenos resultados, si se practica con el sistema denominado “Plan 125”. Es decir hacer un Plan de Vida Familiar, con lo que se espera hacer y obtener a 1, 2 y 5 años vista, ya que permite encontrar los caminos a seguir, para asegurarse dónde se quiere estar, en los próximos 1, 2 y 5 años, e ir comprobando parcialmente, los resultados que se habían proyectado. Adecuándolo anualmente cada 1, 2 y 5 años con las modificaciones necesarias y en su  caso, modificando las metas u objetivos previstos, las acciones realizadas y los medios de control empleados”.

Las 10 consideraciones a tener en cuenta para hacer un Plan de Vida y seguirlo:

1.     Cómo conoceré las condiciones y recursos que ofrece la familia y la sociedad para lograr la realización del Plan de Vida.

2.     Cómo descubriré los mayores obstáculos previsibles que me puedo encontrar para cumplir con el Plan de Vida.

3.     Cómo hallar desde donde quiero y puedo realizar el Plan de Vida previsto para mi futuro modelo de vida.

4.     Cómo mediré la energía, tiempo y esfuerzo que estoy dispuesto a dedicar para hacer, cumplir y controlar las desviaciones del Plan de Vida.

5.     Cómo voy a aceptar la colaboración de mis padres, profesores, tutores, etc. para que me ayuden a hacer mi Plan de Vida, incluyendo a los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes según la profesión que practique.

6.     Cómo voy a diseñar los indicadores que determinen los logros o avances que voy consiguiendo.

7.     Cómo voy a enterarme de las razones de lo que tengo que modificar, y cómo controlo las modificaciones necesarias que debo hacer.

8.     Cómo voy a intentar superar los obstáculos que se me presenten.

9.     Cómo voy a saber cuáles son las diversas formas y las más apropiadas para conseguir los objetivos propuestos en el Plan de Vida.

10. Cómo voy reestructurar mi modelo de vida de una forma organizada, coherente y productiva.

El Plan de Vida sirve para intentar tomar nuestras propias riendas de la vida. Más vale intentar hacer algo que esté bien planeado, aunque luego fracase, que quedarse sin hacer nada por no haber tenido un Plan de Vida. También sirve para ser los propios artífices de nuestras vidas y tener un buen proyecto y estilo de vida.

Hacer el Plan de Vida significa sacudir la mente para evaluar lo que hacemos y aprender a hacer mejor lo que tenemos que hacer. También sirve para conocer, crear, reforzar o rechazar nuestro carácter, hábitos personales, los principales defectos, cambiar nuestro modo de reaccionar ante las cosas y modelar nuestras cualidades. Sirve para examinar la propia identidad y para mirar en el interior en busca de respuestas.

Todos los proyectos de vida personales necesitan un mapa y una brújula mental que nos indique nuestro norte, para poder hacer el itinerario que permita conocerse cada vez mejor y para encontrar sentido a la vida, la cual no puede ser una simple sucesión de días sin dirección ni sentido. Todos tenemos que intentar descubrir nuestra propia misión o vocación, sin olvidar nuestras propias contradicción o incoherencias. Tenemos que evitar o solucionar los problemas sin que entre el desánimo. Si no hay un buen Plan de Vida perfectamente estructurado, puede ser como subir por una escalera de mano y al final encontrase que está apoyada en el lugar equivocado. Eso es una de las trampas de la vida moderna, dejarse absorber por su ajetreo y torbellino, sin saber a dónde se va.

La honestidad, la justicia, la generosidad, el esfuerzo, la paciencia, la humildad, la sencillez, la fidelidad, el valor, la prudencia, la lealtad, la veracidad, etc. son algunas de las virtudes y valores humanos que conforman con hondura el propio carácter, el aprendizaje y la puesta a punto del Plan de Vida de los adolescentes. Estas deben virtudes y valores humanos deben quedar incrustadas profundamente en los adolescentes, siendo primero costumbres, después hábitos y posteriormente virtudes y valores humanos.

Los adolescentes que se centran en la realización de un Plan de Vida bien pensado y dirigido, van alcanzando sucesivos niveles de calidad humana, precisamente porque no buscan el camino más fácil, el de mayor comodidad y el de menor exigencia. Cada vez que los adolescentes se sacuden la inercia e impulsan las virtudes y valores humanos que les inspiran, contribuyen a su propia felicidad y a la de los demás, aunque tengan que luchar contra la corriente.

Sin un Plan de Vida, las capacidades se van adormeciendo, el talento no se desarrolla o se desarrolla muy poco y el adolescente se siente cada vez más insatisfecho y desencantado y comienza un sinfín de quejas llenas de amargura debido a que no quieren entrar en las cuestiones personales de fondo y se mantienen en las superficiales. No se puede pretender lograr una vida plena, sin haber puesto previamente los medios necesarios, como es entre otras cosas, un buen Plan de Vida. Al final siempre se cosecha lo que se siembra.

Muchos se asombran que haya adolescentes que por su comportamiento escolar, familiar y social causan admiración en las personas. Se les suele notar que están criados en base a principios sólidos. Son admirados por su tenacidad, esfuerzo, prestigio, madurez. No ha sido sencillo, pero tampoco imposible, pues han tenido unos padres bien formados y educados que les han ayudado a hacer un Plan de Vida, sin técnicas superficiales que solamente dan resultados a corto plazo. Los verdaderos motivos han sido: Conseguir una verdadera calidad humana, desarrollar una integridad personal muy profunda, obtener un carácter bien formado y haber pasado por un fuerte entrenamiento para enfrentarse a los desafíos de la vida.

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Padres, enseñen a sus hijos a ofrecer disculpas.

ESCUELA PARA PADRES

Padres, enseñen a sus hijos a ofrecer disculpas.

  • Las 6 Principales disculpas esgrimidas por los padres, por la que no dedican tiempo a la formación religiosa de sus hijos.
  • Las 24 Características de las buenas disculpas.
  • Las 10 Características de las malas disculpas.
  • Las 8 Disculpas más usadas en las familias. 
  • Los 5 errores más comunes al momento de ofrecer disculpas.
  • La parte peyorativa de las disculpas.
  • Los 17 Mejores consejos sobre cómo ofrecer disculpas sinceras y efectivas.

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Algunos artículos relacionados:

Los padres son los primeros que tienen que aprender a ofrecer disculpas. Si no lo aprenden y practican, será imposible que lo puedan enseñar a sus hijos.

La disculpa es la razón o causa ofrecida, presentada, alegada o pedida, para explicar o justificar un comportamiento, un fallo, una falta, una culpa o un error cometido. Es la excusa, justificación o pretexto presentado por lo realizado.

La diferencia entre disculparse y pedir perdón. Disculparse es dar explicaciones, pruebas o razones, para que algo que se haya hecho, y que ha podido no gustar a otros, no sea tenido en cuenta como una falta, culpa o delito, aunque haya causado o pueda causar daño.

Una cosa es disculparse u ofrecer disculpas por algún acto realizado, y otra cosa es pedir perdón por un delito. Conceder perdón es potestativo del que lo da, pero cuando alguien ofrece disculpas por algo que ha hecho sin querer, hay que aceptarlas.

No cabe ninguna disculpa, para los padres con formación religiosa, que no facilitan todos los medios posibles a sus hijos, para que cuando se vayan haciendo mayores, estén bien preparados religiosamente, para las cada vez más difíciles etapas de su desarrollo personal. Llega el momento de confirmar su formación religiosa y siempre, sale a relucir alguna disculpa por parte de los padres o de los hijos.

Las 6 Principales disculpas esgrimidas por los padres, por la que no dedican tiempo a la formación religiosa de sus hijos:

1.     Necesitan convivir con los amigos de su misma edad.

2.     Necesitan divertirse en lo que a ellos les gusta, y no en lo que les digan que hagan.

3.     Necesitan hacer asiduamente mucho deporte, para crecer sanos y olvidarse de los vicios que les ofrecen continuamente.

4.     Necesitan hacer muchas actividades extraescolares, para explorar si quieren seguir por alguna de ellas.

5.     Necesitan tener tiempo para ellos mismos, sin explicar a nadie lo que hacen.

6.     Necesitan una entrega total a los estudios.

Pero son disculpas que nadie las pide y a nadie se las ofrecen, simplemente son disculpas de los padres, para autojustificar su desidia, hacia la formación religiosa de los hijos. Por eso hay que explicarlo muy bien a los padres, para que vayan adelantando e intensificando la formación religiosa, de ellos y de sus hijos.

Los padres no pueden argumentar disculpas, cuando tienen que enseñar, corregir errores, o modificar determinados comportamientos y tendencias de los hijos. Tienen que hacerlo, pues es su irrenunciable y no delegable obligación. Para hacerlo bien, tienen que estar muy seguros de lo que tienen que hacer, de lo que no tienen que hacer y de la forma de hacerlo.

Las 24 Características de las buenas disculpas:

1.     Que conlleven reparación de lo disculpado.

2.     Que demuestren arrepentimiento.

3.     Que estén bien pensadas y expresadas.

4.     Que estén dirigidas a que las puedan aceptar.

5.     Que estén soportadas con buenos modales externos.

6.     Que estén soportadas por acciones de arrepentimiento y cambio de actitud.

7.     Que las causas sean reales.

8.     Que se hagan utilizando medios prácticos, como las redes sociales privadas o públicas, si no se pueden hacer personalmente.

9.     Que se ofrezcan aunque produzcan vergüenza.

10. Que sea incondicional.

11. Que sean afectivas.

12. Que sean bien meditadas.

13. Que sean claras, sinceras y a tiempo, aunque no haya costumbre de ofrecerlas.

14. Que sean concretas, sin divagaciones, ni ambigüedades.

15. Que sean creíbles.

16. Que sean dichas con suavidad, pues son más elocuente que las voceadas.

17. Que sean examinada previamente, por si debe conllevar la obligación de restituir, en caso de daño material o inmaterial, calumnia, insulto, humillación, etc.

18. Que sean ofrecidas lo más inmediatamente posible, a la causa que las originó.

19. Que sean públicas, si el error ha sido público.

20. Que sean sinceras.

21. Que sean sobre los errores propios, no en nombre de terceros.

22. Que sean valientes, sin temor a la reacción de incomprensión.

23. Que sean voluntarias, no obligatorias.

24. Que tengan respeto, corrección y verdad.

Las 10 Características de las malas disculpas:

1.     Cuando se ofrecen bajo el pretexto, de eximir las responsabilidades de los hechos realizados.

2.     Cuando se ofrecen continua y repetitivamente, sobre el mismo asunto.

3.     Cuando se ofrecen de forma fría, sin que sirvan para desagraviar, ni para curar lo lastimado.

4.     Cuando se ofrecen de forma interesada, con el fin de obtener favores o privilegios.

5.     Cuando se ofrecen descargando la culpa en otros, o en las circunstancias.

6.     Cuando se ofrecen ocultando lo que haya que decir y cuanto hay que decirlo.

7.     Cuando se ofrecen para intentar defender lo indefendible, apoyándolas con falacias.

8.     Cuando se ofrecen para intentar justificar lo injustificable, ante otros.

9.     Cuando se ofrecen para que sirvan como descargo, de algo que tenían la obligación y el conocimiento para hacerlo bien.

10. Cuando se ofrecen y engañosamente, incluyen indirectamente acusaciones o denuncias a otros.

Algunos creen que cualquier disculpa es buena, para justificar lo injustificable. Primero hacen o no hacen lo que quieren, posteriormente buscan una disculpa para justificarlo. Siempre hay expertos en encontrar disculpas para sus acciones, tanto en la familia, como en los negocios, política o sociedad. Además se convencen, que los otros son medio tontos y que por bondad o por ignorancia, tienen que aceptar las disculpas que les presentes. Incluso cuando las disculpas son tan burdas, que son increíbles.

No tiene que importar ofrecer disculpas a otros, aunque esa no sea la costumbre, o los otros no las pidan nunca. Hay que saberse dominar muy bien, para ofrecer disculpas, máxime cuando cuesta hacerlo. Ofrecer disculpas honra y hace superiores a los que lo hacen, sobre los que nunca las ofrecen. Es más fácil disculparse ante un amigo, que ante un enemigo.

Los padres también tienen que tener, el conocimiento de lo que hacen y la entereza y honradez, de saber ofrecer disculpas a sus hijos, principalmente cuando les fallan en las cosas de su educación. Cuando injustamente no ofrecen disculpas, estando obligados familiar, moral o socialmente a hacerlo, su conciencia se encontrará mal, aunque nadie se las exija, y demostrarán una falta de educación hacia sus hijos.

Los padres deben enseñar a sus hijos, a que piensen muy bien las cosas antes de hacerlas, decirlas o pensarlas, para que posteriormente no tengan que ofrecer disculpas, por lo que han hecho mal.

Los padres deben enseñar a los hijos, poco a poco, y desde que son muy pequeños, a que se vayan acostumbrando, a ofrecer disculpas por las cosas que han hecho mal o no ha hecho, cuando tenían que haberlas hecho. Esa costumbre de ofrecer disculpas, se convertirá en hábito y posteriormente en virtud. Les deben inculcar que: Vencer y disculparse, es vencer dos veces.

El que siembra disculpas, recoge disculpas. Acostumbrarse a ofrecer disculpas, supone que estoy enseñando, con el ejemplo a que otros, hagan lo mismo conmigo o con otros, mereciéndolas o no. Pero aunque no reciba disculpas de otros, debo pensar que he cumplido con mi deber moral y social de hacerlo, lo que me dará paz y bienestar.

Hay errores que se quieren subsanar, ofreciendo disculpas, a pesar de que provengan, de no haber previsto la posibilidad de que al hacerlos, pudieran perjudicar a otros.

Ofrecer disculpas, es como soltar los nudos que nos atenazan mentalmente. Es desenrollar el ovillo para siempre, en el que se ha convertido un problema con otra persona.

Saber ofrecer disculpas, es traspasar la frontera entre un enfado grave o leve, grande o pequeño. Cruzarla o no, supone unos minutos de humildad o un dolor y remordimiento para toda la vida.

Si no se está preparado para poder ofrecer disculpas, por algo mal hecho, no se puede presuponer el poder equivocarse, lo que equivale, a no pensar que existen otras alternativas, a lo que quiero hacer.

Por el bien propio y por el bien ajeno, las disculpas, aunque moleste hacerlo, deben ofrecerse, cuando son una obligación irrenunciable. Pueden llegar a ser un acto de humildad o generosidad, sobre todo cuando se dan de un padre a un hijo, entre cónyuges, de un superior hacia un empleado, de un político al pueblo, etc. Incluso si el motivo nos ha llegado por culpa de terceros, pero somos la cabeza responsable de esa situación.

Hay personas que no quieren ofrecer disculpas, empecinándose en no dar el brazo a torcer, y aferrándose a mil razones para encerrarse en su orgullo, aunque sepan perfectamente, que han cruzado la línea roja de la duda razonable sobre lo bien o mal realizado. En estos casos, no queda más que el recurso de perdonarle y decírselo, para que aprenda lo que debe hacer, para una próxima ocasión.

Hay personas que no quieren aceptar las disculpas de nadie, aunque se las ofrezcan sincera y humildemente. Por su orgullo o dolor, prefieren refunfuñar sus penas, antes que aceptar las que disculpas que otros ofrecen. Prefieren ir de ofendidos o de mártires de la circunstancia, para no saldar la cuenta, con el que les ha presentado las disculpas.

Disculpas no pedidas, acusación manifiesta. Este clásico refrán tiene otras interpretaciones. Las disculpas hay que ofrecerlas, aunque la otra persona no se haya dado por ofendido. Sirven para redimir cualquier tipo de culpa, que se pudiera tener. Además hay que correr el riesgo, de que las disculpas ofrecidas, produzcan enfados en la persona que las recibe. Es posible que con el paso del tiempo, esas disculpas, ayuden a perdonar y a olvidar las posibles ofensas realizadas.

La parte peyorativa de las disculpas. Cuando se realizan actos o se dicen cosas y después, si caen mal, se busca alguna disculpa para justificar lo hecho. Muchas veces se hacen las cosas a sabiendas, que si se soportan con una buena disculpa, sea esta verdad o mentira, pasará justificada ante los demás.

Las 8 Disculpas más usadas en las familias:  

Algunos padres se amparan en hacer lo que quieren, poniendo como disculpa algunas ideas o comportamientos personales, o achacables a sus hijos, máxime cuando estos no pueden rebatirla, por ejemplo:

1.     En mi familia acostumbramos a dormir o comer siempre a la misma hora. Nos tenemos que marchar ahora, porque nuestro hijo tiene mucho sueño. Lo que pasa es que se están aburriendo y se olvidan que otras veces, han estado hasta mucho más tarde, pero estaban más a gusto.

2.     En mi familia no comemos carne, pescado o verduras, porque a mi hijo no le gustan.

3.     En mi familia no queremos que nuestros hijos, estén con sus primos, porque dicen que ellos les enseñan cosas de más mayores. En el fondo, es una disculpa para que no estén juntos, ya que las diferencias educacionales son tan grandes, que los padres no quieren verse reflejadas en ellas, por eso ponen esa disculpa, para que los primos no se vean.

4.     En mi familia no vamos a los actos religiosos, porque mis hijos dicen que se aburren.

5.     En mi familia no vamos a visitar a los padres, hermanos o sobrinos de mi cónyuge, porque mi hijo no se lo pasa bien y no quiere ir. En su mente está ocultando que, nunca se ha llevado bien con su propia familia y ahora, el visitar a la familia del cónyuge, se escapa a su concepto de lo que es una familia unida, cosa que le chirria en su cerebro, pues no tiene ese concepto arraigado en su mente.

6.     En mi familia no vamos a visitar a nuestros padres y no llevamos a nuestros hijos a ver a los abuelos, porque estamos muy ocupados, con nuestro trabajo y con nuestras actividades sociales y las de nuestros hijos. Les mandamos un regalo una vez al año y con eso ya se conforman.

7.     En mi familia nunca corregimos ni castigamos los berrinches, rudezas, groserías o insolencias de nuestros hijos, para que no se frustren. Pensamos que las otras personas lo aceptarán, porque al fin y al cabo “los jóvenes, son jóvenes”.

8.     En mi familia nunca ofrecemos disculpas, porque nuestros padres no nos lo han enseñado. Por eso seguramente, nuestros hijos tampoco ofrecerán disculpas nunca. Así se continúa con el círculo de mala educación, entre padres e hijos.

Ofrecer disculpas, así como pedir perdón, supone una limpieza interior, es una sensación del deber cumplido, pues hace desaparecer el remordimiento de conciencia, por las faltas cometidas, bien sean por acción o por omisión. Pero queda pendiente el arrepentimiento, el propósito de la enmienda y la satisfacción de los posibles delitos cometidos.

Dime de qué, cómo y cuándo te disculpas, y te diré quién eres. En la disculpa, puede haber un gran fondo de sinceridad o de mentira, que demuestra la calidad o condición de las personas. Por eso hay disculpas irónicas, retorcidas o con doble sentido. Algunas veces las disculpas, están alejadas del fundamento y raíz del arrepentimiento, del perdón, de la verdad y de la sinceridad, escudándose en la mentira y en la defensa de las faltas cometidas o por cometer.

Ofrecer disculpas es también curarse las viejas heridas, ya que cada día que pasa sin hacerlo, se infectan más y más. Una sincera conversación, pidiendo disculpas, es como entrar en el hospital de campaña cuando hay heridas o circunstancias concretas difíciles de curar. Cuando no existe el conocimiento y la práctica de las virtudes y valores humanos, todo se vuelve confuso y no se puede distinguir el bien del mal, en las cosas que se han hecho o dejado de hacer.

Ofrecer disculpas por alguna mala información dada o acto indebido, debe tener el mismo tamaño, dimensión, profundidad, formato, calibre, magnitud, importancia, alcance, proporción, extensión y valor que la falta cometida. Hacerlo sin esa proporción, es otra falta que todavía agranda más lo anterior. Por ejemplo: Los medios de comunicación que ofrecen disculpas, por las mentiras que han dicho en primera página y en letras grandes, y posteriormente ofrecen disculpas, en la letra más pequeña, del interior de sus páginas.

Los padres deben enseñar a sus hijos a que ofrezcan disculpas, examinando con seriedad a la luz de su conciencia, las ofensas cometidas por acción u omisión. Ese análisis será un gran medio, para alcanzar su mejor conocimiento personal, lograr su madurez, obtener coherencia en su vida, e iniciar su progreso por el camino del bien.

Los padres deben acostumbrar a sus hijos a que ofrezcan disculpas, siempre que sean necesarias o aconsejables. Esto les hará más sensibles y les ayudará a superar las futuras tentaciones, y a sobrepasar y dominar las pruebas y contrariedades que se producen en la vida.

Los 5 errores más comunes, al momento de ofrecer disculpas.

1.     Decir que “Lamento, me arrepiento, me apeno, me aflige, haber provocado la desconfianza de todo lo que Vds. ya saben, sobre mi comportamiento”. Si no se hace un acto de arrepentimiento, propósito de la enmienda y programa de restitución, los lamentos quedarán como “hojas que se lleva el viento”

2.     Decir que “Se cometieron errores”. Deja en el anonimato al o a los responsables de los errores, y califica los daños como errores debido a las circunstancias, sin admitir lo malo que se ha hecho.

3.     Decir que “Se creará un comité para que investigue a fondo, y llegue a hasta las últimas consecuencias”. Se sabe de sobra, que esos comités no funcionan y que es la manera más tramposa, de no ofrecer ninguna disculpa y diluir las responsabilidades de lo acontecido.

4.     Decir que “Se lamenta  profundamente, si alguien se sintió ofendido”. Esto es pasar la culpa a otros, por haberse sentido los ofendidos y ser muy sensibles, sin aceptar ser el ofensor.

5.     Decir que “Se piden disculpas en nombre de otros”. Si es por ocultarse deliberadamente, para encubrir al verdadero responsable del problema, indica falta de sensibilidad o sinceridad hacia los damnificados, a no ser que los verdaderos responsables, no puedan ofrecer las disculpas.

Los 17 Mejores consejos, sobre cómo ofrecer disculpas, sinceras y efectivas:

1.     Admitir que ofrecer disculpas, no es solamente pedir perdón. Algunas veces hay que pedirlo explícitamente, junto a todos los requisitos inseparables.

2.     Agradecer la oportunidad que nos dan, de poder ofrecer disculpas, para que ello alivie nuestra conciencia y podamos recuperar la confianza perdida.

3.     Centrar el ofrecimiento de las disculpas, en la persona ofendida y no en el ofensor.

4.     Concentrarse sinceramente, en el daño o dolor que se ha provocado y cómo se puede sentir la persona ofendida, diciéndolo de forma clara y directa.

5.     Conocer las características de la persona, a la que se le ofrezcan las disculpas, para decírselas en una forma y lenguaje apropiado, de manera que no haya duda de la sinceridad.

6.     Dejar muy claro, sin ambigüedades ni rodeos, que el ofrecimiento de disculpas, es por lo que se ha hecho mal o no se ha hecho bien.

7.     Estudiar la forma de que las disculpas, sirvan para restablecer en el futuro, la confianza que hemos falseado y el sufrimiento causado.

8.     Hablar muy claro, sobre cuál es el motivo por el que se ofrecen las disculpas.

9.     Hacer que la disculpa no suene a excusa, asumiendo la responsabilidad de lo hecho. Suele haber una línea muy estrecha, entre lo que es una explicación razonable y un disculpa.

10. Intentar demostrar el compromiso de que en el futuro, corregiremos lo que en el pasado o en el presente, no hemos respetado.

11. Pensar en lo que pueda estar esperando la persona ofendida, de nuestro ofrecimiento de disculpas.

12. Poner siempre a la persona ofendida, como centro del ofrecimiento de la disculpa, dándole el tiempo necesario, para que piense su reacción y aceptar de antemano, con mucha paciencia, que su respuesta pueda ser positiva, negativa o ambigua.

13. Pretender ofrecer remediar la situación, en la medida de los daños realizados y de los medios para poderlos compensar, aunque sea simbólicamente y prometer poner remedios, para que no vuelva a ocurrir.

14. Procurar que el ofrecimiento de disculpas no sea impulsivo, sino muy meditado, para decir las palabras adecuadas, y que posteriormente no haya arrepentimiento de lo dicho, sin haberlo pensado.

15. Reconocer que el ofendido, tiene el pleno derecho a no aceptar nuestras disculpas, máxime, si ve algún asomo de falta de sinceridad, burla u obtención de beneficios.

16. Ser completamente sinceros, sobre el motivo que generó el ofrecimiento de las disculpas.

17. Tratar que el ofrecimiento de disculpas sea concreto, específico y adecuado en cantidad y calidad.

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Padres, enseñen Religión a sus hijos. (26 Preguntas)

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Padres, enseñen Religión a sus hijos. (26 Preguntas)

3,176 Palabras. Tiempo de lectura 12:00

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Los padres, si lo consideran conveniente, deben consultar este artículo con el sacerdote, pastor, rabino o imán, según la Religión que practiquen.

¿Qué es la Religión?

La Religión es el sentido de la vida y una fuente de disciplina que ofrece anclas sólidas, estabilidad social y desarrollo moral, tanto al individuo, como al grupo. La Religión proporciona: amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, generosidad, fidelidad, afabilidad y disciplina. Es una exigencia de la razón, de la justicia y de la paz.

¿Para qué sirve la Religión?

La Religión sirve para creer y confiar en Dios y en el prójimo. La Religión no es algo decorativo u ornamental, significa elegir a Dios. como el criterio básico de la vida. Es el conocimiento teológico, que añade una dimensión trascendente a la vida moral de la humanidad.

¿La Religión es para estar pidiendo continuamente cosas a Dios?

La religión es, para amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. No es correcto el estar siempre pidiendo y nunca dando. A Dios se le pueden dar muchas cosas: A través de un buen comportamiento personal y acciones a favor del prójimo. “Manos que no dais, que esperáis”.

¿Por qué los padres tienen que enseñar Religión a sus hijos, de acuerdo a sus edades, características y circunstancias?

Los padres no pueden dejar a los hijos, que empiecen a aprender los conceptos religiosos, cuando ellos quieran o cuando lleguen a la mayoría de edad. Estamos en una época donde casi todas las sociedades son laicas y muchas de ellas son laicistas, es decir, que legislan y actúan en contra de la religión. Los padres están obligados a darles formación religiosa, escolar, familiar y social, desde que son muy pequeños, desde que están en la cuna.

¿Ayuda la Religión a que los hijos sean más felices?

Los hijos son mucho más felices, cuando han desarrollado un fuerte sentido del valor religioso y personal. Se dan cuenta que sus vidas tienen un mejor y mayor significado, lo que les permite desarrollar más en profundidad su espiritualidad, y mantener mejores relaciones con sus familiares, amigos y sociedad. Los hijos con mayor formación religiosa, son más sociables y menos tímidos.

La religiosidad, la espiritualidad, la felicidad, el temperamento y las relaciones interpersonales, mantienen una conexión muy estrecha, entre en los hijos que tienen una buena formación religiosa y se mantienen practicantes en rezar, meditar, asistir a los actos religiosos, etc. El valor personal, la alegría de vivir, la importancia de la amistad, la bondad, el altruismo, el voluntariado y la caridad, son virtudes y valores humanos, que se incrementan con las prácticas religiosas.

¿La enseñanza religiosa tiene que ser igual, para todas las edades y circunstancias?

Los padres tienen que ir adaptando las enseñanzas, según sus edades físicas, mentales y circunstancias reforzándolas o añadiendo nuevas, a medida que los hijos vayan creciendo en edad, conocimientos y responsabilidades, siempre de acuerdo a sus características y conveniencia en cada caso.

¿Dónde debe enseñarse la Religión?

1.     La Religión da a la vida una nueva perspectiva y un horizonte más amplio, haciéndola más humana y capaz, de generar una sociedad más solidaria y llena de esperanza.

2.     La Religión debe enseñarse, principalmente, dentro del hogar familiar, y complementarse en la escuela, Iglesia y organizaciones religiosas.

3.     La Religión es un elemento esencial de la experiencia y educación humana, sobre el significado de lo sagrado.

4.     La Religión es una asignatura, que como tal, tiene derecho a estar en el currículo escolar y formar parte de la dimensión educativa de la escuela, debido su fuerte nexo de unión entre educación, formación y religión.

5.     La Religión es una materia estudiada, por un gran número de ciencias: La Historia de las religiones, la Psicología de las religiones, la Sociología de las religiones, la Fenomenología de las religiones, la Filosofía de las religiones y la Teología, entre otras.

6.     La Religión no aísla a las personas que la practican. Al contrario, les da un sentido de pertenencia y comunidad, que nada ni nadie puede igualar.

7.     La religión no se impone, se persuade, aunque se deba amar a todas las religiones, pero enamorándose de la propia.

8.     La Religión por su pluralismo confesional actual, tiene que estar presente y ser enseñada de manera concertada y armonizada, con los diversos grupos de alumnos y en todos los foros de la sociedad.

9.     La Religión verdadera exige entre otras cosas, la práctica de las virtudes y valores humanos.

10. La Religión, sin ninguna excusa, debe ser enseñada por los padres, debido al derecho irrenunciable que tienen, de educar a los hijos, según las propias convicciones morales y para que no corran el riesgo, de perderse el tesoro más preciado de la humanidad.

¿Se puede medir la formación que reciben los hijos en Religión?

          Esta formación no se puede medir, pero se podrán observar posteriormente, los resultados de su educación religiosa, su nivel de felicidad, espiritualidad, religiosidad, caracteres y temperamentos, según el modo de vida y las acciones que realicen los hijos. Algunos padres creen que la Religión enseñada a los hijos, se puede medir como los exámenes de matemáticas, que les hacen en la escuela o en el colegio.

          Tampoco se puede medir la calidad y cantidad de enseñanza, que los padres han realizado en materia de buenos modales, comportarse en la mesa, saber obedecer a la primera, ser puntuales, ordenados, educados, etc. Es decir, saber vivir de acuerdo a las virtudes y valores humanos. Eso se ve en los resultados a plazo corto, medio y largo. No hay un examen normalizado, para determinar cuánto saben los hijos sobre religión, moralidad, amor al prójimo, etc. La vida es la que se encargará de aprobar o suspender a los hijos, en función de sus conocimientos de Religión y su práctica.

¿Está decayendo la Religión en la población mundial?

Los que no practican ninguna religión y los laicistas, que son los que atacan a toda clase de religiones, son los que más pregonan, que la Religión está muerta y que va camino de desaparecer. Lo hacen para justificarse a sí mismos, aun a sabiendas, que eso no sólo es incierto, sino que la Religión a nivel mundial, tiene cada vez más practicantes y partidarios, según las diversas estadísticas publicadas.

Pasa lo mismo con los fumadores, alcohólicos, divorciados, hipócritas, abortistas, etc. que se pasan el día diciendo que todo el mundo lo hace, para intentar defender, disculpar y excusar su deformado sistema de vida.

¿Qué son las virtudes y valores humanos?

Las virtudes humanas son disposiciones estables, del entendimiento y de la voluntad, que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta, según la razón y la Fe. Pueden agruparse en torno a cuatro virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.

Valores humanos son la calidad moral, que mueve a hacer las buenas acciones con convencimiento y firmeza en el arte de vivir.

¿Qué es lo que tienen que saber los hijos sobre Religión, para cuando llegan a cada una de sus edades?

Los padres saben para cada edad, lo que sus hijos deben haber aprendido sobre Religión. Ponen todo su empeño en educarles o enseñarles a que lo consigan y si al final no lo consigue, lo llevan a consultar con los especialistas. Además hay un proceso lógico de aprendizaje de destrezas, que empiezan por saber: Mamar, chupar, llevarse la comida a la boca, gatear, andar, hablar, correr, hacer sus necesidades fisiológicas, leer, escribir, etc.  Es como una escalera, por la que van subiendo peldaño a peldaño. Pero para subir cada peldaño, deben haber afianzado su paso por el anterior. Después irán aprendiendo las siguientes, hasta que lleguen a ser adultos.

¿Qué deben aprender los hijos sobre religión, en cada una de sus diferentes edades físicas y mentales?

Los padres deben enseñar a sus hijos, poco a poco y desde que son muy niños, los conceptos y prácticas religiosas, para que a medida que vayan creciendo, puedan ir consolidando cada uno de los peldaños, imprescindibles en cada edad, para que puedan ir soportando los siguientes pasos, con los conocimientos y prácticas de los pasos anteriores, estudiando bien las Reglas o Mandamientos, los Libros sagrados etc. Primero aprendiendo a amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo, como a uno mismo. La religión empieza como costumbre, continua como hábito y termina como virtud.

¿Algunos padres practican con sus hijos, la eutanasia religiosa?

Desgraciadamente, hay padres que aplican a sus hijos la eutanasia a la enseñanza de la religión. Lo hacen por dejadez, incongruencia, desconocimiento, por “el qué dirán” o por la moda, de decir, que los hijos estudien y practiquen la Religión cuando sean mayores o cuando ellos quieran. No se dan cuenta, que los hijos constituyen el presente y futuro de las familias y de las naciones y sin Religión fracasarán.

¿Tienen que esperar los padres, a que los hijos sean mayores para enseñarles Religión?

Ningún padre dejaría de dar de comer a su hijo, llevarle al médico o a la escuela, hasta que el hijo quisiera hacerlo. Pero cuando se trata de enseñar Religión, algunos padres esperan a que los hijos sean mayores, para que ellos decidan si quieren aprenderla o no, pero entonces ya suele ser tarde. No la han asimilado desde la más tierna infancia.

¿La eutanasia religiosa tiene otras implicaciones?

Sin la religión bien implantada en los hogares, no hay ni familia, ni naciones que funcionen. Los niños y ancianos, constituyen el futuro de los pueblos. No atenderles bien a ambos, es una eutanasia encubierta y una eutanasia cultural. A los niños, porque son el futuro de la familia y de la nación y llevarán adelante la historia. A los ancianos, porque trasmiten la experiencia y la sabiduría de la vida, hacia las generaciones anteriores. La eutanasia religiosa se produce a los ancianos, cuando no se les habla de religión, ni se les deja hablar ni actuar.

¿Cómo y cuándo deben aprender Religión los hijos?

Los hijos aprenden a entender y practicar la Religión, con el ejemplo, que ven en sus padres y con lo que estos les enseñan, desde que están en la cuna, rezando con ellos por sus hermanos, abuelos, papás, familiares y amigos. Tanto al levantarse, como al acostarse, al empezar a comer, al salir de la casa y al entrar en el automóvil.

¿Deja huella el conocimiento de la Religión?

Los principios religiosos adquiridos desde pequeños, se convierten en inamovibles, durante el paso de los años y continuamente salen a relucir, incluso en los difíciles momentos de incertidumbre, próximos a la desesperación. Desde muy pequeños, deben acostumbrarse a rezar junto a sus padres y a verles rezar a ellos, incluso públicamente. Posteriormente llegarán los momentos, en los que les enseñan las oraciones y los signos religiosos, y les lleven a asistir a los actos religiosos y a ir conociendo las bases del Catecismo.

¿Dónde y cuándo deben enseñar los padres la Religión a sus hijos?

A partir de la edad física y mental, que los niños adquieren el discernimiento, los padres deben complementar la educación escolar, con la educación religiosa, en la casa y en la catequesis, donde les prepararán para recibir los conocimientos, prácticas y rituales religiosos que correspondan a sus edades. La edad adecuada física e intelectual, para empezar su formación religiosa, dependerán de la opinión de los padres, del sacerdote, pastor o rabino, según la religión que practiquen sus padres.

¿Se debe enseñar Religión a los hijos, aunque estos no la comprendan?

Los hijos cuando son pequeños, es posible que no comprendan todo lo que les dicen los padres sobre la Religión, pero hay que ir haciéndolo, poco a poco, porque de mayores, si no tienen una sólida formación religiosa, no podrán distinguir lo bueno y lo malo, para elegir libremente lo mejor para sus vidas. Para evitar que caigan en manos, de los que sistemáticamente, se dedican a engañar a los jóvenes, menos formados religiosamente e insuficientemente enseñados, de educación familiar.

¿La Religión debe estar soportada con obras buenas?

La Religión debe estar bien soportada con obras buenas, para que posteriormente conduzca a la práctica de las virtudes y valores humanos, tan necesarios para la formación de las personas, y para poderla tener como ancla cuando crean que todo falla. La Religión siempre se mantiene arraigada firmemente, en el amor y en la vida.

¿Qué sucederá a los hijos que no son educados en la Religión?

Se comportarán como asilvestrados, intolerantes, maleducados, consentidos, enteros, etc. Serán hijos y futuros padres conflictivos, déspotas, violentos, exigentes y tiranos. No distinguirán el bien del mal, en lo que hagan ellos o en lo que hagan otros, entre la virtud y el vicio, entre la moralidad y la inmoralidad. Tomarán demasiados, altos e innecesarios riesgos, y casi siempre de resultados irreversibles.

¿Qué sucederá en las familias, naciones o sociedades donde los padres no enseñen religión a sus hijos?

Hay muchas naciones, donde no existe ni ha existido, desde hace muchos años, la libertad religiosa para que cada familia y cada individuo, puedan practicar la Religión que libremente escoja. Esos países además suelen crear leyes que van, en contra de los más elementales derechos humanos, aceptados mundialmente, así luchar frontalmente contra todas las cuestiones religiosas.

¿Es la familia la verdadera escuela de formación religiosa para los hijos?

1.     Qué confusión para los padres, cuando vean a sus hijos yendo por el mal camino de los perdedores, por no haberles enseñado a practicar las virtudes y valores humanos.

2.     Qué desconocimiento el de los padres, que no trasmiten la Religión a sus hijos, enseñándoles lo mejor para su presente, de dónde les llega su dignidad, ni lo que les deparará su futuro, que esté soportado por la condición del conocimiento y de la práctica religiosa.

3.     Qué error para los padres, que no quieren enseñar la Religión, que demuestra que el hombre, no es el fin mismo del propio hombre, sino que hay una trascendencia hacia un Ser superior.

4.     Qué ignorancia demuestran cuando los hijos, se consideran bien calificados para auto aconsejarse, presumiendo de que no necesitan a nadie que les enseñen, corrijan, orienten en los temas de la Religión.

5.     Qué ineptitud la de los padres que aconsejan a sus hijos “Vive la vida loca”, que vida no hay más que una y hay que vivirla deprisa, o que les enseñan a justificar sus desordenes con el dicho: “Comamos y bebamos que mañana moriremos”.

6.     Qué padecimiento para los padres, cuando ven que los hijos huyen de la realidad, de lo que ocurre a su alrededor y no les preocupa aislarse del conocimiento y práctica de la Religión, aunque eso les suponga soledad, retraimiento, incomunicación, desamparo, etc.

7.     Qué pena da cuando algunos hijos, se acomodan frente a la realidad religiosa, en su indiferencia crónica, en su pereza mental.

8.     Qué triste es cuando los hijos quieran actuar exclusivamente, según su propio criterio, sin querer escuchar la formación religiosa y moral, que enseñan los padres. Algunos se centran en sí mismos, se consideran autosuficientes y solamente hacen caso, a lo que han oído en la calle a cualquier persona.

9.     Qué desgracia es perder la Religión, es perderlo todo. Mucho más que perder la salud, el dinero, los amigos, la posición social, etc.

10. Qué egoísta es fijarse en los defectos, de los que hablan de Religión, y no querer atender a lo que dicen.

¿Cuáles son las 10 mejores formas de enseñar la religión a los hijos?

1.     Enseñarles a llevar una vida espiritual bien dirigida, por personas expertas, que sepan ayudar en los buenos momentos, para mejorarlos y en los malos, para saber pedir fuerzas para superarlos.

2.     Enseñarles a ponerse objetivos realizables, para ir mejorando en conocimiento y práctica de las virtudes y valores humanos, de forma que la religión sirva de ejemplo a los demás.

3.     Enseñarles a profundizar en la formación religiosa y en su práctica, para poder aclarar las propias dudas y en su caso, las que tengan otros. Estar bien preparados intelectualmente y dar buen ejemplo de religiosidad, es fundamental, para que se distinga las personas que aman y practican la religión, de los ateos y agnósticos.

4.     Enseñarles a que las obligaciones religiosas, son en beneficio de los fieles y no están para castigar, sino para disfrutar de ellas, al conocerlas en profundidad y los motivos por lo que existen.

5.     Enseñarles a que se sepan levantar, cada vez que se caen, consciente o inconscientemente. Las personas religiosas, saben que es muy importante no caer, pero también saber levantarse y pedir perdón, con arrepentimiento y firme propósito de la enmienda.

6.     Enseñarles a realizar abiertamente las prácticas religiosas, para que se den cuenta, que la religión está dinámica, activa y vigorosa y que es un honor practicarla. Aunque las cosas íntimas, siempre deben permanecer en la privado.

7.     Enseñarles a rechazar los escrúpulos, que quieren imponer los que no practican la religión y hablan, sobre la hipocresía de las personas con convicciones religiosas, en el caso de que no sean perfectos en todos sus actos.

8.     Enseñarles a ser valientes antes los ataques y desafíos que hagan con la Fe, sin esconderse, huir, ni sentir vergüenza, al contrario: Estar siempre muy orgulloso, de practicar la religión.

9.     Enseñarles a tener una vida intensa religiosa, con los medios espirituales ofrecidos, para poderse sentirse espiritualmente convencidos, fuertes y sanos.

10. Enseñarles y demostrarles, como la religión está cada vez más pujante, aunque tenga muchos enemigos, que la intentan destruir sin conseguirlo. Esto da mucha más fuerza a los que la practican, para seguir profundizando en su conocimiento y en su práctica.

¿Hace ruido el silencio religioso?

La Religión llevada en silencio y con buen ejemplo, también hace un ruido ensordecedor, a quienes ven comportarse a las personas llenas de sentido religioso. La oración, los sacrificios, el ejemplo callado, el buen comportamiento privado, familiar y social, el trabajo honrado, la vida social, etc. hacen mucho, ante las conciencias públicas, incluyendo las de los agnósticos y ateos. Es el silencio que hace ruido.

¿Es la libertad de Religión, un factor de progreso personal y social?

Poder practicar sin restricciones la Religión, es un cambio radical de mentalidad, introducido desde siempre en la cultura, en la libertad y en las costumbres, con independencia del régimen político o el grado de democracia. Es el derecho inalienable de las personas, para su progreso físico y moral.

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Padres, enseñen a los hijos a controlar sus impulsos irreflexivos

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Padres, enseñen a los hijos a controlar sus impulsos irreflexivos

2,208 Palabras. Tiempo de lectura 8:00

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El impulso es una reacción ejecutada de manera súbita, sin reflexión, ni cautela, motivada por la impresión del momento, que lleva a comportarse de una manera determinada, para el bien o para el mal. Los impulsos pueden convertirse en problemas, si no se tiene autocontrol. El control de los impulsos es un mecanismo, que permite hacer una pausa y analizar el comportamiento y sus consecuencias. Las técnicas para el control de los impulsos, son los ejercicios de costumbres y hábitos de las virtudes y valores humanos, que ayudan a inhibir las tendencias de malos comportamientos.

Los impulsos dependen de la irreflexión o de la precipitación, sobre lo que se debe hacer, originando algunas veces intensas emociones, que desencadenan impulsos, los cuales casi siempre terminan en comportamientos negativos. Hay muchos analfabetos emocionales, que no han aprendido a manejar sus sentimientos, percepciones, pensamientos, voluntades o intereses y se dejan llevar por sus impulsos.

Los buenos impulsos, también pueden ser muy positivos, cuando se trata de acciones hacia la sociedad, como: Ayudar en casos de accidentes, solucionar un problema puntual de necesidad en el prójimo. Muchas veces no hay tiempo que perder, hay que tomar una acción inmediata y sin reflexionar. El éxito dependerá de la buena formación que se tenga, para que en fracciones de segundo, poder realizar algo necesario, que no permite tener ninguna demora, pero que la mente ya tenía programado, por ser una costumbre convertida en habito y posteriormente en virtud.

Los que tengan las mentes mejor organizadas y una buena formación moral, educativa, emocional y humana, siempre tendrán impulsos con las aristas ya limadas, por lo cual serán más efectivos y prácticos. Así los impulsos no serán irracionales, si no que estarán sometidos y guiados, por los buenos sentimientos y emociones aprendidas. Es muy importante fomentar y consolidar la sensibilidad, para que posteriormente los buenos impulsos sentimentales, se hagan automáticamente al salir del corazón.

Cuando los hijos se acostumbran a vivir con impulsos irreflexivos, entran en una espiral de violencia, en que una maldad sucede a la otra, como si estuvieran encadenadas. Casi siempre la siguiente es peor. Los hijos podrán auto justificar sus impulsos, pero nunca criticar a los padres que les han llamado la atención por su mal comportamiento.   

Los pusilánimes nunca tienen impulsos. Nada les mueve su corazón, han amordazado sus sentimientos o los han atrofiado, para que no les salgan a flote ni les hagan moverse.

A nadie le gusta que le corrijan cuando ha hecho algo malo, motivado por un impulso irreflexivo. Pero hay que aceptar que si quien nos corrige, lo hace por nuestro bien, entonces podemos llegar a entender que vale la pena el dolor sentido por la corrección, ya que así se podrá evitar en otras ocasiones, esos impulsos impetuosos que sólo llevan a meterse en problemas.

Hacer todo impulsivamente no debe convertirse en una costumbre, ya que eso supone una falta de serenidad y control de la mente. Los impulsos deben dejarse para cosas muy especiales, principalmente cosas buenas, que la misma razón, bien educada, nos lleve a solucionarlo inmediatamente. La formación del carácter es una parte muy importante, para poder controlar los impulsos y no dejarse llevar por ellos.

Tenemos el derecho a que nadie obre impulsivamente contra nosotros y también la obligación, de no obrar compulsivamente contra otros. Hay derechos y deberes en la familia y en la
sociedad, que por realización u omisión, podemos ser aplaudidos, sancionados, animados, convencidos y premiados, pero sobre todo, que nadie pueda decir que hace las cosas por impulsos y sin reflexión.

Los malos impulsos son los que empujan a realizar acciones incorrectas o frenan las buenas, debido casi siempre a la falta de dominio del carácter, motivado por la mala educación recibida. Por impulsos, no se deben hacer las cosas, o dejarlas de hacer según. El impulso que produce la ira, la venganza, el odio, la cobardía, etc., puede terminar en peleas o crímenes u otras graves decisiones, tomadas bajo los síntomas de la vehemencia.

La decisión de solicitud de divorcio tomada por impulso, debida a que no hubo una reflexión imprescindible o necesaria, siempre conlleva arrepentimientos tardíos y una gran amargura posterior.

Atreverse a empezar un programa de quitarse el vicio de ser impulsivo, es la mejor medicina para curar ese defecto. Lograrlo es un triunfo de nuestras habilidades de serenidad, motivación, decisión, autocontrol, disciplina, contención, orden, esfuerzo, madurez, entereza, valentía, confianza, seguridad, etc.  Hay que pensarlo bien y programarlo, sabiendo que al hacerlo, es posible que se empiece una fuerte lucha contra nuestro carácter, pero vale la pena intentarlo.

Los padres a través del ejemplo y de la formación de las virtudes y valores humanos, pueden desarrollar la práctica de determinados impulsos positivos como:

  • El impulso de ternura que se produce hacia los niños. Es imposible ver la dulzura, delicadeza, ingenuidad, indefensión y sentido de la dependencia de un niño, para no sentir el impulso innato y natural de quererle, ayudarle, protegerle, educarle y mimarle.
  • El impulso de amor, de adhesión y de caridad que producen las desgracias ajenas.
  • El impulso contagioso y deseo de imitación de las obras buenas y hacia quienes las hacen.
  • El impulso conmovedor, franco, lleno de humanidad y empatía. hacia las personas que necesitan ser comprendidas y escuchadas.
  • El impulso de cariño hacia las personas queridas: Cónyuge, hijos, abuelos familiares y amigos íntimos.

Es muy peligroso ser impulsivo en los negocios, inversiones u otras decisiones económicas, pues ese arrebato hecho a ciegas y precipitadamente. puede costar mucho dinero y disgustos irreversibles. Enseguida se nota a los que hacen negocios dejándose llevar por impulsos, y los que los hacen reflexionando lo que están haciendo. Solamente los que tienen una mente muy formada, pueden tomar decisiones rápidas, que son muy diferentes a decisiones impulsivas.

Es necesario practicar continuamente la virtud y valor humano del esfuerzo, pensando en los demás, pues permite tomar los impulsos fuertemente y así poder seguir teniendo nuevos retos, lo que cada vez supondrá acciones mucho más valientes, originando la obtención de mayores satisfacciones.

Los impulsos incontrolados suelen provenir de problemas de autoestima y de la incapacidad de regular, las propias emociones, casi siempre al tener que esperar, para satisfacer sus necesidades o caprichos. Los impulsos pueden producir por su arrebato: Choques innecesarios, coacciones graves, crímenes pasionales, crueldades desmedidas, durezas extremas, enfados injustificados, estridencias dolorosas, fanatismos irreversibles, fuerzas desmedidas, furia incontrolable, impulsos agresivos, ira ciega, rabia endémica, rudeza salvaje, etc.

El impulso motivado por la envidia, conlleva un sentimiento de enfado, debido a que otra persona posee o disfruta de algo deseable, e induce a quitárselo o estropeárselo, para que no lo tenga o no pueda usar.

Los hijos que son impulsivos, agresivos, impacientes, transgresores, manipuladores, difíciles y problemáticos, aunque sean todavía pequeños, hay veces que no responden, ni a los premios, ni a los castigos de los padres, pues estos han perdido el control de la educación y de la convivencia. Estos hijos ya no saben decir que no, ni a lo que ellos mismos han prometido, solamente saben seguir sus impulsos o caprichos inmediatos.

Los padres tienen que enseñar a sus hijos a controlar sus impulsos y a pensar de antemano, y con suficiente profundidad, todas las consecuencias desfavorables que le pudieran suceder, en caso de obrar impulsivamente. Pero esto no puede inculcarse en los hijos, si previamente no se les ha imbuido con el ejemplo, la práctica de las virtudes y valores humanos.

Algunos hijos no saben decir que no a sus propios impulsos, mucho menos a sus promesas. Esos impulsos irreprimibles sobre sus adicciones o vicios, se convierten en adhesiones malévolas, muchas veces inconscientes de sus consecuencias y del deseo de evitarlo, intentando no dejarse llevar por el impulso de la inmediata satisfacción.

Los buenos impulsos no deben estar soportados solamente, por las emociones, por la simpatía, por no contradecir, y por seguir sus impulsos o caprichos inmediatos. Tienen que estar soportados por la práctica de las virtudes y valores humanos. Estos son algunos de los que se deben conocer y practicar, para poder realizar buenos impulsos y prevenir y eliminar los malos:

Agradecimiento. Ahorro. Amor. Disciplina. Carácter. Caridad. Castidad. Coherencia. Compasión. Compromiso. Conciencia. Conducta. Confianza. Conocimiento. Constancia. Control. Decencia. Decisión. Desprendimiento. Discreción. Ecuanimidad. Educación. Ejemplo. Esfuerzo. Ética. Fidelidad. Formación. Fortaleza. Fraternidad. Generosidad. Gratitud. Habito. Heroísmo. Honestidad. Honor. Honradez. Humildad. Integridad. Justicia. Lealtad. Liderazgo. Madurez. Misericordia. Moral. Mortificación. Obediencia. Objeción de conciencia. Orden. Paciencia.. Pensar. Perdón. Perseverancia. Prójimo. Prudencia. Pudor. Puntualidad. Razón. Rectitud. Reflexión. Respeto. Responsabilidad. Sabiduría. Sacrificio. Salud. Seriedad. Servicio. Solidaridad. Temor. Templanza. Ternura. Tolerancia. Valor. Vergüenza. Voluntad, etc.

Los padres tienen que enseñar a sus hijos a frenar los impulsos, sobre las cuestiones perjudiciales que no deberían hacer. Si aprenden bien a frenarlos, no tendrán que arrepentirse de las cosas malas hechas impulsivamente. Muchas veces se entabla una lucha entre los deseos y las acciones, entre la capacidad de resistir el impulso de lo inmediato, y el deseo de contenerse. Educarlos bien supone ganar o perder, contra las consecuencias que conllevan los malos impulsos.

Los padres tienen que enseñar a sus hijos a ser generosos y caritativos, pero que no lo hagan solamente por impulsos. Tienen que formarles primero, en la costumbre, para que luego se convierta en hábito y posteriormente en la virtud de la generosidad. Sin esperar a hacerlo cuando sea motivado por la familia, los amigos o la sociedad, a través de los medios de comunicación.

Los padres tienen que enseñar a sus hijos, a que eviten tomar decisiones basadas en los impulsos, pues posteriormente podrían tener que sufrir el riesgo y las consecuencias, de lo que han hecho por impulsos irreflexivos. Así se acostumbrarán a pensar, antes de hacer o no hacer las cosas.

Evitar ser impulsivo requiere un gran esfuerzo, pues algunas veces hay que emplear enérgicamente la voluntad, la fuerza física y la resistencia mental, para vencer las dificultades cuando se presenten, en una lucha entre los deseos y las necesidades, entre la capacidad de resistir el impulso de lo inmediato y el deseo de contenerse.

La reflexión perseverante, es el soporte indispensable para evitar los malos impulsos, máxime cuando hay una costumbre o inercia, a dejarse llevar por el egoísmo de lo que cada uno quiere hacer, sin importarle los resultados finales. Hay que pasar del impulso irracional, a los dictados de la inteligencia.

Impulsos que deben controlarse:

  • Los impulsos de interrumpir a los interlocutores, en lugar de escucharles con atención, antes de precipitarse con nuestras opiniones.
  • Los impulsos sexuales inmorales, previos o posteriores al matrimonio, como profundo valor educativo.
  • Los impulsos que conllevan al consumo de drogas, al exceso de alimentación con glotonería o gula, al exceso de trabajo injustificado, a las tentaciones caprichosas o perversas, a las acciones en contra de la práctica de las virtudes y valores humanos, al contravenir las leyes naturales o judiciales, al deseo incontrolado de querer siempre más, etc.
  • Los impulsos que se realizan cuando caen las barreras morales, por enamoramiento y la excesiva confianza en otra persona, hace que se puedan tomar acciones perjudiciales irreversibles.
  • Los impulsos que llevan a caer en el concepto de las prisas constantes, la competencia desleal, la inseguridad mental y física, etc.

Los malos impulsos suelen ocurrir principalmente, cuando existe la ansiedad incontrolada, y no se cuidan las relaciones personales, que instan u obligan a tomar decisiones repentinamente, en este mundo actual, rápido, convulso, brusco, arisco y atemorizante, que está muy falto de sosiego y tiempo de espera. Incluso cuando provienen de la familia, la sociedad o los indebidamente llamados amigos.

Los padres tienen que enseñar a sus hijos, que lo opuesto a los malos impulsos, es la debida reflexión. Indicándoles que antes de actuar impulsiva o precipitadamente, intenten contar como mínimo, hasta tres, para que les dé tiempo a reflexionar, si lo que van a hacer es lo más conveniente y no tiene otras alternativas mejores. También a que tienen que acostumbrarse a protegerse mentalmente, con sutiles barreras para evitar los daños externos.

Para controlar los malos impulsos, es imprescindible disminuir el ritmo, cuando todo va demasiado deprisa. No es cierto que en estos tiempos de multifinalidad y rapidez, seamos más útiles y eficientes, si hacemos las cosas impulsivamente. No se trata de cerrar los ojos a la realidad y hacer todo despacio y reflexionando demasiado, cuando lo que hay que hacer es crear un ambiente amable, en el cual sea posible tocar el corazón de los seres humanos, para mejorar la calidad de la vida. La virtud está en el término medio, entre los impulsos, la reflexión, la imaginación y la formación humana.

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Padres, expliquen a sus hijos el daño que producen las obsesiones

ESCUELA PARA PADRES

Padres, expliquen a sus hijos el daño que producen las obsesiones.

3,256 Palabras. Tiempo de lectura 12:00

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·       La adicción a la vigorexia (opuesta a la anorexia) perjudica a la familia.

La obsesión es una perturbación anímica producida por una idea, preocupación, pensamiento o manía fija, que con tenaz persistencia asalta la mente y conlleva un penoso sentimiento de ansiedad. Puede reflejarse en palabras, acciones o imágenes, que dominan y acaparan la atención del intelecto, imponiéndose en la imaginación de manera repetitiva. La despreocupación es lo contrario de la obsesión.

Las obsesiones silenciosas, los rasgos obsesivos y las ansiedades hay que frenarlas a tiempo, respirando lentamente y cambiando el mal pensamiento por otro positivo. Es cuando empieza las sudoraciones, las palpitaciones, la impulsividad y la compulsividad.

Las obsesiones compulsivas normalmente, son producidas por la ansiedad continua, aunque algunos crean que lo hacen por costumbre, por manías o por el clásico “es que yo soy así”. Cuando en realidad los obsesivos compulsivos se ven obligados a hacer las cosas, porque no han superado la ansiedad que les sobrepasa, aunque tengan la sensación de que la alivian, pero a la larga la aumentan.

La obsesión también tiene su parte positiva, llamada tesón, pasión o afición, siempre que esté bajo total control y sea por una buena causa. Hay que saber poner límites a esa obsesión, soportada con la tenacidad, antes de caer en la testarudez.

La buena obsesión funciona como un motor interno, que empuja nuestros pasos para desarrollar y cumplir con los objetivos propuestos. También permite desarrollar iniciales aptitudes, pasiones, aficiones, capacidades y habilidades en las artes, los números, las ciencias, las humanidades, el deporte, los estudios, el servicio al prójimo, etc.

Los padres no deben ser obsesionados o sensatos a tiempo parcial, tienen que ser sensatos a tiempo completo, no solamente de fachada, sino auténticos para poder educar bien a los hijos. Esto solo se consigue con una buena formación y un continuo entrenamiento en las virtudes y valores humanos, para poderlas aprender, practicar y enseñar.

Sinónimos y antónimos.

Obsesión  Prejuicio Ofuscación Pesadilla Testarudez Fanatismo Obstinación Terquedad Tesón Tenacidad Preocupación Temor Angustia Inquietud Manía Capricho Perturbación Paranoia Monomanía Neurosis Psicosis Vehemencia. Serenidad Comprensión Tolerancia Condescendencia Indiferencia Despreocupación

Los obsesionados por la familia.

Pierden la serenidad que precisa, el ofrecer una educación equilibrada para el desarrollo familiar. Se ofuscan para conseguir metas que consideran buenas, pero que son inalcanzables, lo que origina una pesadilla para los componentes de la familia.

1.     Futuro: Nadie puede predecir el futuro, aunque todos debemos prepararnos de la mejor forma posible para recibirlo. La preocupación no debe pasar de los límites normales y de la  experiencia acumulada.

2.     Guerras: Disturbios callejeros, terremotos, inundaciones, calamidades, epidemias, etc. por lo que se obstinan en exceso, en estar demasiado preparados, atentos y nerviosos, ante cualquier situación que les descoloque de su situación normal.

3.     Imagen física: Continuamente se realizan sin límites, operaciones quirúrgicas para su estética. De acuerdo a lo que se lleve en la sociedad y al modelo de vida que sueñan tener. Se las hacen sin límites, aunque no sean necesarias, tengan que empeñarse para pagarlas, o estén rayando en el peligro. Realizan gimnasias exhaustivas y practican la vigorexia, la bulimia y la anorexia. Se gastan todo lo que pueden, en estar a la última moda de ropa, en cosméticos, accesorios. Se preocupan exageradamente por algún defecto imaginario o no, valorando desproporcionadamente cualquier imperfeccionismo físico.

4.     La privacidad. Se sienten continuamente vigilados, a través de todos los medios de comunicación, redes sociales, cámaras ocultas de televisión, teléfono, vecinos, compañeros de trabajo, amigos, etc. Les entra la esquizofrenia.

5.     Obsesivos compulsivos. De repente les entran las obsesiones, por cualquier cosa y la ponen como prioridad para todo. No quieren saber nada más sobre ello. Bien sea en saludo, política, religión o familia.

6.     Por la muerte. Esta psicosis se llama tanatofobia, que es el miedo obsesivo a la muerte. No viven por estar pensando en la muerte, y cada minuto creen que va a ser el último y que en cada esquina, van a encontrar un peligro de muerte. Todo lo relacionan con la muerte, incluso en los sueños, tiene pesadillas de muerte.

7.     Desde la misma obsesión por las compras, hasta por el aseo personal, el orden, la salud, la pareja o el exceso de trabajo.

Los obsesionados en algunas religiones.

Hay muchos obsesos fanáticos, que defienden con tenacidad desmedida, apasionamiento, preocupación y ciego entusiasmo, sus creencias religiosas, sin aceptar que la religión es para todos y no para unos pocos. Por esa obsesión, moralmente se vuelven excesivamente escrupulosos y susceptibles, ante cualquier decisión que tengan que tomar. Continuamente analizan su modelo de vida, que suele rayar en el fanatismo. Incluso sienten la necesidad de confesar pecados íntimos, inexistentes o imaginarios. Llegando a crear sincretismos con la Nueva Era, las supersticiones, los falsos ídolos, etc.

Los extremadamente obsesionado, que se olvidan de su conciencia y espiritualidad, normalmente son clasificados por la sociedad, como ignorantes o ingenuos, pues no suelen tener suficiente razonamiento, para justificar y defender sus creencias al soportar todo con lógicas inflexibles. Utilizan la agresión o juzgan a los demás con prejuicios, y no aceptan consejos ni modificaciones, lo cual hace extremadamente difícil su evolución y cambio de mentalidad. Normalmente suelen haber crecido, con núcleos sociales con visiones muy limitadas, que pretenden convertir en sus adversarios o enemigos e incluso suprimirlos, a los que se oponen a sus obsesiones, creencias y modos de ver la vida, en aspectos religiosos, políticos, familiares y sociales.

Los obsesionados con la salud. (Hipocondriacos)

Siempre están excesivamente preocupados, con miedo irracional sobre  sus enfermedades pasadas, presentes y futuras. Relacionando todas sus acciones con las enfermedades de moda, las epidemias falsas o ciertas, los contagios, las medicinas que otros toman o que anuncian en la publicidad, las infinitas vitaminas de curas milagrosas, los continuos informes médicos, los análisis de sangre, orina, tiroides, colonoscopias, mamografías, etc., Presionan a los médicos para que les recete cualquier cosa, sea o no necesaria. Algunos llegan al extremo de no querer ir al médico, para que no les diagnostique que son hipocondriacos, u obsesivos con sus posibles, supuestas o imaginarias enfermedades.

Al hipocondriaco las obsesiones sobre su enfermedad, le afectan directamente a la mente, lo que implica que la mente perjudique su cuerpo. También llegan a producir síntomas peligrosos, que exageran y malinterpretan, al estar observándose continua y excesivamente, lo que puede producir la propia enfermedad. Están  atrapados en un círculo constante de preocupación y en una continua introspección, sobre las sensaciones del interior del cuerpo. Siente todo tipo de síntomas físicos extraños, en las distintas partes del cuerpo. Aunque se someta a multitud de pruebas, su resultado no lo calma, si no que sigue pensando, que tiene una enfermedad no descubierta.

El hipocondríaco es muy cambiante, se obsesiona unas semanas por unas posibles enfermedades y las siguientes por otras, olvidándose inmediatamente de las primeras. Visita a escondidas a todos los médicos posibles, hasta que encuentra alguno que le dice lo que él quiere oír. Inmediatamente descalifica a los médicos anteriores. Es extremadamente preocupado y obsesionado por la salud en general y por las diversas funciones corporales, como la tensión arterial, el pulso, el peso, el BMI, el aspecto de la piel, las manchas corporales, etc.

El hipocondríaco también tiene la obsesión de estar continuamente consultando en el internet, viendo todos los programas de televisión sobre enfermedades y discutiendo con sus amigos, cualquier cosa relacionada con sus posibles enfermedades, además de hurgar en los detalles de las enfermedades de los parientes, amigos y entorno, en todos sus posibles síntomas e imaginarias enfermedades, interpretando y discutiendo a su manera, todo lo leído u oído. Suelen ir al médico con el problema y la solución que él quiere escuchar.

La obsesión psicosomática, es la que da lugar a acciones que afecten a la psique sobre el cuerpo, o al contrario. Producen preocupaciones en cuanto a padecer una enfermedad  o dos enfermedades muy concretas, y se parece mucho a la hipocondría.

Los obsesionados con la alimentación, dietas y ejercicios físicos para practicar voluntariamente las enfermedades ortoexia, anorexia, vigorexia, etc. La adicción a la vigorexia (opuesta a la anorexia) perjudica a la familia.

Siempre practican el perfeccionismo exagerado, aunque sea perjudicial para su cuerpo y su intelecto.

Los obsesionados con el sexo. (Lujuria)

La lujuria es el mal uso del sexo. Es una deformación de la legítima apetencia sexual humana. El instinto de conservación y el instinto sexual (que es como el instinto de conservación de la especie), son los impulsos más fuertes a los que el hombre, desde siempre, ha estado sometido.

Para los obsesionados por la lujuria, el sexo es el tema demandante de todas sus conversaciones, el objeto constante de sus deseos y la ansiedad enfermiza de sus pasiones. Suele proceder de la falta de practicar las virtudes y valores humanos, y de un estilo de vida promovido por las sociedades modernas, a través de los medios de comunicación y de entretenimiento, que difunden masiva y continuamente imágenes y estímulos sexuales.

La lucha por vivir la castidad, lo contrario a la lujuria, hace ganar la dignidad como persona, pues una de las cosas que nos distinguen de los animales, es que somos capaces de educar nuestros impulsos y obsesiones.

Hay obsesivos compulsivos de la sexualidad, dudan continuamente sobre su orientación sexual, cavilan, premeditan e imaginan incesantemente, para la realización de actos obscenos, y se atiborran de cualquier información sexual, principalmente de los actos que son aborrecibles, tabúes o prohibidos. Tienen consciente o inconscientemente, continuos pensamientos e imágenes sexuales, desagradables, vergonzosas y monotemáticas. La duda sexual, es la característica central en este tipo de obsesiones.

Los obsesionados con los celos. (Celotipia)

La celotipia o celos enfermizos, es un trastorno en el pensamiento que hace algo real, lo fantasioso o imaginativo, y que puede convertirse en obsesión mortal, si no se controlan los celos. Es la necesidad imaginativa y continua, de introducir un tercero en la relación de pareja, imaginándose la infidelidad, al creer que existe otra persona que le engaña y se interpone en su relación. Esto puede genera sentimientos negativos, hasta llegar a actuar con agresividad.

En el matrimonio o en el noviazgo. La inseguridad exacerbada, hace dudar de la fidelidad en los matrimonios, noviazgos, amistades, etc. Los celos muchas veces provienen de las envidias e inseguridad en uno mismo. Para evitarlos y que reine la confianza, es sumamente necesario que exista el dialogo y la comunicación, para encontrar las soluciones adecuadas.

Los obsesionados con el exceso de población.

Lo basan en la falacia de la Ley de Malthus, tantas veces demostrada su falsedad. Se ofuscan en creer que el número de personas, crece exponencialmente y que los recursos solo crecen aritméticamente, cuando está demostrado hasta la saciedad, que no es cierto, ya que la sabia naturaleza, junto a los avances tecnológicos permiten que la humanidad viva cada vez, más y mejor. No es una cuestión ecológica, es una cuestión económica y política. No tengan miedo, hay alimentos, espacios y energía para todos, los actuales y los que vengan, pero cada uno de nosotros, privada y colectivamente, tenemos que resolver el grave problema de la injusta distribución y el consumismo.

Este planeta puede alimentar a decenas de humanidades como la actual. El hombre inteligente y honesto, domina a la naturaleza en beneficio de la civilización presente y futura. Cuantos más hombres, más creadores de alimentos y bienes.

Los obsesionados con el futuro de la sociedad.

Estos obsesionados creen que todo va a ir de mal en peor, y por su neurosis solamente se fijan en las catástrofes, guerras, pandemias, ruina ecológica, inundaciones, hambrunas, huracanes, erupciones volcánicas, deshielos, contaminación, cambios de clima, etc. Pero nunca se fijan en los avances de la sociedad en general, en la mejora de la calidad de vida, en los progresos científicos, en el número creciente de solicitudes de patentes que se presenta, en la mayor y mejor longevidad.

Los obsesionados con los amigos.

No pueden admitir, que sus amigos tengan otros amigos. Quieren tenerlos exclusivamente para ellos. Suelen querer tener amigos en exclusividad, poniendo la condición de su amistad, como monopolio. La envidia es la que alimenta la obsesión, hacia todos sus familiares y amigos sociales o profesionales, máxime, por los que han triunfado en la sociedad.

Los obsesionados con el dinero.

Continuamente haciendo balance de lo que tiene, de lo que debe, de lo que gasta y de lo que le deben. Obsesión por las alteraciones en las diversas Bolsas de valores, aunque no tenga inversiones. Precios del oro y otros metales preciosos, incluso de otros productos cotizados en las Bolsas. Preocupación de los índices económicos de la nación y de otros países. Por tener más, lo necesiten o no. Etc.

Los obsesionados con el qué dirán.

Todo el día pensando en lo mismo, que al final se convierte, en “lo que no han dicho” Esto impide el crecimiento de la propia personalidad y la de los integrantes de la familia. Suele convertirse en paranoia.

Los obsesionados en las prácticas deportivas.

En los juegos. No aceptan perder y hacen todo lo posible, incluso, para ganar. Su terquedad les impide aceptar la derrota y reconocer los méritos de los ganadores. Incluso llegando a sentir que, el que llega el segundo, es el primero de los perdedores. Tampoco saben tener el señorío de los vencedores, porque intentan humillar a los vencidos.

Los obsesionados con determinados vicios.

Llegan hasta tener perturbada la mente, con sus adicciones a las drogas, alcohol, sexo, juego (ludopatía), videojuegos, etc. Su enorme ofuscación ante la práctica de los vicios, no les permite ver que viven al borde del precipicio y que éstas, normalmente son obsesiones que no tienen marcha atrás, a no ser, que entren voluntariamente en un proceso fuerte de rehabilitación.

Los obsesionados por expresar sus sentimientos.

Tanto por no saberlo hacer, como por no poderlo hacer, debido a que les ponen cortapisas a expresarse. Llega un momento en que se ven prisioneros de sus pensamientos, al no poderlos exteriorizar.

Los obsesionados con la vejez.

Se producen un gran temor a las limitaciones, propias de la vejez y a las correspondientes pérdidas, de cualidades físicas y mentales. También suelen ofuscarse, por la posible falta de dinero o que a su mes le sobren días, las enfermedades, las incapacidades, etc.

Los obsesionados de los personajes famosos.

Los que son fanáticos, siguiendo y ocupándose desproporcionadamente de los deportistas, artistas y personajes de los medios de comunicación.

Los obsesionados por ser constantemente demoradores, postergadores, indecisos, escépticos, etc.

Los que nunca toman una decisión, debido a que están obsesionados por el fracaso, el ridículo, las risas ajenas, etc.

Los obsesionados compulsivos con el juego. (Ludópatas) El vicio del juego (ludopatía) y su influencia en la familia

Los obsesionados maniáticos, que miden la inteligencia de todos.

Están constantemente verificando, el grado de inteligencia de cada una de las personas que conocen y comparándolo con el suyo, para ver quién es más inteligente, o para comprobar, si va perdiendo o ganando su nivel de inteligencia. Su complejo de inferioridad, les hace estar preguntando continuamente, sin decir ellos primero su opinión.

Los obsesionados y adictos a su trabajo (workaholism) La adicción al trabajo “workaholism” de los padres, reflejada en la mala educación de su familia

Los obsesionados perfeccionistas, autoexigentes y autocríticos.

Que se preocupan por todos los detalles, aunque sean menores o irrelevantes. Tienen la necesidad imperiosa, de hacer todo perfectamente. Se exigen extremadamente: las mejores notas en los estudios, ser la mejor persona, el mejor conversador, el mejor amante, el mejor deportista, el más rico, el de más éxito en la vida y además conocer y recordar todo y a todos, aunque sean cosas sin importancia.

Los obsesionados preguntadores compulsivos.

Que sienten la necesidad de estar continuamente preguntando, a todos, sobre todas las cosas. Esta obsesión por preguntar, muchas veces proviene de una deformación profesional, acumulada durante años, al ejercer determinadas profesiones. Además no suelen estar acostumbrados a que les pregunten y hasta les suele parecer mal, que lo hagan.

Los obsesionados con disponer y acumular toda la información posible, sobre el mayor número de temas.

Tienen la manía de intentar leer, oír, digerir y organizar la enorme información, antigua o nueva, que actualmente se recibe y la que se tiene al alcance de la mano, pues no hay tiempo, ni conocimiento suficiente para hacerlo, lo que origina que después de acumularlo, se elimina o posterga su lectura o uso. Su frustración llega, cuando sienten, que no alcanzan a enterarse de todo.

Los obsesionados por la limpieza y la contaminación.

Suelen darse, principalmente, en algunas amas de casa, que tienen la manía exagerada, de limpiar sobre limpio y de sobreproteger higiénicamente a su familia, principalmente a los hijos pequeños. Creen que nada está suficientemente limpio y que nadie limpia mejor que ellas. También están los escrupulosos de la limpieza, que se lavan y bañan varias veces al día, por la preocupación extrema de no contagiarse a sí mismo, a un familiar o a un amigo. Creen que todo lo que tocan, está contaminado y que los anticuerpos no existen. La higiene es fundamental para la vida, pero la obsesión por ella, puede llegar a ser peligrosa.

Los obsesionados por ser agresivos.

Son personas con poco dominio de su voluntad, que se dejan llevar por sus instintos violentos. Suelen ser prepotentes e incapaces de reflexionar, antes de actuar. Su fuerza física, verborrea, labia y desparpajo, les hacen ser provocadores, violentos e impulsivos. Solamente se retraen, cuando tienen enfrente a otro más agresivo.

Los obsesionados por el coleccionismo.

Coleccionan continua e impulsivamente, todos los objetos inútiles, que caen en sus manos o salen a buscarlos. La idea de venderlos o tirarlos, les crea una una angustia desmedida e irracional.

Los obsesionados con las dudas, sobre sus derechos u obligaciones.

Se preocupan continuamente, por si no han recibido sus derechos o incumplido sus obligaciones, pensando en sí mismos y en las consecuencias sobre los demás. Esta situación les paraliza la mayor parte de las acciones, que tendrían que hacer. Siempre están en duda, por acción o por omisión.

Los obsesivos por manipular a los demás.

Siempre están dando consejos, aunque no se los pidan. Hay excepciones para dar consejos, incluso asumiendo el riesgo de enfado de la otra persona, cuando se hace con buena voluntad. Hay personas que por soberbia u otras causas, nunca han pedido un consejo. Incluso porque no sabían que lo necesitaban, aunque fuera evidente. En estos casos, es donde se debe tomar el riesgo, en beneficio del necesitado. Lo cómodo, no lo humano, es dejarlo pasar. No importa que juzguen al consejero y desprecien el consejo.

Los padres obsesionados, obcecados e hipocondríacos, crían también hijos maniáticos, obsesionados e hipocondríacos.

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Padres, enseñen a sus hijos la virtud de prometer y cumplir

ESCUELA PARA PADRES

Padres, enseñen a sus hijos la virtud de prometer y cumplir

  • Los 3 principales conceptos que los padres tienen que enseñar a sus hijos a prometer y cumplir
  • Las 10 principales virtudes y valores humanos que hay que practicar para poder prometer y cumplir
  • Las 13 principales circunstancias o disculpas para no cumplir lo prometido
  • Los 10 consejos que ayudan a prometer y cumplir
  • Las 16 situaciones especiales donde hay obligación de prometer y cumplir

2,877 Palabras. Tiempo de lectura 11:00

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Los hijos tienen una memoria prodigiosa, para acordarse de lo que les han prometido. Están esperando el cumplimiento de lo prometido, sea premio o castigo. Si la promesa se refiere a un castigo, tienen que tener la certeza de que los padres, lo van a cumplir, pues de lo contrario, no les servirá ni como medida disuasoria, ni correctora y volverán a repetir lo mismo, al no tener que sufrir las consecuencias.

También tienen la enorme capacidad de frustrase, cuando sus padres no cumplen lo prometido, referido a la promesa de un premio, por haber realizado alguna cosa buena en los estudios, comportamiento familiar, etc. Si después los padres no cumplen con lo prometido, llegan las decepciones y frustraciones, lo que puede llegar a desanimarles para esforzarse y conseguir metas más altas, de estudios o comportamientos.

Que tú sí, sea sí, y que tú no, sea no. En eso debe estar soportado el prometer y cumplir. Nada de componendas de hacer lo que convenga a los padres, prometer o no prometer y cumplir o no cumplir según sople el viento. Los hijos se merecen la mejor y más eficiente forma de educación.

Prometer es expresar la voluntad que obliga a cumplir, haciendo, diciendo o dando algo a alguien. Si no existe la libre voluntad de hacerlo, la promesa suele ser un engaño o un crimen, a no ser que sea forzado o coaccionado a realizarla. Los mediocres prometen, pero no cumplen. Prometer y cumplir conlleva inteligencia, disciplina, compromiso y responsabilidad, además de que es la terminación de una deuda, con uno mismo.

Los 3 principales conceptos, que los padres tienen que enseñar a sus hijos a prometer y cumplir:

1.     Solamente se debe prometer, cuando se tenga la plena seguridad, de poder cumplir lo prometido, en cantidad, calidad, tiempo y forma y tener el firme propósito de forzarse a cumplirlo. Lo prometido es deuda y más vale tener la fortaleza de no prometer, que a sabiendas, prometer y no cumplir.

2.     No se debe prometer, aunque se pueda cumplir, si es contrario a la moral y a las buenas costumbres, o pueda perjudicar a otros.

3.     Prometer no es un juego, pues puede crear falsas esperanzas y alterar las emociones y sentimientos de otros, que les induzca a que puedan tomar decisiones equivocadas o perjudiciales.

La personalidad inmadura impide darse cuenta de las obligaciones contraídas con lo que han prometido. La personalidad tiene que estar soportada en estos principales pilares:

  • La educación recibida de los padres y otros educadores
  • El ambiente en el que se han o están desarrollándose
  • La experiencia personal
  • La formación y práctica de las virtudes y valores humanos

Las 10 principales virtudes y valores humanos, que hay que practicar para poder prometer y cumplir:

1.     Agradecimiento por lo que otros han prometido y han cumplido.

2.     Coherencia entre lo que se puede prometer y lo que se puede cumplir.

3.     Compartir lo que se tiene, si se ha prometido a otros o a uno mismo.

4.     Conocimiento para saber lo que se puede prometer y lo que se puede cumplir.

5.     Disciplina para cumplir lo prometido.

6.     Generosidad para compartir lo prometido, aunque duela.

7.     Orden para prometer y para cumplir. Cada cosa a su tiempo.

8.     Paciencia para hacerlo cuando sea necesario, aunque no convenga.

9.     Responsabilidad sobre lo prometido, para poder cumplirlo.

10. Sabiduría para hacerlo con amor, justicia, solidaridad y sinceridad.

Otras virtudes y valores humanos, que su práctica y ejemplo, también deben ser tenidos en cuenta, para complementar y perfeccionar la actitud de prometer y cumplir: Carácter. Comunicación. Constancia. Ejemplo. Ética. Honestidad. Honradez. Magnanimidad. Moral. Prudencia. Sencillez. Tiempo. Tolerancia. Verdad. Voluntad, etc. El que cumple sus promesas, proyecta y transmite confianza, al ser responsable y comprometido consigo mismo.

Los que no tienen las virtudes y valores humanos bien afianzados, para prometer y cumplir, soportados con la práctica perseverante, se convierten en débiles, blandos, volubles, inconstantes, ligeros, superficiales, frívolos, caprichosos e incapaces de cumplir lo prometido, pues suelen estar tiranizados, por lo que les apetece, cuándo y cómo les apetece. No saben decir que no, ni a lo que ellos mismos han prometido, solamente saben seguir sus impulsos o caprichos inmediatos.

Para prometer y cumplir, hace falta educarse bien en las virtudes y valores humanos. Los que no lo hacen y nunca se proponen corregir, mejorar y equilibrar su comportamiento, suelen tener decisiones desiguales, frágiles, variables, irregulares, pendulares, etc. Desconocen sus actitudes y limitaciones y por lo tanto, las consecuencias de sus decisiones. 

Los padres tienen que enseñar a los hijos, a que piensen bien antes de prometer, a que midan cómo van a cumplir lo que prometan. Para que no sean de las muchas personas que prometen, pero no cumplen. Cumplir con lo prometido enseña a saber prometer con conocimiento, sin pasarse de lo que no se puede o quiere cumplir.

Cumplir lo prometido produce felicidad, la cual estimula los sentimientos que provocan emociones y actitudes de amor, fraternidad, empatía, compasión, altruismo, satisfacción, solidaridad, etc. Si este ejemplo de prometer y cumplir, se ve en la fraternidad familiar, los hijos aprenderán a analizar, gestionar y compartir sus éxitos y fracasos, la aceptación y el rechazo, la firmeza y la flexibilidad, la convivencia y el aislacionismo, el amor y el odio, las alegrías y los sufrimientos, etc.

En ningún momento se debe prometer, lo que no se va a cumplir, máxime en los momentos difíciles. Las promesas suelen ser olvidadas por los que las hacen, no por los que las reciben. Determinadas promesas no cumplidas, tienen una grave responsabilidad moral, ante las personas en particular y la sociedad en general.

Cuando pasan los momentos difíciles, nadie cree a los que prometieron y no cumplieron, por muchas disculpas que ofrezcan. Su palabra de honor, caso de que la  tuvieran, queda anulada, pues ya no valen las clásicas excusas.

A las personas inmaduras, aunque tengan muchos años, no les entra en su mente que cuando prometen, tienen que cumplir lo prometido. Les conviene creerse que hay razones, por las que no tienen que cumplir lo que han prometido, sea esto grave, importante o frívolo. Achacan el no cumplir, con lo prometido a muchas cosas, por ejemplo:

Las 13 principales circunstancias o disculpas para no cumplir lo prometido:

1.     Desconocía cómo podría cumplir. (No pensé en las dificultades para hacerlo)

2.     El ambiente del entorno. (Nadie cumple nunca lo que ha prometido y no pasa nada, en el tipo de sociedad en la que vivo)

3.     La costumbre familiar o herencia genética. (Mis padres nunca han cumplido lo que prometían).

4.     Me presionaron para que prometiera. (No supe decir que no)

5.     Me quedo para mí, lo que había prometido dar o hacer. (Me cuesta mucho desprenderme de lo prometido)

6.     Mi experiencia personal. (Nunca he cumplido lo prometido y me ha ido muy bien).

7.     Nadie me lo va a agradecer si cumplo. (Me interesa creer que todos son unos desagradecidos)

8.     Nadie me va a castigar si no cumplo. (Me siento tan importante por mi impunidad y mi inmunidad, que nadie se va a atrever a castigarme)

9.     Nadie se va a enterar si no cumplo. (Solamente va a quedar entre mi conciencia y yo, y a esta, la tengo dominada para que no me moleste)

10. Nadie va reconocer si cumplo lo prometido. (Enseguida piensan que lo cumplo, por alguna razón de pura conveniencia).

11. No me conviene cumplir lo que prometí. (Las cosas han cambiado, cuando prometí, no sabía lo que me iba a costar cumplir).

12. No pensé lo que prometía. (Fue un acto de vanidad)

13. Requiere demasiado esfuerzo cumplir lo prometido. (No estoy dispuesto a sacrificarme)

Algunos no quieren prometer, por si cumplirlo se pone fuera de su alcance.  Eso no debe impedir hacer la promesa, pero siempre condicionada a que van a hacer el máximo esfuerzo para cumplir lo prometido.

La confianza de los hijos hacia sus padres se pone en juego cada vez que una promesa queda incumplida. Esto les abre la puerta para la futura credibilidad o desconfianza en las siguientes promesas. Pero para que los hijos no sufran o para quitárselos de encima, no se les debe engañar con frases como: Otro día te lo compro, más tarde lo haremos, cuando seas más mayor, etc.

Para que los hijos confíen en la palabra de sus padres, es muy importante que estos asuman el compromiso de cumplir las promesas, principalmente las que hayan dado bajo su palabra, pues los hijos siempre esperan que se cumplan las promesas de sus padres y cuando esto no ocurre la desilusión puede llegar a ser grande. De la misma forma que los padres también esperan que los hijos cumplan sus promesas, máxime cuando son importantes para su educación, desarrollo y relaciones familiares o sociales.

Los 10 consejos que ayudan a prometer y cumplir:

1.     Aunque duela, prometer y cumplir.

2.     Cumplir lo prometido debe empezar como una costumbre, después ser un hábito, hasta convertirse en una virtud.

3.     Cumplir todo lo que se promete, en plazo, cantidad y calidad total, no un poco solamente.

4.     Disfrutar de la gran satisfacción que proporciona, el saber y poder prometer y cumplir.

5.     Esforzarse al máximo para realizar lo prometido.

6.     Estudiar soluciones alternativas para en su caso, cumplir los objetivos prometidos.

7.     No prometer lo que se crea, que no se puede cumplir.

8.     Preparar un plan que demuestre que se puede prometer y cumplir.

9.     Responsabilizarse ante los problemas que pudieran surgir, para cumplir con lo prometido.

10. Resarcir lo prometido y no cumplido.

 Mucho prometer hasta obtener y una vez obtenido, nada de lo prometido. Expresión sarcástica de algunos manipuladores, que pretenden obtener ventajas con las promesas hechas, sabiendo de antemano, que no las van a cumplir.

En el plazo medio y largo, no conduce a nada el hacer promesas, que no se puedan o no se quieran cumplir. A la corta o a la larga, todo tiene un fin, y la frustración que produce el incumplimiento de lo prometido, puede eclipsar muchas de las cosas, que se hayan concedido anteriormente. Por eso los padres tienen que tener muy buen criterio, para no prometer lo que no vayan a cumplir, sean apremios o castigos, pues con ese mal ejemplo, pierden su autoridad y credibilidad. Entonces las promesas que vuelvan a hacer, quedaran sujetas al azar de creerlas o no por los hijos.

La globalización de la indiferencia, está presente ante la obligación de saber prometer y saber cumplir, que muchas veces es cegada, por el egoísmo pegado a nuestros personales intereses y no a los del prójimo. También el miedo o la inmadurez pueden distraernos, del cumplimiento de la promesa de continuidad, realizada en el noviazgo y en el matrimonio.

Si se ha prometido una cosa razonable, nadie debe rendirse nunca, ni tirar la toalla, siempre hay que intentar superarse día a día, para poderla cumplir, elaborando si es necesario, soluciones asequibles y positivas, que permitan resolver los problemas concretos, que surjan por la promesa hecha.

La inteligencia, para poder prometer y cumplir algo, se demuestra cuando se sabe centrar el tema, al recibir la información propia o ajena, codificándola y ordenándola de forma correcta, para poder ofrecer acciones y respuestas válidas, adecuadas, coherentes y eficaces, con visión y planificación de futuro.

Las 16 situaciones especiales, donde hay obligación de prometer y cumplir:

1.     En agradecimiento a los favores recibidos por los hijos, familiares y amigos, para devolverlos si fuera posible.

2.     En el cumplimiento de la finanzas personales, con los ingresos, gastos y ahorros.

3.     En el deseo de hacer las cosas con justicia, equidad, ecuanimidad y honestidad.

4.     En el matrimonio, al aceptar la continuidad e indisolubilidad para siempre, en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las penas, sin dejar de cumplir bajo ninguna causa, lo prometido, aunque no guste como van saliendo las cosas.

5.     En el noviazgo, practicando el respeto merecido y la palabra dada de fidelidad.

6.     En el plan de vida preparado con serenidad y realidad, respetando los tiempos de familia, trabajo y descanso.

7.     En el trabajo con el contrato escrito o verbal, entre la empresa y el trabajador. Unos manteniendo la estabilidad en el puesto de trabajo, y otros haciendo bien el trabajo.

8.     En la educación  de los hijos, relacionándolo con los premios y castigos.

9.     En las prácticas religiosas, prometiendo fidelidad a las creencias y cumpliendo las reglas de las mismas.

10. En las promesas de donaciones, ya que se producen expectativas, que frustran a los que esperaban la donación.

11. En las situaciones de enfermedad propia o ajena, para conseguir la curación o mejora, lo más pronto posible y de la mejor forma.

12. En lo relacionado con el control personal, sobre el comer y beber.

13. En los acuerdos de los negocios, respetando los contratos, las costumbres y las palabras dadas.

14. En los estudios para sacar el mejor aprovechamiento posible, que compense los esfuerzos de los padres, profesores, familiares y la sociedad.

15. En los testamentos de vida y de muerte, dejándolos claramente escritos, sin falsas promesas, ni condiciones difíciles o imposibles de cumplir.

16. En y con la sociedad, para que ésta prospere en beneficio de todos, procurando no ser una carga innecesaria.

Es una grave obligación el prometer y cumplir los compromisos matrimoniales, adquiridos al formar una familia, con la intención de crear un hogar, en el que se vayan a educar, cuidar, mantener, querer, mimar, apoyar y fortalecer a los hijos. Para que ese matrimonio, no se convierta en un simple instrumento de satisfacción propia, separándose o divorciándose, cuando no se quiera cumplir con lo prometido, sin necesidad de argumentar otra razón que la voluntad propia, cuando ya hayan pasado las fases de enamoramiento, pasión, etc.

Hay que tener mucho cuidado y ser muy consciente, con lo que se promete y no se cumple, porque no hay nada prometido y no cumplido, que no se termine sabiendo, ni nada encubierto que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a conocerse. Los que ya la primera vez prometen y no cumplen, hay que desconfiar de ellos y si es necesario hasta tenerles miedo, según haya sido la promesa. Si se les llega a creer la segunda vez, entonces el problema pasa a ser de nuestra propiedad, al no haber estado lo suficientemente alerta, para no dejarse engañar.

Prometer y no cumplir también denota inmadurez, una baja tolerancia a las frustraciones, ser mal perdedor y no tener capacidad para remontar las adversidades, al no haber aprendido a vencerse, sino solamente, a seguir los impulsos inmediatos. Suelen ser personas que no saben renunciar, pues ya están echados a perder, consentidos, malcriados y estropeados, para hacer cualquier cosa con responsabilidad.

Prometer y cumplir es el arte de vivir con dignidad, usando correctamente la moral, para ponerse objetivos concretos y que no se desvanezcan, ante el primer estímulo que llega de fuera y haga abandonar lo prometido.

Los padres si quieren tener una verdadera autoridad y credibilidad, tienen que ser los primeros, en saber prometer y cumplir con firmeza y consistencia, la palabra que hayan dado y cumpliendo los compromisos, acciones y actitudes acordados. Tanto en los premios como en los castigos, siempre con la misma prontitud, cantidad y calidad, dentro de un equilibrio lleno de amor, justicia y firmeza en cada situación. Los padres tienen que procurar no irse a dormir, ni ellos, ni los hijos, sin haber arreglado las promesas hechas, tanto de premios, como de castigos.

Es nefasto para los cónyuges y los hijos, prometer y no cumplir entre ellos. Dejando que coexista la incongruencia entre el decir y el actuar, relacionado con las continuas promesas expresamente incumplidas, de cosas importantes para cada uno. Esto se refleja en la angustiosa espera de los padres, hasta que los hijos cumplen lo que prometieron: Estudiar y aprobar, trabajar o dar trabajo, pagar si deben, amar y respetar a su esposa o esposo, querer a sus hijos, respetar a sus padres, buscar la felicidad hasta encontrarla, vivir con honradez.

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