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La virtud de la vergüenza explicada a los hijos


ESCUELA PARA PADRES

 La virtud de la vergüenza explicada a los hijos

 

1,661 Palabras. Tiempo de lectura 6:00 minutos

 

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¿Puede ser la vergüenza virtud, freno o maldad?

 

Es virtud cuando se siente dolor, arrepentimiento o incomodidad por las cosas malas realizadas y sirve para evitar volverlas a hacer.

 

Es freno para no hacer lo que en principio se considera que está fuera de la moral y buenas costumbres.

 

En ambos casos está relacionada y es una parte muy importante de la pureza, el recato, la modestia, la honestidad, el pudor, el decoro, la honradez, la decencia, la dignidad, la humildad, el escrúpulo, etc. Si las personas no tienen inculcadas desde niños la virtud de la vergüenza, difícilmente podrán practicar otras virtudes, como las mencionadas anteriormente, tendrán la conciencia tan endurecida que todas las cosas les parecerán normales y realizables en beneficio propio. También la vergüenza se produce por no poder enfrentarse a la conciencia personal, sabiendo que Dios y muchas veces los hombres son testigos de nuestras buenas y malas acciones.

 

Hay santas desvergüenzas, como la de practicar la religión externamente sin importar “el qué dirán”. No tener vergüenza de ser honrado, inculto o ignorante en determinadas áreas o tener discapacidades involuntarias. Los pobres vergonzantes son los que les da vergüenza ser pobres o sentirse inferiores, debido a que anteriormente habían sido ricos y todavía no saben o no aceptan llevar esa situación con valentía y la cabeza bien alta.

 

Es maldad, falta, culpa o hasta vicio, cuando proviene de sentirse superiores a otros o de no arrepentirse de situaciones pasadas que ahora abochornan. Es una falta muy grave de caridad, por ejemplo avergonzarse de familiares o amigos más pobres, incultos o socialmente inferiores. Es muy peligroso para la moral de las personas cuando se pierde la vergüenza ante las cosas mal hechas, porque se ha abotargado la conciencia y ya no distingue la maldad de la bondad, entonces empieza un problema de descontrol de las acciones malas, pues la vergüenza es una de las primeras banderas rojas que indican la incorrección de lo que estamos haciendo o vamos a hacer.

 

Los padres no deben avergonzarse de decir las verdades a los hijos por muy duras que sean, ni dudar en pedir ayuda a los hijos cuando tengan necesidad o crean conveniente hacerlo. A los hijos, tampoco tienen que darles vergüenza pedir ayuda a los padres o a los maestros, policías, sacerdotes, pastores, rabinos, imanes, etc. siempre ven más cuatro ojos que dos.

 

Los padres no deben avergonzarse cuando sale a relucir la mala educación que han dado a sus hijos menores de edad, ni de la mala imagen que presenten relacionada con sus peinados, ropas, actitudes, gestos, malos amigos, atrasos en los estudios, desconexión familiar, etc. Ellos son los que con su desidia y falta de interés en la educación de las virtudes y valores humanos de sus hijos han propiciado esas actitudes. No pueden quejarse porque la vida les haya pasado la factura, haberlo pensado antes. Lo que deben hacer es corregir esas actitudes para no sentir lo que se llama vergüenza ajena. Esta situación de vergüenza de los padres se suele dar cuando los padres tienen o quieren llevar a sus hijos a reuniones familiares, escolares o sociales porque saben que el comportamiento de sus hijos va a ser muy malo y éllos se van a avergonzar.

 

Los padres no tienen porqué pensar que sus hijos son unos sinvergüenzas, basta con que consideren que simplemente son unos maleducados porque no han sido educados ni por los padres, ni por los maestros, ni por la sociedad, incluso no les han inculcado un adecuado y suficiente sentido del ridículo y de la vergüenza.

 

Los padres deben enseñar a los hijos desde que son muy pequeños a practicar la virtud de la vergüenza. A que tengan vergüenza por las cosas que han hecho mal y a que distingan la vergüenza como falta. Si los hijos no sienten vergüenza por las incorrecciones o por las omisiones cometidas, seguramente las posibilidades de arrepentimiento y petición de perdón serán menores o incluso no existirán. Si a un niño no le da vergüenza haber pegado a un hermano o a otro niño más pequeño, débil, indefenso o haberse portado mal, cuando llegue a mayor no le dará vergüenza nada y se convertirá en lo que comúnmente se llama un sinvergüenza. Palabra muy dura que expresa la falta conciencia hacia las cosas mal hechas u omitidas y es sinónimo de pícaro y bribón, propio de las personas que con desfachatez cometen actos ilegales o inmorales en provecho propio o ajeno.

 

Los padres tienen que tener mucho cuidado si por sentirse bien cuentan cosas que han hecho mal, ya que casi siempre esos testimonios sirven de mal ejemplo y escándalo a los hijos que los escuchan. Algunos padres confunden la jactancia que les produce el contar su vida pasada con la vergüenza que tendrían que tener para contarla y así poder evitar el deshonor. Todo el mundo tiene derecho y obligación de mantener su fama. Hay una moda muy extendida de decir a las personas que han llevado una vida disoluta que no tengan vergüenza en contarla dando testimonio de las maldades que han hecho, pues servirá como ejemplo para que otros mejoren. La mayoría de las veces solo sirve para que los instigadores de esos testimonios se sientan bien, y los que han pasado la vergüenza de contar sus atormentadas vidas se queden marcados, ellos y sus familias, teniendo que soportar la malévola interpretación de cada uno de los oyentes.

 

Los padres deben estar muy atentos cuando ven que sus hijos sienten vergüenza por relacionarse con otros niños, y tienen que analizarlo muy bien para poner remedio a esa situación, por si esa vergüenza o miedo a relacionarse fuera timidez, baja autoestima o desconfianza en si mismo, inseguridad o falta el conocimiento. Deben tener el criterio para enseñarles quien es y donde está y el porque no debería tener vergüenza en relacionarse con otros niños o familiares.

 

Los hijos nunca deben avergonzarse de sus padres o familiares porque tengan diferentes situaciones económicas, culturales, sociales o físicas. La mayoría de las veces esas diferencias suelen provenir por los sacrificios que han hecho los padres para sacar adelante a los hijos, perjudicándose éllos en su calidad de vida y en no haber prosperado. En los casos en que la vergüenza de los hijos provenga de la mala vida llevada voluntariamente por los padres, deberán poner todos los medios a su alcance para que los padres rectifiquen su comportamiento. Los hijos podrán tener compasión de sus progenitores, pero no vergüenza ni rechazo.

 

Si los hijos ven que a los padres no les da vergüenza portarse mal familiar o públicamente, hablando mal de otras personas o grupos sociales diferentes, o haciendo cosas indebidas que sirven de escándalo para la familia y para la sociedad, seguramente no percibirán en sus mentes la vergüenza como falta.

 

Definición de la vergüenza:

 

La vergüenza es una turbación del ánimo, un temor o un deseo de rehuir algo, ocasionada por alguna acción u omisión cometida o deseada, propia o ajena, que sea mala, deshonrosa o humillante. La vergüenza también se siente por lo que otros hacen o dicen.

 

La vergüenza expresada a través del cuerpo puede llegar a encender el color del rostro. Más vale ponerse un día rojo de vergüenza, que pasarse la vida colorado por haber mentido delante de de los hijos.

La vergüenza también pueden producirla terceros cuando los castigos son realizados públicamente, máxime si son injustificados.

 

El pundonor de las personas permite mantener en gran estima la virtud de la vergüenza para no manchar la propia honra y evitar el deshonor.   

 

La vergüenza está relacionada con: Timidez, miedo, cobardía, temor, escándalo, bochorno, arrepentimiento, infamia, indecencia, obscenidad, inmoralidad, afrenta, humillación, deshonra, pundonor, orgullo, atrevimiento, cinismo, fama, prestigio, moralidad.

 

La vergüenza es el miedo a hacer algo culpable, torpe, humillante, vituperable y oprobioso, incluso para no caer en la deshonra de haberlo hecho. Por eso experimentar situaciones de vergüenza como virtud, evita caer en otras cosas malas que posteriormente producirán también vergüenza por haberlas hecho.

 

Lo contrario de la vergüenza como maldad es: Jactancia, presunción, vanidad, petulancia, pedantería, inmodestia, engreimiento, suficiencia, orgullo, soberbia,  altanería, arrogancia, vanagloria, ostentación, alarde, postín, baladronada, sencillez, etc.

La vergüenza que coincida con la virtud es compañera y amiga de la tranquilidad del alma, e implica un acto voluntario y electivo, que se puede ir convirtiendo en costumbre, hábito y posterior virtud, si está relacionado con la educación en las virtudes y valores humanos.

 

14 sentencias sobre la vergüenza

 

  1. Aunque avergüence decirlo, sólo pensamos en la virtud cuando no tenemos otra cosa que hacer.
  2. El que no tiene conciencia o no la cultiva, no tiene vergüenza
  3. La desvergüenza nunca queda satisfecha si está bien educada
  4. La vergüenza por “el que dirán” que casi siempre se queda en ”lo que no han dicho”
  5. La virtud de la vergüenza afina la conciencia y evita caer en problemas
  6. La virtud de la vergüenza enseña a reconsiderar las cosas propias.
  7. No es vergonzoso cambiar de opinión, es vergonzoso cambiar de opinión por interés
  8. No hay nada que irrite de forma tan aguda ni huela más amargo que la vergüenza.
  9. No me da vergüenza confesar que soy ignorante de lo que no sé. Nada más se que no se nada.
  10. No permitas que se te caiga la cara de vergüenza
  11. Sentir vergüenza ajena ante los hechos de otras personas
  12. Si te da vergüenza lograr lo que quieres, revisa tu actitud.
  13. Todas las vergüenzas son detestable, excepto las que ennoblecen y estimulan a las personas.
  14. Vergüenza torera por no haber tenido la valentía de hacer lo acordado.

 

Si tiene algún comentario, por favor escriba a francisco@micumbre.com

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Los objetivos de esta escuela virtual son: Educar a los padres para que con su ejemplo y conocimientos de las virtudes y valores humanos puedan educar a sus hijos. Enseñar como educar a los hijos. Que los padres aprendan a vivir un armonioso, fecundo y largo matrimonio. Tender un puente entre la educación familiar y la Fe.

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