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El peligro del primer cigarro de marihuana, explicado a los hijos

ESCUELA PARA PADRES

 

El peligro del primer cigarro de marihuana, explicado a los hijos

 

2,800 Palabras. Tiempo de lectura 10:15 minutos

 

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El objetivo principal de los narcotraficantes es que los adolescentes fumen el primer cigarrillo de marihuana, pues saben que regalar los primeros cigarros de marihuana es la acción de marketing más barata y eficaz, es una buena estrategia de promoción, publicidad, aumento de consumo y consolidación de mercados. Según demuestran las estadísticas, los adolescentes que prueban la marihuana, un tanto por ciento muy elevado de ellos, se quedarán enganchados a la marihuana para siempre. Después irán pasando a las drogas más perniciosas y de precio más alto, como la cocaína, heroína, crack, anfetaminas. También saben que la marihuana es el puente hacia la drogadicción total, y que una vez pasado ese sencillo puente es casi imposible retornar a la normalidad. Por eso no escatiman medios en ofrecerlo gratuitamente al segmento social, económico y etnográfico escogido como posibles clientes. Esos primeros cigarrillos son las muestras que los narcotraficantes entregan a los camellos o revendedores para que empiecen a conseguir nuevos clientes. Si lo hacen bien, les ascienden a distribuidores.

En un estudio realizado entre los adolescentes que consumieron su primer cigarro de marihuana, las principales respuestas obtenidas, puestas en orden alfabético, son las que se indican a continuación, aunque difieran ligeramente en cantidad y prioridad según el área geográfica, grupo social, económico, educativo, edad, etc.

 

  • Porque a mi no me va a pasar nada, se controlarme.
  • Porque creía que nunca seria descubierto por mis padres y maestros y que sabría disimular el haberla fumado
  • Porque dicen que produce otras sensaciones diferentes al tabaco que ya fumo cuando tomo alcohol.
  • Porque dicen que te convierte en el más poderoso de los amigos, en el invencible, en el que lo que no puedes hacer por meritos o esfuerzos propios, lo haces fácilmente con la ayuda de la marihuana.
  • Porque es gratis, me la han regalado.
  • Porque es moderno hacerlo.
  • Porque es muy barato y me puedo gastar ese dinero en algo diferente a lo que hasta ahora he hecho.
  • Porque es un ritual de iniciación para pertenecer a un determinado grupo de amigos en la escuela o la universidad.
  • Porque lo hago ante los amigos como una broma sin importancia.
  • Porque me aleja de la realidad que no quiero ver ni admitir y quiero olvidarla.
  • Porque me disminuye el control mental y me atrevo a hacer cosas que sin el cigarro de marihuana no las haría.
  • Porque me hace sentirme fuerte.
  • Porque me hace sentirme mayor.
  • Porque me hace sentirme rebelde e independiente de las opiniones de mis padres.
  • Porque mi padre fuma mucho y estoy acostumbrado a verle echar humo. Porque lo hacen mis hermanos mayores y otros amigos.
  • Porque no es para tanto lo que dicen sobre los males que acarrea.
  • Porque no supe decir que no.
  • Porque no tuve argumentos para enfrentarme ni contradecir a quienes me lo ofrecían. 
  • Porque otros del grupo se quedan mas inhibidos y no se atreven. Yo si me atrevo.
  • Porque se reparte muy bien entre varios amigos y no me importa la posibilidad de contagio bucal de otras enfermedades.
  • Porque te hace más hombre delante de las amigas y de los amigos.
  • Porque todos mis amigos lo hacen y no quiero ser menos que ellos.

 

Los padres tienen que preparar muy bien a sus hijos para que sepan enfrentarse a estas situaciones cuando les ofrecen el primer cigarro de marihuana o cuando deciden y a comprarlo o a pedirlo. Si no están bien entrenados en las respuestas convenientes es muy probable que ya con el primer cigarro de marihuana empiecen una cuesta debajo de muy difícil solución.

 

El primer cigarro de marihuana supone entrar voluntariamente en el rebaño de los jóvenes perdedores y a ese rebaño lo saben dirigir bien y explotar al máximo sus pastores llamados narcotraficantes. El que entra ahí tiene muy pocas posibilidades reales de salir, como sucede a los que entran en las maras o pandillas callejeras. Es la puerta de entrada al infierno del consumo de drogas, casi siempre sin retorno a la normalidad y en su caso con gravísimas  consecuencias, heridas y cicatrices difícilmente recuperables.

 

No hay una buena o menos mala edad para fumar marihuana, pero la peor de todas es durante el periodo de la adolescencia, cuando ni el cerebro ni la mente están formadas lo suficiente como saber lo que se hace, como se hace y las consecuencias que eso conlleva.

 

Desgraciadamente la marihuana es una de las drogas más consumidas por los adolescentes por su gran disponibilidad, fácil adquisición, bajo precio y porque su consumo y comercialización está muy poco perseguida por la policía y por la sociedad. Aunque científicamente se ha comprobado, principalmente en el cerebro de los adolescentes que está todavía en formación, que los graves y nocivos efectos, inmediatos y futuros del consumo de la marihuana, influyen negativamente sobre las habilidades cerebrales y sobre la salud. Altera y retrasa negativamente el proceso normal de maduración de la conducta, trastorna para siempre los patrones emocionales, la memoria y capacidad de aprendizaje, aumenta los síntomas depresivos, conlleva una muy alta posibilidad de desarrollar la esquizofrenia y provoca taquicardia y riesgo de infarto. Lo mas grave de todo es que los residuos de la marihuana se fijan en los órganos internos del cuerpo humano, llegando incluso a atrofiarlos. 

 

Socialmente es una lacra que azota con mayor fuerza a determinados segmentos de la población. Muchos adolescentes entran en la espiral del más consumo, más necesito. Mas necesito, mayor precio tengo que pagar por la marihuana o por las otras drogas a las que ha sido arrastrado.

 

Los padres tienen que hacer un análisis en profundidad de en qué han fallado como padres o como entorno familiar, escolar o de amistades, cuando descubren que uno de sus hijos ha fumado marihuana. Esa actividad no llega de repente. Seguro que ha tenido un proceso que los padres no se han dado cuenta, porque no han estado vigilantes y muy alertas sobre lo que sucedía con sus hijos. Quizás porque no se han preocupado mucho de sus hijos o no han puesto en marcha todos los mecanismos de información y canales de comunicación que continuamente tienen estar completamente activados, según comento en otros artículos relacionados.

 

Los padres tienen que saber que cuando un hijo empieza a fumar marihuana es señal que anteriormente han sucedido una serie de situaciones graves que le han permitido descender un peldaño de la escalera hacia esa situación grave y prácticamente irreversible. Ningún adolescente empieza fumando marihuana, comienzan con otras cosas mucho más sencillas aparentemente, pero que siempre emiten señales inequívocas de alarma. Alarma que muchas veces los padres no han querido, no han sabido o no podido captar. Seguramente empezó con malas compañías, continuó con el tabaco y el alcohol y toda la cohorte de tatuajes, piercings, sexo, ropas llamativas negativamente, desobediencias, salidas intempestivas, bajos resultados académicos, amigos especiales, etc.

Los padres cuando se dan cuenta que el hijo ha fumado o fuma marihuana, tienen que obtener la máxima información posible, procesarla y sacar conclusiones concretas sobre sus idas y venidas, horarios, amigos que frecuenta, tipo de familia de estos amigos, manejo de dinero obtenido fuera del hogar, calidad y cantidad de efectos personales que tiene, situación física y de salud, resultados escolares, etc.

 

Con la información obtenida y perfectamente procesada, deberán dialogar con su hijo de forma serena y privada, sobre los motivos y situaciones que le han llevado a esa grave decisión de fumar marihuana. Tratando de darle los mejores consejos posibles, sin ocultar la firmeza de las decisiones que pudieran ocurrir en caso de que hubiera una continuidad en su actitud. Al mismo tiempo deberá pedir consejo a los especialistas en esta materia. Los mejores, más realistas y con más éxitos probados son los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que cada uno profese. También tienen que pedir consejo a esos mismos especialistas para que le enseñen a analizarse y a examinar los propios errores cometidos, para proponerse cambiar de actitud y así poder manejar la situación de los motivos por los que los hijos empiezan a fumar marihuana.

 

Los padres tienen que actuar pensando que la solución al problema de su hijo no pasa por ser poco o muy autoritarios. Tienen que ser rectos en sus ideas y actitudes teniendo muy presente que hay cosas de los hijos que no son negociables. Si dicen que si, tiene que ser que si, y si dice que no, tiene que ser que no. Esta actitud de los padres es fundamental para influir en la decisión de su hijo y así poder sacarlo de esa adicción o vicio de la marihuana.

 

No es el momento de que los padres se empiecen a echar culpas uno a otro, sobre si el hijo está mal educado, consentido o confundido con lo que tiene que hacer, debe hacer y lo que quiere hacer.  Es el momento de tomar decisiones por muy graves y dolorosas que sean. Si los padres no toman las decisiones adecuadas en el momento preciso, otros lo harán por ellos con las graves consecuencias que eso conlleva. Después ya será tarde para vanas lamentaciones.

 

Los padres tienen que aprovechar el tiempo en el que su hijo todavía esté bajo su patria potestad, que si bien conlleva autoridad, también conlleva responsabilidad civil económica. Si el hijo comete un delito con repercusiones económicas, los padres son los primeros responsables civilmente. Ahí no valen las excusas del “yo no sabia”.

 

Para los padres cada vez es más difícil enseñarles a los hijos que son los padres los que tienen que ejercer su autoridad en beneficio exclusivo de los hijos. Cuando un hijo adolescente hace lo que quiere en contra de la voluntad de los padres, es muy peligroso que trascienda fuera de las personas que no sean muy profesionales en modificar conductas juveniles. Si los padres lo cuentan a sus familiares o amigos bien formados, se les van a echar encima criticándoles por no saber, no querer o no poder educar a un hijo adolescente y estar creándole un problema grave a plazo corto o medio.

 

En un hijo de adolescente no puede haber comportamientos incontrolables como el de fumar marihuana. Lo que hay son padres que no saben educar ni controlar a los hijos. Los hijos suelen saber o creer, que no les va a pasar nada con esa actitud, pues hasta ese momento les han salido bien las cosas sencillas que no tienen graves repercusiones y por esa razón seguirán queriendo hacer lo que consideren que les apetece, hasta que un día tengan un disgusto y después vendrán los lloros de los padres por no haberles educado con la firmeza y el amor que se merece.

 

No puedo recomendar a los padres que a los hijos adolescentes les den unos «cachetes, nalgadas o zarandeos» porque en este país me llevarían a la cárcel, aunque sin abusos, sea la mejor medicina juvenil recetada y probada durante siglos. Pero si tengo que recomendar que los padres tienen que ser muy firmes a la hora del cumplimiento de los castigos justificados. Los padres tienen que hacerle comprender al hijo adolescente «por la razón o por la fuerza» que en la casa familiar hay una autoridad representada por los padres y unas normas de obediencia que los hijos tienen que cumplir para que, entre otras cosas muy importantes, los hijos se eduquen dentro de un orden.

 

Da lo mismo que los castigos los imponga el padre o la madre, lo importante es que haya una total conexión entre los padres y que tengan unidad de criterio en la cantidad, calidad y tiempo de la falta, para que el castigo esté de acuerdo. Los padres no deben hacer como el policía bueno y el policía malo, pues el hijo se enterará enseguida y les manipulará. Tienen que tener en cuenta que lo que hagan o no hagan con sus hijos adolescentes va a repercutir en el ejemplo hacia sus otros hermanos, primos, amigos y futura descendencia.

 

Los padres que no han tomado las medidas adecuadas para prevenir o frenar la situación del consumo de drogas y reconducir las actuaciones por los caminos de la buena educación, todavía están a tiempo de hacer las correcciones, pues el fumar marihuana es un segundo o tercer peldaño de la escalera que ya han bajado y que conduce al abismo del fracaso familiar, económico, moral y social. Cuanto más abajo caiga, más difícil será retornar y más grave las consecuencias.

 

Lo más importante es profundizar el dialogo con los hijos y hacerles ver el grave problema donde se han metido y el poco tiempo que les queda para que ellos sean los únicos responsable de su perdición. Mientras tengan menos de 18 años las responsabilidades civiles serán de sus padres, pero los daños físicos, morales, mentales y sociales serán exclusivamente de ellos. En cuanto cumplan 18 años todo lo que hagan será de su completa responsabilidad, aunque el disgusto sea compartido con sus padres, hermanos y familiares. La sociedad no acepta a los perdedores y el fumador de marihuana es uno de esos perdedores. Mientras los hijos sean menores de edad los padres tienen que sacarles del vicio de fumar marihuana, empleando todos los medios posibles, después será mucho más difícil o casi imposible.

 

La tolerancia cero se aplica en casi todas las ciudades e instituciones cuando el adolescente es descubierto por la policía, maestros o administradores escolares con marihuana o consumiéndola. Ese u otro mal comportamiento similar le mete en un grave problema, pues automáticamente entra en una cadena de castigos y situaciones peligrosas que en otro artículo comentaré. En la escuela ni en la posible futura universidad, ni en los trabajos admiten a los fumadores de marihuana. Muy pocos maestros les escriben cartas de recomendación imprescindibles para poder solicitar el ingreso en la universidad. Los maestros no toman a la ligera los malos actos pequeños o grandes de los alumnos, máxime si están relacionados con las drogas, si lo ocultan se meten en un problema legal. Enseguida toman acciones disciplinarias, que se convierten en irreversibles para el futuro de los alumnos.

 

El primer cigarro de marihuana conlleva el peligro de aficionarse a utilizarla en sus múltiples usos y a tener que aumentar continuamente la dosis de consumo. Para conseguir gratuitamente o a un menor precio la marihuana, los narcotraficantes ofrecen a los adictos numerosas alternativas ilegales que en principio parecen muy fáciles pero siempre tienen consecuencias graves, que los principiantes y adictos no quieren ver. Les proponen transportarla, distribuirla o venderla pagándoles en especie a un precio muy inferior al del mercado para que obtengan grandes beneficios y puedan consumirla sin preocuparse por el costo. Cada vez es mayor el número de jóvenes enganchados en las drogas que se ven obligados, para poder satisfacer su propio consumo, a hacer de “camellos” de marihuana u otras drogas, transportándolas o vendiéndolas.

 

A los adictos a las drogas o a personas honradas les ofrecen trabajos en otras actividades excesivamente bien pagados y aparentemente legales. Al final son utilizados para trasportar drogas. Si les descubre la policía, no les vale declarar que no conocían que detrás de esa bicoca de trabajo, sencillo y muy bien pagado, había una actividad delictiva. Es muy difícil demostrar ignorancia cuando las evidencias en su contra son muy grandes.

 

También hay personas honradas que son secuestradas, amenazadas y chantajeadas, ellas o sus familiares, y obligadas a transportar drogas nacional o internacionalmente, bajo la amenaza de asesinar a sus familiares si no hacen de “camellos”.

 

Al liberalizarse o despenalizarse el consumo, transporte y venta de la marihuana en la mayoría de los casos, especialmente en los que se utiliza para fines medicinales, existen más posibilidades que los narcotraficantes aumenten la presión sobre los grupos sociales que quieran atraer hacia su mercado. Por eso los adolescentes tienen que estar más alertas que nunca pues los narcotraficantes están ideando continuamente nuevas estrategias para conseguir clientes adictos y la más eficaz para ellos es la del cigarro de marihuana entregado gratuitamente

 

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Hijos manipulados por el divorcio

ESCUELA PARA PADRES

 

Hijos manipulados por el divorcio

 

2,455 Palabras Tiempo de lectura 8:55 minutos

 

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¿Sabe que el Síndrome de Alienación Parental (SAP) es un auténtico lavado de cerebro por medio del cual, uno de los progenitores manipula a los hijos, para que odien al otro progenitor?

 

Manipular es influir, manejar, maniobrar o intervenir con medios hábiles, maliciosos, deshonestos y arteros en la voluntad, acciones y opiniones de los hijos, distorsionando la verdad para beneficio propio y perjuicio del otro progenitor. Que triste y grave es ver a los padres cuando hacen esto antes, durante o después del divorcio. No quieren darse cuenta del grave daño que están causando para siempre en sus hijos.

 

Además del trauma que les supone el divorcio de sus padres, les llegan las graves consecuencias de ser manipulados. Lo normal es que los hijos quieran ser neutrales en las diferencias que tienen sus padres, pues quieren a los dos por igual, salvo cuando haya violencia, infidelidad o abandono. No es solamente la incertidumbre de su futuro, sino que tienen que añadir el tener que realizar determinadas acciones para satisfacer a uno de los dos progenitores, normalmente en perjuicio del otro.

 

Los hijos desde que nacen quieren intensamente y con todo su corazón a sus padres, pero por una decisión de uno de sus progenitores o de los dos, les empieza a llegar una manipulación sibilina para que ignoren, dejen de querer, empiecen a odiar o se vuelvan contra uno de sus progenitores, que casi siempre soporta esa manipulación con una serie de mentiras, medias verdades o falsedades. Esto les produce un choque emocional y unas heridas imposibles de curar o por lo menos les deja unas cicatrices imborrables para toda la vida.

 

Los padres nunca deben poner a los hijos en la situación de tener que elegir entre un progenitor u otro, pues los hijos aman a los dos cónyuges por igual. La elección les supone una situación de desconcierto y contradicción que le causa confusión y daños emocionales.

 

Cómo pueden los hijos asumir la realidad de ver como sus progenitores mienten y manipulan las situaciones en su propio beneficio, cuando ellos han sido su referente de educación en todos los aspectos. El día de mañana los hijos pensarán que el fin justifica los medios, aún a costa de pasar por encima de los derechos de los demás.

 

No es manipulación cuando uno de los progenitores hace ver bien claro a los hijos, pruebas fehacientes y contundentes y no con suposiciones infundadas, de que existen actos reales que afectan o puedan afectar el futuro la vida o el bienestar de los hijos, como en abuso físico, emocional, sexual, demencia, adicción a las drogas, grave malversación económica, etc.

 

La manipulación empieza cuando uno de los progenitores cuenta a sus hijos cosas malas del otro progenitor, sean verdades, mentiras, o medias verdades, que casi siempre equivalen a mentiras, y les manipula para que se decidan por que se queden a vivir con el padre o a que se queden con la madre, incluso con promesas falsas de regalos y prebendas. Esta situación suele comenzar incluso antes de iniciar el proceso de divorcio para que cuando el juez les de una audiencia a los hijos, estos le digan al juez que prefieren ir a vivir con el padre o con la madre. Los jueces suelen decidir en función de los deseos de los hijos si estos están en la edad de discernir clara y justificadamente sus preferencias.

 

Los regalos y prebendas suelen ser mecanismos de persuasión aplicables en los hijos para atraerlos hacia posiciones sentimentales beneficiosas, ostensiblemente para uno de los progenitores, con el objetivo de impedir que vean con claridad las verdaderas situaciones familiares, principalmente cuando los padres tienen algo que ocultar o de qué arrepentirse.

 

La manipulación es una forma artera y subliminal de mal trato, aunque los hijos sean pequeños o adolescentes y aparentemente no se enteren ni vayan viendo como les están cambiando su mente y la percepción de lo que ven o sienten. En algunos casos de divorcio esa manipulación se convierte en violencia física o mental dentro de la familia, de los hijos contra uno de los progenitores o contra sus propios hermanos y familiares. Muchas veces los hijos son utilizados como un arma ofensiva o defensiva contra el otro progenitor, según convenga a los padres para poder ganar la batalla de la custodia, el derecho de visita o la obligación de la manutención.  

 

También los padres se aprovechan de utilizar en beneficio propio cualquier inclinación natural y de los hijos hacia uno de los progenitores, explotando esa sincera tendencia de cariño e intentando conseguir que el hijo manipulado se convierta en manipulador. 

 

La manipulación es un proceso que algunas veces lleva mucho tiempo preparándose por uno de los progenitores, pues conlleva un conjunto de síntomas, estrategias, acciones y objetivos por el cual un progenitor va transformando poco a poco la conciencia de su o de sus hijos con objeto de impedir, obstaculizar o destruir sus vínculos con el otro progenitor e incluso hasta hacerlos contradictorios con lo que hasta ese momento estaban teniendo.

 

La manipulación ocurre con más intensidad y virulencia en los procesos violentos de separaciones, divorcios o incluso en los que habiendo llegado a un acuerdo, después han derivado en situaciones conflictivas. En estas situaciones alguno de los progenitores educa a sus hijos en el odio hacia el otro progenitor, hasta lograr que los propios hijos le rechacen.

 

Principales procedimientos de manipulación a los hijos, en beneficio propio o para perjudicar al otro progenitor:

 

  • Aprovechar las situaciones judiciales que conllevan la administración de herencias o fideicomisos que los hijos menores de edad tengan como derechos adquiridos de sus antepasados. La tutela de esos hijos en algunos casos puede suponer mucho dinero para sus progenitores.
  • Crear mala fama al otro progenitor en el entorno familiar, principalmente entre los que tengan ascendencia sobre los hijos. 
  • Dar opiniones injuriosas o que descalifiquen al otro progenitor, relacionadas con su estado mental, comportamiento moral, opinión peyorativa de su familia o de la sociedad, presencia física, grado de inteligencia, procedencia familiar, estudios realizados, raza, etc.
  • Entrenarles con mentiras para que manipulen al otro progenitor con el fin de obtener mejores prestaciones económicas para la pensión alimenticia y gastos de los hijos.
  • Formar alianzas inconscientes o implícitas, pero tácitamente cumplidas con los hijos, para ir en contra del otro progenitor, produciendo así una traición a los sentimientos más profundos de cariño de los hijos.
  • Hablar de lo malo que es el otro progenitor, de lo que hace sufrir, de las traiciones, mal tratos, etc., con el objetivo de que no le sigan amando, respetando y admirando.
  • Hacer promesas a los hijos sobre las ventajas económicas y sociales que tendrán si aceptan vivir con uno de los progenitores o en su caso con su nueva familia, insistiendo en la caída económica que tendrán si se quedan a vivir con el otro progenitor. Pero ocultando los problemas que les llegarán con el nuevo tipo de vida propuesto.
  • Inducir a hacer daño a las personas o cosas que estén relacionadas con el otro progenitor.
  • Intentar cambiar los apellidos de los hijos para que pierdan el del progenitor alienado, incluso cambiando la ciudad o el domicilio para destruir la relación del progenitor ausente de sus hijos, o presentar al nuevo cónyuge a los hijos como el nuevo padre o madre.
  • Involucrar a los hijos en injurias, mentiras, falsas denuncias de abusos sexuales, malos tratos, robos, etc. Buscando la desacreditación para interrumpir por la vía judicial los contactos con el otro progenitor. 
  • Manipular a los hijos con regalos, promesas o amenazas para que declaren mentiras ante los jueces, abogados o sicólogos que los evalúan, con el fin de que les dejen la custodia a uno de los progenitores.
  • Obligar o persuadir para que testifiquen contra el otro progenitor, buscando a un profesional, para que diga que los hijos están dañados emocionalmente, sea cierto o no, para lograr una patria potestad, una pensión económica o prohibición del juez,  para conseguir que la otra parte no tenga contacto con los hijos.
  • Presentar falsas alegaciones de abuso físico y/o sexual en los tribunales para separar a los niños del otro progenitor.
  • Producir interferencias, obstaculizaciones o impedimentos en las visitas o comunicaciones acordadas.
  • Prometer o realizar regalos o beneficios si aceptan las nuevas relaciones sentimentales y familiares de uno de los progenitores.
  • Realizar un proceso perverso e interesado de manipulación al progenitor que tiene la custodia de los hijos, para excluirle del campo afectivo y relacional de los hijos.
  • Torcer malintencionadamente la conciencia o la profesionalidad de los especialistas, tales como psicólogos, abogados y maestros que tienen que determinar con hechos y fundamentos ante los jueces el estado psicológico de los hijos sugiriéndoles que preparen a los hijos para que testifiquen en contra del otro progenitor para lograr los objetivos propuestos.
  • Usar a los hijos como mensajeros para pedir más dinero, recriminar, espiar, convencer, acusar o instigar en beneficio particular.
  • Utilizar a los hijos como chivatos para que les cuenten todas las actividades que hace el otro progenitor.

 

La manipulación es algo cotidiano en las familias monoparentales, dado que los hijos son criados en un estado de semi-orfandad por el progenitor al que le han concedido su custodia. El contacto de los hijos con el otro progenitor, normalmente se reduce a unas horas durante algunos fines de semana, lo que origina la falta de apoyo en los malos momentos y la ausencia de referencia paternal o maternal. Además de las innumerables interrupciones, cambios e incertidumbres en el régimen de visitas, denuncias a los jueces sin justificación y un sentirse manipulados en ambas direcciones, convirtiéndose algunas veces los padres legales en tiranos autoritarios y verdugos de sus propios hijos. Esto se soluciona en gran parte si los que deciden divorciarse accedieran a salirse del hogar por turnos. Son los padres y no los hijos los que tienen que salir del hogar, como lo explico en el artículo  Divorcio. Los hijos siempre lo primero

 

Los progenitores tienen que evitar que por despecho o intereses personales, económicos, sociales o familiares predisponer a los hijos en los divorcios contra el otro progenitor aunque tenga o no la custodia. La verdadera justicia es la que se pone de parte de los más débiles, y los hijos son los más débiles.

 

Los hijos se ven muy desorientados cuando empiezan a poner en sus vocabularios y situaciones reales de convivencia, cariño y lealtad, los estereotipos negativos de unas nuevas palabras que nunca han usado: Padrastro, madrastra, hijastros, hermanastros, medios hermanos, etc., como dicen en Latinoamérica, además de esos nombre relacionándolos con el resto de los parientes.

 

En las negociaciones previas al divorcio debe tenerse muy en cuenta que entre los progenitores debe haber la máxima transparencia posible, incluso cuando se produzcan en presencia de los hijos, si ya tienen edad suficiente para enterarse y entender la situación que esta sucediendo. Esto evitará la posterior manipulación hacia los hijos, pues estos conocerán perfectamente las condiciones y los motivos del divorcio. Deberán hablar muy claro a los hijos sobre su futuro, aclarando todos los puntos relacionados con su incertidumbre, miedos a lo desconocido, las perdidas, los cambios, dónde, cuándo, cómo y con quién van a vivir, cambios de escuela, de familia, de amigos, etc. Los padres deben evitar por todos los medios posibles los berrinches, venganzas, caprichos y juegos sucios que hacen con el otro progenitor para evitar que esto afecte todavía más a los hijos, en la vida presente y en la futura.

 

Síndrome de Alienación Parental (SAP)

 

Este síndrome consiste en un proceso de auténtico lavado de cerebro por medio del cual, uno de los progenitores manipula la conciencia de los hijos, para destruir el vínculo con el otro progenitor y lograr que le odien, hasta conseguir alejarlos completamente de él.

 

Es un problema muy extendido actualmente que afecta a más del 80% de las parejas que se separan sin mutuo acuerdo, lo que repercute en un gran desequilibrio emocional, familiar y social en la mayoría de los hijos que antes, durante y después del divorcio tienen que sobrevivir dentro de familias monoparentales o ajenas a sus lazos biológicos.

 

Los padres con el Síndrome de Alienación Parental (SAP) son los que pasan por un proceso de trastorno intelectual que transforma su conciencia temporal o permanentemente, haciéndoles perder el sentimiento de su propia identidad, hasta que llegan a hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de su condición de progenitor. Abusan de su posición de influencia sobre los hijos para hacerles torcer sus sentimientos hacia el otro progenitor, destruyendo, saboteando y dificultando las normales, necesarias e imprescindibles, muchas veces ya difíciles relaciones de los hijos con el otro progenitor, en la disputa por la custodia o visitas de los hijos.

 

Signos que indican la existencia del Síndrome de Alienación Parental (SAP).

 

  • Cuando constantemente se habla mal del progenitor ausente delante de los hijos, incluso con mentiras. Haciendo hincapié en situaciones ajenas a su vida, responsabilidades o situaciones como progenitor. 
  • Cuando hablan sobre situaciones que no les han sucedido y creen recordarlas debido a que se las han contado muchas veces hasta hacérselas creer como reales.
  • Cuando los hijos no saben dar explicaciones concretas sobre el porqué rechazan u odian a su o sus progenitores.
  • Cuando los hijos o los padres en situaciones de divorcio son diagnosticados con trastornos mentales, depresiones crónicas, incapacidad para funcionar en un ambiente normal, trastornos de identidad e imagen, desesperación, sentimientos incontrolables de culpabilidad, sentimientos de aislamiento, hostilidad, personalidad esquizofrénica, intentos de suicidio, ansiedad, enfermedades psicosomáticas, disminución de la autoestima y un largo etcétera.
  • Cuando los hijos sienten que sus progenitores han fallecido, que han sido abandonados o que nunca les han querido.
  • Cuando los hijos utilizan palabras o frases propias de un adulto al hablar mal de su o sus progenitores.
  • Cuando se impide que los niños convivan, visiten o se comuniquen con el otro progenitor.
  • Cuando se ridiculiza los sentimientos y el afecto que sienten los niños por el progenitor ausente.

 

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La virtud de la bondad explicada a los hijos

ESCUELA PARA PADRES

 

La virtud de la bondad explicada a los hijos

 

1,529 Palabras. Tiempo de lectura 5:35 minutos

 

Bondad es la calidad de bueno, la inclinación a hacer el bien, la esencia de la vida, el modo de tratar a los demás, la médula de la grandeza, la puerta que da forma a la amistad, fortalece y da forma al hogar, a la amistad y a la sociedad. La bonhomía que es la práctica de la bondad, se demuestra diariamente en la convivencia con los hijos, en el matrimonio, con los familiares, amigos y sociedad. 

Uno de los principales pilares de la virtud de la bondad, es el amar al prójimo como quisiéramos ser amados, poniendo en todos los actos de la vida mucho amor. 

La bondad no tiene sustitutos en la convivencia dentro del hogar, en la educación de los hijos y en el aprendizaje de la vida, para conseguir ser cada vez mejores personas, más sabias y más bondadosas. Levanta el ánimo al prójimo y su ejemplo permanece con él para siempre, además que hace sentirse bien a las personas que la practican.

 

La bondad es la antítesis de los gritos, de la ira y de la violencia en el hogar y en las relaciones con las personas. Los hijos observan y aprenden a imitar, todos los signos externos que digan o hagan los padres, tanto las cosas buenas como las malas, principalmente, los que refleja el propio yo de los padres y el trato que tienen con los demás componentes de la familia.

 

La bondad no es la virtud, que solamente la tienen las personas perfectas, que dicen y hacen cosas buenas y tienen pensamientos intachables. Hay muchas personas que continuamente, intentan ser bondadosas aun no siendo perfectas y hacen todo lo posible para darse ánimo, apoyo y servirse mutuamente, en aras a conseguir un camino recto en la vida, a través del estudio, la lectura y los sabios consejos que les ofrecen sus sacerdotes, pastores, rabinos e imanes. Algunos quieren dejar para el futuro, el ser bondadosos y practicar esa virtud cuando sean mayores, tengan mucho éxito, buena situación económica, fama y posean muchas cosas.

 

Los padres con su ejemplo, tienen que enseñar a sus hijos desde los primeros años de su vida, a practicar la virtud de la bondad. La educación a los hijos en la práctica del bien, les hará contraer la costumbre de realizar buenas obras y la obtención de perseverar en esta virtud. Aunque parezca difícil ser bondadoso en este mundo tan competitivo, es una tarea que hay que intentarla aunque estemos cometiendo errores. De los errores hay que aprender a salir de ellos. Siempre se ha dicho que se deben contar las veces que cada uno se ha levantado y no las veces que se caído.

 

El respeto humano impide a las personas que no están bien formadas en las virtudes y valores humanos, practicar la virtud de la bondad, por lo que no hacen el bien que es necesario, para la familia o la sociedad. No tienen ni las palabras buenas, ni los pensamientos correctos, ni las actitudes adecuadas hacia sus prójimos, precisamente, por esa falta de preparación para realizar buenas obras.

 

Practicar la virtud de la bondad es más fácil y cómodo, con las personas que se portan bien con cada uno de nosotros. Lo difícil es ser bondadoso, con las personas que nos ofenden, las que nos deben, las que nos juzgan nuestras actuaciones sin justicia ni razón, las que nos condenan sin causa, las que nos insultan, las que nos odian, etc. Por eso la virtud de la bondad, radica en el corazón y en la mente y no está relacionada con la candidez ni con la tontería, aunque algunos la quieran unir.

 

Tener bondad es tener un corazón con buenos sentimientos y ponerlos en práctica en acciones humanitarias, sin pedir nada a cambio y sin importarnos “el que dirán”, sea positivo o negativo. No se trata de conseguir admiradores, premios, afecto, fama o popularidad. Se trata de seguir los sentimientos adquiridos, a través del conocimiento y la practica de las virtudes y valores humanos.

 

No se practica la virtud de la bondad, algunas veces, porque el egoísmo personal hace que no nos importe nada ni nadie, más que nosotros mismos. Esto puede ser consecuencia de haber tenido malos modelos familiares a nuestro alrededor, que no nos hayan enseñado a practicar las virtudes y valores humanos, o bien que por circunstancias externas, nos hayamos endurecido debido a las heridas recibidas de personas inadecuadas. Para solucionarlo hay que hacer un profundo examen, acerca de esta situación para considerar lo que somos, por qué somos y cómo somos, en relación con la virtud de la bondad, para poder buscar la solución adecuada, que nos lleve a corregir esta situación de inhibición.

 

La virtud de la bondad se consigue practicándola, consciente y continuamente, empezando con uno mismo y continuando en la familia, en el trabajo y en la sociedad. Hay que practicarla hasta conseguir ser un experto en irradiar bondad. Ser bondadoso con los demás, hacer sentirse bien a las personas, y además con el ejemplo se contagia al prójimo. La bondad se manifiesta también en cosas pequeñas, incluso en las que casi nadie se fija, pero que su realización nos permiten llenarnos de grandeza.

 

La bondad está relacionada con el agradecimiento, el altruismo, el desprendimiento, el respeto, el sacrificio, la abnegación, la amabilidad, la benevolencia, la benignidad, la caridad física, emocional o religiosa al necesitado, la clemencia, la cortesía, la generosidad, la humanidad, la indulgencia, la magnanimidad, la misericordia, la sensibilidad humana, la solidaridad, la tolerancia, las buenas acciones, etc.

17 Ideas de cómo, cuándo y dónde practicar la virtud de la bondad.

  1. Aceptando, queriendo y ayudando a las personas inseguras, tímidas o con baja autoestima, para que en su propio beneficio, puedan cambiar de actitud y ser más felices en la vida.
  2. Alegrándose de los éxitos y logros de los demás, como si fueran propios y felicitándoles con calor y sinceridad. Esto les animará a seguir esforzándose, en obtener cada vez mejores resultados y a transmitirlo con el ejemplo a los demás.
  3. Amando, queriendo y respetando al prójimo como a uno mismo, aunque sea diferente en color, raza, religión, educación, ideas políticas o situación económica, nativo o extranjero.
  4. Apreciando, honrando y no ofendiendo, a los que opinan de diferente forma, permitiendo con mucha caridad que mantengan su propio criterio, aunque consideremos que están equivocados.
  5. Compartiendo las penas del prójimo, ayudándole y aliviándole con buenas obras y consejos, cuando más los necesite.
  6. Dando ejemplo de bondad, amor y benevolencia, en todas las actividades de la vida cotidiana con las palabras y con las obras, en la familia, escuela y sociedad.
  7. Estando cerca del prójimo cuando sufre, está enfermo, preocupado, encarcelado, triste, o pasa por un mal momento familiar o económico.
  8. Manteniendo la paz interior propia, para que con el ejemplo trascienda a los demás, principalmente en los momentos que tenemos dificultades y los demás piensan, que nos vamos a derrumbar interna y externamente.
  9. Mostrándose espontáneo, sencillo y pacificador en la familia, trabajo y sociedad, sin dar importancia a la posición económica, social o económica que se tenga.
  10. Perdonando y pidiendo perdón de corazón, sin condiciones, dobleces, egoísmos ni oportunismos. Haciendo ver que no cuesta hacerlo.
  11. Permitiendo que los demás se sientan valiosos, útiles e importantes, en las tareas que desempeñan por muy humildes que estas sean. Dando las gracias por el trabajo que han hecho.
  12. Poniéndose en el lugar y circunstancias de los demás, viendo las cosas desde su propia óptica y así no juzgarles unilateralmente.
  13. Repartiendo la bondad con los demás, contagiándoles con el ejemplo, pero sin esperar alabanzas ni premios.
  14. Siendo bondadoso con los enemigos, con los que nos ofenden y con los que nos caen mal. Es muy fácil ser bondadoso con los amigos y con los que nos caen bien.
  15. Siendo útil al prójimo desinteresadamente, en la familia, trabajo, amistades o sociedad, sembrando continuamente bondad y amor.
  16. Teniendo siempre una puerta abierta al optimismo, a la esperanza, a la confianza, a la alegría, al entusiasmo y al ánimo.
  17. Viendo las cosas positivas del prójimo, soslayando las negativas y en su caso, disculpándolas y nunca divulgándolas.

 

10 Sentencias sobre la virtud de la bondad

 

  1. Bondad y dulzura, mas que donaire, hermosura.
  2. Con bondad se adquiere autoridad.
  3. Cuanto mejor es el bueno, tanto más molesto es para el malo.
  4. De dinero y de bondad quita siempre la mitad.
  5. Dejemos de discutir lo que debe ser un hombre bueno… y procuremos serlo.
  6. Dondequiera que haya un ser humano, siempre habrá un hombre bueno.
  7. El bueno será siempre libre, aunque sea esclavo, el malo será esclavo, aunque sea rey.
  8. El galardón de las buenas obras, es haberlas hecho. No hay otro premio más digno.
  9. La bonanza siempre llega después de la tormenta.
  10. Las obras de caridad dicen, quien es hombre de bondad.

 

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La disciplina como virtud y valor humano explicada a los hijos.

ESCUELA PARA PADRES

La disciplina como virtud y valor humano explicada a los hijos.

 

2,600 Palabras. Tiempo de lectura 9:30 minutos

 

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La disciplina de la voluntad es un medio y no un fin en si misma. Es auto impuesta personalmente como dominio del carácter, para conseguir los objetivos propuestos de llevar una vida mejor y conseguir una excelente formación moral, intelectual, física, económica y de salud en los aspectos personales, materiales, sociales, religiosos, de convivencia. 

No me refiero a la disciplina impuesta obligatoriamente, la que hay que cumplir so pena de un castigo físico o moral. Tampoco me refiero a la disciplina física que los padres imponen a sus hijos. En algunos países está totalmente prohibida esta disciplina, por muy leve y educativa que sea. Así les va a la niñez y a la sociedad.

 

Los padres son los mejores maestros y algunas veces los únicos disponibles para enseñar a los hijos la disciplina de la voluntad, junto a las otras virtudes y valores humanos. Enseñarles con el ejemplo a mantener la disciplina de la voluntad supone alejarles de la posibilidad de que la sociedad les discipline. 

 

Obligaciones de los padres.

 

Enseñar a los hijos desde muy pequeños la forma de ejercitar la disciplina de la voluntad en todos los actos y decisiones que vayan teniendo que participar, empezando en el interior de la familia: Disciplina en la alimentación, en el cómo comer, en las ropas que deben llevar y como vestirse, en la forma y cantidad de los estudios, en hacer las tareas escolares y familiares, en administrar el tiempo libre, el dedicado a sus obligaciones y el que deben dedicar voluntariamente a los demás, en administrar el dinero de sus gastos y de sus ahorros, en el consumo responsable, etc.  

 

Enseñar a los hijos poco a poco a que enriquezcan su voluntad, para que a lo largo de los años se les vaya  consolidando y puedan enfrentarse con éxito a los retos en los que desarrollarán sus actividades evitando que con el ejercicio continuo de la disciplina caigan en ser miembros de la llamada “manada humana en estampida”, definida así a la de los indisciplinados.

Enseñar a los hijos la disciplina de saber escuchar a las personas que por su edad, parentesco, experiencia demostrada, posición profesional o estudios realizados tienen la oportunidad u obligación de escuchar. Si no tienen la disciplina de saber escuchar, entender y asimilar lo escuchado, no aprenderán nada nuevo y cometerán los mismos errores de siempre. Es imposible hacer siempre lo mismo y obtener resultados diferentes. Desgraciadamente está desapareciendo la disciplina de escuchar con atención a las personas que saben más. Todo el mundo cree que lo sabe todo.

 

Enseñar a los hijos el valor de la disciplina y las ventajas que tiene para el crecimiento personal. La sociedad y los medios de comunicación siempre les están insistiendo a los hijos que hagan lo que quieran cuando quieran y como quieran. Que den prioridad a la irrefrenable arbitrariedad del deseo, sin cuestionarse las dificultades y problemas que se les presentarán si hacen caso a las tendencias que esos medios sociales les insisten que hagan. En algunas sociedades es muy difícil explicar las ventajas de la disciplina de la voluntad, debido a las presiones externas que reciben los hijos. El hecho de inculcarla a los hijos, aunque sea con continuas admoniciones, puede crear una buena disposición a adquirirla como costumbre que después se convertirá en hábito y posteriormente se acostumbrarán a ejercitarla como virtud.   

 

Enseñar a los hijos estos conceptos implica unos grandes esfuerzos tanto de los hijos por aprender como de los padres por enseñar. Sin ese mutuo esfuerzo nunca se verán los resultados positivos que conlleva la disciplina. Pero esos esfuerzos compensan con creces la satisfacción personal de los padres y de los hijos cuando comprueban los buenos resultados obtenidos en el conocimiento y en el comportamiento.

 

Enseñar a los hijos a través de la disciplina a robustecer su voluntad, yendo poco a poco preparándoles para llevar a efecto los 10 conceptos indicados al final del artículo. Y transmitiéndoles con su ejemplo la energía necesaria para resistir el mal y combatir las inclinaciones malsanas, viciosas o caprichosas y enseñándoles a mantener la continuidad de sus actos buenos.

 

Enseñar a los hijos a aprovechar el tiempo lo más sabiamente posible, pues el tiempo no es un recurso renovable y todos tenemos 24 horas disponibles. El tiempo que pasa ya no vuelve. La falta de tiempo o el estar ocupados, no es una disculpa para no hacer las cosas. Si el tiempo no alcanza, es muy importante planificarlo y aprovecharlo creativamente para  simplificar la vida. Tienen que enseñarles a definir y concentrarse en las prioridades de la vida.

 

Enseñar a los hijos las cosas que son o no negociables con su educación y con el ejemplo que tienen que proyectar, ya que la disciplina de la voluntad en el seno de la familia es de total responsabilidad de los padres y tiene que estar encaminada a la adquisición de las virtudes y valores humanos, pues son un conjunto de costumbres y hábitos activos que ayudan a la voluntad en el esfuerzo de aprender y promover la búsqueda de la verdad para conseguir el conocimiento  y perfecto equilibrio entre la disciplina, la indisciplina, la flexibilidad y el sentido del deber.

 

Enseñar a los hijos a tener orden, control y rigor de su propia vida y su desarrollo. Practicándola se consigue la formación de costumbres, hábitos y virtudes para plantear los desafíos de la persona y de la sociedad que permiten obtener los objetivos propuestos en la familia, escuela y sociedad. Sirve para ponerse retos voluntarios y hacer programas con tiempos, objetivos y controles parciales para poder ir comprobando los resultados y apreciar los avances o retrocesos. También sirve para cumplir las tareas sin dilaciones ni excusas, efectuar los horarios encomendados relacionados con la distribución del tiempo dedicado a los estudios, deportes, asueto, televisión, juegos, lecturas, etc. Los hijos que tienen diseñado un programa de horarios para sus actividades, tienen muchísimas más posibilidades de obtener mejores resultados en su vida familiar, estudios y vida social que los que no practican la disciplina de la voluntad.

 

Enseñar a los hijos, sin usar amenazas, gritos, ni castigos la virtud y valor humano de la disciplina de la voluntad, que va mucho más lejos que el buen comportamiento. Enseñarles a que tengan control de sus emociones, que sepan  trabajar en equipo, que establezcan metas y objetivos positivos, que cumplan las tareas, que tengan dignidad y confianza en sí mismos para cuidarse y tomar buenas decisiones, ya que en el futuro éstas decisiones siempre tendrán efectos positivos o negativos según se hayan realizado.

 

Definición de la disciplina de la voluntad:

 

La palabra disciplina proviene de “discipulus” y de “discere” que significa aprender y educar (discípulo y docente). Son las normas que conservan el orden y la subordinación entre el docente y el discípulo para facilitar el aprendizaje, llámense padres, maestros, sacerdotes, pastores, rabinos o imanes.

 

Está relacionada con: Adiestramiento. Afinamiento. Asignatura. Atención. Austeridad. Autoridad. Ciencia. Civilización. Conducta. Constancia. Cultura. Diligencia. Disciplina. Dominio. Dureza. Educación. Ejercicio. Enseñanza. Estudio. Facultad. Ignorancia. Imposición. Instrucción. Logros. Metas. Método. Motivación. Normas. Obediencia. Objetivos. Orden. Pauta. Planificación. Previsión. Razón. Reflexión. Previsión. Reglas. Resistir. Rigor. Severidad. Templanza. Vigilancia. Voluntad.

 

Es la propia decisión personal, interna, repetida y controlada de seguir un ordenamiento para llegar a unos objetivos. No es un fin, es un medio para obtener los planes propuestos.

 

Es la gran virtud humana de los pequeños y continuos esfuerzos que se hacen para llegar a los planes propuestos. Con ella se va haciendo metódicamente y poco a poco, camino al andar. Pero andar por los caminos propuestos como correctos exige apartarse de otros caminos más placenteros que siempre conducen al fracaso. Tiene la capacidad de enfocar los propios esfuerzos para llegar a un objetivo, moldeando el propio carácter y comportamiento para conseguir cumplir lo estipulado. Es la observancia de las leyes y ordenamiento de la vida. Es una forma de comportamiento no impuesto que se realiza a través de la auto-disciplina. Es un arte, una facultad y una ciencia.

 

Tiene que estar soportada por una estrategia, una táctica y unos planes bien diseñados en función de los objetivos, prioridades y medios disponibles. Disciplinar el propio temperamento conlleva un esfuerzo sistemático, continuo y medido para ser eficaz. El auto dominio, el auto control y la auto disciplina son partes muy importantes y casi imprescindibles para tener éxito.  Es el señorío de la propia personalidad y la negación del “yo primero” y del “yo quiero”. Es la antítesis de la inconsistencia, de la pereza, de la holganza, de la intemperancia y de la excesiva relajación. Se logra realizando constantemente pequeños actos de coraje, dedicación y control. Es lo que se llama también fuerza de voluntad, disciplina personal y voluntad de hierro.

 

Para todos los órdenes de la vida implica organización, respeto por el orden establecido, adaptación personal a las normas, modos y costumbres del entorno en el que nos movemos y dentro de los estándares de vida en los que nos desarrollamos. Es totalmente compatible con la flexibilidad de las personas. Se puede y debe ser flexible en algunas cosas que no vayan en contra de los objetivos propuestos. Ser inflexible no quiere decir que al darse cuenta de algún error producido por la disciplina mal entendida, no tengan que cambiar, admitiendo la mal entendía inflexibilidad. “Es de sabios cambiar de parecer” No se interpone con la inflexibilidad, pues ambas pueden llegar a ser compatibles. Ceder en lo que se deba ceder y ser muy disciplinado en lo que no es negociable, es una buena receta para no caer en la volatibilidad continua de las acciones o de las opiniones.

 

Permite llevar una vida perfectamente equilibrada llena de espontaneidad y creatividad, lo que facilita el ser prudente en determinar y diligente en ejecutar. No está peleada con la alegría. Está peleada con la dejadez, el abandono personal y el dominio sobre uno mismo. Está íntimamente relacionada con el sentido del deber y supeditada a su cumplimiento, si este es voluntariamente aceptado.

 

No tiene que estar supeditada a la docilidad, mucho menos cuando otros quieran aprovecharse intimidando a las personas dóciles para que en honor a una disciplina mal entendida cometan malos ejemplos, faltas o delitos. Cultivar la independencia individual es una tarea muy importante que hay que practicarla continuamente.

 

Tiene que tener una correlación con las virtudes de la prudencia y de la fortaleza para no caer en el fanatismo del exceso de disciplina que impida ver lo que se está haciendo y sus posibles consecuencias peligrosas, ni en el vicio de la indisciplina. Es mucho más que tener un buen comportamiento, pues a pesar de los obstáculos ayuda a mantenerse en los objetivos propuestos o acordados y hacen el perfil ideal interior de padres, hijos, amigos, familiares y maestros.

 

Los beneficios de la disciplina de la voluntad, espiritual y humana no van a llegar milagrosamente sin ningún esfuerzo. Nada llega sin el esfuerzo de preparar los objetivos, los medios para actuar y el sistema de control de lo realizado. Es imprescindible mantener una buena gimnasia mental, practicar repetitivamente, perseverar y tener un claro sentido de la obediencia hacia los tutores y hacia lo acordado. El mundo pertenece a los disciplinados. Los triunfadores en las ciencias, en las artes y en los deportes son personas altamente disciplinadas pues siempre desarrollan su máximo potencial para triunfar. Algunas personas tienen el don innato para hacer determinadas actividades, pero no tienen la disciplina para sacarlo adelante.

 

La indisciplina es el declive de los éxitos personales y profesionales, acarreando siempre malas consecuencias, ya que las personas se dejan llevar por lo primero que les llega a su mente, sin tener en cuenta hacia donde quisieran ir. Origina confusión y decisiones erráticas al no tener objetivos determinados ni la disciplina para cumplirlos. Es la ruina de la educación y anula las enseñanzas y los principios dados a los hijos en la educación. También evita o anula cualquier costumbre, hábito, virtud y valor humano adquirido o por adquirir.

 

El indisciplinado camina a la deriva de las opiniones y malos consejos que otros le dan. Nunca tiene relación con la continuidad de lo que se haya propuesto. Suele estar a merced de lo que otros decidan, por lo que tiene muchas probabilidades de caminar por los caminos errados al dejarse llevar por los impulsos desenfrenados que le hacen doblegarse ante cualquier facilidad o dificultad externa. Siempre le es más cómodo inclinarse a lo que es fácil que a lo que tiene dificultades para cumplir. Queriendo o sin querer, comenten errores que muchas veces perjudican también a terceros, como los que son indisciplinados en seguir las normas de conducir, manejar las herramientas o maquinaria, enfermarse por no cuidar su salud, comida o estilo de vida.

 

10 Conceptos para conseguir la disciplina de la voluntad:

 

  1. Examinar los puntos débiles de nuestra voluntad en los campos de: La pereza al levantarse. Las disculpas para empezar y terminar los trabajos encomendados de estudio, tareas u obligaciones familiares o laborales. La gula y ansias de comer o beber en: productos, cantidades, calidades, precios y tiempos. El derroche en las compras y el descuido en el ahorro. La falta de caridad en las conversaciones o discusiones. Etc.
  2. Preparar un programa con las acciones especificas que se deben tomar para hacer que la disciplina de la voluntad sea una realidad. Por ejemplo: Poner el despertador fuera del alcance de la mano para tener que levantarse al apagarlo. Planificar los horarios de empezar y terminar cada una de las tareas encomendadas de estudio, trabajo, diversiones, etc. Disponer de un tiempo de reflexión antes de empezar a comer o beber. Ponerse raciones más pequeñas. Destinar una cantidad determinada de dinero para los gastos, soportada en una tarjeta de débito o con dinero exacto en efectivo. Determinar claramente la cantidad mensual dedicada al ahorro. Pensar mucho lo que se va a decir, para no ser esclavo de las palabras y dueño de los silencios.
  3. Realizar un sistema de control que compruebe continuamente si los objetivos propuestos corresponden con los hechos reales, de forma que se puedan ver los porqués de las desviaciones y así hacer los ajustes necesarios. 
  4. Fijar plazos muy concretos para cada uno de los objetivos, acciones a tomar y obtención de resultados.
  5. Hacer participe de los objetivos a los familiares y amigos íntimos para sentirse vigilado positivamente en el proceso y en los resultados.
  6. Conseguir un tutor que aconseje como preparar los objetivos y los sistemas de control para que vaya guiando y midiendo los resultados. Puede ser un familiar, amigo, sacerdote, pastor, rabino, imán o profesional dedicado a ello. Su control y ánimos serán muy beneficiosos para no decaer.
  7. Disfrutar de los resultados positivos obtenidos dándose una satisfacción personal proporcional al objetivo cumplido, cada vez que se completan los objetivos propuestos.
  8. Acostumbrarse a practicar “El minuto heroico” según se explica en el artículo relacionado. 10 Ocasiones para inculcar, fomentar y practicar el “minuto heroico”. Sus valores y virtudes
  9. Perseverar en los métodos internos y externos realizados para conseguirlo.
  10. Difundir con el ejemplo la forma, fondo y resultados de lo que se está haciendo.

 

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Cómo proteger a los hijos educados en las virtudes y valores humanos, ante los malos ejemplos de familiares y amistades

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Cómo proteger a los hijos educados en las virtudes y valores humanos, ante los malos ejemplos de familiares y amistades

 

2,271 Palabras Tiempo de lectura 8:30 minutos

 

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¿Qué medidas tienen que tomar los padres, que están educando a sus hijos en las virtudes y valores humanos, para defenderles de los malos ejemplos y de la vida desordenada y contraria a la moral y a las buenas costumbres, de sus familiares y amigos, y así evitar que les contaminen con su mal ejemplo?

 

Los padres ante todo tienen la obligación irrenunciable, de dar a sus hijos la mejor educación posible, en las virtudes y valores humanos, basada en su ejemplo y enseñanza. También tienen la obligación de proteger a sus hijos, lo más posible, de las acechanzas malévolas del mal ejemplo y escándalo que irradian algunos familiares y amistades. Aquí entra el choque entre lo que está bien y lo que esta mal, los intereses y costumbres familiares, lo que es familiarmente o socialmente correcto y el antagonismo entre las relaciones familiares y amistosas, con las obligaciones de educación de los hijos. Es muy difícil que sean compatibles y los padres tienen que elegir, entre estar en un lado u otro de la moral. No se puede servir a dos señores a la vez.

 

Es imposible y muy peligro, pretender mantener las mismas relaciones familiares y amistosas, con personas cuyo comportamiento choca frontalmente con la educación que se les quiere y debe dar a los hijos. No es que haya que romper drásticamente las relaciones familiares o amistosas, con los que llevan una vida licenciosa y continuamente están dando escándalo. A esas personas los padres, tiene que ponerles condiciones innegociables de visita y convivencia con sus hijos. Tienen que negociar con esos familiares y amigos, un plan de actuación bien preparado, que refleje entre otras cosas, una buena disposición de arrepentimiento, propósito de la enmienda y satisfacción de obra, para que haya la posibilidad de una convivencia normal. Si ese plan no funciona, solamente se conseguirá la posibilidad de que la contaminación y escándalo de su estilo de vida, llegue sin frenos hasta los hijos u otros familiares, con el sufrimiento que eso conllevará.

 

Aunque haya que estar muy cerca de esos familiares o amigos contaminantes, hay que guardar las distancias de convivencia, para que no contaminen a los hijos que continuamente necesitan percibir el buen ejemplo familiar y escuchar buenos consejos, los cuales son más fáciles de dar cuando no hay contaminación. Los padres tienen que poner una gran valla o distancia, entre los estilos de vida de esos familiares y amigos y la educación de los hijos, ya que el peligro de contaminación moral a los hijos, no tiene excusas, atenuantes ni dirimentes.

 

Situaciones familiares más frecuentes:

 

A) Aquí no ha pasado nada. Prefiero la amistad de mis familiares y amigos antes que proteger a mis hijos. Algunos padres piensan que en estos tiempos, cada cual puede hacer lo que quiera y que todo se puede aceptar, porque se tiene que querer al pecador y repudiar al pecado. Que por esa razón todos los familiares y amigos, tienen que aceptar cualquier mal comportamiento de: Divorciarse, convivir en pareja sin casarse, tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, emborrachase, drogarse, tener abiertamente uniones homosexuales o lesbianas, realizar abortos, consumir drogas, alcoholizarse, realizar violencia familiar entre esposos o entre padres e hijos, despilfarrar económicamente, etc.

 

Los padres no pueden permitir ni aceptar, que los lazos de sangre o de amistad que les unen, con las personas cuya conducta es contaminante, estén por encima del mal ejemplo que dan a los hijos. Tienen que evitar confraternizar con esas personas, que llevan mala la vida públicamente y que su actitud esté yendo en contra de las virtudes y valores humanos, que los padres están intentando inculcar a sus hijos, tanto con el buen ejemplo, como con las enseñanzas personales.

 

Los padres bajo ningún concepto, buscarán disculpas y cuentos chinos, para explicar a sus hijos que las parejas de los adultos que viven juntos, sin un compromiso matrimonial, son sus tíos, ni sus abuelos, ni sus primos, etc. Incluso cuando no sean familiares y sean simplemente amigos, que viven como les parece oportuno, sin importarles el ejemplo bueno o malo que den a los demás. Cualquier pregunta hecha por los hijos, relacionada con el matrimonio, el parentesco y las relaciones familiares, los padres deberán contestarla con la verdad, adecuada a la edad y al conocimiento de cada hijo. Lógicamente con los hijos mayores se puede y debe hablar claramente, para que sus valores no se contaminen. En ningún momento deben huir de la pregunta, pues si no se deja bien clara, se está patrocinando la situación escandalosa de los familiares y amigos. Así evitarán los padres, que los hijos crean, que esos tipos de vida son normales y aprobados por sus padres con su silencio, ignorancia o protección. Las respuestas claras, contundentes, sólidas y bien pensadas, evitarán que esos modelos de vida que ven, les sirvan a los hijos como futura imitación.

 

Los padres no pueden contestar -No quiero problemas, no voy a consentir que por educar bien a mis hijos en las virtudes y valores humanos, tenga que contarles que lo que están viendo y compartiendo en mi familia y amigos, no está bien visto y que es lo normal en la sociedad- -Si me cuestionan que en la Iglesia, en el colegio u otros familiares más estrictos ,les han contado que ese tipo de vida no es correcta, les cuento una evasiva o les doy un grito. Pongo a mis hijos por debajo de mis familiares y amigos-

 

B) Aquí si ha pasado algo grave y hay un problema, de mala conducta de los adultos. Tengo que proteger a mis hijos de los familiares y amigos. Primero es la protección y educación de los hijos y después los demás. El que los adultos consideren normal, llevar una vida ostensiblemente inmoral e impresentable ante la sociedad, no quiere decir que los padres vayan a permitir la exposición de los hijos, a esa situación contaminante.

 

A algunos familiares y amigos ,no les bastó con destrozar su matrimonio, ni la vida de su pareja, ni las consecuencias del mal ejemplo dadas a sus hijos. Después pretenden que todos los descendientes traguen esa situación y que admitan, que sus andanzas se sigan multiplicando, hasta conseguir que todos los vuelvan a aceptar, como si no hubieran roto voluntariamente una familia y ahora pretendan romper, con su mal ejemplo las siguientes generaciones. La infidelidad en el matrimonio también se refleja y deja huellas imborrables en las siguientes generaciones.

 

Las consecuencias de las malas acciones familiares, nunca son privadas, no las sufren solamente los familiares directos y los amigos, las sufren también las siguientes generaciones. Las personas no son islas, por más que algunos se empeñen en decirlo, para auto justificarse. Las personas y sus familias tienen entrelazados los vínculos sociales, afectivos y productivos. Cuando una persona decide acabar con su vida matrimonial, está robando, hiriendo, agrediendo y perjudicando deliberadamente, a sus sucesivas generaciones, las cuales no le pertenecen.

 

Es cierto que cada uno es libre de hacer lo que quiera, pero sin que las consecuencias tengan que pagarlas sus futuros descendientes, familiares o personas inocentes, como los hijos de los amigos que quieren seguir manteniendo su amistad. Debe darse cuenta, que convierten a todos sus familiares, descendientes y amistades, en esclavos de las consecuencias de esas alegrías que tuvieron, cuando decidieron llevar un estilo de vida contrario a la moral.

 

17 Acciones que deben tomar los padres

 

  1. Conocer que aceptar las relaciones toxicas de sus familiares y amigos, porque dicen que necesitan recibir cariño que supla otras carencias de afecto, no debe obligarles a tolerar actitudes de intoxicación hacia los hijos. Ese cariño mal entendido, suele llevar escondido un mensaje de manejo, utilización, encubrimiento de maltrato mental y falta de respeto hacia personas íntimamente relacionadas.

  2. Convencer los padres a sus hijos, que la denominación de parentescos que determinados familiares quieren recibir, no es la correcta, ya que no cumplen los requisitos de legalidad, moralidad y costumbres.

  3. Ejercer la caridad que hay que tener con las personas, no está reñida con la responsabilidad que tienen esos familiares y amigos, afectados por sus irregularidades, aunque las pregonen y hagan patente, en todas sus actuaciones. Los padres tienen la obligación de mantener la caridad, pero también la de defender a sus hijos.

  4. Evitar ser manipulados por esos familiares y amigos, que intentan justificar su modelo de vida, haciéndose pasar por victimas, en lugar de victimarios, compran voluntades con regalos y cuentan historias fantasmales, para producir compasión hacia ellos.

  5. Exigir a sus familiares y amigos, asumiendo el riesgo del posible enfado, que mantengan las distancias con sus hijos ,mientras no cambien sus situaciones personales, para evitar que no los contaminen.

  6. Explicar los padres a sus hijos, según las edades, que esos familiares y amigos tan queridos, llevan una vida contraria a las enseñanzas y ejemplos que están recibiendo.

  7. Hacer comprender a esos familiares y amigos que llevan una vida pública disoluta, que su actitud se convierte en un boomerang, debido a que sus acciones, siempre retornan al núcleo familiar, aunque sea en la segunda o tercera generación. Los que siembran vientos, recogen tempestades, incluso dentro de sus familias.

  8. Impedir que utilicen a los más débiles de la familia, los niños, trayéndoles a su situación con regalos, para abrir el camino de los demás familiares o granjeando su amistad con simpatía, con el objetivo de que esas facetas, anule los otros aspectos malignos de su estilo de vida.

  9. Intentar controlar las emociones, sentimientos, cariños, etc. y plantar cara a situaciones, aunque se tengan largas historias de sumisión, manipulación y engaño, pero en algún momento, hay que poner fin a esas situaciones, para que no sigan contaminando a los hijos, con relaciones que no les convienen.

  10. No caer en la tentación de buscar nuevas sensaciones, rememorando situaciones idílicas, pasadas hace tiempo con ellos y en otras circunstancias, porque muchas veces impiden identificar los comportamientos tóxicos, que se avecinan hacia los padres y hacia los hijos.

  11. No creer que por la confraternización con esos familiares y amigos tóxicos, pueden conseguir ser sus salvadores y que van a conseguir ,hacerles salir de sus modelos de vida y que cambien a comportarse de manera diferente, sin que sean plenamente conscientes, que ese cambio les podría favorecer, si decidieran escuchar y tomar el camino de ayuda propuesto.

  12. No pasar por alto o silenciar, ciertas situaciones de los familiares o amigos, aunque causen un profundo rompimiento en las relaciones, porque siempre será preferible eso, a que contaminen a los hijos o rompan la armonía de los padres, por discutir el posible enfrentamiento con esos familiares y amigos.

  13. No sentirse culpables por apartar de sus relaciones, a esos familiares y amigos que perjudican a sus hijos. Tienen que sentirse victimas, de la continua presión que ejercen esos familiares y amigos, para que la situación de ellos no sea tomada como perjudicial, para con los que les rodean, aunque sistemáticamente, se encargan de que les vean como indefensos, ante las posturas morales de la sociedad.

  14. Querer a las personas, aunque con límites y esos están perfectamente definidos, cuando se trata de hacerse valer y defender la formación moral de los padres y la de los hijos. Esos límites tampoco son negociables, con los familiares o amigos. Aceptar con la presencia de los padres situaciones irregulares, significa que poco a poco, se irán bajando las defensas y lo que en un principio pareció que estaba mal, con el tiempo y con el contacto, se va a aceptando como normal, originando que esa forma de ver las cosas, fuera de su justa medida, se transmitirá a los hijos en su educación moral.

  15. Reconocer cuando los familiares y amigos, que llevan una vía disoluta, utilizan mecanismos de persuasión, para manejar a las personas más cercanas, para minar la capacidad de decisión de los padres. Esos mecanismos suelen ser: Hacerse las victimas, disminuir o quitar importancia a los hechos, echar la culpa a terceros, utilizar el sarcasmo, burlarse de las actitudes tomadas por los padres relacionadas con la protección a sus hijos, etc.

  16. Separar claramente, la necesidad de sentirse identificados plenamente, como familia o amigos, porque muchas veces, impide ver lo que supone la convivencia con ellos y su ejemplo ante los hijos, con el enmascarar la realidad por todos los medios posibles, para seguir manteniendo las apariencias y la estructura social, aunque el costo interno familiar, suele ser demasiado alto.

  17. Tener la valentía de enfrentarse a sus familiares y amigos, para hacerles ver el mal ejemplo que dan a sus hijos, con su desordenada vida pública, de manifiesto adulterio o vicios contaminantes.

 

Cualquier momento es el mejor, para aclarar y terminar ,una situación familiar o amistosa, que está contaminando la educación de los hijos. Es más conveniente enfrentarse a esa situación, que presenciar como, poco a poco, la situación irregular se va aceptando sin ponerle límites, debido a la presencia y continuidad. Cada vez será más difícil explicar a los hijos, que las situaciones familiares o amistosas que están viendo o recibiendo de sus padres, son incorrectas y contrarias a la moral y las buenas costumbres.

 

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La importancia de la familia en la sociedad, sus virtudes y valores humanos

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La importancia de la familia en la sociedad, sus virtudes y valores humanos

 

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La familia siempre ha sido y es, el principal pilar de la sociedad. Es el lugar donde los miembros nacen, aprenden, se educan y desarrollan. Debe ser refugio, orgullo y alegría de todos sus miembros. Cuando la familia tiene problemas, alegrías o tristezas internas, repercuten en todos los familiares, sufriéndolos o disfrutándolos, debido a su total interrelación. Todas las legislaciones del mundo, tienen que tener leyes, que protejan el concepto de la familiar y facilitar lo más posible su unión y continuidad. La familia se convierte en un castillo, que además de servir de refugio de sus componentes, estos tienen que defenderla a ultranza, de todos los ataques que le hagan. No pueden permitir que lo dañino pase sus puertas. Todos tienen que formar un solo cuerpo, para defender su propia vida presente y futura.

 

La familia está fundada en el matrimonio, que es exclusivamente la unión estable, por amor del hombre y de la mujer, para complementarse mutuamente y para transmitir la vida y la educación a los hijos. Es mucho más que una unidad legal, social o económica. Es una comunidad de amor y solidaridad, para trasmitir e instalar en las mentes las virtudes y valores humanos, culturales, éticos, sociales, espirituales y religiosos, así como los principios de convivencia, tanto internos como externos, que tan esenciales son para el desarrollo y el bienestar de sus miembros y de la sociedad. La educación y conocimientos que se adquieren en la familia, perduran para siempre.

 

En las clásicas y tradicionales familias de algunos países, existía y todavía existe, la norma imborrable aunque no escrita, que todos los miembros de una familia, tienen asegurada su permanencia en el hogar de la misma, hasta el ultimo día de su vida. Nadie mandaba a los ancianos o discapacitados al asilo. La garantía de cuidados familiares, era sin límites de edad, ni de circunstancias. Por eso en algunas familias convivían dos, tres o hasta cuatro generaciones, lo que permitía transmitir las enseñanzas religiosas y sociales, así como educar mejor a todas las generaciones, además de cuidarse unos a otros. Ahora es normal, que cuando los hijos cumplen 18 años les fuercen, recomienden o persuadan, para que abandonen el hogar familiar y se vayan a vivir su vida a otro sitio. Eso origina que el despego a la familia, se queda incrustado en sus mentes y cuando los padres llegan, a una edad en la cual no pueden mantenerse solos, los mandan a un asilo para que allí otros les cuiden, no sus familiares que previamente, han sido cuidados por ellos.

 

Que confortable es disfrutar de la familia. Tener una buena familia, es un privilegio que no tiene precio. Sentirla como refugio en las angustias, peligros o incertidumbres y percibirla como receptora, para compartir las alegrías y logros alcanzados. Es también una gran satisfacción, poder presentar con orgullo a terceras personas a sus componentes, máxime si están unidos entre si. Que triste es, que debido a su mal comportamiento y ejemplo y en la sociedad, sentir vergüenza de presentar la familia a otras personas.

 

Qué orgullo familiar sienten los padres:

 

Cuando perciben muestras de unión familiar, por ejemplo, cuando son invitados a las celebraciones civiles o religiosas del resto de la familia o simplemente a visitarles en sus respectivas casas.

Cuando voluntariamente se reúne los Domingos todos los hijos con sus respectivas esposas o esposos y sus hijos, alrededor de la mesa de la casa de los padres, para almorzar, merendar o cenar y estar de tertulia, compartiendo las alegrías y las penas.

Cuando reciben invitaciones, incluyendo los gastos de viaje, para ir a visitar a los hijos que viven fuera.

Cuando los hijos les ofrecen ayuda monetaria, emocional o de acompañamiento, aunque no la necesiten.

Cuando se reúnen para celebrar el éxito escolar, profesional o social de uno de los familiares.

Cuando comprueban el buen comportamiento de todos y cada uno de los miembros.

Cuando nace o se incorpora un nuevo miembro familiar.

 

Los padres deben saber, que detrás de cada niño o joven mal educado, suele haber una familia disfuncional, bien sea por la composición de ella o porque no cumple las obligaciones ineludibles de unidad, formación y entrega a los compromisos adquiridos al formarla. No se puede echar la culpa a los niños, ni a los jóvenes, por algunos de sus malos comportamientos, hay que buscar su origen, para corregirlo. Normalmente es que ha habido mal funcionamiento, de sus familias en conjunto o que han recibido mal ejemplo, de algunos familiares.

 

La familia es una unidad de destino religioso, social y político. Tiene que defenderse de los ataques de sus innumerables enemigos, algunas veces incluso de los que tiene dentro, debido al mal ejemplo que se dan unos a otros. Otras veces sus enemigos están fuera, intentando que la familia no tenga la unidad necesaria para sobrevivir. Estos enemigos lo hacen a través del mal ejemplo, de las amistades familiares, de los medios de comunicación y de los sistemas modernos electrónicos. Todos tenemos la obligación de intentar que la familia, sea una realidad de unión y perfecta convivencia, empezando por la propia y haciendo lo posible, para que la ajena también lo sea.

 

La familia en su unidad, es la única institución que ofrece a los niños, todo el amor centrado en éllos. Las demás instituciones que cuidan a los niños, escuelas, guarderías, etc. no tienen la misma intensidad de ofrecimiento de amor. Las instituciones son únicamente responsables, de instruir en conocimientos y cuidar físicamente, durante las horas de permanencia en ellas.

 

La familia educa dando ejemplo y exigiendo a todos sus miembros: orden en las cosas, obediencia, colaboración y ayuda en la casa, responsabilidad en los encargos, horarios de estudios, etc. y sobre todo, reconociendo los esfuerzos que hacen todos los componentes por ser mejores.

 

Los padres tienen que inculcar a sus hijos, la grandeza de la familia presente y la de los ancestros. Algunos padres no le dan importancia a la transmisión de los apellidos, títulos, escudos y señas de identidad que todos llevamos. Esto suele estar ligado, al desarraigo de las sociedades e incluso al materialismo o consumismo, que impide que las persones sientan un sano orgullo de quienes son y de donde provienen. Que bonito, constructivo y ejemplar es ver a los padres enseñando a realizar el árbol genealógico de la familia de la madre y la del padre, empleando todos los medios a su alcance, hasta llegar lo más lejos posible en la antigüedad. Este ejercicio de búsqueda en los orígenes, es una herramienta más para amar, comprender y unir mejor a la familia. La familia es también vínculo y dedicación permanente de generaciones pasadas, presentes y futuras y la base que sostiene unida a la sociedad.

 

Prosperar en medio de las crisis económicas o de salud, es el privilegio de las familias que están unidas como piñas y con objetivos comunes, bien definidos por los padres y aceptados por todos.

 

Donde todos los familiares, hombro con hombro, han empujado en la misma dirección, hacia solventar los problemas, ellos tendrán muchas probabilidad de éxito.

 

Donde no importaban los sacrificios individuales, por conseguir los objetivos comunes.

 

Donde cada uno pone lo mejor de si, en beneficio de los demás.

 

Donde todos forman un escudo humano, ante los problemas que llegan del exterior.

 

Donde se unen todos los miembros de la familia, para defender o proteger a cada uno de los componentes, cuando son agredidos desde el exterior, y así poder superar las dificultades personales o para que salgan de algún peligro o mala situación.

 

Donde todos los miembros de la familia, se sacrifican en beneficio de uno solo, porque es el mejor dotado inteligente o físicamente, para que consiga llegar a una meta y después pueda desarrollar sus mejores cualidades y cuando triunfe, les pueda ayudar a los demás (emigración, becas, estudiar en lugar de trabajar, negocios, etc.).

 

Que bonitas y ejemplares aquellas viejas costumbres, de que los hijos mientras estén bajo el mismo techo familiar, pero trabajan fuera de la familia, entreguen todo o parte de sus ingresos, unidos por el bien común, para el fondo familiar, sin importar cuánto ganan o gastan los otros componentes de la familia. Los hijos ya saben que los padres, se encargarán de hacer justicia y entregar a cada hijo, lo que consideren que puedan necesitar. Esa costumbres desgraciadamente está arrinconada y sustituida, por la de mandar a los hijos, a que trabajen fuera de la casa en cuanto cumplen la edad legal de poder  hacerlo, incluso cuando no tienen necesidad de esos ingresos familiares y los hijos destinan el dinero obtenido en comprarse cosas, muchas veces inútiles. Mientras los padres tienen que seguir manteniendo la casa familiar, además de hacerlo a cada uno de los hijos, aunque trabajen fuera. Otra mala costumbre de los padres, que no tienen necesidad urgente de ingresos, es que autoricen a los hijos a que durante las vacaciones escolares, vayan a trabajar a otros sitios, incluso muy mal pagados, en lugar de seguir estudiando, descansando y divirtiéndose durante las vacaciones, con el pretexto de que así aprenden a conocer lo que es trabajar y a administrar su dinero. Eso es robarles el precioso tiempo de su juventud, que tendrían que emplear en cosas de mayor formación académica y social, no en conseguir dinero para comprarse los caprichos, más insospechados e inútiles.

 

Además de la familia tradicional reconocida, como la formada por el padre y la madre, unidos en matrimonio con sus hijos, existen otros tipos, que también les llaman familias, como los que forman parejas en unión libre, las de homosexuales y lesbianas y las monoparentales, donde el padre o la madre, cuidan los hijos propios o ajenos, de otras uniones anteriores.

 

El problema más grande que tiene la familia, es su descomposición, principalmente motivada por el divorcio de los padres. En ese caso la familia, queda contaminada de esa desgracia para siempre e incluso, perneada para las sucesivas generaciones. Las cuales ven como el concepto de unidad y continuidad, que habían aprendido, se ve roto por una decisión de los padres, en perjuicio de los demás componentes de la familia. La mayoría de los problemas que tiene la sociedad, tienen su origen en esa descomposición de la familia. No se puede tener una sociedad fuerte y bien formada, con el porcentaje tan grande de familias divorciadas una o varias veces y otros tipos también llamados familias. Los hijos y siguientes generaciones, que se han educado en esas graves situaciones, tienen muchas probabilidades de continuar con las mismas actitudes de descomposición familiar, pues lo que han visto y sufrido, llega un momento que lo ven normal, ya que la misma familia disfuncional, se encarga de transmitirlo de generación en generación. Es muy difícil que una persona que se ha criado así, tenga la fortaleza de rechazar esas situaciones y haga el esfuerzo por no repetir las mismas andanzas. Máxime cuando está rodeado de personas, que consideran normal a esas familias contaminadoras socialmente de su situación, pues esas familias se encargan continuamente y con muchos subterfugios, de pregonar a sus hijos, descendientes, familiares y amigos que su situación familiar irregular, es normal en los tiempos actuales.

 

Los padres tienen que enseñar a sus hijos con su ejemplo y con sus palabras, la belleza de una familia bien unida, las ventajas de mantenerse unidos y los inconvenientes, en el caso que esa familia se destruya, y a sentir un sano y enorme orgullo por ser miembros de la familia y de los ancestros a la que pertenecen.

 

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La virtud de la vergüenza explicada a los hijos

ESCUELA PARA PADRES

 La virtud de la vergüenza explicada a los hijos

 

1,661 Palabras. Tiempo de lectura 6:00 minutos

 

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¿Puede ser la vergüenza virtud, freno o maldad?

 

Es virtud cuando se siente dolor, arrepentimiento o incomodidad por las cosas malas realizadas y sirve para evitar volverlas a hacer.

 

Es freno para no hacer lo que en principio se considera que está fuera de la moral y buenas costumbres.

 

En ambos casos está relacionada y es una parte muy importante de la pureza, el recato, la modestia, la honestidad, el pudor, el decoro, la honradez, la decencia, la dignidad, la humildad, el escrúpulo, etc. Si las personas no tienen inculcadas desde niños la virtud de la vergüenza, difícilmente podrán practicar otras virtudes, como las mencionadas anteriormente, tendrán la conciencia tan endurecida que todas las cosas les parecerán normales y realizables en beneficio propio. También la vergüenza se produce por no poder enfrentarse a la conciencia personal, sabiendo que Dios y muchas veces los hombres son testigos de nuestras buenas y malas acciones.

 

Hay santas desvergüenzas, como la de practicar la religión externamente sin importar “el qué dirán”. No tener vergüenza de ser honrado, inculto o ignorante en determinadas áreas o tener discapacidades involuntarias. Los pobres vergonzantes son los que les da vergüenza ser pobres o sentirse inferiores, debido a que anteriormente habían sido ricos y todavía no saben o no aceptan llevar esa situación con valentía y la cabeza bien alta.

 

Es maldad, falta, culpa o hasta vicio, cuando proviene de sentirse superiores a otros o de no arrepentirse de situaciones pasadas que ahora abochornan. Es una falta muy grave de caridad, por ejemplo avergonzarse de familiares o amigos más pobres, incultos o socialmente inferiores. Es muy peligroso para la moral de las personas cuando se pierde la vergüenza ante las cosas mal hechas, porque se ha abotargado la conciencia y ya no distingue la maldad de la bondad, entonces empieza un problema de descontrol de las acciones malas, pues la vergüenza es una de las primeras banderas rojas que indican la incorrección de lo que estamos haciendo o vamos a hacer.

 

Los padres no deben avergonzarse de decir las verdades a los hijos por muy duras que sean, ni dudar en pedir ayuda a los hijos cuando tengan necesidad o crean conveniente hacerlo. A los hijos, tampoco tienen que darles vergüenza pedir ayuda a los padres o a los maestros, policías, sacerdotes, pastores, rabinos, imanes, etc. siempre ven más cuatro ojos que dos.

 

Los padres no deben avergonzarse cuando sale a relucir la mala educación que han dado a sus hijos menores de edad, ni de la mala imagen que presenten relacionada con sus peinados, ropas, actitudes, gestos, malos amigos, atrasos en los estudios, desconexión familiar, etc. Ellos son los que con su desidia y falta de interés en la educación de las virtudes y valores humanos de sus hijos han propiciado esas actitudes. No pueden quejarse porque la vida les haya pasado la factura, haberlo pensado antes. Lo que deben hacer es corregir esas actitudes para no sentir lo que se llama vergüenza ajena. Esta situación de vergüenza de los padres se suele dar cuando los padres tienen o quieren llevar a sus hijos a reuniones familiares, escolares o sociales porque saben que el comportamiento de sus hijos va a ser muy malo y éllos se van a avergonzar.

 

Los padres no tienen porqué pensar que sus hijos son unos sinvergüenzas, basta con que consideren que simplemente son unos maleducados porque no han sido educados ni por los padres, ni por los maestros, ni por la sociedad, incluso no les han inculcado un adecuado y suficiente sentido del ridículo y de la vergüenza.

 

Los padres deben enseñar a los hijos desde que son muy pequeños a practicar la virtud de la vergüenza. A que tengan vergüenza por las cosas que han hecho mal y a que distingan la vergüenza como falta. Si los hijos no sienten vergüenza por las incorrecciones o por las omisiones cometidas, seguramente las posibilidades de arrepentimiento y petición de perdón serán menores o incluso no existirán. Si a un niño no le da vergüenza haber pegado a un hermano o a otro niño más pequeño, débil, indefenso o haberse portado mal, cuando llegue a mayor no le dará vergüenza nada y se convertirá en lo que comúnmente se llama un sinvergüenza. Palabra muy dura que expresa la falta conciencia hacia las cosas mal hechas u omitidas y es sinónimo de pícaro y bribón, propio de las personas que con desfachatez cometen actos ilegales o inmorales en provecho propio o ajeno.

 

Los padres tienen que tener mucho cuidado si por sentirse bien cuentan cosas que han hecho mal, ya que casi siempre esos testimonios sirven de mal ejemplo y escándalo a los hijos que los escuchan. Algunos padres confunden la jactancia que les produce el contar su vida pasada con la vergüenza que tendrían que tener para contarla y así poder evitar el deshonor. Todo el mundo tiene derecho y obligación de mantener su fama. Hay una moda muy extendida de decir a las personas que han llevado una vida disoluta que no tengan vergüenza en contarla dando testimonio de las maldades que han hecho, pues servirá como ejemplo para que otros mejoren. La mayoría de las veces solo sirve para que los instigadores de esos testimonios se sientan bien, y los que han pasado la vergüenza de contar sus atormentadas vidas se queden marcados, ellos y sus familias, teniendo que soportar la malévola interpretación de cada uno de los oyentes.

 

Los padres deben estar muy atentos cuando ven que sus hijos sienten vergüenza por relacionarse con otros niños, y tienen que analizarlo muy bien para poner remedio a esa situación, por si esa vergüenza o miedo a relacionarse fuera timidez, baja autoestima o desconfianza en si mismo, inseguridad o falta el conocimiento. Deben tener el criterio para enseñarles quien es y donde está y el porque no debería tener vergüenza en relacionarse con otros niños o familiares.

 

Los hijos nunca deben avergonzarse de sus padres o familiares porque tengan diferentes situaciones económicas, culturales, sociales o físicas. La mayoría de las veces esas diferencias suelen provenir por los sacrificios que han hecho los padres para sacar adelante a los hijos, perjudicándose éllos en su calidad de vida y en no haber prosperado. En los casos en que la vergüenza de los hijos provenga de la mala vida llevada voluntariamente por los padres, deberán poner todos los medios a su alcance para que los padres rectifiquen su comportamiento. Los hijos podrán tener compasión de sus progenitores, pero no vergüenza ni rechazo.

 

Si los hijos ven que a los padres no les da vergüenza portarse mal familiar o públicamente, hablando mal de otras personas o grupos sociales diferentes, o haciendo cosas indebidas que sirven de escándalo para la familia y para la sociedad, seguramente no percibirán en sus mentes la vergüenza como falta.

 

Definición de la vergüenza:

 

La vergüenza es una turbación del ánimo, un temor o un deseo de rehuir algo, ocasionada por alguna acción u omisión cometida o deseada, propia o ajena, que sea mala, deshonrosa o humillante. La vergüenza también se siente por lo que otros hacen o dicen.

 

La vergüenza expresada a través del cuerpo puede llegar a encender el color del rostro. Más vale ponerse un día rojo de vergüenza, que pasarse la vida colorado por haber mentido delante de de los hijos.

La vergüenza también pueden producirla terceros cuando los castigos son realizados públicamente, máxime si son injustificados.

 

El pundonor de las personas permite mantener en gran estima la virtud de la vergüenza para no manchar la propia honra y evitar el deshonor.   

 

La vergüenza está relacionada con: Timidez, miedo, cobardía, temor, escándalo, bochorno, arrepentimiento, infamia, indecencia, obscenidad, inmoralidad, afrenta, humillación, deshonra, pundonor, orgullo, atrevimiento, cinismo, fama, prestigio, moralidad.

 

La vergüenza es el miedo a hacer algo culpable, torpe, humillante, vituperable y oprobioso, incluso para no caer en la deshonra de haberlo hecho. Por eso experimentar situaciones de vergüenza como virtud, evita caer en otras cosas malas que posteriormente producirán también vergüenza por haberlas hecho.

 

Lo contrario de la vergüenza como maldad es: Jactancia, presunción, vanidad, petulancia, pedantería, inmodestia, engreimiento, suficiencia, orgullo, soberbia,  altanería, arrogancia, vanagloria, ostentación, alarde, postín, baladronada, sencillez, etc.

La vergüenza que coincida con la virtud es compañera y amiga de la tranquilidad del alma, e implica un acto voluntario y electivo, que se puede ir convirtiendo en costumbre, hábito y posterior virtud, si está relacionado con la educación en las virtudes y valores humanos.

 

14 sentencias sobre la vergüenza

 

  1. Aunque avergüence decirlo, sólo pensamos en la virtud cuando no tenemos otra cosa que hacer.
  2. El que no tiene conciencia o no la cultiva, no tiene vergüenza
  3. La desvergüenza nunca queda satisfecha si está bien educada
  4. La vergüenza por “el que dirán” que casi siempre se queda en ”lo que no han dicho”
  5. La virtud de la vergüenza afina la conciencia y evita caer en problemas
  6. La virtud de la vergüenza enseña a reconsiderar las cosas propias.
  7. No es vergonzoso cambiar de opinión, es vergonzoso cambiar de opinión por interés
  8. No hay nada que irrite de forma tan aguda ni huela más amargo que la vergüenza.
  9. No me da vergüenza confesar que soy ignorante de lo que no sé. Nada más se que no se nada.
  10. No permitas que se te caiga la cara de vergüenza
  11. Sentir vergüenza ajena ante los hechos de otras personas
  12. Si te da vergüenza lograr lo que quieres, revisa tu actitud.
  13. Todas las vergüenzas son detestable, excepto las que ennoblecen y estimulan a las personas.
  14. Vergüenza torera por no haber tenido la valentía de hacer lo acordado.

 

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El divorcio y los hijos. Obligaciones de los padres

ESCUELA PARA PADRES

 

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1,210 Palabras. Tiempo de lectura 4:25 minutos

 

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Divorcio. Lo que los padres deben conocer y explicar a sus hijos

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Los divorcios están regulados en todos o casi todos los detalles, por las leyes civiles y las sentencias emitidas por los jueces, negociadas previamente con los abogados de ambas partes. Esas sentencias definitivas son las “lágrimas del matrimonio”. Suelen ser muchas páginas, que regulan las relaciones entre los esposos y las de cada uno de ellos, con sus hijos. Algunas veces son reflejo de los acuerdos prematrimoniales. Los padres tienen que referirse continuamente a esas páginas, en cada uno de los pasos que dan o quieran dar, relacionados con sus hijos, para evitar tener problemas con la justicia, el anterior cónyuge o con los hijos. La capacidad de decisión de los padres, se queda limitada a lo que está escrito.

 

Cuando hay un divorcio o una separación todos sufren, los padres y los hijos. Muchas veces ese sufrimiento se incrementa, porque los padres no han sabido o no han querido dejar muy claras, escritas y habladas, las obligaciones y derechos de todas las partes implicadas. Por eso cuando llegan las situaciones, a las que previamente no se les han encontrado previsibles y correctas soluciones, se producen unas tensiones que agravan la ya de por si, frágiles y mutuas relaciones entre los padres entre si y con los hijos.

 

La colaboración entre los padres hace disminuir enormemente los conflictos. Si no hay colaboración, para cumplir con lo escrito o hablado, tienen que recurrir nuevamente ante el juez, para que vuelvan a realizar otra sentencia, alegando que han cambiado las condiciones, entre los padres o entre los hijos y los padres. Esto originará, gastos, demoras y sufrimientos principalmente para los hijos.

 

Nadie mejor que los padres, con sentido común y ganas de colaboración, para llegar a acuerdos entre ellos, en lugar de que tengan que acatar, los que les impongan los jueces, sobre todo cuando la custodia es compartida por ambos padres, a tiempos parciales y en lugares diferentes.

 

Los padres tienen que tener siempre presente que su responsabilidad familiar, aunque se hayan divorciado, es que los hijos crezcan educados con amor, comprensión, salud, buena alimentación, inmejorables estudios para su futuro profesional e instruidos en las virtudes y valores humanos.

 

Algunas de las obligaciones y derechos, que tienen que estar bien definidas, consensuadas y escritas en el documento del divorcio o en el que se haga con los abogados, para evitar o disminuir las discusiones, entre padres alterados entre si, o manejados por los hijos y parientes, teniendo en cuenta que las decisiones, tienen que proteger a los más débiles, que en estos casos, siempre son los hijos. Si alguna obligación o derecho no esta especificada, tiene que solicitar al juez que la apruebe, para evitar que alguna de las partes, se meta en problemas. Hay organizaciones sociales gratuitas y abogados especializados, que con su experiencia pueden ayudar a preparar, todos los documentos necesarios, para que los problemas futuros sean eliminados o disminuidos. Nunca tramite un divorcio sin poner mucho hincapié en dejar bien atadas, todas las posibles relaciones con sus hijos.

 

15 Condiciones que deben definirse claramente en los divorcios, cuando hay hijos menores:

 

  1. Determinar claramente cual es la residencia familiar adjudicada, evitando las frases ambiguas. Para que no sea una residencia tan lejana, que complique o impida las visitas acordadas, al no especificar si es la habitual o puede ser residencias por motivos de trabajo, vacaciones, etc. impidiendo así las relaciones normales con los hijos.
  2. Lugares, días y horarios de recogida, entrega o visita acordados, incluyendo las máximas facilidades y tolerancias, para poder cumplir con ellos, con definiciones prácticas de alternativas, para cuando surjan impedimentos graves, que no permiten cumplir con lo acordado, en cuanto a tenencia, recogida, entrega o visita de los hijos.
  3. Tiempos y lugares de las vacaciones escolares y días festivos y formas para pedir permiso, en el caso de que quieran salir del país para vacaciones o visitas a familiares.
  4. Edad a la que ya puedan quedarse solos en la casa y edad mínima, que tiene que tener el que se quede a cuidarlos.
  5. Edad a la que pueden cuidar a otros hermanos más pequeños y estos, que edad mínima o máxima tienen que tener.
  6. A qué edad pueden salir con los amigos y a donde o bajo qué supervisión.
  7. Quién autoriza a que se hagan operaciones o tratamientos, no necesarios como la cirugía estética.
  8. Quién decide sobre las medidas importantes u obligaciones, que les atañerán para toda la vida o durante periodos largos te tiempo, como la calidad e intensidad de los estudios, los deportes, las amistades, las lecturas, películas, etc.
  9. Cuánto y cómo se puede gastar cada uno de los padres, en obsequios con los hijos, para evitar la desmedida generosidad o tacañería, evitando la compra de las voluntades por medio de los regalos, para que prefieran la convivencia con el que más obsequios les haga.
  10. Cuál debe ser la relación familiar, con las nuevas parejas sentimentales o civiles de cada uno de los padres, si es que las hubiera, para que ese mensaje de convivencia civil, lo entiendan de forma que no les interfiera, con la educación sobre la indisolubilidad de matrimonio, que una de las partes les esta enseñando y demostrando con el ejemplo. Sin olvidar que es un escándalo, que se presenta como algo muy normal.
  11. Cuál es la cifra que deben pasar los padres para la alimentación, vestido, estudios, medicinas, etc. de los hijos, cuando exista la posibilidad real de cantidades superiores, que evitarían el que los hijos sufran carencias vitales, aunque la pensión económica sea exclusivamente la que el juez ha determinado.
  12. Establecer expresamente los tiempos y cantidades de las mayores y mejores posibilidades de comunicación, de los hijos con los padres, personalmente y a través de los medios de comunicación del teléfono, Internet, cartas, etc. con independencia de los días, horarios y condiciones que el juez haya determinado, intentando disminuir el sentimiento de separación que los padres han producido a los hijos.
  13. Prohibir expresamente que ninguno de la familia hable mal de los otros, estén presentes o ausentes, procurando en todo momento, que los vínculos de los hijos con los respectivos padres y hermanos, sean lo más saludable posible
  14. Intentar que todos los acuerdos se tomen en beneficios de la buena educación de los hijos, procurando que haya una actitud de olvido de rencores entre los padres, y una clara decisión de relación cordial para respaldarse mutuamente, evitando así que los hijos aprovechen las diferencias entre los padres, para tomar actitudes que les perjudicaran a plazo corto o largo.
  15. Llegar a un acuerdo relacionado con el nivel de autoridad, disciplina, premios y castigos que cada uno debe tener con los hijos.

 

Agradeceré si me escriben con otros puntos especiales que consideren convenientes, con el fin de que los padres divorciados o los que se van a divorciar, puedan tenerlos en consideración para el beneficio de sus hijos.

 

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El trabajo como virtud y valor humano, explicado a los hijos

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El trabajo como virtud y valor humano, explicado a los hijos

 

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·         Segunda parte. 10 valores humanos que los padres deben enseñar a sus hijos, para que tengan éxito en la escuela y en la vida. Trabajo

 

 

El trabajo desde la educación familiar

 

Los padres tienen que ir enseñando a los hijos desde muy pequeños, a realizar y comprender las virtudes y valores humanos del trabajo, preparándoles para el futuro, cuando tengan que trabajar en los estudios, en la empresa o en la sociedad. Pueden empezar mandándoles pequeñas actividades y responsabilidades, dentro de la casa, para que se vayan acostumbrando a obedecer y a sentir la satisfacción del trabajo, bien hecho. Así cuando llegue la hora de realizar el trabajo profesionalmente, tendrán ya la costumbre convertida en hábito y posteriormente en virtud y sabrán organizar y administrar el tiempo, para poder hacer lo que sea necesario, sin poner pretextos para no hacer el trabajo que les corresponda.

 

El verdadero trabajo de los hijos dentro de la familia es estudiar, ayudar a los padres y a sus hermanos, también ayudar a los familiares y amigos. Deben esforzarse en prepararse muy bien para el futuro, aprovechando todos los medios a su alcance, procurando siempre recorrer una milla de más, en las obligaciones. El trabajo del estudiante es estudiar, hacer lo que les manden sin tratar de esquivarlo o buscando disculpas, incluyendo las tareas para después de la escuela.

 

El trabajo desde la sociedad

 

Es el resultado de la actividad humana y puede, no ser una ocupación retribuida por terceros. El trabajo es el eje en torno al cual, gira la organización y el progreso de la humanidad y ofrece a cada hombre, la oportunidad de crecer, desarrollar todas sus capacidades congénitas, realizarse como persona y ser cada día, plenamente adulto, ahondando en los principales campos de la formación integral, material, intelectual, humano y espiritual. No sólo expresa la dignidad del hombre, sino que la aumenta, hace la vida humana, más humana. El hombre que trabaja, asegura el futuro de aquellos que vendrán después.

 

Cuando no hay trabajo disponible o hay despidos, surge un problema muy grave, pues estas situaciones son el origen del descontento, hundimiento y frustración de muchas familias. Toda persona tiene derecho a tener un trabajo, en condiciones dignas, a poder ser libre para elegirlo y a la protección social del desempleo.

 

El trabajo desde la religión

 

El trabajo también es un medio para santificar la vida, es una de las principales actividades humanas, sociales y religiosas, además de uno de los factores de la producción. Lo contrario del trabajo es el ocio, ya que el descanso no es no hacer nada, es distraerse en actividades que exigen menos esfuerzo. No basta trabajar, hay que trabajar bien, a conciencia, con seriedad y compromiso, poniendo empeño en lo que se hace, aceptando los fracasos y aprendiendo a vivir las virtudes y valores humanos de la paciencia y la caridad, en su ocupación diaria. Trabajar bien, significa ante todo, la actividad de trabajar, no al resultado del trabajo. También existe la gozosa inactividad del descanso merecido y necesario.

 

Se puede y debe trabajar bien, aunque el resultado no sea bueno, ya sea por una equivocación involuntaria o por causas que no dependen de uno mismo. Hay que tratar de superar las contrariedades, en vez de rebelarse contra ellas. El trabajo debe estar bien realizado, a conciencia, con la mejor perfección humana posible, con sentido de responsabilidad, con amor y perseverancia, sin abandonos ni ligerezas, con empeño y constancia, con rigor, con calidad humana y poniendo todo el esfuerzo necesario. En el trabajo deben tenerse en cuenta, el buen cumplimiento de todas las obligaciones familiares, profesionales, religiosas y sociales, sacando provecho a los talentos que cada uno ha recibido.

 

El valor humano del trabajo, no consiste en hacer cosas cada día más difíciles, sino hacerlas cada día mejor. Dios no acepta el trabajo mal hecho ni defectuoso, la sociedad tampoco. Para hacer bien el trabajo, hay que poner en práctica las virtudes y valores humanos, los cuales forman un entramado en el que los hilos, se refuerzan entre sí y se funden en uno solo. Los principales son: El optimismo, el orden, la alegría, la caridad, la constancia, la diligencia, la fortaleza, la humildad, la justicia, la laboriosidad, la lealtad, la magnanimidad, la mansedumbre, la perseverancia, la prudencia, la reciedumbre, la serenidad, la templanza y todas las demás virtudes relacionadas.

 

Sin la fe, la esperanza y la caridad, el esfuerzo humano no basta, para hacer bien el trabajo, porque su falta se manifiesta antes o después, en la quiebra de éstas: en injusticia, en odio, en ira, en envidia, pues el secreto para realizar cada día mejor el trabajo, es la atención a los detalles y a las cosas pequeñas, para poderles dar un remate de perfección.

 

Hay que luchar  con las  dificultades naturales de cada situación, sin dejarse vencer nunca por el agobio, la comodidad, el egoísmo y la pereza, que es el vicio capital contra el trabajo y madre de todos los vicios. Una de sus formas más corriente, es la tardanza y dejación del cumplimiento de las obligaciones, dejando al margen de la moral cristiana, con faltas de justicia, de veracidad, de honradez.

 

El trabajo no se debe afrontar, como cualquier cosa que hay que realizar. Hay que hacerlo cómo y cuándo se debe, apetezca o no. No consiste sólo en trabajar mucho, porque no hay que olvidar que, a fuerza de descuidar detalles, pueden hacerse compatible el trabajar sin descanso y vivir como un cómodo egoísta.

 

El que es buen trabajador es diligente y no precipitado. Aprovecha el tiempo, que no sólo es oro, sino que hace lo que debe y está en lo que hace, no por rutina, ni por ocupar las horas, sino como fruto de una reflexión atenta y ponderada. Nunca se debe aplazar lo que cuesta hacer, ni dar prioridad a las cosas que gusten más o exijan menos esfuerzo. No se debe dejar el trabajo para mañana, si se puede hacer hoy. No debe dejarse llevar por la falsa excusa de la comodidad, conformándose con lo que basta hacer, para salir del paso, dejándonos arrastrar por razonadas sinrazones, para estar mano sobre mano. Después no debe extrañarnos, si nos llaman vagos, informales, frívolos, desordenados, perezosos, inútiles, etc.

 

La virtud y valor humano del trabajo, puede perderse si se descuida la atención al detalle o a las cosas que no le gustan al que lo hace, como la puntualidad al comenzar y terminar el trabajo, la atención a la familia, el abandono de las obligaciones religiosas, sociales o económicas. No basta querer hacerlo bien, sino que hay que saber hacerlo bien, ya que siempre requiere preparación, competencia, no sólo técnica, sino moral, humana y religiosa. No basta la «buena voluntad» o la rectitud de intención, para ser un buen médico o una buena ama de casa, sino que se requiere, conocimientos mejorados continuamente y poseer y aprender a practicar, las virtudes y valores humanos, para desarrollarlos con sinceridad, veracidad, ecuanimidad, serenidad y paciencia, porque obras son amores y no buenas razones.

 

El perfeccionismo mal entendido en el trabajo, es una deformación de las virtudes y valores humanos. Es lo contrario a la perfección, pues revela un amor propio inapropiado, una ignorancia de las propias limitaciones, una auto complacencia vana y una falta de realismo y humildad. El sentido común indica, que casi siempre lo mejor es enemigo de lo bueno, porque el perfeccionismo puede llegar a descuidar otras exigencias del trabajo bien hecho, como acabarlo en el plazo, calidad y precio conveniente. Los trabajos continuos y repetitivos, no debemos considerarlos como monótonos. Tenemos que descubrir una nueva dimensión, en esas tareas relacionándolas con los deberes que hay que cumplir y los servicios que hay que prestar.

 

Un tutor de vida con experiencia, puede ser una parte muy importante, para hacer bien el trabajo, ya que puede ofrecer muchos consejos certeros. Pero para aceptarlos, se requiere mucha humildad y sencillez, incluso para admitir las propias limitaciones y para dejarse ayudar, evitando la suficiencia, la presunción y la vanidad. Pero hay que estar abiertos a recibir formación, dentro de la familia, por los amigos o por los expertos, sabiendo aprovechar las observaciones de quienes nos quieren y rodean. El trabajo bien hecho, no es un ídolo al que hay que adorar. No es un fin en la vida, que pone en el triunfo la propia complacencia. El trabajo tiene una dimensión y esencia religiosa, que tenemos que descubrirla trabajando con inteligencia, esfuerzo, orden y alegría. No se debe vivir para trabajar, sino trabajar para vivir. Hay que colocar en su sitio los deberes profesionales, pues son los medios para llegar a unos fines, nunca pueden tomarse como lo fundamental de esta vida.

 

17 Sentencias sobre el trabajo

 

  1. Cuando contratas gente más lista que tú, demuestras ser más listo que éllos.
  2. Cuando la meta es importante, los obstáculos se vuelven pequeños.
  3. Dichoso el que tiene una profesión, que coincide con su afición.
  4. El arte de dirigir consiste en saber, cuando se debe abandonar la batuta, para no molestar a la orquesta.
  5. El genio comienza las grandes obras, pero sólo el trabajo las acaba.
  6. El modo de dar una vez en el clavo, es dar cien veces en la herradura. 
  7. El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer.
  8. En ninguna parte está, el que en todas está.
  9. Hay personas que trabajan, como si fueran a vivir eternamente.
  10. La buena gestión consiste en mostrar a la gente normal, cómo se hace el trabajo de gente superior.
  11. La buena suerte no es casual; es producto del trabajo.
  12. La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando.
  13. El tiempo es oro tanto en el trabajo, como en el ocio.
  14. Mira si será malo el trabajo, que deben pagarte para que lo hagas.
  15. No se llega a campeón sin sudar.
  16. Siempre que te pregunten si puedes hacer un trabajo, contesta que sí y ponte enseguida a aprender como se hace.
  17. No dejes para mañana el trabajo, que puedas hacer hoy.

 

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Consejos de padres a hijos, valores en alza

ESCUELA PARA PADRES

 

Consejos de padres a hijos, valores en alza

 

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Que difícil es dar consejos a los hijos, pero no vale decir “Consejos vendo pero para mi no los tengo” Para dar buenos consejos, es preferible saber mucho de pocas cosas, pero que éstas estén bien adquiridas y asentadas en la mente de los padres, además de que sean la base de la familia, de la religión y de la sociedad. Los consejos sobre cosas técnicas o profesionales, hay que dejarlos para los expertos. Nadie debe pretender dar consejos sobre temas que no conoce.

 

En todos los artículos he insistido en la necesidad de que los padres, (padre o madre) dialoguen continuamente con sus hijos y que esos diálogos, deben estar muy bien preparados, estructurados, asesorados y llenos de prudencia y amor hacia los hijos. La educación de los hijos, está compuesta de muchos aspectos y uno de los más importantes es aconsejarles bien, en las múltiples facetas de la vida que inician.

 

Nadie mejor que los padres saben, cual es la edad física e intelectual, para que los hijos puedan entender y asimilar los consejos. De nada sirve darlos cuando no los entienden, esto tiene el inconveniente de cuando es necesario volverlo a explicar, los hijos podrían decir que ya lo habían escuchado, aunque no los hubieran entendido.

 

En los diálogos no siempre los padres tienen la oportunidad de dar consejos a sus hijos, pues el diálogo puede ser sobre cosas baladíes o sobre temas donde no pueden aprovechar la ocasión, para dar buenos consejos. El concepto del consejo paternal, no siempre cabe en el dialogo y es demasiado importante, para meterlo con calzador en la conversación, por eso los padres tienen que cuidar cómo y cuándo comunican sus consejos, pues para que tengan buena aceptación entre los hijos, tienen que estar atados muy bien todos los cabos. Los padres tienen que conocer que los hijos, casi siempre tienen la tendencia a imitar y a escuchar a sus padres, pero siempre en función del comportamiento que sus padres hayan tenido con ellos. Esa aceptación los padres tienen que ir creándola día a día con su dedicación, amor y conocimientos. Si existe esa disposición a la escucha, pueden tomar la ventaja de, incluso en muchas ocasiones, darles consejos aunque no se los hayan pedido, pues serán bien recibidos.

 

Los consejos no pueden esperar a que los hijos los pidan, pues es muy posible que no sepan, ni que existen otras alternativas a lo que están haciendo o pensando, que no quieran pedirlos aunque los necesiten o que no sepan como pedirlos. Con tanta influencia mediática que les bombardea, con conceptos tales como: El Yo, tu si puedes, se tu mismo, etc. es mucho más difícil para éllos pedirlos, escucharlos, aceptarlos y ponerlos en práctica. Es mucho mejor que el consejo sea pedido por los hijos y si además, está muy claro el motivo de la petición o la duda expuesta, así será mucho más fácil dar un buen consejo. Algunos dicen que los consejos no pedidos, no tienen buen resultado, pero no es cierto. Los consejos pueden tener buen resultado en función de quién, cómo y cuándo los da y en función de quién, cómo y cuándo los reciben. De ahí la  necesidad de preparar bien los temas, las situaciones y las personas.

 

Los padres nunca deben tener miedo de parecer incultos o poco preparados, si ante la petición de un consejo difícil de dar o posiblemente controvertido, piden a su hijo un tiempo prudencial para informarse, bien sea con el sacerdote, pastor, rabino, imán o con el profesional que consideren conveniente. Es preferibles que ante un tema importante, se tomen un tiempo para informarse, a que suelten una respuesta sin haberla pensado y después, se den cuenta que ha sido contradictoria con la moral, la Iglesia, la familia o la sociedad. Los padres también deben conocer sus limitaciones para aconsejar a sus hijos, en determinados temas difíciles. Si no están bien preparados o no se pueden preparar bien, para dar los consejos necesarios, deben ir a consultar las respuestas donde los profesionales o depositar esa particular faceta de la educación, en los líderes o tutores de los que tengan plena seguridad en su formación moral, humana y pedagógica.

 

Es cierto que los hijos necesitan ser escuchados, de todo lo que quieren decir e incluso de lo que no quieren o no saben como decir, pues muchas veces necesitan desahogarse o conocer varias soluciones u alternativas, a sus grandes o pequeñas dudas. Los padres tienen que tener la habilidad y el entrenamiento necesario, para saber cuando es conveniente sonsacar lo que los hijos tienen en su mente, reconduciendo el diálogo por las avenidas principales e intentando, que no se salga por caminos secundarios, siempre sin adelantar las respuestas, hasta que hayan terminado. Nadie mejor que sus padres para escucharles con calma y amor, para analizar y comprender lo que dicen. Muchas veces el silencio de los padres al escucharles, hace que se vayan abriendo más y más, hasta que hablan con plena sinceridad.

 

No es menos cierto, que los hijos necesitan escuchar los consejos de los padres, incluso en los que no les gusten escuchar. La habilidad de aconsejar no se puede improvisar, hay que preparar en profundidad los diálogos y los consejos. Los padres deben intentar decir los consejos con firmeza y amor, pero siempre como sugerencias, no como imposiciones. Las imposiciones son órdenes, no son consejos.

 

Para que los consejos tengan éxito y penetren en la mente de los hijos, es muy importante que los padres busquen situaciones distendidas y eligiendo muy bien el tiempo, el espacio y las circunstancias adecuadas, evitando hacerlo cuando tengan que arreglar problemas de conducta, pues en esos momentos, es muy posible que los hijos estén cerrados a escuchar lo que les digan, por temor a la reprimenda. El consejo debe ser muy bien definido, claro, conciso y adecuado al sentido de la pregunta realizada o de la situación o tema que se quiere abordar. Deben darse siempre que se pueda privadamente a cada hijo, evitando que los otros hermanos o familiares estén presentes, a no ser que sea un tema que deba ser compartido por la familia.

 

Los consejos de los padres, tienen que estar totalmente unificados entre el padre y la madre y siempre en la misma dirección. Deben estar llenos de confianza, discreción, verdad, raciocinio y responsabilidad y ser consistentes, consecuentes, congruentes e íntimamente relacionados con su buen ejemplo y con la educación que enseñan. Los padres no pueden tener el desequilibrio de hacer una cosa y aconsejar lo contrario, pues entonces pierden toda autoridad para el futuro. En los padres no vale decir: Fíjate en lo que digo y no en lo que hago. Muchas veces los consejos que dan los padres a los hijos, son puramente sentido común, que es un compendio de todos los sentidos, aunque le llamen el menos común de todos los sentidos y el más escaso en la sociedad. Un consejo a tiempo y lleno de sentido común, vale más que 1000 riñas y castigos.

 

Los padres nunca deben cansarse de dar los mismos consejos a los hijos una y otra vez, pues éstos algunas veces no los captan a la primera, necesitan tropezarse una o varias veces, para entonces acordarse de los consejos recibidos. A la larga es posible que se les quede gravado en la cabeza, lo que en su día no tuvo importancia para éllos, pues desconocían las consecuencias de no seguir los consejos paternos.

 

Dar consejos a los adultos, hijos mayores de edad, familiares y amigos, también es muy difícil, máxime si no los han pedido. Muchos adultos creen que la edad, hace que lo sepan todo y que por lo tanto, no necesitan pedir consejos sobre nada y a nadie. Craso error, todos los días deberíamos tener la oportunidad, de poder pedir consejos a las personas que estén bien formadas, en el tema que vamos a preguntar, nos ahorraríamos muchos problemas. Vale la pena tomar el riesgo de dar consejos, aunque solamente uno caiga en tierra fértil, éso justifica el esfuerzo y el riesgo.

 

Para que un adulto se atreva a pedir consejo, tiene que haber previamente una empatía y un reconocimiento, de que la persona que lo va a dar, tiene la capacidad para hacerlo. Por eso muchas personas, prefieren el anonimato del Internet para pedir consejos, porque ven previamente allí, los conocimientos que tiene la persona que da el consejo. Ese mutuo anonimato les permite una mayor intimidad, la desinhibición para casos difíciles e incluso, la adopción de personalidades ficticias.

 

Uno de los mejores procedimientos para pedir sabios consejos los adultos sobre cuestiones personales, familiares o sociales es acercarse al Sacramento de la Confesión, donde pueden dialogar sobre sus inquietudes, con expertos sacerdotes perfectamente preparados. Allí no hay tiempo límite para las preguntas y las respuestas y todo lo que se diga y oiga, está garantizado por el secreto de la Confesión, totalmente demostrado a través de 2,000 años.

 

Hay adultos que para recibir esos mismos consejos prefieren ir, donde otro tipo de profesionales que los reciben como clientes, no como pacientes y las conversaciones se convierten en interminables, para así conseguir grandes ingresos económicos, mientras el cliente se sienta a gusto contando sus cosas. También hay quienes prefieren pedir consejo a los echadores de cartas, adivinos y demás gente de ese estilo.

 

17 Consejos sobre los consejos

 

  1. Aconsejar y ser aconsejado, es propio de la verdadera amistad.
  2. Consejos vendo, pero para mi no los tengo.
  3. Cuando aconsejas a los hijos, estás aconsejando a los nietos.
  4. Dale a tu hijo un buen consejo y lo habrás enriquecido para siempre. El buen consejo no tiene precio.
  5. De qué sirve dar a los hijos todos los caprichos, si no les damos los consejos necesarios.
  6. Del viejo, el consejo. Más sabe el zorro por viejo, que por zorro.
  7. El aconsejar es un oficio tan común, que lo usan muchos y los saben hacer muy pocos.
  8. El consejo rara vez es bien recibido, porque el que más lo necesita, es el que menos lo desea.
  9. El niño no aprende lo que los mayores dicen, sino de lo que hacen.
  10. Los consejos no pedidos y gratuitos, normalmente sólo satisfacen a quienes los dan.
  11. Los consejos son como la nieve; cuando más suave cae, más dura en el suelo y más se profundiza en la conciencia.
  12. No aconsejes lo más agradable, sino lo mejor.
  13. No hace falta seguir los consejos de una persona para hacerla sentir bien; basta con pedírselos.
  14. No hay cosa más fría que un consejo, cuya aplicación sea imposible.
  15. Para ser recto el consejo es necesario que sea, no de aquel que yo quiero, sino de aquel que me quiera y sepa.
  16. Podemos dar consejos, pero no podemos dar conductas.
  17. Un consejo a lo mejor no te ayuda a vivir, pero te templa para las dificultades de la vida.

 

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