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Hijos, 31 situaciones para tener miedo a los padres

ESCUELA PARA PADRES 

Hijos, 31 situaciones para tener miedo a los padres  

  • 40 Preguntas que como hijo debo hacerme
  • 31 Situaciones para tener miedo a los padres

 1,903 Palabras. Tiempo de lectura 7:00 minutos


            Los hijos tienen que querer mucho a sus padres,
puesto que son los que les han dado la vida, les mantienen, les educan y les guían. Es un querer que se lleva genéticamente impreso en el cuerpo. Pero a medida que van creciendo, deben ir analizando la forma en la que se están criando, dentro y fuera de la familia. Analizando los posibles agujeros negros de su educación. No pueden esperar a que un día los padres, les pidan perdón por haberles educado mal, tienen que dialogar mucho con los padres. (Leer artículo)  Pedir perdón a los hijos por haberlos educado mal

Es posible que los hijos cuando son pequeños, no se den cuenta si no reciben una buena educación. Pero tienen que estar muy alertas los llamados “adultos emergentes” o sea, jóvenes de 14 a 23 años, que saben como se están comportando ellos, en el terreno educativo, familiar, social y moral y religiosa.

 No escribo sobre el miedo físico a las agresiones del cuerpo, me refiero al miedo a ser mal educado y por lo tanto, a tener muchas probabilidades a convertirse en un perdedor de por vida. La sociedad cada vez está exigiendo más y mejor educación escolar, familiar, social, moral y religiosa, a los jóvenes que aspiran a querer trabajar. Y todavía mucho más a los que pretenden ser empresarios. Aunque hoy en día como está la situación, es mucho más fácil poner un negocio que encontrar un empleo, además que el riesgo a perder el empleo, es mucho más elevado, que el riesgo de perder un negocio.

Hijos, no tengan reparo en decir a sus padres, que se sienten con miedo hacia ellos, porque ven que no les están educando bien. Claro que eso les va a costar asumir, y no les gustará, que puede haber modificaciones de conductas educativas en sus padres. Pero a lo mejor, esa reclamación, hace que las cosas cambien y que se fijen más, en la educación que ofrecen.

 Hijos, no crean que porque los padres no les eduquen con seriedad, amor y disciplina y os dejen hacer lo que queráis, es porque os quieren más, vais a ser mas felices y a vivir mucho mejor. Al contrario, vais a sufrir las consecuencias de esa falta de educación, protección y aprendizaje, que todos los hijos necesitan de sus padres, además terminareis sin poder conocer y practicar las virtudes y valores humanos, que tanta falta hacen en la educación.

 Hijos, si vuestros padres os riñen, llaman la atención u os castigan, no es ninguna razón para tenerles miedo, puesto que lo están haciendo por vuestro bien. Tener miedo de ellos, cuando pasen olímpicamente de vuestro comportamiento. Cuando no se preocupan de vosotros, es cuando tenéis que tener miedo y averiguar los motivos, para en su caso, tomar las medidas correspondientes. Es cuando os están echando a las patas de los caballos de la sociedad, que os coceará hasta dejaros maltrechos o inútiles.

Hijos, no tengáis miedo en preguntar o cuestionar a vuestros padres, con mucho respeto y positivamente, por la falta de educación que os dan o por el abandono o excesivo consentimiento en que os tienen. No es cuestión de enfrentarse, es cuestión de enterarse de los motivos, para en su caso, intentar poner los remedios correspondientes.

40 Preguntas que como hijo, debo hacerme: 

  • 10 cosas que debo y puedo hacer, para que mis padres se preocupen de educarme y no dejarme estar a la deriva y hacer lo que yo quiera.
  • 10 cosas que no debo hacer, para que mis padres se preocupen de educarme y no dejarme estar a la deriva y hacer lo que yo quiera.
  • 10 cosas que deberían hacer mis padres, para que yo me sintiera bien protegido con la educación, que mis padres tiene la obligación de darme.
  • 10 cosas que podemos hacer juntos, para que yo pierda el miedo a mis padres, porque no quieren, no saben o no pueden educarme. 

31 Situaciones para tener miedo a los padres: 

  1. Si cuando los padres se ponen inmediatamente a vuestro favor, porque alguien os ha llamado la atención, por algún hecho mal realizado, con independencia de saber, cual es la realidad. Incluso cuando se enfrentan al maestro o al que os llamado la atención.
  2. Si en la pubertad, adolescencia o juventud emergente, os facilitan o permiten métodos anticonceptivos como pastillas, anticonceptivas, píldoras del día después, sistemas intrauterinos, preservativos, vacunas contra el HPV (Virus del Papiloma Humano), etc., mandándoos el mensaje de la permisividad de las relaciones sexuales, homosexuales y lesbiánicas, o consienten que mantengáis relaciones sexuales prematrimoniales, sin aconsejaros sobre los peligros, físicos, morales y sociales que conllevan.
  3. Si en vuestra presencia mantienen conversaciones o actos impropios, de que conozcáis a vuestra edad, bien sean familiares o sociales.
  4. Si entendéis que el mayor y más importante argumento de la educación que recibís, de vuestros padres, es que seáis felices, y hagáis las cosas porque ellos no las pudieron hacer, habiéndose olvidado, que la felicidad no se adquiere con concesiones caprichosas, sino enseñando las virtudes y valores humanos, basados en un buen ejemplo, un mayor esfuerzo y una buena educación.
  5. Si es que hay injustificadas preferencias o discriminaciones, a alguien de la familia, que os hace difícil la vida, pues eso puede ser un principio de rechazo o rotura familiar.
  6. Si es que os insultan, agreden o faltan al respeto sistemáticamente, demostrando una prepotencia impropia de la paternidad, eso puede hacer cambiar para siempre vuestros hábitos de conducta, para con vuestros, otros familiares, amigos o con la sociedad.
  7. Si los problemas y actitudes matrimoniales como la violencia, la infidelidad, el despilfarro, la falta de atención a la familia, etc. están sirviendo de mal ejemplo en vuestro educación.
  8. Si no os hablan, ni educan ni dan ejemplo en las virtudes y valores humanos.
  9. Si no se preocupan a donde vais, en horas escolares o en vuestro tiempo libre.
  10. Si no se preocupan de la hora de vuestra llegada a la casa, ni del estado físico, ni olores que traéis.
  11. Si no se preocupan de las personas con las que continuamente habláis, por los medios actuales de comunicación: Chats, Twitter, Facebook, para que os alejéis de los depredadores y corruptores sexuales.
  12. Si no se preocupan de lo que leéis, veis en el Internet, en los videojuegos o en las otras pantallas electrónicas.
  13. Si no se preocupan de revisar periódicamente y a fondo, vuestras habitaciones, mochilas, carteras, etc. en busca de indicios o pruebas de los malos caminos, por los que, quizá, podáis estar circulando.
  14. Si no se preocupan de vuestros resultados escolares, religiosos o sociales.
  15. Si no se preocupan o no quieren darse cuenta, de los pequeños robos que podáis hacer en la propia casa, a vuestros compañeros o en las tiendas.
  16. Si os consienten hacer lo que queréis, cuando queréis, donde queréis y como queréis, máxime si os está perjudicando, sin llamaros la atención y corregiros.
  17. Si os dan, sin ningún control, todo el dinero que queráis para gastar en vuestros caprichos.
  18. Si os facilitan métodos anticonceptivos, para que podáis tener una vida llena de sexo antes del matrimonio, u os están educando con una excesiva permisividad en vuestras relaciones sexuales.
  19. Si os permitan ejercer de personas difíciles, por vuestra propia voluntad, como estilo continuo de comportamiento, haciendo la vida imposible a otras personas, en la familia o en la sociedad.
  20. Si os permiten hacer todo lo que queráis, alegando que es vuestra libertad, la moda de la vida actual y que todos los jóvenes lo hacen.
  21. Si os permiten la práctica excesiva de gimnasia, ejercicios o deportes, inapropiados para vuestra edad y condiciones, alegando que todos lo hacen o que así, os sentís bien.
  22. Si os permiten o facilitan las comidas desbalanceadas saludablemente, que os puedan llegar a producir vigorexia, anorexia, bulimia, ortoexia, diabetes, colesterol, etc., permitiéndoos comer lo que queréis, cuando queréis y donde queréis, como si la comida en la familia fuera un buffet o un restaurante de comida a la carta y si os permiten dejar de sobra lo que queréis, en cantidad y componentes, incluso cuando cada uno se ha servios en el plato lo que quería, sin concienciaros con el hambre de otras personas.
  23. Si os permiten tener las amistades que vosotros queréis, aunque sean tóxicas, pero los padres, sabiéndolo o no, no quieran preocuparse por evitarlo.
  24. Si os permiten vestiros y tener actitudes, sin ningún tipo de decoro o decencia y no impiden, que estéis provocando a vuestros compañeros o incluso otras personas mayores. Vestimentas y conductas que pueden marcar el carácter y la fama para toda la vida.
  25. Si permiten que no vayáis al medico, ante los primeros síntomas de vuestras enfermedades.
  26. Si permiten que os inicies el consume de drogas, blandas o duras, como es el tabaco, el alcohol, la marihuana, los esteroides, etc.
  27. Si permiten que podáis tratar mal o faltar el respeto a los padres, abuelos u otras personas mayores, familiares o no. Cada mala conducta, puede producir un hábito que termine en un vicio o en un estado de agresividad o violencia continua.
  28. Si permiten que tratéis mal o despectivamente, a las personas que por obligación tienen que atenderos: parientes, empleados propios, maestros, camareros, etc.
  29. Si se dejen conquistar con una falsa sonrisa, para daros lo que queráis, aunque no os convenga o incluso, sea un mal ejemplo para el resto de la familia.
  30. Si ven que tratáis mal a otros hermanos, familiares o amigos o dais mal ejemplo, y hacen la vista gorda, no prohibiéndolo inmediatamente.
  31. Si voluntaria o involuntariamente, os dan una sobreprotección que os coarta las alas de vuestra propia y lógica libertad, impidiendo que crezcáis más. 

Padres, examinen las anteriores 31 cuestiones, por si están cometiendo, voluntaria o involuntariamente, alguna omisión en el cumplimiento de sus obligaciones, ineludibles e intransferibles, de educar a sus hijos. Si analizan bien sus puntos débiles, siempre estarán a tiempo de corregir la situación. No tengan miedo, tengan la fortaleza de comentarlo con sus hijos, dependiendo de sus edades físicas y mentales. Que no quede por no haberles preguntado y dialogado, si tienen miedo de sus padres. Es muy posible que puedan llegar a acuerdos, para quitarles o prevenirles de sus posibles miedos.  

Si tiene algún comentario, por favor escriba a francisco@micumbre.com

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Padres, conozcan a qué tener miedo y a qué, no tenerlo.

ESCUELA PARA PADRES 

Padres, conozcan a qué tener miedo y a qué, no tenerlo. 

4,112 Palabras. Tiempo de lectura 15:00 minutos. 

  • Padres, tengan miedo a……..(24 situaciones)
  • Padres, no tengan miedo a……(24 situaciones)
  • 21 Sentencias sobre el miedo

Definición: El miedo es la perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo, daño real o imaginario, que sea contrario a lo que se desea. El gran o excesivo miedo cerval, suele ser insuperable y anula las facultades de decisión y raciocinio, incluso puede impulsar a cometer un hecho delictivo. Esta circunstancia puede ser eximente. Sus sinónimos más usados son: Terror, pavor, pánico, susto, alarma, sobresalto, intimidación, amenaza, sorpresa, cobardía, horror, temor, pesadilla, angustia, agobio, preocupación, etc. 

Tener miedo puede ser bueno, normal y beneficioso para las personas, pues constituye un mecanismo de supervivencia y de defensa, que surge para poder responder con rapidez y eficacia ante situaciones adversas. Pero la ausencia del miedo no es valentía, que es la capacidad de seguir adelante, a pesar del miedo. Al miedo siempre hay que añadirle, un gramo de precaución y prudencia. 

El miedo es una emoción primaria, que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza. Se manifiesta tanto en las personas, como en los animales y se caracteriza por un intenso sentimiento, habitualmente desagradable, provocado por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. 

La máxima expresión del miedo, es el terror y su antítesis, la valentía, la persistencia y la tenacidad, la audacia, el valor, el coraje, el esfuerzo, el heroísmo, la intrepidez, la temeridad, la osadía, el atrevimiento, la entereza, la impavidez, el temple, la determinación, la decisión, la serenidad, etc. 

Tener miedo es una forma negativa, de luchar con las cosas malas que suceden. La forma positiva del miedo, es luchar a favor de las cosas buenas que suceden o puedan suceder. 

Al miedo no siempre hay que hacerle frente, muchas veces es más prudente huirle, sobre todo sabiendo que por ser superior a nuestras fuerzas, el enfrentarlo nos va a costar una derrota. Dicen: “Nunca discutas con un imbécil, pues te terminará llevando a su terreno, y ahí te ganará por su experiencia”. 

El miedo, que puede ser no inminente, aunque no sea real y sea imaginario, suele conllevar ansiedad, huida, enfrentamiento o paralización. Por eso en algunos casos de miedo insuperable, puede ser un eximente de responsabilidad criminal, si se ha actuado impulsado por él. También causa de nulidad matrimonial, según el derecho civil y el canónico católico, al tener el defecto de consentimiento, por miedo.

Padres, enseñen a sus hijos a no tener miedo, a afrontar los desafíos del mundo moderno en el que están viviendo. A que no pierdan la esperanza y la valentía en las dificultades y a que permanezcan, fieles en su Fe. 

Padres, recomienden a sus hijos que tengan mucho miedo, ante el grave problema del consumo de drogas, blandas o duras, de las relaciones sexuales fuera del matrimonio, de las tentaciones de desertar de los estudios y de un largo etcétera. Que no se enfrenten a esos problemas, que es preferible que huyan. Dígales que cuando les lleguen esas tentaciones, se refugien con plena confianza en sus padres, maestros, sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que profesen. Para eso tiene que haber anteriormentemucho dialogo, sincero y abierto. 

Los padres tienen que enseñar a sus hijos, a que tengan miedo: 

  • De las malas actividades que les propongan determinados amigos, por muy buenas e inocuas que aparenten ser.
  • Los malos amigos que quieran manipularles. 

Los padres tienen la obligación de enseñar a sus hijos, a que distingan y practiquen, lo que es tener miedo y lo que es tener precaución, desconfianza, recelo, aprensión, cuidado, duda, etc. Es muy sabio y necesario, tener estas propiedades o cualidades y saberlas practicar. Dicen que: Hombre precavido, vale por dos, y que el miedo guarda la viña. No se puede ir por la vida de ingenuo o de ignorante, sobre todo con la cantidad de peligros morales y físicos que acechan, en cualquier esquina, en cualquier momento y de cualquier persona. Por eso los padres tienen que inculcar en los hijos, que tengan una gran confianza en si mismos y en sus padres. No se puede escalar una montaña con miedo, pero si se puede y debe hacer con preocupación. 

PADRES, TENGAN MIEDO…….: 

  1. A acostumbrarse, a intencionadamente, hacer mal las acciones u omisiones, tanto en la vida familiar, social, como religiosa, sin aceptar la satisfacción del trabajo bien hecho y su responsabilidad. El “yavalismo”, palabra que proviene del “ya vale”, es la ruina de las personas, sus estudios, trabajos y relaciones.
  2. A cómo se desarrollarán los problemas, a sus consecuencias, a no tener los medios para solucionarlo, etc. Pero si tiene entereza para sobrellevarlos, inteligencia para discernirlos, fuerza de voluntad para enfrentarlos, precaución para manejarlos y fe en si mismos, entonces no tienen que tener miedo a nada.
  3. A cruzar el puente que hay, entre la verdad y la mentira. Tienen que estar muy bien preparados y con las ideas muy claras, sobre el aborto, la clonación, las células madres, la pena de muerte, el suicidio, la eutanasia, los trasplantes de órganos, las drogas, la sexualidad fuera del matrimonio, los matrimonios entre homosexuales, etc. Los padres tienen que prepararse muy bien, para poder contestar a sus hijos sobre estos principales problemas éticos, relacionados con la vida. Si los padres no lo hacen, otros lo harán, y seguramente de mala manera.
  4. A deliberadamente no hacer feliz a su cónyuge, al prescindir del amor, la comprensión, la ayuda, la compenetración y tantas otras cuestiones, que el matrimonio supone. La ausencia de estas actitudes, siempre terminan pasando factura en la vida.
  5. A engañarse a si mismo, al terminarse de creer las propias mentiras, que una vez tras otra, se cuentan a terceros, para justificar determinadas acciones.
  6. A escandalizar a sus hijos, al decirles que hagan o no hagan una cosa y Vds. hagan o no hagan lo contrario. Cómo pueden explicar algunos padres a sus hijos, las obligaciones religiosas, conyugales, familiares, económicas o civiles, si ellos no las cumplen. En vez de darles un buen ejemplo, lo que hacen es escandalizarles. Tengan miedo a que los hijos les quiten el disfraz, si es que lo tienen y descubran una doble vida. ¡Ay de aquel que escandalice a los hijos!
  7. A hacer una montaña de un pequeño problema. Magnificarlo puede llegar a convertirlo, sin querer, en un gran problema irresoluble, aunque no lo sea.
  8. A inculcar en sus hijos, el círculo vicioso de la pobreza hereditaria. Nunca les diga que somos pobres, porque nacimos pobres y nuestros ancestros también fueron pobres. No tengan miedo a decirles, que de la pobreza se puede salir, si se esfuerzan en tener una buena educación y persisten, sin desertar, de sus obligaciones escolares, manteniendo y fomentando la práctica de las virtudes y valores humanos.
  9. A ir sumando hiel a la familia y a la sociedad, pero no lo tengan si le suman miel. La violencia familiar, las infidelidades y la despreocupación de las obligaciones, son el fermento del veneno, la tristeza y el amargor familiar.
  10. A las enfermedades y a la falta de prevención. Si tienen algún síntoma preocupante, no se hagan los valientes, es de los pocos momentos que las personas tienen que ser cobardes. Pongan lo mas bajo posible su listón de aguante y aceptación, a los malestares o enfermedades, pero sin caer en ser hipocondríacos. Los cementerios están llenos de valientes, que no quisieron poner los medios para cuararse a tiempo, porque se consideraban muy fuertes y muy machos, como para consultarlo al médico.
  11. A los amigos que estén equivocados, desorientados o mal informados, aunque tengan las mejores intenciones, pues de buenas intenciones está construido el camino al infierno. Por muy buenos amigos que sean y mucha labia que tengan, la verdad es única y no tiene variantes. El hecho de escucharles, puede servir para tratar de convencerles en privado de sus errores, siempre que uno se haya formado bien.
  12. A los coqueteos, insinuaciones o relaciones extrañas, con personas del otro sexo, sean amigos, compañeros de trabajo o parientes. Si no respetan el estado social y familiar de la otra persona, empiecen a tener  miedo a esas situaciones y corte por lo sano. Si persisten, huya. Es preferible que le digan que es un cobarde, por no querer seguirles el juego de ellos, a que se vaya metiendo poco a poco y llegue un momento, en que ya no pueda salir del juego. En este caso, tener miedo y huir, es muy bueno.
  13. A no enseñar bien a sus hijos, para que sepan salir de esas crisis profundas, llenas de indignación, frustración y violencia, contra el sistema de la sociedad, que casi siempre esconde una profunda desorientación personal, que se traduce en su propia indignación.
  14. A no escuchar a sus hijos, sin prisa y con los cinco sentidos, atentos para investigar, objetivamente y sin prejuicios, qué es lo que quieren y lo que no quieren. Sólo allí podrán determinar, si las decisiones tomadas son positivas o negativas.
  15. A no tener capacidad de admitir el bien, la rectitud de intención y los principios morales, para transmitirlos a la familia y a la sociedad. No crean que todo el mundo es malo. Son muy pocos los que ladran sus maldades, aunque metan mucho ruido. Hay muchísimas personas y muy buenas, que todo lo bueno que hacen, lo llevan en profundo silencio, sin alardear.
  16. A no tener el coraje para combatir, lo que les debilite y les enmascare la facultad de ver la oportunidad, donde haya un obstáculo. El mundo está lleno de limitaciones, para los que no tienen las capacidades adquiridas para solucionarlas, aunque tengan que intentarlo setenta veces siete.
  17. A perder el trabajo o al subempleo, sobre todo cuando existe la responsabilidad de una familia. Este miedo produce una gran angustia, que incluso hace cometer errores, para poder encontrar otro trabajo inmediatamente. La formación profesional y personal continua, es muy importante, pues hoy en día hay demasiado riesgo, si no se está bien preparado.
  18. A prescindir de criterios morales claros y de claridad, en los criterios que utilicen para sus actuaciones, pues eso producirá desorientación en las decisiones fundamentales para su vida, la de sus hijos y la de su familia.
  19. A que la sociedad les arranque a los hijos,  arrastrándolos con las pandillas y las adicciones en ese viaje de “irás y no volverás”. Para quitar ese miedo, déles buen ejemplo y fórmeles en la práctica de las virtudes y valores humanos.
  20. A que le estén impregnando de miedo, como un arma de dominación política y de control social, utilizada por los provocadores profesionales, para tener bajo control a los ciudadanos. En este caso reaccione y busque buenos consejeros, que le ayuden a desenmascarar los objetivos de ese miedo, que le quieren inculcar. Es muy usual introducir miedos colectivos, contra una nación, pueblo o grupo social determinado.
  21. A que les practiquen a Vds. o a sus seres queridos la eutanasia o a la muerte asistida, realizadas en contra de la voluntad de los enfermos y de sus familiares. Para evitarlo, está el otorgar un testamento de vida, estando en plenas facultades físicas y mentales, no cuando se está mitad dentro y mitad fuera de la vida.
  22. A sufrir las enfermedades incurables o insostenibles económica o físicamente, que aunque sean imprevisibles, se podrán llevar mejor, si previamente se han hechos seguros de salud o previsiones de otro tipo.
  23. Al divorcio, cuando no se esta bien preparado, para poder asumir esa situación religiosa, familiar, económica, sentimental, emocional, etc.
  24. Al futuro profesional de los hijos. La búsqueda de trabajo de los hijos, comienza el mismo día que nacen y está relacionada con la educación familiar, humana y académica que los padres les dan. Su futuro se definirá, entre otras cosas, con las actuaciones presentes de los padres. 

No estén pendientes de los miedos, aunque los motivos sean conocidos, desconocidos, ficticios o hipotéticos. Para conocer, analizar y eliminarlos, tienen que estar muy enfocados en el problema que ha producido el miedo. Intenten disponer de la mayor tranquilidad y control mental posible, para poder poner todas las energías disponibles en solucionar el problema presentado, no en el miedo que puedan sentir. Así podrá dedicar todas las energías en lidiar con el problema, entonces tendrá muchas mas probabilidades de éxito. Esa tranquilidad la puede dar, el saber que se está arropado con buenos familiares, amigos o consejeros, a los que deberán solicitar ayuda cuanto antes, para poder estar tranquilos, mientras se buscan y encuentran las soluciones. La falta de tranquilidad o ausencia de apoyo, multiplica por cien el peso del problema. Piensen que nunca están solos. 

No hay que tener miedo a fracasar, hay que aceptar que cada fracaso puede ser un sabio y fructífero aprendizaje. Hay que tener miedo, a no querer iniciar las cosas o a no volverse a levantar, tantas veces como sea necesario. Acertadamente, algunos creen que el fracaso no es algo malo, más bien piensan, que si no sale bien una cosa, haciendo los intentos convenientes, es que habrá que empezar de nuevo. 

El miedo, el error, la soberbia, la rabia, la venganza, etc. pueden destruir a las personas que tienen mando y obligaciones sobre los demás, debido a que se emborrachan de poder o no saben digerir, los compromisos aceptados. El miedo cuando se traduce en enfermedad persistente, en algunos dirigentes familiares, sociales, empresariales o políticos, produce su actual ruina y su profunda decadencia, que normalmente arrastra a los que están a su alrededor. Las contradicciones, los cambios de rumbo, las mentiras, la obsesión por las reformas, el odio al adversario, el autoritarismo disfrazado de sonrisa, la arbitrariedad, el desorden, y la inmensa torpeza que demuestra en los asuntos diarios, son las graves consecuencias de dejarse llevar por el miedo. 

PADRES, NO TENGAN MIEDO……..:

  1.  A amar a su cónyuge, hijos, familiares y amigos. El amor y los recuerdos crecen y se multiplican, además de que son para siempre.
  2. A amar lo bueno que están haciendo, pues aunque sea fuertemente criticado, al final tendrá la recompensa. Los líderes no tiene miedo, tiene inteligencia, horas de estudio, buenos asesores y mucha práctica.
  3. A conocer un problema. Tengan miedo de no querer, saber o poder buscar la solución. Si se es consciente de que existe un problema, se es responsable de encontrar su solución.
  4. A construir la familia, soportada por las virtudes y valores humanos. Conseguir una familia única, fiel e indisoluble, llena de intensidad, gradualidad y verdad. Viviendo todos para uno y uno para todos, en un camino de conocimiento, respeto y atenciones para siempre, procurando ser presencia activa y responsable en la comunidad.
  5. A decir la verdad, pues la verdad les hará libres. Siempre sale a flote como la gota de aceite en el agua. Tengan miedo a no poder convencer de la verdad, a los que no la quieren entender. Peor será para ellos, pues se quedarán en la ignorancia.
  6. A defender a capa y espada ante sus hijos, los principios no negociables, para un católico: La vida desde el momento de la concepción, hasta la muerte natural, la familia compuesta de un hombre y una mujer abiertos a la vida, la libertad de enseñanza, el bien común, la libertad de culto, etc.
  7. A demostrar su autoridad moral, cuando de opiniones, pedidas o no,  si están soportadas con sus conocimientos, comportamiento y ejemplo personal.
  8. A hacer las acciones correctas y el trabajo bien hecho. Aunque crean que nadie lo ve, puede estar afectándole a Vd. y al bien común.
  9. A hacer mimos a sus hijos pequeños, a contarles cuentos, a leerles libros, a dedicarles mucho tiempo. No por eso van a salir niños mimados, aunque se lo hagan muchas veces. Los hijos necesitan que los padres les den, muchas muestras de cariño corporal y emocional.
  10. A la soledad, busquen y acojan la compañía de la familia, de la religión y de la sociedad. Estos son los tres pilares llenos de compromiso, competencia y disponibilidad para evitar la soledad, donde se puede edificar la calidad de vida personal y familiar. Si buscan bien, nunca estarán solos del todo. Siempre habrá personas con los que puedan hablar, conectarse, intercambiar opiniones, compartir momentos, desahogarse, apoyarse, etc., máxime con los actuales medios de comunicación. Lo importante es hacer el esfuerzo para intentar localizarlos, aunque no aparezcan a simple vista.
  11. A los avances técnicos de uso diario que no dominen, como son algunos aparatos electrónicos, teléfonos, programas de las redes sociales, computadoras, etc. Tengan miedo al manejo de las nuevas tecnologías, si conllevan una carencia de límites y normas para su uso, evitando que puedan abrirse las puertas a sus hijos en formación, hacia mundos oscuros y peligrosos. Eviten que sus hijos llenen sus vidas de contactos con personas posiblemente depredadoras, pornografía, adicción al juego, aislamiento, etc. ¡Me da miedo donde iremos a parar con esto!
  12. A los que puedan matar su cuerpo, pues el alma no pueden matarla. Teman a aquel que pueda hacerles perder el alma para la Vida Eterna.
  13. A obrar bien, pues no necesitan un derroche de imaginación, para poder distinguir inmediatamente lo que está bien y lo que está mal.
  14. A pedir cuando lo necesiten, pero siempre háganlo con humildad, discreción y solamente en última instancia, pensando en devolverlo, ciento por uno. Tengan miedo al egoísmo y la avaricia de no dar, de lo que tienen o de lo que les sobra. La vida les juzgará por lo que hicieron y por lo que no hicieron, pudiendo haberlo hecho.
  15. A pedir favores a los hijos, pues aunque los padres siempre están predispuestos a concederlos, no es así en algunos hijos, que ponen muchas pegas, para demostrar como ejercen su independencia y sus superiores capacidades. Algunas veces solamente lo hacen para hacerse de rogar. Que diferentes es para los padres oír: Voy a intentar hacer todo lo posible para ayudaros, lo más rápidamente posible.
  16. A pedir favores cuando verdaderamente lo necesiten, para Vd. o para su familia. Algunas veces da vergüenza pedirlos, porque hay que humillarse y la otra persona puede abusar de esa humillación. Otras veces no se piden, para demostrar un orgullo mal entendido. Hay que aprender a cómo pedir los favores. El no, ya lo tienen siempre antes de empezar. Pedid y se os dará. Al que no habla, nadie le oye.
  17. A que cuando surja un problema, aparezca el miedo pegado a él, pues ocurre muchas veces. Ese miedo consume todas las energías disponibles, que deberían utilizarse para buscar las soluciones a ese problema. Si no tiene miedo y decide enfrentar el problema, tiene que procurar para solucionarlo, no tomar decisiones alocadas carentes de lógica, que posteriormente pudieran ser contraproducentes, porque no se han tomado las decisiones adecuadas, por falta de medios o por estar enfocados o distraídos en la vida del día a día.
  18. A que sus hijos no quieran seguir el mismo camino de sus padres.  Todos los padres quieren que sus hijos sea buenos alumnos, que terminen sus estudios universitarios, que se gradúen, que sea buenos profesional, que se compren una gran casa, que les den nietos y que tengan éxito. No pueden organizar y obligar la vida del pequeño, incluso cuando todavía no ha nacido.
  19. A ser una minoría en cuanto a las ideas, de cómo comportarse y educar a los hijos en las virtudes y valores humanos. Tengan miedo a no ser una minoría creativa, que sepa luchar contra la corriente, permitiendo lo que algunas sociedades les proponen, sobre dejar hacer a sus hijos lo que quieran y lanzarlos al mundo, sin una buena formación. Aunque deben tener miedo a no defender de la actual dictadura de las minorías.
  20. Al cambio, aunque haya cosas que nunca deberían cambiar, como son los conceptos de la ley natural. Estudien y analicen bien el cambio, para sacar lo mejor de él y luego actuar.
  21. Al conocimiento, que los hijos sepan más que los padres, pues es ley de vida. Pobres generaciones en las que los hijos, no saben más que los padres, Eso es hundimiento de la sociedad. El conocimiento os hará libres, y más libres, cuanto más conocimiento tengan.
  22. Al futuro de sus hijos, si lo construyen día a día, empezando desde que nacen, con la educación y el ejemplo que les den. Tengan miedo a su futuro si no se están preocupando por su integral formación personal, familiar, académica, religiosa y social.
  23. Al matrimonio fiel, indisoluble y dador de vida. Los momentos actuales son difíciles familiar, social y religiosamente, pero no imposibles de llevar, asumiendo los compromisos de responsabilidad matrimonial. Que prevalezca el tu, y no el yo.
  24. Al ridículo o el miedo escénico. Si tienen que defender a su familia o las virtudes y valores humanos, que les ha enseñado, esté seguro que deben hablar con valentía. Nunca deben importarle los comentarios ajenos, que intenten ir contra la educación de su familia. 

Esta generación es la única en la historia del hombre, que temió a sus padres, ahora teme a sus hijos y tiene miedo de lo que va a ocurrir a todos. A los hijos ya no les da miedo el fracaso, pero a sus padres sí, sobre todo cuando se dan cuenta los padres, de lo mal que han educado a sus hijos, si lo han hecho en la permisividad negligente, donde los hijos son los que mandan en la casa, debido a que han aplicado el equivocado método de la crianza democrática. Los padres no tienen que tener miedo a escuchar, dar opciones, dejar elegir y explicar las razones de por qué sí o por qué no. 

21 Sentencias sobre el miedo    

  1. A lo único que tenemos que temer, es al miedo por sí mismo.
  2. El hombre que tiene miedo, sin que haya peligro, después inventará el peligro, para justificar su miedo.
  3. El miedo al cambio, paraliza las decisiones.
  4. El miedo casi siempre proviene de la ignorancia.
  5. El miedo es el más ignorante, el más injurioso y el más cruel de los consejeros.
  6. El miedo es un sufrimiento que produce la espera de un mal, que normalmente, ni llega.
  7. El miedo hace ver las cosas peor de lo que son, por lo que suele llevar a tomar malas decisiones.
  8. El sabio tiene miedo, el ignorante valor.
  9. El valiente tiene miedo del contrario; el cobarde, de su propio temor.
  10. La seguridad es la madre de la precaución y del miedo atento y previsor.
  11. La violencia es el miedo a los demás.
  12. Los enemigos son grandes, según el miedo que nos producen.
  13. Los tímidos tienen miedo antes del peligro; los cobardes, durante el mismo; los valientes, después.
  14. Nadie llegó a la cumbre, acompañado por el miedo.
  15. No es valiente el que no tiene miedo, sino el que sabe controlarlo.
  16. Para quien tiene miedo, todo son motivos.
  17. Producir miedo hasta de tener miedo, son los objetivos de las dictaduras.
  18. Se puede temer a la vida mal llevada, no a la muerte, que es cierta e impredecible.
  19. Todo aquel que emprende algo nuevo en la vida, siente el miedo a lo desconocido.
  20. No tengan miedo a elogiar a sus hijos por su esfuerzo, no por su inteligencia.
  21. Más pinchazos físicos da el miedo, que todos los alfileres de la precaución. 

Padres, tengan miedo a perder el concepto de su legitima autoridad. La autoridad no se exige, se consigue, como el respeto. Autoridad tiene aquel padre que es escuchado, aquel cuyos hijos le respetan, porque saben que casi siempre, suele tener razón, porque dialoga, porque explica las cosas y porque saben que él les respeta y nunca les haría daño físico, ni moral. El padre que tiene a sus hijos atemorizados o que los tiene en contra, porque no les escucha, no tiene autoridad, ni respecto, es simplemente un padre temido, y como todo el mundo sabe, con miedo no suele haber relaciones sanas.

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El síndrome del nido vacío y la responsabilidad de los padres

ESCUELA PARA PADRES  

El síndrome del nido vacío y la responsabilidad de los padres. 

  • 11 Características que producen el síndrome del nido vacío
  • 18 Motivos frecuentes por los que se produce el nido vacío 

3, 450 Palabras. Tiempo de lectura 12:00 minutos 

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Hay padres que se sienten ofendidos cuando leen algunos artículos de este Blog. Creen que los he escrito especialmente para ellos, y no se dan cuenta que no les conozco. Me escriben enfadados por mi osadía, pero no quieren reconocer que ese enfado es debido a que se sienten heridos por un desconocido que les pone el dedo en su llaga, y que ellos no se la han querido ver, aunque sepan que la llevan encima y sin cicatrizar. Otros me dicen que los artículos están llenos de ira contenida, hacia la sociedad y especialmente contra los padres que no educan bien a sus hijos. Nada más lejos de mi intención, ser iracundo. Gracias a Dios hay muchos más lectores, que le sacan buen provecho a lo que leen y se toman el tiempo de decírmelo. Al escribir, Intento meterme en la piel de los padres, aunque sean virtuales, sentándolos enfrente para dialogar con ellos, descubriendo nuestros sentimientos con preguntas y respuestas. 

Para los padres debería ser un motivo de orgullo y alegría y no de síndrome, el poder decir “misión cumplida” cuando los hijos abandonan el hogar, si es que están bien educados y formados para seguir el ciclo normal de la vida, siempre que no sea por causa de malas decisiones, manipuleos, violencia, orgullos paternos, mala educación recibida, etc. Que los hijos abandonen el hogar paterno, no tiene que producir los síntomas característicos de una enfermedad, puesto que no se ha producido la suspensión brusca de  la presencia de los hijos, pues ha tenido que haber muchos años, para preparar ordenadamente su salida del nido, animándoles y enseñándoles a que sean autónomos, en su estilo de vida y decisiones. Es muy distinto el comportamiento de los padres, cuando en circunstancias normales, los hijos salen de la casa para formar su propia familia, se ponen a trabajar o a vivir por su cuenta. 

Es una falta de madurez y una gran contradicción por parte de algunos padres, quererse olvidar que su misión obligatoria en esta vida, es educar bien a los hijos, con el ejemplo y con la práctica en las virtudes y valores humanos, para que cuando tengan que hacer su vida propia, estén perfectamente preparados y puedan abandonar el hogar familiar. 

Los padres no deben tener el egoísmo, si han preparado bien a los hijos, de querer que se queden en el hogar, cuando por ley de vida, tienen que abandonarlo. Si además se les ha estado insistiendo en su preparación, para cuando les llegue la hora. Es un contrasentido dejarse llevar por el egocentrismo que supone, el perder su control. 

Los padres no deben dejarse manipular por los hijos, que han dejado el hogar voluntaria o involuntariamente. Deben tener mucho cuidado, en no hipotecar su futuro, subvencionando las peticiones infundadas de dinero y atenciones de los hijos. No se olviden que, a los cónyuges les queda muchos años de vida y el ritmo de vida de los que han abandonado el nido, es muy difícil conocer o controlar. 

Es muy normal que empiece la lloradera, para conseguir mas dinero que el acordado, con inventos justificados o no, incluso ascendiendo a límites que los padres no pueden soportar. Si la petición va acompañada de lágrimas y manipulaciones, estas suelen trascender del cónyuge más débil, la madre, al cónyuge que se creía el más fuerte. Mientras los hijos se dan la gran vida, en su escogida nueva libertad, los cónyuges pueden ser victimas de un gran chantaje emocional, ante el que deben tomar muchas precauciones. 

11 Características que producen el síndrome del nido vacío.            

            La mayoría de las veces, los motivos que se pregonan para justificar este síndrome, no resisten el análisis profundo de una tercera persona, pues enseguida salen a relucir los motivos verdaderos, cuyos principales son: 

  1. El aburrimiento al perder el motivo de ocupación diaria, que suponía la permanencia de los hijos en la casa, y ahora no saber a que dedicarse, al carecer de aficiones, entusiasmo y costumbre, para hacer otras cosas.
  2. El aburrimiento con el cónyuge, que suele coincidir con la mal llamada crisis matrimonial de los 40 años.
  3. El egoísmo personal que no permiten ver, que los hijos tienen que salir del nido para aprender a volar y que es ley de vida.
  4. El enfrentarse a tener que compartir con su cónyuge, todos los momentos libres del día, como cuando iniciaron su matrimonio, pero sin aquella pasión y sin las interrupciones o exigencia de atenciones, que producen los hijos.
  5. El miedo a lo que harán los hijos, si utilizan mal su total libertad, si de antemano no han sido bien preparados para ello.
  6. El no poder disponer del manejo de los hijos, por haber perdido parte del control, fuerza, autoridad e importancia que se tenía sobre ellos.
  7. El querer dar la imagen de víctima, sufrimiento y preocupación ante su cónyuge, familiares o amigos por la separación de los hijos y que vean, todo lo que se preocupan de sus hijos y que no pueden vivir sin ellos.
  8. El querer demostrar ante terceros, su capacidad económica y de sacrificio, ostentando que pueden pagar los estudios externos de los hijos, aunque por ello vayan a tener que hacer enormes sacrificios.
  9. La mala convivencia con o entre los padres, hermanos y familiares que ahoga tanto a los hijos en el hogar familiar, que les obliga a intentar salir de la casa, pues es imposible su continuidad, aunque los padres no se den cuenta, o no lo quieran entender.
  10. La soledad incomprendida del padre o de la madre, al ausentarse la única persona con la que solía y podía comunicarse, ya que estaba ninguneada por el otro cónyuge, que hacia su vida matrimonial, con total independencia.
  11. Tener que aceptar que los hijos se han marchado de casa, porque ya no aguantaban más la desagradable situación familiar o porque tenían la capacidad de manipular a los padres, para hacer lo que ellos querían, aunque los padres no pudieran o les supusiera un grave sacrificio. 

Cómo van a presentarse unos padres, delante de sus familiares y amigos, algunas veces como auténticos plañideros, si no demuestran que están muy compungidos, por tener el nido vacío, debido a que los hijos se han ido a estudiar lejos. Creen que les tacharían de insensibles y duros de corazón. Pero ocultando cuales son las verdaderas razones, del por qué los hijos han dejado el nido vacío. 

El síndrome del nido vacío suele ser un motivo, en algunos padres,  para presumir de un signo externo de riqueza, relacionado con el lugar y universidad a dónde se ha marchado a estudiar y lo cara que es, más los enormes gastos que conlleva, por el número de viajes necesarios para a visitar a los hijos en su nuevo destino, más los que hagan los hijos al hogar familiar, etc. Si les dan la oportunidad, también comentan los enormes sacrificios personales, que la familia tiene que hacer, para que a los hijos no les falte nada, en sus nuevos destinos. ¡Cuanta bondad quieren aparentar algunos padres, en determinadas ocasiones! 

La verdadera angustia del síndrome del nido vacío, empieza cuando internamente se dan cuenta, que han educado mal a sus hijos y saben, que abandonar el hogar paterno, es echarles a las patas de los caballos, cuando se tengan que enfrentar a la dura realidad de vivir solos, sin unos padres que les aconsejen y les ayuden a solucionar las cosas, que no habían enseñado a solucionárselas. Conocen el carácter de sus hijos y la mala o poca educación que les han dado, por lo que suponen que cuando se enfrenten en solitario a la sociedad, no van a tener muchas probabilidades de salir bien, porque han sido educados con sobreprotección, o porque los hijos, han hecho lo que han querido, como han querido y cuando lo han querido. 

No es una opción, es una obligación y una responsabilidad, que no admite excusas ni componentes, educar y entrenar a los hijos, para que a su debido tiempo, puedan abandonar el nido familiar, pues más tarde o más temprano llegará, a no ser que los padres consientan en mantener hijos NiNi. Esa parte de la educación, también tienen que ser total e integrada en la vida diaria, no una educación a medias tintas, quedándose con lo fácil y huyendo de lo más escabroso o difícil. Educar no consiste sólo en transmitir conocimientos, sino en enseñar a vivir, creando un clima de trabajo, respeto y formación familiar, religiosa y social. 

Los padres no pueden ser, ni deben ser amigos de los hijos, tienen que ser sus padres, como siempre he sostenido. Los amigos se eligen y se fomentan y conservan, si es que se quiere. Los padres Dios los da. Amigos de los hijos pueden ser, los compañeros de escuela, de deportes, etc. Algunos padres dicen que conocen y comprenden bien a sus hijos. También suele ser una falacia, pues los padres se suelen conformar con decir que conocen bien a sus hijos, cuando la mayoría de las veces, según la educación que les hayan dado, solamente les conocen en unas cuantas actitudes, que los hijos quieren contárselas a los padres. Pero la mayoría de las veces, los padres no se atreven a ahondar en las interioridades de los hijos, para no llevarse sorpresas, de las cosas que los hijos hacen o piensan. Conocen lo superficial y con eso, creen que ya presumen que conocen a los hijos. Pocas veces conocen sus manipulaciones, egoísmos y trampas con los padres, hermanos y familiares, si es que las tienen. 

La gran pregunta que se tienen que hacer los padres, es sobre cuáles son las virtudes y valores humanos que han inculcado, de palabra y con el ejemplo a sus hijos, como para que estén preparados, para enfrentarse al mundo que se les echa encima. Todo dependerá de cómo les hayan formado en las virtudes y valores humanos. 

Es muy digno y loable sentir curiosidad o preocupación, sobre cómo se estarán desarrollando los hijos que han abandonado el nido familiar, de forma voluntaria o involuntaria para cumplir su ciclo vital. Pero de ahí a hacer un circo sobre el síndrome del nido vacío, hay un abismo. La salida del nido es una etapa natural, que tarde o temprano se va a cumplir. Lo mejor es que se cumpla con la mejor preparación posible y a su debido tiempo. 

El nido es el máximo ejemplo de la perfección, de la arquitectura de la naturaleza, construido con mucha inteligencia y técnicas heredades genéticamente. Ojala pudiéramos decir eso mismo de lo que es un hogar, no en su parte material, sino en la parte moral. Si los padres no han construido bien el nido, es una hipocresía lloran, cuando los hijos lo abandonan prematuramente o no están bien educados. Igual es que no estaba bien hecho y no servia, para lo que tenía que servir. Es una gran alegría cuando el hogar ha servido, para que los hijos crezcan y se desarrollen con todas sus destrezas y que cuando sea su hora, salgan libres de ataduras a ese nido, al que nunca volverán, nada más que de visita. 

La antitesis del síndrome del nido vacío, es la situación de los hijos NiNi, que ni estudian, ni trabajan, quedándose en la casa de los padres, para que estos les mantengan, a pesar de que tengan edad de trabajar o estudiar por su cuenta. Si todo lo que necesitan para vivir, lo encuentran gratuitamente, suministrado en el nido familiar, será muy difícil encontrar trabajo o estudiar Cuanto más, cuando, algunas veces llevan a casa de sus padres, a sus compañeros sentimentales, para que los padres les mantengan a ambos. Eso si que es un nido demasiado lleno de personas, a la vez que muy vacío de autoridad y de sentido de la responsabilidad, para con los hijos y los propios padres. Suele pasar que algunos padres, se sientan indispensables y quieren amamantar a sus hijos, durante toda su vida de adultos. También suelen ser perfectamente manipulados, para que lo hagan. 

El síndrome del nido vacío, suele ser un detonante de sentimientos, que han estado ocultos o frustrados durante el matrimonio, ya que la razón de ser de los cónyuges, puesta en sus cinco sentidos, han estado puestos, en la educación de los hijos. 

Cuando el hijo abandona el nido, habiendo sido el eje, por el que todo circulaba en la familia, máxime si el hijo había formado un equipo cerrado, con uno de los cónyuges, ignorando la existencia del otro, es cuando se cae al suelo, el motivo de ser de aquel cónyuge, puesto que se tiene que enfrentar a retomar al otro cónyuge, al que durante tantos años había ignorado su presencia o simplemente, lo soportaba como proveedor matrimonial. En estos casos es, cuando el cónyuge hace más aspavientos, sobre el síndrome del nido vacío, cuando lo que verdaderamente sucede es, que se le han terminado un sinnúmero de excusas, para seguir haciendo lo que quería y cuando quería. 

Cuando llega el momento del nido vacío, muchos matrimonios se tienen que enfrentar a una de las muchas realidades de su matrimonio, analizar si ya han cumplido los objetivos y metas que tenían al casarse. Dónde están ahora y dónde pensaban que iban a estar. Qué les queda por delante, tanto en el terreno afectivo, como en el económico, el social, el profesional, etc.

La convivencia diaria no se interrumpe, pero ya no se retroalimenta con los temas de los hijos. Ahora tienen que enfrentarse a otra realidad, volver a empezar a convivir, con el cónyuge, pero de una forma muy diferente a cuando se casaron. Ahora tendrán otro tipo diferente de pasión, más madura, equilibrada, estabilizada, armonizada o serena. Ya no habrá la pasión de los primeros tiempos, aunque haya otro tipo de pasión. 

Ahora todos los días es tú y yo, frente a frente. Muchos tienen que volver a empezar su vida matrimonial, con objetivos y proyectos nuevos. Volver a enamorarse, empezar un nuevo estilo de vida, donde solamente estarán los cónyuges con sus alegrías y tristezas, pero sin la interrupción de los hijos. 

Algunas veces los cónyuges se dan cuenta que no se conocen, pues durante esos 20 años aproximadamente, cada uno ha vivido a espaldas del otro, o ambos han estado absorbidos por la crianza y educación de los hijos, despreocupándose de conocerse y adaptarse el uno al otro. Es cuando los cónyuges se han tratado, en muchas de las cosas que deberían tener en común, como si fueran desconocidos. 

18 Motivos frecuentes por los que se produce el nido vacío: 

  1. Cuando a las personas mayores les llevan a un asilo. Les han cambiado el nido y les pasa, como a los árboles viejos, que ya no se pueden trasplantar. En el asilo, sea bueno o malo, se encuentran con un vacío enorme. Ese no es su nido.
  2. Cuando en su ciudad no hay centros universitarios o similares y tienen que salir a estudiar fuera, para poder cumplir con sus deseos y derechos de formación.
  3. Cuando habiendo centros universitarios en la ciudad, abandonan voluntariamente la casa, para ir a estudiar fuera de la ciudad, aunque sean muchísimo más costosos.
  4. Cuando los hijos forzosamente, abandonan el nido por cuestiones ajenas a su voluntad: Emigración económica o política, servicio militar obligatorio, enfermedad de larga duración, encarcelamiento, etc.
  5. Cuando los hijos quieren aprovechar la oportunidad de unas becas, para estudiar fuera de la casa.
  6. Cuando los hijos se marchan de la casa, porque no aguantan a los padres, por la violencia existente, las infidelidades, las adicciones, etc.
  7. Cuando los padres envían a estudiar o a trabajar fuera de la casa y así realicen lo que ellos nunca pudieron hacer. Habiéndolo tenido como asignatura pendiente, incluso sabiendo a ciencia cierta que los hijos, no están preparados todavía para vivir por su cuenta, pero no les importa a los padres, echarles a las patas de los caballos de la dura sociedad, a pesar de que tengan muchas probabilidades de estrellarse.
  8. Cuando los padres quieren deshacerse de la obligación de seguir educando a sus hijos para que les dejen vivir en paz, echándoles de la casa o forzándoles a que vayan a estudiar o a trabajar fuera de casa y se vayan acostumbrando a vivir por su cuenta.  
  9. Cuando los padres quieren que los hijos desaparezcan del hogar, para que no sigan llevando problemas que involucren, responsabilicen, den mal ejemplo o contagien a la familia, aunque tengan que ayudarles o no en su mantenimiento.
  10. Cuando los padres se sienten culpables, de que los hijos a los 18 años vayan a la universidad, cuando todavía tienen sin resolver sus  dudas y no saben con seguridad, lo que quieren estudiar, ni hacer con su vida. Solamente quieren salir de la casa, aunque no hayan  recibido una buena educación integral que les permita apreciar el sacrificio de los padres y el valor de lo gastado. Desgraciadamente más de la mitad de los que ingresan a la universidad, no terminan los estudios y vuelven a la casa, habiendo gastado incluso todos los ahorros guardados, para la vejez de los padres.
  11. Cuando ocurre un divorcio o fallecimiento, suele producirse un sentimiento de derrota, de todas las ilusiones y de soledad. Entonces si se queda el nido vacío y para siempre. Pero es una sensación de vacío interno y mental, al ya no tener que volver a moverse con la única razón de ser, que durante tantos años, ha llenado la vida del matrimonio. Ese vacío asistencial, puede hacer que el cónyuge se derrumbe, si no saca fuerza de flaqueza, para superarlo.
  12. Cuando por cuestiones de mala economía, los padres no pueden mantener a los hijos y les obligan a abandonar el hogar, para que se ganen la vida como puedan, estén o no preparados para ello. Dándolos en adopción, forzándolos a emigrar, o simplemente abandonándolos a su suerte.
  13. Cuando por el mal comportamiento de los hijos, los padres les echan de la casa, perdiendo o disminuyendo ostensiblemente su conexión.
  14. Cuando por ley natural, los hijos quieren independizarse, para ir a trabajar o formar una familia.
  15. Cuando quieren demostrar poder ante el otro cónyuge y obligarle, a que tenga que asumir lo que él quiere, incluso cuando los hijos todavía no quieren salir del hogar o no están preparados para hacerlo.
  16. Cuando se aparenta ante los familiares y amigos, que los cónyuges o uno de ellos, sufre mucho por la separación de los hijos, aunque anteriormente, no hayan tenido tiempo para dedicárselo y educarles.
  17. Cuando tienen que seguir una tradición familiar, o de un segmento de su sociedad, de que a determinada edad, tengan que salir de casa a estudiar o a trabajar, sin tener en cuenta su buena o mala preparación.
  18. Cuando uno de los cónyuges abandona el hogar definitivamente y se lleva “la llave de la despensa”. Máxime cuando el que se marcha, era el único que mantenía económicamente a la familia. 

Las soluciones prácticas para eliminar o no incurrir el síndrome del nido vacío, deben iniciarse, poniéndose de acuerdo ambos cónyuges, encarando las nuevas circunstancias, para sacarles el mayor provecho posible. Empezando a comportarse como al principio de su matrimonio, haciéndose comidas especiales, escapadas al cine, a los restaurantes, vacaciones cortas, fomentar viejos o nuevos amigos, hacer visitas culturales, etc. Así podrán acortar las distancias que tenían, evitar el distanciamiento y tener la satisfacción de volver a estar juntos otra vez, empezando un nuevo estilo de vida. Todo menos “tocar suelo” por las nuevas circunstancias. 

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Los 90 errores más comunes que destrozan el matrimonio y la familia

 

ESCUELA PARA PADRES

Los 90 errores más comunes que destrozan el matrimonio y la familia. 

  • Los 4 errores que producen más roturas matrimoniales, según las estadísticas:

 3, 307 Palabras Tiempo de lectura 12:00 minutos 

Algunos artículos relacionados:

Algunos lectores me aconsejan que escriba en forma más positiva sobre el matrimonio u otros temas y que no haga tanto hincapié en los artículos sobre los errores, peligros, banderas rojas. Reconozco que hay muchas formas de decir las cosas, y una de ellas es sacudir fuertemente el nogal para que caigan las nueces. Es muy posible que fuera mucho más dulce irlas recogiendo, una a una, con la mano pero se pierde un tiempo primordial. Además, las formas controversiales de decir las cosas, pueden dar un choque emocional, mucho más importante que cuando se habla con dulzura, mucho violín y todo de color de rosa. Aunque otros dicen que más se consigue con miel que con hiel.   

Cónyuges, no tengan miedo, el matrimonio es la mejor decisión que pueden tomar dos jóvenes de sexos diferentes, que se aman y que se han preparado bien para llevarlo a cabo y a su debido tiempo. No existe la formula para tener un matrimonio feliz. Hay cien mil fórmulas, depende lo que cada uno quiera y con lo que se conforme. La felicidad hay que conseguirla luchando por ella con inteligencia, perseverancia  y sobre todo, mucho amor. 

Los 4 errores que estadísticamente producen más roturas matrimoniales:  

  1. El dinero: Bien sea la escasez, la mala administración, el despilfarro, la infidelidad económica, las cuentas dobles, etc.
  2. La infidelidad sexual: Que rompe el compromiso del amor mutuo, exclusivo y para siempre, produciendo la traición y el fracaso.
  3. El aburrimiento: Reflejado en las frases: Nos hemos cansado el uno del otro. Somos incompatibles. Ya no nos queremos. Nuestro matrimonio está irremediablemente perdido.
  4. La soberbia que indefectiblemente termina en violencia física o mental. 

No debe haber “matrimonios sin fronteras”. Estas tienen que estar perfectamente delimitadas de forma que nadie ni nada pueda penetrar en ese lugar sagrado que es el matrimonio y la familia. Tampoco pueden permitir que alguien se salga de esas fronteras que están perfectamente definidas por la entrega total de los cónyuges, su condición de indisoluble y su sello de para siempre, soportadas con el conocimiento y la práctica de las virtudes y valores humanos. 

Los 90 errores más comunes en el matrimonio que destrozan la familia, puestos por orden alfabético. Cada matrimonio y cada cónyuge por separado, según sean sus características y situaciones, tendrá un concepto diferente de cuales son los más importares para ellos. Es tarea de cada uno el ponerlos en el orden que quieran, para intentar evitarlos o en su caso corregirlos. Es fácil caer en estos errores si no se ponen los medios para impedirlo. Lo importante es levantarse siempre y buscar la manera de evitar o afrontar los errores y sus correspondientes soluciones. 

  1. Contraer matrimonio en la adolescencia o sus cercanías, sin la madurez suficiente. Los cónyuges tienen que hacer un esfuerzo extraordinario de formación para solucionar los problemas que su inmadurez les produce.
  2. Cuando a la vista de los primeros síntomas del nacimiento de un problema grave, o aparentemente irresoluble, no buscan un intermediario para que les ayude a encontrar soluciones. Bien sea un sacerdote, pastor, rabino o imán, según la religión que profesen, o amigos y familiares en común, que sean serios, bien formados y respetables y que puedan servir de orientadores.
  3. Cuando coexiste la Incongruencia entre el decir y el actuar relacionado con las continuas promesas expresamente incumplidas de cosas importantes para los cónyuges. 
  4. Cuando desaparece el amor por el tu, y sólo queda el amor por el yo. 
  5. Cuando desaparece el encanto físico de los comienzos y empiezan a romperse u olvidarse los compromisos y proyectos que hicieron, incluso el futuro familiar que construyeron juntos.
  6. Cuando el comportamiento del cónyuge es muy diferente en el hogar o ante familiares y amigos, estando presente o ausente el otro cónyuge,
  7. Cuando falta el amor humano y el religioso y predomina el egoísmo.
  8. Cuando falta el deseo de negociar y llegar a acuerdos constantemente y se sustituye por la imposición a ultranza. 
  9. Cuando falta el pedir perdón en las ofensas, la alegría en las penas, y la fuerza en la debilidad. Son situaciones que ambos cónyuges deben prevenirlas y descubrirlas para tratar de ponerles remedio y así evitar que empiecen los riesgos de un divorcio
  10. Cuando falta el respeto interior y exterior, la comprensión, el compromiso y el entendimiento entre los cónyuges, estando solos o acompañados.
  11. Cuando falta la generosidad y la solidaridad con los problemas o situaciones del cónyuge.
  12. Cuando falta la madurez y el equilibrio y no ponen ambos los remedios para mejorarlo.
  13. Cuando falta la sagrada intimidad que produce el matrimonio y esta se comparte con terceros.
  14. Cuando falta la unidad. Es muy peligroso decir o pensar: Haz lo que quieras que yo también haré lo que quiera.
  15. Cuando falta, en uno o en los dos cónyuges, la actitud para mejorar el matrimonio y se conforman por igualarse por la alpargata en vez de por la corbata. Es decir en vez de crecer juntos, se disminuyen.
  16. Cuando hay una mala comunicación en los temas difíciles e importantes para los cónyuges en sus relaciones privadas o externas.
  17. Cuando hay una sistemática disparidad en las relaciones con los hijos, premiando, castigando o consintiendo sus actos, solamente por llevar siempre la contraria al cónyuge para desautorizarle.
  18. Cuando impiden por la fuerza que los hijos o el otro cónyuge practiquen sus sentimientos religiosos.
  19. Cuando las faltas matrimoniales se cubren con aparatosos regalos para cerrar la boca del otro cónyuge, incluso con dinero que sale de los ingresos familiares. A la larga la compra de esos silencios para evitar reproches, forman una escalada que siempre termina mal.
  20. Cuando los cónyuges basan las acciones de su matrimonio en el egoísmo personal, pretendiendo ser satisfechos continuamente por el otro cónyuge.
  21. Cuando los cónyuges convierten la libertad matrimonial en libertinaje. Nadie está más esclavizado que aquellos que se creen falsamente libres.
  22. Cuando los cónyuges no quieren trabajar juntos en los momentos de adversidad matrimonial, religiosa, económica o emocional, para superar las crisis.  
  23. Cuando no aceptan las diferencias de conocimientos y las consideran como distanciadoras, lo que en realidad deberían ser enriquecedoras y complementarias, además de una ayuda para crecer los dos hacia una mejor vida intelectual y profesional.
  24. Cuando no hay una actitud amable del uno con el otro, ni gestos físicos de cariño.
  25. Cuando no se es lo suficientemente valiente e inteligente como para callarse ante la injuria y buscar posteriormente la reconciliación tras la ofensa.
  26. Cuando no se está abiertos a la relación con los otros familiares: Abuelos, hermanos políticos, tíos, primos, etc.
  27. Cuando no se ha tratado de igualar o mejorar en lo posible, las diferentes educaciones, culturas, situaciones económicas, prácticas religiosas, ideas políticas, amistades, costumbres anteriores, etc. y se conforman con decir ¡A mi me educaron así!
  28. Cuando no se quiere hablar con el cónyuge sobre el sexo matrimonial, la educación de los hijos, el valor del dinero u otros temas importantes y difíciles, teniendo que digerirlos en soledad.
  29. Cuando no se quiere, no se puede o no se sabe compaginar las profesiones o actividades del otro cónyuge.
  30. Cuando no se reconocen las propias limitaciones y se rehúsa a aceptar la realidad física, económica, intelectual o social. Esto puede producir graves frustraciones que perjudiquen a los dos cónyuges y arrastrar a ambos a situaciones peligrosas familiares, profesionales o sociales.
  31. Cuando no se respetan las legítimas diferencias físicas, mentales, educativas y emocionales del otro consigue, ni se intentan entenderlas.
  32. Cuando se culpabiliza de todos los errores del matrimonio a los padres o familiares del otro cónyuge, sin querer asumir la responsabilidad que a cada uno le corresponda.
  33. Cuando se encarga al cónyuge con responsabilidades o trabajos impropios de su condición, debido a que el otro cónyuge no quiere hacerlas.
  34. Cuando se ignora, desprecia o se tienen relaciones tensas con la familia política.
  35. Cuando se manipula al otro cónyuge para obtener intereses en beneficio propio.
  36. Cuando se permite al cónyuge, hacer lo que quiera, dónde quiera, cómo quiera y la hora que quiera, aunque eso vaya en contra del matrimonio y de las responsabilidades familiares.
  37. Cuando se producen errores, el uso inadecuado del respeto y de las atribuciones lógicas de cada cónyuge, si prevalece el autoritarismo o la permisividad, sin punto medio.
  38. Cuando se sobreprotege al cónyuge de todas las dificultades, tratándole como si fuera menor de edad y demostrando un amor obsesivo, para crearle inseguridad y evitar su desarrollo intelectual y social, casi siempre en beneficio del otro cónyuge.
  39. Cuando solamente hay unión de los cuerpos, pero no de las almas y no buscan en ambos el crecimiento interior, moral y espiritual.
  40. Cuando surge la indiferencia, la falta de comunicación, la frialdad amorosa, la critica constante, la falta de compromiso y el entendimiento hacia el otro cónyuge.
  41. Cuando sus formas de vida anteriores al matrimonio eran diferentes o antagónicas y no se ponen a procurar llegar a acuerdos para que haya armonía y compatibilidad.
  42. Discutir sobre ideas políticas o religiosas antagónicas, queriendo imponerlas o mantenerlas a ultranza. Traten de convencer, no de vencer.
  43. El abandono mental del matrimonio, incluso mucho antes que llegue el divorcio.
  44. El aburrimiento: Frases más frecuentes: Nos hemos cansado el uno del otro. Somos incompatibles. Ya no nos queremos. Nuestro matrimonio está irremediablemente perdido.
  45. El engaño o violencia económica que suele ocurrir cuando se tienen ingresos que no se aportan al fondo común y cada uno gasta en lo que quiere,  cuando quiere y como quiere, sin importarles las necesidades de la familia. Este es uno de los principales motivos de los fracasos matrimoniales. Pero es muy difícil corregirlo, pues en algunas culturas los matrimonios no son para todo, pues dejan fuera la parte económica.
  46. El no compartir los principio e ideas fundamentales en el matrimonio.
  47. El permitir que las adicciones se instalen en la familia.
  48. Faltar a la palabra de honor dada en el matrimonio, al prometer que es para siempre, en la salud y en la enfermedad e indisoluble.
  49. Hablar continuamente y hacer comparaciones de los matrimonios, hijos o familiares anteriores.
  50. Imponer por la fuerza lo que creemos que es nuestra verdad.
  51. La escasa educación en los órdenes: Familiar, religiosa, social, económica, sexual, etc.
  52. La falta de ayuda al cónyuge para que mejore sus capacidades profesionales, escolares, sociales, religiosas, etc. privándole del crecimiento personal y fomentando la dependencia al otro cónyuge. Suprimiéndole cualquier posibilidad de tener una alternativa o que esté bien preparado para el caso de que haya graves problemas familiares. 
  53. La falta de comunicación o la comunicación inadecuada o deficiente.
  54. La falta de cumplimiento de los derechos y obligaciones entre los cónyuges y para con los hijos.
  55. La falta de la práctica de las virtudes y valores humanos,  principalmente las relacionadas con el matrimonio.
  56. La falta de perdón, arrepentimiento, reconciliación y firme propósito de la enmienda. Deben aprender a pedir perdón y a perdonar. Nunca deberán acostarse sin perdonar y buscar el ser perdonado. Un pequeño gesto sentimental puede ser suficiente para indicar el deseo del perdón. 
  57. La falta de planificación financiera, imprescindible para intentar alcanzar unos objetivos mutuamente acordados.
  58. La falta de un buen sistema de administración de todos los ingresos familiares, incluyendo la realización de unos objetivos económicos, un presupuesto y un sistema de control de lo realizado y de lo que hay que realizar.
  59. La incompatibilidad o egoísmo sexual, que normalmente oculta una falta de auténtico amor, carencia de sensibilidad y capacidad de donación y aceptación.
  60. La Infidelidad conyugal, sexual o económica que rompe el compromiso del amor mutuo, exclusivo y para siempre, que además siembra la desconfianza.
  61. La inmadurez en las relaciones matrimoniales, al no haber tratado previamente de amoldar o eliminar las diferencias que los separan y reforzar las que más les unen, pensando que ya habrá tiempo para hacerlo.
  62. La monotonía, enfrentamientos o violencia física o mental que hacen disminuir o anulan el placer sexual, o la monotonía en la vida cotidiana.
  63. La pérdida de objetivos e intereses comunes relacionados con las obligaciones, gustos y aficiones de ambos, normalmente comentadas durante el noviazgo.
  64. La primera agresión o acto violento si no se corrige en ese mismo momento.
  65. La reincidencia en cosas graves sin que haya verdadero arrepentimiento, propósito de la enmienda y satisfacción de obra, corrección de actitudes y controles de comportamiento.
  66. La soberbia hace que muchos cónyuges equivocadamente se rodeen de una muralla, como en las fortificaciones antiguas, no permitiendo que nadie ni nada la traspase. Soberbiamente creen que lo saben todo y no aceptan ni oír otras opiniones. Así sucede que con el paso del tiempo se van aislando en sus «creencias» y las personas que les deberían aconsejar con otras alternativas, no se las dicen porque no quieren ser rechazados, incluso antes de ser escuchados. Eso pasa a las personas y las naciones que se aislaron del mundo, con murallas o sin ellas, y no permitieron que los habitantes de sus países conocieran los avances mundiales.
  67. La violencia familiar física, mental y en todas sus facetas, principalmente la originada por el machismo, el feminismo y el desprecio. La violencia física no es más que una cuestión de prepotencia y hábito en el uso de la fuerza.
  68. Las envidias profesionales o sociales.
  69. Las graves adicciones a las drogas, alcohol, sexo, juego, etc.
  70. Las opiniones políticas mantenidas a ultranza y queriendo imponerlas al otro cónyuge.
  71. Las pasiones confundidas con el amor y la mutua entrega. La pasión se marchita y el amor se queda.
  72. Las respectivas familias políticas, pues hay algunos cónyuges que no quieren admitir que han formado una nueva familia, a la que tienen que poner como máxima prioridad para todas sus acciones. No por eso tienen que romper relaciones con sus familias de sangre. Tienen que intentar darle su lugar a cada uno.
  73. Los celos infundados que contaminan el matrimonio y hacen la vida un infierno para los cónyuges.
  74. Los noviazgos mal llevados: Sin una buena formación prematrimonial, demasiado cortos, falta de dialogo, falta de objetivos claros comunes, egoísmos para conseguir mejor posición social, fama, conveniencia personal, pasiones desordenadas, etc. Que haya sido uno de los denominados «de a primera vista», o motivado por otros actos que les llevaron a contraer matrimonio sin haberlo querido. El camino que no han andado antes del matrimonio tienen que recorrerlo después para evitar el fracaso.
  75. No cuidar con mucho esmero las seis cosas más importantes del matrimonio: El amor y educación de la familia, la vida espiritual, la salud, el trabajo, los amigos y la formación contínua.
  76. No dedicar a la familia el máximo tiempo posible, empleándolo en cuestiones que les satisfagan personalmente, pero no familiarmente.
  77. No formalizar ante Dios y ante la sociedad su realidad matrimonial, máxime si tienen hijos o esperan tenerlos.
  78. No hacer algo concreto para atraer al otro cónyuge, prestando solamente atención a su persona.
  79. No poner los medios para manejar, resistir y superar los problemas, graves disgustos y enfrentamientos entre cónyuges, que algunas veces producen los hijos y que repercuten enormemente en las relaciones matrimoniales, principalmente los motivados por los malos o diferentes tratos dados los hijos, propios o de anteriores matrimonios.
  80. No preguntarse periódicamente, las cosas que le gustaría que el otro cónyuge hiciera y no hiciera, y las que podrían hacer juntos para mejorar el matrimonio. Así como lo que cada uno espera del otro.
  81. Pretender maliciosamente sacar provecho personal, económico o social del matrimonio, utilizando o manipulando al cónyuge únicamente en beneficio propio.
  82. Ridiculizar al cónyuge, aunque sea con ironía o por hacer una gracia, ante los hijos, la familia o los amigos, sacando o agrandando los defectos que pudiera tener.
  83. Ser intolerantes con las costumbres y formas de vida del otro cónyuge.
  84. Si el matrimonio o cada uno de los cónyuges se rodea de amistades tóxicas que les impiden seguir las promesas matrimoniales contraídas.
  85. Siendo de convicciones religiosas, casarse solamente por el procedimiento civil o vivir en pareja sin ningún vínculo religioso ni civil.
  86. Tener cuentas separadas de ingresos, gastos, ahorros y deudas, aunque en algunas culturas sea una desgraciada costumbre que avala la unión de cuerpos pero no del dinero. 
  87. Vivir solamente el día a día, sin preocuparse de tener objetivos comunes y planes futuros realistas de vida para vivir en armonía. No preguntándose cómo será su matrimonio después de 30, 40, o 50 años.
  88. Impedir que el cónyuge tenga su espacio vital propio, que le permita tener actividades de lo que le guste hacer, siempre y cuando no sean extremistas que afecten su crecimiento como persona o el matrimonio.
  89. No querer sacrificarse por el cónyuge, lo necesite o no, evitando hacer los esfuerzos necesarios en beneficio del otro. Renunciando o cediendo en las diferencias y sin entregarse el uno al otro,
  90. Cuando no hay adaptación ni cambio y no se suprimen las cosas que separan y refuerzan las que unen en la convivencia. El matrimonio es para darse sin egoísmos y adaptarse al cónyuge, sin esperar nada a cambio.
      

Todos estos errores se pueden corregir si previamente se admite su existencia y se ponen a tiempo las medidas correctoras convenientes, pues casi siempre se puede enmendar los daños ocasionados. Es muy conveniente aceptar y corregir los errores para evitar que lleguen a más y se produzcan problemas matrimoniales graves o irresolubles. No tengan miedo, no tiren la toalla, luchen por negociar con su cónyuge las soluciones a los errores que hayan encontrado en esta lista. Si no hacen nada, no sucederá nada. Pero inténtenlo, pues se puede llegar a los objetivos previstos mediante el ejercicio de «ensayo y error». Cuándo no, en un tema tan serio como es el presente y futuro del matrimonio.

            Los cónyuges no tienen que tener miedo a conversar con paciencia y serenidad, de todos los problemas, inquietudes y anhelos que tengan, para así poder encontrar soluciones consensuadas. Fijen unas horas o fechas predeterminadas para tomarse un tiempo para Vds. solos, entonces podrán hablar con tranquilidad, sin distracciones ni intrusiones. Esto es sólo el principio de un camino que tiene que hacer cada uno, apoyado en el hombro del otro.


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La masturbación y sus efectos. Padres, háblenlo con sus hijos

ESCUELA PARA PADRES 

La masturbación y sus efectos. Padres, háblenlo con sus hijos. 

2,948 Palabras. Tiempo de lectura 11:00 minutos 

Padres y madres, no tengan miedo de hablar a sus hijos e hijas sobre el maravilloso mundo la sexualidad. Háganlo con mucha claridad, amor y conocimiento. Siempre a su debido tiempo, lugar y forma adecuada. Lean bien este artículo, y a su buen criterio, dénselo a leer a sus hijos según su formación y edades físicas y mentales. 

Si Vds. a sus hijos, no les hablan de la sexualidad, habrá otros que lo hagan por Vds. y es posible que lo hagan de mala manera. Pueden ser sus amigos, amigas, compañeros de escuela, depredadores malignos, etc. Tengan mucho cuidado con lo que les vayan a enseñar en la escuela. Previamente infórmense bien para saber como manejar el fondo y la forma de esos comentarios. Los padres son los únicos responsables de la información que reciban los hijos, no puede ceder esa irrenunciable responsabilidad en quienes no les merezcan total confianza. Si a pesar de todo no sabe como hablar a sus hijos, diríjase a un sacerdote  para que le ayude en cómo hacerlo. 

Estaba documentándome para la preparación de un artículo sobre este tema, por cierto, muy controvertido de enviar, pero imprescindible de conocer, cuando me ha llegado este maravilloso y perfecto artículo, a través de mis queridos amigos de www.catholic.net (uno de los mejores portales católicos). El artículo está escrito por el Jesuita P. Jorge Loring en su extraordinario libro “Para Salvarte”. http://www.parasalvarte.es/   

¿Qué les puedo decir de este libro y del P. Loring? Nada, que no se haya dicho ya y con mejores palabras que las mías. El P. Loring es un fuera de serie en su vida personal y en su vida religiosa. Es profundamente católico y maestro de los maestros. Le concedería muy a gusto el titulo académico de sapientísimo, titulo que actualmente muy pocas personas lo pueden llevar. 

Después de leer y releer este artículo, me he dado cuenta que no tengo nada que añadir ni quitar, es perfectamente indicado para publicarlo en la ESCUELA PARA PADRES. Muy pocas veces he copiado un artículo de otro escritor, pero esta vez está más que justificado. 

Artículo escrito por el P. Jorge Loring, en el libro: Para Salvarte

El vicio solitario (masturbación) consiste en abusar del propio cuerpo excitando los órganos genitales para procurarse voluntariamente el placer hasta el orgasmo. A veces, se comienza por mera curiosidad; pero si no se corrige esta inclinación se convierte en un vicio obsesivo que esclaviza a la persona y le desinteresa por todo lo demás: como le pasa al drogadicto.

Dice André Léonard, Profesor de la Universidad de Lovaina: «Por su misma naturaleza, la masturbación contradice el sentido cristiano de la sexualidad, vivida como alianza de amor. (…) El ejercicio de la facultad sexual queda privado de toda referencia afectiva con una pareja, en la medida en que el sujeto se repliega sobre sí mismo, en el disfrute de sí mismo. (…) La masturbación, privada del amor, deja a menudo insatisfecho a quien se entrega a ella. Conduce al vacío y al disgusto.

»Debes tener el coraje de pensar, y también decir, que la masturbación es un mal. Escucharás con frecuencia argumentos que intentan defender que se trata de un comportamiento inofensivo, tan anodino como el beber, comer o transpirar. Es preciso desmontar esas razones. (…)
«No es ciertamente el pecado más grave que puedas cometer. Pero eso no impide que te hagas su esclavo, que te habitúes a una sexualidad egoísta, y que asfixie en ti la vida espiritual». 25

La masturbación puede llegar a ser algo obsesivo en la persona. Hace del placer sexual algo egoísta, cuando Dios lo ha hecho para ser compartido dentro del matrimonio. Conozco casos de matrimonios fracasados porque uno de los dos, esclavizado por la masturbación, se negaba a las naturales expresiones de amor dentro del matrimonio. Quien se deja esclavizar del vicio de la masturbación puede arruinar la armonía sexual de su matrimonio. Una mujer joven se quejaba en la consulta de un médico de que su marido tenía con ella muy pocas relaciones sexuales. Él reconoció, delante de ella, que prefería masturbarse. 26

Quien tiene la desgracia de verse esclavizado de esta mala costumbre debe poner el mayor esfuerzo en corregirse cuanto antes. Este vicio encadena fuertemente, cada vez es más difícil desligarse de él, y cuando tiene esclavizada a una persona, la envilece, la embrutece, anula su voluntad, destroza su carácter, perturba el desarrollo de su personalidad, debilita la fe 27 , produce desequilibrio nervioso, hace egoístas e incapacita para amar a otra persona.

«No se puede abusar del organismo. La naturaleza pasa después la factura. El cuerpo humano tiene sus límites. No se pueden gastar las energías destinadas al desarrollo integral de la persona humana. 28 »
Incluso para Freud «el masturbador incurre en riesgo de bloquear el desarrollo y maduración de su psicoafectividad». 29

«La práctica habitual de la masturbación conduce a graves desequilibrios nerviosos». 30 Todos los médicos están de acuerdo que cuando la masturbación es frecuente, conduce a la neurastenia. 31
Y cuando la masturbación es un vicio esclaviza como todos los vicios. «La masturbación es, con frecuencia, expresión de egocentrismo, (…) indicio de un desarrollo retardado o detenido de la personalidad». 32

«Cuando la masturbación se convierte en hábito, debe ser calificada como falta de madurez. (…) Cuando la masturbación presenta síntomas de psicosis y neurosis, debe buscarse la ayuda de un profesional que la someta a un tratamiento adecuado (…) Las fuentes que dan pábulo a la fantasía -lecturas, televisión, cine- han de considerarse como la base de muchas acciones que no deberían haber tenido lugar, si no hubiesen sido estimuladas». 33

Hay maníacos sexuales «que buscan el placer una y otra vez por sí mismo, y caen, como los drogadictos, en el círculo de una insaciable repetición, con el fin de superar en cada nuevo intento, las incesantes frustraciones. 34
«La masturbación hecha costumbre da por lo general seres psíquicamente replegados sobre sí mismos, especialmente incapaces de elevarse a un auténtico amor sexual». 35

El vicio de la masturbación es causa de muchos fracasos en los estudios y en el deporte. Esto lo saben muy bien los estudiantes y los deportistas. 36 «Cuando un ser humano se habitúa a satisfacer un instinto en una forma determinada, puede llegar a perder, a través de un mecanismo psicológico, el deseo o la atracción por todas las demás formas. El hábito de saciar el hambre sexual de una forma anormal y viciosa, puede llegar a provocar la repelencia por el acto natural, con lo cual el masturbador entra de lleno en el campo de la incapacidad sexual psicológica». 37

El vicio de la masturbación lleva a la eyaculación precoz en el matrimonio, que impide acomodarse al ritmo de la mujer que es más lenta, y es causa de graves problemas en la armonía sexual matrimonial.
Los médicos americanos que habían tratado a muchachas que se masturbaban, descubrieron que después de casarse resultaban esposas frígidas. 38

«No es inteligente considerar la masturbación como algo natural, pues causa una serie de trastornos en el adolescente. No sólo en el campo religioso, sino en el afectivo, psicológico, intelectual, etc., donde se hacen sentir sus malos efectos. (…).

El que en plena adolescencia el joven sienta fuertemente el impulso sexual, tiene un profundo valor educativo. (…). Más tarde en su vida conyugal, muchas veces tendrá que dominar sus inclinaciones». 39

Estas partes del cuerpo deben respetarse con delicadeza, y sólo tocarlas por necesidad, limpieza, higiene, etc. Pero nunca tocar estos órganos sólo por gusto. Con eso no se juega.

Éste es un pecado degradante, repugnante, inconcebible en una persona delicada. Sin embargo, si después te da vergüenza confesarlo, entonces la desgracia es doble e irreparable. Si tuviste la desgracia de la caída, no permitas la de la vergüenza de confesarlo. Acude a un sacerdote y ábrele tu conciencia para que te perdone y te ayude a salir de tan triste estado. Ten confianza. Tienes remedio. Muchos empezaron esta mala costumbre sin conocer su importancia. Bien porque lo descubrieron de un modo casual, bien porque fueron enseñados por otra persona que intencionadamente quitó importancia al asunto. Pero la masturbación es un vicio que puede esclavizar fuertemente y transformar el carácter de la persona, y hasta su ideología religiosa.

La masturbación puede llevar a perder la fe. Muchas incredulidades han empezado en la masturbación» 40 . El joven siente inclinación a masturbarse, oye que la Iglesia lo prohíbe, y siente la tentación de dejar la Iglesia que le prohíbe lo que le gusta hacer, y quizás le cuesta trabajo evitar.
«Pero, por otro lado, no podemos olvidar que la masturbación no contribuye a la superación del problema sexual o de la tensión de un momento dado. Conduce, por sí misma, a la larga, a una erotización mayor y a una obsesión creciente, de modo que a la larga el problema no se soluciona.

El sexo, no lo olvidemos, (Chauchard no se cansa de repetirlo) está sobre todo en la cabeza. Tiene una capacidad obsesionante tal, que la solución del problema sólo se logra cuando el hombre consigue entregar su pensamiento a tareas que le ilusionen. La solución al problema del sexo, y a una obsesión excesiva, sólo se encuentra de modo indirecto, cuando el hombre consigue centrar su pensamiento en algo que le ilusiona. He sido testigo de cómo muchachos que se han entregado con ilusión a una ocupación deportiva, incluso en presencia de chicas, o a otro tipo de ocupación, no tenían problema alguno sexual; mientras éste surgía siempre que se dejaban llevar por el ocio». 41

Es fácil que quienes han contraído el hábito de la masturbación experimenten un fuerte sentimiento de culpabilidad capaz de destruir todo estímulo de vida y de producir un permanente complejo de inferioridad.
El único tratamiento pastoralmente eficaz es el de procurar abrir horizontes hacia expresiones plenas de la afectividad y hacia tareas culturales, profesionales, sociales y religiosas, que den sentido a sus vidas.

La gravedad de cada acto masturbatorio no siempre es fácil determinarla pues depende de muchas circunstancias y pueden darse atenuantes de la responsabilidad. 42 Sin embargo se debe poner un serio empeño en evitarlo por el peligro de caer en la esclavitud del hábito.
«Los trastornos afectivos y algunas situaciones neuróticas provocan frecuentemente manifestaciones de autoerotismo, que alcanza, a veces, un carácter convulsivo claramente psicopático…

Está comprobado que la masturbación ejerce siempre una mala influencia, sobre todo en la psicología juvenil. Debilita la fuerza de voluntad, la confianza en sí mismo, y perturba el desarrollo de la personalidad. Crea melancólicos e introvertidos y, en el fondo, egoístas. La masturbación es una satisfacción sexual egoísta, que marca a la persona y la incapacita para el verdadero amor.»

La masturbación es, muchas veces, un recurso barato y triste; una compensación, un consuelillo de segunda clase por algún otro éxito de cualquier otro tipo que no hemos sido capaces de conseguir. Con todo, no todos los actos masturbatorios son de la misma gravedad. Cuando un joven tiene interés en corregirse y pone los medios que tiene a su alcance aunque tenga caídas, éstas pueden tener atenuantes a su culpabilidad. Siempre se puede acudir a Dios pidiéndole ayuda, pues Él nunca abandona a los que acuden a Él, pidiéndole ayuda para algo bueno y conveniente. Y como dice San Pablo: Todo lo puedo en Aquel que me conforta.

En la adolescencia, la masturbación puede aparecer como algo pasajero. Como eso de los granos. Pero si es repetitivo, puede degenerar en hábito; y esto es grave. Lo lógico es que deje un sentimiento de culpa. Sin duda es mejor dominarse que dejarse vencer. Dominarse es señal de adultez. La victoria es señal de madurez. La caída es señal de debilidad; por eso deja sentimiento de culpa.

«En la edad madura, la masturbación puede ser síntoma de algo más serio, sobre todo si es persistente. Puede indicar un estado de adolescencia mental, o alguna otra deficiencia psíquica. Se encuentra, desde luego, en muchos tipos de demencia senil y en el alcoholismo. En general puede aparecer en todos los estados mentales, en los que se dé una descohesión de la personalidad que tenga por consecuencia una pérdida de control de los instintos más primitivos». 43 Dice el célebre moralista Häring: «No se puede decir que la pasión destruye la imputabilidad moral de los pecados contra el sexto mandamiento, pues si así fuera sólo un pecado diabólico sería mortal». 44

A veces las caídas en la masturbación no son por una intención lujuriosa. Son consecuencia de una depresión, una angustia, una ansiedad que no permite conciliar el sueño, etc. Casos así pueden remediarse con algún sedante inofensivo RECOMENDADO POR UN MÉDICO.
En una conferencia que le oí en 1976 al Dr. D. José Mª Poveda Ariño, Jefe del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid, titulada Ciencia y Doctrina Moral Sexual, dijo que la masturbación es un fenómeno evitable por cualquier persona normal. Y en los casos en que esta superación parezca difícil es perfectamente asequible con los productos que un médico puede recomendarle.

En enero de 1976 el Vaticano publicó un documento sobre Moral Sexual donde dice: «El uso deliberado de la facultad sexual, fuera de las relaciones conyugales normales, contradice esencialmente la finalidad de esta facultad» (nº5). También dice este documento que «la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado» (nº9). 45

Esto significa que el acto, «en sí mismo», es siempre materia de pecado grave («objetivamente malo»). Para determinar si el acto de una persona concreta es pecado grave también habrá que considerar si se cumplen las otras condiciones del pecado grave: que tenga uso suficiente de razón como para saber lo que está haciendo y la malicia del acto, y que consienta plenamente al mismo.

En 1983 el Vaticano ha publicado otro documento sobre la educación sexual (Orientaciones educativas sobre el amor humano) donde dice: «La masturbación es un grave desorden moral». 46 Y aunque sólo Dios conoce la responsabilidad moral subjetiva de cada acto, «de ningún modo se puede sostener que en el campo sexual no se cometen pecados mortales». 47

Pero no has de considerar pecado todos los tocamientos en tus órganos genitales. Pueden ser pecado los tactos encaminados a excitar el placer sexual; pero otros actos que se hacen por necesidad o por higiene, no son pecado alguno. Y en las conmociones orgánicas que sientas involuntariamente, reprime el consentimiento, y en paz. No has pecado contra la pureza. Aprende a distinguir entre el sentir y el consentir. Puede ser que a veces sientas movimientos contra tu voluntad en tus órganos genitales. Acostúmbrate a prescindir de esas sensaciones. El pecado no está en el sentir, sino en el consentir. En el noveno mandamiento te expongo el modo de luchar contra estas tentaciones molestas. Pero si tuvieras la desgracia de haberte complacido voluntariamente en ese placer sexual, entonces manchaste tu pureza.

El orgasmo, que es la sacudida que experimenta el cuerpo con la satisfacción del placer sexual, es derecho exclusivo de casados. Una persona soltera no puede ni procurárselo voluntariamente ni aceptarlo si lo experimenta involuntariamente. A veces el orgasmo se produce imprevistamente. En ese caso tampoco es lícito saborearlo voluntariamente, aunque no se pueda evitar la sensación placentera. Pero cuando ocurre durmiendo no es pecado alguno. El placer venéreo completo, el orgasmo, buscado directamente, sólo está permitido dentro del matrimonio, dentro del acto conyugal.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

25. ANDRÉ LÉONARD: La moral sexual explicada a los jóvenes, III,1. Ed. Palabra. Madrid.1994.
26. TONY ANATRELLA: El sexo olvidado, I,4. Ed. Sal Terrae. Santander. 1994.
27. Dr. LUIS RIESGO: Hablando en familia, III, 5. EAPSA. Madrid, 1973. Este libro es muy recomendable a los padres sobre los problemas de los hijos.
28. ENRIQUE Mª HUELIN,S.I.: Juventud,¿hacia dónde? Málaga. 1973.
29. Dr. HONORIO SANJUÁN: Estudios sobre sexualidad, 3º, III. Toledo, 1979.
30. Dr. JOSÉ TODOLÍ: Estudios sobre sexualidad, 4º, II. Toledo, 1978.
31. DUBOIS: La revolución sexual, XIII, 2. Barcelona, 1975.
32. BERNHARD HÄRING: SHALOM: Paz, XXII, 3. Ed. Herder. Barcelona. 1998.
33. EDMUNDO ELBERT: Problemas actuales de psicología, X, 3,4, 8. Ed. Sal Terrae. Santander.
34. Varios Autores: Sexualidad y vida cristiana, 1º, II, 4. Ed. Sal Terrae. Santander, 1982.
35. HÄRING: La ley de Cristo, 3º, 3ª, I. Ed. Herder. Barcelona.
36. EDUARDO ARCUSA, S.I.: Eternas preguntas, IV, 2. Ed. Balmes. Barcelona.
37. RAFAEL BOHÍGUES, S.I.: El riesgo de ser joven, III, 3. Ed. Mensajero. Bilbao.
38. RUDOLF AFFEMANN: La sexualidad en la vida de los jóvenes, IX, 2. Ed. Sal Terrae. Santander.
39. Dr. LUIS RIESGO: Hablando en familia, III, 5. EAPSA. Madrid, 1973.
40. P. LÓPEZ PEDRAZ, S.I.: Cristianos en busca de respuestas, XV, 1. Ed. Sal Terrae. Santander.
41. JOSÉ ANTONIO SAYÉS: Moral de la sexualidad, III, A. Ed. Tau. Ávila, 1988. Breve y estupendo libro en el que se proponen los fundamentos de la moral sexual y se orienta sobre puntos concretos.
42. Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2352.
43. ROBINSON: Educación sexual y conyugal, 2ª, II, 6. Ed. Mensajero. Bilbao.
44. BERNHARD HÄRING: SHALOM: Paz, XVII, 4. Ed. Herder. Barcelona. 1998.
45. Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2352.
46. Diario YA, 2-XII-83, pg. 34
47. Revista ECCLESIA, 1773 (17-I-76)

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La importancia de las comidas familiares

ESCUELA PARA PADRES

La importancia de las comidas familiares 

  • 20 Conceptos que pueden aprenderse en las comidas familiares
  • 30 Recomendaciones para fomentar el éxito de las comidas familiares

4,057 Palabras. Tiempo de lectura 15:00 minutos 

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Las comidas familiares son algo más que comer juntos, saciar el hambre y cuidar la salud. El acto de comer juntos todos los de la familia es una antigua y excelente tradición que va pasando de generación en generación. Desgraciadamente está despareciendo o disminuyendo en algunas culturas y determinados segmentos de la población, debido al exceso de trabajo, a las prisas, a los horarios familiares incompatibles y un largo etc. En las familias tradicionales, casi siempre es la esposa o madre la que suele encargarse de hacer la compra, preparar y organizar la comida, junto a las otras tareas del hogar. 

Que bonito es poder reunir alrededor de una mesa, todos los días a la familia. También lo es reunir los días de fiesta a todos los hijos con sus respectivas nuevas familias, uniendo dos, tres o cuatro generaciones, como se hacia tantas veces en otros tiempos.

20 Conceptos que pueden aprenderse en las comidas familiares: 

1.                   Aprender a deliberar sobre las grandes y pequeñas cuestiones y decisiones de la familia. Así los hijos se enterarán que les tienen en cuenta y que son importantes, para la familia en conjunto.

2.                   Aprender a practicar la comunicación, para saber escuchar y hablar bien.

3.                   Aprender cultura, urbanidad y las tradiciones familiares,

4.                   Aprender que la comida cuesta mucho comprarla, prepararla y presentarla, como para no servirse más de lo que se va a comer.

5.                   Comentar los temas que conciernen a la familia y a la sociedad.

6.                   Continuar las tradiciones de relacionadas con la comida, su preparación y presentación.

7.                   Corregir a los que hablan mientras mastican o mastican con la boca abierta, comen demasiado deprisa y en grandes porciones.

8.                   Crear costumbres y rituales, que después se convertirán en hábitos y posteriormente en virtudes y valores humanos.

9.                   Cuidar la alimentación y por ende la salud.

10.               Demostrar el buen gusto por las cosas buenas, bien hechas y bien presentadas.

11.               Escuchar y ser escuchado.

12.               Expresar en familia los sentimientos de cada uno, sin tener miedo a no ser atendido o a hacer el ridículo.

13.               Fomentar e interactuar las relaciones familiares, entre todos los presentes.

14.               Fomentar el acercamiento y la convivencia familiar, evitando los posibles distanciamientos.

15.               Generar conexión con los miembros de la familia, aprendizaje los unos de los otros, fomentando además el amor, la pertenencia y la seguridad, necesidad básicas en nuestra vida.

16.               Interesarse por las cosas de los demás y saber que los otros se preocupan por las de cada uno, escuchándose mutuamente sobre lo que cada uno hace, sufre y goza.

17.               Limar esperezas anteriores, al tener que compartir cosas y espacios comunes.

18.               Practicar las virtudes y valores humanos como: La puntualidad, el orden, la organización, la disciplina, la aceptación de las jerarquías, el servicio a los demás, el agradecimiento, la caridad, la Fe, los modales y la buena educación, etc.

19.               Recordar viejas recetas tradicionales.

20.               Sentirse partícipe de un grupo familiar bien conectado.

30 Recomendaciones para fomentar el éxito de las comidas familiares:

 

1.                   Acostumbrarse desde muy pequeños a comer utilizando el tenedor, la cuchara y el cuchillo, demostrando la mejor forma de utilizarlos, junto al uso adecuado de las diferentes piezas de vajilla, cubertería, cristalería y mantelería, según el tipo de comida que vaya a consumir.

2.                   Apagar el televisor, la radio y las pantallas electrónicas y a poder ser no atender los teléfonos. Casi todo el mundo puede entender lo que es dejar un mensaje telefónico, cuando el tema no es grave o importantísimo. También quitar de delante los periódicos, revistas o libros. Así evitarán las distracciones y podrán centrarse en lo que están haciendo.

3.                   Conseguir que la presentación de la comida, esté hecha de la mejor manera posible, pues la comida primero entra por la vista, después por el olfato y posteriormente por el paladar.

4.                   Convertir la comida familiar en un lugar de comunicación y dialogo, evitando las discusiones airadas, las amenazas, los sermones, las riñas y las broncas, pues hay otros momentos y circunstancias para hacerlo en privado y no delante de toda la familia, máxime, si hay invitados. Debe ser un momento de comunicación alegre.

5.                   Cuando no pudiera reunirse toda la familia para comer juntos, por motivos de horarios de trabajo, de estudio u otras obligaciones ineludibles, deberían hacer un esfuerzo para hacerlo en el desayuno o la cena. En cualquier caso hacer lo imposible para poder realizarlas los fines de semana y días de fiesta. 

6.                   Dar gracias a Dios, al empezar y al terminar, por la comida que se ha puesto en la mesa y agradecer a quien la ha comprado y preparado, pues la comida no se elabora sola ni se compra, sin haber pagado previamente su precio con el trabajo.

7.                   Dejar aparcadas las riñas, las llamadas de atención, los problemas serios, etc. para cuando se haya terminado la comida y exponerlos en privado con las personas relacionadas. No siempre todos los problemas son para contar a todos y mucho menos durante la comida familiar.

8.                   Destinar un tiempo después de cada comida, si es posible, sobre todo los fines de semana, para hacer una tertulia específica sobre los temas importante de la familia o de actualidad en la sociedad. Así los hijos se acostumbrarán, desde temprana edad, a saber lo que hay en la familia y fuera de ella.

9.                   Evitar esas frases tantas veces dichas, incluso con buena voluntad: “De eso, a mí, mi hijo no me come. Bueno es él. Si no le gusta no lo come y yo le preparo otra cosa. No come huevos o come solamente la clara, la yema dice que es mala y que hay que tirarla”.

10.               Evitar que la madre, que es la que casi siempre prepara la comida, se convierta en una esclava, de los caprichos alimenticios del resto de la familia y no tenga que prepara tantos menús o variaciones de menús, como personas haya en la familia, pues bastante tendrá con hacerlo, cuando haya enfermedades, regímenes alimenticios médicos o casos especiales.

11.               Evitar que se instale en la familia la moda del “munched” que consiste en estar comiendo pequeñas cosas a todas horas, lo que origina que cuando llega la hora de la comida familiar, no tienen apetito y sacan defectos a todo lo que les presentan. Además es un gran desequilibrio dietético, que deteriora la salud por la excesiva ingestión de calorías y un gasto económico muy grande.

12.               Evitar que se instale en la familia la moda de la comida  “finger food”, tanto en el hogar como cuando van a los restaurantes. Este tipo de comida consiste en ingerir solamente alimentos que puedan ser llevadas a la boca con las manos, lo que origina que algunas personas no usan el tenedor, la cuchara o el cuchillo hasta después de los 18 años, que es cuando salen de la casa familiar. Entonces es ya bastante tarde, para quitar la adicción a ese tipo de comida, para cuando se incorporan a la sociedad de adultos. Esta comida suele ser denominada “fast food”, comida rápida, o comida basura.

13.               Evitar que se juegue con los alimentos y mucho menos en la mesa familiar. Hay que tener mucho respeto por los alimentos, ya que son los nutrientes que mantienen en salud o enfermedad a nuestro cuerpo. La comida familiar no se hace para jugar, se hace para alimentarse, comunicarse, conocerse, educarse, etc. Eso no quita que las comidas tengan que ser serias y enfadadas, al contrario deben ser alegres y divertidas.

14.               Exigir a todos la puntualidad, para no tener que esperar todos, a los que por dejadez se han retrasado. En su caso, deben avisar del posible retraso, con suficiente antelación.

15.               Fomentar la cultura gastronómica, explicando las características de lo que se va a consumir, el porqué de las combinaciones, los pasos dados para hacer la comida, lo que ha costado, las variantes realizadas y las que se podrían haber realizado, en función de la salud, alimentación, gastronomía, gustos y costos.

16.               Fomentar la práctica de servirse, solamente, la cantidad que se va a comer, para no dejar sobras en el plato que haya que tirar. Es mejor repetir, si se desea más cantidad. Es de muy mala educación dejar restos de comida que después hay que tirar, máxime teniendo en cuenta, lo que ha costado comprarlo y cocinarlo, además de las necesidades de otras personas, que no tienen comida.

17.               Fomentar una cultura sobre el consumo de las sobras y su posible aprovechamiento y reutilización, en comidas posteriores.

18.               Hacer ver a los hijos con el ejemplo, la prioridad de la comida familiar sobre otras actividades, pues también los padres dejan sus cosas, para compartir la comida todos juntos.

19.               Inculcar la importancia de compartir en la familia opiniones, comentarios y experiencias.

20.               Intentar sentarse juntos todos los días a la mesa y por lo menos una vez al día. Haciendo hincapié en los fines de semana y fiestas.

21.               Involucrar a toda la familia formando un equipo, para realizar los distintos pasos que forman el presupuesto, la compra y la preparación de la comida familiar, intentando fomentar la buena salud, el buen gusto, la responsabilidad, la creatividad, la ecología, la economía, el ahorro, etc.

22.               No permitir que los hijos coman solos en sus habitaciones, o mirando la televisión, o a cualquier hora, o sentados en el suelo.

23.               Planificar, consensuar y comprometerse, con el horario mejor para todos, incluyendo la que prepara la comida. Quizás cada uno tenga que ceder un poco, para llegar a un acuerdo común.

24.               Poner en práctica o corregir, con mucha delicadeza, las desviaciones sobre las normas de educación y los buenos modales, que se deben mantener en la comida familiar.

25.               Poner unos tiempos y formas para empezar, cuando lo haga la persona de más edad, no pasar a otro plato, sin que el anterior lo hayan terminado todos. Así se evita la sensación de engullir y se sustituye por la de degustar y disfrutar la comida. No levantarse de la mesa, hasta que hayan terminado todos y lo hayan hecho los padres.

26.               Preparar una comida extraordinaria, aunque sea de vez en cuando, invitando a otros familiares o amigos. De esta forma se puede comprobar lo aprendido en las comidas familiares diarias, y en su caso sentirse orgullosos del comportamiento familiar.

27.               Presentarse en la mesa bien vestidos, peinados y lavados,  máxime cuando hay invitados.

28.               Renunciar y desterrar al “yavalismo”, el todo vale, en las comidas familiares porque son de casa. Aunque a los de casa sea a los que mejor se debe atender.

29.               Si fuera posible, utilizar diariamente la mejor vajilla, cristalería, cubertería y mantelería para disfrutarlas. No dejarlas para cuando haya visitas, pues las personas más importantes, son las de la propia familia.

30.               Tomar el ejemplo de cómo se prepara la mesa, la comida y las personas en Navidad y en las grandes ocasiones: Cumpleaños, fiestas patronales, pedidas de mano, visitas especiales, etc. Este debe ser un modelo a seguir para todos los días normales. Cuesta muy poco intentar acercarse a ese protocolo diariamente.

Desde la antigüedad la mesa ha servido como punto de reunión para las celebraciones de los asuntos más importantes, alegres o tristes, de las familias y de la sociedad.

El gran ejemplo que una familia puede dar, además de la satisfacción de todos sus miembros y el gran orgullo para los padres, es cuando se ve su buen comportamiento en un restaurante o cuando llegan unos invitados a la casa y observan la conducta educada de los miembros de la familia. Esto puede hacer la diferencia para que los otros cambien a otra mejor forma de comportarse. Además de la satisfacción del deber cumplido y el orgullo de hacer bien las cosas, es un ejemplo que debe cundir en la sociedad. También es un buen reto para los hijos demostrarlo, cuando comen fuera de la casa, con otros amigos, en el colegio o en los restaurantes.

Aprender a comer bien en la mesa familiar, es un ejercicio que queda inscrito en la mente para toda la vida. Muchas contrataciones de trabajo pasan por una comida profesional donde todos están pendientes de si el nuevo candidato pasa o no la prueba de comportamiento en la mesa. En noviazgos y amistades suele ocurrir de forma parecida.

Hay muchos manuales de urbanidad o buenas maneras, relacionados sobre la forma de comer en la mesa familiar y en el ambiente social y profesional. En cada país aplican algunas normas diferentes, pero la mayoría son comunes internacionalmente. Desde la disposición correcta de la vajilla, cristalería, cubertería, mantelería y manejo de los cubiertos, hasta el orden de consumir cada tipo de alimentos y la utilización de la cubertería, pasando por la colocación jerárquica de los comensales, tiempos de cada fase, quienes se sientan y se levantan primero, el respeto de esperar a empezar y terminar cada plato, etc.

La mesa familiar es donde se enseña a los hijos a aprender a dar prioridad a la satisfacción de los sentidos del gusto, olfato, vista y tacto al masticar, incluso en algunos casos al oído, pues hay alimentos que suenan.

El desayuno en la mesa familiar es una de las actividades más importantes de toda la familia, principalmente de los que tienen que salir a estudiar o a trabajar. Entonces es donde comienza la formación de los hábitos alimenticios saludables para reponer las fuerzas consumidas durante la noche y la obtención de energías para las que se van a consumir durante los estudios o el trabajo. Es desde entonces cuando los padres, aunque sea con insistencia, tienen que ir fomentando las costumbres para que se vayan convirtiendo posteriormente en buenos hábitos alimenticios, pues el éxito o el fracaso de los estudios o del trabajo dependen muchas veces, entre otras cosas, en haber desayunado correctamente. Desayuna como rey, come como príncipe y cena como mendigo.  

La comida en familia sirve para conservar las costumbres y tradiciones culinarias, alimenticias y de comportamiento, siempre que sean adaptadas o modificadas positivamente a la situación actual, de acuerdo a las conveniencias, incluyendo la transmisión del consumo de alimentos típicos de los países de origen.

En las comidas familiares se pueden tomas muchas más medidas y más creativas para mejorar la calidad de la alimentación familiar y evitar la epidemia de la obesidad y por lo tanto de diabetes y las enfermedades cardiovasculares relacionadas.

Las comidas familiares son el mejor medio de sincera hospitalidad, al obsequiar a los invitados compartiendo lo que hay en la casa y sobre todo con la compañía de la familia.

La superprotección de los hijos incluso en las comidas familiares, ha provocado un aumento generalizado de las situaciones de conflicto, enfrentando  a los cónyuges que quieren dar caprichos a unos hijos sí y a otros no. En la mesa familiar deben cumplirse, principalmente por los padres, los conceptos de buen ejemplo, orden, autoridad, obediencia, convencimiento o disciplina. Así la alimentación y educación será la adecuada a cada tipo de familia que se quiera formar.

Los niños aprenden a comer y a alimentarse bien en las comidas familiares, de acuerdo con el ambiente familiar creado y desarrollado por los padres, pues las costumbres alimenticias de los niños de hoy, influirán enormemente en el desarrollo de su personalidad futura. Los padres son los que ofrecen, permiten y prohíben ciertos alimentos y crean las reglas acerca de la comida. Como por ejemplo, comer todo lo que hay en el plato y primero las verduras, además del seguimiento de las normas de educación en la mesa.

No queremos darnos cuenta del privilegio que supone tener comida y una mesa para servirla. Muchas sociedades no tienen ni lo uno ni lo otro, mientras a otras les sobra, lo despilfarran y no lo agradecen pues consideran que es un derecho el haberlo conseguido.

La comida familiar no debe ser un buffet donde cada uno elige lo que quiere de lo que hay en la cocina, en el frigorifico o en la despensa, pensando que el que llegue después, que se las arregle. La comida familiar es un lugar para compartir lo que hay, pensando siempre en los demás. No es un lugar donde se está pendiente de la televisión, el teléfono o los juegos electrónicos. Tampoco es un club donde cada cual coge la comida que quiere y se va a comerla a su habitación o se sienta frente a la televisión, o con el teléfono u otras pantallas electrónicas, aislado de los demás. Como si estuviera en algunas oficinas, cada uno en su cubículo.

En las comidas familiares, los hijos aprenden la mayoría de los hábitos, buenos o malos de sus padres. Es el lugar perfecto para dar buen ejemplo los padres a los hijos y viceversa y para que los padres transmitan las costumbres alimenticias de sus culturas y lugares de procedencia, así como de su situación económica. Teniendo mucho cuidado a la aculturación, del proceso de transición y asimilación de la cultura del país de origen al de destino, evitando que por comodidad, prisas o cambio de imagen el acomodarse a comidas menos saludables y a alimentos procesados..

Los padres deben participar en clases de nutrición, cocina, presupuestos familiares, compras alimenticias, etc. para aprender a promover estrategias que les ayuden a promover hábitos alimenticios saludables y así conseguir disminuir el numero de comidas fuera del hogar, ya que estas son menos nutritivas, incluso algunas veces son dañinas a la salud y mucho más caras. Cuanto mas barata es la comida en la calle, mucho más perjudicial es para la salud, de ahí que aparezcan esas gorduras exageradas en las personas que comen muchas veces fuera de la casa, acompañándolas siempre con los refrescos llenos de azúcares y cafeínas.

La comida fuera de la casa puede ser un placer, sobre todo para las madres que tienen que hacer diariamente los milagros y equilibrios económicos para que les alcance el presupuesto y poder dar gusto a todos. Que su familia les atienda a ellas de vez en cuando, es un privilegio que se lo deberían dar, como premio de reconocimiento al esfuerzo que continuamente hace. Algunas madres dicen: Cuando llego a fin de sueldo, todavía me quedan muchos días para terminar el mes. 

La comida familiar es el lugar perfecto para que toda la familia cumpla con su misión de transmitir con el ejemplo la práctica de las virtudes y valores humanos, enseñar a pensar, a amar al prójimo, a hablar con Dios dándole gracias por los alimentos recibidos y a defenderse de las influencias y agresiones externas. Es el epítome de una buena educación y la mejor demostración de lo que hay detrás de ese comportamiento.

En las comidas familiares nadie debe practicar los desordenes alimenticios de la ortoexia, la vigorexia, la bulimia, la anorexia, la gula, la hipocondría, etc. Es muy difícil de distinguir la línea divisoria entre ellas. Todos son desordenes muy peligrosos que se pueden convertir en patrones alimenticios restrictivos, obsesivos y extremos.

La ortoexia es un desorden alimenticio que se caracteriza por la obsesión de consumir alimentos considerados saludables, lo que puede conducir a la desnutrición y hasta la muerte. Las familias que la consienten, cometen un grave error y producen un mal ejemplo si los familiares exigen comen a la carta. La madre no es la esclava que tiene la obligación de satisfacer las impertinencias o caprichos de sus hijos, aunque si hubiera una enfermedad o recomendación médica, la cosa cambiaría. Las madres tienen que descartar las famosas frases: “De eso, a mí, mi hijo no me come, bueno es él. Si no le gusta no lo come y yo le preparo otra cosa. “No come huevos o come solamente la clara, la yema dice que le han dicho que es mala”.

Hay pasteles llamaos «tres leches» y familias que compran cuatro tipos de leches diferentes pues cada uno de la familia quiere tomar la suya propia. Leche con el 2% de grasa, con el 1%, cero grasa, de soja, con chocolate y un largo etc. Este desorden, entre otras cosas supone una mala educación y un costo muy alto, además de muchos viajes adicionales a la tienda, pues casi nunca se terminan a la misma vez y cuando se ha terminado una de las leches, hay que salir corriendo a la tienda, porque a mi hijo, marido, esposa, etc. no se le puede dejar sin su tipo de leche. A lo peor no tomaría leche ese día y empieza un problema. Si a los hijos no se les ha acostumbrado a comer de todo y sanamente, suelen hacer un gran ridículo ante terceros, en los restaurantes, excursiones, escuela, trabajos, cuando llegan invitados a la casa y un largo etc.

La madre o quien organice el presupuesto familiar, la comida, las compras, la despensa y la economía familiar, no puede dar gusto a todos los de la familia, pues tendría que comprar un programa especial de computadora, para además cumplir con unas reglas de alimentación relacionadas con las calorías, carbohidratos, proteínas, fibras, etc. que cada hijo quiere o necesita o supone que necesita.

Las comidas familiares han sufrido el mismo camino negativo que la sociedad, que ha pasado de ser una sociedad autoritaria a una sociedad absolutamente laxa en cuestiones de autoridad. Las normas de educación en las comidas familiares, en muchos casos han desparecido dejando la vida carente de ellas, de todo lo que suponga esfuerzo, dificultad o compromiso. Por eso a algunos hijos nadie les habla de obligaciones, todos les hablan de derechos, incluso para que los utilicen cuando están en la mesa familiar. Para que los hijos no se traumen, les hablan poco y mal de la experiencia enriquecedora de la comunidad familiar, del trabajo, de la austeridad, de la lucha y del posible fracaso. Solamente les hablan de la cara blanda y aterciopelada de la vida y de sus derechos. Así tenemos esos resultados educativos tan devastadores.

No he aprendido, por lo tanto no puedo enseñar, este circulo vicioso ocurre algunas veces cuando hace falta demostrar una buena educación social y familiar, pero ya es muy tarde para hacerlo, pues los hijos se marchan de la casa sin haberlo aprendido, por lo que no lo pueden transmitir a la siguiente generación. Todo lo que se haya trabajado para que la comida familiar sea un éxito tiene resultados a plazo corto y a plazo largo. Nunca debe importar en una familia bien educada lo que otras personas opinen de ellos, la buena educación es su determinación y placer, no es el de ellos.

Las comidas de las familias con mala educación giran en torno a tres electrodomésticos: El frigorífico para comer a la carta lo que se quiera a cualquier hora del día o de la noche y así no tener que comer en familia, ni someterse a las comidas o costumbres familiares. Las pantallas electrónicas para aislarse y no convivir con el resto de la familia. El teléfono para aislarse mucho más de lo que pueda suceder en la mesa familiar. Con estos tres electrodomésticos funcionando, nadie tienen que hablar para expresar sus opiniones, creencias o convenciones.

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Pedir perdón a los hijos por haberlos educado mal

ESCUELA PARA PADRES

Pedir perdón a los hijos por haberlos educado mal.

  • 101 Ocasiones en las que hay que decir: Hijo, te pido perdón porque te he permitido hacer lo que querías.  

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Cuando los padres piden perdón a los hijos, reciban o no el perdón de ellos, se les abre un mundo mucho mejor y se liberan de las ataduras, que por sus posibles acciones u omisiones, les impiden vivir felices. 

Pedir perdón a los hijos no se hace solamente con palabras, previamente tiene que haber el pleno conocimiento de lo que se ha realizado mal, un fuerte arrepentimiento, un firme propósito de la enmienda y la certeza de poner los medios necesarios, presentes y futuros, para que no vuelva a ocurrir, además de resarcir los posibles daños producidos a los hijos. Qué difícil es pedir perdón a los que hemos ofendido, no importa habernos dado cuenta tarde. 

¡Hijo! Te pedimos que nos perdones porque no supimos educarte bien y a su debido tiempo y ahora estás condenado en la cárcel o en una gravísima situación irreversible. Nos convino creer que tenía que dejarte tomar tus propias decisiones según tu libre albedrío, aunque no te habíamos enseñado a usarlo. 

También debemos pedir perdón a algunos segmentos de la sociedad que por nuestra culpa u omisión, se han desviado del buen camino moral y social y han caído en el infierno en vida de la delincuencia criminal

Si los padres no piden perdón a los hijos, tengan la edad que tengan, sean los que sean los motivos de los problemas o distanciamientos, antiguos o actuales, claros u obscuros, convierte a los padres en víctimas de sus propios actos y les impide cualquier posibilidad de cambio. Es injusto y pernicioso para padres e hijos, utilizar la tendencia de culpar a otros y hacerles responsables por las propias acciones, omisiones, fracasos y frustraciones. 

¡Padres, no tengan miedo, sean valientes! Tengan el orgullo de saber pedir perdón, no duden a enfrentarse y a pedirlo con sinceridad, reconociendo lo verdaderamente mal hecho y evitando caer en ese mecanismo habitual de defenderse, para no aceptar las propias fallas, limitaciones, debilidades y capacidades. 

Qué difícil es querer darse cuenta de haber educado mal o hecho mal a los hijos. Para ello hay que temer una conciencia muy sutil, afinada y comprometida con la verdadera educación familiar. Muchos padres prefieren no escarbar, en la forma como ha educado a sus hijos. Si no averiguan y ahondan en los hechos, creen que serán más felices, pues así no tendrán remordimientos de conciencia. Algunos padres dicen: Allá ellos, los hijos, que se las arreglen como yo me las he arreglado, con las educación que me dieron. 

Pedir perdón a los hijos, no socava la autoridad de los padres, ni significa perder el respeto del hijo. Al contrario, enaltece a los padres y les hace mucho más importantes a la vista de los hijos. Es un ejemplo de humildad, que los hijos pueden aprender para su futuro. Hay que aprender a pedir perdón a los hijos, por mucho que los padres estén acostumbrados a que se lo pidan, incluso cuando son los generadores del problema. Esta demostración de humildad, además tiene que ser incluso interna. Pedirnos perdón a nosotros mismos también, porque no hicimos lo que teníamos que haber hecho, consciente o inconscientemente, ya que de esa decisión salieron o pudieran salir perjudicados los hijos. 

Cuantas veces se les olvida a los padres o no quieren reconocer, que sus malas actuaciones, por activa o por pasiva, son los responsable de la desgraciadas situaciones, por las que tienen que atravesar sus hijos o de las malas y únicas alternativas, que la sociedad les ofrece. 

Los padres no se pueden quejar si los hijos les salen criminales, revoltosos o sinvergüenzas. Es muy posible que estén recogiendo lo que los padres han sembrado, sobre todo, si no les han educado bien. O cuando los hijos se ven obligados, a elegir circular por malos caminos, como única alternativa para salir del infierno de su casa. Los padres muchas veces, no quieren pedir perdón a los hijos, a pesar de haberlos conducido a que tomen desgraciadas soluciones, al haberlos criado en una familia, carente de los principios básicos que deben regirla. 

Es muy fácil echar la culpa a otros, de los males que nos suceden y muy difícil aceptar que esos males, han sido debido a nuestras acciones u omisiones. Desgraciadamente, las consecuencias hay que pagarlas, por no haber obrado diligentemente, como buenos padres de familia o como miembros de la sociedad. 

101 Ocasiones en las que hay que decir: Hijo, te pido perdón porque te he permitido hacer lo que querías:  

A cada una de las siguientes frases deben añadirle: pero no te decía nada, al ver que eras joven y que todos a esa edad habíamos hecho lo mismo o parecido. Pensaba que tenías que aprender a vivir” 

  1. Cuando adquiriste deudas o responsabilidades que pensabas poder pagarlas, aun a sabiendas que era casi imposible que lo hicieras, y yo acudí a pagarlas o solucionarlas en tu nombre, pero…
  2. Cuando ante la familia o los amigos, no cumplías ni con las mínimas normas de la buena educación o buenas maneras sociales, pero…
  3. Cuando aparecían en tu habitación, en tu mochila o en tus bolsillos, cosas que no te pertenecían, o no correspondían a tu edad, pero…
  4. Cuando aun siendo muy joven, me enteré que mantenías un noviazgo con actitudes externas muy deshonestas, pero…
  5. Cuando circulabas a alta velocidad con mi automóvil o con la motocicleta que te había comprado, incluso sin mi permiso, ni el de conducir, pero…
  6. Cuando con mi sobreprotección, excesiva vigilancia y coacción, te sofocaba y coartaba las alas de tu libertad, frenando tu crecimiento, pero…
  7. Cuando con rabietas rompías tus cosas, sabiendo que después te compraríamos otras nuevas, pero…
  8. Cuando contestabas desagradablemente a tus padres y familiares mayores, con insultos, sarcasmos, ironías o empleando malas palabras, pero…
  9. Cuando decías malas palabras que se habían incrustado en tu vocabulario y no te decía nada, pero…
  10. Cuando dejábamos que te alimentaras solamente con lo que tu querías, hasta que llegaste a enfermar de desnutrición, pero…
  11. Cuando el maestro te reñía o ponía malas notas y le amenazabas con decírselos a tus amigos de las pandillas, para que le rompieran el automóvil o pincharan las ruedas, pero…
  12. Cuando en tu presencia, peleaba o discutía con mi cónyuge, pero…
  13. Cuando estabas parte de la noche enganchado en las redes sociales y a la mañana, era muy difícil que coordinaras tus estudios por la falta de descanso nocturno, pero…….
  14. Cuando exclusivamente para que lo vieran los demás, aparentaba amarte y te protegía excesivamente, sofocándote y frenando tu crecimiento y desarrollo, pero…
  15. Cuando faltabas a la escuela y no te reñía o castigaba, pensando que eras joven y que todos a esa edad habíamos hecho lo mismo o parecido. Tenias que aprender a vivir, pero…….
  16. Cuando golpeabas adrede a tus hermanos, a otros niños o jóvenes, incluso a familiares mayores, pero…
  17. Cuando hacías pequeños negocios sucios o medio ilegales y te felicitaba, pues me enorgullecía que tuvieras madera de empresario, pero…
  18. Cuando he usado el pedirte perdón para manipularte o chantajearte, sobre hacer lo que yo quiero, pero…
  19. Cuando imitabas los gestos y lenguajes obscenos de algunos artistas de moda, además de poner sus fotografías en tu habitación, pero…….
  20. Cuando llegabas a casa observamos tus primeras adicciones, debido a que olías a alcohol, tabaco, marihuana u otros signos externos, malos o impropios de tu edad, pero…
  21. Cuando llegabas tarde a casa no te reñía, ni castigaba, pero…….
  22. Cuando llorabas continuamente hasta que conseguías lo que querías, te conviniera o no, pero…
  23. Cuando maltratabas a los animales por sadismo, sin preocuparte por su sufrimiento, pero… 
  24. Cuando manejabas más dinero del que te habíamos dado, pero…….
  25. Cuando mentíamos hasta en tu presencia, dándote mal ejemplo, pero…
  26. Cuando mentías en cosas importantes, como con los objetos y dinero que tenías, donde habías estado, quienes eran tus amigos, etc., pero…….
  27. Cuando mentías sistemáticamente, para obtener lo que querías, para evadirte de tus responsabilidades o para echar la culpa a otros, pero…
  28. Cuando no aprobabas las asignaturas, debido a que no querías estudiar ni aceptar que te ayudaran, pero…….
  29. Cuando no estuve a tu lado, a pesar de que entonces me necesitabas, pero…….
  30. Cuando no evité que te metieras en situaciones extremas, para llamar la atención y por esa falta de límites, tuviste esas consecuencias tan graves para toda la vida, pero…….
  31. Cuando no hacías las tareas de la escuela y te daba una tarjeta, diciendo que habíamos ido al medico, aun siendo mentira, pero…
  32. Cuando no me interesaba por los contactos que tenias en las redes sociales, aun a sabiendas, que posteriormente hacías citas con extraños, pero…
  33. Cuando no nos importaba el no inculcarte, las virtudes y valores humanos necesarios, para tu formación humana, religiosa, familiar y social, pero…….
  34. Cuando no nos querías decir quienes eran tus amigos, para que no pudiéramos hablar con sus padres, pues teníais una doble vida, pero…….
  35. Cuando no permitías que nadie entrara en tu habitación, aunque sospecháramos que allí escondías cosas peligrosas, para tu salud y vida moral y social, pero…….
  36. Cuando no querías escuchar a tus padres y no éramos capaces de convencerte, ni persuadirte para que lo hicieras, pero…….
  37. Cuando no querías escuchar a tus padres, si te recriminaban o aconsejaban, pero…….
  38. Cuando no querías ir a la escuela y permitíamos que te quedaras en casa o que fueras a casa de otro amigo, que tampoco iba a la escuela, pero…….
  39. Cuando no querías ir a la iglesia, ni a formarte religiosamente y lo consentíamos, dejándote hacer todo lo que quisieras, pero…….
  40. Cuando no supimos enseñarte a que distinguieras entre el bien y el mal, quizás porque nadie nos había dicho como hacerlo, y no intentamos aprenderlo, pero
  41. Cuando no supimos, no quisimos o no pudimos comprender, los cambios propios de tu edad y seguíamos tratándote como si no hubieras crecido, pero…….
  42. Cuando no te decíamos nada, al darte arrebatos de cólera y destrozabas todo lo que tenias a mano, pero…
  43. Cuando no te educábamos, pensando que lo malo que hacías era por nuestra culpa, eras incorregible u ocurría por circunstancias inevitables, pero…
  44. Cuando no te llamábamos la atención, permitiéndote hacer lo que quisieras en la casa o sitios públicos, aduciendo que los niños y los jóvenes son así y que hay que dejarles que tengan su espacio de libertad, aunque molesten a los demás, pero…
  45. Cuando no te llevamos a la tienda a devolver o pagar con tus ahorros, los dulces, juguetes u objetos que habías robado, pero…….
  46. Cuando no te poníamos límites a tus malas acciones y te dejábamos hacer lo que te diera la gana, pero…
  47. Cuando no te poníamos límites, de acuerdo con los valores religiosos, morales ni sociales, a tu mal comportamiento, pero…….
  48. Cuando no te visitamos en el hospital, porque habías tenido un accidente al conducir borracho, sin pensar que la culpa había sido nuestra, por consentirte hacerlo, pero…
  49. Cuando no te visitamos en la cárcel porque habías robado, sin pensar que la culpa había sido nuestra, por haberlo pasado por alto la primera vez, pero…
  50. Cuando no tuvimos la paciencia, comprensión, humildad y grandeza de espíritu, para saber que no siempre teníamos razón y no atendíamos a tus razones, olvidándonos, de lo importante que es el dialogo entre padres e hijos y el saberles escuchar, pero…….
  51. Cuando nos enteramos que hacías sexting en el Internet y en las redes sociales, con fotografías tuyas y de tus amigos, pero…….
  52. Cuando nos refugiábamos innecesariamente, en nuestros trabajos o actividades sociales, para aislarnos de nuestra primera obligación, irrenunciable e intransferible de educar a los hijos, dedicándoles el tiempo necesario en las comidas, en las ayudas de las tareas escolares y en los ratos de vivencia familiar, pero…
  53. Cuando ocultaba a mi cónyuge, lo que había observado sobre tu peligroso comportamiento, pero…
  54. Cuando para quitarte de encima y que no nos molestaras, te dábamos para que gastases todo el dinero que querías, acostumbrándote al consumismo, al despilfarro y a no valorar nada, pero…
  55. Cuando para quitarte de encima y sin que lo necesitaras, te comprábamos los últimos juguetes, aparatos electrónicos y ropa, para que presumieras ante tus amigos y otros familiares, pero…
  56. Cuando pedías permiso para ir a dormir a casa de algún amigo, y no nos preocupaba saber dónde, con quién y por qué estabas allí, pero…….
  57. Cuando pedimos perdón a un determinado hijo, pero no lo hacíamos con los otros, ni con mi cónyuge o familiares, pero…
  58. Cuando pegabas, maltratabas, insultabas o hacías bullying a otros compañeros, pero…….
  59. Cuando permitíamos que comieras lo que quisieras, cuando quisieras y donde quisieras, por eso ahora tienes tanto sobrepeso y sus derivados problemas de salud, pero…
  60. Cuando permitíamos que no tomaras las medicinas o hicieras lo que el medico te había ordenado, debido a que no querías hacerlo, pero…
  61. Cuando permitíamos que realizaras ejercicios, actividades o deportes impropios de tu edad o condiciones físicas y mentales, pero…
  62. Cuando permitíamos que te encerraras en tu habitación, ignorando lo que hacías y nunca estuvieras conversando o comiendo con el resto de la familia, pero…
  63. Cuando permitíamos que tus ropas fueran como la de los pandilleros y llevaras sus signos externos, marcando esa imagen en la escuela, en la familia y con los amigos, pero…
  64. Cuando quisimos educarte de la misma forma, que nos educaron a nosotros, sin tener en cuenta los muchos cambios que ha habido en la sociedad y que deberíamos habernos actualizado, sin perder los principios básicos de la práctica de las virtudes y valores humanos, pero…….
  65. Cuando sabiendo que no estabas bien educado, preferimos mirar para otro lado y no tuve inconveniente, incluso por satisfacción propia, a que te marcharas de la casa familiar a estudiar o a trabajar, aun a sabiendas que fracasarías, pues no estabas enseñado a luchar, ya que te había criado entre algodones o consintiendo que hicieras lo que querías, pero…
  66. Cuando salías con aquellos amigos que llevaban una mala vida, dando mal ejemplo a tus hermanos y quitando la buena imagen de tu familia, pero…
  67. Cuando salías de casa con grandes escotes, pequeñas minifaldas y vestidos deshonestos, y no te decía nada, porque pensaba que eras joven y que todas a esa edad hacían lo mismo y no queríamos que desentonaras, pero…
  68. Cuando sistemáticamente desobedecías y en todo hacías lo contrario de lo que te decíamos, pero…
  69. Cuando te burlabas de otras personas, niños o adultos, porque tenían defectos o eran más débiles que tu, pero
  70. Cuando te castigamos sin tener razón, ya que no habíamos  comprendido bien los motivos de tu falta, ni escuchado atentamente lo que nos decías. Nos habíamos dejado llevar por la indignación y no por la inteligencia, ni la justicia, pero…
  71. Cuando te comportabas de forma agresiva, impulsiva y violenta con tus hermanos, familiares y amigos, pero…
  72. Cuando te consentíamos que hicieras exhibiciones o actividades de alto riesgo, ante tus amigos o familiares, para contrarrestar tu complejo de inferioridad, pero
  73. Cuando te consentíamos que trataras mal a tus abuelos y a otros familiares o amigos mayores, a los que debías respeto, pero…
  74. Cuando te convertiste en vigoréxico por tu mala alimentación, excesivo tiempo en el gimnasio y abandono de tus obligaciones escolares, pero…
  75. Cuando te dábamos demasiada libertad, sin ningún control y que siempre terminaba en libertinaje, pero…
  76. Cuando te dábamos mal ejemplo con nuestro fatal comportamiento en casa y fuera de ella, pero…
  77. Cuando te educamos en un total analfabetismo religioso, similar o rayando en que fueras ateo o agnóstico, pretendiendo que tuvieras una conciencia infantil y sin madurar en las prácticas religiosas, familiares y sociales, pero…
  78. Cuando te encerrabas en tu habitación, con aquellos amigos o amigas raras y no nos preocupábamos de saber lo que hacíais, pero…
  79. Cuando te encontrábamos cosas peligrosas en tu habitación, y decías que se las estabas guardando a un amigo, pero…
  80. Cuando te escatimábamos los más indispensables gastos, para tus materiales escolares y formación, alegando que no teníamos dinero, mientras lo derrochábamos con amigos, en comidas, bebidas, espectáculos y otras adicciones, pero…
  81. Cuando te facilitamos las recompensas, sin que hubieras hecho ningún esfuerzo, pero…
  82. Cuando te he hablado con excesiva dureza, imponiendo mi autoridad, por encima de todo, sin mirar si yo tenia o no la razón, pero…
  83. Cuando te hiciste tatuajes, piercing y otras marcas en tu cuerpo, pero…
  84. Cuando te levantábamos el castigo impuesto o no te ponía ninguno, porque eso alteraría nuestros horarios personales o sociales, pero…
  85. Cuando te llenaste de deudas y tuvimos que declararnos en quiebra, porque no te habíamos enseñado los básicos principios de los ingresos, gastos y ahorros, pero…
  86. Cuando te llevábamos a sitios de personas mayores, para iniciarte en acciones inmorales, pero…
  87. Cuando te llevé a una escuela de alumnos perdedores, que tenía fatales referencias académicas, morales y sociales. Pero era más cómodo para nosotros, no cambiarnos de casa y tener otra escuela mejor, pero…
  88. Cuando te mentíamos para tenerte engañado o para que no te enfadaras, pero
  89. Cuando te metiste en problemas con la policía y te solucionamos la situación, evitándote que sufrieras las consecuencia de tus actos voluntarios, en vez de apoyarte y ayudarte a reconocer y resolver tus errores, pero…
  90. Cuando te mostrabas continuamente de forma maleducada, delante de la familia, amistades y en sociedad, justificándote y no reprendiéndote, pero…
  91. Cuando te peleabas con tus hermanos, abusando de tu edad y fortaleza y no te decíamos nada, pero…….
  92. Cuando te permitíamos tener en tu habitación, la televisión, el Internet y el teléfono, sin querer tener ningún conocimiento de lo que estabas viendo o hablando, pero…
  93. Cuando te pusiste obeso porque no tomabas un desayuno, ni almuerzo balanceado con fruta, cereales, leche, proteínas, vegetales y carbohidratos de calidad  y solamente tomabas, pastelería industrial, pizza, salchichas, patatas fritas, refrescos edulcorados y con cafeína, etc., pero…
  94. Cuando te reprendía o castigaba el maestro y nosotros íbamos a enfrentarnos con él y a reclamarle, por haberte reñido, poniéndonos siempre de tu parte, y a ti no te reprochábamos nada, pero…
  95. Cuando te sobreprotegíamos para que no tuvieras problemas, haciendo nosotros las cosas que tu deberías haber hecho, para que hubieras aprendido a ser un adulto, pero…
  96. Cuando te sobreprotegíamos y no te poníamos límites ni normas, para nada relacionado con tu educación, ni la convivencia en la familia, ni en la sociedad, pero…
  97. Cuando te tratábamos con violencia física o verbal, lo que hizo cambiar tu carácter y volverte más agresivo y desconfiado, pero…
  98. Cuando tenias un empleo y aunque lo necesitáramos, no aportabas nada de tus ingresos, para sufragar parte de los gastos de la casa, pero…
  99. Cuando tirabas la basura por la calle, sin ninguna conciencia ciudadana, ni de educación medioambiental, porque hacías lo mismo que nosotros, pero…
  100. Cuando veías, leías o escuchabas músicas, inapropiadas y peligrosas para tu edad, pero…
  101. Cuando vivías envilecidamente, sin moral ni principios y sin cumplir con los 10 Mandamientos de la Ley de Dios, en un puro autoengaño, pero… 

¡Padres! El análisis de estas 101 situaciones, les puede ayudar a comprobar lo que están haciendo bien, lo que están haciendo mal, lo que no están haciendo y lo que deberían mejorar, en relación con la educación de sus hijos. Así podrán tomar la decisión, de continuar haciendo lo que están haciendo o de enmendarlo, para conseguir una mejor educación de sus hijos y cumplir con la responsabilidad de Vds. y de sus hijos. Si lo hacen, al final ambos saldrán ganando y mucho más unidos. 

¡Padres! Aprendan a educarse Vds. los primeros. Tienen que ser muy buenos alumnos de la educación para poderla enseñar posteriormente a sus hijos. Nadie nace sabiendo, y mucho menos las asignaturas imprescindibles para dar una buena educación a los hijos, como son las virtudes y valores humanos. Pedir perdón, solamente es el primer paso de enmendar los errores cometidos.

Los padres que no piden perdón a los hijos, cuando deberían hacerlo, se suelen encontrar con una gran angustia, motivada por lo que han hecho o por lo que deberían haber hecho y no lo hicieron. El no pedir perdón, suele producir a las personas, enfermedades mentales y emocionales, hasta deprimirlas y volverlas neuróticas, sicóticas, sicópatas, etc. Máxime si esa dejadez, es el origen de problemas graves, en los que estén metidos los hijos. 

Los padres no deben buscar, fuera de sus propias actitudes personales, la explicación a los problemas, fracasos, frustraciones y circunstancias adversas de los hijos. No pueden alegar que ellos educan, como lo hace la sociedad actual o como les educaron a ellos. Eso es buscar chivos expiatorios o factores externos a los que culpar, por las propias acciones. No deben argumentar, que como ellos han sufrido una mala educación, que la sufran otros también, y que como nadie nos ha pedido perdón, por habernos educado mal, nosotros tampoco pedimos perdón a nadie y menos a nuestros hijos. Esto es ser vengativos, egoístas y fracasados, al devolver ojo por ojo, incluso a las personas que más deberíamos querer. 

Los padres que tienen la actitud, de negar su propia responsabilidad educativa, viven encerrados egoístamente, en la propia autosatisfacción del beneficio y gratificación personal, sin tener en cuenta, que se dañan a sí mismo con heridas morales y emocionales, todavía más dolorosas que las físicas. Heridas que van empeorando con el tiempo, especialmente cuando las atesoran, las esconden y no las curan con arrepentimiento, el cual debe estar complementado, con el propósito de la enmienda y la decisión de pedir perdón y perdonar. 

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El embarazo voluntario de las adolescentes, utilizado para escapar de la violencia familiar

ESCUELA PARA PADRES

 El embarazo voluntario de las adolescentes, utilizado para escapar de la violencia familiar

 2,734 Palabras Tiempo de lectura 10:00 minutos

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La violencia familiar puede ser física o psíquica, producida entre los padres, o de los padres contra los hijos, de los hermanos contra los hermanos o todos contra todos, es uno de los orígenes de gran número de embarazos entre las adolescentes. Cuando la violencia está incrustada en la familia, también suelen estar las adicciones y las infidelidades. Por esas razones, los hijos suelen intentar marcharse de la casa, aunque sean menores de edad o no tengan donde ir. Los padres tienen legalmente el derecho de retenerlos en ese infierno, ejerciendo la patria potestad hasta los 18 años o hasta que consigan la emancipación legal. 

Los hijos menores de edad, necesitan el permiso de sus padres, para abandonar la casa familia y contraer matrimonio, si los padres no se lo otorgan, los hijos pueden solicitarlo a los jueces para que se lo concedan, en función de las circunstancias que concurran, en cada caso y las leyes que haya en cada país, estado o ciudad. Una de las circunstancias que más aducen las adolescentes ante los jueces, es que están embarazadas y quieren casarse con el supuesto padre biológico. Estas situaciones deben consultarlas exclusivamente, con los abogados especializados, que son los encargados de recurrir ante la justicia, para hacer valer las leyes. En cada caso particular, aplican las leyes de que podrán emanciparse y contraer matrimonio, las mujeres que tengan edades superiores a los 14 años y 16 años para los varones, aunque está demostrado, que todavía no tienen la madurez suficiente, física, ni mental, para tomar esa decisión. Aunque puedan declarar el nacimiento de sus hijos, recién nacidos ante el Registro Civil, sin que medie autorización de sus progenitores, representantes o responsables. 

Para salir del infierno en vida de la violencia familiar, las hijas, algunas veces, utilizan el recurso de buscar un novio, para quedarse embarazadas, y así poder solicitar ante un juez, el permiso para abandonar la casa paterna, pues sin una orden judicial, no pueden ni casarse, ni abandonar la casa familiar. Para conseguir la orden judicial, tienen que demostrar que están embarazadas y que pueden vivir por su cuenta, o que van a casarse con el supuesto padre biológico, si es que éste accede a casarse. 

No piensan que casi siempre es “saltar de la sartén al fuego”, pues esos embarazos premeditados, con el consentimiento o sin él, del posible padre biológico, tienen muchas probabilidades de que éste desaparezca o no se responsabilice de la criatura que va a venir, a no ser que también se le exijan responsabilidades judiciales de manutención. Es egoísmo y manipulación, que siempre termina mal. 

El analfabetismo religioso, la infancia espiritual, la falta de principios morales, la mala educación, familiar, escolar y social recibida, el mal ejemplo de los padres, las costumbres asentadas en determinados grupos sociales, la pobreza, los malos ejemplos de personajes célebres, los medios de comunicación, la inestabilidad familiar de los padres, relacionada con los múltiples divorcios, parejas de hecho, familias monoparentales, etc. son los principales factores que fomentan la violencia familiar y por ende, las consecuencias que lleva adosadas. Este analfabetismo religioso, la mayoría de las veces, está fomentado desde las propias familias y hacia las familias, por las mismas instituciones políticas, económicas y sociales. 

!Padres! Con esa violencia familiar y la mala educación ofrecida a los hijos, están originando o forzando a que su hija adolescente, tome esa desgraciada solución, de buscar un embarazo a destiempo, sin amor, sin responsabilidad y sin conocimientos, que destroce para siempre su vida y la de su futuro hijo, para salir del infierno de su familia. Examinen con profundidad, si están cuidando la calidad de vida dentro de su familia, no la conviertan en un infierno para sus hijos. 

Hace años, algunas hijas adolescentes, huían de sus casas tras un hombre, por amor o por evitar estar encerradas o pisoteadas en su dignidad humana. Han pasado muchos siglos y las cosas, siguen igual en algunas familias. Padres, traten de que sus hijos sean felices al ofrecerles el refugio y centro educacional, que tiene que ser una familia. Con esa violencia familiar, los padres pueden ser los responsables de que sus hijos, primero, deserten de los estudios, después, se integren en las bandas delictivas, y en el camino tengan relaciones sexuales fuera del matrimonio, que terminen en embarazos no deseados, con todas las consecuencias de abortos, madres o padres solteros, rupturas familiares, enfermedades contagiosas, etc. 

El hecho de vivir bajo la violencia familiar, induce a las hijas a buscar a un mercenario sexual, para padre biológico de su embarazo. Cómo va a ser eso amor, lo que saque a la hija adolescente, de vivir bajo la violencia que producen sus padres. El amor no es una conquista, sino un descubrimiento. Se ama al otro, en la medida que se sigue buscando y descubriendo motivos para amarlo. El amor es un sentimiento, pero también es una opción. Es la decisión de ser un buen prójimo y no pasar al lado de las necesidades del otro, sin importar tener que ensuciarse, ni dar el tiempo, ni el talento, ni el tesoro propio. El amor no es poesía, ni son palabras o regalos, el amor es el día a día, es paciencia mezclada con comprensión, es capacidad para esperar, es poner lo mejor de cada uno, es pensar en el bien de todos, es interés sincero por el otro, es saber escuchar, es dedicación, es acompañar aunque dé la sensación de estar perdiendo el tiempo, es cuidar, es saber exigir sin dejar de motivar, es rezar los unos por los otros, es, en definitiva, estar dispuesto a dar la vida por el otro. 

Uno de los principales problemas asentado en algunos grupos sociales marginales, es la violencia familiar, motivada entre otras cosas, por la falta de educación en las virtudes y valores humanos, de los padres y de los hijos. Y una de las muchas y muy graves consecuencias de la violencia familiar, es la enorme cantidad de embarazos de adolescentes, muchas veces, buscado expresamente por las adolescentes, que sufren esta violencia familiar. Gravísimo problema que contamina, tanto a la futura madre, como la mayoría de las veces al engañado, sorprendido y utilizado padre biológico, y todos los familiares relacionados. 

Las madres solteras y las familias monoparentales,  son una desgracia para ellas y para la sociedad. Cuantas veces se les olvida a los padres o no quieren reconocer, que su hija se convirtió en madre soltera, debido a la violencia que ellos ejercieron en la familia. Ellos son los responsable, de la desgraciada situación que su hija eligió o que fue obligada a elegir, para salir del infierno de su casa. Cuántas veces tendrían que pedir perdón, los padres a los hijos, por haberlos conducido a que tomen esas desgraciadas soluciones, por haberse criado en una familia carente de los principios básicos que deben regirla. Ese pedir perdón, solamente se puede hacer, si previamente hay un pleno conocimiento de lo realizado, un fuerte arrepentimiento, un firme propósito de la enmienda y la certeza de poner los medios, para que no vuelva a ocurrir, además de resarcir los daños producidos a los hijos. 

La violencia familiar, protagonizada por los padres, desgraciadamente puede obligar a esas adolescentes, a buscar con premeditación y alevosía su embarazo, creyendo que es la única solución para salir de la miseria económica, física y emocional, están destruyendo sus vidas y las de todos los de alrededor, incluyendo la del niño que va a nacer, si es que nace y no  abortan y que en el mejor de los casos, crecerá casi siempre en una familia disfuncional, casi siempre igual de la que, la adolescente ha tenido que huir y que tendrá como escenario de nuevo: Una nueva familia rota, la violencia, la deserción escolar, la pobreza, la violencia familiar, la adicción a las drogas legales o ilegales, el hacinamiento, la falta de autoridad, el desorden, etc. Ese círculo vicioso, del que se entra fácilmente y casi nunca se sale, lo demuestran las estadísticas. 

Al huir de la violencia familiar, los hijos se suelen refugiar en llevar vidas licenciosas, practicando lo que está a la orden del día, como es el uso de los anticonceptivos, los abortos y las píldoras del día después. Incluso los cambios de pareja, hasta que encuentran algún posible padre biológico, que muchas veces no se entera de donde se ha metido. Creen esos adolescentes, que ese libertinaje, es un juego que no trae malas consecuencias personales, ni sociales, y que con un aborto, todo se termina. 

Algunas adolescentes sometidas a la violencia familiar, suelen encontrar normal los embarazos juveniles, debido a que también sus abuelos, padres, tías, hermanas, vecinas, amigas, etc. sufrieron la violencia familiar de la misma manera y buscaron la solución en los embarazos adolescentes, pues tampoco tenían o lo perdieron, la educación en el concepto moral de la vida. 

Es posible que sus padres tampoco hayan recibido una buena educación familiar, religiosa, moral, fisiológica, etc., por lo que no han tenido los motivos, la voluntad, la religión o el conocimiento suficiente, para mantenerse vírgenes hasta el matrimonio. 

Cuando hay violencia familiar, a los hijos se les quitan las ganas o motivaciones para asistir a la escuela, puesto que además esa violencia, suele conllevar un descontrol de la educación familiar. Ante esos condicionantes, no es de extrañar que deserten de la escuela, a la primera de cambio. Lógicamente al desertar de la escuela, se encuentran que tienen demasiado tiempo libre, mucha facilidad para emplearlo en lo que quieran, sin ningún control, pero normalmente, con el inconveniente de muy poco dinero para gastar. Esto origina que estén abiertos a hacer cualquier trabajo, legal o ilegal, para cubrir los gastos de estar tanto tiempo en la calle.

Estando en la pubertad o adolescencia, embarazadas o no, sin suficientes estudios, formación, ni experiencia, nadie les va a contratar para trabajar en ningún sitio, puesto que no sirven para trabajar, por lo que no pueden acceder, ni a los trabajos de los salarios mínimos. Tienen que vivir de lo que puedan ganar en las actividades que encuentre, sean buenas o malas. Indefectiblemente, pronto se darán cuenta, que no pueden vivir independientemente, máxime con las nuevas obligaciones que lleva su embarazo y el bombardeo de la publicidad, de las cosas buenas que podrían conseguir si tuvieran dinero. 

Al abandonar la casa familiar, porque no pueden resistir más la violencia imperante, tienen que buscar alguna salida a su situación y esa solución, pasa por encontrarse con algún otro desesperado, normalmente de los que tienen muchas horas libres, porque tampoco asiste a la escuela, anda por los mismos lugares y tiene los mismos estilos de vida, le embarace y quiera casarse o convivir con ella y de su futuro hijo. Esto lo suelen conseguir premeditadamente y como única salida, a la situación de violencia familiar. 

Cuando el supuesto padre biológico, se entera de su posible e irresponsable paternidad, lo primero que suelen hacer es ponerla en duda, acusar a su novia gravemente y después desaparecer, antes de que nazca el hijo, para evitar las pruebas de ADN o nada más nacer, para evadir los posibles pagos de manutención. Muy pocos de esos jóvenes, aceptan las consecuencias de los actos realizados, entre otras cosas, debido a su escasa o nula formación religiosa y social. 

Las que huyen de la casa familiar y se quedan embarazadas como madres solteras, tienen que tener mucha entereza, para no caer en la rueda de conseguir embarazarse de otro posible novio. Y así sucesivamente, hasta que consiguen encontrar a uno que acepte la paternidad de su probable hijo y la de los otros, que la madre tenga. A veces tiene la idea equivocada de que ya con el hijo, la relación con el padre biológico, será más estable, pero no se dan cuenta, que esos tipos de padres se van, huyen de la responsabilidad, inmediatamente de que se enteran de que ellos han sido los causantes o acusados, del embarazo. 

Hay estadísticas aterradoras, clasificadas por ciudades, edades, razas, grupos sociales, culturas, edades, etc. que demuestran, que la violencia familiar indefectiblemente, lleva al abandono de la casa familiar, a la deserción escolar, a los embarazos de adolescentes, a las madres con varios hijos y con diferentes padres biológicos, de esas criaturas, pero que al final viven solas con los hijos, pues nadie quiere cargar con la prole de otros padres. La única solución para mantenerse, suele ser vivir de los programas de caridad pública. 

Si esos padres violentos, se dieran cuenta de las desgracias que producen en sus hijos, tendrían que pedirles perdón de rodillas. Pero no seria suficiente, si junto al perdón no hubiera un firme propósito de arrepentimiento, un fuerte propósito de enmendar su comportamiento y una forma concreta, de resarcirles el daño que les han producido, irreversible y para siempre. No son suficientes unas buenas palabras de arrepentimiento. 

Las adolescentes embarazadas, además de enfrentarse a la misma situación que cualquier otra mujer embarazada, sufren una mayor desprotección social y económica, teniendo  que aguantar, muchas más y mayores preocupaciones sobre su salud y la de su hijo, de manera especial, en países con escasa atención médica y nula protección social, para la adolescente embarazada. 

Si los padres no ponen solución a la violencia familiar, existen muy pocas posibilidades de que los hijos, no se vayan de la casa o se busquen otro concepto de familia, la cual casi siempre, son las gangas o pandillas. En algunos segmentos de población y comunidades, hay un fuerte estigma social de los embarazos de adolescentes, fuera del matrimonio. 

Algunos padres, a pesar de ser muy violentos, aseguran con mucha frecuencia que en su casa no hay violencia familiar y que por lo tanto, sus hijas adolescentes, no tienen que recurrir al embarazo para salir de la crisis. Por ser los causantes de esa violencia ni quieren, ni saben, ni pueden educar a sus hijos, pues ofrecen un ejemplo nefasto. 

La mayoría de las hijas adolescentes que quedan embarazadas, provienen de hogares disfuncionales y muchas veces, inician las relaciones sexuales a edad muy temprana, porque están buscando amor, cariño, atención que en casa no tienen. Creen que es verdad lo que su «novio» les dice, sobre que las ama. Pero no entienden que lo que esos novios fortuitos quieren, es poder tener relaciones sexuales con ellas y que para evitar problemas, usen preservativos o métodos que les garanticen la esterilidad. Solamente las aman si son estériles, para no dejarles problemas, nada de amor, con entrega incondicional. 

La mayoría de los embarazos de adolescentes, son debido a que ni ellas ni ellos, tienen una buena formación moral y creen que pueden hacer lo que les de la gana con su cuerpo, porque son libres de hacer lo que quieran. Eso se lo enseñan, continuamente, en la familia y en la sociedad. Una libertad mal entendida, donde la moral no aparece en la educación. Solamente el hacer lo que quieran, cuando quiera, con quien quiera y cuantas veces quiera. Nadie les habla de las obligaciones con su propia persona, todos les hablan de los derechos que tienen sobre su cuerpo. 

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Padres, sepan escuchar a sus hijos

ESCUELA PARA PADRES 

Padres, sepan escuchar a sus hijos 

  • 18 Conceptos para escuchar bien a los hijos
  • 15 Reglas para mejorar el saber escuchar a los hijos
  • 10 Aspectos que facilitan la oportunidad de escuchar
  • 10 Ejercicios para aumentar la capacidad de escuchar a los hijos
  • 22 Sentencias sobre escuchar bien a los hijos  

4,214 Palabras Tiempo de lectura 15:00 minutos 

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Padres, escuchen a sus hijos. Los hijos continuamente están mandando mensajes de que quieren y necesitan ser escuchados, no sólo ser oídos. Mensajes que suelen ser enviados con el lenguaje corporal, con su comportamiento bueno o malo, utilizando a otros integrantes de la familia, etc. Piden continuamente un tiempo íntimo para poder preguntar, pues tienen demasiadas cosas para decir. Cuando los padres no les conceden ese tiempo, aunque desgraciadamente sea algunas veces muy corto, se encierran en si mismos y ya no quieren saber nada de abrir su boca, para explicar sus inquietudes. Posteriormente vienen los lamentos de los padres, aduciendo que sus hijos no son comunicativos, pero no se habían dado cuenta, de que llevaban mucho tiempo pidiendo unas migajas de convivencia con sus padres, para que les escuchen. 

Padres, estén muy atentos a cualquier señal, por muy pequeña que sea, que sus hijos quieren ser escuchados. Ofrézcanles todo el tiempo de calidad que puedan darles, para poder escucharles bien, con atención, sin prisas, ni agobios. El tiempo de calidad no es completo, si no está acompañado de unos buenos espacios para escuchar. Llevarles al cine o, al campo de fútbol, etc. lleno de ruido y con la atención puesta en lo que sucede externamente, está muy bien, pero no es lo mismo, que estar en un sitio privado de la casa, llevarles a un restaurante o a pasear al campo, para poder escucharles con detenimiento, pues escucharles es mucho mas, que simplemente oírles teniendo la cabeza puesta en otra cosa. Solamente después de escucharles con atención de mente y cuerpo, es decir con los cinco sentidos muy alertas, se puede empezar un buen dialogo.

Está muy bien que los padres salgan con sus hijos a pasear, al cine, al restaurante, al campo de fútbol, a pescar, etc. pero si no aprovechan los tiempos de soledad e intimidad con los hijos, para escucharles, están cumpliendo solamente una pequeña parte de lo que debe ser la educación integral de los hijos. Esta educación pasa por tiempos de confianza y apertura para escucharles y poder saber que es lo que quieren, lo que no quieren, sus angustias, sus alegrías, sus amores, sus problemas, sus esperanzas, sus inquietudes, sus dudas y un largo etc.

Los padres tienen que emplear las técnicas adecuadas, para fomentar la escucha, para que se dispare el gatillo de los hijos y que empiecen a hablar. A cualquier edad, los hijos tienen muchas cosas para decir y muy pocas personas adecuadas, a quienes decírselas y que quieran escucharlas. Los padres tienen que intentar que los hijos, no busquen sustitutos inadecuados, para que les escuchen. Tienen que estar en primera fila, para cuando les necesiten, pero mucho mejor sería, que fuera antes de que los necesiten.

Para los padres, muchas veces, ponerse a escuchar, es un verdadero acto de valentía, pues saben de antemano, que lo que seguramente escucharán, les va disgustar, a arañar sus entrañas, pues vendrá de quienes más quieren. Pero escuchar a los hijos, es un acto de valentía irrenunciable. Enfrentarse a la realidad, por muy cruda que sea. No escuchar es un acto de traición a sus hijos, pues si escuchan a los hijos, tienen la posibilidad de solucionarles los problemas, o al menos ayudarles a clarificar sus ideas.

Las redes sociales, suelen sustituir a los padres que no escuchan, algunos hijos, que no tienen quien les escuche, prefieren contar sus solitarias penas en las redes sociales, donde están convencidos que alguien les escucha, aun a sabiendas que pueden caer en manos de los depredadores para pervertirles. Esto pasa muchas veces, incluso estando cerca de los padres, que no les quieren escuchar, cuando les gritan su soledad o angustia. También optan por decírselas a sus amigos, sean estos buenos o malos, pues tienen que encontrar a alguien que les escuche.

Escuchar a los hijos, no es lo mismo que hablar a los hijos, cada cosa tiene su momento adecuado, para que no termine el hablar, sin escuchar, en un monólogo de los padres, echándoles una pesada bronca.

18 Conceptos para escuchar bien a los hijos:

  1. Comunicar a los hijos que los padres, a todas horas y bajo cualquier circunstancia, siempre quieren y están dispuestos a escucharles y de forma muy positiva, para que se produzca un verdadero intercambio de sentimientos y no de interrogatorios o monosílabos, que la mayoría de las veces quieren decir, “déjame en paz y cállate”.
  2. Hacerles participes en los temas familiares, de las alegrías, penas, discusiones, objetivos, planes, presupuestos, situación económica, etc. Esto les acostumbrará a ir dando sus opiniones, a ser cada vez más abiertos a darlas, y a los padres a tener que escucharles por haberles preguntado.
  3. Demostrarles confianza al pedirles su opinión, y si es conveniente delegarles responsabilidades y decisiones, procedentes de sus opiniones.
  4. Contarles cómo nos sentimos ante determinadas situaciones, en las que ellos estén implicados o no, para que vean que no es difícil expresar los sentimientos, opiniones, alegrías, cansancios y dificultades y que se adquiere una gran paz interior, cuando se comparten las cosas a su debido tiempo, circunstancias y personas.
  5. Hablarles de que todos queremos ser escuchados, pero sin tener que ser juzgados y sentenciados continuamente, por nuestros actos u opiniones. Si los hijos tienen bien claro, que les vamos a escuchar sin juzgar, seguramente estarán más dispuestos a hablar, que a quedarse callados. Los padres deben fomentar estas situaciones, para escucharles con mucha atención. Es muy bueno empezar desde pequeños, con temas a su alcance mental, para crear costumbre.
  6. Ponerles más atención cuando hay algún problema grave, que pueda ser por un mal comportamiento de los hijos, por un problema de los padres o de la familia en conjunto. Hay que escucharles muy atentamente, lo que quieren decir y cómo lo quieren decir.
  7. No retrasarse en preguntar lo que haya que preguntar, aunque no quiera escuchar lo que supuestamente va a escuchar. Es preferible ser un padre que escucha, aunque duela, a ser un padre que ignora.
  8. Exija escuchar las explicaciones que los hijos deban darle, quieran o no quieran, les guste o no les guste hacerlo. La autoridad paternal en materia familiar, moral y social, no debe ser disminuida, excluida, anulada ni abolida bajo ningún concepto y mucho menos, en función de lo que los padres tienen y deben escuchar.
  9. Escuchen los cónyuges a los hijos, por separado o unidos, con la misma línea de amor y de exigencia hacia ellos, principalmente en las normas transcendentales de obligado cumplimiento personal, familiar, moral y social.
  10. Escuchen bien a los hijos, pero tengan mucho cuidado, si los hijos les tienden la trampa de “divide y vencerás” o si ya conocen los puntos flacos de cada uno de los cónyuges, y siempre se dirigen hacia el más débil, para conseguir lo que con el otro cónyuge, no conseguirían. Si fuera necesario, escuchen como hacen los policías, haciendo uno de bueno y otro de malo, pero siempre unidos, por el bien de los hijos.
  11. No tengan miedo de escuchar a sus hijos lo que tengan que decirles, pues como padres, tienen que estar a las duras y a las maduras. No hay nada entre padres e hijos, que con buena voluntad no pueda solucionarse. Las causas de los miedos y sus efectos devastadores, suelen ser productos de las dudas, justificadas o no. Pero los miedos la mayoría de las veces desaparecen, cuando se saben los verdaderos motivos que los han causado.
  12. Dialogar con el lenguaje del silencio, suele ser muy efectivo. Muchas veces es necesario escuchar, sin hablar, ni una sola palabra, dejando paso a que los hijos se expliquen o desahoguen, sin interrumpirles en lo más mínimo. No se preocupen si los hijos empiezan con un monólogo, poco a poco irán abriéndose cada vez más, al pedir ellos mismos respuestas a sus preguntas.
  13. Tengan en cuenta que las palabras dichas de más, enredan las que se han dicho justas, y las dichas de menos, confunden con lo que falta por decir.
  14. Olvídense del orgullo equivocado, que no sirve nada más, que para crear o mantener enconos, pues los oídos de los padres, se han hecho para entender con amor y son la puerta de los grandes abrazos.
  15. Tienen que aprender a perder un poco para ganar un mucho, aunque nada más oiga medias respuestas.
  16. El secreto de saber escuchar bien, sirve para saber hablar bien.
  17. Por muy amargo que sea el tener que escuchar, la clase de veneno que han elegido para suicidarse, poco a poco o muy deprisa, siempre se les podrá dar soluciones u opciones, para salir de los infiernos, que producen determinadas adicciones.
  18. Si el tema que escuchan requiere una respuesta inmediata, y si esta es muy grave o difícil, no duden en pedir un aplazamiento para estudiarla, consultarla y armarla antes de decirla. Si la dicen con precipitación, a lo peor ya no tiene remedio y se convierten en “esclavos de sus palabras y no, en dueños de sus silencios”

El lenguaje corporal de los hijos puede ser contradictorio, afirmativo o complementario de lo hablado, por lo cual los padres, para interpretar muy bien lo que les quieren decir, deben estar muy atentos cuando escuchan a sus hijos y entonces, para poder escucharles bien, aplicar las mejores técnicas que hayan entrenado. Una buena forma de demostrar los padres, que están escuchando a sus hijos, es hacerles preguntas cruzadas o de final abierto, que eviten los monosílabos de sí y de no en las respuestas, y esto solamente se consigue con mucha práctica.

Para poder escuchar bien y que haya un dialogo profundo y bien dirigido, tiene que construirse una buena disposición por ambas partes. Los padres tienen que demostrar con hechos, que están dispuestos a escuchar y los hijos tienen que estar motivados para hablar. Es todo un arte, que hay que dominarlo con inteligencia y mucho amor por ambas partes.

Escuchar es tan o más importante que hablar, pues algunas veces solamente escuchamos lo que queremos oír, sobre todo si tenemos prejuicios o ideas prejuzgadas o premeditadas.

Escuchar es muy diferente que oír, pues escuchar es cuando se ponen los cinco sentidos en hacerlo, poniendo el corazón en ello y empleando la atención, los sentimientos, la comprensión, etc. Escuchando se aprende mucho, pero también fatiga y consume muchas energías. Si no, que se lo pregunten a los profesionales que se pasan una gran parte del día escuchando, como los sacerdotes, pastores, rabinos, imanes, tutores, médicos, maestros, sicólogos, policías, abogados, etc. Oír es solamente percibir sonidos. Hay muchos profesionales, que cobran enormes cantidades de dinero, por escuchar a los pacientes o clientes, pero también hay otras personas, que siempre están depuestas, gratuitamente, a escuchar los problemas de otros y a dar buenos consejos, espirituales y sociales.

Hay muchos hijos, que no tienen quien les escuche, ni con quien hablar, ni a quién contarles sus penas, alegrías y sentimientos. Darían algo de su vida, por unos padres que les escucharan y seguramente, se evitarían muchos problemas si alguien les escuchara.

Hay que aprender bien y entrenarse mucho, para a escuchar adecuadamente a los hijos. Hay muy pocas técnicas que enseñan a escucharles correctamente, aunque existen muchas técnicas, para hablar bien en público y en privado. Por eso Dios nos ha dado dos orejas y una boca, para que escuchemos, el doble de lo que hablamos. Es muy bueno hablar a Dios de los hijos, pero también es necesario escuchar muy bien, lo que El nos dice de nuestros hijos y de nosotros.

15 Reglas para escuchar mejor a los hijos:  

  1. Aprendan a controlar los tiempos para escuchar a los hijos, según sus edades y capacidades. Las horas, las situaciones personales o familiares, la duración, la soledad, la compañía, el ambiente, etc.
  2. Aprender bien de lo escuchado, para meditarlo, examinarlo y estudiarlo y que en la próxima situación, igual o diferente, sirva para poder dar mejores consejos, ser más comprensivos y tener las ideas más claras.
  3. Aunque no sepan como hacer que su hijo hable, díganle directamente que están dispuestos escucharle y que esa ocasión, es buena para hacerlo o que si prefieren otro momento, que lo proponga y que allí estarán dispuestos a escucharles, todo lo que haga falta. Hágales ver lo importante que es para los padres, escuchar a los hijos, para poderse conocer mejor y encontrar soluciones, a los problemas que puedan tener.
  4. Desprenderse mientras se escucha del autoritarismo, enfado o propensión negativa, dejando abiertos los cinco sentidos, para escuchar con tranquilidad y buena disposición.
  5. Elegir bien los momentos, tiempos y situaciones, para fomentar el escuchar ciertos temas claves, que por su dificultad, siempre suelen quedar pendientes.
  6. Evitar las distracciones internas y externas, durante las conversaciones, intentando además con mucha delicadeza, que los hijos no se pierdan o diluyan en disquisiciones ajenas a la conversación, enseñándoles a que sepan llevar bien el barco a la orilla.
  7. Fijarse bien en el tono hablado, en su lenguaje corporal y en la expresión de sus emociones.
  8. Ir haciendo un resumen mental de lo esencial escuchado, para ponerlo como énfasis en las respuestas, en el caso de que las pidan o creamos conveniente darlas.
  9. No interrumpir para evitar que se les vaya el hilo de lo que dicen o de lo quieren decir.
  10. No juzgar lo que se escucha, hasta que hayan terminado, para que el entendimiento de lo escuchado, no esté sesgado por decisiones precipitadas o incompletas, ni por ideas preconcebidas.
  11. Nunca corten la escucha. Callarse significa dominio, pues los padres que se ponen a hablar fuera de su tiempo, pueden romper ese maravilloso momento de comunicación, que el hijo estaba realizando. Solamente deben hablar, cuando sea imprescindible, para ayudar a que sigan explayándose y explicándose.
  12. Preguntar tantas veces como sea necesario, lo que no se ha entendido o comprendido muy bien, o cuáles de las posibles variantes de sus expresiones, son las correctas.
  13. Procurar sacar tiempos para escuchar individualmente a los hijos, las cosas privadas o intimas de cada uno de ellos, sin olvidar los tiempos de convivencia colectiva familiar, donde escuchar todas las opiniones, es totalmente necesario.
  14. Procuren que sus hijos no se disgreguen y que se centren en temas específicos, los que ellos tengan ganas y necesiten de hablar. Si les escuchan bien, abrirán sus bocas para que Vds. les escuchen todo lo que tengan para decirles. Los elefantes se pueden ir comiendo en pequeños trozos y veces, pero no todo, de una vez. Ya irán teniendo ocasión de ir ampliando los temas.
  15. Resumir en pocas palabras lo que nos han querido decir, haciendo hincapié en los puntos más delicados, difíciles o conflictivos.
  16. El ejemplo de saber escuchar se transmite también a los hijos, para que posteriormente ellos puedan aplicarlo en sus estudios, amigos, trabajo, sociedad y en su futura familia.

Los padres tienen que escuchar con mucha atención, aunque haya lágrimas, amenazas, amor, odio, perdón y justicia, además de otras emociones y sentimientos posibles, pero al final, los padres han escuchado y los hijos se han sentido escuchados. Puede ser que los padres tengan que llorar y derramar el indecible dolor, producido por lo que escuchan, pero muchas veces por el bien de los hijos, tendrán que mostrase estoicos, rígidos, fuertes o indiferentes, pero siempre deberán seguir escuchándoles.

No es fácil escuchar a los hijos, máxime cuando ellos no quieren o no están acostumbrados a ser escuchados, pues algunas veces cuando han empezado a hablar, los padres les han echado unas descargas emocionales o físicas, imposibles de olvidar, por ejemplo: “No tengo tiempo para escucharte”. “Siempre te escucho las mismas tonterías” “Para que te voy a escuchar, si luego tu no me escuchas a mí y haces lo que te da la gana”. Una de las primeras reglas, es hacerles entender que les está escuchando, lo que ellos quieren decir, con el cien por cien de atención, con total cortesía, sin ánimo de juzgarles y que por escucharles, no supone ya un rechazo automático a lo que dicen, a no ser que sea peligroso para ellos o su entorno.

Para los padres es muy necesario conocer, en qué situaciones específicas y temas concretos es necesario, urgente e importante escuchar a los hijos, para que en caso necesario, tener una conversación con ellos, pero que no hiera su sensibilidad y sin que se sientan acorralados e invadidos en su independencia, sobre todo cuando puedan ser importantes para su futuro.

10 Aspectos que facilitan la oportunidad de escuchar:

  1. Desdramatizar la escena de ponerse a escuchar y para hacérselo más fácil, intenten colocarse en la situación de los hijos.
  2. Escuchar con los cinco sentidos bien dispuestos, para que cualquier explicación que reciban, por muy extraña que les parezca, les ayude a buscar y encontrar soluciones.
  3. Fomentar un tono tranquilo y ameno, eligiendo bien el sitio y las circunstancias ambientales y emocionales.
  4. Mantener la prioridad en los temas que los hijos quieran hablar y los padres escuchar. Pudiera haber una línea muy fina entre ambas actitudes, y los padres deben respetarla.
  5. No olvidarse de dar a los hijos tiempo, para procesar sus ideas, para que siempre puedan mantener su independencia, integridad y respeto, evitando así que contraproducentemente, se pongan a la defensiva.
  6. No retrasar el momento, si han decidido que tienen que escuchar determinadas situaciones. Es mejor que suceda a esperar, a que sea demasiado tarde.
  7. Poner un límite a las expectativas iniciales, sobre lo que quieren escuchar, pues todo requiere un tiempo de maduración y la práctica continua, es la mejor herramienta para conocerlas.
  8. Procurar que haya intimidad en la conversación, solamente las personas imprescindibles, no los curiosos.
  9. Tener la mente abierta para escucharles y las ideas muy claras para responderles, si es necesario con ejemplos, que les sirvan de guía, para poner sus ideas en orden y que puedan expresarlas.
  10. Tomar la iniciativa de escucharles, para hacerles ver a los hijos que escuchándoles, se habrán solucionado mejor los asuntos. Si los hijos la toman, denles la completa oportunidad, para que digan todo lo que tienen que decir y que lo digan como quieran, pero sin perder las formas, ni el fondo. 

Cuando los hijos van cumpliendo años, se ven envueltos en situaciones personales y familiares relacionadas con los estudios, la salud, los amigos, los gastos personales y familiares, los horarios, la independencia, la imagen personal, de la forma de vestir, el comportase dentro y fuera del hogar, el conducir vehículos, las redes sociales, los noviazgos, el consumo de tabaco, alcohol, etc. Cada día va saliendo un tema nuevo y hay que escuchar las opiniones y sentimientos de los hijos, para poder corregirlas o negociarlas, pues todas tienen implicaciones para su futuro, y para las relaciones familiares.

Si los hijos no inician la conversación, en la intimidad o en el entorno familiar, los padres deben comenzarla, pero centrándola exclusivamente en uno o dos temas principales, de los que los padres crean más importantes, en lugar de empezar varios temas a la vez, sin olvidarse de tratar de encontrar las circunstancias, por las que no quieren hablar.

10 Ejercicios para aumentar la capacidad de escuchar a los hijos:

  1. Alejar de la mente los malos pensamientos personales, mientras escucha a sus hijos, principalmente los asuntos desagradables pendientes, conflictos, inculpaciones, rencores, venganzas, deudas, etc. Poniéndose en positivo, por muy malas noticias que reciba. Tener control de si mismo. No le importe si sus hijos son políticamente incorrectos, pues eso puede ser, cuando todavía no han cogido confianza, en saber expresarse o no saben hacerlo.
  2. Antes de empezar la verdadera sesión de escucha, hagan unos ejercicios de relajación y respiración.
  3. Consultar con expertos, leer, ensayar y rezar, son las mejores armas para escuchar bien a los hijos y así poderse enterar claramente, de lo que ellos piensan, para al fin poderles proponer soluciones racionales a sus inquietudes.
  4. Cultivar una voz agradable, matizando los tonos, el volumen, la claridad, etc., con constancia y persistencia, para ir progresando en la voz, gestos, etc.
  5. Elegir las ropas que refuercen la imagen, que quieren proyectar al escuchar.
  6. Ensayar varios gestos, posturas y expresiones alegres, serias y de enfado, si los gestos son alegres, es muy posible que sus hijos las imiten y todo salga mucho más fácil.
  7. Iniciar la situación con un beso y un abrazo muy fuerte, lleno de cariño y de aceptación. Si no tienen esa costumbre, aprenda a saludar dándoles la mano, para que sus hijos se den cuenta de los aspectos de su amor, personalidad, seguridad, firmeza, educación, etc. La mano se da completa, haciendo contacto las palmas, apretándola moderadamente,  pero sin exagerar y moviéndola un poco de arriba hacia abajo. Esta forma ofrece seguridad y vencimiento de la timidez, para reforzar las palabras. Descartar esas formas de saludo, que emplean las comunidades marginales. Esos saludos no caben entre padres e hijos.
  8. Pensar en los beneficios que esperan recibir de esta escucha, si no son para los padres, por lo menos deben ser para sus hijos.
  9. Pensar que el no escuchar voluntariamente, para ignorar lo que está sucediendo, es hacer como los avestruces, que esconden la cabeza debajo de la arena, cuando sienten el peligro.
  10. Ponerse delante de un espejo y simulen, que están escuchando a los hijos cuando les hablan, de un asunto importante para ellos y la familia. Sean críticos con los propios comentarios que produzca este ensayo, pues eso será lo que sus hijos verán.

Qué buen vasallo sería si tuviera un buen señor. Este antiguo dicho, puede traducirse hoy por: Qué buen hijo sería si tuviera un buen padre. Normalmente a padres buenos, siempre corresponden hijos buenos. Los hijos nacen buenos, se hacen malos, cuando los padres o en su defecto la sociedad, no los educa. No les escuchan lo que continuamente quieren decir, aunque lo estén gritando. Padres, estén atentos, pues algunas veces, llegan tarde a escuchar a sus hijos. Otros amigos, bandas, gangas o malévolas organizaciones, se encargan de escucharlos y hablarles, para llevarlos hacia el mal.

22 Sentencias sobre escuchar bien a los hijos:

  1. Algunos padres escuchan con las orejas, otros por el bolsillo y otros no escuchan nada.
  2. Del escuchar procede la sabiduría, y del hablar el arrepentimiento.
  3. El que realmente escucha a Dios, ya no vive para si mismo, porque el fuego de este amor, lo consumió todo.
  4. Entre las explicaciones que escuches, elige la más clara, la más elemental, la más breve y la más sincera, pero tienen que aprender a distinguirlas.
  5. Es tan importante escuchar, como averiguar el fondo de lo que se escucha.
  6. Escuchando a los hijos se les agrada mucho más, que hablándoles.
  7. Escuchar con paciencia a los hijos, siempre es una prueba de amor hacia ellos y algunas veces, más difícil que hablarles.
  8. Escuchar es una virtud relacionada con la prudencia y la paciencia.
  9. Escuchar mucho, no es fácil, pero es muy útil, para las relaciones con los hijos.
  10. Escuchen antes de hablar o fracasarán.
  11. Escuchen bien las respuestas, suelen ser más importantes que las preguntas.
  12. Escuchen con respeto e interés, dando crédito a lo que le dicen los hijos, pero sin dejarse impresionar.
  13. Los padres que gritan antes de escuchar, son unos insensatos además de equivocados.
  14. Los padres que primero no escuchan a Dios, no tendrán nada que decir a sus hijos.
  15. No hay peor sordo, que el que no quiere escuchar.
  16. Padres, escuchen lo que les dicen los hijos, por qué lo dicen y lo que sienten al decirlo.
  17. Para saber hablar, es preciso saber escuchar.
  18. Procure que las palabras que escuchen sus hijos, estén llenas de amor y sabiduría.
  19. Que predomine la escucha, en el dialogo con los hijos.
  20. Saber escuchar a los hijos, atenta y silenciosamente, les produce alivio, felicidad, sosiego, liberación, apoyo y pertenencia familiar.
  21. Si los padres ejercitan la virtud de escuchar en silencio, sabrán entender, incluso lo que no se ha dicho.
  22. Si no quieren escuchar a los hijos, no esperen que después ellos les escuchen, cuando ya sea tarde.

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Pagar o no pagar la universidad a los hijos

ESCUELA PARA PADRES

Pagar o no pagar la universidad a los hijos.

  • 28 Preguntas que los hijos deben hacerse, antes de pensar en la posibilidad de que los padres les paguen o avalen, los costos de los estudios universitarios.
  • 21 Preguntas que los padres deben hacerse, antes de pensar en la posibilidad de pagar o avalar a los hijos, los costos de los estudios universitarios.
  • Principales virtudes y valores humanos, que los hijos deben tener bien asentadas, antes de ir a la universidad y tener éxito.
  • 15 Conclusiones: Si pueden, denles ahora una oportunidad 

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No sigan leyendo si son padres millonarios y no les importa invertir o no en la educación universitaria de los hijos, para no tener que continuar criándolos en la casa, sin hacer nada, molestando y que al final se conviertan en hijos NiNi.

No lo lean si la universidad es gratis o casi gratis.

Tampoco lo lean si ya los hijos han conseguido becas o préstamos personales, que cubran todos sus gastos universitarios.

Pero léalo con mucho detenimiento, si son Vds. los que van a pagar los estudios universitarios de sus hijos o van a avalar los préstamos. 

Todos los padres quieren y deben dar, lo que más puedan a sus hijos, para que si es posible vivan mejor que ellos, pero “no pongan rama donde no se vende vino”, pues “donde no hay mata, no hay patata”. Lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta. Muchos pasan por la universidad, pero la universidad no pasa por ellos. Está muy bien estudiar una carrera universitaria, mejor dos, pero si los hijos no están bien educados con el conocimiento y práctica de las virtudes y valores humanos, las probabilidades de su aprovechamiento son mínimas. 

Los padres no deben confundir sus deseos con la realidad. Es muy justo que los padres quieran que sus hijos sean más y mejor que ellos, y que lo que no pudieron hacer ellos, lo hagan los hijos. Analicen si lo que quieren es, presentarse ante la sociedad con los estudios universitarios de los hijos, como fuerte signo externo de riqueza y un elevado estatus social, sin importarles si la decisión de pagarles los estudios de la universidad, es poner dinero bueno, sobre causa mala. 

Aproximadamente el 50% de los alumnos que empiezan la universidad, la abandonan. Cada segmento de población tiene unas cifras diferentes, según la carrera elegida, la educación recibida en la práctica de las virtudes y valores humanos, las características familiares, la situación económica, si la universidad es pública o privada, etc. Unos la abandonan porque no están preparados para asumir la disciplina, orden y responsabilidad que suponen los estudios universitarios, otros por su incapacidad intelectual y muchos por la imposibilidad de seguirse pagando los estudios. Incluyendo que solamente ingresan a la universidad, principalmente, por falta de recursos económicos de los padres, el 40% de los que se gradúan del bachillerato. 

Los padres deben informarse muy bien, de cuales son las estadísticas de éxito y fracaso de los otros estudiantes, en esa misma universidad o en general. De los que los padres les pagan los estudios, de los reciben becas y por lo tanto casi siempre, tienen que tener un mínimo elevado de notas parciales y generales, de los que mantienen sus estudios con prestamos personales o con trabajos adicionales. Hay unas grandes diferencias, en los resultados académicos de cada uno de esos segmentos de estudiantes. 

No hay padres ignorantes, sino desinteresados en aprender. Los padres tienen que tener más cultura del medio universitario, es su obligación, en el caso de que quieran pagar la universidad de sus hijos. De antemano, deben conocer muy bien, todos los datos relacionados con la carrera y la universidad elegida. No pueden asumir que los hijos, saben más de la vida universitaria y de las consecuencias positivas y negativas, de su elección. 

Si ya tienen hijos en la universidad, les paguen o no los estudios, o si tienen hijos en edad de irse preparando, para unos posibles estudios en la universidad, cerca o lejos de la casa, deben contestar con mucha calma, serenidad y veracidad las siguientes 10 preguntas. Primero contestarlas entre los cónyuges y posteriormente, con el hijo que le concierne y con los otros hermanos, si es que los hubiera. Los hijos, con mucha antelación a la decisión de pedir a los padres, que paguen la universidad, deben ir preparando las respuestas. 

Si las respuestas a las siguientes preguntas, no son muy satisfactorias, piénsenlo varias veces, antes de pagar los estudios universitarios de sus hijos. Pues una deficiente educación en las virtudes y valores humanos, aunque no sea culpa de ellos, hará muy difícil que consigan aprovechar el esfuerzo económico familiar. 

28 Preguntas que los hijos deben hacerse, antes de elegir los estudios universitarios y pensar en la posibilidad de que los padres se los paguen o avalen.  

  1. ¿Conozco hasta dónde tendrán que sacrificar mis padres, su calidad de vida, para pagarme los estudios universitarios?
  2. ¿Conozco que, si por pagarme los estudios, mis hermanos no van a poder acceder a la universidad?
  3. ¿Creo que es razonable que mis padres, se jueguen sus ahorros, que tenían destinados para su vejez?
  4. ¿Creo que mis padres, tienen la obligación de pagarme los estudios universitarios?
  5. ¿Creo que tengo el derecho, a que mis padres me paguen los estudios universitarios?
  6. ¿Creo que tengo la suficiente madurez, formación y práctica de las virtudes y valores humanos, como para proponer a mis padres, que me paguen los estudios universitarios?
  7. ¿Estoy dispuesto a asumir la responsabilidad de resarcir a mis padres, lo necesiten o no, el dinero y los esfuerzos que han depositado, en mi educación universitaria?
  8. ¿Estoy dispuesto a endeudarme con préstamos, para cubrir los costos de los estudios universitarios, si los padres no me pagaran los estudios universitarios?
  9. ¿Estoy dispuesto a estudiar y a trabajar a la vez, para no tener que pedir dinero a los padres?
  10. ¿Estoy dispuesto a hacer el esfuerzo necesario, para conseguir préstamos personales, que cubran todos los costos de los estudios universitarios, para que los padres no tengan que pagarlos?
  11. ¿Estoy dispuesto a resarcir a la sociedad, el dinero que haya recibido de becas universitarias?
  12. ¿Estoy dispuesto a vivir responsable, independiente y ordenadamente, en todos los conceptos de estudios, despegándose racionalmente de mis padres?
  13. ¿Estoy intentando asistir a una universidad, fuera del domicilio familiar, para conseguir la independencia familiar, a pesar del mayor costo económico que ello supone, y descartando otras alternativas de estudios, menos onerosas para mis padres?
  14. ¿He analizado el por qué quiero salir a estudiar a una universidad lejana, cuando en la ciudad o en sus cercanías, hay universidades de características iguales o similares y el costo total de los estudios, es muy inferior?
  15. ¿He analizado la calidad y resultados de la universidad, a la que quiero asistir, en función de otras más cercanas o lejanas y de diferentes costos?
  16. ¿He conseguido durante el bachiller, notas suficientemente altas, como para que me eliminen algunas asignaturas en la universidad y por lo tanto, me supongan un ahorro de tiempo y dinero?
  17. ¿He demostrado previamente, con las buenas calificaciones e inmejorable comportamiento, la solvencia moral imprescindible, para recibir el esfuerzo económico de mis padres, que supone el pago de los estudios universitarios?
  18. ¿He explorado la posibilidad de empezar los estudios, en una universidad o College cercano a la casa, para disminuir los costos de los dos primeros años?
  19. ¿He hecho un presupuesto, desplazado en los años que durarán los estudios, que comprenda todos los gastos inherentes, a la decisión de estudiar en la universidad, tales como: Costos universitarios, libros, vivienda, comida, viajes, ropa, automóvil, seguros de salud, gastos privados, etc.?
  20. ¿He medido la rentabilidad financiera, de los estudios que quiero hacer, en relación con el número de alumnos que empiezan y terminan, tiempo que tardan en encontrar el primer empleo profesional, ingresos reales de su primer trabajo, tendencia futura de ingresos, etc. o el ir a esa universidad, es otro capricho más?
  21. ¿He sido examinado por algún consejero escolar profesional, especializado e independiente de la escuela o colegio donde cursé los estudios o donde los voy a empezar, para certificar sobre mis capacidades reales, de realizar esos determinados estudios y vivir independientemente?
  22. ¿He solicitado todas las becas posibles y he hablado con mis padres, de los motivos de las negativas?
  23. ¿Qué sacrificios económicos y de vida personal, estoy dispuesto a hacer para compensar el esfuerzo de mis padres?
  24. ¿Sabré aprovechar positivamente la libertad, que se supone tendré, en administrar mi tiempo, dinero y talento?
  25. ¿Soy consciente de la enorme diferencia de salarios, que obtienen para toda la vida laboral, los que consiguen tener estudios universitarios terminados, en comparación con los que no terminan los estudios y la rentabilidad financiera, que supone la inversión económica?
  26. ¿Soy consciente de que la decisión de que mis padres me paguen los estudios universitarios, es en beneficio propio solamente, y puede ser en perjuicio de otros hermanos o familiares, que podrían tenerse que ponerse a trabajar, en vez de seguir estudiando, para pagarme los estudios o mantener la casa de los padres?
  27. ¿Soy consciente que una gran parte de los costos de la universidad pública, son pagados con los impuestos de todos los ciudadanos, incluso de los que no pueden estudiar, y por lo tanto, al empezar a trabajar, tengo la obligación moral de devolver esa parte a la sociedad?
  28. ¿Tengo actualmente trastornos de conducta como TDAH., bipolaridad o adicciones y la salud suficiente, para poder vivir independientemente, sabiendo que si tomo el riego de no cuidarme lo necesario, pudiera tener problemas futuros con los estudios y con la salud? 

El conocimiento universitario todavía es prácticamente el mejor activo financiero que puede tener una persona durante toda su vida. Los hijos deben tenerlo en cuenta al elegir, continuar y terminar los estudios universitarios. Sin olvidar que la seguridad en el puesto de trabajo se ha ido para siempre, pues ahora lo que predomina es la inestabilidad en el puesto de trabajo. El trabajo a tiempo completo, está disminuyendo en cantidad y calidad al ser sustituido por trabajo a tiempo parcial. Los empleos de tiempo completo con beneficios sociales, como fondos de pensiones pagados, seguros médicos, largas vacaciones, etc. son reliquias del pasado. Esos beneficios han dado paso a los trabajos de tiempo parcial, basados en empezar y finalizar proyectos específicos, pero sin beneficios sociales. Lo que se paga en cada momento al empleado, es lo que se vale en ese momento, por lo que no tengan muchas expectativas para el mañana profesional en la empresa. Se han terminado los signos de fidelidad, comodidad, ascensos y seguridad obtenidos por trabajar muchos años en la misma empresa. 

Los empleados tienen que reinventarse continuamente y cambiar su identidad profesional constantemente o autoexcluirse voluntariamente del progreso. Las generaciones actuales tienen y tendrán una media de entre 15 y 20 trabajos en su vida laboral. Nunca podrán comprarse una coraza contra los avatares del desempleo, pero profesionalmente puede y debe reinventarse continuamente, y eso casi siempre está en sus manos. Los futuros trabajos se pueden convertir en nuevas, satisfactorias y sustanciales carreras. Pero no se olviden que para cambiar la carrera o reinventarse, se necesita tener una buena base financiera que pueda cubrir un periodo de búsqueda y adaptación, saber olvidarse del estatus personal y del nivel social y tener una mente muy flexible ante el progreso y ante cada una de las circunstancias que se presenten. 

Los empleados tienen innovarse continuamente, con independencia de que hayan realizado estudios, universitarios o no, para poder adaptarse a la velocidad, circunstancias y trayectoria de los continuos y rápidos cambios tecnológicos. Máxime teniendo en cuenta la edad y el empuje de las nuevas generaciones que continuamente van accediendo al mercado laboral con otras formaciones y destrezas. Se tendrán que reinventar, no porque lo busquen los empleadores, es que lo tienen que hacer obligatoriamente para seguir subsistiendo. La innovación personal en estos días es digital y es más cuestión de actitud que de experiencia. No se va a ningún sitio haciéndose la victima. Los empleados tienen que amar el seguir aprendiendo continuamente o perder el barco de la calidad de vida.  

21 Preguntas que los padres deben hacerse, antes de pensar en la posibilidad de pagar o avalar a los hijos, los costos de los estudios universitarios.

  1. ¿Consideramos lógico, invertir $250,000 en la educación universitaria de un hijo, aunque no esté bien preparado para asumir esa deuda familiar a social? (Asistir a determinadas universidades, cuesta aproximadamente 50,000 dólares anuales. Los estudios, si todo va bien, duran cuatro o cinco años, es decir unos $250,000 Estas cifras deben adecuarlas a cada país y circunstancia). 
  2. ¿Estamos dispuestos a optar, por la falta de medios económico, que solamente uno de los hijos vaya a la universidad y los otros no, con independencia de que tengan los mismos derechos y capacidades?
  3. ¿Están de acuerdo o difieren con el presupuesto, de gastos anuales que ha calculado su hijo?
  4. ¿Están dispuestos a que si, para cubrir los gastos universitarios de un hijo, tienen que suprimir calidad de vida familiar, como es: Rescatar los seguros de vida o invalidez, cancelar el seguro de salud, cambiarse de domicilio, trabajar dos turnos, trabajar el cónyuge sacrificando la educación de los otros hermanos, etc.?
  5. ¿Están dispuestos los padres, en caso de mal aprovechamiento de los estudios, a decir «hasta aquí hemos llegado» y suprimir el envío de dinero?
  6. ¿Están enterados, de la demanda de la profesión que su hijo quiere estudiar y de los posibles ingresos salariales, al terminar esos estudios y en los siguientes años, así como del tiempo que transcurra, hasta encontrar el primer empleo profesional?
  7. ¿Están seguros que con la educación, dada a su hijo y la que ha demostrado con sus actos de responsabilidad, austeridad, orden en los tiempos de estudio y diversión, disciplina, moral, manejo de la libertad, concepto de la amistad, administración del dinero propio, etc. podrá terminar los estudios, en un plazo razonable?
  8. ¿Han estudiado y preguntad, sobre sus reales posibilidades de endeudamiento, para pagar los estudios de su hijo?
  9. ¿Han fijado los límites, hasta dónde están dispuestos a llegar, en relación con el comportamiento y rendimiento universitario?
  10. ¿Hemos evaluado la posibilidad de que si avalamos el préstamo universitario, del o de los hijos, pudiéramos tener que pagarlo, en el caso de que ellos no lo hagan, porque no pueden o porque no quieren?
  11. ¿Hemos evaluado y hablado con los hijos sobre el costo de la inversión en tiempo y económica, para empezar a ejercer la profesión elegida?
  12. ¿Hemos hecho un buen estudio de nuestros ahorros, inversiones, ingresos y gastos presentes y futuros, que nos permitan vivir normalmente y pagar los estudios universitarios, de uno o de todos los hijos?
  13. ¿Hemos valorado la elección, entre que nuestra familia tenga una buena calidad de vida, o pagar los estudios de los hijos?
  14. ¿Nos sentimos con la obligación moral, de pagar los estudios universitarios a los hijos, porque queremos que ellos sean como los padres o más?
  15. ¿Podremos mantener la calidad de vida de la familia restante, con lo que le quede después de pagar los estudios universitarios de los hijos?
  16. ¿Qué porcentaje de nuestros ingresos anuales, estamos dispuestos a dedicar, para el pago de los estudios universitarios de nuestros hijos?
  17. ¿Somos conscientes de que si los hijos, no terminan los estudios, debido a que los abandonan prematuramente, toda la inversión realizada en la universidad, tendrá muchas dificultades para recuperarla, el no tener futuros ingresos como profesionales?
  18. ¿Tenemos en consideración las condiciones intelectuales u otros conceptos, de cada uno de los hijos, para pagarles los estudios universitarios?
  19. ¿Tenemos planes de ahorro, con importes suficientes, destinados para fines educativos, de las patrocinados por los Estados, conocidos como: Planes 529 de Prepago, Planes 529 de Ahorro o cuentas IRA Educativas?
  20. ¿Vamos a exigir a los hijos que trabajen, mientras estudian, para que se paguen parte de sus estudios universitarios?
  21. ¿Vamos a pagar los estudios universitarios del o de los hijos, por mantener el estatus social, o porque verdaderamente los hijos se lo han merecido?

Los padres y los futuros estudiantes, creen que los costos de los estudios universitarios son una buena inversión financiera, personal y social, a corto y largo plazo. Pero cada vez es más insegura su rentabilidad financiera, pues cuando terminan de estudiar, determinadas profesiones y se ponen a buscar un trabajo adecuado y rentable, no lo encuentran hasta mucho tiempo después, con los sueldos que les permitan tener una buena calidad de vida, como profesionales y amortizar los créditos obtenidos. Es cierto que los estudios universitarios, de por si, no garantizan el éxito económico, social y personal en la vida, aunque ayudan muchísimo. Hay otros factores muy importantes, que hay que tener en cuenta, los cuales son materia de otros artículos. 

Dependiendo de las carreras que quieran estudiar, es muy posible que no les concedan préstamos universitarios, pues según las estadísticas y estudios de mercados salariales, los sueldos que obtendrán de algunos trabajos, ejerciendo lo aprendido, con el porcentaje del sueldo, dedicado a la amortización del préstamo, no llegará para cubrir los costos e intereses del préstamo. 

Cada día los costos de asistir a la universidad son más altos y siguen subiendo anualmente, en relación con los ingresos promedios familiares, incluso suben más deprisa que cualquier otro costo familiar, aunque una gran parte de esos costos, los paga el Estado con el dinero de los impuestos de todos, incluyendo el de los que nunca han ido, ni van a poder ir a la universidad. No es aceptable ni ética, ni moralmente, que alguien que recibe los beneficios de asistir a la universidad, se le olvide y no devuelva a la sociedad parte de la ayuda recibida. 

Principales virtudes y valores humanos, que los hijos deben tener bien asentadas, antes de ir a la universidad y tener éxito: 

Aceptación. Adaptabilidad. Amabilidad. Aprender. Austeridad. Autodisciplina. Bien común. Disciplina. Civismo. Conciencia. Conocimiento. Cortesía. Criterio. Desprendimiento. Dignidad. Disposición. Ecuanimidad. Educación. Ejemplo. Ética. Generosidad. Honradez. Igualdad. Integridad. Justicia. Lealtad. Magnanimidad. Moderación. Moral. Objetividad. Orden. Paciencia. Rectitud. Responsabilidad. Respeto. Sabiduría. Sinceridad. Solidaridad. Templanza. Tolerancia. Verdad.

Si el estudiante, los padres o el avalista, no hacen los pagos en el tiempo y forma acordada, su historial de crédito se echará a perder, iniciándose una rueda sin fin, de despropósitos, que siempre tiene un mal final, tanto en hipotecas, tarjetas de crédito, nuevos préstamos, solicitudes de empleo, alquileres, compras de automóviles, etc. Ambos tendrán que volver a seguir pidiendo prestado, o tratar de conseguir una hipoteca o que otros familiares o amigos les avalen los créditos. Esto hace que los estudiantes y sus padres, entren en un camino de peligrosidad financiera, debido a que el estudiante no encuentra un trabajo que de lo suficiente, para pagar el crédito y mantenerse, siendo los padres los responsables subsidiarios. 

15 Conclusiones: Si pueden, denles ahora una oportunidad

  1. Aunque no se lo merezcan
  2. Aunque se disfruta más lo que con esfuerzo se logra, que lo que llega regalado.
  3. Hagan el máximo sacrificio posible, para dar a los hijos una formación universitaria
  4. Invertir en conocimiento produce los mejores beneficios, pues el principal bien es el conocimiento y el peor mal la ignorancia.
  5. Nadie mejor que Vds. saben hasta dónde han educado a sus hijos.
  6. No confundan sus buenos deseos de amor paterno, con la realidad de lo que son sus hijos.
  7. No echen toda la culpa a sus hijos, de no estar bien preparados para asistir a la universidad, pues es posible que Vds. tengan una buena parte de esa culpa.
  8. No se olviden poner unos mínimos de comportamiento y de resultados medibles, para seguir ayudándoles. Que los hijos también tengan que sacrificarse, para que así sepan, lo que cuesta el esfuerzo de los padres.
  9. No se olviden que estamos en la sociedad del conocimiento y de la información. Es casi imposible prosperar en esta sociedad, si no se han realizados buenos estudios, pero para ello, los hijos tienen que estar muy bien formados previamente.
  10. Pero quien recibe lo que no merece, pocas veces lo agradece.
  11. Puede ser el momento de olvidarse de algunas cosas pasadas, e intentar que comiencen a circular por una nueva avenida de prosperidad.
  12. Que el ahorro familiar para los posibles gastos universitarios de los hijos, sea uno de los componentes del presupuesto anual de gastos familiar.
  13. Si consideran que sus hijos, todavía no están preparados anímica, intelectual o socialmente para asistir a la universidad, propóngales que esperen un año más preparándose y que les sirva de periodo de maduración.
  14. Si desean que sus hijos vayan a la universidad, estudien y se gradúen, empiece por educarles muy bien, desde que son pequeños y aunque no lo hayan hecho, pero quieren ayudarles háganlo ahora.
  15. Tengan muy presente que si no tienen las virtudes y valores humanos muy bien asentados, será muy difícil que hagan el esfuerzo necesario, para terminar los estudios del Bachiller y posteriormente los de la universidad, echando a perder los enormes sacrificios, que la familia tiene que hacer para conseguir unos hijos, con buenos conocimientos académicos. 

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Los objetivos de esta escuela virtual son: Educar a los padres para que con su ejemplo y conocimientos de las virtudes y valores humanos puedan educar a sus hijos. Enseñar como educar a los hijos. Que los padres aprendan a vivir un armonioso, fecundo y largo matrimonio. Tender un puente entre la educación familiar y la Fe.

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