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El embarazo voluntario de las adolescentes, utilizado para escapar de la violencia familiar


ESCUELA PARA PADRES

 El embarazo voluntario de las adolescentes, utilizado para escapar de la violencia familiar

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La violencia familiar puede ser física o psíquica, producida entre los padres, o de los padres contra los hijos, de los hermanos contra los hermanos o todos contra todos, es uno de los orígenes de gran número de embarazos entre las adolescentes. Cuando la violencia está incrustada en la familia, también suelen estar las adicciones y las infidelidades. Por esas razones, los hijos suelen intentar marcharse de la casa, aunque sean menores de edad o no tengan donde ir. Los padres tienen legalmente el derecho de retenerlos en ese infierno, ejerciendo la patria potestad hasta los 18 años o hasta que consigan la emancipación legal. 

Los hijos menores de edad, necesitan el permiso de sus padres, para abandonar la casa familia y contraer matrimonio, si los padres no se lo otorgan, los hijos pueden solicitarlo a los jueces para que se lo concedan, en función de las circunstancias que concurran, en cada caso y las leyes que haya en cada país, estado o ciudad. Una de las circunstancias que más aducen las adolescentes ante los jueces, es que están embarazadas y quieren casarse con el supuesto padre biológico. Estas situaciones deben consultarlas exclusivamente, con los abogados especializados, que son los encargados de recurrir ante la justicia, para hacer valer las leyes. En cada caso particular, aplican las leyes de que podrán emanciparse y contraer matrimonio, las mujeres que tengan edades superiores a los 14 años y 16 años para los varones, aunque está demostrado, que todavía no tienen la madurez suficiente, física, ni mental, para tomar esa decisión. Aunque puedan declarar el nacimiento de sus hijos, recién nacidos ante el Registro Civil, sin que medie autorización de sus progenitores, representantes o responsables. 

Para salir del infierno en vida de la violencia familiar, las hijas, algunas veces, utilizan el recurso de buscar un novio, para quedarse embarazadas, y así poder solicitar ante un juez, el permiso para abandonar la casa paterna, pues sin una orden judicial, no pueden ni casarse, ni abandonar la casa familiar. Para conseguir la orden judicial, tienen que demostrar que están embarazadas y que pueden vivir por su cuenta, o que van a casarse con el supuesto padre biológico, si es que éste accede a casarse. 

No piensan que casi siempre es “saltar de la sartén al fuego”, pues esos embarazos premeditados, con el consentimiento o sin él, del posible padre biológico, tienen muchas probabilidades de que éste desaparezca o no se responsabilice de la criatura que va a venir, a no ser que también se le exijan responsabilidades judiciales de manutención. Es egoísmo y manipulación, que siempre termina mal. 

El analfabetismo religioso, la infancia espiritual, la falta de principios morales, la mala educación, familiar, escolar y social recibida, el mal ejemplo de los padres, las costumbres asentadas en determinados grupos sociales, la pobreza, los malos ejemplos de personajes célebres, los medios de comunicación, la inestabilidad familiar de los padres, relacionada con los múltiples divorcios, parejas de hecho, familias monoparentales, etc. son los principales factores que fomentan la violencia familiar y por ende, las consecuencias que lleva adosadas. Este analfabetismo religioso, la mayoría de las veces, está fomentado desde las propias familias y hacia las familias, por las mismas instituciones políticas, económicas y sociales. 

!Padres! Con esa violencia familiar y la mala educación ofrecida a los hijos, están originando o forzando a que su hija adolescente, tome esa desgraciada solución, de buscar un embarazo a destiempo, sin amor, sin responsabilidad y sin conocimientos, que destroce para siempre su vida y la de su futuro hijo, para salir del infierno de su familia. Examinen con profundidad, si están cuidando la calidad de vida dentro de su familia, no la conviertan en un infierno para sus hijos. 

Hace años, algunas hijas adolescentes, huían de sus casas tras un hombre, por amor o por evitar estar encerradas o pisoteadas en su dignidad humana. Han pasado muchos siglos y las cosas, siguen igual en algunas familias. Padres, traten de que sus hijos sean felices al ofrecerles el refugio y centro educacional, que tiene que ser una familia. Con esa violencia familiar, los padres pueden ser los responsables de que sus hijos, primero, deserten de los estudios, después, se integren en las bandas delictivas, y en el camino tengan relaciones sexuales fuera del matrimonio, que terminen en embarazos no deseados, con todas las consecuencias de abortos, madres o padres solteros, rupturas familiares, enfermedades contagiosas, etc. 

El hecho de vivir bajo la violencia familiar, induce a las hijas a buscar a un mercenario sexual, para padre biológico de su embarazo. Cómo va a ser eso amor, lo que saque a la hija adolescente, de vivir bajo la violencia que producen sus padres. El amor no es una conquista, sino un descubrimiento. Se ama al otro, en la medida que se sigue buscando y descubriendo motivos para amarlo. El amor es un sentimiento, pero también es una opción. Es la decisión de ser un buen prójimo y no pasar al lado de las necesidades del otro, sin importar tener que ensuciarse, ni dar el tiempo, ni el talento, ni el tesoro propio. El amor no es poesía, ni son palabras o regalos, el amor es el día a día, es paciencia mezclada con comprensión, es capacidad para esperar, es poner lo mejor de cada uno, es pensar en el bien de todos, es interés sincero por el otro, es saber escuchar, es dedicación, es acompañar aunque dé la sensación de estar perdiendo el tiempo, es cuidar, es saber exigir sin dejar de motivar, es rezar los unos por los otros, es, en definitiva, estar dispuesto a dar la vida por el otro. 

Uno de los principales problemas asentado en algunos grupos sociales marginales, es la violencia familiar, motivada entre otras cosas, por la falta de educación en las virtudes y valores humanos, de los padres y de los hijos. Y una de las muchas y muy graves consecuencias de la violencia familiar, es la enorme cantidad de embarazos de adolescentes, muchas veces, buscado expresamente por las adolescentes, que sufren esta violencia familiar. Gravísimo problema que contamina, tanto a la futura madre, como la mayoría de las veces al engañado, sorprendido y utilizado padre biológico, y todos los familiares relacionados. 

Las madres solteras y las familias monoparentales,  son una desgracia para ellas y para la sociedad. Cuantas veces se les olvida a los padres o no quieren reconocer, que su hija se convirtió en madre soltera, debido a la violencia que ellos ejercieron en la familia. Ellos son los responsable, de la desgraciada situación que su hija eligió o que fue obligada a elegir, para salir del infierno de su casa. Cuántas veces tendrían que pedir perdón, los padres a los hijos, por haberlos conducido a que tomen esas desgraciadas soluciones, por haberse criado en una familia carente de los principios básicos que deben regirla. Ese pedir perdón, solamente se puede hacer, si previamente hay un pleno conocimiento de lo realizado, un fuerte arrepentimiento, un firme propósito de la enmienda y la certeza de poner los medios, para que no vuelva a ocurrir, además de resarcir los daños producidos a los hijos. 

La violencia familiar, protagonizada por los padres, desgraciadamente puede obligar a esas adolescentes, a buscar con premeditación y alevosía su embarazo, creyendo que es la única solución para salir de la miseria económica, física y emocional, están destruyendo sus vidas y las de todos los de alrededor, incluyendo la del niño que va a nacer, si es que nace y no  abortan y que en el mejor de los casos, crecerá casi siempre en una familia disfuncional, casi siempre igual de la que, la adolescente ha tenido que huir y que tendrá como escenario de nuevo: Una nueva familia rota, la violencia, la deserción escolar, la pobreza, la violencia familiar, la adicción a las drogas legales o ilegales, el hacinamiento, la falta de autoridad, el desorden, etc. Ese círculo vicioso, del que se entra fácilmente y casi nunca se sale, lo demuestran las estadísticas. 

Al huir de la violencia familiar, los hijos se suelen refugiar en llevar vidas licenciosas, practicando lo que está a la orden del día, como es el uso de los anticonceptivos, los abortos y las píldoras del día después. Incluso los cambios de pareja, hasta que encuentran algún posible padre biológico, que muchas veces no se entera de donde se ha metido. Creen esos adolescentes, que ese libertinaje, es un juego que no trae malas consecuencias personales, ni sociales, y que con un aborto, todo se termina. 

Algunas adolescentes sometidas a la violencia familiar, suelen encontrar normal los embarazos juveniles, debido a que también sus abuelos, padres, tías, hermanas, vecinas, amigas, etc. sufrieron la violencia familiar de la misma manera y buscaron la solución en los embarazos adolescentes, pues tampoco tenían o lo perdieron, la educación en el concepto moral de la vida. 

Es posible que sus padres tampoco hayan recibido una buena educación familiar, religiosa, moral, fisiológica, etc., por lo que no han tenido los motivos, la voluntad, la religión o el conocimiento suficiente, para mantenerse vírgenes hasta el matrimonio. 

Cuando hay violencia familiar, a los hijos se les quitan las ganas o motivaciones para asistir a la escuela, puesto que además esa violencia, suele conllevar un descontrol de la educación familiar. Ante esos condicionantes, no es de extrañar que deserten de la escuela, a la primera de cambio. Lógicamente al desertar de la escuela, se encuentran que tienen demasiado tiempo libre, mucha facilidad para emplearlo en lo que quieran, sin ningún control, pero normalmente, con el inconveniente de muy poco dinero para gastar. Esto origina que estén abiertos a hacer cualquier trabajo, legal o ilegal, para cubrir los gastos de estar tanto tiempo en la calle.

Estando en la pubertad o adolescencia, embarazadas o no, sin suficientes estudios, formación, ni experiencia, nadie les va a contratar para trabajar en ningún sitio, puesto que no sirven para trabajar, por lo que no pueden acceder, ni a los trabajos de los salarios mínimos. Tienen que vivir de lo que puedan ganar en las actividades que encuentre, sean buenas o malas. Indefectiblemente, pronto se darán cuenta, que no pueden vivir independientemente, máxime con las nuevas obligaciones que lleva su embarazo y el bombardeo de la publicidad, de las cosas buenas que podrían conseguir si tuvieran dinero. 

Al abandonar la casa familiar, porque no pueden resistir más la violencia imperante, tienen que buscar alguna salida a su situación y esa solución, pasa por encontrarse con algún otro desesperado, normalmente de los que tienen muchas horas libres, porque tampoco asiste a la escuela, anda por los mismos lugares y tiene los mismos estilos de vida, le embarace y quiera casarse o convivir con ella y de su futuro hijo. Esto lo suelen conseguir premeditadamente y como única salida, a la situación de violencia familiar. 

Cuando el supuesto padre biológico, se entera de su posible e irresponsable paternidad, lo primero que suelen hacer es ponerla en duda, acusar a su novia gravemente y después desaparecer, antes de que nazca el hijo, para evitar las pruebas de ADN o nada más nacer, para evadir los posibles pagos de manutención. Muy pocos de esos jóvenes, aceptan las consecuencias de los actos realizados, entre otras cosas, debido a su escasa o nula formación religiosa y social. 

Las que huyen de la casa familiar y se quedan embarazadas como madres solteras, tienen que tener mucha entereza, para no caer en la rueda de conseguir embarazarse de otro posible novio. Y así sucesivamente, hasta que consiguen encontrar a uno que acepte la paternidad de su probable hijo y la de los otros, que la madre tenga. A veces tiene la idea equivocada de que ya con el hijo, la relación con el padre biológico, será más estable, pero no se dan cuenta, que esos tipos de padres se van, huyen de la responsabilidad, inmediatamente de que se enteran de que ellos han sido los causantes o acusados, del embarazo. 

Hay estadísticas aterradoras, clasificadas por ciudades, edades, razas, grupos sociales, culturas, edades, etc. que demuestran, que la violencia familiar indefectiblemente, lleva al abandono de la casa familiar, a la deserción escolar, a los embarazos de adolescentes, a las madres con varios hijos y con diferentes padres biológicos, de esas criaturas, pero que al final viven solas con los hijos, pues nadie quiere cargar con la prole de otros padres. La única solución para mantenerse, suele ser vivir de los programas de caridad pública. 

Si esos padres violentos, se dieran cuenta de las desgracias que producen en sus hijos, tendrían que pedirles perdón de rodillas. Pero no seria suficiente, si junto al perdón no hubiera un firme propósito de arrepentimiento, un fuerte propósito de enmendar su comportamiento y una forma concreta, de resarcirles el daño que les han producido, irreversible y para siempre. No son suficientes unas buenas palabras de arrepentimiento. 

Las adolescentes embarazadas, además de enfrentarse a la misma situación que cualquier otra mujer embarazada, sufren una mayor desprotección social y económica, teniendo  que aguantar, muchas más y mayores preocupaciones sobre su salud y la de su hijo, de manera especial, en países con escasa atención médica y nula protección social, para la adolescente embarazada. 

Si los padres no ponen solución a la violencia familiar, existen muy pocas posibilidades de que los hijos, no se vayan de la casa o se busquen otro concepto de familia, la cual casi siempre, son las gangas o pandillas. En algunos segmentos de población y comunidades, hay un fuerte estigma social de los embarazos de adolescentes, fuera del matrimonio. 

Algunos padres, a pesar de ser muy violentos, aseguran con mucha frecuencia que en su casa no hay violencia familiar y que por lo tanto, sus hijas adolescentes, no tienen que recurrir al embarazo para salir de la crisis. Por ser los causantes de esa violencia ni quieren, ni saben, ni pueden educar a sus hijos, pues ofrecen un ejemplo nefasto. 

La mayoría de las hijas adolescentes que quedan embarazadas, provienen de hogares disfuncionales y muchas veces, inician las relaciones sexuales a edad muy temprana, porque están buscando amor, cariño, atención que en casa no tienen. Creen que es verdad lo que su “novio” les dice, sobre que las ama. Pero no entienden que lo que esos novios fortuitos quieren, es poder tener relaciones sexuales con ellas y que para evitar problemas, usen preservativos o métodos que les garanticen la esterilidad. Solamente las aman si son estériles, para no dejarles problemas, nada de amor, con entrega incondicional. 

La mayoría de los embarazos de adolescentes, son debido a que ni ellas ni ellos, tienen una buena formación moral y creen que pueden hacer lo que les de la gana con su cuerpo, porque son libres de hacer lo que quieran. Eso se lo enseñan, continuamente, en la familia y en la sociedad. Una libertad mal entendida, donde la moral no aparece en la educación. Solamente el hacer lo que quieran, cuando quiera, con quien quiera y cuantas veces quiera. Nadie les habla de las obligaciones con su propia persona, todos les hablan de los derechos que tienen sobre su cuerpo. 

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  1. 1 75 Preguntas a los padres de adolescentes | Mi Cumbre Trackback en 28 28UTC mayo 28UTC 2013 en 12:04 pm
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