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El saber escuchar, explicado a los hijos


ESCUELA PARA PADRES

 

El saber escuchar, explicado a los hijos

 

Palabras 1,597 Tiempo de lectura 5:45 minutos

 

Es muy diferente escuchar que oír. Escuchar es prestar atención a lo que nos dicen o lo que se oye, bien sea un aviso, consejo o sugerencia. Oír se pude hacer incluso sin prestar atención. Tenemos dos orejas y una boca, para que escuchemos mucho y hablemos poco. Algunos parece que tienen dos bocas, por lo mucho que hablan y lo poco que dicen y una oreja por lo poco que escuchan, haciendo oídos sordos a los buenos consejos.

 

Los padres tienen que enseñar a sus hijos a escuchar. Nadie nace, sabiendo. Escuchar se aprende a base de la paciencia que los padres pongan, en enseñar a sus hijos. Enseñar a escuchar, supone hacerles practicar desde niños, una serie de ejercicios visuales y auditivos. Procurando que exista un silencio razonable, un ambiente tranquilo, sin gritos y a poder ser mirándose los interlocutores, sin distracciones, ni interferencias. No se puede enseñar a escuchar, si los padres no lo ejercitan previamente entre ellos y con los que les rodean.

 

Hay muchos libros en las Bibliotecas Públicas, que dan muy buenos consejos y explican las mejores técnicas ya probadas, para saber escuchar y aprovechar lo mejor de lo oído o leído. Los padres deben informarse bien de esas técnicas, que están estudiadas para diferentes situaciones e interlocutores. Leer también es una forma muy importante de escuchar, lo que otros dicen, por eso la lectura, es el gran sistema de aprendizaje.

 

Escuchar es un arte y como todo arte, hay que aprenderlo. Qué mejor que los padres para enseñarlo, como una asignatura imprescindible, para que el día de mañana los hijos no diga, -soy así porque yo no entendí- ni a los padres, ni a los profesores, ni a los sacerdotes, ni a los políticos, ni los empleadores, etc. Lo importante es escuchar bien el mensaje, no fijarse tanto en el mensajero que lo trae. Escuchar nos permite conocer mejor a los demás, disminuir las equivocaciones, ganar amigos y mejorar las oportunidades que se presenten.

 

Que difícil es escuchar a los que hablan mientras comen, mastican chicle, miran para otro lado o están distraídos con otra conversación, o cuando alguien habla, habla y habla y no dice nada. Pero ese decir nada, puede ser para uno solo, ya que cuando algunas personas hablan, como sacerdotes, pastores, rabinos, imanes, políticos o conferenciantes, a un publico en general, suelen tener un publico heterogéneo, pudiendo estar compuesto de sabios e ignorantes, ricos y pobres, mayores y jóvenes, letrados e iletrados. Es muy difícil para el que habla ante ese abanico de profesiones y situaciones, que todo el mundo comprenda lo que dice. Por eso el que escucha, tiene que tener una gran paciencia y muy desarrollada la inteligencia, para saber captar la parte que le pudiera corresponder de esa disertación.

 

Algunos alegan que no quieren escuchar y mucho menos, aprender a escuchar, pues hay muy pocas cosas que les interesa oír. Esto suele ocurrir a las personas mayores, que les insisten en que se pongan audífonos para oír mejor, los cuales además de ser muy caros y casi siempre mal resueltos técnicamente, hacen que las personas oigan muchos ruidos y cosas que pasarían mejor sin oírlas. Lo mismo ocurre en todas las edades, con personas que pasan de todos los convencionalismos y solamente quieren escuchar, lo que a ellos les interesa oír, bien sea técnico, de una afición, de deportes, etc. Existe la costumbre de querer escuchar solamente, a personajes que nos dicen lo que queremos oír y no ponemos ningún interés, en escuchar a personajes que puedan sacudir nuestras conciencias, en cualquiera de los aspectos de nuestras vidas.

 

Para saber escuchar bien, hay que utilizar las siguientes cualidades de apoyo: La observación, la atención, la paciencia, la tolerancia, el autocontrol y la práctica continuada.

 

13 Conceptos a tener en cuenta, sobre cómo y para qué, hay que aprender a escuchar bien:

 

  1. Con el corazón abierto y la mente predispuesta a nuestra conciencia, a nuestro esposo o esposa, a nuestros hijos, a nuestros familiares, a nuestros amigos, a nuestros profesores, a nuestros empleadores, a nuestros enemigos, a nuestros políticos y hasta a nuestros clientes, proveedores y mercados, para entender todo lo que nos digan, demostrando respeto y sentido común, ante cada una de las frases, tonos de voz, posturas y atenciones que tengan.
  2. Los maravillosos silencios de la ciudad en las noches o en los domingos, del campo, del mar, de una iglesia vacía, de un claustro, etc.
  3. Para entender los mensajes que emiten, tanto los cuerpos de los que hablan y de los que escuchan, pues la mayoría de las veces, indican perfectamente si está prestando atención, distraído o molesto. El cuerpo de los que hablan, suele emitir signos de veracidad, mentira, vehemencia, pasotismo, vergüenza, arrepentimiento, etc.
  4. Para entender mejor, lo más posible y asimilar lo que se oye, procurando sacar el mayor provecho de lo escuchado, en la familia y en la sociedad, pues sin la atención adecuada, será muy difícil captar, entender y  aprovechar lo que han dicho.
  5. Para hacer caso a los mensajes que emite nuestro cuerpo, relacionados con la salud, para regularlos, controlarlos y podérselos contar al médico.
  6. Para oír a nuestro interior, sobre todo a la conciencia, pues no podemos hacernos los sordos, principalmente cuando nos llegan sin haberlos llamado, pues suelen ser señal de rebeldía ante algunas situaciones, en las conciencias bien formadas.
  7. Para poder hablar bien, influenciar y persuadir a los que nos escuchen.
  8. Para poder poner un límite práctico, al tiempo de cada interlocutor, así como la cantidad de decibeles permitidos en la voz.
  9. Para poder tomar notas escritas o mentales, tanto en la enseñanza, como en las profesiones y así poder contestar posteriormente, con mayor certeza.
  10. Para que en el difícil arte del diálogo constructivo, no utilizar solamente las respuestas que previamente habíamos preparado, sino las que correspondan, a lo que estamos escuchando.
  11. Para que los hijos, si previamente les hemos hablado bien y claramente, se pongan a escuchar y posteriormente, se suelten a hablar.
  12. Para que quienes nos aconsejan, aunque no se lo hayamos pedido, puedan transmitirnos su mensaje, ya que suponemos que va a hablar por nuestro bien y de algo que nos interesa.
  13. Y aprender a desaprender los tópicos que tenemos, para poder diferenciar entre lo que es obligatorio o superfluo, lo que queremos, lo que no queremos o no necesitamos escuchar, en cada época y situación de nuestra vida.

 

15 Conceptos a tener en cuenta para escuchar bien:

 

  1. Aunque haya una persona caritativa, que acepte escucharnos, no pretendamos descargar nuestras frustraciones, solamente porque nos escuchan.
  2. Cuando a las personas se les escucha, con atención sincera, les damos una oportunidad de acercarse, de desahogar y de crear o ampliar un vínculo franco y duradero, pues al sentirse escuchadas se relajan, abren su corazón y se sinceran, mostrando su mundo interior, creencias y valores.
  3. Dejarle hablar sin interrupciones injustificadas, dando al interlocutor un tiempo prudencial o el acordado, para que escoja con cuidado sus palabras, ideas y planteamientos.
  4. El entrenamiento en la capacidad de saber escuchar, convierte posteriormente, en un buen comunicador 
  5. El escuchar con sabiduría nos brindan una oportunidad, porque dejando de escuchar, se tiende a repetir siempre el pasado y a no avanzar.
  6. El hablar a alguien, tiene que estar soportado por medidas inteligentes, que siempre conlleven respeto y sentido común.
  7. Intentar mostrar empatía con lo que se dice, utilizando un tono de voz adecuada y suprimiendo la agresividad dialéctica.
  8. No es posible tener una relación de primera, con una escucha y comunicación de segunda.
  9. No reaccionar inmediata e impulsivamente, ante las discrepancias escuchadas, pues eso rompe el hilo de los comentarios.
  10. No se debe aceptar el escuchar cosas, que vayan en contra de la moral y buenas costumbres, ni críticas a personas u organizaciones ausentes.
  11. Para hablar bien hay que practicar el hablar, solamente lo necesario y acostumbrarse a escuchar, con mucho interés y la máxima atención a los interlocutores, controlando el impulso de interrumpir, desmentir o aconsejar sin que lo hayan pedido, siempre que no sea estrictamente necesario.
  12. Se debe escuchar, sin tener miedo a preguntar lo que no se ha entendido o lo que se quiere aclarar. Para el que habla, las preguntas y sus intenciones, suelen definir el grado de lo que han entendido y el propósito de la pregunta.
  13. Se debe escuchar, teniendo en cuenta las emociones de las personas que hablan, pues muchas veces, indican las causas de sus comentarios.
  14. Se debe no desviar la conversación, a asuntos no relacionados o periféricos, que convengan al disertador, para obtener un triunfo dialéctico.
  15. Todo el mundo quiere ser escuchado y hay muy pocos dispuestos a escuchar a otros, pues escuchar es una extraordinaria virtud humana, un bello arte, un fuerte ejercicio, ya que supone callar, donar tiempo, esperar, querer entender, preguntar, sugerir… y de nuevo callarse. Hay que tener un buen entrenamiento y costumbre, demostrar una considerable pericia y cortesía, así como realizar un gran esfuerzo, sobre todo en los temas delicados o polémicos, como son los religiosos, políticos, familiares o económicos.

 

Preguntas elementales sobre escuchar:

 

¿Se escuchar? ¿Qué quiero escuchar? ¿A quién escucho? ¿A quién me agradaría escuchar? ¿Quién me escucha? ¿Quién quiero que me escuche? ¿Qué quiero que me escuchen?

 

Si tiene algún comentario, por favor escriba a francisco@micumbre.com

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Los objetivos de esta escuela virtual son: Educar a los padres para que con su ejemplo y conocimientos de las virtudes y valores humanos puedan educar a sus hijos. Enseñar como educar a los hijos. Que los padres aprendan a vivir un armonioso, fecundo y largo matrimonio. Tender un puente entre la educación familiar y la Fe.

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