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Tengo una hija de 15 años enamorada de uno de 16.

ESCUELA PARA PADRES

Tengo una hija de 15 años enamorada de uno de 16. 

3,149 Palabras. Tiempo de lectura 11:30 minutos 

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 A los 15 años, todavía los hijos no están formados como adultos. Todavía están en la pubertad que es la primera fase de la adolescencia, donde se producen las modificaciones propias del paso de la infancia a la edad adulta. Están inmaduros y llenos de inseguridades, como para poder entender las responsabilidades que desde el principio, conllevan los noviazgos. En esas preciosas etapas de la vida, como son la pubertad, preadolescencia y adolescencia se tienen muchos cambios físicos y emocionales, pues el cuerpo está ajustando la edad fisiológica y la edad mental. Es cuando empiezan a despertar su instinto sexual, originando que tanto los niños, como las niñas, empiecen a prestar atención a los del otro sexo y a ser admirados y a admirar a los del sexo opuesto. Que los padres autoricen, consientan o ignoren voluntariamente, el noviazgo de una hija de 15 años o a un hijo de 16, es condenarles a un casi seguro problema, la mayoría de las veces irreversible. 

A los hijos no se les puede hacer creer que van a madurar a base de los errores que cometan, pues la mayoría de las veces, esos errores son irreversibles y precisamente limitan la maduración. Mucho peor si los hijos empiezan a edades más tempranas, con noviazgos a escondidas y salidas furtivas, como es normal en algunos grupos sociales. 

Para los 15 años ya les han dado mucha y muy mala información, sobre el derecho y la libertad que tienen, de hacer lo que quieran, cuándo quieran y cómo quieran con su cuerpo, principalmente en todo lo relacionado con el sexo. Pero les han hablado muy poco de las obligaciones y graves consecuencias, que conlleva ese derecho y esa libertad si las aplican mal. Incluso saben que sus parejas, no se responsabilizarán en caso de que se produzca un embarazo, pero a sus 15 años quieren seguir adelante con sus noviazgos, porque dicen que todas lo hacen y está muy de moda. 

Una pregunta muy irresponsable y carente de sentido común, es la que suelen hacer algunos padres, familiares o amigos de la familia: ¿Cómo es que todavía no tienes novio si ya tienes 15 años? ¿Es que no te gustan los chicos o no te gustan las chicas? Eso supone minar los sentimientos que tienen de mantenerse alejados de ese problema, hasta que les llegue la edad adecuada. 

Muchos enamoramientos de los hijos, suelen coincidir con el comienzo de los nuevos ciclos escolares, donde las chicas se deslumbran de los chicos, más mayores que ellas y los chicos encuentran otras formas diferentes de pasarlo bien con las chicas. En el ciclo escolar anterior, las chicas no estaban tan preocupadas por las amistades masculinas, pero ahora están metidas en un mundillo, donde casi todas las amigas salen, han salido o quieren salir con algún chico. Las modas han tomado una parte muy importante de sus mentes y hay una carrera loca, entre las amigas, para ver quien está mas sexy, provocativa, atrevida, moderna y desinhibida ante los chicos. Eso conlleva que cada vez se vuelven más audaces, imprudentes y osadas en sus vestimentas, conversaciones, posturas, horarios, peticiones de permisos y de dinero y otras situaciones impropias de la edad. 

Para algunas jovencitas y sus padres, la simpática y tradicional fiesta, en algunos países denominada «quinceañera» suele ser el parte aguas, donde empieza un acuerdo tácito entre hijas y padres, para que éstas puedan comenzar a chicolear. Eso suele querer decir, que ya pueden tener permisos para tener «amigos privados con derecho a roces». Es una edad demasiado prematura, como para iniciar esas cuestiones tan peligrosas, las cuales muchas veces, terminan mal para ese tipo de parejas, aunque en su entorno sea normal los noviazgos a edades tan tempranas o sean costumbres ancestrales, difíciles de modificar, porque han sido practicadas por sus familias o sociedades. 

Una cosa es la alegría loca de empezar un noviazgo, para divertirse o no aburrirse, sabiendo y asumiendo los riesgos que eso conlleva, pero otra cosa es empezar un noviazgo, con el objetivo de que pueda terminar en matrimonio. Para ello tiene que haber una madurez, un objetivo, un plan determinado y unos controles, que hagan las veces de brújula, para saber si se va en la dirección adecuada y evitar, que les vaya llevando hacia el precipicio de las frustraciones o situaciones irreversibles, esas que dejan heridas y cicatrices para toda la vida. Nadie se muere por ser virgen hasta el matrimonio y muchos se mueren por no serlo. 

Aunque los padres hubieran tenido noviazgos prematuros, e incluso se hubieran casado siendo adolescentes, como era o es habitual en algunas regiones o segmentos de población, las circunstancias ahora han cambiado y ya no vale decir “yo no conocía las malas consecuencias que esto iba a tener”. Los padres ahora tienen que tener muy claras, las enseñanzas y puestas en práctica de las virtudes y valores humanos, que tienen que inculcar a sus hijos, sobre el respeto a las personas del sexo opuesto, la decencia, el pudor, etc. 

Es muy difícil para algunos padres, convencer a sus hijos sobre los peligros de los noviazgos prematuros, cuando ellos mismos lo han hecho y también los padres de sus padres. Antiguamente las circunstancias, costumbres, necesidades y situaciones, eran muy distintas a las que hoy en día suceden. Antes, en algunas familias no le daban mucha importancia al infierno en vida, que muchas veces suponían las consecuencias de los noviazgos prematuros, que casi siempre terminaban en separaciones y violencia domestica, pues algunos lo consideraban como situaciones normales. Hoy en día todos aspiramos al mejor bienestar presente y futuro de los hijos, por lo que se deben eliminar, todas las banderas rojas que avisen de antemano, las probabilidades del fracaso. 

Los padres tienen que explicar muy claramente, en función de sus experiencias, conocimientos e información actualizada, la cantidad de obstáculos que tienen que superar, antes de entrar en la edad física y mental razonable para el noviazgo. 

30 Virtudes y valores humanos, como base para la educación sexual de los hijos: Abstinencia amor, autodisciplina, castidad, disciplina, educación, familia, Fe, fortaleza, generosidad, honestidad, justicia, modestia, obediencia, oración, orden, paciencia, perdón, prudencia, pudor, pureza, religiosidad, respeto, responsabilidad, sencillez, templanza, tolerancia, virginidad masculina y femenina, voluntad, etc. 

Es imprescindible que los padres pongan en sus hijos los cimientos, de una buena formación moral y religiosa. No se puede empezar la casa por el tejado, ni enseñar sexualidad a los hijos, si no tienen el soporte, entre otras muchas cosas, en el ejemplo dado por las padres y en tener un gran conocimiento y una buena práctica, de las virtudes y valores humanos citadas anteriormente. Ahora los padres, más que nunca, tienen que evitar dar malos ejemplos a sus hijos, con sus comportamientos inadecuados, en cuanto a su forma de vestir, conductas, actuaciones, prácticas y hábitos, pues si quieren inculcar en sus hijos las virtudes y valores humanos, deben dar primeramente, un buen ejemplo en cuanto a su imagen y actitud. Las madres no pueden ir sexualmente provocativas y pretender que sus hijas no lo hagan y que por lo tanto, se conviertan en pieza de caza de los otros niños. Ni los padres llevar una doble vida fuera del matrimonio, sabiendo que sus hijos están intentando aprender esas acciones para imitarles. 

El pudor es la tendencia natural a defender lo más íntimo de la persona, nuestro cuerpo, nuestra forma de hablar y actuar, y todas las cosas que consideramos privadas. El pudor está basado en las virtudes y valores humanos, mencionados anteriormente y que son los que permiten, que seamos dueños de nosotros mismos. Por eso los padres tienen que enseñar a los hijos a que sean firmes, fuertes y contundentes en que su si, sea si, y que su no, sea no, aunque les cueste mucho y sea difícil hacerlo. Si fuera necesario tienen que tener el coraje para huir de las ocasiones que les puedan dañar. Al peligro no siempre hay que hacerle frente, hay que huirle para no perecer ante él. No es más inteligente el que se enfrenta al peligro y sucumbe a él, que el que huye. Esta firmeza incluso puede ocasionar, el tener que renunciar a noviazgos, amistades y situaciones que les dañen. Tanto en las decisiones con ellos mismos, como con las relacionadas con otras personas. Los padres deben cuidar el entorno, donde se desarrollan sus hijos, en cada una de sus edades, evitándoles las amistades y familiares tóxicos.

Es muy importante que los padres enseñen a sus hijos, a cultivar la amistad de las personas que les hagan ser mejores, aunque para ello, tengan que renunciar a amistades que puedan dañarles o que pueden ponerles, en ocasión de caer o recaer en los noviazgos prematuros. Instando siempre a que esas relaciones entre jóvenes de distinto sexo, sean sanas y moralmente aceptables.

A los 15 años, ni con mucho, es una edad adecuada ni física, ni emocionalmente para ser novia de muchacho, de esa edad o parecida, ni aunque sea con el consentimiento, beneplácito, ignorancia o disimulo de los padres. Los padres tendrán que asumir las responsabilidades, de lo que seguramente sucederá. Cada cosa tiene su tiempo, y en cada tiempo hay que hacer las cosas que corresponda. 

A los hijos en cuanto cumplen los 15 años, ahora les llaman jóvenes adultos, aunque de adultos, todavía tengan muy poco. No por eso tienen que desperdiciar su juventud, haciendo lo que les corresponderá hacer, cuando tenga la edad oportuna, y no haciendo lo que le corresponde hacer a esta edad. Todavía no tienen el discernimiento para saber los peligros que encierran la confianza, o excesiva confianza, que produce un noviazgo con otro adolescente de edad similar. La consiguiente inmadurez y falta de formación en todos los aspectos, es una de las banderas rojas que avisan de los embarazos prematuros, de las parejas que juegan a novios. El que quita la ocasión, quita el problema y el que juega con fuego, se quema. 

A los 15 años algunas niñas, se aburren con sus amigas o amigos y tratan de entretenerse explorando cosas, que por su edad, no les corresponde. Los padres son los que tienen que ayudarles a buscar y encontrar, las miles de soluciones que existen en todos los sitios, para convencerle que haga otras cosas, que le llenen su tiempo libre. También tienen que irles formando, en ese difícil camino de transición, que es la adolescencia, palabra que indica, que todavía adolecen de las cosas más elementales, para poder desenvolverse en la vida. 

La inconsciencia en esas edades, la ignorancia del peligro y la falta de formación, les hace pensar que ya lo saben todo. Máxime si no han tenido una clara y firme educación, en las virtudes y valores humanos, soportadas con el conocimiento y el ejemplo de sus padres. Son como los niños pequeños, que están aprendiendo a leer y van leyendo todos los letreros en la calle, algunos creen que ya son capaces de leer El Quijote de la Mancha o similar. Pero no pueden, son todavía unos analfabetos, que están alfabetizándose, pero que necesita tiempo y la adquisición de muchos conocimientos, antes de poder leer ése libro. 

Los padres tienen que acordarse de cuando ellos tenían 15 años, hubieran tenido o no noviazgos, para que reconozcan, honradamente, que a esa edad, no se puede ni se debe tener una relación de noviazgo y mucho menos, una aventura que pueda dejar tantas cicatrices irreparables e imposibles de borrar para toda la vida. 

Es una enorme pena que una niña o niño, de aproximadamente 15 años, salga con un muchacho, por muy bueno y responsable que sea, pues perderá los mejores años de su juventud, de su formación, búsqueda y consolidación de la madurez, desperdiciando el tiempo y asumiendo los peligros y riesgo de un noviazgo, fuera de tiempo. Si de verdad se quieren, pueden esperar a vivir un poco, a conocer a más amigos, a formarse física e intelectualmente, ya que si tiene la mente llena de las cosas de los noviazgos, les pueden frenar sus estudios. 

A los 15 años aproximadamente, junto con los cambios físicos naturales, suele despertarse el sentido sexual de la vida, sentido que hay que ayudarles a reconducir con la inestimable ayuda de los padres, sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, los que le facilitarán una auténtica y correcta información, sobre el sexo y la validez de los sentimientos, adecuada a su edad y demás circunstancias personales. Pero el hecho de ese despertar, no conlleva la autorización de los padres para empezar a pasarlo bien con los novietes de 16 años, ya que la sexualidad, tiene la noble misión de contribuir a la propagación de la especie humana, dentro del matrimonio entre un hombre y una mujer, en el orden a formar una familia. Esta es una más de las muchas etapas, por las que las personas tienen que pasar durante la vida. Transitar de la infancia a la adolescencia y posteriormente a la juventud, pero sin saltarse cada una de esas etapas, poniendo la carreta delante de los bueyes. 

El hecho natural de que los hijos a los 15 años, unos antes y otros después, empiecen a cambiar física y emocionalmente, no tiene que producirles vergüenza, pues es el magnifico signo que determina el crecimiento. Algunos hijos tienen una crisis motivada por el hecho de empezar a dejar de ser niños e iniciar, el proceso de ajustamiento a la pubertad, a la adolescencia y a la juventud. Es una etapa, normalmente pasajera, que suele originar una fuerte autoafirmación de la personalidad, una constante rebeldía y una fuerte agresividad. Estas situaciones, no deben conducir a que piensen los padres o los hijos, que un noviazgo les solucionará esos problemas internos de identidad, propios del crecimiento, es más, normalmente suele acrecentarlos, al aumentar sobre los hijos los problemas del noviazgo prematuro. 

Los padres tienen que tener un dialogo muy abierto con sus hijos, con temas específicos en cada unas de sus edades, hablándoles muy claramente, incluso contándoles sus malas experiencias, si las tuvieron, pero insistiendo en que si les dieran permiso para sus noviazgos o se inhibieran consintiéndolos, en vez de beneficiarles, les harían mucho daño y seguramente de forma irreparable. Deben explicarles también, con mucho cariño, que cuando tenga más edad, lo verán muy claro y entenderán el amor de los padres, para decirle que no. Ya que esto es mucho más difícil, que decirle que si, incluso hablándoles de la posible mala fama, que desgraciadamente les pueden adjudicar sus amigos y familiares, les va a perjudicar para el resto de sus vidas. 

Los noviazgos a esas edades tan tempranas, estadísticamente forman parte de un colectivo de altísimo riesgo, para las enfermedades de transmisión sexual, los embarazos no deseados, los abortos, los divorcios de segunda y tercera ocasión y en que se conviertan, en parejas de hecho y no en matrimonios de derecho. Además de propiciar las bajas calificaciones escolares, las deserciones de los estudios y las consiguientes disminuciones en la calidad de vida y formación profesional. 

Las consecuencias, situaciones y costumbres de los noviazgos prematuros, se van heredando de abuelos a padres y nietos, principalmente en determinados segmentos sociales. Es una cadena que social y religiosamente es casi imposible de romper. Estas cadenas son las que aumentan las bolsas de pobreza para las comunidades, que viven inmersas en esas situaciones, con independencia de otras mejores realidades, que estén en su entorno, donde las personas tengan los noviazgos a su debido tiempo. 

Lo más importante de ese tiempo de preadolescencia y adolescencia, es aprovecharlo para intentar crecer integralmente, en todas las áreas de la vida, y sobre todo, para planear el futuro con la ayuda de los padres, tutores y sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, ya que los hijos, todo lo que hagan en esa etapa, serán los cimientos para los éxitos o fracasos posteriores. Es muy importante tener la capacidad de saber, poder y querer dialogar y preguntando previamente, las dudas relacionadas con un posible noviazgo. Los padres deben ayudar a sus hijos a preparar un plan de vida, pues es mucho más fácil llegar a cualquier lado, cuando ya sabes a dónde ir.

El pudor es la tendencia natural, a defender lo más íntimo de la persona, nuestro cuerpo, nuestra forma de hablar y actuar, y todas las cosas que consideramos privadas. El pudor está basado en las virtudes y valores humanos mencionados anteriormente y que son los que permiten, que seamos dueños de nosotros mismos. Tanto las hijas, como los hijos, deben cuidar la intimidad de su cuerpo, reflejada en su ropa, imagen, acciones y lenguaje, guardando las mejores cosas de su vida para ellos mismos y así poder entregarlas a quien con pleno conocimiento de causa, y en la edad adecuada, decida amar incondicionalmente.

Los padres tienen que enseñar a sus hijos lo que es el verdadero amor en el noviazgo. El verdadero amor es el que busca el máximo bien, de la otra persona. Si en un noviazgo prematuro, la persona percibiera que no puede dar el máximo bien a la otra persona y que por lo tanto, le va a crear los mismos problemas que ella va a tener, no obrarían bien consintiendo que ese noviazgo prospere.

Entre la ultima fase de la adolescencia y la primera de la juventud, los padres deben enseñar a sus hijos, los principios de los conocimientos de la fertilidad y la regulación natural de la fertilidad, pero dentro del contexto de la educación al amor, de la fidelidad matrimonial, del plan de Dios para la procreación y el respeto de la vida humana.

Tengo un hijo que vive en mi casa y gana dinero, pero no quiere aportarlo a la familia

ESCUELA PARA PADRES 

Tengo un hijo que vive en mi casa y gana dinero, pero no quiere aportarlo a la familia.  

  • 10 Razones de los hijos para no aportar a la familia el dinero que han ganado con su trabajo
  • 11 Preguntas a un hijo que gana dinero y no lo quiere aporta a la familia
  • 32 Principales virtudes y valores humanos, relacionados con el dinero ganado por los hijos
  • 10 conceptos sobre el dinero, que los padres deben enseñar a sus hijos 

1,904 Palabras. Tiempo de lectura 6:15 minutos 

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En la familia tienen que haber un único fondo común con el dinero, con independencia de que lo ganen los padres o los hijos que vivan en ella. Es un grave error y causa de muchos males, que el marido entregue a la esposa una cantidad para los gastos de la casa y él, se quede con la diferencia de lo que gana. O que la esposa gane y tenga una cuenta aparte, para sus gastos especiales. Otro grave error, es el que un hijo gane dinero y que no lo entregue en la casa, o que solamente entregue algo por los gastos que ocasiona. 

10 Razones de los hijos, para no aportar a la familia el dinero que han ganado con su trabajo, con una herencia, con los donativos recibidos, con la lotería, quinielas, premios, etc. 

  1. Los padres tienen la obligación de mantenerme, pues no pedí nacer, ellos lo hicieron por su propia voluntad.
  2. No es mi problema, el que los padres pasen apuros económicos para llegar a final de mes o que se maten a trabajar para conseguir mantener a la familia, esas son sus obligaciones.
  3. No voy a sacrificarme trabajando, para luego entregarlo en la casa y que todos se beneficien.
  4. Si consigo tener dinero propio, no tengo que andar pidiéndolo a los padres, y así lo podré gastar en lo que me apetezca, como discos, conciertos, juegos electrónicos, ropa, discotecas, cigarros, etc.
  5. “Lo mío es mío, y lo de los demás a repartir conmigo”. “A cuanto tocamos sin poner nada”. “Que me den, que me den, pero yo no doy nada”.
  6. Quiero empezar a ahorrar para el día de mañana, ser independiente económicamente de mis padres.
  7. Voy a ahorrar para estudiar en la universidad, ya que mis padres no la van a pagar y no quiero empeñarme con créditos universitarios.
  8. Prefiero ir a trabajar y ganar dinero, que pasar el día en la escuela y estudiando.
  9. No me fío de mis padres, porque seguramente lo que yo entregue, lo dilapidarán en sus caprichos particulares, para darse gustos que ahora no hacen, como: Jugar al bingo, comprarse ropas caras, hacer viajes, etc.
  10. Prefiero dárselo directamente a mis hermanos o a las organizaciones caritativas, que a mi me gustan, pues mis padres no lo van a hacer. 

La familia es una institución de unidad de destino moral y material. Todos los que pertenecen a ella, están unidos por lazos muy fuertes de sangre, apellidos, ancestros, compromisos religiosos o civiles, cariño, etc. Allí debe presidir el concepto de “Todos para uno, y uno para todos”, por lo que no debe haber excepciones en los temas del dinero, del mutuo esfuerzo, ni del cariño solidario. 

Los hijos no deben eludir la responsabilidad, de entregar el dinero obtenido al fondo común familiar. Es posible que a la larga tengan, que pedir la solidaridad familiar cuando tengan problemas individuales. La familia es la primera red de solidaridad social y el mejor y más seguro colchón hipotético, donde guardar el dinero que sirva para prevenir y pasar las dificultades y crisis económicas. Muchas familias se crecen en la adversidad y cierran filas, al hacerse responsablemente solidarios, con los problemas financieros de sus componentes. 

La vida da muchas vueltas, por lo que nunca se puede saber, si los problemas individuales llegan desde los hijos, desde los padres o desde los abuelos. Por eso, si todos han sido generosos y solidarios con su propio dinero, tendrán muchas más posibilidades de encontrar soluciones a sus futuros problemas. Si la familia les respalda en los malos momentos, las adversidades económicas serán menos costosas de sobrellevar, aunque sean repetitivas. 

Cuando un hijo menor de 18 años, empieza a ganar dinero, si no ha estado bien educado en el concepto de lo que es la unidad familiar, suele preguntar cuánto tienen que aportar para los gastos de la casa. Es decir, cuánto cuesta estar de hotel, con pensión completa en esa familia. Si le conviene, sigue en la familia y si no le conviene, se va a otro sitio, si la edad se lo permite. Cuando cumple los 18 años, se suelen plantear inmediatamente el marcharse de la casa, o son los mismos padres los que le instan a que lo haga. 

11 Preguntas a un hijo que gana dinero y no lo quiere aporta a la familia. Entendiendo que sus ingresos son por su trabajo, herencia, premios o donativos, vive en una familia sin aparentes necesidades económicas urgentes, es menor de edad y está estudiando. 

  1. ¿Crees que debes entregar tus ingresos al fondo familiar y que la familia, periódicamente, le de la misma cantidad de dinero que a tus hermanos, para los gastos particulares?
  2. ¿Crees que debes quedarte con todo o gran parte de lo percibido y gastarlo o ahorrarlo en lo que quieras?
  3. ¿Con qué parte de los ingresos consideras que debes quedarte?
  4. ¿En caso de que aportes tu dinero a la familia, deben darte mayor cantidad que a tus hermanos y tener privilegios especiales?
  5. ¿Si te quedas con todo o con parte de tus ingresos, debes liberar a tus padres de la obligación de mantenerte en la vivienda familiar, pagarte los estudios presentes o futuros e independizarte económicamente?
  6. ¿Crees que tienes la obligación de entregar el dinero en la casa, para que tu madre o tu padre, dejen de hacer trabajos pesados en la casa o fuera y mejorar su calidad de vida?
  7. ¿Crees que los padres deben sacrificar económicamente su vida presente y retiro laboral, por seguirte manteniendo, aunque ganes dinero y no lo aportes a la familia?
  8. ¿Crees que la decisión de no aportar el dinero a la familia, influirá positiva o negativamente en la educación de los otros hermanos?
  9. ¿Crees que debes negociar con tus padres el destino, supervisión y orientación del dinero que no aportes a la familia, para que se convierta en el importante y adecuado instrumento para tu educación económica?
  10. ¿Crees que, porque tengas más dinero, puedes llevar un nivel de gasto superior a las posibilidades del poder adquisitivo de la familia?
  11. ¿Crees que necesitas tener mucho dinero, para alcanzar tu integración social, incluso a riesgo de caer en la tentación, de volverte materialista o codicioso? 

Cuando los hijos empiezan a ganar dinero y siguen viviendo en la casa familiar, el que quieran o no entregarlo en el fondo común, suele ser una prueba de fuego, que permite a los padres conocer el grado de educación y práctica dada a los hijos en las virtudes y valores humanos, principalmente en el concepto de unidad familiar. Un viejo refrán dice: “Si quieres conocer a fulanillo dale un mandillo”. Es posible que los padres, creyeran que la familia estaba completamente unida y que habían educado bien a los hijos, pero la familia estaba unida en todo, menos en el dinero, que dominaba a cada persona y les separaba de los objetivos comunes. 

32 Principales virtudes y valores humanos relacionados con el dinero ganado por los hijos: Adversidad. Agradecimiento. Ahorro. Austeridad. Autodisciplina. Caridad. Coherencia. Colaboración. Conciencia. Dar. Desprendimiento. Ética. Familia. Fe. Fidelidad. Fraternidad. Generosidad. Gratitud. Humildad. Justicia. Lealtad. Moderación. Obediencia. Orden. Paciencia. Prójimo. Rectitud. Respeto. Responsabilidad. Sobriedad. Solidaridad. Tolerancia. Trabajo. Etc. 

10 conceptos sobre el dinero, que los padres deben enseñar a sus hijos. 

  1. Enseñar a que practiquen con su dinero, las virtudes y valores humanos, indicados anteriormente.
  2. Enseñar a que reconozcan la importancia de la educación financiera y suprimir, lo que algunos consideran al dinero, como un tabú del que nos hay que hablar.
  3. Enseñar que el dinero no es malo en sí, pero un mal entendido amor al dinero, puede ser la raíz de muchos males.
  4. Enseñar que tienen que ser generosos con el dinero, ayudando al prójimo necesitado. Entendiendo bien, que prójimo quiere decir “el más próximo”, que en este caso es la familia.
  5. Enseñar a que los hijos no se dejen seducir por la tentación que ofrece el poder del dinero, sino que lo vean como una herramienta, para llevar una calidad de vida razonable, pero sobre todo, para hacer el bien.
  6. Enseñar que pueden y deben utilizar su conocimiento y emplear sus habilidades y medios, para tener éxito en la vida y para ponerlo al servicio de los demás.
  7. Enseñar que con el dinero, también se cometen errores irreversibles, para los que hay que estar preparados y tener previstas soluciones a los infortunios.
  8. Enseñar con el ejemplo a saber ganarlo, administrarlo, invertirlo, ahorrarlo, mantenerlo, gastarlo, compartirlo y a no derrocharlo o perderlo.
  9. Enseñar a aprender juntos en la vida real, de los errores y de los logros económicos y financieros familiares y de la sociedad.
  10. Ensenar todo el proceso de aprendizaje para establecer, un presupuesto de ingresos, gastos y ahorros para que así, puedan tener una mejor estabilidad financiera. 

Hay matrimonios que hacen capitulaciones pre-matrimoniales y no juntan los bienes muebles o inmuebles, cuentas de bancos, seguros de vida, etc. que cada uno tiene antes del matrimonio. Se unen en matrimonio pero no en sus bienes materiales. Unen sus cuerpos y sus vidas, pero queda intocable el tema de sus bienes materiales o dinero que tenían anteriormente. Cada uno quiere mantener lo suyo, sobre todo si tienen alguna duda, sobre la duración de su matrimonio. 

Algunos padres prefieren que sus hijos les dejen en paz y que se queden con el dinero que han ganado, así se evitan discusiones y enfrentamientos. Que los hijos con su dinero hagan lo que quieran, que se compren lo que quieran y que vayan donde quieran, allá ellos, con su pan se lo coman. 

Qué mayor alegría y sentido de unidad familiar, que cuando un hijo entrega sus ingresos íntegros a los padres y les dice “Para colaborar en los gastos comunes de la casa y para que no paséis tantos esfuerzos, en sacar adelante a la familia y así tengamos todos mejor calidad de vida” 

Si los hijos creen en el poder de la familia unida y en su futuro, deberán entregar al fondo común el dinero que ganen, sabiendo que cuando de verdad lo necesiten, tendrá a todos los miembros familiares, en la mejor disposición para ayudarles. 

Si tiene algún comentario, por favor escriba a francisco@micumbre.com 

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Cómo hablar del sexo a los hijos adolescentes

ESCUELA PARA PADRES 

Cómo hablar del sexo a los hijos adolescentes. 

  • 30 Virtudes y valores humanos como base para la educación sexual de los hijos.  

2,389 Palabras. Tiempo de lectura 8:40 minutos 

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No existe la educación sexual de los hijos, sin relacionarla con las virtudes y valores humanos. Los padres tienen obligación de saber, cómo encarar la educación sexual de los hijos, en función de lo que son ellos y de lo que quieren ser en su vida, teniendo en cuenta como prioridad su religiosidad, madurez de personalidad y no los aspectos técnicos y científicos. Esta educación, solamente puede ser presentada de manera integral y coherente, con la formación moral y religiosa, por lo que nadie tiene el derecho a sustituir a los padres para enseñársela. 

El sexo es una parte muy importante de la vida. Está ahí y no puede ignorarse, pero tampoco debe pensarse que es el epicentro del mundo, por mucho que la misma vida, soportada por lo medios de comunicación, intenten mezclarlo con todas las actividades y ponerlo como eje de nuestra existencia. Es muy importante reconocer la importancia y dimensión moral y religiosa que tiene y explicarlas bien a los hijos. 

Ni el Estado, ni las escuelas, ni nadie, puede obligar a los padres a que sus hijos reciban en las escuelas, unas enseñanzas que vayan en contra de sus convenciones morales y religiosas, pues la educación sexual de los hijos, es un derecho básico, innegociable,  irrenunciable e intransferible de los padres y debe ser impartida por ellos mimos, bajo su guía o por quien ellos, con plena libertad y conociendo, deleguen el alcance de esa obligación. 

Únicamente son los padres los que tienen que decidir la enseñanza y la conducta sexual de los hijos y oponerse. Tienen que defender su libertad y su derecho, a cualquier injerencia ideológica de los Estados que quieran realizar a través de los profesores o sexólogos, en la enseñanza de esta materia, pues es un grave error dejarla en manos de estos. La raíz de la solución al problema de la educación sexual y para evitar las conductas de riesgo, es educar a los hijos en una sexualidad responsable, dentro de los criterios de la moral y la religión. 

La mayoría de las veces que tratan los Estados sobre educación sexual, suelen producirse resultados irreversibles. Cuando surja un problema motivado por esa mala educación, ellos no van a estar con el hijo. Los únicos que van a estar con los hijos son sus padres. Las consecuencias de una explicación distorsionada, que deje aparte la educación moral y religiosa en el tema sexual, pueden conducir a graves situaciones, donde los únicos perjudicados son los hijos y los padres, no los maestros ni los sexólogos. Así que padres, ya lo saben: Mucho ánimo, nunca es tarde, nunca es inútil y nunca es en vano. 

La sexología no estudia la parte moral y religiosa de la sexualidad humana. Se centra únicamente, bajo el punto de vista científico, en su funcionamiento genital, fisiológico, social y psicológico. Por lo tanto la parte más importante para las personas y especialmente en la formación de los hijos, es la parte moral y religiosa, la materia que no estudian los sexólogos. Por esta premisa, de muy mala forma podrán darles consejos morales y religiosos a los hijos. 

Los padres tienen que estar muy bien informados, sobre todos los aspectos relacionados con la sexualidad de sus hijos. Para ello disponen de muchísimos libros, conferencias, páginas de Internet, etc. Pero sobre todo, deben informarse bien de los sacerdotes, pastores, rabinos, imanes y personas bien formadas, que sean expertos en enseñar este tema. Todos los padres han sido cocineros antes que frailes y saben cuales fueron sus puntos fuertes y sus puntos débiles, sus éxitos y sus fracasos, en el tema sexual. Para la época actual, tienen que añadirle un coeficiente multiplicador del mil por uno, puesto que los hijos están sometidos a una constante presión sexual, por sus amigos y por la sociedad en general, que se refleja en los medios de comunicación, Internet y las pantallas electrónicas. 

El amor dentro de la sexualidad es la plenitud. La relación sexual es la manifestación física del amor, por lo que no se puede reducir a un simple tema de genitales y de reproducción, ya que la genitalidad es algo muy personal e intimo de cada persona y está complementada con los sentimientos, los afectos y la educación y práctica de las virtudes y valores humanos. La realidad científica de la sexualidad, es labor de otros profesionales, pero la educación sexual en sus aspectos morales y religiosos, es obligación insustituible e irrenunciable de los padres. 

30 Virtudes y valores humanos, como base para la educación sexual de los hijos. Para tener buenos resultados con los hijos, en la enseñanza de la sexualidad, es imprescindible que los padres, previamente, les hayan puesto los cimientos de una buena formación moral y religiosa. No se puede empezar la casa por el tejado, ni enseñar sexualidad a los hijos, si no tienen el soporte, entre otras muchas cosas, en el ejemplo dado por las padres y en tener un gran conocimiento y una buena práctica, de las siguientes virtudes y valores humanos: 

Abstinencia, amor, autodisciplina, castidad, decoro, decencia, educación, familia, fe, fortaleza, generosidad, honestidad, modestia, obediencia, oración, orden, paciencia, perdón, prudencia, pudor, pureza, recato, religiosidad, respeto, responsabilidad, sencillez, templanza, tolerancia, virginidad masculina y femenina, voluntad, etc. 

La forma y profundidad de enseñar las virtudes y valores humanos, relacionados con la sexualidad, dependerá de la edad fisiológica y mental, de cada uno de los hijos o hijas. Aunque en la escuela todos tienen la misma edad aproximadamente, los condicionantes educacionales, físicos y mentales, pueden ser totalmente diferentes. No puede ser “café para todos”. Es un tema tan importante, donde cualquier error en la educación moral de la sexualidad de los hijos, puede tener resultados catastróficos e irreversibles. 

No se puede dejar la educación sexual de los hijos, en manos de los maestros de la escuela ni de los sexólogos, pues aunque tuvieran muy buenas intenciones, jamás podrían sustituir a los padres, ni a los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes. Cómo se va a poder hablar de sexo a los niños en una escuela, si en el aula hay niños y niñas en diferentes edades y circunstancias personales y mentales, totalmente heterogéneas, y donde el conocimiento de la interioridad de los niños, por parte de los maestros, es nulo o prácticamente nulo, en comparación con el conocimiento que tienen sus padres. 

Algunas veces los padres no saben, no se sienten seguros, o creen que no están muy bien preparados, para cumplir su misión educativa, que es hablar con sus hijos, para guiarles hacia la plenitud de su desarrollo físico, mental y religioso. Si no se atreven a hablarles sobre la moralidad y religiosidad de la sexualidad, deberán formarse profundamente en este tema, para buscar el conocimiento y las herramientas necesaria, que les permita hacerlo. Así educaran unos hijos, para que sean felices y no se metan en problemas sexuales. Si no se forman adecuadamente, sus hijos muy posiblemente, recibirán la información inadecuada a través de sus amigos o en lugares, donde no siempre tienen buenas intenciones. Si los padres creen profundamente en la verdad de lo que dicen, los ataques que reciban por mantener con firmeza su derecho a educar, no pueden tener otro efecto que el de reforzar su verdad. Y estas conversaciones, tan íntimas e importantes, donde se habla, uno a uno, con los hijos, les unen mucho más con los padres y quedan siempre en el recuerdo. 

Hay muchas cosas a tratar con los hijos relacionadas con el sexo, pero cada una a su debido tiempo. Desde muy pequeños, los padres tienen que enseñar a sus hijos las características del cuerpo humanos, así como las grandes diferencias fisiológicas entre los sexos. A tener un cuidado exquisito con su propio cuerpo, haciendo hincapié en la práctica de las virtudes y valores humanos, así como los peligros que representa para ellos y los demás, las acciones y las miradas que conlleven desvergüenza, descaro, inmodestia, indecencia, consentimiento, indiscreciones, etc. 

No se les puede enseñar las mismas cosas a los hijos pequeños, que a los adolescentes. Estos tienen que tener las bases bien aprendidas desde pequeños, para que puedan entender y llevar a efecto las enseñanzas que sus padres les vayan dando. Los padres deben enseñarles que el sexo humano, no se puede reducir únicamente a conceptos de placer. Que delante del sexo hay todo un por qué de su existencia y utilización, ya que es la máxima expresión del amor, reflejado entre dos personas diferentes. La sociedad actual lo presenta como una visión muy superficial, de una parte de la vida. 

La mayoría de los hijos suelen pedir que sean sus padres quienes les eduquen sexualmente. Las preguntas difíciles y las dudas, prefieren hacérselas a los padres, antes que a los maestros e incluso mucho menos hacerlas públicamente, delante de sus compañeros en la escuela. Muy pocos prefieren ser educados por personas ajenas a sus padres. Cada hijo es distinto y por lo tanto con necesidades y capacidades diferentes, que le llevan a que esa necesidad de conocer su sexualidad, que tienen en potencia, la quiera vivir en plenitud de forma íntima. Si en algún momento, los hijos no quieren o no se atreven a hablar con sus padres de este tema, es que no ha habido una educación sexual desde la niñez y por lo tanto, faltan de incorporar a su vida la práctica de las virtudes y valores humanos, relacionados con la educación sexual. 

Algunos adolescentes se creen que saben todo sobre la sexualidad, porque se lo ha explicado un compañero de la escuela, los maestros, los sexólogos, se han leído un libro sobre la materia o han navegado en las páginas de Internet, pero al final, no saben nada. Muchas veces tienen demasiada información recibida de gente con poca formación. Pero también tienen la ignorancia de que saben ya todo, lo que conlleva muchos más problemas, porque tienen que enfrentarse a situaciones que antes no tenían y no están preparados. Hay otros jóvenes que no quieren saber todo, porque reconocen que aun no es su tiempo. El sabio cree que no sabe mucho y el ignorante que sabe todo. 

Normalmente están desinformados de la cruda realidad y se encuentran solos frente a los peligros, que lleva una mala o peligrosa educación sexual. Hoy los medios de comunicación, los maestros y los sexólogos dicen a los jóvenes que estén tranquilos y que no les va a pasar nada: Que hagan lo que quieran, con quien quieran o puedan, cuando y como quieran. Solamente les dejan una premisa, que se pongan el preservativo. Es como decir al hijo coge la motocicleta, vete a la velocidad que quieras, por la calle prohibida que quieras y como quieras, pero, es si, ponte el casco. Seguro que se matarán o que se quedarán parapléjicos. 

Los hijos a determinadas edades, deben conocer los riesgos de las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Hay que decirles la verdad y contarles los riesgos que conllevan para toda la vida, como empiezan en bromas y terminan muy en serio.  En el aspecto sexual, el final de la promiscuidad, es morirse enfermos de sida, de venéreas, de papiloma, etc. Las enfermedad de transmisión sexual, en 40 años, han pasado de 5 enfermedades, que padecía el ser humano, a 33 enfermedades distintas y esto se debe al cambio de actitud y conducta en la sexualidad, al no haber habido una educación sexual, dentro de la moral y de la religión. Las enfermedades de transmisión venérea las curan los médicos, no maestros ni los sexólogos. Estas enfermedades se contagian por el simple contacto, aunque se usen preservativos. 

Los padres tienen que hacer hincapié en cuidar la sensibilidad y la privacidad de sus hijos, pues entre los maestros y los sexólogos, suele abundar la información, pero escasear la formación, lo que produce daños irreparables entre los hijos. No se puede reducir la enseñanza de la sexualidad, exclusivamente a la prevención de riesgos por saber usar bien el preservativo. 

La sexualidad humana es preciosa, la llave de la felicidad, el amor de dar y recibir, que se debe vivir en plenitud con la persona que se ama, aunque haya que esperar. Un padre que quiere a sus hijos, les dirá que es preferible que esperen a su madurez, porque nadie se ha muerto por mantener la abstinencia. 

Las relaciones sexuales promiscuas, producen en los jóvenes mucho pesar, pues creen que van a ser muy felices, por el hecho de entregarse mutuamente y de sentirse queridos, pero inmediatamente comprueban que no es cierto. Que lo que suele ocurrir, pasado un tiempo es, “que si te he visto, no me acuerdo”, máxime, si como es normal, se presentan los embarazos inesperados y tienen que enfrentarse a maternidades muy jóvenes, a los abortos y los síndromes post aborto. 

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La educación de la madre y su reflejo en el éxito o fracaso de los hijos

ESCUELA PARA PADRES 

La educación de la madre y su reflejo en el éxito o fracaso de los hijos 

  • 74 Virtudes y valores humanos que la  madre debe aprender, practicar y enseñar a los hijos.
  • 3 Conceptos principales en la educación de las madres.
  • 22 Situaciones en las que las madres son criticadas por sus hijos, aunque las hagan en beneficio de ellos. 

2,827 Palabras. Tiempo de lectura 10:20 minutos 

La madre, además de sus obligaciones como cónyuge, tiene también la dedicación como institutriz, tutora, enfermera, nutricionista, chef, administradora económica, profesora doméstica, consejera sentimental, policía familiar, etc. Construye, más amores sólidos con los hijos y más sólidos los amores. No busca lo extraordinario, sino hace extraordinario lo ordinario. Actúa en el presente, para cambiar el futuro. Asume la realidad que le toca vivir, pero siempre está dispuesta a seguir luchando para mejorarla. Ayuda a lograr un amor con una base sólida, con puntos muy buenos, como el lograr sacar provecho de los conflictos y capitalizarlos. 

Cuanto más educada esté una madre, mas probabilidades de futuro éxito tienen sus hijos y por sentido contrario, cuanto menos educada esté la madre, más probabilidades de fracaso tienen los hijos. Los hijos que sobresalen, en cualquier ambiente, pobre o rico, son los que tienen una madre bien educada, que ha transmitido con su ejemplo y con buenas lecciones didácticas, lo que sabían, sentían y aprendían. 

La madre tiene que tener bien presente, que ante el desgraciado número de divorcios, cada día en aumento, tendrá que prever la posibilidad de que le ocurra a ella y de las soluciones que tiene para poder seguir, con el mantenimiento y educación de los hijos, que probablemente se quedarán con ella. Por lo tanto, tendrá que prepararse económica, profesional y socialmente, para disminuir el gran choque que supone esa nueva situación. 

La madre junto al padre, forman una unidad de destino y ambos, tienen iguales funciones, innegociables e irrenunciables, en sus obligaciones de educar a sus hijos. Podrán ceder la tarea de educar a sus hijos, pero nunca podrán ceder la responsabilidad de hacerlo. Pueden tener diferencias muy significativas en la forma, pero no en el fondo, sobre la educación de los hijos. Esas diferencias tienen que ser complementarias, pero que nunca les eximan de sus principales obligaciones. Algunas veces tendrá que actuar, como el policía bueno y el policía malo, pero siempre de común acuerdo entre ellos y en beneficio de sus hijos. 

La madre no tiene que ser tan perfeccionista, que avinagre la existencia de los hijos, por sus continuas reprimendas ante cualquier caso, por muy pequeño que sea. Debe tener el difícil criterio de saber estirar y soltar, como en la pesca de la trucha, hasta conseguir los objetivos, que como madre se haya propuesto. Tienen en sus genes la educación innata, para la crianza y para enseñar a sus hijos desde que nacen, a abrirse paso en la vida inculcándoles las virtudes y valores humanos, que la madre conozca y practique. 

La madre debe aprovechar cada fallo de los hijos, como ejemplo para conseguir dar un paso hacia la perfección de ellos. Es más importante aprovechar el fallo de los hijos, para intentar su mejora, que para ponerles un castigo que algunas veces, no lleva a que se den cuenta de las alternativas de superación que podrían obtener con ese fallo. Tiene que ser realista y que lo importante no es mediar las veces que los hijos se caen, sino las veces que ella ha contribuido, a que se levanten. Las madres tienen que poner el listón de la educación, en lo más alto posible, para que los hijos traten de alcanzarlo. Si ponen bajas las expectativas de éxito en la educación religiosa, escolar, familiar y social, desgraciadamente es casi seguro, que se cumplirán, aunque hubieran podido llegar mucho más lejos si se lo hubieran propuesto, y les hubieran guiado por el buen camino de la disciplina y la responsabilidad. 

74 Virtudes y valores humanos que la  madre debe aprender, practicar y enseñar a los hijos, con independencia de las que, como cónyuge, le correspondan: 

Abnegación. Alegría. Amabilidad. Amistad. Amor. Autodisciplina. Bondad. Diligencia. Disciplina. Carácter. Coherencia. Comprensión. Confianza. Conocimiento. Constancia. Control. Conversación. Coraje. Cordialidad. Dar. Desprendimiento. Dialogo. Discreción Educación. Ejemplo. Entrega. Entusiasmo. Escuchar. Esfuerzo. Espíritu crítico. Fe. Fidelidad. Formación. Fortaleza Generosidad. Honestidad. Humildad. Humor. Justicia Liderazgo. Madurez. Obediencia. Objeción de conciencia. Optimismo. Oración. Orden. Paciencia. Paz. Perdón. Perfección. Perseverancia. Piedad. Plan de vida. Prudencia. Pudor. Puntualidad. Rectitud. Reflexión. Religiosidad. Respeto. Responsabilidad. Sacrificio Serenidad. Sinceridad. Solidaridad. Servicio. Templanza. Ternura. Tiempo. Tolerancia. Trabajo. Verdad. Vergüenza. Voluntad. Etc. 

Los hijos no heredan de la madre solamente sus rasgos genéticos, sino también una gran parte de la buena o mala educación que tiene ella. Me refiero a la educación como conjunto de formación académica, religiosa, de virtudes y valores, familiar, social, artística, etc. La madre representa las raíces familiares y hace que todo el entramado del árbol familiar, tenga sus sustentos en esas raíces. Por eso dejan una impronta imborrable en la educación de los hijos, que se va consolidando a medida que van pasando los años, donde la madre ejerce su función insustituible de educar a los hijos. Pasan los años y se siguen acordando de la mayoría de las cosas que les dijo su madre. El espíritu y la educación de la madre dominan en los hijos, principalmente hasta la adolescencia, creando los cimientos necesarios, para la vida que va a tener que llevar. A partir de la adolescencia la figura del padre, de ordinario más razonable y menos instintiva, empieza a afianzarse en los conceptos educativos, realizados por la madre.

Es fundamental que la madre esté perfectamente equilibrada, en los campos espiritual, físico y mental, para que su educación y la que proyecte, sea la más provechosa para sus hijos. Si nota o le notan algún fallo en estos equilibrios, por el buen fin de sus hijos, tienen que poner los medios para corregirse o que se los corrijan.

Según todos los estudios multidisciplinarios internacionales, está perfectamente demostrado hasta la saciedad, la gran influencia positiva, que tienen las madres en el éxito o fracaso de los hijos. El éxito moral, económico y profesional de los hijos, depende principalmente de la educación de las madres. Desgraciadamente, muchos padres solamente se dedican a proveer de medios económicos a la familia, (cosa muy importante e imprescindible) pero son las madres, las que transmiten a los hijos la educación. Los padres tienen otras funciones muy importantes, que complementan y equilibran las relaciones familiares. Entre otras practicar el ejercicio de poner límites y asegurar, que la educación que transmite la madre, sea puesta en práctica.

Es muy importante que las madres tomen conciencia del papel tan vital, que juegan en la vida de sus hijos, para que a su vez se cuiden y se mantengan bien espiritual, física y sicológicamente. Han sido, son y serán siempre, las multiplicadoras de la felicidad y del bienestar de los hijos. Una madre estable, educa hijos estables. 

3 Conceptos principales en la educación de las madres: 

Espiritual: La madre en la educación religiosa y formación de costumbres, desde la cuna, es su principal inculcadora en los hijos. Cuando les reza una oración sencilla al levantarles, acostarles, darles de comer, salir de la casa, etc. pues ellos la van memorizando y así cuando empiezan a balbucear, vayan formando sus palabras. E introduciéndoles, poco a poco las virtudes y valores humanos, para que se conviertan en costumbres, posteriormente en hábitos y finalmente, pasen a ser una parte importante del quehacer diario de los hijos. 

Físico: Cuidar su propia salud, su aspecto físico y alimentación, mirando bien los conceptos nutricionales, para poderlos utilizar con sus hijos en las prácticas alimentarias y en el mantenimiento de su salud, para que vayan cogiendo el habito de las buenas costumbres alimenticias, incluyendo el disfrute de los buenos alimentos. 

Mental: Buscar un buen equilibrio mental, para que se pueda reflejar en los hijos, evitando las alteraciones y posiciones fuera de control emocional, porque los hijos absorben todo y aprenden inmediatamente lo que ven y sienten, reflejándolo posteriormente en su comportamiento externo. Una madre sana mentalmente, va a promover también la salud mental en sus hijos y el amor incondicional, lo que les permitirá enfrentar la vida con fortaleza. 

La madre es el comienzo del maravilloso milagro de la vida. También tiene que ser la fuente de las virtudes y valores humanos, que alimente esa vida. Para poder hacerlo, tiene que estar llena esa fuente, de lo que los hijos necesitan para desarrollarse y triunfar. 

Las madres no tienen preferencia por determinados hijos. Tratan a todos por igual, aunque algunas veces parezca que por su trato diferente, ofrecen alguna diferencia a favor de determinado o determinados hijos. Suele interpretarse como diferencia de trato, lo que en realidad es adaptar su dedicación, en función de las necesidades o características especiales de cada hijo. No ponen la misma cantidad de comida a todos los hijos, la ponen en función de sus necesidades físicas. 

Está demostrado que las familias monoparentales, dirigidas por la madre, son las que mejor sacan adelante a los hijos. La madre, en su caso, se encarga de educar y si fuera necesario, comparte el trabajo fuera de la casa con el familiar. En la mayoría de los casos en los que el padre es el cabeza de la familia monoparental, suele ser un desastre familiar y los hijos, tienen muchas menos probabilidades de éxito en la vida.

Hoy encontramos a muchos padres, ejerciendo funciones reservadas hasta hace poco, solo a las madres. Actualmente, algunos padres son los que dan la comida, cambian pañales, van al colegio y al médico, leen cuentos y están pendientes a toda hora de sus hijos. Esto está bien, siempre y cuando el niño no termine con dos ‘mamás’ y sin nadie que ejerza la labor de padre. Los cónyuges, con funciones diferentes, son los que mejor crían a los hijos, puesto que esto les da más equilibrio a los niños y facilita el papel que juega cada padre. Es también importante para los hijos, saber qué esperar de cada uno, pues les tranquiliza.

La madre siempre da lo mejor de sí. Lo hace con gran amor y entrega, sin contar las horas, el esfuerzo, ni esperar nada a cambio. De ahí viene la frase: «Madre no hay más que una». También hay la contra frase de los hijos: «Madre no hay más que una, porque si hubieses dos, no hay quien aguante» Pero al final, es siempre como broma. Realmente la madre quiere de una forma especial. De ahí que su ausencia en la crianza de los hijos, sea tan dolorosa.

Es muy importante que las madres, tomen conciencia del papel tan vital, que juegan en la vida de sus hijos, para que a su vez se cuiden y se mantengan bien física y sicológicamente. Recordemos que las madres, serán siempre las multiplicadoras de la felicidad y del bienestar. Una madre estable, educa hijos estables. Si las madres avanzan, por el camino de los valores, los hijos reflejarán sus enseñanzas y a su vez, serán buenos miembros de la sociedad.

La madre en la educación religiosa. Esa maravillosa costumbre de agradecer, por lo que recibimos, se mantendrá toda la vida y se practica en todas las religiones. Así se adquieren las virtudes y valores humanos, a los que desde niños se van acostumbrando y posteriormente perduran. También los hijos enseñan a rezar a las madres, cuando les recuerdan que no lo han hecho. Incluso ayudan a las madres a practicar las virtudes y valores humanos, principalmente la paciencia, la constancia, las cuales al verlas en la madre, junto a la austeridad, marcan las bases de su carácter futuro. 

La madre en la educación preescolar, va enseñando mientras juegan, lo que marca una gran diferencia para los niños, que se traduce en un mejor rendimiento escolar, en la futura educación y a lo largo de su vida intelectual. No es necesario que la madre sea una intelectual, ni con gran preparación académica, lo importante es que inculquen lo básico en cada edad y sobre todo, la atención que les presta.  La maternidad da un sentido especial a las madres, para actuar en cada momento. Solo tienen que escucharlo. 

La madre educa en la nutrición familiar, pues debe de formarse e  informarse muy bien, sobre los alimentos que prepara y organiza, incluso transmitiéndolo a los hijos, pues una buena alimentación, ayuda a los hijos a crecer más y más fuertes. Sin embargo, comer bien, no sólo favorece el desarrollo físico, pues en el equilibrio de los nutrientes esenciales que asimila nuestro organismo, también están los que contribuyen al desarrollo intelectual y emocional. Así se consigue una familia sana y un mejor rendimiento escolar y profesional, de toda la familia. El desconocimiento en torno a la nutrición es un grave riesgo y en muchas ocasiones, aunque sepan de la existencia de determinados alimentos, forma de prepararlos y puedan adquirirlos, si ignoran los beneficios que éstos tienen, sobre el crecimiento físico e intelectual de los hijos, están creando un problema futuro. 

La madre educa en la economía familiar, desde que los hijos están en la cuna, aunque los medios sean muy limitados, utilizando su formación, entrega, interés y sentido materno.    

22 Situaciones en las que las madres son criticadas por sus hijos, aunque las hagan en beneficio de ellos: 

  1. Cuando se empeñan en conocer a los familiares de la casa, donde sus hijos van a visitar, a pasar la noche, o el fin de semana.
  2. Cuando ponen reglas a los hijos y les preguntan a dónde van a ir, con quién van a estar y a qué hora regresarán.
  3. Cuando hacen saber a los hijos, que determinados amigos, no son buenas compañías.
  4. Cuando investigan en el Internet y en el teléfono, las páginas y personas que visitan o con las que mantienen relaciones.
  5. Cuando trasgrediendo un mal entendido derecho de privacidad de los hijos, revisan sus habitaciones, mochilas y ropas, en busca de cosas delatoras de actividades no permitidas y peligrosas para ellos.
  6. Cuando no permiten llevar determinadas ropas, tatuajes y perforaciones, que atentan contra los valores morales y de salud, enseñados en la familia.
  7. Cuando cuestionan la procedencia de dinero, ropas u objetos que poseen los hijos.
  8. Cuando limitan los programas y tiempos, para ver la televisión y la permanencia en las pantallas electrónicas, sin supervisión.
  9. Cuando hacen volver a  la tienda a pagar los objetos, golosinas o revistas, que los hijos han sustraído y les obliga a que reconozcan, públicamente, su mala acción para que no reincidan.
  10. Cuando se pasan dos horas de pies, presenciando como los hijos arreglan su habitación, aunque esa tarea la podía haber hecho ella, en quince minutos.
  11. Cuando lloran decepcionadas de la conducta, por las cosas que hacen mal los hijos. 
  12. Cuando permiten que los hijos asuman las responsabilidades de sus acciones, aunque las penalidades, sean tan duras, que les parten el corazón.
  13. Cuando dicen que no a los hijos, aun a sabiendas que los hijos no le comprenderán y le odiarán por no haberles complacido.
  14. Cuando ganan las batallas en beneficios de los hijos, que al final son las mismas batallas que les beneficiarán a ellos.
  15. Cuando ponen para almorzar carne, pescado, legumbres, arroz, verduras, huevos, frutas, cereales etc. y para beber agua. Pero otros amigos comen con más frecuencia, de lo conveniente para la salud, “comida chatarra” pizza, hamburguesas, patatas fritas, golosinas, helados, etc. y para beber coca-cola.
  16. Cuando quieren conocer a los amigos de los hijos, y qué hacen en los ratos en que están juntos, exigiendo que siempre digan la verdad, porque la madre sabe leer el pensamiento.
  17. Cuando piden a los hijos que traigan a sus amigos a casa, para conocerlos mejor, antes de darles permisos de salida.
  18. Cuando no dan permiso para salir por la noche, hasta que demuestren su responsabilidad en horarios, comportamiento, amistades y dominio de las cosas peligrosas.
  19. Cuando se levantan por la noche, a la llegada de los hijos, para saber si la fiesta había estado bien y para conocer el estado físico de los hijos.
  20. Cuando impide que los hijos adolescentes, cometan experiencias desagradables, que puedan estar relacionadas con las drogas, alcohol, robos, vandalismo, sexo, etc.
  21. Cuando no concede permisos, para ciertas cosas perjudiciales, porque las madres saben que lo hacen en beneficio presente y futuro de los hijos.
  22. Cuando no les da el mismo dinero y cosas materiales, que a los compañeros de sus hijos, porque saben que no les conviene tenerlo, puedan o no dárselo. 

Realizado con la colaboración de Pilar Maiz. 

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Cómo enseñar a los hijos a establecer prioridades.

ESCUELA PARA PADRES 

Cómo enseñar a los hijos a establecer prioridades. 

  • 20 Prioridades que deben tenerse en cuenta. 

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Prioridad es intentar realizar con antelación, en orden o en el tiempo, una cosa respecto de otra, en función de su importancia y está relacionada con las virtudes y valores humanos del esfuerzo, del orden, de la disciplina, del dominio personal, etc. Establecer y ejercer las prioridades es la antitesis del desorden, del despilfarro, del pasotismo, del autocontrol, etc. 

No se puede andar a trompicones, haciendo las cosas según apetezca o según vayan sucediendo, dejándose llevar por los instintos o acontecimientos. Hay que tener prioridades en todos y cada uno de los distintos aspectos de la vida. Pero las prioridades acordadas, deberán estar en función de los objetivos propuestos, de los medios puestos para cumplir esos objetivos y de los controles que, determinen las desviaciones ocurridas. 

Para practicar las prioridades establecidas y que las decisiones no sean hechas de forma atolondrada, impulsiva o caprichosa, deberían estar precedidas por su análisis y planificación dentro de los objetivos familiares, personales y sociales. Este análisis permitirá determinar qué es lo importante y qué es lo superfluo, para las acciones que los padres tengan que tomar, evitando que caigan en el viejo sistema de ir postergando, hasta que caen en el olvido, las cosas que no nos gusta hacer o que tienen dificultades. 

Los padres deben hacer, y enseñar a hacer a sus hijos, el formidable ejercicio de su auto conocimiento, que consiste en hacer un listado de las prioridades, que se tienen en cada uno de los principales conceptos, que conforman la vida en cada una de las etapas, empezando desde que tienen la edad del discernimiento. Los hijos nunca son demasiado pequeños para enseñarles a que comprendan, cuales son sus prioridades y a que hagan las cosas en función de ellas, sin que confundan prioridades con caprichos. Tienen que enseñarles a distinguir, según su importancia o necesidad, lo que hay que hacer ahora, luego o mañana. 

Las prioridades en la familia deben ser examinadas, dialogadas, determinadas y compartidas, primeramente entre los cónyuges y cuando sea posible, entre los hijos y los padres, para que juntos poder afinarlas y realizarlas, intentando previamente fijar y planificar los objetivos, medios a emplear y los controles, para conocer si se están llevando a cabo. Esta participación servirá también, para que nadie confunda los deseos con las realidades. Así aparecerán los puntos fuertes y los puntos débiles, de cada uno de la familia y entre todos, podrán ayudar a mejorarla en los aspectos que sean necesarios. 

Para cumplir las prioridades establecidas, todos tenemos los días de 24 horas, nadie los tiene de 23 o 25 horas, pero hay que saber administrar esas horas, con buen criterio para poder hacer primero, lo primero. Primero lo que necesito, después lo que quiero, por eso es muy conveniente preguntar: Si lo quiere o lo necesita. No haciendo caso a cuando nos quieren presentar la mentira como verdad, y la verdad como mentira. 

Es imprescindible hacer una lista de las prioridades, en cada una de las actividades presentes y futuras a plazo corto, medio y largo, para poder administrar bien las energías, manejar bien las situaciones, no sentirse abrumados y con estrés, al querer hacer muchas cosas a la vez. Saber separar las cosas que son importantes y las que son secundarias, de acuerdo con los objetivos previstos y las prioridades establecidas, dando la atención necesaria, a cada cosa y un tiempo para cosa. 

20 Prioridades que deben tenerse en cuenta, poniendo una a una, en orden de importancia, de mayor a menor, las cosas que en la vida familiar verdaderamente importan. Separando la paja del trigo, las que se deben hacer y las que no se deben hacer, relacionadas con: La familia en conjunto, las relaciones personales y conyugales, las relaciones con los hijos, familiares, amigos y sociedad. También las relacionadas con la realización religiosa, la salud, el trabajo, la profesión, la escuela de los hijos, la formación académica y realización profesional de los padres, las actividades políticas, la vivienda, el presupuesto de ingresos, gastos, ahorros, etc. La lista de conceptos puede ser tan larga, como lo sean los principales temas de la vida familiar, pues es allí, donde se invierte el tiempo, los medios y las energías, para conseguir una familia fuerte. En cada uno de estos temas, habrá una prioridad y un orden de hacer las otras cosas, en función de las posibilidades familiares. 

Hay que tener muy buen criterio, para definir bien cual debe ser la prioridad, en cada uno de estos conceptos, teniendo mucho cuidado en no mezclarlos, ni ir dando bandazos de un concepto a otro y muchos menos, haciendo lo primero lo que tendríamos que hacer lo segundo, llevados por impulsos caprichosos o carentes de razón. Solamente se deberán alterar las prioridades, cuando haya una situación de fuerza mayor o por razones muy justificadas. Definir las prioridades, permite enfocar todas las energías, para cumplir las actividades acordadas y minimizar, todo aquello que esté en segundo plano. 

Definir las prioridades es una tarea muy importante, pero no muy difícil. Deben quedar a poder ser escritas, así como sus objetivos, medios y controles. No tienen por qué estar escritas en piedra, pues deben admitir una cierta flexibilidad, que permitan ser cambiadas según determinadas circunstancias familiares o por hechos externos, ajenos a nuestra voluntad. Es posible que realizar las prioridades, obligue a la familia a cambiar su estilo de vida, hasta conseguir ponerse en el camino, para alcanzar las acordadas, que permitan obtener los objetivos propuestos. 

Los padres deben que tener coherencia, entre sus principios, palabras y obras. Si no tienen muy claras las prioridades en cada tema, la ambigüedad se convierte en uno de los rasgos principales, que desgraciadamente caracterizan a la vida de muchos padres y por ende, a la sociedad. Los padres no pueden estar continuamente moviéndose o jugando a las medias verdades, a las medias mentiras y a los intereses personales, no siempre confesables, ante la familia. La vida de una persona integra y coherente, no puede andar oscilando, según sus propias conveniencias o circunstancias, entre el sí y el no. Aunque duela, en las prioridades el sí, tiene que ser sí y el no, tiene que ser no. La incertidumbre, eventualidad y provisionalidad de muchos acontecimientos en la vida, deben hacer reflexionar y replantear nuestra vida y nuestro compromiso con la misma. Procurar el bien y hacer el bien, nos hace mucho bien. 

La prioridad de los padres, es formar una familia fuerte y definir muy claramente las prioridades, en cada una de las actividades y objetivos de esa familia y de cada uno de sus componentes. En cada caso particular, son los que tienen que decidir lo que conviene a sus hijos, mientras son menores de edad, en función de las posibilidades, apetencias, capacidades, etc. Tienen que buscar todos los asesoramientos y consejos posibles, para adquirir los conocimientos, técnicas y medios disponibles y así poder definir, el estilo de funcionamiento y educación de ellos mismos, de su cónyuge e hijos,  para poner en marcha las prioridades imprescindibles, que les lleven a conseguir el buen fin de su familia, así como la prevención y resolución de los conflictos familiares. La definición y cumplimento de las prioridades, permiten tener iniciativas y adelantarse, con la prevención de los problemas familiares, que se quiera o no, siempre surgen. 

Cada familia es soberana con sus determinaciones, pero también es responsable de lo que haga, en contra de la educación de sus hijos, ya que algunas decisiones, pudieran ser irreversibles. Para ello cuentan con los inmejorables consejos, que ofrecen los expertos en familia, como son los sacerdotes, pastores, rabinos, imanes, maestros y otros orientadores. En algunos casos especiales, también pueden consultar con médicos, pedagogos, psicólogos o trabajadores sociales. Así como en las bibliotecas públicas, páginas de Internet especializadas, etc. donde encontrarán, amplios conocimientos familiares, criterios de orientación y técnicas educativas, adaptables a cada circunstancia familiar. 

Los padres tienen que educar a sus hijos en muchos conceptos, pero hay unos muy importantes, relacionados con las prioridades. Deben enseñarles a distinguir, para que se puedan definir, entre lo que es importante y lo que es superfluo, lo que quieren y lo que necesitan y si tiene que ser ahora mismo, en este mismo instante, cuando sea conveniente o cuando se pueda. 

Los hijos en las escuelas o colegios, tienen marcadas las actividades y deben cumplirlas, pero en su tiempo libre o cuando salen de la escuela, pueden tener la posibilidad de fijar sus propias preferencias. Ahí es donde tienen que conocer perfectamente las prioridades, entre estudios, familia, diversiones, amistades, etc. por lo que no pueden ir dejando las cosas importantes, para cuando sea el momento de cumplir con otras obligaciones. 

Las prioridades tienen que estar soportadas, por unos objetivos bien definidos y una estrategia, una táctica y unos planes, bien diseñados en función de los medios y capacidades disponibles. Definir y realizar en orden las prioridades, para que sean eficaces, conlleva disciplinar el propio temperamento, realizando un esfuerzo sistemático, continuo y medido. El auto dominio, el auto control y la auto disciplina, son partes muy importantes y casi imprescindibles, para tener éxito en la fijación de prioridades. De lo contrario, cada uno, hará lo que quiera, cuando quiera y como quiera. 

Nunca se debe aplazar lo que cuesta hacer, ni dar prioridad a las cosas que gusten más o exijan menos esfuerzo. No se debe dejar el trabajo para mañana, si se puede hacer hoy. La prioridad no debe relegarse a otras posiciones en el tiempo o en el lugar, dejándose llevar por la falsa excusa de la comodidad, conformándose con vanas disculpas. Hay que hacerlo cuando hay que hacerlo, ni antes, ni después. No vale hacer como que se hace, evitando hincar el diente al problema, o haciendo algo superficial para salir del paso, dejándose arrastrar por razonadas sinrazones. 

Las prioridades, sobre todo en la educación de los hijos, tienen que ser más cerebral y menos visceral. Las prioridades de los padres, tienen que estar constantemente presididas, por la primera obligación de los padres. “Los hijos, siempre lo primero”.

Las prioridades deben estar establecidas de forma muy clara, pocas, pero muy definidas, principalmente las que sean en beneficio de la familia. Las que estén relacionadas con los gastos, sobre todo cuando están definidos como necesarios o superfluos. Los padres tienen que ser realistas, para distinguir y separar los deseos de la realidad. Valorando bien las posibilidades, para hacer lo que sea correcto, sin que importe lo que otros piensen. 

Los padres deben entender que, son los primeros actores de la familia y por ende de la sociedad. Que cuando educan bien a sus hijos, en las virtudes y valores humanos, están ayudando también con su propio ejemplo y el de sus hijos, a educar a los demás niños, participando en una empresa grande, bella y multiplicadora de beneficios. Producen una “inteligencia emergente compartida” que es una verdadera, práctica y real red educativa, no teórica. 

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La virtud de la confianza para mejorar la familia

ESCUELA PARA PADRES 

La virtud de la confianza para mejorar la familia 

  • 10 Situaciones para tener, desarrollar y fomentar responsablemente la virtud de la confianza.
  • 20 Sentencias sobre la virtud de la confianza. 

2,037 Palabras. Tiempo de lectura 7:25 minutos

La virtud de la confianza es la firme seguridad, apoyada en la virtud de la esperanza, que se tiene en uno mismo, en alguien o en algo. Aunque también podría ser una propia, errónea y vanidosa presunción infundada. Puede existir el peligro del abuso de confianza, o recibir una confianza inapropiada, en el trato con excesivas familiaridades. La confianza puede ser el primer paso hacia el descuido, pero también el primer escalón del éxito. Confiar en todos y en todo es insensato, pero no confiar en nadie ni en nada, es un error.

La confianza bien sentida, produce una gran paz en las personas. Para demostrar confianza o para percibirla, no basta la buena fe, hay que sopesarla, estudiarla y acostumbrarse a practicarla, pues es el sentimiento que se genera en nuestro interior, de poder creer en uno mismo, en una persona o en una cosa. La confianza es un sentimiento imprescindible y una hipótesis, sobre la propia conducta futura y la de otros.

10 Situaciones para tener, desarrollar y fomentar responsablemente la virtud de la confianza: (En próximos artículos desarrollaré cada una de estas situaciones)

  1. La confianza en la familia, recíprocamente ofrecida a, y por los hijos, cónyuge y familiares. Aceptando la unidad familiar, en la pluralidad de los hijos y de los cónyuges. Al ser la familia una unidad de destino de la sociedad, la mutua confianza se convierte en uno de sus principales soportes, para que ésta prospere en todos los aspectos religiosos, económicos y sociales.
  2. La confianza en la economía propia, debe estar soportada con el control de los ingresos, gastos y ahorros, en función de los presupuestos y objetivos establecidos, teniendo en cuenta las posibles variantes externas locales, nacionales e internacionales.
  3. La confianza en la esperanza, aumentando la confianza en Dios y haciendo humanamente lo que se pueda, pero sin olvidar “A Dios rogando pero con el mazo dando”. Valorar y congratularse de nuestras capacidades y posibilidades, pero afrontando los retos y riesgos con prudencia y sensatez.
  4. La confianza en la salud física. Cuidando el cuerpo y la mente, que son el espejo del alma. Constatando las limitaciones propias, para saber ser realistas. Dejar de lado la tensión y el control continuo.
  5. La confianza en la sociedad. Iniciar y mantener relaciones de calidad, donde la comunicación abierta, positiva y sincera sea una constante.
  6. La confianza en las amistades, fomentando las que se pueda confiar e intimar, incluso dándoles una segunda oportunidad de confianza, pues nadie somos perfectos. A los amigos los elige uno, la familia Dios te la da.
  7. La confianza en los negocios, principalmente entre extraños, deben hacerse soportados por la mutua desconfianza. Deben ser especificados, documentados, analizados, comparados y medidos en función de sus circunstancias, costos, riesgos, funcionamiento y resultados. Para eso están los contratos, las cartas de crédito, los avales y las inspecciones.
  8. La confianza en los políticos y oficiales electos, no se les debe otorgar, mientras no demuestren fehacientemente, que cumplen con sus promesas en beneficio de sus votantes.
  9. La confianza en uno mismo, no puede tenerse de forma ciega, tiene que estar  sustentada en el conocimiento personal, pues permite mostrarnos tal como somos, sin tapujos ni máscaras o escudos, ya que permite recorrer los caminos de la vida, sin miedo. Mantenerse activos  opinando, eligiendo, escogiendo, significándonos. Los que no tienen confianza en si mismo, posponen las decisiones importantes, dando largas a los asuntos difíciles, dejando regueros de cosas sin hacer, por lo que es muy difícil confiar en ellas. Dicen: No hagas hoy, lo que puedas hacer mañana.
  10. La confianza espiritual, como valor religioso y humano, tenemos que aprender a confiar en Dios, porque es nuestra fortaleza, sustento de nuestros ideales, solución a nuestras inquietudes y antídoto contra nuestros males, miedos y dudas. Si depositamos toda nuestra confianza en Dios, nos sentiremos mucho mejor, sin olvidar que debemos obrar responsablemente, por amor al prójimo y por civismo. Pero es muy importante aprender y practicar la confianza en El.

La confianza debe conllevar una gran seguridad, sencillez y llaneza en el trato. Pero estando siempre alertas, para que no se produzcan infidelidades o desconfianzas, motivadas por haber dado excesiva confianza o haber demostrado inexperiencia, afecto, bondad o descuido. 

La confianza en la persona amada, tiene que estar presidida por la confianza total, porque amar y querer no es lo mismo. Se ama porque si, porque sale del corazón, por la voluntad. Se quiere por una intención regida por la voluntad y sujeta a nuestras intenciones o intereses. 

Los padres tienen que tener, mucha confianza en si mismos, en lo que hacen, en lo que no hacen y en lo que dicen, pues aunque no tengan respuestas a todas las cosas, si tienen que estar abiertos a recibir todas la preguntas. Los hijos siempre están con los ojos y los oídos muy abiertos, para captar todos los movimientos de los padres y así, evaluar la confianza que pueden depositar en ellos. Una vez que los hijos pierden la confianza en sus padres, es muy difícil que la recuperen. 

Los padres tienen que proyectar la confianza hacia sus hijos. Después podrán enseñar a los hijos, en función de sus edades y capacidades, a que la tengan en sus padres. Es imposible que los hijos confíen en sus padres, si los padres no lo tienen en si mismo y en sus hijos. La confianza es una virtud que suele tener reciprocidad, es decir, tiene ida y vuelta, pues también se trasmite externamente. Tienen que analizar honestamente el grado de la mutua confianza que existe, en los padres y los hijos, para dialogar y negociar las correcciones necesarias. Poner los medios necesarios, para no quedarse solamente en el “Si se puede” y luchar por el “Si se pudo”. Analizando continuamente, los cambios que se producen en sus relaciones, a medida que van cambiando las edades y las circunstancias. 

Los hijos necesitan percibir confianza, seguridad, atención y amor, del entorno en el que viven, pero en especial de los padres, de los familiares y de la sociedad. También necesitan a lo largo de toda la vida, ser escuchados, respetados, valorados, creídos y aceptados como personas únicas, irrepetibles y capaces. 

La confianza interna y externa, hay que trabajarlas personalmente. Nos podrán aconsejar sobre cómo tenerla en uno mismo y como difundirla, pero requiere mucho trabajo mantenerla día a día, en las buenos y en los malos momentos. En los momentos difíciles, es cuando se ve bien claro, quienes tienen confianza en si mismos y quienes transmiten y proyectan confianza. Cuando falta la confianza de los padres con los hijos y de los hijos con sus padres, provoca que imprudentemente, se asuman o se ignoren, los riesgos y decisiones cotidianas, con lo cual se va dejando de aprender, experimentar, corregir y vivir la vida. 

Los padres para generar confianza en si mismos y después, poder proyectarla en los hijos, de forma que la devuelvan con creces, necesitan practicar y demostrar continuamente las siguientes virtudes y valores humanos, pues no puede existir la virtud de la confianza, si no va precedida de ellos: Abnegación. Aceptación. Alegría. Amabilidad. Amistad. Amor Autenticidad. Autodisciplina. Ayudar. Carácter. Coherencia. Compromiso. Conocimiento. Constancia Cooperación. Disciplina. Criterio. Desprendimiento. Discreción. Ejemplo. Educación. Entrega. Estudio. Ética. Fidelidad. Formación. Fortaleza. Honestidad. Honradez. Justicia. Liderazgo. Madurez. Moral. Orden. Paciencia. Perseverancia. Prudencia. Rectitud. Respeto. Responsabilidad. Sinceridad. Solidaridad. Tolerancia. Verdad.

La confianza depositada en los hijos, tiene que estar sustentada por la veracidad y por la práctica de las virtudes y valores humanos, indicados anteriormente. Los padres pueden dar márgenes de confianza, en determinados temas negociables, pero nunca deben dar confianza a los hijos, en los temas no negociables, los cuales pudieran acarrearles situaciones con resultados graves e irreversibles. (Determinadas amistades tóxicas, dinero mal obtenido, consumo de drogas blandas, fuertes o fortísimas, estilo de vida peligroso, etc.) 

Una señal de alerta, para saber si la confianza de los padres ha sido vulnerada por los hijos, es analizar las dudas sobre qué y cómo, se han hecho o se pueden hacer, las relaciones con ellos. La vara de medir a los demás la forma de confianza, tiene que ser la misma que se debe tener para uno mismo. Y si se desconfía de uno mismo, se es escéptico con el otro, puede conducir a una visión negativa de todo y de todos. 

Es imprescindible para los padres, que exista una mutua confianza en las relaciones con los hijos y que sean, un verdadero encuentro sereno y cómodo, que posibiliten un enriquecimiento personal y familiar, que permitan vivir a la familia en un perfecto equilibrio armónico y autentico de respeto, amor y cada uno ocupando su sitio, derechos y obligaciones. Pero nunca caer en lo que ahora está tan de moda, de decir que mi hijo o mi padre es mí mejor amigo. Los hijos y los padres no son amigos, son hijos y padres. Seria devaluar mucho el significado de sus relaciones. 

La confianza dada por los hijos a los padres es un honor, y no defraudarla es una gran responsabilidad. Mantener día a día la confianza recibida, requiere una buena preparación, estar muy atentos a cualquier signo inicial de desconfianza y estar siempre, dispuesto a explicar y enmendar los posibles errores cometidos, antes de que se hagan más grandes. 

Si hay confianza entre padres e hijos, fácilmente se llegará a acuerdos, sobre los temas más difíciles, pues es dentro de la familia y muchas veces en la intimidad y confidencialidad de las conversaciones privadas, donde se hablan con plena confianza los temas más importantes y difíciles de explicar, entender y solucionar, que son los que marcan el presente y el futuro. 

Los padres responsables tienen que seleccionar, cuidar y cultivar la confianza con los familiares y amigos, con los que se rodean, para apartarse de las que pudieran obstruirles o minar la confianza, que tienen en ellos mimos y en sus hijos. Muchas veces tendrán que hacer oídos sordos ante mentiras, falacias, sofismas e ignominias, que pudieran destruir la mutua confianza entre padres e hijos. 

20 Sentencias sobre la virtud de la confianza: 

  1. Confiamos demasiado en los sistemas y muy poco en los hombres.
  2. Confianza es el sentimiento de poder creer a una persona, incluso cuando se sabe que él mentiría en nuestro lugar.
  3. Confiar en todos es insensato; pero no confiar en nadie es una torpeza neurótica y signo de debilidad.
  4. Dichoso el hombre que pone su confianza en Dios.
  5. El hombre que confía en los hombres, cometerá menos equivocaciones, que el que no confía en ellos.
  6. El mayor despeñadero, la confianza.
  7. El que confía sus secretos a otro, se hace su esclavo.
  8. Hay que desconfiar mucho de quien confía poco.
  9. Incluso la supervivencia de una banda de ladrones, necesita la mutua confianza.
  10. La confianza en uno mismo es la base de la vida, si se pierde se pierde la vida.
  11. La confianza en uno mismo, es uno de los secretos del éxito.
  12. La confianza puede ser la madre del descuido.
  13. La obra política más difícil, es obtener la confianza antes que el éxito.
  14. La puerta mejor cerrada, es aquella que puede dejarse abierta con confianza.
  15. No es prudente tener gran confianza en palabras, pronunciadas en momentos de emoción.
  16. No hay amor y entrega sin total confianza.
  17. No se puede honrar de mejor manera a Dios, que a través de una confianza sin limites.
  18. No tener confianza en un hijo, no esperar nada de él, es matar radicalmente su futuro.
  19. Se camina con dos pies; la humildad es el pie izquierdo, la confianza el pie derecho.
  20. Se gana la confianza de aquellos en quienes ponemos la nuestra. 

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La virtud de recibir aunque duela (II)

ESCUELA PARA PADRES 

La virtud de recibir aunque duela (II) 

1,920 Palabras. Tiempo de lectura 7:00 minutos 

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Duele recibir consejos, opiniones o ejemplos, pedidos o no, que nos hagan pensar en nuestros defectos o errores. Suelen ser llamadas de atención a la conciencia, para que reflexionemos y obremos de otra manera. Sobre todo cuando al reflexionar aceptamos, aunque sea internamente, que tienen razón. Algunas veces ese dolor suele durar hasta que cambiamos de actitud, pues mientras no lo hagamos, quedará pegado en nuestras mentes, como la arena y el cemento cuando fraguan. Máxime si esos consejos se reciben en las edades que nos creemos que lo sabemos todo, adolescencia y vejez y si se han analizado y sopesado bien y aún con todo, se insiste en no cambiar el comportamiento, pues está presidido por terquedad, orgullo y soberbia.

Duele recibir consejos si estos abren el entendimiento o la conciencia, para cambiar algo de lo que cuesta hacer. Duele más si los consejos recibidos no han sido pedidos, máxime si el que los da, sabe que los necesitamos o es una persona que no nos cae del todo bien, porque nos fijamos más en los defectos del que da el consejo, que en el consejo en si mismo. Preferimos descalificar al mensajero, antes que analizar el mensaje.

Al recibir consejos, muy pocas veces, nos suscitan un sentimiento de profundo agradecimiento, hacia el que nos los da gratuitamente y en nuestro propio beneficio. Al recibirlos deberíamos sentirnos más humildes y menos engreídos. Nos duela o nos guste, todos debemos sentir que necesitamos recibir de los demás, algún tipo de ayuda material o espiritual, de lo contrario seríamos unos auténticos soberbios y prepotentes, creyendo que lo tenemos o sabemos todo. Dicen: Del viejo, el consejo.

Recibir consejos no duele, al contrario, alegran tontamente cuando se paga a adivinos, brujos, charlatanes, echadores de cartas y todo ese mundo exotérico, que con su parafernalia engañan a los incautos e ignorantes clientes.

Necesitamos recibir de los demás, nos duela o no. No podemos hacer todo solos, pues el hombre es un ser social por naturaleza. Es imprescindible dar y recibir amor, pues sin amor no podemos vivir. Este amor suele estar reflejado también en consejos, opiniones y ejemplos. Recibir amor de los demás, nos debe llenar de inmensa alegría. Todos queremos que piensen en nosotros, se acuerden, nos comprendan, etc. Y si el amor que recibimos, es del todo desinteresado, aún nos llena más, aunque tengamos que reconocer nuestro dolor, porque nos ha herido nuestra vanidad u orgullo.

También duelen los consejos de los médicos, sacerdotes, pastores, rabinos, imanes,  asesores financieros, buenos amigos, etc. porque nos indican lo que debemos o tenemos que hacer, en nuestro propio beneficio o en de la familia o sociedad. Duelen porque no queremos que nadie nos diga, lo que tenemos que hacer.

Cuando nos dan un consejo, duela o no, tenemos que sentir agradecimiento hacia el que nos lo ha dado, e intentar corresponderle directa o indirectamente, con hechos o con palabras, aunque nos cueste hacerlo. Decir muchas veces «gracias» con sinceridad, es una manera de reconocer a esa persona, que estamos apreciando el favor o servicio que nos ha prestado, aunque nos haya dolido aceptarlo. Siempre cabe pagar con oraciones, a aquellos que han sido generosos con nosotros. Además de las oraciones, hay mil maneras de devolver a la comunidad los favores recibidos, aunque desconozcamos quien nos la dado.

Recibir algo puede suponer realizar un acto de profunda humildad, puesto que preferiríamos no recibir nada, para no tener que deber favores, demostrar agradecimiento, admitir una humillación, etc. Duele cuando hay que recibir algo que nos humilla, que creemos que nos hace de menos o que nos recuerda nuestras  desgracias. Por eso al dar algo, incluso con la mejor buena voluntad, hay que ponerse siempre en el lugar del que lo recibe, para no herirle nunca con lo que se da. Sean cosas materiales o espirituales.

Aceptar lo que dan, puede suponer una adhesión hacia el que lo da, conllevando posibles obligaciones comprometedoras, como en el caso de los sobornos disimulados, que posteriormente son reclamados o insinuados, para que se haga algo de intenciones obscuras. Puede doler en el momento de recibir lo ilegal, por lo que se intenta rápidamente olvidar la obligación adquirida.

Los padres enseñan a los hijos a contestar «Gracias» cuando les dan algo. Pero tienen que saber inculcarles, el que no sea solamente un “da las gracias Pepito a este señor” Porque desgraciadamente, esta frase es para muchos niños donde empieza y termina la única educación que reciben sobre el agradecimiento, al hacerlo por presión y no por convencimiento enseñado.

Los padres tienen que enseñar a sus hijos a mostrarse agradecidos y enseñarles, que tienen que devolver de alguna manera lo que les han dado gratuitamente. Desde ese gracias educado, hasta tener el propósito de compartir lo recibido con sus hermanos, parientes o amistades. Si en el momento no lo pueden compartir, deben tenerlo en cuenta, para cuando puedan hacerlo, pues saben que cuando se recibe, hay que corresponder dando, cuando sea, lo que sea e inmediatamente que se pueda.

Duele tener que pedir favores económicos o sociales para familiares o amigos, pues muchas veces, supone humillarse ante quien lo da, dejar el orgullo y la soberbia aparcados, para conseguir que alguien nos de algo.

Que dolor, pero cuanta satisfacción se siente, si es que se puede clasificar así, cuando rechazamos algo que nos dan, porque sabemos que no debemos recibirlo, pues no es bueno para nuestra salud física, mental, religiosa, económica, legal o social. Puede ser desde alguna comida que nos apetezca, pero que no sea sana o sea muy cara, ropa que no deberíamos ponernos, conversación para que continuemos con una crítica, actividades que nos alejan de la moral o de la religión o cosas que sean contrarias, a la práctica de las virtudes y valores humanos. Cuando nos dan o quieren darnos una propina o regalo económico, que nos puede comprometer por acción u omisión contra nuestras personas, creencias o leyes.

Pedir tiene sus técnicas, las cuales son utilizadas por los profesionales pedigüeños. A éstos nos les duele recibir, al contrario, tienen muchos trucos para saber alimentar el ego, orgullo o incluso la avaricia, de los que quieren que les den. Estimulan con sus palabras, gestos e invenciones, los más profundos sentidos de la avidez humana, ya que prometen lo increíble, para conseguir sus objetivos.

Recibir vacunas también duele, pero beneficia. Las medicinas son amargas, pero curan. Recibir una reprimenda o castigo duele, pero se puede aprovechar para aprender. Los consejos que hacen cambiar las actitudes, también duelen, pero ayudan a triunfar. Los golpes que da la vida, si los recibimos con inteligencia, podemos aprovecharlos para sacarles buenos rendimientos. Para algunos duele estudiar, porque dicen que es aburrido o no lo entienden, pero hay que sacrificarse y dejar de disfrutar de lo que apetece, pues siempre produce grandes satisfacciones. Recibir normas de educación y cumplirlas también duele, pero sirven para mejorar las relaciones con la familia, los amigos y la sociedad y permiten portarse educadamente con los demás, aunque ellos no lo hagan con uno. También duele recibir enfermedades, penurias, desgracias, sean propias o ajenas, pero hay que recibirlas con conformidad y aceptación.

Recibir consejos de los médicos puede doler, porque algunas veces limitan nuestras apetencias, por ejemplo: Comer demasiado o determinadas cosas que nos hacen daño, tomar bebidas alcohólicas, fumar, mantenerse sin hacer ejercicio, etc. Pero aunque duelan, debemos hacer caso a lo que nos dicen.

Incluso duele recibir, cuando vemos que otras personas que nos quieren, sufren por cuidarnos o consolarnos. Sufrimos por hacer sufrir. Máxime si nos están dando su cariño hasta límites insospechados, ocasionándonos un fuerte dolor al ver la situación que, voluntaria o voluntariamente hemos producido y los esfuerzos que hacen para mitigárnosla. Recibir el cuidado, consuelo y cariño de familiares, enfermeros, sacerdotes, pastores, rabinos e imanes y comprobar como sufren al darlo, duele internamente. Algunas personas prefieren no permitirles que les ayuden, para no verles sufrir. Es una gran virtud recibir el sufrimiento con resignación, aunque duela.

27 Sentencias sobre recibir, aunque duela:

  1. 1.       Abandonarse al dolor sin resistir, es abandonar el campo de batalla sin haber luchado.
  2. 2.       Algunos piensan que el dolor sólo se combate con la medicina. Sin embargo, hay dolores que se curan con el amor.
  3. 3.       Allí donde está el dolor, está también lo que lo salva.
  4. 4.       Amado, bendito, glorificado y santificado sea el dolor propio, si se emplea en beneficio propio o de los demás.
  5. 5.       Bien poco enseñó la vida, a aquellos a los que no enseñó a soportar el dolor.
  6. 6.       Dad palabra al dolor: el dolor que no habla, gime en el corazón hasta que lo rompe.
  7. 7.       Donde hay mucho sentimiento, hay mucho dolor.
  8. 8.       El dolor lleva a buscar las causas de las cosas, mientras que el bienestar induce a la pasividad y a no volver la mirada atrás.
  9. 9.       El dolor, cuando no se convierte en verdugo, es un gran maestro.
  10. 10.   El dolor es para el alma, un alimento fecundo.
  11. 11.   El dolor es por sí mismo una medicina.
  12. 12.   El dolor no es malo, a menos que nos supere.
  13. 13.   El dolor que se calla, es más doloroso.
  14. 14.   El dolor es para el alma un alimento fecundo.
  15. 15.   El dolor tiene un gran poder educativo: nos hace mejores, más misericordiosos, nos vuelve hacia nosotros mismos y nos persuade de que esta vida no es un juego, sino un deber.
  16. 16.   El verdadero dolor, es el que se sufre sin testigos.
  17. 17.   El hombre a quien el dolor no educó, siempre será un niño.
  18. 18.   En huir del dolor, nunca hay victoria.
  19. 19.   Es un alivio llorar; las penas se desahogan y son arrastradas por las lágrimas, el dolor es la sal de nuestra vida.
  20. 20.   No hay grito de dolor, que en lo futuro no tenga al fin por eco, una alegría.
  21. 21.   No se puede edificar felicidad sobre el dolor de nadie.
  22. 22.   Nunca se olvidan las lecciones aprendidas en el dolor.
  23. 23.   Para comprender el dolor, no hay inteligencia como el dolor mismo.
  24. 24.   Para superar el dolor, hay que aceptarlo.
  25. 25.   Si no está en tus manos, cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud, con la que afrontes ese sufrimiento.
  26. 26.   Quien recibe lo que no merece, pocas veces lo agradece.
  27. 27.   Si tu afán es recibir, aprende a ser generoso.

Recibir aunque duela, para algunos puede ser un problema, grande o pequeño. Si es grande, es que es una serie de pequeños problemas sin resolver, que han dejado pasar, por estar ocupados o preocupados con otros asuntos.

Artículo realizado con la colaboración de Doña Marisa Ruiz de la Torre, de Valencia, España.

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Las virtudes de dar hasta que duela y recibir aunque duela. (I) y (II)

ESCUELA PARA PADRES 

Las virtudes de dar hasta que duela y recibir aunque duela. (I) y (II)

  • (I)  Dar hasta que duela
  • (II) Recibir aunque duela (Próximo artículo)

2,369 Palabras. Tiempo de lectura 8:40 minutos 

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La virtud de dar consiste en ofrecer desinteresadamente y sin reservas a los demás, las cosas materiales e inmateriales. Está relacionada con la justicia, la caridad, la generosidad, el desinterés, el amor al prójimo, etc. Dar se ennoblece cuando se hace con dolor y sacrificio propio, dando lo que otros necesitan y nosotros tenemos, máxime si significa, para el que da, un dolor económico, físico o emocional. 

Los padres tienen que enseñar a los hijos, a que se inicien y perseveren, en el difícil, pero ampliamente satisfactorio camino, de dar aunque duela. Nadie puede dar de lo que no tiene, pero si tiene poco y aunque no le sobre nada, todavía puede y debe dar. Dar es una virtud, que se convierte en personal y social, cuando se relaciona con la solidaridad, y mucho mejor, cuando se puede apoyar en las estructuras sociales solidarias, porque se multiplica el coeficiente de eficacia del bien común de la mayoría. Todos somos responsables de todos. También nos pedirán cuentas de lo que por omisión, o por miedo al dolor que pudiera producir, nos hemos inhibido de dar, cosas materiales o inmateriales. La filantropía es la práctica organizada de dar, a los más necesitados. 

Los padres tienen que demostrar a sus hijos, la forma y el fondo de dar aunque duela, con acciones que queden reflejadas como ejemplos duraderos, para que aprendan a practicar la virtud de dar. Esta virtud se aprende, como casi todas las virtudes, en función del ejemplo recibido de los padres, maestros y de la sociedad. 

Las familias tienen unas prioridades que cubrir entre sus componentes, pero no pueden estar ajenas al sufrimiento de otras personas, saber que necesitan ayuda y que ellos pueden darla, aunque les cueste un dolor hacerlo. 

Dar no consiste solamente en hacerlo con dinero, hay además otros conceptos muy importantes, que casi todos pueden dar: Tiempo y talento. Los padres deben enseñar a los hijos que, aunque no tengan dinero, pueden donar su tiempo y su talento, pues tendrán muchos amigos y conocidos que podrían ser muy felices, si recibieran de los demás algo de lo que necesitan. Que gratificante es ver a los hijos ceder su tiempo y su talento, cuando acompañan a sus amigos en los momentos que tienen dificultades. Por ejemplo cuando les pueden ayudar a hacer las tareas escolares. También es muy gratificante, cuando se les ve ofrecerse de voluntarios, para ayudar a personas mayores, niños o jóvenes que lo necesitan. 

Dar no se debe hacer solamente a escondidas, a no ser que sea conveniente para no herir la sensibilidad o el honor del que lo recibe. Se puede y se debe dar, diciéndolo a los demás, para que tomen ejemplo y a poder ser, que lo igualen o lo superen. Siempre que el dar, no sea un acto de soberbia u orgullo. Hay personas, empresas e instituciones, que se comprometen a igualar la cifra de donativos obtenido por otras organizaciones, en beneficio de los necesitados o por una buena causa. Así animan a que otros den y publicitándolo, se consiguen más y mejores objetivos. 

En momentos puntuales, dar aunque duela está muy bien hecho, pero mucho mejor sería tener un plan, con un programa para dar tiempo, talento y dinero, aunque las tres cosas escasean. Esa es precisamente la virtud de dar. Dar con inteligencia y de forma que se pueda multiplicar lo dado. De ahí el éxito de los bancos de pequeños prestamos, dados sin garantía, al honor de la devolución. Los prestamos escolares, en lugar de las becas gratuitas, etc. 

Para dar no es necesario tener las cosas en abundancia, lo importante es querer dar lo que se tiene, sea poco o mucho. 

Es muy importante que los hijos conozcan, todo lo relacionado con cada una de las virtudes y valores humanos, pero mucho más importante, es practicarlas y enseñarlas a practicar. 

Aunque parezca una paradoja, también se puede dar sin tener, y sin que duela. Hay personas que no son felices, porque tienen grandes dificultades, o que creen que no lo son, pero con su buen ejemplo y conocimientos, pueden dar mucha felicidad a otros. Lo cual siempre le irá ayudando a mejorar su propia felicidad y le producirá más beneficios, que los que da. También se puede ofrecer el testimonio del dolor sufrido, como prueba de amor hacia los demás. Darse a los demás con generosidad produce una gran felicidad, que hace revivir al prójimo. Si el que recibe, guarda y no comparte, al final la misma vida le pasa la factura. 

Los padres tienen que enseñar a los hijos que cuando se da algo, material o inmaterial, debe examinarse profundamente pretendiendo que el dar sea lo más justo y caritativo posible, además que se cumplan todas o algunas de las virtudes y valores humanos que a continuación se indican: 

Abnegación. Alegría. Amabilidad. Amistad. Amor. Apostolado. Ayuda. Bondad Caridad. Coherencia. Compasión. Conciencia. Confianza. Conocimiento. Cortesía. Criterio. Desprendimiento Discreción. Dignidad. Diligencia. Dolor. Educación Entrega. Ejemplo. Esfuerzo Estudio. Generosidad. Gratitud. Heroísmo. Honestidad. Honor. Honradez. Humildad. Igualdad. Justicia. Libertad. Misericordia. Mortificación. Naturalidad. Orden. Paciencia. Perdón. Perseverancia. Prudencia. Rectitud. Reflexión. Respeto. Responsabilidad. Sabiduría. Sacrificio. Sencillez. Sensatez. Servicio. Simplicidad. Sinceridad. Solidaridad. Tolerancia. Etc.  

No es imaginable que haya personas, que sin cultivar estas y otras virtudes y valores humanos, se planteen en serio dar. Es muy difícil que lo hagan, aunque también cabe que lo hagan buscándose a ellos mismos, para su satisfacción personal o social, por egoísmo con las deducciones de impuestos, para humillar a los que lo reciben o para comprar malévolamente sus voluntades. Ese dar no les hace mejores personas. Lo que se da, debe ser buscando exclusivamente, el beneficio del prójimo y sin que haya motivaciones egoístas personales terrenales o para que no haya calamidades, que le pudieran salpicar o contagiar. 

Para dar no hace falta tener las cosas en abundancia, mucho más mérito tiene el que da con dolor, de lo poco que tiene, que el que da de lo que le sobra. Este punto es muy importante a la hora de educar a los hijos. Que no vean que nada más se da a los pobres, los juguetes que sobran o que estorban en el armario, para dejar sitio a otros nuevos. Que aprendan que los padres dan las cosas cuando les duele, no que regalen los abrigos en verano y los paraguas cuando no llueve. Dar correctamente conlleva un plan determinado de qué, cuándo, cuánto, cómo, a quién y por qué se van a dar las cosas, aunque duelan. 

La cultura del dolor está proscrita en la sociedad actual, todo se hace y se preconiza que se haga, de forma que no duela y que lo mío es mío, y lo tuyo de los dos. Dar hasta que duele, no es políticamente correcto. Es difícil explicar a los hijos que hay que dar, incluso cuando duele, y que entonces es cuando más valor tiene lo que se da. 

Hablar de dar o recibir con dolor no suena bien, al contrario, se insiste en que disfrutar dando, si se sufre el dar no tiene tanto aliciente. Algunos proclaman la alegría de dar, para que las personas se animen a hacerlo, pero nunca hablan de dar aunque duela. Es política y socialmente muy correcto hacer caridad en las reuniones de recaudación de donativos, asintiendo a bailes de sociedad, comidas sociales, subastas, campeonatos de golf, etc. Que la gente disfrute dando de lo que le sobra. Pero dar y sufrir a la vez, son antagónicos y no se mezclan, como el agua y el aceite. Pero hay que insistir en que dar, también puede ser y debe ser, no de lo que sobra, sino lo que el prójimo necesita. Aunque esto exija sacrificios relacionados con nuestro dinero, tiempo y talento, dominar la pereza y cambiar el carácter hacia formas más humanas y caritativas. Hay que tener muy buen corazón para dar y estar muy bien acostumbrado, sobre todo hacerlo con amor y por amor, máxime cuando duele dar. 

Hay que desarrollar muy bien la inteligencia, para que el dar sea un acto justo y a poder ser rentable, para los que lo reciben, procurando conjugar las posibilidades de dar y las necesidades presentes o futuras del que recibe, habiéndolas estudiado previamente. Siempre dentro de unas prioridades bien seleccionadas, para no cometer injusticias, al haberse dejado llevar por los instintos, apetencias, impulsos, vanidades, etc. o por las mañas del que recibe. Es muy importante tener bien planeado un presupuesto de donaciones de dinero, tiempo y talento, con el fin que los receptores puedan también organizar su vida. 

Los padres deben enseñar a sus hijos que aún doliendo, deben dar, darse o entregarse con libertad, plenamente y en su totalidad a Dios, reflejado en el prójimo.  Entregándose a la defensa del bien común, a la consecución de un ideal religiosos, político, social, humanitario, etc., en resumen para hacer más feliz al prójimo. Incluso deben plantear a los hijos, la alternativa de dar su vida por los demás, para convertir toda su existencia en un servicio, en una disponibilidad total, para atender las necesidades materiales y espirituales de los demás, practicando las obras de misericordia.

 Los padres deben hacer ver a sus hijos, que lo que hace feliz al hombre, no es la posesión de bienes materiales, una vez asegurado el mínimo de estos, para poder sobrevivir, deberemos procurar proporcionar un poco más de felicidad al prójimo, que puede consistir en hacer compañía, compartir preocupaciones, dar consejos que proporcionen paz interior, distraer a los que lo necesitan, para que pasen un rato agradable, compartir con ellos las virtudes y valores humanos, especialmente la alegría, aunque nos duela lo que hemos dado. Dar con humildad e inteligencia, y si además duele, siempre tendrá el premio, llenándonos de alegría por haber dado. Cuando una persona da algo, o se da a los demás, si lo hace sin buscarse a sí misma, sin buscar pasar factura por los servicios prestados, es feliz durante la realización de ese servicio y va consiguiendo una felicidad duradera en su vida, una alegría constante. Su posible sufrimiento externo, se convierte en alegría interna.

Los padres, principalmente con su ejemplo, tienen que enseñar a sus hijos, que es muy importante sentirse útiles para los demás. Todos hemos recibido unos talentos, pocos o muchos, da igual, y los recibimos precisamente para poder compartirlos con los demás, no para guardarlos en una caja, ni para disfrutarlos en exclusiva. El que los comparte se siente feliz y el que no se siente feliz, buscará necesariamente la felicidad en otra parte, pero no será nunca la auténtica felicidad, sino un sucedáneo. No siempre dar produce alegría, pero la verdadera alegría está, cuando se da y duele, ese es el verdadero dar.

Si los padres poniendo en primer lugar sus intereses personales, protestan o se quejan delante de los hijos, por tener que servir a los demás en la casa, les están dando muy mal ejemplo, crispan el ambiente familiar y esa mala actitud, la contagian a los hijos. Sin embargo, si en la familia reina el espíritu de servicio, se hace partícipe a los hijos de pequeños encargos para sacar la casa adelante, se valoran las buenas acciones que tienen este sentido, los hijos se irán educando en la virtud de dar aunque duela. Es muy educativo enseñar a los hijos a dar y compartir, lo que tienen, aunque les duela, sugiriéndoles que presten sus cosas más personales o que regalen, sus mejores juguetes o ropas a otros niños más necesitados o simplemente a amigos que lo disfrutan más. Y todo esto debe ser aplaudido por los padres, para que así se llenen de esa alegría, que produce el dar aunque les duela.

Siempre es un privilegio poder dar a la familia, duela o no. Poder ver  cómo con lo que damos, los demás va creciendo en edad y sabiduría. Es sembrar para recoger una buena cosecha.

10 Sentencias sobre la virtud de dar:

  1. 1.       Algunos tienen una forma de pedir, que parecen dan.
  2. 2.       Cuando se dan rosas, siempre queda fragancia en las manos.
  3. 3.       Da de lo que tienes para que merezcas recibir lo que te falta.
  4. 4.       Dar con Fe significa recibir cien veces lo dado.
  5. 5.       Dar con ostentación es mucho mejor que no dar.
  6. 6.       Dar no sirve para comprar un sitio en el cielo, pero es un anticipo para reservarlo.
  7. 7.       Dar hasta que se nos caigan los brazos de cansancio.
  8. 8.       Hay que ser pobre, para conocer el privilegio de dar.
  9. 9.       Dichosos los que pueden dar sin recordad, y recibir sin olvidar.
  10. 10.   El que da lo que tiene, no está obligado a más.
  11. 11.   El que da no debe volver a acordarse, pero el que recibe nunca debe olvidar.
  12. 12.   El verdadero dar se aprende bien, experimentado la propia pobreza.
  13. 13.   Es mejor dar que recibir.
  14. 14.   La generosidad consiste en dar, antes de que se nos pida.
  15. 15.   La gracia de dar, no tiene nada que ver con la abundancia del que lo da.
  16. 16.   La manera de dar vale tanto o más que lo que se da.
  17. 17.   Lo que no se es capaz de dar, posee al que lo tiene.
  18. 18.   Podemos dar consejos, pero no podemos dar conductas.
  19. 19.   Puedes pedirte más, porque puedes y debes dar más.
  20. 20.   Quien da limosna de continuo, tendrá siempre riquezas.

Artículo realizado con la colaboración de Doña Marisa Ruiz de la Torre, de Valencia, España.

Próximo artículo: (II) Recibir aunque duela.  

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Cómo cuidar mejor a los enfermos con Alzheimer.

ESCUELA PARA PADRES 

Cómo cuidar mejor a los enfermos con Alzheimer. 

  • El mejor libro para los que cuidan enfermos con Alzheimer  

529 Palabras. Tiempo de lectura 1:50 minutos 

Algunos artículos relacionados: 

Los hijos tienen la obligación indiscutible e irrenunciable de atender a sus padres, como ya lo he comentado en varios artículos. Pero sobre todo cuando están enfermos, no se pueden valer por si mismos o tienen limitaciones para realizar una buena calidad de vida. Esta obligación de ayuda, que va mas lejos que la caridad, es extensible no solamente a los padres, sino también al cónyuge, familiares y amigos. 

Los hijos, cónyuges, familiares, amigos y cuidadores tienen que conocer lo máximo posible, sobre cómo cuidar mejor a los enfermos que tienen Alzheimer u otras discapacidades. Para poderles cuidar con mucha paciencia y cariño, y así retrasar en lo posible, la pérdida de su memoria y autonomía, además de hacer la vida del cuidador más llevadera. 

Nadie puede dar de lo que no tiene o enseñar lo que no sabe. Si no se conocen bien las formas de cuidarles, es muy difícil acertar en la mejor forma de hacerlo. En eso no caben los errores, pues puede darse el caso que el cuidador, a pesar de tener muy buena voluntad, no haga lo que debe hacer y cometa errores irreparables. 

El conocimiento es imprescindible, también en los cuidadores internos y externos, profesionales o no. Por eso les envío este artículo, que creo les será de mucha utilidad a los que estén en la situación de cuidar enfermos con Alzheimer. Si Vd. no tiene que cuidar a nadie, hay muchos que lo necesitan urgentemente. Hágales llegar este articulo por Internet o por fotocopia, a otros que lo puedan necesitar y se lo agradecerán. Es muy conveniente conocerlo, para ver si personalmente tenemos algún síntoma o lo tiene alguien que conozcamos. 

El mejor libro para los que cuidan enfermos con Alzheimer. A través de otros lectores, he podido conseguir la página de Internet, donde gratuitamente pueden leer, reenviar o imprimir uno de los mejores libros, más profesionales y prácticos sobre la forma de ayudar a los que cuidan a enfermos de Alzheimer. Tiene secciones sobre cómo cuidarles en su: Etapa temprana. Etapa media. Etapa tardía. Son actividades que se salen de la rutina y que han sido previamente muy estudiadas y probadas, con excelentes resultados. No deje de consultarlo con su médico, verá como le anima a que lo lea. 

El libro está en español, inglés y en otros idiomas por si lo quieren reenviar a personas u organizaciones que Vds. crean que lo pueden necesitar. 

Además de otros artículos que puedan encontrar en Internet, hay uno imprescindible, está en la página http://www.lafamilia.info titulado: Ejercicios cerebrales para prevenir el Alzheimer 

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La virtud de la justicia, explicada a los hijos.

ESCUELA PARA PADRES

 La virtud de la justicia, explicada a los hijos.           

  • 60 Virtudes y valores humanos imprescindibles para que la justicia sea verdadera.
  • 15 Defectos que impiden que la justicia sea verdadera.
  • 24 Sentencias relacionadas con la virtud de la justicia.  

1,444 Palabras. Tiempo de lectura 5:15 minutos 

Algunos artículos relacionados:

La justicia es una de las cuatro virtudes cardinales (Fortaleza, justicia, prudencia y templanza). Es por antonomasia una virtud social, un hábito moral que propone dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece, en función del derecho, la razón y la equidad. Es el esfuerzo para armonizar a las distintas personas, que viven dentro de una comunidad familiar, local o nacional y así, darle a cada uno lo que le corresponde. 

La justicia es opuesta a la venganza, aunque sea ejercida por el estado si aplica leyes injustas, pues se convierte en venganza de la sociedad. No todas las leyes humanas son justas, pero el incumplimiento de las leyes justas, tiene que tener un castigo proporcional, realmente educativo y modificador de conductas y conducente a persuadir a las personas o entidades, para que no vuelvan a repetirlo. 

El perdón no sustituye a la justicia. Se tiene que perdonar setenta veces siete, pero la justicia debe implantarse de acuerdo con las leyes justas. 

La regla para medir la justicia no siempre es la ley judicial, lo es también la ley moral natural, las normas sociales y las costumbres. La justicia verdadera, no es actuar según las leyes judiciales, pues estas pueden ser tan injustas como el que las cumple.  De hecho, hay leyes aprobadas por referéndum, por jueces o por partidos elegidos democráticamente, que fueron y son terrorismo de Estado y sin embargo han quedado sin castigar. Por desgracia hay leyes que reflejan la degradación moral de la mayoría de un pueblo, principalmente cuando se aprueban por referéndum leyes racistas que crean, protegen o instigan: Los crímenes contra la humanidad, la conculcación de los derechos humanos, la esclavitud, las guerras injustas, el aborto, la eutanasia, el consumo de drogas y un largo etc. 

Algunas leyes injustas, pretenden algo tan extraño como convertir el delito en derecho. Hay personas que no entienden o no quieren entender, que matar a un niño en el vientre de la madre es un crimen, que debería estar severamente castigado, por muchas leyes injustas que lo despenalicen. En un crimen o en un accidente, si es de una madre embarazada, la penalidad es doble. Por la madre y por el que va a nacer. 

La justicia no siempre es correcta, por lo tanto debemos cuestionarnos si tenemos obligación de acatarla, además de intentar luchar para conseguir anularla o enmendarla. No podemos ser colaboradores de las injusticias, que perjudican a la sociedad y sobre todo, cuando perjudican a los más débiles. La ley moral y las principales leyes humanas, han establecido que la obediencia ciega, no exime de la responsabilidad individual de las personas involucradas en los hechos. Hay un viejo refrán que dice: Tanta culpa tiene quien mata la vaca, como el que le sujeta las patas. 

Uno de los principales objetivos de los padres tiene que ser, hacer el bien con justicia, dentro y fuera de su familia, para lo cual, tienen que pensar muy bien como van a educar a sus hijos, en la virtud de la justicia y practicarla previamente en todas las decisiones que tomen. Sobre todo en este mundo tan injusto, que preconiza que cada uno haga lo que quiera, cuando quiera y como quiera, sin importarle lo que pueda suceder a los demás. 

La verdadera justicia tiene que estar en el fiel de la balanza, que muestra la figura que representa la justicia, nunca en los extremos. Lo justo es el centro, como en el péndulo, que se mueve entre el bien y el mal, lo bueno y lo malo, lo positivo y lo negativo, lo que unos ven como blanco y otros como negro. Entre los extremos, siempre hay espacios intermedios, que pueden desequilibrar la vida personal, familiar y la sociedad. 

Los padres tienen que conocer muy bien, todos los aspectos sobre la impartición de justicia con sus hijos, pues muchas veces, tendrán que tomar decisiones difíciles, las cuales podrían no haber sido muy bien estudiadas y ajustadas a las virtudes y valores humanos, por lo que se convertirán en injusticias, aunque sean hechas involuntariamente. 

La auténtica virtud de la justicia no es una actividad, que solamente tienen que tener en cuenta los jueces que la imparten, sino también los legisladores, congresistas y senadores que las hacen y aprueban. Todas las personas que tienen poder de decisión, sea el nivel que sea, deben procurar impartir justicia con rectitud, ajustada a las virtudes y valores humanos que la condicionan. Las leyes también pueden ser nocivas, por omisión de la defensa de lo que tienen que proteger u obligar. 

Los padres tienen que tener un gran conocimiento de las virtudes y valores humanos inherentes a la justicia, para poder impartirla con sus hijos, cónyuge y sociedad. No existe la verdadera justicia, si no va acompañada de estas virtudes y valores humanos, ya que entonces serían decisiones caprichosas, realizadas en función del estado de ánimo o de los intereses del momento. También tienen que saber cuáles son los, conceptos contrarios a la impartición de justicia, para tratar de evitar que influyan en sus decisiones. 

60 Virtudes y valores humanos, imprescindibles para que la justicia sea verdadera:  

Si los padres no conocen o no quieren conocer, la gravedad de la mayoría de las decisiones que toman con sus hijos, en las diferentes edades y capacidades, nunca estarán aplicando una justicia correcta. Es su obligación estudiar en profundidad estas virtudes y valores humanos, para después ponerlos en práctica en las decisiones familiares, sociales y políticas. Así las podrán aprender sus hijos, para que las apliquen cuando sea necesario. 

Caridad. Coherencia. Compasión. Comprensión. Conciencia. Conocimiento. Constancia. Control. Coraje. Criterio. Dignidad. Discreción. Dudas. Ecuanimidad Ejemplo. Entereza. Equidad. Escrupulosidad. Escuchar. Esperanza. Estudio. Ética. Firmeza. Formación. Generosidad. Heroísmo. Honestidad. Honestidad. Honradez. Humildad. Igualdad. Igualdad. Imparcialidad. Misericordia. Moral. Objeción de conciencia. Paciencia. Perdón. Prudencia. Pudor. Razón. Rectitud. Reflexión. Respeto. Responsabilidad. Sabiduría. Sacrificio. Secreto. Sencillez. Sensatez. Severidad. Simplicidad. Sinceridad. Solidaridad. Verdad. Etc.  

15 Defectos que impiden que la justicia sea verdadera:  

Abuso. Aniquilar. Arbitrariedad. Atropello. Capricho. Coacción. Crueldad. Delimitar la libertad. Imponer la dependencia. Inmoralidad. Odio. Parcialidad. Sinrazón. Rencor. Venganza.  

24 Sentencias relacionadas con la virtud de la justicia: 

  1. Dios es eminentemente justo, pero también eminentemente misericordioso.
  2. Es mejor sufrir una injusticia, que cometerla.
  3. Hay que ser justos, antes que generosos.
  4. Donde hay justicia, no hay pobreza.
  5. Donde no hay caridad, no puede haber justicia.
  6. Es fácil ser bueno; lo difícil es ser justo.
  7. Justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada quien, lo suyo.
  8. La caridad comienza en mi casa, y la justicia en la puerta siguiente.
  9. La injusticia hecha a uno sólo, es una amenaza dirigida a todos.
  10. La injusticia es horrible, ejercida contra un indefenso.
  11. La justicia, es la verdad en acción.
  12. La justicia se defiende con la razón y no con las armas. No se pierde nada con la paz y puede perderse todo con la guerra.
  13. La justicia verdadera y progresiva, nace del amor.
  14. No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón.
  15. La justicia es el control de nuestras ambiciones, para evitar el conflicto continuo con los demás.
  16. La justicia es el respeto a los derechos del prójimo.
  17. Si quieres la paz, lucha por la justicia.
  18. Una cualidad de la justicia es hacerla pronto y sin dilaciones; hacerla esperar, es injusticia.
  19. No hagas a otro, lo que no quieras que te hagan a ti.
  20. No hay justicia cuando el cielo se vacía de Dios, entonces la tierra se llena de ídolos.
  21. No hay, ni habrá justicia, sin amor.
  22. No juzguéis, para que no seáis juzgados.
  23. No puede haber justicia, si no somos capaces de ponernos en lugar del otro.
  24. Permitir una injusticia, significa abrir el camino a todas las que sigan. 

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Aquí encontrará respuestas a sus preguntas. Lea este articulo titulado: ESCUELA PARA PADRES. Qué es, para qué sirve y cómo funciona de forma virtual.

Los objetivos de esta escuela virtual son: Educar a los padres para que con su ejemplo y conocimientos de las virtudes y valores humanos puedan educar a sus hijos. Enseñar como educar a los hijos. Que los padres aprendan a vivir un armonioso, fecundo y largo matrimonio. Tender un puente entre la educación familiar y la Fe.

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