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Rutinas, costumbres y hábitos. Su influencia en la familia

ESCUELA PARA PADRES

Rutinas, costumbres y hábitos. Su influencia en la familia.

  • Las 10 frases más usadas por algunos padres para justificarse ante la mala educación que dan a los hijos:
  • Las 12 principales rutinas, costumbres y hábitos que deben fomentarse en:
  • 2 Ejemplos opuestos sobre las buenas y malas rutinas, costumbres, hábitos, que terminan en virtudes o vicios:
  • 13 Cosas que los hijos hacen debido a las rutinas, costumbres y hábitos adquiridos en la familia.
  • 23 Sentencias sobre la formación de buenas o malas rutinas, costumbres y hábitos:

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Las buenas costumbres, se convierten en bueno hábitos, luego en virtudes y valores humanos. Las malas costumbres, se convierten en malos hábitos, luego en vicios y adicciones tóxicas, o en un estado de agresividad o violencia continua.

Una buena rutina en las cosas importantes, suele producir una excelente costumbre, que se traduce en un buen hábito, que pasa a convertirse en una virtud. Esa cadena empieza con los abuelos, se afianza con los padres y se queda grabada, se incrusta en la mente de los nietos. La educación de los hijos, empieza con la de los abuelos.

Algunos padres no aceptan, bajo ningún concepto, que alguien les comente las malas costumbres que están inculcando a sus hijos, ni explicándoles, que esas malas costumbres, se convertirán en malos hábitos y posteriormente, en vicios y adicciones toxicas. Consideran que cualquier objeción que se les haga, sobre la forma de educar a sus hijos, es una intromisión inaceptable en la vida privada de su familia. Esos padres se enrocan como en el ajedrez y se cierran como las conchas, no queriendo oír nada de lo que les dicen, o en muchos casos, discutiendo agresivamente con el mensajero, para no escuchar el mensaje.

Las 10 frases más usadas por algunos padres, para justificarse ante la mala educación que dan a los hijos:

1.      Ahora la vida es así y lo que me dicen, era para otros tiempos. Hay que modernizarse y vivir con la realidad actual.

2.      De jóvenes que hagan lo que quieran, cuando sean mayores, la vida les enseñará.

3.      Aunque nos critiquen, les damos todo lo que nos piden, porque nosotros no lo tuvimos.

4.      Esos que aconsejan, no sabes nada de sicología ni pedagogía moderna.

5.      La práctica de las virtudes y valores humanos, son cosas antiguas que ya no se llevan. No sirven para triunfar, en esta competitiva vida.

6.      Los hijos necesitan vivir en el mundo actual, haciendo y teniendo lo mismo que sus amigos y vecinos.

7.      Mi mujer y yo, ya sabemos como educar a nuestros hijos.

8.      No “le damos todos los caprichos”. No vamos a pasarnos la vida llevándoles la contraria y enfrentándonos a sus peticiones. Menudo sufrimiento para ellos y para nosotros.

9.      No entienden a la juventud actual. Es totalmente diferente a la suya.

10.   No es que los hijos se salgan siempre con la suya, es que tenemos que permitirles que se expresen como quieran, para que afiancen su personalidad.

Los hijos no son responsables de la mala educación, que reciben de sus padres. Cuando se comportan mal, hacen imposible su convivencia con las personas mayores y otros niños. Casi siempre suele ser debido, a que sus padres les acostumbraron mal y esas malas enseñanzas, se convirtieron en hábitos de convivencia e insociabilidad. Posteriormente cuando esos hábitos se convierten en vicios y adicciones tóxicas, ya no hay remedio, o por lo menos es muy difícil llegar a eliminarlas. ¿Quién ha tenido la culpa? Los padres, por haber educado mal a los hijos, aunque quienes más lo sufren, son los niños.

La raíz de la responsabilidad educativa de los padres, está en aportar a los hijos los conocimientos necesarios, para que la rutina, la costumbre y los hábitos cotidianos, no sean aburridos, monótonos, ni pesados y puedan convertirse en virtudes y valores humanos. La irresponsabilidad de los padres empieza, cuando no quieren, no saben o no pueden influir a sus hijos, en que tengan buenas rutinas, costumbres y hábitos, permitiendo que los hijos, se asilvestren dentro de la sociedad. ¡Qué pena da ver a un niño o a un joven mal educado, por desidia de sus padres! Al final los que pierden y se lo pasan mal, son los dos.

Los estudiantes prosperan si tienen unas buenas rutinas, costumbres y hábitos de estudios. Los deportistas para poder competir y tener éxito, tienen que acostumbrarse a practicar todos los días su rutina, aunque no les guste, pues es la que les llevará al éxito. Los laboratorios y técnicos, no se pueden cansar de hacer ensayos y más ensayos, modificando los errores que se produzcan, hasta alcanzar los objetivos propuestos.

Los padres deben abstenerse de tomar las decisiones, que les corresponde tomarlas a los hijos, según su edad física y mental. Nunca deben darles, todo lo que necesitan y mucho menos, lo que quiere. Tienen que dejar una parte, para que los hijos hagan el esfuerzo de conseguirla. Deben enseñarles poco a poco y en función de sus edades, que se acostumbren a realizar su propio esfuerzo y a tomar sus decisiones, soportadas en la educación y los consejos recibidos de los padres. Los hijos tienen que aprender a distinguir, entre lo que quieren y lo que necesitan.

Enseñarles siempre, en relación con su edad física y mental y con la ayuda que precisen, a que rutinariamente se hagan cargo de sus cuerpos, mentes y pertenencias. Dándoles también la libertad, para que hagan sus propias elecciones, de lo que quieren ser, hacer y tener, dejándoles que asuman los riesgos que esto conlleva, pues los errores, son las mejores fuentes de aprendizaje.

Otros responsables en la educación de los hijos, como son  los maestros, consejeros, etc. se cansan de hablar con los padres, sobre las desviaciones educativas que están viendo en los niños, motivadas por seguir las costumbres, ya convertidas en hábitos de sus padres.

Hay hijos que se han acostumbrado a vivir demasiado bien y lo consideran, como una obligación de sus padres. Ya han convertido la costumbre, en hábito de recibir todo sin ningún esfuerzo. Es decir: Recibir y recibir, sin dar nada a cambio. No dar ni el buen comportamiento, que se espera de ellos. Incluso hay muy buenos hijos, que son como las vacas lecheras: Acostumbran a sus propietarios, a darles todos los días buena y abundante leche, pero de vez en cuando sueltan una coz y tiran el balde, que estaba lleno. Hay que volver a enseñarles, que eso no se puede, ni debe hacer.

Las 12 principales rutinas, costumbres y hábitos que deben fomentarse en:

1.      El acatamiento de las leyes de la naturaleza, la cual está a disposición de los hombres. Tenemos el derecho al uso, pero no al abuso.

2.      El ahorro financiero y no en el despilfarro.

3.      El cuidado de la salud propia y de la familia.

4.      El respeto a las personas mayores en edad, dignidad y gobierno.

5.      La comunicación, de la mejor manera posible, con sus familiares y amigos.

6.      La enseñanza y realización, de las prácticas religiosas.

7.      La forma de alimentarse, vestirse y comportarse.

8.      La forma de consumir lo que se necesita, no lo que se quiere.

9.      La organización de los trabajos, en la casa o fuera de ella.

10.   Las normas de educación familiar y social.

11.   Las relaciones con los otros familiares: Abuelos, padres, hermanos, primos, tíos, etc.

12.   Los sistemas, horarios y formas para estudiar.

Cuando los hijos ven, que los padres tienen la mala costumbre de no acordarse nunca de los abuelos, o de criticarles delante de ellos, es lógico que eso se convierta en un hábito, conducta o propensión a imitarlo, cuando sean mayores. De ahí viene el desarraigo de las familias, que muchas veces inconscientemente, fue sembrado en los hijos y luego pasado, de generación en generación.

Hay muchas familias apodadas “la familia 3 minutos” que debido a sus grandes ocupaciones, únicamente tienen semanal o mensualmente, 3 minutos entre todos para llamar a los abuelos. Eso los nietos lo ven, lo oyen y lo archivan en su mente, asumiendo que los abuelos, no son para llamarles y atenderles. Son algo que se tiene, para recibir regalos o felicitaciones y así poder presumir con otros niños, que por las razones que sea, no los tienen o los tienen múltiples, debido a los divorcios de sus padres.

Existen una serie de normas, que tienden a proteger a los más débiles en la familia, que son los hijos. Esas normas de cuidado y apoyo, van desde protegerles de sus mismos padres, si tuvieran intereses contrapuestos en las costumbres, hábitos, la práctica y enseñanza de las virtudes y valores humanos, hasta el cuidado de su salud y la formación religiosa, escolar y social.

2 Ejemplos opuestos sobre las buenas y malas rutinas, costumbres, hábitos, que terminan en virtudes o vicios.

  1. Inculcarle la virtud de la Fe, desde que son niños muy pequeños, acostumbrándoles a que rutinariamente recen, aunque no entiendan muy bien lo que hacen: Cuando se levantan de la cama, cuando salen de la casa, al empezar a comer, al dormirse, etc. Esa rutina, a medida que vayan comprendiendo lo que es rezar, se convertirá poco a poco en costumbre, posteriormente en un hábito y finalmente en la práctica de la virtud de la Fe. Esto se ha producido, por la repetición de los hechos y por el ejemplo contagioso de los padres.
  2. Los vicios de fumar, beber u otros, pueden ser adquiridos y consolidados por contagio de los padres, si desde pequeños rutinariamente, lo ven hacer a los padres, lo considerarán una costumbre familiar, que les inducirá a hacerlo, a medida que van siendo mayores, creándoles el habito y convirtiéndolo en un vicio, tóxico para ellos y para los que les rodean.

La familia es el lugar privilegiado para vivir, celebrar, aprender y transmitir la Fe, La familia nace, se constituye y se sostiene de la Fe. Sin la Fe, la familia queda reducida, a su mínima expresión y expuesta, a los embates culturales y a las problemáticas personales de sus miembros. La Fe refuerza la familia y la inmuniza, ante los ataques de la sociedad laicista. Los padres no tienen que enseñar a sus hijos una Fe lejana y aburrida, siempre con tintes pesimistas, hay que proponerles creativamente la opción de la Fe católica, o la que en la familia se practique, educarlos dentro de ella, pero dejándoles unas buenas costumbres, convertidas en hábitos, para que cuando sean mayores, sepan lo que quieren practicar.

Los padres deben ser muy equilibrados, es decir, ni permisivos, ni dictadores, sino el punto medio, sabiendo distinguir cuándo y cómo actuar, de la mejor forma posible, ya que en la familia se producen todos los aspectos y dimensiones del amor humano: El amor matrimonial, el filial, el fraternal, el familiar, la amistad, etc. Todos ellos reflejados, hacia dentro y hacia afuera, impulsados por las rutinas, costumbres y hábitos.

Está demostrado, en todos los aspectos de la vida, el enorme poder de los hábitos, el de los buenos y el de los malos. Seleccionarlos, entenderlos, corregirlos, adoptarlos y convertirlos en virtudes o en vicios, producirá el resultado de que la conciencia de los hijos esté bien o mal formada. De ahí la responsabilidad irrenunciable de los padres, para dar a sus hijos una buena formación, en todas las áreas de la educación.

Los padres tienen que enseñar a sus hijos, a desenmascarar la práctica de las malas rutinas, que se les estén convirtiendo en costumbre, hábitos y vicios, para que se den cuenta del camino que llevan, pues pudieran afianzarse y después, serles muy difícil el romper con el pasado, mejorar el presente y el futuro. Los hábitos dan forma a las vidas y cada persona, le da diferente forma a los hábitos. Muchas veces es un proceso de artesanía, el querer reconocer las facetas ocultas, de lo que se está haciendo mal, lo que no se quiere hacer para corregirlo y las soluciones constructivas que hay, para salirse de cada situación.

Más del 50% de las elecciones o acciones diarias de las personas, son hábitos producidos por las costumbres y por las rutinas heredadas de los padres. No son la consecuencia de decisiones meditadas. Aunque les suponga un gran esfuerzo a los hijos, los padres tienen que enseñarles a cambiar las malas rutinas, costumbres y habitos, que hayan podido aprender fuera o dentro de la familia. Si se quietan ese lastre, podran edificar sobre su propia existencia, una mejor vida al mejorar la salud, el conocimiento, la felicidad y el comportamiento con los demás. Aunque es muy dificil cambiar los defectos adquiridos y consolidados, la mejor solucion es insertar una nueva rutina en la vida diaria, personal, familiar y social, que los vaya eliminando de acuerdo con las fuerzas, intenciones y voluntad de cada uno.

13 Cosas que los hijos hacen debido a las rutinas, costumbres y hábitos adquiridos en la familia.

1.      Si un hijo vive acostumbrado a recibir críticas, aprenderá a murmurar.

2.      Si un hijo vive avergonzado, aprenderá a sentirse humillado.

3.      Si un hijo vive compadecido, aprenderá a tener lástima de si mismo.

4.      Si un hijo vive con celos, aprenderá a ser envidioso.

5.      Si un hijo vive con elogios por sus buenas acciones, aprenderá a apreciar lo bien hecho.

6.      Si un hijo vive con hostilidad, aprenderá a ser violento.

7.      Si un hijo vive con la costumbre de compartir, aprenderá a ser generoso.

8.      Si un hijo vive con temor, aprenderá a ser un cobarde.

9.      Si un hijo vive con tolerancia, aprenderá a ser condescendiente.

10.   Si un hijo vive con una familia armónica, aprenderá a tener confianza.

11.   Si un hijo vive en una familia bien educada, aprenderá a perfeccionarse.

12.   Si un hijo vive ridiculizado, aprenderá a ser tímido.

13.   Si un hijo vive rodeado de mentiras, aprenderá a ser falso.

Muchos padres dicen que darían o harían, cualquier cosa para evitar que sus hijos se descarriaran, pero no modifican ninguna de sus malas rutinas, costumbres, ni hábitos. Deberían saber que, si siguen haciendo lo que están haciendo, el resultado será el que están teniendo. Creen que otros van a solucionarles, la forma de educar a los hijos. Esos otros, normalmente se encargan de desviar a los hijos, de cualquier contacto familiar que tengan, para arrastrarlos hacia situaciones irreversibles, donde les prometen “el oro y el moro”, pero son infiernos en la tierra, donde se entra muy fácilmente, pero es casi imposible salir. 

Los padres tienen que enseñar a sus hijos a que aprendan a ver, donde otros no ven nada, para que sepan distinguir las cosas buenas y las malas. Si los padres no ven claro, ni nada importante el inculcar a los hijos la rutina, la costumbre y los hábitos, en la práctica de las virtudes y valores humanos, perderán el tren, del provecho personal, familiar y social y pasarán a engrosar las filas de los fracasados.

Los padres deben reconsiderar su comportamiento, si en alguna ocasión les llaman la atención otras personas, con ascendencia moral. Muchas veces son los únicos que se atreven a tomar el riesgo de hablar, sobre las malas costumbres que están contagiando y arraigando en sus hijos. Aunque también se cansan, de repetir los mismos comentarios y de ver que las cosas no cambian nada, y que lo único que originan, es tener que sufrir las malas caras, que provocan con las advertencias sobre el incierto futuro, que están creando a sus hijos. Máxime cuando éstos, están entre dos culturas generacionales o sociales, perfectamente definidas, una que ha triunfado y otra que ha fracaso estrepitosamente.

La sociedad en general, se está convirtiendo en el imperio de los adolescentes, no de los menores. Porque los menores son inocentes y buscan la justicia, los adultos somos malvados y buscamos la clemencia, para nuestros voluntarias culpas. Los adolescentes no son ni inocentes, ni malvados. Algunos suelen ser unos aprovechados de los padres y de la sociedad, al exigir que el resto de la familia y de la sociedad, enmiende los resultados de sus malos comportamientos y les permita vivir irresponsablemente.

Los padres deben establecer rutinas desde que los hijos son muy pequeños, pues suponen una inversión para toda la vida, si consiguen convertirlas en costumbres y posteriormente en hábitos, ya que los hábitos son acciones, que a base de repetirlas, se convierten en una forma de vida.

Es muy importante crear nuevas rutinas, que posteriormente se conviertan en buenos hábitos, pero con metas realistas. Las buenas intenciones, pueden venirse abajo ante una organización demasiado exigente. No es aconsejable crear o alterar rutinas, de la noche a la mañana. Es preferible poner en marcha dos o tres pequeños cambios, y esperar a que estén integrados, para pasar a los siguientes. Pero hay que hacerlo compartiéndolo con los hijos y la familia en su totalidad. Los hijos aprenden mejor lo que ve, que lo que escuchan.

23 Sentencias sobre la formación de buenas o malas rutinas, costumbres y hábitos:  

1.      Afianzar las buenas costumbres, ayuda mucho para la práctica de las virtudes, de la disciplina, de la voluntad y del respeto.

2.      Al final somos el resultado de las decisiones, tomadas en beneficio o perjuicio personal.

3.      Algunos piensa, que las costumbres de los demás son ridículas, no las suyas.

4.      Con la costumbre, casi se forma otra naturaleza personal.

5.      El cuerpo, la mente y el espíritu, tienen que ser continuamente, bien cuidados y alimentados.

6.      El hábito, si no se le afronta, al poco tiempo se vuelve una necesidad.

7.      El saber, el esfuerzo, la excelencia, el mérito y la autoridad y ejemplo de los padres, son valores muy difíciles de sustituir.

8.      En las negaciones importantes, para saber decir “no”, primero hay que convertirlo en costumbre, después en hábito y posteriormente en virtud.

9.      Es necesaria una buena motivación y firmeza, para conseguir los objetivos propuestos, y que estos sean muy concretos y bien pensados.

10.   Hay que convertir lo extraordinario en ordinario, para que sea una virtud.

11.   Hay que educar a los hijos, para que no les castiguen cuando sean adultos.

12.   Hay que formar los hábitos de pensar, cómo aprender a pensar y cómo aprender, a desaprender.

13.   Hay una cierta adicción a huir hacia adelante, sin mirar hacia dónde se va, ni las consecuencias que conlleva.

14.   La ambición, junto al Ego, no deja ver claramente de dónde se viene y dónde se va.

15.   La costumbre es la mejor de los sirvientes o la peor de las maestras.

16.   La educación integral, con sus buenas costumbres y hábitos, ya es una virtud por si sola, para el presente y el futuro de los hijos.

17.   La igualdad en la ignorancia, roza la perfección en algunos.

18.   Las acciones concretas, que se realizan repetidamente como rutina, se convierten en costumbres, luego en hábitos y posteriormente en virtudes y valores humanos.

19.   Las costumbres y los hábitos, influyen positiva o negativamente, en la forma de comportarse en la sociedad y en el éxito o fracaso de la vida.

20.   Las diminutas cadenas de los buenos o malos hábitos, son generalmente demasiado pequeñas, para sentirlas, hasta que llegan a ser demasiado fuertes, para romperlas.

21.   Las palabras convencen, pero el ejemplo arrastra.

22.   Los padres deben enseñar a que los hijos practiquen lo que crean, que es lo mejor para ellos, soportándolo en sus buenas costumbres y hábitos.

23.   Mantener las buenas costumbres no es fácil. Solamente las adquiridas a través de la rutina, tienen muchas probabilidades de mantenerse.

En el interior de la familia, es donde se aprende a sentir los conceptos de pertenencia, seguridad y singularidad, lo contrario sería la ineficacia, la ineficiencia y la inefectividad de los padres. De esas experiencias fundamentales, brota la identidad, que tiene que estar soportada por las rutinas, costumbres y los hábitos, de cuya calidad depende la madurez, la salud mental y la formación en las virtudes y valores humanos. En definitiva, la felicidad o la desesperación, presente y futura.

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Educar a los hijos en la familia para que la escuela funcione

ESCUELA PARA PADRES 

Educar a los hijos en la familia para que la escuela funcione.  

  • Las 4 principales formas para que mejore la enseñanza y los resultados escolares.
  • Los 24 principales conceptos que los padres tienen que enseñar y facilitar a sus hijos en la casa.
  • Principales virtudes y valores humanos, que los padres deben enseñar a sus hijos, según sus edades físicas y mentales.
  • 27 Características positivas que los hijos tienen y demuestran, cuando reciben una buena educación.
  • Las 7 principales disculpas que dicen algunos padres, sobre la mayor o menor involucración en la escuela de sus hijos.
  • 10 Conceptos que los padres tienen que considerar, en relación con la escuela pública o privada.
  • 20 Sentencias sobre educar los padres.

4,074 Palabras. Tiempo de lectura 15:00 minutos

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Padres, maestros y alumnos, los tres pilares de la educación escolar y los tres lados de ese triangulo equilátero. Si se elimina, rompe, daña o no se tiene en cuanta uno de ellos, ya no funciona ese triangulo y se perjudica la educación final de los hijos.

            Sin que los padres eduquen a sus hijos dentro de la casa, es muy difícil que los maestros en la escuela puedan enseñarles nada. Los maestros intentarán enseñarles matemáticas, física, historia, geografía, etc., pero la información sin la formación, no produce una buena educación integral.

Los padres tienen que tener en cuenta, todos los factores educativos que estén a su alcance, pero especialmente la familia, pues es el camino para el desarrollo humano, personal y social de sus hijos.

Las 4 principales formas, para que mejore la enseñanza y los resultados escolares.

1.      La mejor educación de los hijos, dentro de las familias.

2.      La mayor comunicación, involucración y colaboración de los padres, con los maestros y los administradores escolares.

3.      La unión de todos los padres de alumnos, por escuelas, ciudades y naciones.

4.      La participación activa de los padres, en la política nacional y local, para exigir mayores y mejores sistemas escolares. La educación es demasiado importante, como dejarla en manos de los políticos. 

Los hijos son el mejor, el más preciado y el más maravilloso préstamo, que los padres reciben en toda su vida. Ese préstamo, obliga a los padres a hacer un curso intensivo y rápido, sobre cómo amarles más que a ellos mismos, cómo cambiar los propios defectos para darles los mejores ejemplos y cómo aprender a tener coraje, voluntad y conocimientos para educarles. 

Los padres tienen que entender, que al haber recibido este maravilloso regalo, asumen la obligación de educarles, de la mejor forma posible, sin escatimar esfuerzos. Es cierto que los hijos, también producen el dolor e incertidumbre, de no saber si se les está educando correctamente, en el camino hacia su futuro, hacia su propia vida y hacia la formación de su propia familia. Ojalá los padres, no tengan que decir nunca: 

Así mismo los hijos educados en una familia unida, reciben un tesoro que no pueden ni deben desaprovechar. Ese tesoro de la educación, si lo ignoran, desperdician o derrochan, les impedirá tener las herramientas, para poder subsistir en esta vida tan competitiva. No todo el mundo tiene la gran fortuna, de recibir una buena educación familiar. Hay quienes tienen muy buena información escolar, pero muy mala formación, familiar, religiosa y social, por lo que se les hace muy difícil, ser personas denominadas “de bien”. 

En la familia es donde se empieza a educar, a los futuros escolares. Los maestros y las organizaciones educativas, al fin y al cabo, son los que tienen la principal obligación, de ofrecer una buena información, pero la formación integral, debe empezar desde el hogar. Los maestros no pueden luchar, contra los alumnos mal educados o no educados, por sus padres. Máxime en algunas comunidades, donde los padres, aunque no tengan razón, sistemáticamente se ponen de parte de sus hijos y en contra de los maestros. Para los maestros, es mucho más reconfortante, enseñar a un alumno bien educado en su casa, que hacer el gran esfuerzo, la mayoría de las veces no comprendido, de enseñar a los que están faltos de educación familiar.

Los 24 principales conceptos, que los padres tienen que enseñar y facilitar a sus hijos en la casa, indispensables, para que la escuela funcione mejor y ellos tengan éxito en sus estudios.

1.     Hacer resaltar el valor del conocimiento. Cuanto valen económica y socialmente cada persona, en función de lo que han aprendido y las posibilidades, que se les abren o se les cierran, según su formación.

2.     Explicarles los costos directos e indirectos que supone, su educación escolar y lo que puede suponer para ellos, esa inversión a plazo corto y largo, pagada por los padres y la sociedad.

8.     Enseñar la importancia y el valor, del trabajo de los maestros y el esfuerzo, que también hace la sociedad, para que los hijos puedan tener la oportunidad de aprender, a ser personas de provecho, en el resto de sus vidas.

9.     Enseñarles la importancia del valor del tiempo, que no pueden desperdiciar, pues este no es recuperable, haciéndoles comprender, que hay un tiempo para cada cosa y que el tiempo de la juventud, es para dedicarlo al estudio y a la formación, para que estén preparados, cuando les llegue el tiempo del trabajo y el de rendir cuentas, de lo que han aprendido.

Insistir en las ventajas de estudiar y los inconvenientes de no estudiar, frente a su familia presente y futura y a la sociedad. Haciéndoles ver, la importancia de las cosas, incluso de las más pequeñas e insignificantes, relacionadas con la escuela y su educación.

Inculcarles la práctica de las virtudes y valores humanos, que le ayudaran a tener éxito con los estudios, como: La puntualidad, la disciplina, el orden, la firmeza, la fortaleza, el aprendizaje, la paciencia, el respeto, la responsabilidad, el sacrificio, el trabajo, la constancia, el saber escuchar, la honradez, la fraternidad, la generosidad, el honor, etc.

Ayudarles a tener, un buen sitio y las mejores condiciones posibles, para estudiar en la casa.

Dar ejemplo manteniéndose estudiando, intentando mejorar profesional,      social y moralmente.

Procurándoles los medios, para que tengan buenas amistades e impidiéndoles que frecuenten, a los amigos o compañeros tóxicos, escolar, moral y socialmente.

10. Enseñarles que van a la escuela, porque todo el mundo tiene el derecho y la obligación, de aprender y mejorar continuamente, para poder sobrevivir en el futuro.

11. La escuela es un centro de enseñanza, donde el conocimiento se perpetúa, de generación en generación y se convierte, en el gran sistema seleccionador de ganadores y perdedores, en la sociedad. No es un centro de educación de la vida, para eso está la familia, aunque ambas organizaciones sean imprescindibles, complementarias, compatibles y estén interrelacionadas.

12. Enseñar la práctica de la disciplina y el orden necesario, ante la avalancha del uso desmedido, de las nuevas adicciones de algunos hijos, como son las pantallas electrónicas, en todas sus variantes, relacionadas con las actividades de entretenimiento, que quitan tantas horas al estudio, la formación, el sueño y por lo tanto, el rendimiento escolar. ¿Cómo puede un alumno, entender al maestro, si ha dormido muy poco, por haber dedicado su tiempo de descanso, a las pantallas electrónicas?

13. ¿Cómo ayudar a los maestros a que enseñen mejor? Llevando a la escuela, hijos bien educados en la familia y que hayan adquirido una actitud positiva, inculcada por sus padres. Los hijos, tienen que adaptarse al funcionamiento de la escuela, además de que su comportamiento, debe estar bien motivado, estimulado y reforzado, con las enseñanzas que les den sus padres en la familia.

14. Ser exigentes en el cumplimiento de los horarios, y de los compromisos adquiridos o impuestos, como las tareas escolares, los voluntariados, etc.

15. Evitar totalmente, las críticas hacia los maestros y al personal de la escuela en general. Las diferencias que pudiera haber, deben dilucidarse privadamente con los maestros, pero nunca delante de los hijos. Es totalmente necesario, oír la versión completa de los hijos y si fuera necesario, someterles a un hábil interrogatorio, para tener certeza plena y a poder ser evidencia, de lo que haya sucedido, para de esta forma, estar bien preparado, para cuando los padres vayan a hablar con el maestro, a conocer su autorizada opinión.

16. Estar en continua comunicación con los maestros, pero no solamente cuando hay problemas, también cuando tenga que haber felicitaciones, de forma que los hijos, se acostumbren a ver una buena comunicación, entre los padres y el maestro, sin que sea siempre sobre temas escolares. Si creciera una buena y sincera amistad, entre padre y maestro, el alumno tendría mucha más confianza y mejoraría su rendimiento.

17. Hacer un plan de trabajo diario, con los horarios disponibles después de la escuela, de acuerdo con las asignaturas, previsiones de trabajo, actividades familiares, deportivas o sociales, etc. Este plan debe ser consensuado entre padres, alumnos y maestros, y complementado con el programa escolar.

18. Hacer ver a los hijos, que los padres son piezas claves en su desarrollo escolar, pues son los que proporcionan seguridad, confianza, amor, protección, unión, etc. además de los medios económicos, físicos y emocionales, para que el hijo pueda estudiar y tenga éxito moral y material en la vida.

19. El alumno que llega a la escuela, sabiendo que detrás tiene el soporte incondicional de sus padres, y que ellos están en estrecha comunicación con los maestros, tiene muchas posibilidades de triunfar en la escuela y en la vida. El amor y la atención que los hijos, perciben de sus padres, es fundamental en el proceso de aprendizaje. Además si conoce su responsabilidad irrenunciable de estudiar, de respetar a los maestros, está bien acostumbrado a practicar las virtudes y valores humanos, y está formado con una mentalidad positiva, tiene todas las posibilidades de que, su paso por la escuela, sea muy fructífero.  Así los maestros se verán mucho más motivados, para ejercer mejor su profesión.

20. La formación del triangulo equilátero de padres, maestros y alumnos, toma su total definición de insustituible, en ninguno de sus tres lados. Si los tres no trabajan como un equipo bien conjuntado, no lograrán los objetivos que se hayan propuesto y todos, podrán fracasar por no haber sabido ponerse de acuerdo.

21. Hacer ver a los hijos, que las tareas escolares encomendadas para hacer en la casa, son el complemento indispensable para aclarar, prepara o afianzar, los estudios que se han hecho o se van a hacer, durante el tiempo de la escuela. No es un castigo, es un proceso más en la educación. Los padres siempre en plena comunicación con los maestros, podrán ayudar a los hijos, pero no hacerles sus trabajos.

22. Insistir ante los hijos, que la comunicación con sus maestros, ayuda a ser mejores padres y por lo tanto, es un beneficio presente y futuro, para la educación de los hijos. Los maestros son las mejores vías de comunicación, para conocer lo que sucede en la escuela con los hijos y prever, lo que posiblemente pueda suceder, con los estudios y fuera de la escuela.

23. Dedicarles todo el tiempo posible, cuanto más mejor, para enseñarles las normas adecuadas y apoyarles en todo lo que necesiten. Para eso tendrán que organizarse e intentar estar en el hogar, cuando los hijos lleguen de la escuela.

24. Establecer a los hijos temas de comportamiento y convivencia, con límites no negociables pero razonables, para evitar que se produzca el fracaso escolar y el personal.

Los padres tienen que tener estos conceptos muy claros, y que sean fáciles de entender también por los hijos, principalmente en las edades entre los 10 y los 17 años. Deben preparar programas familiares, en algunos casos, negociados con los hijos y con los maestros, siempre con instrucciones concretas, y que se reflejen en hechos a poder ser sólidos, comprensibles y medibles, y que sean examinados frecuentemente, para ver si cumplen los objetivos o tienen que modificar las desviaciones surgidas.

La escuela o universidad, no es una guardería donde se llevan a los hijos, para que les tengan más o menos cuidados y entretenidos, mientras los padres trabajan. Aunque también cumpla esa función, la escuela es el lugar donde los alumnos van a aprender, cuanto más y más rápido mucho mejor. Algunos padres equivocados, creen que es un derecho adquirido, porque lo han pagado con sus impuestos y por lo tanto, es obligación de los maestros solucionar el aprendizaje de los alumnos.

Algunos padres no quieren entender, que si ellos como padres no han puesto la tierra bien labrada y abonada, en la formación de sus hijos, es imposible que los maestros siembren nada, que posteriormente de los frutos del conocimiento. Al final los que salen perdiendo, son los alumnos mal preparados desde la familia, lo que se vuelve contra ella misma, como si fuera un boomerang. Así determinados segmentos sociales, entran en un círculo vicioso, donde por falta de educación en la familia, no reciben una buena información escolar. ¿Cómo van a convivir e interactuar los hijos en las escuelas, si previamente no están bien educados en la familia? Las virtudes y valores humanos bien asimilados y practicados por los hijos, según sus edades, serán las que les permitan aprovechar, los conocimientos que les impartan los maestros y les permitan, empezar a vivir en colectividad dentro de su sociedad, que en esa edad, es la escuela. 

Los padres con sus hijos, tienen que tener una política de formación religiosa, humana y social, basada en la práctica propia y en la enseñanza de las virtudes y valores humanos. Sin esa completa formación, es imposible que los hijos, saquen provecho de las enseñanza escolares, que los maestros les puedan ofrecer. 

Principales virtudes y valores humanos, que los padres deben enseñar a sus hijos, según sus edades físicas y mentales. Pero siempre deben poner más énfasis o añadir, las que consideren convenientes, según las características de cada hijo y circunstancias. En cada caso, las reforzarán, a medida que vayan creciendo en edad, conocimientos y responsabilidades: 

  • Hasta los      7 años: Fe.      Obediencia. Orden. Sinceridad. Etc.
  • Desde los      8 hasta los 12 años: Carácter. Caridad. Colaboración. Conciencia.      Disciplina. Esperanza. Estudio. Fortaleza, Generosidad, Justicia,      Laboriosidad, Paciencia. Perseverancia, Piedad. Puntualidad.      Responsabilidad, Etc.
  • Desde los      13 hasta los 15 años: Amistad, Compromiso. Esfuerzo. Firmeza. Justicia.      Pudor, Respeto, Sacrificio. Sencillez, Sinceridad. Sobriedad,      Sociabilidad, Templanza.
  • Desde los      16 hasta los 18 años: Audacia, Castidad. Compresión, Cortesía. Discreción.      Ética. Flexibilidad, Honradez. Humildad. Lealtad, Optimismo. Perseverancia.      Prudencia, Sencillez. Solidaridad. Tolerancia. Virginidad. Etc. 

27 Características positivas que los hijos tienen y demuestran, cuando reciben una buena educación, reflejadas en su comportamiento continuo y diario, dentro de la familia. Los hijos suelen ser: Afectuosos. Benévolos. Cálidos. Cariñosos. Colaboradores. Confiables. Creativos. Decididos. Enérgicos. Espontáneos. Expresivos. Generosos. Humorísticos. Imaginativos. Ingeniosos. Innovadores. Intuitivos. Inventivos. Leales. Nobles. Observadores. Optimistas. Retentivos. Seguros. Sinceros. Tenaces. Tolerantes, etc. 

La educación integral es una virtud, es el hábito de tener y practicar, buenas virtudes y valores humanos, para el presente y el futuro, haciendo que los hijos tengan una vida lograda y cultivada. Tienen que considerar, que todas las áreas educativas, son necesarias e imprescindibles para tener éxito en la escuela, en la familia y en la sociedad.

Las 7 principales disculpas que dicen algunos padres, sobre la mayor o menor involucración en la escuela de sus hijos. 

1.      Pagan la cuota y asisten a las reuniones del PTA, (Padres, Profesores y Alumnos) aunque vayan pocas personas y siempre las mismas, para tratar sobre temas similares, casi siempre administrativos.

2.      Asisten como voluntarios a los comedores, viajes, deportes, fiestas colectivas, recaudaciones de dinero, etc.

3.      Ayudan a los hijos a hacer las tareas escolares.

4.      Visitan la escuela, cuando los maestros les llaman.

5.      Leen y contestan las llamadas y los correos electrónicos, que los maestros les envían.

6.      En la casa no hablan mal de los maestros, ni del sistema.

7.      Les fomentan algo, pero muy poco, las virtudes y valores relacionados con su edad y sus actividades escolares.

Los padres agradecidos, producen maestros motivados por su trabajo. Los padres no deben olvidarse nunca, de elogiar y agradecer a los maestros, la tarea que hacen enseñando a los alumnos. Nunca deben pensar que, no tienen que agradecer nada, pues es su trabajo y para ello les pagan. No todo es cuestión de dinero, ni de intereses. Son humanos y a todos gusta, que reconozcan el trabajo bien hecho. Produce muy buenos beneficios en los maestros y alumnos, el reconocer su enorme trabajo y ese esfuerzo de más, que han realizado en favor de sus alumnos. Además esa sinceridad de los padres les dará autoridad, cuando sea necesario para hablarles con educación, de las cosas que no han gustado o parecido bien.

Los padres deben decir a sus hijos, que su obligación durante la edad escolar, es estudiar y que ya les llegará el tiempo, de tener que demostrar lo estudiado. Que ahora ya valoran el esfuerzo enorme, de su dedicación constante, ordenada y continua al estudio, y que ellos, como hijos tienen que valorar el esfuerzo de los padres, para que los hijos puedan estudiar.

La experiencia enseña lo difícil y complicado que es, educar a los hijos, respetando su personalidad, poniéndoles límites y normas, sacar lo mejor de sus virtudes y minimizar sus defectos, enseñarles las virtudes y valores humanos y sobre todo, darles un buen ejemplo.

Es justo y necesario agradecer, durante todo el año a los maestros, el trabajo lleno de esfuerzo e ilusión que han hecho día a día, con los alumnos, aún que esa sea su obligación y los padres les paguen para que lo hagan.

10 Conceptos que los padres tienen que considerar, en relación con la escuela pública o privada.

1.      El entorno social de la escuela.

2.      El voluntariado que realicen en calidad, cantidad y frecuencia.

3.      La comunicación con los profesores y con los otros padres.

4.      La enseñanza en si, los programas, sistemas y la forma de desarrollarlos y los resultados que puedan obtener.

5.      La familia propia donde se dan las bases, para que los niños puedan desarrollarse en la escuela y asimilen, de la mejor manera posible, el esfuerzo de los maestros.

6.      La formación religiosa, familiar y social, complementaria, a la información que reciban en la escuela.

7.      La preparación de objetivos y su seguimiento, coordinado con los maestros.

8.      Los compañeros y su comportamiento dentro y fuera de la escuela.

9.      Los maestros, y el personal administrativo y su influencia, negativa o positiva, en la obtención de resultados.

10.   Sus relaciones con la asociación de PTA.

En este triangulo equilátero de la educación de los hijos, no valen las discusiones, sobre quien tiene la culpa o responsabilidad, de los fracasos escolares y humanos de los alumnos. Cada parte tiene que hacer su tarea, aunque las otras partes no la hagan. Nadie va a solucionar los graves problemas, que origina el fracaso escolar, en función de las culpas que le echen, o que eche. Lo que cuenta, es el resultado que obtienen los hijos, en el presente y para el futuro.

            La familia es la piedra angular, para construir la educación de los hijos y evitar su fracaso escolar. Cuando un hijo tiene dificultades en la escuela, lo primero que hay que estudiar, son sus relaciones familiares y su interacción con la escuela. Normalmente las dificultades escolares, comienzan en la familia, debido a muchas razones, algunas de las cuales son: Posiciones extremas sobre la disciplina, la indisciplina, la sobreprotección, el intento de perfección, el abandono de los hijos a su suerte, los castigos desproporcionados, irracionales o fuera de tiempo, la falta de normas de convivencia y educación, la ausencia de los padres, los divorcios, las adicciones prohibidas o tóxicas, etc.

            Los padres deben ser conscientes, que son los responsables totales de la educación y formación de sus hijos. Son los guías y supervisores de sus hijos, aunque deleguen algunas actividades en los maestros. Tienen que enseñar a sus hijos, que toda acción u omisión que hagan, tiene su consecuencia, favorable o desfavorable, dependiendo de cada caso. Los padres tienen la obligación, entre otras cosas, de no solucionar a los hijos todos sus problemas, aunque siempre es bueno echarles una mano que les ayude, pero su verdadera obligación, es dejarles que asuman sus efectos y que carguen con sus responsabilidades, incluyendo la repetición del curso escolar, si fuera necesario o conveniente para el hijo.

La rebelión de los torpes, es la que originan, voluntaria o involuntariamente, algunos padres que no quieren, no saben o no pueden, educar a sus hijos, para que saque provecho de los conocimientos, que las escuelas les ofrecen. Desgraciadamente, algunos son empujados a que posteriormente, se integran a los grupos llamados de los “Indignados”, de los “Niní”, de los “Perdedores” de los “Fracasados”, etc. Al no sentir pertenencia a la sociedad de “la era del conocimiento”, se sienten  autodesplazados y comienzan a rebelarse contra la propia comunidad, echando la culpa a todo, menos a que no estudiaron, cuando debían de haberlo hecho.

Las frustraciones de los hijos suelen, ser su mejor escuela de la vida, si es que las saben manejar. Los padres no deben atribuir solamente a los maestros, las frustraciones y fracasos de los hijos. Tienen que revisar con mucho detalle, los tres lados del triangulo, para analizar, cuales son las verdaderas causas que lo han  motivado, para hacer un plan de acción, que resuelva los problemas y así evitar, que vuelvan a ocurrir.

20 Sentencias sobre educar los padres.

1.      Donde no hay padres competentes, hay padres incompetentes.

2.     Educar es mostrar la vida, a quien aun no la ha vivido.

3.      El maestro transmite conocimientos, deja una huella imperecedera, abre los ojos y ayuda a crecer humanamente, gracias a su dedicación e interés.

4.      El mayor regalo que un padre puede hacer a un hijo, es educarlo.

5.      El padre debe enseñar, que el éxito es aprender a ir, de fracaso en fracaso, levantándose y sin desesperarse.

6.      Hay muchos más padres criticólogos, que solucionólogos.

7.      La educación no es solo memorizar palabras, es comprender las realidades que ellas representan.

8.      La figura paterna si no está suficientemente presente, en la vida de los hijos, tampoco será suficientemente positiva.

9.      La importancia de la educación, se nutre con la psicología de la educación, la sociología de la educación y la filosofía de la educación.

10.   La primera tarea de la educación es, enseñar a ver.

11.   Las palabras solo tienen sentido, si nos ayudan a ver mejor el mundo.

12.   Lo que conservemos y dejemos a nuestros hijos, es lo que dejarán a los suyos, que también son los nuestros.

13.   Los conocimientos nos dan, medios para vivir, y la sabiduría nos da, razones para vivir.

14.   Los hijos para perderse en la calle, previamente se han tenido que perder en el hogar.

15.   Los hijos son el pasado y el futuro, fundidos en un presente continuo.

16.   Los padres bien educados, son buenos padres, los mal educados, dejan mucho que desear y los hijos, pagan las consecuencias.

17.   Los padres sobreprotectores, forman hijos consentidos, muy proclives al fracaso.

18.   Para que haya un buen aprovechamiento en la escuela, debe haberlo primero en la casa.

19.   Sintiéndose mas educado, puede sentirse mas alegre y compartir esa alegría.

20.   Tan pronto, se nos ha hecho tan tarde, para tantas cosas.

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La política explicada a los hijos. (Votar o no votar)

ESCUELA PARA PADRES

La política explicada a los hijos. (Votar o no votar)

  • 15 Disculpas para no ir a votar
  • 14 Características positivas que tiene que tener la actividad política
  • 13 Derechos y principios universales, fundamentales e innegociables, que tienen que asumir los políticos
  • 4 Virtudes y valores humanos que deben tener los políticos reflejados en sus decisiones
    • El gran poder de los ignorantes
    • Los analfabetos en política
    • Los tontos útiles 
    • La dictadura de las minorías

3,307 Palabras. Tiempo de lectura 12:00 minutos

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Los padres tienen que estar muy  bien informados, sobre los temas políticos. Si no tienen una información lo más completa posible, proveniente de fuentes veraces e inteligentes, como van a poder educar a sus hijos en temas políticos. Y si no hablan de política a sus hijos, otros les hablarán y al encontrarles analfabetos en política, les convencerán de posiciones equivocadas.

En algunas sociedades dicen, que entre amigos o en las reuniones sociales, es de muy mal gusto hablar de política, religión o familia. Para esas personas, estas son asignaturas pendientes de aprobar. Para tener un amigo con el que, siempre con respeto, incluso con ideas opuestas o divergentes, no se pueda hablar de política, ni de religión, ni de familia, que son los tres temas más importantes del ser humano y solamente, se pudiera hablar del tiempo, deportes y artistas, es preferible cambiar de amigo.

Padres, no eduquen a sus hijos para que sean analfabetos políticos, ni analfabetos religiosos. Son los dos principales campos, donde las personas tienen que ser especialistas. Además, ambas cuestiones están, tan íntimamente relacionadas, que es imposible ignorarlas o separarlas.  En esas materias no vale ser ignorantes, inocentes o culpables, pues se paga un precio muy alto, en el curso de la vida. Pero tengan mucho tiento, para saber lo que tienen que decirles, según sean sus edades físicas y mentales.

Los analfabetos funcionales, política y religiosamente, son los que la mayoría de los políticos, quieren tener a su alrededor, porque así los pueden manejar mejor y engañarles fácilmente. Esos ignorantes, no se enteran de las decisiones que toman por ellos los políticos, hasta que es, demasiado tarde. Cuándo podrían haber cambiado el curso de las leyes, si hubieran puesto un poco de interés en la política, en las asociaciones que las respaldan, y en las posibilidades de ejercer su voto, cuando los políticos, lo piden sin condiciones.

Los ignorantes políticos tienen el gran poder de, que sin querer o queriendo, se convierten en la mano cruel, que ejecuta las sentencia de los políticos y amordazan a los hombres con sus gritos. Muchas veces son “los tontos útiles”, utilizados para que propaguen una serie de cosas sin sentido, que si no cayeran en las mentes de éstos, no habría manera de convencer a nadie. para que las propagaran. Llegan a convertirse en la “dictadura de las minorías”, al convertir a las mayorías, en los esclavos de sus decisiones, encerrándoles en el laberinto de sus acciones y opiniones, carentes de sentido colectivo. “Los tontos útiles” son los que han sido tratados como esclavos, en el mecanismo que convierte a la voluntad mayoritaria, en instancia suprema, encerrando a la humanidad en el laberinto de sus propios errores.

15 Disculpas para no ir a votar:

1.      No voy a perder mi tiempo haciendo largas filas para votar, aunque digan que se puede votar anticipadamente, en los 10 días previos sin hacer esperas, incluso votar por correo.

2.      No voy a votar aunque el tren de la oportunidad del cambio, pase solamente una vez y pierda la ocasión de cogerlo.

3.      No voy a votar porque el voto no sirve para nada. Vote lo que vote, siempre salen los mismos.

4.      No voy a votar porque esto actual, no es votar en democracia, pues los votos se consiguen con dinero y publicidad induciendo a los votantes.

5.      No voy a votar porque las cosas no van a cambiar, aunque vote. Es el fatalismo de que “La suerte ya está echada”

6.      No voy a votar porque los políticos, ya han dicho las cosas que para ellos no son negociables, y las que son negociables, no son importantes.

7.      No voy a votar porque nadie me va a dar nada por votar, ni nadie me va reclamar, ni nadie se va a enterar si no voto.

8.      No voy a votar porque ninguno de los candidatos, ni sus partidos políticos, tiene un programa o ideario que se ajuste a mis intereses.

9.      No voy a votar porque no me he informado bien, de las características de cada candidato y no se cual es el mejor, ni el peor, ni cual me va a dar y cual me va a quitar, de lo que tengo.

10.   No voy a votar porque no se a quien votar, pues no conozco sus historiales, ni sus propuestas.

11.   No voy a votar porque no votar, no me impide el que pueda criticar lo votado y obrar en su contra, con los medios legales.

12.   No voy a votar porque nunca han votado, ni mis padres, ni mi cónyuge, ni mis hijos, ni mis familiares.

13.   No voy a votar porque pierdo mi tiempo y mi dinero, en el desplazamiento.

14.   No voy a votar porque prometen muchas cosas, pero luego no cumplen ninguna y no se puede reclamar.

15.   No voy a votar porque todos los políticos son iguales, enseguida se olvidan de los que les han votado, y de las promesas hechas.

Ninguna de estas disculpas aguanta una discusión de 10 minutos. El que no emite su voto, está dejando su voluntad política en manos de sus competidores. El voto tiene que emitirse, bien sea como “voto afirmativo”, “voto de castigo” o “voto de protesta”, incluso aunque no haya un candidato ideal.

Los padres deben enseñar a sus hijos, los principios básicos de la política, llevándoles a que vean como sus padres votan y explicándoles, en un lenguaje entendible, las principales características de cada uno de los candidatos y las razones, por las que los padres ejercen sus votos.

Los padres deben enseñar a sus hijos que las decisiones que tome cada uno con  su voto, van a tener consecuencias personales y colectivas, por la que tienen que votar bajo el concepto de la moral. La decisión no puede ser pasional o generalizada, ni de forma positiva ni negativa. Tienen que estar convenientemente pensada y razonada en conciencia, además de sujeta a los intereses del bien común y no a los beneficios o conveniencias personales, familiares o de grupos exclusivos. 

Es cierto que la mayoría de las democracias actuales, no son perfectas, pero hoy por hoy, es lo mejor que los ciudadanos pueden conseguir y los padres, tienen que luchar para que por el bien de las presentes y futuras generaciones, no se pierda nada de lo conseguido. Las democracias nada más se pueden mantener, si los ciudadanos participan en la política. Esa participación tienen que ir enseñando los padres a los hijos, desde que son pequeños. Democracia significa libertad y posibilidades de vivir y seguir viviendo, en armonía y respeto.

Los padres deben animar a sus hijos, según sus edades físicas y mentales, para que se inicien en la actividad política y que se mantengan el mayor tiempo posible, ya que es una tarea comprometedora, importante y fascinante para la sociedad.

14 Características positivas que tiene que tener la actividad política. Tiene que ser:

1.      Confiable y beneficiosa para la sociedad, si se hace honrada y responsablemente.

2.      Conglomerante de las personas que quieren luchar para mejorar la sociedad.

3.      Educar a no dejarse manchar, por las posibles corrupciones o dineros ilegales o fáciles de obtener.

4.      Enseña a no abusar del poder, que los ciudadanos han depositado en los políticos.

5.      Facilita la posibilidad de servir a muchas más personas, a través de la ayuda a muchas organizaciones humanitarias, que haciéndolo una a una.

6.      Legitima la lucha honrada, para conseguir el poder político, cuando es con el objetivo de servir mejor, a las necesidades de la sociedad.

7.      Permite demostrar que los vicios son evitables: La corrupción, el egoísmo, la inmunidad, la impunidad, etc.

8.      Pone a prueba de los participantes, sus conocimientos y prácticas de las virtudes y valores humanos, además de las convicciones.

9.      Pone la magnanimidad y la prudencia, al servicio de la construcción de la sociedad.

10.   Servir a los demás y no para servirse de ella uno mismo, como si fuera un negocio.

11.   Supone desprenderse de uno mismo, para darse a los demás, trabajar más para dar, que para recibir.

12.   Tener en cuenta el respeto a las personas, especialmente a las más débiles y necesitadas.

13.   Trabajar para que lo que une a las personas, sea más fuerte que lo que les separe, teniendo en cuenta los intereses, las opiniones y las convicciones de todos, sin excepción y empleando el bien común.

14.   Una escuela de aprendizaje para ejercer la tolerancia y los conocimientos, al tener que enfrentarse con ideas opuestas y divergentes.

Después de la religión, la política es lo más importante, pues es un  cauce privilegiado para el ejercicio de la caridad y para la santificación personal, en el servicio al bien de los otros. Existe un modo cristiano de comprometerse en la política y de apegarse, apasionarse y sufrir por ella, en función de las convicciones y valores.

Vale la pena ejercer la política, aunque eso esté reñido, con las personas que no tengan una conciencia bien formada, en las virtudes y valores humanos. Con las que sean irresponsables, superficiales, tibias, indiferentes o que estén preocupadas excesivamente, por el éxito y la popularidad y que no trabajen, de modo comprometido y competente, en favor de los intereses y necesidades de sus prójimos, aunque les suponga riesgos y sacrificios.

El gran poder de los ignorantes políticos, suele producir unas consecuencias irreparables, porque permite que se ejecuten las sentencias emanadas de las perversas o crueles legislaciones, que algunos políticos promueven. Además escapan a toda posibilidad de rectificación, al estar respaldadas por las mayorías numéricas, que ejercieron sus votos. Al final, los ciudadanos se encuentran obligados a cumplir esas leyes injustas, quedando prácticamente amordazados, mediante el rodillo del poder político, económico y mediático. Solamente unos ciudadanos bien formados, política y socialmente, pueden evitar que el triunfo de las decisiones, quede en manos de una gran mayoría denominada “ignorantes políticos”.

Los padres deben enseñar a sus hijos, a que nunca se dejen engañar políticamente y mucho menos en tiempo de elecciones, ya que  algunos políticos, intentarán sofisticadamente, manipularles la voluntad, para controlarles psicológicamente, alagándoles las pasiones hasta obnubilarles el criterio. Así les hacen legitimar las leyes inmorales, con el resultado de sus propios y desprevenidos votos, convirtiéndoles por su ingenuidad, en “responsables ignorantes”.

La cultura de lo políticamente correcto, suele tener una gran disonancia, entre la ética religiosa y la cultura de la política dominante, que pocas veces está basada en la ética, la razón y el estudio. No se puede apoyar una idea política, por muy dominante que sea, ni porque el rechazarla, vaya en contra de la moda, de lo políticamente correcto. La formación política, cada vez es mas importante inculcarla a los hijos, desde que son pequeños, para que posteriormente, no haya errores de discernimiento y apreciación.

La Revolución Francesa, con todos sus graves errores y algunos aciertos, fue la que afirmo los claros conceptos políticos de igualdad, libertad y fraternidad, la división y separación de los tres poderes: Legislativo, judicial y ejecutivo. También la preponderancia de la asamblea popular o el congreso, sobre los otros poderes, lo que es en realidad, un manual sobre la naturaleza humana y de como se organiza la sociedad.

Los políticos tienen que luchar con sus programas, para defender los derechos sociales inalienables de las personas, que son una parte muy importante, de los derechos humanos, vinculados a la dignidad de las personas, como:

12 Derechos y principios universales, fundamentales, irrenunciables e innegociables, que tienen que asumir los políticos, en sus decisiones para con los ciudadanos y como filosofía de su vida personal.

1.      El derecho al respeto y a la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural.

2.      El derecho a la familia, fundada en el matrimonio entre hombre y mujer.

3.      El derecho a la promoción del bien común, en todas sus formas.

4.      El derecho de los padres a la educación de sus hijos.

5.      El derecho a cuidar la salud, de todos los ciudadanos.

6.      El derecho a tener una digna pensión económica, para poder sobrellevar la vejez.

7.      El derecho a tener prestaciones sociales, adecuadas a cada situación personal y familiar.

8.      El derecho a tener ayudas suficientes, en caso de desempleo.

9.      El derecho a tener unas condiciones dignas del trabajo, encuadradas en las leyes laborales. 

10.   El derecho a tener una vivienda digna.

11.   El derecho a tener una buena alimentación y a no pasar hambre.

12.   El derecho a tener plena libertad religiosa, no solamente libertad de culto.

13.   El derecho a tener bien administrados y con honradez los bienes públicos.

A todo derecho corresponde una obligación. Establecer y mantener estos derechos y principios innegociables, cuesta dinero, este debe proveerlo el Estado, a través de una política fiscal adecuada, a las características de la población. Si no puede ser a través de impuestos equitativos, deberá ser con préstamos fiscales o trabajos sociales, pero todos los ciudadanos, deben contribuir a que estos derechos, sean una realidad. No es una verdadera nación, la que tiene ciudadanos de segunda categoría, que no puedan disfrutar de estos derechos, otros que se inhiban de sus correspondientes obligaciones, ni otros que abusen con trampas legales, de los beneficios sociales, que el Estado les da gratuitamente.

Estos principios no son negociables, a la hora de ir a votar. Los políticos y los legisladores, conscientes de su grave responsabilidad religiosa, política y social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar, leyes inspiradas en los valores fundados, en la naturaleza humana. Tiene una importancia particular para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre estos principios.

Los padres deben inculcar a sus hijos, el compromiso de luchar, con todos los medios legales permitidos, para elegir a los políticos, que se comprometan a combatir las injusticias sociales, que son las causas principal del odio y violencia, que padecen todas las sociedades. La “obediencia política” es la que los regímenes políticos totalitarios obligan a cumplir a sus súbditos, bajo graves penas de prisión o castigos. El primer objetivo político, es salvaguardar y valorar al hombre, la persona en su integridad, pues el hombre es el autor, el centro y el fin, de toda la vida política, económica y social.

4 Virtudes y valores humanos que deben tener los políticos reflejados en sus decisiones:

1.      Fortaleza, para evitar o frenar el efecto desmoralizador de la incomprensión, de la ingratitud, de la traición, de la inmunidad, de la impunidad, de la extorsión, etc.

2.      Justicia, para evitar o frenar la tentación de inclinarse por lo útil, beneficioso o conveniente, sacrificando la obligación de darse a uno mismo y a cada uno. lo suyo.

3.      Prudencia, para evitar o frenar el desbocamiento intemperante, que lo mismo precipita a la acción, que la anquilosa, por abulia o cobardía. Es la virtud que regula el uso de las demás virtudes.

4.      Templanza, para evitar o frenar el orgullo y el engreimiento, que puede deparar el éxito, y la desesperación, que puede producir el fracaso.

Los padres, a determinados políticos, deberían hacerles una evaluación continua y acumulativa, de lo que hacen y dicen, manteniéndola expuesta públicamente, con el fin de que sus barbaridades y defectos valorables, no se vayan olvidando poco a poco y los hijos, sepan lo que tienen que hacer, para no dejarse convencer, solamente por las campañas mediáticas. Evaluarles según estos principios básicos, más otros motivos, que puedan aplicar a cada caso. Evaluar las repercusiones de los votos emitidos, durante sus legislaciones, sus prácticas religiosas, sus comentarios, su vida personal, sus capacidades de todo tipo, etc.

Los padres deben involucrarse, en los procesos políticos de su sociedad, para que los hijos sigan el ejemplo. Algunas veces, tendrán que pagar el precio del seguimiento político, porque serán catalogados públicamente, según los principios que preconicen.

La religión y la política, son los principales cimientos y columnas que sostienen a la sociedad. A mayor fortaleza, unión y entendimiento entre esos dos pilares, esta mucho mejor se desarrollará. No se pueden separar estas actividades, por mucho que algunos gobernantes pretendan disuadirles a los ciudadanos, de que deben estar separadas. Separadas todo lo que quieran, pero siempre serán complementarias.

Tiene que haber más sociedad en la política y más política en la sociedad. El gobierno debe ser del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, para que las cosas vayan bien y para que mejoren. No es lo que los políticos puedan hacer por el pueblo, es el pueblo el que tiene que ayudar a los políticos, para que gobiernen bien, en beneficio de todos.

Los padres deben enseñar a sus hijos, a que analicen con toda meticulosidad, los antecedentes religiosos, sociales y políticos de los candidatos políticos, pidiendo consejo a los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que procesen. La conducta de los políticos, privada y pública, marcará sus futuras decisiones políticas, que influirán enormemente, en la vida de los ciudadanos. Por lo tanto, si los políticos llevan o han llevado una vida llena de errores morales y sociales, es seguro que el mandato que reciban democráticamente con los votos, servirá para que sigan haciendo el modelo de vida, que siempre han llevado y sus errores impregnarán todas las medidas políticas que tomen.

Ya no es la época de las grandes o pequeñas marchas, con pancartas o manifestaciones públicas, huelgas, plantones, etc. Ahora es la época del activismo político inteligente, formando grupos de presión política, principalmente utilizando el gran poder de las redes sociales y las páginas en Internet para animar a votar, crear opinión política, la transmisión masiva de noticias, rompiendo mitos, contestando falacias, etc.

La religión rellena los huecos que la política no puede, no sabe o no quiere llenar. La religión, es la que mejor juzga el comportamiento de los políticos, ante la insatisfacción de los principios más elementales en los ciudadanos, pues vive los problemas de los más desfavorecidos. Algunos políticos dan soluciones a las apetencias de los ciudadanos más favorecidos, para que les mantengan en el poder con sus votos.

Los políticos no se olvidan  del poder de la religión, pues saben y así la adulan, que en un solo Domingo o “fin de semana” la religión reúne mas personas, que todos los políticos en un año, y hacen llegar mejor sus mensajes. Por eso tienen mucho interés de comunicar continuamente, la separación de la religión y el estado, pero en épocas de votaciones, andan siempre corriendo de Iglesia en Iglesia, para conseguir los votos de los feligreses, sean de la religión que sean.

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La discreción e indiscreción en la familia

ESCUELA PARA PADRES

La discreción e indiscreción en la familia.

  • 10 Cuestiones que los padres tienen que enseñar a sus hijos sobre la discreción
  • 17 Cuestiones para enfrentarse a la indiscreción y evitarla
  • 10 Acciones que demuestran la virtud de la discreción en el mundo de la medida, de la mesura y de la oportunidad
  • 20 Sentencias sobre la virtud de la discreción

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La discreción es la virtud de tener y demostrar la sensatez, para formarse un buen juicio y tener el  tacto para hablar u obrar. Actualmente es el escaso don social, de expresarse con agudeza, ingenio y oportunidad, utilizando la razón, el arbitrio,  la voluntad y el buen juicio, que debe alumbrar a los adultos, sin tasa, ni limitaciones. Se relaciona casi exclusivamente con el modo de comunicación, que se puede establecer entre dos partes.

La discreción es la práctica mediante la cual, determinado tipo de información, es mantenida en secreto o transmitida de manera prudente y cautelosa, de acuerdo solamente a la información que se solicite o lo que se deba comentar. Siempre según el criterio y formación particular, que supone la no transmisión de ciertos datos, debido a razones éticas y morales. Sirve para establecer vínculos de confianza entre las personas, evitando que se generen confusiones, entredichos y discusiones.

La indiscreción vende muy bien en los medios de comunicación, aunque la quieran disfrazar para quitarle hierro, con el nombre de “chisme”. La realidad es que ese “chisme”, puede hacer mucho daño, a pesar que divierta a algunos y aumente el número de lectores, oyentes o telespectadores. El “chisme” suele ser también propiciado y fomentado por los mismos artistas o personajes, aunque luego se vean envueltos en problemas de mala imagen, imposible de modificar. Así como se juzga y se mide a otros, se es medido y juzgado, por eso lo de los “chismes” de terceros, terminan casi siempre rebotando contras los que los lanzan o pregonan.

10 Cuestiones que los padres tienen que enseñar a sus hijos, sobre la discreción:

1.      En el vestir. No solamente en la forma y calidad de las ropas, mucho más importante es la discreción, en lo que deshonestamente se deja sentir a los demás, provocándoles malos pensamientos o acciones impúdicas, obscenas, indecentes, etc. Y esto se debe empezar desde los primeros años, para que se convierta en hábito.

2.      En hacer lo que se debe hacer. En no decir lo que no conviene decir, en no hablar de lo que no hay que hablar, en no querer oír lo que no tiene que oír, en no mirar lo que no tiene que mirar, en no preguntar lo que no debe preguntar, etc.

3.      En la cantidad, calidad y tiempos de comer y beber. Para la propia salud e incluso cuando se es invitado, pues si no se hacen las cosas discretamente, se puede correr el riesgo de enfermarse, perder el control mental por excederse, o quedar como un mal educado por abusar.

4.      En la forma de expresarse, pues la discreción puede evitar que los defectos de los demás, se conviertan en dominio público. “El que es indiscreto con los secretos ajenos es un traidor, pero el que revela los suyos, es un necio”.

5.      En la forma y fondo de hacer caridades o favores, de forma que no haya ostentaciones y que nadie pueda sentirse humillado. Lo que haga la mano derecha, que no se entere la mano izquierda.

6.      En las miradas, principalmente al otro sexo, pues dependiendo la indiscreción de un miramiento descarado y sin ningún recato, puede continuar con malos pensamientos y posteriormente, con actos deshonestos, sin que quepa la disculpa de la provocación.

7.      En los comentarios sobre otras personas o casos, que involucren determinadas situación privadas o graves. Todos el mundo tienen derecho, a que se le respete la fama y que esta no quede disminuida, alterada o manchada, simplemente por la falta de discreción de otras personas.

8.      En los signos externos de vida. Las grandes acciones, soportadas con la práctica de las virtudes y valores humanos, siempre se han hecho discretamente, sin alborotos ni campanadas. El bien hay que intentar hacerlo con mucha discreción, y a poder ser, que salga directamente de nuestra conciencia.

9.      En mantener secretos o confidencias familiares, profesionales o sociales privados e incluso cuando ya son públicos y notorios, principalmente porque si se propagaran, pudieran causar daños irreversibles a ellos mismo o a otros. A nadie hay que contarle las intimidades o problemas familiares. “La ropa sucia se lava dentro de la casa”.

10.   En su conducta personal o como grupo social ante familiares, amigos, colaboradores u otros segmentos de la sociedad, que sean menos favorecidos o diferentes. Sin presumir de signos externos de riqueza, prepotencia, pedanterías o presunciones. Es difícil, pero no imposible mantenerse con discreción, en la familia y sociedad. 

La virtud de la discreción en los padres, tiene que ser definida en función de la práctica y enseñanza de las virtudes y valores humanos, para asegurar lo más posible, la educación de sus hijos y la familia. Lo que conserven y dejen a los hijos, es lo que ellos dejarán a los suyos, que son también de los abuelos. 

Los padres bien informados y formados, son buenos padres, los otros dejan mucho que desear. No pueden enseñar contradictoriamente a sus hijos, a ser discretos en unas cosas e indiscretos en otras. Esta situación antagónica, sería incompatible con las relaciones familiares y sociales. Nadie debe tener esa dualidad de comportamiento. No van a poder ni saber elegir, en qué cosas debe tener una actitud u otra.

17 Cuestiones para enfrentarse a la indiscreción y evitarla:

1.      Piense con discreción y sinceridad, para que haya un adecuado clima de confianza con los hijos y así, puedan explicar sus intenciones, ideales, preocupaciones, problemas y alegrías.

2.      Piense cuando esté indignado, aunque sea justa la indignación, que en esas ocasiones, siempre se dice mucho más de lo que se debería decir y se puede caer, muy fácilmente, en la indiscreción.

3.      Piense cuando se sienta abrumado por los problemas y humillaciones, en los que le han metido, ser más discreto en lo sucesivo, debe tomarlo como un escarmiento.

4.      Piense discretamente, en no imponerse y en no coaccionar, para ayudar a que surja la comprensión y la sinceridad, que ayudarán a observar, reconocer y solucionar mejor los problemas, que se le presenten en la familia y en la sociedad.

5.      Piense en cómo enfrentarse al vicio de la indiscreción, cuando le sugieran que cuente algo, que no deba hacer o cuando crea, que con esa indiscreción va a tener “su minuto de fama”, en contra de las horas de daño, que le supondrán a otras personas.

6.      Piense en dar consejos discretamente y en el momento oportuno, sin ironías, bromas, ni burlas, evitando los momentos de ofuscación y pérdida de nervios, buscando siempre el tiempo apropiado para dialogar con sinceridad, confianza, calma, serenidad, respeto y cariño.

7.      Piense en no tener miedo a ser discreto. Si se esfuerza en intentarlo, siempre encontrará la forma eficaz de conseguirlo.

8.      Piense en que algunas veces, tendrá que ceder y discretamente, retirar lo dicho o hecho, pues no es conveniente ganar todas las batallas de la educación, cuando el objetivo final, es ganar esa difícil guerra, que es la educación familiar, en la práctica de las virtudes y valores humanos.

9.      Piense en ser congruente y con convicciones sólidas, razonando y actuando, con todo lo que ha aprendido, sobre la discreción y la indiscreción.

10.   Piense en ser muy discreto, con sus obras buenas pero sin ocultarlas, a no ser que sean para dar ejemplo o que puedan servir como ejemplo para otros. Traten de ahogar el mal, con la abundancia del bien.

11.   Piense lo que Vd. opinaría de las indiscreciones, si alguien contara algunas cosas de su estilo de vida, actual o pasada, de su negocio, de su vida laboral o familiar, que Vd. no quiere que se conozcan. Ver la paja en ojo ajeno y no ver una viga en el propio.

12.   Piense previamente las cosas dos veces y después no las haga, cuando crea que lo que va a decir, es una indiscreción.

13.   Piense que indiscreción, es sinónimo de debilidad, torpeza, desacierto, impertinencia, irreflexión, etc.

14.   Piense que la discreción es sinónimo de prudencia, sencillez, moderación, ponderación, recato, secreto, reserva, etc.

15.   Piense que opinaría, si esa indiscreción alguien la tiene con temas de sus padres, cónyuge, hijos, organizaciones religiosas, partido político, etc.

16.   Piense que una cosa es ser discreto y otra no querer callar ni debajo del agua, aunque se ahogue.

17.   Piense si su indiscreción, pudiera hacer daño al alguien, que le pudiera llevar a los tribunales y estos le castigaran con cárcel o dinero.

Los padres deben tener en cuenta, que sus hijos y la sociedad les están mirando continuamente y con ojos muy críticos, pues esperan de ellos, lo mejor de lo mejor. Por lo tanto tienen que ser conscientes, de la responsabilidad que tienen de hacer bien las cosas, para poder ser modelo de educación, ante propios y extraños.

La discreción debe ser un punto de referencia de los padres, para la educación de las futuras generaciones, hijos y nietos. Con su testimonio coherente y generoso, al practicar y enseñar esta virtud y valor humano, comunicarán a los hijos el gusto de lo arduo, el sentido de la disciplina, el valor de la honradez y la alegría del altruismo, impulsándoles a afrontar los problemas de la vida con mucho empeño y entusiasmo. Los hijos tienen necesidad, de que sus padres sean los lideres que les guíen, para que no se dejen llevar por lo que hagan y digan, los ídolos humanos que continuamente les presentan la sociedad, a través de los medios de comunicación.

Los padres deben enseñar muy claramente, el daño que se puede hacer si no se tiene discreción, a la hora de enviar o renviar fotografías, información o noticias, a través de los medios virtuales, pues hecho con indiscreción puede hacer mucho daño, la mayoría de las veces con resultados irreparables.

Lo padres deben enseñar que no es lógico, ser un día discreto y al día siguiente ser el parlanchín representante de los indiscretos. No se puede vivir con reacciones pendulares, entre la discreción y la indiscreción, tiene que haber una fuerte y consolidada coherencia, entre lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer, lo que está bien, dónde está el bien y lo que debe hacerse bien, lo que se piensa y lo que se hace. Cuando la conciencia moral de las personas, está anestesiada por el ruido externo de la sociedad, que preconiza la inhibición frente a las situaciones familiares y sociales, se pierde el concepto de la discreción y comienza el irreparable campo de la indiscreción, que imposibilita el mejorar las relaciones entre familiares, amigos y sociedad.

Debería haber una especie de detector de mentiras, que pudiera medir, previamente a nuestras decisiones, el grado de discreción e indiscreción de los comentarios, que se fueran a hacer. Así se evitarían, situaciones irreversibles como son las indiscreciones sacadas a la luz o pública, que después es imposible volverlas a tapar.

Los padres tienen que enseñar a los hijos, a ser arquitectos de sus propias decisiones. Pero solamente podrán enseñar a construirlas bien, cuando ellos sean ejemplos vivos de la discreción. No vaya a ser que los hijos les estén sorprendiendo, continuamente, en indiscreciones imprudentes.

            Los padres deben profundizar en la educación de los hijos y enseñarles, entre otras virtudes, la de la discreción, que hoy en el ambiente actual, no es muy usual practicarla. Una de las pruebas de la discreción de los padres, es que jamás deberán contar a nadie, a no ser por motivos muy graves, las confidencias serias, que les hagan los hijos.

            La discreción en los padres se demuestra también, en el saber escuchar a los hijos con paciencia, cariño, atención y empatía. Para que los hijos puedan tener ideas inteligentes, los indecisos sepan inmediatamente decir lo que quieren, los tímidos se sientan libres, sin ataduras y valerosos, los agobiados por sus cuestiones, se sientan confiados y alegres y los infelices o tristes, descubran que son importantes para los padres.

            Ser discreto, no es ser hipócrita, farsante, ni mentiroso, al contrario, es una virtud que proviene de haber estado acostumbrado a hacerlo, hasta convertirlo en un hábito. Posteriormente se practica sin ningún esfuerzo y se hace de manera natural, como todas las virtudes, una vez que están bien consolidadas en el comportamiento, preocupándose por los demás, intentando ser agradable.

Los padres deben saber, que sus hijos tienen gérmenes y presiones familiares y sociales de buenas y malas tendencias, y que cuando sean mayores, cada cual, será responsable en la medida en que permitan a estas tendencias, adueñarse de su persona. Ser discreto no es sólo cuestión de dominio de carácter. Requiere sobre todo, deseo de aprender a serlo, deseo de enriquecerse con las aportaciones de los demás.

Los padres deben inculcar a sus hijos, que un complemento de la virtud de la discreción, está en que sean de cualidades corrientes y apariencias modestas y siempre perseverantes y leales en la amistad, que contagian a su alrededor alegría y serenidad, para que su vida parezca a los demás, como una luz, como una claridad, como un estímulo. Pero ese brillo y esa luz, solamente se consiguen después de muchos años de esfuerzo, para ser discreto. No se trata de una virtud, que viene de nacimiento, depende de la educación que se ha recibido y del esfuerzo de cada uno, pues todos somos responsables. Ahí está el modelar la tendencia de los niños a la discreción, a no llevar “cuentos” sobre cosas que otros hacen, pues eso les crea la enemistad de sus amiguitos, incluso el bullying.

Algunos hijos mientras escuchan, están pensando en las respuestas que van a dar, por lo tanto, no escuchan plenamente lo que les dicen sus padres. Pero hay otros que escuchan de verdad, con atención y con verdadero deseo de comprender y aprender, sin dejarse arrastrar por el inmoderado afán de hablar o de rebatir lo que oyen. Estos son los que saben escuchar de verdad y se hacen cada vez más valiosos, haciendo que la persona que les habla, se sienta también más valorada y querida.

10 Acciones que demuestran la virtud de la discreción en el mundo de la medida, de la mesura y de la oportunidad:

1.      Discreción es actuar noble y educadamente en el juzgar, en el obrar, en el hablar, en el mirar, en la practica de la humildad, en el saber escuchar, en mantener un carácter  simpático y agradable, etc.

2.      Discreción es hacer o no hacer lo que sea más conveniente, para el buen comportamiento familiar y social, no lo que más guste, incluyendo el decir o no decir, el callar de lo que no se debe hablar, en no enjuiciar lo que no incumbe, en escribir sobre lo que no se debe escribir, etc.

3.      Discreción es llevar un estilo de vida sobrio y moderado, evitando los excesos en todos los órdenes, incluyendo el lenguaje y los gestos peyorativos. Lo que hoy se define como “perfil bajo”.

4.      Discreción es no divulgar las intimidades, mezquindades, defectos, miserias, debilidades, vulgaridades y ordinarieces de las personas, aunque algunas se empeñen en mostrarlos, a través de los medios de comunicación.

5.      Discreción es no hacer comentarios que irriten, incomoden o violenten a otros.

6.      Discreción es no hacer preguntas inoportunas o que pudieran llevar a respuestas indiscretas, ya que las consecuencias de las indiscreciones, pueden tener resultados irreparables, tanto en personas adultas, como en niños.

7.      Discreción es no llamar la atención, en la manera de comportarse, cuidando los gestos, posturas, palabras inapropiadas, vestimentas, maquillajes, etc.

8.      Discreción es practicarla continuamente, en la forma de hablar y actuar a tiempo, y con medida del tiempo.

9.      Discreción es procurar entonar con el ambiente familiar y social, más que sobresalir en él, con afán de un protagonismo ridículo, que es la indiscreción que ridiculiza, expone y desfigura tanto a las personas.

10.   Discreción es realizar las acciones con delicadeza, fineza y prudencia.

11.   Discreción es saber proteger y no violentar, las intimidades de la vida propia o de la ajena, que pueden ser desde secretos, frustraciones, miedos, insatisfacciones, hasta deseos y ambiciones.

Padres, eviten que sus hijos se sientan traicionados, si Vds. revelan indiscretamente las confidencias secretas, que les han hecho, en base a la sinceridad y confianza filial. Algunas veces los padres por vanagloria, hipocresía, deslealtad o por no ser menos que otros, cuentan cosas familiares, que tendrían que haber quedado, dentro de las paredes del hogar.

20 Sentencias sobre la virtud de la discreción:

1.      ¿De que sirve ser indiscreto, si se llena uno de pesar y luego hay que ir a disculparse, discretamente, para quitar el remordimiento?

2.      Callando es como se aprende a oír, oyendo es como se aprende a hablar y hablando se aprende a callar.

3.      Como pretendes que otro guarde tu secreto, si tú mismo, al confiárselo, no lo has sabido guardar.

4.      Corregir con discreción, para que nadie más se entere.

5.      La discreción es no decir más, de lo que haga falta, a quien haga falta y cuando haga falta.

6.      La discreción es tener más, que lo se muestra y hablar menos, de los que se sabe.

7.      La discreción es una virtud, que en determinados grupos sociales, no tiene cabida, pues están llenos de patrañas, embustes, calumnias y chismes.

8.      La discreción es una virtud, sin la cual es imposible practicar las otras.

9.      La discreción está íntimamente relacionada, con el silencio de las personas, parcas en palabras y largas en hechos.

10.   La discreción, aunque no la comprendan, es naturalidad y delicadeza. La indiscreción esta llena de egoísmo e incomprensiones.

11.   La indiscreción consume muchas energías: En cómo hacerla, en cómo arreglar lo hecho mal y en cómo quitar. el mal sabor de boca de lo hecho.

12.   La mejor fuente de información, son las personas que han prometido no contárselo a otros.

13.   La verdadera discreción no es triste, antipática y aburrida, sino extremadamente alegre.

14.   Lo que no quieras que se sepa, no lo digas a nadie.

15.   Los charlatanes son los hombres más discretos: hablan y hablan y no dicen nada.

16.   Parecer discreto, vale tanto como entender una cosa, y es mucho más fácil.

17.   Quien no puede guardar sus pensamientos dentro de sí, no será capaz de guardar los de los demás.

18.   Se discreto contando las cosas a tu amigo, para que este, no las pueda contar a sus amigos.

19.   Si no quieres que se sepa, no lo hagas.

20.   Te arrepentirás menos veces por haber sido discreto, que por haber sido indiscreto.

La discreción debe afinarse muchísimo, cuando se trata de corregir a los hijos. Hay que poner por delante, los criterios imprescindibles de la educación familiar, como son el amor, la comprensión y la inteligencia. La corrección indiscreta, dura, implacable o drástica, pierde toda eficacia. Puede ser una falta que descalifica a los padres y pierde efectividad ante los hijos.

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El vicio del juego (ludopatía) y su influencia en la familia

ESCUELA PARA PADRES

El vicio del juego (ludopatía) y su influencia en la familia.

  • 13 Frases comunes de los jugadores, aspirantes a ludópatas
  • 22 Situaciones indicadoras, de que ya se ha consolidado el vicio del juego o la ludopatía
  • ¿Qué es la ludopatía?
  • Los casinos, lotería del Estado y juegos de azar

3,373 Palabras. Tiempo de lectura 12:00 minutos

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            Cuando el juego, sea de azar, de suerte, de habilidades o una mezcla de ambas, se convierte en vicio y conlleva dinero, se denomina ludopatía, que es una enfermedad de naturaleza progresiva y contaminante, incluso si los resultados del juego de ganar o perder, no dependen de la habilidad o destreza del jugador. Pasa de ser un ejercicio o juego recreativo sometido a reglas, a convertirse en una adicción patológica, muy difícil de suprimir.

            Es muy diferente el tipo de juegos de mesa o similares, que se realizan en familia, para entretener y enseñar a los hijos las reglas de los juegos y las destrezas e imaginación necesarias, practicando las virtudes de aceptación, conformidad y humildad, cuando pierden o ganan.

            En época de crisis económica y social, es cuando más abundan los jugadores desesperados o ludópatas, que son convencidos que jugando, incluso solamente un poco de dinero, se van a hacer ricos inmediatamente y sin ningún esfuerzo, y que los beneficios obtenidos son para mejorar las escuelas, la asistencia social, etc. Esas propagandas engañosas, son para que los jugadores sean vean mentalmente liberados, de un posible remordimientos de conciencia.

Desde el mismo Estado se fomenta el vicio del juego, pues es una manera de que los ciudadanos poco formados, paguen impuestos voluntariamente. Para eso están las loterías en sus múltiples variantes. Las apuestas en los casinos con sus ruletas, juegos de naipes, dados, etc. Mas las apuestas en quinielas de futbol, las carreras de caballos, de perros, de deportes y un largo etc.

            En la familia que entra el vicio del juego, comienza una carrera sin fin, hasta que le llega la ruina económica y la degeneración moral y social. El juego con dinero no tiene final, el que juega siempre pierde, a la larga o a la corta. Es un vicio que atrapa, como si fuera el vicio de las drogas. Hace falta tener una enorme fuerza de voluntad, para salirse de la ludopatía. Todos los ludópatas creen que ellos van a dominar a la ruleta, a los naipes, a los dados, etc.

13 Frases comunes de los jugadores aspirantes a ludópatas:

1.      Además si pierdo hoy, puedo pagar mañana o en pequeños plazos.

2.      Casi todos mis amigos van al casino y a mi me da vergüenza, que me digan que soy un tacaño o que no voy, porque mi cónyuge no me deja ir.

3.      He hecho mis cuentas y nunca salgo perdiendo. Algunas veces, solamente pierdo un poquito.

4.      Me dicen que los beneficios son para obras de caridad.

5.      Me lo paso muy bien, por muy poco dinero o gratis, almuerzo, veo un espectáculo y me divierto.

6.      Nadie se va a enterar, pues ese dinero es mio y me lo puedo gastar cuando quiera, como quiera y donde quiera. A mi cónyuge ya le doy lo suficiente para que mantenga la familia.

7.      No me importa que me digan, que con mi presencia en los casinos y mi dinero, estoy contribuyendo al posible lavado de dinero, de los narcotraficantes o del crimen organizado.

8.      No tengo porque dar cuentas a mis hijos y a mi cónyuge, dónde gasto el dinero, al fin y al cabo, lo gano yo.

9.      Quiero demostrar a esos ignorantes del casino y a mis amigos, que yo se jugar mejor que ellos y que les voy a ganar.

10.   Tengo el control y la fuerza de voluntad suficiente, para dejarlo cuando quiera.

11.   Todos no pueden permitirse el lujo, de jugar continuamente y yo si puedo.

12.   Total si solamente es jugar un poco, cuando yo quiero o veo que pierdo, me retiro.

13.   Y si me hago rico ¿Qué?

            La ludopatía no tiene, como otros vicios, un límite fisiológico en su práctica, donde llega un momento que, físicamente, los viciosos ya no pueden consumir más drogas o más alcohol, puesto que se marean, enferman o les faltan fuerza para continuar. Pero el ludópata nunca se cansa, pues mientras tenga dinero o capacidad de crédito, puede seguir jugando hasta que pierda todo el patrimonio presente y futuro de la familia, y dejarla en la más grave de las miserias.

            Padres, tengan mucha precaución cuando alguien les sugiera o invite, a visitar un casino y les propongan jugar un poco. Ese poco, podría llegar a ser el inicio de un camino sin retorno, hacia la ludopatía. La industria del juego, ya se encarga de ofrecer gratis, incluso dinero para jugar y que así pruebe y se quede enredado y seducido en el juego, además de cupones para comidas, apuestas, bebidas, espectáculos, etc. que le guste a sus futuras victimas y se enganchen, a poder ser irreversiblemente, en jugar todo lo que puedan o tengan. La industria del juego, sea privada o del Estado, se instala para el beneficio de unos pocos, en el detrimento de muchos, generando graves consecuencias personales.

            Padres, sus hijos les están mirando, con una lupa de aumento todo lo que Vds. hagan. Si les ven asistir a los casinos, a sitios de juegos, jugar loterías, etc. tendrán grandes dudas, en discernir si tienen que hacer lo que Vds. les dicen, o lo que Vds. hacen. El mejor ejemplo que pueden dar a sus hijos, es no asistir jamás a esos sitios, por mucho que les apetezca visitarlos. Además de explicarles que uno de los principales motivos es, el “no caer en la tentación” alejándose del peligro de ella.

            Hay algunas personas enfermas de ese vicio, que estando en el proceso voluntario de querer curarse, tiene el coraje de pedir a los casinos y centros de apuestas, que no les dejen ni entrar, ni mucho menos jugar. Es muy difícil mantener esa postura, pues la publicidad que desarrolla la industria del juego es legal y está a todas horas, fomentando que las personas jueguen continuamente, bajo la promesa de que posible, alguien se haga rico. Cuando la realidad es que en los juegos, los únicos que se hacen ricos son los propietarios, los operadores, los que los autorizan y los que los patrocinan.

            Los padres tienen que dar muy buen ejemplo a los hijos, enseñándoles a que nunca, deben jugar intermediando dinero. No vale decirles que pueden hacerlo, aunque nada más sea en cantidades pequeñas y que tengan control de lo que hacen. Ese control el muy difícil tenerlo, por no decir imposible, ya que la tentación humana, de hacerse rico o de ganar dinero sin esfuerzo, es muy grande. Uno de los problemas frecuentes es, cuando en la primera ocasión del juego se gana, poco o mucho. Esa es la puerta por la que pueda entrar el vicio del juego, pensando que todo va a ser tan fácil, como en esa ocasión. Es preferible que la primera vez se pierda lo jugado, para que se quiten las ganas de seguir jugando.

Algunos padres incluso inducen o permiten que para divertirse, los hijos jueguen pequeñas cantidades en los casinos o lugares de juegos, para que “prueben suerte”, pensando que eso no les va a hacer daño, sin darse cuenta, que lo que los padres consideran pequeñas cantidades, para los hijos sean grandes cantidades y en ocasiones, se juegan todo lo que tienen. Esto les crea frustraciones, que les pueden servir de enseñanza o les crea un hábito, que les aficiona al juego y a las apuestas colectivas.

            El extremo del peligro del juego, supone jugar a “la ruleta rusa” donde el juego puede terminar en muerte. Ahí si se pierde, no valen los arrepentimientos, ni las revanchas, ni las nuevas oportunidades, para resarcirse de lo perdido. En ese juego cuando se pierde, no hay marcha atrás.

            La ludopatía de los jóvenes, con las maquinas de video juegos y las otras pantallas electrónicas. Ese vicio del juego o de la presencia ante las pantallas, les trae consecuencias graves, pues aunque no les quita el dinero, les quieta su precioso tiempo, que es mucho mas importante y necesario para su educación, que el poco o mucho dinero que un joven podría tener.

La ludopatía es un vicio, aunque algunos la denominan enfermedad, para quitarles la responsabilidad a los jugadores compulsivos. Intentan que los programas de curación de la ludopatía, sean pagados por las empresas aseguradoras, lo que supondría que esos costos serian repercutidos entre todos los asegurados. Quitar otro vicio voluntario de la sociedad, con el dinero de todos. Otra muestra de la continua tiranía de las minorías.

Hay algunas banderas rojas, que indican el principio del problema real del vicio del juego. La ludopatía, aunque todavía no haya sido clasificada como enfermedad, siempre comporta consecuencias familiares, matrimoniales, laborales, de salud y sociales.

Los ludópatas confunden el deseo, de ganar mucho y rápidamente, para hacer se ricos, con la realidad de perder siempre, para hacerse pobres indefectiblemente. Tienen que hacer una valoración honesta de su propia conducta y de lo que sienten, cuando juegan compulsivamente, analizando como cambian sus hábitos en su vida personal, familiar y social. El vicio del juego produce unos efectos muy graves, contra las personas y las familias, especialmente las pobres o menos afortunados.

Entre los síntomas que suelen tener los ludópatas, como en casi todas las adicciones, sobresalen los de alejarse de la familia y de los amigos honrados, no dominar las frecuentes acciones violentas, irascibles o furiosas, asumir riesgos físicos, hacer apuestas o negocios financieros, de dudosa o nula procedencia, rodearse de personajes siniestros, que tienen los mismos o similares vicios, consumir sustancias prohibidas.

Es muy diferente el entretenimiento, que puede suponer el juego moderado, con las pantallas electrónicas, que incluso en algunos casos, son simplemente juegos de destreza que aumentan, fomentan y consolidan la inteligencia, desarrollan los reflejos y conllevan satisfacciones, únicamente como diversión. Si estos juegos electrónicos se convierten en adicciones, que consumen el tiempo y las energías, que los hijos deberían emplear en otras cosas mas productivas, o tienen por medio apuestas económicas o de otros conceptos, la cosa cambia y puede convertirse muy fácilmente en ludopatía.

La ludopatía es la adicción enfermiza, al impulso irreprimible de jugar, siendo o no consciente de sus consecuencias y del deseo de evitarlo. Se considera un trastorno del control de los impulsos, que también incluyen la cleptomanía, piromanía y tricotilomanía. Es similar a las adicciones de vigorexia, anorexia, bulimia, alcohol y drogas, ninfomanía. Estas enfermedades o vicios, Requieren en primer lugar, darse cuenta de que existe un problema importante y en segundo lugar, hacer un esfuerzo para ponerse en manos de los profesionales, con el fin de que les ayuden a curarse.

22 Situaciones indicadoras de que ya se ha consolidado el vicio del juego o la ludopatía:

Cuando los ludópatas:

1.      Arriesgan sus oportunidades de crecimiento, mejora y consolidación profesional, familiar o social, por seguir jugando.

2.      Aumentan considerablemente el número de sus divorcios.

3.      Contraen enfermedades como la depresión, el estrés, la ansiedad, los ataques cardiacos, el TDAH o síndrome de atención, incluso llegando a pensar en el suicidio, etc.

4.      Dejan de pensar y actuar de manera eficaz, hasta que incluso por desesperación o casualidad, descubre su insolvencia o acumulación de deudas.

5.      Intentan recuperar las pérdidas del juego con más juego, iniciando una cadena de deudas, que siempre terminan en tragedia.

6.      Llegan a negar incluso con violencia, su participación en los juegos.

7.      Mienten, negando o disminuyendo las veces y cantidades que ha jugado, para intentar ocultar o engañar a su familia, consejeros, médicos y amigos.

8.      Necesitan aumentar cada vez más, la cantidad a jugar y la frecuencia, para cubrir las emociones que le producen su vicio, por lo que va alejándose de la posibilidad de su curación.

9.      No quieren asistir a los grupos de autoayuda, como son los que dan consejos a jugadores y familiares, afectados por ludopatía:  ASOCIACIÓN DE JUGADORES ANÓNIMOS DE ESPAÑA – JA o LUDOPATIA.ORG o LUDOPATIA.CAT

10.   Ocultan a la familia los ingresos que obtienen en su trabajo, para que no les puedan controlar lo que gastan en el juego.

11.   Pierden el control de su conciencia, sobre las propias intenciones de controlar su vicio.

12.   Pierden el control sobre si mismo, al intentar sin éxito, reducir o salirse del vicio del juego.

13.   Presentan signos o síndromes de abstinencia, inquietud o irritabilidad, asociada con el haber dejado o reducido el vicio del juego.

14.   Recurren a soluciones desesperadas y peligrosas para pagar sus deudas, jugando mayores cantidades, apuestas más altas cada vez, juegos de mayores riesgos, de más rapidez, robando o pidiendo nuevos créditos a usureros sin escrúpulos, lo que aumenta los riesgos físicos, mentales y familiares.

15.   Se dejan arrastrar con más facilidad y sin poner resistencia, ante las presiones de los amigos, profesionales del juego o de la publicidad, que les incitan a participar en cualquier tipo de juego, con tal de satisfacer su vicio.

16.   Se incapacitan para responder a los impulsos, de intentar recuperarse de su vicio.

17.   Sienten grandes preocupaciones sobre el juego, manifestadas en pensamientos frecuentes, fantasías o sueños, sobre sus experiencias pasadas, que incluso extrapola al futuro.

18.   Siguen jugando para evadirse de sus problemas, creyendo que así van a mejorar su estado de ánimo.

19.   Tienen que recurrir a familiares o amigos a los que posiblemente también les arruinarán, pues es imposible que les devuelvan los continuos préstamos.

20.   Tratan de estar en ambientes ludópatas e intentan inculcar el vicio del juego a otras personas, para sentirse acompañados y para auto justificarse, pensando que a otros también les gusta.

21.   Utilizan el vicio del juego, para refugiarse y huir de los problemas cotidianos o eventos vitales, y así no tenerse que enfrentar, a la realidad de su vicio.

22.   Violan la ley, cometiendo actos ilegales o inmorales, para continuar con el vicio del juego o para recuperar o pagar las pérdidas.

Los padres son la sal de la tierra para los hijos, pero cuando la sal, voluntariamente, la vuelven sosa, nadie les va a dar la que necesitan, para vivir ellos y para enseñar a vivir a sus hijos. La educación que dan los padres a los hijos, es como cuando se enciende una luz para alumbrarles sus vidas. Ningún padre quiere encender la luz de la educación y meterla debajo de la cama o predicar en el desierto, de la indiferencia e incomprensión. Los padres tienen que poner muy alta esa luz, para que alumbre el camino, que sus hijos tienen que seguir en sus vidas. La luz de la educación, es el símbolo de la fuerza y estabilidad que les ilumina y les da brillo y esplendor, produciéndoles la autentica felicidad, que llevan los bien educados en las virtudes y valores humanos.

Los padres no tienen que tener miedo quedarse solos por decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad a sus hijos, aunque ésta a veces sea molesta y desenmascare cosas ocultas, pues el jugador sueña con un golpe de suerte, esa fantasía irreal de ganar dinero sin esfuerzo, cae en la vorágine del no saber parar. Y eso al final, termina dañando a los más vulnerables.

El séptimo Mandamiento de la Ley de Dios, dice claramente “No perjudicar al prójimo en sus bienes”. Ahí entra de lleno el vicio del y la ludopatía en los juegos de azar, naipes, apuestas, loterías, etc. aunque no sean en sí mismos, contrarios a la justicia. No obstante, resultan moralmente inaceptables, cuando privan a la persona de lo que le es necesario, para atender a sus necesidades o las de los demás. La pasión del juego corre peligro, de convertirse en una grave servidumbre. Apostar injustamente o hacer trampas en los juegos, constituye una materia grave, a no ser que el daño infligido sea tan leve, que quien lo padece, no pueda razonablemente considerarlo significativo.

Periódicamente aparecen grupos de presión política y económica, en determinadas ciudades, que intentan convencer a la población y a sus representantes, sobre las ventajas de instalar en ellas, actividades relacionadas con los juegos, como son los casinos, barcos casinos, amarrados en la orilla u operativos en las cercanas aguas internacionales, actividades satélites más o menos ilegales o permitidas. Pero el fin no justifica los medios para conseguirlo, ya que estos casinos o sistemas de juegos, conllevan en su entrono, una gran podredumbre social, con actividades que rompen y arruinan a las familias, aumenta la pobreza, el crimen y la adicción a otros vicios, a pesar de su señuelo como atractivo disfraz de la creación de empleos, recaudación de impuestos, atracción del turismo, etc.

Algunas organizaciones religiosas, no se dan cuenta o no se la quieren dar, del daño que hacen a sus feligreses, cuando organizan juegos de azar y viajes gratuitos o casi gratuitos, a los casinos u organizan juegos de azar, con la sutileza de decir que son con fines caritativos. Para algunos, esa recomendación a jugar o visitar los casinos, es el principio de una iniciación al vicio del juego, y hubieran pasado muy bien sin tenerla, y mucho mejor si ésta no hubiera sido patrocinada por su iglesia o con el beneplácito de ella. Una institución religiosa no debe cooperar, ni por activa ni por pasiva, con la industria del juego, que explota a los más débiles y vulnerables, ni siquiera si obtiene unos beneficios económicos, porque el fin no justifica los medios.

Los padres no se deben olvidar de su responsabilidad moral y material, cuando incluso con su sola presencia, en esos lugares relacionados con el juego o con sus actividades inmorales y contaminantes, o incluso con pequeñas cantidades apostadas, están contribuyendo a que exista esa industria inmoral, permitiendo que su mal ejemplo, se transmita a los hijos en proceso de formación de las virtudes y valores humanos, como la austeridad, la generosidad, el sacrificio, la honradez, la dedicación, etc. ¿Cómo se le puede hablar a los hijos de la práctica de esos valores, si los padres tienen el vicio del juego?

La adicción al juego, es mucho más sutil que la adicción a las drogas, que muy pronto dejan señales bastante evidentes. Cuando se descubre la adicción al juego, suele ser muy tarde, pues ya ha hecho desaparecer grandes cantidades del dinero familiar y se han producido deudas importantes. Una modalidad muy peligrosa, es el juego a través del Internet, que aparentemente deja pocos rastros de lo gastado, a no ser que los cónyuges tengan un buen control del gasto con las tarjetas de crédito, de ellos mismos y de los hijos.

El dinero del juego contamina a los niños y los jóvenes, cuando estos crecen en su entorno físico. También contamina a la sociedad, a los servidores públicos y a las instituciones, cuando iglesias, colegios y asociaciones, con una total falta de ética, se implican en los beneficios y en la publicidad de los casinos y estos vía impuestos o donaciones, financian servicios públicos o municipales, que de otra forma no existirían, tales como pistas deportivas, bibliotecas, ordenadores, etc.. Todo financiado con el vicio del juego de los más pobres, que son los que tienen más riesgo de convertirse, en jugadores compulsivos y ludópatas.

En la adicción al juego, (ludopatía) como en todas las adicciones de vigorexia, anorexia, bulimia, alcohol, drogas, ninfomanía, cleptomanía, piromanía, etc. se entra muy fácilmente, casi “jugando”, pero es muy difícil salir, a no ser que sea arruinado económicamente o bajo un plan muy serio de rehabilitación, lleno de buena voluntad y compromiso de cambio.

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La avaricia en los niños y adultos

ESCUELA PARA PADRES

La avaricia en los niños y adultos.

  • 12 Formas actuales de avaricia 
  • 26 Sentencias sobre el pecado de la avaricia 

3,980 Palabras Tiempo de lectura 15:00 minutos

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La avaricia es el deseo inmoderado y desordenado de adquirir, acaparar, poseer y atesorar, riquezas o bienes materiales temporales. El pecado de la avaricia está relacionado con la codicia, el robo, el fraude, la injusticia y las prácticas abusivas en los negocios. Termina, donde empieza la cartera del prójimo.

El pecado de la avaricia junto al de la usura y al de la codicia, entran plenamente en el Décimo Mandamiento de Ley de Dios que dice: No codiciar los bienes ajenos. Y está encadenada a muchos vicios, por ejemplo: La codicia, la usura, la ambición desmedida, la lujuria, la gula, la deslealtad, el soborno, la traición, la estafa, el robo, la violencia, el engaño, la simonía, la corrupción, la tacañería, el egoísmo, la mezquindad, la avidez, etc. Por lo que los padres tiene que enseñar a sus hijos, primero con el ejemplo y después con instrucciones claras y concretas, sobre la relación que tiene la avaricia con el resto de los pecados capitales.

La frontera del conocimiento, tiene que ser traspasada para entender bien y separar lo que es el pecado de la avaricia, con las virtudes y valores humanos de: la humildad, la prudencia, la previsión, la frugalidad, la moderación, el ahorro, la previsión, la frugalidad, la buena administración, las limitaciones, la generosidad, el altruismo y la filantropía, que son el hábito de dar o atender a los demás con tiempo, dinero o talento sin esperar a recibir nada a cambio. Virtudes y valores humanos, que algunos tildan despectivamente, debido a que el mundo consumista de hoy, va contra lo políticamente correcto, que es gastar, consumir, derrochar y despilfarrar hasta que duela.

La avaricia de algunos padres, con su ansia desmedida de conseguir y atesorar dinero, convierte en huérfanos a los hijos, debido a que sus padres dedican todo su tiempo, a conseguir más dinero y a acaparar bienes, pero se olvidan de dedicar el tiempo de calidad a sus hijos. Han convertido el dinero en un “Becerro de oro” al que adoran, para conseguir más dinero. En la vida diaria se ven muchas familias divididas por el exceso de bienes materiales, donde cada miembro vive en la más cruda soledad, pero rodeado de todos los tesoros fríos e inertes, que su sociedad consumista ha proporcionado. Estas desdichadas familias, prósperas en dinero y paupérrimas en amor, han cambiado la riqueza presente y futura, que sólo se obtiene en la diaria convivencia familiar, por objetos perecederos.

Algunos niños no se conforman con lo que tienen, pues los padres y la sociedad, les han enseñado a querer más y mucho más, a querer acumular, a poseer, por el simple hecho de poseer, aunque no las utilicen, ni las puedan utilizar. Son los niños mezquinos, porque no quieren regalar nada, incluso las cosas que no utilizan, prefieren tenerlas en el armario, sentir su propiedad. Por eso, hay que tener mucho cuidado en sus primeros signos o avisos, principalmente en la educación de los niños con la codicia (deseo desordenado de riquezas), y la avaricia (deseo desordenado de conservar las poseídas).

Hay hijos que están tan mal enseñados por sus padres y ya dominados por la avaricia, que si no tienen todo lo que quieren y en grandes cantidades y mejores calidades, se consideran frustrados, insatisfechos y desdichados, no queriendo ni salir a las fiestas, porque se avergüenzan de no llevar la última moda, o no quieren jugar con sus amigos, porque se sienten mal, al no tener muchos juguetes o el novísimo que esté de actualidad. Aunque muchos de estos juguetes, solamente sirvan para atrofiarle la mente y la imaginación y le impidan, disfrutar de las cosas propias de su edad, que le pueden ayudar a formarse.

Los padres tienen que enseñar a sus hijos a renunciar a tener, o a tener menos. Los bienes de la tierra no son malos, se pervierten cuando se erige en ídolos y ante esos ídolos, las personas se postran. Pero se ennoblecen cuando se convierten en instrumentos para el bien, en una tarea cristiana de justicia y caridad. La avaricia como afán de poseer, también está en el consumismo descontrolado, en el gasto inmoderado, en la  falta de sobriedad a la hora de comer, beber, vestir, etc., en la ausencia de generosidad, en la satisfacción de los caprichos caros, pretenciosos, extravagantes o excéntricos, que únicamente buscan el bienestar material.

Los padres con el ejemplo, deben enseñar a sus hijos, a no dejarse llevar por los medios de comunicación, que en sus publicidades explotan todas y cada una de la debilidades, principalmente las relacionadas con  la avaricia de los jóvenes, ya que siempre les incitan a consumir más, y a poder ser de lo más caro, pues saben que no todos tienen la fortaleza, para hacer el esfuerzo de tratar de conseguir el conocimiento práctico, de lo que cuestan las cosas y se dejan, llevar por el impulso de la inmediata satisfacción.

Los padres no pueden ignorar las enseñanzas de la religión, respecto a la avaricia, aunque se sientan desbordados y derrotados, por la cultura hostil del consumismo. Si predican con el ejemplo de la largueza y lo enseñan a los hijos, inmediatamente serán tratados de retrógrados, pero habrán educado bien a sus hijos.

La avaricia es el soporte del egoísmo, pues hay hijos que practican la avaricia externándola en un fuerte egoísmo, al querer que todo lo bueno que haya en la familia sea para si mismos y nada para sus padres, hermanos y familiares. Principalmente en los casos de herencias, repartos de beneficios. No así con la contribución a los gastos, aportaciones necesarias, etc. Esta avaricia disfrazada de egoísmo, suele llevar a discusiones, enfados y riñas entre los familiares.

La avaricia no es querer ahorrar, ni querer consumir menos, por austeridad para estar a cubierto de posibles necesidades o para cumplir con objetivos sanos. La austeridad es una gran virtud, sobre todo en estos tiempos de crisis, que aunque cada vez sea menos utilizada, es más necesaria para vivir honestamente y no salirse de los presupuestos u objetivos previstos. La austeridad puede ser incluso, lo contrario de la avaricia. A los hijos hay que enseñarse a ser austeros, desde la cuna, donde no se les llene de abundancia de peluches o juguetes innecesarios y seguir así siempre, con el exceso de pertenencias. Tampoco es avaricia el querer estudiar más y acumular conocimientos, dedicar horas de trabajo para ayudar a la familia o a otros, reunir dinero para entregarlo a los necesitados y trabajar o ayudar más, a las personas de dentro o fuera de la familia.

La avaricia lleva a un proceso de mutilación sensorial, hace desaparecer hasta eliminar, cualquier vestigio que haya habido de generosidad, desprendimiento, desinterés, altruismo, etc. Embota de tal manera los sentidos, que consigue que la vida se torne en un “todo para mí y nada para los demás” y se convierta, en un deseo patológico de tener más, y más, y más. Tiene un carácter ilusorio y peligroso, pues crea un sentido de falsa seguridad.

A través de la avaricia, los bienes materiales, que sirven para muchas cosas, pueden convertirse en una obsesión y corromper las voluntades, si se olvida que son medios y se convierten en fines. Querer tener más, lo último, lo mejor, lo más caro, lo que nadie tiene, son deseos que crecen en los pensamientos, que están dominados por la avaricia, pudiendo convertirse en obsesiones dañinas y destructoras, convirtiendo al avaro en un esclavo que trabaja, lucha y sufre, exclusivamente por el ansia de aumentar continuamente sus posesiones.

La avaricia está íntimamente relacionada con el consumismo excesivo. Querer comprar todo lo que se pueda, aunque haya que endeudarse por tener más cosas. Comprar y acumular ropa, aparatos electrónicos, juguetes, etc. incluso aunque no se tenga la capacidad de usar o consumir, todo lo que se compra. Esto no es exclusivo de los adultos, también se da entre los niños y los jóvenes, que siempre quieren poseer más y mucho más.

“La avaricia del conocimiento” es la parte positiva, que los padres tienen que inculcar a los hijos. Nunca es suficiente lo aprendido, siempre tienen que intentar conocer más y mejores cosas, ya que la sociedad cada vez exige a las personas más y mejor preparación académica y social, para que puedan desenvolverse satisfactoriamente. Es detestable esa avaricia moral que tienen, los que sabiendo algo, no procuran la transmisión de esos conocimientos.

“La voluntad del no saber” choca frontalmente con “la avaricia del conocimiento”, que es la tendencia que tienen algunos, que pregonan que cuanto menos sepan ciertos segmentos de la población, más fácil será para otros gobernarlos, como se pastorea a los rebaños de ovejas, que les llevan donde quieren, cuando y como quieren. Intentan convertirlos en “ignorantes funcionales”.

La avaricia, que está muy relacionada con la gula, es la atracción desordenada, hacia la comida o bebida. También está presente en los bufets de comida, cuando se llenan los platos hasta desbordarse, aun sabiendo que todo, no lo van a poder o querer comer y van a tener que dejar y tirar la mitad no comida. O al pedir en los restaurantes muchos platos, incluso sabiendo que no los podrán terminar y los restos los echaran a la basura.

La avaricia, representada en la gula, la glotonería y el abuso, causa daños a la propia salud, desequilibra los presupuestos familiares y crea  injusticias sociales. Los avariciosos y glotones se hacen esclavos de la riqueza y del dinero, del comer y del beber, hasta el extremo de convertirse en una maldición para sí mismos, una náusea para la naturaleza y una infección y mal ejemplo, para el género humano.

En la vida como en las ensaladas, hay que ser avaro con el vinagre, porque irrita el paladar, pero generosos con el aceite, que lo suaviza.

La avaricia y la usura llegan a todas partes, pues hay algunas personas avariciosas, que retorciendo las leyes mercantiles o contraviniéndolas, ponen negocios usureros e inmorales, para hacer mucho dinero aunque sea ilegalmente, dejando a un lado la moral y la ética de los negocios, sin darse cuenta que a la larga “la ética paga en dividendos”

12 Formas actuales de avaricia: 

1.      Acumulando objetos innecesarios, por el simple hecho de poseer muchos, aunque no puedan usarlos, para demostrar poder ante terceros.

2.      Apoderándose de las riquezas naturales de otros países, para no consumir las suyas propias, a través de “gánsteres económicos” o de supuestos programas de cooperación, la mayoría de las veces innecesarios, que algunas naciones practican, dejando un mundo en el que debido a la avaricia de unas naciones, consiguen la penuria de otras, para poderlas dominar.

3.      Aprovechándose de las personas más humildes, incultas e ignorantes, para ofrecerles y darles préstamos, con intereses y condiciones abusivas, sobre propiedades muebles o inmuebles, futuro cobro de nóminas, hipotecas, algunas  tarjetas de crédito, etc. La avaricia de unos pocos, está dejando a la mayoría al margen de la historia. Para evitar estos robos, hace muchos años la Iglesia Católica instituyó los altruistas Montes de Piedad, para combatir a los prestamistas avaros y usureros.

4.      Engañando al vender servicios de espiritismo, astrologías,  adivinanzas, amarres, limpias, etc.

5.      Los ludópatas que por su avaricia, se llegan incluso a arruinar, creyendo que sin esfuerzo, se van a hacer ricos con los juegos de la lotería, casinos, bingo, apuestas, etc. No quieren darse cuenta, que aprovechando su avaricia otros, inventan juegos para sacarles el dinero, incluso con esos juegos, que en principio parecen inofensivos.

6.      Los que a través de mentiras divulgadas por los medios de adoctrinamiento de masas, y con una clarividencia impávida y apabullante, intentan hacerse con las mentes y el patrimonio de los más débiles. Esto suele ocurrir cuando enmascaran con argumentos técnicos, aparentemente irrebatibles, los esquemas de fraude financiero, también llamados pirámides tóxicas, ofreciendo beneficios astronómicos, que solamente pueden aceptar los ignorantes o las imaginaciones enfermas por la avaricia.

7.      Los que por avaricia juegan alevosamente, con la esperanza de los enfermos, mintiéndoles descaradamente, sobre los beneficios de determinadas medicinas, cirugías o tratamientos.

8.      Los que quieren hacerse ricos inmediatamente y sin tener en cuenta otra cuestión, que no sea la de atesorar, con la denominada “cultura del pelotazo” que no mira el daño que hace a terceros, con tal de enriquecerse cuantiosa y rápidamente. Entre los negocios más llenos de avaricia están el narcotráfico, la pornografía y todos los relacionados.

9.      Maniobrado a través de monopolios de compra o de venta, para que haya escasez y alza de precios de productos o servicios, imprescindibles o de primera necesidad.

10.   Produciendo, transportando o traficando productos, que son nocivos para la salud como son drogas, alcohol, tabaco, etc. sabiendo que matan o enferman a los consumidores.

11.   Traficando con la prostitución, los emigrantes y el dolor de las personas.

12.   Vendiendo los llamados “productos milagros”, que no sirven para nada, e incluso algunas veces son nocivos y engañan con sus promesas, a muchos ignorantes confiados.

La angustia educativa en las virtudes y valores humanos, es un padecimiento que tiene algunos padres y no saben como curarlo. Esa angustia solamente se cura con una buena educación de los padres, para que puedan transmitirla a sus hijos y estos a las siguientes generaciones. No es avaricia querer suprimir el “analfabetismo religioso”, por una copiosa formación religiosa y humana, que enseñe el camino para librarse, entre otros, del pecado de la avaricia.

La avaricia del conocimiento, tanto de la forma de educar, primero con el ejemplo y después con las sabias enseñanzas, y la avaricia de ser educado, no tienen limites reales, solamente tienen los límites, que tanto los padres como los hijos, quieran imponerse. En este sentido cuanto más avaros sean, más y mejor educados estarán ambos y se sentirán mejor al actuar, con esa noble avaricia de querer ampliar la capacidad de afrontar las dificultades, de educar y ser educado.

Nuestra inteligencia directiva, si está bien educada en las virtudes y valores humanos, es la que debe encargarse de regir y encauzar, todas las capacidades humanas y eliminar, las que conduzcan a la práctica de los otros pecados capitales. También tiene que tener como propósito y objetivos a corto y lago plazo, hacer proyectos, utilizar los conocimientos, gestionar las emociones, mantener el esfuerzo, tomar decisiones que lleven al progreso de las personas y no al regreso, activar cambios que estén soportados con un rumbo y unos objetivos morales y sociales. etc.

Hay una mentalidad en varias escuelas de negocios importantes, de que la avaricia y el egoísmo son buenos, y que por ellos se deben regir las leyes del todopoderoso mercado, que todo lo gobierna. Este pensamiento mercantil, ha penetrado en algunas personas, que prefieren concentrarse en obtener el máximo beneficio posible, aunque la avaricia prevalezca a sus anchas, sin tener en cuenta la parte humana. No debemos olvidar, que los negocios se hacen para que legal y moralmente, se puedan obtener beneficios.

Avaricia no es la sana intención, de desear los bienes materiales, como un medio para poder alimentar, vestir y cuidar a la propia familia y para ayudar a los más necesitados. Pero si puede ser avaricia la forma moralmente desordenada de conseguir esos bienes, como por ejemplo hacerlo con ansiedad, por medios ilícitos y malos, dañando a la propia salud o a la de los demás. También puede ser avaricia la manera de usar esos bienes exclusivamente para uno mismo, en vez de usarlos también para los más necesitados, en obras de caridad, de sanidad, de enseñanza, etc.

O se es avaro o no se es, no existe el medio avaro o un poco avaro. A la avaricia no puede haber una adhesión incompleta, pues absorbe y contamina la mente, pidiendo cada día más y mucho más, nunca dice basta. Algunas veces, incluso disfrazada de una falsa virtud de la caridad con uno mismo, o de un ficticio ahorro, al decir: “Si doy a los demás me quedo sin nada para mí y mi familia”. Incluso se habitúan a convertir su dinero y propiedades en ídolos.

            Cuando los avaros se dan cuenta, que la avaricia preside o incide en sus vidas tan fuertemente, se encuentran con una gran desazón interior, una enorme intranquilidad y unas enormes ataduras difíciles de romper, a no ser con un gran esfuerzo colectivo familiar, religioso y social.

La avaricia, junto al deseo de una apropiación injusta e inmoderada, de los bienes terrenos y la ambición desordenada, nacida de la pasión exagerada de las riquezas y de su poder, está prohibida por el Décimo Mandamiento de la Ley de Dios. Que también condena el deseo de cometer injusticias, que dañen los bienes temporales del prójimo. Esa inmensa, infinita y jamás saciada codiciosa sed de tener cosas, que pertenecen al prójimo, al final convierten a los avaros, en esclavos de los bienes materiales y económicos, siempre perecederos y efímeros, por no ponerlos en su lugar y en su propia dimensión, como medios y no como fines de forma de vida.

El Decimo Mandamiento de la Ley de Dios también prohíbe desear, codiciar y envidiar los bienes materiales, con un deseo consentido y desordenado, pues estos están para que servir a la propia felicidad y no para la destrucción de la persona, la familia o la sociedad. En la ética social debería estar prohibida la codicia, la usura y la avaricia.

La avaricia destruye la estabilidad y felicidad de la familia, que es el cimiento de la sociedad. Hay que respetar a la familia y blindarla moral y legalmente, ante cualquier tipo de avaricia, defendiendo sus bienes necesarios para que sobreviva, e incluso para que pueda compartir su riqueza, con los más necesitados.

Al avaro no le importa agotar lo que haya disponible, con tal de atesorar y satisfacer su vicio, aunque tenga suficiente y otros lo necesiten. No acapara por necesidad, acumula para satisfacer su vicio de la avaricia, nada le hace feliz, siempre quiere más. Quieren vivir una “libertad sin ley” y caen en una “ley sin libertad”, la del ansia incontenible, de tener siempre más. La avaricia, que es el deseo y apego  inmoderado a las riquezas, y que de hecho estas se convierten en ídolos, produce una adhesión de idolatría, que genera la envidia, la cual puede conducir al hombre, a cometer los mayores crímenes.

No es necesario ni aconsejable, despreciar los bienes materiales, ni renunciar a las riquezas mundanas, pero teniendo en cuenta la no esclavitud de los bienes y el desprendimiento de lo superfluo. Siempre practicando la virtud y valor humano de la generosidad ante tanta necesidad actual. Hay derecho a disfrutar de lo bonito y bueno del mundo, pero sin tener que estar angustiado por acumular riquezas. Todavía no han inventado “ataúdes con bolsillos” para meter las riquezas y utilizarlas después de la muerte, pero si se pueden llevar las obras buenas realizadas, que nos servirán como pasaporte de entrada en el Cielo.

La avaricia es desear las riquezas por ellas mismas, como un fin y no como un medio, para poder vestir, alimentar y educar a la propia familia y para atender las necesidades de la sociedad. Pueden ser pasajeras o efímeras, pues hoy se tienen y mañana se pueden perder. Se suele decir “Torres más altas han caído” y la “Codicia es la idolatría del dinero”. Donde hay avaricia, desaparece la amistad, el amor, la paz, la tranquilidad, la sabiduría, la integridad moral, etc.

Los avaros sufren de ansiedad, lo que les daña su propia salud, la del prójimo y la de la sociedad e incluso, por su deseo inmoderado de conseguir riquezas con fines egoístas y medios injustos, recurren si es necesario a la violencia, al engaño doloso, al perjurio, al fraude en los negocios y hasta la traición a las personas.

La avaricia, tomada con “ardor guerrero” termina en adicción y sobrepone el interés propio, sobre el bien común, convirtiendo la acumulación de dinero y objetos en fetiches, en vez de medios para servir a la familia y a la sociedad. Llega a convertirse en una forma de vida, que incapacita para dar, aunque se pretenda justificar esa actitud, con un inmoderado afán de seguridad, de temor a exponerse, de riesgo. Esto se traduce en llevar la vida sin compromiso ni ilusión.

La avaricia jamás hace una sociedad mejor, pues impide tomar riesgos, aunque sean bien estudiados. Algo siempre hay que arriesgar, porque “el riesgo más grande en la vida, es no arriesgarse”. No arriesgarse es perder la vida por completo. Los que no arriesgan nada, no hacen nada, están encadenados por sus miedos, la codicia o la avaricia, son esclavos de ellos, han perdido su libertad. No importa perder una batalla, si se puede ganar la guerra.

26 Sentencias sobre el pecado de la avaricia:

1.      Al pobre le faltan muchas cosas, al avaro todas.

2.      El avaro carece tanto de lo que tiene, como de lo que no posee.

3.      El avaro es su propio enemigo y ese es el justo pago de su maldad.

4.      El avaro experimenta a un tiempo, todas las preocupaciones del rico y todos los tormentos del pobre, por lo que nunca está satisfecho.

5.      El avaro hará todo por dinero y si pudiera vendería su alma al diablo.

6.      El avaro se roba a sí mismo. El pródigo insensato, a sus herederos.

7.      El avaro visita su tesoro, por traerle a la memoria que es su dueño y carcelero de sus bienes.

8.      El fin, nunca justifica los medios empleados para conseguirlo.

9.      El ojo del avaro no se satisface con su suerte, la avaricia seca el alma.

10.   En arca de avariento, el diablo yace dentro.

11.   En la avaricia no hay piedad.

12.   Era tan avaro que tenía cama y dormía en el suelo. para no gastar las sábanas.

13.   Es locura manifiesta, vivir precariamente para poder morir rico.

14.   Es más fácil hacer un agujero en el agua, que obtener una moneda de un avaro.

15.   La avaricia de poseer, es opuesta al deseo de dar y compartir.

16.   La avaricia es vivir siempre en la pobreza, por temor a la pobreza.

17.   La avaricia hace perder la sensibilidad, hacia la desgracia del prójimo.

18.   La avaricia produce ansiedad, decepción y desesperanza por poseer más.

19.   La avaricia rompe el saco.

20.   La avaricia se ha adueñado de tal manera de los hombres, que en vez de ser ellos los que poseen las riquezas, parecen ser éstas, las que los poseen a ellos.

21.   La bebida apaga la sed, la comida satisface el hambre, pero el oro y la plata no sacian nunca la avaricia.

22.   Los demás hombres son dueños de su fortuna; el avaro es esclavo de la suya.

23.   Para la avaricia, lo mucho es poco; para la necesidad, lo poco es mucho.

24.   La avaricia es la raíz de todo mal, por ella se miente, se roba, se mata, se engaña, se abusa, se embauca, se corrompe, se contamina, se destruye el medio ambiente, se depredan los recursos, se vende la democracia, etc.

25.   Rico no es quien mucho tiene, sino el que poco necesita.

26.   Un avaro llega a ser rico, aparentando ser pobre; un derrochador se hace pobre, a fuerza de parecer rico.

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Cómo manejar los secretos con hijos pequeños y con adultos

ESCUELA PARA PADRES

Cómo manejar los secretos con hijos pequeños y con adultos.

3,698 Palabras Tiempo de lectura 14:00 minutos

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4 Objetivos de este artículo:

1.      Educar a los hijos para que, por el bien de ellos, no tengan secretos con sus padres, que son los que tienen que guiarles en la vida.

2.      Educar a jóvenes y adultos, para que no revelen sus secretos personales, a no ser para pedir consejos a los profesionales o personas formadas y de mucha confianza.

3.      Educar a jóvenes y adultos, sobre la obligatoriedad de mantener y no divulgar los secretos graves que les han confiando, visto, oído o leído, pues pueden producir daños irreparables a sus propietarios, tanto en su vida familiar, como social.

4.      Educar a revelar o no revelar los secretos, según las circunstancias de cada caso.

El secreto es el conocimiento, noticia, propiedad o procedimiento, que cuidadosamente se conserva de manera reservada y oculta y se mantiene en sigilo y sin divulgar, no debiendo revelarse, para no incurrir en delito o para no molestar o herir a otras personas, aunque suponga una gran curiosidad y admiración.

Los padres tienen que educar a sus hijos y en su caso persuadirles, de que no tengan secretos con ellos. Tener secretos los separa de la confianza que tienen que tener, para poder recibir una buena educación. Si los hijos saben o tienen cosas, que no se atreven o no quieren comentar con sus padres, de muy difícil manera los padres podrán educarles y ayudar a solucionarles, algunos de los problemas, que muchas veces empiezan porque han querido mantener un secreto. Después cuando ya es tarde y no les queda mas remedio de decirlo a los padres, es posible que la solución sea más difícil.

Algunas personas adultas con buena o mala intención, dicen cosas a los niños y les aconsejan que no se las comenten a sus padres. Eso es un grave error, pues es todo lo contrario a lo que tienen que aconsejarles. A los niños hay que fomentar, que digan a sus padres todo lo que les pasa o sienten, para que así los padres puedan aconsejarles y educarles bien. Decirles que tengan secretos con sus padres, es irles inculcando el rompimiento con esas relaciones fraternales, cariñosas y emocionales. Primero puede ser una cosa aparentemente inocente e intrascendente, después pueden ser secretos, que a los padres les interesa mucho conocer de sus hijos.  Esas personas deberían conocer que, para tener la conciencia en paz y no tener necesidad de despreciarse, tienen que reflejarse en el espejo y mirar a sus propios hijos, familiares o amigos, a los que les hayan aconsejado mal.

Esos adultos pretenden con esa manipulación, tratar de atraerse a los niños, para crear una dependencia soportada con algún secreto. Eso es malsano y si en alguna ocasión se enteran los padres, de que ha sucedido esa petición de secreto, tienen la obligación de llamar la atención seriamente a ese adulto. Si el adulto persiste, deben separar a su hijo de esa persona, por mucha relación familiar o de amistad que tenga, pues no le conviene mantener relaciones con nadie, que pudiera separar a los hijos de los padres.

Los padres tienen que educar a sus hijos, a que les cuenten sus secretos, si es que los tienen. Además tienen que enseñarles a rechazar e inmediatamente contarlo a los padres, cuando otras personas, adultos o jóvenes, familiares, amigos, compañeros, etc. se empeñan en decirles, que deben mantener secretos, alegando que es su derecho a tenerlos, dentro de su espacio íntimo y su libertad personal. Normalmente estos comentarios, están faltos de conocimiento y muchas veces son de consecuencias perniciosas.

Los padres tienen que persuadir o en su caso investigar, si sus hijos tienen secretos que les puedan perjudicar o hacer difícil la vida, a corto o largo plazo. Normalmente esos secretos suelen ser inducidos por personas mayores sin escrúpulos, incluso familiares con buena intención, o por amigos que buscan enganchar a los niños en actividades, no permitidas por los padres. Si no, no tendrían ningún interés en manipularles, para que no lo digan a sus padres. Hay excepciones como cuando están organizando una fiesta “secreta” para agasajar a alguno de los padres, hermanos o amigos. Esta es la parte blanca de la situación, de fomentar el que los niños no cuenten las cosas a sus padres.

A medida que los hijos van creciendo, les suele entrar la tentación de no querer contar determinadas cosas a sus padres. Normalmente estas cosas no suelen ser de las muy buenas y por eso no las quieren contar. Incluso no cuentan cuando son manipulados por otros jóvenes o por personas mayores, que se quieren aprovechar de ellos. Por eso siempre hay alguien que les insiste, en que no lo cuenten a sus padres, pues esas cosas tienen que quedar entre ellos.

Es muy difícil guardar los secretos, sean familiares, de amigos o profesionales. Guardar secretos, es una virtud que se tiene que adquirir y fomentar desde niños, para no traicionar o defraudar a los que los han depositado en nosotros, o les hemos comentado nuestras cosas secretas.

Todo el mundo tiene derecho a que se le mantenga su fama y a que por ningún motivo se le destruya, contando sus secretos o intimidades. La fama se puede tardar muchos años en conseguirla, y pocos segundos en perderla, dependiendo de si alguien intenta destruir la fama de otros y airea cosas o hechos, que deberían permanecer en secreto, mucho más si son mentira o si no se tienen evidencias claras de su veracidad.

Cuando verdaderamente se presenta un problema grave de conciencia, es cuando se conoce algún secreto, que su divulgación pudiera cambiar las cosas gravemente. Por ejemplo si uno conoce, porque se lo han dicho o porque lo ha visto y porque tiene evidencias, de que alguien esta haciendo una cosa en perjuicio de otra persona, familia o sociedad. Silenciar ese secreto puede suponer que los daños continúen y otras personas, se vean gravemente perjudicadas. Entonces es deber de conciencia, divulgar ese secreto, pero intentando hacer el menos daño posible, empleando la virtud de la caridad, la confidencialidad y a poder ser hacerlo en privado.

No tiene la misma magnitud ni consecuencias, propalar los secretos graves, que hacerlo con lo que se llaman chismes, cotilleos, comidillas, cuentos, habladurías, etc. y que hoy en día, es el alimento de muchas personas incultas o de determinados grupos sociales, que están todo el día pendientes de la televisión, radio y revistas, especializadas en sacar los trapos sucios, de lo que han dicho, hecho o dejado de decir o hacer, los artistas, deportistas, políticos y demás personajes públicos. Las buenas noticias no trasciende, solamente trascienden los secretos bien aireados, comadreos, patrañas, alcahueterías, habladurías, delaciones, falsedades, enredos, etc.

La discreción es una virtud, que en determinados grupos sociales, no tiene cabida. Las patrañas, embustes, calumnias, etc. dichas como secretos, siempre tienen malas intenciones: La mentira, la intención de perjudicar y la forma de decirlo en secreto, para que trascienda más.

El matrimonio no es el lugar idóneo para mantener secretos, aunque los cónyuges tengan el pleno derecho, a no auto incriminarse o inculparse, contando algunos secretos personales pasados, que pudieran perjudicar las relaciones matrimoniales y familiares, cuando esto suponga un grave perjuicio para las relaciones conyugales. Pero en los matrimonios que haya secretos, sobre los ingresos y gastos de cada uno de los cónyuges, tiene la tendencia a que se fomenten otros secretos relacionados, como son las amistades individuales peligrosas, una vida paralela y secreta, etc.

Todos los colaboradores de un negocio, tienen la grave obligación de mantener cualquiera de los secretos, que como tales les hayan confiado, hayan oído o visto. Revelar esos secretos, dependiendo el daño que pudieran hacer, es tan grave como robar.

Los niños son muy dados a contar sus secretos a los abuelos, si estos se han ganado la confianza de sus nietos. Contar esos secretos puede servirles para desahogar sus penas y pedir consejos, sobre situaciones difíciles que no saben como solucionarlas. Pueden ser los únicos depositarios de sus confidencias, pues a lo mejor sus padres son muy estrictos o no tienen mucho tiempo para escucharles. Es otro de los servicios que hacen los abuelos, en beneficio de los nietos.

Guardar un secreto propio y respetar los de los otros, es una virtud relacionada con la sensibilidad y la autodisciplina o autodominio. Los que carecen de la práctica de esas virtudes y valores humanos, demuestran que no están preparados, ni moral, ni mentalmente para guardarlos, incluso les suele importar muy poco las malas consecuencias, que pudieran ocasionar si los revelan. Revelar un secreto, que pudiera tener consecuencias graves, siempre conlleva secuelas también graves, para el que lo ha hecho, pues como dice la historia: “Roma no paga traidores”. Solamente es cuestión de pensarlo profundamente, pues es una simpleza tan propia de los genios, como de los idiotas.

No se deben confiar los secretos personales a nadie, que previamente no haya demostrado una conducta intachable en este tema. Hay que tener una buena estrategia de clara percepción y buen juicio, a la hora de escoger un confidente. Previamente a elegirlo, discretamente se le puede someter a un hábil interrogatorio, para que demuestre fehacientemente si tiene la lengua larga o corta, pues tiene que ser tan meticulosa, en mantener los secretos como Vd. lo haría con el suyo.

Nunca confíe los secretos suyos, a quien previamente le ha contado los de otras personas, pues por pura lógica de reciprocidad, los que difunden secretos, dañan su honor y su reputación y quedan descalificados automáticamente, para la guarda del sigilo que se les pide. No se quieren dar cuenta, que contar secretos de otras personas puede humillar y hacer daño a seres queridos y deleitar a los enemigos propios o ajenos.

Un secreto puede significar poder, si no traspasa los límites de su dueño, pero es un puñal, si pasa a manos de otros. El que revela un secreto personal o profesional, está mancillando o dañando el honor de su propietario y se está perjudicando a si mismo, pues también se está desprestigiando y descalificando ante terceros, para el resto de su vida. Quedarán marcados para siempre, como alcahuetes, correveidiles, soplones o chivatos. Es mucho más inteligente, no contarle a otros los asuntos privados, especialmente los que sean pecaminosos u ofensivos. Máxime si las otras personas, no pueden aportar nada en relación con el secreto personal o profesional. Desgraciadamente, algunas veces se cuentan los secretos personales o de otros, para satisfacer la vanidad o el ego.

Los secretos nunca se deben regalar a nadie, pues forman parte del patrimonio de cada persona. Si se hacen públicos, aunque sea vistiéndolos de secretos, automáticamente dejan de ser secretos y normalmente “Se vuelven las cañas lanzas”. Cuando se tenga necesidad de comentar un secreto, por ejemplo, para pedir un consejo sobre una situación importante o grave, hay que buscar la persona adecuada, que pueda aportar alguna solución o consejo, que suponga una guía para el futuro o un descanso de la mente o del espíritu. Los padres son los mejores consejeros, para confiarles los secretos que les atribulen sus vidas, y para los adultos son los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que practiquen. El verdadero premio de guardar un secreto, es la satisfacción del deber cumplido.

Si es un secreto personal y quieres que nadie lo sepa, no se lo digas a ninguno, pues hay muchas posibilidades de que ese secreto, trascienda a otros. Es muy difícil guardar un secreto, incluso cuando es propio, pues se requiere una gran fuerza de voluntad, determinación y autodisciplina. Por eso se debe sopesar, qué es lo que se gana, y qué es lo que se pierde, si se cae en la tentación de tener ese minuto de gloria humana y se revela. En estos casos, sugiero aplicar el contenido el contenido del artículo titulado 10 Ocasiones para inculcar, fomentar y practicar el “minuto heroico”. Sus valores y virtudes No vale la pena, que por una debilidad momentánea, meterse en un problema, que puede uno salir perjudicado. Esto aplica también en la decisión de no divulgar los secretos ajenos.

Si los involucrados en mantener un secreto grave, no lo hacen, casi siempre se implican en alguna clase de riesgo, que suele estar proporcionalmente relacionado, con la gravedad del secreto, principalmente si está conectado con la fama, el honor, el dinero, el trabajo, el negocio, el castigo o el premio de otras personas. Si el secreto es decir algo peyorativo de otra persona, solamente podrá revelarlo, si es por una situación muy grave y que pueda prevenir un daño importante a un tercero, inocente o a la misma persona, que tiene el secreto, a la familia, a los amigos o la sociedad. Por ejemplo ante un posible matrimonio, la concesión de un préstamo, amistades toxicas, enfermedades contagiosas, posibles crímenes, etc.

Revelar los graves secretos confiados, peca de lleno contra el Octavo Mandamiento de la Ley de Dios que dice “No robar”, ya que con la revelación o divulgación de un secreto o de una promesa, se ofende, hiere o roba su fama o propiedades, al dueño de ese secreto. La gravedad del pecado, estará en proporción al daño u ofensa causados, y no se perdonarán si la ofensa no es restituida y reparada, de la mejor manera y rapidez posible, aunque el responsable, tenga que humillarse o salir perjudicado.

Mantener los secretos ha causado muchos problemas, incluso hasta las torturas y la muerte. Ejemplo de ello es como han defendido o salvaguardado, a lo largo de la historia los Sacerdotes Católicos, el secreto oído en el Sacramente de la Confesión. Han preferido ser torturados o hasta incluso morir, antes que desvelar algo, de lo que han oído en la Confesión.

Las personas admiran y confían, en los que saben guardar secretos, pues se dan cuenta de la lucha que han tenido que hacer, contra las motivaciones para revelarlo. Revelar los secretos resulta un acto vergonzoso, propio o ajeno, incluyendo la falta de la promesa hecha de guardarlo, y el haber traicionado a la conciencia personal.

Mantener un secreto tiene los conceptos de importancia, espacio, tiempo y situaciones y circunstancias. No es lo mismo el secreto del formato de un almuerzo u homenaje familiar, al secreto dicho a personas que desconocen totalmente, el motivo de un secreto importante, que ni conocen a las personas implicadas, ni en los sitios donde no haya ninguna relación geográfica, con el lugar donde haya sido visto, oído o hablado. En la custodia de secretos graves, tiene que tenerse muy en cuenta, a quien perjudica y a quien beneficia revelarlo.

Si alguien quiere contar a otro un secreto, este tiene el derecho a preguntar: Durante cuanto tiempo debe guardarlo, dónde, cuándo, a quién sí y a quién no, puede o no puede revelarlo, bajo qué condiciones, etc.

Para mantener un secreto, lo mejor es no decir a nadie que se tiene. Así se evita que haya curiosidad por parte de terceros, que podrían llegar a sonsacarlo con una operación de “acoso y derribo”, hasta conseguir arrancarlo, por las buenas o por las malas. Empleando técnicas de persuasión, a través de preguntas cruzadas, o con el procedimiento de preguntas, que requieran respuestas de si o no.

Mantener un secreto, es un ejercicio del intelecto que funciona plenamente, como lo atestiguan los sacerdotes católicos, con el secreto de lo escuchado en el Sacramento de la Confesión, los abogados, médicos, periodistas, contables, etc. con el secreto y la ética profesional. Para que el secreto no trascienda, lo único que funciona es no decir nada a nadie, ni que se posee un secreto, ni nada. Si es posible intentar olvidarse mentalmente, de que se conoce ese secreto.

El que tiene un secreto propio y lo cuenta voluntariamente a otra persona, está dando a entender, que si como dueño del secreto, no ha sabido mantenerlo, tampoco el que lo ha escuchado, tiene la obligación de guardarlo.

Guardar un secreto, la mayoría de las veces, es un sacrificio tan grande, que es preferible no haberlo conocido, para no pasar esos malos ratos de luchar contra uno mismo, para no revelarlo. Pero lo que vale la pena, siempre cuesta.

Si alguna persona u organización, presiona mucho para que revele un secreto, sobre un tema grave y personal, porque creen que Vd. lo conoce, Vd. tiene pleno derecho a calmadamente, ponerse a la defensiva y negarse a contarlo, acogiéndose a las leyes que le permiten no incriminarse, inculparse o acusarse, incluso tiene el derecho a mentir, como ultimo recurso, aunque las mentiras suelen funcionar como los “bumerangs”, que vuelven donde el que los lanzó.

No es recomendable empezar una conversación, en la que directa o indirectamente, pudiera estar involucrado el tema del secreto. Si no se puede evitar y para no aparentar ser esquivo, huidizo o desabrido y evitar sospechas, pase por encima del tema como si fuera de puntillas y en cuanto pueda, discretamente cambie de tema.

Una medida muy acertada, relacionada con la obligación de mantener los secretos, es intentar no conocer ningún secreto, cuando sea solamente por curiosidad, fisgoneo o entremetimiento, pues “El que evita la ocasión, quita la tentación”. Cuando alguien se acerque a querer contarle un secreto, debe decirle que si se lo cuenta a Vd. ya no es un secreto, y que si él no ha sabido guardar ese secreto, como pretende que Vd. lo guarde. También puede decirle que a Vd. le es muy difícil guardar secreto, y que por lo tanto es mejor que no se lo cuente.

La discreción es una virtud y valor humano, muy especial y difícil de guardar. Ser íntegro, discreto, honorable y de confianza con el prójimo y con uno mismo, son cualidades muy valiosas. La imagen proyectada sobre familiares, amigos y sociedad, de persona discreta y digna de confianza, se puede estropear en cuanto se sepa, que ha divulgado algún secreto importante que le habían confiado.

Hay que estar muy bien entrenado, con la utilización de algún mecanismo mental, para saber que se está a punto de revelar un secreto, debido a la presión externa o a las ganas de aparecer como importante. En este caso, tiene que tomar alguna de las decisiones acordadas, por ejemplo, cambiar bruscamente la conversación, o tocar un anillo, pulsera u objeto, que le recuerde para no caer en esa tentación, incluso aunque otras personas, se puedan dar cuenta de su gesto de precaución. Cualquier cosa antes de revelarlo.

Se tiene la obligación de revelar un secreto, aunque sea grave, cuando alguien dice algo, incluso bajo condición secreta, que va a hacerse un daño grave a si mismo, como es la mutilación, el suicidio, o va a hacer un daño grave a otras personas. Siempre, antes de divulgarlo, hay que ponerse en la situación de los que saldrán perjudicados, analizando profundamente las posibles consecuencias, positivas o negativas de la indiscreción, y cómo se sentiría cada uno, si estuviese en su lugar. Todos tienen derecho a guardar sus secretos, con una única e irrenunciable excepción, aquellos de los que dependa su vida, su futuro, su felicidad, ésos tienen derechos y obligación de contarlos, para evitar las consecuencias irreversibles.

Algunos, inconscientemente o como autodefensa de sus propios defectos, cuentan secretos, chismes o habladurías de otras personas, sin percatarse del ridículo que están haciendo, pues “Ven una paja en el ojo ajeno, y no ven la viga, que tienen en el suyo”.

20 Sentencias sobre los secretos:

  1. Aunque para otros sea un secreto a voces, no debemos revelarlo.
  2. Cuando el alcohol entra, el secreto sale.
  3. El inteligente es secreto en sus planes y en sus acciones. 
  4. El que revela el secreto ajeno es un traidor, el que revela el secreto propio es un imbécil.
  5. El secreto de la libertad, radica en educar a las personas, mientras que el secreto de la tiranía, está en mantenerlos ignorantes.
  6. El secreto de los padres cuando educan, es hacerlo de tal manera, que los hijos no se den cuenta de que están siendo educados, hasta que ya es demasiado tarde.
  7. El secreto de una buena vejez no es otra cosa, que un pacto honrado con la soledad.
  8. El secreto es tu esclavo, pero te conviertes en su esclavo si lo divulgas.
  9. El secreto para vivir en paz con todos, consiste en el arte de comprender a cada uno, según su individualidad.
  10. El verdadero secreto de la felicidad, consiste en exigirse mucho y muy poco de los otros.
  11. Es un necio el que le cuenta a otro un secreto y le pide encarecidamente que lo calle.
  12. La humildad es el secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento.
  13. La mejor manera de guardar un secreto, es no contarlo a nadie, o ignorarlo.
  14. Las tres cosas más difíciles de esta vida son: guardar un secreto, perdonar un agravio y aprovechar el tiempo.
  15. Reprende al amigo en secreto y alábalo en público.
  16. Si lo saben más de dos, ya no es secreto.
  17. Si quieres que tu secreto sea guardado, guárdalo tú mismo.
  18. Si revelas tus secretos al viento, no lo culpes por revelarlos a los árboles.
  19. Tres pueden guardar un secreto, si dos de ellos se mueren.
  20. Una de las razones más poderosas para divulgar un secreto, es la vanidad de decir que nos lo han confiado.

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Los padres tienen la obligación de enseñar a pensar a los hijos

ESCUELA PARA PADRES

Los padres tienen la obligación de enseñar a pensar a los hijos.

  • 23 Consejos para enseñar a pensar a los hijos
  • 3 Clases de pensamientos
  • Lo que piensan de los padres los hijos, según las edades (Imprima esta nota, recórtela y péguela en el frigorífico para que sus hijos la puedan leer. Verá que buenos efectos produce)
  • 27Sentencias sobre pensar

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La educación para aprender a pensar, primero fue un privilegio de la realeza y nobleza, después se convirtió en un derecho y hoy es una obligación. Mañana, que ya es hoy, será imprescindible dominarlo. Pensar, enseñar a pensar y aprender a pensar, son las tres obligaciones inteligentes de la educación familiar. Es una una inversión a largo plazo, que empieza en la cuna y nunca termina.

Hoy en día no ha llegado la democratización a la educación, para que aprendan a pensar, pues solamente a unos pocos hijos les enseñan sus padres a pensar, aunque esté muy democratizada el resto de la educación escolar. Algunas sociedades pecan por omisión del pensamiento, que lo sustituye por la ideología del sentimiento.

En la mayoría de los países, los padres ya no pueden decir que no se pueden educar, porque no hay medios, serán buenos o regulares, pero adaptados casi siempre a la demanda de las sociedades. Estamos en la época de la democratización de la enseñanza para todos.

            Pensar está íntimamente relacionado con el silencio, la soledad, el orden y la disciplina. Con ruido es casi imposible ponerse a pensar. Los que no encuentran unos momentos para retirarse del mundanal ruido, para poner en orden sus ideas, con procedimientos ya probados, difícilmente podrán encontrar la forma de reflexionar, sobre los temas o situaciones que quieren examinar. Pero hace falta un método y unos lineamientos.

23 Consejos para enseñar a pensar a los hijos:

1.      Enseñarles a conocer mejor, a través de la voluntad, la realidad que les rodea, a evaluarla inteligentemente y ser más creativos y oportunos, para ser capaces de hacer las cosas.

2.      Enseñarles a estar muy bien entrenados, en el fomento del diálogo y en el enriquecimiento del lenguaje, pues esto es exclusivo de la inteligencia humana.

3.      Enseñarles a no engañarse, ni a engañar, a ser sinceros, a actuar con coherencia y de acuerdo con la verdad, sin depreciarla ni rebajarla.

4.      Enseñarles a no sacrificar su libertad de pensar, por “el qué dirán” de la sociedad, pues la sociedad siempre intenta ridiculizar o aislar, a los pensadores inteligentes, bien entrenados y cultivados.

5.      Enseñarles a pensar cómo encontrar oportunidades, espacios, circunstancias y períodos para reflexionar, sobre el sentido de la vida y sus relaciones con la familia, la religión y la sociedad y así, poder dar rienda suelta a su imaginación y poder descubrir, nuevos horizontes.

6.      Enseñarles a pensar con estímulos, motivaciones y comentarios lógicos, para promover un clima adecuado, que favorezca sus hábitos intelectuales.

7.      Ensenarles a que piensen con lógica y que estén preparados, para los resultados consecuentes, previsibles, naturales, justificados y legítimos.

8.      Enseñarles a pensar en la importancia y consecuencias de sus acciones, pues mucho más que el bien-estar importa el bien-ser, aunque tengan que enfrentarse con valentía, a la dictadura de lo culturalmente correcto o políticamente incorrecto.

9.      Enseñarles a que con el aprendizaje a pensar, descubrirán las artimañas que tiene la sociedad, para impedirle o dificultarle que sepa pensar, para así poder dominarle.

10.   Enseñarles a que disfruten en el acto de pensar, cuando sea de forma reflexiva, para poder aprender bien, incluso planteándose problemas y buscando las soluciones.

11.   Enseñarles a que pasen del impulso irracional, no pensado, a la conducta inteligente.

12.   Enseñarles a que piensen, en intentar descubrir el mundo del error humano y que aprendan, de sus propias equivocaciones. Es imposible que piensen, que no se van a equivocar nunca.

13.    Enseñarles a que piensen que el decir siempre la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, aunque duela, está regida por los principios de dignidad y moral.

14.   Enseñarles a que piensen que el error humano, es el precio que las personas tienen que pagar, por poder razonar y disfrutar del libre albedrio para elegir, privilegio, que solamente tiene la especie humana.

15.   Enseñarles a que se sientan motivados, para que quieran pensar por cuenta propia y siempre, con actitudes positivas. Con actitudes negativas, el pensar parece cansino y mediocre.

16.   Enseñarles a que sean más inteligentes que la Televisión y las pantallas electrónicas, alimentando su inteligencia, con el fomento de la lectura, las conversaciones y los silencios.

17.   Enseñarles a que sólo las personas, mejor preparadas para pensar, podrán sobrevivir ante la caída de las estructuras morales, que tiene la sociedad.

18.   Enseñarles a realizar el ejercicio mental, de razonar los conceptos y las situaciones, a defender las causas con argumentos para las propias decisiones, sin dejarse llevar por las de los demás.

19.   Enseñarles a tener desarrollada la capacidad, para poder tomar decisiones y resolver problemas importantes, cada uno según su edad física y mental. Eso se consigue, educándolos en libertad, responsabilidad y conocimiento.

20.   Enseñarles como asentar en la mente y en el corazón, las cosas buenas, antes de que les lleguen las dañinas. Si llegan antes, es que se están educando cara al futuro y asi evitarán  claudicar en la formación y desarrollo de la inteligencia.

21.   Enseñarles la sana estrategia de que pregunten: ¿Qué es? ¿Por qué es así? y ¿Por qué y cómo lo sabe? Así tendrán el conocimiento cierto, por las causas.

22.   Enseñarles que aprender a pensar, es aprender a manejar las dos principales herramientas del pensamiento, la pluma y la palabra, las cuales son las armas que el pensador tiene, para expresarse.

23.   Enseñarles a pensar cómo se pueden y deben hacer mejor las cosas. Tienen que conjugarse todos los conceptos, para cultivar el uso activo del conocimiento y conseguir que los hijos, se conviertan en auto aprendices del pensar. 

Las herramientas básicas imprescindibles para, aprender a aprender, aprender a pensar, despacio, sin prisas, pero sin pausas, son: El hábito al estudio, el saber buscar, organizar y ordenar la información, aprender a reflexionar, aprender a expresarse correctamente por escrito y hablado, comprender lo que se lee y adquirir un manejo básico del cálculo, el razonamiento lógico, saber trabajar en equipo, aprender a hablar en público y a discutir en un debate, dialogar respetando el turno de palabra y concluyendo los argumentos. El que aprenda a pensar, sabrá desenmascarar los slogans perniciosos, los falsos valores, los espejismos y los caminos sin salida, que tantas veces ofrece falazmente la sociedad.

Hay muchos y muy buenos libros, que ensenan las técnicas para aprender a pensar, cada uno, especializado en los diferentes campos del pensamiento. No es lo mismo aprender a pensar para un niño o joven, que para un adulto profesional, que quiere aprender a pensar para su vida familiar, para el desarrollo de sus proyectos técnicos o para profundizar en el sentido religioso de su vida.

3 Clases de pensamientos: (Los pensamientos son las raíces de los actos)

1.      Los que sirven para meditar y orar. Suelen hacer en soledad y silencio, lejos del mundanal ruido.

2.      Los que sirven para trabajar o investigar o cómo hacer las cosas profesionalmente. Suelen hacerse en los lugares de estudio o trabajo.

3.      Los que sirven para analizar el pasado y encontrar soluciones, presentes y futuras de las cosas personales.

Los padres deben transmitir a sus hijos, todos los buenos conocimientos, ideas, tradiciones, costumbres, prácticas, etc. que tienen en los ámbitos familiares, religiosos, políticos, sociales, profesionales, deportivos, etc.

Los padres no tienen por qué exigir, que los hijos tengan las mismas ideas que ellos, pues, además de pertenecer a épocas diferentes, es muy posible que se hayan criado en ambientes muy distintos y con medios diferentes.

Los hijos deben explorar otras alternativas diferentes o complementarias, de las que sus padres les han transmitido. Siempre soportado con la educación familiar y formación académica, que van recibiendo. Para poder analizar con buen criterio otras alternativas, tiene que estar muy bien entrenados a pensar y a discernir cuál es la mejor de todas las alternativas entre las que puedan llegar a alcanzar.

Los hijos deben darse cuenta, que en sus momentos de incertidumbres, turbulencias o dificultades, hay muchos agentes externos, que quieren aprovecharse de que no piensen, ni se centren en ellos mismos, para así poder manipularles a su antojo. Esos agentes intentan que los hijos se centren o enfoquen, en factores donde puedan dominarlos y controlarlos.

En las habitaciones de los hijos bien educados a pensar con método, debería haber un cartel en la puerta que dijera: “Estoy pensando, si no es urgente, llamarme más tarde”. Padres e hijos deberían tener sus momentos de soledad, para poder dedicarse a pensar, a hacer introspecciones, para encontrar los caminos que debe seguir, para alcanzar los objetivos propuestos.

Los niños pequeños llegan a los colegios, sin que los padres les hayan enseñado a pensar por si solos, hacen las cosas como robots, porque están acostumbrados a hacerlas. Desde la más temprana edad les han dado todo hecho, sus padres y la sociedad en general, ya han pensado por ellos. Pero la sociedad moderna exige ya a los niños, que cada vez tengan mas desarrollado el sentido de saber pensar por si solos. Ellos solos no lo van a aprender y si los padres y los maestros no les enseñan, irán acrecentando el problema, para cuando se enfrenten a la cruda realidad de la vida. Después nada les darán hecho, a no ser lo que la sociedad quiera darles para algo para que hagan cosas sin pensar en lo que hacen.

Hoy los niños casi no tienen juegos didácticos, que precisamente están diseñados para que piensen. Los rompecabezas, los juegos de construcción, los mecanos, los juegos de mesa, parchís, damas, ajedrez, etc., prácticamente han desaparecido de las tiendas, porque los padres dicen que sus hijos no tienen tiempo para jugar con ellos. Prefieren comprarles los juegos, en los que juega el juguete y no el niño.

Hoy todo se reduce a muchas horas delante de la televisión, de las pantallas electrónicas u oyendo música y la mente puesta en blanco. Desgraciadamente, tienen muy pocas conversaciones con los otros niños y mucho menos con los padres o personas mayores. Esos sistemas de entretenimiento, son los encargados de pensar por los hijos, así estos no tendrán que pensar en nada, se lo darán todo hecho. Hay demasiados intereses de personas, empresas y organizaciones, empeñadas en que la gente no piense en nada. Que tengan el cerebro atrofiado de no pensar, pues a si, son muchos más fáciles de manejar por donde quieren.

Los niños deben a acostumbrarse a pensar, en lo que puede ocurrir con las cosas que están haciendo. Eso supone empezar a pensar en las consecuencias, buenas o malas, de los actos de cada uno, pues casi siempre, repercuten en los demás o en uno mismo. Pensar con anticipación las posibles consecuencias, es una buena forma de distinguir y seleccionar, entre lo que es bueno y lo que es malo, lo que son actividades y responsabilidades individuales, y las que atañen a todo el equipo que forma la familia.

Lo que piensan de los padres los hijos según las edades: (Imprima esta nota, recórtela y péguela en el frigorífico para que sus hijos la puedan ver, verá que buenos efectos produce)

  • A los 4 años: Mi papá puede hacer de todo.
  • A los 5: Mi papá lo sabe todo.
  • A los 6: Mi papá es más sabio que el tuyo.
  • A los 8: Creo que tal vez mi papá no sabe exactamente de todo.
  • A los 10: En la antigüedad, cuando mi papá estaba creciendo, las cosas sí que eran diferentes.
  • A los 13: Oh! Bueno, naturalmente, Papá no sabe nada de eso. Es demasiado mayor como para que se acuerde de su niñez.
  • A los 15: No le hagas caso a mi papá. Él es tan chapado a la antigua!
  • A los 17: A veces me pregunto, como pudo mi padre salir adelante, con lo poco que entiende las cosas.
  • A los 21: ¿Mi padre? Dios mío, el pobre está totalmente despistado. No es de esta época.
  • A los 25: Creo que mi padre sabe algo de esto. Es lógico pues él ha vivido tanto tiempo.
  • A los 30: Tal vez debiera consultar con mi padre, para ver que piensa de esto. Después de todo él ha tenido mucha experiencia.
  • A los 40: No voy a hacer nada, antes de consultar con mi padre.
  • A los 50: Me pregunto como habría manejado esto mi padre. Era tan sabio y tuvo todo un mundo de experiencia.
  • A los 55: Daría cualquier cosa porque mi padre estuviera con nosotros ahora, para poder hablar de esto con él. Lástima que no comprendí a tiempo lo sabio que era. Hubiera podido aprender tanto de él.

Los padres, además de estar viviendo las épocas actuales, tienen el bagaje adicional que les da la experiencia, de haber vivido otras épocas. En muchos casos las experiencias anteriores, pueden ser muy bien extrapoladas a las situaciones actuales, lo que origina una mejor visión, de lo que esta ocurriendo  y de lo que va a ocurrir.

Los padres deben educar a sus hijos, a saber examinar las alternativas que se les presentes o que quieran explorar. Si no están bien preparados para distinguir lo bueno de lo malo, es muy posible que otras personas, con malas intenciones, se encarguen de conducirles por caminos del conocimiento, que sean nefasto para su presente y su futuro.

Los padres no deben ser sobreprotectores, impidiendo que los hijos tengan que pensar detenidamente, para resolver sus propios problemas. Tienen que darles la libertad de que piensen, pero también que se hagan responsables de los resultados de sus ideas. No pueden estar ajenos a los riesgos que toman y a las soluciones que tienen que realizar, tanto a plazo corto, como a largo. Incluso pensando, como pueden afectar a otras personas, las decisiones que tomen ellos.

Los padres deben saber, que lo que fue bueno en una época y para determinadas circunstancias, a lo mejor ya no es bueno actualmente. Las cosas han podido cambiar y ellos a lo mejor no se han adaptado a ese cambio, aunque las virtudes y valores humanos, nunca cambian, y por eso deben ser inculcadas con el ejemplo a los hijos, desde su más tierna infancia. Por lo tanto no pueden intentar persuadir a los hijos, que no exploren otros caminos u opciones de la vida y seguir insistiendo, que tienen que transitar únicamente por el camino que sus padres lo han hecho.

Hay cosas que son inmutables al paso del tiempo, como la enseñanza y practica de las virtudes y valores humanos, que deben seguir ensenándose a los hijos. Esto les ayudará a saber pensar, como debe ser su comportamiento en la familia, escuela y sociedad.

Pero no porque los padres tengan una ideología política o admiración por un equipo deportivo, tienen que exigir que los hijos lo tengan también. La libertad que se da a los hijos, tiene que estar soportada en la educación, el conocimiento, la edad y las circunstancias de cada momento.

Poco a poco, los hijos van adquiriendo cuotas de libertad, para ejercer su libre albedrio en las cosas que quieren y necesitan ir aprendiendo. Es tarea de los padres estar muy vigilantes, para que esa merecida y lógica libertad, sea encauzada por el buen camino.

Que aprendan como aprendí yo, a golpe de acierto y error. Los padres no pueden decir eso a sus hijos.  Los padres deben cribar bien, los resultados que procedente de sus aciertos y errores, tienen que enseñar a los hijos, pero nunca decir: Ahí te dejo, aunque te caigas a las patas de los caballos. Algunas decisiones que pudieran tomar sus hijos, puede que sean irreversibles y entonces llega el llanto y el rechinar de dientes. Ya no sirve: Si se lo hubiera advertido.

Algunos hijos que no están bien educados, no quieren ni oír hablar de lo que les dicen sus padres. Pues alegan: Ahora vienen mis padres con este discurso, pues podrían empezar por dar ejemplo ellos mismos. “Consejos vendo, pero para mi no los tengo”

No se puede enseñar a los hijos a pensar, solamente según la experiencia de los padres, pues es posible que los padres no hayan determinado previamente, con los datos usados y los razonamientos seguidos, si lo que dicen es verdad o falso. Deben analizar previamente,  la calidad de los datos obtenidos, si las informaciones son parciales o bien comprobadas y las suposiciones falsas o verdaderas, las imaginaciones fundadas o infundadas, los deseos manipuladores o de enseñanza, etc. Si no lo hacen así, puede llevar a errores, engaños o falacias. Aunque hay padres que defienden sus teorías y practicas de comportamiento, soportándolas con su experiencia y con sus largos años de formación e información profesional, muchas veces no han analizado, la conveniencia de enseñar eso mismo a sus hijos.

Los padres tienen que enseñar a sus hijos, a que emplean la perseverancia y la constancia, cuando tiene que ponerse a pensar, para que tengan un método de trabajo, soportado en la practica de las virtudes y valores humanos y aprenda a no aburrirse, desanimarse, ni rendirse, ante las dificultades para conseguir sus logros. Que sepan dedicar el esfuerzo y empeño necesario, cuando verdaderamente merece la pena, pues lo quieren y lo necesitan, para ordenar su forma de pensar.

Primero pensar y después hablar. Pensar es mucho más rápido que hablar, por lo que siempre debe ir por delante. Cuando se habla y después se piensa, en la mayoría de las ocasiones, se cometen errores, que muchas veces son irreversibles. Si hemos aprendido a pensar bien, es casi seguro que hablaremos bien.

Pensar en lo que hay que hacer es recomendable, necesario, pertinente y justo, para conocer las dificultades o satisfacciones que vamos a encontrar, en lo que estamos pensando hacer. Muchas veces es una temeridad, que puede salpicar a terceros, el hacer las cosas importantes sin haberlas pensado previamente.

Pensar es un formidable ejercicio mental, que requiere un gran esfuerzo y aunque cueste y desgaste, hay que dosificar y resistir la tentación de dejarlo. Algunas veces supone un enorme consumo de energía, para poder hacer realidad lo que se piensa hacer.

Es muy recomendable pensar en obtener objetivos o metas, que estén bien planteados y sean realizables y razonablemente alcanzables, en tiempos predeterminados. No se puede pensar en quimeras, por mucho que la moda sea: “piensa en grande y lo obtendrás”. Los objetivos que se piensan realizar, deben ir acompañados de la práctica, la perseverancia, la paciencia y la coherencia. El mejor modo de ver los objetivos, es pensarlos con paciencia, desde diferentes ángulos de vista y a diferentes plazos.

Si después de haber pensado bien las cosas, salieran mal, no debemos considerarlos como fracasos, que nos llenen de frustraciones. Para eso está la virtud de la perseverancia, que nos llevará a pensar, si es que no tenemos las habilidades necesarias, para alcanzar los objetivos deseados o estos están mal planteados.  En estos casos hay que ser honrados y autocríticos con uno mismo, pedir consejos a los que sepan más que nosotros, y volver a empezar con más brío y con una buena dosis de humildad. Sin rendirse ante el primer tropiezo, e intentar sacar felicidad de la adversidad.

Hoy en día es muy difícil, pero no imposible, el enseñar a pensar, se ha perdido el concepto de las “escuelas de pensadores” los filósofos. Pensar, y pensar bien, es una técnica difícil de encontrar, pues muchas personas se pasan el día pensando mal, de todo y de todos. Son los inconformes tradicionales. “Si deseamos pensar bien, hemos de procurar conocer la verdad, es decir, la realidad de las cosas. ¿De qué sirve discurrir con sutileza, o con profundidad aparente, si el pensamiento no está conforme con la realidad?

            Actualmente hay una crisis económica, que se refleja en una crisis de valores, entre ellos el valor de pensar mucho y bien. Por eso determinados segmentos de la sociedad, están poniendo todas sus energías en dedicarse a pensar, como salir de esta situación. Los que salen triunfando, son los que piensan aplicando las virtudes y valores humanos de integridad, honestidad, generosidad y colaboración.

            Aprender a pensar cómo hacer las cosas, es mucho más importante y productivo para el desarrollo de las personas, que estudiar de memoria. Por eso es más conveniente enseñar a pensar cómo pescar, que regalar un pescado y no enseñar nada.

            Para pensar bien se requiere discurrir, reflexionar, razonar, examinar y analizar con gravedad, consistencia, seriedad, solidez, profundidad, etc.

            Hoy es muy difícil encontrar pensadores en la vida cotidiana, solamente hay unos pocos en las empresas privadas, donde la misma supervivencia entre los competidores, les obliga a estar continuamente pensado en cómo ser los mejores. Ellos no “pasan de pensar”. Pensar lo han convertido en su profesión. “El que para de pensar, la competencia se lo come”. Incluso en la vida profesional, hay una escasez de pensadores, pues la mayoría de las cosas que tienen que hacer, están soportadas y resueltas en los manuales de actuación, los libros de protocolo, las instrucciones en circulares, etc. Dejan muy poco margen, para que las personas piensen, no quieren las empresas que sus empleados “piensen o inventen con dinero ajeno” o que “confundan sus deseos o fantasías profesionales, con la realidad”

Los padres no tienen que tener miedo a enseñar a pensar, para que sus hijos puedan encontrar la luz y la libertad, dentro de un entendimiento claro, capaz y exacto, que abarque lo que quieren pensar. Expresándose después con claridad, precisión y exactitud. Así podrán ver o reconocer todo lo que hay, pero no más de lo que hay. Evitando caer en la costumbre de intentar ver mucho en todo, incluyendo lo que no hay, pero que se lo imaginan y lo dicen como si fuera cierto.

La objeción de conciencia, está íntimamente relacionada con la capacidad de pensar que tengan nuestros hijos. Si no están entrenados perfectamente para pensar, es casi imposible que tengan bien claras las cosas, que se rigen por la conciencia de cada uno y la posibilidad, que puedan ejercer su plena libertad de objeción de conciencia. Por las preguntas les conoceréis.

Los jóvenes cuando llegan a su primer trabajo, provenientes de la universidad o de la escuela, se encuentran ellos y sus jefes, que no están acostumbrados a pensar, nadie les ha enseñando a hacerlo, durante los años de estudios, ni en sus padres, casi siempre todo se lo han dado hecho. Es la frustración de los empresarios. Muy pocas veces han tenido que usar su creatividad. Cuando llegan a la empresa, por muchos manuales de funcionamiento que tengan allí, siempre tienen un margen para tener que pensar, por cuenta propia. Entonces empieza el miedo de acertar o equivocarse, en lo que tienen que hacer. Por eso muchos empresarios prefieren invertir en maquinaria, procedimientos o manuales, que en formación de los nuevos empleados, pues les es más rentable.

Los padres tienen que potenciar en los hijos, la capacidad de formar sus inteligencias, para que además de ser buenos depósitos del conocimiento, tengan la capacidad, pensando por si mismas, para preguntar y preguntarse, siendo  capaces de buscar y encontrar la información relevante y fiable que necesitan, y capaces luego de tomar decisiones.

Un buen padre, tutor o consejero externo, es el que también contesta a preguntas, que no se han hecho, debido a que no habían sido pensadas con anterioridad. Desgraciadamente, hay cosas que se dan por sabidas y que no se preguntan, y por lo tanto, no suele haber respuestas. Hay situaciones que los hijos sobrentienden, por la mucha o poca experiencia, que no deben ponerla en el planteamiento de la ecuación, por lo que no encuentran nunca, la solución adecuada, al problema mal planteado. 

27 Sentencias sobre pensar:

1.      A veces pensamos que lo que hacemos es tan sólo una gota en el mar, pero el mar sería menor si le faltara esa gota.

2.      Aprender sin pensar es tiempo perdido; pensar sin aprender es peligroso. Aunque a todos les está permitido pensar, muchos se lo ahorran.

3.      Cualquiera puede tener conocimientos, pero el arte de pensar es el regalo más escaso de la naturaleza.

4.      Cuando no se piensa en lo que se dice, es cuando se dice lo que se piensa.

5.      Cuando todos piensan de la misma manera, es porque nadie piensa gran cosa.

6.      El hombre que nos exige pensar, tiene más votos que el que solamente nos hacer reír.

7.      El no y el sí, son breves de decir, pero piden pensar mucho.

8.      El que ríe el último, es que ha pensado más lento.

9.      En la montaña, el turista viene a buscar un panorama, el pensador encuentra un libro abierto.

10.   Es mil veces más fácil, no decir lo que pensamos en un momento de ira, que disculparnos después.

11.   Estudiar sin pensar es tan inútil, como pensar sin estudiar.

12.   Hacer preguntas, es prueba de que se piensa.

13.   La educación consiste en enseñar a los hombres, no lo que deben pensar, sino a pensar.

14.   Mucha gente piensa que piensa, cuando no hace más que recordar.

15.   Pensar contra la corriente social es heroico, decirlo, una locura.

16.   Pensar es como vivir dos veces.

17.   Pensar es el trabajo más difícil que existe. Quizá sea ésta la razón, por la que haya pocas personas que lo practiquen.

18.   Pensar es fácil, pero actuar como se piensa es muy difícil.

19.   Pensar es la gimnasia de la mente.

20.   Piensen en lo mucho que han recibido de Dios y en lo poco que le dan a su Creador, Redentor y mejor Amigo.

21.   Prefiero más que llegar, pensar que ya voy llegando.

22.   Quien vive sin pensar, no puede decir que vive.

23.   Si haces que la gente piensa, te admiraran, pero si realmente los haces pensar, te detestarán.

24.   Si no vivimos como pensamos, pronto empezaremos a pensar cómo vivimos.

25.   Tómate tiempo para deliberar, pero cuando llegue la hora de la acción, deja de pensar y actúa.

26.   Una parte de los hombres actúa sin pensar, y la otra piensa sin obrar.

27.   Uno de los más serios problemas del mundo actual es que muchas personas creen que, porque han estudiado algo, ya no tienen que pensar.

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La soberbia en la familia

ESCUELA PARA PADRES

La soberbia en la familia.

  • 31 Graves consecuencias de la soberbia en la familia
  • 10 Principales manifestaciones de la soberbia
  • 11 Sentencias sobre la soberbia

3,234 Palabras Tiempo de lectura 12:00 minutos

Algunos artículos relacionados:

Este artículo está enfocado en los maridos soberbios, pero lo pueden adaptar a las esposas e incluso a los hijos soberbios.

¿Qué se puede hacer para cambiar a un marido soberbio? Cuando la soberbia se ha consolidado como una adicción en el marido, para eliminarla tiene que: Primero querer reconocerla, segundo poner los medios necesarios para eliminarla y tercero pedir ayuda a su esposa e hijos para que le ayuden a expulsarla de su vida cotidiana. Es todo un proceso como el de eliminar cualquier otra adicción, que hay que empezar a trabajar desde el noviazgo, después será mucho más difícil, por no decir imposible.

Para intentar eliminar la soberbia, el marido y toda la familia, tienen que trabajar mucho con potenciar las virtudes y valores humanos, que son contrarios a la soberbia, principalmente: La humildad, la paciencia, el sosiego, la calma, la disciplina, la reflexión, el respeto, la serenidad, la tolerancia, la autodisciplina, la honestidad, etc.

La esposa de un soberbio no puede ceder ante las conductas impropias. Tiene que poner por delante el beneficio de su familia, pues ceder, podría ser la causa de muchos problemas futuros. Debe aprender a no tener miedo a pararle los pies. Es preferible que se enfrente verbalmente al cónyuge o hijo soberbio.

Es muy difícil, por no decir imposible, convivir con un cónyuge o un hijo que ejerza de soberbio. No se puede dialogar con ellos, pues explotan violentamente, ante cualquier situación contradictoria o llamada de atención en su comportamiento. Suelen expresarse de forma colérica e iracunda, con acciones impropias o palabras altivas e injuriosas. Siempre quieren tener toda la razón y salir a flote de cualquier situación o tema.

Los maridos soberbios son desmesuradamente altivos y tienen un apetito desordenado de ser preferidos a otros. Con malsana satisfacción y envanecimiento, contemplan sus propios actos personales y desprecian los de los demás. Nunca se rebajan a pedir dispensa, colaboración o ayuda.

La soberbia es el principio de la violencia física y emocional en la familia, cuando el cónyuge no acepta que los dos tienen que convivir, dentro de unas normas familiares, donde nadie es más que el otro.

Los maridos soberbios tienen detrás su chulería y altanería, que incluso les lleva a meterse en problemas de convivencia y mucho más, cuando se encuentran con otra persona más soberbia. También es cierto que el vicio de la soberbia se cura rápidamente, en un minuto, cuando están en inferioridad de condiciones, frente a un policía, un juez, un jefe u otra persona de categoría, aspecto físico o actitud superior.

Los maridos soberbios, jamás se humillan a pedir perdón a su cónyuge o hijos. Siempre creen que ellos son los ofendidos y que por eso, pueden decir las cosas como las piensan, sin darse cuenta del daño que hacen.

Los hijos soberbios, autoritarios, violentos o irresponsables, que no son capaces de respetar a los demás, deben ser corregidos adecuadamente, para canalizar y orientar esa actitud, a través de una educación que les ayude a conocer los límites, entre lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, es decir que aprendan a formar un juicio moral. Un ambiente demasiado tolerante y permisivo con los hijos soberbios, tiene efectos muy negativos en su educación posterior y en sus relaciones familiares y sociales, presentes y futuras. Estos hijos son los que tienen muchas probabilidades de ser los organizadores de la violencia del bullying.

Los hijos de padres soberbios se acostumbran a imitar las actitudes de sus padres y al no tener quien les corrija se meten en un laberinto de malas, irresponsables y peligrosas actuaciones frente a sus otros hermanos, familiares, compañeros de estudios y amigos. Ese pernicioso vicio de la soberbia es muy difícil que lo supriman hasta que algunas veces es lo hagan quitar radicalmente otros mas soberbios que él. 

Los padres soberbios confunden su autoridad con el autoritarismo, siendo ésta muy mala estrategia de educación. Ejercen su autoridad y atribuciones, de forma prepotente, arbitraria, incongruente y caprichosa, asumiendo una falsa interpretación de sus privilegios y obligaciones de padre. También suele ir acompañada de violencia física o emocional, con castigos físicos y palabras humillantes, despertando profundos sentimientos de agresividad, frustración, impotencia, odio e ira. Cuanto más ganarían con una llamada de atención inteligente, breve, clara, a tiempo y con soluciones.

Los padres soberbios no son persuasivos, solamente producen en los hijos sustos y posterior indiferencia, acostumbrándose a los estallidos de soberbia de los padres. Los soberbios nunca se dan plena cuenta de los gestos y gritos ridículos que realizan.

Los soberbios se jactan, vanaglorian y alardean de si mismo, al tener una propia obsesión exagerada, que le lleva a una excesiva valoración de su comportamiento.

Los soberbios creen, que todo lo que poseen es lo mejor y que son capaces, de superar todo lo que digan o hagan los demás.

Los soberbios se concentran en el continuo hablar de ellos mismos, en las actitudes prepotentes y engreídas, en su vanidad,  en su afectación en los gestos y el modo de hablar y en el decaimiento profundo al percibir la propia debilidad.

 Los soberbios se consideran superiores a los demás, pues piensan que valen más o que tienen mayor dignidad, poder, fama, dinero, prestigio, títulos, estudios, etc. Incluso reaccionan airadamente, desafiándoles, si sienten que alguien que ellos creen que es inferior, lo pone en duda.

Los soberbios se manifiestan con el constante deseo de ser preferidos a otros, basándose en la satisfacción de la propia vanidad, del Yo o ego y en que nunca se rebajan a pedir perdón o ayuda. Es el puro egocentrismo y susceptibilidad malsana.

Los soberbios tienen una desmedida opinión de ellos mismos, presentándose con una superioridad y un aire de grandeza extraordinario, que solamente en algunas ocasiones de merito propio, puede ser positivo y hasta justo, pues proviene de causas nobles y puede servir como ejemplo a la sociedad.

Los soberbios se caracterizan, por una actitud prepotente y despreciativa hacia los demás. No suelen aceptar sus errores y siempre, tienen argumentos para justificarse. Suelen culpar a los demás de sus propios fallos, no aceptan ser corregidos y cuando se encuentran acorralados, optan por una salida fácil pero infantil, se enfadan, se ponen agresivos, dejan de hablar, gritan, lloran, patalean y se marchan.

Los soberbios suelen ser inmaduros y su comportamiento es igual al de los niños pequeños, que han recibido una mala educación y han sido muy consentidos y demasiado valorados por los padres. Suelen tener una gran intolerancia a cometer errores y sobre todo, con un nivel muy bajo de tolerancia a la frustración.

31 Graves consecuencias de la soberbia en la familia:

1.      La soberbia conlleva un aire de suficiencia, que hace aparecer a las personas como sabiondas, ridículas, molestas, antipáticas e intratables.

2.      La soberbia, cuando está anidada en el interior de los hombres, impide aceptar una corrección fraterna, recibir un buen consejo, o simplemente una opinión de otros.

3.      La soberbia empuja a hablar con protagonismo, a opinar siempre y de todo, aunque nadie lo haya pedido.

4.      La soberbia es concéntrica y la vanidad es excéntrica.

5.      La soberbia es contraria a la humildad y a la obediencia, siendo una de las principales puertas de la violencia.

6.      La soberbia es el apetito desordenado de la propia persona, que descansa sobre la hipertrofia del propio individuo.

7.      La soberbia es el valor antidemocrático por excelencia, en la familia, en la política y en la sociedad.

8.      La soberbia es incompatible con el amor al prójimo.

9.      La soberbia es la fuente y origen de muchos males de la conducta y es ante todo, una actitud que consiste en adorarse a uno mismo y humillar a los demás.

10.   La soberbia es la pasión desenfrenada sobre uno mismo.

11.   La soberbia es la que infla el “ego” que algunos llevan dentro.

12.   La soberbia es la trampa del amor propio, de la falta de humildad, de la lucidez y de la propia estimación sincera.

13.   La soberbia es mala compañera, para prosperar en los campos de la vida. Si se creen que “Son la mamá de Tarzán” o “La última Coca-Cola del desierto”, es que están totalmente equivocados.  La misma vida les pasará la factura por su soberbia.

14.   La soberbia es uno de los siete pecados capitales más graves (lujuria, pereza, gula, ira, envidia, avaricia y soberbia) y que más males trae al alma del hombre.  En cada religión, se llama de distinta forma al concepto “pecado”, pero en todas es el mismo concepto.

15.   La soberbia está muy relacionada con la ignorancia.

16.   La soberbia genera los vicios de vanidad, vanagloria, falsa autoestima, ostentación, hipocresía, jactancia, celos, violencia, rencores, prepotencia, etc.

17.   La soberbia hace concederse más méritos de los que se tienen y sentirse, muy por encima de lo que cada uno vale. (Una cosa es lo que cada uno vale y otra cosa es lo que cada uno, dice que vale)

18.   La soberbia hace esperar la aceptación total de los demás, sin que haya opiniones contrarias.

19.   La soberbia hace perder la paciencia a los demás.

20.   La soberbia hace que algunas personas, se apunten éxitos que no son suyos.

21.   La soberbia lleva al apasionamiento y a la violencia, incluso en las discusiones más triviales.

22.   La soberbia reflejada incluso en un desafortunado instante, puede echar a perder la vida familiar, profesional o social, por lo que hay que cuidarse mucho de los impulsos que la produce.

23.   La soberbia suele producir entre los interlocutores, más risas que aplausos.

24.   La soberbia tiene otros brazos: orgullo y vanidad.

25.   La soberbia, cuando la emplean para epatar o deslumbrar a los demás, suele suponer el dar opiniones, algunas veces no pedidas, aunque no sean adecuadas ni relacionadas con lo que se está hablando.

26.   La soberbia, cuna de la ignorancia, hace a algunos creerse mejores y mejor preparados que los demás, en todas las tareas y capacidades.

27.   Los soberbios dejan de ver sus propios defectos, quedando éstos diluidos en su imagen de personas superiores, lo que les impide ver, nada a su altura, todo les queda pequeño.

28.   Los soberbios llegan a forzar a su inteligencia, hasta crearse un juicio deformado de sí mismos, lo que les arrastra a sentirse el centro de todo, como una idolatría personal.

29.   Los soberbios no se dan cuenta o se les olvida, que para otros no son nada. Solamente son soberbios, con ellos mismos.

30.   Los soberbios nunca llegan a aceptar una opinión diferente a la suya, no admite que alguien sepa más que ellos, les lleven la contraria o les digan lo que tienen que hacer, por muy bueno que sea el consejo.

31.   Los soberbios para situarse por encima de todos lo que les rodean, están llenos de prepotencia, presunción, jactancia y vanagloria.

La soberbia conlleva los vicios de la vanidad, la altivez, la arrogancia, la altanería, el tono despectivo, el desprecio, la desconsideración, la frialdad en el trato, la distancia gélida, la impertinencia, la humillación, la insolencia cínica o mordaz, el engreimiento, la magnificencia, etc.

La soberbia conlleva orgullo, lo que incita a la persona a valorarse demasiado, creyéndose capaz de hacer cualquier cosa, por encima de los demás e incluso de sus propias capacidades, de las circunstancias y de los contratiempos que se presenten.

La soberbia entorpece y debilita las relaciones entre los cónyuges, pues si uno de ellos tiene un amor desordenado sobre si mismo, es muy difícil amar incondicionalmente al otro cónyuge, con todos los sentimientos, lo que hace casi imposible o insufrible la convivencia, con alguien que obliga a practicar, la sumisión, la pleitesía, el acatamiento y hasta el servilismo.

La soberbia es compañera del orgullo mal entendido, de la vanidad y del interés desmedido por la propia imagen, lo que fomenta el narcisismo y el que le reconozcan su complejo de superioridad. Pero el orgullo sano, tiene una connotación positiva que es muy apreciada, cuando surge de causas nobles o virtudes. También la calificación de algo como soberbio u orgulloso, puede significar muy provechosa en los casos que se refiera a la práctica de virtudes o valores humanos.

La soberbia es el apetito desordenado de la propia valía y superioridad. Es una tendencia a demostrar la superioridad, la categoría y la preminencia que creen  tener, frente a los de su entorno.

La soberbia también sale a flote, cuando ha sido inculcada o imbuida a través de falsos mensajes de aprecio, desprecio, menosprecio o falsas diferencias o supremacías radicales dirigidas a otros, porque son de diferente sexo, aplicando el feminismo o machismo, color de la piel, superioridad o inferioridad de raza, posición social, económica, profesional, estudios, edad, o nacimiento en otros países, regiones, ciudades, etc.

La soberbia tiene como comportamiento opuesto, entre otras las virtudes de la humildad, la modestia, la sencillez y el orgullo sano, que no están reñidas con reconocer los defectos propios e intentar combatirlos, con seguridad y confianza en las propias posibilidades personales.

La soberbia está unida a la vanidad y al orgullo, representando una lacra para la sociedad. Para ejercer esos vicios, necesitan que haya gente a su alrededor, no los pueden ejercer en soledad, necesitan auditorio, a poder ser de gente sumisa, que no pueda rechistar y solamente pueda alabarles. Ahí es donde se sienten importantes, aunque sean el blanco preferido, para que otros les desmonten esa escenografía que montan, para impresionar a los humildes o tímidos.

El orgullo sano es una virtud elevada, propia de hombres mental y moralmente superiores, que sin ocultarlo ante nadie, tienen una ambición moral de vivir en plena consistencia con las virtudes y valores humanos. Lo que les conduce a una honestidad absoluta consigo mismo, sin trampas y con una valentía y superación constante.

10 Principales manifestaciones de la soberbia:

1.      Cuando existe una malsana selectividad en el entorno, con tendencia a tener pocos amigos y a someterlos a la voluntad propia.

2.      Cuando hay autoritarismo al mandar.

3.      Cuando hay rebeldía ante la obediencia.

4.      Cuando por soberbia y mal orgullo, se menosprecia todo lo que es el prójimo, creyendo estar por encima de todo y de todos, incluso no reconociéndolo como semejante.

5.      Cuando se crítica de los envidiados.

6.      Cuando se demuestra mucha agresividad en las relaciones y actividades sociales.

7.      Cuando se envidia y critica los valores de otros.

8.      Cuando se razona al revés, creyendo que todo está, al servicio temporal y material del soberbio.

9.      En la mayoría de los enfados, incluyendo los contrarios a uno mismo.

10.   En la mayoría de los momentos del malhumor, durante la convivencia familiar.

Los soberbios no pueden tener armonía y convivencia con otras personas, pues se creen superiores a los demás y desprecian las frustraciones, ilusiones y alegrías de los otros.

La soberbia religiosa nace cuando la criatura desafía a Dios, no admitiendo su condición de criatura y tratando de imponer sus deseos frente a la divinidad y como todos los pecados, tiene distintos grados.

La soberbia racial se da en los colectivos de personas, que miran por encima del hombro a otras comunidades o grupos, considerándoles inferiores, descartables o incivilizados, sin haberse molestado nunca, en intentar entenderlas, ni comprender en qué difieren de ellos, en darse cuenta de que también hay otras costumbres y diferentes sociedades.

La soberbia social se da cuando el soberbio, creyendo falsamente en su superioridad o estrato superior, siempre tiene el deseo de ponerse por encima de los demás, no admitiendo que nadie, en ningún campo o grupo, se le encarame.  No es malo que un individuo tenga una buena opinión de sí mismo, lo malo es cuando no le deja paso a nadie, ni tolera que alguien pueda estar delante de él.

La soberbia emocional se produce, cuando el soberbio se siente incomprendido y sufre mucho, pues no le consideran el mejor, imaginándose que todos los demás, le hacen agravios y nadie le da la representación de grandeza que requiere.

La soberbia absurda, grotesca y risible se da, cuando el soberbio pierde los papeles delante de todos y queda en ridículo, saliendo a relucir su inmadurez y las debilidades de sus actuaciones violentas.

La soberbia y el servilismo se suelen juntar, cuando el soberbio con prepotencia, sabe dominar a otros que se dejan avasallar o maltratar, porque no les queda más remedio que aguantar “carros y carretas”.  Es la antonomasia de la desconsideración. Es decir: “Primero yo, luego yo y después también yo.”

La soberbia y la soledad suelen coincidir, pues a los soberbios nadie los quiere tener al lado y suelen estar completamente solos, la mayoría del tiempo, aunque algunas veces, no quede más remedio que soportarlos por obligaciones familiares, profesionales o sociales.

El soberbio no es realista, pues los que son un poco inteligentes, se creen que son sabios. Los que son ingenuos, se creen que son astutos. Los que son soberbios y viles, les hace mostrarse insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes, en la adversidad. Incluso no sabe valorar los bienes que tiene, pues está cegado por su soberbia.

La soberbia es debilidad y la humildad es fuerza. Porque al humilde le apoya todo el mundo, mientras que al soberbio nadie, pues la sociedad lo considera como un necio.

11 Sentencias sobre la soberbia:

1.      Donde hay soberbia hay ignorancia y donde hay humildad hay sabiduría

2.      El soberbio consigue que la gente lo vaya dejando de hablar, si no corrige su actitud, hasta que el mismo se autoexpulsa de los grupos familiares, profesionales y sociales.

3.      El soberbio después de las ridiculeces y las derrotas, se vuelven más humilde.

4.      El soberbio produce compasión y angustia en su familia.

5.      La soberbia es el vicio más frecuentemente castigado, y sin embargo, el más difícil de curar.

6.      La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande, pero no está sano.

7.      La soberbia nunca baja de donde sube, porque siempre cae de donde subió.

8.      Más fácil es escribir contra la soberbia, que vencerla.

9.      Ruin arquitecto es la soberbia; los cimientos pone en lo alto y las tejas en los cimientos.

10.   Ser soberbio con los superiores es muy difícil y peligroso. Serlo con los indefensos o humildes, es una vergüenza y una mezquindad.

11.   Ser soberbio descalifica para dirigir.

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Adoptar un niño. ¿Por qué, para qué, cómo y cuándo?

ESCUELA PARA PADRES 

Adoptar un niño. ¿Por qué, para qué, cómo y cuándo? 

  • 11 Grupos de personas que quieren adoptar niños
  • 62 Preguntas imprescindibles, previas a la adopción de un niño
  • 5 Pasos para contar a un hijo adoptivo su realidad 

3,183 Palabras Tiempo de lectura 12:00 minutos 

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La maravillosa experiencia de adoptar niños 

La adopción de niños es un acto sublime, lleno de amor, valentía, nobleza, grandeza,  esplendidez, etc. Es recibir como hijo propio, de acuerdo con las leyes, al que no lo es, biológicamente. No hay palabras suficientes para calificar esta acción, máxime si con esa adopción, se impide que el niño sea asesinado en un aborto.

Adoptar un niño marca positivamente y para siempre, la vida de los padres y del niño. Supone un nuevo modelo de familia inimaginable, que produce muchas más satisfacciones que problemas.

Estas preguntas son las que deben hacerse los cónyuges, que estén en la fase de pensar en la posibilidad de adoptar un niño o una niña. Las preguntas deben adaptarse en cada caso si son: Parejas de hecho o en convivencia, hombre, mujer, soltera, casada, viuda, divorciada, separada, edad, situación económica, familias monoparentales con otros hijos, parejas del mismo sexo, personas homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales, etc. 

Se han hecho muchas investigaciones médicas sobre las posibles influencias genéticas, hormonales, sociales, culturales y del desarrollo en la orientación sexual, no se ha encontrado datos que permitan a los científicos afirmar, que la orientación sexual esté determinada por un factor o varios factores en particular. Pero está demostrado ampliamente, que la orientación sexual se produce, a través del mal ejemplo y de la mala educación. 

Hay adopciones denominadas como “niños a la carta”. Es decir los que solamente quieren adoptar a los niños, si reúnen las condiciones que han determinado con anterioridad. Esto tiene una gran connotación de egoísmo, soberbia, etc. Excepción hecha de las personas que condicionan la adopción a los niños que nadie quiere, por sus graves enfermedades, deformaciones u otras circunstancias negativas para los futuros padres. 

11 Grupos de personas que quieren adoptar niños: 

  1. Los que aceptan al niño que les entreguen, ya que lo hacen por amor desinteresado, entendiendo que una adopción puede ser, similar o equivalente, a aceptar las características que traiga un hijo biológico.
  2. Las familias que aun teniendo hijos biológicos, quieren adoptar otros, como un ejemplo de sacrifico y caridad hacia los más necesitados.
  3. Los que ponen condiciones mínimas o muy determinadas, en las características del niño a adoptar.
  4. Los que quieren adoptar por encargo, a través de empresas especializadas en bancos de semen, de óvulos y de vientres de alquiler.
  5. Los que biológicamente no pueden tener hijos, por su relación de pareja del mismo sexo, debido a que son homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales, etc.
  6. Los que quieren adoptar, exclusivamente como compañía para el futuro, principalmente los solteros, separados o viudos, pues se sienten muy solos y quieren tener asegurados los cuidados en su vejez.
  7. Los que quieren adoptar un niño para sustituir la pérdida de un hijo biológico.
  8. Los que biológicamente no pueden tener hijos y su formación religiosa, les impide utilizar métodos abortivos, como la fundación in vitro, la inseminación artificial, u otros tratamientos inmorales contra la infertilidad.
  9. Los que adoptan como signos externos de riqueza, de forma que se noten bien las diferencias, entre los hijos adoptados y los biológicos.
  10. Los que al casarse o vivir en pareja con otra persona, que ya tiene hijos propios y no pueden aportar un hijo biológico, deciden adoptar un niño para equilibrar las futuras relaciones familiares.
  11. Los que pagan por adoptar un hijo, a sabiendas de las irregularidades administrativas, legales o torceduras de las leyes, sobre todo en épocas de dictaduras, de represiones políticas o en países con gobiernos y leyes corruptas. 

Cada posible adoptante, debe conjugar sus características familiares con el grupo al que pertenece, de los indicados anteriormente y adaptar las preguntas a su real situación. 

Es una obligación de todas las personas de bien, intentar convencer a las madres, que no quieren tener a su hijo que lleva en su vientre, que lo ofrezcan en adopción, a alguna de las extraordinarias organizaciones religiosas y seglares que hay en todos los países. Cualquier adopción es mil veces mejor, que asesinarlo a través de un aborto. Ese crimen si que destroza a la mujer, a la familia y a la sociedad. 

Adoptar niños no es un derecho que tienen las personas, es un privilegio que concede la sociedad, a través de las leyes. Hay grupos determinados que pretenden, bajo fuertes presiones a la sociedad, que se promulguen leyes, que les concedan el derecho a adoptar, aunque sepan que a la larga, es un perjuicio para los adoptados, pues los adoptantes les van a educar en forma contraria a las leyes naturales. 

En algunos países las leyes injustas, ponen demasiados impedimentos económicos y legales, para que el proceso de adopción circule por cauces normales, dentro de unos plazos y costos razonables y tenga seguridad jurídica. Hoy en día es muy difícil adoptar a un niño, a no ser que se disponga de mucho dinero o se pertenezca a un grupo determinado de presión social, al que le dan muchas facilidades para que adopte niños. Es mucho más fácil adoptar niños, de países extranjeros donde las leyes son más fáciles para agilizar los procesos, que adoptar de los propios orfelinatos que están en la ciudad y llenos de niños, a la espera de que los adopten. 

Existen duras e injustas leyes, que impiden agilizar las adopciones de buena fe, no importando que mientras tanto, los niños sean asesinados en los abortos o se enfermen en algunos orfelinatos. En muchos casos, los posibles adoptantes se cansan de esperar, de hacer los trámites o se les termina el dinero y tienen que abandonar sus intenciones de adoptar. Precisamente por esta tiranía de las minorías, pagan muchos justos, por unos pocos pecadores. 

62 Preguntas imprescindibles, previas a la adopción de un niño: 

Estas preguntas deben hacerse los cónyuges por separado, para después analizar las respuestas y tratar de compaginarlas, y así puedan tomar la decisión, con el mejor conocimiento posible, poniendo como objetivo, el bien del futuro niño adoptado. 

  1. ¿Por qué queremos adoptar?
  2. ¿Queremos adoptar por amor al prójimo?
  3. ¿Queremos adoptar porque es un signo externo de riqueza social y además sentirnos mejor?
  4. ¿Para qué queremos adoptar?
  5. ¿Queremos adoptar para que cuando seamos mayores tengamos la seguridad de que alguien nos va a cuidar?
  6. ¿Estamos dispuesto a aceptar al niño que nos entreguen, sin poner condiciones, preferencias o exclusiones de sexo (niño o niña), edad (mínima o máxima), religión, color, raza, nacionalidad, origen, estatus social, tamaño, salud, condiciones físicas o mentales mínimas,  deformaciones, situación, características o enfermedades de su madre o padre biológico, o solamente lo aceptaremos, si cumple con nuestras condiciones?
  7. ¿Estamos dispuestos a adoptar al niño, incluso si la adopción es abierta y no es “sellada”?
  8. ¿Han decidido cuál es la mejor edad del niño para ser adoptado, para evitar que les reclame por la frustración que le haya podido producir su adopción?
  9. ¿Estamos dispuestos a aceptar la adopción de un hijo, que tenga ya la edad del discernimiento y por lo tanto, que tenga sus propias ideas y costumbres, por lo que tengamos que empezar desde cero, a volver a educarlo en la forma que queremos y que sea lo mejor para él, sin que esto le haga daño?
  10. ¿Cuál creen que es la mejor edad para la adopción, para el niño o para los padres adoptivos, o lo van a hacer, pensando en el beneficio de adoptarlo cuanto antes, para que pase el menor tiempo posible en el orfelinato o con sus padres biológicos?
  11. ¿Se han planteado la posibilidad de adoptar un niño, porque se les está pasando la edad para calificar para la adopción y la de ser padres biológicos y por lo tanto, aumenta el riesgo en el embarazo y los posibles problemas físicos del hijo biológico?
  12. ¿Sienten desánimo cuando ven, que pasa el tiempo y no consiguen adoptar un niño, mientras que otras personas lo logran, debido a sus características familiares, sociales o grupales?
  13. ¿Prefieren adoptar un niño recién nacido, aunque eso suponga el riesgo de que cuando vaya siendo mayor, piense que fue robado en lugar de adoptado?
  14. ¿Prefieren adoptar un niño, aproximadamente mayor de cuatro años, que es cuando ya empiezan a entender que han sido adoptados, para así disminuir el riego de las acciones impredecibles, que suelen tener los niños adoptados en edades más avanzadas?
  15. ¿Separaríamos a dos hermanos gemelos o de diferentes edades, que estén disponibles para la adopción?
  16. ¿Estamos dispuestos a esperar el tiempo que sea necesario, hasta que nos entreguen al niño que nos hayan adjudicado?
  17. ¿Estamos dispuestos a esperar el tiempo que sea necesario, hasta que llegue el niño que cumpla las características que queremos para adoptarlo?
  18. ¿Actualmente estamos preparados para adoptar?
  19. ¿Cómo nos hemos preparado para adoptar?
  20. ¿Estamos los dos cónyuges en total acuerdo, sin fisuras, en todas las condiciones de adoptar al niño?
  21. ¿Estamos dispuestos a hacer los sacrificios económicos, familiares, profesionales y sociales que sean necearlos, para pagar los altos costos relacionados con la adopción y crianza del futuro niño?
  22. ¿Estamos dispuestos a pasar todos los exámenes psicológicos, físicos, económicos y sociales que nos obliguen las leyes?
  23. ¿Tenemos la intención de devolver el niño, en caso de que no nos guste o conlleve problemas, que no queremos asumir ni resolver?
  24. ¿Queremos que desde el principio la adopción sea definitiva, provisional o solamente un periodo de guarda sin compromiso?
  25. ¿Queremos adoptarlo, desde que la madre está embarazada, asumiendo los riesgos impredecibles del niño o queremos esperar, hasta que el niño nazca?
  26. ¿Queremos, si fuera posible, conocer a la madre y al padre biológico y sus orígenes familiares y sociales?
  27. ¿Estamos dispuestos a ayudar económicamente, a los gastos médicos y familiares del proceso del embarazo y nacimiento, como parte de los gastos de la adopción?
  28. ¿Queremos, si fuera posible, que el niño adoptado, conozca los motivos de la adopción y frecuente a sus padres, hermanos y familiares biológicos?
  29. ¿Queremos que nuestros hijos biológicos, sepan que niño es adoptado?
  30. ¿Queremos que el niño adoptado, sea similar físicamente a sus nuevos hermanos o expresamente que sea diferente, para que se note su origen distinto?
  31. ¿Queremos que el niño a adoptar, sea de la misma ciudad o país donde vivimos o lo más lejano posible, para dificultar el conocimiento de sus ancestros biológicos?
  32. ¿Queremos conocer para decidir la adopción o para educar mejor al niño, las características de su madre y padre biológico, en relación con su raza, características físicas, historial intelectual, académico, social, religioso, político, económico, etc.?
  33. ¿Queremos contratar con empresas mercantiles y abogados, para que busquen donantes de esperma y óvulos, cuyos propietarios tengan las mejores condiciones físicas e intelectuales disponibles en el mercado internacional, para que el futuro niño a adoptar, cuando nazca, esté de acuerdo con nuestras exigencias, incluso seleccionando el alquiler de un vientre materno especial, sabiendo los problemas religiosos, legales, sociales y familiares que ocurrirán?
  34. ¿Hemos estudiado y consultado con expertos, cuándo y cómo vamos a decir, o no vamos a decir al hijo, la realidad de su situación, en función de su edad física y mental?
  35. ¿Aconsejarán o impedirán que el hijo adoptivo, después de los 18 años, busque a su familia biológica y quiera reunirse con ellos?
  36. ¿Son conscientes de que no tienen “la propiedad” del hijo adoptado y que por lo tanto, no pueden impedir, que el adoptado, antes de los 18 años o después de cumplirlos, intente buscar a sus padres biológicos?
  37. ¿Piensan decirle al niño adoptado, que sus padres o su madre le querían muchísimo, pero no podían criarlo por cuestiones económicas, físicas o emocionales, por lo que seguramente, sería desgraciado en su familia biológica, y decidieron darlo en adopción a una persona o familia, en la que tenían la plena seguridad, de que le iban a criar mucho mejor?
  38. ¿Están dispuestos a respetar la religión que traiga el hijo adoptado, si es que la conoce, aunque fuera distinta a la suya?
  39. ¿No les importaría adoptar a dos hermanos a la vez, para que no se separen y su adaptación a la nueva familia, sea más fácil?
  40. ¿Son conscientes que si adoptan un niño, no solamente le hace un favor a él, sino que el hijo adoptado, también beneficia moral y emocionalmente a los padres adoptivos, además que la sociedad siempre les premiará a ambos, con una mejora de imagen?
  41. ¿Tienen miedo a lo que dirá la sociedad de su futuro hijo adoptado y de Vds.?
  42. ¿Han evaluado la parte emocional, humana, familiar y social, y lo que les va a suponer todos los interminables, pesados y costosos trámites burocráticos legales?
  43. ¿Han consultado todos los aspectos de la adopción con algún experto sacerdote, pastor, rabino o imán, según la religión que Vd. practique?
  44. ¿Se ha asesorado con algún experto abogado, sobre las implicaciones jurídicas que conlleva la adopción, relacionadas con su autoridad parental, herencias, apellidos, adopciones abiertas o cerradas, derechos del hijo, etc.?
  45. ¿Han tomado en frio y sin consultar a nadie, la decisión de adoptar un niño?
  46. ¿Aceptan con agrado, todos los requisitos exigidos de buena conducta, psicológicos, salud mental y física, situación social, económica, etc.?
  47. ¿Han decido trabajar como tutores voluntarios en algún orfelinato, hospicio, refugio infantil, etc. para ir acostumbrándose a convivir con los posibles hijos adoptivos?
  48. ¿Estamos dispuestos a organizar nuestras profesiones, futuros profesionales, incluso renunciando a conseguir ascensos laborables, tiempos libres, formas de vida, etc., para dedicarse totalmente a cubrir las necesidades inherentes a la nueva situación de la adopción?
  49. ¿Estamos dispuestos a organizar nuestras finanzas, presentes y futuras, asumiendo los sacrificios económicos, sociales y profesionales que sean necesarios, para cubrir todos los gastos relacionados con la nueva persona que se incorpora a nuestras vidas?
  50. ¿Nos gustaría hacer todo lo posible para poder dar al hijo adoptivo, una familia compuesta de padre, madre y hermanos?
  51. ¿Vamos a cambiar el apellido del hijo adoptivo, para seguir nuestra propia dinastía o vamos a respetar el apellido biológico que tenga?
  52. ¿Estamos de acuerdo que adoptar es mucho más dar que recibir, aunque el amor que se produce, sea reciproco?
  53. ¿Nos importa pasar por todos los sacrificios y gastos que supone el periodo de solicitud y la adopción?
  54. ¿Nos hemos preparado para manejar los comentarios malévolos o irónicos  de la familia y de la sociedad sobre nosotros y el hijo adoptivo?
  55. ¿Estamos dispuestos a compartir nuestras experiencias para alentar, impulsar y exhortar a los indecisos, a que se definan por la adopción, incluso animando a los que están en el proceso, para que no desfallezcan?
  56. ¿Conocemos que siendo una familia tradicional, tenemos más posibilidades de obtener la adopción, que si fuéramos una pareja de hecho, pareja del mismo sexo o familia monoparental?
  57. ¿Vamos a tener y poder contratar los servicios de una niñera, para que cuide y eduque el niño adoptado y así podamos seguir nuestra vida profesional y social?
  58. ¿Creemos que vamos a tener la necesidad de pedir ayuda a la familia cercana o a amistades, para que nos ayuden física y emocionalmente, a criar y educar al niño?
  59. ¿Creemos que el niño necesitará un padre o madre adoptiva, para que le hable, a medida que va creciendo, en el lenguaje y sentimientos propios de su mismo sexo?
  60. ¿Hemos pensado y consultado sobre el tipo de educación académica, religiosa y social que le vamos a dar al hijo adoptivo, si será igual o similar a la nuestra y a la de nuestros hijos biológicos, o respetaremos la que se supone sea de sus padres biológicos, de su raza u orígenes?
  61. ¿Estamos completamente de acuerdo en ayudarnos mutuamente y compartir todo el proceso de adopción, educación y crianza, o tenemos desacuerdos importantes sin arreglar?
  62. ¿Estamos dispuestos a comunicar a nuestros familiares y amigos, el deseo de adoptar y el proceso que seguimos, o preferimos mantenerlo en secreto, para que incluso cuando ya sea una realidad, no decir toda la verdad, para ocultar el origen del niño? 

Desgraciadamente existen leyes injustas, que impiden la adopción de niños para que estos no salgan del país, aun cuando estén viviendo en la calle abandonados por su familia biológica, en campos de concentración, pasando hambre y estén condenados a morir, por enfermedades, guerras o pandillas. 

Muchas veces me han preguntado, cuál es el mejor momento para contar la realidad a un hijo adoptivo. Todo dependerá de la edad física y mental del niño. Pero desde pequeño, se le puede ir inculcando el valor humano, social, familiar y religioso de la adopción. Para ello puede empezar una campaña de concienciación en varios pasos. 

6 Pasos para contar a un hijo adoptivo su realidad: 

  1. No posponer la tarea de decírselo de formas natural y siempre hacerlo con la verdad por delante.
  2. Hablarle mucho de lo que es el concepto de la adopción, dándole el máximo valor humano posible y poniéndole los ejemplos de los que adoptan animales, calles, juguetes, equipos de deportes, etc.
  3. Hablarle de la adopción de los niños, cuando los padres tienen problemas para la crianza, alimentación, cuidados, etc. Y se los dejan a los parientes más cercanos, para que los cuiden cuando los padres no lo pueden hacer.
  4. Cuando haya asimilado bien lo que es el magnifico concepto de la adopción, hablarle con mucho cariño de la suya. Los padres adoptivos tienen que estar muy bien preparados, para incluso irle induciendo a que vaya descubriendo su propia realidad. Eso le permitirá al niño ir abriendo su mente, para expresar sus dudas, mucho antes que empiecen a llegarle noticias extrañas, del exterior del núcleo familiar.
  5. Preparar muy bien las respuestas adecuadas, que deberá contestar o silenciar, cuando sus amigos o incluso parientes, le digan cosas que el no conocía sobre su adopción.
  6. Cuando tenga plena madurez en este tema, será el momento de hablare de sus raíces y de su familia biológica, caso de que exista y él quiera conocerla. 

Para adoptar un niño solamente se necesitan unos padres adoptivos que estén dispuestos a darle amor, cuidado y educación. Abrirle un hueco en el corazón de la familia. Que no les importe los sacrificios que tengan que hacer durante todo el proceso de adopción. Dios y la sociedad les premiarán mil veces más, todos los sacrificios que tengan que hacer. 

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