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La homosexualidad y el lesbianismo explicado a los adolescentes

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La homosexualidad y el lesbianismo explicado a los adolescentes

1,300 Palabras. Tiempo de lectura 4:45 minutos

La homosexualidad es la relación erótica o atracción sexual persistente y emocional, hacia alguien del mismo sexo. El lesbianismo es la homosexualidad femenina.

Hay que amar con toda intensidad a los homosexuales y a las lesbianas, pero hay que aborrecer la homosexualidad y el lesbianismo. La Iglesia Católica, a diferencia de otras denominaciones, no se opone al amor entre personas del mismo sexo. Se opone a la obsesión, adicción y relación erótica de quienes tienen definida y comprometida la homosexualidad y el lesbianismo.

La gran mayoría de los homosexuales, lesbianas, transexuales y bisexuales se sienten culpables, acerca de su orientación sexual y les gustaría eliminar esta tendencia física y mental, bien sea que la hayan adquirido por curiosidad, moda o elección, o fomentado voluntariamente, dándose cuenta o no. La frase de “salir del armario” es la que clara y públicamente comunica a la sociedad, las inclinaciones o tendencias homosexuales y lesbianas, y suele ser producida por la presión ejercida por su grupo social.

Los padres

Son los que mejor conocen a sus hijos y tienen que tener el conocimiento, la experiencia y la claridad suficiente, para ver esas iniciales inclinaciones homosexuales, según comiencen a manifestarse. Tienen que estar muy atentos a los signos externos, señales inequívocas de angustia que experimentan los adolescentes y emociones relacionadas con estas actitudes, muchas veces inconfundibles, de las desviadas tendencias sexuales de sus hijos, las cuales suelen aparecer desde muy pequeños y la mayoría de las veces, motivadas por el ejemplo de otros niños o por ese deseo que tienen en sus primeros años, de copiar y experimentar todo, para en cada caso particular, estar muy claros y bien preparados, a la hora de consultarlo con los profesionales y poderles ofrecer el necesario apoyo emocional, familiar, religioso y social.

Es muy importante tener conversaciones bien preparadas con los hijos, que sean claras y tranquilas, para conocer la realidad de la situación, por muy cruda que sea, para poder ver como van desarrollando su tendencia sexual.

También es necesario investigar todas esas facetas, en las amistades que los hijos  frecuentan, ya que ahí puede estar la clave de ese querer copiar o emular las actitudes de otros.

En el caso de que las amistades fueran peligrosas, por su insistente influencia de querer involucrarles en ciertas actitudes, o que intenten valerse de medios para abusar de ellos sexualmente. Los depredadores conocen el posible eximente ante la ley que la edad, del consentimiento sexual, que en algunos países comienza a los 14 años. Además cuentan con el posible silencio del adolescente, al que han sometido con amenazas o premios.

El amor a los hijos se demuestra una vez más, en el sereno y constructivo diálogo con ellos, pero que antes esté solidamente preparado, para hacer frente a todas las preguntas e inquietudes. Que los hijos se sientan que pueden dialogar con sus padres, es el principal paso para encontrar la claridad de sus inquietudes. Explicar muy claramente a los hijos las características de las opciones sexuales, no quiere decir que haya que apoyarles en las decisiones que quieran tomar, pues si están equivocados, es necesario y obligatorio para los padres, explicarles con todo detalle y sólidos argumentos, los errores en los que pueden caer en función de sus decisiones.

La definición de la inclinación sexual de los adolescentes, los padres no pueden tomarla como un juego, ni como forma de llamar la atención, ni como una contrariedad, no asumible por los padres. Es una cosa muy seria y delicada, que conlleva el máximo respeto de ambas partes, pues marca el futuro y deja señales imborrables para toda la vida, en los padres y en los adolescentes.

Los padres tienen que tomar las medidas, a tiempo de poder modificar las inclinaciones sexuales anormales. Nunca deben pregonarlo ni ocultarlo, deben hacer ver a los hijos adolescentes, que la sociedad les juzgará por sus actitudes y talentos, así como por la forma de practicar sus virtudes y valores humanos. Los que les critiquen, son los perversos, ya que las lesbianas, homosexuales, transexuales y bisexuales pueden ser por origen psicológico y los doctores y profesionales especializados, deben examinar a los hijos para determinarlo con certeza. Los padres en cuanto se den cuenta del problema que tienen sus hijos, deben intentan eliminar ese padecimiento, recurriendo a los profesionales especializados.

El ejemplo de los padres.

Los hijos preadolescentes y adolescentes, continuamente están observando la actitud de los padres, relacionada con su apariencia física y estética. Los comportamientos excesivos, relacionados con la masculinidad o feminidad, les hacen copiar actitudes impropias de sus edades.

Para las hijas la imitación de la figura sexual de la madre, les queda mucho más confusa, ya que aunque sea como un rol a seguir, también pueden tener por otra parte, su propia feminidad contraria, a lo que están viendo en la casa. Esto suele ser, por el comportamiento algunas veces excesivamente deportivo de la madre o su excesivo culto a la remodelación física del cuerpo, incluyendo sus vestimentas, peinados, maquillajes y deportes violentos, propiamente masculinos.

Preadolescentes y adolescentes.

Durante las edades comprendidas entre los 12 y 18 años, según la edad física y mental de cada joven y de la educación recibida, les empiezan las confusiones sobre su identidad sexual. Comienzan las ganas de explorar y probar, en todo lo relacionado con la sexualidad masculina y femenina, para tratar de afianzar en su definitiva orientación sexual, que aunque casi nunca a esa edad todavía es definitiva, para toda la vida. Ahí es donde empiezan a considerar su lesbianismo, homosexualidad o bisexualidad.

En esas edades llenas de confusiones, es donde aparecen los inductores, poniendo mucha presión en el abonado campo adolescente, para conseguir prosélitos. La mayoría de las veces, los adolescentes están en manos de los inductores al lesbianismo o la homosexualidad, debido a que ya se creen mayores para tomar decisiones propias, sin tener que consultar a los padres, profesores o consejeros espirituales.

Los adolescentes tienen que estar muy bien informados y preparados por sus padres, maestros y asesores religiosos, para poder soportar las enormes presiones externas de los amigos y de los medios de comunicación, que continuamente les insisten en intentan convencerles, de que esa homosexualidad masculina o femenina, es normal. No es cierto que cada uno pueda hacer lo que quiera, sin que tenga que importarle ni los principios morales, ni las consecuencias de sus actos.

Las graves consecuencias de la homosexualidad y del lesbianismo.

 

Los padres tienen que explicar bien a sus hijos, antes de que las tendencias homosexuales observadas, se conviertan en actitudes, los peligros que conllevan para su salud, principalmente los relacionados con la enfermedades de transmisión sexual clásicas, sífilis, gonorrea, infecciones o enfermedad del intestino gay, hepatitis A, B, C, D, rotura de esfínteres, trauma que provoca incontinencia fecal, hemorroides, fisura anal; edemas, SIDA, la infección por VIH, etc.

Según las estadísticas, la vida de los homosexuales activos, se disminuye en un 40% y es más letal que las drogas y el alcoholismo. La conducta homosexual muestra una promiscuidad compulsiva, sexo anónimo, sexo por dinero, sexo en lugares públicos, sexo con menores, alcoholismo, abuso de drogas, depresión y suicidio.

Deben hacerles saber que esas inclinaciones, les obligarán  a aislarse socialmente de sus amistades, que les llegarán problemas de concentración, autoestima y depresiones, además de que se sentirán muy diferentes de sus familiares, amistades. Incluso a ser objetos de burlas y ridículos. Otras graves situaciones que desgraciadamente tendrán que resolver, son el rechazo y la agresión de otros grupos, la discriminación social, para participar en determinados deportes, ser admitidos en determinados clubs, universidades y trabajos.

 

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10 Tareas para evitar el inminente divorcio

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10 Tareas para evitar el inminente divorcio

 

640 Palabras. Tiempo de lectura 2:30 segundos

 

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Cuando los matrimonios llegan a la situación de pensar en separase o divorciarse, es muy conveniente reflexionar sobre la necesidad  de contestar ambos por separado y conjuntamente las preguntas indicadas en el artículo relacionado anteriormente. Conseguir contestarlas sinceramente y con precisión a todas las preguntas es un buen ejercicio de inteligencia, honradez y deseo de que las cosas mejoren. Pero todavía queda muchas tareas por delante, ya que esposo y esposa tienen que ganar el tiempo y la comunicación perdida, además de preparar el camino para su futuro y el de los hijos que actualmente tengan o puedan tener. Esa tarea la tienen que realizar sin dar treguas por los cansancios, aburrimientos, desidias u ocupaciones ya que en esa situación, lo más importante que tienen en la vida es su matrimonio y lo tienen que cultivar todos los días, mañana, tarde y noche. 

  1. A las 17 preguntas generales, deben añadirse las especificas que cada uno consideren importantes para su situación personal o la de su matrimonio
  2. Cuando estén completadas todas las preguntas de ese cuestionario, deben analizarlas muy detalladamente una por una y en conjunto, pues son las herramientas y materiales para construir el edificio de su futura vida.
  3. Las preguntas, respuestas y el análisis conseguido debe ser tenido en cuenta como material de trabajo para comentar con algún experto consejero matrimonial, como son los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes según la religión que profesen.
  4. Previamente a las convenientes y muchas veces necesarias consultas con profesionales, el matrimonio debe sacar individualmente y como conjunto las conclusiones de los motivos que les hicieron llegar a la situación actual. Esas conclusiones también las tienen que escribir para que en el futuro, su examen les sirva como banderas rojas que señalen los posibles peligros. 
  5. Con los datos anteriores deben determinar los objetivos que quieran proponerse cumplir en los distintos campos de la vida matrimonial, como son las relaciones íntimas entre los esposos, su vida familiar,  profesional, laboral, religiosa, económica, social, etc. Así como todo lo relacionado con los hijos actuales o los que pudieran llegar.
  6. Para conseguir los objetivos propuestos y siempre consensuados, deberán preparar 10 acciones para el esposo, 10 acciones para la esposa y 10 acciones como matrimonio con sus correspondientes plazos y controles que les sirvan para mejorar las relaciones actuales y encaminarlas hacia una vida de consenso, compromiso y felicidad. 
  7. Eliminar las causas que ajuicio de los esposos les llevaron a la situación previa al divorcio, como:
    1. Causas emocionales como la falta de comunicación, intimidad y amor con la pareja e hijos
    2. Causas materiales como el excesivo gasto o consumo innecesario.
    3. Causas profesionales como la excesiva dedicación horaria y mental al trabajo o la falta de afán al mismo.
    4. Causas religiosas como el alejamiento de las virtudes y valores humanos y de las enseñanzas recibidas.
    5. Causas sociales como el frecuentar determinadas amistades o lugares.
  8. Diseñar un sistema de control de la realización de esas acciones propuestas para ver su grado y calidad de cumplimiento y en su caso ir haciendo periódicamente los ajustes necesarios.
  9. Analizar dentro de los plazos establecidos, con mucho cariño y profundidad los resultados obtenidos, para en su caso ir haciendo las correspondientes correcciones.
  10. Reconocer que la tarea que tienen por delante les va a requerir un gran esfuerzo individual y de pareja, pues requiere un fuerte trabajo y está llena de dificultades, pero la felicidad individual, matrimonial y de los hijos presentes o futuros, bien justifica cualquier trabajo, lucha, sacrificio, desgaste de energía o sacrificio personal.

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10 Condiciones mínimas para otorgar el perdón en el matrimonio

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10 Condiciones mínimas para otorgar el perdón en el matrimonio

 

1,795 Palabras. Tiempo de lectura 6:50 minutos

Algunos artículos relacionados:

  • El perdón explicado a los hijos (II)

 

Voy a poner énfasis en el perdón en los casos graves de: Infidelidades, maltratos físicos o emocionales, abusos infantiles, adicciones a las drogas, juegos, alcohol, derroches económicos, etc. Ejercitar la virtud del perdón es una decisión tanto para la esposa como para el esposo, pero en algunos párrafos me referiré al perdón más usual que es el que ofrecen las esposas a los esposos, ya que esta situación es la más comentada actualmente.

 

Todos tenemos que perdonar no solamente siete veces, si no setenta veces siete, que quiere decir que hay que perdonar siempre, máxime si queremos los demás nos perdonen a nosotros. La convivencia diaria origina pequeños roces que muchas veces requieren el inmediato y sincero perdón, sin más explicaciones. En otro artículo comentaré como el perdón tiene muchas más ventajas para el que lo otorga que para el que lo recibe, ya que aunque el verdadero perdón es una opción voluntaria, también es un proceso que hay que irlo fomentando poco a poco.

 

10 Condiciones mínimas para otorgar el perdón en casos de faltas graves.  

 

  1. Que el perdón se solicite antes de otorgarse y que se pida clara, concreta y sinceramente.
  2. Que el ofensor demuestre sin equívocos ni dobleces un firme arrepentimiento.
  3. Que el ofensor exprese claramente el propósito de no volver a repetir la ofensa, bajo la condición de “tolerancia cero” a la más mínima veleidad.
  4. Que se intente restañar las heridas o cicatrices producidas, todavía abiertas o ya cerradas.
  5. Que se proponga un plan con sus fases y fechas para poner los medios necesarios y razonables para evitar las causas que motivaron la culpa grave por la que se pide el perdón. Quien evita la ocasión evita el peligro.
  6. Que haya un proyecto perfectamente claro de seguimiento y control de los medios a emplear y de la consecución de los propósitos u objetivos establecidos, expresándose en “banderas rojas” que avisen con antelación suficiente las modificaciones sobre lo pactado o que avisen la llegada de peligros.   
  7. Que haya un nuevo acuerdo de mínimos para la convivencia, como una hoja de ruta, expresada en todos los conceptos: Económicos, religiosos, civiles, sociales, “amorosos”, familiares, etc. Como si fuera unas capitulaciones prematrimoniales.
  8. Que quede bien establecido que no habrá nuevas oportunidades de reconciliación si se repiten las faltas graves.
  9. Que se acepten claramente las graves consecuencias que han supuestos para los otros miembros de la familia, en el presente y supondrán en el futuro las acciones tomadas que ahora se discuten, con el fin de proteger en el futuro de esas malas acciones a los mas indefensos y si es posible repararles el daño causado.
  10. Que se comprometan solemnemente ambas partes a eliminar el rencor, el resentimiento y la desconfianza y a intentar sustituirlos por el amor, la educación y la feliz convivencia.  

No es negociable la repetición de las faltas graves, se pueden perdonar pero hay que extirparlas, sea como sea, “por la razón o por la fuerza” como dicen los chilenos. Hay muchas formas de hacerlo, sin ruido pero con energía. Nadie debe convivir con el enemigo en casa, tiene que haber un -hasta aquí hemos llegado- o un -basta ya- Las hogueras hay que apagarlas totalmente enterrándolas, no vaya a ser que quede algún rescoldo y resurja el problema. De nada habría servido el perdón.

En casos graves otorgar el perdón sin ninguna contraprestación es un acto interno lleno de buena voluntad y gran satisfacción para el que lo otorga, pero que no surte ningún efecto externo si no conlleva para el culpable las condiciones comentadas en el párrafo anterior. Si el culpable se siente perdonado sin hacer ningún esfuerzo por su parte, no tendrá muchas ganas de cambiar de actitud y seguramente repetirá las faltas graves tantas veces como le parezca conveniente.

La infidelidad y otras faltas graves son errores que producen daños irreversibles. Pero todo el mundo puede tener don y privilegio de poder ejercer el perdón supeditado a las condiciones anteriormente indicadas. Otros, antes que nosotros nos han dado el maravilloso ejemplo de ejercer el don del perdón, incluso por causas mucho mayores.

 

El perdón es para comenzar un nuevo camino prometedor, mucho más importante si se tienen hijos dependientes. Ellos tienen amor por sus padres y quieren, necesitan y tienen derecho a ver a sus padres unidos, felices y sin rencores. El perdón otorgado con amor, inteligencia y sin rencor enaltece a la persona que lo otorga aunque sea la agraviada, además que le libera de las cadenas que los odios y rencores atan al pasado y no permiten disfrutar del presente ni del futuro.

 

La resiliencia es un concepto que emplean los técnicos para demostrar  resistencia, flexibilidad y no rotura y es lo que se necesita practicar en muchos matrimonios. Las palmeras resisten a los huracanes, la mayoría de los otros árboles se caen. Un matrimonio sólido y bien formado puede sentarse a dialogar para encontrar soluciones a los graves problemas matrimoniales. Un matrimonio sin formación religiosa, social y humana es muy difícil que puedan llegar a acuerdos que conlleven un firme perdón.

 

Para muchos culpables de faltas graves es muy difícil pedir perdón, debido al mal entendido orgullo humano, y en el fondo porque no tienen ni arrepentimiento ni propósito de la enmienda. También influye el que no quieren pedir perdón ni cambiar sus hábitos de vida porque saben que la esposa no tiene muchas alternativas de exigir ese perdón y poner condiciones de continuidad en el matrimonio. Saben que por la falta de preparación de la esposa y el instinto maternal hacia los hijos, si es que los hay, la esposa tendrá que asumir y aguantar las faltas graves que su marido le haga, porque no tiene donde poder ir si no es mantenida por su marido.

 

Es muy triste ver que esta situación se repite continuamente, principalmente en los grupos sociales menos favorecidos, donde las esposas no tienen la preparación para poder vivir independientemente, por lo que se ven supeditadas  aguantar las faltas graves de sus maridos sin poder rebelarse ante situaciones insostenibles. De ahí la insistencia de todos los padres de recomendar y si fuera posible exigir que los hijos no se casen sin tener resuelta previamente la posibilidad de alternativas económicas para que no tengan nadie que sufrir maltratos físicos o emocionales. También las esposas tienen la obligación de estar preparadas profesionalmente para que en el supuesto caso de que llegue un divorcio puedan continuar su vida en otras avenidas que le permitan mantenerse a ella y a sus hijos.

 

Los padres deben insistir a sus hijos que el matrimonio no es una meta a la que hay que llegar a cualquier precio, es el principio de una maravillosa situación llena de cosas buenas y menos buenas.  Si la persona esta bien formada moral y profesionalmente, tiene una extraordinaria defensa ante las posibles faltas graves de su marido. Un marido es mas proclive a cometer faltas graves si sabe de antemano que no le pasara nada, que esas faltas se las admitirán porque a la esposa no le queda mas remedio que seguir con él y por lo pronto no tendrá que mostrar ningún arrepentimiento, ni evitará la reincidencia. Sin embargo, si el marido sabe que su esposa puede ser independiente económica y socialmente sin necesidad de estar supeditada a él, tendrá mucho más cuidado en su mal comportamiento. De ahí la necesidad de la educación, principalmente de las esposas que son las mas vulnerables, en todos los aspectos de la vida.

 

Hay que intentar no mirar a los casos graves que han sucedido, aunque no se deben olvidar para que no vuelvan a ocurrir. Solamente hay que acordarse de ellas si se puede sacar alguna lección positiva. Si ha habido alguna cosa mal hecha y se puede corregir, hay que correr a hacerlo, nunca es demasiado tarde. Esposo y esposa tienen que abrir sus corazones, intentando una y otra vez dialogar hasta llegar a los acuerdos necesarios. A lo mejor el culpable o ambos están necesitando explicar los motivos de la falta grave pero bajo el prisma del perdón, del no olvido y de la tolerancia cero.

 

Tiene que esforzarse mutuamente en recomponer sus vidas. De estas desgraciadas situaciones ambos esposos siempre salen perdiendo si no han cumplido las promesas que se hicieron en el matrimonio. Si el o ella han sido unos miserables frente a la heroicidad de la otra parte que ha mantenido la fidelidad, deben demostrarse que el perdón les hará mas fuertes, tan fuertes como para perdonar sin tomar venganza, para rehacer una vida juntos, pero también, si es necesario, para romper las relaciones, sin ninguna nueva oportunidad de reconciliación. El matrimonio no necesita mártires obligados.

No es propio de seres racionales hacer depender a la familia, el apoyo vital sobre el que subsistimos, de una emoción veleidosa, tal como la de perdono o no perdono. Las personas meditan inteligentemente lo que tienen que hacer, cuándo, cómo y porqué lo tienen que hacer. El amor al cónyuge es fruto de que Dios elevó este compromiso del matrimonio entre un hombre y una mujer a categoría de Sacramento indisoluble y para siempre, brindando su apoyo a los que lo reciben en estado de gracia para que puedan consagrar las nuevas vidas como elementos futuros en los que se cimentará la red humana de la convivencia. Eso no quiere decir que no habrá crisis en la vida matrimonial, que normalmente se deben a la soberbia, a la infidelidad, al orgullo, a la mala preparación, etc. 

El matrimonio se inventó como alianza, una alianza que no se puede disolver porque hay demasiado en juego. Los padres deben velar y poner los medios para que cuando la relación matrimonial se resquebraja, puedan reflotarla. Los sistemas a emplear varían, desde los buenos propósitos de mejora en aquello que importuna al otro, a acudir a profesionales como sacerdotes, pastores, rabinos, imanes, etc., según la religión que cada uno profese, que apuesten por la su pervivencia de los matrimonios a través del perdón y no por su disolución. Estos profesionales suelen estar están muy especializados en ofrecer soluciones multidisciplinarias, pues al fin y al cabo, cada separación es fuente de pobreza espiritual y económica para sus protagonistas, para la familia y para la sociedad, además de que genera pesimismo y falta de confianza social en esta institución. 

 

El perdón no es solamente de hecho y sin palabras, ni solo de palabras pero sin hechos. El verdadero perdón se manifiesta con palabras, con hechos y en los casos graves con condiciones.

 

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17 Preguntas al matrimonio, previas a un divorcio

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17 Preguntas al matrimonio, previas a un divorcio

 

1,695 Palabras. Tiempo de lectura 6:12 minutos

 

Algunos artículos relacionados con el divorcio y el matrimonio:

 

 

17 Preguntas a un matrimonio, previas al divorcio. (Tanto el esposo como la esposa deben contestarlas por separado)

 

  1. Cuando se casaron, Vds. se comprometieron ante Dios y ante los hombres como matrimonio de marido y mujer, para siempre hasta que la muerte les separe, en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las penas, o solamente se comprometieron a cumplir las leyes civiles, que les permiten divorciarse y volverse a casar, cuando les parezca oportuno. Esta primera respuesta es fundamental para seguir leyendo.
  2. En caso de que se divorcien, pueden cada uno mantenerse económica y socialmente por separado, sin disminuir su calidad de vida y la de los hijos si los hubiera?
  3. Hagan un listado de las 10 cosas que más le gustaban de él y de ella, que cada uno cree que han desaparecido, en el transcurso del matrimonio.
  4. Hagan un listado de las 10 cosas que actualmente menos le gustan, de él y de ella y que antes no existían o no las había visto.
  5. Cómo les gustaría que fuera su matrimonio, dentro de las posibilidades de la pareja. Enumeren los principales conceptos en cuanto a:
    1. Cantidad, calidad y forma de los tiempos de convivencia.
    2. Frecuencia de comunicación.
    3. Tratamiento íntimo y social como esposo y esposa.
    4. Administración de los ingresos de la pareja.
    5. Relaciones con las respectivas familias y amigos.
    6. Mejorar la formación profesional e intelectual.
    7. Si está de acuerdo o en desacuerdo con las previsiones económicas, sociales, profesional e intelectuales que hacen para el futuro.
  6. ¿Qué cosas han cambiado en Vds. desde que pensaron en divorciarse?
    1. En su apariencia, en el cuidado de su cuerpo, vestimenta, aspecto físico, tipos de conversaciones, estilo de vida, amistades, lecturas, programas de televisión, etc. En una palabra, si han abandonado su físico, imagen e intelecto.
    2. En el aspecto sentimental, si sus relaciones amorosas difieren de lo que podría considerarse como normales, teniendo en cuenta sus respectivas edades, apetencias y ganas de mantener el amor, que un día se profesaron y desearon.
    3. En el aspecto económico, si tienen un control normal de la economía familiar, en sus gastos e ingresos. (La causa principal de los divorcios son las dificultades, problemas o administraciones económicas).
    4. En el aspecto de administración del tiempo, si le dedica a su marido o esposa, el que le corresponde, o si dedica su tiempo a frecuentar las amistades, familiares, organizaciones sociales, políticas o religiosas u otros aspectos, que le quitan el tiempo familiar.
  7. ¿Qué cosas no le gustan a Vd. de su marido o esposa, y que antes si le gustaban o no le disgustaban, relacionadas con:
    1. Su carácter.
    2. Su aspecto.
    3. Sus relaciones intimas con Vd.
    4. Su forma de llevar la economía familiar.
    5. La relación con la familia de él o de ella.
    6. Sus amigos.
    7. Etc.  
  8. ¿Qué actividades querría hacer Vd. en pareja y cuales son las razones que esgrime su marido o esposa para no hacerlas?
  9. ¿Que opinión religiosa, moral y social tienen Vds. sobre un posible divorcio?
  10. ¿Si se divorcian, cómo se ven Vds. dentro de 5, 10 y 15 años, en relación con su calidad de vida económica, profesional, laboral, social, familiar y religiosa?
  11. Hagan un listado de los 10 principales defectos, que creen que tienen cada uno.
  12. Hagan un listado de los 10 principales defectos, que su marido o esposa le ha dicho que Vd. tiene, si es que se los ha dicho.
  13. Hagan un listado de las 10 principales virtudes que Vd. cree que tiene su marido o esposa.
  14. ¿Cuál es la relación de tiempo y afecto, que tiene Vd. con sus familiares directos?
  15. ¿Qué opinan de su esposo o esposa, familiares de Vd.?
  16.  ¿Qué tipo de relación tiene su esposo o esposa, con los familiares de Vd.? 
  17. ¿Qué está y están Vds. dispuestos a hacer, para salvar su matrimonio, antes de que sea tarde?

 

Para poder preparar un diálogo constructivo entre los esposos, antes de tomar cualquier decisión negativa e incluso para aclarar la situación de ambos, es necesario que ambos y por separado, escriban claramente y con sinceridad, sobre las 17 preguntas indicadas anteriormente. Es un auto examen de conciencia, actividades y actitudes, que les permitirá ver más claramente la decisión que vayan a tomar.

 

Cada uno tiene que tener muy claras y escritas fríamente, cuáles son las causas que a su juicio, le hacen sentirse dispuesto a divorciarse. Las respuestas a estas 17 preguntas u otras similares, le podrán ayudar a mantener diálogos constructivos entre los esposos, así como consultarlo con los especialistas elegidos entre sacerdotes, pastores, rabinos o imanes que conozcan. Estas personas, suelen tener una gran experiencia y siempre están dispuestos a escuchar las inquietudes, con mucha paciencia y dar buenos consejos, basados en lo que dicen en cada religión sobre el matrimonio, el divorcio y la familia.

 

El comienzo del diálogo entre los esposos, no es ofrecer una retahíla de quejas ni de exigencias, es exponer con amor, humildad, sinceridad, claridad y honradez, la verdadera situación del interior de cada uno, tratando que afloren las auténticas carencias y necesidades de ambos, incluso de los hijos y familiares relacionados. No puede ser un discurso aprendido, que al final no le afecte e impacte a nadie.

 

Algunas personas se plantean divorciarse, para auto justificar su desequilibrio o ganas de explorar otros tipos de vida, porque se han hartado de vivir su matrimonio, dicen que se aburren. Seguramente habrán podido perder la mutua confianza, la ilusión, la seguridad a la hora de compartir confidencias, las ganas de estar juntos y los objetivos soñados, que ya no son los mismos que cuando se casaron, más un largo etc. En muchas ocasiones su única alegación, es que se han aburrido como esposa y como marido, por lo que ya no encuentran satisfacción en seguir casados.

 

En este articulo no comento el análisis que tiene que hacer la pareja, cuando existen malos tratos físicos, emocionales, infidelidades, etc. En estas situaciones, ni la Iglesia ni la sociedad civil, ante quienes se comprometieron, quieren que haya mártires matrimoniales. Las soluciones las tienen que prever y ponerse la venda, antes que les den la pedrada. Todo el mundo tiene derecho a una segunda oportunidad, eso está muy bien, pero siempre que haya una demostración palpable y sincera, de un profundo propósito de la enmienda, soportado con hechos y en las condiciones mínimas que los esposos negocien. Es como si hicieran unas capitulaciones prematrimoniales, pero con tolerancia cero. 

 

Tienen que hablar muy claro entre los esposos, de que son y quieren ser los de siempre, los mismos que se prometieron amor incondicional, cuando se casaron. Pero tiene que hablar también muy claro, de cuales son los mínimos de confianza que tienen que mantener y sobre todo, dejar bien claras las cosas que no son negociables.

 

Ningún árbol nace torcido, se tuercen porque normalmente no los cuidamos bien. Cuando las personas llegan al matrimonio, están llenas de buenas intenciones, luego las circunstancias internas o externas, no bien entendidas o pensadas, les llevan a cometer errores irreversibles y a cambiar de actitud.

 

La primera recomendación es, que no pierdan la cercanía y comunicación entre los esposos, hijos si los hubiera, familiares y amigos, de modo que se mantengan abiertos, todos los posibles cauces de comunicación.

 

Para tomar alguna decisión importante, tendrán que llegar a acuerdos difíciles sobre las futuras relaciones personales como pareja. Incluso puede pasar que en esos momentos, no les apetezca empezar a negociar o que prefieran dejarlos aparcados en un cajón, creyendo que el tiempo va a hacer su trabajo. Eso deben saber que no es cierto, y que los acuerdos a los que tengan que llegar, si es que tienen que llegar a alguno, mejor los hacen ahora, que más adelante. En todos los buenos acuerdos, las dos partes sufren mucho, sobre todo en los que hay un horizonte de posible divorcio, ya que algunas veces, tienen que desnudarse el alma y dejar jirones de lana en la alambrada y eso no es agradable.

 

Cuando dos personas deciden unirse y convivir, adoptando el estado matrimonial, los objetivos y resultados, deben estar bien claros para ambos. Deben examinar profundamente, si han llegado a cumplir lo que en su día se prometieron realizar. Es decir, si han puesto los medios y han conseguido que su unión les haya hecho crecer en su amor, en la mejora religiosa y en las prácticas que conlleva, en la mejora económica, en la mejora profesional, en la mejora social, en la mejora del conocimiento, en la mejora de las previsiones de su futuro, en crear una familia unida que marche al mismo ritmo, etc.

 

Es necesario entender que el matrimonio, hace que dos personas juntas, puedan realizar mucho más para cada uno de éllos, que si lo intentan hacer por separado, a no ser que los objetivos de su unión, estén circulando en otra dirección, que los medios que han dedicado para cumplir esas mejoras, los han distraído a cosas ajenas a su unión y que solamente, han puesto énfasis en la parte lúdica de su nueva vida. Tienen muchos sistemas para medir y enterarse, de los objetivos propuestos y de los resultados obtenidos. Deben hacer un balance que mida dónde estaban, dónde están y dónde seguramente estarán, en los próximos tiempos.

 

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El diálogo, explicado a los hijos

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 El diálogo, explicado a los hijos 

1,583 Palabras Tiempo de lectura 7:45 minutos

 

Definición: Conversación o comunicación entre dos o más personas, que alternativa y educadamente, manifiestan sus ideas buscando avenencia, con coherencia lógica y prestándose atención. Dialogar no es discutir, ni disputar, ni avasallar, ni imponer, ni emplear la violencia, ni reñir. Dialogar tampoco son los monólogos de las partes enfrentadas delante de las bocas de sus armas para gritar sus ideas. Eso se llama “echar un pulso” o “tour de force” para ver quien presiona e impresiona más a la parte contraria, como es el caso de algunos mal llamados diálogos políticos. 

Hay matices muy importantes entre el concepto de dialogar, conversar y hablar con los hijos. También muchas diferencias entre estas acciones, si van acompañadas de agresividad, malas formas o se han convertido en monólogos, que impiden llegar a acuerdos o entendimientos.

 

Los padres tienen que tener un diálogo muy fluido con sus hijos, pues les servirá como enseñanza, la cual será proyectada  para que en el futuro, puedan dialogar con facilidad en todos los órdenes de la vida. Pero es muy difícil para los padres dialogar con los hijos y enseñarles a dialogar, si previamente entre el matrimonio, no se han acostumbrado a dialogar con corrección y mucha educación.

 

El diálogo es para compartir ideas entre dos o más interlocutores. En los diálogos salen a relucir lo mejor y lo peor de los caracteres de los interlocutores, pues las palabras dichas, revelan las intenciones, estados de ánimo y conocimientos de cada uno de ellos, que de otra forma se mantendrían ocultas. El diálogo tiene que estar presidido por el criterio de apertura, hacia las ideas del interlocutor y siempre con una gran disposición, si fuera necesario, a modificar los puntos de vista propios. Si no existen estos dos grandes conceptos, el diálogo se convierte en discusión o monólogo. Sirve para que ambos interlocutores, no solamente se oigan, sino también para que se escuchen. En el diálogo deben prevalecer las formas más sutiles de civismo, educación y buenas maneras, evitando la prepotencia y el desprecio, teniendo claro que no se debe dialogar de forma contraria, a la que a cada uno le gustaría percibir.

 

En el diálogo se deben tener en cuenta también, los puntos fuertes y los débiles de cada una de las partes, pues si se ocultan, se convierte en una posición de intento de dominio o de faltar a la verdad. El diálogo es para buscar la verdad, aunque haya que contemplar diferentes y contradictorias opiniones, sin tenerlas que aceptar. La retórica es para intentar persuadir, convencer y manipular a los interlocutores, con las propias opiniones. El objetivo del diálogo, no es que todos se queden felices y conformes, sino la búsqueda de la verdad, aunque ésta sea desagradable. Dialogar es buscar la verdad sin temor a los retos que conlleve su búsqueda, en pro del bienestar individual o general, reconociendo las diferencias.

 

Del diálogo constructivo pueden salir soluciones, pero con los monólogos o peroratas nunca suele salir nada bueno. Se puede conseguir mejor reconducir una situación o conseguir objetivos imposible, a través de un buen diálogo, bien preparado y ejecutado, que con un monólogo lleno de ira o falto de razón.

 

 Hay personas muy sabias, que son muy buenos oradores, pero no tienen la práctica del diálogo, ya que están acostumbradas a hablar “ex cátedra” sin que nadie les discuta, comente o contradiga sus palabras. Cuando les plantean un diálogo, se encuentran faltos de la agudeza y gimnasia mental necesarias, para mantener diálogos constructivos, que beneficien a los interlocutores. Es imprescindible aceptar que existen otras opiniones diferentes, saber rebatirlas con argumentos sólidos, y saber callar para conseguir mejor y más información, para aplicarla posteriormente. No es justificable socialmente el hablar en una sola dirección, sin dar a otros la oportunidad de dialogar o responder.

 

Dialogar no es descargar con agresividad una serie de palabras, sin dar lugar a que el otro pueda responder. Dialogar no es hablar sin que las otras personas puedan cuestionar, lo que el interlocutor está diciendo. Como ejemplo los políticos en sus discursos, los maestros en las escuelas o universidades, los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes desde el pulpito, etc.

 

Las técnicas del diálogo son muchas y hay libros muy interesantes para explicarlas. Ya los antiguos sabios de Grecia, Aristóteles, Sócrates y Platón, daban una gran importancia a los diferentes tipos de diálogos que practicaban. Dialogar es un arte que se tiene que aprender, poco a poco y practicarlo muchas veces y con diferentes interlocutores, para poderlo aplicar en las diversas situaciones de la vida, en la familia, en los estudios y en la sociedad. El diálogo tiene unas fases de realización muy claras: La preparación del tema, la exposición, el saber escuchar con paciencia, el saber discernir lo escuchado, el responder adecuadamente sin herir a la otra u otras personas, etc.

 

Las tertulias es el mejor ejemplo del diálogo colectivo. Mucho mejor si son especializadas en temas concretos, pues de esa forma, todos aprenden mucho. Hay grupos sociales, donde las tertulias forman una parte muy importante de la vida social. Otros grupos sociales, se limitan a escuchar, contemplar o leer pasivamente, los comentarios de los medios de comunicación.

 

Las denominadas mesas de diálogo entre naciones, políticos, empresarios y trabajadores, representantes de religiones, negocios, etc., son muy difíciles de organizar y realizar. Previamente a su convocatoria, se estudian con precisión y profesionalidad, todas las posibilidades, desde los lugares donde realizarlas, número y clases de personas, vestimentas, horarios, orden del día, preguntas y respuestas previsibles, etc. El lenguaje y las técnicas del diálogo, hay que aprenderlas y mejorarlas continuamente, para conseguir hacerlo serenamente, pues no es una actitud que se obtiene por arte de magia, es un valor que se conquista diariamente, con mucho esfuerzo, conocimientos y tenacidad. El dialogo se emplea en todos los términos de la vida, entre los distintos componentes de las familias, en situaciones de la política, entre países amigos o enemigos, entre dirigentes, entre las iglesias y entre las empresas.

 

El diálogo religioso, con independencia de las creencias que cada uno tenga, comienza con saber dialogar con Dios, con uno mismo, con la conciencia bien abierta, internamente, en la soledad, en silencio y en Paz.  Hay que saber dialogar con Dios para que El, también dialogue con nosotros.

 

No es solución reconciliarse a través del diálogo, si posteriormente no se vive como reconciliados, a través del diálogo realizado. Hay que aprender a convivir con el prójimo, deseándole lo mismo que deseamos para nosotros. Hay que administrar los resultados de los diálogos, pues si uno reconsidera su posición y acepta la de su contraparte, ninguno debe pensar que ganó y el otro perdió, simplemente, deben entender que llegaron a un acuerdo de mutua conveniencia. La contraparte en el diálogo, no debe ser vista como un enemigo, aunque sea una actitud muy metida en nuestra interioridad, la que muchas veces ha sido programada para desconfiar.

 

En el diálogo se debe considerar que la otra parte, busca llegar a acuerdos y entendimientos y no verla, como un obstáculo para nuestros intereses, ya que el diálogo no es solamente para afirmar la propiedad de las ideas de las partes, sino para no romper las mutuas relaciones. A la contraparte hay que considerarla, aceptarla y valorarla en su justo valor.

 

12 Principales aspectos a tener en cuenta en el diálogo:

 

  1. Centrar los temas del diálogo, mantener su concordancia evitando la dispersión, dejando muy claro lo que son falacias y sofismas, que alteran el sentido del dialogo.
  2. Definir o advertir previamente los objetivos, si son para divertirse, convencer, persuadir o engañar y así, poder fijar las posiciones de ambas partes.
  3. Determinar los tiempos que correspondan a cada dialogante, dando a todos sus correspondientes oportunidades.
  4. Emplear la máxima moderación, naturalidad y paciencia posible.
  5. Formas externas, ademanes, espacios, volumen de voz, sin engolamiento ni gritos, procurando mantener una buena sonrisa.
  6. Intentar utilizar las palabras adecuadas, dentro del nivel y contexto, utilizando los sinónimos y antónimos adecuados.
  7. Mantener la verdad, pues las palabras pueden hacer más daño que las espadas.
  8. Mantener un lenguaje fonético y corporal, que corrobore lo dialogado.
  9. No intentar tener razón, a toda costa.
  10. Pensar antes de hablar y administrar bien los silencios.
  11. Ponerse en la situación de las otras personas dialogantes, ofreciéndoles el máximo respeto posible.
  12. Tener un gran sentido del ridículo

 

14 Sentencias relacionadas con el diálogo

 

  1. Desciende al nivel de tu interlocutor, para no humillarle o desorientarle.
  2. Dialogar, enriquece siempre.
  3. Las tres mejores formulas para hallar la solución a los problemas de la pareja, de la familia y de la sociedad, son: Dialogar, dialogar y dialogar.
  4. El diálogo entre sordos, es el que ninguno de los dos interlocutores escucha.
  5. El dialogo de besugos, es que cada uno habla de cosas distintas.
  6. Para dialogar preguntad primero; después… escuchad.
  7. Que el diálogo de las armas, deje lugar a las armas del diálogo.
  8. Dialogo mucho conmigo mismo, porque soy el hombre que tengo mas a mano.
  9. Para saber dialogar, hay que saber pensar, escuchar y callar a tiempo.
  10. Al dialogar hay que procurar que las palabras, sean mejores que los silencios.
  11. Dialogar es ante todo, saber escuchar.
  12. En los diálogos, la calidad de las palabras vale más que la elocuencia.
  13. Los hombres muy locuaces, destruyen el placer del dialogo.
  14. En el dialogo más vale una palabra a tiempo, que cien a destiempo

 

Habrá un próximo artículo sobre el diálogo en la familia, entre los esposos, entre los padres y los hijos, entre los padres y los abuelos, etc.

 

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El dinero de la Iglesia Católica explicado a los hijos.

ESCUELA PARA PADRES

 

El dinero de la Iglesia Católica explicado a los hijos.

 

1,278 Palabras Tiempo de lectura 4:40 minutos

 

Artículo relacionado: La caridad debe hacerse incondicionalmente o poniendo condiciones

 

Desde siempre han criticado a la Iglesia Católica por su dinero, propiedades, inversiones, riquezas en obras de arte, joyas, colegios, universidades, centros de asistencia, orfanatos, etc. Muy pocos se ponen a pensar, cual es el origen de esas riquezas, el destino que les dan, ni las obras de caridad, actividades sociales y tareas educativas que gracias a ellas desarrollan. “Sancho, si ladran es que cabalgamos”

 

La mayoría de los que tan duramente critican el dinero que obtiene la Iglesia, no se ponen a pensar en las obras benéficas y sociales que realiza, pero lo que si tienen que estar seguros que si algún día contraen una enfermedad infecciosa como el sida, tiene hambre o están abandonados o enfermos, siempre habrá una mano religiosa que les ayude, sin que tenga en cuenta su religión, pasado o presente.

 

Hay otras Iglesias, que tienen la suerte de que nadie les critica, incluso las que aceptan los matrimonios entre hombres o entre mujeres, las que sus superiores manifiesten públicamente, que son homosexuales, las que aprueban los asesinatos llamados aborto y eutanasia, etc. Criticar a esas Iglesias no es políticamente correcto, por lo que los medios de comunicación ocultan o justifican, cualquier noticia que vaya en contra de ellas.

 

Muchas de las grandes riquezas que tiene la Iglesia Católica, son herencia recibidas de sus seguidores, que quieren perpetuar su memoria con esos donativos, sabiendo que en la Iglesia serán bien administrados. Prefieren dejarlos a la Iglesia para mayor Gloria de Dios y beneficio de los necesitados, que donarlo a sus familiares o a otras instituciones sociales o a los gobiernos. Nadie critica a los que dan donativos o dejan sus herencias a fundaciones universitarias, asociaciones civiles o bibliotecas públicas o privadas, pero los que lo dejan a la Iglesia Católica, son fuertemente criticados.

 

Antiguamente los reyes, gobernantes o ciudadanos pudientes, erigían las catedrales, iglesias, capellanías, universidades, colegios, orfanatos, hospitales, etc. ahora toca a todos los fieles católicos ayudar a la Iglesia, tanto en la construcción, como en el mantenimiento y funcionamiento de los centros de oración, como en los servicios sociales que prestan.

 

Es enorme la cantidad de dinero que la Iglesia ahorra al Estado, por tener funcionando tantas obras de caridad religiosa. Si no fuera por la Iglesia, el Estado con los impuestos de todos los contribuyentes, tendría que socorrer todas esas necesidades o dejar abandonada a una parte importante de la población. Con ese dinero que se ahorra, lo puede disponer para otras actividades, evitando tener que aumentar los impuestos, para cubrir los enormes gastos que la Iglesia corre con ellos.

 

Ingresos de la Iglesia

 

La Iglesia obtiene sus ingresos a través de donativos, colectas, limosnas, herencias, intereses de propiedades, subvenciones de los gobiernos, distintos sistemas de colaboración, etc. Los ingresos siempre se analizan previamente con prudencia y sabiduría, para determinar la conveniencia o no de recibirlos y en sus caso aceptarlos, devolverlos o usarlos. Muchas personas consideran que es mejor dejar la herencia a la Iglesia, que a parientes que no se han acordado de atenderles cuando les necesitaban. Así saben que las herencias dejadas a la Iglesia, serán bien administradas y repartidas entre los más necesitados. La Iglesia es una de las pocas organizaciones caritativas, donde casi el cien por cien de los ingresos, se reparte entre los necesitados, cuando en otras organizaciones reparten solamente el 50% de los ingresos, ya que el otro 50% lo utilizan para cubrir los gastos de gestión y administración.

 

Los donativos que se dan a la Iglesia en Tiempo, Talento y Tesoro (dinero), las tres T’s que sostienen el funcionamiento de la Iglesia, proviene voluntariamente por el agradecimiento a Dios por los dones recibidos y no son para la Iglesia, como institución u organización, sino que son para la Iglesia, como comunidad administradora de los bienes que recibe, para atender al prójimo en sus necesidades corporales y espirituales. El que sean un 10, 20, 5, 1 o 0.05% de los ingresos de las personas depende de cada uno, aunque se toma el 10% como tradición. Pero lo que importa es que se debe donar la mejor parte y con agradecimiento y humildad. Esta es la teoría, aunque en la práctica el errar es de humanos.

 

Todos los análisis hechos con buena fe, demuestran que la Iglesia devuelve a la sociedad mucho más de lo que la iglesia recibe, pues además de que administra perfectamente los bienes financieros que recibe, les añade un complemento humano de caridad y solidaridad en sus servicios sociales y espirituales, imposible de encontrar en las organizaciones de los gobiernos.

 

Los ingresos realizados por los fieles católicos, permite a la Iglesia no tener que estar supeditada al dinero de los Gobiernos, que siempre conlleva el tener que acoplarse a los mandatos de la política partidista, de quien les den las subvenciones, lo que le impediría mantener su total independencia de acción.

 

Si el Estado tuviera que pagar los servicios que la Iglesia facilita a los más necesitados, le costaría al Estado muchos millones de dólares anuales, por lo que tendría que subir los impuestos o disminuir otros capítulos de gastos gubernamentales. Da mucho más rendimiento la administración de los donativos que recibe la Iglesia, que el mismo dinero administrado por el estado, para aliviar los mismos problemas, ya que la Iglesia en función de sus voluntarios y de las personas dedicadas gratuitamente a servir al prójimo, administran mucho mejor los recursos que los empleados públicos.

 

Si el Gobierno tuviera la capacidad, el deseo y la firmeza de ayudar a los más desfavorecidos, a los harapientos, a los sin techo, a los desheredados, a los abandonados, a los enfermos, a los desahuciados, etc. La Iglesia no estaría en eso, porque si esta ayudando a esos colectivos, es por que están totalmente abandonados.

 

Si se suma el valor financiero de todas las caridades y servicios asistenciales, que la Iglesia hace a la sociedad, los gobiernos se darían cuenta que la Iglesia les ayuda a tener una mejor sociedad, sin que los gobiernos tengan que gastar ese dinero, por lo cual deberían tener mucho mas respeto hacia la Iglesia y mimarla en lugar de hostigarla continuamente. Tendrían que pensar que muchos sacerdotes, religiosos y voluntarios, son los pobres que con su trabajo hacen que muchos se enriquezcan al no tener que realizar los gastos sociales a los que están obligados, pero que dejan que se los realice la Iglesia.

 

Instituciones asistenciales de la Iglesia Católica en el mundo:

5,900 hospitales. 16,700 dispensarios. 700 leproserías. 12,600 hogares para ancianos. 19,500 orfanatos y guarderías. 11,500 centros de orientación familiar. 11,600 centros de educación especial y 44,500 entre escuelas, colegios, universidades, centros de estudios y varios. Total 123,000 unidades. Además de aproximadamente 100,000 misioneros repartidos por todo el mundo, manteniendo diariamente el mensaje de la globalización de la caridad. Es indignante que todavía haya gente se pase el día criticando a la Iglesia Católica, por la forma y el fondo de cómo ayuda a los más necesitados.

 

Próximos artículos sobre la Iglesia Católica:

 

  • El arte religioso en la liturgia, como parte de la adoración a Dios.
  • Las riquezas de la Iglesia Católica en edificios, joyas, cuadros, estatuas, etc.
  • Las expoliaciones, amortizaciones, saqueos, etc. y quiénes, cómo y cuándo le han hecho a la Iglesia Católica, durante los diferentes gobiernos, clases dominantes y enemigos.
  • La Iglesia y la economía para cumplir con sus obligaciones humanas.

 

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La decencia explicada a los hijos

ESCUELA PARA PADRES

 

5. La decencia explicada a los hijos

 

Palabras 1,150 Tiempo de lectura 4:10 minutos

 

Los padres con su continuo ejemplo, deben enseñar a sus hijos a practicar la decencia en las conversaciones, vestimentas, gestos y posturas, pues saber comportarse decentemente no viene en los genes, hay que enseñarlo. Tienen que recordar principalmente a las hijas, que la decencia con sus cuerpos, no está implícita solamente en las ropas, sino en las personas que las llevan y que tienen que tener un cuidado muy especial, en su forma de vestir, evitando las ropas demasiado cortas, en escotes y faldas, apretadas o ligeras, para evitar que se conviertan en un centro de atención malsana, además que se pueden llevar grandes sorpresas, al descubrir las malas intenciones que provocan en los demás.

 

A las mujeres no debería extrañarles las nefastas consecuencias que algunas originan con su indecencia sexual, ya que muchas veces provocan situaciones agresivas que podrían haberlas evitado, si hubieran sido más decentes en sus vestidos, posturas, gestos y conversaciones. Tienen que saber que hay muy poca pornografía de hombres, dedicada a atraer a las mujeres y que la mayoría de la pornografía, está realizada por las mujeres, para la atracción de los hombres. La decencia abarca muchas cosas, pero se puede resumir en portarse bien, que se ve reflejado cuando la sociedad dice o piensa: Es una persona decente. Sigue teniendo valor la antigua frase: La mujer del César tiene que ser decente y además aparentarlo.

 

La decencia es el valor humano que mejor refleja la dignidad humana. Abarca los cinco sentidos: Vista, oído, gusto, olfato y tacto e incluye la imaginación y el propio cuerpo, pues trata de evitar exponerlo a la morbosidad y al uso indebido, de la sexualidad humana y todo lo que de ella se deriva. También se relaciona con el aseo, la compostura, el adorno de las personas, el recato, la honestidad, la modestia y la dignidad en los actos y en las palabras. Para vivir el valor de la decencia se necesita una gran educación, buena calidad humana y mucho respeto por uno mismo y por los demás.

 

No basta ser decente, es necesario actuar con decencia, aunque eso suponga un motivo de burla de la sociedad. La decencia no es un valor humano para tímidos y cobardes, que se dejan llevar por lo que la comodidad y el placer dictan, es un valor que templa el carácter, lo fortifica y ennoblece. Una persona decente es aquella que siempre mide sus palabras y actúa como norma, con gentileza y tacto con sus semejantes. El hecho de ser decente, vivir con decencia, actuar decentemente y tener actitudes decentes, lleva a respetarnos a nosotros mismos, a nuestro cuerpo y a nuestras cosas. Decente es el hombre o la mujer, que trata a los demás con dignidad y respeto y exige, que le traten de igual manera. Sin decencia no se puede tener buenas relaciones con otras personas, principalmente las del sexo opuesto.

 

La decencia es todo lo que se ha ido enseñando, generación tras generación, para que la sociedad pueda funcionar. Es lo que los abuelos, padres, familiares, maestros, sacerdotes, pastores, rabinos e imanes, van enseñando desde niños a las personas, para que aprendan a comportarse decentemente en todo momento, en la familia y en la sociedad.

 

La decencia es lo contrario a la trampa, pues el tramposo no es decente. Será gracioso, listillo, vivo, aprovechado, simpático e incluso puede que él y sus indecencias, sean admiradas y admitidas por algunas partes de la sociedad, pero no es una persona decente. Lo mismo ocurre con las mujeres solteras o casadas, que van comportándose indecentemente provocando a los hombres con sus exagerados vestidos, posturas, insinuaciones o conversaciones.

 

Aunque los comportamientos indecentes les parezcan normales a otros, las personas que viven practicando el valor humano de la decencia, están luchando por forjar, fortificar y hacer noble su dignidad y su carácter, demostrando que es posible llevar una vida decente y ordenada, respetando siempre a los demás y reconociendo la dignidad del ser humano.

 

La decencia es el valor más bello, que las personas pueden sentir y lo que mejor habla de ellas, ya que serena y fortalece el carácter y recuerda continuamente, lo importante que es vivir decorosamente y comportarse correctamente, en todo lugar y ocasión, sin que pueda dar lugar a interpretaciones equivocadas sobre la conducta.

 

La decencia es el respeto a la moral y a las buenas costumbres y se debe demostrar, con una buena educación, manteniendo la integridad, en el digno comportamiento de todos los actos y palabras, para poder convivir con las personas de forma sana, sin egoísmos, ni peleas, con cortesía, dignidad y amabilidad, en base a los valores morales y a las buenas costumbres.

 

Principales virtudes y valores humanos relacionados con la decencia, que los padres tienen que enseñar a los hijos, primeramente estudiándolas con mucha atención y posteriormente practicándolos con el ejemplo: Abnegación, abstinencia, amor, autodisciplina, castidad, disciplina, educación, familia, fe, fortaleza, generosidad, honestidad, justicia, modestia, obediencia, oración, orden, paciencia, perdón, prudencia, pudor, pureza, religiosidad, respeto, responsabilidad, sencillez, templanza, tolerancia, virginidad masculina y femenina, voluntad, etc.

 

Principales defectos que conlleva la indecencia: Deshonestidad, deshonor, desvergüenza, hipocresía, indecencia, suciedad, vicio, etc.

 

10 Situaciones para ejercitar la decencia:

 

  1. En la vestimenta, posturas, conversaciones, críticas, comentarios, insinuaciones, frivolidades y comportamiento hacia los demás.
  2. En los negocios para no aprovecharse de las oportunidades, en perjuicio de los empleados, clientes o proveedores.
  3. En los deportes, juegos, etc. y en todas las ocasiones, en las que alguien puede tomar ventaja indecente, que perjudique a los demás.
  4. En los médicos y otras profesiones, al encargar solamente los exámenes, tratamientos, operaciones y medicinas que se precisan, para conocer, cuidar y prevenir la enfermedad, examinando con decencia las alternativas de curación, para evitar gastos innecesarios.
  5. En los estudios no copiando en los exámenes, ayudando al que lo necesita, teniendo respeto y educación con los profesores, evitando las peleas y discusiones con los compañeros, siendo valiente cuando hay que defender la verdad y sabiendo aceptar, los errores y equivocaciones.
  6. En los medios de comunicación, periódicos, radios, televisión, etc. diciendo la verdad entera, no a medias o con recovecos, que oculten o distorsionen la realidad ante los usuarios, siempre respetando la privacidad de las personas e instituciones.
  7. En los políticos y servidores públicos, cumpliendo las promesas realizadas y actuando con decencia y honradez.
  8. Las personas en general, al no intentan torcer las leyes para beneficiarse cuando les convienen en determinadas situaciones personales.
  9. Con los amigos correspondiéndoles con la amistad, que ellos han puesto en las mutuas relaciones.
  10. Las personas públicas, cuya decencia se mide continuamente cuando cometen faltas, que las empresas patrocinadoras de su publicidad, no las aceptan y les retiran el patrocinio.

 

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La soledad explicada a los hijos

ESCUELA PARA PADRES

 

La soledad explicada a los hijos

 

Palabras 1,789 Tiempo de lectura 6:45 minutos

 

Artículos relacionados:

 

 

Soledad es la carencia voluntaria o involuntaria, de la falta de contacto con otras personas y está relacionada con el aislamiento, la incomunicación, el destierro, la clausura religiosa, la separación, el alejamiento, el abandono, el desamparo, la orfandad, la viudez, la tristeza, la nostalgia, la ansiedad, las alucinaciones, la distorsión de la percepción del tiempo, etc.

 

            También es el pesar y la melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo. Suele ir unida con el silencio, la meditación, la oración y la angustia. Puede ser voluntaria u obligada, premio o castigo. El hombre es un ser sociable por naturaleza, por lo que cuando está aislado obligatoriamente, no se desarrolla mental, ni intelectualmente.

 

Los padres tienen que enseñar a sus hijos, a comprender la soledad de otras personas, para que puedan entender la necesidad de acompañarles, en la medida que les sea posible y así hacerles más agradable la vida. Para poder enseñar este sentimiento hacia los demás, deben demostrarlo con el ejemplo, acordándose de quienes estén necesitados de compañía, empezando por los más cercanos.

 

Estar solo, sin el bullicio de las multitudes, cada vez es más caro y para los que se lo pueden permitir, es un privilegio que muchos envidian. Por eso se inventan las urbanizaciones alejadas, valladas y vigiladas, los clubs y las sociedades de las elites. La compra de islas privadas y la construcción de viviendas, aisladas en las montañas.

 

Hay muchas situaciones, donde la soledad voluntaria empieza por uno mismo, en la soledad interior, rodeada del silencio que permite realizar mejor la oración, la meditación, el estudio, la concentración para el trabajo o la investigación, la lectura, proyectos físicos o mentales, tratamientos médicos, etc. Esos momentos de soledad, pueden ser muy útiles para  meditar sobre el presente y el futuro. También es un mecanismo de auto defensa, ante las agresiones de la sociedad o de determinados individuos.

 

Es muy difícil combatir y curar la angustia que produce, la soledad propia o ajena y la falta de comunicación, que ha sido impuesta como castigo y no como elección, como en los casos de cárceles, extradiciones, emigraciones, enfermedades contagiosas, hábitos socialmente inaceptados, la situación social o laboral del individuo, etc.

 

Hay soledades escogidas, necesarias, apreciadas e incluso amadas, que son un regalo para la mente y el espíritu, al poderse concentrar y que sea más productiva la conversación con uno mismo, la propia introspección para las conversaciones con Dios. Son situaciones llenas de dicha, belleza, silencio y paz, que nunca producen el sufrimiento del aislamiento.

 

Es muy difícil “sentarse a sentirse“, pues algunas personas tienen miedo a descubrir, la soledad mental y espiritual que se produce al estar solas, para no tener que pensar en lo que puede haber en su propio interior. No es fácil encontrarse a uno mismo, escucharse y sentirse vibrar o comprobar, que nada se mueve en nuestro interior, o algunas verdades demasiado dolorosas o insoportables. Por eso se refugian en actividades baladíes, que les absorben el tiempo y la mente, para evitar el tener que enfrentarse a los planteamientos personales o sociales.

 

La soledad durante períodos cortos, no es deprimente y algunas veces, es valorada como momentos de privacidad para trabajar, pensar o descansar sin ser distraído y como una forma de iluminación espiritual. Pero durante períodos largos, suele ser vista como desagradable, pues causa aislamiento y reclusión e impide, establecer relaciones con los demás.

 

Soluciones.

 

El teléfono, el Internet, el correo normal y las visitas personales, son excelentes herramientas para paliar, aunque no para solucionar totalmente, los problemas que produce la soledad. ¡Que poco cuesta llamar periódicamente a esa persona, que sabemos que esta sola, o que está enferma, o que esta aislada de sus familiares o amigos, para darle una inyección de optimismo y hacerle saber, que siempre hay alguien que se acuerda de ella! No se pueden ni imaginar, la alegría que experimentan las personas que están solas, cuando reciben una visita, una llamada, una carta o un correo por el Internet. Con mucha anticipación, se preparan para ese acontecimiento, que tanto supone para ellos y tan poco cuesta, a los que podemos hacerlo. Estos son los soportes sociales y humanos, que se deben enseñar a los hijos. Una buena forma de aplicar las virtudes y valores humanos, aprendidos.

 

Casi todo el mundo puede hacer algo, por los que están completamente solos o incomunicados, debido a sus deficiencias de movimientos o mentales. Los fáciles medios de comunicación modernos, permiten incluso a las personas muy mayores, que hagan llamadas de teléfono a otras personas, más necesitadas que ellas. Siempre hay alguien que reciba con alegría una llamada, una carta o un obsequio que le recuerde que no está solo. Hay muchas organizaciones de voluntarios, que facilitan las cosas para que las personas que están solas, puedan compartir su tiempo con otras personas, que también lo necesitan.

 

La soledad en la familia.

 

Los padres deben estar muy atentos, para descubrir las situaciones de soledad, que ocurren cerca de su familia, amigos y sociedad, y así poder inculcar a sus hijos la virtud de la caridad, en la faceta de que traten de ayudar a sobrellevar esas situaciones, dándoles previamente su ejemplo de solidaridad, con los que están solos y abandonados y después poniendo los medios, para que sus hijos puedan practicar la virtud del acompañamiento, en las soledades. Estuve solo y me visitaste. (Bienaventuranza del Evangelio).

 

  • Los viudos o viudas. Con independencia de la edad en la que ocurra, es muy triste la llegada de esa soledad, después de haber compartido el amor, los años, los sueños, las alegrías y las tristezas. Cuantas veces se ven abandonados por los hijos o por los familiares que compartieron y por las amistades, que tenían en común. Es una gran obra de caridad, hacer el esfuerzo necesario para seguir manteniendo las mismas relaciones con los viudos y viudas, como cuando vivían sus parejas, aunque nada mas sea, como homenaje póstumo a la persona que falleció. En la viudez es cuando más necesitan el apoyo, de los que anteriormente les rodeaban, además de intentar ayudarles, en sus necesidades económicas y sociales.
  • Los huérfanos. Principalmente cuando son pequeños y además pierden la situación económica y social, que sostenía a su familia y por lo tanto, desaparecen muchos de sus amigos y familiares. Cuando son abandonados a vivir en las calles o internados en orfanatos, porque la familia que ha quedado, no los puede o quiere proteger o criar.
  • Los divorciados. Cuando la pareja les abandona.
  • Los padres. Cuando se quedan solos, porque los hijos se han ido del hogar al llegar a su mayoría de edad o por motivos de estudios, matrimonio, nuevas oportunidades, etc. El matrimonio se queda solo y aunque es ley de vida, tardan mucho tiempo en aclimatarse a esa soledad familiar.
  • Los esposos. Cuando no tienen comunicación entre si y se encuentran totalmente solos, pero con las obligaciones del matrimonio.
  • Los hijos. Los que se llaman hijos de la llave, porque la llevan colgada al cuello, ya que al salir de la escuela, van a su casa y no hay nadie, que les cuide, ni les eduque. Esos también están completamente solos, algunas veces por necesidades familiares y otras por la desidia o egoísmo de los padres.
  • Los ancianos, enfermos, minusválidos o incapacitados en las residencias, hospicios, hospitales, o en sus propias casas.
  • Los solteros involuntarios que en las edades de contraer matrimonio han tenido que aceptar situaciones anormales, como el intenso cuidado y manutención de sus padres o hermanos pequeños, enfermedades, crisis económicas, escasez de parejas, continuación de negocios familiares para poder sobrevivir la familia, etc.
  • Los prisioneros en las cárceles, campos de concentración o de refugiados.
  • Los inmigrantes y los que se quedan esperándoles.
  • Etc. Etc.

 

La soledad en las personas comprometidas con la religión.

 

  • Los sacerdotes y religiosos, que aunque vivan inmersas en la sociedad civil y con muchas ocupaciones para con los demás, tienen que soportar la incomprensión, de esa misma sociedad e incluso la persecución mediática y las falsas acusaciones. Después de su trabajo, se retiran a sus domicilios y tienen que enfrentarse, ante esa soledad familiar y social aceptada voluntariamente.
  • Los religiosos que viven en clausura en sus conventos y los ermitaños, que han prometido aislamiento, soledad y oración continua, algunas veces acompañada de un profundo silencio, para mayor gloria de Dios y de los hombres.
  • Los misioneros en tierras inhóspitas, donde no les quieren, no les comprenden, no les aceptan e incluso en algunos países, les persiguen.
  • Los voluntarios de las organizaciones religiosas y civiles, que muchas veces realizan su apostolado solitaria e incomprendidamente, de los mismos beneficiados, los cuales además de criticarles, consideran que tienen la obligación de recibir esos beneficios.

 

La soledad en la vida social

 

  • Los empresarios y profesionales, que no tienen con quien consultar, comentar o recibir consejos sobre sus problemas, confidencias, proyectos, o inquietudes sobre sus negocios, para poder tomar las decisiones adecuadas.
  • Los deportistas cuando realizan deportes en solitario, no en equipos, principalmente los de alto riego y los de alta competición: Travesías marítimas o terrestres, escaladas en roca, corredor de fondo, etc.
  • Los militares o vigilantes, que están de en solitario haciendo guardias, vigilancias o de centinelas.
  • Los inventores, que no pueden confiar en nadie sus proyectos.
  • Los poetas, escritores, artistas e incomprendidos, que no encuentran donde exponer sus ideas o no son admitidos a compartirlas con otros.

 

12 Sentencias relacionada con la soledad:

 

  •  
    1. Algunas compañías nos hacen estimar más la soledad
    2. El miedo a la soledad hace al hombre más social
    3. En la soledad se halla, lo que muchas veces se pierde en la conversación
    4. La soledad es la mejor cura para la vanidad
    5. La soledad mental, es una prisión que sólo puede abrirse desde dentro.
    6. Las personas rehuyen la soledad, porque muy pocos se encuentran en buena compañía consigo mismos
    7. Las personas se sienten solas, porque construyen murallas en lugar de puentes
    8. Más vale estar solo, que mal acompañado
    9. Nadie enseña a soportar o a disfrutar la soledad, se aprende con ella
    10. No hay mayor pobreza, que la soledad impuesta
    11. No saber apreciar la soledad, nos provoca muchos males
    12. Una persona puede sentirse sola, aún cuando mucha gente la quiera

 

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El saber escuchar, explicado a los hijos

ESCUELA PARA PADRES

 

El saber escuchar, explicado a los hijos

 

Palabras 1,597 Tiempo de lectura 5:45 minutos

 

Es muy diferente escuchar que oír. Escuchar es prestar atención a lo que nos dicen o lo que se oye, bien sea un aviso, consejo o sugerencia. Oír se pude hacer incluso sin prestar atención. Tenemos dos orejas y una boca, para que escuchemos mucho y hablemos poco. Algunos parece que tienen dos bocas, por lo mucho que hablan y lo poco que dicen y una oreja por lo poco que escuchan, haciendo oídos sordos a los buenos consejos.

 

Los padres tienen que enseñar a sus hijos a escuchar. Nadie nace, sabiendo. Escuchar se aprende a base de la paciencia que los padres pongan, en enseñar a sus hijos. Enseñar a escuchar, supone hacerles practicar desde niños, una serie de ejercicios visuales y auditivos. Procurando que exista un silencio razonable, un ambiente tranquilo, sin gritos y a poder ser mirándose los interlocutores, sin distracciones, ni interferencias. No se puede enseñar a escuchar, si los padres no lo ejercitan previamente entre ellos y con los que les rodean.

 

Hay muchos libros en las Bibliotecas Públicas, que dan muy buenos consejos y explican las mejores técnicas ya probadas, para saber escuchar y aprovechar lo mejor de lo oído o leído. Los padres deben informarse bien de esas técnicas, que están estudiadas para diferentes situaciones e interlocutores. Leer también es una forma muy importante de escuchar, lo que otros dicen, por eso la lectura, es el gran sistema de aprendizaje.

 

Escuchar es un arte y como todo arte, hay que aprenderlo. Qué mejor que los padres para enseñarlo, como una asignatura imprescindible, para que el día de mañana los hijos no diga, -soy así porque yo no entendí- ni a los padres, ni a los profesores, ni a los sacerdotes, ni a los políticos, ni los empleadores, etc. Lo importante es escuchar bien el mensaje, no fijarse tanto en el mensajero que lo trae. Escuchar nos permite conocer mejor a los demás, disminuir las equivocaciones, ganar amigos y mejorar las oportunidades que se presenten.

 

Que difícil es escuchar a los que hablan mientras comen, mastican chicle, miran para otro lado o están distraídos con otra conversación, o cuando alguien habla, habla y habla y no dice nada. Pero ese decir nada, puede ser para uno solo, ya que cuando algunas personas hablan, como sacerdotes, pastores, rabinos, imanes, políticos o conferenciantes, a un publico en general, suelen tener un publico heterogéneo, pudiendo estar compuesto de sabios e ignorantes, ricos y pobres, mayores y jóvenes, letrados e iletrados. Es muy difícil para el que habla ante ese abanico de profesiones y situaciones, que todo el mundo comprenda lo que dice. Por eso el que escucha, tiene que tener una gran paciencia y muy desarrollada la inteligencia, para saber captar la parte que le pudiera corresponder de esa disertación.

 

Algunos alegan que no quieren escuchar y mucho menos, aprender a escuchar, pues hay muy pocas cosas que les interesa oír. Esto suele ocurrir a las personas mayores, que les insisten en que se pongan audífonos para oír mejor, los cuales además de ser muy caros y casi siempre mal resueltos técnicamente, hacen que las personas oigan muchos ruidos y cosas que pasarían mejor sin oírlas. Lo mismo ocurre en todas las edades, con personas que pasan de todos los convencionalismos y solamente quieren escuchar, lo que a ellos les interesa oír, bien sea técnico, de una afición, de deportes, etc. Existe la costumbre de querer escuchar solamente, a personajes que nos dicen lo que queremos oír y no ponemos ningún interés, en escuchar a personajes que puedan sacudir nuestras conciencias, en cualquiera de los aspectos de nuestras vidas.

 

Para saber escuchar bien, hay que utilizar las siguientes cualidades de apoyo: La observación, la atención, la paciencia, la tolerancia, el autocontrol y la práctica continuada.

 

13 Conceptos a tener en cuenta, sobre cómo y para qué, hay que aprender a escuchar bien:

 

  1. Con el corazón abierto y la mente predispuesta a nuestra conciencia, a nuestro esposo o esposa, a nuestros hijos, a nuestros familiares, a nuestros amigos, a nuestros profesores, a nuestros empleadores, a nuestros enemigos, a nuestros políticos y hasta a nuestros clientes, proveedores y mercados, para entender todo lo que nos digan, demostrando respeto y sentido común, ante cada una de las frases, tonos de voz, posturas y atenciones que tengan.
  2. Los maravillosos silencios de la ciudad en las noches o en los domingos, del campo, del mar, de una iglesia vacía, de un claustro, etc.
  3. Para entender los mensajes que emiten, tanto los cuerpos de los que hablan y de los que escuchan, pues la mayoría de las veces, indican perfectamente si está prestando atención, distraído o molesto. El cuerpo de los que hablan, suele emitir signos de veracidad, mentira, vehemencia, pasotismo, vergüenza, arrepentimiento, etc.
  4. Para entender mejor, lo más posible y asimilar lo que se oye, procurando sacar el mayor provecho de lo escuchado, en la familia y en la sociedad, pues sin la atención adecuada, será muy difícil captar, entender y  aprovechar lo que han dicho.
  5. Para hacer caso a los mensajes que emite nuestro cuerpo, relacionados con la salud, para regularlos, controlarlos y podérselos contar al médico.
  6. Para oír a nuestro interior, sobre todo a la conciencia, pues no podemos hacernos los sordos, principalmente cuando nos llegan sin haberlos llamado, pues suelen ser señal de rebeldía ante algunas situaciones, en las conciencias bien formadas.
  7. Para poder hablar bien, influenciar y persuadir a los que nos escuchen.
  8. Para poder poner un límite práctico, al tiempo de cada interlocutor, así como la cantidad de decibeles permitidos en la voz.
  9. Para poder tomar notas escritas o mentales, tanto en la enseñanza, como en las profesiones y así poder contestar posteriormente, con mayor certeza.
  10. Para que en el difícil arte del diálogo constructivo, no utilizar solamente las respuestas que previamente habíamos preparado, sino las que correspondan, a lo que estamos escuchando.
  11. Para que los hijos, si previamente les hemos hablado bien y claramente, se pongan a escuchar y posteriormente, se suelten a hablar.
  12. Para que quienes nos aconsejan, aunque no se lo hayamos pedido, puedan transmitirnos su mensaje, ya que suponemos que va a hablar por nuestro bien y de algo que nos interesa.
  13. Y aprender a desaprender los tópicos que tenemos, para poder diferenciar entre lo que es obligatorio o superfluo, lo que queremos, lo que no queremos o no necesitamos escuchar, en cada época y situación de nuestra vida.

 

15 Conceptos a tener en cuenta para escuchar bien:

 

  1. Aunque haya una persona caritativa, que acepte escucharnos, no pretendamos descargar nuestras frustraciones, solamente porque nos escuchan.
  2. Cuando a las personas se les escucha, con atención sincera, les damos una oportunidad de acercarse, de desahogar y de crear o ampliar un vínculo franco y duradero, pues al sentirse escuchadas se relajan, abren su corazón y se sinceran, mostrando su mundo interior, creencias y valores.
  3. Dejarle hablar sin interrupciones injustificadas, dando al interlocutor un tiempo prudencial o el acordado, para que escoja con cuidado sus palabras, ideas y planteamientos.
  4. El entrenamiento en la capacidad de saber escuchar, convierte posteriormente, en un buen comunicador 
  5. El escuchar con sabiduría nos brindan una oportunidad, porque dejando de escuchar, se tiende a repetir siempre el pasado y a no avanzar.
  6. El hablar a alguien, tiene que estar soportado por medidas inteligentes, que siempre conlleven respeto y sentido común.
  7. Intentar mostrar empatía con lo que se dice, utilizando un tono de voz adecuada y suprimiendo la agresividad dialéctica.
  8. No es posible tener una relación de primera, con una escucha y comunicación de segunda.
  9. No reaccionar inmediata e impulsivamente, ante las discrepancias escuchadas, pues eso rompe el hilo de los comentarios.
  10. No se debe aceptar el escuchar cosas, que vayan en contra de la moral y buenas costumbres, ni críticas a personas u organizaciones ausentes.
  11. Para hablar bien hay que practicar el hablar, solamente lo necesario y acostumbrarse a escuchar, con mucho interés y la máxima atención a los interlocutores, controlando el impulso de interrumpir, desmentir o aconsejar sin que lo hayan pedido, siempre que no sea estrictamente necesario.
  12. Se debe escuchar, sin tener miedo a preguntar lo que no se ha entendido o lo que se quiere aclarar. Para el que habla, las preguntas y sus intenciones, suelen definir el grado de lo que han entendido y el propósito de la pregunta.
  13. Se debe escuchar, teniendo en cuenta las emociones de las personas que hablan, pues muchas veces, indican las causas de sus comentarios.
  14. Se debe no desviar la conversación, a asuntos no relacionados o periféricos, que convengan al disertador, para obtener un triunfo dialéctico.
  15. Todo el mundo quiere ser escuchado y hay muy pocos dispuestos a escuchar a otros, pues escuchar es una extraordinaria virtud humana, un bello arte, un fuerte ejercicio, ya que supone callar, donar tiempo, esperar, querer entender, preguntar, sugerir… y de nuevo callarse. Hay que tener un buen entrenamiento y costumbre, demostrar una considerable pericia y cortesía, así como realizar un gran esfuerzo, sobre todo en los temas delicados o polémicos, como son los religiosos, políticos, familiares o económicos.

 

Preguntas elementales sobre escuchar:

 

¿Se escuchar? ¿Qué quiero escuchar? ¿A quién escucho? ¿A quién me agradaría escuchar? ¿Quién me escucha? ¿Quién quiero que me escuche? ¿Qué quiero que me escuchen?

 

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La paciencia en la familia

ESCUELA PARA PADRES

 

La paciencia en la familia

 

Palabras 1,615 Tiempo de lectura 5:45 minutos

 

Artículo relacionado: La virtud de la paciencia explicada a los hijos

 

Virtudes y valores humanos relacionados con la paciencia:

 

Caridad, condescendencia, constancia, equilibrio, esperanza, firmeza, freno, generosidad, humildad, insistencia, justicia, perseverancia, persistencia, responsabilidad, serenidad, sobrellevar, sosiego, tesón, tolerancia, voluntad, etc.

 

Actitudes antagónicas de la paciencia:

 

Angustia, ansiedad, desasosiego, enojo, intolerancia, intranquilidad, intransigencia, ira, tensión, etc.

 

La paciencia en las relaciones familiares.

 

Hay que considerarla como una de las virtudes humanas más importantes, para el dominio de uno mismo y para poder llevar una familia feliz. Después de bien estudiadas y aprendidas sus características, beneficios y mecanismos para ejercitarla, hay que dominarla bien para ponerla en práctica, primero con uno mismo y posteriormente practicarla con la esposa o el esposo, los hijos, los padres, los hermanos y demás familiares y amigos. La paciencia empieza en uno mismo, sigue por aplicarla con la familia y termina esparciéndose, en los distintos estamentos de la sociedad. Es una virtud que como todas, se aprende y se va mejorando con la práctica. Los resultados son extraordinarios para llevar por buen camino, la formación de la familia y de la sociedad.

 

La paciencia se puede u debe aprender, a través de libros especializados que se encuentran gratuitamente en las Bibliotecas Públicas. Ahí podemos aprender de los consejos, que escritores especializados en esa materia, han demostrado que sirven para cada una de las ocasiones, donde en el curso de la vida necesitaremos ejercitarla. También en las conferencias de profesionales, en las Iglesias y centros cívicos.

 

Pero la paciencia es muy difícil de practicar, si no va acompañada entre otras cosas, de mucha creatividad. No se puede ser paciente nada más que por serlo, hace falta construir un sistema mental, hacia dentro de uno mismo y hacia fuera, para que la paciencia funcione. Tiene que haber algún motivo superior, como el amor a Dios o al prójimo para practicar la paciencia. Ser paciente y demostrar una mala cara o mal genio, no ayuda a las otras personas a ser conscientes de la paciencia, que se ha desarrollado. La paciencia no debe ir acompañada de actitudes de “perdonavidas” A poder ser, debe ir acompañada con gestos de sonrisa o por lo menos, de no mal humor, aunque sea difícil no expresar que esos actos de paciencia, corresponden a un fuerte acto interno o externo de dominio personal.

 

La práctica de la paciencia, que muchas veces se convierte en auto dominio de la personalidad, tiene que tener varios objetivos, muy concretos y un programa, para poder alcanzarlos. Ser pacientes por el simple hecho de ser pacientes, no es la mejor forma de fomentar esta costumbre, para convertirla después en habito y posteriormente en virtud. Los objetivos variarán según para lo que queramos practicarla. Por ejemplo la paciencia con la familia, nos llevará a conseguir una familia bien educada y feliz. La paciencia con un carácter religioso, nos llevará a conseguir el camino para la perfección humana. La paciencia en los deportes, nos llevara a conseguir los objetivos de marcas, que nos hayamos propuestos. La paciencia en el trabajo, nos llevara a la mejora del mismo. Cada actividad tendrá unos frutos diferentes.

 

También hay que aprender a educar la virtud de la paciencia, para saber escuchar a otros, siempre se podrá aprovechar algo, además de ejercitar la caridad de escuchar, al que necesita o quiere comunicar algo.

 

Con la propia familia.

 

La paciencia expresada en la familia, tiene que ser también firmeza de los padres, en los principios no negociables, especialmente en el amplio concepto de la educación y seguimiento de las virtudes y valores humanos.

 

La paciencia esta relacionada también, con el sacrificio personal, ya que muchas veces, supone un gran esfuerzo tener la paciencia para escuchar a los hijos, esposos, nietos o padres que tienen la necesidad de hablar sobre temas, que no son de nuestro agrado. Pero hay que tener paciencia, escucharlos, procesarlos mentalmente y ponerse a trabajar, para encontrar las soluciones adecuadas.

 

Ser pacientes practicando el silencio, ya que muchas veces nuestro interior, está pidiendo que expresemos algo que no es adecuado, porque no va a servir para nada, que va a herir a los demás o que no nos han pedido nuestra opinión y que es posible, que no sea adecuado que la demos.

 

Los familiares entre si, esposos, padres e hijos tiene que practicar la paciencia, también en la base de la tolerancia hacia los sentimientos y actos de los demás, pero dando la importancia debida a lo que la tiene.

 

¿Cómo no va a haber paciencia y tolerancia, en una familia que se quieren, si es la mejor forma de convivir, aceptándose unos a otros con sus defectos y virtudes, actos y omisiones?

 

Es muy importante que los hijos, se den cuenta de la paciencia que tienen los padres, en sus relaciones con los maestros, vecinos y amigos personales, ya que por su cercanía y porque muchas veces se realizan en su presencia, las conversaciones o comentarios, son esas actitudes las que mejor pueden comparar y analizar.

 

Con la esposa o el esposo

 

Siempre hay un periodo de adaptación en el matrimonio, donde ambas partes tienen que exhibir sus mejores dotes, para intentar conseguir esa perfección en las relaciones matrimoniales. La paciencia es el antídoto, para los malos humores y para la adaptación de esas vidas diferentes, que cada uno aporta al matrimonio. La paciencia se relaciona íntimamente, con el cariño hacia las personas. A mayor cariño, mas paciencia tiene que haber.

 

¿Como no se va a tener paciencia con las madres, que ofrecen ese derroche de entrega, en la crianza de los hijos y esa gran comprensión con su esposo?

 

Con los hijos

 

En cada una de las edades, el tipo de paciencia tiene que ser diferente, siempre con el fin de procurar el bien de los hijos, desde cuando hay que enseñarles, con mucho cariño y creatividad a comer, andar, vestirse, lavarse, estudiar, etc. Ese tipo de paciencia y creatividad, es completamente distinta, con la que se tienen que ir adoptando, a medida que los hijos van creciendo. No es lo mismo tener paciencia con un hijo de un mes que no quiere comer, que la que hay que tener con un hijo o hija de 17 años, que quiere llegar o llega siempre tarde a la casa y en malas condiciones. En la primera etapa, la paciencia no conlleva riesgos para el hijo, ya que los padres se encargarán con creatividad, para hacerle que coma. En la segunda etapa, la paciencia mal ejercitada, puede llevar a que ocurran hechos graves e irreversibles, por haber tenido demasiada paciencia, antes de hablar muy claro sobre los peligros, que estaban corriendo esos hijos.

 

Hay padres que se comportan como energúmenos, porque los hijos no han sacado buenas notas escolares, no se han portado bien en la casa, no comen a la velocidad exigida, no han ganado en los deportes o no consiguen los triunfos sociales programados. El no saberse dominar y ponerse a gritar, hasta conseguir que los hijos lloren y se dobleguen ante la autoridad paterna, aunque sean demasiado jóvenes para entender la importancia de la supuesta falta, que les dicen que han cometido, supone que esos padres tienen una gran falta de paciencia y un problema de autocontrol, lo que les impide, el poder reflexionar para buscar y encontrar las soluciones, a esos supuestos problemas. No se dan cuenta los padres, que están criando hijos a gritos, que terminarán siendo violentos. Los gritos y las humillaciones son la antítesis de la buena educación a los hijos. Mucho más se consigue con miel que con hiel.

 

Si los padres no tienen equilibrada la paciencia, con los estudios y formación de sus hijos, es muy difícil que estos progresen. Tienen que idear acciones creativas, para buscar y encontrar las soluciones a los problemas, que se presenten o que se intuyan que van a llegar. Nada adelantan los padres con gritar, asustar o castigar a los hijos, porque han tenido un problema si no se pone en marcha, una buena solución para corregirlo. Los hijos están reclamando de sus padres, soluciones creativas, ya que suponen que tienen el conocimiento y la experiencia necesaria, para ayudarles pacientemente. Los padres tienen que tener la paciencia de entregarse a sus hijos, pues eso es la grandeza del amor paternal, que convierte a los padres en servidores de sus hijos.

 

¿Cómo no se va a tener paciencia con esos hijos, que son lo que más aman los padres? Si no tienen paciencia con sus hijos, que tanto quieren y ellos la necesitan, es imposible que la tengan con otras personas.

 

Con los familiares de edad avanzada.

 

Bien sean padres, suegros, hermanos, tíos, etc. Hay que tener mucha paciencia y reconocer que pueden tener limitaciones físicas o mentales, en su forma de actuar. La manera de comportarse, casi siempre difiere de la de las siguientes generaciones, de hijos y nietos. No se les puede tratar como si fueran todos de la misma edad. Si se convive con ellos, hay que tener mucha paciencia, para no hacerles sentirse mal, porque no pueden seguir el mismo ritmo, que los otros componentes de la familia en las comidas, conversaciones, lecturas, actividades, horarios, etc.

 

¿Como no vamos a compensar, la extraordinaria paciencia que demuestran los abuelos con los nietos, cuando se pasan horas explicándoles cosas, que algunas veces los padres no han sabido o no han querido comentarlas? Incluso cuando los nietos, para contar sus cuitas e inquietudes, han preferido refugiarse en la sabiduría y experiencias acumuladas de sus abuelos.

 

¿Debemos tener paciencia para escuchar? En un próximo artículo se lo comentaré.

 

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Los objetivos de esta escuela virtual son: Educar a los padres para que con su ejemplo y conocimientos de las virtudes y valores humanos puedan educar a sus hijos. Enseñar como educar a los hijos. Que los padres aprendan a vivir un armonioso, fecundo y largo matrimonio. Tender un puente entre la educación familiar y la Fe.

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