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La obligación de saber de los hijos y los padres


ESCUELA PARA PADRES

La obligación de saber de los hijos y los padres.  

  • 12 Grupos sociales y su relación con la obligación de saber
  • 22 Sentencias relacionadas con la obligación de saber 

3,161 Palabras. Tiempo de lectura 12:00 minutos 

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La ingenuidad de algunos padres, que dejan en manos de los hijos lo que estos deben saber, sin querer aceptar la responsabilidad que tienen, de guiarles en lo que obligatoriamente tienen que saber, para poder navegar en las procelosas aguas de la vida. No se puede ser ingenuo, creyendo que ellos solos, van a acertar en lo que tienen que saber. Se olvidan que hay muchas fuerzas encontradas en la sociedad y que hay una tendencia a atraerlos hacia conocimientos, que no tendrían que aprender. Por ejemplo las drogas, el sexo, la pornografía, etc. La obligación de saber estos conceptos, debe estar muy dirigida por los padres, en función de las edades físicas y mentales de sus hijos. Lo que no les enseñen los padres, seguramente lo aprenderán de quien menos debería enseñarles. La obligación de saber, no justifica los medios empleados para alcanzarlo. Todo tiene un orden, una ética, unas posibilidades y unas responsabilidades. 

Los padres tienen la grave obligación, de saber lo que tienen que saber, aunque algunas veces no sepan, qué es lo que tienen que saber. Para eso están las consultas que se deben realizar, a las personas que saben y que son de nuestra confianza, empezando por los padres, maestros, tutores, directores espirituales, lideres, etc. No se puede estar sin saber las verdaderas cosas de la vida, gastando el tiempo en aprender equivocadamente cosas inadecuadas, que nos ocupan nuestro cerebro y nuestro tiempo, o que manifiestamente no nos servirán para nada. 

Los padres insistentes no son padres abusadores, si persisten en la obligación hacia los hijos, para que sepan las cosas necesarias, las que tienen la obligación de saber. Son padres que cumplen con sus obligaciones irrenunciables de educar. Algunas veces, suelen ser criticados por otros padres permisivos, que dejan en manos de los hijos la obligación de saber, la cumplan o no.

 La curiosidad por saber debe ser inculcada, fomentada y guiada por los padres, para crear esa tradición o costumbre, que se vaya convirtiendo en hábito y posteriormente en virtud. Los padres deben también enseñar a sus hijos a analizar, y prescindir de lo que no tienen que saber, de forma que su formación y fuerza de voluntad, se pueda medir por lo que se quiere y puede prescindir de saber. Por eso los padres deben pedir a Dios, que les ayude a identificar lo que los hijos tienen obligación de saber y a poner unas buenas reglas, rígidas, pero también flexibles, fuerza para vivirlas, prudencia para mejorarlas, cariño profundo, para que las reglas no se conviertan en un fin, sino en un medio, que sirva para unir a la familia y para fomentar las virtudes y valores humanos. Eso lo conseguirán pidiendo ayuda a los sacerdotes y expertos en la buena educación para la convivencia, de forma que la experiencia de quienes han logrado armonía familiar y educación verdadera, con reglas bien escogidas, pueda servir como pauta para el propio hogar. 

Saber es poder. Saber lo que se tiene que saber y lo que se tienen que ser. Estamos en la era del conocimiento y en la sociedad de la información, que al fin y al cabo, es la que deja grabada en las piedras, los conocimientos de los que saben. Hoy en día, la economía es la industria del conocimiento. Pero nadie se debe olvidar, que muy cercana a la ciencia, está la inconsciencia. Los hombres en todos los tiempos y civilizaciones, han sentido la obligación de saber cada vez más. Solamente algunas comunidades perdedoras, no entienden lo que es la obligación de saber. 

El saber ocupa lugar, aunque antes se decía lo contrario, que el saber no ocupa lugar. Pero el tiempo dedicado a saber es finito, y mientras se está aprendiendo una cosa innecesaria, se deja sin aprender otra necesaria. En términos generales, no se puede aprender dos o tres cosas a la vez.  Por eso, es muy importante fomentar la capacidad del criterio, para distinguir lo que conviene saber, ya que no tenemos la obligación, ni la posibilidad, de saber todo. Hay que aprender a cumplir la obligación de saber, apoyándose en los padres, maestros, tutores, sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que se profese. El día que los hijos tengan que competir por un empleo o por una plaza en la universidad, no pueden decir que cuando tenían la obligación de saber, lo que verdaderamente tenían que saber, se dedicaron a idolatrar a artistas, deportistas y a falsos amigos, dedicando el tiempo en saber los nombres, anécdotas, marcas y características de ellos. Tampoco podrán alegar, que se pasaron el tiempo frente a las pantallas digitales y que ahora, solamente saben de esas cosas. 

¿Qué hijos vamos a dejar para el futuro? Es lo opuesto, a qué futuro vamos a dejar a nuestros hijos. Todo dependerá de la formación en virtudes y valores humanos que les dejemos, del ejemplo que les demos y de cómo, hayan manejado su obligación de saber. En todas las épocas, el futuro ha sido incierto y lleno de graves amenazas. Pero siempre han triunfado, los que mejor estaban preparados para afrontarlo. Esa fuerza la da el conocimiento. Los padres tienen que preparar a los hijos, desde el día que nacen, para su futuro, inculcándoles y poniendo en práctica con ellos, las virtudes y valores humanos. 

La obligación de saber, no está reñida con la obligación moral de amar y portarse bien con el prójimo. Los que triunfarán serán los que tengan la humildad suficiente, para saber que todavía, no sabe nada. Los que crean que ya lo saben todo, fracasarán estrepitosamente. También los que no saben nada o no hacen el más mínimo esfuerzo por no cumplir con la obligación de saber, deben tener en cuenta que: Lo que natura no da, Salamanca no presta. 

Las sociedades casi siempre se pudren de arriba hacia abajo, debido al mal ejemplo. En la historia así ha sucedido, puesto que algunas sociedad, no practican la obligación que tienen de enseñar los que más saben y de ayudar a los que menos saben, aunque estos hayan tenido las mismas oportunidades, de cumplir la obligación de saber. Una sociedad puede desintegrase, cuando conscientemente consiente en no defender, abandonar, aprovechar o dañar a sus miembros más débiles. 

El saber de las masas y el saber individual. Las masas saben unas cosas, que poco a poco les han ido inculcando, los que tienen intereses en controlar sus conocimientos, pero no tienen interés, en que aprendan lo que les podría ayudar a prosperar. El saber individual empieza conociendo lo que los padres, maestros y educadores ponen a su disposición, para que se vayan formando. 

Paso de saber, no me interesa saber lo que me dicen mis padres, maestros y educadores. Sólo quiero saber lo que yo quiera. Lo otro no me interesa. Esta es una postura muy repetida en jóvenes, de todas las edades. La repiten como papagayos, sin saber que todavía no saben nada. Solamente creen que saben, lo que otros ignorantes como ellos, les han contado. Emplean “lo que yo quiera y lo otro no me interesa”. Sin darse cuenta de que todavía, no saben discernir ninguna de las dos cosas. 

Algunos hijos, según las edades, se cierran automáticamente ante quien les hable de religión, moral, virtudes y valores humanos, todo esto lo consideran aburrido. Ya saben todo y lo que no saben, lo consultan a su manera en Internet o con otros amigotes tan ignorantes como ellos. Algunos, ante cualquier sugerencia o presión, para que cumplan con su obligación de saber, en vez de ser agradecidos y aprovechar la oportunidad, contestan con desfachatez “yo no pedí nacer, es vuestra obligación mantenerme”. En muchas ocasiones, viven encontrando defectos a los padres, a quienes acusan a diario, de que sus ideas y métodos están pasados de moda, porque eso mismos oyen decir a sus padres de los abuelos, de los sacerdotes o de las personas que les dicen, que lo que hacen es un mal ejemplo para la educación de sus hijos.  Es muy cómodo decir “paso de saber” cuando lo que le dicen no quieren ni oírlo, ya que contradice el nefasto tipo de vida que lleva. 

La cultura de “dejar hacer” a los hijos, aunque lo hagan sin guía y sin objetivos. La mayoría de las veces, los hijos no tienen culpa, puesto que les han ido consintiendo y educando en esa cultura de “dejarles hacer”, aunque se vayan a caer por un precipicio o cortar con un cuchillo. Es más cómodo para muchos padres, que han dejado a un lado la obligación irrenunciables de la educación de sus hijos, permitirles que digan y hagan lo que les de la gana, sin llamarles la atención. Muchas veces es debido, entre otras cosas, a la vida desordenada y de mal ejemplo de los padres, que creen que es la forma de compensarles, por su falta de dedicación. Si los hijos no estuvieran consentidos, nunca se les ocurriría pensar en contestar de esa manera. Solamente lo hacen, cuando saben que no les va a pasar nada y que incluso, a los padres hace gracia esas contestaciones de los hijos, aunque no sepan lo que dicen.

Tampoco es disculpa, el permitirles hacer determinadas cosas o justificar ante ellos, situaciones gravemente escandalosas, poniéndoles como ejemplo, el número de personas que actúan en su entorno, en las mismas malas condiciones. Nadie les va a juzgar por lo que hagan otros, ni por la educación que otros den a sus hijos. 

Los padres ya no pueden decir “de eso yo no se”, refiriéndose a actividades que realizan sus hijos, como son el Internet, las pantallas digitales, las redes sociales, etc. Tienen obligación de saber todo sobre esas actividades, para estar al tanto de lo que ocurre con sus hijos y en su caso, poner los remedios necesarios. También tienen la obligación de saber lo más posible sobre salud, alimentación, y economía familiar, para trasmitirlo a los hijos. 

El intentar saber es una aventura que entraña riesgos, pues el genuino deseo de saber más, implica el no darse por satisfecho con lo que uno sabe de determinadas cuestiones, incluyendo la responsabilidad de cambiar sus formas de comportamiento. Nadie se debe conformar con lo que ya sabe, pues siempre se pueden edificar más conocimientos encima de los que se tienen. Hay gente muy inteligente, que no es sabia. La sabiduría es la energía de los que acumulan el buen conocimiento. Por eso, hay sabios que no son inteligentes, porque acumulan y no saben qué hacer con lo acumulado. La verdadera vida está en el deseo de saber, pues quien desea saber, está dispuesto a cambiar, aunque el cambio a veces pueda resultarle muy costoso. 

12 Grupos de personas en la sociedad y su relación con la obligación de saber: 

  1. Los que sufren por no saber, siempre son aprovechados y explotados por los que saben, hasta que empiezan a saber.
  2. Los que no saben y nunca sabrán, debido a que no han puesto interés en saber, lo que tienen que saber, o lo que otros se han encargado de que nunca sepan. Su futuro será muy negro, si no aprenden a saber.
  3. Los que prefieren no saber, porque así viven sin preocuparse, de lo que tendrían que saber, ya que eso les podría alterar su cómodo estilo de vida.
  4. Los que saben que no saben nada, de lo que tienen que saber, por lo menos estos están claros, si prefieren no cambiar de actitud.
  5. Los que odian el saber, ya que les supone un esfuerzo intelectual, que no están dispuestos a hacer, ni aunque sea en su beneficios.
  6. Los que impiden que los demás sepan, porque prefieren tener a su alrededor personas ignorantes para dominarlas, manejarlas y explotarlas más fácilmente.
  7. Los que se aprovechan de lo que otros saben, robándoles sus conocimientos, mediante engaños o a la fuerza.
  8. Los que se creen y aparentan que saben, hasta que descubren su ignorancia. Entonces volver a retomar la confianza perdida, es muy difícil.
  9. Los que triunfan sin saber el por qué han triunfado, seguramente debido al resultado de situaciones, donde sin esfuerzo ni conocimiento, se valieron de lo que otros sabían.
  10. Los que se aprovechan de que los demás no saben, sabiendo que siempre hay listos donde hay tontos.
  11. Los que tienen obligación de saber y no saben, engañando al prójimo, consciente o inconscientemente con palabrerías o actitudes presuntuosas. Estos pueden hacer mucho daño, por la confianza depositada en ellos a pesar de que tienen esa carencia de conocimientos.
  12. Los que siempre saben, porque se han esforzado en aprender y están dispuestos a un aprendizaje continuo, para aprovechar y administrar bien, los talentos recibidos. Estos son los triunfadores en esta vida. 

Poner la educación de los hijos, como prioridad y epicentro de todas las decisiones, relacionadas con la familia o la sociedad. Ese tiene que ser el objetivo principal de los padres, los políticos, los empresarios, los religiosos y las organizaciones sociales. Si no se cumple ese objetivo, seguiremos obteniendo lo que hasta ahora obtenemos, medianías o fracasos. Las personas bien educadas, personal, escolar y socialmente, son las que prosperarán. Las naciones que lo consigan hacer colectivamente, también prosperarán y dejarán atrás a las naciones o colectivos mal educados. La buena educación es muy rentable, en todas las sociedades. 

Los padres deben enseñar a los hijos, que todos tenemos la ineludible obligación de saber todo lo más posible, de la mayoría de las cosas. Sin entrar en la discusión, si es mejor ser generalista o especialista. Es cierto que esa obligación, hay que controlarla y acoplarla a las disponibilidades de tiempo y capacidades mentales y económicas. El tiempo para aprender, es un concepto finito, pues el que pasa, ya no vuelve. Por eso hay que invertir el tiempo y el esfuerzo de la mejor manera posible, para poder cumplir con la obligación de adquirir, todos los conocimientos posibles. 

El privilegio de saber, no se le da a todas las personas, por eso las que pueden recibirlo, no tienen derecho a rechazar ese privilegio, máxime, cuando es totalmente gratis, como en muchas ocasiones. No hay excusas para incumplir la obligación de saber, máxime hoy en día, que hay tantas posibilidades, para la mayoría de las personas de adquirir conocimiento, incluso a mayor nivel, del que cada uno se puede imaginar. Luego no se puede alegar desconocimiento, por no haberlo sabido, ya que la ignorancia de las leyes, no justifica la obligación de cumplirlas. No se puede alegar, que no se quieren aprender determinados temas. Hay personas que en lugar de están aprendiendo, prefieren estar viendo las novelas de la televisión, los deportes o cualquier otro tipo de entretenimiento, que es bueno un tiempo limitado y en determinadas circunstancias, y si no es así, muchas veces para lo único que sirve, es para embotar o atrofiar los sentidos. Ese tiempo que se malgasta, algún día se acordarán de el y de cómo lo desperdiciaron. 

La obligación de saber, está íntimamente relacionada con el derecho a saber y la obligación de informar o enseñar. Derechos que muchas veces es negado, en aras de un mal entendido concepto, de que no es bueno para las personas conocer determinadas cosas. Pero casi siempre, este concepto de no querer enseñar, basado en que las personas no deben saber, está relacionado con actuaciones que perjudican a los que verdaderamente deberían saberlo, para que pudieran tomar las medidas convenientes, aunque estas duelan a alguna de las partes. 

Vivimos en la era de la información, dentro de la sociedad del conocimiento. Hay toda una red, cada vez más grande, tupida y poderosa, denominada “la industria del conocimiento”. Son las sociedades de servicios, las que triunfan sobre las sociedades industriales. Los padres tienen que inculcar a sus hijos la grave obligación que tienen de saber, el derecho personal e inalienable de saber y el deber de estar bien informado.  

22 Sentencias relacionadas con la obligación de saber: 

  1. Cuando se es rico en sabiduría, hay que tener miramientos con la ignorancia de los demás.
  2. Cuando se tiene la obligación de saber, lo mejor es estudiar o preguntar.
  3. Ejercitar la obligación de saber, conlleva muchos sacrificios y satisfacciones.
  4. El que no sabe nada, no duda de nada.
  5. Es mucho más lo que se ignora, que lo que se sabe.
  6. Es obligatorio saber lo que se quiere, tener el valor de decirlo y el coraje de realizarlo. 
  7. Pocas personas quieren saber la crítica que les haría mejores, prefieren el elogio que les engaña.
  8. Saber es acordarse de lo aprendido.
  9. Saber es saber, que no sabes nada, ese es el significado de la verdadera sabiduría.
  10. Saber que no se sabe nada, es el más difícil y delicado saber.
  11. Tenemos la obligación de intentar saber, por lo menos, lo que debemos saber.
  12. Tenemos la obligación de saber aprovechar las oportunidades sin renunciar a las ventajas.
  13. Tenemos la obligación de saber donde estamos y hacia donde vamos.
  14. Tenemos la obligación de saber hablar, saber callar y saber cuando hacerlo.
  15. Tenemos la obligación de saber hablar, saber pensar, saber escuchar y saber callar.
  16. Tenemos la obligación de saber hasta donde sabemos lo que sabemos y lo que no sabemos.
  17. Tenemos la obligación de saber ser mejores, no más fuertes o engreídos, por saber más que otros.
  18. Tenemos la obligación de saber y seguir aprendiendo sin parar.
  19. Tenemos la obligación de saber, que no debemos hablar en términos cultos e incomprensibles, a quienes no pueden entenderlos.
  20. Tenemos la obligación de vivir para saber y saber para vivir bien.
  21. Tenemos más obligación de saber las cosas importantes, que saber muchas cosas.
  22. Tenemos obligación de saber con qué espíritu llegamos, no dónde llegamos. 

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1 Response to “La obligación de saber de los hijos y los padres”



  1. 1 La deserción escolar. Orígenes y repercusión en los hijos, familia y sociedad « Mi Cumbre Trackback en 2 02UTC mayo 02UTC 2011 en 11:20 am
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