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El tiempo libre de los hijos. (II) El deporte como valor humano


ESCUELA PARA PADRES 

El tiempo libre de los hijos. (II) El deporte como valor humano 

¿Les ha explicado bien a sus hijos las características, ventajas e inconveniente de los deportes que quieren practicar y la influencia que tendrán en sus personas en el presente y en el futuro?

En el artículo anterior titulado El tiempo libre de los hijos. 4,392 horas anuales, recomendaba a los padres que aconsejaran a sus hijos sobre, cómo emplear todo ese tiempo libre disponible, porque una de las mejores actividades que los hijos, desde que son pequeños, deben desarrollar en su tiempo libre, es la práctica del deporte.

Pero nadie debe olvidarse, que mientras los deportistas se entrenan y practican su deporte favorito, otros jóvenes se dedican a diferentes actividades de formación, que sin ser deportes, les van a ayudar a abrirse camino en la sociedad y competir, por los mismos puestos de trabajo. Hacer deporte está muy bien, pero tiene que ser con medida y eligiendo perfectamente, si ese deporte mejora o empeora el cuerpo, la mente y el conocimiento de los hijos.

Hay un libro extraordinario, del que se han vendido varios millones de ejemplares, que debería ser de lectura obligatoria, en las escuelas y en las familias. Se titula “Padre Rico, Padre Pobre: Que Les Enseñan los Ricos A Sus Hijos Acerca del Dinero, Que las Clases Media y Pobre No”. Este mismo concepto de consejo, debería aplicarse a la práctica de los deportes, enseñada a los hijos. Los consejos de los padres en este campo, son indispensables para el éxito de los hijos. Fíjense en la selección social que las familias económicamente pudientes ejercen, con los deportes que practican sus hijos.

La elección de cada tipo de deporte, debe estar totalmente de acuerdo, con los que les gusten a los hijos, los que les vayan bien a su carácter, a su físico, a su intelecto, a su vida social y al programa de vida, que hayan establecido cara al futuro. No es una decisión, que se cierra con candado y se tira la llave. Cualquier decisión sobre un deporte, puede ser modificada con el paso del tiempo, pero siempre debe estar dentro de un proyecto, cara al futuro de los hijos.

Hay jóvenes que por ser hijos solos o por sus determinadas características, necesitan practicar deportes colectivos, no individuales. Otros por ser muy agresivos, necesitan practicar deportes que les enseñen a auto controlarse y disciplinarse, para evitar que su agresividad vaya creciendo. Son dos conceptos muy representativos, a la hora de elegir el tipo de deporte, que vaya con el carácter de cada hijo, sus aptitudes, posibilidades, gustos, características fisiológicas e intelectuales. No se puede aconsejar a jóvenes de estatura baja, que opten por jugar al baloncesto, ni a jóvenes de mala situación económica, que quieran practicar el polo ecuestre, donde se necesitan seis carísimos caballos, por cada jugador. Tanto los padres como los hijos, tienen que tener los pies puestos en la tierra y no hacer mucho caso, a eses eslóganes que tanto daño hacen de “si se puede”, y “el que piensa que puede conseguir algo, lo consigue”, etc. ya que las frustraciones son mucho mayores que los logros.

El deporte tiene que ser una actividad, que mejore las virtudes y los valores humanos, el cuerpo, la mente y el espíritu. Toda actividad que no cumpla con estas tres condiciones, o solamente cumpla con alguna de ellas, debería llamase de otra manera. Aunque hoy, a casi todas las actividades físicas les llaman deportes.

El deporte tiene que fomentar el liderazgo en la vida diaria, en los principios personales asumidos y en el comportamiento ético, para que tenga la capacidad de repercutir en cambios sociales, que mejoren a la sociedad. Tiene que servir también para defender sus creencias, virtudes y valores humanos, de una forma altruista, sin importar el poder, la fama y el dinero.

 

El deporte como inserción social

Algunos deportes populares, igualan y mezclan entre si, a diferentes segmentos de población y comunidades, difícilmente homogenizadles. En estos casos, los equipos compiten unos contra otros, casi siempre sin importar el estatus social de los contrincantes. Incluso en la formación de equipos, no se tienen muy en cuenta las diferencias sociales, raciales, económicas o religiosas. Muchos consideran que lo importante es participar en el equipo y competir contra otros. Por eso es una herramienta para mezclar comunidades e insertar a elementos marginados, en esa sociedad deportiva. Hay muchas organizaciones sociales, religiosas y políticas, que fomentan entre los jóvenes los deportes de aceptación popular, para que haya mezclas sociales, inserciones de comunidades marginales, ocupación y tranquilidad social, etc.

La mayoría de estos deportes tienen un patrón muy común para sus jóvenes practicantes, como es el boxeo, la lucha, el kárate, el fútbol americano, el rugby, el fútbol o balompié, el baloncesto, etc.

 

El deporte como promoción social

Otros deportes colectivos o individuales, la mayoría de las veces los practican determinados segmentos minoritarios de la sociedad, debido entre otras cosas, a las costumbres arraigadas, el gusto especial, el costo que supone su equipamiento,  entrenamiento y práctica. Por ejemplo: el golf, el ski, la esgrima, la equitación, el polo ecuestre, la vela, el tiro al plato, etc. Algunos padres que pueden  económicamente y sus circunstancias se lo permiten, piensan en el futuro social de sus hijos y les intentan persuadir, para que practiquen esos deportes elitistas. La socialización en los entrenamientos, ensayos, prácticas y campeonatos, suele ser un acto de reunión frecuentado por los pares socialmente, los cuales también igualan y mezclan, a determinados segmentos de población y comunidades, excluyendo a otros colectivos, aunque siempre hay muchas posibilidades de que las clases menos pudientes económicamente puedan practicar esos deportes de la elite económica.

 

El deporte como formación de carácter

Para algunas personas, el deporte lo toman como una faceta de su educación formativa. Con su práctica, entrenamientos, sacrificios, renuncias, plan de vida, limitaciones y modificaciones físicas necesarias, van forjando su carácter y acrecentando el hábito, para practicar las virtudes y valores humanos. En muchos casos, hay detrás del deporte un misticismo de sacrificio. Los padres nunca deben persuadir a los hijos, para que dediquen un excesivo tiempo a practicar y ver deporte. Hay otros jóvenes, con los que tendrán que competir en la sociedad, que avanzan en actividades que les mejoran su vida intelectual, espiritual y social. Es importante inculcarles que sean estrictos, en la de vida disciplinaria, entrenamientos, prácticas y realizaciones y que tengan un gran concepto ético del deporte, lo que les impedirá caer en las tentaciones, de hacer trampas técnicas y sobre la salud.

 

El deporte como actividad de inteligencia

El ajedrez, Monopoly y otras variantes similares, las cuales son obligatorias en la formación de una elite intelectual de jóvenes, a los que sus padres o tutores de vida, les preparan para actividades futuras muy definidas, de forma que cuando lleguen a determinadas edades o situaciones, se haya acostumbrado desde muy jóvenes, a desarrollar al máximo su inteligencia.

 

El deporte violento y como reto personal

Hay actividades violentas, también llamadas por algunos deportes, como el boxeo y sus variantes, la lucha, el fútbol americano, el rugby, el kárate, el jockey, etc. donde se fomenta la agresividad de los jugadores y les enseñan, a acostumbrarse a sentir la adrenalina cuando golpean y son golpeados. Son deportes que promueven la violencia y que a la larga, fomenta las acciones violentas. Además los deportes violentos, producen muchas lesiones y secuelas graves, que impiden que algunos deportistas, puedan después incorporarse con normalidad a la vida profesional.

Es cierto que los jugadores que practican esos deportes violentos, son los más solicitados por las universidades, que les ofrecen becas de estudios e históricamente, hacen la vista gorda a las exigencias académicas. Los jóvenes suelen derrochar su tiempo y sus energías en esos deportes, que la mayoría de las veces, solamente benefician a los que trafican con ellos, pues son muchas las promesas de triunfo y muy pocos los que consiguen hacer de ese deporte, una profesión económica para toda la vida, como así lo hubieran conseguido, si hubieran empleado el tiempo en otras cosas mejores, y tampoco terminan los estudios en tiempo y forma como sus otros compañeros.
¿Que se puede hacer con un joven, que por sus características físicas o mentales, está descalificado para la práctica de la mayoría de los deportes? Los hijos se mantienen en la escuela y solamente pueden practicar, los pocos deportes que les enseñan los entrenadores profesionales, que son con los que se ganan la vida enseñándolos, no los que los jóvenes necesitarían. Solamente les queda intentar incorporar a esos jóvenes al mundo de los deportes violentos como, el fútbol americano, rugby, etc. que son los que se practican en las escuelas y universidades.

 

7 Sentencias sobre el deporte

  1. Cuando no se pueden sufrir las exigencias de un deporte, lo mejor es abandonarlo o modificar el carácter propio, ya que el sufrimiento es la ley básica del deporte.
  2. El deporte es como una guerra, hay que ir ganando las batallas una a una.
  3. El deporte no forja el carácter, pone de manifiesto el que se tiene.
  4. El deporte origina sacrificios, que son compensados por los logros obtenidos.
  5. Habría que inventar un deporte, en el que nadie ganara, ese sería el verdadero deporte, para no aumentar la avaricia, del querer hacer o ser más.
  6. Lo importante no está en cuánto sufrimiento tolera al hacer deporte, sino cómo lo tolera.
  7. Nunca se llega a la meta sin esfuerzo ni sacrificio, aunque un gran sacrificio resulta fácil; los que resultan difíciles son los continuos pequeños sacrificios. 

Es muy conveniente educar a los hijos en la práctica de los deportes, pero es imprescindible analizarlos bien y explorar otras opciones alternativas.

Si tiene algún comentario, por favor escriba a francisco@micumbre.com

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