La renuncia en el noviazgo, matrimonio y familia (I)


ESCUELA PARA PADRES

 La renuncia en el noviazgo, matrimonio y familia (I) 

20 Situaciones donde se demuestra valentía cuando se renuncia.

 

2,001 Palabras. Tiempo de lectura 7:15 minutos

 

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Qué difícil es renunciar, hacer dejación, privarse o prescindir voluntariamente de algo que se tiene, de lo que se recibe, de lo que se hace, de lo que se quiere, o de lo que se puede tener. Pero qué satisfactorio es renunciar, cuando se hace por una causa noble, como el noviazgo, que conduce al matrimonio y a la formación de la familia. Hay que renunciar hasta que duela, cuando es por una causa mejor. Renunciar no es canjear egoístamente por algo mejor y en beneficio propio, eso es intercambio egoísta. Renunciar es permutar en beneficio de los demás. Renunciar por amor, enaltece a las personas, se renuncia, pero se obtiene la satisfacción del deber cumplido.

Se puede renunciar por conveniencia propia, o por motivos familiares, éticos, religiosos o sociales, de personas, cosas, ideas o proyectos, al darse cuenta de que lo que se tiene, recibe o quiere, no es bueno para el presente o el futuro de uno mismo o para otra persona a la que se quiere.

 

Hay cosas irrenunciables en el entorno cercano, tanto en los noviazgos, como en los matrimonios y en la educación de la familia y suelen ser la base del éxito personal y familiar, como ya he dejado muy claro en artículos anteriores.

Sinónimos: Abandonar. Apartar. Ceder. Desechar. Desistir. Desprenderse. Entregarse. Prescindir. Privarse. Quitarse. Rechazar. Repudiar.

Sacrificarse. Separarse. Soltarse. Someterse.

Antónimos: Aceptar. Acoger. Amparar. Apropiarse. Coger. Mantener. Poseer. Tomar. Recomendar.

Virtudes y valores humanos relacionados con renunciar: Abnegación. Autodisciplina. Bondad. Caridad. Castidad. Coraje. Disciplina. Educación. Fortaleza. Generosidad. Gratitud. Honestidad. Honradez. Humildad. Igualdad. Justicia. Lealtad. Libertad. Limosna. Misericordia. Obediencia. Paciencia. Paternidad. Paz. Perdón. Perseverancia. Prudencia. Pudor. Respeto. Responsabilidad. Sencillez. Serenidad. Servir. Sinceridad. Solidaridad. Templanza. Tolerancia. Trabajo. Verdad. Voluntad.

20 Situaciones donde se demuestra valentía cuando se renuncia:

  1. A alguien aún cuando el corazón llore, pero sabiendo que es lo mejor.
  2. A insultar aún cuando alguien te haya insultado y maltratado.
  3. A ir en contra de los Mandamientos de la Ley de Dios.
  4. A la derrota aún cuando todo apunte a que esta vez sí perderás.
  5. A la mentira aún sabiendo que no queda otra manera de salir del paso.
  6. A la tristeza aún cuando tu mundo esté destrozado.
  7. A la venganza aún cuando se haya perdido todo y exista un culpable.
  8. A lo que más quieres aún sabiendo que la vida tal vez jamás sea la misma sin eso.
  9. A los placeres prohibidos de la vida diaria, por la grandeza de la vida espiritual.
  10. A pedir para ganarlo con esfuerzo.
  11. Al amor terrenal por otro más sublime.
  12. Al miedo aún cuando la tormenta no parezca calmarse.
  13. Al odio aún cuando existan razones para odiar, pero se perdona.
  14. Al orgullo porque ese es el peor pecado de los hombres.
  15. Al placer aún cuando nadie vea lo que haces.
  16. Al presente por el futuro comprometido con el noviazgo, matrimonio e hijos.
  17. Al rencor aún cuando el dolor no se pueda cambiar con nada ni con nadie.
  18. Al ruido externo por el silencio interno.
  19. Al tiempo, dinero o cosas, que tenemos, no que nos sobran, para dárselos a quien lo necesita.
  20. Al yo en beneficio del tú o del nosotros.

 

Los padres tienen que enseñar a los hijos desde pequeños a aprender a renunciar, para que eso se convierta en un ejercicio que posteriormente lo puedan practicar continuamente en beneficio de sus hermanos, familiares y amigos, así cuando sean mayores no les costará mucho renunciar a sus cosas cuando empiecen el noviazgo, el matrimonio o lleguen los hijos. Acostumbrar a los hijos a las pequeñas renuncias, es facilitarles el camino para que estén preparados y entrenados para que cuando tengan que realizar las grandes renuncias, sufran mucha menor resistencia a hacerlo.  

La renuncia no es valorada adecuadamente por la sociedad, como una gimnasia mental que domina el espíritu y hace avanzar para alcanzar la mejora personal y social, en el deseo de perfección. La sociedad actual considera la renuncia a los excesos de lo material, como una debilidad y una pérdida de la voluntad, de los que no quieren luchar para conseguir lo que quieren aquí y ahora. Hay que aprender a saber renunciar, para poder decidir mejor entre las ventajas e inconvenientes.

La renuncia exige mucho, pero es increíble como logra la felicidad, aunque conlleve grandes sacrificios. Es muy difícil practicar la virtud de la renuncia y de la permanente abnegación, incluso cuando se hace por el bien de los allegados. Mucho más difícil es, cuando se hace por los desconocidos. Concretar los ideales personales exige grandes renuncias, pero también se obtiene grandes recompensas. No se puede alcanzar lo que se busca sin renunciar, sin desprendimientos y sin la toma de grandes decisiones.

La renuncia en el noviazgo conlleva una acción voluntaria de la vida anterior, ya que supone un nuevo planteamiento de actitudes y actividades, para alcanzar el objetivo natural del noviazgo, que es el matrimonio. Enamorarse implica básicamente descentrarse de uno mismo, centrarse en la vida de la otra persona, e intentar descubrir su forma de ser.

Renunciar por amor enaltece a los novios, se renuncia, pero se obtiene satisfacción del deber cumplido. Es un gran acto de dominio de la voluntad, ya que todos queremos más y más, y mucho más, ahora, y al precio que sea.

La renuncia pone en camino hacia la tierra prometida y hace ejercitar la fe y la esperanza ante la persona amada. Es muy difícil no caer en la tentación de querer cambiar a la persona amada, para que se parezca a la imagen ideal que uno se ha hecho, de lo que debería ser.

Las novias creen que cuando se casen, van a hacer renunciar a sus novios de sus vicios y costumbres de malos amigos, alcohol, machismo, ideología de género, desorden, discriminación racial, etc. Pero los novios casi nunca cambian, después de casados siguen siendo lo que eran, por mucho amor que les den sus esposas.

Ambos novios creen que el otro renunciará a sus convicciones religiosas, políticas, familiares y sociales, después de que contraiga matrimonio, a pesar de que no lo haya hecho antes. Las renuncias tienen que hacerlas ambos durante el noviazgo, pues después no suelen ocurrir. Más vale un trauma en el noviazgo, cuando alguno no quiere renunciar, que un matrimonio traumático para siempre.

El proyecto de amor conyugal tiene que emerger y configurar con fuerza, vigor y belleza especial en el noviazgo. Cada noviazgo es una historia humana, familiar, religiosa y social diferente. Aunque exista un fuerte pudor a hacer pública la relación existencial que ha surgido y que se está fraguando. Los novios tienen que comunicarlo a sus padres, hermanos y familiares para que comprendan que sus objetivos y prioridades de tiempos y acciones a tomar han cambiado, pues a partir de ese momento tiene que compartirlas con la otra persona. Eso le llevará a renunciar a muchas de las actividades pasadas, para poder enfocar sus energías en los objetivos que se hayan propuesto.

El noviazgo en una renuncia personal de muchas cosas y actitudes aprendidas o acostumbradas, para procurar conseguir la maduración propia y el futuro comportamiento responsable y libre. No se trata de renunciar a las relaciones familiares protectoras, opresoras o autoritarias para liberarse o desafiar a la familia paternal, pues eso es un mal camino para el matrimonio. Es una renuncia a las seguridades paternales, económicas y afectivas, ya conocidas, para empezar una aventura que si bien tiene grandes atractivos, también tiene grandes esfuerzos y riesgo.

El éxito del futuro matrimonio está plenamente garantizado Si se cultivan cada uno de los pasos del noviazgo. Según lo que decidan los novios, de como va a ser su noviazgo, así será su matrimonio, pues es una etapa muy importante y crucial de conocimiento mutuo, en la que existen unas reglas no escritas, de renuncia a lo que impida conocer y ejercitar las virtudes y valores humanos de sinceridad, respeto, amor verdadero, paciencia, etc. Es un caminar con el esfuerzo diario y personal, en una educación común para recorrer todas las partes del carácter y costumbres de ambos e ir adaptándose, sin necesariamente tener que renunciar a todo, pero asumiendo con alegría y generosidad las características del otro.

Las compensaciones durante el tiempo del noviazgo son una manera de atenuar el efecto negativo de las renuncias realizadas, que son las que permitirán un mejor matrimonio. Los novios no se sienten felices con la renuncia, pero se consuelan de no serlo. No se sienten valorados por lo que hacen, ni por lo que son, pero se deben sentir importantes por tener al ser que aman. Sienten un gran empeño por hacer feliz al otro y por hacer partícipes a los demás de la felicidad común. De esta manera, la boda ejerce la función de expresar públicamente la vocación de hacer feliz al otro, de explorar todas las posibilidades para que el cónyuge disfrute y se sienta querido y feliz.

Las renuncias en el noviazgo están relacionadas con:

  • El dinero disponible o que se pueda disponer, ya que tampoco pertenece totalmente a cada uno. Ambos tendrán que administrarlo en función de los objetivos propuestos a plazo corto, medio y largo.
  • El tiempo disponible, tampoco pertenece ya totalmente a cada uno. Ahora tendrán que compartirlo y administrarlo en función de los intereses, objetivos y apetencias de los dos.
  • Las apetencias sexuales tendrán que ser más dominadas por ambos, pues el amor, la pasión y la mayor cantidad de ocasiones, harán mucho más fácil caer en las tentaciones. Eso originará que las relaciones llamadas pre-matrimoniales dificultarán la convivencia del noviazgo y el posterior matrimonio.
  • Los amigos ya no les pertenecerán en exclusividad. También tendrán que pasarlos por el filtro de aceptación o rechazo de ambos.
  • Los estudios, sus resultados y proyectos tendrán que acoplarlos a los objetivos acordados entre ambos. El esfuerzo de ambos tendrá que ser mayor y las distracciones más controladas.

 

Renunciar es aprender a desaprender lo malo. Sin renunciar a lo malo que se está haciendo no se pueden obtener mejoras, no se puede edificar lo bueno sin haber renunciado a lo malo y sin haber puesto unos buenos cimientos. Cuando hay que modificar ciertas conductas porque son malas o peligrosas, hay que renunciar a lo que se estaba haciendo dejando atrás algunos hábitos adquiridos para intentar conseguir que los deseos se conviertan en realidades.

Para renunciar hay que tener muy claro que es lo que se quiere obtener a cambio de la renuncia. Si no se va a obtener nada a cambio es muy difícil dejarnos convencer de que debemos renunciar. Por eso tener claros los objetivos que se quieren conseguir es la mejor forma de animar a renunciar y de justificar la renuncia. Cuando se renuncia voluntariamente a algo que importa mucho, pero que impide crecer, avanzar o vivir en paz, normalmente se obtiene, además de la satisfacción del deber cumplido, muchas ventajas personales, familiares y sociales.

La palabra renunciar es una de las muchas que la sociedad actual no le gusta ni mencionar, la aborrece, y si alguien la sugiere, enseguida le tachan peyorativamente de débil, blando, inconsciente, cobarde, condescendiente, atrasado, etc.  

En un próximo artículo: La renuncia en el matrimonio (II) La renuncia en la familia (III).

 

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