Tengo un hijo muy caprichoso. ¿Qué hago con él?

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 Tengo un hijo muy caprichoso. ¿Qué hago con él?

  • 10 Banderas rojas que exteriorizan los hijos caprichosos.
  • 10 Consejos para lograr que su hijo no sea caprichoso.

 

2,647 Palabras. Tiempo de lectura 9:45 minutos

 

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Si tiene un hijo que actúa arbitrariamente, por lo que tiene o por lo que no tiene, dejándose llevar sistemáticamente por su capricho, antojo, humor o porque le da la gana hacerlo, e insiste y se empeña en hacerlo con deleite y tenacidad, es que tiene un hijo caprichoso y mal educado.

 

Virtudes y valores humanos relacionados con los caprichosos: Abnegación. Autodisciplina. Constancia. Disciplina. Dignidad. Educación. Estabilidad. Fortaleza. Generosidad. Gratitud. Humildad. Justicia. Generosidad. Obediencia. Orden. Paciencia. Prudencia. Respeto. Responsabilidad. Sencillez. Sensatez. Serenidad. Servir. Sinceridad. Solidaridad. Templanza. Tenacidad. Voluntad.

 

Sinónimos de caprichoso: Antojadizo. Arbitrario. Egoísta. Excéntrico. Exigente. Extravagante. Inconsistente. Inconstante. Inestable. Injusto. Maniático. Obstinado. Tozudo. Voluble.

 

Los hijos no nacen caprichosos, se van haciendo en función de lo que les consienten o maleducan sus padres. Si los hijos caprichosos son pequeños, tiene bastante fácil arreglo modificar su conducta. A medida que van siendo mayores es más difícil modificársela. Normalmente es que les han dado los caprichos que han tenido durante su corta vida. Ser caprichoso y actuar con una capacidad de esfuerzo cero, no es un mal vicio adquirido sino más bien, la permanencia en el infantilismo protegido por los padres.

 

Las actitudes egoístas, perezosas, pasivas y poco colaboradoras de algunos hijos, que solamente hacen lo que les gusta o les apetece, pueden ser la consecuencia de tener o haber tenido todo y más que lo necesario, sin haber hecho nada para conseguirlo. No han debido entender, que quien quiere algo debe esforzarse para conseguirlo, para no crecer como personas infantiles, egocéntricas y caprichosas.

 

Los hijos caprichosos guían sus conductas sobre la base de vivos deseos instintivos, con motivos poco razonables y egoístas, porque su modo de actuar se rige según necesidades básicas e instintos poco racionalizados. Actúan como si estuvieran en el mundo para que los demás les sirvan y nunca para servir de ayuda a los demás. Creen que la felicidad de la vida está en la satisfacción de sus caprichos y no en el esfuerzo propio y en la dedicación a los demás. Sin darse cuenta que hacer lo que les apetece no les hace más libres, antes bien, les esclaviza la atracción que ejerce lo apetecido.

 

Cuando los hijos caprichosos tienen fácilmente todo lo que quieren, o no consiguen lo que quieren, se frustran y dejan de valorar lo que les rodea. Se sienten mal e incluso algunas veces ejercen la violencia para poder satisfacer sus caprichos. Además se vuelven críticos y exigentes, porque como no han tenido que esforzarse por conseguirlo, no le otorgan valor y se convierten en confusos y contradictorios.

 

Los hijos que toman todo a su antojo, incluso la autoridad de los padres, se vuelven caprichosos, soberbios, desafiantes, manipuladores, de mal genio, egoístas, violentos e ignorantes. Se oponen a todo, a todos y por todo. No le gusta compartir sus cosas con nadie y lo quieren todo aquí y ahora, lo suyo y lo de los demás.

 

Los hijos caprichosos que no valoran lo que reciben y que además muestran rudamente su disconformidad y descontento como respuesta a frustraciones o caprichos insatisfechos, suelen expresarlo a través de conductas agresivas verbales, como groserías y gritos. No verbales, como gestos groseros manotazos. O con agresividad física como golpes, mordiscos, pellizcos, peleas y roturas.

 

Los hijos caprichosos suelen abundar en las familias monoparentales provenientes de divorcios, separaciones, madres o padres soleteros, etc. en las que los padres no se ocupan de sus hijos con la adecuada calidad, ni les dedican el debido tiempo, principalmente por sentimientos de culpa que terminan convirtiéndose en complacencia y laxitud de las normas de la casa y en derroche de regalos para llenar ese vacío que tiene el hogar.

 

Cuando los hijos caprichosos son mayores de edad e independientes en sus vidas, se enfrentan a tener que elegir entre encapricharse de un producto o servicio bueno y de alto precio, a obtener por el mismo precio, tiempo o consumo de energía, otros productos o servicios de menor precio, calidad y rendimiento. Es su elección y ahí empiezan a entender el concepto de capricho y a distinguir el concepto de calidad en el gusto y dominio de la voluntad.

 

Los hijos caprichosos adolescentes, (adolescente proviene de adolecer) suelen degenerar en comportamientos antisociales, agresivos e incluso delictivos, ya que las cosas que están acostumbrados a disfrutar han sido fruto de una actitud permisiva de sus padres, sin que haya mediado ningún o muy poco esfuerzo ni prestación para conseguirlas. Incuso muchas veces se las han concedido anticipándose a sus caprichos.

 

Una de las grandes dificultades para abandonar (o no iniciarse) en el mundo de las drogas, proviene de la poca fortaleza de los adolescentes caprichosos para resistirse a su consumo. Los narcotraficantes reclutan y mantienen en sus organizaciones, de donde ya no van a salir, a los jóvenes caprichosos deseosos de conseguir lo que les apetece, a cualquier precio y ante cualquier riesgo de su salud, incluso de su propia vida. Además saben los narcotraficantes que las leyes son muy permisivas para los delitos cometidos por los adolescentes menores de 18 años. 

 

Cuando los padres satisfacen los caprichos a los hijos, van creando una adicción en los hijos a obtener lo que se quiere. Posteriormente cuando los hijos se independizan se tienen que enfrentar a satisfacer sus propios caprichos en función de administrar sus dineros, tiempos, posibilidades y entornos.

 

Los padres tienen que evitar que los hijos sean caprichos, educándoles en la práctica de las virtudes y valores humanos mencionados anteriormente. Tiene que tener la fuerza de voluntad de no convertir las acciones caprichosas de sus hijos en actos que vayan en contra de la moral, lo que pudiera hacerle pecar por capricho, sin la fortaleza de dominar sus instintos caprichosos.

 

Los padres que no han establecido pautas y límites educativos muy claros y constantes, ni las normas de jerarquías de cada miembro de la familia, ni sus obligaciones y derechos, y dan incondicional y total gusto a sus hijos, complaciendo todos sus caprichos, originan que los hijos creen que ellos son la autoridad familiar, porque no conocen negativas y obtienen al instante lo que piden. Es imprescindible la supervisión diaria de los padres para convertir costumbres en hábitos y los hábitos en virtudes y valores humanos de práctica diaria.

 

Los padres son los más indicados para hacer recapacitar a sus hijos con el fin de que cambien de actitud, antes de que sea demasiado tarde y lo haga la sociedad, entonces tendrán que pagar un precio demasiado alto por satisfacerse esos caprichos.

 

Los padres tienen que hacer ver al hijo caprichoso que la autoridad y responsabilidad familiar la tienen los padres y que estas no son negociables ni delegables. Por lo tanto no pueden aceptar ni retos, ni órdenes, ni malas actitudes. Tienen que satisfacer los deseos y necesidades justas de los hijos y negarles los privilegios que les harán daño. Es aconsejable utilizar el concepto educativo del premio y el castigo, pero sin que haya obsequios materiales, ni malos tratos, los cuales no se deben utilizar para hacer entender las cosas, pues además de que es ilegal y la violencia genera violencia, pueden llegar a acostumbrarse a recibir el mal trato y sopesar si le compensa el capricho contra el mal trato que recibirán de sus padres, o hacer las cosas en función de los premios y no por convicción.
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Los padres no deben dejarse manipular por los lloros, pataletas, malas caras o gestos provocativos, venganzas, roturas, etc. Algunas veces son actitudes para llamar la atención a toda costa. Deben preguntarse y analizar, como ya lo he escrito muchas veces, cuándo, dónde, cómo, cuánto, por qué y para qué los hijos son caprichosos. Sus respuestas les servirán para encontrar soluciones que ayuden a modificar el comportamiento caprichoso de los hijos. A partir de ahí, y en función de las edades y situación de cada hijo, sus puntos fuertes y sus puntos débiles, deberán preparar un plan de actuación futura con sus correspondientes controles de funcionamiento, para conseguir el objetivo de corregir la actitud caprichosa de los hijos.

 

Los padres de un hijo caprichoso tienen que poner especial cuidado en dar muy buen ejemplo en no ser ellos caprichosos. Para eso tienen que tener muy claras cuales son las virtudes y valores humanos contrarios a la actitud caprichosa y llevarlas continuamente a la práctica. Si el hijo ve que sus padres también son caprichosos entonces verá la puerta abierta a todos sus caprichos.

 

Los padres tienen que enseñar a los hijos desde muy pequeños a valorar lo que reciben. Si el hijo consigue todo lo que pide y no tiene que esforzarse para obtener las cosas que quiere, solamente tendrá un interés momentáneo en los regalos que reciba. Incluso no les adjudicará ningún valor, se volverá crítico y exigente y se saturará hasta llegar al punto de no saber lo que quiere.

 

Si los padres educan a sus hijos en la práctica de las virtudes y valores humanos evitarán que se conviertan o actúen como caprichosos mimados, consentidos,  egoístas,  inestables y necesitados de protección durante toda su vida. Deben ensañarles a compartir, participar y expresarse en su mundo, empezando por la familia más cercana y siguiendo con los otros alumnos o amigos de su entorno.

 

Los padres tienen que evitar que la educación que den a sus hijos esté soportada y dirigida por sus sentimientos de culpabilidad, remordimiento y frustración por motivos personales. Evitando trasladarlos a sus hijos, al querer amortiguarlos con compensaciones gratuitas e injustificadas, que lo único que consiguen es hacerles cada vez más caprichosos.  

Los padres tienen tener un criterio claro, coherente y con limites muy definidos en sus actuaciones, para evitar consentir y proteger en exceso a sus hijos y darles demasiado protagonismo para evitar que se conviertan en caprichosos, exigentes e intolerantes. Lo cual les llevaría a querer todo, aquí y ahora, muy propio de los hijos llenos de temores, con falta de seguridad en si mismos y acostumbrados a la excesiva dependencia y sin habilidades sociales de convivencia.

 

Consejos a los padres. Desde los primeros años, en la convivencia con sus hermanos, familiares y amigos, enseñarles a practicar las virtudes y valores humanos de la solidaridad, la competencia, la reconciliación y el perdón después de una pelea, la generosidad, etc. Compartiendo las cosas y experiencia propias de cada edad, proponiendo en lugar de exigiendo, ganando unas veces y perdiendo otras, tomando decisiones y asumiendo personalmente los resultados sin echar la culpa a otros, dando, renunciando, aceptando, participando colectivamente actividades deportivas, lúdicas y sociales, para que pueda compartir y competir, dominar el carácter, ganando y perdiendo, expresando sus opiniones, enfados y alegrías, pero sin herir los sentimientos de los demás, etc.

 

Los padres deben demostrar coherencia entre lo que dicen y lo que hacen,  conjugando la teoría con la práctica, lo ideal y lo conveniente, para poder convertir a sus hijos en cultos, competentes, triunfadores a la par que solidarios, consumidores moderados y a la vez sensibles con el medio ambiente, en resumen, buenas personas.

 

Los padres deben inculcar a sus hijos caprichosos las virtudes y valores humanos como respeto, tolerancia, altruismo, solidaridad, sin dejar de estimular en ellos los conceptos que son necesarios para la lucha diaria y el triunfo ineludible de la realidad de la sociedad en la que tienen que vivir y competir. Sabiendo que siempre tendrán que luchar contra corriente, principalmente contra el feroz consumismo y otros anti valores promovidos por la sociedad que hace a los hijos caprichosos, egoístas y consumistas empedernidos.

 

10 Banderas rojas que exteriorizan los hijos caprichosos.

 

  1. Muestran descuido, desorden y maltrato ante sus cosas y las de los demás.
  2. No hacen ningún esfuerzo por superarse y solamente los hacen muy débilmente para obtener alguna cosa que les interese mucho.
  3. No hacen sus tareas escolares con esmero, incluso procuran eludirlas.
  4. No obedecen si no es en última instancia, o cuando reciben castigos.
  5. No tienen en cuenta a los demás, sino que su conducta se rige por la atracción o repulsa que suponga lo que están haciendo o lo que tendrán que hacer.
  6. No tienen en cuenta las normas de convivencia y educación que rigen en sus familia, escuela o sociedad.
  7. No usan adecuadamente su agenda escolar o familiar, ni siguen los objetivos de sus tareas y tiempos que les han adjudicado sus padres o maestros.
  8. Siempre intentan salirse con la suya y se quejan con mucha frecuencia de las cosas que les pasan. Dicen constantemente: Es una injusticia. No hay derecho. No es culpa mía. Todos están contra mí.
  9. Sólo comen, visten o hacen lo que le gusta, sin hacer el mínimo esfuerzo por probar lo que les es desconocido.
  10. Son impuntuales tanto para empezar o para terminar las tareas encomendadas, y actúan de forma desconsiderada con los que le esperan.

 

10 Consejos para lograr que sus hijos no sea caprichosos

 

  1. Ayudarles a comprobar y perseverar en lo acordado. Exigiéndole con constancia que ponga los medios y el esfuerzo apropiados para lograr sus metas.
  2. Demostrarles y explicarles con un coherente ejemplo de los padres, el adecuado y educativo entrenamiento en las virtudes y valores humanos, para que refuercen sus buenos hábitos y aprendan a resistir las tentaciones de ser caprichosos, procurando que se conviertan en emprendedores y constantes.
  3. Enseñarles a proponerse metas valiosas en función de valores personales, sociales y religiosos, y a perseverar para alcanzarlas, poniendo los medios necesarios para eliminar su adicción a ser caprichoso. Para ello es necesario cumplir paso a paso las diferentes fases del proceso, como si fueran eslabones de una cadena; saltarse uno, puede suponer el fracaso de llegar a la meta.
  4. Enseñarles a resistir las tentaciones de ser caprichoso y a perseverar contra los impulsos de hacer solamente las cosas que le interesen, a pesar de que la tarea les canse o sea desagradable.
  5. Enseñarles a esforzarse, resistir y perseverar en las enseñanzas de los padres que intentan conseguir que sean personas felices y que no sean esclavos de sus caprichos. 
  6. Estar presentes demostrando, estimulo, interés y consuelo cuando les toque sufrir las consecuencias de sus malos actos, ya que el cansancio es difícil de aguantar, el dolor es difícil de sufrir. Pero tienen que aguantar y sufrir para que maduren y sepan lo que voluntariamente han perdido.
  7. No compadecerse ni eliminar todo su sufrimiento, aunque en la medida de lo posible es recomendable evaluar y graduar con mucha precaución todas sus experiencias.
  8. Permitirles que vivan las experiencias desagradables que les depare la vida, por azar o como consecuencia de sus actos caprichosos, acompañándole y no abandonándoles mientras se esfuerzan en resistir esas adversidades.
  9. Proponerles, negociando y logrando acuerdos o compromisos, especialmente sobre objetivos de estudios y formas de conducta. Ayudándoles a valorar los pros y contras, los medios razonables para conseguir los objetivos y las ventajas que conllevaran.
  10. Valorar sus conductas mostrando aprobación siempre que sea posible y desaprobación cuando así lo requiera su falta de esfuerzo o dedicación, pero mostrando sentimientos de esperanza en la mejora, y de alegría por la perseverancia del esfuerzo.

 

Padrear consiste en estar presente, dar ejemplo, amar y ser amado y en las acciones que ofrece la figura masculina de crianza, como imagen con la que puedan identificarse los hijos.

 

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Tengo un hijo muy violento ¿Qué hago con él?

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Tengo un hijo muy violento ¿Qué hago con él?

 

2,630 Palabras. Tiempo de lectura 9:55 minutos

 

20 Consejos para prevenir, entender y solucionar el problema del hijo violento.

 

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Definición de violencia: Acción violenta o contra el natural modo de proceder, estado natural, situación o modo, producida bruscamente con ímpetu, fuerza e intensidad extraordinaria. Hecha con genio arrebatado e impetuoso, dejándose llevar por la ira, contra el gusto de uno mismo, por ciertos respetos y consideraciones. Cuando la acción es falsa, torcida o fuera de lo natural, ejecutada contra el modo regular o fuera de razón y justicia.

 

Virtudes y valores humanos relacionados con la violencia: Afabilidad. Amabilidad. Amor. Autodisciplina. Caridad. Contención. Cordialidad. Delicadeza. Disciplina. Dulzura. Educación. Fortaleza. Generosidad. Humildad. Mansedumbre. Mesura. Moderación. Paciencia. Paz. Prudencia. Recato. Respeto. Respeto. Responsabilidad. Serenidad. Ternura. Tolerancia. Voluntad.

 

Sinónimos de violencia. Arrebato. Barbarie. Bestialidad. Brusquedad. Brutalidad. Choque. Coacción. Crimen. Crueldad. Dureza. Enfado. Estridencia. Fanatismo. Fuerza. Furia. Furor. Impulso. Ira. Rabia. Rudeza. Salvajismo. Saña.

 

Ningún hijo nace violento, se van haciendo poco a poco violentos. Pueden nacer con más o menos genio o carácter, pero nada más que les van apareciendo los primeros síntomas de violencia, los padres tienen que corregirlos inmediatamente. Los hijos que son violentos de por si, suelen serlo por consentimiento de los padres y por que no están bien educados en contra de la violencia.

 

A medida que pasa el tiempo, las actitudes violentas de los hijos son más difíciles de corregir y por lo tanto sus previsibles actos y consecuencias presentes y futuras son cada vez mas graves para los padres y para los hijos.

 

Los padres que hacen derramar las primeras lágrimas de sus hijos por una violencia irracional contra ellos, les están inculcando los sentimientos de ira, tristeza, envidia, venganza e hipocresía. Es necesario y obligatorio corregir a los hijos, pero sin emplear la violencia para que no se acostumbren a ser violentos porque han sido tratados violentamente por sus padres.

 

Hay padres que siembran la semilla de la violencia en los hijos cuando están dando el mal ejemplo de su violencia en las discusiones, malos tratos con su cónyuge, familiares o amigos. El ejemplo violento de lo que ven es la semilla que posteriormente germinará y convertirá a los hijos en violentos.

 

La violencia de los hijos suele estar copiada de lo que ven en sus padres, hermanos, familia y sociedad. Si desde niños están rodeados de juguetes bélicos y violentos, películas e incluso dibujos animados llenos de violencia, a la fuerza se verán impregnados de violencia para siempre.

 

Casi todos los medios de comunicación y pantallas electrónicas puestas al alcance de los niños están llenos de violencia. Los juegos infantiles, aunque de forma sutil también están llenos de violencia. Muchos de los principales deportes que practican también son violentos. En la escuela ven continuamente escenas de violencia entre sus compañeros, lo que hace que crezcan en un ambiente que les insta a aprender a ser violentos para sobrevivir en la jungla de la sociedad violenta.

 

La violencia expresada por los niños muy pequeños, suele empezar con las rabietas por conseguir caprichos y si son consentidas y no corregidas continúan aumentando hasta producir las primeras violencias. Enseguida empiezan a verse los signos de violencia en las discusiones o peleas con sus hermanos u otros niños, destrozando sus juguetes, rompiendo las plantas, pegando a los animales domésticos, cuando hacen travesuras sencillas pero con signos violentos. Estas pequeñas demostraciones de violencia muchas veces son llamadas de atención hacia su persona, demostrando que necesitan más interés que el que están recibiendo. Por eso los padres tienen que estar muy atentos al grado de intensidad de las reacciones de los hijos ante las adversidades y de las situaciones que les produzcan contradicciones.

 

Los padres no pueden aplicar las mismas soluciones ante la violencia de un niño pequeño, por ejemplo de dos años, con las muestras de violencia de un adolescente de 17 años. Si a esta edad los padres no han conseguido corregir la violencia de su hijo, cada vez será más difícil hacerlo, máxime si a los 18 años se marcha de vivir en la casa de los padres y se va a vivir por su cuenta, sin que nadie, excepto la sociedad o la policía, le corrija. Es demasiado alto el precio que pagan los niños y adolescentes por ser violentos.

 

Los padres tienen que poner los remedios muy a tiempo, para que la violencia y otras actitudes graves de los hijos, que desde pequeños les van influyendo en su carácter y en las consecuencias de sus vidas, no les vaya formando una espiral que no tiene freno, siempre va a más. La violencia genera violencia, la cual queda incrustada para siempre, desde la niñez. Es muy difícil que un niño violento reconsidere su actitud y cambie, a no ser que tenga un escarmiento que desgraciadamente le puede dejar cicatrices imborrables para toda la vida.

 

La violencia no produce satisfacciones, al contrario produce más violencia, con desagradables y muchas veces irreversibles consecuencias. Las cárceles, los hospitales, los cuerpos con traumas y los cementerios están llenos de violentos que no corrigieron su violencia en tiempo oportuno o que no supieron entender la educación que les daban sus padres.

 

20 Consejos a los padres en relación con el hijo violento (Consejos similares aparecen en artículos anteriores, pero los he adaptado específicamente a los hijos violentos)

 

  1. Aceptar que la educación sobre protectora, blanda, negligente o severa en exceso, hace que el hijo violento sea cada vez más violento.
  2. Apoyar una estrecha unión con los maestros, familiares, sacerdotes y tutores para formar un frente común, evitando que haya la mínima dispersión o grieta en las instrucciones que dan a los hijos, pues el hijo violento va a intentar por todos los medios expresar su violencia ante cualquier motivo, situación o persona, valiéndose de subterfugios para justificarla, buscando incluso disculpas y aprovechando una posible confusión entre los padres o educadores. Seguro que utilizará la buena voluntad o errores de sus educadores para salirse con la suya y seguir haciendo lo que le parezca.
  3. Comprender y explicar que un hijo violento no siempre va a salir ganado en las peleas, pues no suelen tener la inteligencia suficiente ni la autodisciplina para controlarse, por lo que no se habitúan a ver donde se meten, ni las consecuencias que les acarrearán sus malas decisiones. La violencia de los hijos tiene el poder de la fatal atracción de otros violentos, lo que genera más violencia. Ser violento causa una gran pérdida de energía, tiempo y dinero para resolver los problemas producidos.
  4. Encargarle pequeños trabajos familiares con motivaciones, objetivos claros y alicientes que compensen sus esfuerzos. Obligaciones en las que tenga que demostrar su capacidad de aceptación de diversas situaciones donde pueda demostrar algunas de las virtudes y valores humanos que he indicado anteriormente. Por ejemplo juegos o competencias en los que el que pierde tenga que realizar trabajos que nos les gusta hacer a los hijos. Sugerirles que presten juguetes u otras cosas personales a otros niños, etc.
  5. Estar al tanto de cómo los síntomas del hijo violento se van manifestando en muchos aspectos, en función de la edad y características de cada hijo, como:
    1. Afición por practicar o ver deportes excesivamente agresivos.
    2. Comentarios agresivos o provocativos buscando violencia.
    3. Discusiones con sus hermanos o amigos, que algunas terminan en mordiscos, arañazos o peleas.
    4. Excesivo interés por películas o revistas explícitamente violentas.
    5. Fomentar la estancia con personas o agrupaciones agresivas que preconicen: La supremacía racial. Los crímenes por odio. La intolerancia hacia los que son diferentes de raza, cultura, economía, religión, política, etc.
    6. Heridas o magulladuras en su piel.
    7. Participar en actividades violentas contra las personas o las cosas, etc.
    8. Portar armas prohibidas o peligrosas.
    9. Quejas de los maestros, policía, familiares, amigos, o personas encargadas de su cuidado.
    10. Reclamaciones económicas por daños hechos a terceros o a propiedades ajenas.
    11. Ropas provocativas propias de pandillas o movimientos políticos violentos.
    12. Rotura de sus ropas, juguetes o pertenencias.
  6. Estar muy alertas los padres para ayudar a que el hijo no sea contagiado por los intereses de algunos medios de comunicación; periódicos, revistas, TV, radio e Internet, que ponen mucho énfasis en proclamar contravalores humanos, los cuales están íntimamente asociados con las actitudes de los hijos violentos.  
  7. Evitar que haya una influencia negativa familiar, que se suele producir cuando hay graves situaciones de violencia familiar entre los padres, familiares o amigos, la mayoría de las veces producidas por el consumo de alcohol o drogas. Cuando trascienden sus desacuerdos en la forma de educar a los hijos, su desconexión con la escuela o cuando es patente la falta de cantidad y calidad del tiempo dedicado a acompañar y a educar a los hijos.
  8. Fomentar la conexión entre la escuela, la familia y la Iglesia por todos los medios posibles, pues ellas brindan importantes herramientas educativas para prevenir y remediar un asunto tan complejo como el la violencia en los jóvenes, que desgraciadamente está muy presente en muchos hogares.
  9. Hacer un análisis en profundidad de sus actitudes relacionadas con la educación que han dado a su hijo en las virtudes y valores humanos. Buscando las causas, bien sean médicas, familiares o sociales por las que el hijo es violento, para poder poner en práctica las soluciones aconsejadas.
  10. Ignorar las falsas disculpas de que el hijo ha salido genéticamente “violento como su abuelo o su tío paterno o materno”. O justificarle diciendo que el hijo se pone violento en cuanto prueba el alcohol o cuando le llevan la contraria. Sencillamente el hijo está enfermo, no está bien educado o está muy consentido.
  11. Los padres no están solos, tienen unos extraordinarios aliados naturales con los que deben sumar esfuerzos en beneficio de los hijos para la prevención y en su caso solución de los problemas. Por ejemplo: Otros familiares que hayan demostrado conocimiento, experiencia y seriedad en la educación, los maestros, sacerdotes, pastores, rabinos, imanes, escuelas para padres, equipos multiprofesionales, etc. Sin olvidar los innumerables y fantásticos libros y revistas especializados en educación de los padres y de los hijos, páginas de Internet, programas de TV y de radio, etc. Aunque los padres conozcan perfectamente a sus hijos, hay otros que conocen a muchos más niños y jóvenes y que además pueden ver aspectos, que los padres no se percatan por exceso de cariño o por falta de formación.
  12. Mantener el plan previsto por encima de las posibles desavenencias educativas entre los padres, la desconexión con los maestros, y la lucha contra los efectos exógenos que la sociedad está produciendo continuamente en el hijo violento. Si los padres perseveran podrán conseguir que de la buena y rápida consecución del plan, salgan las nuevas costumbres que se convertirán en hábitos saludables y posteriormente en la práctica continua de las virtudes y valores humanos. 
  13. No consentir el cuestionamiento continuo y sistemático del hijo que quiere evitar recibir advertencias, reprimendas, consejos u órdenes que le den sus padres, maestros o familiares con autoridad sobre ellos. Pues nunca suelen aceptar enfrentarse a tener que aceptar y cumplir lo que les dicen.
  14. No dejarse seducir por los mensajes que emite continuamente la sociedad permisiva a la familia y a su entorno. Ese tipo de sociedad perniciosa, acorrala, aísla, desorienta y seduce a los padres, si estos no tienen una buena formación educativa en las virtudes y valores humanos. De ahí la insistencia en que los padres tienen que tener una formación continua, pues su obligación ineludible es la de educar a sus hijos y estar muy atentos a todo lo que acontece alrededor de la familia.
  15. No permitir que el hijo violento comprometa la estabilidad económica de la familia al meterse voluntaria o involuntariamente en problemas de violencia que conlleven responsabilidades familiares.
  16. Preguntarse, cuándo, dónde, cómo, cuánto, por qué y para qué el hijo es violento. Son preguntas que les servirán para encontrar soluciones que ayuden a modificar el comportamiento violento de los hijos. A partir de la obtención de las respuestas y en función de las edades y situación de cada hijo, sus puntos fuertes y sus puntos débiles, deberán preparar un plan de actuación futura con sus correspondientes controles de funcionamiento para conseguir el objetivo de corregir la actitud violenta del hijo.
  17. Preparar un plan para actualizar la educación dada al hijo violento, de acuerdo con las respuestas a las preguntas anteriores, a su edad y a sus características. Ese plan deberá prever la enseñanza y puesta en práctica de las virtudes y valores humanos relacionados principalmente con la violencia, para poder contrarrestar la que tiene. Estará diseñado para cumplir los objetivos propuestos de cantidad, calidad y tiempo, tanto personales como los relacionados con los otros componentes de la familia, la escuela, la Iglesia, las amistades y con el círculo que componga su sociedad. El plan determinará las tareas concretas, junto a horarios de comienzo y terminación, así como los premios y castigos.
  18. Proteger a los demás miembros de la familia de las irregularidades que en la vida familiar produce el hijo violento, ya que los demás no tienen porqué sufrir las consecuencias físicas, económicas, morales o de fama que el hijo violento hace consciente o inconscientemente.
  19. Resolver la educación del hijo violento a base de tener muy buena educación de los padres pidiendo consejo a los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes que son los que más experiencia tienen en solucionar estas situaciones.
  20. Tomar medidas para corregir a los primeros síntomas de que el hijo muestra signos de violencia, no aceptando ninguna de las disculpas presentadas y examinar en profundidad las causas que motivan esa actitud, para afrontar la situación con claridad y sentido común.

 

Decisión extrema. Si los padres sienten temor a que la violencia del hijo se refleje en sus hermanos y les perjudique a ellos o al matrimonio, tienen que tomar alguna medida drástica, siempre que estén dispuestos a realizarla. No vale amagar y no dar. Es muy duro decirlo, pero algunas veces no hay más remedio que ser muy firmes para que por el propio bien de los hijos, entiendan que no pueden seguir haciendo únicamente su voluntad y sacrificando la vida de sus hermanos, padres y familiares.

 

Si es menor de 18 años. Dígale claramente a su hijo violento, que si vuelve a hacer alguna violencia dentro o fuera de la familia, lo denunciará a la policía o a los tribunales de menores para que se lo lleven fuera de su casa, a un reformatorio, cárcel juvenil o entregado a otra familia, según aplique la ley de cada país. Además que en cuanto cumpla los dieciocho años lo despedirá de la casa, si no ha salido antes. No se olviden que los padres son responsables civilmente de las consecuencias de las violencias de sus hijos.

 

Si es mayor de 18 años. Échele de la casa, si es necesario cambie la cerradura de la casa, para que no pueda volver a entrar. La calle es muy dura y aprenderá en cabeza propia a no ser violento.

 

Siempre dejen la puerta abierta del retorno al hogar familiar, para cuando den muestras fehacientes de arrepentimiento, propósito de la enmienda y cambio de actitud.

 

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Tengo un hijo muy vago ¿Qué hago con él?

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Si su hijo es un vago pero Vd. considera que está enfermo o tienen algún defecto físico, llévele inmediatamente al médico y no siga leyendo. Si su hijo tiene la actitud de la vagancia, hace las cosas porque no quiere hacerlas, porque no le han ensenado, porque le han educado mal, le consienten todo lo que hace, o “le ríen sus gracias”, vaya Vd. al médico, le va a hacer falta.

Desde muy pequeños los hijos pueden ser vagos y pueden seguir siéndolo incluso cuando son adolescentes que permanecen en el domicilio de sus padres. Si viven independientemente y son vagos ya es su problema, aunque esa actitud siempre salpicará a sus familiares. Algunos hijos vagos convierten a sus padres en imbéciles ante la sociedad, pues les convencen de cualquier cosa inverosímil para que justifiquen la vagancia de sus hijos. Suelen aparentar el estar cabizbajos y meditabundos para producir pena en sus padres. Pero muchas veces toman esa postura para no hacer nada y así que les dejen en paz y seguir haciendo el vago.

El adjetivo vago es una palabra imprecisa, peligrosa y peyorativa que puede hacer a los hijos mucho daño y dejarles marcados para siempre. Incluye muchas actitudes reales de los hijos, pero también antecedentes y responsabilidades ajenas a ellos. Conlleva un sello de fatalidad e indignación, pero no describe el problema del hijo. Es un juicio moral que hacen algunos padres, maestros y tutores, echándole al hijo toda la responsabilidad y la culpa, cuando en muchas ocasiones los hijos son las victimas de una mala educación o por haber sido consentidos en su mal comportamiento. Incluso sin que haya influido la voluntad del hijo, la cual ha sido opacada produciéndole una falta de aprendizaje y disminución de su desarrollo. Llamarle vago a un hijo puede suponer un desahogo gratuito para los padres, pero no deja de ser un insulto o desahogo momentáneo que no define ni soluciona nada. Mucho más grave es cuando el hijo, de tanto oírlo, asume el concepto de vago y empieza a comportarse del modo en que le han calificado.

Ser vago suele ser una actitud arraigada en el hijo, si se ha producido por una mala o muy protectora educación y no por un desarreglo emocional. La mayoría de las veces el hijo es vago porque los padres lo han permitido, por lo que ellos también lo sufrirán. Si no modifican esa actitud, se le irá consolidando poco a poco en la mente, hasta que se convierte en un grave defecto muy difícil de corregir. Está íntimamente relacionado con la pereza y la indolencia, tiene como contraposición varias virtudes y valores humanos como la diligencia y la laboriosidad.

Algunos sinónimos de vago: Apático. Blando. Dejado. Desaplicado. Desganado. Flojo. Gandul. Haragán. Holgazán. Holgazán. Inconsistente. Indolente. Lento. Maula. Ocioso. Perezoso. Remolón. Tardo. Zángano.

Algunos antónimos de vago: Activo. Aplicado. Despierto. Diligente. Dispuesto. Emprendedor. Espabilado. Hacendoso. Laborioso. Listo. Trabajador. Vivo.

20 Consejos a los padres en relación con el hijo vago

  1. Aceptar que la educación sobre protectora, blanda, negligente o severa en exceso, hace que el hijo vago sea cada vez más vago.
  2. Apoyar una estrecha unión con los maestros, familiares, sacerdotes y tutores para formar un frente común, evitando que haya la mínima dispersión o grieta en las instrucciones que dan a los hijos, pues el hijo vago va a intentar por todos los medios valerse de cualquier subterfugio para no cumplir con sus obligaciones y buscar disculpas aprovechando una posible confusión entre los padres o educadores. Seguro que aprovechará la buena voluntad o errores de sus educadores para salirse con la suya de no cumplir con sus obligaciones.
  3. Comprender que un hijo sea vago no quiere decir que sea torpe, al contrario, la mayoría de las veces son muy inteligentes, pues tienen que aplicar todo su ingenio o astucia para no hacer lo que tienen que hacer, aplicando la ley del mínimo esfuerzo.
  4. Encargarle pequeños trabajos familiares con motivaciones, objetivos claros y alicientes que compensen sus esfuerzos. Desde que los hijos son muy pequeños enseñarles a cumplir solos con sus obligaciones personales, como el vestirse, lavarse, comer, ordenar la habitación, etc. Poco a poco irles encomendando otros recados o responsabilidades familiares, como el poner la mesa, ayudar en la limpieza, etc. Enseguida se irán dando cuenta que están ocupados, que tienen que colaborar con la familia, que tienen que obedecer y que no tienen tiempo para hacer el vago.
  5. Estar al tanto de cómo los síntomas del hijo vago se van manifestando en muchos aspectos, en función de la edad y características de cada hijo, como: Tener desordenada la habitación, revueltos los objetos personales como libros, juguetes, ropas, etc., abandono de su higiene personal, desaliño en la vestimenta y aspecto externo, levantarse tarde, pasarse el día delante del televisor o de las pantallas electrónicas, ser impuntual, ignorar las tareas escolares, obtener malas calificaciones escolares, olvidarse de cosas elementales, etc.
  6. Estar muy alertas los padres para ayudar a que el hijo no sea contagiado por los intereses de algunos medios de comunicación; periódicos, revistas, TV, radio e Internet,  pues ponen mucho énfasis en proclamar contravalores humanos, los cuales están íntimamente asociados con las actitudes de los hijos vagos: La descompensada exaltación del ocio frente al trabajo, la desvalorización del esfuerzo, la obtención del éxito fácil y a cualquier precio, la dispersión en los objetivos a alcanzar, la intolerancia y frustración hacia las cosas que suceden, la incitación al consumo junto al quererlo todo aquí, ahora y primero yo, más un largo etcétera.
  7. Evitar que haya una influencia negativa familiar que se suele producir cuando hay graves desavenencias personales entre los padres, así como cuando trascienden sus desacuerdos en la forma de educar a los hijos, su desconexión con la escuela o cuan es patente la falta de cantidad y calidad del tiempo dedicado a acompañar y a educar a los hijos.
  8. Fomentar la conexión entre la escuela, la familia y la Iglesia por todos los medios posibles, pues ellas brindan importantes herramientas educativas para prevenir y remediar un asunto tan complejo, pero desgraciadamente muy presente en muchos hogares.
  9. Hacer un análisis en profundidad de sus actitudes relacionadas con la educación que han dado a su hijo en las virtudes y valores humanos. Buscando las causas, bien sean médicas, familiares o sociales por las que su hijo es vago, para poder poner en práctica las soluciones
  10. Ignorar las falsas disculpas de que el hijo ha salido genéticamente “vago como su abuelo o su tío paterno o materno” Sencillamente el hijo está enfermo, no está bien educado o está muy consentido.
  11. Los padres no están solos, tienen unos extraordinarios aliados naturales con los que deben sumar esfuerzos en beneficio de los hijos para la prevención y en su caso solución de los problemas. Por ejemplo: Otros familiares que hayan demostrado conocimiento, experiencia y seriedad en la educación, los maestros, sacerdotes, pastores, rabinos, imanes, escuelas para padres, equipos multiprofesionales, etc. Sin olvidar los innumerables y fantásticos libros y revistas especializados en educación de los padres y de los hijos, páginas de Internet, programas de TV y de radio, etc. Aunque los padres conozcan perfectamente a sus hijos, hay otros que conocen a muchos más niños y jóvenes y que además pueden ver aspectos, que los padres no se percatan por exceso de cariño o por falta de formación.
  12. Mantener el plan previsto por encima de las posibles desavenencias educativas entre los padres, la desconexión con los maestros, y la lucha contra los efectos exógenos que produce la sociedad en el hijo vago, para que de la buena y rápida consecución del plan, salgan las nuevas costumbres que se convertirán en hábitos saludables y posteriormente en la práctica continua de las virtudes y valores humanos. 
  13. No consentir el cuestionamiento continuo y sistemático del hijo que quiere evitar cumplir las órdenes o sugerencias que les den sus padres, maestros o familiares con autoridad sobre ellos. Pues nunca suelen aceptar enfrentarse a tener que cumplir sus tareas.
  14. No dejarse seducir por los mensajes que emite continuamente la sociedad permisiva a la familia y a su entorno. Ese tipo de sociedad perniciosa acorrala, aísla, desorienta y seduce a los padres, si estos no tienen una buena formación educativa en las virtudes y valores humanos. De ahí la insistencia en que los padres tienen que tener una formación continua, pues su obligación ineludible es la de educar a sus hijos y estar muy atentos a todo lo que acontece alrededor de la familia.
  15. No permitir que el hijo vago desaproveche o derroche los recursos familiares o económicos que los padres ponen a su disposición, para que solucione su futuro profesional, cuando esos recursos bien administrados podrían beneficiar a toda la familia.
  16. Preguntarse, cuándo, dónde, cómo, cuánto, por qué y para qué el hijo es vago. Son preguntas que les servirán para encontrar soluciones que ayuden a modificar el comportamiento vago de los hijos. A partir de la obtención de las respuestas y en función de las edades y situación de cada hijo, sus puntos fuertes y sus puntos débiles, deberán preparar un plan para conseguir el objetivo de corregir su actitud, así como los controles de funcionamiento de dicho plan.
  17. Preparar un plan de actualización de la educación que han dado al hijo vago, de acuerdo con las respuestas a las preguntas anteriores, a su edad y características. Ese plan deberá prever la enseñanza y puesta en práctica de las virtudes y valores humanos relacionados con su caso, para contrarrestar la vagancia que tiene. Estará diseñado para cumplir los objetivos propuestos de cantidad y calidad, tanto personales como los relacionados con los otros componentes de la familia, la escuela, la Iglesia, las amistades y con el círculo que componga su sociedad. El plan determinará las tareas concretas junto horarios de comienzo y terminación, así como los premios y castigos.
  18. Proteger a los demás miembros de la familia de las irregularidades que en la vida familiar produce el hijo vago, ya que los demás tienen que hacer las cosas que el hijo vago consciente o inconscientemente, no hace.
  19. Resolver la educación del hijo vago a base de tener muy buena educación de los padres y pedir consejo a los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes que son los que más experiencia tienen en solucionar estas situaciones.
  20. Tomar medidas para corregir a los primeros síntomas de que el hijo no hace bien y rápidamente lo que le mandan, o cuando intenta buscar subterfugios para evitar hacerlo, examinando previamente las causas que motivan esa actitud, para afrontar la situación con claridad y sentido común.

En otro artículo comentaré lo que los padres pueden hacer cuando los hijos son vagos, pero viven independientemente fuera de la casa, casados o solteros.

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Las virtudes y valores humanos practicados en la familia mitigan el grave problema del desempleo.

ESCUELA PARA PADRES

 

Las virtudes y valores humanos practicados en la familia mitigan el grave problema del desempleo.

 

1,981 Palabras. Tiempo de lectura 7:15 minutos

 

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En todas las familias y naciones hay años de vacas gordas y años de vacas flacas, hormigas y cigarras. Se deben tener muy en cuenta estos conceptos para adaptarlos a la vida familiar y personal.

 

La falta de trabajo para los que quieren trabajar (desempleo), es una lacra que fustiga con varias intensidades y consecuencias a todos los segmentos de la sociedad, sin distinguir raza, sexo, situación geográfica, profesión, estudios, religión, edades, situación de inmigración, estado civil, empresario, trabajador, etc. Es la primera vez que esta situación ha ocurrido en muchas familias, las cuales nunca habían previsto que a ellos les podría suceder, por lo cual no estaban preparadas para soportarlo, ni acostumbradas a sufrirlo, y mucho menos para solucionarlo.

 

Las cifra medias de desempleo oscilan entre el 10% y el 20% dependiendo de las regiones, ciudades, industrias o servicios y segmentos de la sociedad, lo que afecta a una o dos familias de cada diez. Estos porcentajes de población de desempleados han llegado para quedarse durante mucho tiempo. La mayoría de los analistas económicos, políticos y sociales estiman que tardarán muchos años en que haya pleno empleo, es decir cuando los que busquen trabajo, lo encuentren y al precio que necesitan para poder vivir. Hasta que ese porcentaje de desempleo se reduzca a las cifras que había en el 2005 aproximadamente.

 

Obligaciones de los padres en relación con el desempleo.

 

  1. Analizar con franqueza y en profundidad las características personales, profesionales y sociales, así como las del segmento social al que pertenece cada uno. La situación económica y de desempleo en la industria o servicios donde trabaja, la zona donde vive y la profesión o trabajo que ejerce. Intentando adelantarse de forma activa o pasiva a las posibles situaciones que se estén dando a su alrededor para prepararse y poder encontrar un nuevo trabajo. Es muy diferente en cuanto a la estabilidad salarial, trabajar para el Gobierno o para una empresa de alto riesgo, trabajar por cuenta propia o cuenta ajena.

 

  1. Analizar cuales son los puntos fuertes y los débiles de su formación profesional, para intentar complementarlos y adaptarlos a las circunstancias del trabajo actual o prepararse para otros trabajos. Es muy buena opción, terminar los estudios empezados en su día o comenzar unos nuevos, de los que posiblemente tengan una mejor aceptación en el mercado laboral. Estudiar nuevas o antiguas profesiones que vean que tienen más demanda que la que tiene su trabajo actual, etc.

 

  1. Analizar la práctica de las virtudes y valores humanos que se ejercitan en la familia, para ver cuales son las que debe mejorar, con el fin de que les pudieran servir de ayuda en las situaciones presentes y futuras.

 

  1. Poner en práctica las virtudes y valores humanos que no se ejercitan en la familia, ya que sin ellas y el apoyo de todos los componentes de la familia, será muy difícil poder manejar las graves situaciones producidas por el desempleo.

 

  1. Preparar un agresivo plan de búsqueda de nuevo trabajo, pidiendo la ayuda de todos los componentes de su familia, de forma que la prioridad sea encontrarlo. Intentando conseguir que todos ayuden con su máximo esfuerzo a facilitar las gestiones que sean necesarias. Hay muchos libros en las bibliotecas públicas, asociaciones y expertos, cuya ayuda se hace indispensable para prepararse bien profesionalmente y buscar un nuevo trabajo.

 

  1. Examinar el comportamiento familiar en algunas de las principales virtudes y valores humanos que estén incrustados en la familia y cuya práctica ayudan a sobrellevar y mitigar los graves problemas y estragos del desempleo: Abnegación, ahorro, autodisciplina, ayuda, bien común, caridad, coherencia, conciencia ciudadana y familiar, coraje, disciplina, educación, familia,  fe, fidelidad, flexibilidad, fortaleza, generosidad, honestidad, honradez, humildad, justicia, laboriosidad, obediencia, paciencia, perseverancia, prudencia, respeto, responsabilidad, sencillez, sinceridad, sobriedad, solidaridad, templanza, tolerancia, trabajo, voluntad, etc.

 

  1. Corregir o anular las actitudes familiares opuestas a las virtudes y valores humanos, comentados anteriormente, para controlar o en su caso anular la desgraciada situación del desempleo, tales como: Cobardía, consumismo, despilfarro, desorden, derroche, descomedimiento, desenfreno, egoísmo gasto excesivo, inmoralidad, imprudencia, malversación, orgullo, ostentación, ostentación, vicios, etc.

 

  1. Analizar en profundidad, incluso en presencia de los hijos según sus edades, cuales son las actitudes familiares que practican realmente relacionadas con los puntos anteriormente citados. De esta forma podrán poner el mayor énfasis posible, en preparar las actitudes y actividades relacionadas con las modificaciones de conducta que tendrán que hacer en el presente y en el futuro familiar, sobre la posible llegada del desempleo o para paliar los problemas que ya les ha causado.

 

  1. Tomar las acciones necesarias que les ayuden a soportar los graves inconvenientes producidos por la falta de empleo. Es decir, intentar rodearse de personas y cosas que les permitan sumar, nada que les obligue a restar.

 

  1. Intentar tener una familia muy unida, consciente del grave problema del desempleo y dispuesta a renunciar a algunos de los privilegios que han estado recibiendo y a hacer fuertes sacrificios en beneficio de la comunidad familiar. Toda la familia puede y debe tomar medidas, muchas veces heroicas, para hacer que los padres puedan aliviar las consecuencias del desempleo y prepararse mediante una formación continua a buscar otras alternativas profesionales que le conduzcan a conseguir nuevas fuentes de ingreso económico. En estas ocasiones es cuando mejor se ven los resultados de una buena educación familiar.

 

Los padres deben de tener en cuenta que:

Según las estadísticas reales, las personas que pierden sus empleos, cuando vuelven a encontrar otro nuevo, sufren una rebaja de sus ingresos anteriores entre el 30% y el 40% lo que les supone cinco o seis años en volver a tener los mismos ingresos indexados. Si el desempleo es de larga duración produce además una rebaja importante en la calidad del siguiente empleo. Además de que durante el periodo de búsqueda, que en la mayoría de los casos es de un año aproximadamente, tienen muchos mas gastos que cuando estaban trabajando. Algunos, no todos, tienen la posibilidad de obtener subsidios temporales de desempleo, con cantidades que nunca llegan a cubrir las necesidades para llevar dignamente una familia.

Si no tienen ahorros o capacidad para endeudarse a través de los fondos de retiro, préstamos sobre el valor adicional de la casa, etc. tendrán que reducir los gastos, o terminarán perdiendo la propiedad de la casa por no poder pagar la hipoteca, sacar a los hijos del colegio o universidad privada, no pagar las deudas del automóvil, etc. Las prestaciones por seguro de desempleo o los ahorros, casi siempre son insuficientes para vivir, para pagar el seguro médico, la hipoteca, los plazos de los automóviles, costos de colegios y universidades, privadas y públicas. En si, esta situación es una reducción de la calidad de vida.

La mayoría de las veces pierden el seguro de enfermedad que la empresa les subvencionaba en parte, lo que origina grandes dificultades para llevar a sus hijos o al otro cónyuge al médico y la compra de medicinas.

 

Les es muy difícil entender lo que les está ocurriendo, el  porqué les está ocurriendo a ellos y las medidas que tienen que tomar para revertir la situación del desempleo. En algunas familias no recuerdan que haya sucedido esta situación de desempleo en varias generaciones.

 

Cuando el desempleo llega a una familia, dependiendo como esté estructurada y soportada con las virtudes y valores humanos y su funcionamiento moral, la situación aunque muy grave se puede llevar mucho mejor que cuando estas cosas no funcionan. Es más, hay muchas probabilidades de que esta situación que ha llegado, hayan podido preverla y estar preparados para afrontarla. Si no tendrán que estar pagando las consecuencias de decisiones tomadas por sus malos comportamientos anteriores.

Tienen que estar muy bien preparados y con mucha antelación, es decir siempre preparados, para manejar las consecuencias del posible desempleo, pues es una situación que se ha repetido cíclicamente y con toda seguridad volverá a repetirse dentro de pocos años. Las familias que lo han previsto y han tomado las convenientes medidas de prevención y que además han adquirido la fuerza moral que da la educación en las virtudes y valores humanos, siempre tendrán muchas posibilidades de paliar los problemas en la familia que produce el desempleo.

Ha llegado la hora de la unión de todos los de la familia para luchar contra las consecuencias y secuelas del desempleo, por lo cual es imprescindible la unidad familiar de todos los miembros, el continuo dialogo para explicar y comprender la grave situación y el espíritu de sacrificio que podría mitigara las consecuencias de este flagelo. El desempleo no perdona ni a ricos ni a pobres, ni a los empresarios ni a los trabajadores, ni a jóvenes ni a mayores, ni a profesionales ni a empleados manuales, ni a hombres ni a mujeres. Normalmente llega sin avisar y el que no está preparado para asumirlo y para manejarlo, se lo lleva la corriente y hasta puede acarrearle enfermedades físicas o mentales.

El desempleo tiene un devastador y descomunal coste en las personas y en la nación que lo sufre. Sobre todo si la familia no tiene la fortaleza, ni los ahorros, ni las virtudes y valore humanos que le permitan sobreponerse a esa lacra social. En algunas personas que no están bien preparadas para sobrellevarlo les produce una gran perdida en su autoestima, junto a problemas emocionales que les acarrean problemas de convivencia familiar y social. Los médicos, siquiatras, asesores sociales, y policías registran grandes aumentos de los problemas de salud física y mental, alcoholismo, divorcios, crímenes, etc. Actualmente de cada 100 familias, entre10 y 20 sufren el problema del desempleo.  

Aunque las cifras oficiales del desempleo se calculan en base a estadísticas que son manejadas por los gobiernos, realmente son mucho más altas y ocultan la economía sumergida, que en algunos países alcanza el 30% del PIB que equivocadamente algunos creen que alivia parcialmente las consecuencias del desempleo. Esta economía irregular, también produce problemas de salud y de sufrimiento y a la larga una gran disminución en los ingresos de los gobiernos.

Las estructuras familiares que estén muy fuertemente unidas entre todos sus miembros, así como las iglesias y las organizaciones no gubernamentales, (ONG) son unos de los factores mitigadores del desempleo, pues ayudan enormemente a soportar los problemas producidos y aportan grandes soluciones a este flagelo de la sociedad, evitando que se enquiste en las familias por mucho tiempo, al fomentar la recalificación de las personas, para lograr más fácilmente una nueva ocupación que pudiera ser permanente.

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Exigencias injustas de los padres a los hijos casados

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 Exigencias injustas de los padres a los hijos casados.  

1,170 Palabras. Tiempo de lectura 4:15 minutos

 

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¿Es obligatorio para los hijos que tienen sus propias obligaciones familiares, mantener los caprichos innecesarios de sus padres, abandonado las suyas?

 

Siempre he defendido a ultranza que los hijos solteros o casados, tienen la ineludible y grave obligación de atender las necesidades de sus padres. También he atacado a los padres que se pasan de la raya pidiendo continuamente a sus hijos, dinero y atenciones aunque no las necesiten. Y he respaldado insistentemente que los hijos casados nunca deben abandonar las obligaciones con su nueva familia. Es cuestión de buscar un equilibrio entre ambas obligaciones.

 

Los hijos casados deben procurar y vigilar que los padres tengan una buena vejez, pero sin olvidar la sagrada obligación asumida con su esposa e hijos. Bajo ningún aspecto tienen que sacrificar a su familia por satisfacer una vida caprichosa de los padres, no vaya a ser que pierdan a su familia por mantener las obsesiones de grandezas de sus padres. La prioridad tiene que estar perfectamente clara y definida.

 

Los padres no deben abusar de los hijos ya independizados y deben reconocer que los hijos tienen la obligación de atender primeramente las necesidades de su esposa e hijos, procurando no abandonar a sus padres.

 

Algunos padres no quieren aceptar que los hijos al formar otra familia, contraen unas obligaciones ineludibles con ella. Deben reconocer esa situación, aunque eso no quiera decir que deban aceptar, que los hijos les abandonen en los momentos de dificultades. Los hijos deben estar agradecidos al cuidado recibido de los padres, y nunca les deben dejar abandonados. Es cierto que los hijos tienen que ejercitar la caridad con el prójimo, máxime con sus progenitores, pero ejercitándola con justicia y firmeza.

 

Hay padres que al no querer aceptar la independencia de los hijos casados pretenden manipularlos a través de exigencias, presiones, chantajes con los otros hermanos y familiares, producirles lastima, abuso de poder mental, etc. Se les suele olvidar, voluntaria y egoístamente, que ellos mismos en su día aceptaron de muy buen gusto, la frase bíblica de “Dejarás a tu padre y a tu madre para formar un nuevo hogar y serás con tu esposa un solo cuerpo”.

 

10 Argumentos que suelen tener los padres para exigir a sus hijos casados que les den dinero y atenciones:

 

  1. Porque tienen envidia de lo que ellos no pudieron conseguir, si los hijos casados han alcanzado mejor situación económica o social que los padres.
  2. Porque tienen egoísmo y no quieren conformarse con lo que tienen, al intentar sangrar a los hijos para acaparar más, incluso aunque no lo necesiten. Pueden ser simples ganas de fastidiar o humillar a la nueva familia de los hijos.
  3. Porque quieren demostrar prepotencia ante familiares, amigos o ante los hijos casados, ostentando que los padres siguen siendo autoritarios y todos tienen que hacer lo que ellos quieran.
  4. Porque quieren demostrar ante los cónyuges de sus hijos que los padres tienen todavía todo el poder sobre los hijos y que los pueden manipular cuándo y cómo quieren. Esto se suele producir por celos o por desavenencias con la nueva familia.
  5. Porque quieren demostrar a los cónyuges de sus hijos que cuando hay una segunda unión, sus hijos no pueden romper los lazos de sangre ni de subordinación con sus padres.
  6. Porque quieren seguir manteniendo frente a la familia o sociedad, el mismo estilo de gastos suntuosos que en épocas anteriores.
  7. Porque su egoísmo personal les hace ignorar las vicisitudes que puedan pasar sus hijos casados para mantener y hacer crecer sus familias.
  8. Porque si los padres tienen un segundo matrimonio tiene que aparentar ante la segunda mujer o marido un estilo de vida que no lo pueden hacer con los ingresos que tienen.
  9. Porque siempre han empleado el chantaje emocional para conseguir lo que quieren y no desean dejar de hacerlo, ni aun cuando sus hijos hayan formado una nueva familia. Incluso para conseguir sus apetencias, no tienen reparo en formar escándalos delante de la familia del hijo, con el objeto de presionarle para obtener dinero o atenciones.
  10. Porque quieren llevar una vida llena de caprichos y que los hijos asuman la obligación de pagárselos, alegando que les sobra el dinero.

Los hijos casados tienen que hablar muy clara y firmemente con sus padres exigentes, sobre las posibilidades y limitaciones económicas de ambas familias, en función de la forma de vida presente y futura de cada una de ellas. Deben dejar bien evidente hasta donde están dispuestos a ayudar a los padres y bajo qué condiciones. Es conveniente y muy aconsejable que la ayuda que puedan darles esté supeditada a que preparen conjuntamente un plan económico o presupuesto que refleje sus ingresos y gastos, que permita a los padres vivir un buen nivel según las posibilidades reales y condicionarles a que no se salgan de ese plan.

 

Una buena herramienta financiera que evita muchas discusiones es el compromiso por parte de los padres de hacer todos los gastos a través de una tarjeta de débito, donde a final de cada mes, los hijos puedan comprobar todos los ingresos y gastos, para tratar de ver lo que son necesidades o caprichos reales. Para que haya donativos de dinero y de atenciones tiene que haber la contraprestación de llevar un orden racional de lo gastado con lo presupuestado.

 

No es correcto que haya padres que insistente y continuamente demanden ayuda económica y atenciones, cuando ellos quieren, lo que ellos quieren y como ellos quieren, sin importarles las consecuencias que esas exigencias pueden producir en las familias de sus hijos casados. Argumentando que los hijos casados tienen la obligación de darles lo que pidan, aunque eso origine que tengan que suprimir o postergar sus necesidades familiares. Esta demanda suele ir acompañada por presiones realizadas a través de todos los medios posibles, e incluso sin importarles las consecuencias que se produzcan en las familias de sus hijos. Incluso hay a quienes no les importa que los hijos casados tengan que vender su patrimonio familiar, con tal de que consigan dinero para entregárselo a los padres, aunque ese dinero sea para mantener un tipo de vida ajeno a sus posibilidades económicas, alegando que tienen el derecho a hacer lo que quieran y cuando quieran con el dinero que reciben de sus hijos.

 

Esta figura de padres autoritarios, exigentes y manipuladores refleja excepciones de la vida cotidiana, pero es posible que sirva de reflexión a algunos padres que están poniendo a sus hijos casados mucha presión económica y de atenciones.

 

En muchas ocasiones los hijos tienen que ser “padres de los padres”. En otro artículo desarrollaré este difícil y polémico tema.

 

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Las consecuencias del mal comportamiento de los adolescentes, explicadas a los padres.

ESCUELA PARA PADRES

Las consecuencias del mal comportamiento de los adolescentes, explicadas a los padres.

 

1,557 Palabras. Tiempo de lectura 5:37 minutos

Algunos artículos relacionados:

Esta serie de artículos, están relacionados con las distintas facetas del mal comportamiento y con las consecuencias que los hijos difíciles producen a sus padres. Tienen como objetivo recordar a los padres la grave, irrenunciable y no delegable obligación de educar bien a sus hijos. La de estudiar con detenimiento el comportamiento de ellos, para en su caso dialogar continuamente, explicándoles con todo detalle las obligaciones y responsabilidades que también ellos tienen en asumir la educación que los padres les dan, y así evitar que tanto los padres como los hijos adolescentes tengan que lamentarse en el futuro con las consabidas frases de !Yo no sabía, ni me imaginaba que iba a ocurrir esto! !Es una injusticia que cometen con mi hijo! ¡Mi padre no me avisó de los riesgos a los que me enfrentaría!

 

Consecuencias producidas por el mal comportamiento de los adolescentes.

 

  1. Si el mal comportamiento se produce en la escuela, el primer paso que toman los profesores es suspender al alumno, por un tiempo determinado y bajo unas severas condiciones, de los derechos de asistir a la escuela
  2. Si el mal comportamiento persiste y no ven ningún propósito de enmendarlo, el sistema escolar toma la decisión de trasladarle a otra escuela lejana o cercana a su domicilio, de las denominadas de educación alternativa. En ellas se juntan todos los alumnos problemáticos y ahí empieza la academia de la delincuencia.
  3. Si todavía continúa el mal comportamiento y al sistema escolar no les parece suficiente esta separación en la escuela de educación alternativa, le expulsan a otro distrito escolar e incluso a otro estado colindante, entregándolo a una institución de educación especial o a una familia a la que le pagan por tenerlo en su casa.
  4. Si se produce una nueva irregularidad en el comportamiento del adolescente, inmediatamente es presentado ante los jueces juveniles que determinarán la asistencia obligatoria a campos de educación juvenil especial, encierro en una cárcel juvenil o centro siquiátrico, según la gravedad de la situación y la mejor o peor defensa que los abogados públicos o privados puedan hacer de su caso.
  5. Si los maestros, la policía o las organizaciones de protección de los jóvenes consideran que el joven puede ser un peligro para él mismo o para otros, empiezan un procedimiento que muy pocas veces para o suspende la trayectoria legal de protección, pues casi no hay forma de modificarlo. En los casos de continuas reincidencias, el adolescente suele ser fichado por la policía, tomadas sus huellas dactilares y realizada la fotografía policíaca. Todo queda archivado para siempre y disponible públicamente para cuando pidan informes en relación con la solicitud de trabajo, créditos, asistencia  a la universidad, compras importantes, matrimonios, juicios legales, etc.
  6. La entrada en esos centros de rehabilitación disciplinaria, campos de educación juvenil especial, cárceles juveniles o centros siquiátricos, produce las consecuencias de empezar a aumentar las posibilidades de que nunca podrá salir del sistema de corrección social. Aumentará el aprendizaje que recibió en sus primeros pasos con las bandas juveniles, “gangas” o “maras”, las cuales tienen uno de sus mejores centros de captación y entrenamiento de sus miembros en los centros penitenciarios. Los centros de rehabilitación disciplinaria producen, principalmente en los adolescentes, heridas en sus cuerpos y en sus mentes casi imposibles de curar. El circulo de entrar y salir de las cárceles se hace continuo e interminable. En este sistema se entra fácilmente pero rara vez se sale.
  7. Algunos abogados prefieren presentar a sus clientes adolescentes como personas enfermas mentalmente para poderles encerrar en un centro siquiátrico. Allí aunque la estancia de los adolescentes sea muy dura y traumática, no recibirán tantas heridas en su cuerpo y en su mente y posiblemente podrán curar las que lleven, a pesar de las consecuencias físicas que les dejarán los tratamientos psiquiátricos y las múltiples medicinas que les ordenen ingerir. Además estarán  mucho más protegidos y aislados de las agresiones y captación de las gangas internas y externas. Cuando salgan del centro siquiátrico, no irán dejando tantas huellas que los otros presos siguen como lebreles para hacerles volver a delinquir y regresar a la cárcel, como se ve en las estadísticas de las reincidencias. 

 

Los padres no pueden estar despistados, perdidos en mil cosas o desorientados como si estuvieran en un mundo que no existe. Los padres tienen que estar con los ojos muy abiertos y los oídos muy atentos, ante cualquier señal de alarma producida por sus hijos o por su entorno.

 

El mito de los adolescentes difíciles, furiosos, irritables e irritantes es cada vez menos mito y más realidad. Son adolescentes que no disfrutan de nada, que sufren y hacen sufrir. Si no están enfermos es que están mal educados y consentidos por sus padres. Son adolescentes de difícil definición, viven en familias que ya no saben que hacer con ellos. Los padres recurren a los médicos para que les llenen de medicinas y así estabilicen su comportamiento y dejen tranquila a la familia. Todos están pagando por la mala educación dada.

 

Principales síntomas que presentan en los adolescentes. Que desde pequeños empiezan a engañar a los maestros, a robar pequeñas cosas en la casa, a golpear a los compañeros o hermanos más pequeños, e incluso a levantar la voz en casa contra sus mismos padres, abuelos o personas mayores. Mantienen una fuerte negativa a querer levantarse por las mañanas para no enfrentarse con sus obligaciones familiares y escolares, signos elocuentes de ansiedad, llamadas de la escuela, aumento de peso, dificultades y limitaciones en las actividades de la vida diaria, desorganización en sus actividades, problemas con la escritura, con los caprichos y rabietas, con el aburrimiento, pesadillas y terrores nocturnos, etc.

 

Los padres no deben caer en el error de que el problema es un debate de ideas sobre enfermedades. Es cierto que hay determinadas personas que siempre quieren solucionarlo descargándoles un arsenal de fármacos estabilizantes con recetas de medicina mental. Esos hijos lo que necesitan es educación en las virtudes y valores humanos, disciplina y autoridad familiar, es decir el fuerte trabajo de los “ingenieros del alma”. No pueden estar pendientes de estar esperando esa alternancia cíclica y a veces extrema del buen o mal humor, consintiéndolo y esperando siempre a un mañana que nunca llega, en el que estará menos agresivo, irritante e irritado.

 

Hay casos en los que de dos hermanos gemelos, uno tiene muy mal comportamiento y el otro se comporta perfectamente. Normalmente suele ser que el que se comporta mal, debería haber tenido una educación diferente a la de su hermano gemelo. Pero hay padres que eso no lo ven y educan a los dos hermanos de la misma manera. Eso es un error muy frecuente que suele tener gravísimas consecuencias. Cada uno de los hijos necesita una educación especial, dentro de las normas generales de la familia.

 

La educación en las virtudes y valores humanos es uno de los grandes retos de los padres que quieren a sus hijos. La mayor alegría que pueden sentir unos padres es ver que sus hijos están bien educados. La mayor tristeza es darse cuenta de que su hijo hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere

 

Los padres tienen que ser muy sinceros consigo mismos y aunque sin bajar la guardia, estar menos interesados por las notas académicas de los hijos, y mucho más interesados por su formación moral. Es mucho mejor tener un hijo bien formado moralmente, aunque no sepa altas matemáticas, que tener un hijo brillante profesionalmente pero que ni siquiera sea capaz de interesarse por lo que les ocurra a sus padres ancianos, ni de los problemas de sus prójimos.

 

Los padres tienen que hablar muy claramente a sus hijos, sin subterfugios ni componendas. La escalera que empiezan a subir cuando dan los primeros pasos por el camino equivocado, tiene muy pocas veces posibilidades reales de desandar los peldaños subidos. La generación actual es la primera de la historia conocida, donde los hijos tienen una esperanza de vida menor que la de sus padres, tendrán una situación económica peor que la de sus padres y sufrirán mucha peor salud que sus padres. La juventud va para atrás. Los padres, si aman a sus hijos tienen obligación de evitarlo. El mal comportamiento en los adolescentes que suele terminar en las drogas, delincuencia, embarazos prematuros, abandono escolar, etc. tiene un final bien definido: La cárcel, el hospital o el cementerio. El pecio del mal comportamiento también les lleva a ser los perdedores de la sociedad.

 

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La rebeldía de los adolescentes, explicada a los padres.

ESCUELA PARA PADRES

 

La rebeldía de los adolescentes, explicada a los padres.

 

2,123 Palabras. Tiempo de lectura 7:45 minutos

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La educación de los hijos empieza con los abuelos, una generación antes que la de los padres. Filosofía Besram

 

No hay hijos rebeldes, hay padres que no han hecho la tarea de educación que tenían encomendada. Los hijos se van tornando rebeldes a medida que van ganando a los padres las pequeñas batallas que plantean cada día. Pero siempre hay tiempo de darse cuenta que los padres tienen la obligación ineludible e irrenunciable de seguir educando a sus hijos, aunque estos no lo quieran. Por lo menos mientras vivan bajo su techo familiar.

 

La rebeldía de los hijos no llega de la noche a la mañana y sin avisar, pues es un proceso de tira y afloja, donde siempre gana el que más interés tiene en ganar, y pierde el que se deja ganar sin luchar lo suficiente. Los padres tienen la grave obligación moral de no dejarse ganar en la educación de los hijos.

 

La educación de los hijos empieza por la educación de los padres. No se puede pedir hijos bien educados si ellos ven que los padres no lo están o si ven que no se comportan como deben. Los hijos ven muchos detalles en los padres que los padres creen que permanecen ocultos. Tienen una lupa especial para ver los defectos de los padres, procesan todo lo que ven,  aunque después se callen. Enseguida descubren los puntos flacos de los padres y por donde conseguir hacer lo que quieren hacer. También ven los puntos fuertes, pero tratan de evitarlos para que no les produzcan contradicciones a sus intenciones y formas de comportamiento.

 

Es imprescindible educar a los hijos para que la sociedad no les castigue cuando sean hombres. Si los padres no han dado a sus hijos la educación adecuada, o estos no la han asimilado, cada vez será más difícil convencerles de que tienen que cambiar y dejar a un lado esa rebeldía que empiezan a practicar. No es imposible impedir a los hijos que hayan empezado a descarrilarse, se paren y no lo sigan haciendo, todo es cuestión que los padres estén bien formados, dediquen mucho tiempo y sobre todo mucho cariño hacia sus hijos, principalmente a los que han empezado con problemas. En manos de los padres está salvarlos o condenarlos cara al futuro.

 

Cuando los adolescentes son rebeldes y además presumen de serlo, los padres no pueden limitarse solamente a darles buenos consejos y advertencias. Para obtener resultados satisfactorios para el presente y futuro de los hijos rebeldes, los padres tienen que empezar también una etapa de fuertes normas disciplinarias y sus correspondientes castigos, pero teniendo mucho cuidado en no infringir las leyes de cada país. Normalmente los consejos o advertencias que no han sido dados desde pequeños, dentro de una estrategia de buena educación en las virtudes y valores humanos, no suelen tener mucho efecto. Los hijos no harán demasiado caso, pues saben que no les va a suceder nada si siguen actuando como rebeldes. Por un oído les entrará y por el otro les saldrá todo lo que digan sus padres.

 

Los padres tienen que hablar y actuar de forma muy clara con los hijos que ejerzan de rebeldes. Tiene que explicarles las nuevas normas de la familia. Horarios de entrada y salida de la casa, trabajos domésticos, tareas escolares, asistencia a la escuela, calificaciones escolares, relaciones con determinados amigos, manejo del dinero familiar y un largo etc.  Indicarles también que si no las cumplen les van a poner unos fuertes castigos y que los van a hacer cumplir.

 

Si los padres no pueden o no saben hacer cumplir los castigos impuesto, las alternativas que les quedan son muy pocas: Llevarles a la fuerza a algún consejero social especializado en casos difíciles, llamar a la policía si la cosa se agrava, o mantenerlos en la casa todos los fines de semana, estando bajo su vigilancia. Tienen que empezar a hacer lo que en su día no hicieron, que es el darles disciplina en la educación. La sociedad actual no acepta las rebeldías de los adolescentes, ni aunque sean contra sus padres.

 

Los padres no pueden consentir que en la familia haya un mal ejemplo para los otros hermanos, abuelos, primos, familiares, etc., pues con el tiempo los otros hijos no rebeldes, que absorben como esponjas todo lo que captan a su alrededor, también querrán seguir los pasos de sus hermanos o primos rebeldes, pues esa rebeldía que han visto y sufrido se les ha quedado impregnada, máxime si ha quedado impune.

 

Los padres deben aprender a negociar con sus hijos lo que estos tienen que hacer y lo que no tienen que hacer, pero sin olvidarse que algunas cosas de la educación y formación de los hijos no son negociables. Explicándoles bien claramente que en esa edad de la adolescencia les quedan muy pocos años o quizás meses para que se puedan seguir permitiendo el lujo de tener opiniones propias (hijos) con manutención y cuidados ajenos (padres). En cuanto cumplan los 18 años se les terminarán los privilegios de vivir en la casa familiar exigiendo de todo pero no dando nada. Entonces los hijos tendrán que elegir entre vivir en casa de los padres, con las comodidades que ello conlleva, seguir ejerciendo o no la rebeldía, independizarse voluntaria u obligatoriamente, yéndose de la casa familiar a vivir su propia vida. Pero háganles saber que la calle es muy dura, principalmente a esas edades de la adolescencia y sin la protección de la familia, produce muchas posibilidades de terminar en la cárcel, en el hospital, en el cementerio o con una paternidad irresponsable y la vida destrozada para el futuro. Es muy alto el precio que van a pagar por su rebeldía.

 

Los padres tienen que hablar de la rebeldía de sus hijos con los profesores y si no obtienen resultados positivos y no les queda más remedio, tendrán que comunicarse con la policía, aunque sea peor el remedio que la enfermedad. La rebeldía lleva a los adolescentes por un camino de pandillas, alcohol, drogas y sexo que siempre termina mal. Tienen que poner mucha energía en buscar asesoría para localizar a los mejores consejeros especializados en padres atribulados por hijos rebeldes. La mejor la encontrarán entre los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes. Estos les pueden indicar donde están en su ciudad las mejores organizaciones especializadas en la prevención y solución de los problemas y circunstancias específicas de sus hijos rebeldes, para que les pongan en tratamiento y les expliquen con todo detalle los líos en los que están metidos y los probables resultados futuros.

 

Los padres no se pueden olvidar que tienen la responsabilidad civil y económica de todo lo que hagan sus hijos mientras estén bajo su patria potestad, es decir hasta que cumplan los 18 años. Es muy posible que en los tribunales de justicia exijan a los padres que cumplan las responsabilidades cuando los hijos cometen actos delictivos, incluso si no asisten regularmente a la escuela. Si problema de la rebeldía de los hijos proviene de la convivencia con determinados amigos o pandillas, tienen que hablar con los padres de esos amigos e incluso prohibir a sus hijos que se relacionen con ellos.

 

Una de las mejores soluciones con los hijos rebeldes es acompañarles personalmente a la escuela y pasar a recogerlos, para que posteriormente se queden en casa, hagan las tareas y no salgan con sus amigos. Para cumplir este objetivo es muy posible que el padre o la madre tengan que modificar sus horarios de trabajo u otras ocupaciones, pero vale la vena hacerlo por el bien presente y futuro de los hijos. Si cuando son adolescentes con menos de 18 años ya se enfrentan a sus padres, y estos no pueden con ellos, imagínense lo que sucederá a medida que vayan creciendo o cuando dejen su casa familiar.

 

Los padres al empezar el proceso de modificación de la rebeldía de sus hijos, tienen que examinar cómo pueden cambiar ellos mismos sus actitudes para dar mejor ejemplo con su vida familiar y social. Si cambian los padres será mucho más fácil que sus hijos les escuchen y les entiendan. Los padres son los únicos responsables de llevar las riendas de la educación de sus hijos y de que la familia marche bien. Es preferible que los hijos estén enfadados pero bien educados a que un día no muy lejano tengan que ir a buscarlos a la policía, al hospital o a la funeraria. Esa rebeldía que suele terminar fuera de control, siempre tiene un mal final.

 

Rebeldía con causa justa. Es comprensible y muy digno que un adolescente se rebele contra las grandes y graves injusticias que hay actualmente a su alrededor o en otras partes del mundo y que tome actitudes serias para ayudar a solucionarlas, aunque sea con sus limitados medios, que no suelen ser tan limitados. Por ejemplo rebelarse contra la injusticia que supone que alguno de sus amigos destroce o haga mal uso de los bienes públicos, que no aprovechen las oportunidades gratuitas de crecimiento que la sociedad les regala a través de las escuelas públicas, que abuse de otras personas, que de mal ejemplo, etc.

 

Rebeldía sin causa es la que manifiestan algunos adolescentes contra sus propios padres, los cuales les están dando continuamente todo lo que quieren, puedan o no, aunque ellos nunca se sientan satisfechos y además sigan pidiendo más. Esa rebeldía sin causa no debe ser tolerable ni por los padres ni por la sociedad, la cual les pasará la cuenta, tarde o temprano, hasta que ingresen en el rebaño de los perdedores irredentos. La sociedad no perdona a los rebeldes sin causa justa.

 

10 Aspectos que deben cuestionarse los padres, para intentar solucionar la rebeldía de los hijos.

 

  1. Principales situaciones en las que los hijos muestran su rebeldía.
  2. Principales causas por las que creen que sus hijos son rebeldes.
  3. Principales motivos por las que creen que no han educado bien a los hijos.
  4. Principales medidas que los padres quieren tomar para que los hijos dejen de ser rebeldes y se comporten bien.
  5. Principales características de los padres que deban ser modificadas, relacionadas con su formación y prácticas religiosas, situación profesional, horarios, ambiente familiar, situación económica, gastos, ingresos, ahorros, amistades tóxicas, etc.
  6. Calidad del comportamiento entre los padres y sus relaciones con otros familiares.
  7. Tiempo para compartir y tipo de diálogo que tienen con los hijos.
  8. Calificaciones escolares de los hijos.
  9. Características de los principales amigos de sus hijos y ambiente en el que se desarrollan.
  10. Comportamiento de los hijos con los abuelos, hermanos, otros familiares, maestros, etc.

 

Esta información tiene que estar escrita para periódicamente examinar y analizar con detenimiento las cosas que han acertado y las que han fallado, comparando los progresos y retrocesos en los objetivos propuestos. Además les servirá enormemente como herramienta de trabajo para presentársela a los consejeros profesionales. Cuanta más información puedan recopilar sobre los padres y los hijos, será mucho mejor para que los padres y los consejeros conozcan más acertadamente la situación real y verdadera.

 

No hay soluciones mágicas en la educación de los hijos, solamente hay mucha dedicación, estar bien formados e informados leyendo libros sobre educación, dedicarles mucho tiempo a los hijos hablando con ellos y saliendo a pasear, tener muchísima paciencia, ser muy rectos en el comportamiento y ejemplo personal, ser coherentes en lo que se dice y en lo que se hace, consultar con los mejores expertos, saber con quienes andan, hablar con los padres de los amigos, vigilar a sus amigos, suprimir mucho del tiempo dedicado a la televisión, a las multipantallas y a las músicas que les aíslan del mundo familiar, comer y cenar todos juntos y sentados a la mesa, asistir a la Iglesia todos en familia, etc. Los padres tienen que analizar con total sinceridad cuales de estas acciones son las que practican, las que no practican y las que creen que podrían y deberían practicar.

 

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El peligro del primer cigarro de marihuana, explicado a los hijos

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El peligro del primer cigarro de marihuana, explicado a los hijos

 

2,800 Palabras. Tiempo de lectura 10:15 minutos

 

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El objetivo principal de los narcotraficantes es que los adolescentes fumen el primer cigarrillo de marihuana, pues saben que regalar los primeros cigarros de marihuana es la acción de marketing más barata y eficaz, es una buena estrategia de promoción, publicidad, aumento de consumo y consolidación de mercados. Según demuestran las estadísticas, los adolescentes que prueban la marihuana, un tanto por ciento muy elevado de ellos, se quedarán enganchados a la marihuana para siempre. Después irán pasando a las drogas más perniciosas y de precio más alto, como la cocaína, heroína, crack, anfetaminas. También saben que la marihuana es el puente hacia la drogadicción total, y que una vez pasado ese sencillo puente es casi imposible retornar a la normalidad. Por eso no escatiman medios en ofrecerlo gratuitamente al segmento social, económico y etnográfico escogido como posibles clientes. Esos primeros cigarrillos son las muestras que los narcotraficantes entregan a los camellos o revendedores para que empiecen a conseguir nuevos clientes. Si lo hacen bien, les ascienden a distribuidores.

En un estudio realizado entre los adolescentes que consumieron su primer cigarro de marihuana, las principales respuestas obtenidas, puestas en orden alfabético, son las que se indican a continuación, aunque difieran ligeramente en cantidad y prioridad según el área geográfica, grupo social, económico, educativo, edad, etc.

 

  • Porque a mi no me va a pasar nada, se controlarme.
  • Porque creía que nunca seria descubierto por mis padres y maestros y que sabría disimular el haberla fumado
  • Porque dicen que produce otras sensaciones diferentes al tabaco que ya fumo cuando tomo alcohol.
  • Porque dicen que te convierte en el más poderoso de los amigos, en el invencible, en el que lo que no puedes hacer por meritos o esfuerzos propios, lo haces fácilmente con la ayuda de la marihuana.
  • Porque es gratis, me la han regalado.
  • Porque es moderno hacerlo.
  • Porque es muy barato y me puedo gastar ese dinero en algo diferente a lo que hasta ahora he hecho.
  • Porque es un ritual de iniciación para pertenecer a un determinado grupo de amigos en la escuela o la universidad.
  • Porque lo hago ante los amigos como una broma sin importancia.
  • Porque me aleja de la realidad que no quiero ver ni admitir y quiero olvidarla.
  • Porque me disminuye el control mental y me atrevo a hacer cosas que sin el cigarro de marihuana no las haría.
  • Porque me hace sentirme fuerte.
  • Porque me hace sentirme mayor.
  • Porque me hace sentirme rebelde e independiente de las opiniones de mis padres.
  • Porque mi padre fuma mucho y estoy acostumbrado a verle echar humo. Porque lo hacen mis hermanos mayores y otros amigos.
  • Porque no es para tanto lo que dicen sobre los males que acarrea.
  • Porque no supe decir que no.
  • Porque no tuve argumentos para enfrentarme ni contradecir a quienes me lo ofrecían. 
  • Porque otros del grupo se quedan mas inhibidos y no se atreven. Yo si me atrevo.
  • Porque se reparte muy bien entre varios amigos y no me importa la posibilidad de contagio bucal de otras enfermedades.
  • Porque te hace más hombre delante de las amigas y de los amigos.
  • Porque todos mis amigos lo hacen y no quiero ser menos que ellos.

 

Los padres tienen que preparar muy bien a sus hijos para que sepan enfrentarse a estas situaciones cuando les ofrecen el primer cigarro de marihuana o cuando deciden y a comprarlo o a pedirlo. Si no están bien entrenados en las respuestas convenientes es muy probable que ya con el primer cigarro de marihuana empiecen una cuesta debajo de muy difícil solución.

 

El primer cigarro de marihuana supone entrar voluntariamente en el rebaño de los jóvenes perdedores y a ese rebaño lo saben dirigir bien y explotar al máximo sus pastores llamados narcotraficantes. El que entra ahí tiene muy pocas posibilidades reales de salir, como sucede a los que entran en las maras o pandillas callejeras. Es la puerta de entrada al infierno del consumo de drogas, casi siempre sin retorno a la normalidad y en su caso con gravísimas  consecuencias, heridas y cicatrices difícilmente recuperables.

 

No hay una buena o menos mala edad para fumar marihuana, pero la peor de todas es durante el periodo de la adolescencia, cuando ni el cerebro ni la mente están formadas lo suficiente como saber lo que se hace, como se hace y las consecuencias que eso conlleva.

 

Desgraciadamente la marihuana es una de las drogas más consumidas por los adolescentes por su gran disponibilidad, fácil adquisición, bajo precio y porque su consumo y comercialización está muy poco perseguida por la policía y por la sociedad. Aunque científicamente se ha comprobado, principalmente en el cerebro de los adolescentes que está todavía en formación, que los graves y nocivos efectos, inmediatos y futuros del consumo de la marihuana, influyen negativamente sobre las habilidades cerebrales y sobre la salud. Altera y retrasa negativamente el proceso normal de maduración de la conducta, trastorna para siempre los patrones emocionales, la memoria y capacidad de aprendizaje, aumenta los síntomas depresivos, conlleva una muy alta posibilidad de desarrollar la esquizofrenia y provoca taquicardia y riesgo de infarto. Lo mas grave de todo es que los residuos de la marihuana se fijan en los órganos internos del cuerpo humano, llegando incluso a atrofiarlos. 

 

Socialmente es una lacra que azota con mayor fuerza a determinados segmentos de la población. Muchos adolescentes entran en la espiral del más consumo, más necesito. Mas necesito, mayor precio tengo que pagar por la marihuana o por las otras drogas a las que ha sido arrastrado.

 

Los padres tienen que hacer un análisis en profundidad de en qué han fallado como padres o como entorno familiar, escolar o de amistades, cuando descubren que uno de sus hijos ha fumado marihuana. Esa actividad no llega de repente. Seguro que ha tenido un proceso que los padres no se han dado cuenta, porque no han estado vigilantes y muy alertas sobre lo que sucedía con sus hijos. Quizás porque no se han preocupado mucho de sus hijos o no han puesto en marcha todos los mecanismos de información y canales de comunicación que continuamente tienen estar completamente activados, según comento en otros artículos relacionados.

 

Los padres tienen que saber que cuando un hijo empieza a fumar marihuana es señal que anteriormente han sucedido una serie de situaciones graves que le han permitido descender un peldaño de la escalera hacia esa situación grave y prácticamente irreversible. Ningún adolescente empieza fumando marihuana, comienzan con otras cosas mucho más sencillas aparentemente, pero que siempre emiten señales inequívocas de alarma. Alarma que muchas veces los padres no han querido, no han sabido o no podido captar. Seguramente empezó con malas compañías, continuó con el tabaco y el alcohol y toda la cohorte de tatuajes, piercings, sexo, ropas llamativas negativamente, desobediencias, salidas intempestivas, bajos resultados académicos, amigos especiales, etc.

Los padres cuando se dan cuenta que el hijo ha fumado o fuma marihuana, tienen que obtener la máxima información posible, procesarla y sacar conclusiones concretas sobre sus idas y venidas, horarios, amigos que frecuenta, tipo de familia de estos amigos, manejo de dinero obtenido fuera del hogar, calidad y cantidad de efectos personales que tiene, situación física y de salud, resultados escolares, etc.

 

Con la información obtenida y perfectamente procesada, deberán dialogar con su hijo de forma serena y privada, sobre los motivos y situaciones que le han llevado a esa grave decisión de fumar marihuana. Tratando de darle los mejores consejos posibles, sin ocultar la firmeza de las decisiones que pudieran ocurrir en caso de que hubiera una continuidad en su actitud. Al mismo tiempo deberá pedir consejo a los especialistas en esta materia. Los mejores, más realistas y con más éxitos probados son los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que cada uno profese. También tienen que pedir consejo a esos mismos especialistas para que le enseñen a analizarse y a examinar los propios errores cometidos, para proponerse cambiar de actitud y así poder manejar la situación de los motivos por los que los hijos empiezan a fumar marihuana.

 

Los padres tienen que actuar pensando que la solución al problema de su hijo no pasa por ser poco o muy autoritarios. Tienen que ser rectos en sus ideas y actitudes teniendo muy presente que hay cosas de los hijos que no son negociables. Si dicen que si, tiene que ser que si, y si dice que no, tiene que ser que no. Esta actitud de los padres es fundamental para influir en la decisión de su hijo y así poder sacarlo de esa adicción o vicio de la marihuana.

 

No es el momento de que los padres se empiecen a echar culpas uno a otro, sobre si el hijo está mal educado, consentido o confundido con lo que tiene que hacer, debe hacer y lo que quiere hacer.  Es el momento de tomar decisiones por muy graves y dolorosas que sean. Si los padres no toman las decisiones adecuadas en el momento preciso, otros lo harán por ellos con las graves consecuencias que eso conlleva. Después ya será tarde para vanas lamentaciones.

 

Los padres tienen que aprovechar el tiempo en el que su hijo todavía esté bajo su patria potestad, que si bien conlleva autoridad, también conlleva responsabilidad civil económica. Si el hijo comete un delito con repercusiones económicas, los padres son los primeros responsables civilmente. Ahí no valen las excusas del “yo no sabia”.

 

Para los padres cada vez es más difícil enseñarles a los hijos que son los padres los que tienen que ejercer su autoridad en beneficio exclusivo de los hijos. Cuando un hijo adolescente hace lo que quiere en contra de la voluntad de los padres, es muy peligroso que trascienda fuera de las personas que no sean muy profesionales en modificar conductas juveniles. Si los padres lo cuentan a sus familiares o amigos bien formados, se les van a echar encima criticándoles por no saber, no querer o no poder educar a un hijo adolescente y estar creándole un problema grave a plazo corto o medio.

 

En un hijo de adolescente no puede haber comportamientos incontrolables como el de fumar marihuana. Lo que hay son padres que no saben educar ni controlar a los hijos. Los hijos suelen saber o creer, que no les va a pasar nada con esa actitud, pues hasta ese momento les han salido bien las cosas sencillas que no tienen graves repercusiones y por esa razón seguirán queriendo hacer lo que consideren que les apetece, hasta que un día tengan un disgusto y después vendrán los lloros de los padres por no haberles educado con la firmeza y el amor que se merece.

 

No puedo recomendar a los padres que a los hijos adolescentes les den unos “cachetes, nalgadas o zarandeos” porque en este país me llevarían a la cárcel, aunque sin abusos, sea la mejor medicina juvenil recetada y probada durante siglos. Pero si tengo que recomendar que los padres tienen que ser muy firmes a la hora del cumplimiento de los castigos justificados. Los padres tienen que hacerle comprender al hijo adolescente “por la razón o por la fuerza” que en la casa familiar hay una autoridad representada por los padres y unas normas de obediencia que los hijos tienen que cumplir para que, entre otras cosas muy importantes, los hijos se eduquen dentro de un orden.

 

Da lo mismo que los castigos los imponga el padre o la madre, lo importante es que haya una total conexión entre los padres y que tengan unidad de criterio en la cantidad, calidad y tiempo de la falta, para que el castigo esté de acuerdo. Los padres no deben hacer como el policía bueno y el policía malo, pues el hijo se enterará enseguida y les manipulará. Tienen que tener en cuenta que lo que hagan o no hagan con sus hijos adolescentes va a repercutir en el ejemplo hacia sus otros hermanos, primos, amigos y futura descendencia.

 

Los padres que no han tomado las medidas adecuadas para prevenir o frenar la situación del consumo de drogas y reconducir las actuaciones por los caminos de la buena educación, todavía están a tiempo de hacer las correcciones, pues el fumar marihuana es un segundo o tercer peldaño de la escalera que ya han bajado y que conduce al abismo del fracaso familiar, económico, moral y social. Cuanto más abajo caiga, más difícil será retornar y más grave las consecuencias.

 

Lo más importante es profundizar el dialogo con los hijos y hacerles ver el grave problema donde se han metido y el poco tiempo que les queda para que ellos sean los únicos responsable de su perdición. Mientras tengan menos de 18 años las responsabilidades civiles serán de sus padres, pero los daños físicos, morales, mentales y sociales serán exclusivamente de ellos. En cuanto cumplan 18 años todo lo que hagan será de su completa responsabilidad, aunque el disgusto sea compartido con sus padres, hermanos y familiares. La sociedad no acepta a los perdedores y el fumador de marihuana es uno de esos perdedores. Mientras los hijos sean menores de edad los padres tienen que sacarles del vicio de fumar marihuana, empleando todos los medios posibles, después será mucho más difícil o casi imposible.

 

La tolerancia cero se aplica en casi todas las ciudades e instituciones cuando el adolescente es descubierto por la policía, maestros o administradores escolares con marihuana o consumiéndola. Ese u otro mal comportamiento similar le mete en un grave problema, pues automáticamente entra en una cadena de castigos y situaciones peligrosas que en otro artículo comentaré. En la escuela ni en la posible futura universidad, ni en los trabajos admiten a los fumadores de marihuana. Muy pocos maestros les escriben cartas de recomendación imprescindibles para poder solicitar el ingreso en la universidad. Los maestros no toman a la ligera los malos actos pequeños o grandes de los alumnos, máxime si están relacionados con las drogas, si lo ocultan se meten en un problema legal. Enseguida toman acciones disciplinarias, que se convierten en irreversibles para el futuro de los alumnos.

 

El primer cigarro de marihuana conlleva el peligro de aficionarse a utilizarla en sus múltiples usos y a tener que aumentar continuamente la dosis de consumo. Para conseguir gratuitamente o a un menor precio la marihuana, los narcotraficantes ofrecen a los adictos numerosas alternativas ilegales que en principio parecen muy fáciles pero siempre tienen consecuencias graves, que los principiantes y adictos no quieren ver. Les proponen transportarla, distribuirla o venderla pagándoles en especie a un precio muy inferior al del mercado para que obtengan grandes beneficios y puedan consumirla sin preocuparse por el costo. Cada vez es mayor el número de jóvenes enganchados en las drogas que se ven obligados, para poder satisfacer su propio consumo, a hacer de “camellos” de marihuana u otras drogas, transportándolas o vendiéndolas.

 

A los adictos a las drogas o a personas honradas les ofrecen trabajos en otras actividades excesivamente bien pagados y aparentemente legales. Al final son utilizados para trasportar drogas. Si les descubre la policía, no les vale declarar que no conocían que detrás de esa bicoca de trabajo, sencillo y muy bien pagado, había una actividad delictiva. Es muy difícil demostrar ignorancia cuando las evidencias en su contra son muy grandes.

 

También hay personas honradas que son secuestradas, amenazadas y chantajeadas, ellas o sus familiares, y obligadas a transportar drogas nacional o internacionalmente, bajo la amenaza de asesinar a sus familiares si no hacen de “camellos”.

 

Al liberalizarse o despenalizarse el consumo, transporte y venta de la marihuana en la mayoría de los casos, especialmente en los que se utiliza para fines medicinales, existen más posibilidades que los narcotraficantes aumenten la presión sobre los grupos sociales que quieran atraer hacia su mercado. Por eso los adolescentes tienen que estar más alertas que nunca pues los narcotraficantes están ideando continuamente nuevas estrategias para conseguir clientes adictos y la más eficaz para ellos es la del cigarro de marihuana entregado gratuitamente

 

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Hijos manipulados por el divorcio

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Hijos manipulados por el divorcio

 

2,455 Palabras Tiempo de lectura 8:55 minutos

 

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¿Sabe que el Síndrome de Alienación Parental (SAP) es un auténtico lavado de cerebro por medio del cual, uno de los progenitores manipula a los hijos, para que odien al otro progenitor?

 

Manipular es influir, manejar, maniobrar o intervenir con medios hábiles, maliciosos, deshonestos y arteros en la voluntad, acciones y opiniones de los hijos, distorsionando la verdad para beneficio propio y perjuicio del otro progenitor. Que triste y grave es ver a los padres cuando hacen esto antes, durante o después del divorcio. No quieren darse cuenta del grave daño que están causando para siempre en sus hijos.

 

Además del trauma que les supone el divorcio de sus padres, les llegan las graves consecuencias de ser manipulados. Lo normal es que los hijos quieran ser neutrales en las diferencias que tienen sus padres, pues quieren a los dos por igual, salvo cuando haya violencia, infidelidad o abandono. No es solamente la incertidumbre de su futuro, sino que tienen que añadir el tener que realizar determinadas acciones para satisfacer a uno de los dos progenitores, normalmente en perjuicio del otro.

 

Los hijos desde que nacen quieren intensamente y con todo su corazón a sus padres, pero por una decisión de uno de sus progenitores o de los dos, les empieza a llegar una manipulación sibilina para que ignoren, dejen de querer, empiecen a odiar o se vuelvan contra uno de sus progenitores, que casi siempre soporta esa manipulación con una serie de mentiras, medias verdades o falsedades. Esto les produce un choque emocional y unas heridas imposibles de curar o por lo menos les deja unas cicatrices imborrables para toda la vida.

 

Los padres nunca deben poner a los hijos en la situación de tener que elegir entre un progenitor u otro, pues los hijos aman a los dos cónyuges por igual. La elección les supone una situación de desconcierto y contradicción que le causa confusión y daños emocionales.

 

Cómo pueden los hijos asumir la realidad de ver como sus progenitores mienten y manipulan las situaciones en su propio beneficio, cuando ellos han sido su referente de educación en todos los aspectos. El día de mañana los hijos pensarán que el fin justifica los medios, aún a costa de pasar por encima de los derechos de los demás.

 

No es manipulación cuando uno de los progenitores hace ver bien claro a los hijos, pruebas fehacientes y contundentes y no con suposiciones infundadas, de que existen actos reales que afectan o puedan afectar el futuro la vida o el bienestar de los hijos, como en abuso físico, emocional, sexual, demencia, adicción a las drogas, grave malversación económica, etc.

 

La manipulación empieza cuando uno de los progenitores cuenta a sus hijos cosas malas del otro progenitor, sean verdades, mentiras, o medias verdades, que casi siempre equivalen a mentiras, y les manipula para que se decidan por que se queden a vivir con el padre o a que se queden con la madre, incluso con promesas falsas de regalos y prebendas. Esta situación suele comenzar incluso antes de iniciar el proceso de divorcio para que cuando el juez les de una audiencia a los hijos, estos le digan al juez que prefieren ir a vivir con el padre o con la madre. Los jueces suelen decidir en función de los deseos de los hijos si estos están en la edad de discernir clara y justificadamente sus preferencias.

 

Los regalos y prebendas suelen ser mecanismos de persuasión aplicables en los hijos para atraerlos hacia posiciones sentimentales beneficiosas, ostensiblemente para uno de los progenitores, con el objetivo de impedir que vean con claridad las verdaderas situaciones familiares, principalmente cuando los padres tienen algo que ocultar o de qué arrepentirse.

 

La manipulación es una forma artera y subliminal de mal trato, aunque los hijos sean pequeños o adolescentes y aparentemente no se enteren ni vayan viendo como les están cambiando su mente y la percepción de lo que ven o sienten. En algunos casos de divorcio esa manipulación se convierte en violencia física o mental dentro de la familia, de los hijos contra uno de los progenitores o contra sus propios hermanos y familiares. Muchas veces los hijos son utilizados como un arma ofensiva o defensiva contra el otro progenitor, según convenga a los padres para poder ganar la batalla de la custodia, el derecho de visita o la obligación de la manutención.  

 

También los padres se aprovechan de utilizar en beneficio propio cualquier inclinación natural y de los hijos hacia uno de los progenitores, explotando esa sincera tendencia de cariño e intentando conseguir que el hijo manipulado se convierta en manipulador. 

 

La manipulación es un proceso que algunas veces lleva mucho tiempo preparándose por uno de los progenitores, pues conlleva un conjunto de síntomas, estrategias, acciones y objetivos por el cual un progenitor va transformando poco a poco la conciencia de su o de sus hijos con objeto de impedir, obstaculizar o destruir sus vínculos con el otro progenitor e incluso hasta hacerlos contradictorios con lo que hasta ese momento estaban teniendo.

 

La manipulación ocurre con más intensidad y virulencia en los procesos violentos de separaciones, divorcios o incluso en los que habiendo llegado a un acuerdo, después han derivado en situaciones conflictivas. En estas situaciones alguno de los progenitores educa a sus hijos en el odio hacia el otro progenitor, hasta lograr que los propios hijos le rechacen.

 

Principales procedimientos de manipulación a los hijos, en beneficio propio o para perjudicar al otro progenitor:

 

  • Aprovechar las situaciones judiciales que conllevan la administración de herencias o fideicomisos que los hijos menores de edad tengan como derechos adquiridos de sus antepasados. La tutela de esos hijos en algunos casos puede suponer mucho dinero para sus progenitores.
  • Crear mala fama al otro progenitor en el entorno familiar, principalmente entre los que tengan ascendencia sobre los hijos. 
  • Dar opiniones injuriosas o que descalifiquen al otro progenitor, relacionadas con su estado mental, comportamiento moral, opinión peyorativa de su familia o de la sociedad, presencia física, grado de inteligencia, procedencia familiar, estudios realizados, raza, etc.
  • Entrenarles con mentiras para que manipulen al otro progenitor con el fin de obtener mejores prestaciones económicas para la pensión alimenticia y gastos de los hijos.
  • Formar alianzas inconscientes o implícitas, pero tácitamente cumplidas con los hijos, para ir en contra del otro progenitor, produciendo así una traición a los sentimientos más profundos de cariño de los hijos.
  • Hablar de lo malo que es el otro progenitor, de lo que hace sufrir, de las traiciones, mal tratos, etc., con el objetivo de que no le sigan amando, respetando y admirando.
  • Hacer promesas a los hijos sobre las ventajas económicas y sociales que tendrán si aceptan vivir con uno de los progenitores o en su caso con su nueva familia, insistiendo en la caída económica que tendrán si se quedan a vivir con el otro progenitor. Pero ocultando los problemas que les llegarán con el nuevo tipo de vida propuesto.
  • Inducir a hacer daño a las personas o cosas que estén relacionadas con el otro progenitor.
  • Intentar cambiar los apellidos de los hijos para que pierdan el del progenitor alienado, incluso cambiando la ciudad o el domicilio para destruir la relación del progenitor ausente de sus hijos, o presentar al nuevo cónyuge a los hijos como el nuevo padre o madre.
  • Involucrar a los hijos en injurias, mentiras, falsas denuncias de abusos sexuales, malos tratos, robos, etc. Buscando la desacreditación para interrumpir por la vía judicial los contactos con el otro progenitor. 
  • Manipular a los hijos con regalos, promesas o amenazas para que declaren mentiras ante los jueces, abogados o sicólogos que los evalúan, con el fin de que les dejen la custodia a uno de los progenitores.
  • Obligar o persuadir para que testifiquen contra el otro progenitor, buscando a un profesional, para que diga que los hijos están dañados emocionalmente, sea cierto o no, para lograr una patria potestad, una pensión económica o prohibición del juez,  para conseguir que la otra parte no tenga contacto con los hijos.
  • Presentar falsas alegaciones de abuso físico y/o sexual en los tribunales para separar a los niños del otro progenitor.
  • Producir interferencias, obstaculizaciones o impedimentos en las visitas o comunicaciones acordadas.
  • Prometer o realizar regalos o beneficios si aceptan las nuevas relaciones sentimentales y familiares de uno de los progenitores.
  • Realizar un proceso perverso e interesado de manipulación al progenitor que tiene la custodia de los hijos, para excluirle del campo afectivo y relacional de los hijos.
  • Torcer malintencionadamente la conciencia o la profesionalidad de los especialistas, tales como psicólogos, abogados y maestros que tienen que determinar con hechos y fundamentos ante los jueces el estado psicológico de los hijos sugiriéndoles que preparen a los hijos para que testifiquen en contra del otro progenitor para lograr los objetivos propuestos.
  • Usar a los hijos como mensajeros para pedir más dinero, recriminar, espiar, convencer, acusar o instigar en beneficio particular.
  • Utilizar a los hijos como chivatos para que les cuenten todas las actividades que hace el otro progenitor.

 

La manipulación es algo cotidiano en las familias monoparentales, dado que los hijos son criados en un estado de semi-orfandad por el progenitor al que le han concedido su custodia. El contacto de los hijos con el otro progenitor, normalmente se reduce a unas horas durante algunos fines de semana, lo que origina la falta de apoyo en los malos momentos y la ausencia de referencia paternal o maternal. Además de las innumerables interrupciones, cambios e incertidumbres en el régimen de visitas, denuncias a los jueces sin justificación y un sentirse manipulados en ambas direcciones, convirtiéndose algunas veces los padres legales en tiranos autoritarios y verdugos de sus propios hijos. Esto se soluciona en gran parte si los que deciden divorciarse accedieran a salirse del hogar por turnos. Son los padres y no los hijos los que tienen que salir del hogar, como lo explico en el artículo  Divorcio. Los hijos siempre lo primero

 

Los progenitores tienen que evitar que por despecho o intereses personales, económicos, sociales o familiares predisponer a los hijos en los divorcios contra el otro progenitor aunque tenga o no la custodia. La verdadera justicia es la que se pone de parte de los más débiles, y los hijos son los más débiles.

 

Los hijos se ven muy desorientados cuando empiezan a poner en sus vocabularios y situaciones reales de convivencia, cariño y lealtad, los estereotipos negativos de unas nuevas palabras que nunca han usado: Padrastro, madrastra, hijastros, hermanastros, medios hermanos, etc., como dicen en Latinoamérica, además de esos nombre relacionándolos con el resto de los parientes.

 

En las negociaciones previas al divorcio debe tenerse muy en cuenta que entre los progenitores debe haber la máxima transparencia posible, incluso cuando se produzcan en presencia de los hijos, si ya tienen edad suficiente para enterarse y entender la situación que esta sucediendo. Esto evitará la posterior manipulación hacia los hijos, pues estos conocerán perfectamente las condiciones y los motivos del divorcio. Deberán hablar muy claro a los hijos sobre su futuro, aclarando todos los puntos relacionados con su incertidumbre, miedos a lo desconocido, las perdidas, los cambios, dónde, cuándo, cómo y con quién van a vivir, cambios de escuela, de familia, de amigos, etc. Los padres deben evitar por todos los medios posibles los berrinches, venganzas, caprichos y juegos sucios que hacen con el otro progenitor para evitar que esto afecte todavía más a los hijos, en la vida presente y en la futura.

 

Síndrome de Alienación Parental (SAP)

 

Este síndrome consiste en un proceso de auténtico lavado de cerebro por medio del cual, uno de los progenitores manipula la conciencia de los hijos, para destruir el vínculo con el otro progenitor y lograr que le odien, hasta conseguir alejarlos completamente de él.

 

Es un problema muy extendido actualmente que afecta a más del 80% de las parejas que se separan sin mutuo acuerdo, lo que repercute en un gran desequilibrio emocional, familiar y social en la mayoría de los hijos que antes, durante y después del divorcio tienen que sobrevivir dentro de familias monoparentales o ajenas a sus lazos biológicos.

 

Los padres con el Síndrome de Alienación Parental (SAP) son los que pasan por un proceso de trastorno intelectual que transforma su conciencia temporal o permanentemente, haciéndoles perder el sentimiento de su propia identidad, hasta que llegan a hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de su condición de progenitor. Abusan de su posición de influencia sobre los hijos para hacerles torcer sus sentimientos hacia el otro progenitor, destruyendo, saboteando y dificultando las normales, necesarias e imprescindibles, muchas veces ya difíciles relaciones de los hijos con el otro progenitor, en la disputa por la custodia o visitas de los hijos.

 

Signos que indican la existencia del Síndrome de Alienación Parental (SAP).

 

  • Cuando constantemente se habla mal del progenitor ausente delante de los hijos, incluso con mentiras. Haciendo hincapié en situaciones ajenas a su vida, responsabilidades o situaciones como progenitor. 
  • Cuando hablan sobre situaciones que no les han sucedido y creen recordarlas debido a que se las han contado muchas veces hasta hacérselas creer como reales.
  • Cuando los hijos no saben dar explicaciones concretas sobre el porqué rechazan u odian a su o sus progenitores.
  • Cuando los hijos o los padres en situaciones de divorcio son diagnosticados con trastornos mentales, depresiones crónicas, incapacidad para funcionar en un ambiente normal, trastornos de identidad e imagen, desesperación, sentimientos incontrolables de culpabilidad, sentimientos de aislamiento, hostilidad, personalidad esquizofrénica, intentos de suicidio, ansiedad, enfermedades psicosomáticas, disminución de la autoestima y un largo etcétera.
  • Cuando los hijos sienten que sus progenitores han fallecido, que han sido abandonados o que nunca les han querido.
  • Cuando los hijos utilizan palabras o frases propias de un adulto al hablar mal de su o sus progenitores.
  • Cuando se impide que los niños convivan, visiten o se comuniquen con el otro progenitor.
  • Cuando se ridiculiza los sentimientos y el afecto que sienten los niños por el progenitor ausente.

 

Si tiene algún comentario, por favor escriba a francisco@micumbre.com

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La virtud de la bondad explicada a los hijos

ESCUELA PARA PADRES

 

La virtud de la bondad explicada a los hijos

 

1,529 Palabras. Tiempo de lectura 5:35 minutos

 

Bondad es la calidad de bueno, la inclinación a hacer el bien, la esencia de la vida, el modo de tratar a los demás, la médula de la grandeza, la puerta que da forma a la amistad, fortalece y da forma al hogar, a la amistad y a la sociedad. La bonhomía que es la práctica de la bondad, se demuestra diariamente en la convivencia con los hijos, en el matrimonio, con los familiares, amigos y sociedad. 

Uno de los principales pilares de la virtud de la bondad, es el amar al prójimo como quisiéramos ser amados, poniendo en todos los actos de la vida mucho amor. 

La bondad no tiene sustitutos en la convivencia dentro del hogar, en la educación de los hijos y en el aprendizaje de la vida, para conseguir ser cada vez mejores personas, más sabias y más bondadosas. Levanta el ánimo al prójimo y su ejemplo permanece con él para siempre, además que hace sentirse bien a las personas que la practican.

 

La bondad es la antítesis de los gritos, de la ira y de la violencia en el hogar y en las relaciones con las personas. Los hijos observan y aprenden a imitar, todos los signos externos que digan o hagan los padres, tanto las cosas buenas como las malas, principalmente, los que refleja el propio yo de los padres y el trato que tienen con los demás componentes de la familia.

 

La bondad no es la virtud, que solamente la tienen las personas perfectas, que dicen y hacen cosas buenas y tienen pensamientos intachables. Hay muchas personas que continuamente, intentan ser bondadosas aun no siendo perfectas y hacen todo lo posible para darse ánimo, apoyo y servirse mutuamente, en aras a conseguir un camino recto en la vida, a través del estudio, la lectura y los sabios consejos que les ofrecen sus sacerdotes, pastores, rabinos e imanes. Algunos quieren dejar para el futuro, el ser bondadosos y practicar esa virtud cuando sean mayores, tengan mucho éxito, buena situación económica, fama y posean muchas cosas.

 

Los padres con su ejemplo, tienen que enseñar a sus hijos desde los primeros años de su vida, a practicar la virtud de la bondad. La educación a los hijos en la práctica del bien, les hará contraer la costumbre de realizar buenas obras y la obtención de perseverar en esta virtud. Aunque parezca difícil ser bondadoso en este mundo tan competitivo, es una tarea que hay que intentarla aunque estemos cometiendo errores. De los errores hay que aprender a salir de ellos. Siempre se ha dicho que se deben contar las veces que cada uno se ha levantado y no las veces que se caído.

 

El respeto humano impide a las personas que no están bien formadas en las virtudes y valores humanos, practicar la virtud de la bondad, por lo que no hacen el bien que es necesario, para la familia o la sociedad. No tienen ni las palabras buenas, ni los pensamientos correctos, ni las actitudes adecuadas hacia sus prójimos, precisamente, por esa falta de preparación para realizar buenas obras.

 

Practicar la virtud de la bondad es más fácil y cómodo, con las personas que se portan bien con cada uno de nosotros. Lo difícil es ser bondadoso, con las personas que nos ofenden, las que nos deben, las que nos juzgan nuestras actuaciones sin justicia ni razón, las que nos condenan sin causa, las que nos insultan, las que nos odian, etc. Por eso la virtud de la bondad, radica en el corazón y en la mente y no está relacionada con la candidez ni con la tontería, aunque algunos la quieran unir.

 

Tener bondad es tener un corazón con buenos sentimientos y ponerlos en práctica en acciones humanitarias, sin pedir nada a cambio y sin importarnos “el que dirán”, sea positivo o negativo. No se trata de conseguir admiradores, premios, afecto, fama o popularidad. Se trata de seguir los sentimientos adquiridos, a través del conocimiento y la practica de las virtudes y valores humanos.

 

No se practica la virtud de la bondad, algunas veces, porque el egoísmo personal hace que no nos importe nada ni nadie, más que nosotros mismos. Esto puede ser consecuencia de haber tenido malos modelos familiares a nuestro alrededor, que no nos hayan enseñado a practicar las virtudes y valores humanos, o bien que por circunstancias externas, nos hayamos endurecido debido a las heridas recibidas de personas inadecuadas. Para solucionarlo hay que hacer un profundo examen, acerca de esta situación para considerar lo que somos, por qué somos y cómo somos, en relación con la virtud de la bondad, para poder buscar la solución adecuada, que nos lleve a corregir esta situación de inhibición.

 

La virtud de la bondad se consigue practicándola, consciente y continuamente, empezando con uno mismo y continuando en la familia, en el trabajo y en la sociedad. Hay que practicarla hasta conseguir ser un experto en irradiar bondad. Ser bondadoso con los demás, hacer sentirse bien a las personas, y además con el ejemplo se contagia al prójimo. La bondad se manifiesta también en cosas pequeñas, incluso en las que casi nadie se fija, pero que su realización nos permiten llenarnos de grandeza.

 

La bondad está relacionada con el agradecimiento, el altruismo, el desprendimiento, el respeto, el sacrificio, la abnegación, la amabilidad, la benevolencia, la benignidad, la caridad física, emocional o religiosa al necesitado, la clemencia, la cortesía, la generosidad, la humanidad, la indulgencia, la magnanimidad, la misericordia, la sensibilidad humana, la solidaridad, la tolerancia, las buenas acciones, etc.

17 Ideas de cómo, cuándo y dónde practicar la virtud de la bondad.

  1. Aceptando, queriendo y ayudando a las personas inseguras, tímidas o con baja autoestima, para que en su propio beneficio, puedan cambiar de actitud y ser más felices en la vida.
  2. Alegrándose de los éxitos y logros de los demás, como si fueran propios y felicitándoles con calor y sinceridad. Esto les animará a seguir esforzándose, en obtener cada vez mejores resultados y a transmitirlo con el ejemplo a los demás.
  3. Amando, queriendo y respetando al prójimo como a uno mismo, aunque sea diferente en color, raza, religión, educación, ideas políticas o situación económica, nativo o extranjero.
  4. Apreciando, honrando y no ofendiendo, a los que opinan de diferente forma, permitiendo con mucha caridad que mantengan su propio criterio, aunque consideremos que están equivocados.
  5. Compartiendo las penas del prójimo, ayudándole y aliviándole con buenas obras y consejos, cuando más los necesite.
  6. Dando ejemplo de bondad, amor y benevolencia, en todas las actividades de la vida cotidiana con las palabras y con las obras, en la familia, escuela y sociedad.
  7. Estando cerca del prójimo cuando sufre, está enfermo, preocupado, encarcelado, triste, o pasa por un mal momento familiar o económico.
  8. Manteniendo la paz interior propia, para que con el ejemplo trascienda a los demás, principalmente en los momentos que tenemos dificultades y los demás piensan, que nos vamos a derrumbar interna y externamente.
  9. Mostrándose espontáneo, sencillo y pacificador en la familia, trabajo y sociedad, sin dar importancia a la posición económica, social o económica que se tenga.
  10. Perdonando y pidiendo perdón de corazón, sin condiciones, dobleces, egoísmos ni oportunismos. Haciendo ver que no cuesta hacerlo.
  11. Permitiendo que los demás se sientan valiosos, útiles e importantes, en las tareas que desempeñan por muy humildes que estas sean. Dando las gracias por el trabajo que han hecho.
  12. Poniéndose en el lugar y circunstancias de los demás, viendo las cosas desde su propia óptica y así no juzgarles unilateralmente.
  13. Repartiendo la bondad con los demás, contagiándoles con el ejemplo, pero sin esperar alabanzas ni premios.
  14. Siendo bondadoso con los enemigos, con los que nos ofenden y con los que nos caen mal. Es muy fácil ser bondadoso con los amigos y con los que nos caen bien.
  15. Siendo útil al prójimo desinteresadamente, en la familia, trabajo, amistades o sociedad, sembrando continuamente bondad y amor.
  16. Teniendo siempre una puerta abierta al optimismo, a la esperanza, a la confianza, a la alegría, al entusiasmo y al ánimo.
  17. Viendo las cosas positivas del prójimo, soslayando las negativas y en su caso, disculpándolas y nunca divulgándolas.

 

10 Sentencias sobre la virtud de la bondad

 

  1. Bondad y dulzura, mas que donaire, hermosura.
  2. Con bondad se adquiere autoridad.
  3. Cuanto mejor es el bueno, tanto más molesto es para el malo.
  4. De dinero y de bondad quita siempre la mitad.
  5. Dejemos de discutir lo que debe ser un hombre bueno… y procuremos serlo.
  6. Dondequiera que haya un ser humano, siempre habrá un hombre bueno.
  7. El bueno será siempre libre, aunque sea esclavo, el malo será esclavo, aunque sea rey.
  8. El galardón de las buenas obras, es haberlas hecho. No hay otro premio más digno.
  9. La bonanza siempre llega después de la tormenta.
  10. Las obras de caridad dicen, quien es hombre de bondad.

 

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Siempre me ha gustado mucho hablar, que es muy diferente a hablar mucho. Y como cada vez es más difícil encontrar una audiencia atenta, no me queda mas remedio que escribir y ahora a través del blog haceros llegar mis comentarios. No dudeis en comunicaros conmigo para cualquier comentario. Un saludo, Francisco francisco@micumbre.com

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